Espías(Para R.)

Magda llegaba siempre de improviso. Pero recuerdo sus estancias en mi casa como días distintos y de más risas de las que ya había. Porque Magda tenía una risa grande y cálida. Como ella. Magda y mi madre se habían conocido en su época universitaria, habiendo mantenido aquella amistad a través del tiempo y distintos espacios. Magda había vivido mucho años en Bilbao. Después, se había mudado con toda su familia a un minúsculo lugar en ninguna parte. De vez en cuando, con la excusa de ir a comprar medias, o pinzas de la ropa, o hebillas, se escapaba un par de días a nuestra casa.

Una de esas ocasiones coincidió con mi ingreso en la universidad. Me había decidido por estudiar Filología Alemana en Santiago de Compostela. Cuando se lo dije, a Magda le pareció una idea fantástica, además, me dijo, coincidiría con su hijo mayor que también estudiaba Filología, pero él Italiana. La única imagen que yo tenía de su hijo mayor era una foto con sus otros dos hermanos, aún siendo niños, los tres contra una pared de mármol. Nada más. Es inconfundible, me dijo, es alto, rubio y con los ojos azules. Lo iba a reconocer enseguida. Y yo la creí.

Desistí en la búsqueda al poco de poner pie en la Facultad de Filología. El fenómeno Erasmus estaba en plena expansión, y mi facultad era el kilómetro cero. La mayoría eran altos, rubios y de ojos azules. Inconfundibles.

Conocí a Marta el primer día de clase, porque estaba tan perdida como yo. Y nos hicimos inseparables. Ella vivía en una residencia de estudiantes, y yo iba y venía todos los días con el Castromil, pero el resto del tiempo solíamos pasarlo juntas.

Sucedió una mañana cualquiera. En un cambio de clase. Nosotras esperábamos sentadas en las sillas de plástico que entonces estaban situadas en los pasillos frente a las puertas de las aulas. No me acuerdo a qué a clase teníamos que acudir, pero el hecho es que nos sentamos a esperar a que la que tenía lugar acabase, para entrar nosotras.

La puerta se abrió, y apareció Él. Marta me tiró de la manga para que me fijase. Si aquel hombre hubiese sido un campo magnético, ella y yo nos hubiéramos visto en aquel instante catapultadas contra él. Marta consiguió colegir que no podía ser real, yo que era el hombre más guapo que hubiera parido madre jamás. Era arte en movimiento. Que desapareció por el pasillo, fumando un pitillo.

La idea fue de Marta. Quiero que conste. Entonces todavía estaban colgados en un tablón acristalado los horarios de todas las opciones de estudio que se daban en la Facultad, así que Marta se preocupó de dilucidar qué opción podía tener Él, y así hacer por coincidir.

Y coincidimos.

Si Él salía de un aula, nosotras estábamos allí. Si entraba en el aula, nosotras estábamos allí.Si se decidía a buscar un libro en la biblioteca, o sentarse a repasar algo, nosotras estábamos allí. La cafetería de la facultad era muy pequeña, y no tenía muchas mesas, pero nosotras siempre conseguíamos sentarnos en la mesa anexa a la suya. Nosotras estábamos allí. Pero no estábamos solas. Eramos muchas las que estábamos allí. Él parecía no darse por enterado, si bien iba siempre acompañado o por unas o por otras.

Lo que estaba claro es que ni Marta ni yo hubiéramos servido para espías, ya que ni nos escondíamos, ni hacíamos nada por ocultar nuestro objetivo. Actuábamos a plena luz del día y a cara descubierta.

Y llegó Navidad.

Magda llamó un sábado a media mañana. Había venido con su hijo al dentista y le habían tenido que sacar una muela. Nos preguntó si podrían pasar a tomar un calmante, ya que tenía mucho dolor. El dentista, al parecer, no estaba lejos de nuestra casa. Mi madre no puso objeción alguna y además les invitó a comer.

Cuando llamaron al telefonillo para que les abriésemos el portal, todos los miembros de mi familia estaban ocupados haciendo algo. Todos menos yo. Así que me tocó abrir. Esperé a que timbraran a la puerta del piso, supongo que tenía uno de esos días míos en los que no tengo ganas de ver a nadie, si no no me acuerdo porqué no salí a recibirles al descansillo. Sonó por fin el timbre y yo abrí la puerta.

Y allí. Frente a mí. Sujetándose un envoltorio con hielo contra la mejilla. Estaba ÉL.

Y Él me miró. Y yo le miré. Y los dos nos miramos. Tratando de convencernos a nosotros mismos de que aquello no podía ser cierto. Pero lo era. El hombre más guapo que ninguna madre hubiera parido jamás había sido parido por Magda, y estaba allí delante de mi.

Conozco la sensación de querer que el suelo se abra bajo los pies de uno, lo trague y luego vuelva a cerrarse, dejando a esa persona emparedada por los siglos de los siglos. La conozco porque fue lo que deseé en ese instante. Quedarme bajo los cimientos de mi casa por los siglos de los siglos. Pero no sucedió. Porque en ese momento llegó Magda, y casi al mismo tiempo el resto de mi familia a romper el fario.

No recuerdo lo que pasó después. Pero supongo que se hicieron las consabidas presentaciones, él se tomó su calmante y en algún momento comimos. Yo no fui capaz de dirigirle la palabra. Creo que él tampoco dijo demasiado, y se achacó al dolor de muelas. Iba a salvar la situación, después de todo. Pero no había contado con mi hermana. Ella tampoco era de muchas palabras, ni en aquella época ni nunca. Prefería observar. Y sacar conclusiones, que después decía o no, dependiendo de su humor. Quiso la casualidad, o quizás fue un lapsus caprichoso en el ritmo de la conversación de sobremesa, o simplemente pasó un angel. No lo sé. Pero justo en el momento en que se hizo el silencio en aquella mesa, mi hermana, después de haber observado al hijo de Magda de hito en hito durante un rato, miró a mi madre y dijo „Pues a mí, realmente, no me parece tan guapo“. Y yo sólo quise convertirme en piedra. O en pájaro, y salir volando, para no volver. O volverme raiz, y hundirme, hondo, muy hondo. Y conmigo, en aquel momento, mi madre. Al menos.

De vez en cuando me atrevía a mirarle, y él me miraba a mí. No hay nada peor que un dolor de muelas. En eso estábamos de acuerdo.

Supongo que llegado un momento se fueron.

A la vuelta a las clases después de Navidad, no le conté nada a Marta. Esperé a que ella también tuviera su momento raiz. Y así fue. Al segundo día de comenzadas las clases, nosotras volvíamos a estar allí. Pero esta vez, cuando el hombre que Marta estaba convencida de que no era real nos vio, se nos acercó regalándonos la más bonita de sus sonrisas y, llamándome por mi nombre, me saludó con dos besos. Cuando quise presentarle a Marta, no pude. Se había convertido en estatua de sal.

Después, el hombre más guapo que parió madre jamás, pasó a ser, para mi, simplemente, el hijo de Magda. Y durante el resto de nuestra estancia en Santiago, mantuvimos el contacto, fuera en forma de cafés o birras a deshoras.

Más tarde él se fue por el mundo. Y yo también.

Si me acordé de aquel episodio, fue porque ayer soñé con él. Había hecho todo el camino desde algún lugar del mundo hasta mi casa para ayudarme con mi próxima mudanza.

Y en el sueño me pareció totalmente lógico.

Para algo están los amigos.

Avieso

-Cascabel

-No, ese no cuadra..

-Lancero…

-Ese mejor

-Islero

-Ese es el que mató a Manolete

-No era Avispado?

-No, Islero

-Entonces…a quién mató Avispado?

-Ni idea..

-Catecúmeno

-Muy largo

-Triguero

-Suena a espárrago..

-Ligerito..

-Más rápido no puedo ir con el peso que llevamos..

-No hombre..

-Ah..sí, ese podría ser…Tranquilo

-Para tranquilo este..

-Bueno, mira como se nos puso en Piedrafita..

-Tendría sed el pobre animal..

-Ya..pero quién le da agua..tú?

-Pronto llegamos y puede beber

-Coño! Qué fue eso?

-Los baches…se me olvidó decirte lo de los ba…

-Me cago en la madre…! Joder.. para el bache! A poco más nos dejamos el eje..!

-Menudo coscorrón más tonto…

-Todo bien?

-Me saldrá un cuerno…pero bien..

-Sólo uno?

-Oye…Cornudo…que ni pintado..

-Venga „figura“, que hasta parece que ahora vamos más rápido…abre más la ventanilla y que corra el aire..

-„Soy minerooo“!!

-Apañamos…

Raulito el de la de Tornos avanzaba por el borde de la carretera dando pequeños saltitos al caminar. Como lo hacen los niños de seis años a los que les permiten ir libres de mano, y solos, por primera vez. El día anterior había acompañado a su padre al barbero, y éste le había cortado el pelo. No es que lo necesitase realmente, pero su madre quería que todos llevasen el pelo en condiciones en un día tan importante. Porque aquel era un día muy importante. Era el día de la Comunión de su hermana Merceditas. Su madre le había peinado el flequillo todo hacia delante y acicalado con brillantina, además le habían vestido con una camisita blanca de manga corta con cuello redondo, y unos pantalones cortos de piqué azul marino. Pero lo que más le gustaba a Raulito el de la de Tornos eran sus sandalias nuevas. Blancas,y con hebilla. Todavía impolutas. Las miraba cada tres saltitos, como para asegurarse de que todavía seguían allí. Y continuaba otra vez su alegre trote. Todos estaban todavía delante de la iglesia, en desordenada reunión después de la ceremonia, y su madre y su abuela le habían dejado que fuese solo hasta la casa de su tía Tona, que estaba sólo un par de cientos de metros alejada de la iglesia en linea recta siguiendo la carretera hacia abajo, y en cuya huerta iba a tener lugar la celebración. Raulito llevaba en la mano una bolsita con caramelos. Se los había dado su abuelo porque se había portado muy bien. Se miró las sandalias. Tenían un calado en forma de lágrima y podía verse los dedos de los pies. Fue al levantar la vista que lo vio. Delante de él. Si hubiera extendido su brazo lo hubiera podido rozar. Raulito tuvo que echar la cabeza hacia atrás para contemplar mejor su envergadura, se le abrió la boca sin querer, y no se atrevió a parpadear. Se miraron el uno al otro un instante, y Raulito, aún sin poder cerrar los ojos y con la boca todavía abierta, le siguió con la mirada cuando se adentró por una servidumbre de paso. Como había estado sin parpadear tanto tiempo, después tuvo que frotarse los ojos.

-Raulito..qué haces ahí? Vete a donde Tona, y no salgas a la carretera eh?, que puede venir un coche- La voz de Amelia de las del Factor le hizo volver la cabeza hacia las casas del otro lado de la carretera. Amelia estaba a la puerta de su casa, apertrechada en un traje azul cielo dos piezas, mesándose la permanente con una mano, mientras con la otra aferraba una cartera blanca contra si, como si un bandolero fuese a arrebatársela en cualquier momento.

-Ahí dentro hay un toro grande- Acertó a decir Raulito señalando con su mano hacia la servidumbre de paso, Amelia achinó levemente los ojos, como hacía siempre que no entendía bien, luego asintió y se arregló bien el escote. Alguien la llamó entonces desde dentro de la casa.

-Bueno, Raulito…tú vete a donde Tona, y no salgas a la carretera eh?- Repitió, para luego acudir al llamado.

Raulito se miró un momento las sandalias y continuó su camino hacia la casa de su tía, retomando sus saltitos. Casi llegando a casa de su tía, se cruzó con Herminio el de Tribes que venía fumando un pitillo, sin saber muy bien cómo moverse en su traje gris perla, cada dos pasos trataba de aflojarse el nudo de la corbata negra, su mujer se lo había apretado tanto que a él le dio la impresión que su verdadera intención había sido ahorcarle.

-Raulito!…cómo es que vienes tú solo?…no salgas a la carretera..- Dijo señalándole la carretera con estudiada severidad, Raulito negó con la cabeza y señaló hacia su espalda.

-Allí hay un toro grande, Herminio..así- Y levantó sus bracitos en el aire al tiempo que se ponía de puntillas para dar fe del tamaño del animal que decía haber visto. Herminio el de Tribes tomó una calada de su cigarrillo, y expulsó el humo despacio al tiempo que le miraba a través de la nube, luego trató de aflojarse de nuevo la corbata.

-Ya…tú vete a donde Tona, y no salgas a la carretera- Advirtió, para después acariciarle la cabeza y alejarse carretera arriba. Raulito le siguió con la mirada un momento, para continuar caminando a saltitos hasta alcanzar la casa de su tía Tona.

La casa de Tona se abría en su parte de atrás a una gran huerta, en la que se diseminaban manzanos y limoneros, a la sombra de los cuales se habian preparado dos mesas largas con mantelería blanca y la mejor vajilla de las de Tornos. Porque habían tenido que utilizar las tres vajillas para tener servicios para todos los invitados. No hizo falta que Raulito llamase a la puerta, ya que la encontró abierta. La casa era un hervidero de gente, que entraba y salía de la huerta hablando, riendo y compartiendo ya algún entremés en alegre jaleo. Muchos accedían a la propiedad desde las huertas vecinas, otros habían venido antes desde la iglesia. La huerta colindaba con el Campo de la Fiesta. Una amplia extensión de hierba, al fondo de la cual se había montado un rudimentario palco de madera, sobre el que por la tarde tocaría la orquesta. A un lado del palco se habían colocado dos feriantes, uno con una especie de mecano metálico del que colgaban tres barcas de madera, que más tarde surcarían el aire impulsadas por cuerdas, y otro con una caseta de tiro al blanco, donde a esa hora, el encargado, todavía se ocupaba de colgar los futuros premios. Un barquito de vela, una muñeca vestida de gitana, un rifle de plástico…Todavía faltaban tres días para el Día Grande, para entonces todo el campo estaría repleto de más casetas, una tómbola y todo olería a una mezcla de almendras garrapiñadas,vino y sardinas. Hoy sólo era la comunión de Merceditas.

-Raulito, no saldrías a la carretera?- Preguntó Tona arreglándole el flequillo a su sobrino, Raulito negó con la cabeza e iba a decirle algo, pero alguién tocó de repente un tuba, y Tona lanzó un grito llevándose la mano al pecho.-

-Y a ti ahora qué te pasa?- Preguntó Suso, su marido, que en ese momento pasaba por allí transportando dos sillas hacia fuera,y, debido al grito, había dejado caer una.

-Si no pensé que era un barco…

-Qué barco ni barca…tienes cada cosa…- Y se alejó aún hablando para si, llevando las sillas. Tona se mojó la punta de los dedos con la lengua y volvió a arreglarle el flequillo a Raulito, esta vez hacia la izquierda. Luego lo cogió de la mano.

-Tú ven, corazón, que tienes cara de hambre…- Y se alejó con él hacia la huerta.

Obdulia la del Teniente estaba muy orgullosa de su traje de lunares. Blancos sobre fondo rojo, ni muy grandes que paciesen lamparones, ni demasiado pequeños que pareciese llevase un traje de faralaes. Le había puesto solapas blancas, que cerraban el vestido con en total seis botones también blancos, el cinturón era rojo con hebilla plateada. Echó los hombros hacia atrás ante el espejo de cuerpo, y se dio media vuelta para ver el efecto por atrás, sonrió coqueta a su imagen; se fijó un momento en sus zapatos, blancos, tipo topolino, que dejaban ver sus manicuradas uñas rojas. Se atusó el moño bajo y arrugó levemente los labios para extender mejor el carmín. Por último alcanzó su cartera. Era negra. Tampoco había que abusar con el rojo. Decidió ir hasta la casa de Tona la de Tornos atravesando las huertas que separaban su casa de la de ella, así no tendría que dar tanta vuelta. Salió por el fondo, demarcado por una fila de árboles llorones, Obdulia cayó en la cuenta al atraversalos que en algún momento habría que cortarles las ramas, que ya casi formaban un manto sobre la hierba, pero ahora no era el momento ni la hora para hacerlo. No quería llegar tarde. Cruzó a través de las matas de madreselva, y cogió una ramita. Sonrió al olerla. Después la pondría en el cajón de su ropa interior. Avanzaba tratando de no enredarse los pies con la hierba alta, cuando la escuchó. Una respiración pesada y profunda, que provenía de detrás de los arbustos. Corrigió la postura y levantó un poco más la barbilla antes de continuar camino, no pudo evitar ponerse un poco colorada, sabía que el vestido iba a levantar espectación, pero no ya allí precisamente. Sintió cómo se movían los arbustos, y, de nuevo, la respiración, esta vez más profunda y casi agitada en su final. Obdulia se volvió, ya dispuesta a decirle cualquier cosa a aquel que se atrevía a comportarse de tal forma, y lo vio. Parado a diez pasos de ella. Entre la hierba alta. Mirándola. Tranquilo. Obdulia sintió como toda la sangre que hasta aquel momento había atesorado su cuerpo desaparecía, y con ella la fuerza de sus rodillas para sostener el peso de su cuerpo. También su voz. Sólo consiguió abrir la boca una cuarta, y volver a cerrarla sin haber conseguido ni exhalar un halito de algo parecido a un suspiro. Acertó, sin embargo, a girar su cuerpo de nuevo hacia el caminito por el que había avanzado hasta entonces e intentar alejarse del peligro. A Obdulia le dio la impresión de estar sumergida en aquel momento en una de esas pesadillas en las que uno intenta correr pero el suelo se vuelve de pronto de goma elástica, y por mucho que intente gritar su garganta no obedece, igual que los brazos, que se mueven sin sincronización, como si no perteneciesen al cuerpo. Y él la siguió. Curioso. A trote lento. Tranquilo.

-Tona, sabes? yo…- Comenzó Raulito, su tía Tona, que aún no le había soltado de la mano, sin atender a lo que quería decirle, le hizo entrega de un trozo de „torta borracha“.

-Toma nené, que seguro que tienes hambre…- Dijo, Raulito se limitó a asentir y a dar un bocado al enorme trozo de torta.

En eso, Tona miró hacia la huerta de los de Coles, la que colindaba con la suya, ya que desde allí llegaba gente corriendo y gritando, también los invitados que estaban en su huerta comenzaron a correr en todas direcciones gritando y volcando sillas. Primero vio a Obdulia la del Teniente, caminando de forma muy rara hacia el campón de la fiesta, e iba a preguntarse porqué toda la gente huía de Obdulia, cuando vio el motivo, y llevándose la mano al pecho comenzó a correr ella también hacia el campón profiriendo gritos, sin darse cuenta de que todavía llevaba de la mano a su sobrino.

-Raulito!!Raulito!!

-Estoy aquí, Tona!

-Corre, nené, tú corre..!!

 

 

-Que alguien haga algo!

-Llamad a los bomberos!

-AyDiosMío…y qué está ardiendo ahora?!

-Pues a la Guardia Civil!

-Nada de tiros…que hay criaturas!

-Apartarse!Apartarse!

-Dejar local!

-Buscar al alguien!

-Hay que buscar al torero!

-Pero qué dices! Apartarse!

-Sí que está! Buscar al torero!

-La criaturas! Las criaturas!

Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, estaba sentado a la sombra de un frondoso castaño, ante una mesa ya dispuesta para la comida, el alcalde les había invitado, a él y a sus mozo de espadas a comer después de haberles dado un paseo por la zona y mostrarles los puntos más representativos del lugar. Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, llevaba horas tratando de encontrar la manera de dirigirle la palabra a Violeta. Violeta era una chica amiga de la hija del alcalde, cuyo nombre no recordaba y a la que además habían sentado junto a él. A Violeta la habían sentado tres sitios a su izquierda, entre la cuñada del alcalde y un señor gordo de bigote que no paraba de servirse gaseosa. No había nada que no le gustase de aquella chica. Hasta su nombre. Violeta. Pero él no conseguía reunir el valor suficiente para dirigirle la palabra. Y lo peor. Qué palabras. Lo único que le venía a la cabeza que tuviera que ver con el nombre de Violeta era „Violetas Imperiales“ de Luís Mariano, y él, aunque le habían dicho que tenía buena voz, no creía que fuese la forma de entablar una conversación. Y menos allí. Además hacía un calor terrible. Húmedo. Que hacía que la camisa se le pegase a la espalda bajo la chaqueta del traje. Todavía llevaba puesto el sombrero panamá con banda azul, no sólo para protegerse del resol, sino también para frenar las gotas de sudor que insistían en perlar su frente, y que de vez en cuando se secaba con un pañuelo ya empapado. Violeta también le miraba. De vez en cuando. Violeta.

La mujer que trabajaba en la casa del alcalde acababa de colocar en el centro de la mesa una empanada perfectamente redonda, y que invitaba a comerla con sólo su delicioso olor, cuando un grupo de personas entró corriendo en la huerta por uno de los laterales gritando a la vez cosas incongruentes.

-Pero qué pasa!?- Alcanzó a preguntar el alcalde, que al incorporarse tan de prisa, volcó su silla.

-Va a haber una desgracia!

-Necesitamos al torero!

-Hay que apurar…!

-Aún va a encornar a la del Teniente!

-Es más grande que un mundo!

Todos miraron entonces a Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, quien había permanecido sentado, sin entender qué estaba pasando. Nastasio, su mozo de espadas, se incorporó y se santiguó al mismo tiempo, y él también se incorporó, aún sin saber por qué tenía que hacerlo, ya que todos hablaban a gritos a la vez y señalaban con los dedos en todas direcciones, las mujeres se llevaron las manos a la boca, el hombre gordo de bigote se bebió un vaso de gaseosa de una vez. Entonces Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, se vio rodeado por toda aquella gente, y Nastasio le agarró del brazo para guiarle hacia algún lugar fuera de aquella huerta, el diestro alcanzó a buscar a Violeta, quien también llevada por el grupo, avanzaba justo detrás de él, tanto o más confundida que él mismo.

-JuanTomásportumadre! Ni un puñalito tengo que darte! Pues que sea lo que Dios quiera!Hacer sitio!- Acertó a gritar Nastasio mientras avanzaban entre huertas, árboles, hierba alta y una multitud de gente que se les había unido y corría con ellos.

 

-Y qué tocamos!?-Preguntaba el trompeta de la orquesta municipal, que se había reunido cerca del campón de la fiesta para por la tarde tocar un par de piezas y ahora corría en desordenado grupo hacia donde les habían dicho que vendría el torero.

-Algo con Juan! No se llama Juan Tomás?!- Acertó a contestar el director tratando de no tropezar.

-La única es..“La hija de Juan Simón“…

-Ay Iñás por favor hombre….!

-Pues como es Grande…pues la de Marcial…

-Pues dale ahí…

Y avanzaron. Todos en desordenado tropel. Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, tomado por el brazo por Nastasio, en cabeza, tras ellos el alcalde y los invitados a la interrumpida comida, detrás los vecinos del pueblo que se habían ido uniendo desde todas partes, y con ellos la orquesta tocando al paso „Marcial, tú eres el más grande“ sin perder ni una nota. Hasta que llegaron al linde del campón de la fiesta, alrededor del cual ya se había congregado una ansiosa muchedumbre. Obdulia la del Teniente había logrado llegar hasta el centro del campón, donde se había quedado clavada, llorando desconsoladamente, después de que el animal que la perseguía también cesara en su avance a pocos metros de ella.

El alcalde mandó callar a la orquesta con un gesto. Nastasio le abotonó la chaqueta a su maestro y, sin saber qué más hacerle, le arregló las solapas y le agarró con fuerza los antebrazos mirándole fijamente.

-JuanTomásportumadre, haz lo que tengas que hacer- Dijo casi seguro de si mismo. Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, se llevó la mano al sombrero Panamá que aún llevaba en la cabeza, se lo quitó, se volvió y se lo entregó a Violeta diciéndole con ese gesto todo lo que no había podido en todo el día, ella recogió el sombrero entre sus manos y lo apretó contra su pecho parpadeando lento, sin necesidad de dar más explicaciones. De mano en mano, atravesó la multitud circundante un mantel cuadrado de color azul, en el apuro del momento había sido imposible encontrar otro de otro color.

Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, tomó el mantel en sus manos y se adentró en el campón a su suerte. El astado notó su presencia, y pareció saludarle acariciando la hierba con su pezuña delantera izquierda, su retador le devolvió el saludo sacudiendo levemente el mantel, cosiendo su mirada a la de él y midiendo cada uno de sus pasos. El animal perdió el interés en Obdulia, ahora sólo estaba pendiente de aquel trapo azul y su portador, quien, mientras tanteaba una situación favorable, le iba dando discretas instrucciones a Obdulia para que se fuera retirando caminando hacia atrás, de forma que ambos se movían a la vez, Obdulia hacia el palco de la música, y él hacia el frontal del toro, quien le seguía con la mirada sin variar su posición. Tan pronto Obdulia la del Teniente notó que había alcanzado las inmediaciones del palco, se desmayó en los brazos del Sargento Corcuera de la Guardia Civil, quien se había movido al tiempo que ella a lo ancho del fondo del campón para acudir en su ayuda si se diera el caso. Y se dio.

Hombre y toro, ya frente a frente, decidieron medir sus fuerzas.

No hizo falta muleta para aventar el improvisado capote, ni que el respetable abarrotase un tendido para jalear a una voz sentidos „Ole“. La magia se hizo realidad, la maravilla fue patente y el valor hizo el resto.

Llegados a un punto de no retorno, estando el diestro y el bravo de nuevo frente a frente, Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, alzó el dedo índice de su mano derecha hacia el cielo, sin descoser su mirada de la de su opuesto en el duelo, y con firme seguridad lo hizo descender lentamente hasta señalar el suelo. La tierra dejó de girar, los pájaros cesaron de cantar, los grillos callaron, el viento no sopló, nadie pudo parpadear, ninguno osó tragar saliba, el tiempo no quiso pasar. Y Avieso se postró a su orden.

Una riada de servilletas y manteles blancos acompañó la posterior algaravía, y cuatro hombres pertrechados con sogas con las que ataban a sus bueyes obraron el indulto.

Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, empezó ahí a labrar su leyenda y Violeta, después, se convirtió en la mujer detrás del mito.

Obdulia la del Teniente y el Sargento Corcuera estuvieron juntos en lo bueno y en lo malo, y si la muerte no los ha separado, viven todavía. Muchas copiaron el corte del vestido, pero ninguna consiguió igualar el derriere.

Raulito el de la de Tornos recordaría de aquella gloriosa tarde dos cosas, sus sandalias blancas con calado en forma de lágrima que le dejaba ver los dedos de los pies, y que en uno de los Oles se le había caído al suelo el trozo de Torta Borracha que le había dado su tía.

Avieso acabó sus días como semental, pastando en una dehesa extremeña. A su hijo le pusieron de nombre Tranquilo. Porque imitaba maneras del padre.

 

Maestro, cómo debe ser el toreo? “Debe ser técnico, donde la aritmética ha de tener un papel fundamental, poniendo en juego, como un supuesto cálculo de sumas y restas, la exactitud de los terrenos y los tiempos, e inteligentemente lograr la solución de los problemas, teniendo como resultado la perfección de la faena”

Marcial Lalanda

El aire en movimiento

En su sueño, una persona armada con un enorme mazo, golpeaba un muro de hormigón causando un enorme estruendo. El muro no sufría daño alguno, pero la persona persistía en golpearlo con el mazo, con golpes cada vez más potentes que aumentaban el ruido hasta límites insospechados. Él iba a preguntarle la causa de ese infructuoso empeño, cuando se despertó. Estaba bocabajo en su cama, con la cabeza debajo de una almohada. Le costó un mundo abrir los ojos, y apartar la almohada. Los golpes insistentes parecían haber atravesado la barrera de su sueño, y los podía oír con toda claridad. Alguien aporreaba la puerta principal de su casa sin pausa. Y daba voces. Salió de la cama y, aún manteniendo los ojos cerrados, dirigió sus pasos hasta la puerta principal mientras advertía al que profería tales voces y aporreaba su puerta que ya estaba en camino, su propia voz le sonó a gruta profunda. Iba a abrir la puerta, pero una voz que sonaba enlatada desde el exterior le conminó a no hacerlo.

-No abra la puerta! Repito, no abra la puerta y escuche atentamente!

-……

-Me está usted entendiendo?!Do you speak english?!

  • Le..le entiendo perfectamente..qué ocurre…?- Y miró a través de la mirilla, lo que vio le hizo apartarse de una vez, era una persona dentro de un traje rojo tipo escafandra que no permitía ver ni el rostro del que la portaba.
  • Mantenga la calma..!
  • Ya..pero..por qué?- Quiso saber él hablándole a la puerta,y, de pronto, claramente despierto.
  • Ha habido una explosión en la planta química!…una nube altamente tóxica cubre la ciudad!No abra puertas ni ventanas! Tampoco abandone su casa hasta nuevo aviso! Me está usted entendiendo?! Tiene usted animales?!
  • No…
  • Está usted solo?!
  • Sí…
  • Usted tiene el número 857! 8-5-7 !!. Recuérdelo para próximas incidencias!- Y acto seguido escuchó como se alejaba por el pasillo, él todavía se atrevió a mirar por la mirilla y alcanzó a ver a otras dos escafandras rojas cruzando por delante de su puerta.
  • 857..- Dijo más para si que en alto, luego se frotó los ojos y bostezó. Descubrió que estaba desnudo, estaba haciendo mucho calor aquellos días, así que no le sorprendió. Dirigió sus pasos hasta el baño, un minúsculo habitáculo iluminado por un lucernario sobre la ducha, orinó y se dispuso a volver a la cama.
  • Buenos Días…qué pasa?- Él dio un grito y casi se cae al entrar en el cuarto, todavía en oscura penumbra, ya que las cortinas estaban echadas y las persianas a medio bajar. Quien así le saludaba era una chica, que, incorporándose a medias sobre un codo, y tapando su desnudez con un edredón, le miraba aún confundida por el sueño del que acababa de despertar.-Uups..- Y rio al tiempo que se apartaba el cabello de la cara, él también intentó reirse sin conseguirlo- Ni idea de quién soy?- Preguntó con total sinceridad.
  • Yo me llamo Chente…- Aclaró él sin moverse de donde estaba, ella carraspeó y él la vió asentir en la penumbra.- Y tú?
  • Yo Tallulah…pero me puedes llamar Lulah..
  • Talulah..?
  • Chente…?
  • Me refiero…nunca lo había oído…por eso…
  • Soy „la luz que sale del agua“…o eso le pareció a mi padre…mi madre quería llamarme Zaire…en fin, Chente es por Vicente?…
  • No…
  • Mejor, me caen mal los Vicentes….- Y se quedaron los dos en silencio.- Chente, si no te importa yo me caigo de sueño, tú haz lo que quieras- Y sin más, Lulah se volvió a acostar y se tapó completamente con el edredón, Chente por un momento no supo qué hacer, y luego se metió también en la cama, volviendo a buscar esconder de nuevo la cabeza bajo la almohada. Como las avestruces. Siempre la mejor opción.
  • Chente..?
  • Lulah..?
  • Me tengo que ir…
  • Eso no es posible…
  • Créeme que podría quedarme así…en plan koala…sine die, pero me tengo que ir..- E hizo amago de apartarse de su abrazo, pero él la retuvo, ella alzó la cabeza y le miró intentando mantener la seriedad- Chente…mira…de verdad que me lo he pasado muy bien contigo, folla aquí folla allá…pero me tienes que dejar ir…- Él negó con la cabeza, ella parpadeó lento- Me vas a atar y torturar?…a mi nadie me gana a gritar…- Él rio.
  • Ha habido una explosión en la planta química…y hay una nube tóxica sobre la ciudad…no está permitido salir a la calle…- Explicó con calma, ella achinó levemente los ojos y luego soltó una carcajada.
  • Que imaginación no te faltaba ya lo sabía…pero esto ya es de matrícula…te concedo el desayuno, que ahora que lo digo…
  • En serio…tengo..tenemos el número 857..- Ella se apartó de él sin saber muy bien cómo reaccionar, él alcanzó un mando a distancia de encima de la mesilla de noche y pulsó el botón de inicio para enceder la televisión que colgaba de la pared contraria- Ves? No miento…- Lulah pudo ver entonces imágenes del dispositivo que se había montado, la planta química totalmente destruida y en llamas, que alcanzaban kilómetros en altura, cientos de ambulancias cruzando la ciudad a toda velocidad, bomberos, policía, helicópteros y vehículos militares en un desorden de imágenes y ruido. No pudo sonreír.- Aquí estamos a salvo…- Dijo Chente, ella continuó en silencio, abrazada a sí misma contra el edredón.- Pronto pasará todo, ya lo verás…- Intentó animarla él, acariciándole un brazo, ella se abrazó a él de nuevo, y él rio- la koala Lulah..- Dijo abrazándola a su vez, ella se mantuvo en silencio. Pero fue breve.
  • Vamos a morir de inanición..- Sentenció.
  • No, tengo muesli.

El apartamento de Chente constaba de una habitación, un pasillo que se recorría en dos zancadas al fondo del cual se encontraban la cocina tipo nicho y un cuarto de baño. Todo en cuarenta metros cuadrados, más o menos bien repartidos. La cocina era un cuadrado sin ventana, con dos hornillos eléctricos para cocinar con fregadero adosado que ocupaban una de las encimeras de obra, completaban el mínimo espacio seis alacenas, tres sobre la encimera de la cocina, y tres sobre la pared anexa, debajo de una de las encimeras encontraba su sitio una lavadora y un cubo para la ropa. Debajo de la otra había dos taburetes altos, sobre los que se sentaron a desayunar, después de tratar de hacerse una idea de la situación zapeando todos los canales de noticias.

  • En cuanto se levante el viento…se acabó, es cuestión de esperar- Dictaminó Chente sirviéndose un poco más de muesli, también le ofreció a ella, pero Lulah negó con la cabeza.
  • Ya, pero cuánto tiempo?- Preguntó colocándose mejor la camiseta de él que se había puesto, él levantó las cejas, pero no contestó.- Y Chente no es de Vicente…
  • Nop…adivina
  • Ignacio..
  • Frío..
  • Clemente..
  • Helado…
  • Romualdo…
  • Romualdo?- Ella rio, él negó con la cabeza.
  • Frío polar…
  • Pues hijo…no sé…
  • Tristán…Tristán Maredo López, encantado- Y le ofreció la mano como para presentarse, ella se la estrechó con una inclinación de cabeza.
  • Tienes nombre de actor de telenovela…
  • Puede..pero yo sólo respondo a Chente…en serio, ni me vuelvo, siempre me han llamado así…Tallulah tampoco es frecuente…
  • Te diré…Tulla, Tilila, Talala…de todo…En eso comenzaron a sonar las sintonías de dos móviles, ella encontró el suyo debajo de la cama, él en el pantalón que había llevado la noche anterior. Él se fue a hablar a la cocina, ella se quedó en el cuarto. Esa fue la primera de una retaíla de llamadas en todas direcciones, que se encadenaron unas a otras.
  • Amigos y demás parientes…- Explicó Chente, una vez hubo respondido a todas las llamadas.
  • Idem..- Dijo ella.

A partir de ese momento no les quedó otra opción que aprender a convivir. Empezaron por hacerse una entrevista el uno al otro para conocerse mejor, así Lulah supo que él había estudiado Sociología porque realmente había querído estudiarla, y ahora trabajaba para una fundación americana como parte de su maquinaria de proyectos. Chente supo de ella que había estudiado derecho, no porque le gustase en especial, sino por estudiar algo con salidas y ahora trabajaba en un buffete llevando asuntos menores y aprendiendo el oficio. Lo primero que hicieron fue hacer recuento de los víveres que Chente tenía en su cocina. Seis paquetes XL de muesli, tres litros de leche, medio paquete de espaguetis, un bote de salsa de tomate, cuatro cervezas, una botella de chadornay con un lazo rojo, dos paquetes de galletas de mantequilla, cuatro salchichas de un paquete de ocho y dos huevos Kinder. Ya que no sabían cuánto tiempo pasarían en aquella situación, decidieron hacer un racionamiento de todo aquello, para que les durase el mayor tiempo posible. Lo primero que se vació fue el Chadornay, le siguieron los espaguetis con la salsa de tomate y al segundo día sólo quedaba un paquete de galletas, una salchicha, y dos cervezas. Los huevos kinder acabaron por romperlos en trocitos y repartirlos equitativamente. Las sorpresas consistían en dos elefantes vestidos de bailarinas.

  • Hoooola Luliita!..Cuenta cuenta cuenta….que estás desaparecida….con esto de la nube por Dios…qué agobio…bueno di tú que en tu casa tienes espacio…pero a los hechos…cuenta…- Raquel Miranda, su amiga más antigua y la mejor la llamó por videollamada por la mañana del tercer día, le hablaba sentada sobre su sofá, con el pelo húmedo recogido enuna especie de moño, gafas y envuelta en una especie de bata de flores verdes, Lulah sonrió al verla, ella estaba sentada contra la pared blanca de la entrada,la única libre de estanterías en todo el apartamento, todavía vestida con una camiseta y uno de los calzoncillos de Chente, quien preparaba café tratando de no hacer demasiado ruido.
  • Hoola Raquel..yo…estoy bien..- Acertó a contestar Lulah, tratando de pensar qué historia le iba a contar.
  • Ya…me lo imagino, después de que te llevase „el tren“, porque que sepas que para Marta y para mi era un „tren“….por mucho que tú dijeses que „no estaba mal“….pero trenes así sólo pasan una vez en la vida…o nunca…mírame a mí…sola en la estación del olvido….bajo una nube tóxica….ay por Dios…cuenta algo…cercanías, largo recorrido…- Se explayó Raquel. Ante la sorpresa de Lulah, Chente se sentó junto a ella y buscó aparecer en la pequeña pantalla, Raquel soltó una especie de chillido y se tapó la boca con la mano libre, casi se le caen las gafas.
  • Hoola Raquel…soy Chente, Buenos Días…un express,de ser, entonces, un tren express….- Bromeó mirándolas a ambas, Lulah rio y se tapó la cara con la mano libre- ahora..en serio…todo bien, no soy un asesino en serie…- Aclaró regalándole la más bonita de sus sonrisas, Raquel se colocó bien las gafas y acercó más el teléfono, todavía muda.
  • Raquel…estoy bien…
  • Muy bien…-Apostilló Chente, ella le pellizcó el costado- Como ves yo soy el rehén..aquí..
  • Raquel….- Comenzó Lulah tratando de mantenerse seria-…yo..te llamo más tarde…
  • Y si no te llamo yo…tranquila…por hablar con alguien que no sea un koala devora galletas…y gracias por lo de „Tren“…ha sido mi momento baam- Anotó Chente, Lulah le empujó riendo y él la atrajo hacia si provocando que ella casi soltara el teléfono, cuando volvió a recuperarlo Raquel aún seguía en la misma postura.
  • Raquel…
  • Raquel…- Imitó Chente
  • Adiós Raque…- Y Lulah colgó, luego le miró tratando de parecer amenazante, pero él hizo como que se valanzaba sobre ella imitando el rugido de un tren .

 

 

  • 857 escúcheme con atención…- El timbre había sonado rompiendo el silencio al comienzo de la tarde del cuarto día, asustándoles mientras veían una serie. Chente fue a ver qué es lo que pasaba.
  • Me está usted escuchando?
  • Sí, estoy aquí…- Respondió Chente algo enervado- Lo siento…perdón..
  • No tiene importancia. Vamos a proceder a instalar una placa transparente de material aislante ante su puerta con una compuerta en su parte inferior através de la cual se le suministrará un paquete semanal de alimentos básicos,me sigue?…
  • Sí…
  • Entre la placa y su puerta crearemos un compartimento estanco, donde depositaremos el paquete, para ellos recortaremos su puerta en su base e instaleremos un mecanismo que sólo usted podrá abrir desde dentro presionando levemente la tapa y así recoger los alimentos…también depositará ahí la basura, que será recogida periódicamente.
  • Entendido…pero por qué?..
  • La nube es más tóxica de lo estimado y en este edificio lo que sobran son corrientes…además algunos ya han desatornillado la mirilla para poder fumar…
  • Qué?
  • También se han dado casos de cangeo de viviendas, o formación de comunidades….Con el primer paquete le suministraremos una pistola de silicona con la que podrá sellar sus ventanas por prevención y un ventilador para que pueda al menos mover el aire ahí dentro….Qué ha sido eso?- Chente se volvió y vio a Lulah sentada en el suelo tapándose la boca con las manos, tratando de acallar su angustia, él se pasó las manos por el rostro y trató de buscar una excusa convincente.
  • La tele…era la tele…
  • El paquete contendrá alimentos básicos como leche, huevos,pan, mantequilla, una botella de aceite, patatas, galletas, cinco piezas de fruta, dos de verdura….es usted vegetariano?
  • No..
  • Se alternará carne y pescado, esto último congelado…además se le permitirá hacer pedidos excepcionales de productos de aseo o medicamentos que necesite. Alguna pregunta?
  • Sí…hay viento?
  • Todavía no
  • Gracias..
  • Intente hacer ejercicio y cierre las cortinas para evitar el sol…
  • Lo haremos…digo…lo haré..
  • La instalación se realizará a las tres.Le ruego mientras esto sucede permanezca usted en la habitación principal de la casa con la puerta cerrada, también ha de cerrar la puerta del baño para evitar corrientes…me ha entendido?
  • Sí..
  • Timbraremos dos veces cuando empecemos y cuatro cuando hayamos acabado…
  • Entendido…
  • Hasta más tarde, 857..

Chente se acercó a Lulah, que estaba a punto de hiperventilar, incapaz de respirar con regularidad y sin saber qué hacer con sus manos, y se las cogió.

  • Lulah…Lulah…mírame..
  • Lulah…mírame…y respira, respira hondo por la nariz, así..y sueltalo por la boca…hondo por la nariz…sueltalo por la boca..mírame…todo está bien, no va a pasar nada..Lulah no llores…hondo por la nariz..luego por la boca…vamos a hacer una cosa, de acuerdo?..seguro que todos esos paneles los traen en camiones, verdad?…pues vamos a la ventana y los vemos descargarlos, así nos hacemos una idea de cómo son…si?..ven…- Y sin soltarla de las manos la llevó hasta la ventana del cuarto, subiendo un poco la persiana, Lulah se abrazó a él mientras observaba como iban llegando los camiones y se secó las lágrimas con la palma de la mano, él también la abrazó y trató de respirar hondo. Primero por la nariz, soltando después el aire lentamente por la boca.Cerraron las puertas que el hombre de la escafandra les había ordenado, y esperaron.

    Los dos timbrazos que anunciaron el comienzo de la instalación les asustaron, Lulah se había decidido por tumbarse en el suelo, con las manos sobre el viente mirando al techo, Chente por continuar observando el transporte de las placas desde los camiones hasta los edificios.

    Apenas veinte minutos después sonaron los cuatro timbrazos que anunciaban el fin de la operación. Lulah se tapó la cara con las manos. Chente abrió la puerta de la habitación y miró cómo era la nueva trampilla, metálica, rectangular y sin pomo.

  • A lo mejor las galletas son de chocolate…- Dijo la voz de Lulah tras él, Chente se volvió y sonrió.
  • Habrán puesto vino…también es básico..o no?- Preguntó, ella se frotó las manos una contra otra y dibujó un gesto de viva curiosidad.El paquete contenía lo que el hombre de la escafandra le había enumerado a Chente, esa primera semana como carne habían incluido una bandeja con cuatro pechugas de pollo. La cantidad de producto estaba pensada para una persona, así que, como ya habían hecho antes, lo dividieron todo en raciones para dos. Las galletas esa semana eran María.

    A veces, para cambiar el escenario del cuarto, llevaban el edredón y las almohadas a la ducha y se tumbaban encima a observar el cielo y lo que en él pasaba a través del lucernario, si era de noche, las estrellas, y lo hacían durante el día, el paso incesante de helicópteros.

  • Antes te llamó tu hermano…- Comentó Lulah
  • Sí..
  • Y justo después me dijiste que el Whatsapp también era de tu hermano…cuántos sois?..
  • Nosotros somos cuatro, muy seguidos, y nos parecemos mucho para más inri…así que te puedes hacer una idea de lo que pudimos ser de pequeños…
  • Tu pobre madre…- Chente negó con la cabeza sin apartar la vista del lucernario.
  • Mi madre murió cuando yo tenía tres años…
  • Uy, lo siento..- Chente se encogió de hombros
  • Mi madre comenzó a salir con mi padre, se casaron, nos tuvo a los cuatro en tiempo record y al poco tiempo murió… ya está…no hay más leyenda detrás…
  • Algo os acordaréis de ella…-Chente la miró fugazmente.
  • Se habla de ella cuando sale a colación por algo….y tenemos fotos, pero nada más…quien más se acuerda es Kimo, mi hermano mayor, tenía cinco y guarda más cosas…
  • Kimo?…Chente…Buscásteis los nombres a posta?- Preguntó Lulah riendo, Chente sonrió, Lulah observó que hablar de sus hermanos lo ponía de buen humor, incluso sus ojos parecían llenarse con una nueva luz.
  • Te explico…Kimo, el mayor, fue un bebé precioso, al parecer, y todo el mundo al verle decía „Qué mono!“ de tanto „Quémono“..le quedó Kimo, pero se llama Alberto, como mi padre; Lelo, se llevan once meses, cuando empezó a hablar se pasó meses diciendo sólo „Lelolelolelo“ a todo, daba igual qué, y le quedó, se llama Miguel; Chente, once meses con Lelo, me lo puso Kimo, de cómo pasó de Tristán a Chente nadie lo sabe; y por último Ten, o Teni, yo le llevo un año justo, como siempre iba de brazo en brazo y todo el mundo decía „Ten“…acabó pensando que se llamaba así…no te rías…es verdad…, se llama Hugo. „Los cuatro del cinco“ nos llamaban, por el número de mi casa, éramos terribles…- Explicó acompañando su narración con el movimiento de sus manos, y tratando de no reir con sus explicaciones, como hacía Lulah.
  • Entonces diré…tu pobre padre…- Aventuró Lulah, él asintió con la cabeza.
  • Algún día le haremos entre los cuatro una estatua…
  • Vive solo?
  • Eso es lo que quiere él…pero no le dejan… Kimo volvió a casa después de acabar con su novia y Ten no tiene prisa por irse, Lelo está ahora en un pueblo del Pirineo…
  • Y qué hace allí?..
  • Es guarda forestal…- La miró casi adivinando su sorpresa, y rio- La cabra tira al monte…
  • Seguro que tú también las montaste buenas…- Él sonrió y la besó en la frente.
  • Y tú?..“Tu vida en cinco minutos“…- Bromeó.
  • Yo soy hija única, mis padres están divorciados y pasé la mayor parte de mi vida en internados porque siempre estuvieron muy ocupados de un lado para otro y con otras parejas….me llevo bien, no creas, mi madre vive ahora aquí y nos vemos con frecuencia…mi padre vive ahora en París…
  • Mi padre nos amenazaba con enviarnos a un internado cada vez que pasaba algo…grande..
  • No se está tan mal, las series les han puesto mala fama…pero yo fui muy feliz…- Se quedaron unos instantes en silencio, contemplando las estrellas.
  • Lulah..
  • Chente…
  • Creo que es hora de levantar campamento.

El teléfono de Lulah no solía sonar con tanta frecuencia como el de Chente, sus padres se habían interesado por su estado en las primeras horas del desastre y después ella se limitaba a enviarles señales de vida con emoticonos, que ellos respondían o no, según el día. Además hablaba diariamente con Raquel y con Marta, hasta que a esta última se le cayó el móvil en la bañera y tuvo que limitarse al Skype. Por eso a Lulah le extrañó mucho recibir una llamada desde un teléfono desconocido a mitad de una tarde que parecía querer fundir el mundo con el calor del sol.

  • Sr. Caniñejas…Buenas Tardes..- Saludó Lulah, sin saber muy bien si era así como tenía que saludar por videollamada de whatsapp al dueño del bufete de abogados donde trabajaba, al que nunca había visto en persona salvo en fotos, que desconocía que tuviese su número de móvil, y que le miraba fijamente desde la pantalla.
  • Buenas Tardes, Srita Mediavilla…se dice todavía así…?- Caniñejas era un hombre de pelo blanco, y rostro de expresion severa, que en la pequeña pantalla llevaba una camisa azul cielo sin corbata, parecía estar de pie ante un tapiz con flores.
  • Sí, claro, no hay problema…en qué puedo ayudarle?- Preguntó Lulah sentándose mejor contra la pared blanca , Chente, desde la cocina le preguntó con un gesto que quién era, y ella extendió el brazo como respuesta, él asintió y continuó secando los platos.
  • Se sorprenderá usted de mi llamada…por este medio, pero no me ha quedado otra opción…el número lo encontré en su curriculum…en fin, ante todo, me alegra que esté usted a salvo…
  • Gracias…a mí también, me refiero..que también me alegro de que usted se encuentre bien…
  • La llamo en relación al Caso Filemón…- Chente se preguntó en susurró „ Y Mortadelo?“ mientras guardaba los vasos, y Lulah hubo de carraspear y maquillar una mueca parecida a una sonrisa para no reír.- Verá usted…ahora se han sacado de la manga otro informe pericial de un perito independiente, y piden que se compare con el ya existente…el problema es que eso lo iba a llevar Losada, y está ilocalizable…al parecer se fue con su mujer sin móvil a algún lugar „para desconectar“…y lo ha conseguido…resumiendo..- En eso una voz de mujer le apremió a acabar con la llamada porque iban a comer, Caniñejas le contestó que sólo serían un par de minutos, y regresó a Lulah con un gesto de disculpa en su rostro, que ya había perdido su severa expresión para dar paso a una de casi cansancio, por último se pasó la mano por el cabello- Lo haría yo mismo…pero a mí esta catástrofe me ha pillado en la reunión anual de la familia de mi mujer en Ávila…y también estamos confinados, los ciento cincuenta……en fin…por dónde iba?…
  • Por Losada …
  • Gracias, y he pensado que como usted ya está revisando el primer informe, pues no le resultará complicado revisar el otro al mismo tiempo…- Lulah asintió con la cabeza, casi creyéndoselo.
  • Claro, por supuesto Sr. Caniñejas…envíemelo por Email…..a mi Email privado..por favor..es que yo ..esto…- Chente llamó su atención desde la cocina, donde se había sentado en el suelo a esperar el fin de la llamada, y le dijo sin voz „FORMATEAR“, ella le miró fugazmente y carraspeó- Estoy …formateando algo…y el otro no es posible…inventó- Caniñejas asintió sin encontrar problema alguno.
  • El Email supongo que será el mismo que está en su Linkedin…me he tenido que permitir la libertad, espero me disculpe…- Y pareció sonreír, ella también sonrió.
  • Me hago cargo, Sr. Caniñejas…
  • Pues nada…en cuanto pueda se lo hago llegar…y me mantiene al tanto de sus avances, esperemos que esta situación no se alargue demasiado y podamos volver a la normalidad cuanto antes…- Lulah asintió en silencio y optó por un sonido indistinto como respuesta- Le deseo una feliz semana…
  • Gracias, Sr. Caniñejas…igualmente…- Y Caniñejas cortó la comunicación. Lulah dejó caer los brazos y fingió llorar.- Losada!…Dónde estás Losada!..- Exclamó fingiendo desesperación, Chente se acercó a ella y la ayudó a incorporarse.
  • Tu eres un pájaro mañanero…yo más bien un buho…así que creo que con mi laptop nos apañamos- Dijo tratando de animarla, ella le miró fingiendo un puchero.
  • Mil hojas…Chente…mil…, y llevo trescientas…supongo que ahora serán otras mil…y hace calor, y el ventilador reparte aire volcánico…y no tenemos chocolate…y si sudo más desaparezco, de verdad…y no sé ya qué hacer con mi pelo..ahora entiendo a Britney, en serio..tú no tendrás una maquinilla de esas…
  • Quién es Britney?

Lulah optó por darse una ducha fría. Para tratar de pensar con más claridad.Mientras Lulah se duchaba, Chente se entretuvo en viajar por Internet sin rumbo, para enterarse de algo de lo que ya no estuviese más que informado. Cuando todo aquello acabase se tomaría un tiempo sabático de las redes, estaba repasando una lista de los videos más vistos de las últimas horas, cuando dio con uno que estaba siendo retransmitido en tiempo real, que le hizo levantarse de golpe y correr al baño.

  • Lulah!…sal de ahí…- Lulah que disfrutaba de su tiempo a solas bajo el potente chorro de una ducha casi fría, no abrió los ojos ni se movió.
  • No pienso!…
  • Lulah….te está viendo media humanidad…- Y diciendo esto la cubrió con una toalla, mientras ella miraba sin entender nada hacia el lucernario, antes de salir de la cabina dirigió hacia allí el dedo corazón de su mano derecha al tiempo que lanzaba todo tipo de improperios a todo pulmón hacia el lucernario.- No puedo estar más de acuerdo….
  • Gracias!….cómo llega la gente a estas ideas…por el amor de Dios!…ni una puta ducha!, joder……así se caigan todos los satélites de una vez…- Protestó ella mientras volvía al cuarto sin dejar de desear todo tipo de desgracias a aquel que había tenido la idea, Chente cogió una camiseta suya y cinta aislante, luego se subió a uno de los taburetes de la cocina y la pegó contra el lucernario tapándolo casi por completo, lo que sumió el mínimo baño en una extraña penumbra azul. Al menos.La Fundación Chetlar, con base en Palo Alto, California, dedicaba una gran parte de sus fondos a grandes proyectos por todo el mundo. De todo tipo, desde ayuda a paises en fase de desarrollo a rehabilitación de monumentos, pasando por la construcción de edificios inteligentes o parques de agua infantiles. La Fundación había sido llamada a la vida por Chester y Larry, dos hombres que habían tenido una vez una idea genial y única. Tan genial y tan única que un comprador anónimo la había adquirido por tal cantidad de millones de dólares que ellos y dos generaciones de sus descendientes necesitarían varias vidas para gastarlo. Para ellos trabajaba Chente, como parte del engranaje de sus proyectos. Cada semana tenía una video-conferencia con ellos, con los que se entendía en inglés, para ponerles al día de su segmento de acción. Aquella semana no fue una excepción.
  • Hola Gente!
  • Buenos Días Larry. Buenos Días Chester…
  • Dónde estás…estás enfermo o algo?
  • Estoy en mi casa…y no, no estoy enfermo…lo que pasa es que…
  • Homeoffice!…alguna vez lo hacemos sí…
  • Sobre todo cuando llueve…
  • Aquí no llueve nunca Larry…
  • Pues eso…cuando llueve, Chester…
  • Ya…lo que pasa es que…
  • Noticia Bomba Gente!…te vas a Islandia!- Chente escuchó la apenas comedida risa de Lulah desde la cocina, Chente suspiró y se pasó la mano por su barba de varios días, recordando entonces que en algún momento tenía que volver a afeitarse, Larry se acercó un poco más a la pantalla, de forma que Chente pudo ver sus ojos azules a través de sus gafas de pasta verdes.- No te hace ilusión?….te hemos planeado una excursión a los Geysers…plaaasch!- Chente iba a decir algo, pero Chester apartó a Larry para poder acaparar él la pantalla.
  • Y paseos a caballo….si no sabes no importa, al parecer ya están acostumbrados…
  • Esa nada absoluta…y ese frío…no pareces muy feliz Gente…tienes alergia equina o algo?- Chente no pudo evitar reir, Larry aplaudió.
  • Ya está…ya puedo morir en paz…se ha reido…confiésalo, la ensayas durante horas en el espejo, la has patentado ya…- Chente le regaló una carcajada casi triste.
  • Estoy confinado en casa…no puedo salir desde hace una semana, por culpa de una nube tóxica…
  • Nube Tóxica…suena a insulto „No eres más que una Nube Tóxica“..- Apostilló Larry, Chester le empujó la silla con ruedas de forma que fue a dar lejos de la mesa ante la que estaban, Larry lo celebró con un aullido imitando a un niño en un tiovivo.
  • En serio?…Dónde?..- Se interesó Chester
  • Chester, tan listo para otras cosas….justo ahí abajo a la derecha te lo dice..!.- Informó la voz de Larry desde algún lugar de la estancia.
  • Hasta que desaparezca no podemos poner un pie fuera de estas cuatro paredes, literalmente cuatro, creedeme…
  • Podemos?
  • Él y su „Grande-Bellezza“
  • La población…todos nosotros…la ciudad…- Intentó explicarse Chente abriendo sus brazos en el aire como queriendo abarcar toda la ciudad con ellos, Lulah volvió a reir desde la cocina, pero Larry y Chester parecieron no darse cuenta.
  • Waw!….te vas a morir de hambre…
  • Y de sed…bueno no, o si?…qué horror…puedes hacer un Directo, yo te sigo fijo…
  • Nos suministran comida y podemos beber agua…..- Chester y Larry se quedaron un instante en silencio, algo totalmente inusual en ellos, como pensando, ambos mirando hacia algún lugar que no era la pantalla. – Pero estamos…estoy bien…
  • Lo de Islandia no hay problema….te conectas con Igur y ya está…pero lo del Directo es buena idea…- Soltó Chester de pronto, Larry se dejó ir con la silla hacia algún lugar de la estancia.
  • BAAAMM!- Gritó al tiempo que reía divertido.
  • Perdón?- Preguntó Chente, sin saber cómo entenderlo.
  • Aquí ahora son las nueve….y ahí las cinco no?…creo…perfecto, entonces tú nos puedes contar diario lo que ha pasado durante el día….si puedes filmar algo mejor…y nosotros nos encargamos del resto…
  • Atrapado en la nube“….somos viral en horas….- Apuntó Larry tratando de acaparar pantalla, Chente se limitó a suspirar y abrir sus manos en el aire, cuando aquellos dos tenían una idea era muy difícil sacársela de la cabeza.
  • Me pongo ya con los prolegómenos…para darle intriga…y mañana nos cuentas….
  • A lo mejor hasta te descubren…
  • Larry…ya está descubierto….Gente es nuestro hombre en la Nube….
  • Pues…muy bien…entonces mañana más…
  • Contacta con Igur….así no se ahogará en un vaso de agua….
  • O en un Geysser…
  • Larry, claramente necesitas multiplicarte por cero hoy…..hasta mañana Gente!- Y cortaron la comunicación. Chente se incorporó y se dirigió a la cocina. Lulah, sentada sobre uno de los taburetes hacía un rato que había acabado de escribir lo que tenía planeado.
  • Tienes unos jefes muy simpáticos…me recuerdan a Epi y Blas…- Rio, Chente sonrió pero negó con la cabeza.
  • Son hermanos…
  • Y Epi y Blas lo son, o no?- Chente levantó las cejas en un claro gesto de escepticismo.
  • Ahí ya no entro….
  • Y por qué te llaman Gente?- Chente abrió la nevera y sacó dos yogures, los de esa semana eran de frutas del bosque. Luego se sentó junto a ella.
  • Por Chente, a Larry le resultó gracioso pronunciar la ch como ge…y se quedó así..
  • Una de las que trabaja en el despacho me llama Luli…no hay cosa que más me reviente…
  • Luli-La-Koala…nop…no queda bien…- Ella le pegó en un brazo haciéndose la ofendida, él rio y se acabó el yogur de una sola cucharada, ella se incorporó de la silla para tirar los dos vasitos a la basura y salió hacia la habitación.
  • Y cómo hacemos con lo del „Directo“?- Preguntó ella sentándose sobre la cama, él se sentó junto a ella. Por un momento se quedaron los dos así. En silencio. Sentados contra el cabezal, en la postura del sastre, mirando hacia la televisión apagada frente a ellos. Chente alcanzó el mando y buscó la opción de Netflix.
  • Ya improvisaremos algo….siguiente capítulo?
  • Siguiente capítulo

 

 

  • 857 su paquete de supervivencia ya está preparado, algún producto especial?
  • Sí, gomas del pelo y acondicionador..
  • Gomas del pelo?
  • Sí…
  • Tiene usted el pelo largo?
  • Supone eso un problema?
  • Con las temperaturas que se espera que alcance el termómetro en los próximos días, le recomendaría cortárselo, por prevención..
  • Lo haré…gracias, pero dejeme las gomas…de todas formas, si hace el favor…
  • Hasta la semana que viene, 857

Las temperaturas subieron aún más en los días posteriores, y la falta absoluta de viento no ayudaba a que la nube tóxica despareciera. Por motivos que escapaban a cualquier explicación, la nube se expandía, y ganaba kilómetros día a día, alcanzando territorios y ciudades que antes habían permanecido libres de su radio de acción. Chente y Lulah ordenaron alfabéticamente todos los libros que estaban en las estanterías, limpiaron el único armario y lo organizaron tres veces, la última por colores, vaciaron las alacenas de la cocina y les pasaron la aspiradora, aprendieron a jugar al poker y al skat, buscaron recetas con arroz, y trataron de comenzar a hacer regularmente ejercicio.

-Esto no puede ser así….

-Muévete hacia allá…

-No..si encima..te ríes me expulsas…

– Está usted expulsado!….

-A ver…es que si no te rompo una pierna….

-Me muero….

-No el que se muere soy yo…que no siento el brazo…

-Más para acá…

-Además estás lejísimos…te mando un fax o cómo?

-Da la vuelta…

-A qué….así?

-Au…más para acá…

-A más tardar…el viernes viene Escafandra…y nos ayuda….

-Me parto…

-No…me partes a mí…que es distinto…..levanta…así…

-Entonces aparta…ahora…

-…Si me contagias la risa…entonces apaga y vámonos…

-Vale…a dónde…

-Al circo…de contorsionistas…

La hora de la cena la marcaba una telenovela a tiempo real que dieron en llamar „Amor Apache“. No la daban en ningún canal de televisión. Ni constaba en ninguna plataforma. Cada día a las nueve en punto de la noche una pareja del edificio comenzaba a discutir a gritos. Cada día sobre una cosa distinta, y trayendo a colación hechos y situaciones en el pasado de ambos que llevaban a que la discusión se alargase por cerca de una hora, tiempo que ellos utilizaban para comer lo que hubieran preparado como cena, mientras atendían a los complicados vericuetos de las explicaciones que aquellos dos se echaban en cara. No eran los únicos espectadores. „Amor Apache“tenían un público fiel. Alguien,en algún lugar, decidió ponerle sintonía al final de cada discusión, que acababa siempre bien, y cuando el eco de sus voces se callaba, dejaba sonar „Quererte a ti“ de Angela Carrasco a todo volumen. Algunos incluso aplaudían.

Después veían algún capítulo de alguna serie. Decidieron ir viéndolas por orden de aparición. A veces Chente tenía que conectarse con Larry y Chester, y Lulah leía o viajaba por el mundo a través de Instagram.

En algún momento, el hada madrina de Cenicienta les amenizó las sobremesas, lo que delató la presencia niñ@s en el bloque. Salacadula Chalchicomula Bibidi Babidi Bu, Siete palabras de magia que son:Bibidi Babidi Bu. Lulah cogió la costumbre de bailarla imitando los movimientos del hada escogiendo como barita mágica un bolígrafo, Chente acabó por cantarla también, pero él cambiaba el estribillo por „Lulah“ cuando cuadraba.

Una mañana Lulah, que se había puesto los cascos para trabajar en su turno, se volvió al ver a Chente tras ella, quien parecía bailar una coreografía absurda y cantar con aspavientos algo que ella no podía escuchar, sin salir de su asombro se quitó los cascos, si había algo que Chente no hacía a no ser que ella le animase, era bailar. Cuando descubrió qué canción era, ahogó una carcajada en la garganta sin saber a qué venía tal derroche de pasos.

-“Morir de amor, y no morirse solo en desamor, y no tener un nombre que deciiiiir al vieeento“ „Morir de amooor, y no morirse solo en desamorrr, y no tener un nooombre que deciiirle al viento“- Repetía medio en play-back, ya que desde algún lugar llegaba alto y clara la voz de Miguel Bosé cantando sus penas, y volvía siempre a la misma estrofa, como en bucle.

  • Chente….tranquilízate…
  • Y no tener un nombre que deciiir al vientoooo“…que no hay viento joder!! No hay!…lleva una hora, una hora! en bucle….nada contre Bosé…nada!…pero coño..pon otra….que no tenga viento!….
  • Chente….
  • No hay viento…Lulah…no se mueve el aire…No hace falta que me lo recuerden!- Y gritó su frustración hacia algún lugar del techo, después se tapó la cara con una mano, como dándolo todo por perdido.
  • Chente…yo creo que lo que tienes es hambre…- Él la miró por entre los dedos, mientras Bosé seguía cantando sus penas en bucle, ahora a más volumen, y se encogió de hombros, ella dejó los cascos sobre la mesa y le cogió de las manos.
  • Arroz a la cubana?
  • Y de postre un chupito de ron
  • Sea..- Y se alejó bailando al ritmo sin soltarle la mano, él la imitó y la hizo girar sobre si misma , para luego girar él antes de entrar en la cocina.

 

  • 857 vengo a confirmar que se encuentra usted bien…
  • Pues si..perfectamente, muchas gracias..nueva rutina?
  • No, hemos recibido informes de que le han escuchado a usted hablar solo durante el día, y quejarse como de dolor repetidas veces …
  • .
  • 857?
  • Tiene…fácil explicación…yo..teletrabajo, sabe usted?, por eso pareciera que hablo solo…y mis quejas…no sé…a veces me dan calambres….
  • Intente hacer ejercicio…
  • Ya lo intento…
  • Si tuviera algún problema, no dude en comunicárnoslo, y nuestro equipo de psicólogos le ayudará…
  • Muchas Gracias, muy amable…espero que no sea necesario…
  • Hasta la semana que viene 857…

Chente regresó al cuarto, y se encontró a Lulah tumbada sobre la cama, en fingida actitud vamp.

  • Necesito tu calambre….- Él rio
  • Lulah…- Y subiéndose a la cama, comenzó a hacerle cosquillas.- Todos?
  • Todos tus calambres, Chente…todos los que tengas…- Rio ella tratando de hacérselas también a él.

Chente hablaba diariamente con su padre y sus hermanos, además, se intercambiaban incontables whatsapp, lo que hacía que su teléfono no cesase de timbrar por uno u otro motivo. Llegado un punto decidió organizar un chat via Skype, por el que podrían hablar unos con otros sin necesidad de mandarse mensajes de voz interminables y así les podría presentar a Lulah. Ésta propuso invitar también a Raquel, quien estaba pasando el confinamiento sola y con toda seguridad necesitaba hablar con otra persona que no fuese ella misma.

  • Bueno…antes de nada os presento a Lulah…
  • Hola Lala.
  • Hola Lucía..
  • Cómo dices que se llama?
  • Holaaa..Y es el diminutivo de Camila…o cómo?
  • Me llamo Tallulah, pero me llaman Lulah- Explicó ella, Lelo en una pantalla, y los otros tres en la otra asintieron, ella sonrió, eran todos tan parecidos entre si que podrían afirmar que eran cuatrillizos, el único que no tenía nada que ver físicamente con ellos era su propio padre, un hombre de pelo rizo corto, ya algo blanco y gafas tipo truman, que estaba sentado entre sus dos hijos y le avasallaban en altura.
  • Y te vino de regalo en un Kinder….- Bromeó Kimo, el único que, como su padre, también llevaba gafas que parecían de pasta oscura.
  • No…seguramente ya están casados y tienen tres críos…pero se olvidó de comentarlo y tal…- Continuó Lelo, que mientras participaba en el chat comía un bocadillo.
  • Qué va…repartieron las chicas y a él le tocó en suerte…- Apostilló Ten, de los cuatro el que tenía el pelo más oscuro y más corto. Chente rio y negó con la cabeza.
  • Digamos que pasamos esto juntos..-Resolvió rodeándola con una brazo y mirándola orgulloso de su respuesta, ella se lo confirmó con un beso en la mejilla.
  • Eh! Nada de porno que aún no son las doce…- Protestó Lelo.
  • Cómo lo lleváis?- Preguntó Chente.
  • Yo bien…estos dos parecen dos tigres de Bengala..- Explicó tranquilo Juan, el padre, señalando a sus dos hijos con los pulgares.
  • Es que Ten no entiende que yo quiera estar solo..
  • Pues haberte quedado con Mar….
  • Qué tiene que ver Mar en esto…?
  • Ves?…así todo el rato…- Cortó Juan dándoles por imposible.
  • Y yo solo como la una…- Se quejó Lelo, Chente iba a decirle algo, pero una ventanita azul comenzó a parpadear en la esquina izquierda.
  • Ya encontró el enlace…- Le dijo a Lulah, quien rio.
  • Se pierde en su propio salón…así que hay que darle mérito..- Susurró, Chente pulsó click sobre la ventanita y pudieron tener una vista clara de un sofá de tres plazas vacío.
  • Y esos son los estudios centrales….- Rio Ten.
  • A lo mejor es que es invisible…- Dijo Juan, en eso Raquel volvió a sentarse en el sofá y se dio cuenta de su presencia lo que la asustó y se llevó la mano al pecho.
  • Ah! Y quién es esta gente!- Exclamó poniendose bien las gafas. Como respuesta recibió un aluvión de risas y toda una serie de comentarios enredados entre si de todos a la vez.
  • Os presento a mi amiga Raquel…- Dijo Lulah cuando fue capaz de hacerse oir, los de las otras ventanas se acercaron un poco más a la pantalla y asintieron.
  • Chente…con nube o sin ella los harenes están prohibidos…- Aclaró Kimo
  • Hola desde el Pirineo, Raquel!- Saludó Lelo moviendo los dedos de las manos en el aire.
  • El Pirineo?….pero ya se puede salir?…y por qué nadie me lo ha dicho..?- Se preguntó Raquel mientras alcanzaba su móvil, como si allí fuera a encontrar la respuesta.
  • Yo estoy en el Pirineo…sin nubes, el resto estáis pringando con una…y me llamo Lelo, soy el hermano de esos de ahí..- Explicó Lelo, para dar después un bocado a su bocadillo, Raquel parpadeó varias veces y miró a todos los presentes.
  • Hola..Buenas Noches Lelo…soy Raquel…qué suerte, el Pirineo…que estás de acampada o algo?
  • No, él dice que trabaja allí..- Anotó Kimo
  • Está tomando aires..- Comentó Juan con su tranquilidad habitual.
  • Yo ya ni me inmuto…sabes?…es envidia…
  • Y sois gemelos…
  • Diferidos…- Apostilló Chente
  • De qué es ese bocadillo?…mato por uno…también a vosotros sólo os dan pan de molde?- Preguntó Raquel.
  • Yo voy a acabar odiando el arroz..
  • Lomo con queso..
  • Tú danos envidia…
  • Por fin he aprendido a hacer tortilla…
  • Las galletas son pocas…
  • Lomo y queso…qué combinación más exótica..como chocolate con limón..
  • No metamos al chocolate en esto, porque no atiendo a razones….
  • Yo lo que peor llevo es el ventilador….no me deja dormir…
  • Yo a Miguel Bosé…
  • Ah!….vive por ahí?
  • No creo…
  • Y ya has visto algún oso?
  • Quién?
  • Hombre supongo que yo…si encima ahora viérais osos…No, noy hay…lobos, veo lobos..- Y todos sus hermanos aullaron en diferentes tonos y formas, Lelo ni se inmutó- Envidia, Raquel…purita envidia…
  • Os ponen al Bosé para despertaros o qué?
  • Corazón Corazón malherido…
  • No…cómo se llama Lulah?
  • Morir de amor….de una a dos…en bucle..
  • Aquí son muy sosos, pasan…
  • Papá cuánta extensión es sesenta campos de fútbol?
  • Una barbaridad de grande….ni idea..
  • Hay gente confinada en Ávila…
  • Ávila?
  • Pasé una vez en moto…creí que moría de hipotermia…
  • Y cuándo tuviste moto tú?
  • Iba de paquete…
  • De paquete a Ávila“ suena a National Geographic…
  • Lo dice el „Uy mira, no es un delfín, es un tiburón…“
  • Era una cría…
  • Me encantaría nadar con delfines…
  • Caminar con lobos tiene su aquel…
  • Raquel, huye…
  • Si esto se va a convertir en „Siete novias para siete hermanos“ versión Maredo, no contéis conmigo…
  • Mar!! Vueelve Maar!
  • Él ahora solo quiere ser el novio de la muerte…
  • La canción es preciosa…
  • Quién es legionario de vosotros?
  • Por méritos todos…
  • Qué bien me lo estoy pasando…mañana a la misma hora?..lo digo porque quiero ver otro capítulo de la serie esa que sigo sin que se haga muy tarde…
  • Cuál, papá?
  • Es de un hombre que entra en una carcel, pero que no es una carcel porque detrás está el FBI y su mujer está en protección de testigos en Alaska, y por eso su hija quiere ser bailarina…
  • Pues mañana más…
  • Y de verdad que caminas con lobos?
  • Kevin Costner a mi lado no es nadie…Raquel.

 

El ventilador que les habían suministrado funcionaba día y noche, los situaban siempre en distintos puntos del minúsculo apartamento, para tratar de mover el aire. Y éste se movía, pero no dejaba de ser caliente. Esto no impidió que Chente se acatarrase sin remedio, y que contra todo pronóstico acabase tumbado sobre la cama tiritando de fiebre y con una toalla mojada en agua fría tapándole perennemente la cabeza.

  • Mañana viene…escafandra..- Le dijo a Lulah tratando de que no le doliese la garganta, quien trataba de no acercarse demasiado para no ser dos lo que volasen con la fiebre.
  • Y qué hacemos?
  • Le pides un antigripal…
  • Yo?..pero oirá que…
  • Algo inventarás…- Y pareció quedarse dormido bajo la toalla.
  • Chente…Chente!
  • Hey…no grites..koala…- Ella suspiró más tranquila, mientras trataba de pensar qué le diría a la escafandra.

 

  • 857 su paquete de supervivencia ya está preparado, algún producto en especial?
  • Pues sí, mire…Buenos Días, ante todo, dos paquetes de antigripal y aspirina efervescente, ah y harina…
  • Según mis datos, 857, usted es un varón….
  • Qué quiere decirme con eso?- Preguntó Lulah hablándole a la puerta con gesto un tanto retador.
  • Me refiero a su voz…
  • Señor Escafandra, como bien sabe en nuestra Constitución se cita que no hay diferencias de sexo, raza o condición…
  • Sí..
  • Pues eso…
  • Se encuentra usted mal, entonces? Necesita atención médica?
  • No, no..qué va…con el antigripal bastará…gracias…
  • Hasta la semana que viene, 857.

Lulah regresó al cuarto tratando de no reirse, Chente, recostado sobre la cama, con su toalla mojada en agua fría sobre la cara, pareció reir quedo.

  • Señor Escafandra?…- Preguntó levantándose levemente la toalla, ella se apoyó en el marco de la puerta.
  • En cuanto te tomes el antigripal te sentirás mejor…- Él suspiró- Estaré en la cocina…- Pero él ya no le contestó- Chente?….Chente?…Chente?!
  • Hey….qué..pasa…- Casi gimió él tratando de incorporarse, ella respiró hondo sonriendo nerviosa y se pasó las manos por la cabeza.
  • Nada…intenta dormir..- Susurró ella, él se tapó un poco con una manta de viaje y pareció seguir su consejo.

Para mantenerse en forma pasaron por distintas fases. Primero no hicieron nada en especial, salvo mirar la televisión para estar al día de las noticias. Después buscaron tablas de ejercicios, desde el yoga al pilates, pasando por gimnasia sueca y series de estiramientos varios, sin obviar clases de zumba online y coreografías inventadas en base a las playlist que encontraban en Spotify. A Chente no le gustaba especialmente bailar, ni a Lulah las series de crossfit, pero acabaron por encontrar un ritmo en el que alternaban ambas cosas. Lulah era de mañanas, y Chente más de tardes, y sólo un ordenador con el que poder trabajar, así que en horario matutino Lulah se ocupaba de su informe, y después de comer Chente de sus proyectos. En un principio, Lulah se iba a la cocina cuando Chente hablaba con Larry y Chester para el directo, nadie debía saber que ella estaba allí, para evitar ser descubiertos por las escafandras, si ella apareciera en un directo y éste fuese visto por la persona equivocada, se buscarían un problema. Pero llegado un momento, Chente optó por presentársela a los hermanos, si bien ella no aparecería en los directos, era un hecho que él no estaba solo.

  • Hooola Gente!
  • Te has afeitado la barba….tienes vídeo?
  • Larry no empieces…
  • No Larry…la próxima vez, tengo que deciros algo..
  • Ya no hay nube…
  • Necesitas un tiempo, lo nuestro no llega a ningún sitio..no te dejamos espacio..
  • Larry…
  • No…os presento a Lulah..- Y Lulah hizo su aparición estelar junto a él, sentándose junto a él contra el cabezal de la cama.
  • .
  • Una muñeca robot! Os las dan así porque sí?…qué gran idea!… parece real…
  • Es real, Larry…ha estado todo el rato aquí…pero nadie sabe que está conmigo..es una historia muy larga..pero resumiendo: Ella no puede salir en el directo, pero quiero que sepáis que está aquí…
  • Hola Lucecita…soy Chester- Lulah rio
  • Lulah…de Tallulah..no Lucecita…
  • Ya lo sé…pero para mi eres Lucecita…
  • Chester…fabrícate tu propia muñeca, no se la quites al niño…
  • Hola chicos…encantada de conoceros personalmente…
  • Creo que Chester ha tenido su momento Baam….qué raro me siento, hola Lulah, me encanta tu nombre…Tallulah „Luz que sale del agua“…a ver por qué no me lo pusieron a mí…
  • Sabes el significado!
  • Yo sé muchas cosas, mydarling…lo que pasa es que no me dan el mérito…
  • Larry…
  • Ah!Ha vuelto!…
  • Y vosotros qué hacéis?- Preguntó Chente
  • Ayer inauguramos un parque de bolas gigante con paredes de escalada y camas elásticas…- Dijo Chester, Larry se apropió de la pantalla.
  • Y no fue mia la idea…porque ya sé lo que vais a decir…pero no, la idea fue de este…que quede claro…yo soy más de pistolas de agua…
  • Eso ahora a nosotros nos parece un plan magnífico…- Rio Chente imaginándose el parque, Lulah suspiró fingiendo un puchero.
  • Por supuesto cuando vengáis tenéis entrada gratis y eso…
  • Váis a venir? Sí!.. „One roll for the whole shebang!One throw that bell will go clang!Eye on the target and wham!One shot, one gun shot and bam!“
  • En fin…supongo que lo mejor que os puede pasar es que llueva..
  • Lluvia..!- Exclamó Larry levantando un dedo, Chester y él se miraron fijamente y permanecieron unos segundos en silencio, luego volvieron a mirar la pantalla.
  • Rayos, truenos, vientos huracados y todo el jaleo…
  • Y viento, mucho viento…fsschh fschhh…
  • Larry, estás pensando lo mismo que yo?
  • Cómo puedes dudarlo, Chester?
  • Seguiremos informando…-Y cortaron la comunicación.
  • Qué han querido decir?- Se preguntó Lulah, Chente se encogió de hombros con un claro gesto de duda en el rostro.
  • Con estos…nunca se sabe…

Y siguió sin hacer viento. Cuarenta metros cuadrados con aire cargado pueden llegar a reducirse al tamaño de una caja de cerillas. La horas no pasan. Los ruidos se repiten. Se pierde la noción del paso de los días. El silencio se agradece aunque pese. Se ahorra en palabras. Para no gastar aire.

  • Chente…tu egoísmo no conoce límites…
  • Y lo dice llevando mis gayumbos y mi camiseta…
  • Un yogurt para cada uno por día…uno…
  • Tenía hambre..
  • Y yo no puedo tener hambre ahora o cómo…
  • Estás sacando las cosas de quicio…
  • Tú sí que me sacas de quicio…
  • De qué quicio estamos hablando, Lulah?..de qué quicio exáctamente?
  • Vete a freir puñetas…
  • Lo haría si no hubieses usado todo el aceite…
  • Perdona?…la tortilla las comiste también tú…
  • Lo que dejaste…
  • Me voy…
  • Pues vete…
  • Eso es lo que te gustaría…que llamara a Escafandra y desapareciera…
  • Ahora mismo sí…
  • Pues no se diga más….
  • A dónde vas….
  • A donde no te importa…
  • Después echa ambientador…
  • Anda y y que follen…
  • Nada me gustaría más…
  • Encima…
  • Eso también…pero la Señora hace lo que quiere…
  • Lulah…
  • Déjame en paz…
  • Eres imposible…
  • Chente…
  • Qué…qué..qué quieres Lulah..qué..
  • Quiero gritar…
  • Pues grita…

Las horas no pasan. El aire es el mismo. El espacio vital ya no es individual, simplemente se pierde esa noción.

  • Chente…qué has hecho?
  • -Ducharme…
  • -Ya..pero con qué?
  • Con el mismo gel de siempre…a propósito tengo que pedirle a Escafandra un bote…
  • No..no es eso…
  • Lulah…qué haces?
  • Chente…no sabes lo que has hecho…
  • Lulah…sé que suena fatal…pero qué olfateas…estás bien?
  • Coco…
  • Ah..sí..es crema hidratante..la tenía sin abrir allá en una alacena…
  • Ven aquí…
  • Lulah qué te pasa…deja la toalla..
  • Qué toalla ni toalla…
  • Lulah?..
  • -No sabes…lo que has…hecho..

 

  • 857 le hemos dejado su paquete de supervivencia especial delante de la puerta, hay algún producto extra que deseara recibir?- Chente carraspeó antes de hablar.
  • Sí…tampones, por favor- Se hizo el silencio tras la puerta.
  • Tampones?- La voz enlatada no pudo maquillar su sorpresa, Lulah le mostró a Chente tres dedos de su mano derecha, Chente abrió mucho los ojos, pero ella le insistió en el número.
  • Sí…tres paquetes de tampones…
  • Para qué precisa usted los tampones?…
  • Pues…es que…me..esto..sangra muchísimo la nariz por las noches…- Lulah se tapó la boca para que no se escuchase su risa, Chente se mordió el labio inferior y cerró los ojos.
  • La nariz?
  • Si…una barbaridad…
  • Qué ha sido eso?
  • El qué?…
  • Ese chirrido…
  • Mi bici…estoy jugando con el freno..mientras hablo con usted…
  • S,M o L
  • Qué?
  • Los tampones…- Chente miró a Lulah, y ésta todavía tapándose la boca le indicó la L, él parpadeó dos veces.
  • Póngale aceite a esos frenos…
  • Cómo dice?
  • Los frenos…póngales aceite, tres cajas de tampones L…algo más?
  • Pues…no, gracias.
  • En cuanto completemos le avisaremos
  • Muchas Gracias…
  • Hasta la semana que viene 857.

La tarde que llamó Caniñejas Chente y Lulah habían dejado el apartamento completamente a oscuras. El único lugar donde el aire del ventilador era un poco más fresco era la cocina, así que ambos se habían sentado frente a él tras haberlo puesto a la máxima potencia y así tener al menos la sensación de que sudaban menos.

  • Buenos Días Sr. Caniñejas, se encuentra usted bien?… ya he llegado hasta el punto tres y creo que…- Comenzó Lulah sentándose mejor contra una alacena, Caniñejas llevaba ahora una camiseta roja tipo polo, tras él lo que parecía un cuadro con una escena de caza, tenía aspecto cansado.
  • De todos los fines de semana del año mi cuñado tuvo elegir el de la nube…..tiene el don de la oportunidad…una vez le tomaron de rehén en un atraco, cuántas personas pueden decir que les haya pasado una cosa así?, casi nadie…pues mi cuñado es una de ellas…
  • Ya..le entiendo…
  • Se han formado cuatro grupos de trabajo, con cuatro actividades distintas, tenemos vegetarianos-veganos, vegetarianos normales, diabéticos, bebés de pecho, adolescentes que sólo quieren comer pizza, niños que pareciera que conocen al dedillo las estrategias de la guerra de guerrillas, fumadores con síndrome de abstinencia, Marita no sabía que era alérgica a la lactosa, ni Secundino que lo era a los cacahuetes, mi hijo toca muy bien la guitarra y tiene una voz que ni Carreras…y yo ni lo sabía, bueno, él en realidad tampoco….mi hija es un as del bricolaje, mi mujer hace el mejor arroz con verduras del mundo y hemos vuelto a bailar…juntos, en la cocina…..está usted sola, Srita Mediavilla?- Narró, y tras su pregunta su rostro se suavizó en una sonrisa casi preocupada, Lulah sonrió a su vez y negó con la cabeza, llamando a la vez a Chente con la mano, quien un tanto sorprendido se sentó junto a ella contra la alacena-
  • Hola Sr. Caniñejas….Chente Maredo- Se presentó, Caniñejas le saludó con la mano desde la pequeña pantalla y les miró con atención.
  • Me tranquiliza….pasar una cosa así en soledad tiene que ser terrible…en cuanto al informe, vaya usted avanzando según pueda, tómeselo como un pasatiempo…y cuando la nube se decida a moverse hacia algún lugar…resolveremos…
  • Gracias, Sr. Caniñejas…
  • Sr. Maredo…es usted hijo de Juan Maredo?- Chente le miró sorprendido y asintió.
  • Dígale de mi parte que aún no le he perdonado aquel órdago a la grande….él lo entenderá..- Chente y Lulah se miraron sin comprender lo que acababan de escuchar, Caniñejas rio.- Pasen el tiempo lo mejor que puedan….estamos en contacto- Y cortó la comunicación.Chente no perdió un segundo en llamar a su padre.
  • Hola…papá…desde cuando sabes tú jugar al Mus?

Lulah se levantaba siempre temprano, incluso en aquellas circunstancias. Si algo habían mantenido era el ritmo de sueño. Aquella mañana notó la claridad de la ventana un poco más oscura, y la temperatura en el cuarto era más agradable. Se acercó a la ventana, y lo que vió la hizo contener la respiración.

  • Chente…Chente…despierta, Chente!-Y mientras le llamaba le sacudía para que se despertase, Chente, bocabajo, se llevó una mano a los ojos, y trató de abrirlos, se había quedado hasta entrada la noche por culpa de una conexión con otra zona horaria y se había echado a dormir apenas hacía tres horas.
  • Está nevando!.- Chente abrió los ojos de una vez y la miró fijamente en silencio, Lulah señaló hacia la ventana realmente ilusionada.
  • Lulah…ven, cálmate…
  • En serio…está nevando!…que no es coña..- Insistió ella cogiéndole una mano y tirando de él, Chente carraspeó en busca de su voz.
  • Lulah…estamos en julio, no puede nevar..en julio…- Explicó incorporándose, ella le guió hasta la ventana. Y Chente vio nevar en julio. Cortinas densas de copos caían del cielo y habían cubierto todo con su peculiar manto blanco. Chente subió la persiana, que siempre mantenían a medias para evitar el resol, y se fijó mejor.
  • No es nieve…es espuma…porque…Lulah, está lloviendo!
  • Está lloviendo!
  • Llueve!- Se lo decían el uno al otro como si nunca antes hubieran sido testigos de tal fenómeno meteorológico.
  • Y la espuma es….mejor no saberlo…pero llueve!- Y la abrazó dando saltos de alegría, que ella secundó entre risas.Poco después el cielo se cubrió de nubes muy negras, que convirtieron el día en profunda noche. La tormenta estalló con un trueno que hizo temblar el edificio, dando paso inmediatamente a rayos y fuertes ráfagas de lluvia que chocaban de tal manera contra el cristal de la ventana, que optaron por cerrar la persiana temiendo que se rompiera, los golpes contra el lucernario eran tan fuertes que hacían imposible que se escuchasen el uno al otro, sentados en el suelo cogidos de la mano, escuchando como el cielo se caía sin remedio.

    La tormenta rugió sin dar tregua durante dos días con sus noches, en las que se quedaron sin luz varias veces, al ruido ensordecedor de lo que parecía un estruendo que acabaría con el mundo, se unieron los aullidos de los coches de bomberos y policía cruzando las calles. Chente y Lulah optaron por refugiarse debajo del edredón, completamente tapados por él, como si eso les fuese a salvar de cualquier desastre, hasta que se quedaron dormidos.

    – Están llamando a la puerta..- Susurró Lulah, acurrucada contra Chente, quien se despertó a medias- Chente…la puerta…- Chente les destapó, y salió de la cama hacia la puerta con pasos inseguros.

  • 857?
  • Sí…estoy aquí…estaba durmiendo..
  • Escúcheme con atención, son las seis menos cuarto de la mañana, la tormenta ya se ha marchado y ha arrastrado con ella la nube…a las ocho pasará un aquipo a desinstalar las mamparas aislantes, cuando esto ocurra timbrarán dos veces a su puerta y si lo desea podrá salir a este pasillo, pero no abandonar el edificio…
  • Por qué?
  • Un segundo equipo, éste médico, pasará después para hacerle un chequeo, lleva usted confinado un mes y no sabemos si la nube ha afectado de alguna forma a la población…
  • Es posible salir a la calle?
  • Después del chequeo es usted libre por fin de ir a cualquier sitio…
  • Sólo una cosa…
  • Dígame…
  • Podría saber su nombre?
  • No estoy autorizado, pero mi número es el 3476..
  • Muchas Gracias por todo 3476…
  • Gracias a usted…siempre ha seguido las normas…espere entonces a los equipos. Le deseo buena suerte..
  • Gracias 3476…yo a usted también.

Chente regresó a la habitación, Lulah había aprovechado para vestirse con la ropa que había llevado la noche que había llegado allí, se había puesto,sin embargo, una de las sudaderas con capucha de Chente sobre el top de tiras, ya que,de pronto, había sentido mucho frío.

  • Qué rapidez..- Bromeó Chente al verla ya vestida, ya que ambos llevaban todo ese tiempo, o desnudos o con ropa de deporte ligera, ella sonrió y le abrazó.
  • Es que pensé que iba a entrar…- Confesó, él recogió el rostro de ella entre sus manos y la besó.
  • Aún queda café…
  • Y muesli..Desayunaron con calma. Como todos los días hasta ese momento.
  • Cuando saquen la mampara, seguramente saldrán todos los vecinos en tromba…lógico…entonces aprovecharé para irme..- Dijo Lulah removiendo su muesli sin mucho ánimo, Chente la miró un instante.
  • Pero…a ti también te tendría que ver el médico..- Anotó, ella asintió.
  • Ya…pero te busco un problema, porque en teoría estabas solo…
  • No creo que importe ya…
  • Pero no quiero que te caiga una multa por mi…
  • Me encantan tus multas…- Ella intentó reír, él le acarició el brazo.
  • Es raro…
  • El qué…
  • Todo..de repente…- Él iba a decirle algo, cuando escucharon ruidos en la puerta.
  • Ya?…dijo a las ocho…qué hora es?- Se preguntó, ella sacó el móvil de un pequeño bolso que llevaba en bandolera.
  • Las siete menos cuarto…- Antes de que Chente pudiera contestar nada, el aquipo de desinstalación de mamparas timbró dos veces. Lulah se incorporó de su taburete, pero se volvió a sentar, y después se volvió a incorporar sin saber qué hacer con las manos, buscó abrazar a Chente, pero se apartó, en confusa prisa, él la cogió de la mano y juntos se acercaron a la puerta, tras la cual ya se oían los gritos de júbilo y el clamor de las voces de los vecinos. Chente abrió la puerta entonces, y un alo de aire fresco les recibió. Chente le apretó la mano, y ella a él. Luego, evitando mirarle, Lulah salió al pasillo y comenzó a avanzar por él perdiéndose entre los vecinos. Sin mirar atrás. Chente la siguió con la mirada hasta que desapareció en el recodo de los ascensores. Todos reían y cantaban. Sólo él no encontró motivo.

Lulah abrió la puerta del portal, y agradeció el golpe de brisa que le cruzó la cara. Olía a tierra húmeda, lluvia y musgo. Respiró hondo y salió a la calle como si fuera la primera vez en su vida que se decidiera a tal paso. Vecinos de los edificios contiguos comenzaban a salir también, muchos en ropa de deporte o en pijama, alguno en bañador, como si estuvieran descubriendo un nuevo mundo. Ella avanzó despacio, si bien había una parada de metro cerca, optó por caminar. Necesitaba caminar y sentir el aire entrar a raudales en sus pulmones. Se paró sin embargo de pronto, y palpó el bolso, se le había olvidado algo, lo abrió , y constató que tenía el móvil, la cartera y las llaves de su casa. No faltaba nada. Siguió camino, cruzándose con gente, que, como ella, recorría las calles por primera vez y se alegraba sobremanera, riendo, cantando y saludándose unos a otros de parte a parte de la avenida, aún siendo completos desconocidos. Hubo de parar varias veces a descansar, apoyándose en algún edificio o sentándose bajo la marquesina de una autobús, si bien habían llevado a rajatabla el hacer ejercicio, notaba la falta de él a cada paso. Varias veces se cercioró de que tenía todo en el bolso. No caía en qué se le había olvidado. Algo importante.

Llegó ante su portal cerca de una hora después. Alguien había colgado de la puerta del ascensor el cartel de „estropeado“, así que subió los cuatro pisos a pie. Contra su puerta había un postín amarillo oficial con varuos cuños y letras negras con la palabra „Vacío“, lo arrancó y abrió la puerta. La recibió un potente olor a cerrado. Se dirigió al salón, y abrió de par en par el ventanal que daba a un balcón. Salió a ver desde esa perspectiva su calle, casi desierta, y medio devastada por la tormenta. Y cayó en la cuenta de lo que se le había olvidado. Entonces le sonó el móvil.

  • Lulah?
  • Chente..
  • Cuándo vuelves?

 

*He creado una lista en Spotify “Canciones para tomar el aire”:

Espero que todos estéis bien. Fuerza y mucho ánimo!.

 

El Comité

-No hagas eso…

-El qué?

-Eso…

-Por?

-Porque después pasa lo que pasa…

-No puedo ni pasármelo bien…

-Puedes, pero de otra forma…por ejemplo, ayuda a esos niños en los columpios…o recoge las hojas de ahí…

-Recógelas tú si tanto te molestan…

-Si te vas a poner así me voy..

-Pues vete…

-Pues ya estaría…

-Bueno…no te enfades, es que me aburro…

-Pues vete a visitar a tu parentela, tanta que tienes…

-Pues es verdad, hace mucho que no me paso…

-Pues ya estás tardando…

-En el fondo me quieres…

-Eso siempre

Y ella se fue a visitar a su parentela. Él aprovechó para ir a nadar entre orcas para ayudarlas en la labor de búsqueda de bancos de arenque. Ella regresó trayendo consigo sol, arena, calor y alboroto, que acabó convirtiendo en rachas moderadas de viento y algún chubasco. Juntos hicieron la ruta de los festivales de verano y de triathlones, después se fueron a la nieve en busca de ventiscas y simas escondidas.

-Esa de ahí..

-No tenemos nada, te estoy diciendo..relájate y disfruta las vistas de niebla.

-Un susto…déjame darle un susto anda…

-Pero sólo un susto, que después soy yo el de las explicaciones…

-Ves?…ya está…tan mona ella con el casco dorado…

-Pero qué has hecho?

-Un susto…nada más…ves?…ahí sale…

-Anda, vámonos…que llegamos tarde a lo otro…

-Lo otro?

-Tú ven

Llegaron a tiempo y cumplieron su parte. Ella después se fue de regatas y él a hacer rutas espeleolológicas. Le tocó a él visitar a su parentela y asistió a dos nacimientos. Juntos montaron en globo y se dejaron llevar por masas de gente incontrolada, él era más de pogos, ella de primeras filas. Tomaron aviones y bailaron por terminales desiertas. Ella retrasó trenes, él vació baterías.

-Se casa Dora..

-Exploradora?

-Todavía no la soportas?

-Tú sabes que no puedo odiar…ni tú tampoco, por cierto, pero con Dora es distinto…

-Ella siempre estaba ahí…

-Por eso…

-Por eso qué?

-Porque siempre “estaba ahí”….como pegada a ti con pegamento…

-Y ahora estoy pegada a tí..

-Un rato llevas, sí…

-Por los siglos de los siglos…qué pasa?

-Tengo que decirte algo…

-No pienso volver a un crucero…

-Tienen su aquel…pero no es eso…

-Sorpréndeme…

-Aquella tarde…

-No me acuerdo de nada….

-Ya lo sé…por eso quiero contártelo, creo que ya es hora…aquella tarde había quedado contigo para ir por ahí..y apareciste con Dora y toda vuestra panda…

-Es verdad…la panda..tengo ir a visitarlas un día…

-Dora te tenía cogida del brazo como un guarda de prisiones….y jugaba a no permitirme que te cogiese de la mano, y se ponía en medio, todo el rato…así que cuando fue a buscar lo que habíais pedido a la barra, te agarré de la mano y salimos corriendo….

-Y entonces?

-Llegamos a la marquesina del autobús, te abracé y te di un beso….justo en el momento en que el camión se empotró y se llevó por delante todo lo que encontró, incluidos nosotros y el resto de personas bajo la marquesina….

-Y por qué yo no me acuerdo?…

-Eres de sueño profundo…

-Y le echas la culpa a Dora…

-A sus estúpidos celos….

-Y al camión…

-Bueno eso también….pero con Dora es distinto…

-Una tormenta de arena…eso…una tormenta de arena…ese será mi regalo de bodas…

-Yo cambiaré el azucar por sal….

-Retrasaré los aviones de su luna de miel…

-Y alguien en medio, pondré a alguien en medio….

-Como con pegamento…

-Anda ven…cuánto tiempo hace que no te digo que te quiero?

-Una eternidad

Living on the edge

-Luís ha dicho que busques información sobre los butaneros…

-Butaneros?

-Sí, que la busques, para el podcast de esta tarde…

-Luís dónde está?

-Me lo dijo Remedios, Luís se tuvo que ir al depósito a recoger su coche..porque se lo llevó la grúa…

-Pero..por qué los butaneros?

-A mí no me mires, además yo me voy ya..yo sólo soy el emisario.

-Butaneros?…aún hay butaneros?..pues mira que hace tiempo que no veo uno..

-Yo creo que ya no hay casas con butano..

-Sí…haberlas haylas..te acuerdas del „Butanero!!“..

-O „no te eternices que nos acabas la bombona“ con las duchas…

-Iban de naranja..

-Cinco pisos sin ascensor cargando dos bombonas….eso sí que era Crossfit.

-Pues no sé…llama a Repsol…

 

 

– Butano „también llamado n-butano, es un hidrocarburo saturado, parafínico o alifático, inflamable, gaseoso que se licúa a presión atmosférica a -0,5 grados,…“

-Aún sigues con eso?

-Ya llamé a Repsol, ahora ya no van a pelo, tienen fajas ortopédicas y un reglamento de mercancías peligrosas, mira…todo esto…

-Pero por qué querrá Luís entrevistar a un butanero?

-Ni idea, el último fue un criador de afganos..

-…..

-…de perros de raza „afgano“..que después fui yo el que tuvo que escribir la aclaración…

-Acabáramos..

 

 

 

-No es tan fácil ser butanero…hay exámenes, y pruebas físicas, incluso las rutas están muy pensadas..

-Una profesión de riesgo..

-Pues sí…porque ponte tú que choca..

-Ay..no me montes películas que después me obsesiono.

-Kabooom..

-Lolo!…ah, hola Carmen..

-Han llamado los que traen al de la entrevista, que están en un atasco y que se retrasan..

-Que lo traen?

-Sí..le fueron a buscar, tardan todavía una hora o así…

-Qué nivel Maribel…

-Yo también quiero que me vengan a buscar..

-A mí no me miréis, gracias que conservo mi sección…hablando de sección, no quería Luís abrir una de „Viajes Alternativos“ o algo así?

-No, él entrevista a butaneros…

-Butaneros?

-Como lo oyes..

-Pues ya no se oye el „Butanerooo!!“…y cómo pesaban las condenadas…las nuestras estaban colgando sobre el patio de luces…cada vez que lo pienso..

-Vosotros queréis que no duerma..

-Kabooom

-Lolo!

Hola amigos, soy Luís Castroviejo, y os doy la bienvenida a nuestro podcast de esta semana. Hoy tenemos con nosotros a Jigme Norbu, ciudadano de Bután…“

Mirloblanco (I)

“No te preocupes por mi

Por un momento crucé al otro lado y luché con esas bestias gigantes

Sólo te quise decir que no dejé de creer, pero era grande la sensación

De vértigo constante

Tengo un plan.Salir corriendo hasta que todo se arregle

Me alejaba como el ruido de una ambulancia entre la gente

Y aunque te pese, te juro que esto no es lo que parece….“

Leiva

                                

PLANTEAMIENTO.

Max Sterlitz-Lomas de Buroaga

Max Sterlitz-Lomas de Buroaga recorrió desperezándose el largo pasillo que separaba su dormitorio de la cocina. Iba descalzo y todavía en pijama, para ambas cosas tenía una excusa, si por algo había hecho instalar suelo calefactor era para poder andar por la casa sin zapatillas ya que, según él, uno de los placeres de la vida era la posibilidad de caminar descalzo, en cuanto al pijama, de tela de algodón a cuadros azules y blancos, él mantenía la opinión de que los sábados por la mañana se podía dormir hasta despertarse uno por si mismo, sin necesidad de alarmas ni despertador, y permanecer hasta el mediodía en pijama disfrutando de un largo desayuno mientras se leía la prensa del día, con todos sus suplementos. Max Sterlitz-Lomas de Buroaga era un hombre alto, y, aún en pijama, de porte elegante, hacía unos meses que había cumplido los cincuenta, pero no los aparentaba, su pelo, algo largo, conservaba aún el color caoba que había comenzado a desaparecer en las sienes, y su rostro, de facciones finas, sólo acusaba alguna arruga alrededor de sus enormes ojos verde agua. Únicamente usaba gafas para leer, y siempre se las olvidaba en todas partes. Por lo demás, se consideraba un hombre sano, y, aquella mañana de sábado, feliz. Su mujer, Malucha, a la que llamaban así como diminutivo de María Lucinda, se había ido hacía dos meses a vivir a Nueva York, llevándose consigo a sus dos hijas. No se habían separado. Malucha había recibido una oferta que no había podido rechazar de un importante buffete de abogados asentados en aquella ciudad, y, tras calibrar ambos brevemente los pros y los contras, habían decidido que más valía pájaro en mano que ciento volando y que esos trenes sólo pasaban una vez en la vida, y toda la retaila de frases que se suelen decir en tales situaciones, y las tres se habían marchado a la Gran Manzana, dejándole a él solo atrás. Ahora hablaba con ellas y las veía con más fercuencia que antes, a través de todas las redes sociales posibles en las que ellas le habían abierto cuentas y por constantes videollamadas para las que siempre tenía tiempo. Max Sterlitz- Lomas de Buroaga no trabajaba. Lo había hecho un tiempo. Y le había gustado. Incluso había aumentado el volumen de su fortuna, haciendo buenas inversiones y comprando y vendiendo acciones de aquí para allá. Pero lo había dejado. Él se dedicaba a supervisar el legado de su familia, como le había gustado siempre decir a su madre, y velar porque no desapareciese.

Y aquella mañana de sábado se disponía a desayunar con calma y sin prisas. Ese era el fin de semana libre de Lidia, la mujer empleada interna, que se ocupaba de las labores domésticas, así que hubo de preparárselo él mismo. Pero no le importó, buscó en las alacenas su cafetera italiana para cuatro tazas y se entregó al secreto deleite de rellenarla de café y agua. Su mujer había comprado una cafetera automática y complicadísima, que reinaba sobre la encimera, pero que él no sabía utilizar, Lidia era ya una experta en el tema, pero ahora no estaba, así que ya tenía excusa para usar su vieja cafetera, que conservaba desde sus tiempos de estudiante en Salamanca. Sonrió al recordar aquella época y, mientras preparaba el café comenzó a silvar „Clavelitos“. Mientras subía el café, metió varias rebanadas de pan en la tostadora y salió de la cocina para dirigirse a la puerta principal. Abrió la puerta, y respiró tranquilo al encontrar sobre el felpudo los cuatro periódicos que tenía abonados.

Colocó todo lo que tenía pensado tomar de desayuno sobre la mesa de la cocina, seis tostadas de pan de molde, queso de cabra, mantequilla, mermelada de fresas, un bol con nueces y una botella de zumo de melocotón muy frío. Café con leche, más leche que café, en tazón mediano. Tres de azucar. Por una vez, las gafas estaban ya sobre la mesa, seguramente se las había olvidado allí la noche anterior.

El Osasuna pierde frente al Málaga por goleada, él nunca había sido de fútbol, ni de tenis, tampoco de padel cuando se había puesto de moda, a él lo que le gustaba era bailar, ahí sí que se hacía ejercicio, comenzó a silvar „Lets twist again“. Mueren quinientas personas en China por la rotura de una presa….Pensó que si la rotura de la presa hubiera ocurrido en cualquier país europeo ese titular sería primera página y no se hablaría de otra cosa. Quinientas personas son muchas personas, aquí y en China, y si hubiera tenido un interlocutor a quien convencer, lo hubiera hecho. Agotadas las entradas para el concierto de Anaís Maura…Conocida en su casa a la hora de comer, y casi rio, llevándose a la boca la taza de café.

Fue entonces cuando leyó el titular. Y la taza se le calló de la mano, rebotó en la mesa y aterrizó sobre su regazo, dejando tras si un rastro de café con leche caliente. Él trató de incorporarse al tiempo que soltaba un grito, pero sólo consiguió resbalar en el café, perder pie y, llevándose la silla por delante, caer cuan largo era al suelo, todo ello sin soltar la hoja del periódico a la que se había aferrado como si fuera lo último que fuera a hacer en su vida. Maldijo al tratar de incorporarse, trató de leer otra vez la noticia, pero sus gafas habían volado hacía algún lugar, se estiró a cogerlas, una patilla se había doblado, volvió a maldecir, pero pudo cerciorarse de que había leído bien. Metió la mano en el bolsillo del pantalón del pijama, cuyas perneras estaban empapadas en café, y sacó su móvil, que, milagrosamente, no había sufrido daño alguno. Deslizó sus dedos por la pantalla. Respiró hondo al ver que aún guardaba el contacto en su agenda. Pulsó llamada.

  • Buenos Días…Sí soy yo…Tenemos que vernos. Es urgente.

Isabel Palacios López

El arquitecto había decidido que el mejor lugar para tener una visión global de la situación era el descansillo que hacía la escalinata entre planta baja y el primer piso. Y allí estaban todos, el arquitecto, el aparejador, el delegado de Patrimonio Histórico, el presidente de la Asociación de Vecinos, el abogado que representaba a los últimos propietarios conocidos, el representante de la empresa constructora que deseaba comprar y sanear el edificio, su representante legal, e Isabel Palacios y Fernando Aragón, de la empresa Montatanto, a la que se había encargado la labor de servir de enlace entre todas las partes. Todos ellos con casco amarillo y zamarra de obra reglamentarios, trataban de seguir la explicación sucinta del arquitecto sobre una copia de los planos que les había entregado. El edificio era una de las últimas casas-palacio de la ciudad, situada en la que ahora era una zona exclusiva , y cuyo destino todavía no estaba claro, variando desde viviendas de lujo a hotel, todo ello conservando su apariencia y estructura originales.

Isabel Palacios había elegido situarse en el rincón del descansillo, el casco cubría apenas su media melena rubia con alisado japones, sus facciones de muñeca de porcelana con leves rastros de pecas y sagaces ojos azules, denotaban una profunda concentración en el punto del techo del que colgaba una gigantesca lámpara de araña, profusa en cristalitos, que colgaba de lo que parecía un macizo bloque labrado de acero fundido. Siempre había tenido predilección por ese tipo de lámparas. Las labores de mantenimiento que conllevaban, para otra persona podían suponer un suplicio, pero no para Isabel Palacios, para ella la limpieza individual de cada uno de los cristales y los brazos de los que colgaban resultaba reparador y casi tántrico. Aquella lámpara había sobrevivido varias guerras, años de abandono y dos comunas okupa. Aquella lámpara tenía que ser suya. Estaba pensando en cómo convencer a todas las partes que el mejor fin para esa lámpara era que ella se hiciese cargo, cuando notó vibrar su móvil privado en el bolsillo del pantalón. No hizo caso, y continuó con su labor de peritaje visual de la lámpara. Cuando ya vibró por tercera vez, suspiró dándose por vencida y lo cogió sin mirar quién era.

  • Sea lo que sea hasta las tres no voy a poder….- Abrió mucho los ojos y parpadeó dos veces, luego sonrió levemente y abriéndose paso entre la pequeña multitud subió la escalinata, no sin antes hacerle un gesto con la mano libre a Fernando, quien asintió sin más, para después continuar anotando algo en un Ipad.- Cuánto tiempo….yo siempre estoy liada, pero para ti siempre tendré tiempo….cuéntame..- Y se acercó a lo que había sido una galería que se abría a un jardín, ahora cubierto de escombro, las ventanas todavía conservaban los antiguos cortinones, rasgados y apolillados, ella se fijó en las preciosa bolas de los bordones que las sujetaban, de plata maciza labrada, tan sucia, que parecía latón, cogió uno entre sus dedos- Que me siente…amigo mío ya no hay nada que me asuste a estas alturas…- Fernando escuchó su ahogado chillido y subió un par de escalones, para cerciorarse de que estaba bien, Isabel, apoyada contra uno de los marcos,se volvió a medias para tranquilizarle con un gesto vaído, y él volvió a bajar no muy convencido. Ella apoyó su frente contra el cristal con los ojos cerrados y se llevó la mano libre a la boca- Sí….- Susurró con un hilo de voz- ..sigo aquí….lo sé, qué necesitas…cuenta conmigo..nosotros….eso déjamelo a mí- Y abriendo los ojos, de pronto fríos y sin luz, los clavó en el jardín abandonado, ladeando levemente la cabeza- Nada me hará más feliz.

Pilar Fuentes Varela

Pilar Fuentes Varela había sido de bebé un querubín. Una criatura rubia, de ojos azules y rasgos perfectamente dulces, enmarcados por unos tirabuzones tupidos y sedosos.

Con el paso de los años, Pilar se convirtió en lo más parecido a un hada, de facciones delicadas y un cuerpo de perfecta complexión, sostenido por las piernas mejor formadas del hemisferio Norte, como una vez le había dicho un profesor de ballet.

Pero Pilar Fuentes Varela no era un ángel. Ni un hada. Ni le gustaba mostrar sus maravillosas piernas.

Dentro de Pilar vivía un niño contestón y malhablado, que evolucionó a un hombre de hablar soez y pocos modales, que, si bien dominaba sus expresiones, le había permitido, sin embargo, sentirse mujer para el resto de los ámbitos.

Pilar Fuentes Varela vestía siempre traje chaqueta pantalón con zapatos ingleses de cordones. A la pregunta de porqué no se ponía tacones, solía responder que con tacos parecería una puta jirafa. Y que ella no era ni puta, ni jirafa.

Aquel ángel malhablado era la jefa de sala del club más exclusivo de la ciudad, el Club Lust (*“Ganas“, en alemán). Un local que ocupaba toda una manzana, y que por el día era cafetería- restaurante, mientras que por la noche cobraba vida como elitista club nocturno, con estricto derecho de admisión.

Ella era la gobernanta de un pequeño ejército de empleados, que, si fueran preguntados, no dirían una mala palabra de ella, ya que, en aquel ángel malhumorado, latía un buen corazón.

  • Ya hablaste con el jíbaro de Tomás?
  • No, no me coge el teléfono…
  • Que qué? Pues déjamelo a mí que se lo traga…el fulano ese…
  • Es que a lo mejor…
  • A lo mejor ni peor, se lo traga, con salsa…
  • Es que tenía enferma a la madre…
  • Acabáramos…Introducción, Nudo y Desenlace era no?…tú te jamaste el nudo, tragaaldabas….y esto qué es?- Y señaló una fuente con lo que parecía una masa blanca.
  • Bechamel de croquetas…
  • Y el jamón?
  • Sin gluten y veganas…
  • Entonces no son croquetas coño, es dieta para cólicos de vesícula joder…..estoy arriba si me buscan, y si no me buscan también….- Y mandándole un beso por el aire se alejó hacia el fondo de la cocina, desapareciendo por la puerta que daba al comedor.El local contaba también con un primer piso, un pequeño entresuelo, donde se encontraban los despachos desde donde se organizaba el complejo funcionamiento del club. Pilar dejó el abrigo sobre el sofá de la antesala que daba paso a resto de estancias, y entró en una sala de tamaño medio, presidida por una mesa de trabajo de madera maciza labrada que contrastaba con el resto del mobiliario, moderno y de sencillas líneas. Abrió las cortinas y las ventanas, que se abrían a un enorme patio de manzana, y contempló por un instante la vista que se le ofrecía, miró al cielo, no parecía que ese día fuera a llover. Iba a sentarse a la mesa de trabajo cuando le sonó el móvil.
  • Dime cabronazo….estoy a punto de tirarme en paracaidas…qué coño te parece que estoy haciendo alma de cántaro?….exacto…ya estás hablando conmigo o no?…ah…no me des un puto susto que hoy me levanté de buenas….- buscó sentarse en el sillón de despacho- ya estoy….has empreñao a alguna…hijo qué quieres….a ver joder…-cerró los ojos y apoyó la cabeza en la mano- no puede ser….hijodelagranputaasíloarrolleuntrenmecagoenlaputadebastos….qué?…ya me ocupo yo…yo también a tí corazón.

Filigrana

María del Carmen Ridruejo miraba con desconfianza a la mujer con la que le había tocado bailar aquella mañana. Una mujer alta, delgada, de pelo caoba oscuro con mechas de un tono más claro en una media melena, abundante y perfectamente peinada que descansaba sobre sus hombros, el traje chaqueta tipo chanel acababa de darle el toque de elegancia que cerraba el conjunto, aderezado por un rostro que le recordaba al de alguien del que no conseguía recordar el nombre, y que era un calco del suyo.

  • No te gusta la canción, Carmencita?- Preguntó la mujer, mientras trataba de llevar el ritmo de la canción que sonaba desde una cadena de música al fondo de la improvisada sala de baile, un viejo pasodoble con ritmo machacón. María del Carmen Ridruejo achinó levemente los ojos, como para fijar la vista y poder mirarla con más atención, también ella tratando de llevar el ritmo del pasodoble.
  • Me va a perdonar…pero usted quién es?- Preguntó por fin después de parecer haberlo pensado mucho rato, la mujer de pelo caoba sonrió con dulzura y le arregló innecesariamente un poco el cuello de la blusa, e iba a contestar, pero Maria del Carmen se encogió de hombros y se adelantó- Porque usted no es mi hija…- La mujer alzó las cejas un instante, pero mantuvo la sonrisa, María del Carmen negó con la cabeza- Porque si de algo estoy segura es que yo parí un varón, un niño hermosísimo…la que parió una niña fue mi hermana…también preciosa, pero el mio era un niño…y él sí que baila bien, no como usted…porque él es bailarín profesional, sabe usted?….como los ángeles baila mi hijo, su prima no, es más patosa, como la madre…y…usted me recuerda a..ay cómo se llamaba aquella…si mujer…la Bancroft…usted es la Bancroft- Y su voz sonó a victoria, como la de aquel que da con el dato que buscaba por mucho tiempo, y sonrió orgullosa, luego le acarició la melena con los dedos,la mujer con la que bailaba arqueó una ceja y casi rio, pero logró no hacerlo- Tiene usted un pelo precioso….- Anotó María del Carmen, luego parpadeó lento y miró hacia algún lugar,para después volver a la mujer con la que le había tocado bailar-….porque…yo…usted no habrá visto a mi hijo, hace tanto tiempo que no viene…- La mujer con la que bailaba, ladeó levemente la cabeza, buscó sonreír e iba a decir algo, pero el pasodoble cesó de sonar de repente, y todos tuvieron que aplaudir, casi al mismo tiempo, una chica uniformada con casaca y pantalón azules se acercó a ellas y cogió a María del Carmen del brazo.
  • Ven Carmencita, que ya está puesto el refrigerio…- Anunció, y guiñándole un ojo a la mujer con la que había bailado María del Carmen hasta ese momento, se alejó lentamente con ella del brazo. La mujer las observó un momento alejarse, se colocó mejor la chaqueta y atusó la melena, para después dirigirse a paso vivo sobre sus tacones hacia la puerta de salida de la sala. Sin bajar el ritmo del paso, cruzó el pasillo y entró en el servicio de señoras, dónde, sin más, apoyó la cabeza con los ojos cerrados sobre los azulejos de la pared, al tiempo que dejaba exhalar un sonoro gemido agónico, rodeándose a la vez el vientre con los brazos.
  • Ay Fili…te encuentras bien?- Una voz preocupada que parecía provenir del fondo del espacio que ocupaba el servicio, la hizo incorporarse, pero no se volvió inmediatamente, antes carraspeó y se arregló la blusa.
  • Sí..sí…no es nada, debí de comer algo malo..- Inventó dibujando la mejor de sus sonrisas al volverse, la mujer que le había preguntado, una enfermera uniformada de azul, como la de la sala de baile, también sonrió aliviada.
  • Si necesitases algo dínoslo…- Invitó, y antes de salir le acarició un brazo con cariño, a lo cual la mujer con el traje Chanel correspondió con un beso de aire y una sonrisa leve. En cuanto la enfermera hubo salido del servicio, apoyó la espalda en la pared y respiró hondo mientras apretaba los lagrimales con las puntas de dos dedos. En eso le sonó el móvil, que sacó del bolsillo de la chaqueta para contestar la llamada sin mirar quién podía ser.
  • Qué pasa ahora…?- Preguntó por todo saludo, no porque le interesase lo que quisiera su interlocutor, sino porque siempre contestaba así al teleléfono- ah..hola…qué?…en un lugar de La Mancha de cuyo nombre me tengo que acordar….no, no me reconoce…me sigue confundiendo con la Bancroft, al final me lo voy a acabar creyendo…ya lo sé mi vida por eso me confunde….bueno…y qué te pasa entonces?…ya..bueno un día compro un jabón y te lavo la boca….hijaporDior…cuatro frases y diez coños, que yo no tengo, por otra parte….vernos „con urgencia“…- Y arqueó una ceja dibujando en su rostro un claro gesto de escepticismo- ay hija no me asustes…pues cuando llegue a casa te llamo…o ya me esperas allí, como quieras…estás embarazada o algo?- Se apartó el móvil del oído un instante para no oir lo que su interlocutora decía a voces- Haya paz…ya..vale, yo también….anda que te ondulen…chao – Y finalizó la llamada, para meter después el teléfono de nuevo en el bolsillo, cerró sus enormes ojos castaños un instante y, tras respirar hondo otra vez, salió del baño.

Elodie Rampling

Ruperto Pereira Morente dejó de hacer lo que estaba haciendo, sacar la publicidad de los parabrisas de los coches aparcados en la sección A del Parking subterráneo, cuando la vio acercarse. Una mujer alta, en un elegante vestido- abrigo beig con zapatos de tacón y bolso a juego, con una melena caoba lisa, que descansaba en sus hombros y sobre un chal rojo con el que se abrigaba el cuello. Se acercó a él sonriendo, y él no pudo más que devolverle la sonrisa a aquel rostro de medalla, coronado por unos ojos de almendra de los que no pudo separar los suyos.

  • Creo que he aparcado mal, espero no sea un problema- Y parpadeó, al tiempo que cambiaba el bolso de brazo, sin dejar de sonreir, Ruperto fue incapaz de encontrar su voz y hubo de toser, negando con la cabeza- Uy esa tos, que no sea nada, mil gracias- Y dando media vuelta sobre sus tacones volvió a alejarse dando un golpe a la melena, dejando tras si un eco de perfume, tan sutil, que Ruperto se descubrió dando dos pasos escudriñando el aire con la nariz tras el, y le hizo compañía el resto del día, como la sensación que queda tras ver un arcoiris o el breve vuelo de una pompa de jabón.

La mujer cruzó la avenida por el semaforo, con esos tacones no podía arriesgarse a cruzar por otro lado, y entró en el Hotel en el que tenía su cita. Sin mirar ni a derecha ni a izquierda se dirigió con paso seguro al restaurante, sin pasar inadvertida a los presentes en el lobby a aquellas horas de la mañana ni a la chica de Recepción quien, como toda reacción se ajustó bien la casaca del uniforme y dibujó un ápice de sonrisa, que desapareció tan rápido como la mujer tras las puertas del restaurante.

Recorrió la distancia entre la puerta y la mesa a la que se sentaba la persona con la que había quedado a paso más vivo del habitual, olvidandose ya de los tacones y cogiendo el bolso en la mano.

  • Espero que lo que tengas que contarme sea muy importante, soy un hombre muy ocupado- Espetó sin rodeos, dejando caer el bolso sobre la silla frente al único comensal que ocupaba la mesa.
  • Cada vez que te escucho esa voz, me dan escalofríos, de verdad, cómo lo haces?, te has implantado un chip en las cuerdas vocales? Buenos Días Eladio, me alegro de verte y ya he pedido, el tuyo solo- Contestó el comensal invitándole a tomar asiento con un gesto. Ella se sentó y se sacó el abrigo, colgándolo sobre la silla, se dejó puesto el chal, ahora más holgado, se mesó la melena y posó sus antebrazos sobre la mesa entrelazando los dedos.
  • Todo es cuestión de controlar la respiración, ya te lo dije, el resto es práctica, en fin, la cambio por ser tú– Y sonriendo a su comensal como solo lo hacía con él, olvidando el papel, se aclaró levemente la garganta- Voilá- musitó entonces con voz varonil.
  • Quiero arruinar la vida de Gregorio Hinojosa Valcuende.
  • Si me dijeras que quieres acabar con ella, también podrías contar conmigo.
  • Eso sería ponerme a su altura, quiero hundirle. Sólo eso.
  • Y qué plan tienes? O mejor formulado….qué pinto yo en el hundimiento?- El camarero se acercó entonces, y puso lo que había sido encargado sobre la mesa, dos cafés, uno con leche, el otro solo, y un cesta con bollos de leche, ella sonrió a su comensal al tiempo que cogía un bollo con las puntas de los dedos- Sigues siendo muy detallista, macho, mato por los bollos de leche….y que aún te acuerdes.
  • En otra vida fui elefante, creo que es por eso – Tomó un breve sorbo de su café, ella alzó las cejas dando cuenta del bollo, y él le pasó un recorte de periódico. Ella cesó de mascar el bollo y por un instante la luminosidad que desprendía su rostro desapareció tras leerlo, se recompuso en seguida y tomó su café solo de una vez.
  • Dime lo que necesitas.

Dámaso Canosa López

  • El Sr.Canosa no está, todavía no ha vuelto de su Terapia de Arpa- Explicó amablemente la chica que atendía la Recepción de Gestoría Canosa, ante la pregunta de Max Sterlitz de si su jefe se encontraba en la oficina.
  • Terapia de Arpa?- Alcanzó a preguntar Max, que nunca había escuchado semejante cosa, la chica sonrió.
  • No es lejos, le puedo dar la dirección si lo desea- Ofreció.

La Terapia de Arpa, tenía lugar en un centro de meditación y yoga, no muy lejos de la gestoría. Al entrar en las instalaciones a Max le dio la impresión de estar entrando en otra dimensión, ya que la decoración y la luz eran de un blanco nuclear y reinaba un total silencio. Por un momento dudó si pasar, pero después se decidió a entrar y se internó por un pasillo blanco y sin esquinas que se perdía hacía el fondo del local. Sólo tuvo que seguir el eco del arpa, para dar con la estancia donde la terapia tenía lugar. Se quedó en el arco que daba acceso al espacio, que carecía de ventanas, y estaba iluminado de forma indirecta con multitud de lámparas de sal, a lo largo de las paredes estaban situadas chaisselonges, ocupadas por gente que parecía dormir mientras una mujer, en el centro de la sala, tocaba una delicada melodía en un arpa de madera lacada negra. Max se retiró un par de pasos, y se sentó a esperar en una de las butacas situadas en el pasillo.

  • Max…Max?….Se ruega al Sr. Max Sterlitz se presente en la Tierra…- Quien esto decía, con marcado acento argentino, era un hombre de mediana estatura y pelo blanco, vestido con ropa de sport, que sacudía el brazo de Max, que se había quedado profundamente dormido en la butaca. Max entreabrió los ojos y se incorporó tratando de no perder el equilibrio al tiempo que soltaba un silbido.
  • No entiendo nada….a mí el arpa me enerva normalmente…- Se disculpó frotándose los ojos con las manos, el hombre de pelo blanco rio y le dio unas palmadas en la espalda.
  • No esta, esta es especial…- Max sonrió y le abrazó a modo de saludo.
  • Me alegro de verte Dámaso..
  • Yo también, qué puedo hacer por vos…- Se interesó Dámaso poniéndose una chaqueta.
  • Tienes tiempo para un café?
  • Y para dos también…

Max buscó sentarse en una de las mesas del fondo en el local donde decidieron tomar el café, lejos de la barra y del bullicio.

  • No me voy a andar por las ramas, Dámaso. Quiero arruinar la vida de Gregorio Hinojosa Valcuende- Dámaso que se disponía a echar azucar a su café con leche en vaso, le miró sin mover un músculo de su afable rostro, clavando en él sus vivos ojos negros.
  • Y eso se os ocurrió así de repente…..- Max sacó del bolsillo de su chaqueta el recorte de periódico y se lo pasó, Dámaso lo leyó y levantó las cejas.
  • Hijo de mil putas….el mismo esquema…
  • Calcado…
  • Y yo dónde cuadro en tu plan….si querés cagarlo a trompadas yo….
  • Quiero hundirlo en la miseria, literalmente…- Dámaso bebió un trago de su café, y se secó la boca cuidadosamente con la servilleta, luego entrelazó las manos y le miró.
  • Gregorio Hinojosa me robó lo más preciado que uno puede tener en mi gremio, Max, mi credibilidad. Hizo que mi nombre fuese sinónimo de estafa y malasartes, me quedé sin un solo cliente, tuve que despedir a todos mis empleados, algunos ya cercanos a la jubilación, tuve que vender mi casa, cargar con culpas que no eran mías, empezar desde el puto cero….estuve tentado a quitarme del medio, sabés?…pero no lo hice…me ha costado quince años armar mi vida otra vez. Si vos lo hundís en la miseria….yo lo empujo al fondo.

Manuma

Elodie e Isabel se encontraron en la puerta del edificio ante el que habían quedado y Elodie marcó la clave en el cuadro de números, en lugar de un telefonillo, que daba acceso al inmueble. Estaban esperando el ascensor, cuando una señora con pañoleta oscura, gafas de sol y un amplio abrigo que le llegaba hasta los tobillos, bajo el último tramo de la escalera a paso muy rápido y abandonó el edificio sin mirarlas ni dirigirles una palabra. Ni Elodie ni Isabel le dieron importancia al detalle, y una vez llegó el ascensor, marcaron el quinto. Cada piso tenía sólo una puerta, de brillante madera labrada y oscura. Elodie pulsó el timbre, que sonó como una dulce melodía de campanas al vuelo. Esperaron pacientemente un par de minutos, y volvió a timbrar, esta vez con más insistencia. Entonces pudieron escuchar pasos que se acercaban presurosos a la puerta y ésta se abrió. Ante ellas apareció un hombre alto y joven, que parecía recien salido de un anuncio de colonias, con el pelo oscuro aún húmedo de una ducha reciente,descalzo y que representaba la elegancia en persona aún vistiendo una simple camiseta blanca y unos vaqueros.

  • Bon Jour mes dames!- Saludó regalándoles una sonrisa que iluminó los ojos verdes que culminaban su perfecto rostro.
  • Buenos Días Manuma…o Iñaki o Donovan…quién eres hoy?- Preguntó Elodie, él rio y les dio paso a la vivienda, cerrando con cuidado la puerta.
  • Yo soy siempre yo, Eladio…a propósito la de Vallés me llamó de tu parte, que conste, yo no a ella…- Aclaró, Elodie asintió e hizo un gesto desvaido con la mano para quitarle importancia.
  • Creo que no os conocéis, ella es Isabel Palacios- Presentó, Manuma se adelantó y le dio dos besos.
  • Encantado Isabel…queréis un café o algo…yo me estaba haciendo uno..- Y las guió hasta la cocina, una enorme estancia amueblada en blanco y beig inundada de luz, Isabel no pudo esconder su sorpresa.
  • Me encanta…el piso es tuyo?-Preguntó mientras recorría la cocina fijándose en las alacenas, Manuma, la miró fugazmente mientras apretaba los botones de una máquina de café eléctrica que había en una de las encimeras.
  • No, de un amigo- Elodie sonrió para si, pero se mantuvo en silencio- Vosotras me diréis en qué os puedo ayudar- Quiso saber Manuma, apoyándose en la encimera y mirándolas a ambas alternativamente. Elodie miró a Isabel, y ésta carraspeó, para después arreglarse innecesariamente un poco su siempre impecable melena.
  • Necesitamos tu ayuda en un asunto…un tanto delicado..- Comenzó, buscando las palabras adecuadas para explicarse, Elodie suspiró.
  • Queremos que colabores con nosotros en el hundimiento y caida de Gregorio Hinojosa Valcuende- Resumió, Isabel le dio la razón con un gesto de la cabeza. Manuma se encogió levemente de hombros.
  • Y ese quién es?- Preguntó, Isabel arqueó una ceja.
  • Si nadie te lo ha presentado nunca, es porque es un impresentable….
  • Si hay que darle de hostias…yo no…
  • No va a haber hostias…al menos por ahora…pero existe un plan para hundirle y te necesitamos…
  • Para qué?
  • Para que hagas lo que mejor sabes hacer..- Anotó Elodie, él la miró un instante tratando de calibrar lo que acababa de decir.
  • Yo no hago hombres…si eso es…
  • Ni yo tampoco, Manuma…y eso no viene al caso…-Anotó Elodie colocándose mejor el echarpe de angora verde que llevaba en un hombro.
  • Harás un bien a la humanidad..- Indicó Isabel, Manuma rio, tenía una risa acorde con su apariencia, en eso la cafetera anunció que los cafés ya estaban listos. Tras preguntar cómo los quería cada una, los sirvió en tres tazas.
  • Y no es ilegal…- Ambas negaron con la cabeza, Manuma tomó un trago de su café con leche y se encogió levemente de hombros- y..por qué?
  • Eso se te explicará en su momento- Aclaró Isabel removiendo su capuchino.
  • Y qué gano yo con todo eso?- Quiso saber Manuma, Isabel ladeó levemente la cabeza y sonrió enigmática.
  • El cielo

Helados

  • Yo necesito que me ayudéis- Pilar y Filigrana se miraron, y luego volvieron a Elodie.
  • Yo con tías no quiero nada….ni un besamanos, fíjate cómo te digo..- Soltó Filigrana, arreglándose la falda.
  • Por cuánto y con quién?- Ofreció Pilar
  • Ay mira esta!
  • Aquí donde me ves no me como un rosco….
  • Y el del otro día qué? Ese rosco lo querría yo…
  • Hacen el paseillo….pero no la corrida…
  • Qué fisna ella…
  • Es la verdad, joder…ni a medias me dejan…
  • Bueno, a ver, estáis o no estáis…que tengo que irme…
  • Otra que tal baila…..dime de qué va y te digo….- Acabó Filigrana, sentándose mejor.
  • Necesito un bolo con Gregorio Hinojosa Valcuende…
  • Uy!…urticaria! Qué digo…prefiero un herpes en los cojones, fíjate lo que te digo….o tirarme de cabeza a la fuente de la Cibeles sin agua….
  • Si es para echarle la raba por dentro de la bragueta, cuenta conmigo…
  • Vosotras no tenéis que hacer nada…con él físicamente, sólo ayudarme a que caiga en una trampa…
  • De osos…y que le arranque una pierna…
  • Con una soga al cuello…y yo tiro de la palanca….hecho…
  • Sin que él se de cuenta, ni él ni nadie…
  • Le ponemos burundanga en el GinTonic…
  • Lo dejamos encerrado en un „Panic-Room“ y tiene que escuchar Marilyn Mason en bucle…
  • Os estáis yendo del tema…
  • Si nos dices el tema…pues a lo mejor, preciosidad…
  • A ver….hay que montar una bacanal..- Filigrana soltó un chillido y dio palmas.
  • Uy! Eso es lo mío…- Pilar, por su parte, encendió un cigarrillo y se relajó en la butaca, estirando sus largas piernas, al tiempo que expulsaba el humo hacia el techo, después suspiró.
  • Y por dónde quieres empezar?
  • Por comprar helados

Concilio

El Ambigú era un antiguo cine reconvertido en club nocturno con actuaciones en directo. Su aspecto exterior seguía siendo el mismo que cuando era un cine, con la única salvedad del nombre del local en letras rojas sobre la marquesina.

Manuma llegó hasta la puerta, tras asegurarse de que estaba en la dirección correcta, traspasó la puerta de acceso. El amplio hall de entrada estaba desierto, y el ropero, a mano derecha, vacío. Estaba a punto de plantearse avanzar hacia la puerta a lo que había sido la platea, cuando un hombre con el pelo recogido en un moño, vestido con un mono naranja y portando un cubo con fregona, apareció por una puerta lateral.

  • Hola! Buenos Días!….eres tú el tuno?- Preguntó alegrándose mucho de verle, Manuma casi rio, le habían llamado muchas cosas en su vida, pero nunca tuno.
  • No, no soy el tuno…
  • Estamos cerradas, mañana a partir de las diez otra vez, ok mi vida?- Explicó el hombre del mono naranja mientras se dirigía hacia otra puerta, Manuma le detuvo.
  • Espera…yo he quedado aquí con Filigrana..- Explicó no muy seguro.
  • Ah bueno!…entonces sígueme mi amor…y cuidado no resbales, aunque seguro que hasta eso lo haces bonito..- Dijo el hombre, Manuma sonrió y guiñándole un ojo afirmó con la cabeza dándole la razón, lo que provocó la carcajada del otro.

Explicándole cosas sin parar, le llevó por las bambalinas del local, hasta uno de los camerinos, del que abrió la puerta sin llamar.

  • Fili…aquí te traigo un caramelito de fresa..- Anunció dando paso a Manuma a la estancia muy bien iluminada, en la que en ese momento se encontraba Filigrana con un hombre, que parecía estar despidiéndose, vestido con ropa de entrenamiento y que portaba una voluminosa bolsa de deporte.
  • Cuando lleguemos te llamo…chau- Dijo el hombre, muy alto, de pelo negro muy corto y brazos tan largos como remos, según le pareció a Manuma, que se tuvo que apartar para dejarle salir del camerino, Filigrana con una vestido largo de lana y el pelo recogido en una cola de caballo no se volvió enseguida.
  • Tiene el caramelito un nombre?- Preguntó aún sin volverse, el hombre del mono naranja invitó a Manuma a entrar y él mismo se fue, cerrando la puerta.
  • Yo soy Manuma…Eladio me citó aquí..- Explicó Manuma, Filigrana se volvió entonces y le observó desde detras de unas amplias gafas oscuras que casi ocultaban la mitad de su rostro, sonrió levemente y con un gesto de su mano, le ofreció asiento en una de las butacas repatidas por la habitación, amplia, tapizada de armarios empotrados y presidida por una mesa de maquillaje con un espejo rodeado de bombillas que ocupaba toda una pared.
  • Eres el primero…siéntate donde quieras, Manuma…porque eres fan o cómo?- Preguntó curiosa mientras se observaba las uñas, pulcramente manicuradas en lila. Manuma sonrió y negó con la cabeza.
  • Sabes guardar un secreto?- Preguntó, Filigrana abrió las manos teatralmente y levantó una ceja.
  • La duda ofende
  • Siempre me han llamado así…por mi nombre real, Manuel María, de ahí Manuma…- Explicó Manuma, dandose cuenta que era la primera vez que se lo contaba a alguien, Filigrana sonrió.
  • Los dos son bonitos…como tú- Concedió, Manuma rio y se quitó la chaqueta- Pilar quedó de traer cafés y demás, sólo te puedo ofrecer agua- Y Filigrana sirvió dos vasos.- Sabes tú porqué las concentraciones de equipos tienen que ser en lugares recónditos?- Preguntó, para después beber un trago de agua.
  • Pues…supongo que para que nadie les moleste, por?-Contestó Manuma, ella hizo un mohín con la boca y suspiró.
  • Ya no voy a los partidos…porque me daban ganas de tirarme al agua y ponerme hacer aguadillas a todos lo que le querían quitar la pelota…- Maluma le miró sin seguirle el hilo, ella sonrió levemente.
  • Arturo…es jugador de waterpolo…por eso..- Aclaró, Manuma levantó las cejas y bebió un poco de agua.
  • Y dónde es la concentración?
  • En Hechingen
  • Dónde?
  • Lo dicho….

El siguiente en llegar fue Max, acompañado de Dámaso, y poco después fueron apareciendo el resto de los convocados, la última fue Pilar, que llegó portando dos cajas con pastas de Titulcia y una bolsa con dos termos de café. Filigrana sacó de uno de los armarios empotrados tazas y vasos para todos los presentes, quienes se presentaron unos a otros en un desordenado barullo, que se fue calmando a medida que cada uno fue recibiendo su café y eligiendo su pasta.

  • Antes de nada, muchas gracias a todos y todas por venir. Por si alguno todavía no lo sabe, mi nombre es Max Sterlitz y yo os he embarcado en esta empresa de la que espero salgamos bien…..creo que todos vosotros conocéis a Gregorio Hinojosa y la clase de persona que es, pero seguro que os preguntáis porqué quiero hundirle…pues bien, para ello he de comenzar por el principio y, en ese principio se encuentra mi hermana Susana, Süsse, para nosotros…
  • Max..por favor…no..- Interrumpió Isabel, aferrándose a la mano de Fernando, quien apoyado en uno de los armarios, cerró por un momento los ojos, Elodie se acercó a ella y la besó en la sien, rodeándole la cintura con un brazo al tiempo que, con cariño infinito, la atraía contra si. Max se contempló un momento las manos y luego la miró sin ocultar su tristeza.
  • Lo sé, Isabel…pero es necesario que sepan toda la verdad…- Explicó, Isabel asintió con la cabeza y la apoyó en el hombro de Elodie, sin soltar la mano de Fernando.- Mi hermana Süsse, se casó con Gregorio Hinojosa.. y está muerta…- En los minutos siguientes, Max relató la historia de su hermana, que, de alguna manera, también era la suya, sin ahorrar detalles y siguiendo una fatal cronología. Al final de su explicación, ninguno de los presentes fue capaz de decir una palabra, ni de mirarse unos a otros, tratando de asimilar lo que Max había contado.- Ahora tiene planeado hacer lo mismo, se ha prometido con una chica, casi una niña, y planea casarse…
  • Y tú, con razón, quieres impedirlo…- Anotó Pilar, atreviéndose a romper el silencio, Max meneó la cabeza sin afirmar ni negar.
  • No exáctamente…
  • Nuestro objetivo es hacer de esa boda, la boda más costosa jamás vista en este país y que, llegado el día, no llegue a celebrarse….pero que Gregorio Hinojosa tenga que hacerse cargo de los ingentes gastos…- Le ayudó Isabel, ya más repuesta, Max continuó.
  • Pero que no pueda hacerlo…porque sus cuentas, que tiene, y muchas, repartidas por medio mundo, estarán vacías…gracias a la labor de Dámaso, aquí presente…-Explicó, presentando a Dámaso, quien hizo una ligera inclinación de cabeza.
  • Todo Plan A, necesita su Plan B…así que el nuestro será encontrar una mujer que se quede embarazada de Gregorio Hinojosa y provoque un escándalo tal que ese matrimonio se acabe deshaciendo…y si los dos planes salen a la vez,más que mejor..- Explicó Elodie entonces.
  • Una „vendedora de helados“…- Recordó Filigrana, Elodie le dio la razón señalándola con un dedo y luego miró a todos los presentes.
  • Entre rusos, se entiende como „vendedora de helados“ un tipo de mujer tipo pin-up, con exceso de todo, incluida la falta de verguenza….mi contacto tiene varias, nos enviará la que ella considere la mejor para la ocasión, tan hormonada, que Gregorio Hinojosa sólo tendrá que rozarla para que se embarace…- Explicó. Manuma, que se había mantenido en un más que discreto segundo plano durante todas las explicaciones, carraspeó.
  • Y…yo..entonces, qué pinto?- Preguntó casi sin atreverse, Elodie sonrió.
  • Tú eres el encargado de llevarte a la chica de calle…- Descubrió, Manuma levantó las cejas.
  • Para que no quiera casarse…
  • Para que no pueda vivir sin ti…- Anotó Filigrana, Manuma rio y tomó un bocado de la pasta que tenía en la mano.
  • Nada más fácil…- Contestó él, guiñándole un ojo, que ella correspondió haciendo rolar los ojos.
  • Isabel, creo que tú tienes todo preparado…- Dijo entonces Max, Isabel alcanzó entonces una maletita que había traido consigo, y comenzó a sacar carpetas de cartón, cada una de ellas con un móvil adherido.
  • Para evitar futuras búsquedas de responsabilidades, no utilizaremos nuestros móviles personales, sino móviles de usar y tirar que, cuando todo acabe, se destruirán, no habrá Emails ni llamadas a fijos, todas las comunicaciones se harán a través de este móvil o en persona. Cada uno de vosotros recibirá además una tarjeta de crédito, con acceso a la cuenta donde Max ha depositado dinero para los gastos que pudiérais tener. Fernando y yo, como Montatanto, seremos los organizadores de la boda, si alguna cosa necesitáramos os lo haríamos saber; Elodie, Pilar y Filigrana, os encargaréis de organizar una fiesta a la que Gregorio acuda, si hay algo que le guste son las fiestas, y tenga relaciones con la chica en cuestión, en esta carpeta tenéis todo lo necesario;Manuma, en tu carpeta, además de la tarjeta de crédito, encontrarás la de socio del Real Madrid, del Atletico y pases VIP para ambos estadios, además de pases para todos los clubs y salas de fiesta de nivel de la ciudad, tu nombre es Pablo Llanos-Brubaker…
  • Brubaker?- Alcanzó a preguntar Manuma, Isabel le miró fugazmente.
  • Me encanta la película, pasa algo?..
  • A mí también…ese final che…único..- Comentó Dámaso cerrando un puño, Isabel sonrió y le imitó, para seguir después con su explicación.
  • Yo te pasaré semanalmente todos los eventos, actos, fiestas, entrenos, conciertos, charlas y salidas en general que tenga la chica….que se llama…a todo esto Carolina Gil de Atienza…alias Cocón desde hace poco…y es muy mona, también tienes foto…la quieren hacer it-girl de Instagram a marchas forzadas…de ahí tanto evento…pero estarás muy entretenido…- Y le pasó su carpeta- Dámaso, tú te encargas de buscar las cuentas, vaciarlas en la fecha de la boda y repartir el dinero de forma que jamás se encuentre, en el caso de que la chica rusa se quede embarazada, reservarás una parte de ese dinero para ella y su hijo, ya que bastante tendrá con tenerlo como padre…
  • Por mi no hay problema…sólo que..voy a necesitar un asistente…- Opinó Dámaso, el resto de los presentes,excepto Manuma, dirigió sus miradas entonces a Filigrana, quién ante esa reacción se llevó la mano al pecho.
  • Yo?!…si aún no llevo bien la tabla del ocho…
  • Pero tu prima sí…- Recordó Pilar, Filigrana levantó las cejas.
  • Lourdes?…Trabaja en Hacienda…muy práctico…
  • Pues los pones en contacto y listo- Acabó Isabel-
  • Para cualquier cosa podéis llamarme y contar con mi ayuda, no estaré muy visible, porque Gregorio me conoce y si me viera rondando podría sospechar….creo que todo está ya aclarado…- Dijo Max.
  • No, todo no…falta ponernos un nombre…- Opinó Dámaso
  • Un nombre?
  • Esto es lo más parecido a una operación…hay que ponerle nombre…
  • Operación Hundimiento- Opinó Pilar, pero no tuvo éxito.
  • Operación Asítepudras- Colaboró Filigrana sin poder evitar reirse
  • La mina que se buscó es una nena muy joven y sin experiencia de la vida, no?…pues ya está Mirlo Blanco- Dijo Dámaso, y todos parecieron de acuerdo.
  • Operación MirloBlanco pues…- Concedió Max, Dámaso levantó un dedo.
  • Nosotros entonces somos los MirloBlanco…y esa será nuestra contraseña si tuviéramos que acudir a una persona ajena a este grupo…
  • MirloBlanco!- Y todos brindaron alzando cada uno su taza de café.

Mirloblanco (II)

NUDO

Zeltia Amorós

Zeltia Amorós era una mujer bandera. No por su belleza, que era indiscutible, o porque tuviera unas bonitas formas, que las tenía,o fuese alta, que lo era. A Zeltia Amorós la seguían dos millones y medio de personas en redes. Y si había llegado a esa cantidad, era por su don de gentes, carisma y simpatía innatos. Zeltia, si se lo propusiese, vendía cualquier cosa doblando mínimamente el dedo meñique de su mano derecha. Además nadie dominaba el arte de la oratoria rápida pero eficaz como ella, de forma que, ella siempre resultaba ser el centro de atención y miradas, que dirigía a su antojo. Zeltia Amorós nunca estaba sola. Con ella se movía una cohorte de gente, entre las que se encontraban cinco personas de la agencia de comunicación, una peluquera, dos maquilladoras, dos asistentes personales, una nutricionista, una fisiotepapeuta, dos fotógrafos,un promedio de seis amigos que la seguían a cada paso, su marido Gerardo Sánchez, propietario de una agencia de publicidad y su cuñada Rita, que nadie sabía a ciencia cierta cuál era su labor, pero siempre estaba presente.

Aquella mañana se presentó en las dependencias de „Nisíninó“, una marca de productos de baño, ya que iba a participar en unas charlas sobre la mejor manera de ahorra agua a la hora de cuidar saludablemente el cuerpo. La responsable de la marca, la recibió con profusión de risas y besos, y la acompañó hasta una de las salas donde habían dispuesto sofás y butacas en semicírculo rodeando una estantería con productos de la marca, pero no se quedarón allí, la cruzaron y llegaron a otra sala más amplia donde ya se encontraba una pequeña multitud de gente, dando cuenta de un gran bufet y trabajando en grupos en la factura de jaboneras de bambú y bolsitas de olor con los jabones de la marca. La mujer la guió hasta una de las mesas, donde un grupo de mujeres y hombres, en entretenida charla, trataba de hacer jaboneras.

  • Aquí te dejo…como ves es lo last el DIY de jaboneras….si te apetecen más las bolsitas de olor están allá, pero creo que esán llenos…aquí te he reservado sitio as usual…- Explicó separando una silla con el nombre de Zeltia en un folio pegado en el respaldo. Zeltia sonrió agradeciéndoselo y se colocó mejor el enorme bolso de ante que llevaba en el brazo.
  • Gracias, Lini, eres un amor…- Contestó, y se dirigió a su cuñada.- Rita…tráme algo del buffet, por favor- Y se sentó en la silla que le correspondía, mientras su cuñada se alejaba hacia el buffet. Ante ella, una badeja con bambú, pegamento ecológico y estropajo verde. Miró a su derecha, y se fijó en que su compañera de mesa se limitaba a acariciar la varitas de bambú mientras, con claro gesto de aburrimiento, observaba pasar a la gente ante la mesa.- Tú tampoco tienes ni idea o qué?- Preguntó, la chica la miró y sonrió, tenía una bonita sonrisa, acorde a sus finos rasgos, llevaba el pelo castaño claro en una cola de caballo.
  • Se me da fatal….tú sabes?- Se interesó, Zeltia miró en rededor un instante y se acercó más a ella.
  • No tengo tiempo ni para hacer pis….lo voy a buscar para hacer jaboneras?- Preguntó, la chica escondió la risa tras una mano, y Zeltia se colocó magistralmente la melena de un solo golpe- Pues eso…yo soy Zeltia..
  • Yo soy Carolina…
  • Ach!Tú eres la famosa Cocón..- Descubrió Zeltia cogiendo el estropajo con las puntas de los dedos, la chica se encogió de hombros sin saber a qué se refería- si hija sí…al parecer ahora eres Cocón…después serás otra cosa y así y así…pero a mí me gusta más Carolina…y sabes una cosa? Te voy a seguir llamando así…ok?- La chica asintió- Jaboneras…ya no saben qué inventar…

El Mirlo

  • A las diez viene Lara Míguez, de Comunicación Incorporated y a las doce tenemos brunch en casa de Loreto Colinas, por eso a las nueve se va a pasar Mariluz para arreglarte un poco ese pelo que, hija mía, parece que te hayas peleado con una jauría de lobos y….has dormido bien?, parece que tienes ojeras..a ver, mírame..no, sólo era la luz, de todas formas le diré a Mariluz que te ponga un poco de corrector…- Entonces le sonó el i-phone y Muca Méndez- Altobaldo de Gil de Atienza se alejó de la cama y salió del cuarto al tiempo que saludaba a una tal Ángela.Carolina Gil de Atienza la siguió con los ojos entornados de aquel al que acaban de despertar y estiró el brazo para alcanzar su móvil. Las siete y media. Según creía recordar era sábado. Pensó que debería estar prohibido por ley madrugar en sábado. Madrugar en general. Definitivamente no iba a ser su día. Y se tapó por completo con el edredón.
  • Coquina, Lolinina, Lalina, Lilolina ya están más que cogidos, además de los subsiguientes opciones con números, así que es mejor que optes por algo más radical como Cocón…
  • Cocón…
  • Sí, es outofreach total, Coco hay miles de millones, pero @CocónGiAtioficial sólo eres tú, oneandonly….
  • Pero es que yo ya tengo una…
  • Se anula ya, y no hay problema, si no los followers se confunden y es un lío…
  • Pero…
  • Carolina por favor, Lara sabe de estas cosas, dale el móvil anda…perdona Lara..es que está en plan…ya sabes…
  • En plan qué…?- Protestó Carolina sin entender a qué se refería su madre.
  • Carolina…el móvil..- Muca clavó en su hija una mirada que no dejaba espacio al debate, y Carolina le entregó a Lara su móvil, quien, con agilidad pasmosa, comenzó a deslizar sus dedos por la pantalla.
  • Ya está anulada…después en la agencia nos ocupamos del resto onsite…- Explicó devolviéndoselo a Carolina, quien sólo pudo comprobar que el símbolo de Instagram ya había desaparecido.
  • Entonces ahora…- Comenzó, su madre le agarró suavemente el brazo y se dirigió a Lara con la mejor de su colección de sonrisas.
  • Ahora nos vamos al comedor a desayunar, que seguro que ya está servido…- Indicó incorporándose, y haciendo levantarse a Carolina cogiéndola del brazo, Lara rio la gracia y las siguió hacia el fondo del inmenso salón.Carolina Gil de Atienza y Méndez-Altobaldo hacía tres meses que había cumplido los dieciocho años, justo cuatro días después de haber superado con un 9,5 la selectividad tras un brillante bachillerato por la rama de ciencias puras que había cursado en el colegio bilingüe Virgen del Socorro- Scarborough. Si hubiese tenido oportunidad de elegir qué estudiar, se hubiera decidido por la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, no sólo porque le daba la nota de corte, sino porque siempre le había gustado construir cosas. Pero sus padres la habían matriculado en un grado de Relaciones Internacionales y Economía de Inversión, porque, según le habían dicho, era lo mejor que podía hacer, y ella había acatado su decisión. Como siempre. Ya que sus padres no sólo la querían, sino que sabían velar mejor que nadie por sus intereses. Por eso también se había prometido con Gregorio Hinojosa Valcuende, si bien le quitaba bastantes años, le conocía de toda la vida y una chica de su posición no se podía permitir andar tonteando sin rumbo, como le había explicado su padre, además, casarse para después traer hijos al mundo fruto de esa unión era el objetivo de toda mujer de bien que se preciase. Y ella sólo había podido darles la razón. Porque ellos sabían lo que era bueno para ella. Y la querían.Lara Míguez había sido contratada para „hacerla visible“, como ella misma le había explicado, y orientarla en las redes. Carolina le había dado la razón, como siempre hacía con todo el mundo, si bien ella no se consideraba un ser invisible y hacía tiempo que sabía moverse en redes. Cuando llegó al brunch de Loreto Colinas, Lara le volvió a pedir el móvil y tras volver a deslizar sus virtuosamente rápidos dedos sobre la pantalla se lo devolvió con una sonrisa triunfante.
  • Hola @CocónGiAtioficial, mándame a mí las fotos antes de colgarlas, tus hashtag son #feliz #ennadamecaso #amor #misamigassonlomás -Explicó, para luego acercarse a un grupo de conocidas, Carolina pulsó la ventanita de Instagram en su móvil y no reconoció la que, en teoría, era su página. Ella nunca hubiera elegido esa foto para el perfil, y las cinco que adornaban la bandeja no las había hecho ella. Por un momento le pareció que se mareaba, y tuvo que apoyarse en una de los sillones, luego se pasó los dedos por la frente y guardó el móvil en el bolso. Trató de tragar saliba, pero no pudo. Nunca antes había tenido tanta sed.

Organza

La sala de fiestas „Organza“ estaba situada en un lugar inhóspito y lejos de cualquier nucleo de población conocido. Sin embargo era la sala de fiestas más buscada para la celebración de todo tipo de eventos desde hacía más de cincuenta años. Hasta allí se trasladaron Elodie, Filigrana, Pilar y Dámaso en el monovolumen que Max había puesto a disposición por si fueran necesarios desplazamientos en grupo.

  • Pero estáis seguros de que es por aquí….seguro que en la última curva nos hemos teletransportado a Almería..- Comentó Filigrana tratando de dilucidar dónde se encontraban mirando con atención el árido paisaje que le presentaba la ventanilla. Pilar, sentada junto a ella le mostró su móvil, en el que había buscado la ruta.
  • No hay dos….es el único con semejante nombre- Informó, Elodie, sentada en el asiento del copiloto, las miró por el espejo retrovisor.
  • Paciencia…mujeres de poca Fe…sólo os falta preguntar cada dos minutos „Y cuándo llegamos??“- Bromeó, Filigrana le echó la lengua, Pilar iba a alzar una mano, pero Filigrana se la volvió a bajar sin dejar de mirar por la ventanilla.
  • Allá lejos hay caballos….o son ovejas…?
  • Son balas de paja forradas de plástico…- Aclaró Dámaso, que conducía.
  • Hijo qué vista!….tengo que comer más zanahorias- Rio Filigrana achinando los ojos para ver mejor.
  • O ir al oculista…- Anotó Pilar, Fili le dio un ligero cachete en la pierna.
  • Calla…

Tras la siguiente curva, al fin, el „Organza“ se alzó a lo lejos ante ellos, un edificio amarillo, rectangular, con altas columnas al frente, de las que pendían banderolas lilas que en aquel momento se movían al viento. Sobre el edificio, en letras de celuloide también de color lila, el nombre :ORGANZA. Con los años las infraestructuras de acceso y aparcamiento habían mejorado, y de las simples pistas de tierra pisada para aparcar, habían evolucionado a un amplio aparcamiento, ahora desierto, con puertos especiales con marquesinas para autobuses, y que en horario de actividad incluso contaba con servicio de aparcacoches. Allí, en una de las plazas del desierto parking, aparcó Dámaso. El grupo se dirigió entonces a la puerta principal, que encontraron abierta de par en par. Una chica vestida con chandal y con una complicada trenza de espiga adornando su cabeza, pasaba la aspiradora a la moqueta lila del hall de entrada, un espacio de dimensiones panteónicas con columnas tan altas como las de la fachada y frisos florales en amarillo.

  • Yiss…- Acertó a decir Filigrana perdiendo su mirada en las alturas, Pilar hizo una foto de los frisos, Dámaso miraba a su alrededor como lo haría alguien recien despertado de una anestesia general. Elodie, hoy con un mono negro con botas de caña alta, se colocó mejor su eterno chal, y se acercó a la chica de la aspiradora, que, de espaldas a ellos y portando earpods no se había dado cuenta de su presencia.
  • Buenos Días…perdona?- La chica se volvió, y quitándose los earpods, sonrió, y Elodie también, y se hubieran quedado así, sonriéndose, la una a la otra, si Elodie no hubiera recordado de pronto el motivo que la había traido hasta allí. -Hola…nosotros querríamos hablar con el gerente….- Explicó, la chica asintió y le señaló una puerta de doble hoja, casi del suelo al techo, al otro lado del hall.
  • El jefe?…sí, ahora está allá dentro…entrando ya le veis- Aclaró, Elodie iba a alejarse, pero antes se arregló un poco la melena.
  • Y tu nombre..era?
  • No te lo he dicho
  • Por eso…
  • Fernanda- Elodie asintió y tras darle las gracias se acercó al grupo, la chica se encogió de hombros, volvió a colocarse los earpods y pisó el botón de inicio de la aspiradora.

Dámaso abrió la enorme puerta, y los cuatro accedieron a lo que ocultaba.

Se encontraron entonces en un pasillo largo, forrado en el mismo lila que la moqueta de la entrada e iluminado por fluorescentes del mismo color disimulados tras florituras en el acabado de las paredes, también parecía estar insonorizado, ya que dejaron de oir el ruido de la aspiradora tan pronto la puerta se había cerrado tras ellos. Al final de ese pasillo había una puerta negra, bastante pesada, que Elodie empujó para acceder al otro lado.

En el otro lado reinaba la oscuridad. Absoluta. Pero antes de que pudieran reaccionar a ella, todos los posibles haces de luz en infinitas posibilidades de colores y formas, la rompieron al tiempo que un solo de guitarra la rasgaba abriendose paso entre un coro que parecía quejarse con largos quejidos en -a- y que explotó numerosas veces en un claro „THUNDER!!“. Mientras esto ocurría, desde el fondo de esa oscuridad cruzada por rayos cegadores de luz y perforada por miles de voces llamando al trueno, ascendió la sombra de una figura gigantesca que se acercaba a ellos moviendo los puños en el aire. Filigrana se cogió del brazo de Dámaso, quién trataba de distinguir algo en aquel despliegue de luz, Pilar se tapó los oídos y Elodie movió la cabeza al ritmo.“I was caught, In the middle of a railroad track, I looked round, And I knew there was no turning back...“ se desgañitó entonces Brian Johnson, justo en el momento en que la figura en sombra se hacía cada vez más pequeña y un hombre entrado en años, de baja estatura, con gafas cuadradas de un antiguo modelo metálico, escaso pelo blanco, y vistiendo un pantalón vaquero y camisa de manga corta con boligrafos prendidos al bolsillo de la pechera, se acercaba al grupo sonriendo con amabilidad. Antes de decir una palabra, alzó un brazo, entonces la música cesó y se hizo la luz, que casi los cegó a todos.

  • Hola Buenos Días….es que estamos haciendo las pruebas de luces para la boda del sábado…y claro…como el „Thunderstruck“ en vivo en la cancha de River no hay otra…, Rolando Bravo, ustedes dirán…- Se presentó ofreciéndoles la mano, que todos estrecharon.
  • En la del River?…en serio?- Preguntó Dámaso, Rolando Bravo le miró y sonrió orgulloso.
  • Por supuesto….no podía ser de otra forma..- Y Dámaso le devolvió una sonrisa cómplice, Elodie carraspeó entonces.
  • Verá Rolando, nosotros querriamos tratar con usted un asunto concerniente a una fiesta privada que desearíamos celebrar aquí…- Explicó buscando las palabras adecuadas, Bravo asintió.
  • Pero pasen, por favor…así podrán entonces verlo todo mejor…- Invitó extendiendo su brazo hacia el interior de la sala.La sala de fiestas era tan monumentalmente grande como lo era el edificio, con gradas a diferentes alturas que rodeaban una pista de baile circular presidida por un palco que iba de parte a parte y sobre el que, en su fondo, se erigía el púlpito de la música, dónde se podía distinguir a una persona trabajando con unos cables. Del techo pendían varias bolas de discoteca de diferentes tamaños, y repartidas por el espacio había podios con o sin barra para el pole-dance. El grupo buscó el centro de la gigantesca pista de baile y Pilar hizo fotos de las bolas de discoteca y del palco.
  • Se trata de una boda, comunión…ustedes dirán..- Se interesó Bravo sacando un bolígrafo y una libretita de la pechera, todos miraron entonces a Elodie quien dudó un momento antes de comenzar.
  • No. Se trata de una fiesta…simplemente una fiesta, sin motivo en particular…sólo por el hecho de pasarlo bien..- Explicó, Bravo asintió y anotó algo en la libretita.
  • De cuántas personas se trataría?- Pilar levantó las cejas y abrió las manos en el aire, tratando de encontrar allí un número que decirle.
  • Quinientas…más o menos..- Trazó, Filigrana la miró sin salir de su asombro, Elodie se mostró más escéptica.
  • Cuánto aforo tiene este local?- Se interesó, Bravo miró un momento alrededor y se encogió brevemente de hombros.
  • Mil?…todo depende de lo que quieran hacer…- Elodie suspiró y miró hacia las bolas de discoteca.
  • Antes de nada…una pregunta..- Se atrevió Bravo mirándoles a los cuatro alternativamente, el grupo le miró a su vez interesado- Ustedes no serán miembros de una secta, verdad?- El grupo se miró entre si, sin saber muy bien porqué había llegado a esa conclusión.
  • No, definitivamente no- Contestó Dámaso tajante, Bravo pareció respirar tranquilo.
  • Tienen que perdonar, pero es que hace poco los Siervos de Blé hicieron aquí su reunión anual y me dejaron todo hecho un desastre…- Explicó, Filigrana fingió toser, Pilar achinó levemente los ojos tratando de buscar en su cabeza quién podía ser Blé, Elodie optó seguir inspeccionando las bolas del techo y Dámaso articuló una sonrisa amable mientras asentía haciendose cargo de lo terrible que había sido la situación.
  • Se trata de una fiesta de carácter muy privado, no sé si me entiende..- Comenzó a explicar Dámaso, Bravo levantó las cejas un instante y pareció entender por fin qué es lo que querían.
  • Con nosotros pasa como con Las Vegas, saben ustedes?…lo que pasa en el Organza, se queda en el Organza- Dijo con tranquilidad.
  • Creo que entonces nos vamos a entender a la perfección, no es cierto?, me gustaría tratar con vos un par de detalles a cerca de lo privada que puede llegar a ser…- Invitó Dámaso, Bravo aceptó gustoso la invitación indocándole una pequeña puerta al fondo, ambos, acompañados de Elodie, se dirigieron hacia allí. Mientras Filigrana y Pilar se quedaron inspeccionando las posibilidades de la sala.
  • Quién carajo es Blé?- Preguntó Pilar, una vez la puerta del fondo se hubo cerrado, Filigrana soltó por fin una carcajada y se dirigió al palco.

Tienen nombre de tribu de Juego de Tronos….ven, vamos a marcarnos un Barbra Streissand.     

 La Pavlova

  • Buenas, soy yo..
  • Sorry Eladio, todavía nada, lo que tengo claro es que tengo que aumentar kilómetros, tanto comer se nota…ahora haré ocho y cuesta arriba…donde no voy a ir es a misa, lo siento, pero por ahí no paso…ya con las charlas sobre las virtudes del ayurveda tengo suficiente….el otro día casi me duermo…y a todo esto qué haces despierto a estas horas?
  • Manu…
  • Yo es que estoy enganchado a una de policías en Netflix….
  • Manu no sé de qué estas hablando….pero te llamo para avisarte de que tú recoges mañana a Larissa en el aeropuerto, a las nueve llega…
  • Quién es Larissa?…y porqué yo?
  • Larissa es la chica que se va a encargar de Gregorio, y tú eres el único según organigrama que no tiene nada que hacer a esa hora…
  • Organigrama..
  • Cosas de Isabel…en fin, nueve de la mañana, aeropuerto, te envío el número de vuelo por mensaje…lleva el monovolumen…
  • Por?

-Por experiencia…después la alojas con Fili.

El contacto de Elodie les había suministrado una mujer que se ceñía a las condiciones que Mirloblanco buscaba. Lo suficientemente explosiva para que Gregorio se fijara en ella, y lo suficientemente hormonada para que a la primera de cambio saliera embarazada.Y Larissa Pavlova era explosiva. Manuma se había situado frente a la puerta de salidas con un cartel con su nombre, pero no le hizo falta. Larissa Pavlova era una mujer alta, de pelo rubio casi blanco en una melena ondulada que le caía abundante y perfectamente peinada sobre los hombros, enmarcando un rostro de maquilladas facciones eslavas presidido por unos achinados ojos azules profusamente adornados en azul y purpurina, iba ceñida en un mono de cuero que marcaba todas y cada una de sus virtudes, incluido todo lo que escondía un corpiño con aplicaciones en plata y tan tensado como un corset. Se abrigaba con un abrigo del mismo cuero que el mono, pero forrado de bisón y caminaba sobre unos finos tacones de aguja de diez centimetros en unas botas de caña alta que le llegaban a la rodilla. La seguían tres empleados del aeropuerto con tres carritos a rebosar de maletas. Ella se dirigió a Manuma caminando como lo haría una pantera llevada por la curiosidad. Una vez llegó a su altura, le regaló una radiante y preciosa sonrisa que mostró la dentadura más perfecta que Manuma hubiera visto en su vida, y comenzó a contarle una historia, señalando a los hombres de los carritos, y a ella misma, y al techo, y a Manuma, y después otra vez a los señores y otra vez al cielo, para por último reirse y suspirar.

  • Da?- Preguntó colgándose mejor su bolsito de Louis Vuitton en el antebrazo, Manuma sonrió y asintió.
  • Da- Contestó, sin tener idea de a lo que había dado su consentimiento.

El trabajo oficial de Jacinto Hermida Ridruejo, más conocido como Filigrana, era el de coreógrafo de musicales. Antes había sido bailarín de competición, y, junto a su compañera, había llegado a ganar varios campeonatos de renombre internacional, hasta que un día, como ella solía contar, su cabeza había pensado en que su cuerpo tenía que moverse hacia la derecha, pero él había decidido ir hacia la izquierda, de forma que se se había roto los ligamentos de su pierna derecha, lo que le había obligado a abandonar la competición.Su compañera trabajaba ahora para el Circo del Sol, él, desde hacía tres meses, se hacía cargo de un musical que se representaba en un Palacio de Conciertos y Efemérides, tal como rezaba en la placa de la entrada, y hasta allí le fue a buscar Manuma con la recién llegada Pavlova.

Cuando accedieron a la gigantesca sala, les recibió Billie Eillish atronándola con su „Bad Guy“ que era bailada por el cuerpo de baile del musical sobre el escenario, bajo las indicaciones de la autoritaria voz de Filigrana, que, desde algún lugar en lo alto, les corregía los pasos.

  • Cristina tienes magdalenas o tienes rodillas!!….lado, lado, arriba…arriba!!…Pedro girar no es saltar!!….Lucre vas a destiempo….así…ahora todos…DUH!!…vuelta!!! Reme vueeelta!! no giro!…. OK OK PAUSA!!- y Billie Eillish paró de cantar, alguno de los bailarines se dejaron caer al suelo y se tumbaron tratando de recobrar la respiración- Qué exagerados sois!….Dramadamas!!- Filigrana, tambien ataviada con ropa de entrenamiento de bailarina, descendió desde el lugar desde donde había dirigido el baile, hasta donde se encontraban Manuma y Pavlova.
  • Buenos Días…qué se les ofrece..- Bromeó como saludo, Manuma sonrió descreido y señaló a Pavlova, quien estaba muy entretenida observando el techo de la sala.
  • Fili te presento a Larisa Pavlova..
  • Pavlova?…tiene nombre de primera bailarina del Volschoi „La Pavlova“..- Filigrana acompañó sus palabras con un gesto de diva con sus manos, Manuma negó con la cabeza dándole por imposible- …y tengo que integrarla al cuerpo de baile o cómo…?
  • No, Max ha decidido que se quede en tu casa hasta que todo ocurra…
  • Hasta que todo ocurra“ suena a drama bélico…y por qué en mi casa si no es mucho preguntar?- Manuma levantó las cejas y soltó un buche de aire.
  • Ni idea…yo soy un mandao- Resumió, Fili se encogió de hombros y arqueó una ceja.
  • Voy a bautizar mi casa „El coño de la Bernarda“..o no, mejor „La casa de tócame Roque“ porque al menos me tocará alguien….- Sentenció haciendo un gesto desvaido con su mano hacia algún lugar.
  • Y Arturo?- Quiso saber Manuma, Fili le miró achinando levemente los ojos.
  • Cielo, has oido hablar del „fondo de armario“?…si?..pues eso..- Luego fijó su atención en Pavlova, quien había seguido la conversación en silencio, y sonreía afablemente, Filigrana la miró de arriba a abajo, fijándose en lo que el corpiño de cuero sostenía.
  • Y todo eso es suyo?- Preguntó casi sin creérselo, Pavlova dijo algo entonces en ruso , que ninguno de los dos entendió, tomando el corpiño a la altura del pecho entre las manos y sopesándolo orgullosa. Filigrana y Manuma se miraron un instante.- Pavlova, tu nos entiendes entonces o cómo?- Pavlova asintió con la cabeza y les dio una sucinta explicación en ruso, que culminó con una explosiva carcajada, que les asustó a ambos. Filigrana se llevó la mano al pecho y suspiró levemente- Pues no sé lo que te iba a decir…- Confesó tratando de hacer memoria, Manuma no le dio importancia.
  • Yo tampoco…entonces…vais a hacer algo con Billie Eilisch o qué?
  • No, qué va, „Grandes Éxitos de Disney“….esto sólo era para calentar.

Lo que Pavlova tenía de explosiva, lo tenía de hacendosa. Nada más instalarse en la casa de Filigrana, comenzó a ordenar, limpiar, y pulir. Ordenó armarios, limpió alacenas, arregló estanterías, hizo un planes de comidas por semanas de forma que la compra se hacía conforme a los menús que ella cocinaba, puso al día el vestuario escénico de Filigrana y se convirtió en la mejor asistente que hubiese imaginado jamás, de forma que, al paso de Fili todo estaba arreglado, en su sitio y dispuesto para su uso. No había problema de comunicación, ya que, Pavlova entendía español perfectamente y las explicaciones que pudiera dar en ruso solían entenderse en el contexto, además Elodie, en ocasiones, servía de intérprete, ya que, por razones que nadie preguntaba, dominaba el idioma.La vivienda de Filigrana se convirtió en el centro neurálgico de Mirloblanco, ya que todos sus intengrantes tenían llave, y quedaba céntrica, de modo que, además de Pavlova y su disciplinado orden, todos ellos en algún momento y por razones distintas acababan pasando por allí.

A Filigrana la despertó una mañana una tromba de trompetas, que la hicieron incorporarse de vez en la cama. Su primer pensamiento fue que estaba en un cuartel, descartado éste cayó en los bomberos, pero tras olfatear varias veces también les descartó. Ante una nueva tromba de trompetas, decidió salir de la cama, sin quitarse todavía el antifaz, y salir al pasillo a ver qué estaba ocurriendo. Levantó el antifaz con dos dedos, y descubrió el origen de la tromba. Pavlova, armada con fregona, cubo y guantes, se disponía a fregar el suelo del salón, y para ello había elegido, como siempre, trombas y trombas de trompetas mejicanas „
„Que me entierren en la sierraaaa, Al pie de los magueyaleeeees,Y que me cubra esta tierraaaaa, Que es cuna de hombres cabaleeees“
Dejaba claro Pedro Fernández a pleno pulmón desde la cadena musical. Filigrana se subió el antifaz a la frente, y suspiró.

  • No…si la que va a perder los cabales soy yo….- Se rindió, dirigiéndose despacio hacia la cocina.

Todo cuadra…

Lourdes Paredes Ridruejo sólo se parecía a Filigrana en la forma de los ojos. Además de que le encantaba bailar, en su caso, tangos, y era una asidiua visitante de todo boliche que se pudiera dar en la ciudad. Trabajaba como funcionaria en el Ministerio de Hacienda, en rango de inspectora, y cuando recibió la llamada de su prima para proponerle un plan, no encontró mejor excusa para cogerse un par de días propios. A la primera reunión asistió Max, acompañado de Fili y Dámaso, para explicar el plan de una manera creíble y ordenada. Lourdes aceptó ser parte de Mirloblanco, y lo hubiera hecho aunque el plan fuese desbaratado e inconexo, porque siempre había querido vivir peligrosamente, y lo único peligroso que le podía pasar en su vida diaria era meter por error un documento original en la máquina de destrucción de papel. Lourdes y Dámaso quedaron en encontrarse en lugares ajenos a las actividades de ambos, para escapar de miradas curiosas o rumores innecesarios. Comenzaron por encontrarse en cafeterías del extraradio, pero las mesas se les quedaban pequeñas, comieron en mesones, merendaron en churrerías, sucumbieron a McDonalds, y llegaron a la conclusión de que con sushi uno también queda harto.Dámaso descubrió que aún sabía llevar en el tango, y Lourdes que, para ella, el „Escondide de Hernando“, era ahora el de Dámaso, dijese lo que dijese la letra. Las carpetas fueron a más y los dígitos de las cantidades que manejaban se multiplicaban, como las cuentas cifradas y las empresas fantasma a nombre de Gregorio Valcuende. Demasiado dinero. Demasiadas cuentas.

  • No tiene sentido che…- Acabó por claudicar Dámaso, tirando desganado unos folios sobre la mesa de la biblioteca pública de un pueblo de la sierra donde habían decidido recalar esa vez, Lourdes, que deslizaba sus dedos por una tablet y miraba la pantalla por encima de las gafas le miró fugazmente.
  • El qué?
  • Gregorio Valcuende tiene tanta plata como para pagar la deuda externa de varios paises si le da la gana….casas en todo el país, en Paris y Londres, no es cierto?- Ella asintió y se quitó las gafas- Se busca una mina para casarse…una mina jovencita, una hoja en blanco…vos me entendés…Gregorio no es el tipo que se case para tener pives, él lo hace por interés…siempre…pero qué interés puede tener en esa mina…eso es lo que no entiendo..- Explicó, Lourdes pensó un momento.
  • Gordo, tu te has perdido alguna vez en una ciudad que no conoces?- Preguntó, Dámaso la miró sin saber a qué se refería, ella dibujó una calle en el aire con la mano.
  • Una vez perdido, sigues caminando en la misma dirección, sin saber hacia dónde tienes que ir…y entonces, cuando te vas dar por vencido, te vuelves, y miras en la otra dirección, y en ese momento te das cuenta de dónde estás, y encuentras el camino a tu punto de partida original…- Explicó clavando un punto imaginario en algún lugar entre ambos, Dámaso se apoyó en la mesa con los brazos cruzados.
  • Estamos mirando en la dirección equivocada…- Hiló, ella asintió con la cabeza, y sus miradas se encontraron- Vos estás pensando lo mismo que yo?
  • Rara vez no..
  • Ella- Dijeron entonces los dos a la vez.

Y dieron la vuelta a la torta. Cambiaron de posición el mapa. Ampliaron horizontes. Se valieron del gran angular. Ella llamó a su „Garganta Profunda“, él a su amigo en el infierno. Lo regaron todo con café con leche en vasos, y tras una tensa espera en un local de golosinas que ofrecía telefonía y fax, en la que aprovecharon para descubrir ese privado placer de los „Peta-Zetas“en sus bocas, les llegó el esperado papel.

  • Ahora cuadra- Admitieron los dos a la vez tras leerlo a través de las mismas gafas.

Dior y el resto de las cosas

Isabel y Fernando, gracias a las magníficas referencias de su agencia Montatanto, no encontraron dificultad en hacerse con la organización de la boda de los Gil de Atienza. Tenía que ser la boda de año, pero Isabel la quería convertir en legendaria, o eso fue lo que le explicó a Muca Méndez cuando le explicó las ideas que tenía al respecto. De lo primero de lo que se encargó fue del vestido, y, para ello acudió a la Casa Dior, quienes enviaron, especialmente, y haciendo una excepción, un equipo desde Paris a tomarle las medidas a Carolina, de lo que iba a ser el vestido de novia del que se hablaría, ya no sólo en la ciudad, sino en el país, y, más lejos, en el mundo, por generaciones. Tendría una cola de siete metros, y el velo estaría recogido por una tiara de oro blanco, diamantes y perlas, por la que Fernando,en nombre de la familia, pujó en Sothebys, que había pertenecido a una baronesa polaca. Los zapatos se los harían a medida, como una moderna cenicienta, y del maquillaje de toda las mujeres de la familia y allegadas, se encargaría el equipo de maquilladores que había ganado un oscar al mejor maquillaje hacía un par de años.

Todo eso no tendría sentido sin la ubicación perfecta. Y ese lugar se llamaba Rocalmonte.

La Abadía de Rocalmonte había sido restaurada con mimo tras llevar abandonada dos siglos. Ahora ya no alojaba actividad secular alguna, sino que ofrecía su recinto y edificios para la celebración de eventos y ceremonias. Sobre todo bodas, te toda índole, pero sobre todo religiosas, que podían oficiarse en su basílica anexa, un edificio con planta de cruz latina de tres naves y gran profusión de bóvedas y absides, recorrida por un pasillo central que desembocaba en un monumental altar presidido por una inmensa cruz de piedra que se alzaba hasta lo alto de la bóveda más grande. Allí, frente al altar, habían llegado, tras haber recorrido todas las dependencias de la abadía en compañía del jefe del departamento de eventos, José Luís Gil de Atienza, su mujer Muca Méndez de Altobaldo, Gregorio Hinojosa Valcuende y el binomio Isabel Palacios con Fernando Aragón. La hija de los Gil de Atienza- Méndez Altobaldo, Carolina, mientras ellos recorrían la basílica, protagonizaba una sesión de fotos en algún lugar del recinto.

  • Tenéis alguna idea para la decoración del templo?- Preguntó Isabel mirando alternativamente a los padres de la futura novia, y, claramente, obviando a Gregorio Hinojosa, quien estaba entretenido observando la considerable altura de los ábsides. Muca Méndez la miró con un claro gesto de escepticismo, José Luís Gil de Atienza pareció no entender la pregunta ya que había estado pendiente de su móvil.
  • Flores blancas, no?…lo normal..- Se atrevió Muca arrebujándose un poco más en su abrigo de lana, ya que si en algo se caracterizaba aquella basílica era por sus corrientes. Isabel levantó las cejas y se arregló un poco su chaqueta de borreguillo azul cielo.
  • Flores…entiendo…bien, pues yo tengo la solución ideal: Rododéndros y peonías- Descubrió triunfante, Fernando la miró un instante y parpadeó dos veces, para después deslizar algo en su tablet y continuar en su aparente eterno silencio, Muca Méndez trató de encontrar en su mente una imagen de las flores a las que se había referido, José Luís Gil se encogió de hombros y Gregorio inspeccionaba con la punta de los dedos el encaje de la funda de uno de los reclinatorios con un gesto entre la curiosidad y el astío.
  • Rododendros?- Acertó a preguntar José Luís Gil, Isabel sonrió y abrió los brazos, volviéndose hacia el monumental altar.

Murales de flores de rododéndro y peonías, que recorran todos los rincones del templo, despojándolo del frío de la piedra y envolviéndolo en un manto cálido y rosa..- Expuso triunfal, su público miró en rededor tratando de hacerse una idea, sin llegar a ninguna parte, sólo Fernando alzó la vista hasta lo alto de la nave y suspiró hondo.

  • Pues…no sé…
  • Peonías?
  • Dejadlo en nuestras manos….siguiente punto, la música…- Isabel cambió de tema, esta vez Gregorio se decidió a dar su opinión.
  • Para mi es importante que suene el Himno…- Dijo mientras se balanceaba sobre sus talones, todos le miraron un instante, cada uno sacando su propias conclusiones.
  • Qué Himno?- Preguntó Muca un tanto despistada, Gregorio no le concedió ni un soslayo.
  • El Himno…- Repitió dándolo por supuesto, Isabel ladeó la cabeza levemente, entrelazó los dedos de las manos y sonrió con afilada dulzura.
  • Qué casualidad, Gregorio, yo había pensado lo mismo…el Himno a la Alegría, saliendo de las gargantas del Coro de los Niños Cantores de Viena que estarían en la nave derecha…acompañados por la orquesta de Saint Martin of the Fields desde la nave izquierda, elevando la felicidad de los presentes por vuestra unión a las alturas…una idea magnífica…no creéis?- Expuso con profusión de gestos a izquierda y derecha, con calma, como solía hacer las cosas. Gregorio Hinojosa dejó de balancearse sobre sus talones y la observaba sin mover un sólo músculo de su displicente rostro, los padres de la novia se miraron y emitieron una especie de amago de risa, Fernando, por primera vez en mucho tiempo, se permitió un claro gesto de orgullo.
  • De qué naves…estás hablando…?- Alcanzó a preguntar Muca, un tanto perdida, Isabel suspiró y cogiéndola del brazo, se alejó con ella por la nave central.
  • Verás Muca…yo te explico..- José Luís y Gregorio las siguieron con la mirada.
  • Lo quiero todo por escrito…- Le espetó Gregorio a Fernando, éste alzó una ceja y asintió con la cabeza, para luego pasarle su tablet.
  • Firma aquí- Dijo escueto, Gregorio casi le arrebató con rabia el bolígrafo electrónico que Fernado le ofrecía y firmó dónde éste le había ordenado, para después alejarse a paso vivo por el pasillo central, José Luís observó un instante la altura de los ábsides.
  • Una cosa…qué es un rododéndro?- Preguntó sin bajar la vista.

Brubaker

Manuma había tardado semanas en encontrar un sistema de seguimiento de Carolina Gil de Atienza, casi todos los eventos a los que ella asistía tenían que ver con temas femeninos como presentaciones de maquillajes o nuevas tendencias en complementos, a lo que también asistía un público masculino, pero nunca encontraba la forma de acercarse a ella para tomar contacto. La oportunidad le llegó de la mano de un evento culinario. „Si no las dejas“ era una empresa de catering especializada en comida vegetariana en todas su variedades, que ya tenía un nombre dentro del circuito gatronómico, y había organizado el evento para presentar su nueva carta de servicios y platos. Para hacer el acontecimiento, a su manera de ver, más ameno, los organizadores habían decidido repartir a los asistentes en tres grupos mixtos. Un grupo se ocuparía de preparar la cena, compuesta por tres platos y un postre, en una cocina a la vista con dos zonas de trabajo y fogones; un segundo grupo se ocuparía de montar las mesas y bancos en los que, los futuros comensales, se sentarían a degustar la cena; el tercer grupo, estaría encargado de hacer a mano los manteles individuales sobre los que después reposarían los platos, utilizando las técnica del crochet. Manuma, haciendo caso omiso de las directrices de separación en grupos, se integró en el grupo de montaje de muebles, de los tres, el que mejor se le daba. A Carolina, sin darle opción a otra cosa, la sentaron en las mesas redondas del crochet, junto a otras chicas que, desde el primer momento, inmortalizaron la labor en sus stories.

  • Cocóon!…hooola!! qué guay que estamos juntitas, mi compi!- Exclamó una de ella dándole a Carolina un sonoro beso en la mejilla, dejándole los labios marcados, mientras grababa a ambas con una go-pro. Carolina sonrió y se saludó a si misma, fingiendo una irradiante felicidad de tener que hacer mantelitos de crochet. Además, ella se llamaba Carolina. No Cocón. Y cada vez que alguien la llamaba así, un alfiler se le clavaba de repente en la planta del pie.

-Carolina Gil, mi amor, yo creo que nuestras cartas astrales deben ser parecidas o algo….Lorena, déjame sentarme junto a ella..no me quites pas, no me quites pas…- Quien así se presentó era Zeltia Amorós, acompañada de sólo tres personas de su séquito y su cuñada Rita, quien filmaba el techo con su móvil sin sacarse las gafas oscuras. La tal Lorena, se levantó del asiento que hasta entonces había ocupado junto a Carolina, y Zeltia se sentó en él dando un resoplido, mientras dejaba su siempre enorme bolso en el suelo. Carolina sintió unas ganas terribles de abrazarla, pero se limitó a acariciarle el brazo y respirar por fin hondo, no sabía porqué, su presencia representaba para ella la calma inmediata.- Y aquí qué se hace?- Y con un golpe de melena, levantó las manos en el aire, observando escéptica los instrumentos y las lanas para crochet que había ante ella.- Están de coña?- Sentenció mirando a Carolina sin creérselo, ésta asintió con la cabeza como quien da todo por perdido, al tiempo que intentaba envolver el hilo en sus dedos como se explicaba en un papel pegado sobre la mesa con las instrucciones.

Manuma aprovechó que había que llevar unas sillas ya montadas a la zona donde estaban las mesas de crochet, para acercarse a la mesa donde Carolina estaba e interesarse por lo que estaban haciendo, en un intento de trabar contacto, como quien arroja una soga desde un barco para atracarlo con la esperanza de que alguien en el muelle la recoja.

  • Y por aquí…qué se cuece?- Preguntó mientras se arremangaba mejor las mangas de la camisa, que había tenido que recoger para poder montar mejor los muebles. Zeltia le miró fingiendo un inmenso aburrimiento y le mostró lo que llevaba hecho.
  • Mantelitos de crochet….- Descubrió sin ánimo alguno, él levantó las cejas e iba a decir algo, cuando una chica que pertenecía a la organización del evento se acercó a la mesa portando una tablet y una estudiada felicidad, que pretendía irradiar con una flamante sonrisa de carmín.
  • Qué tal niñas?! Cómo van esos mantelitos?!….vuestros compis de la cocina están casi listos y a las mesas les queda poco…sólo faltáis vosotras para que podáis participar!- Exclamó moviendo las manos como queriendo dar prisa, Manuma la miró descreido.
  • Entonces si no hacen los manteles no comen….o qué?- Preguntó, Zeltia no pudo contener una carcajada, Carolina le miró y también rio, todavía no había logrado ni una sola vuelta, el resto de chicas cesaron en su actividad y se volvieron hacia la mujer que acababa de llegar, preguntándose de pronto lo mismo. La sonrisa de la mujer, por un momento desapareció de su maquillado rostro, y pretendió atraversar a Manuma con la mirada, pero éste le sonrió canalla de vuelta, alzando una ceja.
  • Los mantelitos…osea…a ver…la comida vegetariana…- Comenzó ella, varias veces, sin hilo coherente, Manuma no esperó a que lo encontrase y dio un par de palmadas.
  • Quién quiere ayudarme con las mesitas auxiliares?- Preguntó de pronto, y todas las participantes levantaron la mano entre risas, él, sin embargo cogió la mano de Carolina y la ayudó a levantarse de la silla al tiempo que hacía una especie de reverencia.
  • Enhorabuena a los premiados….- Saludó, y con la misma se alejó con ella de la mano hacia la zona de montaje, mientras el resto les seguían estupefactas con la mirada.
  • Pues yo no me voy sin comer….mando a alguien a un chino y los tienen fijo…así que ya me dirás..- Le espetó acto seguido Zeltia a la mujer de la organización, dejando el crochet sobre la mesa, la mujer se arregló el pelo y sonrió buscando la amabilidad en algún lugar.
  • No hace falta…la comida ya está casi…- Alcanzó a contestar.
  • Me salvaste la vida…se me da fatal todo lo que es tipo pretecnología, sabes?…yo soy más de montar cosas, pero me ponen siempre a coser o tricotar, el otro día a pegar estrellitas en una pared….a todo esto..yo soy Carolina- Explicó Carolina de camino hacia el otro extremo del local, Manuma sonrió.
  • Yo soy M..Pablo, Pablo …- Repitió, si bien él solía tener muchos, todavía no se había acostumbrado a éste.
  • Pablo Pablo..- Bromeó ella, él negó con la cabeza.
  • Llanos Brubaker…Pablo Llanos Brubaker- Aclaró, ella le miró un tanto sorprendida.

Brubaker?…de qué me suena a mí Brubaker?…- Para entonces ya habían llegado a la zona de montaje, y Manuma no tuvo que dar más explicaciones.Pasaron el resto de la tarde juntos, primero montando todo tipo de mesas y después como compañeros de mesa en ininterrumpida y animada conversación, entre risas y bromas. Ya en los postres, se intercambiaron los números de teléfono y direcciones de Instagram correspondientes, y se hicieron una foto, fingiendo seriedad, mostrando un mantelito de crochet a la cámara. Un grupo de gente vino entonces a buscar a Carolina, y se despidieron con dos besos. En cuanto ella se fue, Manuma aprovechó para también abandonar el evento por otra puerta y mandar la foto a Isabel.

La pica ya está en Flandes“- Escribió.

No pares, sigue sigue…;) „- Contestó ella, él rio y respiró hondo, después buscó en google un lugar en aquella zona donde poder cenar.Volvieron a coincidir tres días después en un local de copas y conciertos. El grupo que amenizaba la noche se llamaba „Cañaveral“, y estaba compuesto por seis chicos de edad indeterminada, en vaqueros y camisetas polo de distintos colores , tres de ellos estaban sentados con una guitarra. El local estaba atestado de gente, sobre todo chicas muy jóvenes, que se conglomeraban delante del pequeño escenario a la espera de que „Cañaveral“ comenzasen a cantar. Cuando esto ocurrió, todo el público asistente prorrumpió en ovaciones, gritos y silvidos, al tiempo que coreaban a coro la canción. Manuma jamás había oído hablar de ellos, ni escuchado la canción que, según parecía, era todo un éxito. Localizó a Carolina en uno de los laterales, con un grupo de chicas, y se acercó avanzando a través de la multitud cantante.

  • A mí, personalmente, me parece una canción de catequesis…- Le susurró al oído, Carolina soltó una carcajada y se volvió hacia él, alegrándose sobremanera de verle.
  • Brubaker! Qué cosas tienes!- Rio, él le correspondió entregándole un cocktail adonado con una sombrillita, que ella aceptó encantada. No se separaron en todo el tiempo en que el grupo de ella permaneció en el concierto, y después hizo por coincidir de nuevo en otro local donde una marca de Gin promocionaba sus combinados. Llegaron a la conclusión de que ambos visitaban el mismo gimnasio, y quedaron de verse en la presentación del nuevo programa de Siclo que éste ofrecía al día siguiente. Manuma, una vez ella se fue, optó por ir a pasar la noche a la casa de Filigrana, que le quedaba más cerca.

Rodondéndros

Filigrana, ataviada con un kimono rojo con dragones rampantes verdes y el pelo recogido en un moño, preparaba café en su cocina, que ahora parecía sacada de un catálogo por lo limpia y ordenada, mientras tarareaba algo incongruente y al tiempo hacía como si tocaba la batería, tan enfrascada estaba en su performance que no se percató de la entrada de Manuma en la cocina.

  • Necesito una gelocatil- Filigrana soltó un chillido y se volvió blandiendo una cuchara, ante ella, un Manuma en boxers, el pelo revuelto y los ojos cerrados, se apoyaba en la nevera más dormido que despierto.
  • No recuerdo haber frotado ninguna lámpara anoche….pero mi deseo se ha cumplido igualmente…los gelocatiles están en el aparador…o estaban, sólo Dior sabe dónde los ha puesto Pavlova…- Explicó señalando un mueble con la cuchara- solo o con leche?
  • Se puede meter el café en vena?….
  • No, pero un tazón de solo bien negro equivale…
  • Yo no lo entiendo…
  • El qué…
  • El sábado jarana, el domingo karaoke con copas y jarana, el lunes inauguración de un local con copas, otra vez, el martes otra inauguración y jarana, el miércoles charla, comilona y jarana, ayer concierto insufrible y copas, hoy me toca Siclo y creo que un taller de zapatos o algo así….yo no doy…no doy…-Se quejó Manuma, sentado a la mesa de la cocina y escondiendo la cara entre sus manos, Filigrana rio y se sentó frente a él abriendo un paquete de sobaos.
  • Tú come…que estás en mala edad…- Manuma le miró por entre los dedos.
  • Comer? Pretecnología, manduca y copas…todo el rato….y un aburrimiento…
  • Por Dior, Manuma! Ya será menos…- Manuma se incorporó en la silla y suspiró tratando de abrir los ojos.
  • Fili
  • Mande
  • Por qué dices siempre „por Dior“?- Filigrana giró los ojos y desenvolvió un sobao con toda delicadeza, partiendo un trozo.
  • Porque primero está Christian Dior..y después el resto de las cosas..- Confesó llevándose el trozo del sobao a la boca al tiempo que le guiñaba un ojo, Manuma rio y se levantó a poner el café, que acababa de subir.En eso le llegó a Filigrana un mensaje al móvil que les había dado Isabel.
  • Pilar…“A las doce en San Venancio“…si le contesto „yo no me caso contigo ni drogá „ es capaz de darme dos hostias virtuales…en fin…OK…qué coño se nos perderá en San Venancio…y sobre todo DÓNDE …está San Venancio- Filigrana, hablando más para si, que para nadie más, deslizada sus manicurados dedos por la pantalla achinando los ojos- Jacinta…tienes que ir al oculista…
  • Si quieres te llevo….sé donde queda…- Manuma, que se había vuelto a sentar, mojó dos sobaos en el café y les dio un enorme mordisco, Filigrana levantó las cejas y pareció dudar un instante.
  • Si tal hasta me confieso…

Hubo un tiempo en que la iglesia de San Venancio había estado en medio de la nada. Ahora estaba rodeada de edificios por todas partes, menos por una, por la que discurría la calle de dirección única que le daba acceso. Era un edificio cuadrado, sin florituras y un parco campanario, la puerta, de dos hojas, estaba cerrada, y ante ella, esperaba Pilar, con un traje pantalón tipo levita y abrigada por una amplia capa y un gorro de angora negro. Filigrana salió como pudo del Smart azul cobalto en el que la había acercado Manuma, quien tras saludar a Pilar con la mano, continuó camino y se perdió calle arriba.

  • No hace falta hacer yoga….basta con hacerse con un smart…- Sentenció Filigrana arreglándose su amplio abrigo camel que le llegaba hasta casi los tobillos, además se había recogido el pelo en un moño bajo y escondía sus ojos tras unas gafas a juego con el abrigo y los zapatos,colgado del brazo, su eterno bolso negro. Pilar la miró un instante de arriba abajo.
  • Pareces mi profesora de latín- Piropeó, Filigrana sonrió y le envió un beso.
  • Yo también te quiero, María del Pilar.
  • Idem
  • Y quieres que te acompañe a misa…o cómo?
  • No coño, a encargar rododéndros.

La iglesia estaba en penumbra y parecía vacía, ambas mujeres avanzaron por el pasillo central hacia el altar mientras miraban a su alrededor descubriendo que, si bien por su aspecto externo no lo dejaba ni entrever, parecía sacada de un cuento. Con murales de flores y guirnaldas en suaves colores, y bancos de madera clara, que ayudaban a paliar la oscuridad, el altar era sencillo, como las figuras de los santos que, a veces, se adivinaban tras alguna columna. Y allí, junto al altar, vislumbraron la figura de una persona que parecía colocar unos jarrones.

  • Buenos Días….perdone…- Comenzó Pilar alzando un poco la voz, que hizo eco y se agrandó como si lo hubiese gritado a los cuatro vientos, la persona que trabajaba en el altar, se volvió y tras bajar los dos escalones, se acercó a ella, era un hombre ni muy alto ni muy bajo,en vaqueros y camiseta azul marino, de complexión delgada, pelo corto y expresión amable en un rostro tranquilo, que caminaba hacia ella mientras se secaba las manos a un trapo. Y Pilar, justo en ese momento, lo supo. Supo que se casaría con ese hombre, en esa misma iglesia, que su vestido sería beig perla y sus zapatos de charol rojo, que tendrían niñas y serían tres, y que ella le llamaría papá a él y él a ella alelí. Pero de todo eso, el hombre, todavía no sabía nada, él llegó hasta ella sonriendo tranquilo. Y la cabeza de Pilar, por primera vez desde que sabía pensar, se quedó vacía.
  • Hola, Buenos Días, en qué puedo ayudaros?- Preguntó el hombre, dirigiéndose a ambas, Fili, que se había quedado un poco retrasada observando una hornacina con un santo de rodillas, esperó a que Pilar dijese algo, pero a la vista de que parecía haberse quedado muda, se acercó con su mejor sonrisa sin saber lo que se suponía que tenía que decir.
  • Hola Buenos Días….Ave María Purísima…
  • No..yo no soy el párroco…soy el florista….Severo Aguirre, encantado- Se presentó el hombre ofreciéndole la mano, que Fili estrechó, ambos miraron entonces a Pilar, que a su vez miraba a Severo sin parpadear ni moverse un ápice.
  • Verás Severo, nosotras necesitamos rododéndros…no es así Pilar? O cómo?- Se atrevió a comenzar Fili dándole un pequeño codazo, Pilar suspiró hondo y la miró fugazmente.
  • Qué?
  • Los rododéndros…
  • Qué rododéndros?- Fili la miró por encima de las gafas.
  • Si te va a dar un parraque dilo ya…- Severo, que las miraba a ambas carraspeó.
  • Yo tengo un vivero de rododéndros…si eso lo que queréis saber…- Aclaró, Pilar miró a Fili con una expresión que nunca antes le había visto, casi beatífica.
  • Tiene una vivero, Fili, te das cuenta?- Filigrana abrió mucho los ojos y se colocó bien las gafas, luego se decidió a tomar la iniciativa.
  • Pues…enhorabuena Severo, creo que esto es el comienzo de una bonita amistad- Anotó mirándolos a ambos alternativamente- …y..tienes diez minutos? necesitamos explicarte algo.
  • Además es detallista, me pasa a buscar mañana para llevarme al vivero..- Comentó Pilar ya en el Uber, camino del centro, Fili, junto a ella, se quitó las gafas y se apretó el puente de la nariz.
  • Qué susto por Dior…pensé que te caías allí…en plan el crío de El Resplandor…
  • Y esa voz…como de Valium…- Fili la miró escéptica, pero no dijo nada- y el nombre, Severo…
  • Yo, ese nombre, siempre lo asocio con Ochoa…siempre…qué quieres que te diga…
  • Severo Aguirre…le voy a enviar un mensaje para que se pase antes y así desayunamos, porque, joder, tampoco vamos a ir a un vivero sin desayunar digo yo…- Y acto seguido sacó su móvil del bolso y comenzó a deslizar los dedos por la pantalla, Filigrana sonrió, suspiró profundo y perdió su mirada en la ventanilla.
  • No..si cuando llega así, de esa manera…

Gregorio

A Gregorio Hinojosa Valcuende ya no le paraban los taxis. Si en una única cosa habían coincidido todas las compañías de taxis de la ciudad, que difícilmente se entendían entre si, era en declararle „persona no grata“. Tampoco Uber. Daba igual cuál conductor clicase. No aparecía. Lo habían hecho al principio. Pero después se habían cerrado en banda. Él, personalmente, no entendía la razón para tanto despropósito. A su entender, todos ellos ofrecían un servicio, y él estaba en su derecho de no abonarlo si no lo consideraba a la altura de sus espectativas. Tan simple como eso. A la vista de que no iba a ser posible hacerles entrar en razón, había contratado un chofer. El de aquella tarde hacía el número diez. El último le había durado cuatro días, todo un record, teniendo en cuenta que los los otros sólo habían aguantado dos.

Gregorio Hinojosa, una vez, había sido atractivo, incluso había tenido gancho para las mujeres. Ahora no podía decirse que no lo fuera, pero su pelo, antes una indomable mata negra, ya no era lo que era, y lo tenía que llevar peinado hacia atrás con gomina para camuflar su falta en algunas zonas. Además, su nariz, antes casi apolínea, se había ido curvando sin saber él muy bien porqué y tenía ojeras, si bien podía presumir de dormir como un tronco las horas suficientes. Su displicencia hacia todos aquellos que, como él, habitaban el mundo, se reflejaba en un perenne rictus de hartazgo, que, a veces, combinaba con una sonrisa irónica, pero sólo a veces, Gregorio Hinojosa no se caraterizaba por su sentido del humor.

Aquella tarde había quedado de pasar a tomar café a casa de su prometida, para tratar algún asunto de la boda y verla. Podían pasar semanas sin que eso ocurriera, y él no tenía ningún problema con ello, sólo que ahora, con los preparativos de la boda, su futura suegra se empeñaba en querer tomar café al menos una vez a la semana. Y él se consideraba una persona sociable.

  • Sólo estaré dos horas, como máximo tres, así que espéreme a pie de puerta para entonces…- Ordenó al chofer antes de bajarse del coche, el hombre sentado al volante pareció no inmutarse- Me está usted escuchando, gilipollas?- Insistió empujandole con el pie el asiento, el hombre se volvió, se sacó unos earpods de los oídos y le miró como preguntado qué deseaba.- Es usted imbecil o se cayó de cabeza al nacer?…en dos horas aquí delante…- Y con la misma salió del coche cerrando la puerta con fuerza. El chofer volvió a colocarse los earpods y se incorporó al tráfico sin inmutarse. La chica del servicio que le abrió la puerta, como respuesta a su Buenas Tardes, recibió, sin más, de mala manera, su abrigo y su bufanda estampados en los brazos y él continuó camino del salón sin ocuparse más del asunto.Muca se incorporó del sofá al verle entrar y se acercó a él a darle dos besos y un abrazo.
  • Goyo! Qué bien que has venido! Caro…ven, dile hola a Goyo..- Invitó, Carolina, sentada en uno de los sillones hojeando una revista, la dejó a un lado y se acercó al que iba a ser su marido como quien se acerca a un perchero, pero con menos interés. Goyo le dio dos besos en el aire, y se sentó en otro de los sillones.Otra de las chicas del servicio trajo una mesita rodante con café y pastas, que Muca sirvió al gusto de cada uno.
  • José Luís viene ahora, está atendiendo una llamada…
  • Cuando venga, os tengo que enseñar algo que traigo aquí- Y les señaló una funda de tablet- el pasado julio fui con un viaje organizado a recorrer los Castillos del Loira, y quiero que Caro vea las fotos y los videos que hice, porque creo que sería un destino perfecto para la luna de miel…- Explicó, Carolina parapadeó lento e intentó sonreír, sin conseguirlo.
  • Qué ilusión, Caro! Michi estuvo también hace tiempo y llegó encantada…- Se maravilló Muca dando una palmada, Carolina dejó su taza de café sobre la mesita, pero continuó en silencio. En cuanto llegó su padre, la sentaron entre Muca y Gregorio, y éste pasó a explicar un total de trescientas cincuenta fotos y setenta vídeos que tenía guardados en el dispositivo. Hubo un momento en que a Caro casi se le fue la cabeza en un golpe de sueño, pero consiguió reponerse a tiempo. Poco después le sonó el móvil.
  • Ya atenderás….fíjate qué almenas, qué maravilla…- Comentó Muca, pero el teléfono no paraba de sonar- Ay hija por Dios…a ver quién es?- Carolina se incorporó por fin y atendió la llamada. Zeltia Amorós. Casi dio un salto en el aire de alegría, pero lo maquilló en una carcajada de alivio.
  • Zeltia necesita urgentemente mi ayuda, mamá…tengo que irme…Gregorio, precioso el Loira…bueno…adiós- Y sin más abandonó el salón lo más rápido que pudo antes de dar oportunidad a nadie de decir nada, Muca llegó a incorporarse, pero sólo escuchó el eco de la puerta principal al cerrarse. Y Gregorio prosiguió con su relato, como si nada hubiera pasado, porque él siempre acababa todo lo que empezaba.

La Noche D

  • Es que no sé…
  • Que no sabes qué?
  • Que soy una mujer lo sé, desde que puedo pensar vamos, lo tengo clarísimo….pero lo otro ya es otra cosa…
  • Lo otro…
  • Lo de operarme, ay mira chica…no soporto el dolor, ni las agujas, ni poner tiritas…imagínate semejante operación….el otro día me dio un ataque de ansiedad sólo de pensarlo…
  • Pues no te operes…
  • Es que luego está la presión, sabes?…que te vas a sentir mejor, que corresponde cuerpo y mente……yo no lo veo….estoy bien así…..y el Impertinente también..
  • Quién es el Impertinente?
  • El que llevo colgado, hija, piensa un poco…
  • Te presento a Catalina…- Filigrana soltó una carcajada.
  • En serio?- Pilar afirmó orgullosa con la cabeza.- Y luego está el después…
  • Qué después…?
  • Pues el después, chica….ese después….
  • Qué le pasa?
  • Que no es lo mío…que quieres que te diga….no saber qué pasa después…
  • La respuesta está en el fondo del mar….seguro
  • Yo soy más de secano….y de vestuarios llenos de testoterona…qué quieres que te diga, sería feliz de utillera…
  • Con esas pestañas causarías furor….- Filigrana arqueó una ceja y la miró irónica.
  • Me consta, cariño, por eso el vestuario viene a mí…cómo te lo explico?- Esta vez fue Pilar quien soltó una carcajada.
  • Y se te ocurre contármelo ahora…tú buscas la ocasión
  • Ni en el Campeonato de Europa estuve tan nerviosa….
  • Todo va a salir bien…
  • Y eso quién lo dice?
  • Severo a las plantas…y no veas como le crecen…

Pilar…creo que te está faltando oxígeno…o algo..-Estaban sentadas dentro del coche que las había llevado hasta el Organza. Por fin había llegado LA noche. Elodie les había asegurado que todo el que tenía que haber sido invitado acudiría y que estaba segura de que acabaría por llegar a ser nombrada en los libros de historia. Por algún motivo,que ninguno de los miembros de Mirloblanco se había planteado preguntar, ella se había presentado voluntaria para ser la persona encargada de llevar la supervisión del montaje de la fiesta en el Organza acudiendo casi a diario hasta aquel lejano lugar para asegurarse de que todo iba a salir según lo planeado. Pilar y Filigrana se habían limitado a pasarle listas de asistentes, música a poner, o tipos de bebidas que debían estar presentes. Del resto se había ocupado Elodie. Pilar bajó la ventanilla, el parking ya estaba casi lleno y numerosos grupos de mixtos de gente caminaban ya hacia el edificio del Organza, desde la cubierta del cual salían haces de luz lila que se cruzaban en la oscuridad del cielo.

  • Ya es hora…ven- Indicó abriendo la puerta del coche, Fili la siguió. Estaban arreglándose los vestidos que habían elegido para tal ocasión, cuando la bocina de un autobús las hizo volverse. En total fueron cinco autobuses, desde uno de ellos las saludaron varios mariachis muy sonrientes mostrándoles los guitarrones. Fili y Pilar se miraron.
  • Pero…a qué gente ha invitado Eladio?- Se preguntó Fili tratando de entender lo que acababa de ver.
  • Jacinta!- La voz de Arturo la hizo volverse como quien hubiera escuchado un fantasma, Arturo, en chaqué y pajarita, se acercaba seguido de todo su equipo, a cada cual más elegante, Filigrana se llevó la mano al pecho sin dar crédito.
  • Arturo?…eres tú…o me acaba de caer algo en la cabeza?- Preguntó todavía sin creérselo, Arturo suspiró y le ofreció su brazo.
  • Creías que te iba a dejar sola en tal jarana…o qué?- Preguntó negando con la cabeza y dirigiendo sus pasos hacia el edificio.
  • Bueno..- Acertó a decir Fili, todavía sin creérselo.Pilar se cogió del brazo de otro miembro del equipo y les siguió.
  • Todo va a salir de puta madre…

A Filigrana la despertó el sonar de un móvil. En algún lugar. Ella estaba en el suelo de lo que una vez había sido su salón, envuelta en un mantón de manila, con una bolsa de hielos tapándole la cabeza. A su alrededor, un paisaje devastado de enseres, cojines, mantas, ropas, vasos, botellas,latas, platos, cacerolas, cajas de pizza vacias, confetti, purpurina, plumas,guitarrones y cuerpos semi escondidos entre todo ese maremagnum sobre los sofás y por las islas libres que habían quedado en el suelo. Filigrana extendió su brazo izquierdo y palpó alrededor en busca del irritante móvil, pero sólo alcanzó las cuerdas de un enorme guitarrón, lo intentó con la otra mano, y lo encontró debajo de una montaña de boas de fantasía. Se lo llevó al oido sin apartar la enorme bolsa de hielos.

  • Qué..qué pasa?…- Su voz le sonó como una gruta oscura y profunda-..ya…bien…vale…pero…espera..una cosa…se lo folló o no?…ALELUYA!…-y colgó la llamada- Pavlova se lo folló gente!…Voy a llorar…- Sólo le contestó un murmullo indistinto y una par de toses.

Física y Química

Eventos, clubes, desfile o aledaños, conciertos sufribles o insufribles, sesiones de siclo, presentaciones, exposiciones, pinchos, teatros, carreras solidarias, catas de vinos, catas de quesos, catas de menús, entregas de premios, inauguraciones, brunches privados, brunches públicos, talleres de comida sana, talleres de comida baja en carbohidratos, talleres de comida con quinoa, talleres de factura casera de muesli, comidas solidarias con los pueblos oprimidos, cenas contra la guerra, la noche del Gin, charlas sobre la soledad del que camina solo, charlas sobre la alegría de sentirse parte del grupo, charlas sobre libros de autoayuda, charlas sobre el tú y el yo convertidos en nosotros, charlas sobre la maternidad, charlas con niños, charlas sobre partos naturales,charlas sobre cesáreas, charlas sobre pañales de tela, talleres sobre el lavado a mano, muestras de fotografías aéreas, encuentros- escuela para aprender a comprar yogures, partidos de Copa, partidos de Liga, carreras de sacos por Sudán, talleres para logar la risa perfecta.

Manuma acudió a todos y cada uno de estos actos, para labrarse un lugar en el círculo de Carolina Gil de Atienza. De forma que, igual hacia dónde ella mirase, él estuviese siempre en su campo de visión. Había logrado tener con ella un trato casi diario, y podía decirse que había conseguido hacerse su amigo, si bien en el mundo en el que Carolina Gil de Atienza se movía, eso, hacía tiempo que había perdido su sentido original. Pero algo fallaba, algo hacía que la situación se estancase en un limbo del que parecía imposible salir.

  • Entonces tú de cuál eres del Madrid o del Atléti..?- Preguntaba interesado un chico junto a él, para tomar después un trago de su combinado, Manuma le miró y sonrió.
  • Yo he sido siempre de los Lakers…si me disculpas…- Y dejando al otro sacando su propia conclusión, se alejó entre la multitud que asistía al acto „Infancia y Juventud: Futuro“. Localizó a Carolina al fondo, donde en breve „Cañaveral“ amenizaría la velada con sus guitarras. Ella estaba con su grupo, que ahora era más grande, ya que la gente de la agencia que llevaba sus cosas la seguía a todas partes y no la dejaba ni a sol ni a sombra, lo que hacía la misión de Manuma cada vez más complicada. La saludó con la mano, y ella le devolvió el saludo con una sincera sonrisa, animándole a acercarse. Cañaveral“ salió al escenario entonces, y una ola de asistentes al acto les engulló, al tiempo que las guitarras comenzaban desliar la canción que les había hecho conocidos, y Manuma había acabado por detestar. Y la multitud comenzó a corearla, y a levantar sus móviles para crear un paisaje de estrellas. Manuma miró hacia Carolina, ella tampoco coreaba la canción, ni había levantado su móvil, aprovechando que estaba oscuro, observaba el escenario con los brazos cruzados y claro gesto de aburrimiento.Entonces Manuma lo supo. Tenía que llevar aquello a su terreno. Como él sabía hacer la cosas. Y, sin más, la cogió de la mano y, aprovechando la oscuridad y densidad de público, se perdió con ella hacia la puerta de salida.
  • A dónde vamos?- Preguntó ella riendo cuando alcanzaron la calle, él la miró y accionó el dispositivo de apertura de su coche, que, milagrosamente, había logrado aparcar justo enfrente.
  • A romper la noche…

No necesitaron invitación, ni tarjeta de socio, ni estar inscrito en lista alguna, para acceder al local. Tampoco era obligatorio hacer crochet. Sólo había que tener ganas. Y moverse con la marea al ritmo, dejándose llevar, en el calor y sudor, con su física y su química, también su anatomía, la cerveza y el tequila. Popiwa, sobre el mismo ladrillito. Callao, callao, pero gritando eoo, ni malos ni santos, moviéndose sin contrato. Malamente. Con el prum, pum-pum-pum-le-echaron cinco-dollar’-de gasola-y-lo’ 15-que-sobraron-son-de-ron-con Coca-Cola. Subiendo y bajando, prestándolo, pero no dándolo, cada loco con lo suyo. Felices todos, haciéndolo to el rato, disfrutando y sintiendo el impacto. Yo me la invento, como Einstein en su momento, y de la gravedad fueron el centro.Y apenas salió el sol se fueron corriendo, sin pensar en lo que estaban haciendo. Tratrá.

  • Carolina…Carolina…- Muca había abierto las cortinas y las persiana, y trataba de despertar a su hija, quien dormía profundamente tapada hasta la cabeza con el edredón- Carolina!…No sé dónde os metéis…pero después no hay quién saque el olor a humo…ni que te hubieras deslizado por una chimenea….y esta ropa?…Carolina!- Carolina accedió a destaparse la cabeza, pero fue incapaz de abrir los ojos- Ese pelo…voy a tener que hacerte trenzas…bueno, alguien, yo no sé…voy a llamar a Isa a ver si puede hacer algo con tu cara hoy…levántate y dúchate tienes prueba a las nueve…- Y se fue mientras llamaba por teléfono. Carolina se tapó un ojo, y así pudo abrir el otro. Achinándolo mucho consiguió ver la hora en su despertador. Eran las siete. Había dormido justo cuarenta minutos. Había entrado por el garaje, y usado la puerta de servicio. Se tapó la cara con las manos y rio. Nunca antes había sido tan agotadoramente feliz.

A partir de entonces, Manuma y ella siguieron siempre el mismo sistema. Quedaban en un acto multitudinario, ella mandaba whatsapps contradictorios a varias de sus acompañantes de forma que siempre estaba con una y con ninguna, y desaparecían. Después él la dejaba delante de la puerta de los garajes, y ella perfeccionó su técnica de entrada en su casa, hasta conseguir no hacer ruido ni al girar la llave.

  • Y a mí me gusta la parranda…A mí me gustan las mujeres…Escucharme una buena banda…Y darle gusto a mis placeres“- Cantaba Manuma poniendo acento mejicano mientras la hacía girar y girar, Carolina reía tratando de no perder el equilibrio, cosa que casi hace, pero Manuma la sujetó a tiempo, aprovechando para atraerla hacia si, ella le miró riendo tratando de que su cabeza dejara de dar vueltas, y la risa de ambos se fue amainando, al tiempo que sin palabras llenaron el silencio que se hizo entre ambos. Entonces Manuma, respiró hondo y la soltó de repente.- Me tengo que ir…
  • Ahora..?
  • Sí…te llamo…- Y sin más se alejó corriendo. Carolina, sin entender su reacción, aún le llamó, pero él desapareció muy rápido al final de la calle. Ella miró alrededor, su casa no estaba lejos y ya estaba amaneciendo, así que dirigió sus cansados pasos hacia allí. Miró un par de veces hacia atrás, pero Brubaker no regresó.

The show must go on…

  • No puedo
  • Que no puedes qué?
  • Hacerlo…yo me bajo en marcha, lo siento Eladio macho pero…
  • Pero qué te pasa…o mejor qué no te pasa..?
  • Me es imposible…
  • En el Ambigú esta noche a las diez y media…
  • Pero es que …
  • En el Ambigú a las diez y media…- Y colgó. Manuma maldijo y continuó caminando calle abajo sin dejar de maldecir.

Cuando Manuma llegó al Ambigú a la hora tratada, se topó con una multitud de gente que ocupaba toda la acera y parte de la calle. Estaba planteándose dar media vuelta, cuando Eladio, hoy una Elodie en traje pantalón rojo y beig con echarpe de bisón, se presentó ante él acompañada de Isabel y Fernando.

  • Está petao..- Alcanzó a decir Manuma, casi a modo de excusa señalando la entrada del local, Elodie se colocó mejor el echarpe de bisón, corrigió la postura y cogiendo del brazo a Fernando se dirigió a su objetivo.
  • No para nosotros…seguidme- Afirmó mientras avanzaba, Isabel cogió del brazo a Manuma y la siguió.Si Moisés fue capaz de abrir las aguas del mar para dar paso a su gente, Eladio hizo lo mismo con la multitud vociferante ante el Ambigú. Ninguno de sus acompañantes acertó a saber cómo.Dentro del local la situación no era mejor, apenas se podía avanzar. Eladio los guió hasta una de las tribunas que rodeaban la platea central, ahora tomada por una masa impenetrable de público, y logró alcanzar la barandilla.
  • Fili actúa ahora! Después la buscamos!- Gritó hacia los tres, quienes asintieron mientras trataban de no ser aplastados contra la barandilla.Y de pronto se hizo una oscuridad total. Que provocó un grito multitudinario de espectación, al que siguió el más absoluto de los silencios.Un único y potente haz de luz iluminó entonces una figura en el escenario. Era una mujer alta, vestida con un petticoat azul cielo que brillaba como mil estrellas,subida a unos tacones a conjunto y con una media melena caoba pulcramente recogida en una diadema a juego con el vestido. Con las manos en las caderas, miró un instante con gesto desafiante al público, que permanecía aún en silencio sepulcral. Entonces Salvatore Adamo atronó la sala con „Mis manos en tu cintura“, y la mujer comenzó a mover las caderas sensualmente al ritmo mientras cantaba en play-back la letra, escenificando lo que ésta decía de una forma melosa y candente a partes iguales dándole un nuevo y erótico sentido, llegado el estribillo „Y mis manos en tu cintura/pero mirame con dulzor/porque tendrás la ventura de ser tú mi mejor canción“ innumerables brazos masculinos desnudos surgían de la oscuridad y la recorrían anhelantes, hasta „mejor canción“ momento en el que volvían a desaparecer como por arte de magia a un golpe de sus caderas. Toda la coreografía era imitada al milimetro por todo el público, que hacía perfecto coro a Salvatore Adamo.Tras el último acorde explotó una inmensa nube de purpurina dorada, que cuando se deslió descubrió la presencia de una figura masculina vestida de futbolista, de melena paje rubia sujeta por una diadema roja y con un balón de reglamento bajo el brazo, que acto seguido comenzó a mover las caderas al ritmo de „La Bambola“ de Patti Pravo. El clamor y la reacción física del público fue tal, que el local pareció temblar en sus cimientos, el clamor fue a más en el momento en el que dos empleados secuestraron a un hombre del público y lo subieron al escenario, para ser él el objeto de la furia del futbolista.Elodie hizo una señal al resto para que le siguiesen. Un empleado, vestido de grana y oro, les dio paso a las bambalinas, abriéndoles la puerta de acceso, después de que Elodie le dijese algo al oido. Si bien el volumen de gente era menor, también aquella parte del local bullía en actividad. Abriéndose paso a duras penas a través de atestados y vociferantes pasillos, alcanzaron el camerino de Filigrana. La encontraron ya sin traje, sólo ataviada con unas mallas color carne, como las utilizadas por los bailarines de ballet, muy ceñidas, estaba bañada en sudor y en el momento en el que el grupo hizo su entrada, estaba bebiendo a morro de una botella de dos litros de agua mineral, bajo la atenta mirada de Pavlova.

    Cuando Filigrana se percató de su presencia, dejó de beber y lo que quería ser una sonrisa de bienvenida, se congeló antes de llegar siquiera a producirse.

  • Quién ha muerto?- Preguntó, a tenor de las caras de los cuatro.
  • No puedo..- Confesó Manuma, apoyado contra uno de los armarios, con los brazos cruzados y evitando mirar al publico que le observaba, esperando una explicación.
  • Que no puedes qué..?- Preguntó Filigrana, para tomar después un trago largo de la botella, Elodie se sentó en uno de los sillones y dobló el echarpe de bisón sobre las rodillas.
  • No puede entrarle al Mirlo…
  • Pues a mí me parece muy mona ella…- Comentó Filigrana quitándose una pestaña postiza que se le estaba cayendo, Manuma negó con la cabeza y les miró por fin.
  • No es eso…no puedo y ya está…no soy capaz, nunca me había pasado antes…no puedo…
  • Entrarle a una tía o qué?…no lo entiendo…tú…para más inri..- Comentó Elodie sin salir de su asombro, Manuma miró un momento al techo.
  • No, no es eso…cuando estoy con ella, no sé, no soy yo…soy de otra forma…y no lo puedo controlar…no sé lo que me pasa…- Filigrana sonrió contra el morro de la botella.
  • Lo que te pasa es que te has encoñao…- Dictaminó, el resto y Manuma negaron con la cabeza y un comentario indistinto.
  • Es que ni eso…no puede nada de nada…yo no me lo explico..- Elodie se pasó las manos por la cabeza, Pavlova, que se había mantenido al margen, de pie tras Filigrana, sonrió con dulzura y se atrevió entonces a comentar algo, Elodie levantó las cejas- Pavlova dice que es porque estás enamorado.Manuma les miró sin entender lo que querían decir, Isabel, apoyada en la puerta del camerino, se adelantó un paso.
  • No eres tú, no sabes lo que te pasa, no eres dueño de tus actos…estoy con Pavlova, tú te has colado por Carolina Gil de Atienza- Explicó con calma, como siempre solía hacer las cosas, Manuma parpadeó lento y se encogió de hombros, mirándoles alternativamente sin saber de qué estaban hablando.
  • Manu por Dior, es que nunca te has colao por nadie?- Preguntó Filigrana casi riendo, Manuma volvió a encogerse de hombros y negó sinceramente con la cabeza, Isabel se llevó la mano al pecho, miró fugazmente a su alrededor y su rostro formó una expresión de dulce compasión.
  • Oich qué bonito!…Eso que sientes es amor mi vida, nada más y nada menos. Tú primer amor…- Explicó palpándose la zona del pecho donde se encontraba ese caprichoso órgano.
  • Que es el peor….y el que peor pega…Ramiro se llamó el mío….era altísimo ahora que caigo….- Suspiró Filigrana mientras parecía recordar algo lejano en el tiempo, Elodie le dio un golpe suave con su echarpe, y Filigrana regresó de su corto viaje con un largo y sonoro suspiro.
  • Pero es que yo no le he hecho nada….quiero decir…sólo hemos bailado mucho…eso sí, bastante, diría yo…y la he cogido de la mano…- El grupo se miró entre si, Elodie, pareció darse por vencida y se dejó caer hacia atrás en el sillón, Filigrana soltó una sonora carcajada e Isabel y Fernando se miraron intercambiando una solemne mirada, sólo Pavlova continuaba observando a Manuma con una sonrisa dulce y tranquila, y fue la única que dijo su opinión.
  • Pavlova dice que no quieres hacerle daño, que es demasiado buena y que tu corazón ya no está en tu pecho, que lo tiene ella junto al suyo…- Tradujo Elodie mientras se apretaba el puente de la nariz con dos dedos.
  • Ay Pavlova por Dior!….qué bonito! Que voy a llorar…- Protestó Filigrana cogiéndole una mano a Pavlova, quien a su vez le revolvió la melena. Manuma respiró hondo y se incorporó de su apoyo en el armario.
  • Hay que hacerla partícipe de todo esto- Dictaminó.
  • Tienes fiebre?- Preguntó Elodie mirándole a través de los dedos de las manos, con los que se tapaba la cara.
  • Pavlova, saca el Jaegermeister…definitivamente necesito uno- Suspiró Filigrana. Isabel levantó una mano, para calmar los ánimos.
  • Tiene razón, la he estado observando, no es como el resto…estoy segura que lo entenderá…
  • Cómo puedes estar tan segura?- Preguntó Elodie, Isabel le miró y ladeó levemente la cabeza.
  • Confía en mi, lo sé.
  • She knows..- Apuntó Filigrana, y se tomó de vez el chupito de Jaegermeister que Pavlova le había servido.

DESENLACE

Últimas Voluntades

El Showroom de Aymisombrero ocupaba toda la entreplanta de un edificio neoclásico del centro, aquel viernes estaba a rebosar de público ya que se presentaba la nueva colección primavera-verano y para ello contaban con la colaboración de muchos nombres conocidos que habían servido de imán para asegurar el éxito del acto. Carolina acudió acompañada de su madre, el grupo de gente de la agencia que ahora siempre la acompañaba a todas partes y tres chicas con las que tendría que hacer stories sobre la presentación. En una de las amplias estancias que componían el Showroom, habían dispuesto dos largas mesas adornadas con cestas de bambú de distintos colores con lo que parecían materiales y las herramientas que se solían utilizar para la fabricación manual de sombreros en bandejas de fieltro. Cada silla situada ante las mesas, tenía adjudicado el nombre de la persona que debía sentarse en ella a pasar lo que ellos entendían por un rato distendido mientras fabricaba su propio sombrero de paja. A Carolina le tocó entre dos chicas que conocía de vista y que la saludaron mientras la filmaban en sus stories. Nada más sentarse y ver el patrón que le habían colocado delante, y que tendría que seguir para, en teoría, hacer su sombrero, sintió nauseas. Otra vez. Y le empezaron a sudar las manos. Se pasó una de ellas por la frente, e intentó sonreír a los llamados de la gente que, alrededor, filmaba stories y la quería hacer partícipe.

  • Cocón!Hoooola…yo tengo un bombín…y tú qué tieneeeees?…Una pameeeela!Jo! Yo quieroooo!- Gritó la chica que estaba a su izquierda,mientras las filmaba a ambas tratando de que apareciesen las dos en la pequeña pantalla de su complicada cámara. Carolina sonrió y se envió un beso a si misma, antes de salir de casa había metido dos aspirinas efervescentes en el bolso por previsión, y sintió que, en breve, tendría que usar una.
  • Un Panamá…con lo mal que me quedan a mí los sombreros…se lo doy a mi cuñada que hace colección…Carolina! Frente a frente estamos, qué bien- Quien de tal forma la saludaba era Zeltia Amorós, que en ese momento se sentaba frente a ella. Carolina de pronto sintió unas ganas terribles de llorar de alegría al verla, pero lo maquilló con la más bonita de sus sonrisas. Zeltia la miró un instante y alzó una ceja.- Estás bien?- Carolina asintió y carraspeó manteniendose en silencio, al no estar segura de encontrar su voz- Estás como pálida….en fin..- Luego le indicó que se acercase a ella con un gesto de su dedo índice, y ambas buscaron tumbarse sobre la mesa para poder hablar en susurro- Tú no te preocupes…hoy como con el crochet..yo hago mi Panamá y lo que tengas tú, nadie se entera y tan contentas…tu haz que haces…ok?- Carolina sintió como si alguien apartara una piedra muy pesada de encima de su pecho, y rio aliviada, el dolor de cabeza, sin embargo, insistía en quedarse.

Manuma llegó solo. Elodie le había suministrado una invitación, en la que se aseguraba que él era periodista. Nadie se lo cuestionó. Eligió para la ocasión una blazer azul con vaqueros y camisa blanca, como la gran mayoría del público masculino asistente. Deambuló por la estancia principal, donde una camarera, que iba vestida como un gondolero, le ofreció una copa de zumo de naranja. Como quien no quiere la cosa, recorrió el resto de los espacios ya atestados de gente, hasta que llegó a la estancia de las mesas. La localizó enseguida. Y una sonrisa se coló en su cara, sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Carolina. Sacó su movil del bolsillo y comenzó a teclear.

La pretecnología es un arte“. La vio coger el móvil y sonreir. Todavía no estaba todo perdido, pensó.

Acercate acercate un poco más

así de lejos no lo logramos ná…“

Pues salgamos ya de este dilema“- La vio mirar disimuladamente alrededor, pero no le localizó.

Dónde estás??

Las mejores fiestas siempre son en la cocina“

  • Voy un momento al baño- Se excusó Carolina levantándose de su asiento y cogiendo su bolso, Zeltia la miró fugazmente ya que trataba de trenzar dos trozos de algo que no cuadraban.
  • Mi cuñada va a hacer el agosto con nosotras….- Comentó trenzando mal que bien ambas partes, Carolina rio y se alejó hacia la puerta.

El showroon había mantenido la cocina original de la vivienda donde se encontraba, un espacio no muy grande, tomado, aquella tarde, por un ejército de gondoleros que entraban y salían transportando bandejas de bebida y canapés. Manuma se situó al fondo, junto a la antigua puerta de servicio. Cuando por fin apareció Carolina, sintió una calma tal, que temió que, de cerrar los ojos, caería profundamente dormido.

  • Pensé que no te volvería a ver…- Comenzó Carolina alzando la voz entre el barullo de los gondoleros, Manuma tenía tantas cosa que decirle, que optó por cogerla de la mano directamente.
  • Date por secuestrada, después lo entenderás- Y sin más, abrió la puerta de servicio y ambos desaparecieron por ella, cerrándola de nuevo tras si.

No le dio explicación alguna,tampoco en el coche, aunque ella le preguntó varias veces a dónde la llevaba, sólo le dijo que después lo entendería todo, y ella, le creyó.

Cuando Manuma abrió la puerta del camerino de Filigrana, Carolina se quedó clavada en el umbral ante la cantidad de gente que se encontraba en su interior, y que, al verla aparecer cesaron de hablar y la miraron a la vez en silencio. Ella miró a Manuma un tanto asustada, pero él sonrió tranquilo y la invitó a pasar con él, cerrando la puerta tras si.

  • Vosotros…no seréis una secta o algo así?- Acertó a preguntar, mientras Manuma la ayudaba a quitarse el abrigo, el grupo se miró entre si, preguntándose por qué llegaba a esa conclusión, y negaron la posibilidad con un murmullo indistinto.

Otra vez fue Max quien tomó en primer lugar la palabra, y comenzó a explicarle el porqué de todas las cosas, de la mejor manera, que no es otra que comenzando desde el principio. Una vez hubo contado su parte, cada uno de los otros miembros del grupo se presentó y le explicó su papel dentro del plan. Cuando le tocó el turno a Manuma,sentado junto a ella,le dijo su verdadero nombre e Isabel le ayudó con el resto. Cuando todo estuvo dicho, se hizo el silencio, y Carolina, que había escuchado atentamente y con verdadero interés a todos los presentes, permaneció unos momentos en silencio. Después bajó la vista un instante, e intentó sonreír sin conseguirlo.

  • Yo…sólo quiero decir que…en contra de lo que pueda parecer..yo no soy boba- Dijo casi al borde de las lágrimas, todos hablaron entonces a la vez y desde todas las direcciones posibles recibió un pañuelo, ella sonrió entonces y alcanzó a parar las lágrimas en el lagrimal- Yo no quiero casarme con ese impresentable, pero me lo dieron como cosa hecha…pensé en escaparme..pero a dónde?..nunca he estado sola, ni sabría valerme…Max…no sé como podré agradecerte que hayas ideado esto. Y ahora…os agradecería me dijéseis qué puedo hacer yo para que el plan resulte…
  • Hay algo más…- Indicó Dámaso, Lourdes, junto a él, le pasó un par de documentos- Creo que hemos encontrado la razón para una boda con Gregorio…vos tenías muy buena relación con tu abuelo materno, nos es cierto?- Preguntó, Carolina asintió.
  • Él no se llevaba bien con mi madre….pero a mi me adoraba, y yo a él…- Recordó volviendo a tratar de frenar sus lagrimales, Manuma le ofreció su mano, y ella se la aceptó.
  • Tu abuelo le dejó a tu madre lo que la ley le obligó, el resto te lo dejó a tí, en forma de fideicomiso. Serás beneficiaria de todo lo que contiene ese fideicomiso cuando cumplas veintiún años, sólo bajo dos condiciones lo podrías recibir antes, en caso de matrimonio o de muerte, en cuyo caso se determinaría quién sería el beneficiario..- Continuó Lourdes, Carolina les miraba sin poder creer lo que estaba escuchando.
  • Yo no sabía nada de eso…..pero supongo que sin mi consentimiento…
  • Existen maneras, cariño, muchas maneras…después de tu sí a Gregorio, supongo que tus padres querían hacerse con el capital..que es mucho..
  • Estamos hablando de cifras de nueve dígitos,fondos e inversiones, que con los años han ganado valor…
  • Y Gregorio se llevaría su parte…- Supuso Carolina, el grupo se quedó en silencio entonces, y ella los miró sin entender, luego recordó los supuestos que había dicho Dámaso y se llevó la mano a la boca, a punto de la náusea. Manuma la abrazó, y alguien le alcanzó un vaso de agua.
  • Pero ahora nada puede pasar, mi vida, nos tienes a nosotros- La tranquilizó Isabel, buscando sentarse junto a ella, Carolina asintió todavía no muy segura de no querer vomitar y bebió un poco de agua, luego carraspeó.
  • Hundámoslo, hasta que no quede de él ni el recuerdo de su existencia.

Cuentaatrás

Desde el momento en que Pavlova supo que estaba embarazada, comenzó a alimentarse, básicamente, de Borsch, una sopa muy completa de remolacha, que cocinaba en una olla de diez litros. Además, el efecto nido, comenzó en ella mucho antes de lo que se suele dar, con lo cual, la casa de Filigrana se convirtió en una especie de extremadamente ordenado y limpio almacén de productos de puericultura que olía perennemente a sopa de remolacha. Cuando le dijeron que llevaba dos, y que eran varones, Pavlova lloró dos días. Después ordenó todos los armarios como si nunca lo hubiera hecho antes, y se apuntó a yoga.

Dámaso y Lourdes, además de asistir juntos regularmente a todos los boliches de tango que tenían lugar en la ciudad, habían planeado el golpe perfecto a las cuentas de Hinojosa, de forma que, dada la señal, sólo tendrían que abrir una trampilla virtual para que su fortuna, como si del vaciado de un silo se tratase, desapareciese para siempre. También tenían el hacia dónde y el quién. Ahora sólo se trataba de esperar.

Carolina hacía una doble vida, por las mañanas hacía como que se iba a la facultad,cuando en realidad se encontraba con Manuma en la casa de Filigrana, y por las tardes se entregaba a su vida de futura novia del año convertida en la nueva it-girl de Instagram, labor que se hacía más llevadera con la presencia inestimable de Isabel.

  • Qué ha sido eso?- Preguntó Filigrana levantando la vista del periódico que había comenzado a leer sobre la mesa de la cocina, Pavlova que pelaba patatas con las piernas subidas a un reposapiés le miró y, sonriendo con pillería, le contestó sucintamente mientras hacía un gesto con el cuchillo, Filigrana parpadeó dos veces.- Tú crees?- Ella explotó en aquella carcajada típica de ella que pareciera que alguien lanzara una granada al piso, y su onda expansiva asustara a todo aquel que se encontrara a su alrededor, ahora Fili, quien se incorporó de su asiento anudándose mejor su kimono, esta vez amarillo con flores rojas, y salió al pasillo. Justo en ese momento, Carolina salió de una de las habitaciones, portando su abrigo, una mochila y dos bolsas en los brazos, y corrió hacia la puerta de salida, dirigiendole un rápido saludo a Fili con la mano, antes de salir y cerrar la puerta tras si. Justo después, salió Manuma del mismo cuarto, también casi a la carrera asegurándose de llevar todo consigo mientras se ponía unas gafas oscuras.
  • Manu?- Le llamó Fili, Manuma se volvió ya en la puerta- Yo de mayor quiero ser como tú- Le lanzó pícara, Manuma la miró por encima de las gafas y le guiñó un ojo, antes de salir pitando por la puerta.

En el otro extremo de la ciudad, Elodie entraba por fin en su apartamento. Nada más cruzar la puerta se quitó los zapatos de tacón y los lanzó hacia algún lugar, dirigió sus pasos entonces hacia el baño y ya allí comenzó a deshacerse de la ropa que llevaba puesta ese día, un traje chaqueta tipo chanel azul marino de falda hasta la rodilla con blusa de volantes a juego. Una vez se liberó de la falda y la blusa, ya en medias y spencer, se miró en el espejo del lavabo, que ocupaba toda la pared y estaba rodeado de foco fluorescentes led. Se quitó el espencer, y observó la prótesis de silicona con dos perfectos pechos que tenía adherída a su torso como una segunda piel, de forma que parecían suyos. Comenzó a despegarla con cuidado de no hacerse más daño del necesario, y la colocó sobre la encimera, se acarició las marcas que le habían dejado los bordes a la altura de la clavícula y la cadera. Después situó sus dedos en el comienzo del pelo en la frente, y liberó su cabeza de la impecable melena castaña que hasta entonces había portado, colgándola sobre una cabeza de figurín antiguo que le miraba desde lo alto de una estantería. Se bajó las medias y se quitó una faja compresora.

Eladio Figueredo Cabezas se observó desnudo en el espejo un instante, y se alegró de verse, incluso se saludó. Luego alcanzó un bote de leche desmaquillante y se metió en la ducha. Eladio Figueredo Cabezas era dama de compañía de mujeres que asistían a actos, a cenas, entregas de premios,compras, teatros, cines y eventos de alto standing en general acompañadas de una mujer joven, atractiva, elegante, de maneras exquisitas y conversación fluida, que también se metía con ellas en la cama, donde le tenían como hombre. Un hueco en el mercado en el que era la mejor y con una importante cartera de clientas. Había elegido el nombre de Elodie porque era muy parecido al suyo propio, y Rampling, porque era una fan declarado de la actriz.

Tras ducharse, se dirigió a su cuarto y sacó del armario una muda masculina limpia y un chandal gris. Aún secándose el pelo, corto y castaño claro, con una toalla, buscó su móvil en el bolso y se dejó caer sobre el sofá del salón, al tiempo que soltaba una especie de suspiro de alivio. Luego deslizó sus dedos sobre la pantalla y pulsó video-llamada.

  • Buenas Tardes, Diosa…- Saludó él, alegrándose de escuchar su propia voz, que, ese día todavía no había usado con nadie, sonriendo tranquilo a la imagen que tenía en el móvil.
  • Buenas Tardes Ladrón….cuando te coja no te suelto…- Advirtió Fernanda, él rio.
  • Un poco de paciencia…ya falta menos…
  • Tus „menos“ no son mis „menos“…
  • Diosa…cuéntame cosas…- Y se recostó en el sofá,respirando hondo.
  • Para eso ponte el telediario….a ver…haré una „essscepción“, porque me caes bien y eso…en la boda del sábado van a servir cachopo con patatas fritas…..y digo yo que para eso no armas una boda no?…vamos que yo voy a una boda y me dan cachopo y me voy…- Él soltó una carcajada, ella le miró alzando una ceja toda digna- en serio…con estas dos por banda…
  • Te creo…
  • Mañana dos bautizos….con payasos…“Cómo están ustedeees?!“
  • Ahora que te he visto…bien….
  • Ladrón…
  • Dime, Diosa…
  • Tú sabes que te tengo en buena estima…verdad?
  • Yo en más…dónde vamos a parar…
  • Mira…- Él fijó la vista un instante ante lo que le mostraba y abrió mucho los ojos
  • …No seas cruel…- Acertó a decir
  • ya queda menos“…- Él fingió quejarse de dolor, y la que rio ahora fue ella.
  • Ya te envié las medias cristal…- Susurró conciliadora.
  • Como premio de consolación…
  • La pedrea….no te jode…me tengo que ir…ya te harás ver…
  • Un beso…
  • Sólo uno?…no, si encima agarrao…
  • Diosa…
  • Te lo envío por dron…si te parece…chau-pescau..- Y colgó, no sin antes enviarle un beso, él rio y dejó caer el móvil sobre el sofa, después se tapó la cara con las manos. Ya faltaba menos.

Los Gil de Atienza y Méndez de Altobaldo se complacieron en invitar, tres días después, a cerca de cien personas a la cena de pedida de su hija Carolina. La celebraron en el restaurante „Pataleo“, de moda en la ciudad, ya que, además de restaurante, se ofrecía también como local de copas y conciertos. Si alguien ajeno hubiese observado a los asistentes, el código de vestimenta y los fastos, hubiese podido jurar que se trataba de la boda. Carolina, sentada junto a Gregorio no le dirigió palabra ni mirada alguna en momento alguno, y si en algún momento él se había dirigido a ella, ella le había contestado con un gesto indistinto de su cabeza. Este comportamiento no pasó inadvertido a su madre, quien, sentada a su derecha la conminó varias veces a trabar conversación con su futuro marido, pero Carolina hizo que no la oía, tratando de mantener bajo control las náusea que le provocaba sólo él hecho de estar sentada junto a aquella persona.

Una vez llegados a los postres, Carolina se disculpó un momento y se fue al baño. Por el camino hacia los aseos se topó con Zeltia Amorós, quien la cogió del brazo y la llevó a una de las terrazas del local, que daba hacia una zona de aparcamientos y contenedores de basura.

– Qué bien que te encontré….así no fumo sola…

  • No sabía que fumaras…
  • Te sorprendería lo que no sabes de mi….
  • Bueno mujer, yo…
  • Te lo digo sin acritud, sin malos rollos, quieres una calada?- Carolina negó con la cabeza.- Ves esa valla publicitaria de ahi?…pues esa se supone que es mi vida, que soy yo…no lo que están anunciando…la valla en si…y detrás está Zeltia, la verdadera Zeltia, escondidita, para que no la vean…
  • Siempre me has parecido de armas tomar….hasta me dabas miedo al principio…- Zeltia rie.
  • En serio?…..pues no, a veces me veo a mi misma como el director de un circo…sabes?…todos hacen lo que yo quiero que hagan , cuándo y dónde, nadie protesta, todos me siguen….ese es mi problema, que todos me siguen…y yo quiero estar sola. Cuando estoy sola soy feliz. No te estoy echando…esto para mi es estar sola…ya me entiendes….
  • Seguro que Gerardo ya te esta buscando….
  • Pues que me busque…no tiene otra cosa que hacer, bueno si, organizar eventos….que yo busco….quiero más a este cigarrillo que a él…el pobre…ni lo adivina, a lo mejor me meto también a actriz, soy buenísima…no me mires así. Yo no quiero a Gerardo, nunca le quise….está muy bueno, y me sirve para la cama y eso, pero nada más…había que casarse y me casé, él estaba a mano y cuadró…pero mi amor es otro.
  • Quién?
  • Ty Roberts…cría perros husky para trineos en Canadá, le conocí hace cuatro años, en un evento en Nueva York, él estaba allí por otra cosa, no me acuerdo cuál, y según nos vimos…ya. No hubo duda. Yo ya estaba con Gerardo pero estaba sola allí, sólo fue mi cuñada Rita, pero como es boba….ni se enteró, en fin. Tenemos un trato. Yo aguanto dos años más, voy apartando dinero a una cuenta que sólo conozco yo….ya tengo tres millones….y cuando llegue el momento, me divorcio y desaparezco. Adiós circo. Ni voy a tener movil, sólo te digo esto.
  • Y Gerardo?
  • Gerardo es guapo y tiene pasta….no te preocupes, en seguida se consolará….- Carolina la miró un instante, y, por un momento, estuvo tentada en contarle la verdad, pero apartó la idea, acariciándose la frente con los dedos, si bien Zeltia era la única del todo conglomerado de redes y eventos en el que la habían metido, que podía considerar su amiga, no podía arriesgarse a que todo se fuera al traste.- Tu futuro también te busca….- Carolina casi se asustó y sonrió para maquillarlo de algo parecido a ilusión- No lo intentes…ven, vamos al baño, tengo que lavarme los dientes para que la fumeta siga en secreto- Y cogiéndola del brazo, la guió hacia una puerta que daba acceso a un cuarto anexo a la sala del evento desde la terraza donde estaban.Gregorio se cruzó con Carolina cuando salió del baño, y sin mediar palabra alguna la agarró con fuerza por un brazo.
  • Que sea la última vez que desapareces así…- Rugió sin alzar la voz, Carolina trató de soltarse.
  • Suéltame, imbécil!- Soltó, él le apretó más el brazo y la zarandeó.
  • Repítelo y…- En eso Muca apareció por el fondo del pasillo, y Gregorio soltó a Carolina quien se alejó de él corriendo y pasó delante de su madre sin dirigirle la palabra. Gregorio se acercó a su futura suegra arreglándose la chaqueta del traje.
  • Átala corto…muy corto. Ya la embridaremos en su momento…- Aconsejó, para luego dirigir sus pasos al salón de fiestas. Muca le siguió con la mirada y se colocó mejor un pendiente, después volvió a su mesa.

Muca siguió el consejo de Gregorio, y apartir de ese momento Carolina no pudo dar un paso sin ella como acompañante, dejó de asistir a las clases en la universidad, redujo radicalmente el número de eventos, y prácticamente se la enclaustró en casa. Para evitar posibles fugas la encerraban con llave en su cuarto. Sólo salía a las pruebas del vestido, rodeada por un ejército de gente, y regresaba a su encierro, como si de una princesa medieval se tratase. Pero a Carolina no parecía importarle, accedía dócil a todos los deseos del enjambre de gente que, a medida que se acercaba la fecha del evento del año de que sería protagonista, se hacía mayor. Y si no le importaba era porque, si bien sólo tenía acceso a su móvil cuando su madre se dignaba a devolvérselo, ella tenía un segundo, que le había suministrado Isabel cuando había entrado a formar parte de Mirloblanco, que guardaba bajo el colchón de su cama y a través del cual seguía en contacto con todos ellos a través de video llamadas nocturnas.

Así, a través de videollamadas, le explicaron cómo era el plan de escape del día de su boda.

Twist and shout

El día en que debía celebrarse la boda entre Carolina y Gregorio, amaneció con un sol radiante. A Carolina la despertaron a las cinco y media de la mañana para trasladarse hasta Rocalmonte, donde todos los equipos que se iba a ocupar de que fuese la novia más espectacular del año se encontrarían para ponerse manos a la obra con ella cuanto más pronto mejor, ya que la boda estaba planeada para la una de la tarde.

A partir del momento de su llegada a la estancia donde se la acicalaría, Carolina pasó por todo un centrifugado de peluqueras, estilistas, maquilladoras, modistas, fotógrafos, stories de Instagram, manicura, entrevistas, posados, y retoques, tras lo cual, si se miraba al espejo, veía a una chica que se parecía algo a ella, a la que habían peinado con una trenza semideshecha surcada por hilos dorados con flores y maquillado con profusión, y ahora estaba vestida con una especie de enagua de tul y gasa que le llegaba hasta los tobillos, sobre la que después le colocarían un vestido que ella no había elegido y que pesaba como una armadura. Trató de respirar hondo, pero no lo consiguió. El enjambre se movía a su alrededor entre risas, stories y fotos.

A las once, el enjambre se fue a ocuparse de otras cosas que no acabó de entender, y ella se quedó sola. A las doce, según el plan, buscaría las escaleras que bajaban a las antiguas bodegas, y saldría por una puerta que daba a un camino sin asfaltar donde le estaría esperando un coche. Sencillo. Sólo tenía que encontrar una excusa para ausentarse y que nadie quisiese acompañarla. Aprovechando que estaba sola, sacó de su bolso su pasaporte y se lo metió en el borde de la braga, colocándose después la enagua lo mejor que pudo. Justo en ese momento, su madre regresó a la habitación acompañada de los ocho niños y niñas de arras, ya vestidos para la ocasión a conjunto con ella.

  • Ahora va a venir Lara con el fotógrafo para haceros una fotos, te agradecería que sonrieses al menos en estas…ah…y además…te van a vestir antes, porque el empleado del juzgado ya está aquí y subirá con Gregorio para que firméis antes de todo el jaleo. Así ya no hay más problema, verdad?…no hay más problema…- Anunció mientras sentaba al más pequeño de los niños sobre la cama, Carolina sintió que se le cerraba la garganta y que toda su sangre se concentraba en sus pies, su madre, ya encasquetada en un vestido en seda lila y tul rosa, la miró y se colocó bien un pendiente, luego, sin esperar su opinión, dio media vuelta y salió de la habitación. Carolina escuchó como dio dos vueltas a una llave, y se lanzó hacia la puerta tratando de abrirla, sin éxito. Lo único que quería hacer en ese momento era gritar, gritar como una posesa, pero entonces miró hacia la cama, sobre la que estaban sentados ocho niños y niñas entre tres y ocho años que a su vez la miraban a ella en asombroso silencio. A Carolina le dio la risa, más fruto del nerviosismo que de otra cosa, y se acercó a la ventana. Imposible. La altura era demasiado grande. Estaba a punto perder el último ápice de calma que le quedaba, cuando la puerta se abrió casi de golpe y Zeltia Amorós, un sueño en azul cobalto con tocado de plumas a juego, apareció ante ella portando una caja blanca sobre una mano y su enorme bolso en la otra.
  • Zeltia!- Exclamó Carolina, sin saber si reír o llorar.- Dónde has conseguido la llave?!
  • Me siguen dos millones y medio de personas, Carolina, malo sería que uno no tuviera una llave…..- Explicó, para luego entrar en el cuarto y cerrar la puerta con un pie- Ayúdame ven…
  • Zeltia…yo…cómo?- Carolina le cogió la caja y Zeltia colocó su bolso sobre una mesa.

-Ciego es el que no quiere ver….y yo os vi…..ya desde el crochet…que había tomate….y a Gregorio Hinojosa le di una vez un pisotón con tacón de aguja….sólo eso…en fin….apura…ven…no hay tiempo…- Y sacó de su bolso un par de zapatillas de deporte azules con purpurina de colores- con las prisas no encontré otras, mi niña, póntelas y corre…- Carolina la abrazó y le dió un sonoro beso, luego se puso las zapatillas, Zeltia abrió entonces la caja que había traído, que estaba llena de merengues de chocolate, ambas se miraron con los ojos muy abiertos- Siempre he querido hacer esto…mi sueño hecho realidad…por fin…una masacre de chocolate…- Carolina rio y Zeltia la abrazó tan fuerte como pudo- Corre niña…corre…- Le dijo al oído, y Carolina abandonó la habitación a la carrera. A mitad del pasillo alcanzó a escuchar los gritos y risas de felicidad de los niñ@s de arras.

Y Carolina corrió. Corrió todo lo que aquellas zapatillas dieron de si, abriendo puertas y bajando escaleras que parecían no tener fin. Cuando llegó a su objetivo y abrió la puerta que daba al exterior, le pareció haber estado corriendo horas. Pero allí no había ningún coche. Entonces sí que gritó. Y quiso llorar de pura desesperación. Se subió otra vez la enagua y corrió un poco por el camino, y lo divisó. Un monovolumen blanco con lunas tintadas, al final de la pista. Por un momento pensó que se iba a caer, pero después consiguió volver a correr. La puerta del monovolumen se abrió, y de él salió Manuma a recibirla y ayudarla a entrar. El monovolumen abandonó el lugar entonces a gran velocidad.– Tranquila, ya pasó todo…ya estás aquí…- Trataba de tranquilizarla Manuma, mientras Carolina daba rienda suelta a la tensión acumulada en las últimas horas en un llanto descontrolado contra él.

  • En todo caso…yo ya había decidido gritar „Yo!“ en el momento en el que el cura dijese „Quién tenga algo en contra, que hable ahora o calle para siempre…“, siempre he querido hacerlo…- Anotó Max acariciándole un hombro, Carolina rio entre lágrimas y le miró por entre su arruinado maquillaje.
  • Y…a dónde vamos ahora?- Preguntó, Manuma le pasó un pañuelo de papel.
  • Vosotros dos, Fili y yo nos vamos a Nueva York, volando, por supuesto…el señor conductor tiene también sus planes- Explicó Max, Eladio le sonrió por el espejo retrovisor, ella no le habría reconocido.
  • Mi señora y yo nos vamos a la profundidad alemana, el lugar ideal para borrarse…
  • Perdona, esa señora, soy yo?- La voz irónica de Fernanda llegó desde la última fila de asientos, Eladio le envió un beso y rio sin contestarle, ella sonrió a Carolina y le pasó una bolsa de deporte.- Espero que te guste y te sirva, un par de mudas para no ir de novia por la vida…- Carolina se lo agradeció y cogió la bolsa.
  • Fili…y tú que vas a hacer en Nueva York?- Preguntó Manuma, Jacinto se volvió a mirarle desde el asiento del copiloto, se había recogido el pelo en una cola de caballo, y no llevaba maquillaje, además llevaba pantalones y un jersey.
  • Decirles a aquella gente cómo se baila….que no saben…- Apuntó
  • Y Arturo?- Preguntó Carolina, Jacinto la miró por el espejo retrovisor y le guiñó un ojo.
  • No sabes la de piscinas que hay en Nueva York…- Informó.
  • Mira que si ahora perdemos el vuelo…- Se preocupó Carolina, Max negó con la cabeza.
  • Dámaso y yo compartimos el mismo amigo en el infierno…bueno, justo en el infierno no, pero por allí anda…y nos ha prestado amablemente uno de sus aviones…sí, oyes bien…uno…yo colecciono afilas…él aviones…en fin…que sin nosotros no sale..- Relató tranquilizándola.
  • Ahora, en un musical, es el momento en que nos ponemos todos a cantar „Hey Jude“…- Dijo Jacinto.
  • Pues ya de ser los Beatles yo me arrancaría por „Twist and Shout“nos pega más…- Opinó Max, Jacinto hizo un gesto desvaído con la mano.
  • Como quieras…pero para eso tendríamos que subirnos al techo del coche, armar la coreo, se para el tráfico en la autopista, vienen los de verde…y entonces sí que no llegamos…

Mientras tanto, Isabel y Fernando estaban a las puertas de la basílica de Rocalmonte. Ella en un Petite-Robe-Noir y zapatos en conjunto y él en chaqué, esperando a que se desencadenase el desastre.

  • Dámaso y Lourdes?- Preguntó Isabel mientras observaba la entrada de los invitados.
  • Ya están en Iguazú
  • Pilar y Severo?
  • Nos han mandado una foto desde la Convención de Bonsais de Edimburgo…mira..
  • Carolina y el resto?
  • También nos han enviado un video….después te lo pongo…es que cantan…y ahora..
  • Ya..Pavlova?
  • Mañana llegan su madre y su hermana….
  • Fer…somos el último hombre en el nido de ametralladoras…- Dijo ella, casi llorando. Fernando la miró, y sin más le dio un beso en los labios,después la cogió de la mano y entrelazó sus dedos con los de ella.
  • No te preocupes…siempre llevo suficiente munición.

MADRID. (Última hora)

El empresario Gregorio Hinojosa Valcuende ha sido detenido alrededor de las tres de la tarde de hoy, tras protagonizar un incidente con arma de fuego en el barrio de Malasaña. Hinojosa Valcuende recorrió varias calles del barrio disparando al aire con un rifle de caza, y profiriendo insultos y frases intimidatorias a todos los colectivos y formas de entender la vida de ese distrito madrileño.

Hinojosa Valcuende alcanzó con sus disparos varios balcones, y el pánico se adueñó de las personas que en aquel momento atestaban las calles.

Fueron necesarios cinco agentes de la policía nacional para reducirle, y dos de ellos resultaron heridos a causa de las patadas y puñetazos que Hinojosa propinó al resistirse a la autoridad.

Cabe recordar que el empresario se encuentra en concurso de acreedores, después de perder hace unos meses toda clase de liquidez, según él insiste en declarar, de „forma totalmente inexplicable“. Este hecho coincidió con su fallida boda con Carolina G.A.M., quien desde entonces, según fuentes fiables, se encuentra en paradero desconocido voluntario.

Al mismo tiempo, la modelo Larissa Pavlova, en avanzado estado de gestación, le reclama la paternidad de los gemelos que espera, según ha explicado desde las páginas de la revista Hola en su última edición.

Hinojosa Valcuende ha sido ingresado en un sanatorio mental privado, y su familia ha declinado hacer declaraciones al respecto….“

SÜSSE

Hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien. La verdad es que esto es bastante aburrido. Yo en ningún momento quise acabar aquí, por lo que me ha costado adaptarme.

Pero empezaré por el principio, que es siempre la mejor opción.

Me acuerdo perfectamente del día que mamá me presentó a Gregorio, había organizado una Merienda de Juventud, como a ella le gustaba llamarlas, y él vino acompañado de dos primas suyas, a las que ni hice caso, porque de pronto sólo tenía ojos para Gregorio. En aquel tiempo se hacía llamar Goyo, y tenía un don de gentes que le hacía irresistible, además estaba el físico, como salido de una revista de figurines, el pelo engominado y aquella mirada que encandilaba. Y me encandiló. Nada más acabar yo el colegio nos prometimos. Ya durante el noviazgo, casto y sin apenas besos,ya que me decía que eso sólo se podía hacer tras la boda, me trataba mal. Yo no me atreví a decírselo a mamá, ni a Max, que entonces todavía estaba en Londres. Simplemente le creí. Si soy sincera, no me acuerdo de mi boda. Sólo que había mucha gente y que mi vestido era lo más parecido a un merengue, del que salía mi cabeza con un moño historiadísimo y maquillada como nunca lo había estado antes ni lo estuve nunca después, bueno sí, mucho después, pero todo a su tiempo.

La primera bofetada me la dio camino de nuestra luna de miel, porque me retrasé un poco en el control de seguridad, me cogió tan de sorpresa, que no reaccioné. Siempre se cercioraba de que no hubiese nadie cerca, así que nadie lo vio. Después sólo fue a peor.

Nos fuimos a vivir a una casa que nos regalaron sus padres en una urbanización que por aquel entonces todavía estaba en ciernes, en la sierra. Lejos de todo. Cuando iba a visitar a mamá, hacía por quedarme un par de días, pero él siempre venía a buscarme, derrochando simpatía y amor por mi, y yo de tonta me iba con él. Hay muchas formas de anular a una persona, Gregorio las sabía todas. Me obligaba a firmar cheques,pagarés, folios en blanco e incluso quiso que vendiese una finca enorme en Extremadura, pero no contó que para ello necesitaba la firma de Max, quien ya por aquel entonces había regresado hacía poco al país. El regreso de Max hizo que la situación cambiase, ya que venía a casa con mucha frecuencia y Gregorio guardaba las distancias con él, ya que sabía de lo que era capaz si se enteraba de lo que estaba haciendo conmigo, cara al exterior representábamos la pareja más feliz sobre la faz de la tierra. Aprovechando esa mínima libertad, me apunté en unos talleres para mujeres que organizaba el ayuntamiento del pueblo de la sierra donde vivíamos. Allí conocí a Isabel, Fernando y Eladio. Isabel por aquel entonces llevaba el pelo en unas rastas largas, recogidas siempre en unos lazos imposibles, y unos atuendos más própios de un saltimbanco. Se ganaba la vida haciendo malabares por la calle, y vendiendo cosas que hacía ella misma, como puseras, bolsos y babuchas de cuero. Había recalado en la sierra después de toda una vida en la calle, debido a que nunca había tenido una familia ni nada a lo que llamar casa. Fernando era su compañero, un chico muy callado, de apariencia muy similar a Isabel, que no se separaba de ella, y que organizaba los por entonces primeros talleres de informática. Eladio era un hombre que parecía una mujer, con una impresionante belleza andrógina. Una vez, Isabel y yo, le pusimos una peluca y maquillaje, y nadie hubiera dicho que aquella chica era en realidad un hombre. Se llevaba a las chicas de calle.

Yo pasaba el día entero en el taller y la casa que compartían los tres, y regresaba a la mía al caer la noche. Ellos me convencieron de separme de Goyo, y, como primer paso yo pasé a ocupar la casita destinada a invitados, que tenía una entrada independiente, y estaba situada junto a la piscina. Además, Max me había regalado un perro,Milú, un pastor alemán entrenado, que me acompañaba a todas partes y que una vez le había mordido a mi adorable marido un tobillo cuando intentó siquiera acercarse a mí, con lo cual Goyo, guardaba las distancias.

Isabel y yo teníamos un plan, yo con mis contactos y ella con su saber hacer fundaríamos una agencia de comunicación y eventos, Fernando se ocuparía de las bambalinas y nosotros de nuestros clientes y sus agendas. Eladio se ofreció a actuar de relaciones públicas, y nos habíamos reído porque le dijimos que a poder ser queríamos tener también clientes masculinos. A Max le había parecido una idea magnífica y nos prometió su ayuda.

La última tarde que pasé con ellos, acordamos que Eladio y Fernando pasarían a buscarme en coche a la mañana siguiente, para ayudarme a recoger mis cosas y abandonar a Gregorio de una vez por todas.

Cuando llegué a la casita de invitados, vi que había luz en la casa principal, pero no le di importancia, Milú estaba conmigo, por la mañana dejaría todo aquello atrás. Ya nada podía pasar. Me duché y me puse el pijama con una bata muy abrigosa que me había regalado mi madre. Aunque ya había cenado en casa de Isabel, me entró hambre otra vez. Me alegré de encontrar una jarra con batido de frutas en la nevera, Renata, la chica que trabajaba fija entonces en la casa, se debía haber acordado de que a mí me encantaba tomar esos batidos antes de irme a dormir. Me bebí un vaso grande.

Y después ya estaba aquí. Es una rara sensación ser testigo de las cosas y no poder participar de ellas. Me encontraron Eladio y Fernando, cuando vinieron a buscarme por la mañana, como habíamos acordado. Yo estaba hundida en la piscina. Fue Eladio quien se tiró a sacarme, le resultó muy difícil ya que la bata pesaba demasiado. Intentaron reanimarme. Pero ya era tarde. Yo ya estaba aqui. No había ni rastro de Milú.

La versión que Gregorio y su familia dieron de lo sucedido, fue que yo, en las garras de una profunda depresión, había decidido quitarme la vida tirándome a ahogar en la piscina. Yo, que había sido campeona regional de cien metros mariposa. Además, yo le había dejado como único beneficiario de mi fortuna en un testamento que nunca escribí.

Mi familia, con Max al frente, nunca se creyó esa versión. Gracias a contactos, consiguió hablar con el forense, sin que nadie supiese del encuentro. Si bien era verdad que yo me había ahogado, nunca habría sido capaz de alcanzar por mi propio pie la piscina debido a la cantidad de somníferos que había tomado. Además, la dosis no hubiera sido mortal. Los dos estuvieron de acuerdo en que necesariamente alguien tuvo que haberme tirado al agua. Y Max sabía quién. Pero no hizo nada. Por mamá. Porque ella se lo pidió. Espera, Max, espera, todo a su debido tiempo, le dijo. Y tenía razón.

Todos han cumplido su parte. Ahora me toca a mí. Desde que Gregorio fue ingresado en el sanatorio mental, le visito todos los días. No sólo por la noche, también durante el día. La primeras veces salía corriendo a gritos, en ocasiones me presentaba con el aspecto que tuve cuando me sacaron del agua y le llamaba de forme lúgubre, como hacen en las películas, y él trataba de empujarme, y caía una y otra vez. Otras me siento en su cama y le miro sin decir una palabra, toda la noche, sin parpadear. Qué bien me lo estoy pasando. Tenía razón mamá. Ha valido la pena esperar.

*Canciones que se nombran,cantan o versionan en la historia:

  • Thunderstruck“- AC/DC
  • “Bad Guy”-Billie Eillish
  • Mis manos en tu cintura!- Salvatore Adamo
  • La Bambola“- Betty Pravo
  • México lindo y querido“-Pedro Fernández
  • Callao“- Wisin&Yandel&Ozuna
  • Bailando“-Gente de Zona&Enrique Iglesias
  • Felices los 4“-Maluma
  • Qué pena“-Maluma&Balvin
  • Popiwa“-Lo Blanquito&Crazy Design
  • Telakuti“-Lo Blanquito&El Sholivery&Soco Francis
  • “Ni mala ni santa”-BeckyG
  • Malamente“- Rosalía
  • Twist and shout“-The Beatles
  • El grupo musical „Cañaveral“ no existe.

El Desliz

Egon Mertens se despertó a las cinco y media de la mañana. Lo hizo antes de que sonara el despertador. Como todos los días. Alguna vez se había planteado prescindir de la alarma, pero nunca se había decidido a hacerlo. Si algo era Egon Mertens era una persona prevenida, y nunca podía saberse si el sueño, alguna vez, podría ser más profundo, el cansancio mayor, despertarse entonces tarde y llegar con retraso a las citas del día. Lo primero que hacía era darse una ducha corta, después se afeitaba y se vestía con la ropa que dejaba ya preparada la noche anterior. Por último, se ponía sus gafas de pasta y encendía el calentador del agua para prepararse el té del desayuno. Él pertenecía a la minoría de gente que tomaba té en lugar de café por las mañanas. Té con dos rebanadas de pan de centeno con mantequilla. Sentado a la mesa de su cocina, mientras observaba el lento comenzar del día por la ventana. No leía el periódico, eso correspondía a su rutina del mediodía. Tras dar cuenta del frugal desayuno, iba a su habitación de trabajo, y metía dentro de su maletín de cuero los materiales que había buscado para sus clases del día. Abrigo loden azul,chal de lana y gorra en invierno, gabardina beig y chal ligero con la llegada del buen tiempo. Aquella mañana fue la primera en la que se puso la gabardina, el día anterior ya le había sobrado el abrigo.

Egon Mertens vivía en el centro histórico, en una maisonette dentro de un edificio recuperado con mimo, y se movía en bicicleta por las estrechas y entrincadas calles de la ciudad, universitaria y medieval, sin tener que pensar el camino. Podría haberse comprado una casa con jardín en alguno de los pueblos colindantes, pero él siempre había vivido en el centro,ya en su época de estudiante, y era un lujo del que no había querido desprenderse.

El trayecto desde su casa hasta la facultad en bicicleta era de apenas veinte minutos, a pie apenas media hora. Egon Mertens era Catedrático de Linguística en la Facultad de Germanística. Sólo tenía que dar tres clases a la semana, repartidas en lunes, miércoles y viernes, a primera hora, así después tenía tiempo para dedicarse a otras cosas. Esas otras cosas eran sus diez doctorandos, con sus correspondientes trabajos, sus publicaciones a cerca de la materia de la que era experto, y sus lecturas. Además de las reuniones semanales de departamento, en las que quienes más tenían que decir eran sus tres asistentes, tres antiguos doctorandos, ya orgullosos poseedores del título de Doctor, y que hacían sus pinitos en el claustro.

Su despacho se abría al jardín interior de la facultad, le gustaba abrir las ventanas de par en par cuando llegaba por las mañanas para dejar entrar el frescor a la estancia, atestada de libros y papeles, pero ordenada y limpia. Después buscaba los materiales y se dirigía a dar su clase de Lingüística Aplicada al Discurso.

A las once y media solía ir a comer a un restaurante cercano, con un menú del día variado además de abundante y precios económicos, acompañado de sus tres asistentes y algún otro colega, pero eso variaba según los horarios de cada uno. Tras dar buena cuenta de la comida, se permitía un espresso en una cafetería mínima aledaña al restaurante y regresaba a su despacho, donde leía el periódico y repasaba algún trabajo de doctorado.

Regresaba a casa alrededor de las cuatro de la tarde, de camino solía comprar verdura para la cena y pan. Nunca había tenido televisión, así que el tiempo entre la cena y la hora de irse a dormir lo ocupaba leyendo mientras escuchaba música, últimamente Dire Straits, de fondo, sin abusar del volumen.

A la mañana siguiente, el timbre del telefonillo le sorprendió mientras archivaba unos recibos de la luz. No solía recibir visitas, así que pensó que sería alguien para su única vecina, una señora ya anciana que ocupaba el primer piso. Su sorpresa fue mayor cuando el cartero le comunicó que tenía un sobre certificado con acuse de recibo para él, normalmente los envíos los recibía en la facultad.

Era un sobre marrón acolchado, con sus señas mecanografiadas en una perfecta pegatina, y que carecía de remitente.

La abrió en el salón, ya que allí se encontraba su único abrecartas.

Estimado Sr Mertens,

Con la presente adjunto la misiva que, según órdenes expresas de mi cliente, le debe ser entregada en mano. En caso de que tuviera alguna pregunta al respecto, estoy a su entera disposición.

Atentamente,

Dr. Jürgen Allekotte. Notario.

Querido Egon,

Cuando leas estas líneas yo ya estaré muerta. Lo he querido así, siempre he sido muy discreta. Mi nombre es Anna María Müller, y aunque ahora te estés esforzando por acordarte de mi, he de tranquilizarte, es inútil que lo intentes. No te lo tengo en cuenta, no tengas cuidado.

La mejor forma de explicar algo complicado es comenzar por el principio. Y así lo haré.

Siempre fui muy buena estudiante, así que después de culminar mis estudios universitarios como la mejor de mi promoción, se me ofreció una plaza de doctorado. La invitación para las Jornadas Internacionales llegó al departamento en primavera, y mi catedrático me incluyó en el grupo de gente que las visitaría aquel verano. Recuerdo que me hizo mucha ilusión que me tuviera en cuenta, ya que yo acababa de llegar y todavía no había encontrado mi sitio. También me hizo ilusión porque sería la primera vez que viajaría a Francia, las Jornadas Internacionales tenían lugar en Saint Jean de Pied de Port. El viaje hasta allí fue eterno, ya que el departamento sólo nos pagaba los gastos si lo hacíamos en tren. Pero descubrir Saint Jean de Pied de Port lo compensó todo.

Te conocí al segundo día, nos juntamos varios grupos a la hora de comer y tú te sentaste a mi lado. Comenzamos a charlar y ya no nos volvimos a separar. Nuestro romance duró lo que las Jornadas Internacionales. Nuestra despedida no fue dramática, ya que, pensábamos, en algún momento nos volveríamos a ver.

Poco después descubrí que estaba embarazada. Casi al mismo tiempo, conocí al que después se convirtió en mi marido, y que, desde el primer momento se hizo cargo de aquel bebé como si fuera suyo, antes y después de nacer.

Nunca, hasta ahora, sentí la necesidad de contártelo. Soy consciente de que el tiempo que me queda es breve,y no quería irme sin que lo supieras.

En una de sus últimas visitas, aquel bebé, que hoy es todo un hombre, me contó que le entusiasmaban tus clases, a las que asistía con verdadero interés ya que consideraba que sabías explicar muy bien. Él no sabe nada de esta historia, y va a continuar sin saberla. No te diré su nombre, ni qué asignaturas cursa, tampoco su dirección o teléfono. Como único dato, te confiaré que es igual a tí.

Mi despedida no será dramática, no sé si en algún momento nos volveremos a ver.

Pero ya considero que puedo afrontar el tiempo que me queda en paz, sin asuntos pendientes.

Recibe un abrazo,

Anna María“

Egon Mertens se dejó caer en uno de los sillones de su salón, aún aferrado a la carta que acababa de leer. Por primera vez, notó que su mente estaba en blanco. Como si alguien hubiese abierto un grifo y todo lo que hubiese tenido contenido en ella se hubiera desparramado a la nada. Tampoco era capaz de pensar. Probó a respirar hondo. Y de eso sí que fue capaz. Con el ímpetu de aquel que emerge del agua después de haber estado sumergido demasiado tiempo. Luego miró a su alrededor, casi descubriendo su salón. Por último acertó a toser.

Imposible. Aquello era imposible. Había oído de estudiantes que se dedicaban a gastar bromas de mal gusto a los profesores, y ésta debía ser una de ellas. Inconcebible. Entonces cayó en la carta del notario. Era una carta con membrete, en el que se podía leer con claridad una dirección y un número de teléfono.

Sin pensarlo más, alcanzó el teléfono inalámbrico y marcó los dígitos.

La secretaria del Dr. Allekotte atendió amablemente su llamada, y le pasó inmediatamente con el notario. El Dr. Jürgen Allekotte escuchó atentamente lo que Egon Mertens le explicó, y con suma calma le dijo que ya había estado esperando su llamada, también comprendía su inquietud y dudas. Pero Anna María Müller había sido su cliente, lamentablemente, como ya era sabido, había fallecido, y él podía dar Fe de que todo lo escrito en la misiva de la Sra. Müller era cierto. No le estaba permitido dar más datos a cerca de su cliente, a petición de ella, sólo confirmar a quién quiera que lo pidiese, que aquella información era verdadera y que Anna María Müller, alguna vez, había existido.

Se habían despedido todo lo cortés que se puede ser en semejantes situaciones, y Egon Mertens volvió a sentarse en su sillón, a tratar de ordenar todo lo que , de pronto, había venido a ocupar su cabeza, sin orden ni concierto.

Saint Jean de Pied de Port. Si bien podía presumir de conocer prácticamente cada rincón de Francia, no tenía un recuerdo claro de esa ciudad. Tratar de acordarse de de qué Jornadas Internacionales se había tratado, tampoco ayudó. Podía contar ya casi por miles los congresos, encuentros, jornadas, charlas, cursos, cursillos, workshops, debates y mesas redondas a los que había asistido durante toda su vida académica. Si había algo que Egon Mertens había heredado de su madre, había sido su costumbre de pegar las fotos en álbumes y escribir al pie la historia que había detrás de cada instantánea. Cuatro baldas de las estanterías que cubrían su sala de trabajo estaban dedicadas a álbumes. Numerados y por fecha. Recorrió con el dedo los lomos hasta llegar a las fechas que podían coincidir, pero entonces se dio cuenta de que faltaban tres años. Maldijo para si. Antes de mudarse a la vivienda en la que residía, había ocupado otra más pequeña a dos calles. Por falta de espacio se había visto obligado almacenar muchas cosas en el sótano, y éste se había inundado una Navidad por culpa de la rotura de una cañería. Había tenido que tirar todas sus cosas, convertidas en una masa informe y pestilente, a la basura. Poco después se había comprado la maisonette. Por si acaso revisó los albumes inmediatamente anteriores y posteriores. Cracovia, Budapest, Roma, Novosibirsk. Ni ratro de Saint Jean Pied de Port. De pronto le entró sed. Una sed como nunca la había sentido en su vida. Hubo de beber tres vasos de agua. Después se sentó a la mesa de la cocina. A tratar de hilar un pensamiento.

Apagó la alarma del despertador media hora antes de que sonase. Apenas había podido conciliar ni diez minutos seguidos de sueño en toda la noche, y había dado vueltas en la cama, tratando de encontrar una postura cómoda. Sin éxito.

Un hijo. Él. Egon Mertens. Convencido soltero, que nunca había sentido la necesidad de buscar una compañera de vida, ni de perpetuar su apellido con hijos. Aventuras pasajeras, novias efímeras, había tenido las suficientes, ni pocas, ni muchas, para un hombre de su edad y condición física, pero con ninguna había cuajado en un proyecto común. Ni ninguna se había quedado embarazada. Anna María Müller. Si al menos se lo hubiera dicho. También es verdad que si lo hubiera hecho, su vida hubiera sido diametralmente distinta. No sabía cómo. Pero distinta.

Se demoró en la ducha un poco más de lo normal, y se vistió con lo primero sacó del armario. Bebió el té de pie, observando el lento despertar del día a través de la ventana de la cocina. No comió pan.

La brisa fresca de la mañana y el suave pedaleo por las conocidas calles le hicieron bien. Al abrir las ventanas de su despacho, reparó en los estudiantes que a tan temprana hora, embozados aún en chales algunos, portando tazas-termo otros, en grupos o solos, cruzaban el jardín de la facultad para asistir a las clases. Es igual a tí. Meneó la cabeza para apartar la idea, al menos por unos segundos, de su cabeza, y se dispuso a recoger los materiales para su clase.

Entró en AulaMagna a la hora en punto, y las gradas con bancadas y asientos con capacidad para quinientos cincuenta estudiantes se abrieron ante él, como si lo hicieran por primera vez. Quinientos cincuenta estudiantes de todos los sexos, razas, estaturas, colores y formas de vestir casi se apiñaban en las bancadas, y en las escaleras de acceso a éstas, todavía desenfundando sus ordenadores, charlando, riendo y llamándose entre si, en medio del típico barullo que reinaba antes de cada clase. Egon Mertens recorrió las bancadas con la mirada, tratando de buscar algo, sin saber muy bien cómo. Y todos los rostros le parecieron el mismo, y las voces una. Es igual a tí.

-Profesor Mertens, se encuentra usted bien?- Quien esto decía era una muchacha a su derecha, que descubrió era una de sus asistentes, y que, sonriente, le ofrecía el set de cabeza con micrófono. Él trató de sonreirle de vuelta y se dirigió al púlpito, situado sobre una tarima que ocupaba todo el ancho del aula. Recorrió de nuevo desde esa posición las bancadas, repletas de rostros que le miraban espectantes, y que poco a poco fueron guardando silencio, hasta que no se escuchó ni el más mínimo murmullo. Egon Mertens por un instante no supo lo que se suponía que tenía que decir. Hojeó distraido sus materiales y carraspeó. Luego respiró hondo y accionó el beamer, dando comienzo a la clase.

Ese día sorprendió a sus asistentes con la idea de ir a comer al comedor de estudiantes, ya que, según les dijo, había oído que los menús allí también eran muy variados y los precios imbatibles. Sus asistentes no tuvieron nada en contra. Egon Mertens buscó sitio en las mesas frente a la puerta principal de acceso, de forma que, mientras hacía que atendía a la conversación de sus colegas, podía observar tranquilamente la entrada y salida de los estudiantes. Es igual a tí. Supuso que tendría que acostumbrarse a ese nuevo eco en su cabeza, y, tras suspirar, se dispuso a dar buena cuenta del pollo al curry que había elegido como primer plato.

Nils von Kempten se despertó a las cinco y media de la mañana. Lo hizo antes de que sonara el despertador. Como todos los días. Alguna vez se había planteado prescindir de la alarma, pero nunca se había decidido a hacerlo. Si algo era Nils von Kempten era una persona prevenida, y nunca podía saberse si el sueño, alguna vez, podría ser más profundo, el cansancio mayor, despertarse entonces tarde y llegar con retraso a las citas del día. Lo primero que hacía era darse una ducha corta, después se afeitaba y se vestía con la ropa que dejaba ya preparada la noche anterior. Por último, se ponía sus gafas de pasta y encendía el calentador del agua para prepararse el té del desayuno. Él pertenecía a la minoría de gente que tomaba té en lugar de café por las mañanas. Té con dos rebanadas de pan de centeno con mantequilla. Sentado a la mesa de la cocina del piso de estudiantes que compartía con dos compañeros. No leía el periódico, eso correspondía a su rutina del mediodía. Tras dar cuenta del frugal desayuno, iba a su habitación, y metía dentro de su mochila su laptop y las carpetas que necesitaba para sus clases del día. Plumas,chal de lana y gorra en invierno, chaqueta de forro polar y chal ligero con la llegada del buen tiempo. Aquella mañana fue la primera en la que se puso la chaqueta forrada, el día anterior ya le había sobrado el plumas.

Nils von Kempten vivía en el centro histórico, y se movía en bicicleta por las estrechas y entrincadas calles de la ciudad, universitaria y medieval, sin tener que pensar el camino.

El trayecto desde su casa hasta la facultad en bicicleta era de apenas veinte minutos, a pie apenas media hora. Nils von Kempten era estudiante de Germanística. Su asignatura favorita era Lingüística Aplicada al Discurso, ya que consideraba que el Profesor Mertens la explicaba muy bien.

A las once y media solía ir a comer al comedor de estudiantes con sus compañeros, con un menú del día variado además de abundante y precios económicos, solían sentarse en las mesas de la entrada, para poder estar más localizables. Tras dar buena cuenta de la comida, solía ir a la biblioteca y dos veces por semana entrenaba en el Club de Remo.

Regresaba a casa alrededor de las siete de la tarde, de camino acostumbraba comprar algo para la cena, que solía cocinar con sus dos compañeros en agradable compañía. A veces veían alguna serie en Netflix, o jugaban unas partidas con la Xbox de uno de ellos, otras, como ese día, el tiempo entre la cena y la hora de irse a dormir lo ocupaba leyendo mientras escuchaba música, últimamente Mumford & Sons. De fondo. Sin abusar del volumen.

El Espejo

Alexey Abramovich Zhelezov les había visto desde la ventana del salón abrirse paso a duras penas a través de la nieve. Los conocía a los dos. Uno se protegía del frío con un abrigo que claramente le quedaba muy grande, y un gorro de piel marrón que debía apartarse del rostro a cada zancada que trataba de dar sobre la masa nevada; el otro llevaba una gruesa casaca verde, su gorro, también de piel, era blanco y lo llevaba calado hasta las orejas, portaba un fusil, y, sin saber todavía muy bien qué hacer con él, lo cambiaba de hombro a cada zancada. Alexey Abramovich Zhelezov esperó a que llegasen al pie de las escaleras que daban acceso a su porche para salir a recibirles. No se puso el abrigo. Tampoco el sombrero. Sabía que la visita sería breve.

-Buenos Días Alexey Abramovich- Saludó el del gorro blanco al tiempo que se lo quitaba, y daba un codazo al otro para que hiciera lo mismo, cosa que hizo sin dilación.

-Buenos Días Alexey Abramovich- Repitió el segundo con el mismo respeto que había tenido el otro.

-Buenos Días Ilya Petrovich, Buenos Días Nikolay Milovich, a qué debo el honor de su visita?- Alexey Abramovich Zhelezov paseó su intensa mirada azul del uno al otro, sin perder su amable sonrisa. Los dos jóvenes, apenas unos muchachos, por un momento se quedaron en silencio, aferrando las manos a sus gorros, y devolviéndole apenas una leve sonrisa.

-Alexey Abramovich…- Comenzó Ilya Petrovich, para luego carraspear y colgarse mejor el fusil, el pelo rubio y algo largo, ahora húmedo, se le había pegado a la frente, y se lo apartó con una mano, como para aunar valor- Alexey Abramovich…el camarada Barilov ha dado orden de confiscar todos los espejos para su destrucción inmediata…-Explicó por fin, y miró a su compañero con claro gesto de orgullo por haberse explicado con la claridad necesaria, el otro sonrió confirmándoselo. Alexey Abramovich Zhelezov asintió lentamente con la cabeza y cruzó los brazos ante su pecho.

-Ilya Petrovich, qué tiene que ver esa orden conmigo?- Preguntó curioso. Ilya Petrovich miró a su compañero, quien a su vez le miró a él de soslayo, y volvió a carraspear.

-Hemos venido a que nos entregues tu espejo- Dijo por fin, sus palabras dejaron una nube de vapor, que no tardó en desaparecer, ante su rostro.

Alexey Abramovich Zhelezov alzó las cejas, y se pasó la mano derecha por la cabeza, de pelo rizado y bien cortado.

-Entiendo, han venido a por mi espejo para destruirlo…- Repitió, ambos muchachos asintieron a la vez en silencio.- por orden del camarada Barilov.

-Así es, Alexey Abramovich, de forma inmediata- Constató Nikolay Milovich, que hasta entonces no había dicho una palabra.

-Nikolay Milovich, Ilya Petrovich, para lograrlo tendrán ustedes que matarme- Nada más hubo pronunciado Alexey Abramovich estas palabras, algo metálico cayó en el interior de la casa haciendo gran estruendo, lo que acabó por asustar a los dos muchachos que, de pronto, parecían haber perdido todo el color del rostro, e hizo volverse a medias a Alexey Abramovich hacia la puerta entreabierta.- Ira..? Todo bien?- Preguntó hacia la casa.

-Sí..Aliosha..todo bien..- Contestó la voz de su mujer desde el interior.

Irina Davidovna Zhelezova había tirado al suelo sin querer la tapa del samowar al querer acercarse un poco más a la ventana, uno de los pliegues de la manta en la que había envuelto a Misha, su hijo recién nacido,a quien tenía en brazos, se había enredado en el grifo y el samowar se había tambaleado. Irina Davidovna buscó con la mirada el pequeño espejo, que colgaba de la pared junto a la galería. Se acordó entonces de lo que le había contado su comadre Masha Gregorovna, de cómo unos días antes un grupo de hombres había entrado en su casa a buscar los espejos que pudieran tener y al entrar en tromba habían sacudido el armario de la loza y todas las tazas, platos y demás utensilios de porcelana que se encontraban en el mueble se rompieron en mil añicos, además habían traido consigo todo el barro y nieve que habían acumulado en su camino hasta su casa, y el suelo recién encerado se había convertido en una pista fangosa y deslizante, y ella no había podido moverse del único rincón que había quedado seco, pero eso no había sido lo peor, ni que se hubieran llevado el espejo, que, según le confió, ya estaba desconchado y con tantas manchas que para mirarse en él había que buscar la esquina inferior derecha, sino que con todo el jaleo se habían retrasado en preparar el té y además, al haberse roto todas las tazas, Olia, su marido, había tenido que ir andando bajo telones de nieve hasta el colmado de el Viejo Leon Agarov a comprar cuatro tazas y cuatro platos. Los había comprado azules. Ella los hubiera preferido de flores verdes. Pero al menos pudieron tomar el té y su suegra dejó de llorar, porque llorar sabía, pero limpiar no. Y su hermana Nastia había tenido que limpiar el desastre, porque ella todavía estaba en la cuarentena y gracias que se mantenía en pie. Irina Davidovna Zhelezova achinó levemente sus enormes ojos verdes mientras observaba el espejo, y decidió para si, que, antes de que una cosa así llegara a sucederle, ella misma lo rompería de vez. Luego suspiró hondo, y, con cuidado de no chocar otra vez contra el samowar se acercó un poco más a la ventana.

-Pero eso no es lo que nos han ordenado…Alexey Abramovich..- Consiguió hilar Nikolay Milovich, Ilya Petrovich se pasó una mano por el rostro para apartarse el agua nieve que había comenzado a caer, y asintió, parpadeando contra los copos.

-Nosotros…sólo tenemos que llevarnos tu espejo, Alexey Abramovich- Aclaró, como si Alexey Abramovich todavía no le hubiera entendido. Alexey Abramovich miró hacia el cielo un instante, una inmensidad blanca que ya no se diferenciaba de la masa nevada que los rodeaba, y luego a los dos muchachos, con una amable sonrisa que hizo brillar sus audazes ojos azules.

-Ya le he entendido, Ilya Petrovich, y como le he dicho antes tendrán ustedes que matarme, ese espejo perteneció a mi padre, antes a mi abuelo y tiempo ha, al padre de éste, todos se miraron en ese espejo para afeitarse cada mañana, como yo lo he hecho esta misma mañana, y algún día lo hará mi hijo Mijail Alexievich- Narró con calma, Nikolay Milovich e Ilya Petrovich le escucharon en silencio, Nikolay Milovich pareció abrir la boca para decir algo, pero luego la cerró y se apartó la nieve que cubría su cabeza y rostro, achinando los ojos para poder verle mejor, Ilya Petrovich hizo lo mismo y sacudió su sombrero, que hasta entonces había aferrado entre sus manos, luego miró a Alexey Abramovich.

-Nosotros…consultaremos al camarada Barilov- Decidió, su compañero se quiso poner ya el sombrero, pero Ilya Petrovich se lo impidió con un codazo- Nikolay Milovich y yo te deseamos un buen día, Alexey Abramovich..- Nikolay Milovich pareció verse obligado a cuadrarse ante Alexey Abramovich.

-Feliz Día, Alexey Abramovich- Deseó casi militarmente, a lo que Alexey Abramovich contestó con su amable sonrisa y un ligero asentir con la cabeza.

Dicho esto, ambos muchachos se calaron los gorros, dieron media vuelta y comenzaron a abrirse camino a grandes zancadas en dirección contraria a la que habían venido. Alexey Abramovich esperó a verles desaparecer entre las cortinas de nieve que ya caían, para entrar de nuevo en su casa.

En todos los acontecimientos importantes de la historia de la humanidad, la metereología también quiso ser partícipe y, así, después, ser recordada siempre en relación con el acontecimiento. En el invierno de la Revolución Rusa hizo tanto frío y nevó tanto como nunca había nevado antes, ni nunca nevó después. Incapaces de hacer frente a las masas de nieve, los ciudadanos rusos además de vivir una revolución, aprendieron a convivir con una masa helada que había engullido paisaje y poblaciones.

Dos días después de la visita de los dos muchachos, Alexey Abramovich Zhelevov apreció a través de la ventana del salón, y discerniendo entre ráfagas de densa nieve, lo que le pareció un caballo en los aledaños de su casa. Salió a recibir al visitante. No se puso el abrigo. Tampoco el sombrero. Sabía que la visita sería breve.

-Buenos Días Alexey Abramovich- Quien esto dijo, era un hombre subido a un sublime y bien pertrechado caballo, él mismo llevaba una amplia y abrigosa casaca marrón, como sus pantalones, rematados por unas botas de montar con espuelas de plata labrada, abrigaba su cabeza con un sombrero de piel marrón y una bufanda que casi le cubría el rostro. Trataba de mantener al caballo quieto sin demasiado éxito, aferrándose a las bridas y las silla cada vez que el animal se movía en su inquietud.

-Buenos Días Vgeny Anatolich Barilov- Contestó Alexey Abramovich, sin moverse de su porche, el otro frenó como pudo al caballo, que amenazaba con salir al galope- Mal día para salir a cabalgar…

-Mal día, ya no se distinguen las casas…- Comentó Barilov, Alexey Abramovich asintió en silencio.

-En algún momento parará de nevar..- Anotó, Barilov frenó al caballo de nuevo, que quiso por un instante alzarse sobre sus patas traseras.

-En algún momento, Alexey Abramovich, en algún momento…- Dijo Barilov, Alexey Abramovich sonrió y se pasó la mano por el cabello, rizado y bien cortado.

-Que tengas un buen día, Vgeny Anatolich Barilov- Deseó, Barilov se llevó la mano enguantada al sombero.

-Lo mismo te digo Alexey Abramovich Zhelezov- Y sin más, dio rienda suelta al caballo, y se alejó, perdiéndose entre la niebla.

-Aliosha…todo bien?- Preguntó la voz de Irina Davidovna desde el interior de la casa.

-Sí, Iroshka..todo bien

El pequeño espejo sobrevivió la Revolución, las purgas, los movimientos de masas, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la Perestroika, la Caida del Telón de Acero y todas las mudanzas de la familia Zhelezov, en cuyo salón de su casa de Moscú aún cuelga hoy.

 

 

Dedicada a la Familia Zhelezov. Por Todo.

Dietrich

Rita Berger tenía mejores cosas que hacer que visitar a su cuñada. Hedwig se había roto un hombro tratando de recoger el ramo de novia de la hija de su prima Mónika, cosa que nadie había acabado de entender muy bien, ya que Hedwig hacía poco que había celebrado las bodas de plata con Horst y no tenían problema alguno en el matrimonio que hiciese auspiciar una separación. Hedwig había explicado que si se había decidido a dar el salto había sido porque se había fijado en la elaborada lazada de raso rojo que adornaba el ramo, y pensó que esa era la lazada que quería tener para envolver la maceta en la que tenía la flor de Pascua que le había regalado su ahijada hacía dos años. El rojo de la lazada era igual al de las hojas. Le habían tenido que poner un clavo, en algún lugar, Rita no sabía dónde. Ni tampoco le importaba, en realidad. Ella tenía muchas cosas que hacer, pero había prometido pasarse, y era lo primero que iba a hacer aquella mañana, después haría un par de compras, se acercaría hasta correos, y volvería a casa justo a tiempo para preparar la comida. Hizo camino por detrás de la escuela, y fue allí, donde se encontró con la especie de montaña hecha con muebles, aperos, ropa y restos indescifrables de lo que habían conformado las pertenencias de los habitantes de una casa que iban a renovar. Alguien había amontonado las cosas sobre la acera para que pudieran ser recogidas por el Servicio de PuntoLimpio, y colocado un cartel con letras rojas, en el que se podía leer „Si te gusta algo, llévatelo 😉 „. Rita iba a pasar de largo, cuando la vio. Era una caja de madera, un perfecto cubo, de madera oscura y brillante, colocada sobre lo que en algún momento había sido un aparador. Se acercó para mirarla con más detenimiento, y la cogió entre las manos, no tenía ni un rasguño y la madera parecía buena, al moverla, algo hizo ruido en su interior, intentó abrirla, pero descubrió entonces la presencia de una minúscula cerradura. Por un instante dudó si llevársela o no, nadie trabajaba en la casa como para preguntar, y el cartel lo decía muy claro, así que la metió en una de las bolsas que llevaba consigo, y continuó camino hacia la casa de Hedwig.

-Tengo tanta hambre que me comería esta puerta cruda, así, sin salsa ni nada, qué hay hoy?…anda…esto es nuevo, qué es?- Henning, el marido de Rita, cogió la caja de madera de la encimera de la cocina, y la sacudió levemente, causando que algo rebotase en el interior- Es un juego?

-No Henning, es una caja de madera muy bonita, déjala ahí… la encontré en un Punto Limpio..

-Hay algo dentro

-Ya lo sé, pero no se puede abrir

-Eso se arregla en un momento…

-Eh!, que te conozco y acabas rompiéndola, ya pensaré algo…toma, lleva esta fuente a la mesa…

Poco después se les unió Volker, su hijo mayor, que si bien ya se había independizado, iba a comer siempre a casa de sus padres, entre otras razones, porque si bien lo había intentado, cocinase lo que cocinase, nunca resultaba comestible.

-Heike quiere ir al concierto de Andrea Berg…- Rita y Henning dejaron el bocado que querían llevarse a la boca, a medio camino entre el plato y sus bocas ya abiertas, y le miraron en silencio, luego se miraron entre si, Henning se encogió de hombros y se llevó el bocado a la boca, Rita levantó las cejas e iba a decir algo, pero optó por seguir el ejemplo de su marido. Volker, concentrado en cortar el bistek panado en salsa de champiñones, se llevó un bocado grande a la boca y perdió por un momento la mirada en la vista de los ventanales del comedor.- Si aún fuera Cro o alguno de estos…pero la Berg…- Explicó, casi como si se lo hiciese a si mismo, Rita carraspeó.

-Y es por aquí cerca?

-No qué va….es allá abajo en algún lugar, tendríamos que quedarnos en un hotel incluso…yo no lo tengo muy claro…

-Ya..- Apuntó Henning, Rita le conminó con la mirada, Volker, todavía observando el paisaje dibujó un gesto de escepticismo en su rostro, y suspiró como lo haría aquel que da por perdida una batalla que ni siquiera ha comenzado.

-Hablando de Heike…una pregunta, su padre era cerrajero verdad?- Preguntó Rita, Volker regresó de su viaje por el paisaje y parpadeó varias veces, luego asintió con la cabeza para después beber un trago largo de agua.- Tú crees que aún conservará sus Dietrichs?- Ahora fueron el padre y el hijo quienes la miraron sin entender lo que quería decir.

-Y para qué necesitas tú un Dietrich?-Se atrevió Volker

-Para abrir mi caja…

-Qué caja?

-La que encontré hoy por la mañana…

-Pero eso se arregla en un momento…- Propuso Volker, su padre le dio la razón con un gesto, Rita hizo un gesto de negación feaciente con las manos.

-Nada de eso, es una caja preciosa y no quiero que se rompa…puedes preguntarle a Heike?

-Por preguntar…- Concedió Volker, al tiempo que se servía otro bistek y más puré de patatas.

 

– Dónde está la caja?

-Donde te dije que la dejaría

-Nop..

-Yo la dejé allí a las diez en punto, tal como acordamos.

-Yo pasé a las diez y diez, y no había nada, sólo escombros y cosas, pero ninguna caja…

-Diez y diez?

-Me cogió un atasco…

-Pues vuelve y mira bien, a veces la gente mueve las cosas…Ok?

-Ok“

-Heike..

-Dime Tesoro…

-Tu padre conserva aún sus Dietrichs?

-Y para qué necesitas tu tal cosa?

-No..es que…

-Es ilegal ir abriendo casas así como así…

-Ya..es que..

-Ya nada…no me imagino visitándote en la carcel de Stammheim la verdad…

-Stammheim?…pero qué..?

-Además está lejísimos y ya sabes que yo no conduzco por la autopista, y por las nacionales llegaría a sabe Dios qué hora y ya no te podría ver porque ya no sería el tiempo de visitas y supongo que encima no me pagarían la gasolina….si aún te metiesen en Mannheim…

-Pero..tú que historia te estás montando?…Por qué iban a meterme a la carcel..a mí…yo…

-No, si encima te haces el tonto…Tesoro…yo no estoy hecha para ser la novia de un convicto…

-Heike…de qué diablos en vinagre estás hablando?

-Porque estas cosas traen cola y me acaban por enchironar a mi, y me pillan despistada en el interrogatorio y les confieso que fui yo quien robó el pintalabios carmín entonces en el CentroComercial, y no Magrit, y que yo me fui de rositas y su padre aún no le habla hoy….ni ella a mí, pero eso es otra cosa, Magrit ya sabes como es, muy suya…

-Heike…

-Dime, Tesoro…

-Pero tú me vas a prestar el Dietrich, si o no?

 

-Ni rastro de la caja,ni de las cosas del Punto Limpio…me acerqué hasta la central, pero tampoco está..

-Tenemos un problema..

-Grande..

-Grande no, lo siguiente…

-Entonces?

-Conozco a alguien en el Centro de Reciclaje Municipal, me muevo un poco y te digo, ok?

-Y qué decimos?

-Nada

-Nada?

-Nix

-Por mi ok…

-Me muevo y te digo…chao

-Chao…“

Rita Berger por un instante se vio a si misma como un cirujano a punto de dar comienzo una complicada operación, asiendo como estaba en su mano derecha aquella especie de bisturí, tratando de hacerse una idea de cómo tenía que introducirlo en la mínima cerradura de la caja, ahora situada frente a ella sobre la mesa del comedor. Volker y Henning, junto a ella, observaban la caja con una mezcla de curiosidad y escepticismo, pero no a partes iguales. Rita, suspiró hondo e introdujo la parte más fina del Dietrich en la cerradura, haciéndolo girar con suavidad hasta que,con un chasquido, ésta se abrió. Rita volvió a suspirar aliviada, y se volvió hacia su marido y su hijo, como aquel que supera la más difícil de las pruebas. Y por fin levantó la tapa.

-Llaves?

-Sí, tres…

-Qué desilusión…

-Por?

-Hombre…si aún fueran diamantes o algo…

-Son llaves de consigna de la estación- Rita y Henning miraron a Volker sorprendidos.

-Y tú cómo lo sabes?- Quiso saber su madre.

-Tienen una forma especial y un número…13, 23, 33..

-Nosotros siguiendo a ese agente del FBI en Netflix…y tenemos uno en casa..- Bromeó Henning, Volker le miró descreído negando con la cabeza.

-Pues habrá que ir a devolverlas…

-A mí no me miréis, que ando muy liado y la estación no me coge de camino…-Avisó Volker, Henning se unió a él con un gesto, Rita cogió las tres llaves y las observó un instante.

-Pues yo con el cuento de ir a junto de Hedwig tengo el día partido…- Suspiró. Los tres se miraron y cada uno a su manera asintió con la cabeza, dando por buena una decisión sin necesidad de votación.- Basti?

Basti Berger estaba recostado en uno de los sofás del salón, deslizando sus dedos sobre la pantalla de su móvil y moviendo la cabeza levemente al ritmo de lo que quisiera que oía a través de los voluminosos auriculares con luz de neon azul, ajeno a lo que estaba pasando a escasos metros. Tras llamarle infructuosamente varias veces, Rita se acercó y le quitó los auriculares.

-Va a acabar sordo..

-Qué pasa?- Basti la miró sin entender qué estaba pasando, pero sin soltar su móvil. Rita le mostró las tres llaves sobre la palma de su mano.

-Mañana después de clase, vas a la estación y las devuelves en Información…

-Yo?…No son mías..

-Ni mías tampoco, Basti, ni idea de de quién pueden ser, por eso las devuelves en Información diciendo que las encontraste tiradas por ahí..

-Por dónde?

-Por cualquier sitio…no creo que te pregunten más…- Bastí se encogió de hombros, y se guardó las llaves en el bolsillo, para después volver a colocarse los auriculares, Rita negó con la cabeza como dándolo por imposible y se alejó hacia la cocina.

Basti Berger estaba loco por Regina Hosenfelder. Pero nadie lo sabía. Ni tan siquiera él mismo. La sola presencia de Regina le hacía sentir de pronto una inaudita y, para él,desconocida felicidad en tales cantidades fuera del agua, medio en el que su metro noventa se desplazaba a gran velocidad, sin dificultades y en el que se sentía mejor que fuera de él. De ahí que fuera uno de los mejores del equipo de natación de su Instituto. Regina Hosenfelder no nadaba. Ella estaba en el equipo de Hockey-Hierba. Pero a los dos se les daba bien la Química. Por eso el profesor había decidido que ambos preparasen una presentación sobre „Los hongos y la ventilación en el hogar. Pros y Contras“. Habían decidido quedar siempre los miércoles por la tarde, único día que les venía bien a ambos, para preparar el tema en una de las salas de la Biblioteca Pública. Desde entonces, para Basti Berger la semana sólo tenía un día.

-Basti, hoy podríamos ir juntos a comprar el lápiz de memoria…y los rotuladores, por mucho que lo hagamos con el beamer, quedamos mejor si además hacemos la cartulina explicativa y además es divertido…qué te parece?- Regina se lo explicó moviendo mucho las manos y sin perder su eterna sonrisa, aquella por la que él lograba levantarse todos los días a las seis de la mañana.

-Claro..sin problema! Genial..- Acertó a pronunciar él, articulando lo que le pareció un mueca que quería ser una sonrisa, ella dio un saltito de felicidad y luego ambos se dirigieron al aula de Inglés.

Y así hicieron. Cuando acabaron las clases, cogieron el tranvía hacia el centro y se dirigieron al CentroComercial a hacer sus compras. Fue a la hora de pagar, cuando Basti quiso sacar su cartera del bolsillo, que una de las llaves cayó al suelo y él se acordó de lo que debería hacer con ellas.

-A la estación?…La Policía está más cerca, las entregamos en Objetos Perdidos y listo..además estos ya están en el McDonalds y nos esperan- Explicó Regina mientras metía todo lo que habían comprado en su mochila, Basti asintió dándole la razón, como no podía ser de otra forma, ahora que ya hablaba de ellos en plural.

El agente Matić observó las tres llaves sobre el mostrador, y les dio la vuelta varias veces.

-Y decís que las encontrásteis tiradas…

-Sí esta mañana…justo al bajar del tranvía…se le debieron de caer a alguien..- Explicó Basti, tratando de sonar convincente, Regina asintió sin plantearse otra opción, al igual que el agente Matić, quien cogió un impreso de una de las gavetas y lo situó ante ellos.

-Vuestros datos son voluntarios, sólo necesitamos que pongáis aquí el lugar dónde las encontrásteis, y la hora aproximada, una firmita aquí y ya está..- Explicó señalando con el bolígrafo los recuadros correspondientes. Basti optó por no dar sus datos, sólo precisó el lugar donde al parecer las había encontrado, y la hora. Firmó con rúbrica.- Pues muy bien, chicos, ya estaría…

-Muchas Gracias

-A vosotros- Y la pareja abandonó la comisaría, Matić les observó alejarse, ella le cogió del brazo a él antes de bajar las escaleras, y él, tras abrir la puerta, la dejó salir primero. Matić sonrió, y se acordó de cuando cortejaba a su Sadia, aquella inaudita y, para él, desconocida felicidad en tales cantidades fuera de un campo de futbol, sacó su móvil y miró por un momento su fondo de pantalla. Suspiró hondo, acarició el cristal con suavidad, y meneando la cabeza se dirigió con las llaves a Objetos Perdidos.

El agente Tinaz escuchó la explicación de Matić, y buscó una caja de caudales, situada en una de las estanterías que tapizaban las paredes de su oficina, en el centro de la cual se encontraba su mesa, sobre la cual la situó. Tras buscar la llave adecuada en un cajón, la abrió. Dentro de la caja de caudales había almacenadas centenares de llaves, de todos los tipos, colores, formas y tamaños, nuevas, viejas, de colores, sueltas o en manojos. Tinaz buscó una arandela metálica con una chapa de plático azul, y colgó las tres llaves de ella, para luego añadirlas a las ya almacenadas y volver a colocar la caja de caudales en su sitio de la estantería.

 

-Me voy con mi mujer a Brasil…tú qué haces?

-Si tú me estás diciendo que te vas a Brasil, entonces es que el destino es Australia, con lo cual te diré que el mío es Sudáfrica para que pienses que es Noruega…

-Cuídate..

-Lo mismo…“

 

 

*Dietrich: Especie de ganzúa que es utilizada por los cerrajeros.

*Andrea Berg:https://www.youtube.com/watch?v=i3Xc53oYWic