Si te vuelvo a ver.

A Ofelia Reymúndez le gustaban las cigüeñas. Las observaba planear contra el cielo azul, y luego posarse grácilmente sobre lo que habían sido las eras, a rebuscar en la maleza materiales con los que construir sus nidos. Ofelia caminaba despacio, atenta a dónde ponía los pies sobre la nueva acera que bordeaba la Nacional. Hasta hacia poco había que caminar por el borde raso, para llegar hasta la parada del autobús, ahora protegida por una marquesina con dos asientos metálicos debajo. Ella aún se acordaba cuando el autobús hacía su ruta, y si alguien se quería subir le hacía una señal al conductor con la mano para que se detuviese. Daba igual dónde. Una tercera cigüeña se posó en las eras del fondo. Las que habían sido de su familia. Las del fondo. De trigo, maiz y remolacha. Las más fértiles y más grandes. Además de las tierras, habían tenido rebaños de ovejas, una buena yegüada y colmenares de miel. Densa y dulce. La mejor. Y de un día para otro se habían quedado sin nada. Sus tierras colindaban con las de los Baldomeros, a los que llamaban así porque era el nombre que recibían todos los varones de la familia, y que poseían el mayor número de tierras y cabezas de ganado de la zona. Nada se hacía sin ellos. Para lo bueno y para lo malo. Mientras había vivido el BaldomeroViejo, las relaciones entre los vecinos habían sido buenas, pero cuando éste murió, el BaldomeroChico había hecho uso de su amistades y, de la noche a la mañana, con artimañas caciquiles, se había hecho con las tierras de los Reymúndez. Dio igual que su padre acudiera a la autoridad, que tratara de salvar al menos la casa. Pero fue inútil. Tuvo que malvender las yegüas y las ovejas, ya que nadie quería vérselas con los Baldomeros. Tuvieron que dejar la casona en la que habían nacido generaciones de Reymúndez, y buscar otra, más pequeña, a dos pueblos de distancia. Lo único que había podido salvar su padre, había sido una camioneta, y con ella comenzó a buscarse la vida como transportista, para traer algo de pan a casa. Su madre, desde el momento en que la situación había comenzado a complicarse, había tenido que guardar cama, aquejada de una especie de agotamiento envuelto en tristeza, que, en menos de un año, le costó la vida. Su hermano mayor, Román, que estaba estudiando comercio en la capital, había tenido que dejarlo y ponerse a trabajar, primero de dependiente en una papelería, después de conductor de tranvías, para por último aceptar la invitación de su tío Leopoldo, y emigrar a Canadá. Su otro hermano, Paulo, que se había quedado con el padre para continuar con la labor, hubo de empezar a trabajar primero de jornalero al mejor postor y después ayudando a su padre con los transportes, cuando a éste comenzaron a fallarle las fuerzas. Después se asoció con otro que también tenía una camioneta, y fundaron una empresa de mudanzas. Ella, la más pequeña,con sólo dieciséis años, había cuidado a su madre hasta su muerte, y después se había tenido que poner a servir. Había servido en distintas casas, en varios pueblos, hasta que llegó a la casa de Doña Mercedes Esplugas, la mejor modista de la provincia. Doña Mercedes había notado enseguida su interés por la costura, y le permitió ser aprendiz de costurera. Allí había conocido a su marido, Tomás, un viajante de hilos. Con el tiempo, aquella aprendiz, se especializó en vestidos de novia. Durante décadas, había hecho los vestidos a todas las novias que se quisieran preciar como tal en la provincia. Ofelia Novias. Después su hijo había recogido el testigo. A ver porqué siendo hombre no puedo hacer trajes de novia, vamos a ver. Y ella no había tenido nada en contra. Ahora lo llevaban todo entre él y su nieto. Ella, en casos especiales, remata algún velo. Su nieto la quería convencer para dar “Clases Maestras”, las llamó. Pero ella, a sus ochenta y seis años no estaba ni para clases ni para maestras. Ella se contentaba con caminar cada mañana desde su casa hasta la marquesina, y tomar el autobús hasta el pueblo para hacer cualquier recado, nunca había podido parar quieta, y no iba a empezar ahora. Se sentó en uno de los asientos metálicos, y se arregló un poco el pelo, blanco y bien marcado, ya que el viento se lo había revuelto un poco, recorrió con su mirada azabache y despierta el horizonte de tierras baldías ante si, y suspiró.

Se percató de su presencia porque su asiento vibró cuando la otra se sentó en el contiguo. La miró un instante, era lo que Doña Mercedes habría dado en llamar “Un árbol de Navidad”. Llevaba el pelo teñido de rubio en una permanente ungida en laca y la cara pintada como una puerta, el conjunto dos piezas de pantalón y chaqueta que vestía eran verde agua con flores en beig, adornaba el escote con varias cadenas de oro, el mismo que lucía en cada uno de sus dedos y en las pulseras que tintineaban en sus muñecas al tratar de acomodar el bolso en el regazo, los zapatos, de tacón, iban a juego con las flores del estampado.

-Pues al final no ha llovido- Comentó la recién llegada, arreglándose las cadenas de oro con las puntas de los dedos, púlcramente manicurados en rojo. Ofelia, que había vuelto a perder su mirada en el horizonte de tierras baldías, se encogió de hombros como respuesta, la otra alzó levemente sus cejas, un tímido hilo rosado maquillado sobre sus párpados en azul, el mismo color de sus ojos, perlados de arrugas, que el arreglo ya impedía cubrir.- Yo he venido a arreglar todo eso…las tierras…sabe?….para qué quiero yo esa mierda ahora?…..pero hoy no he podido hacer nada, vuelvo al pueblo y me quedo en el hotelito que hay y mañana será otro día…- Ofelia miró hacia el fondo de la carretera por la que se acercaba un coche, el primero desde que ella se había sentado.

-Ya- Contestó, sin mostrar demasiado interés en trabar conversación.

-Mañana me viene a buscar mi hija, y ya ella me lleva de vuelta después de los trámites….hoy no podía…si no no tomaba el autobús, hace años que no me siento en uno..fíjese…

-Ya..

-Me voy a deshacer de todo…..nunca me interesó lo más mínimo, y ahora menos…yo el campo por la tele…..porque otra cosa…usted vive aquí?- Ofelia, que contemplaba de nuevo el vuelo de las cigüeñas sobre las eras del fondo no pudo contestarle, porque justo en ese momento llegó el autobús. “El árbol de Navidad” se sentó justo detrás del conductor. Ofelia en el último asiento.

A la mañana siguiente, Ofelia Reymúndez se levantó temprano, como todas las mañanas de su vida, y, después de desayunar, bajó al sótano de su casa. Lo que iba a buscar estaba en un arcón de madera al fondo, lo abrió y sacó de dentro una escopeta de caza. Si a algo le había enseñado su padre era a cazar. Era una experta cazadora, con todos los permisos en regla, aunque hacía ya mucho tiempo que no salía de montería. Abrió el arma y la cargó con dos cartuchos. Después buscó en una de las estanterías una bolsa de deporte grande, que había pertenecido a uno de sus hijos, y metió la escopeta en ella.

Luego, con la bolsa en la mano, caminó despacio, atenta a dónde ponía los pies sobre la nueva acera que bordeaba la Nacional, hasta llegar a cerca de la marquesina del autobús. “El árbol de Navidad” ya había ocupado su asiento. Ofelia abrió la bolsa de deporte y sacó la escopeta. Con paso seguro, se acercó a la marquesina, se situó frente a su única ocupante y antes de que ésta pudiese siquiera reaccionar, le descerrajó un tiro en el pecho que la mató en el acto. Ofelia recogió el cartucho y se lo metió en el bolsillo. Sin brindarle ni una mirada, metió la escopeta dentro de la bolsa de deporte ,y, con ella en la mano, regresó a su casa. Ya allí, bajó a sótano, guardó la escopeta en el arcón y devolvió la bolsa de deporte a la estantería. Cuando regresó al piso superior, coincidió en el recibidor con Tomás, su marido, que regresaba de pasear al perro.

-Ah! Tú aquí?…No vas hoy al pueblo?- Preguntó Tomás mientras colgaba la cadena del perro del mueble ropero, Ofelia entró en la cocina y se dispuso a preparar café.

-No, me decidí por otra cosa.

El lunes 22 de mayo de 1950, Ofelia acompañó a su padre y a sus hermanos al ayuntamiento del pueblo. Ese día, el BaldomeroChico iba a ultimar los trámites de la expropiación forzosa de las tierras de los Reymúndez, más un paripé que otra cosa, ya que éstos ya las habían tenido que abandonar hacía meses y los Baldomeros las trabajaban ya como suyas. BaldomeroChico iba acompañado de su hija, Adoración, una chica de recién cumplidos dieciocho años, enfundada en un vestido de piqué azul, alzada en unos zapatos de tacón del mismo color y con el pelo rubio pulcramente peinado en un “ArribaEspaña” engalanado con una ebilla de plata y azabache. El padre de Ofelia, aún se acercó al BaldomeroChico a rogarle que recapacitase sobre lo que había hecho, pero éste se desentendió de él de malos modos, amenazándole con llamar a la autoridad si seguía molestándole, el padre entonces, a sabiendas de que lo haría, quiso abandonar el ayuntamiento, pero Ofelia no. Ofelia se encaró a Adoración.

-No tenéis ni una gota de sangre en el corazón!- Le espetó, alzando la voz en el recibidor del Ayuntamiento, su hermano Roman la agarró de un brazo, pero ella se soltó.- Secos por dentro, estáis! Secos!- Adoración la miró entonces de arriba a abajo, alzando con desdén una de sus perfiladas cejas y sonrió irónica.

-A palabras necias, oídos sordos….niña, cómo se nota que no tienes escuela…- Deslizó clavando el ella su ladina mirada azul. Ofelia, entonces, no supo más de si, e intentó saltarle encima, pero Román alcanzó a sujetarla, mientras ella se revolvía y gritaba que la soltase, ella quería agarrarla por el “ArribaEspaña” y destrozárselo a tirones mientras le arañaba la cara, eso era lo que ella quería, pero Román fue más fuerte que ella y logró imperdirselo. Adoración, ya del brazo de su padre, quien se secaba el sudor con un pañuelo, sin saber muy bien qué hacer, se reía de la escena y animó a su padre a abandonar el edificio. Pero antes, hubo de volverse al último llamado de Ofelia, todavía sujeta por su hermano.

-Adoración de Baldomero, si te vuelvo a ver…te mato.

Y eso, exactamente, es lo que había hecho.

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77 accionó el Ojo. Normalmente lo que se disponía a hacer, tendría que hacerlo 93. Pero a 93 le habían encargado otra cosa, y esto le había tocado ahora a él. No le importaba. No tenía otra cosa mejor en que ocuparse. 314 había sido enviado allá abajo hacía tres días, y ya había hecho llegar su informe preliminar. 77 se dispuso a escucharlo.

Puedo ver. Lo que sea que alimenta este lugar no me afecta. No estoy solo, hay otros seres. Se trasladan a través de dos membranas largas móviles. Poseen otras dos membranas más cortas. No son todos iguales. Se cubren con trozos de materiales de colores. Articulan sonidos, que hacen salir de su interior sin esfuerzo, a través de una abertura en la parte inferior de una protuberancia, cubierta por un material inhóspito. No todos los seres tienen este material inhóspito sobre la protuberancia. El material inhóspito es de diferentes colores. En el medio de la protuberancia estos seres tienen dos ranuras y otra protuberancia más pequeña con otras dos ranuras más pequeñas que las superiores. Con las superiores parecen dirigir los movimientos de las membranas mayores y menores. Las ranuras son móviles. En su interior se encuentran unas bolas. Estas bolas son también de colores. No todos los seres tiene el mismo color de bola. Son unos seres con apego al color. He observado a dos de estos seres en sus acciones. Adjunto observación:

Elemento 1- El elemento sujeta con sus membranas superiores un artefacto metálico con acabado cónico. El artefacto está punteado con botones que sobresalen. El elemento se lleva la parte más delgada del artefacto metálico a la abertura situada en la parte inferior de su protuberancia, y parece insuflarle algo desde su interior, que provoca que el artefacto produzca un ruido indescifrable. El ruido parece tener tonos, unos más altos que otros, que el elemento domina a través de los botones anexos al artefacto. Mientras esto ocurre, su protuberancia ha aumentado de volumen en sus extremos, y éstos han adoptado otro color al que originalmente tenían. El elemento mantiene cerradas sus ranuras móviles. Otros elementos cesan en su avance y se detienen ante él, prestando atención al ruido del artefacto. Cuando el ruido cesa, los elementos golpean sus membranas superiores unas contra otras, provocando también un ruido. Lo he categorizado como modo de comunicación a través de ruidos.

Elemento 2- El elemento mantiene la parte inferior de su protuberancia en constante movimiento en vertical. Su abertura inferior está cerrada. En un momento, el elemento cesa el movimiento y de la abertura inferior de la protuberancia sale una burbuja de un color indefinible y parece tener una fina textura. El elemento insufla algo desde su interior al interior de la burbuja, y ésta se hace cada vez más grande, hasta que, debido a su textura, explota. Esta explosión no afecta al elemento, que vuelve a introducir los restos de la burbuja en el interior de la abertura y retoma el movimiento en vertical de la parte inferior de su protuberancia. Lo he categorizado como un mecanismo de autodefensa.

Los elementos son especiales y tranquilos en sus actos. Si bien recogeré pruebas, no he encontrado nada salientable que pueda llamar nuestra atención o provocar nuestro interés en captar la suya. Solicito regreso inmediato

77 desactivó el Ojo. Después accionó la opción que permitiría regresar a 314.

Decidió esperarle. No tenía otra cosa mejor que hacer.

Subinspector Duarte Naveira. “Nordés”(Tercera Parte y Final)

Campo Abierto

Duarte miró a su alrededor. Habían acordonado la zona desde El Obelisco hasta El Parrote, y cerrado el acceso a la Plaza de María Pita. Los testigos habían sido llevados al Ayuntamiento, para que explicasen su versión de los hechos. Varios habían tenido que ser atendidos por ataques de ansiedad, el hombre que había estado junto al que había recibido el disparo, entre ellos. En el tumulto, muchos niños habían salido corriendo en todas direcciones, la histeria colectiva se había hecho dueña de La Marina, y, cuando llegó el primer operativo, se había encontrado con un caos de curiosos, gente fuera de si, padres buscando a sus hijos, testigos empapados en sangre y gritos, muchos gritos. El herido había sido evacuado en helicóptero, que había aterrizado en la explanada, alborotando aún más la situación, entre polvo y aspas.

Ahora todo estaba en una tensa calma. La zona había sido tomada por la gente de Duarte y la de la Guardia Civil, que se movían por la vasta escena, tratando de entender qué había podido pasar.

-Se llama Horacio Penela López, trabaja en Inditex en el departamento jurídico, estaba aquí con su mujer y sus dos hijos…a ella también se la han llevado con una crisis de ansiedad, todos los críos están en el Ayuntamiento con Paz, Regueira y los otros, esperando que pasen a buscarlos..- Explicó Jon, uniéndose a él en la observación del recinto.

-Se sabe algo ya?

-Lo están operando…todavía nada..- En eso se acercó Gutiérrez con Mariola, portando una bolsa de pruebas, con un proyectil en su interior.

-Artesanía fina- Anotó Mariola, cogiendo el proyectil a través de la bolsa con las manos enguantadas, Jon y Duarte la miraron sin entender.

-Está hecho a mano, especial para la ocasión…

-Cómo hecho a mano?- Quiso saber Duarte.

-La persona que lo haya hecho es un profesional, no fue a la compra..por así decirlo, se lo hicieron a medida, sabremos más cuando lo analicemos- Continuó Gutiérrez.

-Pero una cosa os digo, es la primera vez que veo un proyectil así en toda mi carrera- Confesó Mariola, mientras lo observaba con detenimiento.

-Lo mismo digo..- Se unió Gutiérrez, en eso se le acercó otro Guardia Civil.

-Según Cepeda, a narices tuvo que ser desde La Dársena…desde los barcos- Explicó, todos se giraron entonces hacia La Dársena, ahora flanqueada por una pequeña multitud de policías y Guardias Civiles que mantenían a los curiosos detrás del cerco establecido.

-Pero eso esta a tomar….- Comenzó Jon, haciendo visera con la mano.

-Largo alcance, mira telescópica…esto es grande- Le cortó Mariola.

Sin más dilación, se acercaron hasta los barcos atracados, por los que ya operaba la policía científica. Uno de los agentes les llamó desde el CarracedoII.

-Tiene que ser este, coincide la la trayectoria y la altura…- Aclaró. Fue entonces cuando el patrón del CarracedoII se abrió paso hasta el grupo. No parecía muy contento con la espectación que estaba causando su barco.

-Pero qué lle dou a todo Dios co meu barco..vamos a ver…

-Cómo „Todo Dios“…non ve que estamos mirando a ver desde onde dispararon…- Explicó Naveira.

-Xo sei…pero é que antes un chinés loiro estivo tamén aquí facendo afotos..ahí enriba subido..e para mais inri o cabrón fixome unha a minhe- El grupo le miró en silencio, tratando de analizar lo que acababa de decir.

-Cómo dis?- reaccionó Naveira, acercándose más a él.

-Un chino rubio?- Preguntó Jon buscando confirmación a su alrededor, el patrón asintió.

-Sí…un chinés loiro..ahí enriba na ponte..longo como un biorto..a ver qué tiña que fotografiar él ahí..- Duarte se mesó el pelo y cerró los ojos un momento.

-Podería usté describilo a un dos nosos colegas?- Preguntó Gutiérrez, el patrón se encogió de hombros.

-Home..tanto como „describir“….era chinés e loiro…pero sí, por min..

Esa tarde, Jon y Duarte se acercaron hasta el CHUAC para interrogar a Horacio Penela, que ya había sido operado, y estaba fuera de peligro.

-El proyectil le entró por el hombro y le salió por el homóplato, destrozando todo a su paso…una herida de guerra, tal cual..parece ser que juega al Padel…pues ya se puede ir olvidando..- Les explicó el cirujano que había operado a Penela, antes de dejarles entra a hablar con él- Está muy sedado, pero consciente, no creo que os sea de mucha ayuda…- Anotó invitándoles a pasar al habitáculo de cuidados intensivos.

Penela estaba rodeado de varias máquinas que emitían pitidos disonantes, la parte izquierda de su torso estaba oculta bajo un voluminoso vendaje, del que salían tubos, vías y drenajes. El pelo trigueño, algo largo, le caía por el rostro, adormilado y algo confundido. Al notar la presencia de Naveira y Jon, trató de fijar la vista en ellos, sin conseguirlo.

-Hola Horacio…antes de nada, sentimos mucho lo que te ha pasado, yo soy Duarte Naveira, Subinspector de Policía, él es mi colega Jon Lerchundi…querríamos hacerte un par de preguntas..

-Literalmente, sólo dos, no estás tú para mucho rollo- Anotó Jon. Horacio les miró guiñando los ojos y asintió con la cabeza, parpadeando lento, una de las máquinas emitió entonces un pitido agudo, que se ahogó al instante.

-La primera es…tienes algún enemigo? Algún asunto pendiente que pudiera haber llevado a alguien a un acto tan extremo?- Preguntó Duarte, Horacio levantó las cejas y luego las frunció, tratando de buscar algo en su nublada cabeza.

-Hombre…yo..- Comenzó, luego carraspeó y volvió a guiñar los ojos- El otro día…yo, sin querer, pasé por error por el destructor de documentos un …un informe de mi compañero Soengas…pero de ahí a pegarme un tiro…no sé..- Explicó lentamente, sin poder ocultar su escepticismo. Jon no pudo evitar sonreír, Duarte optó por suspirar y adoptaruna sonrisa doplomáticamente correcta.

-Ya…

-Era un informe larguísimo…pero no sé…

-Y la segunda pregunta es…por tu trabajo, puedes haber tenido contacto con algo potencialmente peligroso o sospechoso?- Preguntó Jon, otra de las máquinas emitió un ronroneo y dos pitidos, Horacio suspiró, alzó las cejas y parpadeó lento.

-Mi trabajo…tiene que ver con moda y paises.., yo sé mucho de moda y paises..

-Moda y paises- Repitió Duarte.#

-Sí…es indispensable..- Casi susurró Horacio.

-Indispensable..- Pareció confirmar Jon, y miró a Duarte negando con la cabeza. Horacio Penela se había quedado dormido.

* * * *

Boutureira accionó el mando del Beamer y el fondo azul desapareció de la pantalla que ocupaba una de las paredes de la sala de reuniones donde se habían reunido todos aquellos, que, desde hacía unas horas se ocupaban del caso. Se habían sentado alrededor de la mesa y observaban espectantes la pantalla, en la que Boutureira y su gente se disponían a mostrar la información que habían podido recabar del peinado de cámaras de vigilancia. La primera imagen fue la de una Marina soleada y con gran afluencia de visitantes, muy concurrido también, el parque infantil, al fondo.

-Nada especial, gente que viene y va, un autobús, varios taxis… lo anodino…hasta que pasa…vamos allá..- Explicó Boutureira, en la pantalla se sucedieron entonces las imágenes, desde distintas perspectivas, del ataque. Horacio Penela cae abatido y todo se complica. Boutureira pasa las imágenes del momento varias veces a petición de los colegas.

-Espera…- Indica Naveira incorporándose de su asiento y acercándose unos pasos a la pantalla- Dale para atrás…a justo el balazo..- Bourureira hace lo que le ordena- Aquí…esta chica rubia…en cuanto pasa sale corriendo con el chaval…- Y señaló a una chica que en esa toma se disponía a cruzar a la carrera la explanada con un niño de la mano.

-Bueno…y?- Preguntó el Inspector Regueira sin encontrar relación.

-El resto se da cuenta y se queda clavado…ella es la primera que sale pitando, después la imitan otros…pero ella …

-Estaba justo al lado, con el chaval…se llevó un susto del copón y salió corriendo asustada…no veo más…

-Estaba justo delante de Penela…y se agachó…- Observó Naveira y haciéndole un gesto a Boutureira, le indicó que volviese a repetir la escena, lo que éste hizo- Véis?…Ella se agacha..él cae…

-Quieres decir que el objetivo no era Penela..-Comentó Jon.

-Hay mucha gente…el objetivo puede ser cualquiera, la chica corre en shock, claramente….y el atacante falló el tiro…no veo más…

-Esa gente no falla tiros…- Dejó caer Mariola desde su posición al fondo de la sala en penumbra, todos se volvieron hacia ella.

-Qué gente?- Quiso saber alguien.

-Quien lo hizo es un profesional, a tenor de la munición y la distancia….

-Os pongo la descripción del patrón..- Medió Boutureira, y en la pantalla apareció el retrato-robot de un individuo de claros rasgos asiáticos, ojos azules y pelo corto rubio.

-Un chino rubio?- Y varios de los asistentes no pudieron evitar reir.

-Suele darse en regiones fronterizas entre China, Mongolia y diferentes antiguas repúblicas soviéticas….también nos dijo que era muy alto..- Explicó Gutiérrez, Boutureira volvió a dar la luz.

-Un hombre así no pasa desapercibido, mandad la foto a patrullas, municipales y cercanía….Corcubión, tú te encargas de hoteles, moteles y pensiones…- Ordenó Regueira.

-Y la chica?- Quiso saber Naveira, Regueira le miró y se encogió de hombros.

-Podemos buscarla como testigo…pero no creo que nos pueda decir nada…- Naveira hubo de darle la razón.- el resto tampoco aportó demasiado..

-Sigue cerrada La Marina?

-Hasta nuevo aviso…

Mi nombre es Amanda Svegård

-Amanda…- Macu la llamó en susurro, y le acarició la cabeza. Estaba sentada en el borde de la cama en la que Amanda se había tenido que acostar la víspera, tras el desmayo. Le había subido la fiebre, y había sido incapaz de pronunciar una palabra.- Amanda cielo…- Volvió a susurrar Macu, apartándole con cuidado el cabello del rostro. Amanda entreabrió los ojos y emitió un gemido, después le cogió la mano.

-Lois?- Preguntó tratando de incorporarse, Macu la volvió a acostar.

-Lois está bien, no te preocupes, tengo que preguntarte algo…- Amanda la miró en silencio- Ya salió en las noticias, y en la radio..creo que es mejor que vayamos a hablar con la policía…- Explicó con calma, a Amanda se le llenaron los ojos de lágrimas, pero esta vez no hizo nada para retenerlas al tiempo que su rostro se contraía en profunda pena.

-Lo siento tanto, Macu..lo siento tanto..- Logró articular, Macu la ayudó a incorporarse y la abrazó, uniéndose a ella en el llanto.

-Ahora estamos juntas en esto…- Sonrió entre lágrimas- Siempre quise usar esta frase..mira tú por dónde- Amanda se retiró las lágrimas con las palmas de las manos y trató de sonreír a medias, sin abandonar su abrazo- Me lo quieres contar a mí antes?- Preguntó Macu acariciándole la cabeza, Amanda suspiró y asintió contra su hombro, al tiempo que cerraba los ojos.

Cándido Seoane había traido una revista de crucigramas para matar el tiempo. La guardia del domingo se presentaba sin demasiados problemas. A lo mejor a la tarde-noche, se complicaba un poco, pero no tenía pinta. „Ser mitológico. Nueve letras. Horizontal“. Acababa en O. Elfo tenía cuatro. Estaba tratando de imaginarse ese „ser“, cuando el timbre de telefonillo de guardia le asustó. Pulsó respuesta, y en la pantalla pudo ver a una chica, que le miraba fíjamente a través del visor con la expresión del que no está muy convencido de que la máquina funcione.

-Buenas Tardes, en qué puedo ayudarla?- Preguntó Seoane.

-Buenas Tardes, verá usted, nosotros venimos a explicar algo en relación con lo que pasó en La Marina..

-Ya, mire, si fue usted testigo, le recomiendo venir mañana que ya vienen más y están los colegas que se encargan…

-Sí, somos testigos…quiero decir, sabemos la verdad de lo que pasó..

-Ya entiendo, pero es que yo ahora mismo no le puedo servir de ayuda, porque los testigos van a venir mañana y..- Entonces, otra chica apartó a la primera y acercó su rostro a la cámara.

-Ese tiro, iba dirigido a mi.

Mi nombre es Amanda Svegård. Hace tres semanas sufrí un asalto en mi casa en Inglaterra y A Coruña me pareció el único sitio seguro al que huir….pero al parecer me equivoqué, y lo siento tanto…..no sé por dónde empezar…Mi marido se llama Eric Svegård, y es un „hombre de negocios“ no puedo definirlo de otra forma…él se ocupa de muchas cosas, con las que yo no tengo nada que ver…en realidad él era amigo y socio de mi hermano Miles…él murió hace seis años de cancer…creo que la gente nos llama „millonarios anónimos“…o algo así…y sí..tenemos mucho dinero…pero eso no viene a cuento…lo siento, estoy muy nerviosa y estoy perdiendo el hilo…qué?…no, no necesito intérprete, la mujer que me cuidó de niña era española, Esperanza, y después ya llegó Lu…así que soy biligüe…Lu?…es..era..creo..mi guardaespaldas…qué?…Nosotros tenemos un equipo de ellos, Eric tiene tres y yo a Lu y a Tadic…luego están los del recinto..porque..yo..voy a empezar desde el principio…Nosotros vivimos en una casa en el campo, cerca de Coventry, y es inaccesible…con mucha seguridad….mi marido y yo queríamos tener familia, y como él viaja mucho no era posible…así que decidió reformar una parte del caserón para instalar allí un „centro de operaciones“…como él lo llamó….yo creo que los asaltantes usaron esa obra para colarse…sino…no me lo explico…en fin…ellos tenían explosivos y armas…y me dieron una paliza…Lu..me ayudó a saltar por una ventana…Lu…lo siento…qué?…sí…yo busqué a Macu en Facebook…supongo que ese fue mi error…pero cómo iba a saberlo?…yo….Macu?…la conocí hace muchos años en un campamento de hípica, llegué aquí casi de improviso y desde entonces he estado en su casa…cada vez que lo pienso….lo siento tanto…cómo dice?…Eric?…No sé donde puede estar, sé cómo podría localizarlo…pero tengo miedo…y ahora más…no sé quién puede estar siguiendo la pista…nisiquiera sé si está vivo…yo les puedo dar los datos…y ustedes los usan de forma segura….y me dicen…qué?….no gracias,no necesito un médico…. lloro de nervios y miedo, tengo mucho miedo…por Macu y Lois…dónde están?…el niño tiene que cenar….oh Dios ya sueno como Esperanza….Manda, céntrate…pueden ustedes ayudarme…por favor?“

-Qué tenemos?

-A un francotirador suelto por la ciudad y a su objetivo, ahora es cuestión de neutralizarle a él y mantenera a ella a salvo…

-Si peinamos para encontrarlo, provocaremos una „Caza al Hombre“ y no sabemos a dónde puede llevar…

-Lo principal es mantenerla a ella y a su amiga seguras, él ya la tiene localizada, sólo buscará la ocasión…y esta vez no fallará.

-Hay que actuar rápido y por debajo de la mesa- El equipo de urgencia, llamado a encontrar un pronta solución al problema que enfrentaban, dirigió en bloque la mirada hacia el Inspector Regueira, quien a su vez recorrió los rostros de cada uno de ellos- Está claro que hay que mantener escoltadas a las dos mujeres…y al niño, no hay que olvidarle a él, ya que la cuerda tiende a romperse por su parte más débil. Pero los permisos para el operativo pueden durar su tiempo, así como el quién cuándo y dónde…lo que propongo es montar un operativo ya ; según mi experiencia es más fácil pedir disculpas después, que recibir hostias de todas partes por no haberlo hecho a tiempo.

-Y qué propones?- Quiso saber Naveira

-Tenemos que tenderle una trampa, no es tonto, claramente, se dará cuenta de que lo es, pero es la única manera de que salga a la luz…mientras pensamos qué trampa y dónde, Corcubión y Mariola estarán en la casa de las mujeres, a turnos de veinticuatro horas con otros dos colegas de la Civil…que tendrán que participar…y de eso, ya me encargo yo…propongo de cuatro a seis agentes de paisano controlando la zona y dar aspecto de normalidad absoluta…

-El niño tiene que ir al colegio..- Anotó Mariola, Duarte levantó la mano.

-De eso me puedo ocupar yo, acompañaré a su madre a llevarle y a traerle de vuelta…con colegas de paisano a una distancia prudencial…

-Él tiene ya su objetivo, no va a jugárselo otra vez- Comentó Mariola, Naveira hubo de darle la razón.

-Ya…pero no queremos sorpresas- Anotó Naveira, en eso entró un colega portando lo que parecía un burofax, que le entregó a Regueira.

-La Interpol informa- Ironizó éste poniéndose las gafas- La chica no miente…efectivamente hubo un asalto, pero no salió en prensa….diez muertos y un herido grave…les hemos enviado el retrato-robot y ya tenemos nombre : V.

-V.? Nada más?- Casi rio Jon, el resto se miraron igualmente extrañados, Regueira alzó las cejas.

-Luego os paso una fotocopia de su curriculum…. después, no vais a querer saber su nombre.

Cuando la reunión llegó a su fin, Regueira esperó a que el resto del equipo abandonase la sala, y llamó aparte a Naveira.

-Tú dirás…- Regueira se quitó las gafas y se apoyó contra la mesa.

-De todo el tinglado te vas a ocupar tú…a mí déjame los pasillos, despachos, ruedas de prensa, dijes y Diegos, ya no estoy para estos trotes- Explicó sonriendo a través de su poblada barba, Duarte asintió y le devolvió la sonrisa.

-Gracias, pero un cable me lo echarás…

-Eso por supuesto, y dos también, pero yo me muevo mejor por la retaguardia…tú haz, si te preguntan quién te dio permiso les dices que yo y en palabrería no hay quien me gane…bueno sí..mi mujer…- Y ambos rieron, para abandonar después juntos la sala.

Café para llevar

Tal como había sido planeado, Duarte recogía a Macu y a Lois a las 8:30 de la mañana y les acompañaba a pie hasta el colegio. Se barajó la idea de hacerlo en coche, pero eso alteraría el orden de las cosas y las complicaría, ya que siempre lo habían hecho a pie y eso conllevaría más logística móvil.

Tras dejar a Lois en el colegio, volvían por la calle Rubine y, durante el tiempo que duró esa parte del plan, se acostumbraron a coger un café para llevar en una de las cafeterías de la zona. Macu, desde el primer día, cogió a Duarte del brazo, asegurándole que era la única manera de caminar con piernas de plástina, y él no tuvo nada en contra. Duarte descubrió que hacía demasiado tiempo que no tenía una conversación fluida y sobre cosas anodinas con alguien del sexo contrario, quizás lo había evitado, o no se había dado la ocasión. Macu hablaba mucho, al principio Duarte pensó que por lo nervios, pero con el tiempo llegó a la conclusión de que ella era así, un torrente de informaciones, necesarias o innecesarias, que, llegado un punto, él había encontrado verdadero interés en recabar.

-De verdad que Amanda me ayudó mucho con Lois, porque yo no tengo tiempo para nada…para nada, porque claro, la gente tiene ideas, ya sabes, peregrinas, totalmente, para organizar las bodas, se las dicen a mi jefa y yo tengo que encargarme, no sabes?….velitas para adornar un campo de manzanos, y quién pone las velitas?…servidora, porque más gente cuesta…y no me da la vida…ni a Betanzos puedo ir, mira cómo te digo, ni a Betanzos, con lo que me gustaba a mí ir a la feria…

-Betanzos?- Acertó a preguntar Duarte, ella tomó un trago de su café y asintió.

-Tan cerca y tan lejos, Betanzos…pues yo creo que hace años que no voy..

-Pues yo tampoco, ahora que lo dices…no lo había pensado..

-No sales mucho tampoco?- Él se encogió de hombros.

-Hombre…salir, lo que se dice salir…pues no, ultimamente no…

-Pues formemos un club..

-Hecho…hablando de clubs, Amanda nos dijo que os habíais conocido en un campamento de hípica, todavía la practicas?- Macu tomó un sorbo del café y le miró por encima del vaso para llevar.

-Qué va…, mi tía apuntó a mi prima Noemí y como no quería ir sola, pues me apuntaron a mí también,como ves yo soy siempre la que pringo…no por nada, pero es así, no sé porqué…pero no me quejo..en el fondo soy muy servicial..pero vamos.. yo de caballos lo mínimo…- Duarte rio y tomó él también un sorbo del suyo.

-Como yo el tenis…

-También te apuntaron?

-Como iba mi hermana, pues también tenía que ir yo, pero aún hoy no doy una…

-Hombre, yo si me subo a un caballo sé llevarlo..ahora, no me pidas más…

-Es que yo ni controlaba de dónde me venía la bola…- Macu se tapó la boca para no escupir el café con la risa, avanzaron todavía un trecho en silencio, cogidos del brazo. Cuando alcanzaron el final de la calle, Duarte se paró y la miró muy serio.

-Otra cosa..

-Dime

-Tú…no serás lesbiana*..- Macu arqueó una ceja.

-Y tú no serás un hijo de mamá…

Y con eso, quedó todo aclarado entre ellos.

No Signal

-Está viva.

-Dónde?

-Han estado haciendo preguntas…

-Dónde?!

-En A Coruña, en el norte de España…

-Estaré ahí en veinticuatro horas..

-No te muevas, todavía no es seguro…aún no le tienen..

-Veinticuatro horas

-Lo arreglaré..

-No esperaba otra cosa..

1+1=2

-Era esto o ponerme a gritar por el patio de luces….

-Yo ya estaba en estado de excepción….

-Tal para cual…

-Te diré…

-No estaremos rompiendo ningún sumario…

-Qué?

-Quiero decir….no nos estamos metiendo en ningún lío…

-Liados estamos…

-Bastante…

-Ya no hay qué hacerle…

-Tienes los ojos con motas miel…

-Es que en el fondo soy muy dulce…

-No me digas…

-Te digo…

-Déjame ver…

Un plan sencillo…

El sábado elegido amaneció nublado. Duarte consultó la previsión: treinta por ciento de posibilidad de lluvia. Viento racheado. Habían decidido llevar a cabo el plan a las doce de la mañana, durante una de las actuaciones del Festival de Músicas del Mundo, que se celebraba en la ciudad, y cuyo palco había sido colocado en la ensenada de la playa de Riazor, justo enfrente de lo que había sido el edificio del Playa Club y que ahora albergaba un restaurante.

La organización les había asegurado que en las ediciones anteriores, la mayor afluencia de público se había dado por la tarde, y a ellos no les interesaba que hubiese demasiada gente. A primera hora, Naveira se reunió con Gutiérrez y su gente. Irían de paisano y tomarían posiciones en el edificio del restaurante y la duna de la playa, confundiéndose con los asistentes. El operativo policial, haría lo propio en el paseo y aledaños del palco. Macu y Amanda, a las que se les suministraría un chaleco antibalas, estarían en todo momento acompañadas de Duarte y al menos otros cuatro agentes, dos hombres y dos mujeres, tambien en civil. Repartidos por la multitud, habría varios cebos, de apariencia semejante a la de Amanda. Jon y Mariola mantendrían posiciones en las inmediaciones del semáforo. Corcubión, y al menos dos hombres más de Gutiérrez controlarían el acceso desde el colegio „Las Esclavas“. Según sus previsiones habría más policía y Guardia Civil de paisano, que civiles asistentes.

-Dónde está Lois?- Preguntó Macu, mientras Duarte le colocaba el chaleco antibalas, estaba tan nerviosa que le temblaba la voz, Duarte escondió por un instante el rostro de ella entre sus manos la hizo fijar su mirada en la de él.

-Está con tu madre, en su casa, y dos compañeros…todo va a salir bien..repite conmigo..- Macu asintió con la cabeza y juntó sus manos con las de él.

-Todo va a salir bien- Repitió aún no muy convencida. Luego se puso una sudadera dos tallas más grande.

Amanda se unió a ellos, a ella le habían dado un forro polar de cuello alto y una gorra de visera que escondía parte de su rostro.

-Me tiemblan las piernas..-Confesó, tratando de respirar hondo, Macu la abrazó.

-Todo va a salir bien-Le susurró al oído, y Amanda asintió apretándola un instante contra si.

Corcubión llegó entonces, acompañado de uno de los hombres de Gutiérrez.

-Lo de que no iba a haber ni Dios..era coña, no?- Preguntó, Duare le miró sin entender a qué se refería- Ni que fuera la final de Copa….claro, como no llueve…

-En todo caso que bajen cincuenta más…

-Ya está hecho..entre unos y otros seremos cien…

-Y cuándo salen los de las flautas?-Preguntó Macu entonces.

Habían decidido que las dos mujeres hicieran acto de presencia durante la actuación de un grupo folclórico, famoso por sus interpretaciones con flautas, así evitarían que al público asistente se le diese por bailar desordenadamente, y hacer más difícil la situación.

Macu y Amanda recorrieron el trecho entre su casa y el edificio del restaurante cogidas del brazo y rodeadas por Naveira y otros seis agentes en civil, que enseguida se volvieron invisibles en la lengua de gente que avanzaba en la misma dirección.

La afluencia de público superó todas las espectativas, el palco,situado en la ensenada, estaba ya rodeado de una multitud que se extendía por el arenal, sobre la duna y el paseo inferior , y el superior, desde donde no pocos iban a contemplar el espectáculo asomados al cierre de piedra. A eso se unían los numerosos vendedores ambulantes de globos, que pululaban entre la multitud, dificultando con su voluminosa mercancía una visión global de la zona por parte del operativo. Las dos mujeres se situaron en los laterales del edificio del restaurante, en la parte baja del paseo, justo a medio camino entre el palco y el semáforo, rodeadas por los seis agentes invisibles y Naveira.

Pero no comenzaron las flautas.

Al palco salió un nutrido grupo de hombres y mujeres ataviados como cosacos, portando varipintos instrumentos, y que tras lanzar varios gritos de saludo a A Coruña en gallego, y meterse con ello al público en el bolsillo, se arrancaron a tocar polkas.

Y dónde están las putas flautas?“Escuchó Duarte decir a Corcubión en el dispositivo que él llevaba en el oído, sabiendose observado alzó los ojos, le buscó en la multitud y se encogió de hombros.

Llega más gente desde Rubine

Necesitamos al menos tres más en la duna

Mantened posiciones

Que alguien neutralice los globos

Negativo

Demasiados globos. Repito. Demasiados globos

V. había hecho su buena obra del día. Les había pagado a dos vendedores de globos cien euros a cada uno por los dos atillos. Uno con Mickies Mouse y el otro con caballitos y unicornios. Lo suficientemente voluminosos como para tapar su larga estatura. Además les había dado más dinero para que dijesen a sus colegas que se mezclasen entre la multitud. No había voluntad que no se pudiera comprar con un buen fajo de billetes. Aquello era una trampa y él estaba en un península. Pero él tenía una misión y tenía que terminarla.

Esperó a que el paseo y la ensenada estuviesen tan llenos de gente, que fuese casi imposible desplazarse.

Por un momento dudó. Habían dispuesto varias Amandas en la multitud. Pero él localizó enseguida a la verdadera. Él nunca perdía de vista su objetivo.

Hay que desahogar. Repito. Desahogar hacia atrás

O.K

De dónde salen tantos globos?. No tengo campo.

En la ensenada se quiere formar un Pogo. Neutralizar

Que alguien se ocupe de los niños en la duna. Repito. Los niños en la duna

O.K

La multitud se movía y bailaba como un solo hombre, en alegre algarabía al ritmo de las polkas. Mariola le vio entre los globos, sacudidos por un golpe de viento. Sin perderle, se movió de su posición lentamente, entre empujones de la apretada aglomeración. V. también la localizó a ella, pero no se movió, le mantuvo la mirada, el viento nordés, por un instante, apartó los globos que portaba. Le regaló una enigmática sonrisa. Después, soltó su leve carga, sin separar un ápice sus ojos de los de ella. Antes de que Mariola pudiese siquiera coger aire para dar aviso, V. sacó del interior de su chaqueta un rifle recortado,y, dirigiendo los cañones al aire, apretó el gatillo. Dos veces.

Y cundió el pánico.

Todos abajo! Todos abajo!

No disparéis! No disparéis!

Cortad el tráfico, joder! Alguien al tráfico!

CagoenSanRos!

Jon se vio arrollado por un muro de gente que optó por huir en desbandada hacia atrás. Duarte y dos de los agentes, agarraron a Macu y Amanda y emprendieron la carrera hacia „Las Esclavas“, chocando contra todos aquellos que, presa de la histéria colectiva, huían hacia algún lugar.

V. volvió a cargar su recortada y lanzar disparos al aire para fomentar el caos, en el que él mismo se movía rápido, como en su propia burbuja de aire, abriéndose camino en cada zancada, tras Amanda y aquellos que, protegiéndola, corrían con ella. En un momento, la multitud, por algún motivo, se bifurcó, y él apuntó hacia donde su misión huía. No llegó a apretar el gatillo. Un tiro le alcanzó la nuca.

Mariola Alcalde tampoco perdía nunca de vista su objetivo.

Muchos miraron hacia el cielo. Inundado ahora de globos.

La calma

Eric Svegård había llegado a la ciudad en un avión privado y reservado, para él y su comitiva, toda una planta del Hotel Finisterre, al que llegó en una caravana de cuatro monovolúmenes de alta gama con las lunas tintadas. Después de reunirse por fin con Amanda, lo había hecho con todos aquellos que habían tenido participación en el operativo para agradecerles lo que habían hecho por ellos. Aquella tarde había mandado aviso de que deseaba reunirse con Naveira, y enviado a recogerle un coche con chofer. A Naveira, Svegård le recordó a Julio Cesar, como se le solía representar en los bustos de los museos, de considerable altura, tenía el pelo rizo muy corto, de un rubio casi blanco,que cubría su perfecto cráneo y unas facciones muy marcadas, en las que se enrocaban sus grandes ojos verdes que no perdían detalle de lo que ocurría a su alrededor, aún en vaqueros y sueter no dejaba de ser elegante en su porte.

-Amanda se ha echado un rato- Explicó en perfecto castellano , silvando las eses y suavizando las erres, al tiempo que le indicaba uno de los sillones.

-Demasiadas emociones- Anotó Duarte sentándose frente a él, Svegård asintió con la cabeza, de algún lugar surgió un hombre con un traje azul con una mesita rodante con café, y distintos tipos de tartas y pasteles, con el mismo sijilo que había aparecido, volvió a desaparecer.

-También puedo ofrecerle un refresco o una cerveza si lo prefiere- Ofreció Svegård indicándole que se sirviera lo que gustase, Duarte sonrió a modo de agradecimiento y se sivió un café solo, Svegard cruzó una de sus largas piernas sobre la otra y juntó las llemas de los dedos.- No he podido todavía agradecerle personalmente todo lo que ha hecho por nosotros, y por Amanda en particular.

-Es mi trabajo, Sr. Svegård , ayudar a los demás – Y tomó un trago del café, Svegard sonrió y miró fugazmente hacia la ventana.- Hay algo que querría preguntarle- Svegård le animó a continuar con un leve gesto de cabeza- Por qué tanto ensañamiento? Quién puede odiarle tanto como para querer matar a Amanda?- Svegård paseó su mirada por algún lugar en la lejanía tras los cristales y regresó a él.

-En el mundo de los negocios,Sr. Naveira, no se hacen muchos amigos pero sí demasiados enemigos. Este en particular, gracias a ustedes, ya no podrá hacer más daño, de hecho, le he propuesto a Mariola Alcalde formar parte de mi equipo, en sustitución de Lu, pero no ha querido…es buena señal que su gente no quiera dejarle. – Dijo haciendo un gesto desvaido con las manos, Duarte sonrió levemente y levantó las cejas como respuesta.- Usted y su gente han puesto en peligro sus vidas por salvar la de la persona que más quiero Sr. Naveira, y eso no se puede pasar por alto.. No sé como podría recompensarles

-Amanda…la Sra. Svegård se encuentra bien, y ese era el objetivo, esa es nuestra recompensa- Svegård se acarició la mandíbula y le estudió brevemente con sus cristalinos ojos verdes.

-Me gusta usted Sr. Naveira- Duarte acertó a articular una media sonrisa, sin saber muy bien qué contestar, Svegård se incorporó en su asiento y se sirvió también un café solo- Me tranquiliza saber que todavía hay gente como usted en el mundo- Removió despacio el oscuro y humeante café,y lo alzó a modo de brindis sosteniéndolo delicadamente por el asa- Pero siempre le deberé el favor, le ruego no dude en cobrarselo cuando lo precise- Duarte le imitó en el gesto y ambos tomaron un trago a la vez.

* * * *

Macu y Duarte acompañaron a los Svegård al aeropuerto, el día que abandonaron la ciudad. Amanda se fundió en un estrecho abrazo con Macu, y ambas se dijeron algo al oido, que Duarte y Svagard , no pudieron oir. Ambos hombres se miraron y Svegård levantó las cejas, Duarte asintió y le imitó en el gesto. En el momento en que las mujeres se separaron, Svegård se volvió hacia Duarte y le abrazó también brevemente, ofreciéndole la mano, que apretó con firmeza. Duarte sonrió un tanto tímido, mientras Macu se borró lo que a él le parecieron lágrimas de los ojos, que ella disfrazó con una sonrisa.

-Todo listo Sres. Svegård- Anunció la voz del piloto a sus espaldas, Amanda buscó la mano de Svegård, que entrelazó sus dedos con los de ella.

-Espero que esta despedida no sea para siempre, vamos a dejarlo en un „hasta luego“- Apuntó Svegård, Amanda le miró y sonrió, como Macu no la había visto hacer hasta ese momento, y luego apoyó brevemente su cabeza en el brazo de él. Aún de la mano se alejaron hacia la escalerilla de acceso al jet y desaparecieron en su interior, tras lo cual la portezuela se cerró automáticamente tras ellos.

Macu y Duarte observaron como, a los pocos minutos, la nave se ponía en movimento y, con elegante lentitud, avanzaba hacia las pistas. Duarte siempre se había imaginado los aviones privados más pequeños, y admiró las aeródinámicas líneas de este con las que el sol, aún entre las nubes, comenzaba a jugar.

-Definitivamente, este puede ser el principio de una bonita amistad- La voz de Macu le sacó de sus pensamientos, se borraba las lágrimas otra vez y trataba de controlar su nariz con el embés de su mano, Duarte le ofreció un kleenex,y ella se lo aceptó con una leve sonrisa.-

-No te preocupes, a nosotros siempre nos quedará París- Dijo él mientras miraba a lo lejos cómo el jet cogía el impulso para despegar, Macu sonrió tras el kleenex, y el jet se perdió en las nubes con rápida precisión.

-O Betanzos- Apuntó ella.

-O Betanzos- Corroboró él, luego le pasó el brazo por el hombro y ella él por la cintura, y sin prisa, volvieron a la terminal.

 

 

* El comentario de Naveira hace referencia a algo que sucede en su primer caso „Tengo una muñeca“. No conlleva connotación negativa alguna para con el Colectivo LGBT, al que profeso un profundo respeto. Muchas Gracias.

 

Subinspector Duarte Naveira. “Nordés”(Segunda Parte)

Procesionaria

Jon la localiza a las once, cuando ella sale de casa. Lleva una bolsa de tela. Gafas oscuras. Sube la calle, cruza y se mete por la peatonal. Él lo hace un coche después. Ella entra en una panadería, él hace que mira un escaparate de un negocio de telas. Dos metros, tres euros. Ella compra una barra y lo que parecen dos croissants. Sigue por la peatonal. Se pasa por una papelería. El País, Diez Minutos, dos piruletas. Jon cuenta los pares de zapatillas de deporte falsas que un „mantero“ africano coloca con toda parsimonia sobre una sábana. Veinte. Ella tuerce a la izquierda y enfila hacia la mercería. La tercera vez aquella semana. La anterior habían sido sólo dos. Siempre seguía el mismo esquema, ella entraba en la mercería, le pedía a la dependienta dos bragas Norma, talla S, de color rosa, que la dependienta tenía que coger de una caja que estaba en la estantería del suelo al techo de detrás del mostrador. La caja estaba en el estante más alto. La dependienta no ponía pegas. Él sólo había entrado dos veces, aprovechando dos ocasiones de una mayor afluencia de público, y su presencia pasó desapercibida.

Ella pagaba y después se iba, doblaba otra vez hacia la peatonal y se encaminaba a su casa, de la que no salía hasta el día siguiente a la misma hora.

Habían recibido la orden de seguirla, y le había tocado a él. No les habían explicado porqué. Al parecer su ex-novio andaba metido en jaleos en Sevilla, y querían saber si ella tenía algo que ver. Pero ella sólo compraba bragas. Casi todos los días. Norma, S, de color rosa.

-Pero vamos a ver…Mariola..tú, cuántas bragas tienes?- Mariola miró a Jon y levantó las cejas, sonrió levemente e hizo como que hacía memoria.

-Oscila…unas veinte, o así..

-Veinte?

-Sí, veinte…pero oscila, ya te digo..

-„Oscila“ dice…- Mariola le regaló una franca sonrisa, Jon suspiró y ordenó las fotos de la mujer, la dependienta y la mercería que tenía delante de él.

-Le pregunté a Lara y me contestó lo mismo „depende“…ella calculó veinticinco…y yo me tengo que conformar con diez tristes calzones, oye…- El resto del equipo, sentado alrededor de la mesa estalló en carcajadas.

-En serio…diez tristes calzones…

-Lo que está claro es que tiene que ver con las bragas…- Anotó Mariola, Jon asintió.

-Sí…hasta ahí llegué yo, pero qué..venta clandestina? Al por menor…con las vecinas..?- Supuso Jon.

-En Ebay, a lo mejor las vende en Ebay…- Apuntó Boutureira, al tiempo que tecleaba algo en su portatil, todos le miraron sin ocultar su extrañeza, Boutureira asintió con la cabeza varias veces- En serio, a lo mejor no se fabrican en todas partes igual…pasa con las tetinas de los biberones de cero a tres meses-Levantó la vista y descubrió a los otros mirándole a su vez, en silencio, sin creerse del todo lo que él acababa de decir- En serio, mi sobrino sólo quería beber de las que se fabricaban en Corea…

-Pues mira ahí dónde fabrican las bragas Norma, a lo mejor son „virales“ y no lo sabemos- Concluyó Corcubión.

-Y siempre le atiende la misma dependienta?- Quiso saber Duarte

-Sí, es una mercería grande, hay tres dependientas, pero hasta ahora sólo la atendió una de ellas…

-La próxima vez voy yo contigo, a ver si también me las vende a mí- Comentó Mariola, Jon la miró con interés.

-Qué quieres decir?

-Si siempre le atiende la misma persona y compra el mismo producto…algo no cuadra..

-Mañana, sin ir más lejos…

-No vayáis juntos… a lo mejor ya está sobre aviso- Comentó Duarte.

-Cómo se llama la mercería?- Se interesó Mariola.

-„Cuca“- Respondió Jon, todos le miraron a la vez e iban a decir algo, pero Jon levantó el dedo índice de su mano derecha, conteniendo a penas la risa.

-Coñas las justas, por favor.

Jon siguió a la mujer como de costumbre, y ésta volvió a repetir el mismo patrón. Esta vez, mientras ella entraba en la mercería, él entró en un bazar chino que se encontraba justo enfrente , desde donde podía observar lo que ocurría en el mostrador. Misma dependienta. Misma caja en lo alto de la estantería. Después de comprar lo que supuso eran las bragas, la mujer salió del establecimiento y volvió a la zona peatonal mientras fumaba un pitillo. Jon le dio media calle de ventaja, y la siguió. Se cruzó con Mariola, quien no le concedió ni un soslayo.

Mariola también se ayudó del bazar. La dependienta que siempre atendía a la mujer todavía estaba en el mostrador, las otras dos, seguramente, al fondo de la tienda.

Un grupo de chicas con sus madres entraron al rato en la mercería. Mariola, en el bazar, haciendo como que contrastaba dos llaveros de la Torre de Hércules que al parecer brillaban enla oscuridad, pudo observar que la chica del mostrador, ante la demanda de una de las clientas, se ausentaba hacia el almacén. Mariola, aprovechó la ocasión, y cruzó.

Cada vez que entraba un cliente, se activaba una campanita con la escala musical „doremifasol“. Mariola pensó que ella sería incapaz de trabajar si tuviera que escucharla todo el día una y otra vez. Se ajustó las gafas oscuras, se repasó el ya de por si tirante cabello negro sujeto en una cola de caballo, y se acercó al mostrador. Bingo. Otra de las dependientas se acercó solícita a ayudarle.

-Dime

-Yo quería unas bragas…

-De qué tipo?

-Norma, talla S, rosa…de las que están en la segunda caja por la izquierda, en el último estante- Precisó señalando la caja exacta con el dedo. La dependienta levantó mucho las cejas y alzó la vista hacia donde ella le indicaba.

-Ya, pero Norma también tenemos…

-No, gracias, a mí me dan especialmente gracia las que están ahí..- La chica asintió, y alcanzó una escalera a la que se subió para coger la caja.

-Cuántas quieres?

-Me vas a dar cuatro..

-Sólo rosa?..las tenemos monísimas en azul y en coral..

-Pues una de cada..

-Son comodísimas…vendemos muchas..

-Me consta.

Cuando Duarte llegó esa tarde al portal de su casa, pensó, por un instante, que había una reunión de vecinos y que a él, por alguna razón, se le había olvidado. Además de Indalecio, el portero, se encontraban una mujer bajita, y que parecía peruana, vestida con un uniforme rosa palo y mandil blanco de organdí, tratando de plegar un cochecito gemelar, una chica con cola de caballo, ataviada con una cazadora de forro polar y vaqueros, con un niño que no llegaba a los tres años de la mano y que le indicaba a la otra cómo tenía que hacer, y Gelo, éste con un bebé en brazos, tratando de mantener controlados a otros cinco chavales en uniforme de colegio, que se divertían saltando de escalón en escalón por la escalera del portal.

-Buenas..pasó algo?- Preguntó Duarte, sin saber a dónde atender. Gelo cambió de brazo al bebé, que parecía encantado de estar a tales alturas, y sujetó con suavidada uno de los niños que amenazaban con salir a la calle.

-Nada…circulen, circulen…y a patas, que tenemos copao el eleveitor..- Explicó optando por situarse en el umbral del portal para evitar más fugas. Los otros tres, ocupados en plegar el coche gemelar, le saludaron sin prestarle demasiada atención, y Duarte se dispuso a subir los cinco pisos a pie.

Después, Gelo le explicó que hacía un par de días había coincidido con la chica que se ocupaba de cuidar a los niños, siete, de la familia que había comprado los pisos de Xoxón*. La había ayudado en la labor de subir a los niños en el ascensor, y, desde entonces, aprovechaba cada ocasión para estar con ella.

-Una forma muy peculiar de ligar- Opinó Duarte, medio recostado en el sofá haciendo zapping con el mando de la tele, Gelo, junto a él, en la misma posición le miró de soslayo.

-Es que es como la película „300“…pero con chavales, neno, no los controlas…y la pobriña achantando con todo…buah..no me da el alma, neno..es muy riquiña..

-Cómo se llama?

-Susa

-De Jesusa..

-No, neno, de Susanita…como la del ratón, no sabes?

 

No Signal

-Sabían las claves de acceso, no dio tiempo a nada, entraron a tiros.

-Cómo está Amanda?

-…..

-Dónde está Amanda?!

-No lo sé, Eric, cuando yo llegué la policía había tomado el lugar…..han muerto todos, menos Tadic, que está en coma….

-Pudiste ver los cadáveres?

-Si…..pero ella no estaba entre ellos, sólo Lu,..pensé que era ella …pero era Lu….

-Estaré ahí en menos de veinticuatro horas…

-No te muevas, no es seguro…

-Encuéntrala.

-No me llames, yo te busco.

 

V.

El coche era azul y automático. Había dejado al navegador guiarle, sólo había hecho una pausa, no le gustaba perder el tiempo. La voz artificial del aparato le explicó qué desvío debía tomar, y se descubrió en la arteria de entrada a una ciudad. Se sentó mejor y agarró el volante con las dos manos enguantadas, al verse de pronto en uno de cuatro carriles, por los que circulaban cientos de otros coches que cambiaban de vial a toda velocidad, no siempre usando intermitente. Tras un cambio de rasante, la ciudad se abrió a él en la lejanía. Maldijo a W.. Aquello no era un „pequeño pueblo de pescadores“. Dejó la arteria en una de las salidas hacia algún lugar, y buscó un sitio donde aparcar el coche. Lo dejaría abandonado. Como de costumbre. Encontró una plaza en lo que parecía el aparcamiento de un edificio oficial, no supo identificar de qué. Si había algo que no soportaba eran los imprevistos. Y aquel era uno. Llegas, te ocupas y desapareces, le había dicho W. Un plan simple. En un pueblo de pescadores, quizás. Pero no allí. En un kiosko compró un mapa de la ciudad y lo abrió sobre un banco. Estaba en una península. En una ciudad grande. Todo menos sencillo. Sacó casi con rabia su móvil del bolsillo del pantalón. Esta vez, no claudicó al inglés.

-Es una puta península

-Y qué puedo hacer yo para cambiarlo?

-Dame los datos

-Todavía no los tengo

-No tengo todo el tiempo del mundo

-Macu Efe. Estamos descifrando.

-Foto?

-Positivo. Te la envío.

-Esto cambia las condiciones

-Ocúpate de ella. No del dinero.

-Eres un hijo de puta

-Lo sé, ella misma me lo dijo.

 

 

De flamencos y hombres

Lorenzo Carreira era muy guapo y encantador. Y eso era todo lo que se podía decir de él. Además era el padre de Lois, el hijo de Macu. Habían empezado la relación como adolescentes, y hacía cinco años había llegado Lois. Antes de que el niño cumpliera un año, la relación se había roto. Por desgaste, y la negativa de Macu a seguir tirando sola del carro de la vida de ambos, ya que Lorenzo, si algo no hacía, era trabajar, ya que vivía de las rentas de sus padres.

-Entonces mañana lo recoges de judo..

-Mañana?…pues no puedo..

-Por?

-Quedé con estos, para arreglar un asunto y va a coincidir…

-„Con estos un asunto“….y qué asunto, si puede saberse?

-Macu…

-Bueno, vale…pues no lo recoges, pero me das los veinte euros que te corresponden para la excursión..

-Veinte?

-Sí, Loren, veinte…fiftyfifty que dicen los ingleses, y no digas que no tienes porque te pongo un pleito…

-Me encanta cuando sacas las cosas de quicio…- Sentenció Lorenzo, dedicándole la mejor de sus sonrisas y un guiño, al tiempo que sacaba la cartera del bolsillo del pantalón. Macu optó por respirar hondo y arreglarse la melena.

Amanda, que asistía a la escena sentada en el sofá del salón, hojeando el periódico, sonrió, pero continuó en silencio. Desde que había llegado a casa de Macu, se había ofrecido voluntaria para hacerse cargo de Lois. Macu vivía bastante céntrica, por lo que había podido observar hasta ahora, en una de las calles que desembocaban en el estadio de fútbol de la ciudad, muy cerca de un colegio religioso, cuyo uniforme le recordó al que había tenído que llevar ella de niña en el suyo. Lois, sin embargo, no iba a ese colegio, él iba a uno llamado Eusebio Daguarda, en una plaza enorme, no muy lejos. Ella le recogía y le llevaba a las actividades que tenía por las tardes, mientras Macu estaba trabajando. Lorenzo siempre tenía cosas mucho más importantes que hacer, y la madre de Macu se había ido de excursión con el Inserso a Tenerife. A Coruña era más grande de lo que había pensado. Y pasaban cosas. Acababa de leer en el periódico, que la policía había desarticulado una red de tráfico de drogas que camuflaba la cocaína impregnándola en ropa interior femenina, que después distribuía a través de una mercería. No pudo sino maravillarse de las ideas a las que llegaba la gente para tales tratos.

-„Sacar las cosas de quicio“ dice, porque quiero la fiesta en paz…si no…- La voz de Macu apenas podía maquillar su ira, tras acompañar a Lorenzo a la puerta y volver al salón.

-Qué tiene que hacer?- Se interesó Amanda, dejando el periódico a un lado.Macu hizo girar los ojos.

-Nada, ese es el problema, Loren no hace nada…por eso me revienta los nervios, él se relaciona y pasea, nada más…

-Y de qué vive?

-De la madre que lo parió y del padre que lo hizo..- Sentenció Macu abandonando el salón al tiempo que soltaba un bufido, Amanda iba a comentarle algo, pero se quedó sin palabras al verla aparecer de nuevo con un brazado de cartulinas rosas con flamencos dibujados y dos bolsas con plumas verdes imitando marabú.

-Qué es eso?

-La deco de la próxima boda…

-Y tienen que ser flamencos?- Amanda cogió entre las manos un puñado de plumas , sin ocultar un gesto de escepticismo, Macu se sentó en el suelo y comenzó a recortar la figura de uno de los cartones con unas tijeras de tamaño considerable.

-Sí, al parecer se conocieron en un sitio donde había muchos y quieren que sea igual- Contestó mientras cortaba con precisión milimétrica el flamenco, Amanda se sentó junto a ella en la postura del sastre, y comenzó a pegar las plumas sobre el flamenco que ya estaba recortado, Macu la miró sorprendida.- No te preocupes, ya lo hago yo…

-Así acabas antes, flamencos…a quién se le ocurre?- Y pegó unas cuantas plumas, Macu se encogió de hombros.

-Demasiado dinero, por eso se les ocurre- Amanda pegó unas cuantas plumas más y le dedicó una mirada fugaz.

-Demasiada tontería, hay mejores cosas en que invertir „demasiado dinero“ Macu, créeme- Macu le dio la razón mientras pensaba en qué invertiría ella si tuviese dinero, meneó la cabeza rechazando la idea y volvió a centrarse en el flamenco.

-El aloe te está haciendo bien en la cara, pues sí que debió ser bueno el accidente…- Le comentó apartándole un mechón rubio del rostro, Amanda sonrió levemente.

-Siniestro total…- Mintió pegando con cuidado un par de plumas, Macu levantó las cejas.

-Y de verdad no quieres ir al médico…

-No, no hace falta…es eso purpurina?

-Sí hija mía, quieren también „brilli-brilli“…

-Pues lo hacemos en la bañera, porque si no acabamos las dos como bolas de discoteca…- Macu no pudo evitar soltar una carcajada, Amanda la imitó y lanzó al aire un puñado de plumas.

 

Nunca pasa nada

Cuatro brazos cargan más que dos. Y si además, dos de los brazos eran de Gelo, más que mejor. Duarte, aprovechando que tenía la tarde libre y que Gelo prácticamente se había mudado a su casa, decidió acercarse con él al supermecado que quedaba al lado para hacer una compra. En un principio querían hacerse con básicos, como leche y pan de sandwich, pero acabaron cada uno empujando un carro lleno.

-No pilles de esas, que tienen el aceite de palma de los cojones….

-Aceite de palma?…son galletas…

-Ya pero mira..ves?…por todas partes, nos envenenan neno, es lo que hay..

-Estas no tienen…y viene en pack-ahorro..

-Dalle…

-Vamos a pasar de largo de las patatas fritas….que la última vez nos cundieron de aquí hasta el portal…

-Ay yo me pillo las Bonilla….tú haz lo quieras…

-Una cosa…entonces esa gente cuántos son?…porque yo ya perdí la cuenta..

-Qué gente?

-„La que frecuentas“ que diría mi madre…- Gelo sonrió y metió dos bolsas de magdalenas a su carro.- Cuando hay sonrisitas….

-A ver cómo te explico, neno, „esa gente“ son ellos dos, la pareja, y luego la chavalada, que son siete…u ocho, como lo veas, porque viene otro al parecer-Duarte soltó un silbido y cogió un tarro de mermelada de fresa.- Si, neno, flipa…pueden montar ellos su propio cole…

-Y tú eres un „cooperador necesario“..

-No hagas coñas que sí, a ver cómo te explico…es que pavo, yo me jayo, neno, Susa es sola para los chavalitos y Hemérita…se llama Hemérita la pava, en fin, pues eso, que Hemérita es para la casa y cocinar, pero no dan, neno, no les da la vida…porque ellos ni un dedo eh?…cuidadito, no se vayan a herniar…

-Ya sólo lavadoras..supongo, no sé..a propósito, necesitamos suavizante…

-No lo compres con olor a maracuyá…que vas oler a combinado de puticlú, o eso dice mi vieja..- Duarte le miró con los ojos muy abiertos.

-„Combinado de puticlú“?

-A ver cómo te explico…mismamente, y planchan con almidón..que yo ni flores de que aún existía eso, y luego está el agua bendita por el cogote, no te partas el eje que es cierto, neno, que me muera aqui mismo de un parraque, que el domingo de librar nada, todos a rezar…bueno, todos, menda no…ellos van a darse golpes de pecho..ah claro, pero Susa y Hemérita tienen que ir para apancar con la chavalada y uniformadas, no te lo pierdas, que ellos ni un moco suenan eh?…y claro después se van al „vermú“, que ella es de los Madriles y allí hacen eso, no sabes?

-De „vermú“?

-Como lo oyes y te lo narro, neno, pero Susa y Hemérita no eh? Cuidadito, ellas apancan con la chavalada de vuelta pa casa…y a todo esto, Hemérita es evangélica, pero tiene que ir a darse golpes de pecho con ellos también a Santa Lucía…

-Hemérita? De dónde es?….paso de coger verdura, patatas si eso, tú qué dices?

-Patacolas? Te traigo yo un saco de un pavo de Coristanco…la pava es de Perú, y ya me dijo que ella apanca porque le están haciendo los papeles y porque manda dinero a dos chavalitos que tiene allá..que si no no la volvían a ver…

-Pero se los están haciendo, o dicen que se los hacen…porque esa es otra…Pimientos de Padrón, trae pa cá…

-Sí, en eso le tienen ley, que ya tuvo que ir a hacer rollos ella y tal…pero es que mira…son ellas dos, para el caso Indalecio y menda…y es un no parar…

-Te veo muy puesto en la materia…Donetes, qué sería de mi sin Donetes…

-Por lo que me conviene, neno, que a Susa yo ya le tengo ley, entiendes?

-Pero hay tomate?

-Orlando, si te parece…julay, le di un pico y flipé neno…que se caiga la Torre si miento joder…que morí..con un pico, neno, „tomate“ dice el pavo…

-Bueno, hombre, un pico en Flandes..- Y no pudo evitar reirse, al tiempo que le lanzaba un paquete de Donuts de chocolate, Gelo le miró haciendose el ofendido.

-Y tu madre qué tal mea?…no te partas el eje, que tú también achantas en dique seco..

-El desierto del Goby..

-Chamalle X…

 

Riesgo Calculado

El sábado amaneció con sol y un cielo sin una nube. Macu se había tenido que marchar temprano a una de sus bodas, y Amanda se había quedado a cargo de Lois. Desayunaron juntos Colacao con galletas María, combinación insuperable a su modo de ver y que ella ya había catalogado como manjar, que superaba con creces todo lo que había podido desayunar alguna vez antes. En vista del buen día, decidió salir con Lois de paseo, sin rumbo fijo, así continuaría descubriendo la ciudad y de paso aprovecharía para hacer una compra pequeña, si pasaran por delante de algún supermercado. Lois recibió la noticia dando saltos de alegría, como si llevara meses encerrado en una celda de incomunicación, Amanda no pudo sino reir, ya no le dolían los músculos de la cara al hacerlo y los moretones ya habían desaparecido, pero en algún momento tendría que visitar un dentista ya que estaba segura de haber perdido una muela. Otra cosa era su pelo, abundante, rubio y lacio, que siempre llevaba en un corte en capas y que, ahora caía en desigual melena hasta sus hombros, con una especie de flequillo, sonrió a su imagen en el espejo y se lo peinó lo mejor que pudo. También peinó a Lois, con agua de colonia y raya al lado, lo que le regaló un aspecto de lord inglés en miniatura.

Cogieron el autobús en la parada junto al Estadio de Riazor. Ella se sentó en un asiento de ventanilla y a Lois en su regazo, entreteniéndole en hacer que contase coches rojos, su color favorito. El autobus atravesó la Plaza de Pontevedra y continuó por la Calle San Andrés, zona que ya había recorrido en sus primeros días, al ir a recoger a Lois al colegio. Decidió continuar ruta un rato más, después volverían caminando y comerían en algún lugar, respiró hondo y besó a Lois en la cabeza. Al menos eso. Poder respirar hondo. Lois le regaló un sonoro beso y una sonrisa que la hizo reir.

Se bajaron del autobús a la altura del Teatro Colón, y, de la mano, tras cruzar hacia Los Cantones, se adentraron sin prisa en la Calle Real. Lois, fiel a su costumbre, se paró delante de todos los músicos callejeros que encontraron a su paso, y a todos quiso dejarles una moneda. Toda la ciudad parecía haber salido a la calle aquella mañana, aprovechando el primer día de sol en mucho tiempo, sólo enturbiado por el viento, aún frío, que se colaba traidor por las bocacalles. Una vez llegaron a la altura del Teatro Rosalía, Amanda se decidió por bajar hasta La Marina, antes, le compró a Lois un perrito de peluche que ladraba y saltaba dando una voltereta en el aire, a un chico negro que los vendía sobre una manta tendida en el suelo.

Avanzaban despacio por delante de las terrazas de La Marina, cuando Lois le señaló un parque de juegos infantiles al otro lado de la explanada, que no era tal, ya que, como pudo observar, pasaban coches. Aún preguntándose a quién se le habría ocurrido situar justo allí el parque de juegos, cruzó la supuesta explanada. Lois se soltó entonces de su mano y corrió a hacerse con un columpio que había quedado libre. El parque estaba muy visitado, y los niños corrían jugando de un lado a otro en alegre algarabía, salpicada de llantos e infantiles discusiones sobre quién subía primero a qué tobogán, todo bajo la más o menos atenta mirada de numerosos adultos, emparentados o no con los niños, y que se entretenían charlando en grupos, muchos acunando a bebés todavía en cochecito de capacho. Amanda empujó varias veces a Lois, que se cansó pronto del columpio, y quiso jugar con su perrito. Mientras él se entretenía en hacer ladrar y saltar al perrito, Amanda se fijó en el puerto colindante, y los barcos de pesca atracados, que ya había visto en postales, pensó que, después, podrían pasar por delante y verlos de cerca, se estaba preguntando dónde estaría ahora atracado su yate, cuando Lois llamó su atención.

-Mira Manda! Si tiro de aquí salta dos veces!- Exclamó maravillado, Amanda sonrió y se agachó para ver lo que era capaz de hacer el perrito.

Y entonces sucedió. Amanda escuchó lo que le pareció fuera el intento inutil de alguien de hacer explotar una bolsa plástica llena de agua, y el hombre que hasta ese momento había estado de pie tras ella, charlando animadamente con un amigo, se desplomó al suelo exhalando un grito de dolor y salpicando en su caida a su alrededor con chorros de sangre que provenía de una herida en su pecho, que la alcanzaron a ella,a Lois y al hombre con el que estaba hablando. Amanda agarró entonces del brazo a Lois,y salió corriendo. Dejando atrás los gritos desesperados de todos los presentes, cruzó la explanada sin mirar, sólo concentrada en alcanzar más velocidad de la que sus piernas podían darle, respira Amanda, respira, solía repetirle su entrenador personal, y eso hacía, respiraba y corría, ajena a los frenazos que generó a su paso a ciegas, a la gente que empujaba, en su desesperada huida a lo largo de La Marina. Sin ni siquiera mirar hacia los lados, alcanzó el Casino, dobló hacia Rua Nova, haciendo caso omiso de las protestas de la gente con la que chocaba a su paso, sin bajar un ápice su ritmo de zancada. Alcanzó San Andrés, que cruzó tan rápido, que los conductores apenas tuvieron que frenar, para recorrer después la Rua Alta y tras ella cruzar hacia el Paseo Marítimo. Respira, Amanda, respira. Y continuó corriendo, zancada tras zancada. Fue entonces cuando escuchó una especie de gemidos junto a ella. Lois. Había llevado todo el tiempo a Lois aferrado de un brazo, y él no había hecho otra cosa que intentar rozar el suelo con sus pies y seguirla, atenazando el perrito contra él. Lois. Amanda, sin encontrar apenas aliento con el que respirar, incapaz de contener las lágrimas, le cogió en brazos y lo abrazó contra si, llamándole quedo mientras le acariciaba la cabeza.

-Y no me caí…Manda…no me caí….- Repetía el niño abrazándola a su vez, sin entender el porqué de su llanto.

Cuando entraron en casa, Macu ya había regresado de su evento, y les recibió dando una teatral vuelta sobre si misma en un vaporoso vestido de tul azul cielo, con una falda con mucho vuelo.

-UUUy qué maravilla….como la Cenicienta…me lo dio Cami, era de una que no lo quiso…- Y volvió a girar sobre si misma, al cesar en el giro, reparó en el aspecto que ambos traían. Bañados en sudor, claramente agotados y con las ropas salpicadas de algo rojo, que quiso pensar no era la sangre de ninguno de ellos.

-Al señor se le cayó pintura….mamá…por todas partes….pintura roja….y…Manda sabe volar…y mira, si tiro de aquí el perrito salta dos veces…- Aclaró Lois mostrándole el perrito, Macu se llevó la mano a la boca, y antes de que pudiera reaccionar, Amanda se desplomó desmayada al suelo

 

V.

Había dejado entrar a dos personas al autobús antes de entrar él. No se sentó, permaneció en el espacio del medio, atento a lo que Amanda pudiera hacer. Ella jugaba con el niño a contar coches. El niño. No entraba en el encargo. Pero suponía otro problema. Vas, te encargas y desapareces, le había dicho W. Pero no iba a ser tan sencillo. Siempre llevaba su mochila colgada al pecho. Esperando la ocasión. Cuando W. se había decidido a enviarle los datos que necesitaba para localizarla, lo había hecho sin problema. Hasta ahora no había tenido ocasión para llevar a cabo el encargo. Había alquilado una habitación en un hostal en los alrededores de la estación de autobuses. Sin papeles ni preguntas. No tenía pensado quedarse demasiado tiempo.

La chica decidió apearse en una especie de parque, él no se apeó enseguida, dejó salir a otras personas antes. No era tonta, siempre iba mirando a su alrededor, atenta a quellos que se acercaban demasiado, evitando multitudes. Nunca sola. Le resultó difícil seguirla entre la gente, el niño se paraba cada poco ante los músicos callejeros, o quería juguetes. Él hacía como que miraba escaparates, o que consultaba su móvil. Pero no la perdía de vista. Él nunca perdía de vista su objetivo. Cuando ella decidió abandonar la calle peatonal, él se alejó media calle. Cuando alcanzó La Marina, casi le dio la risa. Campo abierto. Ella cruzó la explanada, que no era una explanada, porque pasaban coches, para ir al parque infantil. Campo abierto. Sólo tenía que buscar dónde apostarse. Sacó unos pequeños prismáticos del bolsillo de su cazadora, y oteó en la distancia. Sonrió. Si hoy hubiera jugado a la lotería, a lo mejor le hubiera podido tocar. Pero, para él, ese era el mejor premio.

El CarracedoII no era un barco grande. Pero tenía el techo de la cabina del puente de una sola pieza de madera y éste tenía la altura perfecta. No había vigilantes, así que no le resultó complicado entrar. Ya sobre su atalaya, montó el arma y paró su cronómetro, cuarenta segundos, cuatro segundos más rápido que con la anterior. Calidad y precio. Sólo metió un proyectil. No iba a necesitar más. Te encargas y desapareces, se dijo. Campo abierto. Sólo el viento. Noreste. A rachas. Y allí estaba. Mirando hacia los barcos. Parecía que le mirara a él, sonriéndole con sus infinitos ojos azules. Adiós rubita. Y apretó el gatillo. Maldijo. Se maldijo. Maldijo al niño. Los niños siempre eran un problema. Cuando volvió a su mira telescópica, ella se había esfumado. El blanco equivocado estaba con vida. La próxima vez apuntaría al corazón.

-Pódese saber que busca usté ahí?*- Ya había guardado su equipo, ahora estaba de rodillas sobre el puente, tratando de enviar un mensaje a W. La voz del hombre, que parecía querer preguntarle algo desde la puerta del puente, le distrajo. No entendía lo que le estaba preguntando.- A ver qué vai ser esto….faltaría mais…aghora subensenos ós barcos para ás fotos…manda truco…- V. le miró y parpadeó lento. Si le eliminaba, tendría que hacerle desaparecer. A él y al barco. Y no tenía tiempo para tonterías. Así que, sin más, le sonrió y enfocándole con su móvil, le hizo una foto con un potente flash.- Arre coño!….e encima me fai unha foto o tio!….esto é a repanocha!…pero boeno.!…Oiches Tito!…hay que mandar orden de que poñan vixilancia eh…Tito!- El tal Tito, que estaba en el barco vecino le miró sin entender.

-Qué che pasa..ho…tanto berro!

-Non viches? Tiña a un enriba do ponte fasendo fotos…

-Qué dis?!

-Ese tío…

-Qué tío..- Cuando el patrón del CarracedoII miró a su alrededor, V ya había desaparecido.

 

 

  • Xoxón: Personaje que aparece en el primer caso del Subinspector Naveira.
  • Se puede saber qué busca usted ahi?/ A ver que va a ser esto, ahora se nos suben a los barcos, manda truco/Y encima me hace una foto el tío, esto es lo más, oiste Tito? Hay que mandar a decir que pongan vigilancia que nos entran en los barcos/Qué te pasa…tanto grito?/ No viste?Tenía a uno encime del puente haciendo fotos/Qué dices?

Nuevo caso del Subinspector Duarte Naveira. “Nordés” (Primera Parte)

Lu

Lu le dio el sobre y le soltó la mano. Ella se dejó resbalar por la tubería y comenzó a correr. Alcanzó a escuchar ruidos, como de detonaciones, pero ya desde el camino de atrás. Trepó por el desmonte y se alejó monte a través, orientándose por el trazado de la carretera. Sin mirár atrás ni detenerse. Aferrando el sobre en su mano. Con las tímidas luces del día alcanzó las primeras casas, dispersas y de labranza, sólo entonces cesó en su carrera. Se escondió en un recodo al paso de un coche, que resultó ser de reparto de leche y aprovechó para mirar el contenido del sobre, arrugado por la presión de su mano. Lu. Tres fajos de billetes grandes y pequeños, una american express black y un pasaporte. Los ojos se le llenaron de lágrimas de repente, y se las borró, el golpe del pómulo le dolió a rozalo con la palma de su mano, en la que descubrió también rastros de sangre seca, proveniente de la nariz. Ahora se llamaba Lucía Bahón Riquelme. Lu. Borró otra vez las lágrimas,que, impertinentes, brotaban de sus ojos para rodar por su lastimado rostro. Una vez habían hecho bromas con la foto del pasaporte, si la miras rápido puedo ser tu, le había dicho guiñándole un ojo, y se habían reído. Lu. Se volvió a esconder al paso de otro coche, y guardó el sobre en el bolsillo de la sudadera sin soltarlo de la mano.

Llegó a lo que le pareció el centro de un pueblo, que seguramente había visto siempre a través de la ventanilla de algún coche, pero que ahora no reconoció. Al doblar una esquina, se topó con un nutrido grupo de gente que aguardaba la llegada de un autobús en la parada, unos jugaban con sus móviles, otros charlaban animadamente entre si, un par fumaban, ninguno de ellos notó su presencia. Ella se puso la capucha de la sudadera que llevaba, y su rostro se perdió en la sombra. No consultó a dónde se dirigía el autobús. Cualquier destino era bueno. Cuando llegó el autobús, pagó con uno de los billetes pequeños y buscó un asiento al fondo en ventanilla. No se durmió en todo el trayecto. Tenía demasiadas cosas en las que pensar.

La última parada fue una estación de tren de cercanías. Buscó el panel de información de destinos, y no tardó en encontrar el que buscaba. El aeropuerto de Heathrow.

La mujer que atendía el mostrador de venta de billetes „Last-Minute“, le tendió una hoja con una lista de posibles destinos cuyos vuelos salieran con la mayor prontitud. Recorrió la lista con el dedo índice de su mano izquierda, el único con la uña casi intacta, y se detuvo en el destino listado en quinto lugar. Allí no había estado nunca, pero conocía a alguien. El escondite perfecto.

Pagó en metálico un billete sólo de ida, y de la misma manera compró en una de las tiendas dos pantalones vaqueros, varias camisetas, mudas y unas botas, además de una mochila. Se vistió con ropa limpia, y tiró todo lo que había llevado puesto hasta entonces a la basura, incluidas las zapatillas de deporte, que, descubrió, tenían manchas de sangre. Antes de pasar el control de seguridad, utilizó uno de los ordenadores para uso público, y entró en su perfil de Facebook. Tuvo que hacer memoria para acordarse de su contraseña, hacía mucho tiempo que no entraba. El grupo que buscaba lo encontró rápido, recorrió uno a uno los perfiles de la gente que lo formaba, escrutando los rostros ya que no se acordaba del nombre de la persona que le ocupaba. No pudo evitar exhalar un suspiro de alivio cuando la encontró y descubrió que todavía utilizaba Messenger.

Hola, soy Amanda, te acuerdas de mi?“

 

El porqué de las cosas

Duarte Naveira, apoyado en el cierre de piedra del paseo marítimo, observaba a los surfistas, eran dos y avanzaban contra las olas, bocabajo en las tablas, ayudándose de los brazos para ganar distancia. En un momento se auparon sobre las tablas, y, sin perder el equilibrio, acariciaron con éstas las crestas de las olas, trazando sinuosos caminos en la espuma, para descender después hacia la orilla y dejarse caer en la rompiente, de un gris casi negro a aquellas horas. Nunca lo había intentado. Pachangas con una pelota en el agua, hacer el pino, entrar a la carrera salpicando a diestro y siniestro, sí, ese era más su estilo, pero lo de mantenerse sobre las tablas o esperar horas a que hubiera olas no era para él. No tenía tanta paciencia.

-Ya la van a sacar- La voz de Corcubión le devolvió a la razón por la que estaba allí a aquellas horas de la mañana, se volvió a mirar hacia uno de los portales de la acera de enfrente. Alguien había avisado a la prensa, y dos equipos esperaban en la acera, controlados por varios de sus compañeros. Él no iba a acercarse, ya había visto todo lo que tenía que ver en el quinto derecha durante gran parte de la noche, pero necesitaba hablar con el juez y con el forense de guardia. Optó por llamar a Omar al móvil de servicio, los de la televisión iban a estar bastante rato apostados y no quería hablar con ellos, aún no.

-Todavía estáis arriba?- Preguntó al tiempo que alzaba la vista hasta el quinto piso, ahora con las ventanas abiertas de par en par, Omar se acercó al ventanal de lo que era el salón, aún con mono blanco y mascarilla, y le saludó con la mano.

-La están bajando a pie, no cabe en el ascensor- Su voz sonaba enlatada tras la mascarilla, Duarte asintió con la cabeza.

-El tipo es zurdo, y calza el cuarenta y cinco- Apuntó, Omar le mostró el pulgar de su mano derecha enguantada desde el ventanal.

-Positivo, esta tarde te decimos más- Y desapareció del ventanal hacia el interior de la vivienda, Duarte se volvió hacia Corcubión, que también parecía muy interesado en las maniobras de los surfistas.

-Una vez lo intenté y casi ahogo, llegué a la orilla y la besé como el Papa tío, increíble- Duarte evitó reirse ante la imagen de su compañero besando el arenal, y le indicó el quinto piso con la mano.

-Cuando subas, cierra las ventanas y las persianas, en toda la casa, precintas y dejas a Rubén en la puerta arriba- Ordenó volviendo a meter el móvil en el bolsillo del pantalón, Corcubión asintió y se dispuso a cruzar al otro lado de la calle.

Duarte miró la hora, las nueve en punto. Dudó un instante, entre si ir directamente a comisaría o pasarse primero por casa a darse una ducha y a dormir a menos un par de horas. Se decidió por la segunda opción, y se dirigió despacio hacia el semáforo. Se paró en una de las cafeterías de Rubine a tomar un café con un bocadillo de jamón, dándose cuenta entonces del hambre que tenía, ya que desde la cena no había vuelto a probar bocado. Después de dar buena cuenta del bocadillo, puso rumbo a su casa atravesando la Plaza de Pontevedra. Hacía pocos meses que se había mudado a un piso en el edificio conocido en la ciudad como „Casa Barrié“, un quinto, recién rehabilitado, muy luminoso, que daba a la Plaza de Vigo. Cuatro dormitorios, salón-comedor, una más que espaciosa cocina y dos baños. Le sobraban habitaciones, y todavía no había acabado de amueblarlo, pero era su casa y se sentía a gusto en ella. Además, Gelo, que trabajaba a turnos, justo enfrente, en la lonja, se quedaba muchas veces a dormir o hacía camino por el, de modo que podía decirse que lo compartían.

Cuando llegó a casa, se lo encontró tratando de interpretar las instrucciones de una cómoda de IKEA, ya montada, que tenía ante él, y de la que le habían quedado tres tornillos sobrantes.

-Yo no lo pillo, neno, ya está toda aquelada, si la tocas no se tuerce ni nada….y me sobran estos tres rollos….-Duarte se encogió de hombros, antes de poder contestarle, hubo de bostezar y restregarse los ojos.

-A veces traen de más, de repuesto…

-Puede, pero me raya…no sé, las pongo en un cacharrito, y si veo que tal la deshago….

-Muchas gracias….vamos a dejarla así…y si cae cae…como yo ahora mismo, que ya ni te veo…- Gelo rio, y le dio una palmada en el hombro, que casi le hace perder el equilibrio.

-Vete a sobar…que andas derrengao…- Duarte hubo de darle la razón y se alejó por el pasillo- una cuestión…aquí arriba hay un colegio o algo?-Duarte se volvió, ya con los ojos cerrados, sin comprender lo que quería decir- Sí, neno, encima de ti..no sé dónde…un montón de chavalitos todos calcaos y vestidos igual…

-Ni idea…- Acertó a contestar Duarte y se metió en su habitación, Gelo se encogió de hombros y se dirigió a su vez a la cocina, a dejar las tres tuercas en uno de los cajones de la encimera.

Eusebio Cabanillas tenía un cráneo perfecto. Llevaba el pelo crespo, ya blanco, muy corto, lo que favorecía apreciar su forma. En invierno se cubría la cabeza con una boina negra, cuando el tiempo comenzaba a mejorar la cambiaba por un sombrero tipo Panamá. Si se tuviera que poner un adjetivo a su rostro, rectilíneo con curvas precisas sería el adecuado, tomando como referente su afilada nariz que sostenía unas gafas redondas y metálicas, y su nuez, que, sobresaliendo de su delgado cuello, se movía al ritmo de las palabras que pronunciaba. Muchos le llamaban el „hombre gabardina“, ya que, sin tener en cuenta qué tiempo hiciera, era lo que siempre usaba para abrigarse, cruzada siempre por su sempiterna cartera de cuero, curtida a lo largo de todos los años que llevaba de servicio como forense.

Pero aquella tarde, Cabanillas, no recibió al grupo encargado de la investigación del caso ni con gabardina ni con sombrero Panamá, lo hizo en su uniforme dos-piezas verde, y aún sin haberse sacado la cofia del mismo color de la cabeza. A Duarte y Jon, se habían unido, en el despacho de Cabanillas, el teniente Gutiérrez de la Guardia Civil y Lola Requena, responsable del Grupo de Delitos de Violencia de Género.

-Os entrego el preliminar, ya sabéis como va esto, falta el definitivo, pero lo que sí os puedo decir es que las puñaladas, cinco, le atravesaron el corazon y le causaron la muerte casi en el acto, no hay marcas de defensa…

-No le dio tiempo…- Anotó Lola, Cabanillas levantó las cejas y se encogió levemente de hombros.

-Lo dicho, es el preliminar, mañana a más tardar os doy mayores detalles…

-Violación?- Quiso saber Gutierrez, Cabanillas negó con la cabeza y pasó a entregarles una carpeta azul. Iba comentarles algo más, cuando escucharon unos gritos provenientes del pasillo. Al abrir la puerta para ver lo que estaba pasando, se encontraron con un grupo de personas compuesto por familiares de la chica asesinada y varios psicólogos.

-Por qué!!?Por qué le dejó pasar!!? Por qué!!?

-Cálmate, mamá, por Dios…

-No quiero calmarme!!…No me da la puta gana de calmarme!!…Quiero saber por qué!…Por qué le dejó pasar esa hija mía! Déjame!! – Y la mujer, en la desesperación de su rabia y dolor, se soltó el brazo por el que la tenía agarrada su hija, incapaz a su vez de secarse ya las lágrimas que corrían por su rostro, desencajado e inflamado en llanto. La mujer se acercó a ellos con los puños cerrados, y una expresión de furiosa tenacidad en su encendido rostro.- Por qué!!?Por qué…le dejó pasar!!…- Y clavó sus arrasados ojos en cada uno de ellos, buscando una respuesta.

-No..le dejó pasar…la puerta estaba abierta porque ella, al parecer, iba a bajar la basura…la bolsa estaba junto a ella, alguien debió abrirle la puerta del portal y él subió..- Trató de explicar Duarte, buscando las palabras, Lola salió en su ayuda.

-Seguramente fue una casualidad…- Anotó.

-Este no es de casualidades….es un hijo de su puta madre!, eso es lo que es….y ella a bajar la basura!…y dale, coño!!, y yo a decirle que no la baje por la noche….que por la noche no…que la baje por la mañana….pero no!! Y qué…y qué!!??…Que alguien me explique…por Dios…por Dios que alguien me explique por caridad….!!- Y se derrumbó en llanto en brazos de su hija y de la psicóloga que la había estado acompañando, su marido, testigo mudo de la escena, abrazado a si mismo, tras ella, optó por dejarse caer sobre una silla del pasillo, con la cabeza entre las manos. Por un instante, un halo de profunda tristeza inundó el pasillo, y paralizó a todos los presentes. La llegada de un médico, que alguien había llamado para atender a la madre, hizo que todo volviese a funcionar otra vez. De alguna manera. Casi torpe. Como los que caminan por el pasillo de un tren en marcha.

-Se recorrió la casa entera el tío…no dejó títere con cabeza…y menos mal que salió el vecino y se encontró el percal…

-Aún olía a gas cuando llegué yo…

-Si llega a explotar…mira…no quiero ni pensarlo, mejor no…mal cuerpo ya tengo…sí o sí…

-Lo encontraron en la playa….

-Pero no se tiró a ahogar…a que no?- Y Jon le miró casi furioso, Duarte suspiró y negó con la cabeza, Jon golpeó el volante del coche en el que estaban sentados con las manos y maldijo en vasco- Sí o sí…macho…“por qué?“ preguntaba la amá…eso me gustaría saberlo a mí….- Miró un instante al frente, negando con la cabeza, y luego se pasó las manos por el rostro.- Te acerco a casa?

-Sí…mañana será otro día…

-Ya te digo….con lo bien que íbamos oye….

-Seguro que volvemos a la buena racha…

-Además, ya no llueve..

-No lo digas muy alto…- Jon rio entonces, y, encendiendo el coche, se adentró en el tráfico.

 

La estrategia del erizo

Amanda había decidido bajarse del autobús del aeropuerto en lo que le pareció la entrada a la ciudad, lo último que necesitaba en aquel momento era perderse más de lo que ya estaba. Se había comprado unas gafas oscuras en uno de los Duty Free del aeropuerto, lo suficientemente anchas como para tapar los golpes que jalonaban su rostro y no ser objeto de miradas curiosas. Miró a su alrededor, antes de decidirse a caminar hacia algún lado, necesitaba encontrar un hostal o un hotel donde poder reponer fuerzas y avisar a su amiga Macu de su llegada. La había conocido hacía muchos años en un campamento de equitación en Escocia, en el que habían compartido habitación. Entonces no existía Facebook, pero cuando éste llegó, la cuadra que lo había organizado había invitado a todos aquellos que alguna vez hubieran participado en alguno de sus campamentos a unirse a su grupo, y ella había aceptado gustosa. Le gustaba montar, aunque últimamente no lo hiciese muy a menudo. Macu había respondido a su mensaje casi inmediatamente, se acordaba de ella, y se alegró mucho de que hubiera decidido visitar A Coruña . Habían quedado en que Amanda se pondría en contacto en cuanto llegase. En la parada había un inmenso panel con un mapa de la ciudad, un punto rojo con un „Usted está aquí“ la ayudó a situarse, siguió con un dedo la arteria y encontró lo que buscaba. El Hotel Avenida. Miró a lo lejos, sólo tenía que cruzar al otro lado. No sería muy complicado.

La mujer que la atendió en la recepción no le pidió que se sacase las gafas oscuras cuando le entregó el pasaporte. Eso la tranquilizó, de esa forma ella era prácticamente una fotocopia de Lu. Lu. Pensar en ella y formársele un nudo en la garganta era uno. Carraspeó. Pagó en metálico una noche por adelantado, ya que no sabía cuándo vería a Macu. Su habitación estaba en el primer piso, nada más entrar cerró las cortinas y se sentó sobre la cama. Si bien estaba agotada, sabía que no sería capaz de dormir. Ni de relajarse y descansar. Todavía no podía respirar hondo. Todavía no entendía qué le estaba pasando. Y sobre todo, porqué. Decidió darse una ducha, eso la ayudaría a encontrar un poco de calma. En la ducha descubrió otros golpes que no sabía que tenía, en los costados, los brazos, y los muslos. Vístete, le había apremiado Lu en mitad de la noche y le había entregado un chandal y unas zapatillas, rápido no es coña, ella le había preguntado qué pasaba, se asutó al escuchar tiros, ven, no te sueltes y habían salido corriendo del cuarto. Sólo se acordaba de que eran dos hombres enormes y que de repente ella había volado contra uno de los aparadores de la porcelana, mientras Lu trataba de neutralizar al otro, después el tipo la había vapuleado como un pelele y por último propinado varios puñetazos, hasta que Lu le voló los sesos tras hacer lo propio con el otro. Lu. Salta y corre, no pares de correr. Y eso es lo que llevaba haciendo desde entonces. Sin saber porqué. Prefería no pensar en Eric. El nudo se le hacía entonces demasiado grande. Todo a su tiempo. Se cambió de ropa, y bajó a recepción a preguntar si podría utilizar un ordenador.

Hola Macu! Ya estoy aquí!“ – Macu le contestó casi inmediatamente.

Hola Amanda! Qué alegría! Dónde estás?“

Estoy en un hotel, el „Hotel Avenida“ „

El del Pasaje?“

Supongo…:) „

Me pilla de paso, paso a buscarte en cuanto acabe aquí, dentro de dos horas…te viene bien?“

Perfecto, aquí estaré! :)“- Macu le contestó con un corazón, ella sonrió levemente y se lo devolvió.

Intentó tumbarse en la cama, pero no era capaz de relajarse, se sentó en el borde y encendió la televisión. Zapeó un poco entre canales y se decidió por un canal multitienda, en el que en ese momento explicaban cómo utilizar un artilugio que transformaba una piña común y corriente en una figura con forma de erizo, con ojos de uva. El erizo. Pensó en su estrategia de defensa, y decidió que la adoptaría a partir de ese momento. Siempre lo había encontrado un animalito fascinante.

Macu seguía igual. Ahora llevaba el pelo, castaño y liso, en una melena hasta los hombros, entonces la había tenido más larga, pero su rostro pecoso de facciones pequeñas dominadas por unos curiosos ojos verdes, era el mismo, ahora sonriéndole al tiempo que abría los brazos de par en par para invitarla a un abrazo, que, sinceramente, ella necesitaba más que ninguna otra cosa en el mundo.

-Sólo tienes esta mochila?

-Sí…nada más…

-Pues nada…te vienes a casa y arreglado..

-Si te viene mal yo…

-Qué va! A a mi no me visita nunca nadie…no sabes la ilusión que me hace verte…ven, dejé el coche en „clientes“…no creo que…en fin…

-Podemos irnos…ya pagué..

-Ah!…pues vamos pues….

El Opel-Corsa de Macu olía tanto a Lavanda, que tenían que circular con las ventanillas bajadas. Las culpables eran unas cestas con esa planta, que ocupaban el asiento de atrás y el maletero.

-Es que trabajo para una empresa que organiza bodas….y no las querían…no te imaginas lo que llega a tirar la gente después de una boda… hija…las cestas son monísimas y…bueno ya pensaré qué hago con la lavanda…- Le explicó alzando la voz para hacerse entender por culpa del ruido que entraba por las ventanillas, Amanda se volvió para ver las cestas y hubo de darle la razón, eran de bambú azul.

-Vives sola?

-No! Vivo con mi hijo, Lois…el niño más guapo del universo!- Y volvió a reir, Amanda asintió, pero no preguntó más.- Tiene papá…no creas!…si es lo que estás pensando…pero no está por la labor…bueno..está…cuando le apetece y no tiene otra cosa que hacer….ya sabes…hombres!- E hizo un gesto desvaido con la mano, Amanda sonrió- Hoy por ejemplo lo tiene él….me lo devuelve mañana…y entonces lo conoces….- Amanda, distraida con el ruido, el olor de la lavanda, y lo que veía a través de la ventanilla, no entendió lo que había dicho- Digo que ya lo conocerás mañana!- Repitió Macu alzando un poco más la voz, Amanda alzó las cejas y volvió a la ventanilla. Mañana. Le gustaba aquella palabra.

Era un espacio de tiempo en el que todo podía ocurrir.

 

V.

Comienzan hablando en kazajo, el otro cambia al inglés, no le hace gracia pero lo acepta, no le gusta el inglés. Demasiado simple.

-Ha visitado Facebook. Aún está viva.

-La policía hace esas cosas.

-Se ha movido en el tiempo. Buscó a una persona. Eso no lo hace la policía.

-A quién? Y dónde?

-Te lo mando por mensaje.

-Y él?

-Negativo. Tiene que ser ella.

-Ok.

Focus

Ser valiente. Asumir la cobardía. Asomarse al borde. O no. Poder o no. Ser capaz de. Tratar de no querer. Tratar de no sentir. Siempre son otros, nunca uno mismo. Otro no duerme, otro no puede pensar. Fue lo mejor. Fue lo mejor para todos. Tratar de no querer. Tratar de hilar un pensamiento. Tratar de dormir. No querer. No sentir. Conversación ausente. Creer las propias mentiras. Creer las mentiras de otros. Mentir. Esconder el dolor. No llorar más. Para qué. Volver en ti. Breve despedida. Ya está.

Nekane Johnson

De ir a algún sitio, Irving quería ir a Las Vegas. Podrían perdirle a su primo Larry la caravana, y hacer el viaje en ella. Casi setecientas millas. Si las hicieran de una vez les llevaría nueve horas, pero podrían hacerlo en tres tramos. Ida y vuelta. Nekane no tenía nada en contra de Las Vegas, pero prefería ir en avión. Ahorraban tiempo y el dinero de la gasolina. Se suponía que el viaje de luna de miel tenía que ser inolvidable, y ella no quería asociarlo con horas y horas de contemplación del desierto de Utah. Pero Irving ya había comenzado a hacer planes de horarios de pausas y a buscar trayectos alternativos que quizás les ahorrasen un poco de tiempo, y ella le dejaba. En algo tenía que ocuparse. Ella ya tenía bastante con sus gafas. Siete dioptrías en el ojo derecho y ocho en el izquierdo. Había intentado usar lentillas, pero le habían provocado una alergia tal, que había tenido que andar con gafas de sol graduadas durante varias semanas hasta que sus ojos dejaron de parecer los de un campeón de pesos pesados justo después de ganar el último round. Su oculista, el Dr. Silverman, le había explicado que era posible una operación de reducción de las dioptrías,pero que en su caso conllevaba riesgo debido a una deformación en la córnea. O eso es lo que ella había entendido. Y eso que el Dr. Silverman se lo había explicado en la figura de un ojo de plástico que se podía deshacer en sus diferentes partes, y que a ella le había dado un poco de grima. Pero no había dicho nada. Se había limitado a asentir y darle la razón con lo de la córnea. El caso era que su prima Meredith opinaba que una novia no podía llevar semejantes gafas de pasta negras en su día. Que o bien las cambiaba por un modelo más liviano o ese día iba sin ellas. A lo que Nekane le había respondido que la segunda opción no era negociable, ya que sin gafas era lo más parecido a un topo, y no quería perderse su propia boda por no poder ver lo que pasaba a su alrededor. Así que Meredith, cada vez que iba de visita, le llevaba varios modelos de gafas para probar, que le suministraba su amigo Corey quien trabajaba en una óptica en Colorado Springs. Solían entonces pasar todo el tiempo de la visita discutiendo sobre qué par le quedaba mejor, pero hasta ahora no había encontrado uno que reuniese las condiciones adecuadas. Mientras tanto ella seguía usando sus gafas de pasta negras. Las mismas que usaba desde los quince años. La anteriores, de pasta irisada en rosa, se las había aplastado Reverendo con la pezuña de su pata posterior derecha. Reverendo era el caballo de su tío Cliff. Y no había tenido la culpa. Ella había dejado las gafas sobre un montón de paja, no se acordaba muy bien porqué, y Reverendo pasó por allí. En fin. Que fueran o no a Las Vegas de viaje de novios, ella tenía más cosas de las que ocuparse.

-Yo creo que las perlas en rojo te quedarían mejor, por el negro del pelo, digo….

-Tú crees…?

-Las perlas blancas las lleva todo el mundo, pero el recogido con los tirabuzones y con perlas rojas sería algo nuevo…

-No sé qué decirte de los tirabuzones…

-Si no quieres que te caigan por el lado, te los subimos un poco y listo…- Nekane se contempló en el espejo, Brittney le había peinado con el recogido que llevaría a la boda, para verlo hecho y hacerse una idea, un tinglado de tirabuzones y perlas blancas, varios de los cuales le caían enmarcando el lado derecho de la cara, menuda y de facciones finas, presidida por las gafas de pasta, que hacían parecer enormes sus ojos marrones tras los lentes. No pudo evitar un gesto de escepticismo, y luego sonrió, acariciando las perlas que adornaban los tirabuzones.

-Y dices que nadie las lleva, rojas, me refiero…

-No, todas las llevan blancas, o beis…

-Ya….le preguntaré a Irving a ver qué le parece…

-Pero sólo de las perlas…- Bromeó Brittney guiñándole un ojo en su reflejo del espejo, Nekane asintió con la cabeza y le devolvió el gesto.

De vuelta a casa, encontró a Irving apoyado en la encimera de la cocina, tomando a morro una cerveza, todavía vestido con el uniforme de vigilante de prisiones. Irving trabajaba como vigilante en la prisión del estado, de seguridad media, que estaba a las afueras del pueblo. Con el fin de ponerse en forma para la boda, había decido ir y volver andando al trabajo, otros dos colegas se habían unido a su causa, y otros tres se lo estaban pensando. Se estaban planteando hacerse una camiseta con “Equipo Irving” como lema. Pero sólo era una idea.

-Hombre…no sé…en rojo parecerá que te has caido en una cuba de uvas…en blanco es más….liviano…

-Liviano…

-Te queda bien, cariño…te sientes bien con él?

-Sí…

-Pues es lo más importante, cariño, en rojo o en blanco, estarás preciosa…

-Irving…me voy a poner colorada..- Irving le dio un sonoro beso en la frente,y dejó la cerveza vacía sobre la encimera.

-Me voy a la ducha….que hay de cena?

-Pollo con verduras…..tengo que caber en un vestido…- Irving sonrió

-Haremos dos camisetas “Equipo Irving” y “Equipo Nekane”….- Rio antes de dirigirse al baño, Nekane alcanzó a darle un azote en el culo, al que Irving protestó entre risas.

El supermercado donde trabajaba Nekane abría a las siete de la mañana. Pero ella entraba a la seis y media. Así ayudaba a Travis, el encargado, a reponer las cosas que habían quedado pendientes del día anterior o colocar lo que hubiera quedado descolocado. No era un supermercado grande, pero tenía de todo, y era el único del pueblo. El siguiente estaba en el Centro Comercial, a cien kilómetros de distancia. Ella se ocupaba de la caja, Jonathan se encargaba del mantenimiento y Travis lo supervisaba todo.

Los primeros clientes solían aparecer a las siete y media, las madres con los bebés llegaban a eso de las nueve, después empezaban a llamar los de los ranchos para hacer sus encargos, que Jonathan se encargaría de repartir al mediodía. A veces venían turistas, pero no a menudo. Solían quedarse en los moteles más cercanos a los cañones y al río Gunnison, donde, con la llegada del buen tiempo, se podía hacer rafting. Por eso le sorprendió la presencia de los dos hombres que hicieron su entrada a las once, y que claramente no eran vecinos del pueblo. Vestían ropa deportiva, botas de montaña y portaban sendas mochilas. Hablaban entre si en un idioma que ella no entendía y dieron varias vueltas al establecimiento antes de decidirse a comprar nada. Llegaron a la caja portando una garrafa de dos litros de jugo de naranja, dos cajas de donuts y dos tazas tipo termo que estaban de oferta.

-Kaixo, zer moduz?- Nekane pasó la garrafa por el escaner sin atender a lo que el hombre acababa de decir, pensando que estaría hablando con su amigo, pero el hombre insistió en repetir la misma frase, esta vez rozándole levemente un brazo- Zer moduz?- Nekane le miró abriendo mucho los ojos, ya de por si agrandados, tras los cristales de sus gafas y parpadeó dos veces, sin entender lo que le estaba preguntando.

-Perdón…?

-Zer moduz, ni Haritz naiz…- Nekane, por un momento pensó que había perdido la facultad de entender lo que decían las personas, como había oído que les pasaba a aquellos justo antes de tener un ictus. E iba a decir algo al respecto, cuando ambos hombres sonrieron.- Te pregunto cómo estas, me llamo Haritz…- Aclaró ya en inglés el que se encontraba frente a ella, señalándose a si mismo y luego a su amigo- Este se llama Eneko- Nekane sonrió, sin saber muy bien por qué, la voz de Travis tras ella la hizo volverse.

-Te están molestando, Nekane?- Se interesó, poniendo el tono más serio que conocía en la voz, ella negó con la cabeza, aún adornada con tirabuzones y perlas, e hizo un gesto desvaido con la mano, quitándole importancia a lo que estaba pasando.

-No, Travis, sólo estamos charlando…- Travis asintió sin apartar la vista de los dos turistas y después volvió a desparecer tras los estantes de patatas fritas.

-Tienes un nombre en nuestro idioma, por eso pensé que lo hablabas…

-Qué idioma?

-El idioma de nuestro país, el País Vasco, tu nombre en nuestro idioma significa Dolores…

-Dolores?

-Sí…sería la traducción aproximada, la del mio, Haritz, es Roble…este se llama Eneko…y dicen que es Ignacio…pero no sé yo…- El otro rio e hizo como que le empujaba en broma, Nekane también rio y pasó el resto de productos por el escaner, el hombre que se llamaba Eneko le entregó el dinero para pagar.- Pues nada, ya nos vamos, precioso esto…pero tenemos que seguir ruta..

-Muchas Gracias…

-Agur, guapetona…- Se despidió el hombre llamado Haritz antes de abandonar el supermercado, Nekane se despidió con la mano.

-Adiós, muchas gracias, feliz viaje…

Nada más llegar a casa esa tarde, Nekane se sentó ante el ordenador y buscó “Pais Vasco” en Google. En eso estaba cuando llegó Irving, luciendo su recien estrenada camiseta gris con el lema “EQUIPO IRVING” a la altura del pecho, regalo de sus compañeros de la carcel, también le habían regalado una con el lema “EQUIPO NEKANE”, ésta en rosa con el lema en rojo.

-Qué miras?

-Hoy un turista que pasó por el super, me dijo que mi nombre en el idioma de su país significaba Dolores…

-Dolores?…y qué país es?

-El País Vasco…

-Dolores Johnson….no suena mal, como a actriz…

-Irving…- Y se puso colorada, Irving se sentó junto a ella y sacó su telefono móvil.

-Vamos a ver….País Vasco…ni idea…

-Mira ves?….la capital es Vitoria, y hay otra ciudad que se llama Bilbao….es bonito…

-Hombre…bonito…mira estas fotos de aquí….de cosas ardiendo..

-Ya…pero miras las fechas Irving….ves?

-Ah…pues si….

-Mira Irving…en Bilbao hay un museo que se llama Guggenheim…

-No quiero ser yo el que camine por esas placas de metal un día de agosto, cariño…

-Pues es bonito….

-De qué me suena a mí Guggenheim?

-Tiene mar…

-Aquí dice que corren delante de toros por las calles…

-No Irving, eso es en Navarra, eso es otro sitio, más abajo…en Bilbao no corren delante de toros…

-Y también se filmó “Juego de Tronos”…

-En Bilbao?…- Y le miró con los ojos muy abiertos, Irving amplió algo en la pantalla de su móvil y dibujó un gesto de escepticismo.

-En un acantilado…o algo así…pero como siempre está tan oscuro, pueden rodarlo en nuestro patio que no lo reconoceríamos, cariño…

-Ya…

-San Juan de Gazte….San Juan de Gazte… da igual…..qué hay de cena?

-Filetes de pavo con ensalada….Podríamos ir a Bilbao de luna de miel?- Irving la miró sorprendido.

-A dónde?

-A Bilbao…bueno, al País Vasco….al fin y al cabo mi nombre es de allí…

-No sé yo, cariño…

-Miré también el tuyo, y significa “Agua Fresca” en escocés…

-Escocés?….

-Sí…y mira, los hombres de las fotos son pelirrojos como tú Irving…

-Yo sólo toqué el tamborín en el instituto….de gaitero tengo poco, cariño…- Nekane rio y apagó el ordenador.

-Pones tú la mesa?

El viernes decidieron ir al cine, que estaba en el Centro Comercial. Irían a la última sesión, antes pasearían por la zona de tiendas y cenarían algo en uno de los restaurantes. Apenas encontraron tráfico, la carretera dibujaba una linea recta que dividía el agreste paisaje en dos.

-Le pregunté a mamá por qué se había decidido a llamarme Nekane, y me dijo que cuando estaba embarazada de mi había visto a una mujer en la tele que se llamaba así…y le había gustado…

-Dolores Johnson….podrías cambiarlo….suena bien…como a actriz…

-Irving….un anotador de la NBA se llama como tú…y un escritor…

-En serio?

-El turista se llamaba Haritz…que significa Roble, me gusta…

-No sé yo…”Roble, ven aquí…”….

-Mira…Hunter ya ha colocado el arco nuevo con el nombre del rancho en rojo…le ha quedado bien…

-Le conté a mi tío lo de los toros…ya sabes, lo de correr delante y eso,y me dijo que hace poco se le escaparon dos de los sementales y tuvo que venir la guardia nacional…bueno un par o así…porque llegaron a la carretera…

-Qué horror!

-Sí….a uno lograron cogerlo..pero al otro tuvieron que pegarle un tiro…

-Ay no..

-Es que les venía encima a todo dar….una mole de una tonelada, cariño….ahí no corre ni la guardia nacional, sabes?

-Ya…

-Pero aún tiene chuletones….le dije que nos los guardase para después de la boda, que ahora estamos a plan…

-Es que tenemos que caber en los trajes, Irving…

-Claro, cariño….y las perlas rojas te van a quedar muy bien….como todo

-Irving…

Meses más tarde, después de sopesar las distintas opciones para el viaje de luna de miel, se decidieron por viajar a Nueva York.

Allí también había un Museo Guggenheim.

S3

Gottfried Kirchner pone todos los días el despertador para las cinco, aunque en realidad se levante a las cinco y diez. Si se levantase a las cinco en punto, según suena la alarma, le sobrarían entonces diez minutos y no sabría exactamente en qué ocuparse durante ese preciso lapso de tiempo. Si se levantase a las cinco, se ducharía hasta las cinco y diez, dejaría la ropa preparada de víspera , así que se vestiría a las cinco y quince, de cinco y veinte a cinco y cuarenta desayunaría su té con leche y dos panecillos con miel y mantequilla, y estaría preparado para salir de su casa a las cinco y cincuenta. Llegaría a la estación a las seis y dos minutos, y tendría que esperar todavía cerca de doce minutos hasta la llegada de su tren. Levantándose a las cinco y diez, sale de su casa a las seis en punto y llega a la estación a las seis y doce minutos. El S3 llega a esa hora siempre puntual. En caso de retraso, suele ser sólo de tres minutos.

Llega a la estación de destino a las seis cuarenta y cinco, y recorre a pie la distancia entre la estación y el recinto perteneciente a Rothkirch. De diez a quince minutos de paseo diario. Si nieva, diez, ya que suele apurar el paso.

Gottfried Kirchner trabaja en el departamento de calidad de Congelados Rothkirch. Desde hace veinticinco años. El veinte de abril. Entonces había caído en viernes, seguramente un fallo en el departamento de personal. Los nuevos contratados en Congelados Rothkirch siempre empiezan en lunes.

Llega a su despacho a las siete y cinco, y abre la ventana, cuelga su abrigo, y la vuelva a cerrar. Después enciende su ordenador y comienza con las carpetas que ha de repasar hasta las once y media, hora a la que baja a la cantina a comer.

Aquel día comió con Schroeder y Kröpke, no hablaron de nada en particular, Kröpke acabó antes y no tomó café, tenía que enviar dos Emails urgentes. Schroeder y él tomaron café, mientras leían distraídamente las hojas del periódico local, que alguien se había olvidado sobre la mesa. Cuando Schroeder se fue, él volvió a hojear el periódico, le había parecido ver algo en la sección de esquelas. Y allí estaba. Marlis Gießkanne*. Marlis. Tenía que ser ella. Su inseparable compañera de colegio y después en el instituto. La casa de ella colindaba con la suya entonces, y había formado parte de su infancia y juventud. Una chica guapa y de agradable conversación. Después le había perdido la pista. Sus caminos se habían separado en algún momento y nunca más la había vuelto a ver. Hasta hoy. Había fallecido hacía tres días. Sintió un eco de tristeza, al rememorar su tiempo juntos. Le sobrevivía su hijo, Kevin Gießkanne. No se nombraba marido ni más familia. No habría funeral, el sábado a partir de las doce,aquellos que quisieran, podían pasar al domicilio familiar a presentar su respetos a los allegados. Decidió que iría. Al menos llevar un ramo de flores y darles el pésame.

El sábado amaneció soleado, pero frío. Los sábados solía levantarse a las nueve, desayunar sin prisa e ir a la compra, era el único día en que utilizaba su coche. No solía comprar demasiadas cosas, pero detestaba caminar cargado con bolsas. Compró un ramo de flores en el que predominaban el lila y el verde, que le pareció lo suficientemente sobrio para la ocasión. Marlis había vivido un pueblo más lejos, tan cerca y sin embargo no la había visto nunca, pensó, mientras conducía hacia la dirección que se había dado en el periódico.

La casa de Marlis era la última de una serie de casas adosadas y de idéntico aspecto, casas construidas en los cincuenta, de tejados a dos aguas y dos plantas, pintadas de un color que alguna vez había sido beis, zócalo marrón, ventanas con contras de madera. Cuando llegó, no tuvo que buscar mucho para saber cuál era, la puerta estaba abierta y un grupo de gente se entretenía delante, charlando en la acera. Se fijó en que, en su mayoría, era gente joven, alguno no alcanzaba los veinte años.

-Buenos Días…es esta la casa de Marlis Gießkanne?- Preguntó inseguro al llegar hasta ellos, los chicos asintieron y le señalaron la puerta abierta.

-Si, pase por favor, Kevin está dentro…- Indicaron amablemente, Gottfried entró entonces en la casa. El angosto recibidor daba paso a un pasillo, del que partía una escalera, y se adentraba hacia lo que supuso eran el salón y la cocina, de donde provenían voces enfrascadas en una conversación.

Se quedó en el umbral de la estancia que era la sala, sin atreverse a entrar, un grupo de chicos y chicas estaban sentados en el sofá y varias sillas, si bien se dieron cuenta de su presencia, continuaron con su conversación, mientras bebían de sus tazas o comían de sus platos, sin prestarle demasiada atención. Uno de los chicos se incorporó de su asiento, y se acercó a él. Era alto y delgado, tenía el pelo negro rizo corto y la piel cetrina, sus facciones finas y nariz recta en perfecta conjunción con unos penetrantes ojos castaños le hicieron recordar a Gottfried a uno de los guías que había tenido una vez en un viaje a Túnez, hacía muchos años. El chico le ofreció la mano y una franca sonrisa.

-Hola, Buenos Días, soy Kevin, muchas gracias por venir- Se presentó estrechándole la mano.

-Yo soy Gottfried Kirchner, siento mucho la muerte de tu madre, fuimos vecinos y amigos de jóvenes, me enteré por el periódico…- Explicó entregándole las flores, Kevin asintió y sonrió levemente.

-Muchas gracias, es muy bonito…un momento…Jessika?- Una chica que estaba sentada en una de las sillas se acercó entonces, estaba completamente vestida de negro, a conjunto con su larga y lacia melena, que llevaba con raya al medio y caía en cascada enmarcando un rostro maquillado en un tono de maquillaje muy pálido,casi blanco, con labios también negros, tenía los ojos verdes pulcramente ribeteados de kajal, sonrió al ver las flores, y también le ofreció la mano, manicurada en lila.

-Buenos Días, yo soy Jessika, muchas gracias por venir…y por las flores, son preciosas, las pondré en un jarrón…- Y cogiendo el ramo se alejó por el pasillo.

-Le puedo ofrecer café, te, cerveza…también hay bizcochos…venga, por favor..- Explicó Kevin y le indicó que le siguiese hasta la anexa cocina, ahora habilitada como bufet para la recepción.

-Tomaría un café, gracias- Kevin sonrió y se dispuso a preparárselo- Te importa si te pregunto de qué murió tu madre?- Kevin le miró fugazmente, mientras preparaba la cafetera.

-Cancer linfático…hace dos años que la diagnosticaron, fue muy rápido…pero nunca se espera, la verdad- Cortó un trozo de una tarta de queso, y poniéndolo sobre un plato, se lo entregó. Gottfried levantó las cejas y se lo agradeció- Lo hizo Jessika…está buenísimo.- Tras el primer bocado, Gottfried no pudo sino darle la razón, Kevin esbozó un gesto de orgullo y asintió con la cabeza.

-Y tú vivías con ella?

-Sí, acabé mi formación profesional hace un año, justo después ella empezó a empeorar y me dediqué a cuidarla…no pude enviar curriculums ni mirar nada, lo haré ahora, supongo…

-Qué hiciste?

-Técnico de Laboratorio….

-Y en qué querrías trabajar?

-En realidad me da igual…hombre, igual no, pero poner pie en algún sitio y avanzar, no sé….lo tengo difícil porque voy con un poco de retraso…todo se andará…

-Ya…me consta que me acabas de conocer, pero cuenta conmigo para lo que necesites, apreciaba mucho a tu madre…- Kevin le sonrió agradecido y se dispuso a servirle el café, que Gottfried quiso con leche y sin azucar. En eso hizo su entrada un chico negro de enormes ojos azules, vestido con el uniforme de la compañía de tranvías, portando dos bandejas tapadas con papel de estraza.

-Mi madre viene después con el resto….me ha dado esto, cuidado aún quema un poco- Advirtió entregándole su carga a Kevin quien soltó un silbido.

-Tenemos comida para meses…

-Ya conoces a mamá….tiene miedo de que te mueras de inanición…- Bromeó el chico del uniforme, quien advirtiendo a Gottfried le ofreció su mano.

-Hola, yo soy Reinhardt Mgabe..- Gottfried se presentó también- Antes de irme te robo un trozo de la tarta de Jessi…tienes sirope de choco?- Kevin le entregó un plato con un trozo y una botella de sirope, Reinhardt hizo girar los ojos después del primer bocado- Debería ponerle copyright….esto no es de este mundo…- Y aún alabando el pastel se fue a la sala.

-Otro café?

-Pues sí, mira, y, si puede ser otro trozo de tarta….

-Ya le dije que era de impresión- Y Kevin le sirvió otro café acompañado de tarta de queso.

-Y ahora…estás solo?…quiero decir…

-Sí…mi madre, como sabrá, era hija única y mis abuelos murieron hace mucho tiempo, sólo éramos ella y yo…solo, lo que se dice solo, no me quedo, Jessika y yo llevamos ya cuatro años juntos y como puede ver…amigos no me faltan..- Y extendió las manos en el aire, como para abarcar a toda la gente que iba llegando a la reunión y de la cual oían ya las voces en el pasillo, Gottfried sonrió y asintió con la cabeza, e iba a decir algo, pero dos mujeres y un hombre, portando bandejas, entraron en la cocina.

-Kevin!…Deja que te abrace!- Exclamó emocionada una de las mujeres ,y, tras depositar la bandeja sobre una encimera, engulló a Kevin en un sentido abrazo. Gottlieb aprovechó para abandonar la cocina, a la que entraba ya más gente llevando comida, y se quedó en medio del pasillo, saboreando el trozo de tarta, entre un ir y venir de aquellos que ya estaba en la casa y los que iban llegando, la mayoría chicos y chicas jóvenes, muchos de ellos acompañados de sus padres. Quiso devolver el plato y la taza a la cocina, pero ésta estaba tomada por una multitud, al igual que la sala. Optó por dejarlo sobre una cómoda del pasillo, y dirigirse a la salida, donde se encontró con Jessika, ocupada en recibir y despedir a los asistentes.

-Muchas gracias por todo, aquí os dejo mi tarjeta para lo que necesitéis….volveré en otro momento..despídeme de Kevin, por favor- Se despidió, y le entregó su tarjeta, Jessika le estrechó la mano y dibujó una cálida sonrisa en sus labios negros.

-Gracias a usted por venir, y por las flores…- Y le señaló un jarrón, que ahora adornaba la mesa del recibidor.

Esa noche, Gottfried soñó que regresaba a Túnez.Pero no era Túnez. Era un lugar sin contornos ni formas por el que paseaba, en compañía de gente que no conocía pero con la que hablaba distendidamente y con la que, en algún momento, se sentó en una playa, que no era playa, a comer un sabroso trozo de tarta de queso. Se despertó antes de que sonara el despertador, con una única idea en la cabeza.

Lo primero que hizo al llegar a su despacho, tras abrir la ventana y volverla a cerrar, y aún antes de leer sus Emails, fue consultar la Intranet de la empresa. Encontró lo que buscaba después de dar varias vueltas. Ernest Melb. Su secretaria le comunicó que éste estaba en un congreso en Burdeos, y que regresaría el viernes.Nunca antes le había parecido a Gottfried que los días de una semana pudieran pasar con tanta lentitud. Pero al fin llegó el viernes. Y con él Melb. Le encontró en uno de los laboratorios, haciendo inventario.Le explicó su idea y Melb le dijo que, por su parte,no habría problema.

Cuando salió del trabajo, en lugar de tomar el S3 hacia su casa, lo tomó en dirección contraria. Se había olvidado de preguntarle Kevin por un teléfono de contacto, así que se había decidido por acercarse de nuevo hasta su casa para hablar con él del tema, y así, después, poder pensar en otra cosa, ya que desde su visita del sábado, le había sido imposible.

Jessika salió a abrir la puerta, con la melena recogida en un moño alto, mandil de cocina y las manos protegidas con guantes de horno, sin dejar de lado el kajal, esta vez sus labios eran lilas. Cuando sonrió al verle,arqueando una ceja, Gottfried supo a quién le recordaba, a Yvonne DiCarlo en su papel por excelencia. Él también hubo de sonreír a su ocurrencia, siempre le había gustado esa serie.

-Hola Gottfried! Qué sorpresa!…pase…estoy ultimando la cena, Kevin está en el sótano…- Y le invitó a pasar, fuese lo que fuese que estuviera cocinando, la casa estaba invadida por un olor delicioso.

-Qué bien huele…

-Guiso de venado, lo hay esta semana en el Aldi, llega justo a tiempo para quedarse a cenar…

-No os sintáis obligados…- Jessika le miró desoslayo mientras revolvía algo en una tartera e hizo un gesto desvaido con la otra mano, aún enguantada. Kevin entró portando una pesada caja repleta de artilugios de metal, y tras dejarla en el suelo, le estrechó la mano a Gottfried.

-Estaba en el sótano, tengo que desmontar la casa, mi casero quiere renovarla…no sé ni por dónde empezar…Llega a usted a tiempo para cenar…

-No era mi intención importunar, yo sólo quería…

-Importunar? Me hace usted un favor, Jessi ha hecho guiso de venado como para invitar a toda la calle…- Exageró Kevin abriendo los brazos como queriendo abarcar la cocina y todo lo que ella contenía, Jessika rio y le echó la lengua.

-No sé cocinar para dos….qué quieres que haga?…- Kevin se encogió de hombros y le envió un beso aéreo, para luego dirigirse a Gottfried, que asistía a la escena sonriendo para si, sin decidirse a participar, aún aferrado a su cartera de mano y vistiendo su abrigo.

-Deme el abrigo y la cartera, póngase cómodo, enseguida cenamos…- Invitó Kevin, animándole a entregarle el abrigo y la cartera, que después colocó en un armario del pasillo.

Entre los dos pusieron la mesa para cenar en la misma cocina, Kevin abrió una botella de vino para la ocasión.

-Pues usted dirá…- Animó Kevin, una vez le hubo servido una buena porción de venado acompañado de bolas de puré de patata y col roja.

-Muchas gracias….verás…la última vez que nos vimos, me comentaste que estabas buscando trabajo en lo tuyo, y, bueno, yo trabajo en Rothkirch, seguro que nos conoces…pues bien, si hay algo en Rothkirch son laboratorios y pensé que quizás…en fin, que me informé, y efectivamente hay todavía una plaza vacante de empleado en prácticas en el Laboratorio de Verduras…y bueno, he venido a preguntarte si estarías interesado en ocuparla- Se lo explicó con tranquilidad, como solía hacer la cosas, mirándoles alternativamente en su discurso. Kevin y Jessika siguieron su explicación sin atreverse a llevarse a la boca el bocado que tenían ya preparado en sus tenedores, y casi sin parpadear.

-Yo?…quiero decir…una plaza en prácticas para mi?- Acertó a preguntar Kevin, como temiendo haber malinterpretado lo que acababa de escuchar, Gottfried asintió con la cabeza y tomó un primer bocado del guiso, Jessika y Kevin se miraron sorprendidos, a Kevin casi le dio la risa- Pues…sí, claro…muchísimas gracias por pensar en mi Gottfried, muy amable de su parte…- Gottfried hizo un gesto con la mano en el aire y sonrió.

-Nada que agradecer, es lo mínimo….y, por favor, tratadme de tú, compartís conmigo mesa y vino, no cabe el usted….a propósito…en mi vida he probado un venado tan exquisito…es..magia hecha carne..- Jessika se llevó las manos a las mejillas, que aún maquilladas en pálido se habían sonrojado, Kevin alzó su vaso de vino y Gottfried le imitó, ella, hizo lo mismo casi sin atreverse.

-Por la magia y sus misterios!- Y los tres rieron su ocurrencia, para después dar buena cuenta del asado.

La entrevista se fijó para el martes siguiente, y Kevin comenzó a trabajar como empleado en prácticas para Congelados Rothkirch el lunes. Como era norma para los nuevos empleados. Coincidía con Gottfried siempre en la pausa del mediodía, en la que compartían mesa y pormenores del día, Kevin le iba informando del lento desmantelamiento de su casa, para el que no había prisa, ya que su casero no la tenía, pero era algo que ocupaba todo su tiempo tras el trabajo, Gottfried acordó con él ayudarle los sábados que necesitase, cuando había tenido que desmantelar él solo la casa de sus padres se le había hecho eterno. De vez en cuando Kevin le traía un tupper en el que cabían dos porciones de lo que se le hubiese ocurrido guisar a Jessika, que si bien hacía virguerías en la cocina, había comenzado a hacer prácticas como diseñadora gráfica en Heidelberger Druckmaschinen.

-El Sr. Schubert quiere verte en su despacho- Le anunció la voz de Petra Schilling, secretaria de la dirección, al responder a la primera llamada de la mañana, Gottfried sintió como de repente se le abría un abismo inmenso en el estómago.

-A mí?…por qué?

-No lo sé…sólo se me ha dicho que te avise…

-Ahora mismo?

-A poder ser, sí…- Y colgó. Gottfried hizo lo mismo. Antes de incorporarse se sirvió un vaso de agua, la boca se le había vuelto de pergamino.

Seguro que es por Kevin, pensaba mientras se dirigía a la dirección, situada en el edificio anexo al suyo, qué habrá hecho el chico? O qué no habrá hecho? Seguro que no le quieren renovar el contrato de prácticas, después de tres meses es lo normal, pues a ver por qué…será porque se llama Kevin, y qué culpa tiene él de llamarse así, si además está en el santoral, y el apellido es el de su madre, que buen trabajo hizo, ella sola, para sacarlo adelante después de todo lo que le pasó, y qué otro apellido iba a tener, vamos a ver…y sí, parece uno recién llegado de por allá, pero no lo es, vamos, sólo hay que escucharle hablar, es que la gente no escucha o qué?….y lo pienso decir, sea lo que sea lo que tengan que decirme, yo me pondré de su parte, qué pueden hacerme a mí?…les saldría por una fortuna despedirme, y además, cómo van a despedirme por dar mi opinión, vivimos en democracia…vamos digo yo…..con la ilusión que tienen los dos, porque es una delicia verles….ella tan gótica y sus tartas de queso….porque vamos a ver, la compañía de tranvías confía un autobús lleno de personas a Reinhardt, y es más negro que el betún, y no pasa nada……no, no puedes conducir el autobús porque eres negro…no, eso no se lo dijeron los de Tranvías…pues eso.. a ver por qué le van a decir a Kevin que no puede seguir aquí porque se llama como se llama y encima es como es….un argelino desplazado, como dice él…no hay derecho. No pasarán. Bueno Gottfried, no te embales.

Cuando llegó a la antesala del despacho del director, Petra, sentada tras su mesa escribiendo algo en su ordenador, le indicó con un gesto de la mano que podía pasar, sin levantar la vista de loque estaba haciendo. Gottfried respiró hondo, y, tras llamar a la puerta, entró en el despacho.

-Kirchner! Gracias por venir tan pronto…sin cita previa…- Saludo el Sr. Schubert incorporándose de su sillón para estrecharle la mano, frente a él, junto a la mesa de despacho estaba sentado Ernest Melb, quien imitó al director y también se incorporó para saludarle, su presencia hizo que el abismo estomacal de Gottfried tomase dimensiones de agujero negro, buscó respirar hondo, pero no lo consiguió.

-Siéntese, por favor…quiere usted beber algo?Agua, zumo…- Ofrecio el Sr. Schubert, un hombre corpulento y de pelo crespo blanco, encasquetado en un traje azul cobalto con corbata gris, Gottfried se fijo en sus zapatos, y se preguntó cómo había podido atarse unos cordones tan finos, se pasó la mano por el rostro para despejar semejantes ideas, que no supo de dónde podían venirle, seguramente producto del nerviosismo.

-Agua, un vaso de agua…gracias- Acertó a decir, Melb fue el encargado de servírsela y se la entregó acompañando el gesto con una amable sonrisa, Gottfried trató de corresponderle sin conseguirlo, el agujero negro había cobrado vida propia y se movía a una velocidad trepidante por su abdomen.

-Pues verá, Kirchner, si le hemos hecho venir, es para darle las gracias- Comenzó Schubert elocuentemente extendiendo sus manos en el aire mientras Melb asentía sin perder su franca sonrisa, Gottfried se sintió en ese momento como aquel que gana metros para tomar impulso con el fin de derribar una puerta con el hombro, y justo en el momento del impacto, ésta se abre. Y sólo pudo toser. Y con la tos se vació su cabeza. De palabras e ideas. Se quedó en blanco.

-Queríamos agradecerle personalmente su descubrimiento, porque el Sr. Gießkanne, es un descubrimiento…

-Un diamante en bruto…- Anotó Melb

-Viniendo de usted no podíamos esperar otra cosa…

-Resumiendo….no vamos a correr el riesgo de que la competencia nos lo quite a la primera de cambio…así que no vamos a esperar más y le vamos a hacer fijo…

-Hoy en día, las noticias vuelan, y una persona de la valía de Gießkanne puede recibir ofertas tentadoras…y no nos lo podemos permitir…

-Hacía muchos años que no tenía la suerte de contar con una persona así en mi equipo….tan…exacto…sí, esa es la palabra…exacto…sin un pero en sus acciones….

-Lo dicho, Kirchner, muchas gracias….hemos pensado en cómo agradecérselo…

-Y hemos llegado a la conclusión de que con seguridad le hará a usted mucha ilusión participar en el Congreso Internacional de Calidad Congelada en Barbados…

-Barbados…- Repitió Gottfried, quien como por arte de ensalmo encontró de nuevo su voz, al no encontrar la relación entre los congelados y las Islas Barbados.

-En Junio….Petra le dará detalles….gran nivel…

-Ya…

-De nuevo, eternamente agradecidos…

-La aguja en el pajar.

Gottfried salió del despacho con la sensación de que caminaba como los astronautas lo habían hecho sobre la luna. Sin ser muy consciente de alcanzar con los pies la pulcra moqueta. De haber tenido un superpoder en aquel momento, le hubiera gustado poder volar.

Kevin Gießkanne pone el despertador todos los días para las cinco. Se da una ducha corta, se viste con la ropa que deja preparada del día anterior y despierta a Gottfried. Mientras éste se ducha, él prepara el té, pone el café y le da el primer aviso a Jessika. Después Gottfried y él desayunan cada uno su té y su café, con un trozo del bizcocho que Jessika haya horneado. A las seis menos dos minutos, Kevin le da el segundo aviso a Jessika. Gottfried y él salen de casa a las seis en punto. Llegan a la estación a las seis y doce minutos.

El S3 llega a esa hora siempre puntual.

En caso de retraso, suele ser sólo de tres minutos.

*Gießkanne → Regadera en alemán.

Principio y Final

Estábamos todos dentro. De eso me acuerdo. Porque al salir de clase para la pausa, no se podía dar un paso por la gente que había en el pasillo. Supongo que llovía o hacía frío. O ambas cosas. July me dijo de bajar al hall. Y bajamos. July era rubia, de ojos claros, con pelo muy rizo y pecosa, yo también tenía el pelo rizo, pero era su opuesto. Quizás por eso nos hicimos amigas. Había nacido en Londres, donde sus padres habían emigrado y todavía residían. Ella cursaba conmigo primero de BUP. Nunca me explicó el porqué, ni yo se lo pregunté. Esas cosas, entonces, carecían de total importancia.

El hall estaba repleto de gente. Ni ella ni yo teníamos hambre, así que no nos dirigimos a la cafetería, deambulamos un rato entre la multitud y después nos acercamos a la zona del mural. Era un mural del “Guernika” que ocupaba toda una pared, a lo largo de la cual había un banco. Para nuestra sorpresa todavía había sitio, justo en el centro. Y nos sentamos.

Les descubrimos antes que ellos a nosotras. Eran cuatro. De COU. Desde mi perspectiva de primero de BUP, eran cuatro hombres hechos y derechos, altos, fornidos y con aquel atractivo que desprende lo inalcanzable. Dos ya fumaban, sin querer hacerse los interesantes, simplemente lo eran, al menos a mis ojos, con sus cazadoras de cuero y sus plumíferos JHayber en rojo y azul. Hablaban y reían sin hacernos caso. Ni nosotras lo pedíamos, de hecho, teníamos nuestra propia conversación. No me acuerdo sobre qué. Pero era nuestra.

-Y tú cómo te llamas?

La pregunta vino de la nada. Y allí se quedó. Al no saber nosotras a quién iba dirigida.

-eh! Tú cómo te llamas?

Esta vez July y yo alzamos la vista. El de la cazadora de cuero, se lo preguntaba a July, mostrando gran interés.

-Yo?…July-

-Julia

-No, Julia no….July

-July

-Sí

Y entonces. Sin más. Los cuatro a la vez comenzaron a cantar, dando palmas.

-“ERES TÚ MI RAZÓN MI VERDAAAD, Y POR ESO TE QUIERO CANTAAAR,MI CANCIÓN ES SENCILLA Y SINCERAA NADA MÁAAS…OHOH JULY TE QUIERO CANTAAAR, TÚ HAS SIDO PRINCIPIO Y FINAAAL, EL PRINCIPIO DE MI NUEVA VIDA…EL FINAL DE MI SOLEDAAAD…OHOH JULY…!…

Repitieron la secuencia otra vez, demostrando unas inusitadas dotes vocales a capela, y lo coronaron todo con una tanda de aplausos a si mismos entre risas. Y sonó el timbre. Y con la desbandada, se perdieron en la multitud. July y yo nos quedamos sentadas. July me miró con los ojos muy abiertos, y la expresión de aquel que descubre que le ha tocado la lotería. Yo no sabía que decirle.

-Tú oíste?

-Sí…

-Desde luego….

-Ya..

-Habrá que subir…

-Habrá…

Al año siguiente July regresó a Londres. Nunca supe porqué, ni ella pudo explicármelo. El de la cazadora de cuero, se casó mucho después con Laura la de C.

Pero esa ya sería otra canción.

*“OhOh July” Los Diablos (1972)

Grada Norte

Sven H. Con motivo del Campeonato Alevín de Fútbol que tendrá lugar durante los próximos fines de semana, he formado este grupo para poder coordinar mejor la logística. Bienvenidos a GRADA NORTE!.

Sylvia T. En el recinto en el que se celebra no hay gradas.

Sven H. Me pareció un nombre bonito. Suena grande.

Tilo T. BANCADA POTENTE

Silke B. Tilo, céntrate.

Sylvia T. Ni tampoco hay bancos.

Sven H. Ahora no puedo cambiarlo…queda así.

Silke B. A mí me paso lo mismo. GRADA NORTE sea.

Oswald B. Podemos llevar bancos y mesas plegables.

Frank S. Oeoeoeoeoe!! 🙂

Tilo T. Yo puedo decorar con banderolas de colores.

Sven H. Yo me ocupo de los postes y la tela para las pancartas.

Silke B. Es un partido de fútbol, no una manifestación.

Sylvia T. “Ánimo. Estamos aquí”

Tilo T. “Arriba. Siempre arriba”

Frank S. Booooombaa Olavava Olavavava!!

Beate S. Y dónde enchufamos la máquina de pancakes?

Sylvia T. Hay que hacer pancakes? Cuántos?

Mareike B. Yo llevo patatas fritas de bolsa.

Sven B. Pan qué?

Silke B. Pancartas, Beate, Pancartas!

Mareike B. Y Gusanitos.

– – – – – – –

Sven H. Ya os he enviado los horarios de los partidos. Los nuestros están en los grupos A, B y C. Necesito a alguien que se encargue de llevar los uniformes. Juntos llegamos! 🙂

Oswald B. Yo puedo llevar los uniformes. Dime a dónde.

Silke B. De paseo, si te parece Ossi… 😉

Tilo T. Yo puedo llevar a tres de cualquier grupo, con o sin uniforme. También las pancartas.

Anne H. Yo puedo hacer varios viajes, con cinco. Voy a llevar sandwiches. Falta el agua.

Tilo T. Yo llevo el agua. Sin gas. Sven H. a dónde vamos todos juntos?

Mareike B. Y Brezel.

Beate S. Van a cortar el gas? Cuándo?

Sven H. Es un slogan, como “No pasarán” “ Si quieres, puedes”. En total somos ocho coches. Yo llevo las mesas y los bancos. Siete. Son catorce niños. Alguien bueno en mates? 😉

Mareike B. Yo voy andando.

Frank S. “EEEOOO EEEEEOOOO Daylight come and I want go hoooome”

Silke B. La mejor opción es reunirnos con los coches delante del Ayuntamiento y repartir niños y comida. También Bananas, Frank S. ;). Después vamos en caravana hasta el campo. Yo puedo recoger a Mareike.

Beate S. Y quién alquila la caravana? Yo no tengo carnet de eso.

Sylvia T. Yo llevo las banderolas,tres sillas plegables, el botiquín, dos termos con café, tazas, vasos y platos de plástico, dos bizcochos, una ensalada de pasta, mantas, las mudas, paragüas y tijeras. Sitio para un niño (menudo).

Tilo T. Sylvia T. for President! 🙂

Mareike B. Yo voy andando y ya van vestidos con el uniforme. Llevo patatas fritas de bolsa.

Sven H. Falta cordón y cinta aislante.

Tilo T. Lo lees mal y montamos la película 🙂 🙂

Silke B. Centrémonos.

Roswitha R. No creo que talar los árboles sea la solución. Pensad en todos los pajaritos que se quedan sin casa!

Anne H. En ese recinto tampoco hay árboles.

Mareike B. Y gusanitos.

Beate H. No creo que se puedan llevar hachas.

Roswitha R. Uuuups…me confundí de grupo 🙂

Oswald B. Los nuestros…de qué color van? Tengo más camisetas azules que pantalones rojos. Yo puedo llevar seis y una pancarta.

Sylvia T. Seis qué?

Beate S. A quién hay que aislar?. Yo llevo un machete.

Mareike B. Y Brezel.

– – – – – –

Anne H. Muchas Gracias a tod@s por vuestra ayuda! Sven os manda un saludo!

Sylvia T. Que se mejore! También es mala pata!

Silke B. “Mal dedo”, Silvia T.

Tilo T. Es que la mesa se plegó sola. Así Claks!

Oswald B. Hemos colocado todas las cosas en nuestro patio. Pasad a recogerlas cuando queráis.

Frank S. Yo ya repartí a los niños que quedaban. Devolví los bancos. Doblé las pancartas. Y tiré la basura.

Anne H. Frank S. Misión Cumplida 😉

Mareike B. Es de alguien un machete?

Silke B. Yo lavo los uniformes y ducho niños. Propios y ajenos 😉

Tilo T. Tenemos los puntos! Yo llevo la cerveza!

Frank S. A dónde?

Oswald B. Ya encargué pizzas. Aún hay ensalada y sandwiches.

Sven H. Os quiero.

Silke B. Nadine W. si me lees, he encontrado a tu hija.

Beate S. A quién hay que poner puntos?

Anne H. Yo llevo música.

Mareike B. Yo tengo cacahuetes.

Tilo T. “It´s coming home, it´s coming home”!!

Frank S. Quién?

Anne H. Big in Japan 😉

Beate S. Quién viene de Japón? Yo puedo ir a buscarlo.

Mareike B. Y limones.