Adiós, Adelina, Adiós..

Lo que usted tiene es una catarata móvil, que provoca en su desplazamiento que su ojo se vuelva vago. Su oculista se lo había dicho sentado a su mesa de despacho, muy serio, mirándola a través de sus gafas Truman, y moviendo su mano derecha extendida en el aire, de izquierda a derecha, como si con ese gesto ayudase a su catarata a desplazarse. Adelina, no supo qué decir, se limitó a asentir, lo único que le vino a la cabeza fueron las cataratas de Iguazú, que había visto en un reportaje hacía poco, parpadeó e intentó sonreir, por cortesía, no por otra cosa, él le devolvió la sonrisa y escribió algo en una receta. Colirios. Si le molesta, se los echa. No es necesario intervenir por ahora. Intervenir. Su catarata no era una zona de conflicto. Sólo le hacía ver borroso de repente y sólo del ojo derecho. Tras coger la receta y estrecharle la mano al oculista, salió de la consulta, todavía pensando en Iguazú y la fuerza del agua al caer. Decidió volver a casa andando por el paseo marítimo, había dejado de llover y le venía bien andar, según le había recomendado su fisioterapeuta. Miró hacia la Torre de Hércules y guiñó el ojo izquierdo, la veía perfectamente, ni rastro de catarata, negó con la cabeza y continuó camino.

Llegó al portal justo cuando empezaba a llover, con ella entró también su vecino del sexto H, mientras él llamaba al ascensor ella recogió el correo, publicidad y una carta de Telefónica, la abrió al tiempo que entraba en el ascensor.

-Van a bajar por las paredes del patio de luces…- El vecino del sexto H lo dijo como si le contase la escena de una película, ella le miró distraida mientras abría la carta.

-Quién?

-Los del aislamiento…- Ella asintió mientras leía „Adiós, Adelina, Adiós…“- Y claro, habrá que sacar los tendales, porque fijate tú si se quedan prendidos…- Ella le miró y descubrió su gesto de horror, que ella secundó, imaginándose a los del aislamiento debatiéndose en el aire, prendidos en un tendal, meneó la cabeza y volvió a su carta „ Qué pena, Adelina, qué pena que nos hayas dejado así, huérfanos…“- Porque van a bajar así, no sabes?, como los ninjas, tras-tras-tras con arneses y todo…- Adelina se estaba preguntando a quién había dejado ella huérfano y que trabajase en Telefónica, y sólo entendió la parte de los ninjas.

-Ninjas?

-Hombre, no sé si irán de negro, encapuchados no, desde luego, sino no ven…irán de mono azul…o verde, no sé…pero se descuelgan fijo así tras-tras-tras..- Ella también encontró lógico que no fueran encapuchados y volvió a su carta fugazmente „…tendremos pues que tomar medidas cautelares…“- Y luego está Piruca…- Adelina se alegró de haber llegado a su piso, él le ayudó a abrir la puerta del ascensor.

-…qué le pasa a Piruca?- Quiso saber, él alzó las cejas con un gesto de escepticismo.

-Tiene vértigos si se asoma…

-A dónde?

-A cualquier sitio, se pone a morir…

-Ya..bueno, pues…ya nos dirán cuándo vienen..

-Quién?

-Los del patio de luces…

-Van a bajar así, no sabes? Tras-tras-tras..- Ella asintió y dejó cerrarse la puerta del ascensor. Tras.

Nada más entrar en casa, quiso volver a leer la carta y enterarse bien por qué nadie tenía que tomar medidas cautelares contra ella, pero vio que había varios mensajes en el contestador y pulsó la tecla para escucharlos.“Hoola mamá, soy yo, mira, es que tengo un problema con Brais y es que no tiene lazos bueno sí los tiene pero hay que cosérselos al mandilón y yo no sé porque no sé yo-no-sé- y además hay que coserlos en ocho infinito...(Fin del mensaje)…..“Hooola yo otra vez que me lié y tu contestador no deja a la gente explicarse y es que tienen que ser lazos lilas fíjate tu por qué no azules no tienen que ser lilas y hay que coserlos en forma de ocho y en horizontal como el infinito bueno el infinito no el símbolo ya me entiendes…(Fin del mensaje)……“Y eso…que te los llevo por la tarde y me los coses porque sino no puede subir al autobús mañana porque no sabes qué movida tuvo hoy Emilio hoy por culpa del puñetero lazo porque la del bus no lo quería llevar que a ver si no era el niño de ese bus y Emilio que no se corta y bueno que yo no doy no doy y son lilas y vamos por la tarde y ya te cuento porque Nati se casa de penalti con aquel...(Fin del mensaje.No hay más mensajes). Adelina se había quedado de pie junto al teléfono, sin moverse, a la espera del siguiente mensaje, que no llegó, suspiró y se dirigió al salón para asegurarse de que aún tenía lazos en la cesta de su costura, los de su otra nieta eran amarillos, y los de Brais, hasta ahora, verdes, ella había comprado hacía unos días un pack de lazos de colores en los chinos, pero no estaba segura de que el lila estuviese entre ellos. Se disponía a abrir la cesta, cuando escuchó que alguien abría la puerta de la calle.

-Me cago en el Ayuntamiento!- Adelina salió al pasillo, y se encontró a su marido apoyado en la pared manteniendo el pie izquierdo en el aire- Que se lo trage el mar!

-Pero qué pasa?- Él se acercó a ella cojeando y dando muestras de dolor al hacerlo.

-Me acabo de torcer el pie en un bordillo roto…qué dolor!No sé si no me lo habré roto…-Adelina le ayudó a entrar en el salón-Qué dolor!

-Pues a mi me dijeron que tenía una catarata móvil y Paula va venir por la tarde con Brais por lo del bus….

-Una catarata?

-Si,una catarata, y como no le dejan subir al bus sin el lazo en infinito lila pues…

-Y por qué una catarata?…Qué mal!Qué dolor!- Y se dejó caer en una butaca, para después tratar de quitarse el zapato

-Pues no sé, una catarata móvil…

-Y dónde hay una catarata? El Ézaro?….Van a llevar a los niños de infantil en autobús hasta El Ézaro…pues ya son ganas de complicarse la vida…- Adelina iba a decir algo cuando sonó el timbre de la puerta, abrió sin mirar por la mirilla, un chico con una gabardina gris y aferrado a un portafolios le regaló una preciosa sonrisa.

-Buenos Días, Señora…Cree usted en Dios?- Adelina escuchó entonces la voz de su marido desde el salón.

-Pues a mi que lleven a unos niños tan pequeños a ver El Ézaro me parece una temeridad!

FM

Yo creo que es un problema de volumen. Cada vez que me lo encuentro, la música estalla en mi cabeza, y hace que sea incapaz de entender lo que me dice, porque prácticamente sólo le veo mover los labios. Wild thing you make my heart sing…y entre la batería machacona y las guitarras, no escucho su voz. Ya no sé que hacer. A lo mejor es porque siempre nos encontramos de repente, sin previo aviso. Y no me da tiempo a desconectarla. El otro día en la puerta del supermercado, You make everything groovy Wild Thing, y ya entró la dichosa batería, y vi que me enseñaba una bolsa de la compra con cosas dentro y me explicaba algo que debía ser muy gracioso, porque sonreía, y yo también, pero sin saber por qué. Lo mismo me pasa con mi vecino de enfrente, el que trabaja en el ayuntamiento, pero con él puedo bajar el volumen,I met her in a club down in Old Soho, where you drink champagne and it tastes just like cherry-cola See-oh-el-aye coola, creo que es por como anda, o quizás por los shorts que usa los fines de semana,Well I’m not dumb but I can’t understand Why she walked like a woman and talked like a man, el otro día casi le llamo Lola Lola la-la-la-la Lola la-la-la-la Lolaa, menos mal que pasaban coches y no me oyó, me saludó desde detrás del seto muy sonriente Well I’m not the world’s most passionate guyBut when I looked in her eyes well I almost fell for my Lola, yo también sonreí. Qué iba a hacer. No sé como funciona. Es totalmente arbitrario. La chica de la panadería, por ejemplo, con ella no me entra canción ninguna, la verdad es que es muy amable y siempre me da bolsa.Well listen busterYou better start to move your feetTo the rockinest, rock-steady beatOf Madness, el otro día el cartero me comentó que de paso que reparte, entrena para los Veinte Kilómetros Marcha del mes que viene. El saxofón es un instrumento que a la larga, cansa. Y aquí está otra vez, camina hacia mi y sonríe, yo también, aunque no sé por qué, lleva en la mano su teléfono móvil y me dice algo mostrándomelo.Wild Thing I think I love you…

-Cara Bonita / -La de Fernando

Este relato son dos. Una sola historia. Dos perspectivas

CARA BONITA

Marge me despierta a las cinco y media. Que me duche, pero que no me afeite. Tampoco puedo desayunar. Levanta una ceja cuando le pido permiso para hacer pis, sabe que no soy de buenos despertares. Nos vienen a recoger en un monovolumen. Dos tíos más, sus agentes y una tipa que no conozco con gafas oscuras y unos auriculares más grandes que su cabeza. Me siento junto a Josh, aferrado a su botella de agua,no hace falta que hablemos. Nos miramos y ya está. Él tampoco se despierta de buenas.

Ciento veinte tíos medio desnudos. Sus agentes. Los asistentes. La gente que pulula alrededor y no sé nunca qué hacen exactamente. Los maquilladores. Los estilistas y sus ayudantes. Los ayudantes de los ayudantes. Los de las revistas. Los sastres todavía no están. Yo les llamo así. Porque es lo que son.

Alguien me da un zumo de naranja y Marge asiente. Me apetece una francesa de jamón y queso, con un tazón de café con leche con natas. Marge me pregunta si hay algún problema, yo bebo mi zumo de naranja.

Josh discute con la ayudante de alguien. Definitivamente no tiene un buen día. Yo tampoco. Hoy va de trajes.

Y empieza el circo. Yo estoy en todos los pases. Josh me saca la lengua en una de las ocasiones en las que él viene y yo voy. No me desconcentra. Sigo en mi papel de tío impenetrable en traje. Alguien me ha dado los zapatos del número equivocado, y me quedan pequeños. Voy con ganas de tirar los zapatos y vuelvo dispuesto a hacerlo en cuanto cruce la cortina. Lanzo los zapatos, alguien se disculpa. Cambio de traje. Veo a Josh robar un bombón del bolso de una asistente. Un tío no encuentra su camisa y un enjambre de gente se pone a buscarla. Nadie se da cuenta de que la llevo yo. Ahora cara de poker. El tío sale con otra camisa que no va con el traje y nos cambian las luces para que no se note. Josh y yo tenemos que entrar a la vez. Es comparable con salto doble sincronizado de trampolín de diez metros. Simétricos y coordinados. Paralelos. Veintepasos, media pausa,vuelta. Josh guiña un ojo a los flashes,yo meto las manos en los bolsillos.

Me pongo mi ropa por fin, y dejo a Marge lidiar con la prensa. El monovolumen nos lleva de vuelta al hotel. Josh discute en inglés con alguien por el móvil todo el trayecto que hacemos juntos. Creo que es su madre. Tengo hambre. Cruzo el foyer principal y quiero ir al restaurante, está tomado por las chicas y gente de las revistas. Doy media vuelta y me escabullo por una puerta lateral para que no me vean. Tengo hambre y estoy cansado. Y esa combinación me provoca mal humor y dolor de cabeza. Consulto el móvil. Marge me pregunta por Whatsapp dónde estoy. Apago el móvil. Decido escaparme al imbiss que he visto al pasar con el monovolumen. Devoro un kebap grande completo con una CocaCola. Doy un rodeo absurdo para volver al hotel. Marge me espera en Recepción. Me pregunta dónde he estado. Tomar el aire siempre es una buena excusa.

Tras una semana llendo y viniendo, vuelo a Nueva York. Coincido con Valentín. Lo ha dejado con Rupert y no tiene consuelo. Se toma una pastilla para dormir con un bourbon nada más despegar. Yo me dejo llevar por Anne-Sophie Mutter. Fundido en negro.

A Arcadia y a mi nos toca sesión de fotos con „El Armario“. La llamamos así porque es lo que es, un mueble a la hora de posar. En realidad se llama Josephine y sólo habla alemán. Arcadia y yo nos entendemos en inglés. Tengo que abrazarla con pasión irrefrenable. A Arcadia le da la  risa tonta. El fotógrafo se enerva. „El Armario“ me mira con los brazos caídos y la expresión vaga. Le pido al fotógrafo que me defina „irrefrenable“. Arcadia escupe el agua que estaba bebiendo. Marge suspira. El fotógrafo maldice en japonés.“El Armario“ sigue la escena con la misma expresión vaga, mesándose la melena rubia con las manos. Acabo abrazándola con pasión irrefrenable. Con Arcadia va como la seda. Me enseña fotos de su sobrino recién nacido y de su perro. Ella vuela esa tarde a Buenos Aires. Yo me quedo en Nueva York hasta fin de mes.

Josh es australiano. Pero no ha estado nunca en una granja de ovejas ni le gusta el surf. Llevamos el mismo tiempo en esto y hacemos campañas juntos. A veces ocupa un cuarto en mi casa de Nueva York. Arcadia me convenció para comprarla. Está casi vacía. Pero es céntrica y me ahorro el hotel. Josh está tumbado en el suelo del salón intentando hacerse un selfie. Le he preguntado si le está dando un calambre. Me ha mandado a la mierda. He encargado tailandés para cenar. Mañana por la mañana me veo las caras con Manuel. Me entrena todos los días dos horas en casa. Después cinco kilómetros de carrera y una hora de piscina. El que diga que no hace nada. Miente. Josh practica esgrima. Aunque eso lo sé sólo yo.

Me despierta mi teléfono móvil a las tres de la mañana. Vislumbro el prefijo y me levanto de una vez. Es el director médico de la Clínica Paleos en España. Mi padre ha sido trasladado y se adapta sin problemas. Respiro tranquilo. Le agradezco la información. Me llamarán todas las semanas para mantenerme al tanto de los avances. Concertamos día y hora. Me siento sobre la cama. Mis rodillas son aún de gelatina. Me vuelvo a acostar. Sueño cosas sin sentido.

Creo que me han hecho fotos mientras corría con Manuel. Llego a casa y Josh tiene compañía. Les oigo desde la cocina. Manuel me ha dejado una dieta a seguir. Odio la fruta. Me preparo un bol de muesli con cosas por el medio. Le añado un plátano. Me lo como sin pensar. Silencio. La chica cruza el salón de puntillas. Y se va. Yo la veo desde la puerta de la cocina. Josh aparece minutos después. Desnudo y exultante. Me mira irradiando felicidad. Aún tengo hambre. Le pregunto quién era. Extiende los brazos y comienza a cantar „María“ de West Side Story haciendo aspavientos camino del baño. Le recuerdo que a las cinco tenemos planning. Me responde „I´ve just known a girl named Maria“ a voz en cuello desde la ducha.

Me suena el móvil en medio de la reunión. Miro el prefijo. Abandono el despacho sin dar explicaciones. Marge me disculpa. „Buenos días Sr. Albián. Soy Cari“. Recorro mi lista mental de chicas de habla hispana que tienen mi teléfono. Ninguna se llama así. Por unos segundos permanecemos en silencio. Se disculpa. Se identifica otra vez correctamente como Caridad López. Es la enfermera encargada de mi padre. Me explica que ya come batido y se mantiene sentado en la cama. Alcanzo una silla y me siento. Otra vez gelatina. Tiene una voz que denota optimismo. Casi dulce y un tanto cantarina. Le pregunto cómo ha pasado mi padre la noche. Con oxigeno por precaución. Intento respirar hondo. No lo consigo. Mejora día a día. Optimismo. Creo lo que me dice. La semana próxima me mantendrá de nuevo al tanto. Cari. Mi gelatina desaparece. Pero aún no respiro hondo. Se despide con un „hasta luego“. No recuerdo la última vez que lo usé. Guardo el número bajo Cari.

Con Dior en la cartera nos vamos a celebrarlo. Ensalada con tiras de pavo en vinagreta. Josh me envía una foto de él con una chica de pelo rizo. Sonrientes en Central Park. María. Aún no respiro hondo. Marge me coge una mano. Todo va a ir bien. Intento convencerme.

Josh me presenta a una amiga de María. No entiendo su nombre. Tres clubs. Cuando me despierto ella ya no está. Sólo su teléfono en una nota. Con un corazón. Me vuelvo a dormir. Josh y María se van al mediodía. Me quedo solo. Miro mi agenda. Dos semanas más Nueva York. Después París y Londres. Contrasto fechas. Tengo trabajo confirmado para los próximos dos años. Atardece en Nueva York. Me quedo dormido viendo la tele.

Wen ha vuelto con su sultán. No es sultán. Pero yo me entiendo. Y quiere que volvamos a hacer lo mismo. Le he dicho que me lo pensaré. Lo hablaré con Marge. En esas cosas no se mete. Se lo digo por la mañana. Consulta fechas y contratos. Es factible. Se me vuelve a ver con una chica y eso es siempre bueno. Nos miramos y está todo dicho. Llamo a Wen y se lo confirmo. Su sultán me lo agradece personalmente. Marge alza las cejas. A mi me entra dolor de cabeza.

Salgo a correr con Manuel y me persiguen dos fotógrafos. Maldigo a Wen. Quedamos en la inauguración de una galería. Hacemos buena pareja. Dicen. Yo no nos veo. Nunca hemos tenido nada. Ni lo vamos a tener. Se queda en mi casa. Pero ocupa otro cuarto. Su sultán entra por el garaje. Por la mañana ya no están.

Lindsay viene a peluquería y me regala un mantel redondo de ganchillo. Es blanco. Con una R grande en amarillo en el centro. Josh me dice que si lo pongo en la terraza puede aterrizar un helicóptero. Lo guardaré con los calcetines de angora de Leopold. Josh me pregunta qué es el marcramé. Me tiran del pelo. Tengo hambre.

Suena mi móvil. Es Cari. Wen ha subido a dos amigas. Beben y ríen. Me voy a mi cuarto. Me pregunta cómo estoy. No sé qué responder. Le digo que bien. Mi padre reconoce colores. Me pregunto si me reconocerá a mi. Se me va la voz. Carraspeo. Su voz me tranquiliza. Optimismo. Le pregunto si mi padre siente dolor. Me asegura que no. Creo lo que me dice. Wen entra en la habitación. Me grita algo que no entiendo. Silencio. Cari?. Se disculpa. No sé por qué. Me avisa de que mañana comenzará la terapia de logopedia. Apoyo mi frente contra el cristal de la ventana. Cierro los ojos. Su voz. Me pregunta si llueve en Nueve York. No. Donde ella está siempre llueve. Me hace sonreír. Me llamará otra vez la semana que viene. Hasta luego.

Wen está furiosa. Pero no conmigo. Me tomo una aspirina. Ya he hecho las maletas. Nuestro vuelo sale a las diez. Nos hacen fotos y preguntas en el aeropuerto. Alguien nos lleva el carro. Wen se aferra a mi mano. Tras despegar me envuelvo en Anne-Sophie Mutter. Pido otra aspirina. En Paris nos espera Marge. Los periodistas hacen preguntas estúpidas. Sólo quiero dormir. Wen llora en el coche.

No sé nada de ella durante dos días. Sesión de fotos agónica. El sultán se aloja en el hotel de enfrente. Marge me aconseja acabar con la situación. Wen sufre un ataque de nervios. Marge y el agente de ella lo arreglan con el médico. El sultán abandona París. Sin ella. Logro calmar a Wen. Nos quedamos dormidos vestidos sobre la cama king-size. Fundido en negro.

Hola Cari. Llueve en París?. Ahora brilla el sol donde ella está. Mi padre come sólidos. Articula monosílabos. Me siento. No siente dolor. Le pregunto si ha estado alguna vez en París. Se ríe. Nunca ha ido a ninguna parte. Eso es lo que quiero yo. Ir a ninguna parte. Pero sólo lo pienso. Su voz. Marge me hace una señal. Asiento. La semana que viene más. Hasta luego.

Wen está embarazada. Me pregunto si habrá un pozo profundo donde poder esconderme.Marge desconecta su teléfono. Sabe que no es mío. Pero el mundo no. Anne-Sophie Mutter y gafas oscuras.

Compro el pasaje. Aplazo citas. Me voy.

Llego a Madrid por la mañana. Nadie me espera. Mi conexión al norte sale dentro de tres horas. Me entretengo por los duty-free. Me veo en un anuncio de perfumes. Nadie me reconoce. Sigo con mis gafas oscuras. Me tomo un café con leche y un bollo de nata. Marge no está.

La puerta de embarque es la más recóndita. Sólo me cruzo con un empleado de la limpieza. Me confirma que voy bien encaminado. Conmigo somos cinco personas esperando a embarcar. Dos se conocen. He apagado el móvil. Me saco las gafas.

El avión se parece a esos jets privados que usamos a veces. Voy solo en primera. La azafata me sonríe y me ofrece un periódico. Le devuelvo la sonrisa sin mucho ánimo. „La flauta mágica“. Me duermo.

Me avisan que nos desvían por niebla. Un autobús nos llevará a destino. Mar de nubes por la ventanilla. El aeropuerto donde aterrizamos es pequeño. No minúsculo. Pero pequeño. Una parte cabría en mi salón. Me alegro de sólo llevar una bolsa de mano. Nadie me espera. El autobús es demasiado grande. Sólo somos veinte personas. Me siento al fondo. Como entonces. Sólo que ahora no fumo. Me vuelvo a quedar dormido. Me despierta otro de los pasajeros. Hace frío. Mucho frío . Y llueve. Me dirijo a alquilar un coche.

Un Mini-Cooper rojo. El empleado me mira intentando disculparse. Yo no le he culpado de nada. Le digo a dónde me dirijo. Abre mucho los ojos, llena la boca de aire, lo suelta con un soplido sonoro. El coche no tiene navi. Extiende un mapa sobre el mostrador. Y me señala un punto en la inmensidad verde. Con un lápiz traza una linea desde ese punto hasta otro más hacia el sur. Creo. No parece lejos. Y me explica las carreteras que he de tomar. Hace años que no conduzco. Me entra aprensión.

No entiendo al hombre del tractor. Me señala un camino. Y extiende su brazo derecho. Más o menos. Sólo entiendo „más o menos“. Creo que ese camino ya lo tomé dos veces. Le doy las gracias. Me vuelvo a perder. Una mujer con una pañoleta en la cabeza contradice al hombre del tractor. Me envía en dirección contraria y extiende su brazo izquierdo. Si no funciona llamo a la clínica. Distingo el letrero con el nombre en un cruce.

Supongo que así se debió de sentir Colón al descubrir América.

La zona de aparcamiento es un lodazal. Aparco junto al muro. El interfono tiene cámara incorporada. Gira cuando digo mi nombre. Me asusto. No sé por qué. El edificio es rectangular y de piedra vista. Las ventanas son verdes. El Dr. Gamazo me estrecha la mano. Me guía a una despacho abierto a una galería. Me explica los pormenores. Me confirma lo que ya suponía. No me miente. Pulsa un botón en un aparato.

Me presenta a Caridad López. Cari. Me sonríe. Me da dos besos. Tranquila. Tiene los ojos del mismo color que su pelo. Negros. El Dr. Gamazo avanza delante de nosotros. Ella me explica cosas. Cola de caballo y flequillo. Flequillo. No sabe quién soy. O no le importa. Tranquila. El uniforme le queda un poco justo en las caderas.

Paps está sentado en una silla de ruedas junto a la ventana. Me detengo en el umbral. Gelatina. Me acerco a él lo más despacio que puedo. Me mira curioso. Recién afeitado. El pelo blanco muy corto. Escondo una de sus manos entre las mías. Paps. Amparo. Articula su nombre con cuidado. Como entonces. Y por fin puedo llorar.

El Dr. Gamazo me ofrece una habitación en la casa de huéspedes. Cari me guía. La cola de caballo oscila a su paso. Me explica cosas. La habitación es monacal, con baño. No necesito más. Hasta luego. Anne-Sophie Mutter. Fundido en negro.

Paps me mira mientras le doy el yogurt. Curioso. Como buscándome en su cabeza. Amparo. Yo sonrío. Soy una fotocopia de mi madre. Él la llamaba „cara bonita“. No quiero llorar. Cari termina de cambiar la cama. Paps no quiere más yogur. Cari recoge la bandeja. Tiene las uñas muy cortas. Llega el terapeuta ocupacional. Paps señala un triangulo azul. Y luego el cuadrado rojo. Está lloviendo. Le llevo en la silla hasta la galería. Con vista a niebla y montes. Amparo. Me siento a su lado y le cojo la mano. Cari se sienta al fondo. Me sonríe. Yo le guiño un ojo.

Paps duerme. Cari y yo comemos juntos. Bistecs de ternera en salsa con patatas asadas y guarnición. Marge no está. Y Manuel tampoco. Me como su bollo de pan. Se ríe. No sabe quién soy. Tiene los dientes un poco montados. Y la nariz es suya. Yo me entiendo. Vive con sus padres. Tiene un hermano. Yo trabajo en publicidad. No miento. Es otra forma de decirlo. Me cree. Me pregunta dónde vivo. Eso también querría saberlo yo. Me como dos de sus patatas. Sólo para oír su risa. Arruga el ceño cuando piensa. Me llama Rodrigo. Ahora nadie me llama así.

Me gusta el silencio absoluto de las noches. Necesito una cura de sueño. Cari tiene que ir a hacer unos recados. Me ofrezco a llevarla. Paps descansa tras la fisioterapia. Hace frío y llueve. Densas cortinas de agua.

Los limpiaparabrisas no ayudan. Ella me guía con calma. Seguimos kilómetros un tractor. Nunca había visto llover tanto. Me mira sin entender lo que quiero decir. Sonríe. Respiro hondo. Y puedo. No sé por qué empiezo a silbar. Salimos de la autopista. Distingo las torres de la catedral. Ella me lo confirma señalándolas. Conducir por París es más fácil. Llueve menos. Dejamos el coche en un aparcamiento. Tengo frío. Ella parece que no. Saca un paraguas del bolso. La llamo Mary Poppins. Ella se ríe. Compartimos paraguas. Oigo gaitas pero no sé dónde. Tengo mucho frío. Me compro un plumas, un gorro y unas botas forradas. Me los llevo puestos. Me preguntan si tengo frío. Creo que es algo obvio. Pero sólo asiento. Empanadillas de bacalao. Hacemos camino por la catedral para llegar antes a algún lado. Me quedo parado en la nave central. Descubro el Apóstol. Cari me llama. Salimos por un lateral. Cari saluda a alguien. Sigue lloviendo. Volvemos.

Besugo al horno con patatas. Marge no está. Me como el bollo de pan de Cari. Ella me roba una patata. Nunca va a ninguna parte. No sé los puntos que tengo. No me entiende. Se lo explico. Asiente. Flan con nata de postre. Me cuenta cosas. No la intimido. Creo que no soy su tipo.

Me quedo dormido junto a paps en la galería. Me despierta Cari. Es hora del baño. Prefiero no asistir. Niebla y montes. Tendría que encender mi teléfono. No me apetece.

La mujer del médico se llama Lourdes. Me recuerda a aquella Gracia. Lleva demasiado perfume. Blig-Bling. Quiere llevarme de paseo. Me consta. No le voy a dar el gusto. Cari pasa por allí, nos saluda. Pasa de largo. Lourdes me sigue contando de las Seychelles. Odio las Seychelles. Quiero seguir a Cari. Bling-Bling. La emplazo a otro momento. Samsara. Es Samsara. Lisbeth fue imagen. Se pasó dos años teniendo que usarlo. Me río solo al recordarlo. La pobre. Tengo hambre. Busco a Cari. Está ordenando cosas.

Me lleva a la cocina. Amalia me llama „guapetón“. La abrazo. Me hace un bocadillo con media barra de pan. Hace años que no tomo uno. Jamón serrano con ese queso de aquí. Un botellín de mosto. Manuel me va a matar. Marge no está. Lo como junto a paps. Sonríe. El también es de bocadillos. Cari ordena papeles de colores. Frunce el ceño. No dejo ni las migas.

Cari me pregunta qué escucho. Se pone mis auriculares. Descubre a Anne-Sophie. Ladea la cabeza. Sus ojos viajan por la niebla y los montes. Mueve un dedo con una tirita siguiendo una nota. Sonríe. Me los devuelve. Me dice que es muy relajante. Cari. Se marcha que tiene que marchar. No la entiendo. Se ríe. Se va. Paps duerme. Anne-Sophie deslía la niebla.

Paps no quiere las natillas. Amparo. Me acuerdo de madre. Respiro hondo. Amparo. Cari se acerca y me coge el bol de natillas. Retira la bandeja. Paps me mira nervioso. Amparo. Cari le acaricia le hombro. Le explica. Opto por salir del cuarto. Me encuentra. No me dice nada. Posa un instante su mano en mi hombro. Me deja solo. La llamo. Vuelve despacio. Compartimos el silencio. Hablamos. Cari.

Me ofrezco a llevarla a casa. Me dice que tiene paraguas. Insisto. En el aparcamiento nuestros pies se hunden en el barro. Me alegro de haber comprado las botas. Llueve a manguerazos. Ponemos perdido el Mini. Me da igual. Me guía con calma. No puedo adelantar a un carro. Vemos un arcoíris. Su casa está al borde de la carretera. Me pregunta si quiero pasar. Sea lo que sea lo que están cocinando huele bien. Doy dos besos a su madre. Me llama „niño“ de otra forma. Me ofrecen café. El padre llega en mono azul. Me recuerda a paps entonces. Me da la mano. Tranquilidad. No tienen prisa. Cari me pone delante un plato con un trozo enorme de bizcocho. Manuel. Pienso en Manuel. El bizcocho tiene nueces. El padre me pregunta si quiero gotas en el café. La madre dice algo que no entiendo. Cari menea la cabeza. Café con leche. Tiene natas. No me quiero ir.

Llega su hermano. Se alegra de verme. Anuncia la muerte de alguien. Todos lo sienten. La madre se santigua. Mojo un trozo de bizcocho en el café. Cari se sienta a mi lado. Sonríe. Tienen parientes en Nueva York. Y en Buenos Aires. La madre me pone otro trozo de bizcocho. Me río. El hermano fuma un pitillo. Me ofrece. No quiero volver a empezar. Alguien llega. No entiendo lo que dice. Me llama „niño“de otra manera. Dice que está lloviendo. Me parece obvio. No digo nada. El hermano acompaña a la persona. Se van. La madre me acaricia el hombro. Me pregunta si quiero más café mientras me lo sirve. Cari la mira con los ojos muy abiertos. Me río. Vuelve a tener natas. Llega una mujer. Se sienta a la mesa frente a nosotros. Cari me la presenta como su tia. La mujer mira a Cari y hace un gesto con las cejas. Cari se pone del color del mantel. Toma un trozo de bizcocho. La mujer vuelve a recordar la muerte de alguien. Todos vuelven a sentirlo. Se santiguan. Cari se arregla el flequillo. Cari. La madre y la tía nos miran en silencio. No sé si tengo que decir algo. Cari se acaba el café. Me tengo que ir. Nadie está de acuerdo. Querría cenar con paps. Entonces lo entienden. Me llaman „niño“otra vez. Cari me acompaña a la puerta. Mañana nos vemos. Ha parado de llover. Sonríe. Me voy. No tengo hambre.

Estoy acatarrado y me duele la garganta. Cari me da algo efervescente que sabe a rayos. Me pasa un azucarillo. Mary Poppins. Su sonrisa.

Paps reconoce una flor. Pero no reconoce un perro. Lenguado a la plancha con ensalada de puerros. Cari me pasa sus puerros. Parecen hacerle gracia mis estornudos. Cari. La chica de secretaría se nos acerca con un teléfono inalámbrico. Alguien quiere hablar conmigo. Cari se incorpora para irse. Yo la retengo. Se vuelve a sentar. Es Marge. Si, estoy acatarrado. No,no tengo el teléfono conectado. No he leido sus Emails. Puedo estar en Nueva York el martes. Sin catarro. No sé dónde está Josh. Mi padre está bien. El martes nos vemos. Cari no pregunta. Le explico quién es Marge. Quiere saber si me voy el sábado o el domingo. Decido irme el domingo.

La veo hablar con el Dr. Gamazo. Consultan unos papeles. El le comenta algo. Ella niega con la cabeza y sonríe. Hubo un tiempo en el que le partiría la cara al Dr. Gamazo. Ella se aleja por el pasillo. La seguiría. Pero no me muevo. Estoy muy acatarrado.

El liquido efervescente causa efecto. Ya puedo respirar. Paps parpadea cuando me ve. Quiere apretar mi mano. Sigue viendo a mi madre. Creo que le pongo nervioso. Cari me quita la idea de la cabeza. Hoy la especie de casaca del uniforme le queda justa.

Me fijo cuando retira la bandeja. Todavía lleva la tirita en el dedo. Le enseño una foto de Josh. Me dice que es clavado a Paul Newman. Le digo que es lo más parecido a un dolor de pies. Se ríe. Y no puede parar. Raquel entra a decir algo. Me cae bien. Le dice lo del dolor de pies. Raquel también se ríe. Me dice que conoce a otro que también lo es. Se van. Paps me mira. Quiere decir algo. E-L-E-M-E-N-T-O. Sonrío. Le doy un beso.

Marge me envía  mi planning del mes.  Lo repaso con Cari. Nueva York, París y Londres. Pero aquí sólo tres días. Le pido su teléfono móvil. Se arregla el flequillo y frunce el ceño. Me mira y parpadea. Lo guardo como Mary Poppins. Sonríe. Recorre el planning con su dedo indice. „Christian Dior“. No sé si pregunta o afirma.

Paps duerme. Le cojo una mano y se la acaricio como despedida. Gelatina. Un servicio de shuttle me recogerá en una hora. A por el Mini-Cooper vendrán mañana. El Dr. Gamazo me desea buen viaje. Cari me entrega una bolsa con una caja de antigripal efervescente y otra de azucarillos. No me quiero ir. Le doy dos besos. Se arregla el flequillo. Intento sonreir. Sigue lloviendo. Un empleado me abriga con un paraguas de la puerta al shuttle. Me despido con la mano hasta que los dejo de ver.

No sé qué hora es. Marge me llama al móvil. Aún estoy acatarrado. No puedo ir. Mañana mejor. Miento. Mal. Pero me cree. Está nevando. Me cubro la cabeza con el edredón. Llamo a Cari cuando allí es mediodía. Coliflor con bacalao. Tocinillo de cielo. No es justo. Sigue lloviendo. Me apremia a tomar el antigripal. Con azúcar. Apunto. Nos quedamos en silencio un instante. Alguien habla al fondo. Me llamará más tarde. Hasta luego.

El maquillador me pone un antifaz de hielo. Me tomo un antigripal. Con azúcar. Ya no me duele la garganta. Tenemos sesión con „La niña de la bola“. Las llamo así. Ganan un concurso y ahora creen que saben. Marge me susurra que tenga paciencia. Me piden un autógrafo. Me invento uno. Comienzan los clicks y ponen caras raras. El fotógrafo se encomienda al cielo. Yo hace tiempo que no lo hago. Marge me pasa un botellín de agua. Me hacen fotos con los móviles. Tengo que abrazar a una. Tiembla. Me quiero ir.

Josh me pregunta quién es „Confecciones Luís“. Le gusta mi plumas. Le explico. Se lo prueba. Se lo quito. Me echa la lengua. Quiere uno. Marge me pasa un botellín de agua. Sigue con María. No se habla con su madre. Entrevista conjunta. Tengo los ojos gris metálico. Sé que los tengo grises, pero no metálico. La chica de la revista lo sabe mejor que yo. Mi comida favorita. Pienso en tocinillo de cielo, digo sushi. Mi bebida favorita, pienso en whisky barato con no-name cola, digo Gin-Tonic. Al resto respondo lo que me pasó Marge. Josh miente en todo. No le miro. Sino le delataría. Josh nombra a María. Yo soy el hombre más deseado del planeta. Josh suelta una carcajada. Necesito un antigripal. La chica se fija en mi plumas. Josh le dice que él también quiere uno. „Confecciones Luis“. Marge se encoge de hombros. Me quiero ir a dormir. Cari.

Calculo qué hora es en la otra parte. Llamo a Cari. Paps está haciendo fisioterapia. Le encargo un plumas para Josh. No se sorprende. Su hermano tiene uno. Me pregunta si tomo el antigripal. Con azúcar. Se ríe. Tiene que colgar. Le mando texto con mi dirección en Nueva York. Le pido me envíe la factura. Me envía un emoji riendo. Cari.

Alguien me ha hecho una foto por la calle. Con el dichoso plumas. Y el gorro. No doy explicaciones. Ande yo caliente. Diría paps. Pongo „Confecciones Luís“ en el mapa. Cari me envia una foto del plumas de Josh. Igual que el mío pero en azul.

Entrega de premios de moda. Me aburro. Llamo a Cari. No me coge.

Manuel me quiere matar. Y casi lo consigue. Hago sesenta piscinas. Me permite un batido vitaminado. Tengo hambre.

Dos tipos se pelean y se monta un barullo. Me alejo con Anne-Sophie en los oídos. Ya no me peleo. Marge me pasa un botellín de agua. Hoy es casual. Con las chicas. Coincido con Heather. Ya no siento nada. Ella evita mirarme. Mejor. Me llama Adela de Vogue. „Confecciones Luis“. Le digo que me encargo. Encuentro el ticket de compra. Calculo la hora en el otro lado. Me necesitan en peluquería. La chica que me coge el teléfono me pasa con Luís. Me explico. Se acuerda de mi. Cari también le explicó. Cari. Me tiran del pelo. No se disculpan. Anota mi número. Le doy el de Adela. Me da las gracias. Hasta luego. Odio la laca. Marge me pasa un zumo de naranja. Me duele la cabeza.

Manuel y yo hacemos la tabla al ritmo de „Gloria“ de Mando Diao. Josh toma cereales sentado en el suelo. Lleva puesta las gafas. Tiene conjuntivitis. Sigue nevando. María llega calada. Josh se preocupa. „Alone now forever Gloria“.

Hola Cari. Le pregunto si llueve. Me pregunta cómo estoy. Ya no estoy acatarrado. Me ha enviado el plumas y otras cosas urgente. Qué otras cosas. Se ríe. Seguro que se arregla el flequillo. Paps ya habla frases de tres palabras. Me siento. El fisio le ha puesto una férula en el pie. Me preocupo. Dice que es normal. Supongo. Pollo asado con patatas. No es justo. Josh grita „Hola Cari!“ al teléfono y ríe. Cari calla. Me voy a la cocina. Le explico quién es. La veo sonreír. Mañana van al cardiólogo. Es rutina. Me llama después. Hasta luego. Nubes, montes y lluvia. Me entra una llamada de Marge. Me quieren en una película. Digo que no. No intenta convencerme. Mañana pasa a las seis. Cari.

Manuel y yo. Cinco kilómetros. Mejor de lo que esperaba. Me hacen fotos. Pasta con atún. Algo es algo. Soy portada de tres revistas. Marge me las enmarca. No las cuento. Wen está enorme. Y feliz. Es un niño. Voy a ser el padrino. No es negociable. Tiene campañas pre-mamá. Encarga mexicano. Me como dos tacos. Marge no está. Manuel tampoco. Llamo a Cari. Fuera de cobertura.

Llega el paquete. Josh da saltos de alegría. Le recuerdo que Papa Noel no existe. Me echa la lengua. Josh se pone el plumas. Y el gorro. Parece que le haya tocado la lotería. Una mezcla para hacer tocinillo casero. Un pack de jerseys azules. Chocolate a la taza. Lo escondo de Marge en el fondo del armario. Le envío a Cari una foto de Josh con el plumas ,y el gorro, haciendo el símbolo de la victoria. Y un emoji de un beso. Ella me envía fuegos artificiales. Cari.

Josh se lía con “La niña de la bola“. Tira las sábanas. Vienen a buscarla. Ella le da un beso de despedida. Él ya ha olvidado su nombre. Marge coincide con ella. Me abronca. Le explico. No está conforme. Me voy a la ducha. Marge no me habla. Mejor. Dieciséis. Repite. Dieciséis. Yo también tuve dieciséis. Le recuerdo. Le callo la boca. Miramos por nuestras respectivas ventanillas. Armani. Sesenta piscinas. Pescado con verduras. „La flauta mágica“. Fundido en negro.

Marge sigue sin hablarme. Y yo no le hablo a Josh. Josh se va con María a Saint Barth. Le compro a Marge un broche en forma de margarita en Cartier. Armisticio. Me da un beso en la frente. Haya paz.

Tengo dos llamadas perdidas. Una de la clínica. Otra de Cari. Todo me da un vuelco. Llamo a Cari. Intenta tranquilizarme. Lo consigue a medias. Otro derrame. Gelatina. Su voz. Hasta luego. Llamo a Marge. Quiere venir conmigo. Voy solo. Anula mis citas. Reservo el primer vuelo. Servicio de shuttle en destino. Llevo el plumas.

Llego a Madrid por la tarde. Con retraso. Estoy en la M. Salgo de la J. Tengo que pasar por un control. Sólo dos guardias civiles para cien personas. Me tengo que descalzar. Opto por correr. El ascensor no es una opción. Bajo las escaleras de dos en dos. El tren subterráneo tardará veinte minutos. Yo tengo treinta. Coincido con una excursión de japoneses. El vagón de delante desaparece de mi vista por la ventana panorámica. Y luego vuelve. Los japoneses aplauden. Yo recupero la respiración. Vuelvo a correr. Subo las escaleras de tres en tres. Sorteando gente y bultos. Desemboco en un DutyFree. Me confunde. Vuelvo a correr. Me acuerdo de Manuel. Mi puerta vuelve a ser recóndita. Llego y me sobran treinta segundos. Soy el penúltimo en embarcar.

Llego de noche. No llueve. Pero hace frío. Cari me recibe en la puerta. La abrazo y le doy dos besos. Tengo la impresión de llevar días corriendo. Me acaricia un brazo. Paps está en cuidados intensivos. Gomas y cables. Me siento a su lado. Le cojo la mano. Cierro los ojos . No puedo respirar hondo.

El Dr. Gamazo me explica. Intento entender. El nudo en la garganta duele. Me tengo que sentar. Cari apoya su mano en mi hombro. Cierro los ojos.

Duermo poco y mal. Me duele la cabeza. No tengo hambre. Cari me trae un bol de sopa. Me sienta bien. Paps está estable. Salimos al pasillo. Me pregunta si estoy bien. No sé qué contestar. La busco. Se asusta. Me aparto. Me busca. Pierdo mis manos en su pelo. Oímos voces. Nos apartamos. Nos buscamos otra vez.

Me despierto y sigue a mi lado. Dormida. Su pelo sobre la almohada. Llueve fuera. Silencio.

Paps se va en paz. Alcanzo la mano de Cari. Ya no la suelto. No sé qué tengo que hacer. Me rompo.

Vienen sus padres y su hermano. Familia. Su padre se encarga de todo. Yo no puedo pensar. Enterrar a paps con madre es complicado. Me aconsejan comprar un nicho allí. Hundo mi cabeza en el hombro de Cari. Su madre me abraza.

La urna es de metal azul. Cari no me suelta la mano. Su madre me coge del brazo. Creo ver a Marge al fondo. Pero no estoy seguro. Cuando todo acaba me llevan a su casa. Cari me da algo para dormir. Se tumba a mi lado. Fundido en negro.

Ven conmigo. Cari. Ella me mira. Me acaricia la cara. No le suelto la mano. Ven conmigo. Lloramos los dos. Le doy un billete abierto a Nueva York. No la quiero soltar. No la puedo soltar. Me acaricia la cabeza. Nos buscamos.

Su padre me abraza. Su madre no puede. Es la primera vez que veo llorar a Marge.

Silencio. No quiero hablar con nadie. Alguien hace una foto. Silencio. Me voy.

Marge llama al Dr. Wheeler. No le hablo. No quiero hablar con nadie. Sólo con Cari. Y no está. No tengo hambre. Quiero estar solo. Y no me dejan. Llamo a Cari. Dónde estás?. Estoy acatarrado. Otra vez. Tengo fiebre. Mi casa se llena de gente. Hablo por fin con ella. Mejor. Cari me llama. No puedo respirar. Es horrible. No quiero hablar con nadie. No quiero ir a ninguna parte. Sólo la quiero a ella.

Son las doce. Me voy. Marge alza una ceja. El monovolumen me lleva a JFK. Siempre voy a salidas. No a llegadas. Tiene que haber aterrizado ya. Hay una multitud. Me pregunto si será una manifestación. Me abro paso a duras penas.

Y la veo. Aferrada a un carro cargado de maletas. Arreglándose el flequillo. Frunce el ceño. Me ve. Sonríe. Vivaldi. Invierno (4/4). Respiro hondo. Hola Cari.

LA DE FERNANDO

Melisa me cuenta que Ramón y Verónica se van a comprar un piso. Fíjate tu qué me importa. Ya no hay nada. Que sean felices. Me llama borde. Estamos esperando el autobús en la marquesina. Va a llover. La camiseta térmica funciona. Es una Damart. La encontré en el fallado. Aún en la funda. Nos sentamos detrás de Cosme. Melisa le da palique. Un día nos matamos. Yo me bajo en el cruce. Llevo ya puestas las botas de agua. Gamazo siempre dice que van a cementar. Pero hasta que eso pase, el aparcamiento es una pista de barro. Javier me gasta siempre bromas con la camarita. Haciendo que rote. Y me asusta. Me río. La Sra. Cuevas ya anda sola. La encuentro en el pasillo. Me llama “nenita”. Le pregunto si la llevo a algún lado. Me lo agradece. Quiere llegar al final del pasillo. Y volver. Ya es un reto. Para cómo estuvo.

Raquel me avisa de que van a traer un nuevo paciente. Me entrega una carpeta. Viene de lejos. Me voy a controlar a los que ya tenemos. Son ocho. El Sr. Treviso no ha querido desayunar. Ahora duerme. Lo anoto en su informe. Me cruzo con Gamazo. Me confirma lo que Raquel ya me dijo. Lo traerán cuando sea transportable. Raquel y yo repartimos las pastillas en los pastilleros. Luis quiere niños. Qué problema hay. Coloca las pastillas del martes del Sr. González-Nieto. Aprieta los labios. Y si no vienen?. No la entiendo. La Sra. Blázquez dos para la orina a partir del jueves.

Voy con mi madre a la compra. Nos va a recoger Fer. De cena hay pechugas de pollo con ensalada. Me tomo un yogur de postre. Ponen una película de misterio. Mi madre se queja de que tan oscura la quieren poner, que no se ven las caras. Mi hermano enciende un pitillo. Me voy a la cama sin saber quién mató a Robert. Leo un poco del libro que me prestó Melisa. “ Cómo salir del bache sin perder la mercancía”. Me quedo dormida. Supongo que alguien apagó la luz.

El Sr. Treviso se niega a comer. Le ponemos suero. La Sra. Cuevas ya llega hasta los ascensores. La felicito.

Melisa quiere ir al cine. “50 sombras de Grey”. No me apetece. Me quiere prestar el libro. Le recuerdo que aún tengo “el del bache” y no paso de la página ocho. Me llama borde. Pues todo el mundo dice que está super-bien. No me apetece. Vamos a tomar una caña.

Mi padre va a entrar en política. Intento no reírme. Soy la única que lo ve gracioso. Va en el puesto dos con los socialistas. Fer le recuerda que si ve un maletín, no lo coja. Mi padre se ríe. Aprovecho para hacerlo yo.

Mi madre quiere ir al cementerio. Corto rosas en el fondal. Vamos andando. Me cuenta que Ramón y Verónica se van a comprar un piso. Me hago la sorprendida. A ver qué me importa. Me intereso por dónde.

La mujer de Gamazo me acerca en el Cayenne. Me parece entrar en una nave espacial. Huele a cuero y a nuevo. Suena “I still haven´t found what I´m looking for” de U2. El anillo de diamantes brilla cada vez que gira el volante. No me gusta el perfume que lleva. No sé cuál es. Lleva la blusa que vi el otro día en el centro. Beig de cuello caja. Me pregunta si aún quiero hacer fisio. Carraspeo. Me invento falta de tiempo. Asiente. En el bolso de Loewe suena un móvil. Es Sergio. Me dice. Ya le vemos ahora. Ella también se pone una botas de agua para cruzar el barro. Hunter lila. Javier no hace bromas con la cámara.

Calabacines rellenos con patatas al vapor. Como con Raquel. Van a por el niño. La felicito. Se me queda mirando. Le digo que yo no pienso ir a por ningún niño. Sopesa mi respuesta. Lo entiende. La gente tiene ideas.

Hoy llega el paciente nuevo. Le han dado la habitación con las vistas más bonitas. Donde antes estuvo la Sra. Aurora. Este se llama Carlos Albián Pérez. Derrame cerebral. Llega en una UVI privada. Lo que ha debido costar. Viene sedado. Le ponemos oxígeno por precaución. Gamazo nos dice que la familia quiere estar informada semanalmente. Raquel ya informa a dos familias. Me toca a mi. Además tendrá mi dedicación exclusiva. Raquel me mira. Pero no dice nada. Cuando Gamazo se va, niega con la cabeza. Supone que ella sola tendrá que hacerse cargo de los otros ocho. Yo la tranquilizo. No voy a estar veinticuatro horas con él. La ayudo con el resto, pero cargo tintas con este. O algo así. No me van a pagar más. Se tranquiliza.

Gamazo me da el teléfono del hijo del Sr. Albián. Se llama Rodrigo Albián. Es un número de teléfono móvil muy largo. Con un prefijo que no conozco. Gamazo me aclara que es de Estados Unidos. Lo anoto en la carpeta para no perderlo.

Calculo ocho horas menos. Allí son las nueve de la mañana. No sé dónde en Estados Unidos. Suena sólo dos veces. La persona me responde en español. Buenos Días Sr. Albián, soy Cari. Empezamos mal. Silencio. Me explico mejor. Le cuento que su padre ya come batido y se mantiene sentado. No le digo cómo. Pero se mantiene. Me contesta. Tiene una voz bonita. Como de doblaje. Se interesa. Parece realmente preocupado. Le tranquilizo. Me despido. Creo que he salvado la situación.

Melisa se lía con el primo de su cuñado. El de León. Le tomo el pelo con “50 sombras de Grey”. Me manda por ahí. Me río. Mi hermano se plantea marchase a Suiza. Mi padre lo entiende. Mi madre no quiere. Yo le animo. Así puedo visitarlo. Enciende un pitillo. Alza las cejas.

Miro el “Hola” con Raquel después de comer. El salón del reportaje central es espantoso. Si tengo que sentarme ahí todos los días acabo a tiros por la ventana. Raquel se ríe. Me cree capaz. “La gacela de los Balcanes vuelve con su novio on-off”. Raquel no sabe qué es On-Off. Se lo aclaro con Miguel y Trini. Lo coge. Opina que si ese fuera su novio, ella intentaría siempre estar On. Nos reímos. En Notas de Sociedad hay una novia realmente fea. Se llama Lígia. Raquel menea la cabeza. En qué cosas me fijo.

El Sr. Albián empieza la rehabilitación. Creía que estaba peor. Llamo al hijo. Hola Cari. Me pongo colorada. Le pregunto cómo está. No sé por qué. Bien. Tiene una voz preciosa. Le explico. Le tranquilizo. Una mujer grita algo en un idioma raro. Hay un portazo. No sé qué hacer. Le pido perdón. Silencio. Le anuncio el comienzo de la fisioterapia. Le aseguro que su padre está mejor de lo que esperábamos. Silencio. Le pregunto si llueve en Nueva York. Me dice que no. No parece ser de muchas palabras. Le digo que aquí siempre llueve. Como si le importase. Me despido. Tengo que volver a mi estrategia del cactus. Es la mejor.

Mi hermano no se va a Suiza. No quiere aprender francés. Nos llega la invitación de boda de mi prima Charo. Nos llevamos tres días. Mi madre me mira. Mi padre le pide que me deje en paz.

Melisa sigue con el de León. Se llama Lucio. Paso de decir nada. Me lo agradece. La mujer de Gamazo nos perfuma los pasillos. Hoy lleva un vestido-abrigo marrón. A Raquel le cae mal. Sus pulseras tintinean.

La Sra. Blázquez tiene el azúcar alto. La Sra. Cuevas hace pilates con un instructor. Me vendría también bien a mi. A lo mejor le pido la tabla para hacerla en casa. El uniforme me queda un poco justo. Raquel me dice que tengo unas formas bonitas. No sabe que llevo sostén reductor desde los doce años. No lo sabe nadie. Excepto mi madre. Y Siño, claro, que los encarga. Me recorto el flequillo en el espejo del baño. Justo hasta las cejas. Siempre he tenido flequillo. No soy yo sin el.

Gamazo me avisa de que ahora el prefijo para Albián es Francia. Llamo al mediodía. Hola Cari. Me vuelvo a poner colorada. Le pregunto si llueve en París. Aquí hace sol. La chica del tiempo. Cactus. Le cuento de su padre. Me pregunta si he estado alguna vez en París. Me da la risa. Yo no voy nunca a ninguna parte. Habla con alguien en inglés. Hasta la semana que viene.

Voy con mi madre a la modista para la boda de Charo. Es un vestido estampado con cuello blanco. Yo no me hago nada. Tengo todavía el de la boda de Raquel. La blusa de cuello caja es cara aún en rebajas. Llego a la página veinte del libro de Melisa. Creo que me aburre. Yo no paso por ningún bache.

Vemos un drama de guerra. Me voy a la cama antes de que los fusilen. Caigo como una piedra en un pozo.

Gamazo me llama al despacho. Me presenta a Rodrigo Albián. Me suena de algo pero no sé de qué. Me da dos besos. Es muy alto. Tiene los ojos grises. Parece cansado. Tiene una voz preciosa. Se va a quedar unos días. Le guiamos hasta su padre. Le explico su día a día. No sé si le importa. Me mira mientras hablo.

Se sienta frente a su padre y le coge la mano. El Sr. Albián le llama Amparo. Su hijo se emociona hasta las lágrimas. Me pego a la pared del fondo junto a la puerta. Me hago invisible.

Sólo trae una bolsa de mano. Es de cuero. Armani Jeans. Le guío hasta la zona de huéspedes . Le explico los horarios de comidas. Me mira mientras hablo. Los zapatos se le han puesto perdidos de barro en la explanada. No le digo nada. Su agotamiento es más que notable. No sé de dónde me suena.

Cuando entro en la habitación el ya está allí. Está sentado en la cama y le habla a su padre. Éste le mira con la boca abierta. Me ayuda a sentarlo en la silla. Le quiere dar el desayuno. Yo hago la cama. Le llama Amparo. Rodrigo me explica que él es la viva estampa de su madre. Ya me cuadra. Después vamos a la galería. Me quedo por si me necesita. Me he traído el libro del “bache” para terminarlo. Rodrigo se asegura cada poco que sigo ahí. En una me guiña un ojo. Sigo con mi estrategia de cactus. Es la mejor.

El Sr. Albián se queda dormido. Rodrigo se sienta conmigo a comer. Raquel está desaparecida. Si pasa alguien, nos sonríe. No entiendo nada. Bistecs de ternera en salsa con patatas asada y guarnición. Así no hay quién baje. Rodrigo come como si le fuesen a quitar el plato. Me roba el pan. Me río. Cuando sonríe le brillan los ojos. Me pregunta por mi vida. Le hablo de mis padres y mi hermano. Su madre murió cuando él tenía diez años.

Trabaja en publicidad. Entre Nueva York y París. Yo nunca voy a ninguna parte. Se come mis patatas. Me da la risa. Su plato está tan limpio que parece ya pasado por el lavavajillas. Se queda dormido en la galería. Aún tiene el horario cambiado. Raquel aparece. No nos quería molestar. La llamo tonta. Me da un azote en el culo. Me río.

Gamazo me pide que vaya al centro a recoger las medicinas que encargó. Las necesitamos hoy. El mensajero nos las traería mañana. Voy a secretaría a llamar un taxi. Rodrigo cubre un formulario. Ya no parece tan cansado. Se ofrece a llevarme. Su padre descansa. Llueven chuzos de punta. Dice que nunca vio llover así. Quiero decirle que esto no es nada. Pero me callo. Se nos pone delante un tractor rojo. Creo que es Venancio. Rodrigo empieza a silbar y tamborilea el volante con los dedos. Me mira y sonríe. Le señalo las torres de la catedral para que se oriente. Me entiende mal. Nos metemos por el Campus Norte. Damos un rodeo innecesario. Le indico el primer aparcamiento con plazas libres. Creo que tiene frío. Yo llevo mi Damart. La cazadora que lleva es muy fina. Y tiene los zapatos mojados. Me llama Mary Poppins al sacar el paraguas del bolso. Canto mentalmente “Chim-chim-che-roo”. Me río.

Me agarra por el hombro para que quepamos los dos bajo el paraguas. Somos el punto y la i mayúscula. Se muere de frío. Tengo miedo que coja una pulmonía. Hago camino por Siño. Se alegra de verme. Le presento a Rodrigo como un amigo. Tengo la impresión de que le conoce. Rodrigo a él no. Siño le pregunta si tiene frío. Rodrigo le pregunta si tiene plumas. Se pierden en la tienda. Yo miro unos vestidos de lana. Les oigo charlar. Rodrigo se decide por un plumas como el de Fer. Pero en marrón. Acolchado y con capucha. Elige también un gorro de lana negro. Siño está nervioso. No sé por qué. Le pregunto si tiene botas. Rodrigo se mira los zapatos. Me da la razón. Se compra unas botas forradas de borreguillo. Se lo lleva todo puesto. Siño nos da una bolsa grande con “Confecciones Luís” en azul. Rodrigo le da las gracias. Ya no tiene frío. Ahora tiene hambre. Se compra dos empanadillas de bacalao. Quiero llegar a tiempo a la farmacia. Hago camino por la Catedral. Se queda parado delante de Altar Mayor. Miro el reloj. Descubre el Apóstol. Le llamo. Viene hacia mi caminando hacia atrás. Salimos por Platerías. Sigue lloviendo. Me vuelve a rodear por el hombro. Y me acerca más a sí. Le miro y me sonríe. Yo también. En las escaleras nos encontramos con mi prima Olga. Si la hubiese apuntado con una pistola no se hubiera quedado tan quieta. Me pregunta qué hago allí. Pero mirando a Rodrigo. Le explico. Rodrigo se aprende de memoria la Plaza de Platerías. Olga parpadea varias veces. Quiere decir algo pero no sabe qué. Le digo que tengo prisa.

Asiente sin dejar de mirar a Rodrigo. Voy a la farmacia. Volvemos. Llueve menos.

Comemos besugo al horno con patatas. Me explica que si vuelas con frecuencia puedes acumular puntos. El no sabe los que tiene. Yo no tengo ni el primero. Nunca voy a ninguna parte. Fui una vez a Madrid. Pero no me acuerdo. Me mira mientras hablo. Le interesa lo que cuento. Le pregunto por su trabajo. Mira hacia la ventana. Carraspea. Me dice que es muy cansado. Pero que pagan bien. Me pregunta por mi sueldo. Se lo digo. Le parece poco. A mi también. Nos reímos.

Se queda dormido en la galería.

Le despierto una hora después. Definitivamente tiene falta de sueño. No viene a bañar a su padre. Después le da la merienda. El padre tiene un mal día. Acaba saliendo de la habitación. Le encuentro en las ventanas de atrás. Me atrevo a acariciarle un hombro. Me voy. Me llama. La niebla se deshace en hilos. La observamos en silencio. Me cuenta que es difícil ver a su padre así. Era un hombre muy vital. Le escucho. Necesita hablar. Tengo tiempo.

Si Lucio volase de León aquí, acumularía muchos puntos. Melisa no me entiende. Yo no me explico. El próximo fin de semana va ella. Tomamos café. Me corto con el cuchillo del pan. Mi padre prepara la campaña. Yo no lo veo. La Sra. Cuevas se va. Nos regala una pañoleta a Raquel y a mi. Se emociona. Rodrigo desayuna con su padre. El Sr. Albián le escucha. Terapia Ocupacional. Rodrigo se queda dormido en la butaca. De sus auriculares salen violines.

Llega el Sr. Tapias. Accidente de esquí. Su mujer está muy nerviosa. Raquel se sienta con ella. Yo asisto a Gamazo con el marido. Oxigeno por precaución. De camino a secretaría me encuentro a Rodrigo. Habla con la mujer de Gamazo. Otra vez ese perfume. Tintinea las pulseras. Él me saluda. Ella no. Tengo que sortear recetas.

Rodrigo tiene hambre. Me lo dice como si eso supusiese un gran problema. Le llevo a la cocina. Amelia le piropea. Él la abraza y se ríe. Le prepara un bocadillo contundente. Y un botellín de mosto. Le invita a volver cuando quiera.

Las rosas a la izquierda. Las verdes a la derecha. Anoto las electrónicas para no olvidarme. El Sr. Treviso está sondado. Hay que pedir más esparadrapo. Rodrigo no deja ni rastro del bocadillo. Su padre parece sonreír.

Melisa me llama. Hay tres jerseys por uno. Si quiero un pack. Me coge el pack azul. El Sr. Tapias no respira por sí mismo. Le damos un calmante a su mujer. No suelta la mano de Raquel. Raquel me pide una Coca Cola.

Pollo asado con patatas y ensalada. Rodrigo tiene dos zancos. Yo sólo uno. Me guiña un ojo. Dice que hay que tener contactos. Me río. Le cuento que mi padre quiere ser concejal. No ve el problema. Creo que no tiene el carácter. Me dice un concejal sin carácter, también puede ser buen concejal. Tiene los ojos grises. Me mira cuando hablo. Su padre era mecánico de camiones. El tiene carnet C. Yo no tengo ni el B. Me anima a hacerlo. A lo mejor en verano. Llueve a cortinas. Ambos asentimos. Mejor en verano. Me roba dos patatas. Yo a él un trozo de tomate. Sonríe. Le brillan los ojos. Empieza a tronar. Treboada. No me entiende. Le explico. Repite la palabra. Viene Raquel. Parece haber cruzado el desierto a pie. Rodrigo le pregunta si quiere un café. La Sra. Tapias duerme. Tomamos café. A Raquel le suena el busca. Nos mira como un reo al pie del garrote vil. Se va. Rodrigo la compadece. Yo también. La Sra. Tapias no es fácil.

La Sra. Blázquez tampoco es fácil. Se niega a tener catéter. Llueve en tromba. Caen rayos. Melisa me envia una foto de los jerseys. Por una vez acierta. Le enseño la foto a Rodrigo. El también quiere un pack azul. Me río. En serio. Dice. Le pregunto qué escucha en los auriculares. Me los pasa. Es un violín. Con orquesta. Y se va solo. Y vuelve. Se los devuelvo. Lo que hace un violín. Marcho que tengo que marchar. No me entiende. Me río. Me suena el busca. El Sr. Tapias.

Me estoy poniendo el anorak. Le descubro en la puerta. Las manos en los bolsillos. A dónde voy. Mi turno acaba dentro de tres minutos. Me lleva a casa. Saco el paraguas del bolso y le enseño las botas. Me lleva a casa. Cedo. Me sonríe. Yo también a él. No sé por qué. El aparcamiento es un mar de lodo. Llueve a espuertas. Llenamos de lodo el Mini. No le importa. Le guío. Yo soy su navi, me dice. Cactus. Soy un cactus. Creo que sonrío. Vamos un rato detrás de un carro. Vemos un arcoíris. Tiene los ojos grises. Le invito a pasar. No sé si lo dije en alto.

Mi madre hace caldo. Le da dos besos. Hola neniño. Hago café. Hay bizcocho de nueces. Le sirvo un trozo grande. Seguro que tiene hambre. Mi padre le da la mano. Le quiere poner gotas en el café. Mi madre le dice que qué cosas tiene. Le pongo un tazón de café con leche. Sonríe. Llega mi hermano. Murió Remigio el de Olimpia. Vaya por Dios. Dios lo tenga en descanso. Rodrigo moja el bizcocho en el café. Siempre tiene hambre. Me siento a su lado. Mi madre le sirve otro trozo de bizcocho. Rodrigo no le dice que no. Cóme Rodrigo. Me hace caso. Mi hermano le ofrece un pitillo. Ya no fuma. Yo tampoco. Mi casa se convierte de repente en Centro Social. Llega Orive a arreglar el pozo. Hola neniño. Mi madre le sirve más café. Tampoco hay que exagerar. Rodrigo parece estar en su elemento. Llega mi tía. Hola neniño. Se sienta frente a nosotros. Murió Remigio el de Olimpia. Dios le hizo mil favores. Mi madre y ella nos miran en silencio. Como esperando algo. Rodrigo también me mira intrigado. De repente tengo mucho calor. Opto por beber café. Rodrigo se tiene que ir. Todos protestan a la vez. Quiere cenar con su padre. Entonces si. Yo sigo teniendo calor. Le acompaño al coche. Ya no llueve. Mañana nos vemos. Se va. Agradezco la brisa.

Trasladan a la Sra. Blázquez a cuidados intensivos. Con catéter. Raquel compra bata, camisión y zapatillas para la Sra. Tapias. La llamo “Personal Shopper”. Sonríe cansada.

Rodrigo está acatarrado. Le duele la garganta. Yo creo que tiene fiebre. Está enfadado con el mundo. Le dejo en paz. Reparto la medicación en los pastilleros. Sin Raquel. El Sr. González-Nieto toma ahora Sintrón. Le veo de repente en la puerta. Me asusta. Sólo dice mi nombre con voz ronca. Está sin afeitar y sin peinar. No puede respirar. Y tose. Sigue enfadado con el mundo. Pero no conmigo. Le doy una couldina. Y acto seguido un azucarillo. Me llama Mary Poppins. Sonrío. No es fácil ser cactus.

Lenguado a la plancha con ensalada de puerros. No me gustan los puerros. Rodrigo se come mi ensalada. Siempre tiene hambre. Ya no está enfadado con el mundo. Es un hombre pegado a un kleenex. Estornuda. Me río. Alcanza a mirarme antes de volver a estornudar. Me dice que no tiene gracia. Arqueo una ceja. Se suena. Tose. Maldice. Le sirvo agua. Bébe Rodrigo. Me hace caso.

Tania la de secretaría aparece con el inalámbrico. Es para él. No le hace gracia. Me levanto para dejarle hablar. Me agarra el brazo y niega con la cabeza. Me siento. Habla con alguien en inglés. Se tapa los ojos con una mano. Tose. No puede respirar. Habla en monosílabos. Cuelga. Yo no pregunto. Me explica que era una tal Marge. Que es su agente. Le necesitan en Nueva York el martes. No parece muy entusiasmado con la idea. Creo que con ese catarro no le entusiasmaría ninguna idea. Decide irse el domingo.

Gamazo me pasa el plan de revisiones. Me pregunta por mis pacientes. Ahora son dos. Capto la indirecta. Le explico. Se hace cargo. Lo encuentra gracioso. Miramos los dos a Rodrigo. Con sus violines en la galería. Es lo más parecido a una noche de truenos. Le dejo en paz. Voy a lo mio. Raquel se va para casa. Ya llama a la Sra. Cuevas de tu. Aurorita. Ya está más tranquila. Fue el susto. Ya.

Vemos una película de acción con tiros. Me voy a la cama antes de que liberen a los rehenes. Acabo de leer el libro del “bache”. Me acuerdo de la canción de Aute. Piedra en pozo.

Aurorita tiene una hija. Se llama Tacoque. La gente tiene ideas. Raquel le llama “La hija”. Gamazo también. Rodrigo conoce a Suki, Kiki, y dos Lulis. No le sorprende. Me río. Ya no es una noche de truenos. Puede respirar. Y sólo estornuda cada diez minutos. Su padre le llama Amparo. El cree que le pone nervioso. Le explico que es parte del cuadro clínico. Parece convencido. Me enseña una foto de Paul Newman. Pero no. Es un tal Josh. Le compara con un dolor de pies. Me río. Viene Raquel. Cotaque. Quetoque. “La hija” quiere hablar conmigo. Lo hace peor. No puedo parar. Le explico. Ya somos dos. Ella tiene uno en casa. Rodrigo la compadece. El Sr. Albián parece sonreir. Nos vamos.

Rodrigo recibe su plan del mes. Nueva York, París y Londres. Me pide mi teléfono. Me coge fuera de juego. Es difícil ser cactus. Me guarda como Mary Poppins. Chim-chim-cheroo. Christian Dior, Armani, Hugo Boss, Men´s Health, The North Face. Christian Dior. Creo que lo digo en alto.

Le viene a buscar un servicio de pasajeros. Le doy una bolsa con el antigripal y los azucarillos. Me da dos besos. No te vayas. No lo digo. Pero se va. El coche desaparece en la lluvia. Gamazo comenta que hace frío. Ya lo sé.

Coliflor con bacalao. Raquel va a ir con “La hija” al notario. Me he perdido un capítulo. No sabe por qué tiene que acompañarla. Van en el Porsche Panamera. Al menos. Asentimos. Me suena el teléfono. Rodrigo. Raquel me hace un gesto con los ojos. Le digo el menú. Protesta que no es justo. Todavía habla de garganta. Le digo que tome la Couldina. Anota con azucar. No te vayas. No digo nada. Le llamo más tarde. Hasta Luego. Raquel me dice que dos y dos son cuatro. Cuatro y dos son seis.

Voy con Melisa al cine. A unos que se les tuerce una despedida de soltero. Creo en la risoterapia. Raquel me cuenta que “La hija” se llama María de la Consolación de todos los Santos. Mejor Tacoque. Mejor. Ir en el Panamera es lo más parecido a levitar. No sabía que supiera levitar. Me confiesa que sólo a veces y en privado. Acabamos despertando a la Sra. Blázquez. No se puede subestimar el poder de la risa.

Están tomando medidas para cementar el aparcamiento. Es intransitable. Le cojo a mi hermano el pantalón de pescar. Raquel me hace una foto avanzando por el barro. Supongo que ella habrá levitado hasta la puerta. Se ríe. El Sr. Tapias todavía no respira por si mismo. Aurorita no se separa de él ni un minuto. Tacoque quiere ir a la peluquería. Me pregunto si Rodrigo estará tomando la Couldina. Tengo que volver a ser un cactus.

Llega el marido de Tacoque. La Sra. Blázquez mejora. Tenemos un nuevo paciente. El Sr. Gómez- Quintero. Tiene título. Accidente de coche. Yo creo que no hay nada que hacer. Gamazo levanta las cejas. Le da dedicación exclusiva a Raquel con el Sr. Tapias. Le recomiendo levitar. Me da un azote en el culo. Somos tontas.

El marido de Tacoque se llama Coté. Me pregunto si ya se buscan. Tacoque no sabe hacer nada sin Raquel. Voy con mi madre a la compra. Me preguntan por Rodrigo en la panadería. También en el super. Mi madre sabe más que yo. Yo la dejo. En Nueva York son las cuatro de la mañana.

El Sr. Albián ya estira las piernas por sí mismo. Me suena el móvil. Rodrigo. Aún tose. Le recuerdo la Couldina. Apunta el azúcar. Me río. Me encarga un plumas para su amigo Josh. Fer tiene uno. Son abrigosos. Llega Gamazo. Le dejo. Me envía un texto con su dirección. Que le diga cuánto es. Le envío una sonrisa. No te vayas. Voy a cubrir recetas.

Al centro a por el plumas. A Siño sólo le quedan en azul. Le compro también un gorro. Le explico. Me pregunta cómo no le avisé que iba a ir con Rod Albian a la tienda. Caigo en que se refiere a Rodrigo. Me dice que todavía no se lo cree. No le entiendo. Ni por qué le llama Rod. Y un pack de jerseys azules de oferta. Tocinillo de cielo para hacer. Chocolate. Melisa me dice que anda por mi. La gente tiene ideas. Me dice que yo sabré. Yo sé.

Vemos una película de espías. No se dicen el lugar de la cita y se encuentran. Es para mi un misterio cómo. Me voy a la cama antes de que entreguen el sobre. Piedra en pozo. Creo oír mi móvil. Lo veo por la mañana. Era Rodrigo. Soy tonta.

Coté se va con Luís a tomar unos vinos. Raquel ya sabe lo que va a pasar. Tacoque no. Opta por llevársela a La Coruña. Tierra de por medio. Luís me cuenta después que Coté cantó con la tuna. Envío el paquete por urgente. El Atlántico de por medio. Mi hermano pone la radio del coche. Se me pega Amaral. Nada de nada. Maldita la hora.

Fer me mira y sonríe soltando el humo del pitillo. Sigue lloviendo.

Melisa y Lucio discuten. Ella no quiere ir. El no viene. Raquel y Tacoque están desaparecidas. Me ocupo del Sr. Tapias y del padre de Rodrigo. Gamazo hoy tiene un compromiso. Ojos que no ven. Coté se preocupa. Luís no. Los dos son del Barça. Me suena el móvil. Rodrigo. Ya suena mejor. Le explico. Se ríe. No te vayas. Risoterapia. Le cuento esto y aquello. De su padre. Pollo asado. Un hombre grita mi nombre al teléfono y suelta una carcajada. Silencio. Rodrigo?. Me explica quién es. Sonrío. Le digo lo del cardiólogo. Se preocupa. Le tranquilizo. Llega el urólogo. Hasta luego. No te vayas. Nada de nada.

Raquel trae un peinado nuevo. Parece otra. Le queda bien. Luis opina lo mismo. Tacoque se pone un chandal. Cosas veréis. Voy con Fer a Leroy-Merlin. Necesita herramientas. Me pierdo en el departamento de tuercas. Compramos unas luces Led con sensor. De oferta. No sé para dónde.

Me llega una foto de Paul Newman con plumífero y gorro dando un salto. Con la V de la victoria en los dedos. Risoterapia. Le envio fuegos artificiales. Voy a clasificar dossiers. A ver si así.

Melisa sigue sin ir a León. Lucio sin venir. Empiezan a cementar el aparcamiento. Lo que debe de costar. Tacoque y Coté se compran pantalones de pescar. Raquel enseña a Aurorita a jugar a la brisca. Mi madre gana un concurso de tortillas. Le regalan un robot de cocina. Con voz. Y luces. Fer ya tiene juguete. Siño se plantea alquilar una nave industrial para confección de plumiferos. No sé por qué. Nada de ti. Nada de mi. Nada de nadie. Maldita la hora.

Gamazo me llama a las dos de la mañana. El padre de Rodrigo. Fer me acerca. Logramos estabilizarlo. No es trasladable. Gamazo intenta localizar a Rodrigo. Yo también. Fuera de cobertura. Me llama a mis cinco de la mañana. Está nervioso. Le explico. Se pone más. Está estable. Intento calmarle. Lo consigo apenas. Se pone en camino. Yo doblo turno. Respiración asistida.

Rodrigo llega ya de noche. Agotado y nervioso. Me da un abrazo nada más verme. Se sienta junto a su padre en cuidados intensivos y no se mueve. Gamazo le pone al corriente. Creo que se va a marear. Se sienta. Apoyo mi mano en su hombro. Hunde la cabeza en sus manos. No come ni duerme. No se aparta de la cama. Le llevo un tazón de consomé. Me quedo a su lado. Se lo bebe a tragos pequeños.

Es la viva imagen de la tristeza. Salimos al pasillo. Le pregunto si está bien. Me mira en silencio. De repente me busca. Me asusto. Se aparta. Le busco yo. Nos enredamos. Oímos voces. Nos soltamos. Se pierden en otro pasillo. Nos volvemos a enredar.

Acabamos en su habitación. Me ayuda a desvestirme. Se desviste él. Lo hacemos. Dos veces. Pensaba que se me había olvidado cómo. Se queda dormido. Le tapo con el edredón. Duermo profundo y sin sueños. Me despierta. Aún es muy temprano. Mi espalda contra su pecho. Siento su corazón. Entrelaza sus manos con las mías. Dice mi nombre. Respira tranquilo. Yo también.

Su padre empeora. Ya no hay nada que hacer. Nos deja. Me coge la mano. Gamazo alcanza a ayudarme a sostenerle. Le damos un calmante. Llamo a mis padres. También viene mi hermano. Rodrigo no habla. No suelta mi mano. Mi padre habla con el tanatorio.

Mi hermano trae cafés. Rodrigo no quiere nada. Mi padre habla con Don Herminio. Le explica a Rodrigo que aún hay nichos libres. Rodrigo rompe a llorar contra mi. Mi madre también llora. Mi padre se va a hablar con Don Herminio. Hay que elegir la urna. Me mira. Tiene los ojos hinchados. Se los tapa con una mano. Apoya la cabeza en mi hombro y yo se la acaricio. Elige una metálica azul. La señora de media melena blanca está al fondo. De negro y triste. Junto a Raquel y Luís distingo a Tacoque y Coté. Discretos. Mi hermano se acerca a ellos. Le doy a Rodrigo otro calmante. No le dejo solo. Nos quedamos dormidos.

La señora se llama Marge. Es su agente. Rodrigo no habla. No me suelta la mano. Nos quedamos dos días en casa de mis padres. Vuelve a comer. Quiere que me vaya con él. De repente la que llora soy yo. Quiero parar y no puedo. Insiste. Ahora llora él. Estamos solos. Me da un sobre cerrado. Le abrazo. Nos buscamos. No me quiere soltar. Yo tampoco.

No le acompaño al aeropuerto. Mi hermano les lleva. Me cuenta después que había fotógrafos y televisión. Le digo que ahora va a ser famoso. Me sonríe. Me dice que la que voy a ser famosa soy yo. Estoy muy cansada. Me acuesto en el sofá. Supongo que así caen los meteoritos.

Me llama en cuanto puede. Ya está en casa. Oigo voces por detrás. Me tranquiliza que no esté solo. Me echa de menos. Yo también. Se tiene que ir.

Abro el sobre. Un billete abierto a Nueva York. Todo va muy rápido. Me mareo. Me siento. Necesito pensar. Le digo a mi madre que me voy. Lo entiende.

Me siento en la Corticela. Todavía es temprano. No hay nadie. Yo no soy de prontos. Melisa dice que soy lo más parecido a un cactus. Me pregunto si estará comiendo algo.

Y si no funciona?. Me vibra el móvil. “Dónde estás?”. Le contesto la verdad. Me repite que me echa de menos. Le envío un beso. Me llama. La capilla está desierta. Cari. Tengo un nudo en la garganta. Por favor. Se queda sin voz. Le digo que si. Silencio. Rodrigo?. Cari. Le pregunto si está solo. Entra gente en la capilla. Me dice que no. Tengo que colgar. Cari. Te aviso cuando sepa algo. Hasta luego.

Voy a hablar con Gamazo. Me dice que le recetó calmantes a Rodrigo. Y reposo. Su agente le aseguró que lo haría. Le explico la situación. Creo que necesito dormir. De repente estoy muy cansada. Gamazo sonríe. Me ofrece guardarme el puesto seis meses. Buscarían una sustitución para el plazo. Entiendo lo que me quiere decir. Asiento. Después se vería. No puedo estar más de acuerdo. Después. Yo no soy de prontos. Me vibra el móvil. Gamazo sonríe. Carraspeo. Me vuelve a vibrar. “Dónde estás?”. Otra vez el nudo en la garganta. No sé dónde estoy Rodrigo. No lo sé. Le envío un beso. Me llama. Cari. Creo que se volvió a acatarrar. Le pregunto. No sabe. Te digo cuando sepa algo. Cari. Le digo que le echo de menos también. Y es verdad. Alguien le habla. Me llama más tarde. Hasta luego.

Se lo cuento a mis padres. No se esperaban otra cosa. Mi madre se emociona. Recuerda cómo se abrazaba a mi. Mi hermano enciende un pitillo. Dice que cree que es buen tío. Es buen tío. Mi padre asiente. Mi madre recuerda el momento de la urna. Si va a seguir así me va a hundir. Les cuento de Gamazo. Mi hermano se encoge de hombros. Tu ya no vuelves. Le miramos todos. Mi madre le da la razón. Mi padre hace un gesto con las cejas. Les miro alternativamente. Y si no vas tu, te viene él. Eso está claro. Mi hermano experto en corrientes. Yo en mi vida tal vi. No te soltaba. Mi madre me va a hundir. Me vibra el móvil. Los tres me miran. Esto es horrible. “Dime algo”. Cojo el fijo. Me voy a atrás. Le explico. Sólo tengo que hacer las maletas. Respira aliviado. Le veo sonreír. Me dice que lleve antigripales. Me río. Cari. Me dice que es horrible. Me lee el pensamiento. Que le diga vuelo y hora. Lo haré. Cari. Te llamo después. Hasta luego.

Melisa me trae el Hola. Alguien nos hizo una foto compartiendo paraguas. Soy “su secreto mejor guardado”. Esto es horrible. Melisa opina que es el hombre más guapo del planeta. Mi padre la mira escéptico. Yo estoy en blanco. No tengo maletas. Ni sé con qué llenarlas. Mi hermano me lleva al Centro Comercial. Que lo vio muy pillado. Ya antes. Cuándo antes. El día que me fue a llevar. Y estábamos hablando. Te miraba y no te soltaba. Mi hermano se explica muy bien. Me duele la cabeza. Me vibra el móvil. Quiero llorar. Me envía una foto de un paquete de kleenex y un vaso con antigripal. Me río.

Mi hermano enciende un pitillo. Tu no vuelves. Le quiero mandar a la mierda. Pero tiene razón.

Me compro un juego de maletas. Y una mochila. Mi hermano cree que nos siguen. Nos reímos. Le mandamos una foto con cientos de maletas de fondo. Nos contesta con un muñequito dando saltos de alegría. Mi niño. No sé por qué le llamo ahora así. Definitivamente nos siguen. Mi hermano se arregla el pelo. Me da la risa boba. Me dice que es por si a caso salimos en el Hola.

Llamo a Siño. Le explico. No da abasto con los plumiferos. Necesito llenar cuatro maletas. Al final lleno cinco. Un bolso de mano. Y la mochila. Esto es horrible.

Tramito el pasaporte. Me lo dan relativamente pronto. Es la primera vez que vuelo. Voy en primera. Nadie lloró al despedirme. Rodrigo me llamó cuatro veces. Y me envió tres textos. En Madrid me llevan al “V.I.P Lounge”. Les envío una foto a Melisa y Raquel. Me ofrecen Champán. No digo que no. Coincido con un actor. No sé cómo se llama. Me saluda. Bebo un sorbo de champán. Una señorita muy amable me guía hasta el control de pasaportes. Ya no hay vuelta atrás. Este avión es gigantesco. Entro antes que nadie. No sé por qué me siento mal. Mi asiento es como un sofá para mi sola. Con mi propia tele. Ya en el aire me ofrecen también champán. Es de color rosa chicle. Me duermo con Amaral en los auriculares. Sin ti no soy nada.

No sé qué hora es. Ni en qué día vivo. No entendí “Interstellar”. No tenía subtítulos. Me leo tres Vogues. Entrecot con verduritas. En el sofá de al lado va la mujer de un futbolista. El que se apellida como yo. Está embarazada. Me sonríe. Me cambia sus MarieClaires por mis Vogues. Nos reímos. Ella también va a Nueva York. Su marido ya está allí. Yo no sé qué decirle. Voy a pasar una temporada. Es una niña. Se llamará Milagros. Porque lo es. No pregunto. Se va al baño. Descubro a Rodrigo en el MarieClaire abrazado a una rubia que le araña la espalda. La llamo de todo mentalmente. Me da la risa boba.

Vamos a aterrizar. Crosscheck. Ayudo a la mujer del futbolista a bajar un bolso del portaequipajes. A lo mejor nos vemos. Me pasa su teléfono en una tarjeta. Patri. Me da dos besos. Tiene más pecho que yo. Y ya es decir. Estoy nerviosa. Y cansada.

El oficial del control de pasaporte es chino. Me pregunta en perfecto castellano qué me trae al país. Le digo que vacaciones. Un robot con cámara me hace una foto. Dejo mi huella dactilar. Que usted lo pase bien. No me atrevo a reír. Gracias.

La sala de recogida de equipajes parece El Corte Inglés en rebajas. Cojo un carro. Un señor con gorro de vaquero y barba trenzada me ayuda a cargar las maletas. No tengo que pasar por aduanas. Estoy nerviosa. Salgo por una puerta de cristal verde opaco. Gente y gente. Y ahí está. Se acerca. Su sonrisa. Sin ti no soy nada. Hola Cari.

Sistema

-Y tú qué quieres, corazón?-La dependienta de la confitería se dirigió a él apoyándose en el mostrador y haciéndose ver entre los botes de piruletas que coronaban las vitrinas, Wenceslao también trató de verla, pero las piruletas entorpecieron cada uno de sus intentos.

-Pues verás…

-Profiteroles, recién salidos del obrador….

-Ya,es que…

-Además están de oferta, compras ocho y sólo pagas seis…

-La verdad es….

-Variados, corazón? Te los pongo en una cajita monísima, como tú- Y le guiñó un ojo, para después ir escogiendo profiteroles de las bandejas que llenaban el expositor, Wenceslao asintió sin decir nada más, y la observó en su labor- Son seis cincuenta….- Él le pasó el dinero por entre las piruletas- Si vas a ir hacia el otro lado es mejor que vayas por dentro….se está formando una buena por arriba…o eso me han dicho unas clientas…- Wenceslao la miró sin comprender a qué se refería y cogió la cajita de profiteroles- Según sales , la primera perpendicular y después a la derecha…así no tendrás problemas corazón- Wenceslao asintió y le dio las gracias, para abandonar la confitería después. Le hizo caso y tomó la perpendicular, si bien no sabía qué podía estar pasando arriba ,como había dicho ella, prefirió no tentar a la suerte. Tomó después la primera a la derecha, un callejón con puertas de garajes y contenedores de basura.

Y nada más abandonarlo sucedió.

Una turba diluviana de gente, pancartas, palos, altavoces, gritos, alaridos, insultos, pelotas de goma, cascos, escudos plásticos, puños, patadas, botas militares, empujones,caidas, llantos, botellas de cristal, manos, pies, cuerpos entrelazados y golpes, le arrastró como si de una ola de un mar embravecido se tratase. Sin saber todavía qué estaba pasando, dos antidisturbios le sujetaron en volandas, sin que sus pies rozasen siquiera el suelo ni poder hacerse oir entre aquel ruido infernal y a rastras le empujaron sin miramientos al interior de un furgón, para después cerrar la puerta. Se vio entonces en una habitáculo reducido y oscuro, rodeado de un grupo heterogéneo de personas que vociferaban consignas y golpeaban con manos y pies las paredes del vehículo, se gritaban entre si, llegaban a las manos, se empujaban e insultaban, él,aún aferrado a su cajita de profiteroles, no se pudo mover, atenazado en una posición imposible entre un hombre que golpeaba el techo dando alaridos y una mujer de pelo blanco que portaba un paraguas rojo y que profería insultos que nadie podía escuchar excepto él, ya que la boca de ella coincidía con su oído. En el momento en que el furgón se puso en marcha, todos los allí encerrados se vieron impelidos en todas las direcciones como si de una lavadora se tratase. Él acabó acurrucado al fondo, sujetando la cajita, como si de una salvavidas se tratase.

-Qué llevas ahí tío?!

-Eh?…yo!?…

-No será un bomba!

-Un bomba!

-No..es que !…

-Dame eso!!

-Per…

-DAME ESO COÑO!….- Pero antes de que pudiese dársela voluntariamente, el furgón dio un frenazo y el resto de los ocupantes se les vinieron encima. Las puertas se abrieron y de nuevo varios antidisturbios se ocuparon de desalojarles, llevándoles en volandas hacia el interior de un edificio, que, en el fragor de la situación, él, no supo identificar. Le llevaron a través de varios pasillos atestados de gente vociferante, y lo arrojaron sobre una silla de plástico.

-Y calladito!- Le advirtió el más alto señalándole con un dedo de su mano enguantada, él asintió en silencio y el otro se alejó por el pasillo, a su lado depositaron a la señora del paraguas rojo.

-Esto es denunciable! De-nun-cia-ble! Que no se va a poder ir a comprar pan tranquila en este país! Denunciable es esto!- Y se arreglaba la gabardina y el pelo, sin poder todavía controlar su furia, aferrada a su paraguas, él también aprovechó para arreglarse su chubasquero, en el que descubrió un desgarro, se mesó el cabello y se sorprendió al ver su mano manchada de pintura verde. Junto a la señora del paraguas, depositaron a una chica con la cara pintada de blanco con zetas azules vestida con lo que parecía un disfraz de oso.

– Pues te vas a ver buena para quitarte ese mejunje de la cara….

-Verdad? Ya me está picando a rabiar…

-Espera, que siempre llevo toallitas…

-Ay qué amable, no tiene por qué…

-Nada mujer, mira, aquí las tengo….menos mal que siempre llevo riñoneras sino…

-Muchas gracias….

-A ver que te ayudo….después agua y jabón…

-Y crema, no?

-Eso también, pero déjala respirar…Caudalie, la mejor..

-Verdad? Y el serum es increíble…- Wenceslao asistía a la conversación, cuando un policía se presentó ante él.

-Y tú qué?

-Yo?

-Si tú…qué es eso? No será una bomba…

-Eh?No…es que..

-Chitón. Dame…- Y cogiéndole la cajita se alejó por el pasillo sin decir una palabra más.

-Si te soy sincera de jovencita me la lavaba con Jabón Lagarto….porcelana, te diré…

-Y aún se vende?

-Si, en cualquier super…

Un antidisturbios y el policía que se había llevado la cajita volvieron de nuevo y les señalaron a los tres.

-Arreando que hay falta de sitio….

-Yo?

-Quién va a ser? Sí…vosotros tres…a casita…ya llegó de protestas hoy….

-Oiga, que yo…!-Comezó la señora del paraguas rojo

-Yo y Yo y Yo!….fuera todo quisqui!….- Wenceslao se incorporó, al tiempo que las otras dos mujeres.

-Si vas para abajo vamos ya juntas…

-De perlas…- Wenceslao las siguió por el pasillo, pero sin poder apurarse, le parecía que le hubieran pegado una paliza con un saco de patatas.

Salió del edificio, aún tomado por manifestantes, antidisturbios y todo tipo de fuerzas del orden, y agradeció el aire fresco. Se acordó entonces de Ginés. Y del café al que estaba invitado en su casa. Miró el reloj. Había quedado a las tres y eran las seis. Decidió ir de todas formas. La casa de su amigo sólo le quedaba a dos calles desde allí.

-Hombre, Wences! Qué bien que has venido!

-Si, yo…

-Nada, aún falta gente..

-Ya, es que…

-No te preocupes si no traes nada, Ana ha traido dos cajas de profiteroles….

-Ya, yo…

-Estás como cansado no? Y eso del pelo qué es?

-Si, es que yo…

-Hombre Wences! De la que te has librado macho! La que se ha armado allá arriba!

-Ya, buff…

-Es que no vamos ni poder ir a comprar pan….

N.O.S.O.T.R.O.S (Neutrales-Objetivos-Sociales-Ordenados-Trabajadores-Respetuosos-Osados-Seguros)

Ruy no quería el yogur. Ni con azúcar ni sin azúcar. Ni haciendo avioncitos o prometiéndole dos capítulos de Pepa Pig. Así que no insitió más, y le dejó levantarse de la silla de la cocina donde desde hacía veinte minutos trataba de convencerle de las buenas propiedades de los lácteos en general y de los yogures de fresa en particular, sin lograr que él abriese un ápice la boca ni dejase de menear negativamente la cabeza haciendo saltar sus indomables rizos pelirrojos. Se lo comió ella, mientras le oía trastear en algún lugar del apartamento, perdió su mirada en el patio de manzana que se podía ver desde la ventana de la cocina. Todo el apartamento daba a ese patio de manzana, en tiempos había sido un piso más grande, pero lo habían dividido en dos. El que daba a la calle era más oscuro y tenía más pasillo, el suyo recibía sol todo el día y, observando las partes de atrás de las otras casas que daban a ese patio, le daba la impresión de pertenecer a un microcosmos dentro de esa gran ciudad en la que le había tocado vivir. Por las noches se entretenía tratando de adivinar qué luces se apagarían primero, cuáles más tarde, las costumbres y rutinas de las personas que lo habitaban, como suponía que ellos hacían con las de ella. Román les ponía nombre y apellido, e inventaba historias a partir de lo que observaba hacían en su día a día. Román era su compañero de piso, después de que Trini se hubiera marchado a Londres a probar suerte, ella había colgado un par de anuncios por el barrio buscando un inquilino o inquilina, y el primero que se presentó fue él. No le molestó tener que compartir vivienda con el por aquel entonces recien nacido Ruy, ni que ella trabajase en mil cosas o en ninguna, él en aquel momento también estaba en paro, después había encontrado trabajo en Decathlon. Conformaban una comunidad de tres, bien llevada y algunas veces bien organizada. A los ojos de aquellos que les observaran a través del patio darían la impresión de ser una pareja bien avenida con niño, si bien ,ellos no estaban juntos y el niño, que no se parecía a ninguno de los dos, sólo llevaba los apellidos de ella.

El vecino del quinto piso de la casa verde agua, trataba de arreglar una persiana sentado en el bordillo de la ventana de espaldas al patio, elevando los brazos hacia la caja y tirando con fuerza de algo que parecía atascado, la sintonía de su movil la asustó y la hizo tirar el yogur al suelo, al tiempo que alcanzaba el telefono llegó a ver como la que supuso que era la mujer del hombre de la persiana le hacía bajar del bordillo haciendo aspavientos con las manos y cerraba la ventana de golpe, respiró tranquila al deslizar el dedo para contestar.

-Hola Isolda, te pillo mal?- La voz de Alfonso sonaba como la de alguien que corriera los últimos metros de una maratón.

-No, la verdad, todo en orden…- Acertó a decir, si bien acababa de descubrir que al tirar el yogur se había salpicado la camiseta, cogió una valleta del fregadero y trató de enmendar la mancha, pero lo hizo peor, con lo cual la tiró de nuevo al fregadero.- Estás bien?

-No sabes nada, verdad?- Isolda se sentó de nuevo y cambió de oido el móvil.

-Qué ha pasado? No me asustes….algo con María Eugenia?- María Eugenia era la mujer de Alfonso, que se ganaba la vida como representante de Tupper-Ware y pasaba más tiempo en el coche que en casa.

-Ha caido en picado con la avioneta….

-Maria Eugenia?!….y qué hacía en una avioneta?!

-No mujer! Marigeni no!Hildefonso. Ha caido en picado…

-Hildefonso…

-Hildefonso Martínez Cuéllar

-No me gusta repetirme, pero…qué hacía en una avioneta?- se levantó de la silla y se apoyó en la encimera, para luego separarse y apoyarse en la nevera, y volver a sentarse por último sin poder parar de mover su rodilla derecha, señal de nerviosísmo que padecía desde que había tenido la capacidad de sentarse.

-Enseñar a pilotar a otro….una temeridad como otra en estos tiempos….hay reunión, en una hora en la sede central…- Y colgó, antes de que ella pudiese decir nada, antes de que pudiese decirle que Román todavía no había vuelto y que no tenía con quien dejar a Ruy, antes de poder preguntarle para qué la necesitaban a ella en la sede central.

Maldiciendo en voz baja el momento en que había accedido a meterse en política, buscó a Ruy, el suyo era un partido que había basado su programa en las ayudas a las familias monoparentales y aquellas que pasaban por dificultades. Llevaría a Ruy con ella a la reunión. Ya que, a su juicio, ambos puntos del programa coíncidían en su persona en ese momento.

La sede del partido se encontraba en un bajo comercial a tres calles de su casa, antes había dado cabida a una imprenta, antes de ésta una carnicería, y durante varios años había sido un local okupa. Constaba de dos espacios amplios, uno que daba al exterior con un ventanal panorámico, estaba tapizado a medias por carteles de propaganda electoral en los que se veía un grupo de gente, fotografiados desde el aire, formando una N mayúscula sobre un campo con flores de colores, estaba amueblado con tres mesas de despacho desconchadas dispuestas en U y sillas de distintas procedencias, y otro interior, con ventanas tipo tragaluz , en el que habían dispuesto sillas y butacas alrededor de una rotunda y oscura mesa de comedor de madera de tipo castellano oval con un abigarrado pie central que imitaba el tronco de un arbol, dos estanterías Billy de Ikea con una cafetera eléctrica, tazas y carpetas con papeles, completaban la decoración.

Ruy no era el único niño que asistía a la reunión, Matilde llegó con su hijo Damián en su portabebés al pecho y Moncha con sus gemelas profundamente dormidas en sus sillitas. Alguien extendió una manta verde muy gruesa sobre el suelo, y ésta se llenó de cosas de plástico de colores y peluches que esa persona fue sacando de una bolsa de lona. La cafetera estaba ya funcionando.

-No voy a perder el tiempo con explicaciones. Voy a ir al grano. Dos temas:Uno. Hildefonso era el número 10 en nuestra lista, desgraciadamente ha quedado vacante, y como la vida sigue, el siguiente en la lista ocupará su puesto, esto es: Isolda Lindero López. Dos: Me han llamado los otros, nos brindan la oportunidad de sentarnos a las mesas de las coaliciones- Alfonso expuso lo que quería transmitir desde uno de los sitios en el centro mirando a los presentes, sentados alrededor de la mesa, recorriendo los rostros con la mirada por encima de las gafas y clavando levemente ante cada afirmación la mina de un bolígrafo bic sobre una libreta que tenía ante él.

Isolda, que le estaba ayudando a Ruy a desenredar un nudo de uno de los juegos, dejó de hacerlo al oir su nombre y le miró sin ocultar su asombro, que se confundió con el eco de sorpresa de los demás asistentes. Ruy le tiró de la manga, y ella volvió a intentar deshacer el nudo, sin demasiada atención. Si bien se sabía capaz de hacer varias cosas a la vez, lo que había dicho Alfonso había descolocado por completo su puzzle mental. Y le faltaban piezas.

Siguieron dos horas de explicaciones, aclaraciones, dudas, preguntas, respuestas, amagos de debate, esquemas en hojas de libreta, risas, oratoria redundante, más preguntas y bocetos de declaraciones de intenciones, tras las cuales Ruy dormía sobre la manta aferrado a un ingenio de plástico , las gemelas se entretenían gateando por debajo de la mesa y Matilde recorría la sala acunando en brazos a Damián que no se decidía entre quedarse dormido o parar de llorar. Alfonso se había quitado las gafas y se masajeaba el puente de la nariz, mientras otro de los asistentes le leía el apunte de prensa que entregaría a los periódicos lamentando la muerte de Hildefonso, un par comenzaron a recibir mensajes de sus mujeres preguntándoles dónde estaban, otro era partidario de pedir un par de pizzas, todavía había mucho de qué hablar.

-Iba en serio eso de correr plaza?- Isolda se lo preguntó a Alfonso casi sin alzar la voz, ocupando la silla vacía junto a él, mientras el resto de los presentes y otros que llegaban a cuentagotas, pululaban por el local formando grupos que hablaban entre si, dando el aspecto a la reunión de los prolegómenos de una boda.

-Por supuesto, tu eres el número once, ahora estás dentro

-Pero yo no sé si voy a poder…

-Cómo no vas a poder? Claro que si mujer, además, te necesito en esas reuniones.

-A mí? Yo no tengo ni idea de coaliciones ni de nada que se le parezca…

-Tu eres estudiada, yo no, y sabes hablar, yo soy más de organizar.

-Estudiada si, pero de ahí a…

-Juntos llegamos, ya verás,…mira tu por donde, me ha salido un nuevo lema.- Y lo escribió en su libreta en letras de imprenta. Isolda se pasó las manos por el rostro buscando despejarse un poco, no quería tomar café, si lo hacía no podría dormir en toda la noche.

Román llegó cuando caía la noche, había escuchado la noticia en la radio y supuso que la encontraría allí. Fue él el que llevó a Ruy en brazos a casa, después de que se diera por terminada la reunión.

-Necesitaban gente para hacer bulto, y me apunté, por supuesto que el programa que tiene me gustó y esas cosas, pero de ahí a una mesa de negociación hay un mundo…a lo mejor mañana llamo a Alfonso y le digo que no, que llame al número 12, a lo mejor a ese le hace ilusión- Se lo explicaba sentados ambos a la mesa de la cocina, mientras observaban cómo se iban encendiendo o apagando las luces de las ventanas en el patio.

-Tu piensa que no lo vas a hacer de gratis, y que te viene muy bien lo que puedas ganar, además, una mano lava la otra y quién te dice que te sale un buen chollo de ahí?- La voz rota de Román le infundía siempre calma, como un interruptor que aplacase sus nervios nada más accionarlo, le miró en la penumbra y sonrió.

-Y después traigo los pinchos que sobran, como en la fundación aquella te acuerdas?- Román rio y le ofreció un pitillo, la nube del humo se deshiló hacia el exterior hasta desaparecer en largos trazos.

-Lo importante es participar…

-Como en las olimpiadas..

-O los concursos escolares…

Las semanas siguientes las recordaría después como un sin parar de reuniones y encuentros, ruedas de prensa, declaraciones conjuntas, entrevistas en radio y televisión, intrincados vericuetos burocráticos para acceder a su acta de dipitutada, firmas, fotos de grupo, desayunos, comidas, cenas, noches sin dormir y cientos de llamadas e Emails en todas direcciones, mientras Román se hacía cargo de Ruy al que ella sólo veía ya dormido.

Fue entonces cuando apareció Montatanto.

-A qué hora dices que vienen?- Román salía del baño, rodeándose la cintura con una toalla tras la ducha, desde que trabajaba en Decathlon había adelgazado unos cuantos kilos y limado volumen, seguía siendo ancho y alto, pero su aspecto general había cambiado un poco, o eso le parecía a ella, ahora que se fijaba y le veía medio desnudo, como tantas otras veces, como él la había visto a ella, y por qué se fijaba ella ahora tanto.Tampoco se había afeitado.

-A las once, quedé aquí, porque al parecer quieren ver „mi fondo de armario“- Y formó las comillas con los dedos índice y anular de las manos, al tiempo que alzaba las cejas, Román soltó una carcajada camino de su cuarto deshaciéndose de la toalla.

Isabel Palacios y Fernando Aragón llamaron a la puerta a las once en punto, cuando Isolda había sabido sus nombres y apellidos se le ocurrió que no podían haber elegido mejor el nombre para su empresa, Román había apuntado que „Imperio“ también hubiera sido una opción. Montatanto se iba a encargar de la asesoría integral de su imagen, en las últimas semanas su constante presencia en medios de comunicación de todo tipo la habían vuelto un rostro conocido para el gran público, como Isabel le había dicho por teléfono, y ella se había preguntado a qué „gran público“ podía referirse, ya que ella siempre unía esa definición a actrices y cantantes, y ella no era ninguna de esas dos cosas. Ella estaba dando sus primeros e inseguros pasos en la política.

Isabel era una mujer menuda, de pelo rubio en media melena de alisado japonés y ojos azules, aún en pantalones de pinzas tipo chino y camisola blanca de lino irradiaba una elegancia que amenazaba con intimidar, si bien el calido abrazo y los besos que repartió nada más cruzar el umbral la devolvieron a la categoría de un ser común con el resto de los mortales, Fernando venía de traje pero sin corbata, Román comentaría más tarde que le había recordado a Buster Keaton en alto, ya que la que hablaba era Isabel, él se limitaba a deslizar sus dedos por un I-pad.

-Y el resto está en el trastero, claro, el típico trasiego verano aquí, invierno en trastero y demás…- Comentó Isabel ante el armario de Isolda cogiendo una camiseta de los Rolling-Stones con la punta de los dedos, y recorrriendo con los ojos achinados las tres baldas en las que se mezclaban la ropa de Isolda y la de Ruy.

-No tenemos trastero- Apuntó Román, apoyado en el marco de la puerta de la habitación, Fernando se volvió hacia él con los ojos muy abiertos, pero se limitó a deslizar algo en el dispositivo, Isabel asintió con la cabeza, Isolda carraspeó y recogió del suelo el pijama de Ruy poniéndolo sobre la cama.

-Zapatos tengo más, pero tampoco es que sean de diseño..- Y su voz le sonó a excusa, y notó que se ponía colorada, buscó a Román quien a su vez la miró a ella y le sonrió alzando las cejas, y ella le imitó. Isabel se volvió hacia la habitación y dibujó una enigmática sonrisa oriental en su rostro de muñeca de porcelana.

-Desde cuándo sois pareja?- Comenzaron a hablar los dos a la vez, Fernando cesó de anotar en su I-Pad, Isabel no movió un músculo.

-Compartimos piso desde hace tres años, no somos pareja- Aclaró Román, al tiempo que cambiaba de postura y se apoyaba en el marco contrario de la puerta, Isabel miró fugazmente la hora en su ínfimo reloj de pulsera.

-Llama a Alpha y a Fierro- Ordenó atusándose la camisola con la la palma de las manos, Fernando sacó otro dispositivo del bolsillo interior de su chaqueta y excusándose salió del cuarto.

-El café con leche?- Preguntó Román, Isolda acabó de convencerse de que él era capaz de leer sus pensamientos, Isabel ladeó la cabeza y sonrió abiertamente por primera vez desde que había llegado.

-Más café que leche, sin azucar, gracias todo un detalle- Román asintió y se alejó hacia la cocina.

Alpha, una mujer joven con mono vaquero y una chaqueta azul larga de lana y un hombre de gafas de pasta marrones, bermudas beig ,camiseta polo verde y zapatos ingleses con calcetines, no llamaron al timbre, tamborilearon levemente la puerta con los dedos y Fernando les abrió, no se entretuvieron en saludos y les llevó hasta la cocina, que, a falta de salón, se convirtió en centro de operaciones donde Román preparaba café y la mesa se llenó de tablets, Ipads y demás dispositivos electrónicos. Fierro llegó cerca de media hora después, un hombre con el pelo casi al rape y cicatrices de quemaduras en las manos y en parte de su cabeza ,que trajo una bolsa grande con croissanes y una caja con doble fondo de pastas de Titulcia.

-Empecemos por los básicos: Tu madre y tu hermano, algún miembro más, además de Ruy, por supuesto?

-Mi madre vive en Albacete, bueno, en Albacete no, a media hora, trabaja en la oficina de correos…aunque ahora está de baja, creo, por cosas de ciática o hernias discales…no me explicó bien, mi padre murió hace quince años. Mi hermano Hugo es licenciado en Bellas Artes y trabaja de reponedor en el Mercado Central desde hace relativamente poco, antes repartía publicidad- Isolda sentada a la mesa de la poco espaciosa cocina, rodeada de aquel variopinto grupo de gente desconocida, trataba de encontrar las palabras adecuadas para contar su vida sin entrar en demasiados detalles, la mujer Alpha tecleó algo en su portatil.

-Bellas Artes, lo podemos mover a Galerías, yo me ocupo.

-Qué Galerías?- Preguntó Isolda, Isabel le acarició el antebrazo y tomó un trago de café.

-Ella se ocupa- Y guiñó los ojos, el hombre Alpha deslizó algo en su Ipad.

-Ruy- Y se hizo el silencio, y todos miraron a Román que disponía los croissanes en una bandeja.

-No es mío, si es lo quieres saber- Respondió sin volverse hacia la mesa y sin dejar de hacer lo que estaba haciendo, Isolda se tragó la risa y cogió una pasta de Titulcia triangular con una almendra encima.

-Ruy tiene padre, lógicamente, pero no sé quién es…quiero decir, fui a una fiesta de Erasmus en un local que ya no existe y, bueno, pues, me decidí por tenerlo…- Trató de explicarse, para luego morder la galleta y no dar más explicaciones.

-No fue Invitro, quieres decir

-No, fue un encuentro fortuito….

-„Fruto de una relación anterior“

-Pero es que yo no tengo ahora „relación“, como para que sea de la „anterior“..- Protestó Isolda tapándose la boca para que las migas de la galleta no se esparciesen por la mesa, el hombre Alpha carraspeó.

-Me hago cargo, pero así no tenemos que ahondar en explicaciones que no quieras dar- Explicó con calma mientras escribía algo en su tablet, Isolda asintió y miró fugazmente a Román quien apoyado en una encimera de espaldas a ellos esperaba otra vez a que subiese el café en la cafetera.

-Este apartamento por ahora es factible, más adelante ya veremos- Fierro entró en la cocina blandiendo un catalejo, y abrió la ventana para otear con él la distancia- …más adelante, ya veremos- Repitió para luego plegar el catalejo y apoyarse en el fregadero, dejando la ventana abierta, lo que regaló corriente al atestado espacio.- Quién vive en el apartamento B?

-Creo que son estudiantes, pero no estoy segura, antes vivían dos hermanas ya mayores, pero se fueron a una residencia…

-Estudiantes de dónde?- Isolda negó con la cabeza y Román se encogió de hombros, era algo en lo que nunca se habían fijado, Fierro sacó su móvil del bolsillo y abandonó la cocina al tiempo que hablaba con alguien.

-Román-Dijo la mujer Alpha alzando la vista hacia él, pero sin denotar expresión alguna, Román se volvió y recorrió todos los rostros que le observaban por un instante.

-Mis padres viven en el Algarve portugués, en Quarteira al menos la última vez que supe de ellos, no sé si han mudado, profesión „sus labores“- y se pasó una mano por el rostro, obsequiándoles con una media sonrisa, Isabel había ladeado levemente la cabeza, como Isolda había observado que hacía en ocasiones cuando algo le llamaba la atención, estuvo tentada a imitarla, ya que a ella también le había llamado la atención la información, en todo ese tiempo nunca le había preguntado a Román por su familia, ni él le había contado nada- Mi hermano Mateo falleció hace diez años en accidente de tráfico, conducía yo, pero la culpa fue del otro, en fin- Perdió su mirada ahora más negra que nunca, o así le pareció a Isolda, en el patio interior y cruzó los brazos- Yo soy licenciado en Historia por la Universidad de Salamanca, trabajo en la sección de Deportes Acuáticos de Decathlon, y cuido de Ruy cuando ella no puede- Y le guiñó un ojo, y ella rio sin saber por qué, los demás presentes escribieron o anotaron algo en sus dispositivos electrónicos y sólo pararon en el momento en que escucharon subir el café.

-Se me había olvidado que sonaba así, fíjate, y el olor, yo es que tengo una de Nespresso y claro, no hace ese gorgoteo….me voy a tener que comprar una, no es mala idea, Fer…. -Y mientras lo decía, Isabel alcanzó una pasta de Tiltucia con la punta de los dedos, Fernando asintió y escribió algo en una libretita que sacó del bolsillo. Fierro regresó entonces y se situó de nuevo junto a la ventana.

-Mi prima lo hace en una tartera, no sé cómo…- Anotó el hombre Alpha sin apartar sus ojos de su tablet.

-„Café de pota“ el mejor en Galicia, y con gotas ni te cuento- Fierro oteaba de nuevo con su catalejo el patio, ahora desde la puerta de la cocina.

-De Ulloa- Sotomayor Valdevientos?- La mujer Alpha volvió a elevar su mirada hacia Román sin mostrar expresión alguna, Roman abrió una de las alacenas y cogió varias tazas que puso sobre la encimera, volviéndose a medias para asentir con la cabeza.

-Valdevientos?- Preguntó Isolda sin esconder su asombro, Isabel guiñó los ojos y por una vez no ladeó la cabeza, Román pareció sonreír para si mientras servía el café.

-Somos una familia muy extensa- Anotó entregándole a cada uno una taza.

-Un catalán, un coreano, y dos vascos- Comunicó el hombre Alpha dirigiéndose a Fierro, este asintió.

-Suena al típico chiste de „van unos en un tren“, pero lo dicho, por ahora factible…por ahora- Y remarcó sus palabras levantando el dedo índice de su mano derecha, el único libre de cicatrices, para luego volver a sus labores de observación con el catalejo mientras comía una pasta de Titúlcia.

En eso a Isolda le sonó el móvil, se incorporó casi de un salto al ver el número y cambió instantáneamente el movil de oido, como Román sabía que hacía cuando se ponía nerviosa, ella le miró casi presa del pánico.

-Es Ruy, que se ha caido del tobogán de cabeza…- Román se adelantó a cogerle el teléfono.

-No te preocupes, yo me ocupo- y haciéndose cargo de la llamada salió de la cocina a paso vivo para abandonar después a la carrera el apartamento. Isabel hizo sentar otra vez a Isolda y le pasó una tablet con la más amable de sus sonrisas.

-Y ahora nos vamos a ir de compras cielo, desde aquí mismo, no es maravilloso?- y le pasó una pasta de chocolate, Isolda meneó dudosa la cabeza y se la aceptó fijándose entonces en la pantalla de la tablet por la que desfilaban varias modelos de Teresa Helbig, Isabel reaccionó a su mirada escéptica con una risa cantarina, como de hada madrina de cuento.

Ruy llegó en brazos de Román, apoyando su rizada y roja cabeza sobre su hombro, sus ojos, normalmente azul cristalino, estaban hinchados de llanto, y un emplasto adornaba su sién izquierda, en la mano llevaba una jirafa azul con lunares rojos. Isolda quiso cogerle en brazos, pero Ruy prefirió quedarse en los de Román al tiempo que se ponía su chupete y cerraba los ojos aún con un eco de llanto en su respiración, ella le besó el emplasto y volvió a la cocina, mientras los dos se metían en el cuarto de ella.

-Yo creo que un caoba claro, con reflejos rubios le va mejor que bien…

-Ella es claramente castaña oscura, y tiene una tez pálida, si la pones de rubia la matas…

-Entonces caoba con tonos café, en vez de rubios, y le subimos el comienzo del pelo, y ahuecamos, menos ceja, afinamos un pisco la nariz, más labios….

-Las manos….

-Las manos en carmin o en opal, dependiendo de la ocasión…porque hija, las tienes como las de „La más grande“….

-Pues si, fíjate , no me había fijado, y eso que se las hice una vez….ya llovió….

-Y brillos, muchos brillos….

Isolda asistía a esta conversación semi tumbada en un cómodo sillón de terapias estéticas, sin poder tomar parte ya que su rostro estaba oculto tras una mascarilla facial que le impedía siquiera mover un músculo. Alguien le tomó la mano derecha, otra persona la izquierda, una tercera persona el pie izquierdo una cuarta el derecho, optó por cerrar los ojos y dejarse llevar por la relajante música que escuchaba de fondo, como de violines sin violines y lo que le pareció el sonido de las olas del mar.

Montatanto la dejó delante de su portal a última hora de la tarde, recordándole que se verían al día siguiente a las diez. Nada más abrir la puerta de su casa, le recibió un sabroso olor a algo que Román estuviese cocinando y los gritos de Ruy mientras venía corriendo a recibirla.

-Bapa- Ruy escondió su cara entre sus manitas embadurnadas de pintura de témperas y le dió un beso de chocolate en la mejilla, Román le dio la probar una cuchara de madera con una salsa densa y oscura que sabía a tomate con algo más que no supo definir, pero que le abrió el apetito, no se acordaba de la última vez que había comido ese día, además de las pastas de Titulcia.

-Bapísima- Confirmó Román, volviendo a las cazuelas, ella se sentó junto a Ruy y le acarició la mata roja de rizos, aún tenía el emplasto, pero estaba menos hinchado, según Román en urgencias le habían dicho que no le quedaría cicatriz.

Antes de cenar decidió darse una ducha, ya que tenía la impresión de haberse caido en una marmita de crema hidratante para que después alguien le aplicase laca en grandes cantidades.

Román había cocinado una salsa de tomate con calabacin y berengena, y en lugar de acompañarla con pasta se había decidido por arroz, para la ocasión abrieron una botella de vino. Ruy cenó un buen plato y ella lo llevó a dormir, le daba la impresión que hacía semanas que no lo veía. Después se reunió con Román en la cocina.

-Y de qué Valdevientos eres, de los de los bancos, de los constructores, de los transportes…- Se habían sentado mirando hacia el patio, con los pies sobre la calefacción, su rutina nocturna desde que vivían en aquel piso.

-De todos y de ninguno

-Venga Román, que soy yo, que parece mentira hombre, no es que me importe que nades en pasta o no, pero enterarme así…

-El que iba a hacerse cargo de las cosas era mi hermano, a mi me dejaban en paz con mi „capricho“ de estudiar historia, pero se nos cruzó uno que se creía Aiton Senna y…bueno, él se quedó alli- Miró por un momento la brasa de su cigarrillo, ante de tomar otra calada- no me echaron la culpa, porque no la tenía, pero el vacío puede oradar montañas y me fui.

-Pero tenéis contacto o estáis enfadados?

-No, les llamo a veces, y me bajo cuando tengo humor, mi padre viene a menudo y hacemos algo juntos, mi madre no, y yo lo respeto.

-Así que eres un rico heredero

-Heredero del turno de mañana

-Román, esto va muy rápido…

-Rápidos van los trenes y no todos descarrilan, tu haz lo que te diga Montatanto y no hay problema…

-Y si sale mal…?

-Siempre podrás decir la frase „era joven y necesitaba el dinero“, además te vas a codear con gente importante, vas a ir a saraos, a viajar, mal no lo vas a pasar…

-Y Ruy? Me da la impresión de que me lo estoy perdiendo, no sé, todavía es muy pequeño…

-Él sabe quién es su mamá, y eso es lo más importante- Miró por un instante el reloj de la cocina- como también es importante dormir, que si no este servidor mañana es un zombi que vende piragüas…- Y se incorporó para estirarse cuan largo era.

-Román

-Si Mylady…

-Gracias…

-Las que tu tienes „bapa“, que duermas bien- Y pasandole fugazmente la mano por la cabeza abandonó la cocina, ella le siguió con la mirada y cerró los ojos relajando la cabeza en la nuca, no era mala idea irse a dormir.

Montatanto llegaron acompañados de tres operarios en mono gris. A su pregunta sobre qué venían a hacer los operarios a su casa, Isabel le contestó que la casa estaba falta de armarios, y sin más dilación la apremió a apurarse un poco, ya que de lo contrario llegaría tarde a su primera cita del día. Y se sumió en una borágine durante la cual visitó incontables showrooms de firmas de alta costura y de pret-a porter, presidió comités, dirimió debates, viajó a Bruselas, Londres y Ginebra, se reunió con asociaciones vecinales, representantes de grupos antisistema, plataformas de padres, enlaces sindicales, reuniones de los grupos en coalición, habló en radio y televisión, acudió a eventos, se acostumbró a verse en los periódicos, recibió clases intensivas de inglés y francés, de oratoria, de protocolo, y un gabinete logopédico perfeccionó su dicción y ritmo de respiración.

EL NOVIO CAÑÓN Y FORRADO DE ISOLDA LINDERO“, acompañaban el titular fotos de Román, tomadas mientras hacía jogging por el parque, y en su posterior intento de despistar a los fotógrafos. „CÓMO SE CAZA UN MILLORARIO?“ , alguien les había hecho una foto mientras paseaban con Ruy por las calles aledañas a su casa, Ruy de la mano de ambos. „VALDEVIENTOS. NUESTROS ROTSCHILD“, y a lo largo de varias páginas a todo color se desgranaba la historia de la familia materna de Román, con fotos incluidas.

-Pues sí que han debido de buscar en el fondo del baúl de las fotos, esta es de la puesta de largo de mi madre y mi tío Gervasio murió antes de nacer yo…- Román miraba con interés las fotos, sin poder evitar reirse, Isolda, sentada frente a él a la mesa de la cocina miraba las fotos del parque.

-Y tienen razón, estás cañón…

-Tengo que dar ejemplo al cliente potencial…- Ella suelta una carcajada descreida, él hace que se arregla el peinado, se miran un instante, pero antes de que puedan decir nada, Ruy entra en tromba en la cocina imitando el ruido de las aspas de un helicóptero, Román se incorpora y lo alza del suelo, haciendo de él un avión y perdiéndose con él por el apartamento, Isolda sonrió al escuchar las carcajadas de ambos, se disponía a unirse a la pequeña flota aerea, cuando vibró su móvil. Respiró hondo. Montatanto.

-Ni se os ocurra salir ahora

-Ya

-He vaciado tu agenda para este fin de semana. En casita y tranquilitos. OK?

-OK

-Porque estáis „tranquilitos“…

-Tranquilísimos…

-Perfecto. El lunes a las ocho. Happy Weekend, dear!- Ella le deseó lo mismo, imitándola en los gestos, ahora que no la veía,y dejó con desgana el móvil sobre la mesa, se volvió hacia el patio de manzana, un hombre estaba cortando el pelo a otro junto a la ventana del tercer piso de la casa azul, sonrió, y se acordó de cuando su madre lo hacía con ella. Su madre. Tendría que llamar a su madre.

-Me he bajado todo „Dowton Abbey“…- La voz de Román la hizo volverse.

-No lo digas muy alto….

-Me he bajado todo „Dowton Abbey“…-Susurró él entonces haciendo altavoz con las manos, la hizo reír.- Y pedimos media tonelada de pato agridulce y toda la producción de arroz de Vietnam Este….

-Y cerveza

-Eso que no falte..

Se pasaron el resto del fin de semana en casa, tranquilos, como había ordenado Montatanto, con los móviles desconectados y sin atender al telefonillo. Aprovecharon para ordenar los nuevos armarios a medida que recorrían el apartamento de parte a parte, jugar con Ruy y verse todo Dowton Abbey mientras comían pato agridulce con arroz regado con cervezas heladas.

El lunes a las ocho en punto, Isolda ya estaba de nuevo en su papel de diputada ,tacones en ristre, esperando que Montatanto le hiciera una perdida para que bajara, Román le preparó su vaso termo con café con leche, más café que leche y tres de azucar, y se lo tendió como haría un camarero del Ritz. Y se hizo el silencio entre ambos, como cuando el mar se retira, y algo quiso decirle él que ella ya sabía, y él se adelantó un paso, cuando llamó Montatanto. Y volvió el mar. Él le abrió la puerta, pero ella no se decidió a salir.

-Ve…

-Pero…

-Ve..

Y bajó las escaleras, mirando de vez en cuando hacia atrás, hasta que le perdió de vista y escuchó que la puerta volvía a cerrarse.

A partir de ese momento al apartamento volvió a sobrarle una habitación, y aquellos que les observaran desde las otras ventanas del patio de manzana les tomarían por lo que eran,una pareja bien avenida con un niño pelirrojo de rizos. Él llevaba la casa y atendía a Ruy mientras ella se sumergía en un laberinto político en el que nunca había tenido intención de meterse. A eso se unió que Fierro llegó a la conclusión de que el apartamento no era viable en aras de una mínima seguridad, y que la prensa descubrió un filón en Román, que no podía dar un paso sin verse asaltado por una horda de paparazzi, que le perseguían haciéndole todo tipo de preguntas absurdas. Una tarde, mientras se dirigía a hacer una visita a su tía Soledad, hermana de su madre, a la que creía debía una explicación después de que los Valdevientos pasasen a ser los protagonistas absolutos de prensa y televisión, una nube de fotógrafos y micrófonos se le echó encima a dos calles de su objetivo, y se vio de pronto cercado contra la pared de un edificio con focos de cámaras cegándole y preguntas a gritos. Él, como única salida posible, sacó su móvil y llamó a su primo.

Se subió al coche como quien escapa de un dinosario enfurecido. Su primo Álvaro se incorporó al tráfico casi llevándose por delante a un par de cámaras de televisión y haciendo caso omiso de los gritos y protestas posteriores.

-Te van a poner a caldo…

-Que me pongan…Primo!…años sin vernos…y ahora así!…luego te doy un abrazo…- y Álvaro le dio una palmada sobre un muslo riendo.

-Es que ya no sé que hacer….

-A Lotta le pasó lo mismo….llegó a no querer salir a la calle….

-Mis padres se han ido a Nueva York…hasta allí no van a ir…

-Por qué crees que hice lo de Ávila?…Voy a dar una vuelta absurda y volvemos a casa….entramos por atrás….

-Isolda quiere convertirse en avestruz….

-Pero estar estáis- Si bien Román tenía el pelo y los ojos oscuros, ambos primos se parecían en las facciones heredadas por su común Valdevientos, marcadas y correctas, en su debido lugar.

-Estar estamos…..siempre estuvimos, al menos yo, era cuestión de tiempo….

-Espera un momento-Álvaro accionó un dispositivo en el volante, Lotta respondió con un „Digamelón“, Álvaro sonrió y miró a Román quien supone que sólo un hombre enamorado hasta la médula puede sonreir así- Lotta? Dile a Fuen que prepare las habitaciones de atrás y que Pedro vaya a las señas que te envié…

-Muy bien…estáis bien?- La voz enlatada de Lotta no dejaba de ser dulce, Román se ríe.

-Hemos sobrevivido- Lotta soltó una carcajada

-Estamos llegando, amor-

-Ya se lo digo- Cuelgan.

-Muchas Gracias

-No digas tonterías

 

-Y tu no tienes nada que ver- Su hermano Hugo siempre empezaba las conversaciones desde un punto del que nadie sabía el origen, ella optó por una respuesta negativa, si algo había aprendido en ese corto espacio de tiempo era que era más fácil convertir una negación en afirmación, que lo contrario- Me llamaron ayer y empiezo mañana, no sé cómo se lo tomará Bernardo, pero Gallager es Gallager….

-Quién es Gallager?

-El marchante, la galería… tú en qué mundo vives?- Ella optó por no contestar- Y por eso te quería preguntar…no vaya a ser que te meta yo en un embrollo…

-No, no creo…- Y apuntó en un papel que tenía que preguntárselo a Montatanto.

-Ya pregunté y puedo ir normal….

-Normal

-Nada de trajes o eso

-Mejor, créeme..

-Paso un día y te cuento…pero eres Kissinger sister, no hay quién te localice!

-La próxima vez llamas a Román…

-Ay pues es verdad…bueno, hasta más ver u oir, dale un beso a mi sobri..

-Será dado…y enhorabuena a los premiados!- Hugo soltó una carcajada y ambos colgaron, ella le envió un mensaje a Montatanto, que respondió con un emoticono sonriente, ella correspondió con un Gif de Dory parpandeando. Después volvió a sumergirse en el boceto del discurso que debía dar esa tarde en la sede de la Asociación Provincial de Amas de Casa. Se preguntó con qué cara iba ella a presentarse ante aquellas mujeres, si hacía semanas que sólo iba a una casa, que ni siquiera era la suya, a dormir y veía a su hijo a través de los videos que le enviaba Román varias veces al día, de pronto tuvo ganas de llorar, pero no pudo, la puerta de su despacho en la nueva sede del partido se abrió sin que ella hubiera dado permiso para hacerlo, dando paso a un exultante Alfonso que entró dando una sonora palmada que la hizo dar un respingo.

-Ministerio!

-….

-Tenemos Ministerio

-Alfonso, no sé de qué me estás hablando…

Tres miembros del partido entraron entonces, dando también palmas, ella se incorporó sin saber qué era lo que se suponía que tenía que hacer.

-Te puedo seguir llamando de TU, Señora Ministra?- Ella se tuvo que apoyar en la mesa, por una fracción de segundo, le había dado la impresión de que el despacho, con todos ellos dentro iba a comenzar a girar. Los otros se acercaron a ella y se turnaron en besos y abrazos, uno salió corriendo en busca de champán.

-El Ministerio de Asuntos Sociales es nuestro!- Y la voz de Alfonso le sonó como la de alguien que acabase de ganer el Gordo de la lotería, ella alcanzó a sentarse en su silla, temiendo que la habitación amenazase con girar otra vez.

-Alfonso…

-Pero alégrate mujer, que parece que te hubiesen condenado a la horca!

-Alfonso…yo no puedo ser ministra…yo…es mucho para mi…- Se habían quedado solos, los otros se habían marchado en busca de los demás integrantes para brindar, Alfonso acercó una silla a ella y se sentó, sin rastro de sonrisa alguna en su rostro, levantándole suavemente la barbilla con el dedo.

-Por supuesto que puedes, Isolda. No nos querrás aguar la fiesta…- Ella alcanzó a mirarle, pero no le reconoció, como temía también ,llegado el momento, no reconocerse a sí misma. Y quiso llorar otra vez, pero el despacho se llenó de gente blandiendo botellas de champán y cantos própios de estadios de fútbol tras la victoria de un campeonato.

Y se fue. Cogió su bolso y se fue corriendo. Cuando llegó a la calle, se sorprendió a si misma huyendo sin saber a dónde. Se paró y trató de respirar con normalidad. Al paso de un taxi, le hizo seña y se subió.

En Decathlon esa semana estaba dedicada a „Valles y Montañas“ y a todas las actividades deportivas que se pudiesen realizar en ambos parajes. Ella entró por la puerta principal haciendo caso omiso de los comentarios que escuchó a su alrededor de aquellos que la reconocieron, a paso firme y rápido se dirigió a la zona de deportes acuáticos, Román se encontraba en ese momento reponiendo gafas de natación, cuando la vio las dejó caer al suelo sin dar crédito. Ella se acercó a él y le cogió de la mano sin mencionar palabra, para después casi a la carrera buscar un lugar en el que poder hablar con tranquilidad, encontrándolo dentro de una tienda de campaña de tres espacios a la que cerró la cremallera de acceso al interior tras sí.

-Algo con Ruy…

-No

-Te han echado…

-No

-Quieres comprarte una tienda de campaña…

-Román, por favor, esto es serio….me han hecho ministra..- Él escondió el rostro entre las manos, ella negó con la cabeza.-Yo renuncio…

-Estás loca?

-Todo va muy rápido, Román, y no doy, no doy…

-Claro que puedes…

-No sin ti…

-….

-Puedo si estamos juntos en esto, necesito que seas mi „No te preocupes, ya lo hago yo“- Él le regaló media sonrisa y su voz rota pulsó el interruptor de la calma.

-Acaso no lo soy ya?- Un rumor de voces se acercó entonces a la tienda, algún flash, el móvil de ella empezó a recibir whatsapps ininterrumpidamente, el de él vibraba y sonaba sin tregua. Ella le cogió la mano, el carraspeó y entrelazó los dedos de ella con los suyos, se miraron un instante y él subió la cremallera de la tienda.

 

A tenor de la inesperada visita de la Ministra de Asuntos Sociales, Isolda Lindero López, a la filial de Decathlon esta mañana, hemos de informar de la intención de su Ministerio de surtir de tiendas de campaña tipo JumpLake 4 a todo aquel colectivo que se vea afectado por la pérdida súbita de vivienda, bien por catástrofe natural bien por accidentes ajenos a su voluntad. La Sra. Ministra se complacerá en dar una rueda de prensa al respecto, que se anunciará en los próximos dias.

Agencia Montatanto

Sábado

-Esto es un bote de cacao

-…..

-Es amarillo y tiene un elefante azul que va en patín.

-….

-Está según entras en el mismo pasillo a mano izquierda, justo después del café- Lo sostiene ante él como quien presenta un producto en un anuncio de televisión, él mira el bote de cacao y luego la mira a ella, parpadea y asiente, luego vuelve a la revista que estaba leyendo, la misma página desde que ella se la había dado. Ella coge un yogur de fresa de encima de la mesa, se lo muestra como antes había hecho con el cacao, él sigue mirando la revista.- Cielo..- él vuelve a mirarla, sonríe, ella lo intenta- Esto es un yogur, de fresa…compras seis, están recorriendo el pasillo del cacao hasta el final, torciendo a la izquierda- él parpadea, y le coge el yogur de las manos, lo observa en silencio, ladea levemente la cabeza.

-Fresas- Dice, y parpadea otra vez, parece sonreír y se lo da otra vez para volver a la revista, pasa la hoja, ella espera un instante, sin moverse, él vuelve entonces a la hoja anterior, ella vuelve a respirar y traga el nudo en su garganta, mira fugazmente al techo, carraspea, respira hondo sin hacer ruido- Cielo..- él la mira y sonríe, ella le muestra una paquete de pañales- Y pañales de la talla 2, da igual la marca, pero tienen que ser del 2, cuatro paquetes- Él no la mira, algo ha llamado su atención en la galería, Nora se ha despertado, se incorpora y se aleja despacio hacia la galería, le observa coger con delicadeza al bebé en sus brazos, Tessa aún duerme, vuelve con Nora contra si, besándole la cabecita- Cielo..-Él se sienta y se asegura de que Nora tiene el chupete- Cielo.-Él la mira un poco enervado, pero después sonríe- Tres paquetes, da igual la marca…

-Tres paquetes…de qué?

-Pañales..

-Ah si, claro para estas señoritas…

-Exacto…del dos, del número dos…-Él asiente y comienza a tararearle una canción a Nora, quien parece haber vuelto a dormirse. Ella coge un papel y escribe en letras mayúsculas CACAO, YOGURES 6, PAÑALES x4 talla 2.

Dimas baja las escaleras de dos en dos, ella siempre tiene miedo a que tropiece, caiga, y se rompa algo, pero no, salva los últimos tres peldaños de un salto y aterriza en la alfombra que hay ante la puerta principal. Ya se ha puesto el plumifero y el gorro, sólo le faltan las botas.

-Dimas, mi vida, mira, hoy tú buscas las cosas en el super, no es maravilloso?…mira, aquí está la nota- A Dimas se le ilumina la carita, y da un par de saltitos, coge la nota y la lee.

-Cac..cacaao, Yo..yogyogures 6, Paña..le.les 4

-Con un 2, tienen un 2 en el plástico…

-OK…pero papá también sabe leer…

-Claro, mi vida, papá sabe leer..- Tessa se ha despertado, y parece querer demostrárselo a los cuatro vientos, ella se apura a la galería a cogerla antes de que lo haga él. Él juega con Nora sobre la manta del suelo.- Cielo, Dimas ya está listo…ya podéis iros…- Él la mira y asiente.

-Vale, me das la nota?

-Ya se la di a Dimas, hoy puede buscar las cosas él…

-Y si no las encuentra?

-Pues le ayudas tú

-Ah claro…- Se incorpora y se dirige despacio al recibidor, le observa ponerse la parka, el gorro y las botas, Dimas se pone el gorro y abre la puerta, él parece pensar algo, ella no se mueve, no respira, él mira en su dirección con los ojos ligeramente guiñados, pensando, de pronto se ríe y se da un ligero golpe con la palma de la mano derecha en la frente, volviendo sobre sus pasos al salón- El coche sin llaves no anda….en qué estaré pensando..- Y vuelve a reír, se acerca a ella y la besa fugazmente, le acaricia a Tessa la cabecita y padre e hijo se van. Ella vuelve a respirar, eso querría saber ella, en qué está él pensando. Busca sentarse sobre la manta del suelo y deja a Tessa junto a su hermana. Nora busca a Tessa, y ésta confunde la barbilla de su hermana con un chupete. Ella suelta una carcajada. Que la asusta. No sabía que aún tuviera reservas de ellas.

Padre e hijo regresan dos horas después. Dimas acarrea tres bolsas de naranjas, que deja sobre la mesa de la cocina, para volver corriendo a ayudar a traer el resto, regresa con dos packs-ahorro de zumo de piña. Cuatro bolsas XL de patatas fitas, tres packs de pizza Margarita congelada, veinte plátanos, dos melones, tres bolsas de manzanas, dos lechugas, dos kilos de tomates, seis tabletas de chocolate, dos botellas de champú, queso mozarella, jamón serrano, dos salamis, una caja de llaves inglesas de todos los tamaños, dos botellas de vino chileno, galletas de limón, dos solomillos, un ganso congelado, tres tarrinas XL de helado de vainilla y chocolate, dos garrafas de detergente para blanco, una garrafa de detergente para ropa muy sucia, una garrafa de detergente color, una botella de suavizante con olor a aloevera, pasas, tres lasañas vegetarianas, dos de carne, pan de horno, pan de sandwich, sushi, una pelicula de video para hacer pilates, tres packs de pilas, dos docenas de huevos, alubias rojas, seis latas de melocotones en almíbar y cuatro paquetes de harina para celíacos.

-Mira, mamá! Cuántas cosas!- Exclama Dimas, al tiempo que le muestra una bolsa gigante de grageas de chocolate, ella se limita a fingir una sonrisa cómplice, él regresa con dos botellas de champán francés, que le muestra guiñándole un ojo, para acercarse a ella y darle un sonoro beso.

-Y si se brinda, que sea con champán francés….quién dijo eso?…no sé…pero es un genio- Y se ríe, Dimas se llena la boca de grageas y asiente, sin saber a qué.

-Papá daba vueltas y vueltas y vueltas y vueltas sin coger nada….yo cogí todo eso…lo hice bien mamá?- Y a ella le vuelve el nudo, y se lo traga, mira fugazmente al techo, y sonríe, o al menos eso cree.

-Claro, mi vida! Todo perfecto!Sois unos profesionales!- El padre ha comenzado a guardar las cosas en las alacenas, sin dudar un momento qué va dónde, ella le quita a Dimas el gorro y le ayuda con la cremallera del plumífero, él se mete otra mano de grageas en la boca, ella le da un beso. – Cielo…me ha llamado Nuria, que quiere que pase un momento a ver una cosa, es ida por vuelta, y después hacemos la cena, vale?…-Él la mira un instante y parpadea, sin decidirse a guardar una lata de melocotón.

-Nuria…

-Si, Nuria…las niñas ya están comidas y cambiadas….vuelvo ahora, Dimas, tú ayudas a papá, si?

-Pizza!!

-Ida por vuelta cielo….no tardo nada…- Él asiente y sigue guardando cosas automáticamente.

Ella se calza la botas, se pone el plumífero, un gorro y coge su bolso,cierra la puerta sin hacer ruido. Alcanza a tomar el autobús, no se sienta, son sólo dos paradas hasta el supermercado, recorre el parking a paso rápido pero sin correr, dos botes de cacao, dos paquetes de pañales talla 2 y un pack de seis yogures de fresa, paga en efectivo, y regresa en el siguiente autobús. Deja la compra en el metido junto a la puerta.

-Lasaña!! Mamá!….- Dimas da saltos de alegría por el salón, una de las niñas se asusta y empieza a llorar, el padre la coge y cesa el llanto.

-Qué bien!…ya pongo la mesa…- Él se le acerca con la niña en brazos y se la pasa.

-No, eso siempre lo hago yo…

-Ay sí, cielo…en qué estaré pensando….

*Con el fin de evitar falsas conjeturas, me gustaría aclarar que  la forma de actuar del personaje del padre corresponde a los síntomas del denominado “Síndrome del Burnout” (Burnout Syndrome). El “Síndrome del Burnout” es un transtorno mental que afecta a muchos hombres y mujeres en el mundo. Sirva esta historia como pequeño homenaje a tod@s aquellos que lo padecen, a sus familias y los amigos que les ayudan a superarlo. Muchas Gracias.

Trosiak

La descubrió entre la multitud gris y marrón que se agolpaba en aquel inhóspito lugar. Envuelta en mantas de un color indefinido, el rostro oculto por un echarpe de lana. Su primer impulso fue abrirse camino hasta ella a través de la masa de gente, pero no se movió un ápice. Ocultó aún más el rostro en el capuchón que cubría su cabeza. Los dos en territorio hostil. Demasiados ojos. Aún demasiada luz. Sin previo aviso comenzaron a abrirse los portones de madera que daban entrada a la ciudadela, y la multitud comenzó a desplazarse a la vez y en la misma dirección, como lo hace el agua de una esclusa al abrirle las espuertas, arrastrando, vapuleando, pisando, empujando, gritando y pegando, sin orden ni razón. Y él se vio sumergido en ella, sin poder siquiera dirigir sus propios pasos. Ya cerca de los portones, se atrevió a mirar en derredor. La había perdido. Se embozó de nuevo y bajó la cabeza al cruzar al interior, entre lotes, mulas, enseres, carros, sacos, llantos, gritos, golpes, caídas, charcos y la más cruda desesperación hecha ser.

Entonces empezó a nevar. Y volvió a haber empujones y golpes para conseguir un lugar bajo techado en el que pasar la noche, lo que regaló después al interior de la fortaleza un aspecto de paisaje marrón y negro de mantas que cubrían cuerpos arrimados para lograr calentarse. Él recorrió uno de los laterales de la muralla, con techados más amplios, donde había observado habían buscado cobijo mujeres y niños. Buscó la oscuridad. Se sentó contra el muro, rodeado de bultos informes. Cerró los ojos, aún sabiendo que no conseguiría dormir.

-Trosiak- Era tal leve el susurro que por un momento pensó habría sido el viento, que soplaba cruzando los alprendes. Abrió los ojos en la oscuridad de su capuchón, pero no se movió. Recorrió con la mirada uno a uno los montones a su alrededor, inertes y oscuros. A su izquierda uno de los bultos pareció moverse. Giró la cabeza y la vio. Había liberado su cabeza de la manta que la cubría, aún en la penumbra era patente su palidez y su rostro denotaba un agotamiento al que fue incapaz de dar nombre. Ella volvió a ocultarlo bajo la manta y se apartó de nuevo a la oscuridad. Él no se movió. Luego comprobó que todos los bultos continuaban inertes y escuchó el silencio, sólo roto por el silbo del viento y los bramidos lejanos de las bestias. Se deslizó hacia donde había visto hacerlo a ella. De una vez. Sin hacer ruido. Notó como una mano acariciaba sus ropas, para volver a desaparecer después. Él también se atrevió a hacer lo mismo. Se mantuvieron así, sin siquiera moverse o hacer atisbos de mirarse, tras escuchar voces provenientes de algún lugar. En un momento, ella palpó las ropas que le cubrían a él hasta alcanzar su mano y tomándola en la suya la introdujo debajo de sus mantas. Trosiak se volvió hacia ella de pronto, sin cerciorarse de nada, al entender lo que ella había tratado de decirle. Bajo varias capas de mantas y ropa informe que la cubrían, ella escondía un ya voluminoso vientre. Trosiak hundió su rostro en las manos y después se aferró la boca con una, para no gritar. Escucharon pasos. Ambos volvieron a ser sombras oscuras inertes contra un muro. El buscó el vientre de ella otra vez, cuando regresó el silencio, y se giró a medias, recuperando algo que creía haber perdido en algún punto de la huida, su sonrisa, o lo que recordaba de ella.

-Cinco pasos. Cinco pasos tras de ti- buscó mezclar su susurro con el viento, ella negó con la cabeza- Cinco pasos-repitió casi acercando su cabeza a la de ella, quien le buscó en la oscuridad y reuniendo su mano con la de él asintió en silencio, él abarcó entonces el vientre con la mano, encontrando los ojos de ella en las sombras.

-Trosiak- apenas un siseo, que le devolvió su nombre y lo que representaba, y se atrevieron a ensayar la sonrisa, apenas, casi con miedo. Para volver después cada uno a su lado de la oscuridad.

Al abrir el alba, los montículos a su alrededor se fueron erigiendo en grupos indistintos de mujeres, niños y ancianos, que no perdieron tiempo para reunir sus portantes para continuar camino. Trosiak esperó a que ella se incorporara, para hacerlo él, pero permaneció apoyado al muro, embozado en sus mantas y su capuchón.

La multitud se puso en marcha en cuanto se abrieron las puertas de la ciudadela. Ella esperó a que saliese la primera impronta para avanzar. Sin mirar atrás.

Él contó entonces.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco.

Toc-Toc

La ventanita se había abierto sola. Y ella había pulsado SI. Porque antes siempre había pulsado NO. Y la ventanita se abría una y otra vez cada vez que intentaba abrir su Email, o mirar el periódico digital, o simplemente escribir algo en Word. Después ya no volvió a aparecer.

Su rutina diaria consistía en despertarse todos los días a las seis y media de la mañana, levantarse como una zombie de la cama y meterse en la ducha, vestirse el uniforme, maquillarse un poco, tampoco demasiado, nunca había sabido hacerlo bien, en invierno una parka azul forrada de borreguillo, botas de agua y en verano un chal de lana rojo que había comprado a un mantero hacía años y las zapatillas de deporte que le había dado su prima porque a ella no le eran cómodas. Los salón en el bolso. Se llevaba un café en una taza termo y cogía el cercanías de las siete y cuarto. Llegaba a su parada a las ocho y de allí caminaba diez minutos hasta el edificio de oficinas donde trabajaba. Ella era una de las recepcionistas de la consultoría Warren,Suarez & Canalda. Desde que llegaba hasta que se iba a las cinco se ocupaba junto con otra compañera de todas las comunicaciones de centralita y recepción de correo, además de atender a todos aquellos clientes que tenían una cita o deseaban una. En la media hora de descanso al medio día solía comprar un sandwich en una de las cafeterías de la calle, al principio había llevado el suyo, pero ahora prefería salir a la calle y tomar el fresco. Cuando acababa, siempre a las cinco, ya que no estaban permitidas horas extra, hacía el trayecto en sentido contrario.

Después se desmaquillaba para que no le salieran granos, se ponía su pijama de andar por casa, calentaba su puré que cocinaba para toda la semana y con un bol grande en la mano se sentaba delante del ordenador a saber qué había pasado en el mundo ese día.

Siempre visitaba las mismas páginas, los periódicos, alguna revista de moda, las del corazón y la página de Instagram de Scott Thompson. Ella no colgaba nada en Instagram. Para qué?. Su vida no tenía nada de interesante. Pero la de Scott, sí. Además de ser, siempre según su opinión, un hombre muy guapo, le gustaba como actor. Tanto en drama como en comedia. Scott Thompson saltaba desde cataratas a lagunas cristalinas, hacía surf en playas paradisíacas, esquiaba por pistas de vértigo, asistía a eventos con otra gente famosa, colgaba vídeos cortos de cosas que le pasaban, tenía novias espectaculares y una risa contagiosa. Le seguían millones de personas en todo el mundo, que le dejaban declaraciones de amor interminables o mensajes en idiomas indescifrables. Ella no. Ella sólo clicaba su página y miraba qué cosas increíbles había hecho ese día.

-Te quedan bien las camisetas blancas, mira que es difícil, y no te cortes el pelo tanto…- Y menea la cabeza- ya hablo hasta con el ordenador, lo mio es triste…- Y se acaba el puré, clica su último vídeo corto, él con su compañero de reparto haciendo malabares con naranjas- Ese chico está mal, está amarillo…o será la luz, o estará maquillado con estos nunca se sabe…pero de amarillo…. de ganster?…va a ser que nopp…definitivamente estás amarillo chaval- Y asiente tras guiñar los ojos para ver mejor, mira la hora- uyuyuy…a dormirrrr..!Buenas Noches Scott- Y apaga el ordenador.

Arantxa Canalda llegaba siempre al mostrador de recepción como si llegase al mostrador del Palace, con una especie de cara de poker que arqueaba una ceja y extendiendo su asortijada mano derecha en espera de que le entregasen el correo. Nunca daba los Buenos Días.

-Llegó también un paquete…

-No querrás que lo suba..

-No, sólo la aviso de…

-Que me lo suba Javier, o tú que parece que no tienes nada que hacer…-Ella asiente y le entrega las cartas en silencio, Arantxa Canalda se aleja entonces clavando sus tacones en el suelo de mármol y dando golpes de melena. Laura la imita una vez desaparece en los ascensores.

-Un día te va a ver- Le advierte ella en susurro, Laura la mira y hace un claro gesto de escepticismo.

-Es más gilipollas y no nace…”que no tienes nada que hacer”dice, la quería ver yo aquí…- Llega un cliente y cambia el gesto a una amable sonrisa, ella busca el paquete para dárselo a Javier.

Al final lo tiene que llevar ella, le gusta subir a los despachos. Tiene curiosidad por saber en qué se ocupan todo el día. A ella también le hubiera gustado estudiar algo,empresariales con derecho,para ser más exactos, pero de dónde no había no se podía sacar, como siempre decía su prima, y tras sacar el bachillerato con la mejor nota del instituto, se había puesto a trabajar. Había hecho de todo, desde limpiar en casas, pasando por pasear perros, repartir publicidad y hacer la cola del paro, hasta que la habían llamado de dónde estaba ahora hacía ya dos años. Le daba para permitirse pagar un alquiler y había podido independizarse de su prima. Y su prima de ella. Ahora se llevaban mejor. Le deja el paquete a la secretaria de Arantxa, quién le rola los ojos y hace un gesto hacia el despacho, ella le hace entender que la entiende y vuelve sobre sus pasos. La moqueta es mejor en este piso. Más mullida. En qué cosas se fija.

Esa noche Scott está abrazado a una pelirroja teñida embutida en un vestido mínimo encaramada a unos tacones, mira a la cámara poniendo cara de interesante. Ella toma una cucharada de su puré y amplia un poco la foto.

-Pelirroja soy yo, esto es tinte de lo peor, y es enana, o casi…- y se ríe de lo que acaba de decir- y yo tengo más interés en este bol..que el que ella tiene en ti…vamos…yo adoro este bol…es el único que tengo…no te soporta…te lo digo yo- Y asiente dándose la razón a si misma, clica un nuevo vídeo, ahora su compañero de reparto y él bromean sobre quién es más alto- Este chico tiene algo en el riñón….claramente…es que no se mira en el espejo?…no es que tú seas más alto, él anda como encogido…..no sé…allá él- Mira la hora y se asusta- ayayay no pué ser no pué serrrr…Buenas Noches Scott- Y apaga el ordenador.

Las semanas siguientes transcurrieron con monótona rutina, sin más cambios salientables que el tiempo mejoró y comenzó a hacer sol. Además se había informado sobre la posibilidad de estudiar la carrera a distancia, y podía ser factible, siempre y cuando siguiese teniendo trabajo, y su contrato vencía en tres meses. Todavía no le habían dicho nada al respecto. Ni a ella ni a ninguno de sus compañeros. Scott, mientras, se relajaba al sol de las Islas Mauricio, asistía a dos galas benéficas, nadaba en una horizontpool, posaba para Vogue, era nominado a un globo de oro y paseaba por New York con su novia pelirroja teñida.

-No sé qué hacer, Scott, si me matriculo y me despiden acumulo deudas, si me renuevan bien….pero por cuánto tiempo, y luego está la Canalda, que me habla como si fuera…no sé….supongo que a su perro le habla mejor…y hace un calor horrible y no tengo esa piscina….así que aquí estoy en sujetador …porque esto es mio…no como el de esa….cuerpazo tiene, yo…no sé.. tendría que volver a correr…tú que dices? – Y se ríe por no llorar, y clica la foto de los dos en New York, la amplía un poco, sonríe- Venga va, es guapa…tengo que admitirlo, yo soy pelirroja y con pecas….no tengo arreglo…o si?…-Mira la hora,maldice – Agur Scott…

-Pero vamos a ver….a tí quién te ha dicho que puedes pasearte por aquí como por tu casa??!..- El desprecio en la voz de Arantxa Canalda la hizo volverse casi de un respingo, no encontró su voz para contestarle- Y encima muda….si es que….- Ella acertó a mostrarle un paquete a nombre de uno de los socios con sello de urgencia, Arantxa Canalda se encogió de hombros.- Qué coño quieres que haga con eso?!- Ella sintió de pronto unas ganas irrefrenables de llorar, pero en ese momento un hombre salió de uno de los despachos preocupado por los gritos.

-Pero qué pasa?- Preguntó sin saber a cuál de las dos mirar.

-Esta, que se cree que puede pasearse por aquí como por el Retiro…- Y la señaló como quien señala un insecto, ella se tragó el llanto entero de vez, carraspeó y casi sin atreverse le mostró el paquete que portaba.

-Ha llegado esto para usted por urgente….pensé que …

-Pensar?ja! Deja que me ría!Pensar!

-Arantxa…por favor- Acotó el hombre que había salido del despacho señalando a Canalda con el dedo índice de su mano derecha, luego se dirigió a ella y le cogió el paquete con una amable sonrisa.

-Muchas gracias….cuál es tu nombre?-

-Lotta…Carlota…perdón…

-Pues muchas gracias…Lotta, yo soy Álvaro Warren y sí…es realmente urgente…- Canalda negó con la cabeza y con un golpe de melena se alejó por el pasillo, los dos se quedaron entonces en un impass, uno con el paquete, la otra sin saber qué hacer con las manos.

-Pues nada…yo vuelvo a bajar…

-Y yo…vuelvo a ahí…- Y se separaron sin saber muy bien si era lo correcto a hacer en ese momento.

El puré de verduras de esa semana llevaba patata, coliflor, zanahorias, dos tomates, medio brecol y un trozo de jamón, además de un poco de nuez moscada. Encendió el ordenador, y tras las noticias buscó a Scott. La foto de hoy era él, muy sonriente, con una cartulina en la que rezaba “You are beautiful” rotulado en rojo. Ella rio y tomó una cucharada del puré.

-Muchas gracias…hombre, “beautiful” eres tú…y Álvaro Warren, pero tú sigues siendo mi número uno, por supuesto, y “beautiful” es este puré…mira tu cueces en caldo de verduras patatas, zanahorias, colifor, dos tomates, medio brecol y jamón, lo pasas por el pasapuré y le añades nuez moscada…”Beautiful”total…y sano…y hablando de sano…se ha mirado tu amigo el hígado?….Me llamó Lotta…no sé si tiene los ojos verdes o marrones….pero tiene un pelasso..- Y se ríe, luego toma otra cucharada- No sé si matricularme o no….tú que me dices?….es que estar así sin hacer nada….hombre admirarte a tí es maravilloso…pero algo tendré que hacer…vamos digo yo…no?…en fin…me voy al catre…a soñar con Warren y contigo…- Suelta una carcajada y no puede parar de reirse- Ay no…qué mal….Buenas Noches “beautiful” Scott.- Y apaga el ordenador.

Laura le da un codazo y ella la mira sin saber a qué se refiere, entonces le descubre ante el mostrador en su impecable traje a medida de lana fina azul oscuro con corbata a juego, blandiendo su cartera de Loewe, definitivamente tiene los ojos verdes, piensa ella.

-Buenos Días Lotta…quería agradecerte otra vez el detalle de ayer- Ella acertó a sonreir .

-De nada- Él le devolvió la sonrisa y por un momento ninguno de los tres se decidió a decir nada más, hasta que Laura le alcanza su correo del día, él lo recoge sin perder la sonrisa.

-Pues nada…que tengan un buen día- Y sin más se alejó hacia los ascensores, dejando tras si el eco de su colonia. Laura estiró el cuello y se cercioró de que había entrado en el ascensor, para dar saltitos acompañados de palmadas.

-Ay tía que está por ti! Está por ti! No me lo creo…vivir para ver tía! Ay que me meo!- Y daba saltitos y escondía la risa entre sus manos contra la boca, como la adolescente que alguna vez, no hacía demasiado tiempo, había sido. Lotta rio y negó con la cabeza.

-Tu estás para que te encierren…para siempre y tirar la llave.

El puré lo acompañó hoy de tropezones de pan tostado, y un vaso grande de agua de limón que había dejado por la mañana en la nevera, se había decidido a ponerse la parte de arriba del bikini, aún con la ventana abierta no corría el aire. Scott había colgado una foto con otra cartulina rotulada en verde “Do it!!” y un vídeo donde preparaba una comida a base de patatas, zanahorias, coliflor, tomates, brécol y bacon, que pasaba por una licuadora y ponía en un bol aderezándolo todo con nuez moscada. Ella dejó su cuchara a medio camino entre su bol y la boca, para luego tomar la cucharada con lentitud.

-Transmisión transoceánica de pensamientos….lo del bacon tengo que probarlo oye, Chin-Chin…agua con limón helada…mano de santo…para el cuerpo, el corazón, todo….se miró tu amigo el higado…o los riñones?….Warren tiene los ojos verdes….y tú azules….y tienes razón me voy a matricular…a desmatricularme siempre hay tiempo….waw! Tu cocina es mi piso y el del vecino….qué bonita, y cuánta luz!….la mía no tiene ventana….cómo es salir de la cocina a una terraza así?….usa una colonia cara..de esas que no cansan…Laura me dice que está por mi….es como si yo te digo a tí lo mismo con Talula Haston, sabes?…..no sé…pero en las fotos te mira como quien mira a un Dios en un altar…pues eso…Talula está por ti, que lo sepas…y Álvaro Warren por menda…quién nos vería en los Globos de Oro a los cuatro…- Y le da la risa, toma otra cucharada con tropezones- La próxima vez ponle pan tostado….mortal, pero sano…..y también voy a empezar a correr…ea…- Mira la hora y se asusta- ayayay no pué ser, no pué ser….Buenas Noches Scott- Y apaga el ordenador.

La mañana siguiente su tren se retrasó. Pero no le importó, siempre llegaba con tiempo suficiente para entregarle a Arantxa Canalda el correo antes que a nadie, además Laura vivía más cerca y llegaba antes. Las zapatillas tenían un agujero, tendría que agenciarse unas nuevas. Sale de la parada de metro pensando que posiblemente encuentre zapatillas baratas en Decathlon, se las va a comprar de jogging, y mata dos pájaros de un tiro, después del trabajo se pasa.

-Buenos Días Lotta- Su voz salió de ninguna parte, y ella se quedó clavada en medio del paso que estaba dando, le descubre junto a ella, hoy el traje es de lana fina gris, la corbata en tonos lilas, responde al saludo sin estar segura de haberlo pronunciado bien.

-Vienes siempre andando?

-En cercanías….y luego andando…usted?

-En coche…- Caminan uno junto al otro en silencio, sin saber cómo romperlo.

-Hoy va a hacer calor- Qué tonterías dice cuándo no sabe qué decir.

-Mejor que frío- Y él mira un instante hacia arriba, como oteando las azoteas de los edificios de la acera contraria, ella asiente, y también mira hacia las azoteas sin descubrir nada especial.

Llegan a la puerta del edificio y él la deja pasar primero, Laura le entrega el correo y él se dirige a los ascensores, en cuanto desaparece en el habitáculo Laura la mira y suelta un chillido ahogado, ella le indica silencio y niega con la cabeza mientras se pone los salón.

A media mañana le ve pasar con un grupo de clientes ingleses, le parece que sonríe en su dirección, pero no está segura, había demasiado revuelo. Laura le da un codazo y levanta las cejas.

-Si las sonrisas hablaran tía…….tú meas?…yo no…- Le susurra mientras clasifica unas tarjetas de visita, ella sigue ordenando el correo y en seguida tiene que responder a una llamada. No tiene tiempo para sonrisas.

De vuelta del trabajo se compra unas zapatillas “especial runner” en un hipermercado del calzado que tenía todo a mitad de precio. Hoy se prepara un bol de yogurt con cerales y frutos del bosque que había de oferta en el super. Scott ha colgado un video en el que sale de su cocina a una terraza desde la que se contempla una impresionante vista de Los Angeles mientras bebe un vaso de agua helada, el video es corto y sin sonido. Ella lo repite varias veces y por un momento fugaz piensa algo totalmente imposible, sacude la cabeza y toma un bocado de la mezcla, lo que hace el calor.

-Muchas gracias….es una vista preciosa, es agua de limón?…simple y tan buena, verdad?….no me canso de preguntarte por tu amigo…que se mire el higado…o los riñones…que mi padre empezó igual y por eso lo sé….tú crees que está por mi?…Warren me refiero….si las sonrisas hablaran …pues hoy habría dicho “Ah, sigues ahí…” o algo así…tu fijate en la sonrisa de Talula…la de ella dice “Estoy aquí…no me ves?”…tu haz lo que quieras…pero ella no puede vivir sin ti….Warren en cambio si que puede vivir sin mi en las casas esas donde viven todos los Warren de este mundo…qué hago?….ah por cierto: yogur con cereales y frutos del bosque…por si te interesa- Mira la hora y alza las cejas- Me voy al sobre….Buenas Noches Scott….- Y cierra el ordenador.

La mañana siguiente Warren bajó tres veces a recepción a pedir cosas que normalmente siempre pedía su secretaria o cualquiera de sus múltiples asistentes, como encargar sitio en un restaurante para una comida importante tres días después, pedir una caja de recambios de tipex y enviar un burofax, bajo la excusa de que el suyo no funcionaba. Y para todo ello necesitó su inestimable ayuda, mientras Laura se ocupaba del resto de las labores en solitario con una estudiada sonrisa tipo japonés.

-Yo te lo pregunto otra vez: tú meas?- Y ambas rieron tratando de no hacerlo muy alto.

Scott esa noche había subido un vídeo de concienciación para con el cáncer, serio y afectado explicaba la lucha que su amigo Phil iba a comenzar contra su cáncer de páncreas, y no podía retener las lágrimas, Lotta tampoco, y se acordó de su padre y de todas sus batallas perdidas, y lloró con Scott, porque él ahora lloraba de verdad, lo sabía porque le caían los mocos, como a ella, y ninguno de los dos tenía kleenex a mano.

-Que sepa que estás con él….más no vas a poder hacer….se apagan muy rápido…es lo que tiene el páncreas sabes?….yo ya te dije que estaba amarillo…tu hazte un chequeo y que vaya Talula contigo…porque ella seguro lo está pasando también mal…porque son muy amigos….por lo que leí….- Y se suena los mocos al fin, y suspira, hoy tiene patatas a la riojana y le dice la receta- porque tú no tienes mal el páncreas…..tienes un color sanísimo….como Warren….tiene unas manos preciosas…y la voz…todo él vamos, y un pelasso…me llama Lotta…pudiendo llamarme Carlota sabes?…yo de usted, por supuesto…..no sé qué hacer Scott….la verdad…porque es como para decirle….”a ver, tú qué quieres?”….pero tampoco es plan, no?…no sé….y hoy comí una ensalada de atún…, con aceitunas y un poco de mayonesa….como ensaladilla…pero con lechuga- Y se lo dice aún casi llorando, se ríe- seré tonta….que ni te va ni te viene….ah….y está soltero….eso me lo dijo Laura….y no es homo….lo que no está segura es si será del Opus….qué mal, no?….ay no sé…..pero no llores tanto…- Mira el reloj y maldice- Ayayay qué mal…qué llorera más tonta…Buenas Noches Scott…

Para la mañana siguiente estaba planeada una reunión importante entre Warren, Suárez & Canalda y otra consultoría , cuando Lotta llegó todo el edificio parecía estar preparando una guerra civil. Ella se alegró de no tener que participar en nada, Javier les había dicho que ella tendrían que hacer lo de siempre y sonreír. Arantxa Canalda eligió un Chanel azul para la ocasión, el resto se decantó por trajes chaqueta en escalas del negro al gris, Warren llegó con traje negro y corbata a rayas, rodeado de una coorte de personas que le hablaban sin parar y fue directo a los ascensores. Laura miró a Lotta con un gesto de fastidio, sin embargo Warren volvió dos minutos después.

-Buenos Días…..necesitaría una aspirina efervescente…- Y miró a Lotta como si ella fuese la única persona en el mundo capaz de conseguírsela, ella asintió y buscó en su cajón, entregándole dos, él sonrió aliviado- Muchísimas gracias…Lotta…

-Suerte..- Se le escapó a ella, sin saber por qué, él volvió a sonreír

-Se hará lo que se pueda…- Y desapareció de nuevo a paso rápido hacia los ascensores, Laura la miró e iba a decir algo, pero ella se le adelantó.

-Meo perfectamente

Sucedió durante el ágape, como lo había denominado Javier, el edificio se llenó de gente importante y la empresa de catering comenzó a servir copas y entremeses. Ella y Laura observaban todo un tanto aburridas, como azafatas de congresos sin congreso que atender, comentando de vez en cuando los modelitos de algunas de ellas, o las corbatas de ellos.

-Lo dicho, tengo que ir al baño…- Laura la miro y alzó las cejas

-Envíame una postal…- Ella le aseguró que lo haría y se dirigió a los baños.

Cuando salió, se encontró a Warren esperándola y sujetándola suavemente por un brazo la hizo volver a entrar, cerrando la puerta con pestillo por dentro tras si.

-Bueno, pues ya está….a tí …usted…qué te pasa?- Preguntó ella, como quien se da por vencido tras una larga partida al parchís, él con las manos en las caderas la miraba tan serio, que ella por un instante pensó que, sin darse cuenta, ella realmente había fastidiado algo.

-Tú, LottaCarlota, me pasas tú….si no te veo no me concentro, y si te veo no sé que decirte, y si te digo algo es una tontería….y no tengo tiempo para tonterías…y tú no lo eres…para mi…

-Cine-cena-noche loca o solo cena?…o solo cena…o chocolate con churros…?

-Todo?

-Vale

Isla Mauricio despertó aquella mañana con un sol radiante, la tarde anterior había llovido, lo que había relajado un poco la temperatura. Pero a Lotta eso no le importaba, ella se había sentado en la orilla con los pies hundidos en la arena y cerraba los ojos contra el sol.

-Lotta Carlota, no se puede abandonar a un marido así…- Y Álvaro se sentó a su lado , pasándole un brazo por los hombros.

-Estabas tan dormido….

-Eres un pájaro mañarero….

-Y tú una rapaz nocturna…- Él la atrajo hacia sí riendo.

-He coincidido con nuestros vecinos de bungalow..

-Ah…que aquí también hay “vecinos de al lado”…

-Pero no cualquiera, este es el oscarizado Scott Thompson y su flamante y nominada esposa Talula Haston…ni más ni menos….- Lotta le miró sin parpadear- Y nos conoce….no me puedo imaginar de qué…

-Ya

-Despues vienen…él habla un español correctísimo…-

Y Lotta cerró los ojos contra el sol, y pensó en la rotación de la tierra, los meridianos, los paralelos y en ventanitas. Muchas y diminutas ventanitas.

5,90.-

Todd, un treinteañero con una brillante carrera como arquitecto, debe volver al pueblo donde pasó su niñez para asistir al entierro de su padre. Este regreso a su pasado le hace enfrentarse de nuevo a….

-Esa es un dramón – Le había visto ya por el rabillo del ojo, pero no pensó que pudiese captar su atención. Ahora la tenía.

-Ya me lo parecía, no estoy yo para dramones.

-Nadie está nunca para dramones, pero los vemos igual – Ha de darle la razón, deja la carátula en su sitio- Esta no está mal – Y le muestra una. Los habitantes de un pueblo de Arkansas lo intentarán todo para salvar sus hogares y la vida que hasta ahora conocen de los planes de una empresa minera que…

-Ya la vi, al final también lloré con lo del juicio – Él asiente y sonríe, ella cree que también. Opta por hacer que busca entre las carátulas.

-A mi me gustan las de aventuras creíbles

-Aventuras creíbles. Si es de aventuras no es creíble.

-No siempre, a veces va de gente a la que le pasan cosas que también te pueden pasar a ti.- Ella le mira escéptica.

-Que te secuestren unos piratas y te lleven por toda una selva por ejemplo.-Él vuelve a sonreír, a ella no le importaría que si un pirata la llegase a secuestrar en una selva alguna vez, fuese él.

-Por ejemplo. Mira esta es muy buena, tiene de todo un poco.- Investigando un sencillo caso de robo de coches, los detectives Canon y Silverstone destapan una red de tráfico de obras de arte….

-Pues si, no pinta mal. Me la llevo.- Él escoge una de la estantería de Documentales.

-Yo me decido por este documental, ya lo vi antes, y no me decidía,pero creo que sí, también me lo llevo.- Ella se atreve a interesarse por el tema “JUGANDO CON LAS OLAS EN EL PACÍFICO Y AUSTRALIA”- Hace años fui de mochilero por allá, y la verdad es que lo volvería a hacer si volviese a tener tanto tiempo – Y ella se lo imagina cortando las olas en una tabla de surf al sol del Pacifico, sus largos brazos buscando el equilibrio en sus sólidas piernas.

-Ya

-Has estado alguna vez en Australia?.- Si por ella fuese le diría que sí, con tal de tenerle justo donde ahora estaba, ni un centímetro más a la izquierda. Tampoco a la derecha. Opta por un sonido indistinto.-Tampoco tienes tiempo.- Y ella no sabe si tiene que decir si o no. Siempre le pasa con las frases que empiezan con “tampoco”. Las diga él o no.

-Pero me gustaría, no creas – Se alegró de poder articular una frase correcta, él parece alegrase también por algo, ella no sabe muy bien de qué.

-Pero tiempo tienes…

-Para ir a Australia? – Y su tono de sorpresa le sonó como si le hubiese preguntado por su alergia al polen.

-No, al indio que está justo al salir. Hacen un mangolasi buenísimo – Y ella le da la razón. Y tiene tiempo. Incluso para ir a Australia.

Oliver, periodista soltero y ya rozando la treintena, encuentra una tarde por casualidad a Lale quien comparte con él la pasión por el cine. Deciden viajar juntos a Estados Unidos con el fin de asistir al Festival de Cine de Sundance. Roadmovie con puntos de aventura en la que….

El Curso

Oo> Orientierungsleuchte, die, pl. (Luces de orientación)

Samir se acerca a mi mesa, casi sin atreverse, con el libro de texto en una mano y el lápiz en la otra. Le animo a que me pregunte lo que quiera con un gesto amable y sonrío. Intento acompañarlo todo con una sonrisa. Amable. A poder ser. No todo el mundo lo es con ellos. Samir también me sonríe, tiene los dientes blancos y perfectamente alineados. Su boca lo intenta, pero sus ojos siguen tristes. Me señala con la mina del lápiz la palabra que titula el capítulo. Hoy hemos recibido el libro nuevo, el anterior era un cuaderno de diez hojas con el alfabeto y los números del uno al veinte. Sin palabras. Sólo letras y dígitos. Tendríamos para por lo menos tres meses, nos había asegurado Mona. A los seis días fotocopiábamos material extra, y ella no se podía explicar por qué. El libro nuevo contiene también ejercicios con el alfabeto. La primera lección es la letra O. La O mayúscula y la o minúscula. Hank pensó, cuando lo había abierto por primera vez, que se trataba de una errata. La primera letra del alfabeto es la A, me lo había dicho como contestando a una pregunta que yo nunca le había formulado, más para reafirmárselo a sí mismo que otra cosa. Pero no. En este libro la primera letra del alfabeto es la O, la mayúscula y la minúscula. Orientierungsleuchte, die, pl.(Luces de orientación). Samir me mira esperando una explicación. Sé que sabe un poco más de alemán que el resto, así que intento aclararle la duda- La luz, las luces- Y le señalo las que iluminan el aula, él asiente sin apartar de mi su mirada, concentrada en no perder ninguno de mis gestos- Una luz, dos luces- El vuelve a asentir- Orientación….- Me incorporo y le señalo un punto en el horizonte de la clase, muevo mi brazo como lo haría un árbitro de fútbol al ordenar que el juego continúe tras una falta. Samir me mira fijamente, sin mover un músculo, yo carraspeo y señalo diferentes puntos en el aula y trazo una línea imaginaria entre ellos. Samir parpadea y dice algo en sirio, que yo no entiendo, y ambos miramos a Hussein, que hace rato nos observa tratando de dilucidar lo que yo interpreto. Hussein sabe alemán. Ha superado ya el nivel B1. No tendría que estar aquí. Pero alguien le incluyó en la lista de analfabetos de su campo y tiene que asistir. Lo quiera o no. -Son las luces que se utilizan para orientar a la gente en la oscuridad, en una casa….o en una zona oscura…- Me explico. Hussein piensa un instante.- Si está oscuro, hay encender la luz- Lo repite en sirio, Samir asiente, yo también lo veo lógico- Ya, Hussein, pero verás, si una casa está a oscuras y alguien se levanta por la noche a algo, al baño, o a cualquier otra cosa…- Busco las palabras, dibujo la situación con mis manos, lento, ambos me miran sin parpadear- Entonces encender luz- Repite Hussein, se lo explica a Samir, éste sonríe y me dice algo que no entiendo- Dise que la palabra sinifica “Interruptor”…- Yo niego con la cabeza- No. Eso es “Schalter, der”- Se lo escribo en el cuaderno, si lo hiciera en la pizarra, el resto de integrantes también querrían saber a qué me refiero, y todo se complicaría más.- Aquí en Europa existen luces que se ponen en los enchufes, o pegadas en la pared…normalmente para que los niños no tengan miedo si se levantan…- Hussein recorre por un instante el aula con la mirada, pensando, Samir nos mira a ambos, sin querer perderse ni un gesto- Si niño levantar para pis, encender luz o llamar a baba..- Le explica a Samir, que asiente, yo también lo veo lógico- Digamos que es una luz “extra”, Hussein- Y hago hincapié en la palabra “extra”, Samir la repite, es una palabra que escuchan a menudo, hay muchas cosas que han de pedir de esa forma. Extra. Hussein le explica, y él sonríe, me da las gracias, le digo que no hay de qué, que me pregunte lo que quiera, vuelve a su sitio, y se lo explica a su hermano, a quien escucho decir la palabra “extra”al tiempo que señala el techo, se encoge de hombros, Samir también. Hussein no sabe si sonreír, yo le invito haciéndolo yo- No sé por qué ponen esa palabra de primera, la verdad…- Intento explicar lo inexplicable, Hussein levanta las cejas y suspira- Ameise (Hormiga), Die Ameise/ Ameisen es más fasil…- Yo le doy la razón con un gesto. Laila se acerca con el libro en la mano,es irakí, hace un mes que lee y escribe, ya puede ir a hacer la compra sola, su trabajadora social le ha comprado de regalo un carrito de la compra con ruedas que siempre trae consigo y muestra orgullosa, como si fuera su trofeo, hoy lleva un pañuelo verde de tul con estrellitas que brillan según les dé la luz, le digo que me gusta y ella se ríe tapándose la boca, me señala la segunda palabra del libro: “Pächter, der (Arrendatario)”, Hussein alza las cejas y juega con su bolígrafo haciéndolo girar sobre sus nudillos. Laila me mira esperando una explicación, yo no encuentro gestos en mi repertorio,miro la hora- Pausa? Hoy pausa antes?- No tienen nada en contra, se levantan a la vez, como un solo hombre, le digo a Laila que se lo explicaré después de la pausa, ella asiente y vuelve a su sitio, haciendo brillar las estrellitas de su pañuelo a su paso.

Hank y yo vamos durante la pausa al centro comercial que está enfrente a comprar “Luces de orientación”, me dice que con un poco de suerte si preguntamos a alguien encontramos también un “Arrendatario” que pueda explicarles qué significa serlo, me hace reír. Hank es americano, de Massachusetts, la ciudad que ya existía antes de que la cantasen los BeeGees, como siempre aclara. Él en realidad es experto en Marketing y Publicidad, y tenía éxito en lo suyo, pero decidió dedicarse a la enseñanza de alemán para extranjeros y ahora específicamente a refugiados. Le pregunté una vez el por qué del cambio. Sólo me contestó que más vale prevenir que curar. Compramos dos tipos de Orientierungsleuchte. No encontramos Pächter.

Happy tiene cita hoy en el dentista. Por fin le van a poner los dientes que le faltan. Happy tiene ya tres hijos, con tres mujeres distintas. Savaneh es de Gambia, y apunta que si ya tenía éxito sin dientes, cuando se los pongan van a tener que poner cordón policial al campo. Happy se ríe, haciendo honor a su nombre. Supongo que por eso se lo pusieron. Happy es de Nigeria. Le encargo que vigile a Yusuf. Ha abierto la ventana y está asomado. Yusuf es kurdo. Lo primero que hace al entrar en el aula es abrir todas las ventanas de par en par, y asomarse. A veces más, a veces menos. Hoy está muy nervioso. Antes de asomarse recorrió el aula tres veces. Happy se asoma junto a él. Parecen el punto y la i. Les escucho hablar. Me pregunto en qué idioma. Le he traido más Mandalas a Michael. Ya se sienta con el resto, pero sigue sin hablar. Él también es de Nigeria. Tiene Síndrome de Shock-Post-Traumático. Sólo me ha dicho a mí por qué. Ya puede dormir. Quiere ser jardinero. Hoy le he traido un Mandalas de Jardines Mágicos. Savaneh también quiere pintar Jardines Mágicos. Creo que es una buena idea. En la fotocopiadora me encuentro con Mona, me dice que tengo que explicarles el funcionamiento de una trilladora y me pasa un taco de fotocopias de la máquina, le pregunto por qué, y me dice que es importante que esa gente sepa de esas cosas. Le pregunto si ella sabe como funciona una trilladora. No sabe qué contestarme. Le digo que sería importante que lo supiese. Jardines Mágicos.

Hank y yo unimos grupos. Vamos a jugar al Trivial según nuestra propia versión. Cada uno de los participantes escribe su nombre en el encerado en una cuadrícula. Cada pregunta acertada, un palito. No formamos equipos. La última vez llegaron a las manos. Cada uno de por sí. El que gane se lleva una caja de galletas surtidas. Los otros bolsitas de ositos de gominola. Todos ganan. Kevin Costner mató a Kennedy. Hank no entiende por qué me río, él siempre lo había sospechado. El Mundial de fútbol del año 1990 lo ganó Schweinersteiger. Él solo. Por el medio les metemos preguntas que les caerán en sus respectivos exámenes para conseguir la nacionalidad alemana. El alcalde de Berlín más famoso fue Klaus Wowereit. Happy se lleva la caja de galletas. Nos regala su primera sonrisa Profidén. Llega la pausa y yo salgo de primera, veo entonces avanzar por el pasillo a tres hombres negros que caminan a tres en fondo y a la par, con la elegancia de las panteras, mirando al frente, antes de que pueda averiguar quiénes son, me veo devuelta de un tirón al interior del aula. Happy cierra la puerta y sujeta la manilla, me doy cuenta entonces de su altura. No sonríe. Todos guardan silencio. Hank no parpadea. Yo tampoco. Happy se pasa el largo y huesudo dedo índice de su mano izquierda por su cuello, y suelta una suerte de silbido. Luego niega con la cabeza. -Nadie sale -y nos mira a todos alternativamente, todos asentimos, Hank quiere decir algo, Michael le posa suavemente una mano en el pecho y le manda callar con un dedo sobre sus labios rotos, parpadea lentamente, no necesita más, Hank asiente, Savaneh se sitúa junto a mi. Nadie se mueve. Escuchamos voces en el pasillo. Alguien ríe a carcajadas. Otros corren. Conversaciones a gritos en Mandinka. Nadie se mueve. Voces y más gritos. Carreras de nuevo. Después silencio. Nadie se mueve. -Tú! ,- Happy señala a Amin, el chico sirio, quien da un respingo. -Tú sales y miras.- Amin asiente, Happy abre la puerta, le agarra la camiseta por detrás mientras Amin se asoma al pasillo, alza el pulgar de su mano derecha. Happy le suelta a él y la manilla. Asiente, y todos salen del aula. Hank y yo nos hemos quedado clavados. Happy nos mira, es la primera vez que le veo serio. – Si los volvéis a ver, y yo no estoy, corred sin mirar atrás-Habla quedo, le damos las gracias, sin estar todavía muy seguros de qué, él asiente y sale del aula, cerrando la puerta despacio tras sí. Hank se deja caer sobre una silla y se tapa la cara con las manos, yo me siento a su lado.

-Corred sin mirar atrás….

-Y utilizó bien los verbos, si te fijas…

-Y sabe cuál es la capital de Mecklenburg-Vorpommern….

-Aún conserva las dotes de mando…

-Más vale prevenir que curar….