Una vez construí un hospital. Bueno, no yo, mi suegro y su empresa. Eran tres U circuncèntricas, què?, lo mismo me dijo el entonces jefe de obra, si son U no pueden ser circuncèntricas. Pero tù me entiendes. Tres U, una encima de la otra, la parte abierta daba a poniente, de forma que se podía ver el atardecer, porque nosotros somos de atardeceres, los amaneceres son una complicación, porque o ya estàs despierto, lo que quiere decir que no has dormido en toda la noche vete tù a saber porquè, o tienes que poner la alarma, y te mueres de sueño, los atardeceres suceden a horas màs tempestivas, pongámoslo asì. Pues bien, què te decía?. Ah, si, las tres U, en la parte baja de la U, enfrente de la abertura al atardecer, ahì puse las suites. Sì, tres suites, con balcones y todo. Porque ya de tener que estar en un hospital, pues tener espacio, vamos digo yo. Me acuerdo que llevamos a los niños a la inauguración. A los tres mayores, Lauren ya tenía a los siete, llevamos las bicis. Les dejamos recorrer las U. Un despropòsito. Pero fantástico. Fantàstico. Yo? yo no soy arquitecto. Pero tengo mucha imaginación. Lauren lo es. Y con su saber hacer y mi imaginación aquí estamos. Fantàstico. Què? No sè dónde era. Pero era en medio de la nada. Decidieron que fuera una Clìnica de la Cabeza. No me preguntes la razòn. Ellos sabrán. Por fuera la decorè como el Pompidou. Me encanta el Pompidou. Pero con lianas y plantas. Fantàstico. Para el interior me basè en el aeropuerto de Dallas, que estuve una vez. Pasillos y salas, pasillos y salas. Habitaciones? sì, también, pero pocas. Yo sostengo que un hospital ha de pensarse para atender a una persona que se cae por un desmonte. Se rompe mil cosas, no sólo la cabeza, tù me entiendes?. En las terrazas tenìan seis helipuertos. Seis. Te caes por el desmonte, y te llevan con un golpe en la cabeza a la Clìnica de la Cabeza. Pero como tienes también los brazos y los pies rotos, pues tienen que llevarte de alguna forma al Clìnico. Absurdo. Has ido alguna vez en helicóptero? Yo tampoco. Pues imagínate que te lleven de aquí para allá después de caer por el desmonte. Fantàstico. En fin, por dónde ìba?. Ah, pasillos y salas como en Dallas. Los niños se lo pasaron pipa. Què? Nosotros tenemos cinco. Las dos últimas fueron un incidente demográfico. Gemelas idénticas. Terrible fue aquello. Tuvimos que contratar otra niñera, porque la que tenìamos se negó en redondo. Tuvimos tres en dos años. Y luego vinieron los incidentes. Lauren y Marta uno a uno llegaron a siete. Nosotros nos plantamos con las gemelas. Creìmos volvernos locos.
Nunca màs volvì a aquella clínica. Mi cabeza está en su sitio, funciona perfectamente y todavía no me he caido por un desmonte. Y los atardeceres los puedo ver desde mi terraza, sin màs problema.
El otro punto de vista:
Para mi fue lo màs parecido a un sueño febril. De esos que no tienen sentido, pero estàs atrapado en èl por la fiebre. Sòlo que fue real. De los siete yo soy la sexta y todavía andaba en triciclo. Los otros iban embalados, y yo los seguía sin saber muy bien porquè. Donde iban todos, iba yo. En mi recuerdo recorrìamos pasillos kilométricos, con moqueta naranja y marròn, y ventanales tapados por plantas. A veces me cruzaba con gente con bata blanca, y como yo tenía pavor a las inyecciones, pensaba que me iban a poner una y le daba màs fuerza al pedal. Acabamos para el arrastre. Todos hambrientos y llorando. Alguna caída hubo. Despuès supe que era la inauguración de un hospital. Pero no tenìan tiritas. Sòlo pasillos kilométricos a ninguna parte. Como esas terminales en aeropuertos intermedios, que tienes que recorrer batiendo el record olímpico de los trescientos metros lisos porque no llegas a tu vuelo de enlace. Pero en mi cabeza, en triciclo.