ChowChow

Llaves, cartera,móvil, paraguas y gafas. Marcelo Quintanilla no pudo evitar sentirse muy orgulloso de sí mismo en aquel momento, lo había encontrado todo a la primera y sin tener que pensar dónde estaba cada cosa. Tener las cosas en su sitio, quieras que no, ayuda, le había dicho siempre su madre, y tenía razón. Ahora a la calle, a dar su ronda mañanera, el pan, echar la primitiva, el periódico, acercarse a ver si ya habían puesto las ventanas del edificio que estaban construyendo más abajo, fíjate tú qué le importaba a él, que no había puesto una ventana en su vida, pero era por curiosidad y por las grúas, siempre le habían fascinado las grúas, con el vértigo que él tenía, nunca se le hubiera ocurrido postular para ser conductor de grúas, se decía conductor de grúas o eran técnicos, ahora no lo iba a mirar, operarios, eso era, operarios de grúa, allá arriba, que ni se les ve. En fin, pan, primitiva y periódico. Ya iba a salir, cuando sonó el teléfono fijo. Era su hijo.

  • Dígame?
  • Papá…estás bien?
  • Perfectamente..
  • Es que te estoy llamando al móvil y no lo coges…
  • Es que lo tengo dentro de la cartera, y no me doy cuenta…
  • Vale, mira es que te llamo porque te voy a subir a Colin….
  • Y ese quién es?
  • Mi perro, papá, parece mentira, mi perro…
  • Ah! ChowChow…
  • Colin, se llama Colin…
  • Ya, pero es un ChowChow…o no?
  • Sí, pero…da igual, te lo mando ya por el ascensor para no perder tiempo, que tengo que ir al ambulatorio y no lo puedo llevar…
  • Bueno, pues mándalo y ya va conmigo de paseo…
  • Vale…

Marcelo abrió la puerta de su casa, y salió al descansillo, en seguida ya vio como subía el ascensor y en cuanto llegó a su piso, abrió la puerta y le dio la bienvenida al perro que él llamaba ChowChow, un ChowChow en tonos beig y marrones, de esponjoso pelaje y ojos soñadores que no dudó en alzar las patas delanteras contra sus rodillas en cuanto le vio. Marcelo rio y entró con él en el piso, si ahora iba a salir con el perro no podía llevar paraguas, así que tenía que buscar el gorro que siempre se ponía en tales ocasiones. Se dirigía a su habitación, a buscar el gorro en su armario, cuando, ahora sí, notó la vibración del móvil en la cartera. Era su hija.

  • Hola, dime…
  • Hola..dónde estás?
  • Pues ahora en casa, pero…
  • Pues de perlas, porque me salvas la vida….la guarde de Simón tiene una fuga de agua y hasta nuevo aviso nada, así que te lo subo y lo recojo cuando salga…
  • Bueno, y…
  • Ya tiene todo en la mochilita…ahora mismo estamos..

Marcelo metió el móvil en el bolsillo del pantalón, y se dirigió a la cocina, con tanta llamada le había entrado sed, también le puso agua a ChowChow en el recipiente que ya tenía para él junto al tendedero. No había acabado de beber el vaso, cuando ya oyó las llaves en la puerta de entrada y la conversación que su hija sostenía con Simón explicándole por qué se tenía que quedar con el abuelo. En cuanto le vio, Simón decidió que los brazos de Marcelo eran mucho más cómodos que los de su madre, quien le entregó la mochilita, y tras darles un beso a ambos, se apresuró a meterse de nuevo en el ascensor para no llegar tarde a trabajar. Marcelo puso a Simón en el suelo, y suspiró, en teoría podría bajar con ChowChow y Simón a comprar el pan y luego ir al parque, a darle pan a los patos y a los columpios. Para eso iba a necesitar la sillita de urgencia que su hija le había dejado para esos casos, y que estaba en una de las habitaciones que ya no usaba. Seguido de ChowChow y de Simón, no había recorrido ni medio pasillo, cuando sonaron el telefonillo y el teléfono fijo a la vez, lo que causó que ChowChow se asustase y comenzase a ladrar, y Simón a hacer pucheros. Marcelo cogió al niño en brazos,  acarició la cabeza a ChowChow,  y se decantó por atender el telefonillo.

  • Sí?
  • Somos los de la derrama…está usted en casa?
  • Pues mire….
  • Dentro de veinte minutos se hará en su casa la oscuridad…pero no se preocupe..
  • Cómo dice..?
  • Gracias, muy amable…

Marcelo se quedó mirando el auricular del telefonillo, sin saber muy bien si se trataba de una broma, o la derrama iba a tener lugar de una vez por todas. Para cerciorarse, aún con Simón en brazos, y seguido de cerca por ChowChow regresó al salón, y desde la ventana, pudo ver que, efectivamente, un enorme camión había aparcado delante del edificio y un nutrido grupo de obreros se disponía a montar un andamio. Suspiró y se sentó en el sofá, ChowChow se acostó en el cojín que tenía para él cerca de la calefacción, Simón miraba a su abuelo espectante, como sólo miran los niños cuando saben que todo es posible, Marcelo le sonrió e iba a decirle algo, cuando sintió la vibración de su móvil en el pantalón. Era su otra hija.

  • Dime..
  • Papá estás bien?
  • Perfectamente..
  • Es que te llamé al fijo, no me cogiste, y hace un rato este me daba todo el tiempo comunicando y claro, yo ya iba a llamar a los Bomberos de Cádiz…
  • De Huelva..
  • Qué pasa en Huelva?
  • Los Bomberos que dices, son los de Huelva…
  • Ah! Pues yo siempre pensé que eran de Cádiz fíjate…
  • Y de Huelva aquí, aún iban a tardar….
  • Qué va…en fin, necesitas algo de la plaza? Estoy a dos números..
  • Si eso una meigas…y pan..
  • Te noto cansado…
  • Pse…
  • Nada, hoy hace un día prefecto para una caminata de las tuyas, paraguas, teléfono, gafas y via…o no?

Hollywood

Uwe Triebke supo, al verla, que aquella casa tenía que ser suya. Y si no esa, una exactamente igual. Tal como estaba en la foto. Incluso la mujer que aparecía en la terraza, con un caftán de flores rojas y un pañuelo anudado a la cabeza, con una copa en la mano, se daba un aire a su Ilse. La terraza de la foto se abría a un valle gigantesco, y hasta eso podía ser posible. Compró la revista, y, nada más acabar los trámites que tenía que hacer aquella mañana, se fue directo a hablar con Norbert Grüber, el arquitecto que había construido la casa del juez Paulsen, y que era la envidia de toda la magistratura. Grüber le recibió, hojeó la revista, escuchó los planes y le dijo que no era posible. Uwe Triebke le aseguró que a él el dinero no le faltaba, y que era buen pagador, pero Grüber no se refería al dinero, sino a otras cosas, que le explicó con ayuda de un cartabón y una regla sobre un mapa de la zona, que extendió sobre una mesa. Uwe Triebke escuchó lo que Grüber le explicó, entendió todas y cada una de sus excusas, le agradeció que le hubiera recibido, y se marchó sin creer una sola de las palabras que el arquitecto le había dicho. Aquella casa tenía que ser suya. Sin más dilación, se dirigió al domicilio de su amigo Gottfried Landle, que era constructor. La familia Landle estaba en ese momento disfrutando del café con bizcocho de la tarde, y le ofreció un trozo, además de una taza, pero Uwe no tenía tenía tiempo para bizcochos con café, y así se lo hizo saber a los Landle, quienes no supieron qué decir. Gottfried Landle dejó su café sin terminar, y se fue con Triebke para que le explicase cuál era su problema. En el coche de éste, subieron por el camino que llevaba a las colinas, sin asfaltar, estrecho, plagado de curvas ciegas, infinidad de baches y sumamente empinado. Triebke conducía tan rápido, que Landle llegó a pensar que ,en realidad ,iban en auxilio de alguien que se encontrara en peligro de muerte, allí, en aquellas colinas en medio de ninguna parte. Cuando parecía que iban a adentrarse en el monte cerrado en el que finalizaba el camino, Triebke paró el vehículo a un lado. Landle se arrepintió en seguida de no haber llevado una chaqueta, ya que corría un viento helador; mientras pensaba esto, miró a su alrededor, para contemplar las vistas, único motivo por el que los excursionistas subían hasta allá arriba, él mismo hacía años que no lo hacía. Triebke se adentró en uno de los campos a uno de los lados del camino, cuando llegó al centro extendió los brazos dando un grito, y a la pregunta de Landle de si le pasaba algo, respondió que aquel era el punto exacto donde quería tener su casa, para que la terraza se abriese a las vistas y que le encargaba a él la construcción. Landle se acercó al punto donde se encontraba Triebke, y miró en derredor. Y Landle pensó rápido. Porque él era un hombre que pensaba muy rápido, no sin motivo había llevado una vez un premio extraordinario en el colegio por su velocidad a hacer cuentas complejas mentalmente y recibido de regalo un mecano, y pensó en metros cuadrados y cúbicos, en que el perímetro es la suma de los lados, en que el área es la base por la altura, en que un poliedro es la región del espacio limitada por polígonos, en desbrozadoras y grúas, en camiones y piedras, muchas piedras y cemento, mucho cemento, y en dientes, en los dientes de su hija Anja, en lo que le había dicho el dentista que le costaría ponérselos en línea para que no pareciese un conejo, y en aquellas casitas en Mallorca que su mujer y él habían visto en un catálogo, y en dónde habría ido a parar el dichoso mecano, y tras pasarse una mano por el rostro, él también sonrió y le dijo a Triebke que él era su hombre. Y un apretón de manos zanjó el trato. Lo primero fue hacer carretera de aquel camino de monte, para lo cual Triebke habló con quien tuvo que hablar y pagó lo que tuvo que pagar, y el camino se convirtió en carretera, imposible por lo inclinada y las curvas, pero asfaltada, y eso era lo importante. Después llegó darle forma a un sueño, ahora ya no solo de Uwe Triebke, sino también de su mujer Ilse, quien se aseguró de que su nueva casa fuese una copia exacta de la de la revista. Amplios ventanales, tejado irregular a diferentes alturas, un salón que ocupaba la mayor parte de la planta principal, sin una sola bombilla, ya que, como era sabido, en Hollywood no se usaban bobillas, sólo lámparas de pie, una cocina minúscula, porque a Ilse nunca le había gustado cocinar y para algo eran socios de un Club de Tenis con estrella Michelín, una habitación principal en suite casi tan grande como el salón, y dos angostos cuartos más,  por si todavía tenían otro hijo,si bien Ilse, entonces, no lo había decidido todavía. Pero lo que más imponía de la faraónica obra era la terraza, en cerámica de gres azul, a la que se salía desde todos los ventanales de la planta principal, y se extendía a lo largo de lo que aproximadamente equivaldría una pista de aterrizaje de un aeropuerto modesto, con balaustrada de madera y hierro fundido imitando ramas de árboles floridos. El día que la inauguraron, Ilse estrenó un vaporoso vestido de lunares verdes, tras haber buscado sin éxito uno con flores rojas, y se recogió el cabello con un pañuelo a juego, luego se situó en uno de los extremos de la terraza tratando de que no se la llevasen las ráfagas de viento, al tiempo que sostenía una copa con Aperol, y Uwe le hizo una foto desde el otro extremo, que después enmarcó y decoró su mesa de despacho durante años. Ilse, con gesto de constricción, aferrada con una mano a la balaustrada, el vestido y el pañuelo al viento, ofreciendo con la otra una copa a la cámara. Aquella fue una de las pocas ocasiones, en las que pudieron usar la terraza, ya que tanto en verano como invierno era barrida incesantemente por el viento, además, contra todo pronóstico, en los dos años siguientes Isle trajo tres hijos al mundo, que se unieron al que ya tenían, y los dos cuartos angostos resultaron inútiles, lo mismo que la imposibilidad de colocar bombilla alguna o que dos personas estuvieran al mismo tiempo en la cocina sin resultar multitud, a lo que hubo que añadir la incomunicación  que sufrieron con las nevadas tras las cuales la casa, prácticamente, pasaba a ser una colina más del paisaje. Ilse y Uwe Triebke acabaron por mudarse con sus hijos a una casa en el centro del pueblo, sin terraza, pero con un balcón, jardín y dos baños con bañera. Con el tiempo se fueron construyendo más casas en las colinas, y la villa de los Triebke quedó en el medio, como un mamotreto anacrónico, más parecido a un decorado de una película que a una casa real. Sólo para la foto.

McKenna Flanagan se sentó en el sillón más cómodo del salón, a esperar que comenzase la celebración, ya había invitados que pululaban por la casa charlando y riendo, pero ella, si bien a sus setenta y cinco años se encontraba ágil y en forma, había preferido hacerse con un sillón y guardar fuerzas. Recorrió entonces con la mirada las fotos que decoraban la pared, y tuvo que ponerse las gafas que ahora siempre llevaba colgadas de su cuello para cerciorarse de que lo que veía era lo que creía ver, se incorporó y se acercó para confirmar lo que suponía: aún existía la dichosa foto. Barry casi se le había puesto de rodillas, necesitaba que posase para él aquella última vez, y ella no había podido decirle que no, como siempre había sido y siempre sería, si bien ya estaba fuera de cuentas para dar a luz y lo único que podía ponerse eran pareos informes. Y allá se habían ido, al medio de la nada en un valle lejos de la ciudad, a lo que iba a ser el decorado de una película, una villa con una terraza inmensa sobre la que caía el sol a tal plomo que ella se había tenido que poner un pañuelo en la cabeza. Barry la había dejado entonces sola con René, su asistente, que era un encanto y que tenía un miedo horrible  a que ella justo rompiese aguas en aquel ignoto lugar, y él se había ido a algún lugar al otro extremo del valle para hacer la foto desde allí, porque así lo querían los productores, y como entonces no había móviles ni nada por el estilo, les había hecho señales de luz con un espejo, y ella entonces, cuan ballena, se había situado junto a la barandilla con una copa de agua helada, y posado por última vez antes de dejar las pasarelas para siempre. Después, Barry los había recogido de nuevo, y cuando estaban de camino de vuelta, los temores de René se habían hecho ciertos, y ella había roto aguas. Barnaby Michael Flanagan había nacido doce horas después, hacía hoy exactamente cincuenta años, la foto de los tres con el bebé, más pequeña, estaba colgada al lado, McKenna sonrió y la acarició, hoy sólo aquel bebé y ella estarían allí para celebrarlo. Volvió a mirar la foto de la terraza, y suspiró, más tarde se había enterado de que aquel decorado había sido desechado y derribado poco después. Al parecer siempre hacía demasiado viento.

Seattle

  • Sabes qué estoy pensando?
  • Nop
  • Que Vane es clavada a Michael Stipe
  • Y ese quién es?
  • El cantante de REM
  • El cantante de REM?…Vane no es calva…
  • No, no por eso, lo digo por la cara…es igual, si te fijas…
  • Voy a buscarlo…porque así a bote pronto no me acuerdo de cómo tiene la cara…a ver…pues no sé de dónde sacas tú lo de Vane…
  • Yo la veo calcada, hasta se mueve igual…así como aerodinámico..
  • Aerodinámico…tú te tomaste una aspirina con CocaCola o qué?
  • No pasa nada con eso, es una leyenda urbana…y Michael Stipe se mueve así como haciendo así con los brazos, y Vane también..
  • En la vida la vi yo hacer cosa semejante…
  • Es que no te fijas en nada…
  • Será..
  • Michael Stipe es el padrino de la hija de Courtney Love…qué guay tener un padrino así, no?…sales del instituto en Seattle y ahí está el de REM esperándote…
  • En Seattle?…y por qué en Seattle?
  • No es “Sittl” se dice “SEAtl” con ea…me lo dijo uno que estuvo  allí…pues porque REM se hizo famoso allí..
  • Aquí dice que son de Georgia…
  • Pero pasaron un tiempo en Seattle…
  • Tu tienes el raro subido hoy…sea como fuere la Vane no se parece a ese tipo…
  • Hablando del Rey de Roma por ahí viene…
  • El de REM?..
  • No..la Vane…
  • Joder pues sí que se parece..
  • Ves…ya te lo decía yo…
  • Sólo que con el flequillo no se le nota tanto…
  • Es calcada…
  • Te voy a matar, ahora me la imagino bailando esa de ¨HappyPeople¨….
  • Hola Vane…
  • Qué hay? Qué hacéis?
  • Nada…aquí …haciendo Playlists…
  • A ver?…ah el de REM…es clavado a mi tío Alfredo, una vez lo confundieron en un aeropuerto y todo…y eso que no es calvo…

Sentido Común

Yo nunca he ido a España porque no me gusta el arroz. Soy más de horno. Por eso me alegro de poder ir en breve a Suiza, allí también hay hornos y puedo ser libre. Ser libre, respirar a pleno pulmón y ser salvada sin tener que buscar la salvación como si fuera la última gota de agua. Porque yo voy a salvarme a Suiza, aquí ya no hay tanta gente a la que acudir para que te salven, tuve una suerte inmensa de poder adquirir una de las últimas plazas para el encuentro. Cómo dices? Sí, es un encuentro, ella lo organiza todo desde América, es una Apóstola de las Mentes Unánimes Liberadas y reza por todos nosotros online, y yo por supuesto rezo con ella, y sólo de verla ya me salvo y me ilumino, además tiene una voz prodigiosa, porque ella quería ser una gran cantante, pero ahora salva las mentes y los cuerpos de todos nosotros desde América…qué? América del Norte, sí, a ella no le gustan las fronteras ni los límites, por eso sólo nos dice que está en América, por el Norte, y yo sé que es allí porque se ve en las fotos que pone que es allí, sí, por la forma de las carreteras. Y ella dice que no dice dónde está porque en realidad está en todas partes, con todos nosotros, ahora mismo, por ejemplo, siento su espíritu aquí entre nosotras, su fuerza y luz unánime. Y por eso viene ahora físicamente a Suiza, a salvarnos físicamente, a todos nosotros. Bueno, a todos no, sólo a dos grupos de setecientas personas, miércoles, jueves y viernes en un lugar amplio donde quepamos todos y podamos sentir su luz unánime. Porque ella es luz, y sólo con mirarte a través de la pantalla sientes que te llena del poder ascentral de las mentes liberadas, porque ella habla con ellas y luego nos transmite sus mensajes, y sana a la gente de ser engullida por el mal del mundo, por eso sólo como pollo de corral y carne de ternera Bio, porque el diablo está en todas partes, y yo voy a que me libere y a que me de más pelo. Mi amiga se conectó el otro día y notó que, al verla, le volvía a crecer el pelo, y yo quiero sentir también eso, que mi pelo crezca y ver volar de nuevo mi melena al viento, y comer pollo con las manos, sin temor a los diablos caminantes incrédulos, y me libera ella en persona sin más problema, porque aquí ya no hay gente que te libere porque sí. Es complicadísimo. Y por eso voy a Suiza. Qué? No, no voy en tren. No me fio de los trenes, nunca sabes a dónde te pueden llevar, voy en el autobús que hace la ruta entre aquí y Nápoles, y me deja cerca del lugar de reunión….la última vez tuve que bajar antes, porque la gente no entiende que para ser bendecida por ella hay que saber sus canciones de memoria y yo canto durante el viaje y elevo mi espíritu hacia los Unánimes, moviendo mi cuerpo al ritmo de la gloria, y por eso la última vez me tuve que bajar en algún lugar cerca de Friburgo, y un hermano, no mi hermano….que con ese no me hablo y es un desposeído sin atisbos de querer ser salvado de nada, un hermano que también iba hacia allá y me llevó en coche. Me gusta Suiza. Mucho. Porque allí todo está en orden, como yo.

El Giro (Dedicada a Mark M.)

Eberhardt Finke no tenía prisa. Los viernes eran un día tonto, siempre lo había pensado, pero desde que trabajaba en el ayuntamiento se había reafirmado en la opinión. Su departamento sólo atendía al público de nueve a once y media, y después, según organigrama, debería haber reuniones de equipo y clasificación de documentos en el archivo. Pero eso sólo estaba escrito en el organigrama. En realidad, la mayoría se iba ya según el reloj marcaba las once y media, y, los que se quedaban, ocupaban el tiempo en todo menos en el trabajo de oficina. Él pertenecía a esta minoría. Hoy se había entretenido buscando en Amazon cinta de embalar, y había acabado mirando los videos en Youtube que grababa una pareja encantadora de norteamericanos que vivía en una isla. No se acordaba cuál. Pero era una isla, y eso para él ya había sido motivo suficiente para mirarlos. Después había bajado al parking, y emprendido el camino a casa. Escogió la ruta que bordeaba el río, no por el río en sí, que ya lo tenía muy visto, sino porque así no daba tanta vuelta. No había mucho tráfico, y había parado de llover, nada parecía anteponerse entre él y su casa. Poco antes de alcanzar el penúltimo semáforo antes de la salida hacia su pueblo, las luces de unos coches de policía estacionados en medio de la calzada le hicieron reducir la velocidad. Se había formado un pequeño atasco, debido, al parecer, a la presencia de piedras de gran tamaño esparcidas por los dos carriles, seguramente caídas desde algún vehículo que no pudo distinguir. Sin pensarlo dos veces, puso el intermitente hacia la derecha y cogió un desvío, a una carretera que, supuso, le llevaría a un punto posterior al atasco. Nunca la había cogido antes, pero pensó que, como todas las carreteras secundarias paralelas al río, desembocaría en algún lugar cercano a la estación de cercanías. A los pocos metros, sin embargo, un cartel le avisó de que, de querer continuar por esa ruta, tenía que desviarse hacia un camino a la izquierda, y Eberhardt así hizo. El nuevo camino era más empinado y estrecho que el anterior, además de tener peor pavimento, pero no le dio importancia, ya estaba acostumbrado a bregar con carreteras con baches. A medida que iba ascendiendo, se dio cuenta de que, incluso allí, había casas. Ninguna de nueva construcción, alguna de ellas, pensó, ya había visto pasar dos siglos por sus piedras, casas pensadas para albergar una familia a lo largo de varias generaciones, con varias buhardillas, tejados a dos aguas y travesaños de madera en sus muros, a cada cual más grande, circundadas de muros de hiedra y piedra. El camino continuaba ascendiendo, a cada tramo con más inclinación y sinuosas curvas cerradas. Tras una curva en la que hubo de cambiar rápidamente de marcha, para que no se le calara el motor ante la inclinación de la calzada, Eberhardt llegó a la conclusión de que allí era prácticamente imposible vivir sin coche. Tener que escalar todos los días semejante pendiente, y no quería pensar en los días de nevada, cuando el pavimento se cubre de hielo; a lo mejor la gente de esa zona utilizaba skies para desplazarse montaña abajo, se aventuró a pensar, porque otra forma de bajar semejantes pendientes heladas no había. Con lo mal que se le daba a él el patinaje sobre hielo, acabaría comprándose un Bob o algo así, deporte curioso el Bob, un poco angustioso la verdad, atravesar un túnel helado atrapado en un cajón a cien por hora, y si aún fueras solo, pero son dos, o cuatro, llegado el caso sería cuestión de preguntar a los vecinos si querían participar, bueno ya, pero para abajo muy bien, pero después habría que subir el Bob y eso tiene que pesar un mundo, aunque tenía entendido que eran de un fibra muy ligera, entre dos podían subirlo sin problema, y tú cómo vienes al trabajo Eberhardt? Pues en Bob, respondería él tan ancho. No pudo evitar reírse. Ahora, más arriba, ya no había tantas casas, pero las que había eran solemnes, altas y oscuras, rodeadas de muros infranqueables y con interminables tramos de escaleras hasta la puerta principal, apenas visible desde la carretera. La típica casa en la que se podría cometer un crimen y nadie lo descubriría jamás, pensó, o a lo mejor las habitaban criminales de guerra, como había escuchado una vez comentar a alguien, se encogió de hombros, lo que sí era criminal era vivir allí. O no. Según iba avanzando el camino se iba haciendo más plano, y a los lados de la vía se abrían pequeños prados bordeados por vallas de madera, en uno de ellos pastaban caballos en lo que parecía el jardín de la casa de Blancanieves y los Siete Enanitos, por los colores pastel y las contras con tallas de corazones. Para vivir en un sitio así hay que tener un buen perro, un mastín, por ejemplo, imaginó, los mastines son tan grandes como tranquilos, apenas ladran y si lo hacen es sólo una vez, mejor dos mastines, y trabajar desde casa, haciendo la compra on-line, dedicando el tiempo libre a reparar por fin la moto con sidecar de su tío Olaf. Olaf. A ver porqué no le pusieron a él Olaf, con lo que había querido él a su tío Olaf, pues no, le pusieron Eberhardt, en honor de un tipo, en una foto, hermano de alguien, que nadie había conocido nunca, pero su padre se empeñó,y así se quedó. Ahora ya no iba a cambiarlo. Con la burocracia que eso conlleva. Miró despistado hacia su izquierda y casi frenó en seco del susto. Desde una altura de vértigo, el río era una mínima mancha y los coches parecían microscópicos insectos de colores. Miró entonces a su alrededor. Definitivamente se había perdido. Hacía mucho tiempo que no se perdía. La última vez  había sido en Bonn. Nadie se pierde en Bonn. Pues él sí. En fin. Eberhardt, céntrate. En eso se fijó en que, tras él, había otro coche, un Mini azul cobalto, del que ahora se apeaba un hombre joven y se acercaba al suyo, Eberhardt bajó la ventanilla.

  • Yo te seguí porque pensaba que sabías el camino, pero ya vi que no…así que llamé a mi madre y me ha dicho que hay que seguir este camino hasta una casa gris con tallas de búhos y ahí girar a la derecha…después ya llegamos abajo otra vez…- Explicó mientras dibujaba un mapa en el aire, Eberhardt asintió y le agradeció su ayuda. Después continuó camino. Efectivamente al poco llegó hasta una casa blanca, con tallas de búhos en las contras de las ventanas, y tomó el camino de la derecha. Bajar es más sencillo que subir, menos cuando se trata de desescalar montañas, en ese caso lo importante es llevar buen calzado, él no era de escalar así que ese problema no iba a tenerlo nunca, respiró hondo y rio, las cosas que se le ocurren cuando se relaja. Sin más complicaciones alcanzó la estación de cercanías, y tuvo la suerte de que el paso a nivel estaba abierto. Lo cruzó acelerando. No se fiaba de los pasos a nivel. El chico del Mini se despidió de él con un golpe de bocina, y él le respondió con otro, después continuó hacia el puente para dirigirse por fin a su casa. Había que cruzarlo a veinte por hora, ya que estaba en mal estado y no era conveniente atravesarlo a gran velocidad. A la persona que se le había ocurrido esa idea, después se le había quedado la cabeza vacía. Como la suya ahora mismo. Sólo había una cosa. Un mastín ladra poco.

Boeing

  • Creo que me voy a comprar otros arillos…
  • Bueno…
  • Pero sólo un poquito más grandes, qué te parece?
  • Muy bien, hay arillos preciosos..
  • Sólo un poquito más grandes, no sabes?, como estos que llevo, pero más grandes…
  • Ya…
  • O será mejor que me compre unos en forma de estrellita, que vi el otro día, con una piedrita brillante…también los había en forma de luna…
  • También pueden resultar…
  • Los de luna eran un poquito más grande que los de estrella, pero brillaban igual, tú qué dices?
  • Seguro que todos te quedan bien…
  • Los arillos no tienen piedrita, son como estos pero más grandes, si los hubiera con piedrita podría comprarme unos…
  • También…
  • Unos arillos con piedrita, tú qué dices? Brillarán también?…
  • Claro, seguro…
  • Serían más grandes que estos, la piedrita diría algo, tú qué dices?
  • A mí, en joyas, me parecen muy bonitas las Aguamarinas….
  • No me digas…no sabía que se hiciesen joyas con agua marina…en cápsulas o así, tú crees que también habrá arillos con agua marina, los que tengo pensados son más grandes que estos…
  • Ya…
  • La luna con piedrita, a lo mejor, o tú dices unos de estrella, pero sin arillo…son más grandes que estos, y no sé si brillarán entonces igual, tú qué dices…
  • A ti qué te parece que los aviones Boeing siempre tengan un número acabado en siete…747, 727,757…es curioso, no?
  • Mi prima y su novio volaron el verano pasado a Cancún, hasta pirámides hay allí me dijo, con calor y todo…

La Gente de W.

Le dieron la bienvenida dos hombres que no podían ser más dispares. No sólo en estatura, sino también en apariencia. El más alto y atlético vestía un impecable traje azul, claramente hecho a medida, al igual que los zapatos. Tenía el pelo oscuro, salpicado ya con alguna cana, y un rostro de facciones finas, que se iluminó con una tranquila sonrisa al verla. El otro hombre era exactamente una cabeza más bajo que el primero, y su complexión era ancha. No llevaba traje, sino un pantalón vaquero roto en las rodillas y una camiseta verde que había visto mejores tiempos, se calzaba con unas zapatillas de deporte Air-Jordan blancas, que contrastaban por lo nuevas con su desaliñada apariencia. Su pelo era negro, algo largo y mal peinado, que enmarcaba un rostro difícil y de facciones grandes. También sonrió al verla, dejando entonces a la vista una maravillosa dentadura blanca.

  • Bienvenida! Ya pensábamos que no venías- Saludó el más alto, al tiempo que se acercaba a ella a darle dos besos, el otro imitó el gesto.
  • Qué bueno que vino- Dijo, sin dejar de sonreír, con un marcado acento que ella, en su mapamundi mental, localizó a la primera como de Colombia.
  • Estuve dudando, no creáis, hasta casi el último momento…-Confesó, el más alto la invitó a cogerse de su brazo.
  • Normal, a mí me pasaría lo mismo, ven, que te llevo a donde están todos- Invitó, ella le miró francamente sorprendida.
  • Todos?- Los dos hombres se miraron, para confirmarse el uno al otro la información, y asintieron a la vez.
  • Pues.. sí, todos los que tienen que estar- Aclaró el más alto. Ella levantó levemente las cejas, pero no dijo nada.

La guiaron hasta un salón muy amplio, bañado en la luz que entraba por unos ventanales que se abrían a una terraza. Estaba dividido en tres ambientes, en agradables tonos beig y tierra, que se deshilaban en sofás, butacas, butacones, chaisselonges, sillas, sillones, mesas bajas de distinta factura y tipos de madera y multitud de alfombras, que acababan de dar calidez a la estancia. No había ni un solo asiento libre. Un variopinto y numeroso grupo de gente charlaba animadamente entre si, mientras daba buena cuenta de la comida que podían obtener de un buen surtido bufet que se extendía sobre varias encimeras a lo largo de una de las paredes del salón. Hombres, mujeres y niños, heterogéneamente vestidos, y sin denominador común en el físico que hiciese pensar que perteneciesen a una sola familia que, por algún motivo, se hubiera reunido allí. Cuando se dieron cuenta de su presencia, unos se fueron avisando a los otros, a través de leves codazos y gestos, y por un instante se hizo el silencio, que, sin más dilación se vio roto por una inmensa ola de voces en forma de saludos de bienvenida. Alguno incluso aplaudió de alegría al reconocerla. Ella también se alegró mucho de verles, y no pudo más que taparse el rostro con las manos para esconder a medias lo colorada que acababa de ponerse. Si algo no le gustaba era ser el centro de atención. Desde el fondo de la sala  se acercó un mujer. No era delgada, pero los kilos que pudiera tener de más los tenía repartidos por el cuerpo en perfecta manera. Llevaba el pelo castaño oscuro liso en una cuidada melena, que reposaba en los hombros y enconjuntaba con su rostro, de facciones pequeñas, pómulos redondos y almendrados ojos negros que descansaban en unas ligeras ojeras, apenas visibles en su tez de india clara. Vestía un pantalón Capri lila, y un top de crepe en tonos amarillos y rosas, llevaba en lo pies unas sandalias de tacón bajo con tiras de purpurina azul y un historiado lazo lila en el empeine. Se acercó a la recién llegada con las manos, primorosamente manicuradas en lila, entrelazadas, como quien se dispone a rezar, regalándole una flamante y cálida sonrisa.

  • Ay, Dios me la bendiga, Dios me la bendiga, qué alegría tan inmensa, deje que la bese mihija…- Y la abrazó, para plantarle después un sonoro beso en cada mejilla. La recién llegada supo de quién se trataba aún antes de que la mujer se presentara- Bienvenida, yo soy Lonly, bueno Onlidelonly, pero soy Lonly, ya usted sabe, venga tome asiento, que ya le busqué yo misma el sillón para que esté cómoda- Con una encantadora sonrisa, le indicó al hombre que todavía la llevaba del brazo que ahora era ella, Lonly, la que se hacía cargo, y, tomando el relevo, la llevó hasta una butaca con reposapiés ergonómicos.
  • Tome asiento, que seguro que está cansada…- Indicó. La recién llegada hubo de darle la razón, y se sentó en la butaca, que resultó ser muy cómoda, y colocó los pies sobre los reposapiés. No pudo evitar soltar un suspiro de alivio. Antes de que pudiera decir nada, el hombre del traje a medida que la había recibido, le entregó un vaso grande y helado envuelto en una preciosa servilleta.
  • Limonada sin azúcar, con hielo granizado y menta- Anotó, ella se lo agradeció y bebió un trago largo, mientras se preguntaba cómo había sabido él que tenía sed.
  • Muchas gracias, Eloy..- El hombre del traje sonrió solícito e hizo una ligera inclinación de cabeza, para después ocupar un asiento en un sofá de tres junto a otras dos personas. El hombre de la camiseta verde se sentó en una silla de lona, y Lonly junto a ella en una butaca marrón con lunares beig.
  • Bueno, pues antes de empesar, dar la bienvenida a todos y agradeser vivamente su presensia en este momento tan espesial- Comenzó Lonly, al tiempo que ponía en orden unos papeles sobre su regazo- crusial es aclarar que no habrá una lista de preferensia, ni turnos de palabra, todos los aquí presentes que deseen hablar, mostrar su opinión, preguntar o simplemente saludar, podrán haserlo sin problema, claro está dentro de un orden y sin armar bulla, todos tendrán su tiempo..- Explicó, con su cadencia dulce y calma, de eses y eles suaves en lugar de erres, que invitaba siempre  seguir escuchándola, dijese lo que dijese.

Por un momento se hizo un silencio que nadie parecía atreverse  romper.

  • And now the explosion….o qué?…you see?- El hombre de camiseta verde lo dijo al tiempo que miraba a su alrededor, como quien aguarda una sucesión de acontecimientos que sólo sucedieran en su cabeza, lo que provocó un murmullo de alarma entre los presentes y que Eloy se llevase dos dedos al puente de su nariz, cerrase los ojos y negase con la cabeza, Lonly se limitó a suspirar brevemente y ordenar mejor sus hojas.
  • Warren, deja de decir eso, no va a haber explosión alguna…- Casi rogó Eloy, Warren miró entonces a la recién llegada, que había aprovechado para beber un trago  de limonada, y, a su vez, le miraba a él levantando las cejas por encima del borde del vaso.
  • No hay más explosiones…- Quiso confirmar Warren, mientras hacía un gesto de final con sus manos, ella negó con la cabeza.
  • No, Warren, de momento no y en tu historia sólo la que ya hubo, puedes estar tranquilo…- Aclaró, Warren asintió y se relajó contra el respaldo de su silla.
  • Entonces tengo que platicar con la Señora Leguineche…-Musitó mesándose el cabello.
  • Eso puede arreglarse, no te preocupes- Le tranquilizó la recién llegada, él dibujó un gesto de escepticismo en su rostro, pero pareció darse por contento.

Lonly miró un instante a su alrededor y dio la vuelta a una hoja, luego carraspeó.

  • Entonses podemos proseder con las solisitudes de atensión – Dictaminó, para después arreglarse mejor las pulseras que adornaban sus finas muñecas. Todos los presentes se miraron unos a otros, sin que ninguno se atreviese a ser el primero, hasta que un hombre, que hasta ese momento había estado sentado al fondo de la sala, se incorporó y se dirigió hacia ellas, atrayendo entonces todas las miradas hacia si.
  • Hombre, Naveira! Moi boas! Qué tal?- Exclamó la recién llegada al verle, y, a tenor de su sonrisa, alegrándose mucho de su presencia. Naveira hizo un gesto desvaído con la mano a modo de saludo general, y se acercó a darle dos besos, para luego sentarse en una silla cerca de ella.
  • Hola boas, no pensaba que fuera a haber tanta peña…- Confesó mirando a su alrededor sin salir apenas de su asombro.
  • Tú dirás..- Invitó ella, Naveira abrió las manos ante si y meneó la cabeza en un gesto que lo decía todo y nada, y que la hizo preocuparse.- Qué pasó?
  • A ver…por dónde empiezo?..lo más importante: Necesito más personal…
  • Por?- Quiso saber ella, sin entender muy bien a qué se refería, Naveira levantó las cejas y soltó un soplido.
  • Ahora mismo tengo cuatro casos abiertos…cuatro, en cuatro líneas temporales distintas, con lo cual unos suceden antes o después que otros y es, literalmente, un desfase…en tres palabras: necesito más personal- Explicó, ella asintió dándole la razón.
  • Pues tienes razón, no me acordaba que fuesen tantos…pero has de admitir que tienes a Sola, y eso ya te resuelve mucho…y eres amigo personal de Chisco Valbuena, no te quejarás..- Concedió.
  • Bueno, sí, Sola es lo mejor que nos pudo pasar…ella y Gracián, por supuesto…y Chisco es mucho Chisco, guapo y con pelasso como dice él..
  • De portada…pero lo dicho…La Troupe en general, pero esos dos son uno…
  • Cada uno en lo suyo….pero Sola nos ayuda a partir de un caso, antes de ese hay otro que se las trae y estamos a oscuras…- Ella sopesó un instante la situación.
  • Cuánta gente necesitas?
  • Por lo menos dos más…- Ella no vio ningún problema.
  • Hecho, en cuanto pueda te los mando…
  • De perlas…- Antes de que pudiera decir nada más, otro hombre, sentado un poco más lejos se acercó a ellos.
  • Yo tengo el mismo problema…Hola Buenas, antes de nada, perdón por meterme así de repente, pero además de gente lo que me falta es tiempo y vine porque Gencha se empeñó que si no…- Quien así se presentaba era un hombre alto, de pelo castaño algo largo y gafas de pasta, vestido con vaqueros, camisa blanca y blazer.
  • Manel, mi espía tranquilo….- Saludó ella, Manel sonrió casi descreído.
  • Tranquilísimo….pero lo dicho, dos cosas: gente y necesitamos que te decidas por un nombre para la Operación…o bien Operación Pasarela u Operación Zarewitsch….- Explicó.
  • Zarewitsch?- Quiso saber la recién llegada, y de pronto un rumor recorrió la estancia, algunos miraron hacia las puertas, otros incluso hicieron amago de irse, hasta que quedó claro que sólo le habían nombrado.- Operación Pasarela, sin duda, de lo contrario os delataréis…él sabe que le llaman así.
  • No hay nada que él no sepa…ahí está el problema, en fin…qué te voy a contar a ti, ah! Y antes de irme, tengo un mensaje de parte de Rodrigo Albián y Cari, para aquellos que se preguntan qué es de su vida, su historia continúa y viven felices en Nueva York, fin del mensaje…y marcho que teño que marchar…- Resumió, para después dirigirse a paso rápido hacia una puerta lateral, por la que desapareció. Lonly aprovechó ese momento para informarse de sus asuntos pendientes.
  • Ustedes están hablando de “Gente”, no es sierto?, estos dos caballeros nesesitan más “Gente” para arreglar sus asuntos, verdad?- Comenzó a explicar, dirigiéndose a la recién llegada, quien asintió a lo que decía- Pues bien, nuestro problema es el contrario y digo “nuestro”, discúlpen, porque yo también hablo en representación del Ilustre Edelweiss Mellado-Link, Gobernador de nuestro territorio y sus aguas, Dios lo guarde,  y que me ha encargado perentoriamente la resolusión de esta cuestión: Cuánta “Gente” más va a venir a nuestro territorio? Actualmente tenemos contabilisados a 140 personas en calidad de refugiado, y al pareser dentro del programa de “Reparto Equitativo” resibiremos en breve 100 más, no es sierto?..con lo cual nesesitamos saber si el número aumentará, porque nuestro territorio no es muy grande y nuestras infraestructuras no están pensadas para eso, verdad?- Mientras explicaba la situación, Lonly movía las manos acorde a cada dato y miraba a los presentes alternativamente, sin dudar de sus afirmaciones ni alzar la voz más de lo necesario, como correspondía a su cargo de Jefa de Prensa y Portavoz del Refugiado, cargo que había tenido varias nominaciones, y al final, por votación, se había quedado en esa. La recién llegada, que la había escuchado con atención, pensó un momento antes de contestar.
  • Yo sabía de 157, supongo que los 17 que faltan son los que tenían otras opciones, del “Reparto Equitativo” había escuchado algo, pero no sabía que iba a ser tan rápido… y respondiendo a tu pregunta, lamentablemente, a lo largo del tiempo, recibiréis más, cuántos? No lo sé, todos aquellos afortunados que consigan llegar…- Explicó, no sin un eco de pena en su frase final. Lonly parpadeó lento, y le cogió una mano mientras asentía con la cabeza haciéndose cargo de lo que acababa de escuchar.
  • Entiendo, entonses va a ser nesesario el Convenio Isleño…o Islas Unidas…o Somos Isla…todavía estamos en conversasiones, ya tu sabes mihija, no sé donde se dise “Muchos cosineros salan la sopa”, pero es bien sierto..- Dijo, buscando gente de su opinión entre los presentes, quienes se la dieron, como la recién llegada, quien aprovechó para beber otro trago de su deliciosa limonada.- Y bueno, en una de mis hojitas encontré un nombre escrito, y parese ser que es de alguien que tiene que ver con lo mio, pero no lo sé porque yo no lo escribí…- Anotó Lonly mientras buscaba la anotación en sus hojas, cuando la encontró se la entregó a la recién llegada.
  • Victor Cuevas Tren….- Leyó casi para si, pareció darse cuenta entonces de quién se trataba y sonrió- Victor Cuevas Tren!- Exclamó entonces mirando a su alrededor, Lonly repitió el llamado y Eloy se incorporó a gritar el nombre de forma que pudiera ser oído por todos los presentes en la sala, que pronto se llenó de un rumor de voces, que sólo cesó cuando un chico joven, que, hasta ese momento había estado recostado en un butacón, se incorporó y levantó la mano, para después acercarse casi sin atreverse a la zona en la que se encontraban Lonly y la recién llegada.
  • Mil perdones, es que de donde yo vengo, ahora mismo, si alguien llama tu nombre completo, o bien te escondes o sales por patas…- Se disculpó, era un chico alto, con el pelo oscuro muy corto, barba de varios días y enormes ojos castaños que miraban a su alrededor sin perder detalle, su ropa, vaqueros y una camisa sobre una camiseta, tenía el color de aquello que ya se ha lavado demasiadas veces, y sus robustas botas ya habían recorrido muchos kilómetros.
  • No te preocupes, aquí estás a salvo..- Confió la recién llegada, el chico se pasó una mano por la cabeza- En qué puedo ayudarte, Victor?

El chico respiró hondo y por fin pareció decidirse a formular su pregunta.

  • Es una pregunta rara, pero sé que sólo tú tienes la respuesta- Dijo por fin, la recién llegada le animó con un gesto a formularla- Por qué yo?

Todas las miradas se dirigieron entonces hacia la recién llegada, que no parecía sorprendida por la pregunta.

  • Porque siempre tiene que haber alguien que haga las cosas, Victor, y ese alguien eres tú- Contestó tranquila, Victor sopesó la respuesta un instante y asintió con la cabeza.
  • La verdad es que sí…- Musitó pasandose otra vez una mano por la cabeza, la recién llegada sonrió.
  • Además, Victor, tú eres el nuevo Carlos, saben que existes, pero no quién ni cómo eres- Desveló casi a media voz, Victor la miró y rio casi escéptico.
  • Tampoco hay que exagerar…- Bromeó haciendo un gesto de contención con las manos.
  • Espero haber contestado a tu pregunta- Se interesó la recién llegada, él sonrió como respuesta e iba a añadir algo cuando, desde algún lugar, llegó el eco de una orquesta tocando un pasodoble.
  • Soy yo, o eso es una orquesta?- Preguntó la recién llegada sin saber muy bien desde dónde venía la música. Eloy la sacó de su duda.
  • Es Carballeira, han montado un palco en la playa y están ensayando para después…
  • Después…- Dudó ella,  Eloy sonrió misterioso, pero no desveló el secreto. Victor se frotó las manos, como quien se alegra ya de algo que todavía no ha sucedido.
  • Pues ya estaría, yo me abro y me voy delante del palco que ni quiero pensar la última vez que viví semejante fantasía… muchas gracias y hasta más ver- Se despidió, para acto seguido dirigirse a los ventanales que se abrían a la terraza, y desaparecer por uno de ellos, que estaba abierto de par en par. Allí se cruzó con una estrafalaria figura, que hizo su entrada en la sala dejando claro en cada paso su presencia.
  • Freeman!- Exclamó entonces la recién llegada, al tiempo que se incorporaba de su asiento y se tapaba la boca con las manos, sin creerse lo que estaba viendo. El peculiar personaje abrió sus largos brazos y abrió sus manos con las palmas hacia el techo, para después recogerlos en un profunda e historiada reverencia de la que emergió con una flamante sonrisa en su rostro de ébano en el que brillaban unos enormes ojos azules. Era un hombre de fina corpulencia, con el pelo en cortas rastas adornadas por cuentas de colores, iba ataviado con unos pantalones de camuflaje, de donde colgaban unas gafas de snowboard, y una pulcra camiseta blanca de los RollingStones, sobre la que vestía una casaca azul marino de húsar con botonería de bordados ojales dorados en pasamanería, bordados que también jalonaban las mangas, presillas y puños, outfit que remataba con unas botas militares, que, si uno se fijaba bien, cada pie era de un modelo distinto, sólo diferenciable por la forma de la puntera. Se dirigió despacio hasta ella, con la elegancia que tienen las panteras, acariciando con su mirada a todos los presentes.
  • Cuéntame cosas, my Darling, Freeman hoy tiene tiempo- Saludó con una voz profunda con engolamiento británico, al tiempo que chasqueaba dos dedos de su mano derecha, la recién llegada rio y se volvió a sentar.
  • Hola Freeman, no te imaginas la alegría que me da verte, y que estés bien…- Dijo , él dibujó una especie de gesto de escepticismo en su rostro sin perder la sonrisa, al tiempo que movía las manos en el aire como quien separa telarañas.
  • Estar bien es un estado mental, my Darling, otra cosa es dónde tu me dejaste, ni en el Yin ni el Yan, ni aquí ni allá, y Freeman es un hombre muy ocupado..
  • Lo sé, lo sé, está todo listo, sólo tengo que ponerme…
  • No hay prisa, “Vísteme despacio, que tengo prisa” le dijo Napoleón a su nervioso ayuda de cámara, y yo no la tengo, Freeman nunca tiene prisa…pero necesito un Yan para mi Yin, tu ya me entiendes, Sweetchildofmine….
  • Te doy mi palabra, Freeman, sólo me falta calcular distancias y tiempos…
  • Velocidad es el espacio dividido entre el tiempo….o no, who cares…, toda esa comida es for free? Si tenéis Darleejing Tee entonces Freeman es feliz…
  • Estoy segura de que sí…
  • Pues entonces…Nunca olviden vitaminarse y mineralizarse…- Se despidió, moviendo las manos en el aire y dirigiendo sus felinos pasos hacia el bufet. La recién llegada miró a Lonly.
  • Qué bien me lo estoy pasando, no pensé que fuera a ser tan divertido…- Comentó, Lonly le cogió una mano y sonrió con aquella ternura suya, que hacía a los demás sonreír también.
  • Qué punto viene ahora?- Quiso saber la recién llegada, esta vez fue Eloy quien le dio respuesta.
  • Ahora toca “Grandes Secundarios” entre los que estoy yo al parecer, no sabía que llegaba siquiera a esa categoría…- Explicó mientras consultaba una libretita, sin poder evitar reírse, la recién llegada se encogió de hombros.
  • Las cosas como son, sin ti la trama en la que te mueves no es la misma…- Comentó dándolo por sentado, Eloy enarcó levemente las cejas y pareció darle la razón con un gesto, luego suspiró.
  • Sea como fuere, todos te envían un saludo…
  • Cómo está Fausto?- Quiso saber ella, el sonrió para si y carraspeó.
  • Fausto…es Fausto, bien, con sus coches y esas cosas…viene más tarde, ya sabes cómo es…
  • Me alegrará verle…- En eso, un rumor de voces les hizo mirar hacia un lateral de la sala. Por una de las puertas, había hecho su aparición una mujer que avanzaba hacia ellos con la seguridad que da tener mucho mundo. Tenía el pelo caoba en una melena con ondas de agua, que enmarcaba un rostro de muñeca de duros ojos verdes, vestía un traje chaqueta entallado de lana lila oscuro, y adornaba su cuello con una pañoleta de seda gris, de su antebrazo izquierdo colgaba un bolso negro y en esa mano sostenía sólo por una patilla unas gafas oscuras, entre los dedos índice y anular de su mano derecha un cigarrillo todavía sin encender.
  • Perpetua! No gano para sorpresas hoy..- Se alegró la recién llegada al reconocerla, la mujer soltó una carcajada cristalina y deliciosa, para después enviarle un beso con un delicado gesto.
  • Sólo tres personas me llaman así, y tú eres una de ellas, no es maravilloso?- Comentó, con una voz casi quejosa sin caer en el mimo, luego suspiró y alzó levemente la mano con el cigarrillo, gesto que provocó inmediatamente que dos hombres y una mujer se incorporasen a ofrecerle fuego, ella aceptó la lumbre de la chica y se lo agradeció con un guiño.
  • Dime, Perpetua, qué puedo hacer por ti?- Quiso saber la recién llegada, Perpetua tomó una calada del cigarrillo y soltó el humo hacia el techo, después posó en ella su mirada esmeralda enarcando una ceja.
  • Tántas cosas, querida, podrías hacer por mi, tántas cosas…pero hoy sólo tengo una encomienda, y es el vestido de boda de Marina..- Comenzó a explicar, la recién llegada se llevó una mano a la cabeza y asintió con gesto culpable- Yo necesito encargar la tela, pagar al estraperlista, y el contante para pagar a las modistas, porque son varias, un vestido así no se hace solo, y lo más importante es el transporte…porque, vida mía, no pretenderás que esta que lo vale suba hasta allá a caballo, porque tren no hay y aunque lo hubiera, reina, no lo verán tus ojos, por lo tanto preciso de automóviles, en plural, y parné, que más vale que sobre y no que falte..- Enunció sin dejar de mover el cigarrillo en el aire.
  • Toda la razón, Perpetua, lo tendrás todo, te lo aseguro..- Afirmó la recién llegada, Perpetua tomó una nueva calada y volvió a expulsar el humo hacia arriba.
  • Y otro percal, es si subo yo sola o también mis chicas?, la duda ofende, pero nunca está de más preguntar..- Inquirió casi divertida.
  • Por supuesto con tus chicas, Perpetua, en más coches..porque autobuses no hay, creo..- Dudó la recién llegada, Perpetua le regaló su risa de nuevo.
  • Criatura, en este momento de donde yo vengo hasta la nada tiene su precio, y a propósito de precio, esa orquesta que está ahí fuera en cuánto saldría?..- Quiso saber, la recién llegada sonrió, pero negó con la cabeza.
  • Sintiéndolo mucho, esta orquesta no va en tu historia….pero no te preocupes, que te encuentro una..- Prometió, Perpetua rio de nuevo, pero esta vez descreída.
  • Sólo encontrarás cornetas, de eso no falta, cornetas…pero ya me mandarás aviso por Cantinela si lo logras…- Dijo, para después suspirar y mirar a su alrededor.
  • Dónde la has dejado, a Cantinela? – Quiso saber la recién llegada, la mirada de Perpetua se suavizó un instante y señaló la terraza con un movimiento de cabeza.
  • Nunca se pierde unas buenas piezas…- Indicó, luego tomó otra calada y volvió a expulsar el humo según su costumbre- y en verdad, esta que lo es, tampoco….algún voluntario?- Y antes de que nadie pudiera reaccionar, Warren ya estaba ofreciéndole galantemente el brazo para acompañarla, ella le sonrió melosa, y por último le guiñó un ojo a la recién de llegada antes de alejarse con Warren hacia las puertas de la terraza.
  • Ahora sólo falta que aparezca Trosiak y ya es el acabose….- Comentó la recién llegada, y se topó con la cara de circunstancias de Lonly quien dirigió su mirada hacia el exterior, y ella la siguió sin saber muy bien qué tenía que buscar, ya que sólo podía adivinar el tronco de un árbol.
  • En realidad, él no pudo venir pero envió a un emisario…y cuando supimos que venías….se convirtió en ese árbol, afortunadamente llegó a tiempo a la playa para “plantarse”…no me puedo creer que esté diciendo esto..- Explicó Eloy pasándose una mano por la cabeza, la recién llegada rio, dándose cuenta de a quién se refería.
  • Pobre Tris, seguro que se puso nervioso…y claro, se convierte en cualquier árbol…- aclaró, Eloy levantó las cejas sin salir de su asombro.
  • Ahora toca un punto, que todos hemos estado de acuerdo que hay que tratar, ya que es de vital importancia y nos concierne a todos- Instó Eloy, ella le animó a continuar- Todos los aquí presentes, exceptuando la versión corta de los casos de Naveira , formamos parte de tramas que, según tengo entendido, no vas a poder subir al Blog de WordPress, y nos gustaría saber el porqué.
  • Antes de nada, decir que no he tomado esa decisión por propia voluntad, sino porque WordPress no permite grandes formatos, al menos dentro del convenio en el que trabajo, sólo es posible si se suben en partes, cosa que consigo con los casos de Naveira, pero con el stress que supone tener que subir todas las partes a la vez, ya que de lo contrario el final quedará siempre como la última parte subida, y, claro, lógicamente, no tiene sentido. Por lo tanto subo sólo una versión corta, o en la que sólo hay una trama, y las tramas secundarias se quedan en boxes, literalmente. Todos vosotros formáis parte de historias largas, sagas y “spin-off” de los relatos ya subidos protagonizados por esos “Grandes Secundarios” que decías antes. No penséis que no quiero que salgáis a la luz, es un problema de formatos…
  • Has intentado enviarnos a alguna editorial? Ellos tienen más formatos in peto..- Quiso saber Naveira, ella se encogió de hombros, al tiempo que componía un gesto de derrota.
  • Lo intenté muchas veces, a grandes editoriales, pequeñas, independientes, cool, sin ser cool,  sólo para mujeres, sólo para autores noveles, de novela negra…di una, y seguro que han recibido mi Email preguntando si puedo enviaros via manuscrito, de muchas aún estoy esperando la respuesta o me dicen que no coincidimos con su catálogo…da igual qué editorial, o qué catalogo tengan, nunca nos pueden admitir…y por eso no os puedo sacar a la luz…
  • Y si nos envías porque sí?- Preguntó una chica que estaba sentada un poco más atrás, la recién llegada negó con la cabeza.
  • No admiten manuscritos no solicitados…- Aclaró.
  • Pero cómo van a solicitar tu manuscrito si no saben que existes….- Quiso saber Naveira.
  • Claramente tienen poderes telepáticos, Naveira, parece mentira..- Rio Eloy, Naveira lo imitó.
  • Y luego está el problema de no saber cuánta gente me lee en realidad, os aseguro que me da igual, yo hilvano vuestras historias porque sin ellas pierdo el equilibrio que necesito para mi día a día, sin importarme quién pueda o quiera leerme, pero WordPress no me da datos precisos…por ejemplo pueden pasar semanas sin que un alma me lea, no me importa, pues bien, de pronto WordPress me manda “fuegos artificiales” para darme la enhorabuena ya que me han leido dos mil personas….lo que no concuerda con que durante semanas, según la estadística, me haya leído sólo el señor número cero….y repito que no me importa, pero a veces me enerva…claramente algo no cuadra…
  • Pero tienes una bonita comunidad en WordPress, tengo entendido…- Comentó alguien entre los presentes, la recién llegada sonrió feliz.
  • Actualmente me siguen 127 personas, y yo les sigo, en maravilloso intercambio, estoy muy a gusto…formatos arriba o abajo…- Explicó.
  • Pero nuestras historias van a continuar, y tener fin y esas cosas…- Preguntó otro, ella asintió.
  • De hecho lo primero que veo es el final….y el título, pero podéis estar tranquil@s todas las historias serán acabadas…algún día..- Aseguró, lo que provocó una ola de rumores de alivio, al que se unió Lonly, con un sentido suspiro.
  • Bueno pues, aclarado esto, sólo falta el último punto…que ya dejamos para el final, porque es muy divertido…- Anunció Eloy, la recién llegada abrió mucho los ojos sorprendida- A ver qué se les ocurre ahora…

Entonces, una puerta lateral de doble hoja se abrió de repente de par en par en medio de una explosión de confetti multicolor al tiempo que el ObladíObladá de los Beatles atronaba la sala, lo que provocó que todos comenzasen a aplaudir al ritmo. De la nube de confetti surgieron dos personas, un chico y una chica que no parecían estar de acuerdo, ya que él entró bailando al ritmo, riendo y tirando serpentinas a mansalva, mientras que ella, si bien iba a su lado, parecía desear que la tragase la tierra.

  • Hoooolaaa Peoooplee!! Buenos Días, o Tardes o Noches…o lo que sea…pero Buenos!!- Exclamó el chico entre risas, ella hizo un gesto desvaído con la mano a modo de saludo.
  • Querida, le presento a “Desorden H”- Presentó Lonly, mientras se quitaba confetti del pelo.La recién llegada rio.
  • “Desorden H”?…os ha pasado el nombre mi madre?…porque es una definición suya…- Quiso saber, el chico y la chica se miraron y negaron con la cabeza.
  • No, él es Desorden y yo soy H…no hay más- Aclaró ella, era una chica menuda, de melena negra con flequillo, que enmarcaba un rostro de expresión sumamente seria, y vestida de negro.
  • Yo no soy desordenado….la creatividad puede conmigo, creo hasta dormido…- Se presentó él, un chico alto y desgarbado, con el pelo teñido de amarillo pollito y portador de una gafas de pasta verde agua, vestía un chándal multicolor y calzaba unas deportivas con lucecitas en sus suelas, que se iluminaban a cada paso que daba.
  • Encantada de conoceros…qué puedo hacer por vosotros?- Se interesó la recién llegada.
  • Nosotros somos los encargados de la sección “Dirección Artística, Persecuciones, Desencuentros armados, Fuerzas Desatadas de la Naturaleza, Bandas Sonoras y Nocturnidades Alevosas”- Desgranó H, a lo que Desorden asintió con la cabeza.
  • Y tenemos varias cuestiones a preguntar…esto es: Muchas de las canciones que suenan de fondo en algunas de tus historias no pertenecen al mismo hilo temporal de la historia….con lo cual no pueden formar parte de su banda sonora…sintiéndolo mucho…- Explicó, la recién llegada sonrió.
  • Si te refieres a la canción que bailan Adi de Toledo y su mujer en la verbena, por supuesto que la canción en su versión actual no pertenece a su hilo, pero la orquesta la puede tocar como bolero…- Propuso, Desorden y H se miraron, y parecieron entenderse.
  • Vale- Anotó H, Desorden consultó su Ipad.
  • El inspector Salinas persigue a todo correr a una sospechosa por la Gran Vía….y de fondo suena “Los Perjúmenes”….sólo nos interesa saber qué te pasa a ti con esa canción y qué tiene que ver con la acción…- La recién llegada soltó una carcajada.
  • Es una canción que me encanta….y lo único que tiene que ver con la acción es que la sospechosa es un canto de mujer, peligrosa y va armada..- Aclaró, Desorden y H volvieron a mirarse, y asintieron.
  • Naveira, aquí presente, y su equipo, se pierden en Perillo por la noche mientras buscan a dos sospechosos….de fondo suena “Mi gran noche” de Rafael….yo lo encuentro magnífico, H opina que perderse es una situación angustiosa y que no cuadra..- Explicó Desorden, Naveira que consultaba algo en su móvil sonrió para si.
  • Abogo para que subir y bajar corriendo tres veces, por la noche, al Alto de Perillo desde la Nacional sea considerado deporte olímpico….no me lo recuerdes…- Musitó sin levantar la vista del móvil.
  • En realidad sólo suena en mi cabeza…así que no hay más problema…- Anotó la recién llegada, H sopesó la respuesta y asintió, Desorden sonrió victorioso.- Para que os hagáis una idea, cada vez que escucho la banda sonora de “Los siete magníficos” me entran unas ganas terribles de montar a caballo, y el tema “Lara” de “Doctor Zhivago” me da una paz inmensa…no sé, soy así…- Explicó encogiéndose de hombros, Desorden rio.
  • Para eso estamos nosotros….no te preocupes…
  • Gracias…
  • ObladíObladá como canción protesta….en serio?- Anotó H, la recién llegada negó con la cabeza.
  • No es una canción protesta, es una declaración de intenciones…cada vez que, en la trama, va a suceder algo, ellos la ponen a todo volumen, no yo…es un símbolo y esas cosas…
  • Vale- Acotó H, Desorden escribió algo en el Ipad.
  • Y ya estaría…porque después tenemos que tratar los temas: Avalanchas y Desplazamientos Incontrolados de Grandes Multitudes…pero no hay tantos, así que podemos tratarlo después…y también Dani Martín..
  • Dani Martín?…Por?
  • Por eso mismo, amor mío, todo tiene un límite…incluso para mi…que ya consigo escuchar estoicamente “Ojos de hielo”, que esa es otra, y H se va a hacer del Club de Fans de Neil Diamond…- H le miró con un claro gesto de escepticismo, la recién llegada se rio a carcajadas.- Pero eso después…
  • Después…?- Preguntó la recién llegada extrañada, Lonly intercambió con Eloy una mirada de confirmación y la invitó a incorporarse.
  • Ahora nos vamos a ir a fuera un ratico, hase demasiado tiempo que no ve el mar mihija…y Carballeira lo tiene ya todo ok para nosotros..- Indicó ofreciéndole el brazo.

Todos los asistentes, entonces, se dirigieron hacia las puertas de salida a la terraza. Cuando Lonly y la recién llegada estaba a punto de llegar a las puertas, una niñita con dos chichos adornados con lazos, y ataviada con un precioso vestidito rojo con bordado de nido de abeja en el pecho y zapatitos de charol, le tiró a la recién llegada de la chaqueta.

  • Hola Dalia! Hola princesa bonita!- Saludó la recién llegada cogiéndola en brazos, Dalia le dio un sonoro beso- Qué vestido más bonito! Quién te puso tan guapa?
  • Mizigam..-Contestó la niña con una luminosa sonrisa señalando el exterior, la recién llegada se emocionó.
  • Michigan? Vamos a buscarla?- La niña asintió mientras jugaba con uno de sus chichos, la recién llegada la volvió a dejar en el suelo y la cogió de la manito, al tiempo que volvía a confiar en el brazo de Lonly, para, sin prisa, salir de la estancia siguiendo el rumor del mar y de la música.

Y yo? Quién soy yo? Me han puesto muchos nombres, pero mi favorito es Omnisciente, no sé, es como que resume muy bien mi trabajo. No hay nada que yo no sepa, vea, escuche, oiga, presuma, huela, vilipendie, intuya o traduzca. Nada. Sé lo que estás pensando. Y ahora también me voy. Pero sólo un rato. No tengas cuidado.

Ángulo Muerto

Silvita no se lo podía creer. Un sitio en la ventana. Normalmente eran las mayores las que los copaban, echando a los más pequeños a un lado, como si fueran simples insectos, o eso le parecía a Silvita, que no se caracterizaba ni por su altura ni por su corpulencia, ella era más bien menuda, de hecho, el peto del uniforme le bailaba, por más que le hubieran metido a los lados ya dos veces. Pero eso a Silvita no le importaba. Ella sólo aspiraba a sentarse en un asiento de ventana en el autobús del colegio. Y por fin el día había llegado. En el lado derecho, en el que, a la vuelta, siempre se veían más cosas, porque su ruta era la Ruta2, y esa ruta era la del Centro. Y todo pasaba en el Centro. O eso es lo que le había oído decir a su madre, y que por eso vivían allí, y no a las afueras, en una de esas urbanizaciones nuevas que estaban haciendo. Ellos no eran de campo. Ellos eran de Centro. Silvita no había entendido lo que su madre había querido decir, porque a ella le gustaban los pájaros, y las flores, y los caballos, pero también el Centro. Y sentarse en los asientos de las ventanas de los coches. En el coche de casa nunca lo conseguía, porque siempre iba por el medio, metida a presión entre dos de sus hermanos. Ella hacía el número cuatro. De un total de cinco. Tinito aún no sabía hablar, tampoco andar, sólo lloraba, comía y dormía. Él era el número cinco. Valentín. Tinito. Se lo había puesto ella. Porque cuando llegó era más pequeño que su muñeca preferida, que se llamaba Tina. De ahí Tinito. Hoy hace sol. Hay mucha gente por la calle, los comercios están abiertos y los escaparates lucen sus mejores galas, también hay mucho tráfico, y el autobús avanza muy pocos metros antes de tener que pararse siempre en  medio de un concierto de bocinas apremiantes. Silvita se fija en el escaparate de una joyería, que, a la luz de la tarde, parecía el lugar en el que alguien hubiera escondido un tesoro. Oro, diamantes y perlas, milimétricamente colocados en perfecta sintonía. Cuando haga la Comunión su madrina le regalará una cadenita de oro, como a sus hermanas antes de ella. Pero para para eso aún falta. Se aleja la cueva del tesoro, y ella aún tiene la vista prendida en su luz dorada. Entonces le ve. Justo delante de ella, entre dos coches, con aquella presencia que le hacía único entre todos los hombres. Su padre. Y antes de que ella pueda siquiera golpear con los nudillos la ventana para llamar su atención, él mira hacia donde ella está y su rostro, hasta ese momento sonriente y tranquilo, se transforma en una mueca entre la sorpresa y la estupefacción, que la hace reír y saludarle con la mano hasta que poco a poco su figura se aleja a medida que el autobús avanza entre el tráfico. Silvita todavía sonríe. Es lo que tiene ir sentada en la ventana. Pueden pasar cosas extraordinarias, como descubrir cuevas con tesoros o ver a su padre, a quien podía pasar días sin ver. Por lo mucho que tenía que trabajar. Según les decía su madre. Lo que sucedió después, Silvita lo guardaría en su cabeza como el episodio más feliz de su infancia, y, de haber podido, lo hubiera enmarcado, para poder revivirlo cuando le viniese en gana. El autobús se detuvo de nuevo, entre bocinas y exabruptos, y por la puerta de delante entró su padre, llamándola, como si ella fuera la única pasajera del vehículo, avanzando por el pasillo con los brazos abiertos y su mejor sonrisa, como si viniese a salvarla de un peligro inminente. La cogió en brazos como si de una pluma se tratase, y abandonó con ella y su cartera el autobús, sin pararse a mirar las reacciones de había causado con ese gesto. Qué alegría, Silvita, haberte visto hoy por casualidad, le dijo achuchándola contra si, riendo, con aquella risa suya, capaz de hacer cesar la lluvia o parar el mundo, ven, vamos a merendar rico. Y aquel gigante con gabardina la cogió de la mano, y se fueron a merendar rico, chocolate con churros, después compraron piruletas de muchos colores y por último encargaron dos pollos asados con patatas en un lugar muy lleno de gente, que a ella le pareció inmenso, y que olía deliciosamente a cebolla y pan recién hecho. En el taxi, sentada en su regazo, apoyó los brazos en el borde de la ventanilla, y la frente contra el cristal observando el rápido pasar de las luces ante ella. El culmen para aquella tarde de ensueño. La cena casi pareció Navidad, y esa noche soñó que volaba entre nubes cargadas de anillos diamantes.

Anillos que se parecían al que, desde esa tarde, lucía Adelaida Contreras López en el dedo anular de su mano derecha, y que brillaba a la luz cada vez que pulsaba a velocidad de vértigo las teclas de la máquina de escribir en su puesto de trabajo como secretaria de dirección, ya recuperada del apuro. Todo se pudiera haber ido al traste, de no haber sido por la rapidez de reflejos de él. Al final, nada que no pudieran arreglar un chocolate con churros y dos pollos asados.

Bering

De todos los mares del mundo, me tuvo que tocar ese. La culpa fue mía por tardar en levantarme a recoger el papelito. A quién se le ocurre hacerlo todavía con “papelitos”?. Pero pensándolo bien, es la mejor opción. Además eran todos iguales, los debió de hacer con una máquina o algo. O los pidió por Internet: Océanos y Mares del mundo/Papelitos. Pues no, sale papel para paredes con mapas. Ahí no los pidió. Los compraría en los chinos. No sé. Da igual. A Riquelme le tocó el Mar del Norte, y a Graciela el Mar de la China. Fastidiadísimos porque era mucho. Y voy yo, y me toca el Mar de Bering. Qué suerte, me dicen. En fin. Lo primero que pensé al ponerme a ello, fue en cómo se descubre un mar. Quiero decir, el mar ya existía antes de que a tí se te ocurriera pasar por allí. Vamos, digo yo. Al menos que tengas poderes inusitados, y vas tú y lo creas de la nada, y lo inundas todo. Ala. En plan Splaschh. Un subidón total, entre algas, sal y arena. Esas algas que se te enredan en los pies, y no te dejan salir. De esas. Pero pongamos que ya esté. Cómo le pones nombre?. Esa gente debía ser superdotada, o algo. Soy yo, y aún pueden estar esperando hoy. El caso es que este mar se llama así porque un tipo con ese apellido feneció allí. Sí, feneció. Que es lo mismo que morirse, pero queda mejor y eso. Entonces yo me pregunto qué lleva a un danés a pegarse semejante paliza hasta allá arriba, al quinto coño, no una sino dos ocasiones, y la respuesta me la dio mi abuela, que siempre me dice que si hago las cosas mal, entonces tengo doble trabajo, porque las tengo entonces que hacer dos veces. Y eso le pasó al danés. Y feneció en su intento. Eso sí, cuidadito, no sólo le pusieron su apellido a la isla donde feneció, sino también al mar. El novio de mi prima, una vez, pagó para que pusiesen su nombre a una tormenta. Olga. Más tarde nos enteramos de que había sido la que había hecho desaparecer parte de una isla en Polinesia. Después lo dejaron. Pero no por eso. Por desgaste, o eso se dijo. Cosas. Lo bueno que saco de todo esto, es que ya sé a dónde puedo enviar a mi hermana sin que después se chive a mi madre. Mira Trini, vete a las Islas Aleutianas. No me puede echar nada en cara. La estoy enviando a que haga turismo de frío, que también lo hay. No todo es AllInclusive y piscina que te crió. El problema va a ser si se informa, porque entonces dirá que la estoy llamando foca. Pero no creo. No es Trini de informarse. En general. Al parecer el Aleutiano es una lengua que se está extinguiendo. Voy a mirar si se puede estudiar aleutiano. Salvemos el aleutiano. Iba a ir yo de cool hablando aleutiano con la peña, aunque yo de aleutiano tengo poco la verdad. Yo sirvo para espía, soy un tipo muy normal. Del que después del tiroteo, los testigos declararían que nunca hubieran pensado semejante cosa de mi, ya que siempre digo Buenos Días. Estoy pensando que para la presentación, voy a ir vestido de esquimal, con caña de pescar y todo. Pertenecen los aleutianos al pueblo esquimal?.Ya estamos.  A ver por qué no me tocó el Mar Tirreno. Por ejemplo. En fin. Ahora lo que tengo que hacer sin falta es ensayar la coreografía para gimnasia, porque con el cuento de que no podemos correr y sudar al mismo tiempo, a Camino se le ocurrió que bailásemos en el sitio. Silvia, como delegada, dijo que parecíamos presos de una cárcel tailandesa que había visto en una película, y Camino le dijo que no iba a haber juego con ningún calamar, que bailar era sano. Cuando te veo mamá, como un fórmula one paso de 0 a 100, contigo implosioné de ti me envenené, yo ya no sé qué hacer me abrazaste y volé, te juro que volé …y entones tenemos que dar un salto y caer abriendo los brazos, como si volásemos o algo así. Y no me sale después de la vuelta rara esa. Porque yo bailar bailo bien, pero a mi aire. No como un preso tailandés. Es el calamar un plato tradicional en Tailandia?. Puede el hombre volar?. Voy a buscar un video de focas. Son unos animales adorables.

El Favor

Dos mujeres. Dos perspectivas.

La Una

Ahí viene. Da igual lo que se ponga, todo le queda bien. Y luego están los andares. De zancada larga, desgarbada, pero elegante. Cómo será ser así?. Cómo será tener esa melena rubia lacia y poder moverla como quieras?. Yo no tengo melena. Tengo una mata de pelo ingobernable. Yo tengo el mismo tipo de pelo que la Aniston. Y ya se lo tengo dicho a Raque, que me lo corte como la Aniston. Pero ella se ríe, y me dice que que esas están tan operadas, que hasta se operan el pelo. Y me sigue dejando como siempre. Raque no me entiende. Cola de caballo hoy, cola de caballo mañana. Esta también lleva cola de caballo a veces, pero en ella es un himno a la cola de caballo. Hasta se balancea con gracia. Cómo será levantarse por la mañana y ver esa cara en el espejo?. Yo primero tengo que ponerme las gafas para ver algo. Eso de entrada. Y después, prefiero meterme directamente en la ducha. Total…Ella es de esas que es maravillosa ya nada más levantarse. Y seguro que se despierta junto a un tipo también estupendo, con sonrisa profidén. Bueno, Blas profidén, lo que se dice profidén, su sonrisa no es, pero poco le falta. Yo le digo que tiene la sonrisa del Cruise antes de la ortodoncia. Y él me dice que no entiende eso de la escientología y que él es más de „FastyelFurius“. Blas no me entiende lo que quiero decir. Pero despertar a su lado „es bien“, como dice mi hermano. A dónde irá? Me cruzo con ella a la misma hora. Saldrá del curro me imagino. Dónde trabajará? Seguro que es de esas que trabaja en una oficina de moqueta mullida, y despachos con paredes de cristal. Y no hace nada en especial. Porque un día le pregunté a la prima de Blas, que trabaja en una de esas, que qué hacían, y no me supo explicar, porque ella está en la recepción, pero no es que se maten, según me dijo. Pues sí. Le pega. Estar sentada en un despachito cuco, con ventanales del suelo al techo, haciendo sólo una cosa a la vez. Habrá estudiado algo de derecho con otra cosa en una privada, y después, directamente, fue jefa. O algo así. Yo soy burocrata, y a mucha honra. Sin mi se para el mundo. Somos Legión.Tan rubia ella. Tan perfecta. Me recuerda a aquella, cómo se llamaba?, tanta cosa, tanta cosa, para al final morir de la forma más tonta. Seguro que le quedan bien los bikinis. Habría que hacerle un monumento al que inventó el pareo. Yo no me apeo de él en verano. Que hay que estar orgullosa de las lorzas, vale sí, pero yo con pareo. Cómo será tener poco pecho? Escuché una vez que las personas con mucho pecho tienen buena voz. Blas se rio un mes. Con razón. Yo cuando canto, pareciera que me están pisando el meñique con un tacón de aguja. En fin. A dónde irá? Es la elegancia en movimiento. Seguro que tiene un nombre acorde, como Candela, Jimena, MaríaVictoria, Mafalda. O Meri con -e-. Al final, se llamen como se llamen, todas se llaman Meri con -e-. Que no Mari, cuidadito. Ellas no son Maris. Son Meris. Con -e-. Ofcourse. A mi me gusta mi nombre. Me representa. Y no admite diminutivos. Ahí queda eso. Vivirá por el centro. Le pega. En un piso-palacio decorado en blanco y beig. Todo el. De cocina impoluta, porque no la usa. De restaurante en restaurante y tiro porque me toca. Yo me lo paso pipa cocinando, además, para algo se inventó el lavaplatos. Vamos digo yo. Esas chaquetas largas de lana, sólo le quedan bien a gente como ella. Largas como un día sin pan. Yo soy más de abrigos amplios, como este, que encontré en una de „Segunda Mano“, me sobra por todos sitios, y la lazada es prominente, pero es como llevar una estufa y no pesa. Yo con una de esas parecería un espectro informe penante. Uy. He debido de mirarla mucho hoy. Ay que se me acerca. Qué palo. Cómo le explico que no es de mala fe. Que soy su club de fans. Cómo le explico…A ver…Cómo dices?

La Otra

Tengo un grano en el culo. En el culo mismo no. Justo en el pliegue de la cacha con el muslo. Pliegue es mucho decir, porque yo no tengo apenas cachas. Pero es ahí. Y es totalmente inaccesible, como el otro. Voy a tener que hacer el mismo proceso otra vez. Pero ahora en la otra cacha. Ya me dijo el dermatologo que podía pasar, así que volveré a que me libere de esta tortura, como me liberó del otro. Porque yo estoy convencida de que lo mío con el grano es como parir, que te da igual quién te esté viendo el culo o cómo, con tal de que el dolor cese, o eso me dijo mi madre, y me acordé. Porque cuando el hombre por fin me durmió la zona con el spray ese, casi lloro de alegría. Una arenita. Una puta arenita era la causante. Y claro, me acordé de cuando me senté en aquel camino de cabras, porque no podía más, y después me sacudí. Pero no lo suficiente. Lo que hace una arenita. Si aún Humberto estuviera aquí. Pero no. Está en algún lugar en aguas Filipinas, arreglando los motores del Galina. Me encantó el nombre. Ayer me llamó por face-time para preguntarme si sería necesario soldar. Eran las tres de la mañana, pero no me importó. Yo por Humberto, al fin del mundo. Que fue donde nos conocimos. En un barco, por supuesto, dónde si no?. Atrapados en los hielos polares en un barco congelador. Para otros una pesadilla, para nosotros casi una luna de miel. Mi hermana no lo entiende. No que yo sea Técnica de Frío Industrial, eso sí, lo que no entiende es que Humberto sea mi tipo. Y yo le digo que mi tipo fueron siempre mucho más bajos que yo. Ella dice que Humberto es lo más parecido a un perrito de aguas. Pero qué quieres, como diría Kissinger, ya, pero es mi perrito de aguas. Yo creo que dentro de mi habita una mujer bajita y regordeta. Porque mi gran complejo es que no soy regordeta. Con lo que como, podría serlo perfectamente. Pero no sé a dónde se va. Desaparece. Y me quedo como soy. Un espagueti con melena. Cómo será tener un culo grande? Y barriga? Envidio tanto a las que tienen canalillo. Cómo será?. Como la chica con la que me cruzo siempre, y me mira como si me conoce, y yo no me acuerdo de conocerla. Es una „mujer cañón“ que diría mi abuela. Lo tiene todo en abundancia. Hasta lleva gafas, y ni te das cuenta. Yo puedo servir de oteador. Y luego está mi voz. Tengo voz de señor. Pero ya desde que dije la primera palabra, según mi madre. Como si fumase dos paquetes de Gitanes al día. Pero soy feliz. Si no fuera por este puto grano. Maldita la hora en que me senté, coño.Y ahora al catastro. Nosotros que nos las prometíamos tan felices con la mudanza, y va y se tiene que ir a Filipinas. El apartamento está lleno de cajas, lo que llevo puesto me lo prestó mi hermana. Ella y sus chaquetas de lana. Antes casi me mato porque se me enredó un pie. Pero cuando llegue Humberto vamos a poner la casa preciosa. Tuve que comprar un calentador de agua y un termo, para hacerme el te que me dio el dermatologo. Para drenar, dijo. Drenar qué?, si soy la definición de „Espíritu de la Golosina“, lo buscas y al lado está mi foto. Y me meo. Todo el rato. Como ahora. Llevo toda la calle buscando un bar al que entrar a usar el servicio, pero no hay ni uno. Sólo una sucursal del Banco de Santander. Me dieron ganas de entrar, y gritar „Esto no es un atraco, sólo quiero mear!“, pero me corté. Como no encuentre uno me meo encima. Ahí viene la chica-cañón. Y me mira. Lleva un abrigo de los que me gustan, así, grandes. Ya sé. Me meo. Voy pedirle que abra el abrigo para hacer de pantalla, y meo entre dos coches. Es que maldita la hora….a ver…