Nekane Johnson

De ir a algún sitio, Irving quería ir a Las Vegas. Podrían perdirle a su primo Larry la caravana, y hacer el viaje en ella. Casi setecientas millas. Si las hicieran de una vez les llevaría nueve horas, pero podrían hacerlo en tres tramos. Ida y vuelta. Nekane no tenía nada en contra de Las Vegas, pero prefería ir en avión. Ahorraban tiempo y el dinero de la gasolina. Se suponía que el viaje de luna de miel tenía que ser inolvidable, y ella no quería asociarlo con horas y horas de contemplación del desierto de Utah. Pero Irving ya había comenzado a hacer planes de horarios de pausas y a buscar trayectos alternativos que quizás les ahorrasen un poco de tiempo, y ella le dejaba. En algo tenía que ocuparse. Ella ya tenía bastante con sus gafas. Siete dioptrías en el ojo derecho y ocho en el izquierdo. Había intentado usar lentillas, pero le habían provocado una alergia tal, que había tenido que andar con gafas de sol graduadas durante varias semanas hasta que sus ojos dejaron de parecer los de un campeón de pesos pesados justo después de ganar el último round. Su oculista, el Dr. Silverman, le había explicado que era posible una operación de reducción de las dioptrías,pero que en su caso conllevaba riesgo debido a una deformación en la córnea. O eso es lo que ella había entendido. Y eso que el Dr. Silverman se lo había explicado en la figura de un ojo de plástico que se podía deshacer en sus diferentes partes, y que a ella le había dado un poco de grima. Pero no había dicho nada. Se había limitado a asentir y darle la razón con lo de la córnea. El caso era que su prima Meredith opinaba que una novia no podía llevar semejantes gafas de pasta negras en su día. Que o bien las cambiaba por un modelo más liviano o ese día iba sin ellas. A lo que Nekane le había respondido que la segunda opción no era negociable, ya que sin gafas era lo más parecido a un topo, y no quería perderse su propia boda por no poder ver lo que pasaba a su alrededor. Así que Meredith, cada vez que iba de visita, le llevaba varios modelos de gafas para probar, que le suministraba su amigo Corey quien trabajaba en una óptica en Colorado Springs. Solían entonces pasar todo el tiempo de la visita discutiendo sobre qué par le quedaba mejor, pero hasta ahora no había encontrado uno que reuniese las condiciones adecuadas. Mientras tanto ella seguía usando sus gafas de pasta negras. Las mismas que usaba desde los quince años. La anteriores, de pasta irisada en rosa, se las había aplastado Reverendo con la pezuña de su pata posterior derecha. Reverendo era el caballo de su tío Cliff. Y no había tenido la culpa. Ella había dejado las gafas sobre un montón de paja, no se acordaba muy bien porqué, y Reverendo pasó por allí. En fin. Que fueran o no a Las Vegas de viaje de novios, ella tenía más cosas de las que ocuparse.

-Yo creo que las perlas en rojo te quedarían mejor, por el negro del pelo, digo….

-Tú crees…?

-Las perlas blancas las lleva todo el mundo, pero el recogido con los tirabuzones y con perlas rojas sería algo nuevo…

-No sé qué decirte de los tirabuzones…

-Si no quieres que te caigan por el lado, te los subimos un poco y listo…- Nekane se contempló en el espejo, Brittney le había peinado con el recogido que llevaría a la boda, para verlo hecho y hacerse una idea, un tinglado de tirabuzones y perlas blancas, varios de los cuales le caían enmarcando el lado derecho de la cara, menuda y de facciones finas, presidida por las gafas de pasta, que hacían parecer enormes sus ojos marrones tras los lentes. No pudo evitar un gesto de escepticismo, y luego sonrió, acariciando las perlas que adornaban los tirabuzones.

-Y dices que nadie las lleva, rojas, me refiero…

-No, todas las llevan blancas, o beis…

-Ya….le preguntaré a Irving a ver qué le parece…

-Pero sólo de las perlas…- Bromeó Brittney guiñándole un ojo en su reflejo del espejo, Nekane asintió con la cabeza y le devolvió el gesto.

De vuelta a casa, encontró a Irving apoyado en la encimera de la cocina, tomando a morro una cerveza, todavía vestido con el uniforme de vigilante de prisiones. Irving trabajaba como vigilante en la prisión del estado, de seguridad media, que estaba a las afueras del pueblo. Con el fin de ponerse en forma para la boda, había decido ir y volver andando al trabajo, otros dos colegas se habían unido a su causa, y otros tres se lo estaban pensando. Se estaban planteando hacerse una camiseta con “Equipo Irving” como lema. Pero sólo era una idea.

-Hombre…no sé…en rojo parecerá que te has caido en una cuba de uvas…en blanco es más….liviano…

-Liviano…

-Te queda bien, cariño…te sientes bien con él?

-Sí…

-Pues es lo más importante, cariño, en rojo o en blanco, estarás preciosa…

-Irving…me voy a poner colorada..- Irving le dio un sonoro beso en la frente,y dejó la cerveza vacía sobre la encimera.

-Me voy a la ducha….que hay de cena?

-Pollo con verduras…..tengo que caber en un vestido…- Irving sonrió

-Haremos dos camisetas “Equipo Irving” y “Equipo Nekane”….- Rio antes de dirigirse al baño, Nekane alcanzó a darle un azote en el culo, al que Irving protestó entre risas.

El supermercado donde trabajaba Nekane abría a las siete de la mañana. Pero ella entraba a la seis y media. Así ayudaba a Travis, el encargado, a reponer las cosas que habían quedado pendientes del día anterior o colocar lo que hubiera quedado descolocado. No era un supermercado grande, pero tenía de todo, y era el único del pueblo. El siguiente estaba en el Centro Comercial, a cien kilómetros de distancia. Ella se ocupaba de la caja, Jonathan se encargaba del mantenimiento y Travis lo supervisaba todo.

Los primeros clientes solían aparecer a las siete y media, las madres con los bebés llegaban a eso de las nueve, después empezaban a llamar los de los ranchos para hacer sus encargos, que Jonathan se encargaría de repartir al mediodía. A veces venían turistas, pero no a menudo. Solían quedarse en los moteles más cercanos a los cañones y al río Gunnison, donde, con la llegada del buen tiempo, se podía hacer rafting. Por eso le sorprendió la presencia de los dos hombres que hicieron su entrada a las once, y que claramente no eran vecinos del pueblo. Vestían ropa deportiva, botas de montaña y portaban sendas mochilas. Hablaban entre si en un idioma que ella no entendía y dieron varias vueltas al establecimiento antes de decidirse a comprar nada. Llegaron a la caja portando una garrafa de dos litros de jugo de naranja, dos cajas de donuts y dos tazas tipo termo que estaban de oferta.

-Kaixo, zer moduz?- Nekane pasó la garrafa por el escaner sin atender a lo que el hombre acababa de decir, pensando que estaría hablando con su amigo, pero el hombre insistió en repetir la misma frase, esta vez rozándole levemente un brazo- Zer moduz?- Nekane le miró abriendo mucho los ojos, ya de por si agrandados, tras los cristales de sus gafas y parpadeó dos veces, sin entender lo que le estaba preguntando.

-Perdón…?

-Zer moduz, ni Haritz naiz…- Nekane, por un momento pensó que había perdido la facultad de entender lo que decían las personas, como había oído que les pasaba a aquellos justo antes de tener un ictus. E iba a decir algo al respecto, cuando ambos hombres sonrieron.- Te pregunto cómo estas, me llamo Haritz…- Aclaró ya en inglés el que se encontraba frente a ella, señalándose a si mismo y luego a su amigo- Este se llama Eneko- Nekane sonrió, sin saber muy bien por qué, la voz de Travis tras ella la hizo volverse.

-Te están molestando, Nekane?- Se interesó, poniendo el tono más serio que conocía en la voz, ella negó con la cabeza, aún adornada con tirabuzones y perlas, e hizo un gesto desvaido con la mano, quitándole importancia a lo que estaba pasando.

-No, Travis, sólo estamos charlando…- Travis asintió sin apartar la vista de los dos turistas y después volvió a desparecer tras los estantes de patatas fritas.

-Tienes un nombre en nuestro idioma, por eso pensé que lo hablabas…

-Qué idioma?

-El idioma de nuestro país, el País Vasco, tu nombre en nuestro idioma significa Dolores…

-Dolores?

-Sí…sería la traducción aproximada, la del mio, Haritz, es Roble…este se llama Eneko…y dicen que es Ignacio…pero no sé yo…- El otro rio e hizo como que le empujaba en broma, Nekane también rio y pasó el resto de productos por el escaner, el hombre que se llamaba Eneko le entregó el dinero para pagar.- Pues nada, ya nos vamos, precioso esto…pero tenemos que seguir ruta..

-Muchas Gracias…

-Agur, guapetona…- Se despidió el hombre llamado Haritz antes de abandonar el supermercado, Nekane se despidió con la mano.

-Adiós, muchas gracias, feliz viaje…

Nada más llegar a casa esa tarde, Nekane se sentó ante el ordenador y buscó “Pais Vasco” en Google. En eso estaba cuando llegó Irving, luciendo su recien estrenada camiseta gris con el lema “EQUIPO IRVING” a la altura del pecho, regalo de sus compañeros de la carcel, también le habían regalado una con el lema “EQUIPO NEKANE”, ésta en rosa con el lema en rojo.

-Qué miras?

-Hoy un turista que pasó por el super, me dijo que mi nombre en el idioma de su país significaba Dolores…

-Dolores?…y qué país es?

-El País Vasco…

-Dolores Johnson….no suena mal, como a actriz…

-Irving…- Y se puso colorada, Irving se sentó junto a ella y sacó su telefono móvil.

-Vamos a ver….País Vasco…ni idea…

-Mira ves?….la capital es Vitoria, y hay otra ciudad que se llama Bilbao….es bonito…

-Hombre…bonito…mira estas fotos de aquí….de cosas ardiendo..

-Ya…pero miras las fechas Irving….ves?

-Ah…pues si….

-Mira Irving…en Bilbao hay un museo que se llama Guggenheim…

-No quiero ser yo el que camine por esas placas de metal un día de agosto, cariño…

-Pues es bonito….

-De qué me suena a mí Guggenheim?

-Tiene mar…

-Aquí dice que corren delante de toros por las calles…

-No Irving, eso es en Navarra, eso es otro sitio, más abajo…en Bilbao no corren delante de toros…

-Y también se filmó “Juego de Tronos”…

-En Bilbao?…- Y le miró con los ojos muy abiertos, Irving amplió algo en la pantalla de su móvil y dibujó un gesto de escepticismo.

-En un acantilado…o algo así…pero como siempre está tan oscuro, pueden rodarlo en nuestro patio que no lo reconoceríamos, cariño…

-Ya…

-San Juan de Gazte….San Juan de Gazte… da igual…..qué hay de cena?

-Filetes de pavo con ensalada….Podríamos ir a Bilbao de luna de miel?- Irving la miró sorprendido.

-A dónde?

-A Bilbao…bueno, al País Vasco….al fin y al cabo mi nombre es de allí…

-No sé yo, cariño…

-Miré también el tuyo, y significa “Agua Fresca” en escocés…

-Escocés?….

-Sí…y mira, los hombres de las fotos son pelirrojos como tú Irving…

-Yo sólo toqué el tamborín en el instituto….de gaitero tengo poco, cariño…- Nekane rio y apagó el ordenador.

-Pones tú la mesa?

El viernes decidieron ir al cine, que estaba en el Centro Comercial. Irían a la última sesión, antes pasearían por la zona de tiendas y cenarían algo en uno de los restaurantes. Apenas encontraron tráfico, la carretera dibujaba una linea recta que dividía el agreste paisaje en dos.

-Le pregunté a mamá por qué se había decidido a llamarme Nekane, y me dijo que cuando estaba embarazada de mi había visto a una mujer en la tele que se llamaba así…y le había gustado…

-Dolores Johnson….podrías cambiarlo….suena bien…como a actriz…

-Irving….un anotador de la NBA se llama como tú…y un escritor…

-En serio?

-El turista se llamaba Haritz…que significa Roble, me gusta…

-No sé yo…”Roble, ven aquí…”….

-Mira…Hunter ya ha colocado el arco nuevo con el nombre del rancho en rojo…le ha quedado bien…

-Le conté a mi tío lo de los toros…ya sabes, lo de correr delante y eso,y me dijo que hace poco se le escaparon dos de los sementales y tuvo que venir la guardia nacional…bueno un par o así…porque llegaron a la carretera…

-Qué horror!

-Sí….a uno lograron cogerlo..pero al otro tuvieron que pegarle un tiro…

-Ay no..

-Es que les venía encima a todo dar….una mole de una tonelada, cariño….ahí no corre ni la guardia nacional, sabes?

-Ya…

-Pero aún tiene chuletones….le dije que nos los guardase para después de la boda, que ahora estamos a plan…

-Es que tenemos que caber en los trajes, Irving…

-Claro, cariño….y las perlas rojas te van a quedar muy bien….como todo

-Irving…

Meses más tarde, después de sopesar las distintas opciones para el viaje de luna de miel, se decidieron por viajar a Nueva York.

Allí también había un Museo Guggenheim.

S3

Gottfried Kirchner pone todos los días el despertador para las cinco, aunque en realidad se levante a las cinco y diez. Si se levantase a las cinco en punto, según suena la alarma, le sobrarían entonces diez minutos y no sabría exactamente en qué ocuparse durante ese preciso lapso de tiempo. Si se levantase a las cinco, se ducharía hasta las cinco y diez, dejaría la ropa preparada de víspera , así que se vestiría a las cinco y quince, de cinco y veinte a cinco y cuarenta desayunaría su té con leche y dos panecillos con miel y mantequilla, y estaría preparado para salir de su casa a las cinco y cincuenta. Llegaría a la estación a las seis y dos minutos, y tendría que esperar todavía cerca de doce minutos hasta la llegada de su tren. Levantándose a las cinco y diez, sale de su casa a las seis en punto y llega a la estación a las seis y doce minutos. El S3 llega a esa hora siempre puntual. En caso de retraso, suele ser sólo de tres minutos.

Llega a la estación de destino a las seis cuarenta y cinco, y recorre a pie la distancia entre la estación y el recinto perteneciente a Rothkirch. De diez a quince minutos de paseo diario. Si nieva, diez, ya que suele apurar el paso.

Gottfried Kirchner trabaja en el departamento de calidad de Congelados Rothkirch. Desde hace veinticinco años. El veinte de abril. Entonces había caído en viernes, seguramente un fallo en el departamento de personal. Los nuevos contratados en Congelados Rothkirch siempre empiezan en lunes.

Llega a su despacho a las siete y cinco, y abre la ventana, cuelga su abrigo, y la vuelva a cerrar. Después enciende su ordenador y comienza con las carpetas que ha de repasar hasta las once y media, hora a la que baja a la cantina a comer.

Aquel día comió con Schroeder y Kröpke, no hablaron de nada en particular, Kröpke acabó antes y no tomó café, tenía que enviar dos Emails urgentes. Schroeder y él tomaron café, mientras leían distraídamente las hojas del periódico local, que alguien se había olvidado sobre la mesa. Cuando Schroeder se fue, él volvió a hojear el periódico, le había parecido ver algo en la sección de esquelas. Y allí estaba. Marlis Gießkanne*. Marlis. Tenía que ser ella. Su inseparable compañera de colegio y después en el instituto. La casa de ella colindaba con la suya entonces, y había formado parte de su infancia y juventud. Una chica guapa y de agradable conversación. Después le había perdido la pista. Sus caminos se habían separado en algún momento y nunca más la había vuelto a ver. Hasta hoy. Había fallecido hacía tres días. Sintió un eco de tristeza, al rememorar su tiempo juntos. Le sobrevivía su hijo, Kevin Gießkanne. No se nombraba marido ni más familia. No habría funeral, el sábado a partir de las doce,aquellos que quisieran, podían pasar al domicilio familiar a presentar su respetos a los allegados. Decidió que iría. Al menos llevar un ramo de flores y darles el pésame.

El sábado amaneció soleado, pero frío. Los sábados solía levantarse a las nueve, desayunar sin prisa e ir a la compra, era el único día en que utilizaba su coche. No solía comprar demasiadas cosas, pero detestaba caminar cargado con bolsas. Compró un ramo de flores en el que predominaban el lila y el verde, que le pareció lo suficientemente sobrio para la ocasión. Marlis había vivido un pueblo más lejos, tan cerca y sin embargo no la había visto nunca, pensó, mientras conducía hacia la dirección que se había dado en el periódico.

La casa de Marlis era la última de una serie de casas adosadas y de idéntico aspecto, casas construidas en los cincuenta, de tejados a dos aguas y dos plantas, pintadas de un color que alguna vez había sido beis, zócalo marrón, ventanas con contras de madera. Cuando llegó, no tuvo que buscar mucho para saber cuál era, la puerta estaba abierta y un grupo de gente se entretenía delante, charlando en la acera. Se fijó en que, en su mayoría, era gente joven, alguno no alcanzaba los veinte años.

-Buenos Días…es esta la casa de Marlis Gießkanne?- Preguntó inseguro al llegar hasta ellos, los chicos asintieron y le señalaron la puerta abierta.

-Si, pase por favor, Kevin está dentro…- Indicaron amablemente, Gottfried entró entonces en la casa. El angosto recibidor daba paso a un pasillo, del que partía una escalera, y se adentraba hacia lo que supuso eran el salón y la cocina, de donde provenían voces enfrascadas en una conversación.

Se quedó en el umbral de la estancia que era la sala, sin atreverse a entrar, un grupo de chicos y chicas estaban sentados en el sofá y varias sillas, si bien se dieron cuenta de su presencia, continuaron con su conversación, mientras bebían de sus tazas o comían de sus platos, sin prestarle demasiada atención. Uno de los chicos se incorporó de su asiento, y se acercó a él. Era alto y delgado, tenía el pelo negro rizo corto y la piel cetrina, sus facciones finas y nariz recta en perfecta conjunción con unos penetrantes ojos castaños le hicieron recordar a Gottfried a uno de los guías que había tenido una vez en un viaje a Túnez, hacía muchos años. El chico le ofreció la mano y una franca sonrisa.

-Hola, Buenos Días, soy Kevin, muchas gracias por venir- Se presentó estrechándole la mano.

-Yo soy Gottfried Kirchner, siento mucho la muerte de tu madre, fuimos vecinos y amigos de jóvenes, me enteré por el periódico…- Explicó entregándole las flores, Kevin asintió y sonrió levemente.

-Muchas gracias, es muy bonito…un momento…Jessika?- Una chica que estaba sentada en una de las sillas se acercó entonces, estaba completamente vestida de negro, a conjunto con su larga y lacia melena, que llevaba con raya al medio y caía en cascada enmarcando un rostro maquillado en un tono de maquillaje muy pálido,casi blanco, con labios también negros, tenía los ojos verdes pulcramente ribeteados de kajal, sonrió al ver las flores, y también le ofreció la mano, manicurada en lila.

-Buenos Días, yo soy Jessika, muchas gracias por venir…y por las flores, son preciosas, las pondré en un jarrón…- Y cogiendo el ramo se alejó por el pasillo.

-Le puedo ofrecer café, te, cerveza…también hay bizcochos…venga, por favor..- Explicó Kevin y le indicó que le siguiese hasta la anexa cocina, ahora habilitada como bufet para la recepción.

-Tomaría un café, gracias- Kevin sonrió y se dispuso a preparárselo- Te importa si te pregunto de qué murió tu madre?- Kevin le miró fugazmente, mientras preparaba la cafetera.

-Cancer linfático…hace dos años que la diagnosticaron, fue muy rápido…pero nunca se espera, la verdad- Cortó un trozo de una tarta de queso, y poniéndolo sobre un plato, se lo entregó. Gottfried levantó las cejas y se lo agradeció- Lo hizo Jessika…está buenísimo.- Tras el primer bocado, Gottfried no pudo sino darle la razón, Kevin esbozó un gesto de orgullo y asintió con la cabeza.

-Y tú vivías con ella?

-Sí, acabé mi formación profesional hace un año, justo después ella empezó a empeorar y me dediqué a cuidarla…no pude enviar curriculums ni mirar nada, lo haré ahora, supongo…

-Qué hiciste?

-Técnico de Laboratorio….

-Y en qué querrías trabajar?

-En realidad me da igual…hombre, igual no, pero poner pie en algún sitio y avanzar, no sé….lo tengo difícil porque voy con un poco de retraso…todo se andará…

-Ya…me consta que me acabas de conocer, pero cuenta conmigo para lo que necesites, apreciaba mucho a tu madre…- Kevin le sonrió agradecido y se dispuso a servirle el café, que Gottfried quiso con leche y sin azucar. En eso hizo su entrada un chico negro de enormes ojos azules, vestido con el uniforme de la compañía de tranvías, portando dos bandejas tapadas con papel de estraza.

-Mi madre viene después con el resto….me ha dado esto, cuidado aún quema un poco- Advirtió entregándole su carga a Kevin quien soltó un silbido.

-Tenemos comida para meses…

-Ya conoces a mamá….tiene miedo de que te mueras de inanición…- Bromeó el chico del uniforme, quien advirtiendo a Gottfried le ofreció su mano.

-Hola, yo soy Reinhardt Mgabe..- Gottfried se presentó también- Antes de irme te robo un trozo de la tarta de Jessi…tienes sirope de choco?- Kevin le entregó un plato con un trozo y una botella de sirope, Reinhardt hizo girar los ojos después del primer bocado- Debería ponerle copyright….esto no es de este mundo…- Y aún alabando el pastel se fue a la sala.

-Otro café?

-Pues sí, mira, y, si puede ser otro trozo de tarta….

-Ya le dije que era de impresión- Y Kevin le sirvió otro café acompañado de tarta de queso.

-Y ahora…estás solo?…quiero decir…

-Sí…mi madre, como sabrá, era hija única y mis abuelos murieron hace mucho tiempo, sólo éramos ella y yo…solo, lo que se dice solo, no me quedo, Jessika y yo llevamos ya cuatro años juntos y como puede ver…amigos no me faltan..- Y extendió las manos en el aire, como para abarcar a toda la gente que iba llegando a la reunión y de la cual oían ya las voces en el pasillo, Gottfried sonrió y asintió con la cabeza, e iba a decir algo, pero dos mujeres y un hombre, portando bandejas, entraron en la cocina.

-Kevin!…Deja que te abrace!- Exclamó emocionada una de las mujeres ,y, tras depositar la bandeja sobre una encimera, engulló a Kevin en un sentido abrazo. Gottlieb aprovechó para abandonar la cocina, a la que entraba ya más gente llevando comida, y se quedó en medio del pasillo, saboreando el trozo de tarta, entre un ir y venir de aquellos que ya estaba en la casa y los que iban llegando, la mayoría chicos y chicas jóvenes, muchos de ellos acompañados de sus padres. Quiso devolver el plato y la taza a la cocina, pero ésta estaba tomada por una multitud, al igual que la sala. Optó por dejarlo sobre una cómoda del pasillo, y dirigirse a la salida, donde se encontró con Jessika, ocupada en recibir y despedir a los asistentes.

-Muchas gracias por todo, aquí os dejo mi tarjeta para lo que necesitéis….volveré en otro momento..despídeme de Kevin, por favor- Se despidió, y le entregó su tarjeta, Jessika le estrechó la mano y dibujó una cálida sonrisa en sus labios negros.

-Gracias a usted por venir, y por las flores…- Y le señaló un jarrón, que ahora adornaba la mesa del recibidor.

Esa noche, Gottfried soñó que regresaba a Túnez.Pero no era Túnez. Era un lugar sin contornos ni formas por el que paseaba, en compañía de gente que no conocía pero con la que hablaba distendidamente y con la que, en algún momento, se sentó en una playa, que no era playa, a comer un sabroso trozo de tarta de queso. Se despertó antes de que sonara el despertador, con una única idea en la cabeza.

Lo primero que hizo al llegar a su despacho, tras abrir la ventana y volverla a cerrar, y aún antes de leer sus Emails, fue consultar la Intranet de la empresa. Encontró lo que buscaba después de dar varias vueltas. Ernest Melb. Su secretaria le comunicó que éste estaba en un congreso en Burdeos, y que regresaría el viernes.Nunca antes le había parecido a Gottfried que los días de una semana pudieran pasar con tanta lentitud. Pero al fin llegó el viernes. Y con él Melb. Le encontró en uno de los laboratorios, haciendo inventario.Le explicó su idea y Melb le dijo que, por su parte,no habría problema.

Cuando salió del trabajo, en lugar de tomar el S3 hacia su casa, lo tomó en dirección contraria. Se había olvidado de preguntarle Kevin por un teléfono de contacto, así que se había decidido por acercarse de nuevo hasta su casa para hablar con él del tema, y así, después, poder pensar en otra cosa, ya que desde su visita del sábado, le había sido imposible.

Jessika salió a abrir la puerta, con la melena recogida en un moño alto, mandil de cocina y las manos protegidas con guantes de horno, sin dejar de lado el kajal, esta vez sus labios eran lilas. Cuando sonrió al verle,arqueando una ceja, Gottfried supo a quién le recordaba, a Yvonne DiCarlo en su papel por excelencia. Él también hubo de sonreír a su ocurrencia, siempre le había gustado esa serie.

-Hola Gottfried! Qué sorpresa!…pase…estoy ultimando la cena, Kevin está en el sótano…- Y le invitó a pasar, fuese lo que fuese que estuviera cocinando, la casa estaba invadida por un olor delicioso.

-Qué bien huele…

-Guiso de venado, lo hay esta semana en el Aldi, llega justo a tiempo para quedarse a cenar…

-No os sintáis obligados…- Jessika le miró desoslayo mientras revolvía algo en una tartera e hizo un gesto desvaido con la otra mano, aún enguantada. Kevin entró portando una pesada caja repleta de artilugios de metal, y tras dejarla en el suelo, le estrechó la mano a Gottfried.

-Estaba en el sótano, tengo que desmontar la casa, mi casero quiere renovarla…no sé ni por dónde empezar…Llega a usted a tiempo para cenar…

-No era mi intención importunar, yo sólo quería…

-Importunar? Me hace usted un favor, Jessi ha hecho guiso de venado como para invitar a toda la calle…- Exageró Kevin abriendo los brazos como queriendo abarcar la cocina y todo lo que ella contenía, Jessika rio y le echó la lengua.

-No sé cocinar para dos….qué quieres que haga?…- Kevin se encogió de hombros y le envió un beso aéreo, para luego dirigirse a Gottfried, que asistía a la escena sonriendo para si, sin decidirse a participar, aún aferrado a su cartera de mano y vistiendo su abrigo.

-Deme el abrigo y la cartera, póngase cómodo, enseguida cenamos…- Invitó Kevin, animándole a entregarle el abrigo y la cartera, que después colocó en un armario del pasillo.

Entre los dos pusieron la mesa para cenar en la misma cocina, Kevin abrió una botella de vino para la ocasión.

-Pues usted dirá…- Animó Kevin, una vez le hubo servido una buena porción de venado acompañado de bolas de puré de patata y col roja.

-Muchas gracias….verás…la última vez que nos vimos, me comentaste que estabas buscando trabajo en lo tuyo, y, bueno, yo trabajo en Rothkirch, seguro que nos conoces…pues bien, si hay algo en Rothkirch son laboratorios y pensé que quizás…en fin, que me informé, y efectivamente hay todavía una plaza vacante de empleado en prácticas en el Laboratorio de Verduras…y bueno, he venido a preguntarte si estarías interesado en ocuparla- Se lo explicó con tranquilidad, como solía hacer la cosas, mirándoles alternativamente en su discurso. Kevin y Jessika siguieron su explicación sin atreverse a llevarse a la boca el bocado que tenían ya preparado en sus tenedores, y casi sin parpadear.

-Yo?…quiero decir…una plaza en prácticas para mi?- Acertó a preguntar Kevin, como temiendo haber malinterpretado lo que acababa de escuchar, Gottfried asintió con la cabeza y tomó un primer bocado del guiso, Jessika y Kevin se miraron sorprendidos, a Kevin casi le dio la risa- Pues…sí, claro…muchísimas gracias por pensar en mi Gottfried, muy amable de su parte…- Gottfried hizo un gesto con la mano en el aire y sonrió.

-Nada que agradecer, es lo mínimo….y, por favor, tratadme de tú, compartís conmigo mesa y vino, no cabe el usted….a propósito…en mi vida he probado un venado tan exquisito…es..magia hecha carne..- Jessika se llevó las manos a las mejillas, que aún maquilladas en pálido se habían sonrojado, Kevin alzó su vaso de vino y Gottfried le imitó, ella, hizo lo mismo casi sin atreverse.

-Por la magia y sus misterios!- Y los tres rieron su ocurrencia, para después dar buena cuenta del asado.

La entrevista se fijó para el martes siguiente, y Kevin comenzó a trabajar como empleado en prácticas para Congelados Rothkirch el lunes. Como era norma para los nuevos empleados. Coincidía con Gottfried siempre en la pausa del mediodía, en la que compartían mesa y pormenores del día, Kevin le iba informando del lento desmantelamiento de su casa, para el que no había prisa, ya que su casero no la tenía, pero era algo que ocupaba todo su tiempo tras el trabajo, Gottfried acordó con él ayudarle los sábados que necesitase, cuando había tenido que desmantelar él solo la casa de sus padres se le había hecho eterno. De vez en cuando Kevin le traía un tupper en el que cabían dos porciones de lo que se le hubiese ocurrido guisar a Jessika, que si bien hacía virguerías en la cocina, había comenzado a hacer prácticas como diseñadora gráfica en Heidelberger Druckmaschinen.

-El Sr. Schubert quiere verte en su despacho- Le anunció la voz de Petra Schilling, secretaria de la dirección, al responder a la primera llamada de la mañana, Gottfried sintió como de repente se le abría un abismo inmenso en el estómago.

-A mí?…por qué?

-No lo sé…sólo se me ha dicho que te avise…

-Ahora mismo?

-A poder ser, sí…- Y colgó. Gottfried hizo lo mismo. Antes de incorporarse se sirvió un vaso de agua, la boca se le había vuelto de pergamino.

Seguro que es por Kevin, pensaba mientras se dirigía a la dirección, situada en el edificio anexo al suyo, qué habrá hecho el chico? O qué no habrá hecho? Seguro que no le quieren renovar el contrato de prácticas, después de tres meses es lo normal, pues a ver por qué…será porque se llama Kevin, y qué culpa tiene él de llamarse así, si además está en el santoral, y el apellido es el de su madre, que buen trabajo hizo, ella sola, para sacarlo adelante después de todo lo que le pasó, y qué otro apellido iba a tener, vamos a ver…y sí, parece uno recién llegado de por allá, pero no lo es, vamos, sólo hay que escucharle hablar, es que la gente no escucha o qué?….y lo pienso decir, sea lo que sea lo que tengan que decirme, yo me pondré de su parte, qué pueden hacerme a mí?…les saldría por una fortuna despedirme, y además, cómo van a despedirme por dar mi opinión, vivimos en democracia…vamos digo yo…..con la ilusión que tienen los dos, porque es una delicia verles….ella tan gótica y sus tartas de queso….porque vamos a ver, la compañía de tranvías confía un autobús lleno de personas a Reinhardt, y es más negro que el betún, y no pasa nada……no, no puedes conducir el autobús porque eres negro…no, eso no se lo dijeron los de Tranvías…pues eso.. a ver por qué le van a decir a Kevin que no puede seguir aquí porque se llama como se llama y encima es como es….un argelino desplazado, como dice él…no hay derecho. No pasarán. Bueno Gottfried, no te embales.

Cuando llegó a la antesala del despacho del director, Petra, sentada tras su mesa escribiendo algo en su ordenador, le indicó con un gesto de la mano que podía pasar, sin levantar la vista de loque estaba haciendo. Gottfried respiró hondo, y, tras llamar a la puerta, entró en el despacho.

-Kirchner! Gracias por venir tan pronto…sin cita previa…- Saludo el Sr. Schubert incorporándose de su sillón para estrecharle la mano, frente a él, junto a la mesa de despacho estaba sentado Ernest Melb, quien imitó al director y también se incorporó para saludarle, su presencia hizo que el abismo estomacal de Gottfried tomase dimensiones de agujero negro, buscó respirar hondo, pero no lo consiguió.

-Siéntese, por favor…quiere usted beber algo?Agua, zumo…- Ofrecio el Sr. Schubert, un hombre corpulento y de pelo crespo blanco, encasquetado en un traje azul cobalto con corbata gris, Gottfried se fijo en sus zapatos, y se preguntó cómo había podido atarse unos cordones tan finos, se pasó la mano por el rostro para despejar semejantes ideas, que no supo de dónde podían venirle, seguramente producto del nerviosismo.

-Agua, un vaso de agua…gracias- Acertó a decir, Melb fue el encargado de servírsela y se la entregó acompañando el gesto con una amable sonrisa, Gottfried trató de corresponderle sin conseguirlo, el agujero negro había cobrado vida propia y se movía a una velocidad trepidante por su abdomen.

-Pues verá, Kirchner, si le hemos hecho venir, es para darle las gracias- Comenzó Schubert elocuentemente extendiendo sus manos en el aire mientras Melb asentía sin perder su franca sonrisa, Gottfried se sintió en ese momento como aquel que gana metros para tomar impulso con el fin de derribar una puerta con el hombro, y justo en el momento del impacto, ésta se abre. Y sólo pudo toser. Y con la tos se vació su cabeza. De palabras e ideas. Se quedó en blanco.

-Queríamos agradecerle personalmente su descubrimiento, porque el Sr. Gießkanne, es un descubrimiento…

-Un diamante en bruto…- Anotó Melb

-Viniendo de usted no podíamos esperar otra cosa…

-Resumiendo….no vamos a correr el riesgo de que la competencia nos lo quite a la primera de cambio…así que no vamos a esperar más y le vamos a hacer fijo…

-Hoy en día, las noticias vuelan, y una persona de la valía de Gießkanne puede recibir ofertas tentadoras…y no nos lo podemos permitir…

-Hacía muchos años que no tenía la suerte de contar con una persona así en mi equipo….tan…exacto…sí, esa es la palabra…exacto…sin un pero en sus acciones….

-Lo dicho, Kirchner, muchas gracias….hemos pensado en cómo agradecérselo…

-Y hemos llegado a la conclusión de que con seguridad le hará a usted mucha ilusión participar en el Congreso Internacional de Calidad Congelada en Barbados…

-Barbados…- Repitió Gottfried, quien como por arte de ensalmo encontró de nuevo su voz, al no encontrar la relación entre los congelados y las Islas Barbados.

-En Junio….Petra le dará detalles….gran nivel…

-Ya…

-De nuevo, eternamente agradecidos…

-La aguja en el pajar.

Gottfried salió del despacho con la sensación de que caminaba como los astronautas lo habían hecho sobre la luna. Sin ser muy consciente de alcanzar con los pies la pulcra moqueta. De haber tenido un superpoder en aquel momento, le hubiera gustado poder volar.

Kevin Gießkanne pone el despertador todos los días para las cinco. Se da una ducha corta, se viste con la ropa que deja preparada del día anterior y despierta a Gottfried. Mientras éste se ducha, él prepara el té, pone el café y le da el primer aviso a Jessika. Después Gottfried y él desayunan cada uno su té y su café, con un trozo del bizcocho que Jessika haya horneado. A las seis menos dos minutos, Kevin le da el segundo aviso a Jessika. Gottfried y él salen de casa a las seis en punto. Llegan a la estación a las seis y doce minutos.

El S3 llega a esa hora siempre puntual.

En caso de retraso, suele ser sólo de tres minutos.

*Gießkanne → Regadera en alemán.

Principio y Final

Estábamos todos dentro. De eso me acuerdo. Porque al salir de clase para la pausa, no se podía dar un paso por la gente que había en el pasillo. Supongo que llovía o hacía frío. O ambas cosas. July me dijo de bajar al hall. Y bajamos. July era rubia, de ojos claros, con pelo muy rizo y pecosa, yo también tenía el pelo rizo, pero era su opuesto. Quizás por eso nos hicimos amigas. Había nacido en Londres, donde sus padres habían emigrado y todavía residían. Ella cursaba conmigo primero de BUP. Nunca me explicó el porqué, ni yo se lo pregunté. Esas cosas, entonces, carecían de total importancia.

El hall estaba repleto de gente. Ni ella ni yo teníamos hambre, así que no nos dirigimos a la cafetería, deambulamos un rato entre la multitud y después nos acercamos a la zona del mural. Era un mural del “Guernika” que ocupaba toda una pared, a lo largo de la cual había un banco. Para nuestra sorpresa todavía había sitio, justo en el centro. Y nos sentamos.

Les descubrimos antes que ellos a nosotras. Eran cuatro. De COU. Desde mi perspectiva de primero de BUP, eran cuatro hombres hechos y derechos, altos, fornidos y con aquel atractivo que desprende lo inalcanzable. Dos ya fumaban, sin querer hacerse los interesantes, simplemente lo eran, al menos a mis ojos, con sus cazadoras de cuero y sus plumíferos JHayber en rojo y azul. Hablaban y reían sin hacernos caso. Ni nosotras lo pedíamos, de hecho, teníamos nuestra propia conversación. No me acuerdo sobre qué. Pero era nuestra.

-Y tú cómo te llamas?

La pregunta vino de la nada. Y allí se quedó. Al no saber nosotras a quién iba dirigida.

-eh! Tú cómo te llamas?

Esta vez July y yo alzamos la vista. El de la cazadora de cuero, se lo preguntaba a July, mostrando gran interés.

-Yo?…July-

-Julia

-No, Julia no….July

-July

-Sí

Y entonces. Sin más. Los cuatro a la vez comenzaron a cantar, dando palmas.

-“ERES TÚ MI RAZÓN MI VERDAAAD, Y POR ESO TE QUIERO CANTAAAR,MI CANCIÓN ES SENCILLA Y SINCERAA NADA MÁAAS…OHOH JULY TE QUIERO CANTAAAR, TÚ HAS SIDO PRINCIPIO Y FINAAAL, EL PRINCIPIO DE MI NUEVA VIDA…EL FINAL DE MI SOLEDAAAD…OHOH JULY…!…

Repitieron la secuencia otra vez, demostrando unas inusitadas dotes vocales a capela, y lo coronaron todo con una tanda de aplausos a si mismos entre risas. Y sonó el timbre. Y con la desbandada, se perdieron en la multitud. July y yo nos quedamos sentadas. July me miró con los ojos muy abiertos, y la expresión de aquel que descubre que le ha tocado la lotería. Yo no sabía que decirle.

-Tú oíste?

-Sí…

-Desde luego….

-Ya..

-Habrá que subir…

-Habrá…

Al año siguiente July regresó a Londres. Nunca supe porqué, ni ella pudo explicármelo. El de la cazadora de cuero, se casó mucho después con Laura la de C.

Pero esa ya sería otra canción.

*“OhOh July” Los Diablos (1972)

Grada Norte

Sven H. Con motivo del Campeonato Alevín de Fútbol que tendrá lugar durante los próximos fines de semana, he formado este grupo para poder coordinar mejor la logística. Bienvenidos a GRADA NORTE!.

Sylvia T. En el recinto en el que se celebra no hay gradas.

Sven H. Me pareció un nombre bonito. Suena grande.

Tilo T. BANCADA POTENTE

Silke B. Tilo, céntrate.

Sylvia T. Ni tampoco hay bancos.

Sven H. Ahora no puedo cambiarlo…queda así.

Silke B. A mí me paso lo mismo. GRADA NORTE sea.

Oswald B. Podemos llevar bancos y mesas plegables.

Frank S. Oeoeoeoeoe!! 🙂

Tilo T. Yo puedo decorar con banderolas de colores.

Sven H. Yo me ocupo de los postes y la tela para las pancartas.

Silke B. Es un partido de fútbol, no una manifestación.

Sylvia T. “Ánimo. Estamos aquí”

Tilo T. “Arriba. Siempre arriba”

Frank S. Booooombaa Olavava Olavavava!!

Beate S. Y dónde enchufamos la máquina de pancakes?

Sylvia T. Hay que hacer pancakes? Cuántos?

Mareike B. Yo llevo patatas fritas de bolsa.

Sven B. Pan qué?

Silke B. Pancartas, Beate, Pancartas!

Mareike B. Y Gusanitos.

– – – – – – –

Sven H. Ya os he enviado los horarios de los partidos. Los nuestros están en los grupos A, B y C. Necesito a alguien que se encargue de llevar los uniformes. Juntos llegamos! 🙂

Oswald B. Yo puedo llevar los uniformes. Dime a dónde.

Silke B. De paseo, si te parece Ossi… 😉

Tilo T. Yo puedo llevar a tres de cualquier grupo, con o sin uniforme. También las pancartas.

Anne H. Yo puedo hacer varios viajes, con cinco. Voy a llevar sandwiches. Falta el agua.

Tilo T. Yo llevo el agua. Sin gas. Sven H. a dónde vamos todos juntos?

Mareike B. Y Brezel.

Beate S. Van a cortar el gas? Cuándo?

Sven H. Es un slogan, como “No pasarán” “ Si quieres, puedes”. En total somos ocho coches. Yo llevo las mesas y los bancos. Siete. Son catorce niños. Alguien bueno en mates? 😉

Mareike B. Yo voy andando.

Frank S. “EEEOOO EEEEEOOOO Daylight come and I want go hoooome”

Silke B. La mejor opción es reunirnos con los coches delante del Ayuntamiento y repartir niños y comida. También Bananas, Frank S. ;). Después vamos en caravana hasta el campo. Yo puedo recoger a Mareike.

Beate S. Y quién alquila la caravana? Yo no tengo carnet de eso.

Sylvia T. Yo llevo las banderolas,tres sillas plegables, el botiquín, dos termos con café, tazas, vasos y platos de plástico, dos bizcochos, una ensalada de pasta, mantas, las mudas, paragüas y tijeras. Sitio para un niño (menudo).

Tilo T. Sylvia T. for President! 🙂

Mareike B. Yo voy andando y ya van vestidos con el uniforme. Llevo patatas fritas de bolsa.

Sven H. Falta cordón y cinta aislante.

Tilo T. Lo lees mal y montamos la película 🙂 🙂

Silke B. Centrémonos.

Roswitha R. No creo que talar los árboles sea la solución. Pensad en todos los pajaritos que se quedan sin casa!

Anne H. En ese recinto tampoco hay árboles.

Mareike B. Y gusanitos.

Beate H. No creo que se puedan llevar hachas.

Roswitha R. Uuuups…me confundí de grupo 🙂

Oswald B. Los nuestros…de qué color van? Tengo más camisetas azules que pantalones rojos. Yo puedo llevar seis y una pancarta.

Sylvia T. Seis qué?

Beate S. A quién hay que aislar?. Yo llevo un machete.

Mareike B. Y Brezel.

– – – – – –

Anne H. Muchas Gracias a tod@s por vuestra ayuda! Sven os manda un saludo!

Sylvia T. Que se mejore! También es mala pata!

Silke B. “Mal dedo”, Silvia T.

Tilo T. Es que la mesa se plegó sola. Así Claks!

Oswald B. Hemos colocado todas las cosas en nuestro patio. Pasad a recogerlas cuando queráis.

Frank S. Yo ya repartí a los niños que quedaban. Devolví los bancos. Doblé las pancartas. Y tiré la basura.

Anne H. Frank S. Misión Cumplida 😉

Mareike B. Es de alguien un machete?

Silke B. Yo lavo los uniformes y ducho niños. Propios y ajenos 😉

Tilo T. Tenemos los puntos! Yo llevo la cerveza!

Frank S. A dónde?

Oswald B. Ya encargué pizzas. Aún hay ensalada y sandwiches.

Sven H. Os quiero.

Silke B. Nadine W. si me lees, he encontrado a tu hija.

Beate S. A quién hay que poner puntos?

Anne H. Yo llevo música.

Mareike B. Yo tengo cacahuetes.

Tilo T. “It´s coming home, it´s coming home”!!

Frank S. Quién?

Anne H. Big in Japan 😉

Beate S. Quién viene de Japón? Yo puedo ir a buscarlo.

Mareike B. Y limones.

El malo de la película

-Entonces me acompañas…

-Sí, pero depende de cuánto dure, quedé con Lolo para ayudarle con la cocina…

-Osea que te vienes…

-Sí, ya te dije que sí…pero…

-A las doce en la puerta, te envío la dirección por aquí…

-Pero cuánto dura…?

-Gracias Alvar!…eres un sol!…- Y colgó.

Alvar también colgó y miró la hora. Las diez. Aún podía ir a correr su hora, volver, ducharse y llegar a tiempo a dónde fuese que Analía quería que le acompañase. Y así hizo. Cuando volvía de su habitual recorrido, le llegó el mensaje con la dirección, y al ver dónde era, hubo de aumentar el ritmo para no llegar con retraso.

En realidad no era una puerta, era el portalón de acceso a una nave situada entre otras naves idénticas y numeradas en un polígono industrial a las afueras de la ciudad. El autobús le había dejado a veinte minutos, y el último trecho casi lo había tenido que hacer corriendo, sin saber muy bien porqué, pero si había algo que no soportaba era llegar tarde, aunque la cita no fuese suya.

-Estoy bien?- Analía dio una vuelta sobre si misma, llevaba una falda larga negra y una camisola gris, la melena castaña se la había recogido en un moño, los pies en unas bailarinas negras, no llevaba ni los labios pintados, lo que le hacía tener un aspecto un tanto gris.

-Pareces una seglar…no sé…tú sabrás…

-Es que es de lo que se trata, es un drama…

-De monjas…

-No lo sé, pero mandan venir así…

-Y ahora qué hacemos?

-Entrar…supongo que ya habrá más gente…- Alvar accionó la manilla del portalón, y haciendo un amago de reverencia, le dejó pasar primero, Analía le respondió con una circunspecta genuflexión, pareja a su aspecto.

El interior de la nave había sido reconvertido en un enorme espacio de modernas dimensiones,dividido en dos alturas,en hierro fundido, madera y paneles acristalados. Tal como había predicho Analía, una pequeña multitud de mujeres ataviadas con ropas similares a las de ella y con el mismo peinado, estaban ya reunidas ante una puerta con el número 5 en rojo.

-Y yo mientras…qué hago?- Preguntó Alvar mirando a su alrededor, Analía se encogió de hombros mientras releía unos papeles en voz baja.

-Si cruzas esa puerta de ahí encontrarás una sala con sillones y cojines gigantes….

-Cojines gigantes?…café tienen?- Analía le miró, de pronto sumamente triste.

-“ Y si no te vuelvo a ver, recuerda que te quise….”- Alvar rio y asintió convencido.

-Ya…pues te espero ahí dentro entonces….y si tanto me quieres, cuando acabes me buscas- Analía parpadeó varias veces con ojos vidriosos y asintió, para después alejarse hacia la puerta 5.

La puerta que le había dicho Analía estaba cerrada, así que decidió buscar otra sala que estuviese abierta. Recorrió un ancho y muy largo pasillo de paredes de cristal azul hasta que hubo de torcer a su izquierda y tomar otro más corto, éste recubierto de metal imitando óxido donde por fin encontró una puerta, esta vez deslizante, de madera negra,y que pudo abrir. Accedió entonces a una sala iluminada por una gigantesca claraboya, el suelo era de cemento industrial y estaba ocupada de dos sofás verdes y cuatro butacones rojos, de cómodo aspecto, que rodeaban varias mesas bajas de madera que imitaban palés. Sobre éstas había botellines de agua, vasos, y unas carpetas azules. Alvar se sentó en uno de los sofás, y se sirvió un vaso de agua, reparó entonces en las carpetas azules y, cogiendo una, la abrió. Contenía dos hojas, con lo que parecía un diálogo, en inglés, entre un tal Grish y un tal Silas. Se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no leía en inglés, tanto como el que hacía que había acabado Filología, sonrió, aquel era un buen comienzo. Iba a leerlo ya por tercera vez, cuando una puerta lateral, que no había visto, se abrió.

-Se te habrá hecho eterno….- La voz de la chica buscaba la disculpa en el tono, al tiempo que dejaba caer los brazos casi teatralmente, en vaqueros y camiseta con el pelo azul medio recogido con dos hebillas de purpurina y unas gafas de pasta rojas, a Alvar le recordó a una muñeca Manga, iba a explicarle el motivo de su presencia en aquella sala, pero no le dio tiempo- Te habrá dado tiempo a leerlo….seguro…dime que sí…- Rogó la chica mientras le miraba suplicante, Alvar se incorporó y asintió, incapaz de hacer otra cosa. Ella sonrió y se colocó bien las gafas- Perfecto, ven, ya te están esperando…antes…tú eres…

-Alvar…

-Alvar?

-Alvar Quintero López

-Alvar Quintero….y por qué no estás en mi lista?- Se lo preguntó sin mirarle mientras le guiaba por un pasillo de paredes de piedra verde amatista, Alvar iba a aclarárselo, pero ella se volvió de pronto con el dedo índice de su mano derecha extendido hacia el techo.

-Por la Q…nunca la coge el puto sistema…tú ven…- Caminaron todavía un par de metros, hasta alcanzar una puerta corredera de acero rojo, que la chica deslizó sin dificultad, dándole paso a una enorme estancia iluminada por infinidad de focos que pendían del techo y tomada por un ejército de gente que pululaba entre cámaras, máquinas y cables. Alvar estuvo tentado a dar la vuelta, y salir corriendo, pero llevado por la curiosidad de hasta dónde le llevaría la situación que se había creado, decidió seguirla sorteando cables y aparatos, hasta un grupo de gente que contemplaba un monitor.

-Aquí os traigo al último….no me miréis a mí, revisad el sistema y poned una camarita en la puta sala….así no hay quién trabaje…en fin, Alvar Quintero…- Y le señaló con la mano, como quien presenta el premio final en un concurso, Alvar levantó una mano a su vez sin atreverse siquiera a saludar.

-Jorge Cadenabe- Repitió uno de los hombres, adelantándose al resto para ofrecerle la suya, que Alvar estrechó agradecido, el resto se presentó de viva voz, y Alvar no se quedó con ningún nombre.- Ven, te explico.

Cadenabe le guió hasta una especie de escenario sobre el que había un cajón de madera.

-Verás…Alvar..era..tú nombre?, sí?..verás Alvar…tú situación es la siguiente…Grish es uno de tus hombres de confianza, pero te ha traicionado colaborando con el FBI, tú lo has descubierto y le traen ante ti para que se explique…

-Y yo estoy furioso…o cómo?

-Eso ya lo decides tú….si has leido el dialogo ya te habrás puesto en situación…- Alvar carraspeó y asintió, sin decidirse a contestar, Cadenabe sonrió y suspiró- Listo?

-Sí…supongo…- Logró articular Alvar, Cadenabe llamó a un chico, que se presentó como Javi, y le daría la réplica de Grish- Sólo una cosa….Sr. Cadenabe…yo, entonces, para entendernos, soy el malo…-Cadenabe rio y asintió.

-Exacto, Alvar, tú eres el malo de la película…- Alvar también le sonrió, y mientras uno de los técnicos colocaba bien unos focos, y Javi se convertía en Grish, volvió a leer su parte del dialogo, repitiéndolo en voz baja, como creía que lo hubiera hecho la única persona realmente mala que había conocido en su vida.

Una vez estuvo todo listo, Cadenabe ordenó silencio, y la luz de los focos se adecuó a las dos figuras sobre el improvisado escenario. Alvar Quintero, entonces, dejó de ser quien era, para convertirse en Silas y su propia interpretación de la maldad.

Después, el silencio se hizo tangible. Cuando levantó la vista, Cadenabe y su equipo, la chica del pelo azul, y un número importante de técnicos le miraban en silencio, incapaces de moverse, y con el miedo lacrado en la expresión de sus rostros. Nada se movía. Ni siquiera el silencio.

-Que alguien…me traiga un vaso de algo..- La voz de Javi, casi una exhalación, aún sentado sobre el cajón, rompió el sortilegio. Alvar hizo con su mano visera, para ver mejor, y sonrió.

-Ya está?…O lo hacemos otra vez?…o cómo?…

Veinticuatro horas después, ya tenía agente y un billete de avión a Los Ángeles. Si bien el director y el productor de la película habían visto su prueba de casting en video, querían comprobar que era real, y, de serlo, vivirlo en primera persona. Alvar se lo tomó con calma, como todo lo que hacía. Le había aclarado a Cadenabe quién era y la verdadera razón de su presencia en aquel lugar, pero aquel no le había dado importancia, reduciéndolo a una anécdota que, según dijo, daría mucho juego, él se preguntó para qué, pero no le dio más vueltas. Analía le hizo prometer que le mandaría videos por Whatsapp desde que aterrizara en LAX, y le ayudó a hacerse una cuenta en Instagram, cosa que el que ahora era su agente, un tal Juan Luís, recibió con alegría, ya que, según él, eso haría las cosas más fáciles. Alvar no le preguntó por qué, hasta entonces no había tenído una cuenta y había tenido una existencia feliz. Como foto de portada puso una en la que se tapaba medio rostro con una mano, y la otra mitad, según Juan Luís, te obligaba a tragar saliba dos veces. Analía y él le habían mirado escépticos. Se la había hecho él mismo, después de la ducha y antes de afeitarse. Nada fuera de lo común.

El lugar donde iba a tener que hacer la prueba, era seis veces más grande que el primero, y la cantidad de gente que pululaba alrededor le pareció más una manifestación de técnicos que otra cosa. Conocía al director por la prensa, e incluso le parecía haber visto una película suya, pero no se atrevió a decirselo, por miedo a que no fuese él, y quedar mal nada más empezar. El productor ni le sonaba. Esta vez la réplica de Grish se la iba a dar el actor que interpretaría el papel,un tal Scott, un hombre más o menos de su edad, que llegó acompañado de un pequeño batallón de gente, su mujer y un bebé, y que, en correcto español, se alegró mucho de conocerle.

Un hombre con cascos y guantes ordenó silencio. Alguien atenuó la luz. Silas recibe a Grish. Esta vez, el silencio que reinó al final, resultó tan aplastante, que el productor hubo de incorporarse de su asiento para, tras alcanzar una papelera, vomitar. Scott escondió el rostro entre sus manos, y se abandonó a un sentido, sincero y reparador llanto. El director, con la mirada fija en Alvar, parpadeaba lento, como el que piensa en algo, sin llegar a saber el qué. Alvar, buscó a Juan Luís en la multitud y le guiño un ojo, éste se enjugó los suyos con el embés de una mano, y trató de, al menos, devolverle un gesto amable, sin conseguirlo.

-Como te lo den, no va a haber quien me pare…

-Sales corriendo…o cómo?

-Del grito que doy…

-Y si no me lo dan, no pasa nada….ya estar aquí, yo, tú ya viste quién me felicitó en la entrada….a mí, ÉL…eso ya es mi Oscar…

-Yo no fui capaz ni de decirle Hola…seré boba…

-Me colocas bien la corbata?….

-Te llaman la “personificación de la maldad”…..y con este traje eres la “personificación de la elegancia”…

-No exageres….

-Una cosa…

-Dime…

-Quiero siempre preguntártela y nunca encuentro el momento…

-Tú dirás…

-Tú….en quién pensaste para dar vida a Silas?

-En alguien lleno de maldad…

-Ya…pero quién?

-En Arús, el bedel de mi colegio.

Espumoso Dorée

Hoy soñé contigo. Llegaste a mi casa y te sentaste en una de las sillas del salón. Venías a tratar la venta de mi casa. Querrías comprarla. Yo no sabía que mi casa estuviera en venta. Sabía que más pronto que tarde tendría que mudarme, pero mi casera nunca me había hablado de querer venderla. No te lo dije. Acepté el hecho sin más. Entonces se nos unió otra persona. Alguien le debió abrir la puerta. Un chico rubio con el pelo en visera y gafas de pasta, con el que coincido siempre en el autobús. Él también quería comprar la casa. Os pregunté si queríais tomar algo. Decís vino. En un aparador enorme, en una habitación con apenas luz, como toda la casa, encontré toda clase de vasos, tazas, y copas, infinidad de copas, pero ninguna de vino. Pero tienen que estar ahí. Pienso. Seis al menos. Pero no estaban. Al fondo descubro unas de tallo largo, tipo globo. Al sacarlas tintinea el resto del contenido del estante. Busco vino y no lo encuentro. Todo el vino que compro y nunca bebo debe estar en algún sitio. Recorrí una casa en penumbra y con muchos pasillos y aparadores repletos de cosas. Pero no encontré el vino. Regresé al salón, y tú estabas ya siviendo las copas con algo. Te pregunté dónde lo habías encontrado. Me contestaste un tanto molesto que sólo era Espumoso Dorée, pero que serviría. Me pregunté cuándo había comprado yo tal cosa. Dorée. Se no unió entonces la mujer del chico rubio. Que nos explicó que sus hijos ya iban a la guardería solos y que eso era necesario para su desarrollo espiritual. El chico rubio abrió una ventana, y me descubrió que mi casa era un chalet adosado, la otra casa tiene sólo una ventana, desde la que nos observaba una mujer aterrorizada. El chico rubio dijo que él querría inspeccionar la otra parte. La otra parte estaba llena de escaleras y era muy estrecha. No encontramos a la mujer. Ahora en mi casa había más gente. Todos bebían vino. Una chica de melena roja quería arreglar una persiana. Tú le ayudas. Yo os digo que no está rota, que es eléctrica. Pero vosotros no me hacéis caso. La mujer del chico rubio me explica que comprar una casa es lo mínimo que ha de hacerse en esta vida. Su marido me dice que ahora es el momento. Y todos se van. No sé por qué. Y nos quedamos solos tu yo. Tú me preguntaste en cuánto quedaba el precio. Yo no tengo ni idea. Me cuentas que tendrías que tirar tabiques, levantar suelos y pintar, además de cambiar los marcos de las ventanas y alzar una planta más. Yo te digo que me parece muy bien. Este es el momento, me dijiste, y tomaste el último trago de tu copa. Luego te levantaste, me abrazaste como despedida, y te fuiste. No me entristeció tu partida. Ni tampoco me alegró. Porque no te conozco.

El Rey de la Gravilla

El teléfono era de baquelita roja. Y estaba colgado de la pared del recibidor. El auricular tenía un cable tan largo, que podíamos llevarlo sin problemas por todo el apartamento mientras hablábamos. No sonaba como el resto de los teléfonos. Era lo más parecido a una alarma de incendios, que siempre nos cogía desprevenidos. El apartamento era pequeño. Un dormitorio, una sala, una cocina y un baño completo, que cabía en el espacio equivalente al de una cabina telefónica. La ventana del salón se abría a un balcón minúsculo, desde donde, si alguien se asomara descolgando medio cuerpo por la barandilla y girando la cabeza hacia la derecha, se podía ver el Castillo. Tal como nos lo había demostrado nuestro casero, cuando lo habíamos ido a ver por primera vez.

Por aquel entonces, Leander ya había acabado la carrera de derecho, y visitaba los cursos obligatorios de pasantía. Yo había hecho lo propio con la mía de Historia del Arte combinada con Filología Románica, por la rama de Francés, y todavía no sabía qué hacer de mi vida. Adentrarme en el tortuoso mundo de los doctorados, o decantarme por la rama de magisterio. Mientras no me decidía, impartía clases de pintura al óleo en la Volkshochschule (Universidad Popular) y ayudaba un par de horas a las semana en la biblioteca pública. Nuestra vida discurría en el limbo de aquellos que ni son ya estudiantes, ni todavía han entrado de lleno en el mundo laboral adulto. Además era verano. Con lo cual, la sensación de vivir en vacaciones se hacía más patente.

Aquella mañana yo me había decidido por fin a planchar mis pantalones de lino. Tenía tres. En beig, azul añil y rojo. Una oferta tres por uno que no había podido dejar escapar. Leander había comprado una tabla de planchar casi tan grande como nuestra sala, y yo la había colocado ante la ventana abierta al balcón, por una parte, porque así conseguía un poco de corriente que amainase el calor reinante, por otra para distraerme con lo que pudiese pasar en la calle, muy transitada por aquellos que se decidían por subir a pie al Castillo. Estaba tratando de decidirme si añadir un poco de colonia al agua de la plancha, cuando sonó el teléfono. Del susto arrojé la botella de agua de lavanda contra el sofá, como quien arroja una bomba de mano. Y todo se llenó de olor a lavanda. Pero eso a mí no me importó. Yo sólo corrí a coger el teléfono y lograr el cese de aquel ruido atronador que era su timbre.

-Pippa!

-….

-No te acuerdas de mi?!

-Pues no sé…

-Soy Malte!

-Malte?

-Si! Malte, tu Malte…

-Ya…qué quieres Malte?

-Pues verás, estoy por casualidad en la ciudad y pensé…pues mira, voy a llamar a Pippa para ver cómo está….

-Y cómo has sabido mi teléfono?

-Estás en la guía….

-Ya…

-Si eso nos pasamos esta tarde, para una cervecita…

-Nos pasamos?Malte…

-Ach, Pippa….me alegrará verte, a tí y a…a..

-Leander?

-Eso, Leander….a las cinco?

-Malte…

-Chau!

Malte Henle nunca había sabido escuchar. Habíamos salido cerca de un año, cuando ambos habíamos llegado a la ciudad para empezar nuestras respectivas carreras. Él había empezado Políticas con Historia, para dejarlo después por Geología con Biología, pasando por Sociología y Pedagogía, y por último Antropología y Estudios Americanos. Además de no saber, ni querer, escuchar, Malte era vago. En todos los sentidos. Incluso para llevar una relación. Cuando lo dejé, ni se había preocupado por preguntarme el motivo. Hubiese supuesto pronunciar demasiadas palabras. No le había vuelto a ver desde entonces. Que se hubiese tomado la molestia de buscar mi teléfono, y demostrase tanto interés en concertar una cita, me resultó más que sospechoso. Pero la gente cambia, pensé, y, a lo mejor, Malte, había aprendido a llevar conversaciones con más personas que consigo mismo.

-Y dices que viene con más gente?

-“Nos pasamos”dijo….

-Bueno, el pack es de seis birras….si son más bajo a por otro…

-Tenemos zumo…

-Qué bien huele a lavanda…..que el olor de los arbustos de la cuesta llegue hasta aquí….y tan…envolvente….

-Ya, es que…-

Pero no me dio tiempo a explicarle a Leander más, ya que sonó el timbre del telefonillo del portal.

Malte seguía igual, pero con el pelo algo más largo y había ganado un poco de peso, con la camisa blanca, los vaqueros y los mocasines, me pareció por un momento un cantante melódico salido de las revistas del corazón, ella era rubia, el pelo largo acababa en una suerte de tirabuzones, y enmarcaba una cara alargada con una nariz a juego, medio disimulada por una gran cantidad de maquillaje, el suyo era un estilo ibicenco profuso en volantes blancos y flecos, coronado por unas sandalias doradas de cuña muy altas.

-Ella es Jenny, mi esposa

-Hola, un placer conoceros….un apartamento….encantador, he de decir…y cómo huele a lavanda….encantador…

-De los arbustos supongo…-Anotó Leander, yo iba a decir algo,pero opté por no dar explicaciones

-Encantador…

Los dos se sentaron en el sofá de la sala, y nosotros ocupamos dos sillas frente a ellos, sin saber muy bien cómo comenzar una conversación. Malte fue quien tomó la iniciativa, adelantándose en el sofá.

-Nosotros, desde que nos casamos, vivimos en Sankt Leon-Rot, el padre de Jenny es Gottlieb Grebmüller…- Y nos miró como dando por sentado que conocíamos al Sr. Grebmüller, Leander y yo nos miramos escépticos.- Gottlieb Grebmüller?…claro que le conocéis mi suegro es “El Rey de la Gravilla”…- Jenny asintió con una orgullosa sonrisa en su rectilíneo rostro y se apartó uno de sus mechones, yo a mi vez sonreí a Leander quien tomó un trago de su cerveza como toda expresión de sentimiento hacia aquel hecho.- Y…bueno…no me voy a andar por las ramas. No hay cosa que más desee Gottlieb, y a la postre nosotros, qué duda cabe, que tener nietos….ya lo intentamos desde antes de la boda….y de eso hace ya dos años….y todavía no ha sido posible…en fin, a lo que que iba…el asunto es el siguiente…soy consciente de las dificultades que estáis pasando..- Leander y yo nos miramos de nuevo, pero él no nos dejó hablar- …una vida así es difícil, nos consta…y por eso queríamos plantearos una solución lucrativa a ambos problemas….tú y yo Pippa estuvimos una vez juntos…como recordarás…y dónde hubo fuego siempre quedan cenizas, lógicamente…o rescoldos…o bueno…en fin, que donde hubo algo aún puede arder una llama a la esperanza…y…entonces, haciendo uso de esa llama, engendraríamos un hijo….que, una vez trajeses al mundo nos entregarías…..no gratis, por supuesto, esas cosas tienen su precio….y podríamos llegar a un acuerdo que nos beneficiara a todos- Se hizo el silencio. Leander y yo no nos movimos un ápice. No podíamos. Supongo. Y de pronto, nuestro teléfono atronó el momento, provocando que todos diesemos un respingo a la vez en nuestros asientos. Leander se incorporó a coger la llamada, le oí atenderla en algún lugar, y Malte y su mujer también se incorporaron con intención de marcharse.

-Pues ya queda dicho….os lo pensáis…y cuando estés dispuesta nos lo dices….

-Ya…

-Encantador….y la lavanda….no tengo palabras ….

-Ya…- Les acompañé hasta la puerta, y sin muchas despedidas, se fueron. Leander ya había colgado el auricular sobre el teléfono en la pared y tamborileaba los dedos sobre él, yo aún aferraba la manilla de la puerta. Nos miramos un instante.

-Tú querías ir hoy a IKEA, no?- Preguntó Leander

-Sí..

-Pues está hecho, era Meike, nos presta el coche.

Hoy, a la vuelta del Instituto, todos lo semáforos me tocaron en rojo. En uno de ellos, el lateral de un camión rodó hasta la altura de mi ventanilla “ Grebmüller y Herederos. El Rey de la Gravilla”, y me acordé de aquel día de hace veinticinco años. Y del olor a lavanda.

Cuando llegue a casa, tengo que recordarle a Leander que tenemos que ir a IKEA.

La luz de los días

A Musa le gustaba llegar cuando todavía no había nadie. Las extensas parcelas de cesped vacías, las piscinas con la superficie del agua intacta, algún jardinero aquí o allá, y quizás Reinhardt tomando alguna prueba de agua en las piletas de arriba. Nadie más. A aquellas horas de la mañana, todavía no parecía verano. La brisa era fresca, y la hierba estaba mojada. A veces el cielo aún era gris. El azul aparecía más tarde. Llegaba en bicicleta, el trayecto desde su casa hasta la piscina era sólo de media hora, si encontraba los semáforos a su favor, se reducía a quince minutos.

Nadar le había salvado la vida, y después había hecho de eso su trabajo. Era socorrista diplomado y trabajaba para el Ayuntamiento en las piscinas municipales. En invierno en la cubierta del centro, en verano rotaba entre las tres al aire libre. Hoy le tocaba la que colindaba con el zoo, la más grande de todas.

Rike empezaba hoy más tarde, si no habrían venido juntos. Como todo lo que hacían. Él la llamaba Amor, así, con mayúsculas, ella a él Musi. Se habían conocido mientras ambos preparaban las pruebas de acceso para las plazas de socorrista, y no se habían vuelto a separar. Habían aprobado a la primera y conseguido plaza al mismo tiempo. La suerte pasa a veces una vez en la vida, y a su modo de ver, esto justo le había ocurrido a él al conocer a Rike. Ella le había confesado que, en lo que primero en que se había fijado en él, era en su nariz, aerodinámicamente curva, en perfecta conjunción con su rostro, él se había fijado en su pelo, rubio y liso, que temblaba cuando ella caminaba, y en su sonrisa, la luz de sus días. Cuando le decía eso, ella reía, y aún le parecía que la quería más. Omi, la abuela de Rike, cuando iban de visita le pasaba siempre un billete a escondidas, para que le compres algo a tu tesoro, le decía, y le guiñaba un ojo, y él le daba un beso. Los padres le presentaban ya como su yerno. Si la suerte era un tren, él lo había cogido a tiempo.

Al llegar, consultó en el panel de turnos dónde debía empezar su día. Normalmente rotaban los servicios, de forma que aquellos que atendían la piscina infantil en el primer turno, después atendían la de adultos, y viceversa, y un tercer grupo atendía la venta de helados,para después ocuparse de las piscinas.

Él primero se ocuparía de la piscina infantil, con Klaus. Después, hacia el mediodía, de la venta de helados, con Rike. Era sábado, así que iba a tener muchas cosas a las que atender. Pero él se lo tomaba con calma, la mejor manera de abordar las cosas. La piscina infantil no estuvo muy visitada aquella mañana, cuatro bebés y dos niños pequeños con manguitos, acompañados todos de sus madres. A las doce, sin embargo, con la llegada de la primera horda de bañistas, se llenó, teniendo que llamar a una compañera, para cubrir las necesidades por completo. Sin más incidencias que recordar a un par de padres que estaba prohibido saltar desde el borde, a la una se dirigió a vender helados.

Eran cinco. El cabecilla caminaba unos pasos por delante del resto, dejando claro su posición dentro del grupo. Llevaba un bañador de flores chillonas, el pelo negro y abundante engominado, aún para venir a la piscina, pulcramente peinado con raya al lado, camina con los brazos ligeramente separados del cuerpo, para parecer más ancho de lo que ya es. Diga lo que diga, el grupo le ríe la gracia, piropean a las chicas al pasar, en su idioma, ellas no les entienden, y ellos se ríen, se empujan en juegos, aún siendo hombres adultos. Llegan al mostrador de venta de helados y esperan su turno, el cabecilla, siempre delante. Musa repartía distraido el dinero suelto de la venta anterior en el cajetín de la caja registradora, al alzar la vista, le descubrió ante él. Y regresó. Regresó al encargo de su madre. Llena las tres garrafas de agua, y lleva a Ibrahim contigo. Pero Ibrahim no quiere ir con él. Está ayudando a su padre a arreglar la moto. La dichosa moto. Ve tú, nosotros vamos después. Antes de salir del patio, aún llega a escuchar el arranque de la moto. Ibrahim y su padre ríen. La dichosa moto. En la fuente de abajo hay demasiada gente, así que va a la de arriba. Sube el cerro corriendo. Ya no le cuesta. Primero escucha las ráfagas de ametralladora. Después los morteros. Y los gritos. Aquellos gritos. Él se tira al suelo, tras el muro de la fuente. El suelo tiembla, y el aire se llena de humo y arena. Él se hace un ovillo. Después el silencio. Órdenes y gritos. Ruegos por piedad. Se atreve a asormarse desde su escondite. Han reunido a los supervivientes ante una de las casas. Distingue a su padre y a Ibrahim entre ellos. Piedad. Gritos. Los hombres armados comandados por uno que porta un enorme revolver, apuntan con los rifles, y a la orden del hombre del revolver disparan en ráfagas. Las personas frente al muro caen abatidas casi a la vez. El pelotón grita victorioso. El hombre del revolver, se acerca a los recién fusilados y los remata de un tiro en la cabeza. Luego se vuelve hacia el pelotón y, levantando el revolver en el aire, grita alentándolos, riendo y jaleando su acción, mostrando su perfecta dentadura, sus ojos brillando al sol.

Los mismos ojos, y la misma sonrisa, que Musa ahora tenía ante si.

Incapaz de moverse, parpadeó lento, como queriendo borrar la imagen, sin conseguirlo, el otro se volvió a medias hacia el grupo que le acompañaba y comentó algo, y el grupo se rio, luego volvió a Musa y le dijo algo en su idioma. El idioma que él creía que ambos compartían, pero Musa no reaccionó,incapaz de apartar su mirada de la de él. El grupo volvió a reir y el cabecilla tintineó las monedas contra el mostrador, repitiendo la frase que ya había dicho antes. Pero Musa decididió no entenderle. Y se encogió de hombros, negando con la cabeza, y dirigiéndose a él en la lengua que ahora era suya. El otro le señaló entonces los helados que quería en el tablón de muestrario, y él se los entregó, el vuelto se lo dejó sobre el mostrador. No les dedicó ni una despedida. Les observó alejarse y perderse en la multitud que ya se había hecho con el recinto, aún incapaz de moverse. Musi. Musi. Tierra llamado a Musi. La voz de Rike junto a él, le devolvió al presente, como al sonámbulo al que se despierta de repente. Rike. Amor. Dónde estabas?le preguna ella.Y ríe. Él la quiso imitar, pero no pudo. Sólo logró toser. Manfred te necesita en la grande de abajo, ya me quedo yo aquí, después Mara nos invita a su grill y ya vamos desde aquí….Musa asintió sin saber muy bien a qué. Le acarició la cabeza y le dio un beso en la frente antes de irse. Rike. Luz de sus días.

Los localizó nada más llegar a la piscina grande de la parte de abajo del recinto. Jugaban a empujarse unos a otros en el borde de la parte profunda. Unos se empujaban a otros y, aquel que alcanzara el borde, ha de evitar caer al agua. Musa se sentó en su silla alta de vigilante, sin perderles de vista. El cabecilla era el que más empujaba, pero él mismo nunca alcanzaba el borde. Musa le observó desembarazarse de los abrazos que buscan tirarle al agua, su miedo maquillado de carcajadas, la violencia innecesaria de sus manos, las patadas para liberarse si alguno llegara a lograr acercarle al borde. No sabe nadar. La conclusión le llegó justo en el momento en el que dos de los hombres del grupo, lograron, gracias a una llave parecida a las usadas en lucha libre, arrojar al cabecilla y a los otros tres al agua. Musa les vio desaparecer bajo la superficie. Su corazón iba tan rápido que podía sentirlo en la garganta. Cuando el agua volvió a la calma, primero emergió uno, después un segundo. Y el agua permaneció inmóvil. Musa saltó entonces de su silla, y de tres zancadas, alcanzó el borde de la piscina, desde donde se lanzó de cabeza. Le alcanzó a medio camino hacia el fondo, y rodeándole con un brazo por la parte alta del pecho, le izó hacia la superficie. Manfred le ayudó a sacarle del agua, y Musa le puso de lado. Y sin más, se fue corriendo. Atravesó la distancia entre la pileta en la que se encontraban, y las puertas de acceso salvando escaleras y gente, como si no pesara. Sin oir nada. Ni a nadie. Y abandonó el recinto. Sin parar de correr. Descalzo. Empapado. Y cogió velocidad. Y abrió los brazos en cruz al viento y abrió los ojos contra el sol. Y por un momento voló. Y pudo por fin respirar hondo. Y distinguir el color del sol. Descubrir el azul del cielo y alegrarse por los latidos de su corazón. Y escuchó una voz. Llamándole. Tratando de alcanzarle. Y Musa dejó de volar. Y cuando ella le alcanzó, la abrazó como si fuese la primera vez en mucho tiempo. Y se enredó en su pelo. En su abrazo. Musi. Dónde ibas, Musi?. Y él rio. Como si lo hiciera por primera vez en mucho tiempo. Y ella también. La luz de sus días.

Fiodorowsky

Chicago Meatpackers Riverside. Frankfurt/Main. Noviembre. Miércoles, 13:16.

-Puedes sentarte tranquilamente dentro, calentito, a gusto….pues no, tú siempre a lo complicado….fuera y bajo cero..

-Estamos a un grado…

-No cambies de tema….si me abrazo a la estufa de pie me quemo, claro….joder qué frío…ya pedí un café tipo bañera…

-Siéntate, toma mi manta si quieres…

-Pues sí, mira, no te digo que no….a ver, qué me quieres?

-Estás seguro de que no quieres comer nada? Te arrepentirás….

-Mi estómago ahora mismo es un canto de hielo….primero el café, después on verá que dicen los franceses…

-Tengo un encargo…

-Tú dirás…

-Quieren los Fiodorowsky- El otro se desembaraza de la manta, se incorpora y hace amago de marcharse.

-Alquilo un coche anodino, me vengo hasta aquí, aparco tan lejos que casi me vi tentado a llamar un Uber, me estoy acatarrando….para que tú me digas semejante barbaridad…a usted le vaya bien Don Pombo…o como dicen en mi pueblo…que te den- Y se alejó hacia la puerta de la terraza, su interlocutor, sin inmutarse, cortó un trozo de su chuletón y, tras obrservarlo brevemente, se lo llevó despacio a la boca. El otro se quedó parado ante la puerta de la terraza, con la manilla en la mano.- Quién y por cuánto?.

-Siéntate y te explico….de verdad no quieres nada?

-Una como la tuya…no pinta mal…y otra manta…

-No te arrepentirás…

-Algún día me tatuaré esa frase….por dónde empezamos…

-Por el equipo

Julio Calleja Linares

Cada día el pasillo le parecía fuese más largo que el día anterior. Y que el otro. Desde la salida de los ascensores, hasta la habitación tenía ocho habitaciones de tiempo para dar forma a su personaje. Se peinaba el cabello con las manos, enderezaba los hombros, articulaba un par de muecas que querían ser una imitación de sonrisa radiante, se frotaba los ojos con las palmas de las manos, respiraba hondo. Aspirar por la boca, relajar por la nariz. Cuando alcanzaba la puerta, antes de deslizarla, daba un par de saltitos en el sitio. Como los futbolistas antes de entrar en el terreno de juego. Aspirar por la boca, relajar por la nariz. Y deslizaba la puerta. Irradiando su papel.

-Buenos Días! Cómo está hoy mi reina de la belleza?!- Lines giró los ojos grises hacia él, mientras su cabeza permanecía inmovil contra el colchón, su rostro formó algo parecido a una sonrisa. Yacía sobre una cama ergonómica de hospital en una posición totalmente horizontal, alguien le había colocado las manos, presas en sendas férulas, sobre el vientre. Le siguió con la mirada hasta que él llegó a su lado, e intentó decirle algo, pero no lo consiguió. Cerró los ojos fuertemente y los clavó,con lo que quería ser una expresión furiosa, en el techo,un instante, para girarlos de nuevo hacia él, moviendo los labios. Julio sonrió y le acarició la cabeza, ya le había crecido algo el pelo, que ahora le nacía castaño oscuro.- Sí, te he traido el video….hemos conseguido que salgan los tres y que hablen ordenadamente….qué?….me ayudó tu padre poniendo orden….sí tu padre…qué?….Javi? Javi ganó una medalla de oro en natación el otro día…video?…lo tiene tu madre, creo, yo estaba en Los Ángeles…Pedro ya come, sí, mucho mejor, no te preocupes….qué?…Valentín?…bien, todo perfecto- Se pasó la mano por el rostro y miró fugazmente hacia la ventana, carraspeó y volvió a sonreir, ella giró los ojos hacia el techo y parpadeó dos veces, él le volvió a acariciar la cabeza. En eso se abrió la puerta de la habitación, y entró el Dr. Moreno, acompañado de dos enfermeras, que arrastraban un carrito con medicamentos.

-Hombre, Julio!Buenos Días! Te han dejado en tierra?- Saludó el médico ofreciéndole la mano, que Julio estrechó al tiempo que asentía a la broma, sin perder su flamante sonrisa.- Pues qué bien que te encuentro, vamos a dejar a estas tres señoritas un momento a solas, y te explico…- Continuó el Dr.Moreno, y se dirigió a la puerta, Julio le siguió, no sin antes echar una última mirada a Lines, quien a su vez, trataba de mirarle a él entre el trajín de las enfermeras a su alrededor.

-Antes de nada, no te preocupes, todo bien…que ya te veo cara de preocupación…- Comenzó el Dr. Moreno, Julio se mesó el cabello y quiso sonreir, esta vez de verdad, pero no lo consiguió- Sólo es decirte que, en tres meses, aproximadamente te la puedes llevar ya a casa….

-A casa….- Julio le miró sin entender lo que quería decir.

-Sí, mira, ya respira por si misma, ni rastro de infecciones…que, bueno, pueden volver, pero las que tenía ya no están, los fisios son optimistas y en unos días ya empieza con la logopedia….- Julio carraspeó, y buscó apoyarse en la pared con una mano, el Dr. Moreno irradiaba optimismo a su lado.

-Pero entonces…..la fisioterapia y la logopedia….cuando se vaya para casa…mandáis a alguien o cómo funciona?

-Hasta un punto….no sabría decirte cuál, en el caso de Lines, desafortunadamente, no hay mucho más que hacer, suena duro, y lo es, no quiero ni puedo mentirte, después tendrás que hacerte cargo tú de todo…

-De todo…

-Además de la fisioterapia y la logopedia, Lines está recibiendo la visita de un psiquiatra para superar el trance que le toca vivir, puedes hablar con él para continuar después…supongo que no habrá problema, y, va a necesitar atención especializada veinticuatro horas….y cuando digo especializada es de un profesional de la enfermería…con experiencia en estos casos, claro….

-Y eso también lo pago yo, quiero decir….no enviáis a nadie….porque ya hablé con el seguro y me dijeron que ellos se hacen cargo de un tanto por ciento…y no de todos los cuidados…

-Lo dicho, nosotros vamos un tiempo….ya te dirán cuánto, después te toca a tí….- Julio se pasó la mano por el rostro, como para despejar las ideas, sin conseguirlo, el Dr. Moreno le dio una palmada en el hombro.

-Ahora empieza todo…

-Ya…una cosa….va ser posible que se siente en una silla?- El Dr.Moreno levantó las cejas y metió las manos en los bolsillos de la bata.

-Por el momento no….., pero cuando sea posible tendrá que ser una a la medida de sus necesidades y eléctrica, por supuesto, si quieres te podemos pasar un par de catálogos para que vayas echando un vistazo….

-Catálogos?

-Hay muchos tipos….el fisio te puede dar buen consejo….

-Ya…y cuándo dices que podrá ir a casa?

-Tres meses….o a lo mejor antes, si sigue evolucionado tan bien….otra cosa…los críos bien?

-Sí, gracias, todo perfecto- El Dr. Moreno volvió a darle una palmada en el hombro, y le invitó con un gesto a regresar a la habitación, Julio asintió, aunque su cabeza parecía estar ocupada con otras cosas.

Hizo compañía a Lines hasta cerca del mediodía, mostrándole videos de los niños y contándole anécdotas de sus últimos vuelos. Lines parpadeaba o hacía girar los ojos para expresar su parecer, a veces parecía querer sonreir, y le buscaba con su inmensa mirada gris, él interpretaba lo que ella quería decirle y mantenía consigo mismo una suerte de conversación. Aprovechó la llegada del fisioterapeuta para marcharse, y se despidió de ella con un suave beso en los labios. Lo único que no había cambiado desde el accidente.

Hacía seis meses, Lines se había visto envuelta en un choque en cadena en la autopista, que había sobrevivido con heridas de extrema gravedad y que le había causado cuadriplejia. Sólo era capaz de mover por si misma los músculos de la cara y girar los ojos, hasta hacía poco había necesitado respirador, ahora respiraba por si misma y gracias a un logopeda podría volver a hablar. Julio trabajaba como piloto para Lufthansa, había recalado ahí tras la quiebra de la compañía en la que había trabajado antes, hacía un año. Las cosas les habían empezado a ir bien a partir de entonces, y cuando creían que la vida no les podía sonreir más, un camión había perdido el remolque mientras circulaba, y éste se había llevado por delante a Lines y a otros diez coches más.

Cuando llegó a casa, su suegra salió a recibirle al jardín secándose las manos con un paño de cocina, desde hacía seis meses ella y su suegro casi se habían instalado en su casa, para hacerse cargo de los niños cuando él no estaba, alternándose con su hermana, su cuñado y el hermano de Lines con su mujer en turnos rotados, que incluían las visitas a Lines y toda la logística que la situación requería, habida cuenta que él volaba a tiempo completo y eso incluía vuelos transoceánicos.

-Cómo la encontraste?- Le preguntó tras darle dos besos, su mirada,entre tierna y triste, se le representó a Julio como la de aquel que espera que el otro le anuncie que se ha obrado un milagro, él escogió la sonrisa más convincente de las de su repertorio y le guiñó un ojo.

-Guapísima, Mayte, como siempre, tiene a quién salir- Piropeó, Mayte meneó la cabeza e hizo como que le daba con el paño.

-Valentín sigue sin comerme….sólo cereales con leche, a piñón fijo…

-Bueno…algo es algo…mejor que nada como antes…

-Es que dice que él quiere esperar a mamá…- Y ambos perdieron al mismo tiempo el suelo bajo los pies, pero no les dio tiempo a buscar siquiera consuelo el uno en el otro, ya que Valentín salió de la casa corriendo hacia ellos.

-Papáaa Papáaaa!!- Atronó con toda la potencia que sus pulmones de tres años le permitían, y se lanzó cuan kamikaze a los brazos de Julio, quien giró dos veces sobre si mismo al recibirle, soltando una carcajada.

-Yo vuelvo a las patatas…que aún se me van a quemar….- Anunció Mayte entonces, tras pasarse el paño por los ojos, y volvió a desaparecer dentro de la casa, de la que provenían los ecos de un programa de televisión infantil.

-Yo no quieyo patatas…

-Qué quieres entonces?

-Sereales

-Bueno, pues come cereales….- El niño escondió la cabeza en el cuello de su padre y se lo rodeó con sus bracitos, Julio observó entonces su casa. Un chalet adosado de tres plantas, del que aún no habían pagado toda la hipoteca, cuando Lines volviese a casa tendrían que deshacer el salón y habilitar allí la cama de ella y todo lo que sus cuidados conllevaban, eso significaba que el salón pasaría entonces a ser el comedor, éste desaparecería y se comería en la cocina, cosa que por otra parte, ya hacían, de todas formas, y habría que reformar los baños. Los baños. Ya los habían renovado hacía un año, sólo sería cuestión de sacar las mamparas, anchear marcos y poner puertas correderas, en el bajo, porque no tenían sitio para un ascensor.Tenía que buscar una enfermera y una fisio, o mejor una persona que fuese las dos cosas.Y rampas. Había que poner rampas. El vecino de al lado no iba a poner impedimento a tanta obra, ya que desde el principio le había ofrecido su más sincera ayuda en todo lo que necesitara, y había cumplido su palabra.Tres meses. Todo eso en tres meses. Javi y Pedro salieron entonces en tromba, imitando los gritos que antes había dado su hermano y casi le hacen perder el equilibrio al abrazarse a sus piernas, mientras se quitaban la palabra el uno a otro para contarle algo, a su parecer, muy importante, a su padre, quien observaba la casa sin apenas parpadear.

Fue entonces cuando le sonó el móvil.

La persona se identificó como Radar.

Santiago Concheiro Neira

Lo único que diferenciaba a Xan de Bento era una ceja más larga que otra. Xan la tenía. Cosa que, Bento, no. El pelo castaño con el mismo corte, los ojos negros, nariz respingona y mofletes sonrosados, siempre ocupados masticando algo. Tenían los mismos gestos y se movían casi al mismo tiempo, lo que a veces podía hacer pensar que era un sólo niño de cuatro años moviéndose muy rápido. No les vestían iguales, y mucha de su ropa tenía sus nombres bordados, para hacer la identificación más fácil a personas ajenas. El problema venía a la hora de suministrar medicamentos, cuando sólo Bento lo tenía que tomar, habían optado por mezclar el medicamento con miel. Xan odiaba la miel. Bento, cuando nadie le veía, era capaz de comerse un tarro a cucharadas. Pero los dos se morían por el jarabe con sabor a fresa.

-Pero vamos a ver….tu tienes tos?- Preguntó Santiago con la cucharada ya preparada para dársela a Xan, Bento hizo que tosía, Santiago chasqueó la lengua- No cuela…- Y le dio la cucharada a Xan, quien se volvió a acostar en su cama, ya que aún tenía un poco de fiebre, Bento le imitó, vestido, sobre la suya- Quieres también el pijama, entonces?- A Bento se le iluminó la carita, y Xan dio varias palmadas.

-Ahí los dejé enfrascados en una profunda conversación…- Explicó Santiago a Sola, su mujer, que, sentada a la mesa de la cocina, sonrió mientras le daba una papilla de verduras a otros dos gemelos, de dos años, sentados en sendas tronas, procurando darles las cucharadas casi a la vez, ya que el mínimo retraso acababa en llanto, Santiago le cogió una cuchara y, sentándose junto a ella,la ayudó en la labor. Yago y Breixo no eran idénticos, uno tenía el pelo castaño oscuro y los ojos marrones , el otro era pelirrojo con ojos verdes. Habían llegado a la conclusión de que había salido al bisabuelo de Sola, que había sido también pelirrojo. Con ojos negros. Pero ahora, lo que les preocupaba no eran los parecidos- Entonces…qué te dijo,sí o no…

-Estar estoy, hasta ahí llegamos todos, si es uno o dos la semana que viene…

-Entonces nos dicen que son tres….-Sola soltó una carcajada, Breixo la imitó acompañándolo de unas palmas, Santiago fingió otra- Ya, una gracia loca….

-Pero seguro que son dos…

-No, ya, por descontado….

-Yo cuando me levanto por la mañana y ya estoy baldada…..son dos…

-No adelantemos acontecimientos, una semana de reflexión aún tenemos…- Sola rio y le dio una colleja suave, Yago entonces hizo lo mismo con Breixo, quien no se lo tomó tan bien- Apañamos….

Santiago trabajaba como piloto de helicópteros, en las épocas de incendios forestales pilotaba los de extinción, el resto del año se ocupaba del transporte de heridos, y de personalidades. Cuando a la mañana siguiente llegó a la base de helicópteros, Ramudo, su jefe, le mandó llamar a su despacho, donde ya le estaba esperando con una carpeta en la mano.

-Si me vas a despedir, que sea rápido y sin dolor, no estoy para mucho rollo- Le dijo Santiago al ver la cara de consecuencias de Ramudo, quien sonrió y negó con la cabeza.

-Si te despiden, me voy contigo….si tu me dices ven, lo dejo todo macho..- Bromeó haciendo un gesto con las manos que quería abarcar todo el despacho, Santiago rio y se sentó en una de las sillas.

-Tú dirás…

-Te quieren los de “La Unidad”…

-Como candidato….o cómo…pues los veo mal…

-No hombre…para que les lleves de aquí para allá en campaña….

-En exclusiva?

-De momento sólo las semanas de campaña, después se vería…

-Pero no pagan extra…

-Ti soñas (Tu sueñas)….lo estipulado y muchas gracias…

-Ya…pues por mi sí…..en el último operativo, cuando salgo de la nube de humo y me encuentro con la puta antena de alta tensión, dije, alá vamos…menos mal que pude remontar….que no significa que no quiera volver eh?…cuidadito…pero una temporada llevando gente de Pinto a Chinto no me viene mal…..más ahora…

-No

-Si

-Y eso?

-Nunca subestimes el poder de un antibiótico.

A final de la semana, Sola y él fueron a la revisión ginecológica acordada. Él tuvo que pedir el día, pero siempre la acompañaba,si bien nunca distinguía lo que Sola y el médico veían en la imágenes de la pantalla de la máquina de ecografías, le parecía fascinante poder ver lo que se fraguaba a través de aquella ventanita.

-Pues vamos allá….

-Qué nervios..

-Pero si ya eres veterana, mujer…verdad Santi?

-Decana, diría yo…- Sola rio, y le cogió una mano, sin perder de vista la pantalla, la Dra. Rial posó el mango ecográfico en el bajo vientre y presionó levemente a lo largo, varias veces.

-Ve-la-aí- tes (Ahí tienes)…uno …y dos….juntitos…y aquí tenemos…los latidos…- Sola apretó la mano de Santiago y con la otra se enjugó las lágrimas- No llores, mujer, están bien….el corazón también….espera que apago el eco…

-Qué eco?- Preguntó Santiago, ocupado en dar a Sola un pañuelo de papel, la Dra. Rial parpadeó varias veces y recorrió el vientre otra vez, presionando un poco más en el lateral.

-Eso…digo yo…por qué tengo eco?….- Y por un momento se quedó muy quieta, con la mirada fija en la pantalla.

-Qué pasa?

-No es eco, es el tercero….llevas tres- Sola soltó una especie de grito ahogado y se tapó la cara con las manos, a Santi, las piernas, de una vez, se le volvieron de goma, y buscó sentarse en un taburete, el corazón le iba a mil.

-Cómo tres?….a mí me da algo…- Acertó a decir, pasándose las manos por el cabello, negro y crespo, la Dra. Rial accionó un zoom y unas flechitas de colores.

-Dos gemelos univitelinos, aquí….y uno…solo, mellizo….aquí…con latido y saltando, veis?….- Y no pudo evitar la risa, Sola quiso imitarla, pero sólo pudo continuar llorando.

-No tendrás…un vaso de agua?- Preguntó Santiago con apenas un hilo de voz.

Cuando salieron de la consulta, a Santiago le dio la impresión de ir caminando sobre nubes de algodón de azucar y veía el mundo como a través de una malla, por un momento entendió a los sordos. Sola se movía como lo haría un astronauta por el espacio, aferrada con un brazo al de Santiago, mientras mantenía la otra mano sobre el vientre, temiendo, absurdamente, que éste se desplomase.

-Tengo la solución, ven- Sola le recibió ya con el bolso en bandolera y la chaqueta puesta, ya llevaba un enorme mono pre-mamá que no ocultaba un más que prominente vientre, si bien todavía estaba de cuatro meses.

-A dónde?

-Tú ven….- La madre de Sola le saludó desde el pasillo, con Breixo en brazos.- ya se queda mamá hasta que volvamos….-

El trayecto en coche, no duró más de diez minutos, ya que el lugar al que quería llegar Sola estaba a las afueras del pueblo, donde ya empezaban las tierras de labranza y los campos. Le mandó torcer en un camino que no estaba asfaltado, y a unos cien metros le ordenó parar. Delante de un cierre de hierro oxidado, que en otro tiempo había sido blanco.

-Taráaaa!- Sola le señaló la casa tras el cierre con gesto teatral, Santiago se quedó parado, sin saber qué decir.- Ven, que tengo las llaves…

-Las llaves?

-Es de los de Tucho….me las dio Dalia…

-Ya- Y Sola abrió la cancela, adentrándose despacio en la propiedad, Santiago la siguió. Era una casona de piedra de dos pisos, con tejado a cuatro aguas y balcón al frente, que alguna vez había estado pintada de azul, del que sólo quedaban algunos restos desconchados. Sola abrió la puerta y ambos entraron.

-Una casa de turismo-rural. Una parte la habilitamos para nosotros, y la otra para los huéspedes. Con comida o no, eso aún lo tengo que pensar…pero turistas no nos van a faltar. Así matamos dos pájaros de un tiro… porque ganamos sitio y yo trabajo, al principio no ganaremos mucho, pero rentúa fijo…- Hacía tanto tiempo que no veía a Sola tan entusiamada por una idea, así que Santiago sonrió y asintió dándole la razón, si bien su cabeza se estaba atorando a preguntas a las que ella, seguramente, no tenía respuesta. Sola había estudiado hostelería, y había trabajado en varios hoteles, hasta que se quedó embarazada de los segundos gemelos, y se había quedado en casa. No iba a ser él quien le robase el brillo que ahora descubría en sus ojos, mientras le explicaba todo tipo de planes al tiempo que recorrían el caserón, que, por otra parte, estaba muy bien conservado.- Y los de Tucho la quieren vender…y pronto, entonces yo pensé…es la mía…

-Vender?

-Si, todavía no entré en precios….nos hacen precio fijo, porque hay que meter mucha mano y ellos tienen prisa….- Santiago asintió y salió a la galería que se abría a la huerta. Él no iba ser quien le dijese que no era posible. La abrazó fuerte y miró por un momento al techo.-Dentro de poco…no me alcanzas…como sigan así…- Rio ella contra él, Santiago también buscó reirse y casi lo consiguió.

Cuando iban a salir de la casa, le sonó el móvil.

La persona se identificó como Radar.

María del Carmen Soto Valencia

-Joaquín, ponte las zapatillas, anda…

-Ya las tengo puestas…

-No, mi amor, esos son los calcetines…

-Ay…ves?….qué bonitos, verdad….de qué color son?

-Son azules, mi amor, venga, ponte las zapatillas….

-Qué zapatillas?

-Estas, Joaquín, las que están junto a tus pies…

-Ay…ves?…qué bonitas?…y por qué?

-Porque si no te acatarras, mi amor….

-Y tú como te llamas?

-Soy Mamen, mi amor, Mamen…

-Pues muy bien, mira…qué bonitos…

-Espera, que ya te las pongo yo….- Mamen se agachó entonces y le calzó las zapatillas, él la miró y sonrió, al tiempo que levantaba las pobladas cejas blancas, se llevó por un momento una mano a la cabeza, de pelo blanco ahora húmedo y medio revuelto.

-Qué pasa?

-Nada, mi amor, no pasa nada, sólo te las pongo para que no te acatarres…- En eso, una chica joven, en vaqueros y camiseta azul, entró en el cuarto, llevaba el pelo caoba en una cola de caballo y una bolsa de aseo en las manos.

-Y usted quién es?

-Soy Nerea, papá, y vengo a dejarte muy guapo….

-Esta señora tan amable me ha puesto las zapatillas….- Nerea casi rio, pero optó por sonreir.

-Mamá, te tienes que ir….

-Sin mi no salen…así que…

-Como quieras, vuelves hoy o mañana?

-Hoy tarde….pero como somos tan puntuales siempre…será “muy tarde”- Nerea ahora sí que rio.

-Qué va!- Mamen hizo un gesto desvaido con la mano siguiéndole la broma.

-Viene hoy Juanjo?

-Para la comida y el paseo, y ya se queda hasta que vuelvas….

-Habría que pensar en hacerle un estatua ecuestre al muchacho…- Nerea le dio un beso y negó con la cabeza para no llamarla exagerada con palabras.

-Viva Perón!- Gritó entonces Joaquín, ambas mujeres le miraron sorprendidas.

-Bueno…al menos ha cambiado de mandatario…- Comentó Nerea, Mamen se permitió el eco de lo que había sido su risa.

-Me voy, mi amor, esta noche vuelvo, si?- Y le dio un beso a Joaquín en la cabeza, Joaquín alzó la mirada hacia ella y parapadeó.

-Pues me parece de perlas…- Dijo alzando las cejas y guiñando levemente los ojos- Mira…a que son bonitas?…de qué color son?

Mamen se puso los zapatos salón y el abrigo del uniforme, y tras asegurarse de que lo tenía todo en su bolsa de mano, se fue sin hacer ruido al cerrar la puerta. Definitivamente, iba con retraso, así que paró un taxi para que la llevase al aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas. Cuando llegó a la puerta desde la que debería salir el vuelo del que era sobrecargo, los pasajeros ya estaban en desordenado orden para embarcar, pero no había ni rastro de personal de tierra que se hiciera cargo del embarque. Fiel a su costumbre, decidió que aquel no era su problema, y haciendo uso de su tarjeta magnética abrió la puerta de acceso a la rampa que llevaba al avión. Todavía lo estaban limpiando, y el comandante, sentado en la cabina, se estaba tomando un sandwich que alguien le había traido de Rodilla.

-Hombre, Mamen!…qué maravilla!…mis ruegos han sido escuchados!- Exclamó al verla, medio tapándose la boca para no escupir migas, Mamen sonrió y se apoyó en la puerta de entrada.

-Qué exagerado eres Ginés….- Ginés hizo girar los ojos y negó con la cabeza.

-El mérito a quien lo tiene, los vuelos contigo no son vuelos, son spas volantes….- Ahora sí que Mamen rio, ni muy alto, ni muy bajo, lo justo para demostrar que le había hecho gracia el comentario.

Una hora después, comenzó el embarque, que se prolongó media hora más que de costumbre, ya que el resto de la tripulación venía, a su vez, con retraso de un vuelo desde Sevilla. Ellos volaban a París. Un vuelo de dos horas, permanecerían en París el tiempo de embarque de vuelta y regresarían cayendo la noche. Un plan sencillo, de fácil factura. Si no hubiese sido por la huelga de los trabajadores del servicio de limpieza de los aeropuertos franceses. A Mamen, se le ocurrió pensar que los franceses, fuese lo que fuese, lo hacían, o todos a la vez, o ninguno. Y en este caso, habían estado de acuerdo todos en levantarse en huelga. Esto provocó que el vuelo de regreso a Madrid acabase por cancelarse, y ella, junto con el resto de la tripulación se viesen obligados a hacer noche en uno de los hoteles del aeropuerto, que si bien eran Cinco Estrellas, visto uno, vistos todos, y ella lo que quería era volver lo más pronto posible a casa. No. Lo que ella quería era quedarse en tierra. Desde que a Joaquín le habían diagnosticado con Alzheimer hacía tres años, lo había solicitado varias veces, pero no había tenido éxito. En su compañía el personal de tierra y el de cabina, no tenían nada que ver burocráticamente, y no era posible un cambio de bando. Una vez “cabina” siempre “cabina”, le había dicho el jefe de personal. Lo ideal para ella sería, de seguir en cabina, pasar a volar sólo el cincuenta por ciento, y en vuelos nacionales, así podría hacerse cargo de Joaquín más tiempo y no sentirse culpable por dejarlo a cargo de su hija y su novio, un chico maravilloso, con el que Nerea llevaba toda la vida y que quería a Joaquín como si fuese su padre, pero Mamen no podía dejar de sentirse culpable por no poder cuidarlo ella. Porque ella también le quería. Mucho. Además estaba el problema del sueldo, ya que si volaba menos, eso repercutiría en sus ganancias, y no se lo podía permitir. Miró su planning en su móvil. Al día siguiente, sin pasar por casa, enlazaría con un vuelo a Nueva York, donde esperaba no hubiese ni nieve ni huelgas, no harían pernocta, y volverían tras el cambio del pasaje. Después tendría tres días libres. Decidió llamar a Nerea, para comunicarle que no podría volver esa noche.

-Hola, mi vida….estoy en París…

-Ay pobre!…por aquí todo bien…bueno, todo bien no…a ver…- Mamen se incorporó de la butaca donde estaba sentada.

-Qué pasó!…no me asustes…

-Es que papá se cayó en el parque…- Mamen se llevó la mano a la cabeza, pero no logró articular palabra- iba entre Juanjo y yo, cogido de Juanjo…y de repente quiso perseguir una paloma…así, sin más…y claro….trastabilló…y allá se fue…

-Se rompió algo? Cómo está? Le llevásteis a la clínica?…..

-Tranquila….sólo se torció un tobillo….y sí, le llevamos a la clínica, y él feliz…bueno ya sabes…él dice que le mordió un perro…

-Ya….le hicieron radiografías…

-Sí…sólo una torcedura, no hay esguince….

-Y yo sigo a Nueva York…no estoy ahí hasta Dios sabe cuándo….

-Tranquila, él está bien….Juanjo va a traer una silla para que no pise….

-Una silla?

-Sí, de ruedas…sabías que se pueden alquilar?…sólo hasta que pueda pisar…..

-Muy bien, mi vida….queréis algo de Nueva York?- Y moduló la voz como solía hacer cuando hablaba por el interfono de los aviones, para que Nerea no notase que estaba llorando.

-Pues… si eso “Cronuts”…que al parecer están buenísimos…- Rio Nerea, la voz de Juanjo al fondo dijo algo que la hizo reir aún más- y limonada, dice Juanjo- Mamen, sonrió entre lágrimas, que se secó con el embés de la mano y asintió.

-Hecho…

-Te vamos a dejar que empieza “Paquita Salas” y queremos reirnos un rato…

-Hasta la vuelta

-Feliz Vuelo!- Exclamaron los otros dos al teléfono, y la comunicación se cortó.

Mamen se dejó caer al suelo, resbalando por la pared. Y pudo por fin romper el dique, y llorar a gusto.

El timbre de su móvil la despertó, y cogió la llamada sin siquiera mirar qué hora era.

La persona que la llamaba, se identificó como Radar.

Cristina Linden Carrasco

-Las prendas rebajadas no pueden ser devueltas, lo siento..

-Pero es que ni me la he puesto, me confundí de talla…

-De verdad que lo siento, pero incluso está ahí escrito en ese cartel “LAS PRENDAS REBAJADAS NO SE PODRÁN DEVOLVER”, no me lo estoy inventando…

-Ya…

-Aún hay tallas y sigue rebajada….

-Tú crees…?

-La otra la regalas…

-Bueno…también es verdad…gracias…

-A tí….-Y la chica se va.

-Linden, el que te haya puesto en la caja, no pudo tener mejor idea…

-Somos la filial más segura del país, nadie birla nada….quizás porque según me ven al entrar, con la misma, se dan la vuelta….

-Lo dicho, muy buena idea, sí señor…

-Me alegra verte, Radar….no pienso preguntarte “qué puedo hacer por ti?” porque, como ves, lo he dejado…- Él la miró hasta que ella levantó la mirada de lo que estaba haciendo, y se la sostuvo, ella se mordió un labio e hizo un mohín con la boca, luego se asegura de que están solos.- Bueno, vale…pero sólo como entrenamiento…en plan Robin Hood, sabes?….y únicamente el metálico y a los que le sobra, y se lo paso al que no tiene tanto….según voy…en fin…

-Eres clavada a tu padre….

-Pero las manos son de mi madre….- Y le guiñó uno de sus ojos azules, ocultos tras unas gafas de pasta.

-Desde cuándo llevas gafas?

-Con algo me tengo que disfrazar….

-Tengo algo…- Ella dudó un instante, luego miró hacia un lado y echó un soplido, por último llamó a una compañera.

-Mery, por favor, vuelvo ahora…te quedas un rato?- La otra chica asintió, y ella rodeó el mostrador de caja, dirigiéndose hacia el fondo de la tienda. Radar la siguió despacio.

-Tú dirás…- Le había guiado hasta los expositores de ropa interior masculina, Radar cogió unos calzonzillos que tenían los cuernos de un arce en rojo en la bragueta, y la miró con un claro gesto de escepticismo, ella se los sacó de la mano y volvió a ponerlos en su sitio.

-Quieren los Fiodorowsky….- Linden parpadeó varias veces y luego cruzó los brazos contra el pecho.

-Si en algo me parezco a mi padre, es en mi carencia absoluta del sentido del humor, Radar….

-Y si te hago una propuesta, que no puedes rechazar?…

-Lo dices porque te das un aire a Pacino o no se te ocurre otra frase mejor?- Radar le entregó lo que parecía una tarjeta de visita muy fina, ella la leyó, y acto seguido se sacó las gafas para leer mejor, luego le miró con los ojos muy abiertos- ….No puede ser…

-“La Tabernera del Puerto”…Plácido Domingo en el Real…memorable…

-Radar….

-Linden….

-Cuándo…

-Todo a su tiempo…

-Quién?

-Tres eran tres….- Linden hizo de nuevo un mohín con la boca y enderezó un poco la postura, al tiempo que enarcaba un ceja.

-Qué han dicho?

-Vos sois la primera mylady…- Linden miró un instante a su alrededor, para asegurarse de que estaban solos.

-Por qué siempre me convences?

-Porque eres clavada a tu padre, el mejor carterista que haya habido nunca…y no digo “ habrá”, porque ahora tu llevas su cetro, lo quieras o no….además, como él, sabes alemán…

-Me encanta tu manera de salir por la tangente….eso qué tiene que ver…

-Todo a su tiempo, Linden….- Ella observó un instante la fina tarjeta que él le había entregado, y quiso devolvérsela, él sonrió y negó con la cabeza.

-Y qué hago con ella?

-Comértela.

Dora Rincón López

-Bruno, no puedes abrir la cajita de Núria si ella no quiere que la abras….

-Pero es que los lápices son míos….

-No!, son míos que los encontré yo….

-Vamos a ver….dónde estaban los lápices?

-Por ahí tiraus..

-Entonces eran los de Bruno, que tiene que aprender a recoger sus cosas….

-Pero ahora son míos Seño….

-No, tú los metiste en tú caja, que no es lo mismo….y ahora, Bruno, con tu permiso, como ha de hacerse, la va abrir y coger sus lápices, de acuerdo?….

-Quién habló que la casa honró!- Dora se volvió de golpe al escuchar la frase, y al descubrir a Radar tras ella dejó caer, sin querer, un puñado de plastidecores que tenía en la mano.

-Ala Seño!….ahora los recoges tú!- Y los dos niños, entre risas, se alejaron corriendo hacia el fondo del pasillo.

-No sabía que te gustaban los niños….

-Yo tampoco hasta que los traté…fíjate…- Y se agachó a recoger los plastidecores- Sea lo que sea, la respuesta es NO.

-Tú siempre tan positiva….

-Estoy retirada, jubilada, apartada del servicio activo, olvidada de la mano de Dios…llámalo como quieras, Radar. NO.- E incorporándose, se alejó por el pasillo, Radar la siguió despacio.- Porque vamos a ver….cómo has dado conmigo?- Y se volvió señalándole con un plastidecor verde.

-Cómo me llaman, Dora?

-Radar

-Pues ahí tienes tu respuesta…- Ella dudó un instante y meneó la cabeza, llevaba el cabello, negro,en un moño muy tirante, sujeto por multitud de orquillas de colores. Sus ojos color miel midieron por un instante los de Radar, quien sonrió a medias, fiel a su costumbre. Ella relajó su actitud entonces y ladeó la cabeza.

-Ven, ahora tengo pausa…- Y con un gesto le indicó una de las puertas del pasillo.

-Ya no tengo ni material….sólo decirte que, cuando me olvido las llaves dentro de casa…llamo a un cerrajero…ni un mísero Dietrich conservo…

-Dora….

-Bueno, uno…pequeño, pero es que tiene valor sentimental….y ya sabes que yo con los sentimientos soy muy mía…- Radar alzó las cejas, pero se abstuvo de dar su opinión.- Qué quieres de mi, Radar….

-Fiodorowsky- Dora se quedó muy quieta, con la taza del té que se había servido, a medio camino entre la mesa y su boca.

-Quién?

-Se dice el pecado, pero no el pecador…

-Cómo?

-Volando

-Cuándo?

-Aún estamos con la Carta de Ajuste…..

-Alguien más?

-Física y Química…- Dora levantó las cejas y sopló el té, para beber después un pequeño trago, pero se mantuvo en silencio.

-No preguntas “Cuánto”?

-Estoy retirada, Radar, crees que podría estarlo si tuviese que preguntártelo?- Radar hubo de darle la razón con un gesto, luego tamborileó los dedos sobre la encimera.

-De verdad que ya no tienes tu material?- Dora dejó la taza sobre la encimera y se llevó las manos al moño, del que extrajo lo que parecían tres instrumentos quirúgicos metálicos en colores azul, verde y rosa. Radar sonrió a medias.- Nunca dejarás de sorpenderme…

-Ni yo de intentarlo.

Regina Calabuch Pérez

-Entonces mezcláis el líquido azul con el líquido rojo….Sabrina deja a Raquel en paz…..y comprobáis que no se mezclan…Jesús no pinches a Kevin….

-Pues a mí se me han mezclado…

-Eso es, Samuel, porque has mezclado el azul y el verde….qué colores he dicho?…

-Azul y rojo

-Pues coje otra pipeta y mézclalos….Pilar dejar de girar con la silla….los que lo hayáis mezclado bien, añadís el líquido amarillo…Kevin deja a Raquel en paz….y veréis que se forman burbujas….Mariana no salpiques a Gerardo…- En eso sonó el timbre, y todo el grupo, a una, se incorporó de los taburetes en los que habían estado sentados y abandonó el aula en tromba, sin despedirse.

-Un día saltáis por los aires- La profesora, con bata blanca, volcó el contenido de su pipeta en un contenedor plástico, y levantó la vista hacia Radar, que se apoyaba en una de las mesas del laboratorio. Sonrió al reconocerle y se quitó las gafas protectoras.

-Como mucho un rebufo sin consecuencias…..no me dedico a las voladuras…

-Tú también me vas a decir que estás retirada?- Ella se le acercó con las manos en los bolsillos de la bata, con un gesto que quería denotar leve esceticismo en su pecoso rostro.

-Depende de para qué….

-Quieren los Fiodorowsky…

-Ir a la luna en metro, ganar LeManns con un seiscientos, querer los Fiodorowsky….entra dentro de lo posible, sí-Ironizó con tranquilidad, sentándose en un taburete frente a él.- Cómo?

-Volando

-De todos los medios de transporte, ha de ser volar??…tendré que volver a terapia….- Y crispó el gesto, un tanto enervada, luego se metió dos mechones de su media melena castaña tras las orejas y entrelazó los dedos de las manos sobre la mesa.- Cuándo?

-Seguiremos informando…

-Como siempre?

-Las Tres Gracias….

-Por qué volando?

-Porque es la manera más rápida y segura de llegar a un destino, Calabuch.- Ella suspiró y miró un instante hacia la ventana.

-Pero si sale mal, es una ratonera…

-Ha salido alguna vez algo mal?

-Espero que esta no sea la primera…- Radar le pasó una tarjeta muy fina, como de visita, ella alzó las cejas y la cogió delicadamente entre sus dedos. Sonrió cómplice.- Tú siempre tan detallista.

-La ocasión lo merece.

Roswitha Riethmüller

Roswitha Riethmüller odiaba los vuelos con escalas. Frankfurt/Main-Estambul-Bangkok, el mismo vuelo continuaba Sidney-Los Angeles- MéxicoDF. En cada escala, nueva tripulación. Nunca la misma combinación. Cálculo de probabilidades. El programa de ordenador lo hacía por ella, pero de todas formas, el quién, cuándo y dónde último lo debía dar ella. Y siempre había “peros”, que ella pegaba en post-its en los bordes de las pantallas de los dos ordenadores con los que operaba, para no olvidarse. Ella era “Planning”. Bueno, ella y Hubertus Meng. Pero eso ahora no tenía importancia. Ella tenía una misión. Crear un avión fantasma. Un avión pantalla, tras el cual nada existiera. Ni el número de vuelo, ni la tripulación. Sólo el pasaje y el destino.El piloto pertenecía a la compañía. Hasta ahí era fácil. Después tendría que crear identidades falsas para el resto de la tripulación. Se había decidido por Otto Schroeder para el colpiloto, Ana Müller para la sobrecargo, Schmidt, Sanders y Schneider para las tres azafatas. Una vez en destino, Madrid, el piloto enlazaría con un vuelo a Toronto, y la sobrecargo, que pertenecía a otra compañía, seguiría viaje, ya bajo su verdadera identidad, a Estocolmo. Después, enviaría el avión a Hangares, para una limpieza a fondo. Para no dejar ni huella.

Una vez todo empezase a rodar, sería cuestión de evitar que Meng se diese cuenta,y, de ser así, retrasar tener que darle alguna explicación hasta que todo hubiera pasado. Cuanto más tarde, mejor.

Lo que no haría ella por su Maus (ratón).

Cuando lo tuvo todo listo, le llamó por teléfono.

-Hola Schatzi (Tesorito)

– Hola Maus

– Todo listo?

-Sólo tengo que darle al “Enter”…

-Pues que empieze el Show…

-Maus?

-Dime Schatzi..

-Me quieres?

-De aquí a la eternidad..

-Ach, Maus!

-Besito, Schatzi…

-Besis, Mausi…

Y Roswitha Riethmüller pulsó la tecla de “Enter”.

Estimad@s Tod@s,

No me gusta andarme por las ramas. Por lo tanto, allá vamos.

Modus Operandi:

  • Linden, Rincón y Calabuch viajarán a Alemania en coche, tren y autobús, respectivamente, para evitar registros de movimiento. Partirán cada una con un día de diferencia. Todos los pagos se harán en metálico y destruirán los recibos. Una vez en territorio alemán, harán uso de trenes de cercanías hasta el Aeropuerto de Frankfurt. El Dia F (Lo he llamado así, por lo que nos ocupa), se les suministrarán uniformes de la compañía Lufthansa, que encontrarán en el armario de mantenimiento de los lavabos de señora de la Terminal 1(zona A, llave adjunta).

  • Calleja llegará a Frankfurt proveniente de Varsovia.

  • Concheiro viajará a Frankfurt desde Estrasburgo, a donde llegará con un vuelo de bajo coste. De Estrasburgo a Frankfurt se trasladará en trenes de cercanías. Pagos en metalico. Destrucción de recibos.

  • Mamen Soto llegará a Frankfurt proveniente de Roma…”

Julio y Santiago caminaban por debajo del avión. Julio iluminaba con una pequeña linterna, de vez en cuando, algún punto de la gigantesca panza y Santiago le imitaba, sin saber muy bien qué tenía que mirar.

-A mí me va a dar algo…- Musitó Santiago, tratando de respirar hondo, estaba ataviado con el uniforme de piloto de Lufthansa y ya se llamaba Otto Schröder, según una plaquita en su pechera. Llevaba puesta la gorra y una gafas oscuras de considerable tamaño, que ayudaban a ocultar casi totalmente su rostro, Julio le miró y levantó las cejas.

-Tú respira hondo por la boca y suelta por la nariz, hondo por la boca, lento por la nariz….yo lo combino con saltos…y ayuda…

-Saltos….yo soy más de cantar…

-Y qué cantas?..

-Depende….Cantos Gregorianos o el “A Pleno Pulmón”…

-“A Pleno Pulmón”?

-No la conoces?….La usaban antes en la mili para correr durante la instrucción… va?

-Va

-1,2,3…RESPIRAR/tuchúntuchún/A PLENO PULMÓN/tuchúntuchún/LA BRISA MARINA QUE SUBE Y QUE BAJA DEL FONDO DEL MAR/tuchúntuchún….va?-Y saltaba al ritmo aspirando y exhalando, Julio le imitaba con los ojos cerrados

-Tuchúntuchún…va…- Y ambos soltaron una carcajada, sin dejar de brincar y cantar.

Gunther Reiff, mecanico de aviones que se encontraba subido a una escalera en el otro lado del aparato, los observó un buen rato en silencio,casi sin parpadear, había oído de las nuevas técnicas antistress que la empresa quería introducir en el día a día de sus trabajadores, pensó que, en la pausa, él también lo haría. Sólo tendría que mirar qué mantra era “Tuchúntuchún”.

David Breitenfeld viaja acompañado de sus dos hijos, Judah y Gideon. Ocuparán los asientos 20 ABC. David Breitenfeld ocupará el del medio. Acostumbra a llevar los diamantes en el bolsillo interior izquierdo de la pechera de su chaqueta. Los tres Fiodorowsky están guardados en un estuche negro de piel, forrado en raso azul cielo. En los carros de comida y bebida estarán almacenados los doscientos botellines de agua con el calmante somnífero. Cincuenta más de los necesarios. Se ofrecerá el agua ya servida, en vasos de plástico. Está demostrado que si se ofrece agua ya servida, ésta es bebida sin mayores preguntas. Tras servir el agua y la comida, el calmante somnífero adormilará al pasaje, pero no lo dormirá por completo. Su efecto tiene una duración de cuarenta minutos. Calabuch será la encargada de llevar cuenta del tiempo. Mamen bajará la temperatura de la cabina, para propiciar la entrega de mantas. Será entonces cuando Linden tendrá que hacerse con el estuche y sustituirlo por el falso, mientras finge arropar a David Breitenfeld….”

-Qué pena que no podamos hacernos un selfie juntas con este uniforme….estamos cañón- Comentó Dora recorriendo su talle con las manos e imitando una pose de modelo, Linden sonrió y negó con la cabeza mientras contaba para si los botellines almacenados dentro de uno de los carros, Callabuch se apoyó con los brazos extendidos contra uno de los paneles y emitió una especie de sonido agónico.

-Dos horas y veinte minutos dos horas y veinte minutos dos horas y veinte minutos….

-Después te bebes tú sola uno entero y ya está….- Susurró Linden acariciándole un brazo, Calabuch volvió a emitir otro sonido agónico como respuesta sin alzar la cabeza. En eso se les unió Mamen en el reducido habitáculo de cola del avión, traía un carro con periódicos.

-Gratis. Todo gratis. Esto es una maravilla- Musitó introduciéndolo en el hueco del panel del que lo había extraido antes. Luego las miró alternativamente, y las otras mujeres a ella.- Preparadas,chicas?

-Listas…- Dijeron Linden y Dora a coro, Calabuch, entre ellas, respiró hondo y asintió con la cabeza. Mamen se ajustó la chaqueta del uniforme, carraspeó, les guiñó un ojo y volvió a alejarse por el pasillo del avión hacia el otro lado ,donde se encontraba ya el otro carro, seguida de Calabuch.

El reparto de la comida y el agua transcurrió sin mayor problema, todos los pasajeros aceptaron gustosos los vasos de agua, también los tres Breitenfeld, quienes incluso solicitaron los botellines, decorados para la ocasión con una pegatina de un sol sonriente. Atendidos ya todos los pasajeros, y cuando retrocedían con los carros, Judah Breitenfeld decidió levantarse de su asiento. Linden se acercó a él, y, en alemán, le preguntó qué deseaba. Judah Breitenfeld era un hombre corpulento, de pelo castaño rizo y que lucía una barba muy cuidada, a su lado, Linden, parecía un habitante de Liliput, él le contestó que querría ir al baño a refrescarse ya que les estaba entrando modorra y quería leer el periódico, Linden le explicó que no iba a ser posible, ya que los carros aún estaban en el pasillo, pero él se mantuvo en su posición, su hermano intervino para decirle que se sentase de una vez, pero el agua debía haber vuelto más terco a Judah Breitenfeld de lo que ya era, e insistió en aguardar que acabasen con el transporte de los carros, Linden sentía como el sudor le corría por la espalda, y su boca se secaba en busca de argumentos. Entonces Mamen recorrió el pasillo, solemne y elegante hasta donde ellos se encontraban. Se decidió por el inglés.

-Qué problema hay?

-El Señor desea ir al baño, pero ya le he explicado que los carros aún están por medio y…

-Señor, por favor, tal como ya le ha explicado mi compañera, como ve, por ahora no es posible, vuelva a sentarse y en cuanto lo sea podrá acceder al baño…

-Yo sólo quiero refrescarme un poco, no me explico…he dormido bien, pero de todas formas un poco de agua fresca…a lo mejor me ayuda….

-En breve será posible, pero….

-Espero aquí, y ya está….

-Judah…siéntate de una vez….

-Espero aquí, qué problema hay….nadie puede impedírmelo…-Mamen enderezó su postura entonces y se ajustó mejor la chaqueta del uniforme, Linden, que ya sentía la camisa pegada a su espalda, tragó saliba al observar su gesto tenaz.

-Señor, quién lleva aquí el uniforme, usted o yo?- Y le señaló con el dedo índice de su mano derecha, perfectamente manicurado en rojo, Judah Breitenfeld parpadeó lento y asintió. Linden pudo volver a respirar y pensó que, en cuanto tuviera ocasión, haría esa frase suya

-Usted, claramente…

-Pues vuelva a ocupar su asiento, por favor- Y el gesto de Mamen no varió, ni para bien ni para mal, Judah Breitenfeld se volvió a sentar, discupándose con un gesto de las manos, mientras su padre y su hermano le recriminaban su actitud. Mamen miró a Linden un instante y volvió sobre sus pasos hacia su carro.

Una vez guardados los carros, Mamen bajó la temperatura de la cabina. Sin esperar a que los pasajeros comenzasen a quejarse Linden y Dora comenzaron a repartir mantas. Al llegar a la fila 19, Dora se entretuvo con un niño, para dejar actuar a Linden en la 20. Linden ayudó a los Breitenfeld a extender las mantas, haciendo especial atención a extender bien la manta del padre, además, mientras lo hacía, llamó la atención a Gideon Breitenfeld sobre el maletín metálico que llevaba bajo el asiento, recordándole las normas de seguridad, según las cuales ese tipo de maletines debían ir en el portaequipajes, Gideon se disculpó e iba a cogerlo para entregárselo, pero Linden se le adelantó, inclinándose hacia él, al tiempo que se apoyaba en el reposabrazos de David Breitenfeld. Una vez tuvo el maletín en sus manos, lo introdujo en el portaequipajes del asiento contiguo, bajo la excusa de que el del 20 ya estaba demasiado lleno. Judah Breitenfeld dormía profundamente, su padre trataba aún de leer un libro, Gideon apoyó la cabeza en el asiento y cerró los ojos. Al pasar junto a Dora, Linden le guiñó un ojo casi imperceptiblemente, mientras recorría el pasillo hacia la cola del avión.

Un diamante no vale nada sin sus certificados de procedencia. Los Breitenfeld transportan estos papeles en un maletín metálico con cerradura cifrada del que no se separan. Tras haber subido el maletín al portaequipajes, Dora se ocupará de abrirlo, sustraer los papeles , sustituirlos por los falsos y volver a cerrarlo. El problema reside en el “Click” que esto producirá, y que podría captar la atención de los Breitenfeld. Esto conlleva una acción coordinada entre Dora, Julio y Mamen….”

Dora, todavía con un brazado de mantas entre los brazos, abrió el portaequipajes de la fila 19, y miró hacia Mamen, quien se disponía a cerrar las cortinas que separaban primera clase de la de turista, y a su vez la miró a ella, antes de desparecer tras ellas. La voz de Julio Calleja, a un volumen un poco más alto del habitual, se hizo paso a traves de los altavoces.

-Estimados Pasajeros, les habla el Comandante Julio Calleja Linares, a su izquierda pueden ustedes admirar la ciudad de Marsella..- Y en ese momento, comenzó a sonar la Marsellesa interpretada por el coro y orquesta de la London Simphony Orquestra, al tiempo que Julio contaba la historia y anécdotas de la ciudad, además de dar una lista pormenorizada de sus lugares de interés turístico y de las personalidades francesas que habían tenido la suerte de nacer allí. La voz de Linden, de nuevo con la Marsellesa de fondo, y esta vez en alemán, volvió a repetir la misma retaíla. Aquellos pasajeros que no dormían, dormitaban o miraban distraidos por las ventanillas tratando de adivinar Marsella entre las nubes, y que, casualmente miraron a su alrededor, sólo pudieron apreciar como Dora se arreglaba imperceptiblemente el moño, antes de acomodar las mantas dobladas en el portaequipajes de la fila 19 y lo volvía a cerrar, para alejarse después hacia la zona de cola.

Entre los pasajeros viajan diez monjas de la Orden Benedictina y cuatro curas. Una vez se haya aterrizado,y aprovechando el desorden habitual, Linden, Dora y Calabuch se vestirán sobre el uniforme un hábito benedictino, que encontrarán en el portaequipajes de la fila 40, y abandonarán la aeronave después que las monjas benedictinas verdaderas lo hayan hecho. Santiago, tras despedir junto a Julio y Mamen al pasaje en la puerta delantera, se vestirá de cura y abandonará igualmente la aeronave, reuniéndose con las otras tres ya en la terminal. El sábado se celebra en Madrid el Encuentro Internacional de Congregraciones Cristianas, al que se espera asistan numeroso personal eclesiástico, la presencia de monjas, monjes y curas no sorprenderá, pues, por su número, y pasaréis inadvertidos. Una vez reunidos, os dirigiréis al primer Duty-Free que se encuentra enfrente de la puerta de la que habréis desembarcado. En un expositor exterior, habrá estuches de piel para gafas en multitud de formas, tamaños y colores. Linden colocará el estuche con los Fiodorowsky, mientras hace que mira estuches, en el tercer estante, junto a un estuche rojo de charol. Después continuaréis camino hacia Salidas, sin mirar atrás. En el exterior, un taxi os hará luces, Linden, Dora, que porta los papeles, y Calabuch se montarán en él, tras dejar los papeles en su maletero. Santiago cogerá el inmediatamente posterior….”

Tras dejar el estuche en el lugar adecuado, Linden, Dora, Calabuch y Santiago, recorrieron, ni a paso rápido ni demasiado despacio, el pasillo que les llevaría a Salidas. Santiago, con sotana y gafas oscuras, ellas arrebujadas en su hábito benedictino. En silencio y sin mirarse. Cuando ya veían el letrero que anunciaba la situación de la puerta de Salidas, se percataron de la presencia de un nutrido grupo de gente, entre los que había guardias civiles, policías nacionales y personal del aeropuerto, que parecían tratar de ayudar a una persona que se encontraba tirada en el suelo, rodeada de familiares vociferantes. Ellos siguieron de largo, sin darse por enterados, cuando unos gritos les alcanzaron de lleno.

-Padree!! Padree!!- Gritó alguien que parecía verdaderamente desesperado, desde algún lugar del grupo. Santiago se quedó clavado en el sitio, y miró a Linden que caminaba junto a él, preso del pánico tras las gafas oscuras.

-A mí me va a dar algo….qué hago…- Musitó, Linden parpadeó dos veces mientras sentía cómo toda su sangre se concentraba en sus pies, Dora entrelazó los dedos y bajó la cabeza, Calabuch, que se había tomado un botellín de agua, observaba la escena como si no fuera con ella, tratando de ponerse bien la cofia.

-Ave María llena eres de Gracia el Señor es Contigo Bendita….- Farfulló Linden, y antes de que pudiera continuar dos personas del grupo corrieron hacia Santiago, y casi le arrastraron hacia la persona que estaba tirada en el suelo, Santiago se arrodilló junto al hombre,y, temblando el mismo, le cogió su temblorosa mano entre las suyas.

-Se muere Padre!!Ay que se me muere!!- Gritaba una mujer junto a él, Santiago comenzó a rezar el Padrenuestro con lo que más era un hilo de voz que otra cosa, dos de los guardias civiles presentes se fijaron entonces en la presencia de las tres Benedictinas y las saludaron con una educada inclinación de cabeza, Linden optó por taparse el rostro con las manos y recitar el Credo, Dora la imitó con la Bienaventuranzas, Calabuch, que no encontraba la forma de que le quedase bien la toca, la dio por imposible y cerrando los ojos comenzó a recitar la única canción de misa que le vino a su nublada cabeza “Sube hasta el cielo y lo verás”. Un equipo médico de la Cruz Roja se abrió paso entonces entre la multitud, y Santiago pudo por fin apartarse del hombre, repartiendo palabras de consuelo a todos los presentes, antes de volver junto a las tres Benedictinas.

– Me voy a caer…- Susurró cuando llegó junto a ellas.

-Tú camina….y vamos…normal, eso, normal…- Susurró Linden sin apartarse las manos del rostro.

A paso lento, pero seguro, alcanzaron la puerta de salidas. Una vez en el exterior, un taxi les hizo luces y las tres monjas se dirigieron a él, Dora abrió el maletero y depositó un atillo en él, para después desaparecer en el interior del vehículo tras las otras dos. Santiago hizo lo mismo en el inmediatamente posterior. Y ambos coches se perdieron en el tráfico.

Llegados a este punto, el plan llega a su fin. De él no ha de quedar prueba alguna, ni siquiera esta carta. Como habéis podido observar está impresa en pan de hostia, así que os invito a comerla y no dejar ni rastro.

Un placer. Radar”

Torre Teltschilk. Wilhelmsfeld/Rhein-Neckar-Kreis.

-Bueno! Pues ya está! Todos remunerados, los Fiodorowsky entregados, Breitenfeld ni lo ha notado todavía, no hay nadie como Radar para estas cosas….mira, hasta he traido champán…cuarenta metros hacia arriba…tú buscas los sitios a posta, admítelo, para hacerme a vida imposible…..pero no importa, bridemos…me gusta cuando los planes salen bien….

-No sé de qué me estás hablando…..y esa frase no es tuya…

-Cómo que no sabes de qué estoy hablando….te afecta la altura o qué?

-A mi no me afecta nada, amigo mío, deberías saberlo….mira qué maravilla…allí al fondo los Bosques del Palatinado…

-Bosques del Palatinado…dice…

-Tengo algo en mente…

-Sorpréndeme.

Primera Fila

587 formas de llevar un abrigo”. Cuando me lo pasó Genaro pensé que se trataría de una novela. Pero no. En el libro se detallan, literalmente, 587 formas de llevar un abrigo, además de una sucinta explicación de qué es un abrigo y para qué sirve, que ocupa las trescientas páginas restantes. Le dije a Genaro que me leería sólo las cien primeras, pero me dijo que arriba le querían dar preferencia, ya que tenía que salir para las rebajas. A la vez estoy tratando con Cayetana, “ Caye. Mi vida en la Frontrow”. Luís y yo vamos a las reuniones con sendos cafés solos dobles y bien dormidos. Yo creo que sentarse en el andén, en un banco, a ver pasar los trenes es mucho más divertido. Pero no se lo digo a nadie. Ni a Luís. Él es el que la acompaña de vez en cuando, para que se pueda hacer una idea, según ella. El otro día me confesó que, la última vez, entre que apagaron las luces y después pusieron a Andrea Bocelli, se quedó frito. Se despertó con los aplausos. Nadie se había dado cuenta.

Genaro ha colgado en la web de la editorial el cartel de completo. No vamos a admitir más manuscritos, ni en papel ni por correo electrónico. No quiere que le pase otra vez lo del año pasado con el archivo, cuando, al volcar una estantería con el peso, tuvieron que venir los bomberos a rescatar a los dos que, de casualidad, se encontraban dentro. Según él, vamos sobrados con lo que ya tenemos.

Sobre mi mesa, además del libro de los abrigos, y las experiencias de Caye, me esperan otras cuatro obras. “Que te folle un pez”, sobre un hombre y una mujer que tienen una relación amor odio mientras recorren el mundo en un velero, “La princesa mentida” sobre una chica que se casa con un jeque árabe y se lleva mal con sus suegras, “Hasta aquí llegué” que narra las experiencia de dos escaladores vascos en los Alpes y “ Siéntete flor” un libro de autoayuda a través de las plantas. Ya los he leido todos. No me compraría ninguno.

Hace un par de días, a pesar del cartel de “completo”, nos llegó un manuscrito. La de recepción me lo dio a mí porque justo pasaba por allí, si no, estoy seguro de que hubiera acabado en la maquina de destrucción de papel. Se titulaba “Todo va bien”. Lo empecé por curiosidad y no lo solté hasta que llegué a la última hoja, con el corazón encogido y una tremendas ganas de llorar. Luís hasta me preguntó si me había pasado algo, cuando entré en la cocina a tomar un vaso de agua. Me tuve que tomar dos. Le expliqué, y se lo pasé. Él optó por llamar a su padre. No se hablaban desde hacía tres años. Después, se fue sin dar explicaciones de a dónde. Se lo quise pasar a Genaro, pero no me dio ni la opción. Que le enviase una amable negativa. Envié el correo con la cabeza, pero no con el corazón. A vuelta de correo me llegó la contestación:

Estimados Señores,

Les agradezco que hayan dado tan pronta respuesta a mi propuesta. También querría felicitarles por tener tantos manuscritos a leer y estimar. Eso sólo puede significar que hay gente que todavía escribe, persevera en la idea de que su obra sea publicada y tienen la suerte de que su manuscrito sea aceptado por un agente o una editorial con tal fin.

Me imagino tamaña tarea como asistir como participante al Festival del Queso Rodante que tiene lugar en Gloucester (Inglaterra) (Link). Por favor, no piensen que les estoy comparando con un queso, y menos rodante. Sólo es una comparación, o metáfora, o llámenlo como quieran. El caso es que, lograr que un manuscrito llegue a ser leído por alguien fuera del ámbito familiar, y que además esa persona sea un agente literario, o trabaje en el mundo editorial, es, al menos, tan raro como alcanzar el queso al que me refería antes.

Me despido pues, dejándoles tiempo para seguir leyendo otras cosas.

Reciban un cordial saludo,

Adela M.”

La llamé al momento. Nos encontramos en Gloucester.