Jessi

El que vino con la idea fue papá. Que todo nos iba a ir bien de una vez, que no nos íbamos a tener que preocupar por nada, que nos daban vivienda, que había mucho chollo y que era llegar y llenar, que Ellos nos ayudarían. Y mamá quiso saber quiénes era Ellos, y papá la llevó a dónde él había estado, y ella regresó convencida de la idea, y trajeron una tartera enorme con carne guisada, y patatas asadas, y pan de barra de esa que cruje rico, y Fanta. El Micki miró en el mapa dónde quedaba la ciudad a la que nos iríamos, y dijo que allí tenía que haber mucha nieve. Ninguno de nosotros había visto nunca la nieve. Y nos reímos. Mamá organizó una especie de mercadillo para vender las cosas que no nos podíamos llevar en el coche. Una maleta para cada uno, y cuatro cajas. Más no cabía. Los muebles que habían sido de la abuela los dejamos en el garaje de la Consu. Los tapó con una lona negra. Y Micki dijo que parecían de una película de miedo. Y la Consu le dijo que el que metía miedo era él con aquellos pelos. Salimos por la noche, para no despedirnos de nadie, dijo mamá, yo ya me había despedido de todas, y había llorado mucho y esas cosas. Así que no me importó. El Micki también se despidió de la Nuri. Y ella lloró mucho. El Micki sólo se cerró en banda y no nos dirigió la palabra en muchas horas. Tardamos cuatro amaneceres en llegar. No había nieve, pero sí mucho frío. Nos recibieron cuatro de Ellos. Dos hombres y dos mujeres. La que iba a ser nuestra casa era un sexto piso en un bloque de diez. El nuestro estaba rodeado de otros bloques, que formaban placitas entre ellos. Eran placitas sin árboles ni hierba. Como todo el paisaje alrededor. Plano y gris. Ellos nos acompañaron a dar un primer paseo para conocer el lugar. Veinte bloques de diez pisos, dos supermecados, una farmacia, una guardería y dos paradas de autobús. Una en cada dirección. Nada más. Al principio todo fue muy rápido. Todos los días sucedían cosas. Mamá y papá comenzaron a trabajar inmediatamente en la Fábrica. Yo le llamo Fábrica. Pero era un conglomerado de edificios y naves en los que se producía algo que nunca supe realmente qué era. Un autobús los recogía todos los días, según turno, y los devolvía cuando éste se acababa. Al Micki y a mí nos inscribieron en un complejo escolar que estaba a media hora en bus de los bloques. Nos sentíamos como se deben de sentir los extraterrestres cuando encuentran a los humanos. No entendíamos una palabra. Pero sólo al principio. Las clases de apoyo para aprender el idioma nos ayudaron a romper el hielo. Los fines de semana íbamos a las Reuniones de Ellos. Allí coincidíamos con otra gente como nosotros. Escuchábamos las charlas. Y cocinábamos juntos. Esa era la parte divertida. Sólo esa. Las chicas teníamos asignada una especie de Consejera, que se reunía con nosotras en una de las salas, nos teníamos que sentar en el suelo formando un círculo, y ella nos íba haciendo preguntas sobre muchas cosas. Siempre había que contestar. No nos podíamos reír. Eso era lo que me costaba más. Después tenía una conversación con cada una de nosotras a solas. Nos decía „lo que teníamos que hacer“. Yo siempre asentía y prometía que lo haría. Así acababa antes y podía ir a comer. Con el Micki era lo mismo, pero sólo chicos, y un Consejero. Aprovechábamos esos momentos para estar juntos porque con los turnos de papá y mamá era imposible. Cuando acababa la reunión hacíamos excursiones con el coche, para conocer mejor la zona. Mamá llegó a la conclusión de que en realidad no había nada interesante que conocer, ya que todos los núcleos urbanos eran idénticos al nuestro. La única ciudad, propiamente dicha, con calles, semáforos, plazas y tiendas quedaba a sesenta kilómetros. Sólo pudimos ir dos veces. Después vinieron a por el coche. Que si papá y mamá se arreglaban bien con el autobús de empresa y nosotros con el de línea. Que el supermercado estaba a dos calles. Que nos recogerían en una camioneta para ir a los reuniones. Que así ahorraríamos en gasolina. Que era lo mejor para salvaguardar el medioambiente. Papá no dijo nada. Mamá seguía sin entender una palabra, o muy pocas, y no pudo protestar. El Micki y yo les vimos alejarse con el coche desde la ventana de la cocina. Después todo se volvió más gris, como el paisaje. Todos los días eran iguales. Y las semanas. Y los meses. Llegó la nieve. Mucha nieve, tanta, que el Micki y papá se unieron a un grupo de gente que liberaba de ella las aceras con palas. La calefacción no llegaba bien al piso seis desde la caldera, así que teníamos que ir muy abrigados por casa. Mamá compró varias mantas muy abrigosas en el supermercado. Una de ella tenía de motivo un lince. Papá se la dio al Micki, porque así era él, le dijo. Y nos reimos. Pasó el tiempo. Años. Nada cambiaba. Siempre igual. Ellos regulaban el orden de nuestra vida, nosotros la vivíamos. Porque era lo que había que hacer. Hasta que el Micki llegó un día diciendo que su tutor del instituto le había dicho que él podía optar a una beca para hacer un Grado en la Escuela Politécnica que había en la ciudad. Papá dijo que muy bien pero que se lo tendría que consultar a Ellos, y el Micki le contestó que no había había nada que consultar, que sólo había dos becas y una era suya, que sólo tenía que decir que sí y ya estaba, y mamá dijo que ya se vería, que a ver qué decían, y papá dijo que Ellos siempre decidían bien, que mirase cómo nos íba, y el Micki se fue dando un portazo, y mamá quiso ir detrás , pero papá no la dejó, que ya volvería cuando le apretase el hambre. Y el Micki volvió tarde, cuando los dos ya estaban en el turno, y me dijo que a él le daba igual lo que dijesen Ellos, que él quería hacer ese Grado por sus cojones, que para eso se había dejado los ojos para conseguirlo, y yo le dije que le entendía pero qué se hacía entonces, y nos quedamos en silencio. Como siempre que no sabíamos qué hacer. Esa semana nos separaron nada más llegar a la Reunión. Mi Consejera me dio una charla a mí sola, que tuve la impresión que duró horas y horas, echándome en cara cosas que yo no sabía ni que había hecho, y repitiéndome hasta la saciedad „lo que tenía que hacer“, y me entraron ganas de llorar, pero sólo me dio un vaso de agua. No me permitieron comer con el resto. Después supe que ninguno de nosotros pudo comer. Nos llevaron de vuelta a casa a nosotros solos. El Micki hizo como que subía, pero después se marchó sin decir una palabra, mamá estaba rara, como si le diese todo igual, papá volvió a repetir que ya volvería cuando le apretase el hambre. Ellos comenzaron a venir a casa todos los días, y una de esas veces, coincidió que estábamos los cuatro, y el Consejero le dijo al Micki que lo de hacer el Grado no entraba dentro de los planes que Ellos tenían para él y que si insistía o tan siquiera intentaba openerse a la decisión tomada corría el peligro, ya no sólo de ser repudiado del Grupo, sino también de ser devuelto a donde había salido sin más derecho después que el de poder respirar. O algo así. Y papá les dijo que por supuesto, y Micki no dijo nada, y yo tampoco, mamá, que seguía rara, se sentó en el sofá y no hizo nada más. Se fueron no sin antes recordarnos la próxima Reunión, y papá los acompañó a la puerta, y el Micki se fue al cuarto y se cerró por dentro, y mamá no hizo cena porque se quedó sentada en el sofá, y papá se fue al turno, y yo sólo tenía ganas de llorar. Entonces apareció el Max. Yo ya lo conocía de verlo con el Micki por el instituto, y el Micki me dijo que le acompañara a su casa, y yo fui. Max y su familia vivían en un pueblo hacia el otro lado. Yo no sabía que había pueblos así. Con casas normales adosadas y jardín. En la casa de Max hacía calor bonito, de ese que te envuelve y no necesitas mantas, y que salía del suelo. El Micki y yo nos quedamos como tontos mirándonos los pies cuando lo descubrimos al sacarnos los zapatos en la entrada. Y por primera vez en mucho tiempo nos reímos, así, sin más. El Max nos presentó a su padre, que se llamaba Fred, y que nos invitó a quedarnos a comer. El Max y Fred vivían solos porque la madre de Max faltó pronto. El Max le explicó a su padre lo que Micki le había contado, porque el Micki no se atrevía a hacerlo, y Fred se puso muy serio y quiso escuchar nuestra historia, y el Micki se la contó, y Fred le dijo que todo lo que nos habían dicho Ellos era mentira, que nadie nos podía expulsar del país así como así, y que él era libre de decidir qué quería estudiar y dónde, le dijo que el Micki ya tenía la edad necesaria para tomar sus própias decisiones, y que él sabía lo que le estaba diciendo porque él era policía, y que no teníamos que tener miedo de nada. Y nosotros le dijimos que teníamos miedo a lo que Ellos pudieran hacer si no les obedecíamos. Fred quiso saber quiénes eran Ellos. Y Micki le explicó lo que sabía. Que no era mucho. Ellos eran Ellos. No había más. Fred dijo que lo mejor era que no volviesemos a casa, y que nos quedásemos allí, pero el Micki dijo que él quería recoger un par de cosas y yo también, porque sólo teníamos lo puesto, y después volveríamos. Regresamos a casa con el bus, porque Fred dijo que era mejor que nadie sospechase nada, y que él ahora ya estaba sobreaviso, y que no tuviéramos miedo. En casa no había nadie, supusimos que tenían turno, yo estaba tan nerviosa que no sabía qué se suponía que tenía que hacer, el Micki fue directo al aparador del salón a buscar nuestros pasaportes, pero allí no estaban, yo busqué en el cajón de la mesilla de noche de la habitación de nuestros padres, pero tampoco estaban allí. En eso estábamos cuando apareció mamá. Venía con mucha prisa, y sin decir una palabra se fue directa a su armario y sacó dos bolsas de deporte, nos las entregó, y nos apremió a que la siguiéramos, venga rápido, venga, venga, el Micki quiso saber qué a dónde íbamos, que él no se iba a ninguna parte más, y ella que calla la boca, y yo que se me dio por llorar otra vez, y ella que suénate y calla la boca, venga, venga, y bajamos por las escaleras para no esperar el ascensor, y salimos de edificio, y mamá salió corriendo hacia una camioneta de reparto de la Fábrica, correr, correr, venga, venga, y se puso al volante, y yo no sabía que mamá supiese conducir, y el Micki tampoco, pero qué haces, y ella que calla la boca, y la camioneta echó a correr como por propulsión, y mamá sólo decía, venga, venga, y cada vez íba más rápido, y yo pensé que nos matábamos, y Micki le gritaba que qué coño pasaba, y ella que calla la boca carajo, venga, venga, y la mirada fija al frente, que parecía una loca, y con la misma velocidad que supongo que tienen las balas llegamos al pueblo de Max, y derrapamos en la glorieta, y nos metimos por prohibido, y con otro derrape paramos delante de la casa de Max, y mamá salió de la camioneta, y nosotros también, y yo sólo quería vomitar, y Micki quiso decirle algo, pero ella le entregó su bolsa y le acarició la cara, y a mi me entregó la mía con un sobre y también me acarició, y sin más regresó corriendo a la camioneta y desapareció tan rápido como habíamos llegado. Yo vomité. El Micki la llamaba llorando, a gritos, como si así le fuera a oír. Y no me acuerdo de más. Según parece me desmayé. Fred nos dijo que en la carta mamá le había encargado de nuestro cuidado, y especialmente del mío, porque yo aún no era mayor de edad, y le había dado las señas de la Consu. Tres días después Fred y otros policías fueron a la que había sido nuestra casa, pero papá y mamá ya no estaban allí, ahora había otra gente que no sabía de lo que les estaban hablando, en la fábrica les dijeron que papá había solicitado el traslado pero no encontraron a dónde. El lugar donde se celebraban las Reuniones estaba vacío. Como si nunca hubieran existido. Sólo nosotros continuábamos allí.

El Micki comenzó su Grado y lo acabó. Yo también hice uno. El Max pasó de ser el Max, a ser mi Max, porque sin él nada para mi tendría sentido, y se hizo policía como Fred, que nos cuidó al Micki y a mí como si fuéramos suyos. Mandamos un camión de mudanzas a lo de la Consu a buscar los muebles, que aún estaban bajo la lona, y fueron los primeros que pusimos en nuestra casa. El Micki también puso casa. Cerca de la nuestra. Con calefacción que sale del suelo. Y a veces nos quedamos como tontos, mirándonos los pies. Y nos reímos.

Y si recordé todo aquello, fue por culpa del ganso congelado. No del ganso mismo, sino del congelador en el que estaba metido en el super. Porque no me acababa de decidir si coger uno o sólo los muslos, cuando le vi. Justo delante de mi. Mirándome fíjamente, como mira aquel al que has hecho algo imperdonable. El Consejero. Ellos. Otra vez. Y me quedé clavada, incapaz de decir palabra. Y él me agarró el brazo con fuerza, y me dijo que me iba a ir con él y que si decía una palabra…Pero no pudo decir más. No contaba con mi Max. Que lo apartó de mi de un empujón, y le dijo que ya estaba tardando en marcharse de allí, y que no se le ocurriese volver, y que tenía que tener muy presente, que él, mi Max, tenía permiso de armas, y por primera vez vi el miedo en el rostro siempre impenetrable de el Consejero, y casi se cae, y se marchó corriendo. Tampoco contó con las cámaras de videovigilancia del super, y del aparcamiento, y de la autopista. Ahora sólo hay que tirar del ovillo, dijo Fred. El Micki dice que él ya se ha hecho a la idea de que papá y mamá ya no están. Yo no. Yo esperaré hasta que no haya ovillo del que tirar. Mientras aún esté aquí.

Nivel 3

  • Parece que ya despierta…
  • Tú crees?
  • Se ha movido, y ha como medio parpadeado…
  • Bueno, muchos hacen así y después siguen dormidos..
  • Mira, ves?..
  • Tienes razón, vamos a ayudarle un poco…
  • Tú crees?
  • A veces funciona..
  • Ojos abiertos, buena señal..
  • Hola, te daría los Buenos Días, pero nunca sé en qué día vivo…
  • Venimos en son de Paz…
  • Y eso?
  • Siempre quise decir esa frase, y justo cuadra..
  • Pues sí..en fin..no..no…espera..
  • Espera…
  • No intentes nada, todavía no…así..mejor así..
  • Buena señal..
  • No adelantemos acontecimientos, eso nunca es bueno….por qué está aquí?
  • Decisión Equivocada…
  • Tengo que hablar con Nivel 1, „Decisión Equivocada“…no ayuda a nada..
  • Tienes razón…como“Encuentro Súbito“, vete tú a saber…
  • En fin…no sale de su asombro…tú tranquilo, amigo, somos Nivel 3 no tengas miedo..
  • Nos entiende..
  • Perfecto…veamos, Ámbito1 en orden, Ámbito2 también, Ámbito3 ecos de dolor….origen?
  • Nivel 2 mandó esto…
  • Entonces todo en orden, desaparecerá en breve….qué gracioso, frunce el ceño…ahora no puedes hablar, amigo, un poco de paciencia…
  • Solicito traslado?
  • Tú qué dices….Dejá-Vu o no?
  • Siempre es agradable recibir postales…
  • Pues sea…listo…hasta nunca, amigo..
  • Que no te asuste el ruido…el cambio de segmento es lo que tiene…
  • ByeBye…
  • El siguiente ya está en traslado..
  • Causa?
  • Desfase Métrico
  • Definitivamente tengo que hablar con Nivel1

La Rampa

Una mujer sube la cuesta. Va por la acera. Con ella va su hijo de dos años, que va agarrado a cochecito de bebé que ella empuja, en el capacho duerme su otro hijo. Tiene seis semanas. Se acaban de bajar del autobús, por la mañana nevó, y ahora no se ha atrevido a recorrer la distancia desde su casa a pie. Hace demasiado frío. Y hay placas de hielo. Tiene miedo a resbalar. Mejor con el bus. Ya no nieva. Pero el viento se ha quedado, helado y húmedo. Alcanzan el pie de la escalera que conduce a la pasarela que sobrevuela la carretera y que da acceso a la escuela. Cada tarde, desde que tiene que recoger de la escuela a su otro hijo, el mayor, se ve frente a la misma diatriba. Debe elegir entre sacar al bebé del capacho, coger al de dos años de la mano, y aventurarse los tres tramos escaleras arriba, dejando el cochecito atrás, escondido tras una de las columnas, sin tener garantía de encontrarlo de nuevo a la vuelta, o esperar a que pase alguien y que esta persona la ayude a subir con el carrito y al de dos años sin que todos rolen escaleras abajo. Siempre opta por la segunda opción. Siempre pasa alguien. Y ese alguien llega. Ella también tiene que recoger a su hijo. Entre las dos suben el carrito, mientras vigilan que el de dos años no tropiece. Para la vuelta se ofrecerá otra persona. Siempre se ofrece alguien.

Como Gerd. Gerd es el vecino de Adeline. A Adeline le gusta andar a caballo. Anda a caballo desde los cuatro años. Ahora tiene nueve. Y lo hace muy bien, o al menos es lo que dice su profesor de equitación. Según parece, Adeline se mantiene con suma elegancia sobre la silla de montar. Pero no cuando el caballo se asusta y la arroja al suelo. En esos momentos, no. La pierna de Adeline está ahora rota por tres sitios y fija de arriba a abajo en una escayola multicolor jalonada de tornillos y varillas. Adeline no está enferma, solo tiene la pierna „Kaputt“, como le gusta decir a su hermano. Hoy Adeline tiene su presentación de Ciencias Naturales. No está especialmente nerviosa. Si hay algún animal que Adeline adore, además de a los caballos, son las tortugas. Y sobre ellas va a tener que hablar durante cinco minutos. El problema radica en llegar hasta la escuela. Mamá se cogió una semana libre, pero fue de todo punto imposible que ella sola llevase en brazos a Adeline todos los tramos de escaleras que dan acceso a la pasarela, tampoco bajar con ella en brazos la escalinata de acceso al edificio por la parte de atrás. Es que ya tiene un peso, dijo mamá. Así que le tocó a papá. Y ahí es donde entró Gerd. Cada mañana, ambos hombres, antes de ir al trabajo, cargan uno la niña y otro la silla de ruedas escaleras arriba, cruzan la pasarela, y suben la escalera de entrada al módulo. Alli hacen los hombre una pausa. Después sólo queda un último tramo de escalones, ya dentro del módulo, para alcanzar el patio. Allí es donde Adeline se sienta en la silla. Su clase colinda con el patio. Por la tarde la recoge Hagen, un hombre que viene contratado por el seguro. Él aparca en la parte de atrás de la escuela, porque le resulta más cómodo. Siempre habrá alguien que le ayude a subir la escalinata con Adeline y su silla. Adeline recibió hoy un diez y un sticker con una estrellita de purpurina azul por su presentación de las tortugas. Pegó el sticker a la escayola. Brilla con los cambios de luz….

  • No sé tú qué dices, pero yo creo que la presentación de los hechos me quedó muy lograda…
  • Adeline ya anda con muletas…
  • Pero no puede subir escaleras…
  • Y andar lento, muy lento, le dijeron…todavía la cargan..
  • Pues a eso voy…y lo del cochecito…te juro que cuando no pasa nadie me despido de él por si no lo vuelvo a ver…
  • Y entonces ahora cómo empiezas tu petición….
  • Pues mira, yo pensé en esta frase „Este país es conocido mundialmente por tres cosas: Su cerveza, sus futbol y sus ingenieros. Uno de estos últimos bien puede construirnos una rampa….“
  • O dos…
  • O dos…

Cracovia

Me mandó un Whatsapp a media mañana. Necesito verte, me urgía, necesito tu ayuda. Y le dije que sí. Por supuesto. Me dijo que se pasaría inmediatamente, ya que estaba por la zona. Me sorprendió un poco, la verdad, ya que yo a ella no la trato tanto, a quien yo trato es a su hemana. Pero yo soy una persona que siempre está dispuesta a ayudar. Ese es mi problema. En fin. Llegó enseguida, me dio la impresión de que había enviado el mensaje desde la puerta y luego esperó a llamar al timbre. Venía muy apurada, como aquel que necesita hacer un trámite y sabe que llega tarde. A la pregunta de si quería tomar un café, me pidió té y decidimos tomar uno rojo con vainilla que tengo para semejantes ocasiones. Nos sentamos una frente a otra a la mesa del comedor, abrí una cajita de galletas de mantequilla y la puse en el medio. Tú dirás, le dije, dispuesta a ayudarle en lo que fuera que necesitara, ella suspiró, se apartó la melena de los hombros con las manos, y me miró como lo haría un jefe de estado a su ministro de defensa antes de pulsar el botón de Defcon4.

  • Necesito hacerme polaca- Me dijo con gravedad. Yo me quedé en blanco. No en blanco nuclear, sino que en mi cabeza se formó un conglomerado de ideas inconexas sin principio ni fin. Y opté por no decir nada. Ella asintió con la cabeza, como dándome la razón a aquello que yo nunca había dicho- Sí. No hay otra opción. Necesito la nacionalidad polaca ya, es que si no…a ver, siendo polaca las cosas son mucho más fáciles y no tengo que dar tanta vuelta para conseguirlas, entiendes?Todo es una cuestión de tiempo- Y tomó un trago de su té, yo la imité, todavía tratando de dilucidar cuál era mi papel- Mi tía siempre me decía que para cumplir los sueños hay que perseguirlos sin pausa, y eso es lo que estoy haciendo, perseguir sin pausa mi sueño, lo que pasa es que las trabas son demasiadas…
  • Por?- Me atreví a preguntar, por decir algo. No sé. Ella suspiró y extendió las manos sobre la mesa.
  • Porque la vida, mi vida, es así, llena de curvas y baches, como las carretera que lleva hasta aquí que también podían arreglarla todo sea dicho de paso…y yo necesito ser polaca para que todas esas curvas se vuelvan rectas y no tener que caerme para poder volver a levantarme, porque ese es mi problema, me falta el equilibrio, y eso sólo lo voy a conseguir haciendo por fin lo que necesito para conseguir la felicidad plena..y tú dirás, y quién puede decir que es feliz en estos días de incertidumbre, verdad?, pues mucha gente, amiga mía, mucha gente, y yo quiero ser parte de esa gente feliz, viva la gente que es feliz y que hay dónde quiera que vas, por todas partes, y para eso es de suma importancia que yo salte en paracaidas sobre Cracovia…- Y a mi me vinieron a la cabeza todos los acontecimientos históricos que se relacionan con Polonia, y los polacos, y las invasiones, el Pasillo de Dantzig, pianistas, jinetes, frentes del Este, persecuciones, y un violín, un sólo violín, y todas las lágrimas, los mineros y su Solidaridad, aquel compañero que se apellidaba Karpinski, y lo bonita que debe ser Cracovia, también desde el aire, supongo. No sé. – Y esa es la única razón, y buena es, o no?
  • Posiblemente- Respondí yo. Por responder algo. Yo seguía escuchando el violín. Tomé un trago largo de té.
  • Yo aterrizo con el paracaidas en algún lugar de Cracovia, y la gente se acercará a mí…y yo tendré que hablarles, en qué? En polaco, por supuesto, y si tengo la nacionalidad polaca muchísimo mejor, entiendes? Porque si uno sabe el idioma del país ya gana puntos, pero si además muestras el pasaporte, todo lo demás pasa a un segundo plano, teniendo en cuenta que el fin justifica los medios por el bien de la gente, qué gente? La gente que es feliz…- Y yo me fui. Me fui lejos. Me fui a las verbenas de verano, a bucear olas, a días sin reloj y comidas a deshoras, a lo que pudo ser y no fue, pero fue al fin y al cabo, y fue maravilloso, y todas las risas compartidas, como los pisos, con más gente que habitaciones, y donde comen seis comen doce, si tú me dices ven lo dejo todo y vas tú y le dices ven y lo dejáis todo, y de mesa un atlas sobre una caja de cartón, y el Somme en coche es infinito y verde, y el corazón is all over the place, hasta el final, tal como decía la Houston, sólo que a tí no te sale tan bien. La mejor película de Kevin Costner es „No hay salida“, por mucho que después bailara con lobos, se podrá bailar con lobos? Si los amaestras supongo. Los Huskys tienen los ojos de diferente color, de tener perro yo me decidiría por un perro pastor ovejero, al parecer sólo les falta hablar. Qué susto, no? que te hable de pronto el perro. Estoy convencida que mi problema de base fue no haber escogido Hogar en BUP, ahí está el quiz…- Y por eso necesito que hables con Augusto- Y yo salí como de una nube de las que antes había en las discotecas, y ante mi vi AUGUSTO en letras luminosas de colores con purpurina, y supe que no tenía nada que ver con nada de romanos, ni con Algueró, ni con payasos, ni con el padre de Matilde, entonces con qué?.
  • Quién?- Y se lo pregunté con toda la sinceridad que pude reunir, ella asintió con la cabeza.
  • Ya supuse que no tendrías el teléfono, pero tenía que intentarlo…cómo se llama a la embajada polaca?- De haber sido esta la última pregunta antes de ganar el millón en „Quiere ser millonario?“, después me habrían tenido que buscar en la Polinesia.
  • Llamando a la embajada polaca- Contesté, ella volvió a asentir con la cabeza, suspiró y se incorporó al tiempo que se colgaba el bolso.
  • Pues eso, que ya te iré diciendo como va la cosa…muchísimas gracias- La acompañé hasta la puerta y se fue. Después me senté en el sofá. Y ya está. Tú me acabas de despertar.

La mujer del martillo

Toma de declaración de la Sra. Dña. María P. En La Coruña, a 20 de Mayo de 1952, en presencia del Sr. Inspector José Antonio B. y el Sr. Subinspector Pedro M.

De verdad que no necesito nada, estoy estupendamente. Sí, todos los datos que he dado son ciertos, si no aquí tengo mi cédula de identidad si quieren verla, que está en regla. Cómo dice?..quieren ustedes que les explique el porqué de la situación, el porqué de la situación…pues a ver por dónde empiezo. Yo conocí a ese individuo..sí al Sr. Rodríguez, yo conocí a ese individuo en el año 42, después de Navidad. Mi hija le había conocido a su vez unos pocos meses antes y se decidió a presentárnoslo a mi marido,en paz descanse, y a mí. Nos pareció un chico estupendo, responsable y estudioso..qué?..Derecho, él cursaba estudios de Derecho..y, bueno, como son las cosas, mi hija y él comenzaron un noviazgo formal como hay tantos. Él fue acabando la carrera, y se decidió por preparar oposiciones al Cuerpo Jurídico Militar, al tiempo que las preparaba ya iba tomando forma la idea de preparar la boda. Se presentó a su tiempo y las aprobó a la primera, pueden imaginarse la alegría que sentimos todos, y en especial mi hija, que ya tenía el ajuar. Salieron las plazas, y a él le tocó Cartagena. Cartagena. Más lejos no le pudo tocar. Pero en fin, así fueron las cosas. Mi marido, en Gloria esté, pensó que sería buena idea si él y ese hombre hicieran un viaje a Cartagena antes de la boda, para montar la vivienda del matrimonio y el despacho de él. Fue entonces cuando mi hija se vio en cinta, pero dado que era una cuestión de poco tiempo que se casara, no lo vimos como un problema. En fin, allá se fueron los dos hasta Cartagena. De lo bueno lo mejor para su hija, faltaría más. Mi marido regresó nada más arreglar el asunto, el otro, con la excusa de tener que formalizar todavía unas cosas, se quedó allí. Pasaron días, y semanas, y no recibíamos noticias de cuando volvía. Intentamos llamar a las señas que teníamos en Cartagena, pero fue inútil. Como ya les dije, la boda estaba ya apalabrada y el día marcado. Al mes y medio, mi hija recibió una carta de ese hombre, en la que le decía que no tenía intención de casarse con ella. Se pueden imaginar el disgusto que recibimos…mi marido, con el fin de calmar las cosas, viajó de nuevo a Cartagena para hablar con él y hacerle entrar en razón. Pero ni le recibió. No fue capaz ni de dirigirle una palabra. Mi marido regresó enfermo, enfermo de pena y desesperación. Decidimos que mi hija pasase el embarazo en casa de unos parientes, lejos de todo lo que se pudiera hablar. Pasó el embarazo en la cama, y mi nieta nació prematura. Mi marido murió poco después, la disfrutó poco. Mi hija pudo emplearse en la gestoría de unos conocidos, y así poder sacar adelante a mi nieta, y ayudar en casa. De eso hace seis años.

Hoy por la mañana, cuando cruzaba la Plaza de Pontevedra, le vi. De paseo con un amigo, todo risas. Así que entré en la ferretería que hay en la esquina, y compré un martillo. Del golpe en la cabeza le derribé. Cómo dice? Con intención de matarle? Sí, tenía , tengo y tendré intención de matarle, de eso no le quepa ni la menor duda…como él mató a mi marido, casi a mi nieta y enterró en vida a mi hija y a la postre a mí. Sí, quise matarle. Pero no murió, sólo espero que cada vez que le duela la cabeza, se acuerde de mi. (Alguien entra. Entrega un papel) Qué pasa?…Que no presenta cargos? Sólo faltaría…entonces me puedo ir? Creo que mi hija está ahí fuera…Cómo dice? Estoy estupendamente. Hacía muchos años que no sentía tanta calma, fíjese que hasta me quiero reír…me puedo ir, entonces?…Pues nada, un placer.

*Basado en hechos reales.

K.

Hoy encontré a K. Mejor dicho, él me encontró a mí, ya que llamó mi nombre por la calle. Al volverme le reconocí enseguida, sigue teniendo la misma sonrisa. K. vino caminando desde el Kurdistán-Irakí y una serie de maniobras burocráticas le sentaron en mi clase. K. no paraba quieto, acostumbraba a abrir todas las ventanas de la clase, que estaba en un sexto piso, desde el que había vistas a las montañas y se asomaba, a veces demasiado,a ver el aire libre. Yo le pedí a H., un gigante de ébano, que se quedase a su lado para vigilarle. Se hicieron intimos. K. aprendió alemán hablando con todo aquel que quiso escucharle, llevaba siempre una libreta consigo, y si no se podía explicar, dibujaba lo que quería pedirle a su interlocutor. En esas libretas escribía su historia, y todo lo que le pasaba, una especie de diario para no olvidar. Una vez le regalaron una chaqueta de abrigo para combatir el frío polar que aquel invierno nos invadió, le quedaba demasiado grande, pero a él no le importó, no se la quitaba nunca. K. me contaba de sus montañas, sus canciones y de su pueblo, muy pequeño, pero que logramos encontrar en un atlas. Siempre estaba de camino a algún sitio. Siempre llegaba tarde, pero todas las mañanas me traía un café y me lo entregaba con casi una reverencia. Él se convirtió en mediador entre todos los frentes que había en aquella clase, compuesta por jóvenes, a los que yo aún llamo „mis niños“, provenientes de tantas zonas de conflicto como países,que no tenían una lengua común. Hoy encontré a K. Sigue teniendo la misma risa. Está estudiando para convertirse en Terapeuta Ocupacional, tiene una novia tan guapa como simpática y es feliz. Yo entonces estaba un poco loco, me confesó, y nos reímos los tres. Nos dimos los teléfonos. Me alegrará mucho verle otra vez. H. es Maestro Electricista y orgulloso padre de cuatro hijos.

Cuando pienso en todos ellos, me emociono, ya que, aunque hoy se hayan convertido todos en „hombres de bien“, siempre serán „mis niños“.

*Mis recuerdos sobre aquella clase también están plasmados en “El Curso”.

Tara

Hoy ha venido Brittany. No viene nunca, ya que vive fuera del país. Pero el problema con la pared se ha complicado, y el jefe de obra quería hablar con ella. Él todavía no está. Brittany apareció de repente, desde detrás de la mata de malvas, y casi me asustó, sólo casi, ya que antes había escuchado pasos que se acercaban por el sendero de baldosas que lleva al jardín desde la entrada. Pensé que sería la vecina, dijo que se pasaría. Ha venido en coche, un BMW tan grande que no lo salta un torero, literalmente, porque por mucho tonelaje que tenga un toro con toda su corpulencia, ese coche lo supera. Brittany se mueve y habla muy rápido, yo la comparo con un colibrí al que se le hubiera suministrado cafeína, y mantiene sus enormes ojos azules siempre muy abiertos, como si alguien en algún momento le hubiera dado un susto y todavía no se hubiera recuperado de la impresión. Me dice que habría que sacar las malas hierbas de entre las baldosas, que es muy fácil, y saca una para demostrármelo, yo le explico sin perder la calma que Gunther cortó la hierba y la maleza hace un mes, pero que ese jardín es como esas selvas asiáticas en las que la maleza crece a medida que la vas cortando. Sólo hay que tirar, y ya sale, me contesta, y parpadea dos veces, espera que yo arranque al menos una hierba. Pero no lo hago. Le dedico mi sonrisa japonesa y no me muevo. Como buen colibrí, se aleja hacia la escalera de acceso al sótano desde el jardín. Suspira y entrelaza los dedos de las manos al ver la escalera, me mira ensoñada, casi en trance, y me dice que ellos siempre tenían macetas con petunias a ambos lados de la escalera, en todos los escalones, una alegría daba verlas, yo le digo que me puedo imaginar la alegría que sentían ellos al ver las petunias, pero que seguro que no es comparable con la mía cada vez que la bajo aferrada al pasamanos y logro llegar a su fin sin resbalar en el musgo y las grietas que la jalonan. Ella asiente, y me dice que las macetas siempre eran portuguesas. Qué bien.

Llega el jefe de obra, un tal Schimanski, que la saluda llamándola Sra. Schmitt. Yo estoy convencida de que sus padres le pusieron Brittany para dar color al Schmitt. Tiene un hermano. Él tiene un nombre de esos que suenan como un tren de mercancías, pero con sólo una vocal. Se llevan mal. Ella dice que él es un gangster.

Sólo le vi una vez. Pasó por delante de la casa en su Mercedes, muy lentamente y mirándome desafiante desde dentro. Tan pendiente estaba de ser desafiante, que casi atropella a Sr.Holper, que casualmente pasaba por allí. Por mirar tanto pa ti, metín un zoco na merda, que diría mi abuela.

Schimanski le tira los tejos a Brittany. Y ella los recoge gustosa y se los tira de vuelta. Por un momento estoy tentada a ofrecerles una de las habitaciones. Pero no digo nada. Ellos que son blancos que se entiendan, que dirían en Dominicana. Entiendo que habría que tirar el muro, y otras muchas cosas que Brittany no está dispuesta a hacer. Pero tiene que hacerlas. Schimanski la convence. De eso no me cupo nunca la menor duda.

Damos juntos la vuelta a la casa, para inspeccionar otros posibles desperfectos. Brittany recuerda las pérgolas de rosas y los arbustos en forma de mariposa, Schimanski intenta hacerse una una idea, al menos, yo voy atenta a no tropezar con los restos de la acera rota. Pasamos por delante de unas argollas clavadas en uno de los muros, y Brittany gime al tiempo que se lleva las manos al pecho. Schimanski se apura a asistirla, yo sólo veo tres argollas negras algo oxidadas. Brittany sonríe embelesada, y nos dice que allí sujetaba ella a sus caballos, Schimanski le pregunta por los nombres, Mimí, Piti y Balú. Schimanski se rie al decir que la novia de su hermano también se llama Mimí, yo no acabo de comprender cómo se le puede poner a un caballo el nombre de un oso.

El resto del paseo de inspección, Brittany nos deleita con la narración de la película que ya sólo existe en su cabeza de cómo era su casa y el jardín cuando la familia todavía residía allí. Schimanski juega sus cartas, yo llego a la conclusión que ya no es Brittany quien nos acompaña, sino Scarlet O´Hara, quien por fin, ha podido regresar a Tara. Tara. Les dejo alejarse solos hacia lo que un día fue un estanque. Qué pasará con estos dos?. Francamente, queridos, me importa un bledo.

Controversia

Yo me posiciono siempre en el centro del QUE. El QUE como suplemento verídico de la sustancia que sostiene la índole, de forma que las esferas de lo conocido se circunscriben fuera de la intolerancia colectiva. Ojo, esto no tiene que ver con la ignominia del lenguaje, eso no, ese aspecto corrige de alguna manera la visión paleontológica de la supremacía mesopotámica que ya nombraba Harrys. A tenor de lo dicho, los lugares de las casualidades aprendidos gracias a los aparatos de verificación, atenúan la beligerancia consentida entre iguales. Por supuesto, mi posición impera en detrimento de la alquimia milenaria de reductos plantígrados, no siempre cartesianos. Ni que decir tiene, mi modo de ver se distancia de la óptica gravitacional orbital palaciega existente en la línea del horizonte, teológicamente ilegítimo. Si mi gusto gustara del gusto que gusta tu gusto, tu gusto gustaría del gusto que gusta mi gusto, pero como no es así, empíricamente ambos nos distanciamos de la esencia del alma partida en los orígenes del Blues. Con esto no quiero decir, que yo en los espacios sonoros no reviva y me convierta en un ser tridimensional que aporta y suma a la semblanza colectiva, querría que quedase claro. El ámbito político de la situación encumbra la misma pretensión, no hay duda. Naturalmente la luz del sol, nihiliza la sombra, y confunde el aire, lo que nos convierte en tránsfugas en la noche de los tiempos de atolondre, como diría MacMillan. Creo haber contestado a su pregunta, en todo caso, los emblemas oníricos vienen a ser los mismos.

(Bebió medio vaso de agua, nos dio las Buenas Tardes y se fue. Desconozco lo que pensaron en aquel momento mis colegas también presentes en la rueda de prensa, pero si algo me quedó claro es que mi empanada favorita es la de zamburiñas)

La Esterilla

  • Ya pensé que no venías
  • Y yo…es que no encontraba las llaves del coche
  • Dónde estaban al final?
  • Te puedes creer que las tenía en la mano?
  • Sí, porque me pasa a mí con las gafas…
  • Es que no sabes qué susto pasé…
  • Otro?
  • Hoy nos viene Salva dando gritos a la habitación, aún ni era de día, imagínate tú…fuera de si “MamáPapá he matao a Dani,MamáPapá he matao a Dani!!”, yo ya ni conseguí levantarme porque me dije, de morir ya hacerlo aquí, porque el corazón literalmente me dio un vuelco..Koldo se cayó al querer salir corriendo y se dio con el canto de la puerta…en fin…que al final sí que lo había matado, pero en una batalla virtual de esas…y claro, se asustó tanto que….
  • Pero bien…
  • Sí, Koldo tiene un chichón…nada más…
  • Y eso qué es?
  • El qué?
  • Eso
  • La esterilla…
  • Pues qué rara no?
  • Ay deja que no!…Soy tonta…
  • Por?
  • Que me he traido una cosa que compró Koldo…ays pues ahora no vuelvo…
  • Qué es…tan rosa-chicle..
  • Es una especie de plancha de plástico que en teoría se extiende sobre la encimera…se tiene que adherir y puedes trabajar sobre ella sin usar maderitas…pero es más ancha que nuestra encimera y no se pega…en fin, que la enrollé y la puse por allí…y con las prisas…
  • Y Koldo cómo compró tal cosa?
  • Pensó que era una cartulina…y como los niños necesitan continuamente pues…
  • Lo que necesitan los tuyos continuamente son tiritas…
  • Ahora menos….pero sí…
  • Me acordé de tí ayer…con el episodio de la serie…
  • Qué serie?
  • Ah, es que no te dije…estamos enganchados a SUÁ
  • Cómo se llama?
  • SUÁ
  • Ni idea…
  • Sí mujer…seguro que la conoces…son unos policías de esos que van todo de negro muy armados y que entran a saco a rescatar gente…
  • Los Geos?
  • No…bueno, no sé…pasa todo en un sitio donde siempre hace sol y es muy grande…pero llegan enseguida..Los Angeles supongo…
  • Y por qué te acordaste de mi?
  • Pues porque había una gente en un sitio, y ellos fueron claro, con chalecos pero sin casco…que dices tú que es mucho suponer que no te vayan a volar la cabeza…pero claro es que si no no ves al actor tan bien…y fueron, entraron a saco y dos de ellos rodaron por un tejado al querer atrapar al malo…y eso..
  • Y cuándo rodé yo por un tejado?
  • Tú no…pero Koldo sí..
  • Ah…bueno, ya…era más bien un tejadito…pero sí..
  • La música del principio se parece a la de Stasquiyjach
  • A cuál?
  • Stasquiyjach…si mujer aquellos dos, que siempre iban juntos en un coche chulo…mi madre era más de Jach…
  • Los que iban en camioneta…y uno estaba loco?
  • No esos son el Equipo A…cómo se llamaba el jefe? Sí mujer, que siempre fumaba puros…y que de joven hizo una película preciosa que él era el hijo ilegítimo y el legítimo era el que después fue marido de una modelo y que no servía para nada…el legítimo no el marido de la modelo ,se entiende, y entonces se va y el otro se queda…cuánto lloro siempre…
  • Y se queda con la modelo …o cómo?
  • Qué va…con la modelo se casó más tarde…ahí se va…se va…no dicen a dónde, se supone que lejos…”Con él llegó el escándalo” así se llama, que no me salía…
  • Qué escándalo?
  • Es que él llega, y claro…remueve todo el pasado y es un escándalo y tal…
  • Ya…Nosotros eramos de “Canción Triste de HillStreet”…lo que nunca entendí era lo de “Triste”….y después “MelrosePlace”…..y este quién es?
  • Hanibal!
  • Y tú de qué le conoces?
  • Qué?..no, el de “El equipo A” se llamaba Hanibal….este no sé quién es….será el que haga la clase de hoy…qué lleva puesto?
  • Eso se llama “paquete”…
  • Ya…pero cómo…
  • Pues que va en plan Nureyev…
  • Y eso es un Asana nuevo…o cómo?

Michigan

Calor, lo que se dice calor, todavía no hacía. Por eso agradeció la chaqueta de lana fina tipo rebeca al salir de la droguería, lo que sí estaba deseando quitarse eran los zapatos, si había algo a lo que no podía resistirse era a unos buenos zapatos de tacón. Y aquellos lo eran. Negros, de buena piel y mejor tacón, que le proporcionaban la altura justa. Pero tantas horas sobre ellos habían acabado por pasar factura. En otros tiempos se los hubiera quitado, y hubiera vuelto a casa descalza, pero ese otros tiempos, era eso, otros tiempos, ahora no quería ni pensar lo que se acabaría clavando en el pie. Suspiró y se ajustó el bolso al hombro, al tiempo que se colocaba bien la melena, de pelo liso y de un suave pelirrojo, en perfecta sintonía con su tez algo pecosa, camuflada ahora bajo una casi imperceptible capa de maquillaje, y sus ojos verdes de largas pestañas aderezadas de mascara, ya que de otra forma, serían transparentes. Marta Riera Vall, con dos eles, avanzaba por la calle, ya no dispuesta a comerse el mundo, sino a llegar lo más pronto posible a casa, librarse de los zapatos, darse una ducha, quitarse el olor a Droguería, ponerse en chándal y tumbarse en el sofá a ver Netflix. Para ella el mejor plan para un viernes. De cena aún tenía puré de verduras. Con agua. Ahora al parecer era alérgica al vino. Ella. En fin. Un grupo de personas salieron entonces en tromba de un local y casi se la llevan por delante, ni se disculparon, tampoco lo esperó, aquella tarde toda la ciudad había decidido salir a la calle a la vez, y a penas se podía avanzar sin recibir algún empujón. Dos policías de proximidad pasaron corriendo a toda velocidad, y casi tuvo que apoyarse en una pared, al apartarse la gente de repente a sus gritos pidiendo paso. Les siguió un momento con la mirada, en otros tiempos, ella también había querido ser policía. Bueno, ella no. Su Juan Fernando interior. JuanFernando Riera Vall, con dos eles. Aquel que ya, legalmente, había dejado de existir. El que ahora era Marta a todos los efectos, y con carnet de identidad. No pudo evitar sonreír, mientras continuaba camino, a todos los efectos, todos los efectos no, porque nadie te llama Marta. Tú eres Michigan.

Decidió doblar por una perpendicular, para evitar nuevas aglomeraciones, y de paso acortar camino. Cuando por fin alcanzó su calle, se alegró de encontrarla desierta, si bien estaba muy cerca del centro apenas pasaba gente y era muy tranquila. Por eso, en su momento, había decidido comprarse el piso allí. No se sorprendió de encontrar su portal abierto, seguramente la empresa que se encargaba de la limpieza de las escaleras estaba todavía ocupada con la labor. Tuvo mucho cuidado al poner el primer pie en el portal, de estar mojado, lo único que le faltaba ahora era resbalar y partirse algo. Midiendo los pasos, aunque el suelo parecía estar seco, alcanzó los buzones, que estaban en una especie de metido oscuro en el que la comunidad se estaba planteando poner una luz o un espejo, para evitar sustos desagradables. Todavía estaba pidiendo presupuestos. Porque ella era la presidenta de la Comunidad. Por mayoría absoluta. Entonces se había sentido casi como Miss Mundo. O algo. Casi rio al recordarlo. En fin. Sacó las llaves del bolso, para mirar si había algo en el buzón, y al querer abrirlo fue cuando escuchó el gemido. Se quedó muy quieta, sin saber muy bien qué hacer, mirando hacia los lados casi sin atreverse. Un segundo gemido, que le recordó al que haría un perrito, la hizo mirar hacia abajo. No pudo evitar soltar una especie de grito, que tapó con la mano, al dar un paso atrás. Quien gemía no era un perrito. Era una criatura, acurrucada en el rincón más oscuro.

  • AyDiosMío!…Ay!..pero..mi Vida qué haces tú ahí?- Alcanzó a preguntar, ya que, de repente, su corazón se había instalado en su garganta y latía tan rápido y tan fuerte que amenazaba con salirle en cualquier momento por la boca. Sin pensarlo más se agachó para coger a la criatura en brazos, y ésta se aferró contra ella, rodeándole el cuello con sus bracitos, temblando aún de miedo. Michigan la abrazó a su vez, asegurándola en sus brazos.- Ya está…miVida…ya está…Ay..ven.., vamos a subir …y me cuentas…AymiVida, ya está..- Y sin más, comenzó a subir las escaleras para alcanzar cuanto antes su apartamento, en el tercer piso. El siguiente punto a tratar en la próxina reunión de la Comunidad sería la instalación de un ascensor, pensó a la altura del segundo. Sin soltar a la criatura, y haciendo malabares para que no se le cayese el bolso al tratar de encontrar las llaves, las consiguió meter en la cerradura y acceder a su casa. Sin pararse siquiera a cerrar la puerta, la llevó hasta el salón, se sentó en un butacón y con sumo cuidado apartó a la criatura de si, para poder verla mejor. Era una niña, de pelo castaño claro en una ahora revuelta melena hasta los hombros, que enmarcaba una carita presidida por dos enormes ojos oscuros inmensamente tristes, tenía la boca recogida en un fruncido que la convertia en un minusculo punto rosa, que contenía a duras penas el llanto. Tenía un raspón en un pómulo, también en los codos y las rodillas. Michigan le apartó,con toda la delicadeza que pudo reunir, el pelito de la cara.
  • Yo soy Michigan…cómo te llamas princesa?- Preguntó casi en susurro, la niña parpadeó lento y suspiró.
  • Dalia..
  • Qué nombre más bonito, tanto como tú, princesa linda….cuántos años tienes Dalia?- La niña levantó su mano derecha con cuatro deditos, Michigan sonrió y la escondió entre las suyas con cuidado.- ..me dices qué pasó, qué le pasó a mi princesa?- Dalia frunció la boca y los enormes ojos se nublaron de lágrimas, que, sin embargo, no pasaron del umbral de sus pestañas.
  • Dalia iba con mamá…y entonses mi papá me agadró así y me llevó codiendo mucho mucho…pedo yo no quedía id con mi papá podque ez mu malo…y entonses Dalia moddió a papá así así mucho….y me cayí y mi hise pupa aquí ves?…y mamá le dise siempre a Dalia codde Dalia codde mucho y coddí mucho y me cayí ota ves?…y Dalia se ezcondió allí así así…- Michigan escuchó con atención lo que Dalia relataba, y a medida que avanzaba en la narración comenzó a sentir como una especie de fiera tan informe como poderosa iba abriéndose paso en su interior e iba tomando posesión de su cuerpo, luchando por salir. Entendió entonces lo que era ser Madre de Dragones, y todas las razones de Daenerys. Y tuvo la impresión de que si abría la boca, todo lo que saldría de ella sería una llamarada que aniquilaría el mundo. Calma, Michigan, calma. E iba a decirle algo a la niña, cuando escuchó unas voces, que provenían de la entrada.
  • Tú dirás lo que quieras, pero eso que llevas es un pantalón hippy de toda la vida y una camisola de mercadillo….
  • BO-HO…te estoy diciendo, voy estilo BO-HO..
  • Como diría mi madre: que ni bo ni ba….vas de hippy..
  • Es el último grito…
  • El que va a empezar a gritar soy yo..hippy más que hippy!
  • BOH-H…

Los que así discutían eran Marcos y Beltrán, dos chicos amigos de Michigan que habían quedado de pasarse esa tarde a buscar unas bolsas con muestras de maquillaje y cremas, y que habían entrado sin llamar al encontrar la puerta ya abierta. Marcos llevaba unos pantalones tipo mameluco de lino azul, con una camisola gris y el pelo recogido en un moño flojo sobre la cabeza, Beltrán, en vaqueros y camiseta blanca tenía la cabeza rapada y portaba unas gafas de sol de cristal amarillo. Ambos se quedaron clavados a mitad del pasillo, incapaces de decir una palabra, cuando descubrieron a Michigan en la puerta del salón, cargando a Dalia, que se había vuelto a acurrucar contra ella.

  • No gritéis tanto…que aún me vais a asustar a la niña- Avisó Michigan.
  • Cómo que “me vais a asustar a la niña”? “me”?- Quiso saber Beltrán.
  • Uy yo si eso me voy eh?…que yo no quiero líos…qué niña?- Se atrevió Marcos.

Michigan no les contestó, y se dirigió al cuarto de baño a buscar el botiquín, con el que salió llevándolo en la mano libre e indicándoles que le siguiesen al salón.

  • No entiendo nada
  • Te la han dejado en plan babysister…o algo…
  • Babysitter..
  • Qué?
  • Babysitter, Marcos…
  • Pues mi hermana siempre dice Babysister…
  • Pues es babysitter…
  • Bueno ya está bien….calláos los dos, que me la vais a hacer llorar a mi princesa preciosa, que la voy a curar, verdad Dalia bonita?…ven a ver…
  • Ay pobre…se ha caido o cómo?
  • Uy yo si eso me voy eh?..que no…
  • Sí…se ha hecho pupa…verdad mi corazón? Michigan te pone aquí una tirita y ahí otra…uy mira tiene leoncitos la tirita…la encontré escondidita abajo…
  • Hay que llamar a la policia, Michi…- Opinó Beltrán, al escucharle Dalia se volvió a abrazar a Michigan.
  • No princesa no, no te preocupes….- Dalia se apartó de ella entonces y les miró, luego con sus manitos se apartó la jareta del pantaloncito que llevaba.
  • Mia Mizigam, teno esto..- Susurró, como quien comparte un secreto, Michigan apartó un poco más la jareta y pudo ver un cartelito cosido que rezaba “ SI ME PIERDO O ME ROBAN:…” sobre un número de móvil y una dirección. Michigan le dio un beso en la cabeza.

Desde que Michigan marcó el número de móvil para hablar con la madre de Dalia, hasta que ésta, desesperada por abrazar a su hija, cruzó la puerta del apartamento acompañada de dos policías nacionales, pasaron exactamente diez minutos. Tras las debidas explicaciones, de quién era quién y cómo se había llegado hasta aquella situación, uno de los policías le entregó a Michigan una tarjeta en la que había escrito su número de móvil de servicio y quedaron en que Michigan se pasaría al día siguiente por la comisaría para hacer la declaración formal y todo el papeleo, ya que lo que primaba ahora era que a Dalia la viese un médico y volviera a casa. Lina, la madre de Dalia, no sabía cómo agradecerle a Michigan, ni qué decir, ni cómo, ya que era lo más parecido a un manojo de nervios aferrado a una niña, Michigan la abrazó, y, una del brazo de la otra, seguidas de los dos policías, y Marcos y Beltrán, bajaron a la calle. Ya allí, tras prometerse que se verían a día siguiente, Dalia le dio un beso a Michigan y madre e hija subieron al coche patrulla, que, haciendo luces, pero sin sirena, se alejó calle abajo.

  • Ay que llorera por favor….esto si lo filmas paras un país…tienes kleenex?- Preguntó Beltrán secándose los ojos con una mano.
  • Pues no…justo hoy no..- Contestó Marcos, que hacía lo mismo. Michigan les miró y rio.
  • Cómo decía aquel? “Me encanta que los planes salgan bien”….si queréis subimos y nos tomamos un copazo..al menos yo…- Propuso, en eso estaban cuando unos gritos desde el final de la calle, les hicieron volverse.
  • Heeey!!! MUÑEQUITA LINDA!!!- El que gritaba era un hombre, alto y fuerte, que avanzaba a grandes zancadas hacia el grupo. Michigan guiñó ligeramente los ojos para verle mejor, pero aún así hubo de admitir que no le conocía de nada.- PERITA EN DULCE!!!
  • Y a este qué le pasa?- Alcanzó a preguntar Marcos.
  • Por la cara que trae…nada bueno- Aventuró Beltrán.
  • Drakarys..- Susurró Michigan. El hombre, se acercó sin reducir la velocidad de su zancada y le dio un fuerte empujón a Michigan, quien lejos de perder el equilibrio se lo devolvió.
  • Pero qué valiente!! A Porta Gayola..con un par! Si Señor!- Incitó Michigan abriendo los brazos imitando a un torero.
  • Eres toda tú roja o solo esa cabecita!? Porque te la voy a estallar…por meterse en asuntos ajenos….mi hija es mía…
  • Yo te como aquí y te cago allí!…- No le dio tiempo a decir más, porque el hombre le voló la cara de una bofetada, Marcos gritó, Beltrán quiso intervenir, pero antes de que pudiera hacer nada, Michigan, de un gancho de derecha había enviado al hombre contra el muro de la casa, después, se sacó los zapatos de tacón y se los entregó a Beltrán- Sujétame esto…- Anotó sin ni siquiera pararse a mirarle, para ir en busca de su contrincante quien también venía hacia ella, sin saber que, aquella muñeca ya había luchado en otras batallas, y se movía como una mariposa, pero clavaba el aguijón como la más ruda de las abejas. Cuando acabó con él, el hombre yacía bocabajo en el suelo sin saber muy bien cómo había llegado allí, y ella, que también había encajado varios golpes, colocó delicadamente su pie derecho sobre su cabeza.
  • Muévela y harás un viaje astral..- Masculló, para luego girarse hacia sus dos amigos que habían asistido a la pelea sin dar crédito- Beltrán…dejame tu móvil- Beltrán así hizo, y ella sacó entonces la tarjeta que le había dado el policia nacional y marcó el número- Hola, Buenas Tardes…soy Mich…Marta Riera Vall…sí…me harían un gran favor si viniesen otra vez, ha habido un incidente…sí…y de paso traigan al 112…no me quedan uñas…- Y colgó. Y respiró hondo, satisfecha, y orgullosa de llegar a la conclusión de que, en ocasiones, era mejor dar que recibir.