Mirloblanco (I)

“No te preocupes por mi

Por un momento crucé al otro lado y luché con esas bestias gigantes

Sólo te quise decir que no dejé de creer, pero era grande la sensación

De vértigo constante

Tengo un plan.Salir corriendo hasta que todo se arregle

Me alejaba como el ruido de una ambulancia entre la gente

Y aunque te pese, te juro que esto no es lo que parece….“

Leiva

                                

PLANTEAMIENTO.

Max Sterlitz-Lomas de Buroaga

Max Sterlitz-Lomas de Buroaga recorrió desperezándose el largo pasillo que separaba su dormitorio de la cocina. Iba descalzo y todavía en pijama, para ambas cosas tenía una excusa, si por algo había hecho instalar suelo calefactor era para poder andar por la casa sin zapatillas ya que, según él, uno de los placeres de la vida era la posibilidad de caminar descalzo, en cuanto al pijama, de tela de algodón a cuadros azules y blancos, él mantenía la opinión de que los sábados por la mañana se podía dormir hasta despertarse uno por si mismo, sin necesidad de alarmas ni despertador, y permanecer hasta el mediodía en pijama disfrutando de un largo desayuno mientras se leía la prensa del día, con todos sus suplementos. Max Sterlitz-Lomas de Buroaga era un hombre alto, y, aún en pijama, de porte elegante, hacía unos meses que había cumplido los cincuenta, pero no los aparentaba, su pelo, algo largo, conservaba aún el color caoba que había comenzado a desaparecer en las sienes, y su rostro, de facciones finas, sólo acusaba alguna arruga alrededor de sus enormes ojos verde agua. Únicamente usaba gafas para leer, y siempre se las olvidaba en todas partes. Por lo demás, se consideraba un hombre sano, y, aquella mañana de sábado, feliz. Su mujer, Malucha, a la que llamaban así como diminutivo de María Lucinda, se había ido hacía dos meses a vivir a Nueva York, llevándose consigo a sus dos hijas. No se habían separado. Malucha había recibido una oferta que no había podido rechazar de un importante buffete de abogados asentados en aquella ciudad, y, tras calibrar ambos brevemente los pros y los contras, habían decidido que más valía pájaro en mano que ciento volando y que esos trenes sólo pasaban una vez en la vida, y toda la retaila de frases que se suelen decir en tales situaciones, y las tres se habían marchado a la Gran Manzana, dejándole a él solo atrás. Ahora hablaba con ellas y las veía con más fercuencia que antes, a través de todas las redes sociales posibles en las que ellas le habían abierto cuentas y por constantes videollamadas para las que siempre tenía tiempo. Max Sterlitz- Lomas de Buroaga no trabajaba. Lo había hecho un tiempo. Y le había gustado. Incluso había aumentado el volumen de su fortuna, haciendo buenas inversiones y comprando y vendiendo acciones de aquí para allá. Pero lo había dejado. Él se dedicaba a supervisar el legado de su familia, como le había gustado siempre decir a su madre, y velar porque no desapareciese.

Y aquella mañana de sábado se disponía a desayunar con calma y sin prisas. Ese era el fin de semana libre de Lidia, la mujer empleada interna, que se ocupaba de las labores domésticas, así que hubo de preparárselo él mismo. Pero no le importó, buscó en las alacenas su cafetera italiana para cuatro tazas y se entregó al secreto deleite de rellenarla de café y agua. Su mujer había comprado una cafetera automática y complicadísima, que reinaba sobre la encimera, pero que él no sabía utilizar, Lidia era ya una experta en el tema, pero ahora no estaba, así que ya tenía excusa para usar su vieja cafetera, que conservaba desde sus tiempos de estudiante en Salamanca. Sonrió al recordar aquella época y, mientras preparaba el café comenzó a silvar „Clavelitos“. Mientras subía el café, metió varias rebanadas de pan en la tostadora y salió de la cocina para dirigirse a la puerta principal. Abrió la puerta, y respiró tranquilo al encontrar sobre el felpudo los cuatro periódicos que tenía abonados.

Colocó todo lo que tenía pensado tomar de desayuno sobre la mesa de la cocina, seis tostadas de pan de molde, queso de cabra, mantequilla, mermelada de fresas, un bol con nueces y una botella de zumo de melocotón muy frío. Café con leche, más leche que café, en tazón mediano. Tres de azucar. Por una vez, las gafas estaban ya sobre la mesa, seguramente se las había olvidado allí la noche anterior.

El Osasuna pierde frente al Málaga por goleada, él nunca había sido de fútbol, ni de tenis, tampoco de padel cuando se había puesto de moda, a él lo que le gustaba era bailar, ahí sí que se hacía ejercicio, comenzó a silvar „Lets twist again“. Mueren quinientas personas en China por la rotura de una presa….Pensó que si la rotura de la presa hubiera ocurrido en cualquier país europeo ese titular sería primera página y no se hablaría de otra cosa. Quinientas personas son muchas personas, aquí y en China, y si hubiera tenido un interlocutor a quien convencer, lo hubiera hecho. Agotadas las entradas para el concierto de Anaís Maura…Conocida en su casa a la hora de comer, y casi rio, llevándose a la boca la taza de café.

Fue entonces cuando leyó el titular. Y la taza se le calló de la mano, rebotó en la mesa y aterrizó sobre su regazo, dejando tras si un rastro de café con leche caliente. Él trató de incorporarse al tiempo que soltaba un grito, pero sólo consiguió resbalar en el café, perder pie y, llevándose la silla por delante, caer cuan largo era al suelo, todo ello sin soltar la hoja del periódico a la que se había aferrado como si fuera lo último que fuera a hacer en su vida. Maldijo al tratar de incorporarse, trató de leer otra vez la noticia, pero sus gafas habían volado hacía algún lugar, se estiró a cogerlas, una patilla se había doblado, volvió a maldecir, pero pudo cerciorarse de que había leído bien. Metió la mano en el bolsillo del pantalón del pijama, cuyas perneras estaban empapadas en café, y sacó su móvil, que, milagrosamente, no había sufrido daño alguno. Deslizó sus dedos por la pantalla. Respiró hondo al ver que aún guardaba el contacto en su agenda. Pulsó llamada.

  • Buenos Días…Sí soy yo…Tenemos que vernos. Es urgente.

Isabel Palacios López

El arquitecto había decidido que el mejor lugar para tener una visión global de la situación era el descansillo que hacía la escalinata entre planta baja y el primer piso. Y allí estaban todos, el arquitecto, el aparejador, el delegado de Patrimonio Histórico, el presidente de la Asociación de Vecinos, el abogado que representaba a los últimos propietarios conocidos, el representante de la empresa constructora que deseaba comprar y sanear el edificio, su representante legal, e Isabel Palacios y Fernando Aragón, de la empresa Montatanto, a la que se había encargado la labor de servir de enlace entre todas las partes. Todos ellos con casco amarillo y zamarra de obra reglamentarios, trataban de seguir la explicación sucinta del arquitecto sobre una copia de los planos que les había entregado. El edificio era una de las últimas casas-palacio de la ciudad, situada en la que ahora era una zona exclusiva , y cuyo destino todavía no estaba claro, variando desde viviendas de lujo a hotel, todo ello conservando su apariencia y estructura originales.

Isabel Palacios había elegido situarse en el rincón del descansillo, el casco cubría apenas su media melena rubia con alisado japones, sus facciones de muñeca de porcelana con leves rastros de pecas y sagaces ojos azules, denotaban una profunda concentración en el punto del techo del que colgaba una gigantesca lámpara de araña, profusa en cristalitos, que colgaba de lo que parecía un macizo bloque labrado de acero fundido. Siempre había tenido predilección por ese tipo de lámparas. Las labores de mantenimiento que conllevaban, para otra persona podían suponer un suplicio, pero no para Isabel Palacios, para ella la limpieza individual de cada uno de los cristales y los brazos de los que colgaban resultaba reparador y casi tántrico. Aquella lámpara había sobrevivido varias guerras, años de abandono y dos comunas okupa. Aquella lámpara tenía que ser suya. Estaba pensando en cómo convencer a todas las partes que el mejor fin para esa lámpara era que ella se hiciese cargo, cuando notó vibrar su móvil privado en el bolsillo del pantalón. No hizo caso, y continuó con su labor de peritaje visual de la lámpara. Cuando ya vibró por tercera vez, suspiró dándose por vencida y lo cogió sin mirar quién era.

  • Sea lo que sea hasta las tres no voy a poder….- Abrió mucho los ojos y parpadeó dos veces, luego sonrió levemente y abriéndose paso entre la pequeña multitud subió la escalinata, no sin antes hacerle un gesto con la mano libre a Fernando, quien asintió sin más, para después continuar anotando algo en un Ipad.- Cuánto tiempo….yo siempre estoy liada, pero para ti siempre tendré tiempo….cuéntame..- Y se acercó a lo que había sido una galería que se abría a un jardín, ahora cubierto de escombro, las ventanas todavía conservaban los antiguos cortinones, rasgados y apolillados, ella se fijó en las preciosa bolas de los bordones que las sujetaban, de plata maciza labrada, tan sucia, que parecía latón, cogió uno entre sus dedos- Que me siente…amigo mío ya no hay nada que me asuste a estas alturas…- Fernando escuchó su ahogado chillido y subió un par de escalones, para cerciorarse de que estaba bien, Isabel, apoyada contra uno de los marcos,se volvió a medias para tranquilizarle con un gesto vaído, y él volvió a bajar no muy convencido. Ella apoyó su frente contra el cristal con los ojos cerrados y se llevó la mano libre a la boca- Sí….- Susurró con un hilo de voz- ..sigo aquí….lo sé, qué necesitas…cuenta conmigo..nosotros….eso déjamelo a mí- Y abriendo los ojos, de pronto fríos y sin luz, los clavó en el jardín abandonado, ladeando levemente la cabeza- Nada me hará más feliz.

Pilar Fuentes Varela

Pilar Fuentes Varela había sido de bebé un querubín. Una criatura rubia, de ojos azules y rasgos perfectamente dulces, enmarcados por unos tirabuzones tupidos y sedosos.

Con el paso de los años, Pilar se convirtió en lo más parecido a un hada, de facciones delicadas y un cuerpo de perfecta complexión, sostenido por las piernas mejor formadas del hemisferio Norte, como una vez le había dicho un profesor de ballet.

Pero Pilar Fuentes Varela no era un ángel. Ni un hada. Ni le gustaba mostrar sus maravillosas piernas.

Dentro de Pilar vivía un niño contestón y malhablado, que evolucionó a un hombre de hablar soez y pocos modales, que, si bien dominaba sus expresiones, le había permitido, sin embargo, sentirse mujer para el resto de los ámbitos.

Pilar Fuentes Varela vestía siempre traje chaqueta pantalón con zapatos ingleses de cordones. A la pregunta de porqué no se ponía tacones, solía responder que con tacos parecería una puta jirafa. Y que ella no era ni puta, ni jirafa.

Aquel ángel malhablado era la jefa de sala del club más exclusivo de la ciudad, el Club Lust (*“Ganas“, en alemán). Un local que ocupaba toda una manzana, y que por el día era cafetería- restaurante, mientras que por la noche cobraba vida como elitista club nocturno, con estricto derecho de admisión.

Ella era la gobernanta de un pequeño ejército de empleados, que, si fueran preguntados, no dirían una mala palabra de ella, ya que, en aquel ángel malhumorado, latía un buen corazón.

  • Ya hablaste con el jíbaro de Tomás?
  • No, no me coge el teléfono…
  • Que qué? Pues déjamelo a mí que se lo traga…el fulano ese…
  • Es que a lo mejor…
  • A lo mejor ni peor, se lo traga, con salsa…
  • Es que tenía enferma a la madre…
  • Acabáramos…Introducción, Nudo y Desenlace era no?…tú te jamaste el nudo, tragaaldabas….y esto qué es?- Y señaló una fuente con lo que parecía una masa blanca.
  • Bechamel de croquetas…
  • Y el jamón?
  • Sin gluten y veganas…
  • Entonces no son croquetas coño, es dieta para cólicos de vesícula joder…..estoy arriba si me buscan, y si no me buscan también….- Y mandándole un beso por el aire se alejó hacia el fondo de la cocina, desapareciendo por la puerta que daba al comedor.El local contaba también con un primer piso, un pequeño entresuelo, donde se encontraban los despachos desde donde se organizaba el complejo funcionamiento del club. Pilar dejó el abrigo sobre el sofá de la antesala que daba paso a resto de estancias, y entró en una sala de tamaño medio, presidida por una mesa de trabajo de madera maciza labrada que contrastaba con el resto del mobiliario, moderno y de sencillas líneas. Abrió las cortinas y las ventanas, que se abrían a un enorme patio de manzana, y contempló por un instante la vista que se le ofrecía, miró al cielo, no parecía que ese día fuera a llover. Iba a sentarse a la mesa de trabajo cuando le sonó el móvil.
  • Dime cabronazo….estoy a punto de tirarme en paracaidas…qué coño te parece que estoy haciendo alma de cántaro?….exacto…ya estás hablando conmigo o no?…ah…no me des un puto susto que hoy me levanté de buenas….- buscó sentarse en el sillón de despacho- ya estoy….has empreñao a alguna…hijo qué quieres….a ver joder…-cerró los ojos y apoyó la cabeza en la mano- no puede ser….hijodelagranputaasíloarrolleuntrenmecagoenlaputadebastos….qué?…ya me ocupo yo…yo también a tí corazón.

Filigrana

María del Carmen Ridruejo miraba con desconfianza a la mujer con la que le había tocado bailar aquella mañana. Una mujer alta, delgada, de pelo caoba oscuro con mechas de un tono más claro en una media melena, abundante y perfectamente peinada que descansaba sobre sus hombros, el traje chaqueta tipo chanel acababa de darle el toque de elegancia que cerraba el conjunto, aderezado por un rostro que le recordaba al de alguien del que no conseguía recordar el nombre, y que era un calco del suyo.

  • No te gusta la canción, Carmencita?- Preguntó la mujer, mientras trataba de llevar el ritmo de la canción que sonaba desde una cadena de música al fondo de la improvisada sala de baile, un viejo pasodoble con ritmo machacón. María del Carmen Ridruejo achinó levemente los ojos, como para fijar la vista y poder mirarla con más atención, también ella tratando de llevar el ritmo del pasodoble.
  • Me va a perdonar…pero usted quién es?- Preguntó por fin después de parecer haberlo pensado mucho rato, la mujer de pelo caoba sonrió con dulzura y le arregló innecesariamente un poco el cuello de la blusa, e iba a contestar, pero Maria del Carmen se encogió de hombros y se adelantó- Porque usted no es mi hija…- La mujer alzó las cejas un instante, pero mantuvo la sonrisa, María del Carmen negó con la cabeza- Porque si de algo estoy segura es que yo parí un varón, un niño hermosísimo…la que parió una niña fue mi hermana…también preciosa, pero el mio era un niño…y él sí que baila bien, no como usted…porque él es bailarín profesional, sabe usted?….como los ángeles baila mi hijo, su prima no, es más patosa, como la madre…y…usted me recuerda a..ay cómo se llamaba aquella…si mujer…la Bancroft…usted es la Bancroft- Y su voz sonó a victoria, como la de aquel que da con el dato que buscaba por mucho tiempo, y sonrió orgullosa, luego le acarició la melena con los dedos,la mujer con la que bailaba arqueó una ceja y casi rio, pero logró no hacerlo- Tiene usted un pelo precioso….- Anotó María del Carmen, luego parpadeó lento y miró hacia algún lugar,para después volver a la mujer con la que le había tocado bailar-….porque…yo…usted no habrá visto a mi hijo, hace tanto tiempo que no viene…- La mujer con la que bailaba, ladeó levemente la cabeza, buscó sonreír e iba a decir algo, pero el pasodoble cesó de sonar de repente, y todos tuvieron que aplaudir, casi al mismo tiempo, una chica uniformada con casaca y pantalón azules se acercó a ellas y cogió a María del Carmen del brazo.
  • Ven Carmencita, que ya está puesto el refrigerio…- Anunció, y guiñándole un ojo a la mujer con la que había bailado María del Carmen hasta ese momento, se alejó lentamente con ella del brazo. La mujer las observó un momento alejarse, se colocó mejor la chaqueta y atusó la melena, para después dirigirse a paso vivo sobre sus tacones hacia la puerta de salida de la sala. Sin bajar el ritmo del paso, cruzó el pasillo y entró en el servicio de señoras, dónde, sin más, apoyó la cabeza con los ojos cerrados sobre los azulejos de la pared, al tiempo que dejaba exhalar un sonoro gemido agónico, rodeándose a la vez el vientre con los brazos.
  • Ay Fili…te encuentras bien?- Una voz preocupada que parecía provenir del fondo del espacio que ocupaba el servicio, la hizo incorporarse, pero no se volvió inmediatamente, antes carraspeó y se arregló la blusa.
  • Sí..sí…no es nada, debí de comer algo malo..- Inventó dibujando la mejor de sus sonrisas al volverse, la mujer que le había preguntado, una enfermera uniformada de azul, como la de la sala de baile, también sonrió aliviada.
  • Si necesitases algo dínoslo…- Invitó, y antes de salir le acarició un brazo con cariño, a lo cual la mujer con el traje Chanel correspondió con un beso de aire y una sonrisa leve. En cuanto la enfermera hubo salido del servicio, apoyó la espalda en la pared y respiró hondo mientras apretaba los lagrimales con las puntas de dos dedos. En eso le sonó el móvil, que sacó del bolsillo de la chaqueta para contestar la llamada sin mirar quién podía ser.
  • Qué pasa ahora…?- Preguntó por todo saludo, no porque le interesase lo que quisiera su interlocutor, sino porque siempre contestaba así al teleléfono- ah..hola…qué?…en un lugar de La Mancha de cuyo nombre me tengo que acordar….no, no me reconoce…me sigue confundiendo con la Bancroft, al final me lo voy a acabar creyendo…ya lo sé mi vida por eso me confunde….bueno…y qué te pasa entonces?…ya..bueno un día compro un jabón y te lavo la boca….hijaporDior…cuatro frases y diez coños, que yo no tengo, por otra parte….vernos „con urgencia“…- Y arqueó una ceja dibujando en su rostro un claro gesto de escepticismo- ay hija no me asustes…pues cuando llegue a casa te llamo…o ya me esperas allí, como quieras…estás embarazada o algo?- Se apartó el móvil del oído un instante para no oir lo que su interlocutora decía a voces- Haya paz…ya..vale, yo también….anda que te ondulen…chao – Y finalizó la llamada, para meter después el teléfono de nuevo en el bolsillo, cerró sus enormes ojos castaños un instante y, tras respirar hondo otra vez, salió del baño.

Elodie Rampling

Ruperto Pereira Morente dejó de hacer lo que estaba haciendo, sacar la publicidad de los parabrisas de los coches aparcados en la sección A del Parking subterráneo, cuando la vio acercarse. Una mujer alta, en un elegante vestido- abrigo beig con zapatos de tacón y bolso a juego, con una melena caoba lisa, que descansaba en sus hombros y sobre un chal rojo con el que se abrigaba el cuello. Se acercó a él sonriendo, y él no pudo más que devolverle la sonrisa a aquel rostro de medalla, coronado por unos ojos de almendra de los que no pudo separar los suyos.

  • Creo que he aparcado mal, espero no sea un problema- Y parpadeó, al tiempo que cambiaba el bolso de brazo, sin dejar de sonreir, Ruperto fue incapaz de encontrar su voz y hubo de toser, negando con la cabeza- Uy esa tos, que no sea nada, mil gracias- Y dando media vuelta sobre sus tacones volvió a alejarse dando un golpe a la melena, dejando tras si un eco de perfume, tan sutil, que Ruperto se descubrió dando dos pasos escudriñando el aire con la nariz tras el, y le hizo compañía el resto del día, como la sensación que queda tras ver un arcoiris o el breve vuelo de una pompa de jabón.

La mujer cruzó la avenida por el semaforo, con esos tacones no podía arriesgarse a cruzar por otro lado, y entró en el Hotel en el que tenía su cita. Sin mirar ni a derecha ni a izquierda se dirigió con paso seguro al restaurante, sin pasar inadvertida a los presentes en el lobby a aquellas horas de la mañana ni a la chica de Recepción quien, como toda reacción se ajustó bien la casaca del uniforme y dibujó un ápice de sonrisa, que desapareció tan rápido como la mujer tras las puertas del restaurante.

Recorrió la distancia entre la puerta y la mesa a la que se sentaba la persona con la que había quedado a paso más vivo del habitual, olvidandose ya de los tacones y cogiendo el bolso en la mano.

  • Espero que lo que tengas que contarme sea muy importante, soy un hombre muy ocupado- Espetó sin rodeos, dejando caer el bolso sobre la silla frente al único comensal que ocupaba la mesa.
  • Cada vez que te escucho esa voz, me dan escalofríos, de verdad, cómo lo haces?, te has implantado un chip en las cuerdas vocales? Buenos Días Eladio, me alegro de verte y ya he pedido, el tuyo solo- Contestó el comensal invitándole a tomar asiento con un gesto. Ella se sentó y se sacó el abrigo, colgándolo sobre la silla, se dejó puesto el chal, ahora más holgado, se mesó la melena y posó sus antebrazos sobre la mesa entrelazando los dedos.
  • Todo es cuestión de controlar la respiración, ya te lo dije, el resto es práctica, en fin, la cambio por ser tú– Y sonriendo a su comensal como solo lo hacía con él, olvidando el papel, se aclaró levemente la garganta- Voilá- musitó entonces con voz varonil.
  • Quiero arruinar la vida de Gregorio Hinojosa Valcuende.
  • Si me dijeras que quieres acabar con ella, también podrías contar conmigo.
  • Eso sería ponerme a su altura, quiero hundirle. Sólo eso.
  • Y qué plan tienes? O mejor formulado….qué pinto yo en el hundimiento?- El camarero se acercó entonces, y puso lo que había sido encargado sobre la mesa, dos cafés, uno con leche, el otro solo, y un cesta con bollos de leche, ella sonrió a su comensal al tiempo que cogía un bollo con las puntas de los dedos- Sigues siendo muy detallista, macho, mato por los bollos de leche….y que aún te acuerdes.
  • En otra vida fui elefante, creo que es por eso – Tomó un breve sorbo de su café, ella alzó las cejas dando cuenta del bollo, y él le pasó un recorte de periódico. Ella cesó de mascar el bollo y por un instante la luminosidad que desprendía su rostro desapareció tras leerlo, se recompuso en seguida y tomó su café solo de una vez.
  • Dime lo que necesitas.

Dámaso Canosa López

  • El Sr.Canosa no está, todavía no ha vuelto de su Terapia de Arpa- Explicó amablemente la chica que atendía la Recepción de Gestoría Canosa, ante la pregunta de Max Sterlitz de si su jefe se encontraba en la oficina.
  • Terapia de Arpa?- Alcanzó a preguntar Max, que nunca había escuchado semejante cosa, la chica sonrió.
  • No es lejos, le puedo dar la dirección si lo desea- Ofreció.

La Terapia de Arpa, tenía lugar en un centro de meditación y yoga, no muy lejos de la gestoría. Al entrar en las instalaciones a Max le dio la impresión de estar entrando en otra dimensión, ya que la decoración y la luz eran de un blanco nuclear y reinaba un total silencio. Por un momento dudó si pasar, pero después se decidió a entrar y se internó por un pasillo blanco y sin esquinas que se perdía hacía el fondo del local. Sólo tuvo que seguir el eco del arpa, para dar con la estancia donde la terapia tenía lugar. Se quedó en el arco que daba acceso al espacio, que carecía de ventanas, y estaba iluminado de forma indirecta con multitud de lámparas de sal, a lo largo de las paredes estaban situadas chaisselonges, ocupadas por gente que parecía dormir mientras una mujer, en el centro de la sala, tocaba una delicada melodía en un arpa de madera lacada negra. Max se retiró un par de pasos, y se sentó a esperar en una de las butacas situadas en el pasillo.

  • Max…Max?….Se ruega al Sr. Max Sterlitz se presente en la Tierra…- Quien esto decía, con marcado acento argentino, era un hombre de mediana estatura y pelo blanco, vestido con ropa de sport, que sacudía el brazo de Max, que se había quedado profundamente dormido en la butaca. Max entreabrió los ojos y se incorporó tratando de no perder el equilibrio al tiempo que soltaba un silbido.
  • No entiendo nada….a mí el arpa me enerva normalmente…- Se disculpó frotándose los ojos con las manos, el hombre de pelo blanco rio y le dio unas palmadas en la espalda.
  • No esta, esta es especial…- Max sonrió y le abrazó a modo de saludo.
  • Me alegro de verte Dámaso..
  • Yo también, qué puedo hacer por vos…- Se interesó Dámaso poniéndose una chaqueta.
  • Tienes tiempo para un café?
  • Y para dos también…

Max buscó sentarse en una de las mesas del fondo en el local donde decidieron tomar el café, lejos de la barra y del bullicio.

  • No me voy a andar por las ramas, Dámaso. Quiero arruinar la vida de Gregorio Hinojosa Valcuende- Dámaso que se disponía a echar azucar a su café con leche en vaso, le miró sin mover un músculo de su afable rostro, clavando en él sus vivos ojos negros.
  • Y eso se os ocurrió así de repente…..- Max sacó del bolsillo de su chaqueta el recorte de periódico y se lo pasó, Dámaso lo leyó y levantó las cejas.
  • Hijo de mil putas….el mismo esquema…
  • Calcado…
  • Y yo dónde cuadro en tu plan….si querés cagarlo a trompadas yo….
  • Quiero hundirlo en la miseria, literalmente…- Dámaso bebió un trago de su café, y se secó la boca cuidadosamente con la servilleta, luego entrelazó las manos y le miró.
  • Gregorio Hinojosa me robó lo más preciado que uno puede tener en mi gremio, Max, mi credibilidad. Hizo que mi nombre fuese sinónimo de estafa y malasartes, me quedé sin un solo cliente, tuve que despedir a todos mis empleados, algunos ya cercanos a la jubilación, tuve que vender mi casa, cargar con culpas que no eran mías, empezar desde el puto cero….estuve tentado a quitarme del medio, sabés?…pero no lo hice…me ha costado quince años armar mi vida otra vez. Si vos lo hundís en la miseria….yo lo empujo al fondo.

Manuma

Elodie e Isabel se encontraron en la puerta del edificio ante el que habían quedado y Elodie marcó la clave en el cuadro de números, en lugar de un telefonillo, que daba acceso al inmueble. Estaban esperando el ascensor, cuando una señora con pañoleta oscura, gafas de sol y un amplio abrigo que le llegaba hasta los tobillos, bajo el último tramo de la escalera a paso muy rápido y abandonó el edificio sin mirarlas ni dirigirles una palabra. Ni Elodie ni Isabel le dieron importancia al detalle, y una vez llegó el ascensor, marcaron el quinto. Cada piso tenía sólo una puerta, de brillante madera labrada y oscura. Elodie pulsó el timbre, que sonó como una dulce melodía de campanas al vuelo. Esperaron pacientemente un par de minutos, y volvió a timbrar, esta vez con más insistencia. Entonces pudieron escuchar pasos que se acercaban presurosos a la puerta y ésta se abrió. Ante ellas apareció un hombre alto y joven, que parecía recien salido de un anuncio de colonias, con el pelo oscuro aún húmedo de una ducha reciente,descalzo y que representaba la elegancia en persona aún vistiendo una simple camiseta blanca y unos vaqueros.

  • Bon Jour mes dames!- Saludó regalándoles una sonrisa que iluminó los ojos verdes que culminaban su perfecto rostro.
  • Buenos Días Manuma…o Iñaki o Donovan…quién eres hoy?- Preguntó Elodie, él rio y les dio paso a la vivienda, cerrando con cuidado la puerta.
  • Yo soy siempre yo, Eladio…a propósito la de Vallés me llamó de tu parte, que conste, yo no a ella…- Aclaró, Elodie asintió e hizo un gesto desvaido con la mano para quitarle importancia.
  • Creo que no os conocéis, ella es Isabel Palacios- Presentó, Manuma se adelantó y le dio dos besos.
  • Encantado Isabel…queréis un café o algo…yo me estaba haciendo uno..- Y las guió hasta la cocina, una enorme estancia amueblada en blanco y beig inundada de luz, Isabel no pudo esconder su sorpresa.
  • Me encanta…el piso es tuyo?-Preguntó mientras recorría la cocina fijándose en las alacenas, Manuma, la miró fugazmente mientras apretaba los botones de una máquina de café eléctrica que había en una de las encimeras.
  • No, de un amigo- Elodie sonrió para si, pero se mantuvo en silencio- Vosotras me diréis en qué os puedo ayudar- Quiso saber Manuma, apoyándose en la encimera y mirándolas a ambas alternativamente. Elodie miró a Isabel, y ésta carraspeó, para después arreglarse innecesariamente un poco su siempre impecable melena.
  • Necesitamos tu ayuda en un asunto…un tanto delicado..- Comenzó, buscando las palabras adecuadas para explicarse, Elodie suspiró.
  • Queremos que colabores con nosotros en el hundimiento y caida de Gregorio Hinojosa Valcuende- Resumió, Isabel le dio la razón con un gesto de la cabeza. Manuma se encogió levemente de hombros.
  • Y ese quién es?- Preguntó, Isabel arqueó una ceja.
  • Si nadie te lo ha presentado nunca, es porque es un impresentable….
  • Si hay que darle de hostias…yo no…
  • No va a haber hostias…al menos por ahora…pero existe un plan para hundirle y te necesitamos…
  • Para qué?
  • Para que hagas lo que mejor sabes hacer..- Anotó Elodie, él la miró un instante tratando de calibrar lo que acababa de decir.
  • Yo no hago hombres…si eso es…
  • Ni yo tampoco, Manuma…y eso no viene al caso…-Anotó Elodie colocándose mejor el echarpe de angora verde que llevaba en un hombro.
  • Harás un bien a la humanidad..- Indicó Isabel, Manuma rio, tenía una risa acorde con su apariencia, en eso la cafetera anunció que los cafés ya estaban listos. Tras preguntar cómo los quería cada una, los sirvió en tres tazas.
  • Y no es ilegal…- Ambas negaron con la cabeza, Manuma tomó un trago de su café con leche y se encogió levemente de hombros- y..por qué?
  • Eso se te explicará en su momento- Aclaró Isabel removiendo su capuchino.
  • Y qué gano yo con todo eso?- Quiso saber Manuma, Isabel ladeó levemente la cabeza y sonrió enigmática.
  • El cielo

Helados

  • Yo necesito que me ayudéis- Pilar y Filigrana se miraron, y luego volvieron a Elodie.
  • Yo con tías no quiero nada….ni un besamanos, fíjate cómo te digo..- Soltó Filigrana, arreglándose la falda.
  • Por cuánto y con quién?- Ofreció Pilar
  • Ay mira esta!
  • Aquí donde me ves no me como un rosco….
  • Y el del otro día qué? Ese rosco lo querría yo…
  • Hacen el paseillo….pero no la corrida…
  • Qué fisna ella…
  • Es la verdad, joder…ni a medias me dejan…
  • Bueno, a ver, estáis o no estáis…que tengo que irme…
  • Otra que tal baila…..dime de qué va y te digo….- Acabó Filigrana, sentándose mejor.
  • Necesito un bolo con Gregorio Hinojosa Valcuende…
  • Uy!…urticaria! Qué digo…prefiero un herpes en los cojones, fíjate lo que te digo….o tirarme de cabeza a la fuente de la Cibeles sin agua….
  • Si es para echarle la raba por dentro de la bragueta, cuenta conmigo…
  • Vosotras no tenéis que hacer nada…con él físicamente, sólo ayudarme a que caiga en una trampa…
  • De osos…y que le arranque una pierna…
  • Con una soga al cuello…y yo tiro de la palanca….hecho…
  • Sin que él se de cuenta, ni él ni nadie…
  • Le ponemos burundanga en el GinTonic…
  • Lo dejamos encerrado en un „Panic-Room“ y tiene que escuchar Marilyn Mason en bucle…
  • Os estáis yendo del tema…
  • Si nos dices el tema…pues a lo mejor, preciosidad…
  • A ver….hay que montar una bacanal..- Filigrana soltó un chillido y dio palmas.
  • Uy! Eso es lo mío…- Pilar, por su parte, encendió un cigarrillo y se relajó en la butaca, estirando sus largas piernas, al tiempo que expulsaba el humo hacia el techo, después suspiró.
  • Y por dónde quieres empezar?
  • Por comprar helados

Concilio

El Ambigú era un antiguo cine reconvertido en club nocturno con actuaciones en directo. Su aspecto exterior seguía siendo el mismo que cuando era un cine, con la única salvedad del nombre del local en letras rojas sobre la marquesina.

Manuma llegó hasta la puerta, tras asegurarse de que estaba en la dirección correcta, traspasó la puerta de acceso. El amplio hall de entrada estaba desierto, y el ropero, a mano derecha, vacío. Estaba a punto de plantearse avanzar hacia la puerta a lo que había sido la platea, cuando un hombre con el pelo recogido en un moño, vestido con un mono naranja y portando un cubo con fregona, apareció por una puerta lateral.

  • Hola! Buenos Días!….eres tú el tuno?- Preguntó alegrándose mucho de verle, Manuma casi rio, le habían llamado muchas cosas en su vida, pero nunca tuno.
  • No, no soy el tuno…
  • Estamos cerradas, mañana a partir de las diez otra vez, ok mi vida?- Explicó el hombre del mono naranja mientras se dirigía hacia otra puerta, Manuma le detuvo.
  • Espera…yo he quedado aquí con Filigrana..- Explicó no muy seguro.
  • Ah bueno!…entonces sígueme mi amor…y cuidado no resbales, aunque seguro que hasta eso lo haces bonito..- Dijo el hombre, Manuma sonrió y guiñándole un ojo afirmó con la cabeza dándole la razón, lo que provocó la carcajada del otro.

Explicándole cosas sin parar, le llevó por las bambalinas del local, hasta uno de los camerinos, del que abrió la puerta sin llamar.

  • Fili…aquí te traigo un caramelito de fresa..- Anunció dando paso a Manuma a la estancia muy bien iluminada, en la que en ese momento se encontraba Filigrana con un hombre, que parecía estar despidiéndose, vestido con ropa de entrenamiento y que portaba una voluminosa bolsa de deporte.
  • Cuando lleguemos te llamo…chau- Dijo el hombre, muy alto, de pelo negro muy corto y brazos tan largos como remos, según le pareció a Manuma, que se tuvo que apartar para dejarle salir del camerino, Filigrana con una vestido largo de lana y el pelo recogido en una cola de caballo no se volvió enseguida.
  • Tiene el caramelito un nombre?- Preguntó aún sin volverse, el hombre del mono naranja invitó a Manuma a entrar y él mismo se fue, cerrando la puerta.
  • Yo soy Manuma…Eladio me citó aquí..- Explicó Manuma, Filigrana se volvió entonces y le observó desde detras de unas amplias gafas oscuras que casi ocultaban la mitad de su rostro, sonrió levemente y con un gesto de su mano, le ofreció asiento en una de las butacas repatidas por la habitación, amplia, tapizada de armarios empotrados y presidida por una mesa de maquillaje con un espejo rodeado de bombillas que ocupaba toda una pared.
  • Eres el primero…siéntate donde quieras, Manuma…porque eres fan o cómo?- Preguntó curiosa mientras se observaba las uñas, pulcramente manicuradas en lila. Manuma sonrió y negó con la cabeza.
  • Sabes guardar un secreto?- Preguntó, Filigrana abrió las manos teatralmente y levantó una ceja.
  • La duda ofende
  • Siempre me han llamado así…por mi nombre real, Manuel María, de ahí Manuma…- Explicó Manuma, dandose cuenta que era la primera vez que se lo contaba a alguien, Filigrana sonrió.
  • Los dos son bonitos…como tú- Concedió, Manuma rio y se quitó la chaqueta- Pilar quedó de traer cafés y demás, sólo te puedo ofrecer agua- Y Filigrana sirvió dos vasos.- Sabes tú porqué las concentraciones de equipos tienen que ser en lugares recónditos?- Preguntó, para después beber un trago de agua.
  • Pues…supongo que para que nadie les moleste, por?-Contestó Manuma, ella hizo un mohín con la boca y suspiró.
  • Ya no voy a los partidos…porque me daban ganas de tirarme al agua y ponerme hacer aguadillas a todos lo que le querían quitar la pelota…- Maluma le miró sin seguirle el hilo, ella sonrió levemente.
  • Arturo…es jugador de waterpolo…por eso..- Aclaró, Manuma levantó las cejas y bebió un poco de agua.
  • Y dónde es la concentración?
  • En Hechingen
  • Dónde?
  • Lo dicho….

El siguiente en llegar fue Max, acompañado de Dámaso, y poco después fueron apareciendo el resto de los convocados, la última fue Pilar, que llegó portando dos cajas con pastas de Titulcia y una bolsa con dos termos de café. Filigrana sacó de uno de los armarios empotrados tazas y vasos para todos los presentes, quienes se presentaron unos a otros en un desordenado barullo, que se fue calmando a medida que cada uno fue recibiendo su café y eligiendo su pasta.

  • Antes de nada, muchas gracias a todos y todas por venir. Por si alguno todavía no lo sabe, mi nombre es Max Sterlitz y yo os he embarcado en esta empresa de la que espero salgamos bien…..creo que todos vosotros conocéis a Gregorio Hinojosa y la clase de persona que es, pero seguro que os preguntáis porqué quiero hundirle…pues bien, para ello he de comenzar por el principio y, en ese principio se encuentra mi hermana Susana, Süsse, para nosotros…
  • Max..por favor…no..- Interrumpió Isabel, aferrándose a la mano de Fernando, quien apoyado en uno de los armarios, cerró por un momento los ojos, Elodie se acercó a ella y la besó en la sien, rodeándole la cintura con un brazo al tiempo que, con cariño infinito, la atraía contra si. Max se contempló un momento las manos y luego la miró sin ocultar su tristeza.
  • Lo sé, Isabel…pero es necesario que sepan toda la verdad…- Explicó, Isabel asintió con la cabeza y la apoyó en el hombro de Elodie, sin soltar la mano de Fernando.- Mi hermana Süsse, se casó con Gregorio Hinojosa.. y está muerta…- En los minutos siguientes, Max relató la historia de su hermana, que, de alguna manera, también era la suya, sin ahorrar detalles y siguiendo una fatal cronología. Al final de su explicación, ninguno de los presentes fue capaz de decir una palabra, ni de mirarse unos a otros, tratando de asimilar lo que Max había contado.- Ahora tiene planeado hacer lo mismo, se ha prometido con una chica, casi una niña, y planea casarse…
  • Y tú, con razón, quieres impedirlo…- Anotó Pilar, atreviéndose a romper el silencio, Max meneó la cabeza sin afirmar ni negar.
  • No exáctamente…
  • Nuestro objetivo es hacer de esa boda, la boda más costosa jamás vista en este país y que, llegado el día, no llegue a celebrarse….pero que Gregorio Hinojosa tenga que hacerse cargo de los ingentes gastos…- Le ayudó Isabel, ya más repuesta, Max continuó.
  • Pero que no pueda hacerlo…porque sus cuentas, que tiene, y muchas, repartidas por medio mundo, estarán vacías…gracias a la labor de Dámaso, aquí presente…-Explicó, presentando a Dámaso, quien hizo una ligera inclinación de cabeza.
  • Todo Plan A, necesita su Plan B…así que el nuestro será encontrar una mujer que se quede embarazada de Gregorio Hinojosa y provoque un escándalo tal que ese matrimonio se acabe deshaciendo…y si los dos planes salen a la vez,más que mejor..- Explicó Elodie entonces.
  • Una „vendedora de helados“…- Recordó Filigrana, Elodie le dio la razón señalándola con un dedo y luego miró a todos los presentes.
  • Entre rusos, se entiende como „vendedora de helados“ un tipo de mujer tipo pin-up, con exceso de todo, incluida la falta de verguenza….mi contacto tiene varias, nos enviará la que ella considere la mejor para la ocasión, tan hormonada, que Gregorio Hinojosa sólo tendrá que rozarla para que se embarace…- Explicó. Manuma, que se había mantenido en un más que discreto segundo plano durante todas las explicaciones, carraspeó.
  • Y…yo..entonces, qué pinto?- Preguntó casi sin atreverse, Elodie sonrió.
  • Tú eres el encargado de llevarte a la chica de calle…- Descubrió, Manuma levantó las cejas.
  • Para que no quiera casarse…
  • Para que no pueda vivir sin ti…- Anotó Filigrana, Manuma rio y tomó un bocado de la pasta que tenía en la mano.
  • Nada más fácil…- Contestó él, guiñándole un ojo, que ella correspondió haciendo rolar los ojos.
  • Isabel, creo que tú tienes todo preparado…- Dijo entonces Max, Isabel alcanzó entonces una maletita que había traido consigo, y comenzó a sacar carpetas de cartón, cada una de ellas con un móvil adherido.
  • Para evitar futuras búsquedas de responsabilidades, no utilizaremos nuestros móviles personales, sino móviles de usar y tirar que, cuando todo acabe, se destruirán, no habrá Emails ni llamadas a fijos, todas las comunicaciones se harán a través de este móvil o en persona. Cada uno de vosotros recibirá además una tarjeta de crédito, con acceso a la cuenta donde Max ha depositado dinero para los gastos que pudiérais tener. Fernando y yo, como Montatanto, seremos los organizadores de la boda, si alguna cosa necesitáramos os lo haríamos saber; Elodie, Pilar y Filigrana, os encargaréis de organizar una fiesta a la que Gregorio acuda, si hay algo que le guste son las fiestas, y tenga relaciones con la chica en cuestión, en esta carpeta tenéis todo lo necesario;Manuma, en tu carpeta, además de la tarjeta de crédito, encontrarás la de socio del Real Madrid, del Atletico y pases VIP para ambos estadios, además de pases para todos los clubs y salas de fiesta de nivel de la ciudad, tu nombre es Pablo Llanos-Brubaker…
  • Brubaker?- Alcanzó a preguntar Manuma, Isabel le miró fugazmente.
  • Me encanta la película, pasa algo?..
  • A mí también…ese final che…único..- Comentó Dámaso cerrando un puño, Isabel sonrió y le imitó, para seguir después con su explicación.
  • Yo te pasaré semanalmente todos los eventos, actos, fiestas, entrenos, conciertos, charlas y salidas en general que tenga la chica….que se llama…a todo esto Carolina Gil de Atienza…alias Cocón desde hace poco…y es muy mona, también tienes foto…la quieren hacer it-girl de Instagram a marchas forzadas…de ahí tanto evento…pero estarás muy entretenido…- Y le pasó su carpeta- Dámaso, tú te encargas de buscar las cuentas, vaciarlas en la fecha de la boda y repartir el dinero de forma que jamás se encuentre, en el caso de que la chica rusa se quede embarazada, reservarás una parte de ese dinero para ella y su hijo, ya que bastante tendrá con tenerlo como padre…
  • Por mi no hay problema…sólo que..voy a necesitar un asistente…- Opinó Dámaso, el resto de los presentes,excepto Manuma, dirigió sus miradas entonces a Filigrana, quién ante esa reacción se llevó la mano al pecho.
  • Yo?!…si aún no llevo bien la tabla del ocho…
  • Pero tu prima sí…- Recordó Pilar, Filigrana levantó las cejas.
  • Lourdes?…Trabaja en Hacienda…muy práctico…
  • Pues los pones en contacto y listo- Acabó Isabel-
  • Para cualquier cosa podéis llamarme y contar con mi ayuda, no estaré muy visible, porque Gregorio me conoce y si me viera rondando podría sospechar….creo que todo está ya aclarado…- Dijo Max.
  • No, todo no…falta ponernos un nombre…- Opinó Dámaso
  • Un nombre?
  • Esto es lo más parecido a una operación…hay que ponerle nombre…
  • Operación Hundimiento- Opinó Pilar, pero no tuvo éxito.
  • Operación Asítepudras- Colaboró Filigrana sin poder evitar reirse
  • La mina que se buscó es una nena muy joven y sin experiencia de la vida, no?…pues ya está Mirlo Blanco- Dijo Dámaso, y todos parecieron de acuerdo.
  • Operación MirloBlanco pues…- Concedió Max, Dámaso levantó un dedo.
  • Nosotros entonces somos los MirloBlanco…y esa será nuestra contraseña si tuviéramos que acudir a una persona ajena a este grupo…
  • MirloBlanco!- Y todos brindaron alzando cada uno su taza de café.

Mirloblanco (II)

NUDO

Zeltia Amorós

Zeltia Amorós era una mujer bandera. No por su belleza, que era indiscutible, o porque tuviera unas bonitas formas, que las tenía,o fuese alta, que lo era. A Zeltia Amorós la seguían dos millones y medio de personas en redes. Y si había llegado a esa cantidad, era por su don de gentes, carisma y simpatía innatos. Zeltia, si se lo propusiese, vendía cualquier cosa doblando mínimamente el dedo meñique de su mano derecha. Además nadie dominaba el arte de la oratoria rápida pero eficaz como ella, de forma que, ella siempre resultaba ser el centro de atención y miradas, que dirigía a su antojo. Zeltia Amorós nunca estaba sola. Con ella se movía una cohorte de gente, entre las que se encontraban cinco personas de la agencia de comunicación, una peluquera, dos maquilladoras, dos asistentes personales, una nutricionista, una fisiotepapeuta, dos fotógrafos,un promedio de seis amigos que la seguían a cada paso, su marido Gerardo Sánchez, propietario de una agencia de publicidad y su cuñada Rita, que nadie sabía a ciencia cierta cuál era su labor, pero siempre estaba presente.

Aquella mañana se presentó en las dependencias de „Nisíninó“, una marca de productos de baño, ya que iba a participar en unas charlas sobre la mejor manera de ahorra agua a la hora de cuidar saludablemente el cuerpo. La responsable de la marca, la recibió con profusión de risas y besos, y la acompañó hasta una de las salas donde habían dispuesto sofás y butacas en semicírculo rodeando una estantería con productos de la marca, pero no se quedarón allí, la cruzaron y llegaron a otra sala más amplia donde ya se encontraba una pequeña multitud de gente, dando cuenta de un gran bufet y trabajando en grupos en la factura de jaboneras de bambú y bolsitas de olor con los jabones de la marca. La mujer la guió hasta una de las mesas, donde un grupo de mujeres y hombres, en entretenida charla, trataba de hacer jaboneras.

  • Aquí te dejo…como ves es lo last el DIY de jaboneras….si te apetecen más las bolsitas de olor están allá, pero creo que esán llenos…aquí te he reservado sitio as usual…- Explicó separando una silla con el nombre de Zeltia en un folio pegado en el respaldo. Zeltia sonrió agradeciéndoselo y se colocó mejor el enorme bolso de ante que llevaba en el brazo.
  • Gracias, Lini, eres un amor…- Contestó, y se dirigió a su cuñada.- Rita…tráme algo del buffet, por favor- Y se sentó en la silla que le correspondía, mientras su cuñada se alejaba hacia el buffet. Ante ella, una badeja con bambú, pegamento ecológico y estropajo verde. Miró a su derecha, y se fijó en que su compañera de mesa se limitaba a acariciar la varitas de bambú mientras, con claro gesto de aburrimiento, observaba pasar a la gente ante la mesa.- Tú tampoco tienes ni idea o qué?- Preguntó, la chica la miró y sonrió, tenía una bonita sonrisa, acorde a sus finos rasgos, llevaba el pelo castaño claro en una cola de caballo.
  • Se me da fatal….tú sabes?- Se interesó, Zeltia miró en rededor un instante y se acercó más a ella.
  • No tengo tiempo ni para hacer pis….lo voy a buscar para hacer jaboneras?- Preguntó, la chica escondió la risa tras una mano, y Zeltia se colocó magistralmente la melena de un solo golpe- Pues eso…yo soy Zeltia..
  • Yo soy Carolina…
  • Ach!Tú eres la famosa Cocón..- Descubrió Zeltia cogiendo el estropajo con las puntas de los dedos, la chica se encogió de hombros sin saber a qué se refería- si hija sí…al parecer ahora eres Cocón…después serás otra cosa y así y así…pero a mí me gusta más Carolina…y sabes una cosa? Te voy a seguir llamando así…ok?- La chica asintió- Jaboneras…ya no saben qué inventar…

El Mirlo

  • A las diez viene Lara Míguez, de Comunicación Incorporated y a las doce tenemos brunch en casa de Loreto Colinas, por eso a las nueve se va a pasar Mariluz para arreglarte un poco ese pelo que, hija mía, parece que te hayas peleado con una jauría de lobos y….has dormido bien?, parece que tienes ojeras..a ver, mírame..no, sólo era la luz, de todas formas le diré a Mariluz que te ponga un poco de corrector…- Entonces le sonó el i-phone y Muca Méndez- Altobaldo de Gil de Atienza se alejó de la cama y salió del cuarto al tiempo que saludaba a una tal Ángela.Carolina Gil de Atienza la siguió con los ojos entornados de aquel al que acaban de despertar y estiró el brazo para alcanzar su móvil. Las siete y media. Según creía recordar era sábado. Pensó que debería estar prohibido por ley madrugar en sábado. Madrugar en general. Definitivamente no iba a ser su día. Y se tapó por completo con el edredón.
  • Coquina, Lolinina, Lalina, Lilolina ya están más que cogidos, además de los subsiguientes opciones con números, así que es mejor que optes por algo más radical como Cocón…
  • Cocón…
  • Sí, es outofreach total, Coco hay miles de millones, pero @CocónGiAtioficial sólo eres tú, oneandonly….
  • Pero es que yo ya tengo una…
  • Se anula ya, y no hay problema, si no los followers se confunden y es un lío…
  • Pero…
  • Carolina por favor, Lara sabe de estas cosas, dale el móvil anda…perdona Lara..es que está en plan…ya sabes…
  • En plan qué…?- Protestó Carolina sin entender a qué se refería su madre.
  • Carolina…el móvil..- Muca clavó en su hija una mirada que no dejaba espacio al debate, y Carolina le entregó a Lara su móvil, quien, con agilidad pasmosa, comenzó a deslizar sus dedos por la pantalla.
  • Ya está anulada…después en la agencia nos ocupamos del resto onsite…- Explicó devolviéndoselo a Carolina, quien sólo pudo comprobar que el símbolo de Instagram ya había desaparecido.
  • Entonces ahora…- Comenzó, su madre le agarró suavemente el brazo y se dirigió a Lara con la mejor de su colección de sonrisas.
  • Ahora nos vamos al comedor a desayunar, que seguro que ya está servido…- Indicó incorporándose, y haciendo levantarse a Carolina cogiéndola del brazo, Lara rio la gracia y las siguió hacia el fondo del inmenso salón.Carolina Gil de Atienza y Méndez-Altobaldo hacía tres meses que había cumplido los dieciocho años, justo cuatro días después de haber superado con un 9,5 la selectividad tras un brillante bachillerato por la rama de ciencias puras que había cursado en el colegio bilingüe Virgen del Socorro- Scarborough. Si hubiese tenido oportunidad de elegir qué estudiar, se hubiera decidido por la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, no sólo porque le daba la nota de corte, sino porque siempre le había gustado construir cosas. Pero sus padres la habían matriculado en un grado de Relaciones Internacionales y Economía de Inversión, porque, según le habían dicho, era lo mejor que podía hacer, y ella había acatado su decisión. Como siempre. Ya que sus padres no sólo la querían, sino que sabían velar mejor que nadie por sus intereses. Por eso también se había prometido con Gregorio Hinojosa Valcuende, si bien le quitaba bastantes años, le conocía de toda la vida y una chica de su posición no se podía permitir andar tonteando sin rumbo, como le había explicado su padre, además, casarse para después traer hijos al mundo fruto de esa unión era el objetivo de toda mujer de bien que se preciase. Y ella sólo había podido darles la razón. Porque ellos sabían lo que era bueno para ella. Y la querían.Lara Míguez había sido contratada para „hacerla visible“, como ella misma le había explicado, y orientarla en las redes. Carolina le había dado la razón, como siempre hacía con todo el mundo, si bien ella no se consideraba un ser invisible y hacía tiempo que sabía moverse en redes. Cuando llegó al brunch de Loreto Colinas, Lara le volvió a pedir el móvil y tras volver a deslizar sus virtuosamente rápidos dedos sobre la pantalla se lo devolvió con una sonrisa triunfante.
  • Hola @CocónGiAtioficial, mándame a mí las fotos antes de colgarlas, tus hashtag son #feliz #ennadamecaso #amor #misamigassonlomás -Explicó, para luego acercarse a un grupo de conocidas, Carolina pulsó la ventanita de Instagram en su móvil y no reconoció la que, en teoría, era su página. Ella nunca hubiera elegido esa foto para el perfil, y las cinco que adornaban la bandeja no las había hecho ella. Por un momento le pareció que se mareaba, y tuvo que apoyarse en una de los sillones, luego se pasó los dedos por la frente y guardó el móvil en el bolso. Trató de tragar saliva, pero no pudo. Nunca antes había tenido tanta sed.

Organza

La sala de fiestas „Organza“ estaba situada en un lugar inhóspito y lejos de cualquier nucleo de población conocido. Sin embargo era la sala de fiestas más buscada para la celebración de todo tipo de eventos desde hacía más de cincuenta años. Hasta allí se trasladaron Elodie, Filigrana, Pilar y Dámaso en el monovolumen que Max había puesto a disposición por si fueran necesarios desplazamientos en grupo.

  • Pero estáis seguros de que es por aquí….seguro que en la última curva nos hemos teletransportado a Almería..- Comentó Filigrana tratando de dilucidar dónde se encontraban mirando con atención el árido paisaje que le presentaba la ventanilla. Pilar, sentada junto a ella le mostró su móvil, en el que había buscado la ruta.
  • No hay dos….es el único con semejante nombre- Informó, Elodie, sentada en el asiento del copiloto, las miró por el espejo retrovisor.
  • Paciencia…mujeres de poca Fe…sólo os falta preguntar cada dos minutos „Y cuándo llegamos??“- Bromeó, Filigrana le echó la lengua, Pilar iba a alzar una mano, pero Filigrana se la volvió a bajar sin dejar de mirar por la ventanilla.
  • Allá lejos hay caballos….o son ovejas…?
  • Son balas de paja forradas de plástico…- Aclaró Dámaso, que conducía.
  • Hijo qué vista!….tengo que comer más zanahorias- Rio Filigrana achinando los ojos para ver mejor.
  • O ir al oculista…- Anotó Pilar, Fili le dio un ligero cachete en la pierna.
  • Calla…

Tras la siguiente curva, al fin, el „Organza“ se alzó a lo lejos ante ellos, un edificio amarillo, rectangular, con altas columnas al frente, de las que pendían banderolas lilas que en aquel momento se movían al viento. Sobre el edificio, en letras de celuloide también de color lila, el nombre :ORGANZA. Con los años las infraestructuras de acceso y aparcamiento habían mejorado, y de las simples pistas de tierra pisada para aparcar, habían evolucionado a un amplio aparcamiento, ahora desierto, con puertos especiales con marquesinas para autobuses, y que en horario de actividad incluso contaba con servicio de aparcacoches. Allí, en una de las plazas del desierto parking, aparcó Dámaso. El grupo se dirigió entonces a la puerta principal, que encontraron abierta de par en par. Una chica vestida con chandal y con una complicada trenza de espiga adornando su cabeza, pasaba la aspiradora a la moqueta lila del hall de entrada, un espacio de dimensiones panteónicas con columnas tan altas como las de la fachada y frisos florales en amarillo.

  • Yiss…- Acertó a decir Filigrana perdiendo su mirada en las alturas, Pilar hizo una foto de los frisos, Dámaso miraba a su alrededor como lo haría alguien recien despertado de una anestesia general. Elodie, hoy con un mono negro con botas de caña alta, se colocó mejor su eterno chal, y se acercó a la chica de la aspiradora, que, de espaldas a ellos y portando earpods no se había dado cuenta de su presencia.
  • Buenos Días…perdona?- La chica se volvió, y quitándose los earpods, sonrió, y Elodie también, y se hubieran quedado así, sonriéndose, la una a la otra, si Elodie no hubiera recordado de pronto el motivo que la había traido hasta allí. -Hola…nosotros querríamos hablar con el gerente….- Explicó, la chica asintió y le señaló una puerta de doble hoja, casi del suelo al techo, al otro lado del hall.
  • El jefe?…sí, ahora está allá dentro…entrando ya le veis- Aclaró, Elodie iba a alejarse, pero antes se arregló un poco la melena.
  • Y tu nombre..era?
  • No te lo he dicho
  • Por eso…
  • Fernanda- Elodie asintió y tras darle las gracias se acercó al grupo, la chica se encogió de hombros, volvió a colocarse los earpods y pisó el botón de inicio de la aspiradora.

Dámaso abrió la enorme puerta, y los cuatro accedieron a lo que ocultaba.

Se encontraron entonces en un pasillo largo, forrado en el mismo lila que la moqueta de la entrada e iluminado por fluorescentes del mismo color disimulados tras florituras en el acabado de las paredes, también parecía estar insonorizado, ya que dejaron de oir el ruido de la aspiradora tan pronto la puerta se había cerrado tras ellos. Al final de ese pasillo había una puerta negra, bastante pesada, que Elodie empujó para acceder al otro lado.

En el otro lado reinaba la oscuridad. Absoluta. Pero antes de que pudieran reaccionar a ella, todos los posibles haces de luz en infinitas posibilidades de colores y formas, la rompieron al tiempo que un solo de guitarra la rasgaba abriendose paso entre un coro que parecía quejarse con largos quejidos en -a- y que explotó numerosas veces en un claro „THUNDER!!“. Mientras esto ocurría, desde el fondo de esa oscuridad cruzada por rayos cegadores de luz y perforada por miles de voces llamando al trueno, ascendió la sombra de una figura gigantesca que se acercaba a ellos moviendo los puños en el aire. Filigrana se cogió del brazo de Dámaso, quién trataba de distinguir algo en aquel despliegue de luz, Pilar se tapó los oídos y Elodie movió la cabeza al ritmo.“I was caught, In the middle of a railroad track, I looked round, And I knew there was no turning back...“ se desgañitó entonces Brian Johnson, justo en el momento en que la figura en sombra se hacía cada vez más pequeña y un hombre entrado en años, de baja estatura, con gafas cuadradas de un antiguo modelo metálico, escaso pelo blanco, y vistiendo un pantalón vaquero y camisa de manga corta con boligrafos prendidos al bolsillo de la pechera, se acercaba al grupo sonriendo con amabilidad. Antes de decir una palabra, alzó un brazo, entonces la música cesó y se hizo la luz, que casi los cegó a todos.

  • Hola Buenos Días….es que estamos haciendo las pruebas de luces para la boda del sábado…y claro…como el „Thunderstruck“ en vivo en la cancha de River no hay otra…, Rolando Bravo, ustedes dirán…- Se presentó ofreciéndoles la mano, que todos estrecharon.
  • En la del River?…en serio?- Preguntó Dámaso, Rolando Bravo le miró y sonrió orgulloso.
  • Por supuesto….no podía ser de otra forma..- Y Dámaso le devolvió una sonrisa cómplice, Elodie carraspeó entonces.
  • Verá Rolando, nosotros querriamos tratar con usted un asunto concerniente a una fiesta privada que desearíamos celebrar aquí…- Explicó buscando las palabras adecuadas, Bravo asintió.
  • Pero pasen, por favor…así podrán entonces verlo todo mejor…- Invitó extendiendo su brazo hacia el interior de la sala.La sala de fiestas era tan monumentalmente grande como lo era el edificio, con gradas a diferentes alturas que rodeaban una pista de baile circular presidida por un palco que iba de parte a parte y sobre el que, en su fondo, se erigía el púlpito de la música, dónde se podía distinguir a una persona trabajando con unos cables. Del techo pendían varias bolas de discoteca de diferentes tamaños, y repartidas por el espacio había podios con o sin barra para el pole-dance. El grupo buscó el centro de la gigantesca pista de baile y Pilar hizo fotos de las bolas de discoteca y del palco.
  • Se trata de una boda, comunión…ustedes dirán..- Se interesó Bravo sacando un bolígrafo y una libretita de la pechera, todos miraron entonces a Elodie quien dudó un momento antes de comenzar.
  • No. Se trata de una fiesta…simplemente una fiesta, sin motivo en particular…sólo por el hecho de pasarlo bien..- Explicó, Bravo asintió y anotó algo en la libretita.
  • De cuántas personas se trataría?- Pilar levantó las cejas y abrió las manos en el aire, tratando de encontrar allí un número que decirle.
  • Quinientas…más o menos..- Trazó, Filigrana la miró sin salir de su asombro, Elodie se mostró más escéptica.
  • Cuánto aforo tiene este local?- Se interesó, Bravo miró un momento alrededor y se encogió brevemente de hombros.
  • Mil?…todo depende de lo que quieran hacer…- Elodie suspiró y miró hacia las bolas de discoteca.
  • Antes de nada…una pregunta..- Se atrevió Bravo mirándoles a los cuatro alternativamente, el grupo le miró a su vez interesado- Ustedes no serán miembros de una secta, verdad?- El grupo se miró entre si, sin saber muy bien porqué había llegado a esa conclusión.
  • No, definitivamente no- Contestó Dámaso tajante, Bravo pareció respirar tranquilo.
  • Tienen que perdonar, pero es que hace poco los Siervos de Blé hicieron aquí su reunión anual y me dejaron todo hecho un desastre…- Explicó, Filigrana fingió toser, Pilar achinó levemente los ojos tratando de buscar en su cabeza quién podía ser Blé, Elodie optó seguir inspeccionando las bolas del techo y Dámaso articuló una sonrisa amable mientras asentía haciendose cargo de lo terrible que había sido la situación.
  • Se trata de una fiesta de carácter muy privado, no sé si me entiende..- Comenzó a explicar Dámaso, Bravo levantó las cejas un instante y pareció entender por fin qué es lo que querían.
  • Con nosotros pasa como con Las Vegas, saben ustedes?…lo que pasa en el Organza, se queda en el Organza- Dijo con tranquilidad.
  • Creo que entonces nos vamos a entender a la perfección, no es cierto?, me gustaría tratar con vos un par de detalles a cerca de lo privada que puede llegar a ser…- Invitó Dámaso, Bravo aceptó gustoso la invitación indocándole una pequeña puerta al fondo, ambos, acompañados de Elodie, se dirigieron hacia allí. Mientras Filigrana y Pilar se quedaron inspeccionando las posibilidades de la sala.
  • Quién carajo es Blé?- Preguntó Pilar, una vez la puerta del fondo se hubo cerrado, Filigrana soltó por fin una carcajada y se dirigió al palco.

Tienen nombre de tribu de Juego de Tronos….ven, vamos a marcarnos un Barbra Streissand.     

 La Pavlova

  • Buenas, soy yo..
  • Sorry Eladio, todavía nada, lo que tengo claro es que tengo que aumentar kilómetros, tanto comer se nota…ahora haré ocho y cuesta arriba…donde no voy a ir es a misa, lo siento, pero por ahí no paso…ya con las charlas sobre las virtudes del ayurveda tengo suficiente….el otro día casi me duermo…y a todo esto qué haces despierto a estas horas?
  • Manu…
  • Yo es que estoy enganchado a una de policías en Netflix….
  • Manu no sé de qué estas hablando….pero te llamo para avisarte de que tú recoges mañana a Larissa en el aeropuerto, a las nueve llega…
  • Quién es Larissa?…y porqué yo?
  • Larissa es la chica que se va a encargar de Gregorio, y tú eres el único según organigrama que no tiene nada que hacer a esa hora…
  • Organigrama..
  • Cosas de Isabel…en fin, nueve de la mañana, aeropuerto, te envío el número de vuelo por mensaje…lleva el monovolumen…
  • Por?

-Por experiencia…después la alojas con Fili.

El contacto de Elodie les había suministrado una mujer que se ceñía a las condiciones que Mirloblanco buscaba. Lo suficientemente explosiva para que Gregorio se fijara en ella, y lo suficientemente hormonada para que a la primera de cambio saliera embarazada.Y Larissa Pavlova era explosiva. Manuma se había situado frente a la puerta de salidas con un cartel con su nombre, pero no le hizo falta. Larissa Pavlova era una mujer alta, de pelo rubio casi blanco en una melena ondulada que le caía abundante y perfectamente peinada sobre los hombros, enmarcando un rostro de maquilladas facciones eslavas presidido por unos achinados ojos azules profusamente adornados en azul y purpurina, iba ceñida en un mono de cuero que marcaba todas y cada una de sus virtudes, incluido todo lo que escondía un corpiño con aplicaciones en plata y tan tensado como un corset. Se abrigaba con un abrigo del mismo cuero que el mono, pero forrado de visón y caminaba sobre unos finos tacones de aguja de diez centimetros en unas botas de caña alta que le llegaban a la rodilla. La seguían tres empleados del aeropuerto con tres carritos a rebosar de maletas. Ella se dirigió a Manuma caminando como lo haría una pantera llevada por la curiosidad. Una vez llegó a su altura, le regaló una radiante y preciosa sonrisa que mostró la dentadura más perfecta que Manuma hubiera visto en su vida, y comenzó a contarle una historia, señalando a los hombres de los carritos, y a ella misma, y al techo, y a Manuma, y después otra vez a los señores y otra vez al cielo, para por último reirse y suspirar.

  • Da?- Preguntó colgándose mejor su bolsito de Louis Vuitton en el antebrazo, Manuma sonrió y asintió.
  • Da- Contestó, sin tener idea de a lo que había dado su consentimiento.

El trabajo oficial de Jacinto Hermida Ridruejo, más conocido como Filigrana, era el de coreógrafo de musicales. Antes había sido bailarín de competición, y, junto a su compañera, había llegado a ganar varios campeonatos de renombre internacional, hasta que un día, como ella solía contar, su cabeza había pensado en que su cuerpo tenía que moverse hacia la derecha, pero él había decidido ir hacia la izquierda, de forma que se se había roto los ligamentos de su pierna derecha, lo que le había obligado a abandonar la competición.Su compañera trabajaba ahora para el Circo del Sol, él, desde hacía tres meses, se hacía cargo de un musical que se representaba en un Palacio de Conciertos y Efemérides, tal como rezaba en la placa de la entrada, y hasta allí le fue a buscar Manuma con la recién llegada Pavlova.

Cuando accedieron a la gigantesca sala, les recibió Billie Eillish atronándola con su „Bad Guy“ que era bailada por el cuerpo de baile del musical sobre el escenario, bajo las indicaciones de la autoritaria voz de Filigrana, que, desde algún lugar en lo alto, les corregía los pasos.

  • Cristina tienes magdalenas o tienes rodillas!!….lado, lado, arriba…arriba!!…Pedro girar no es saltar!!….Lucre vas a destiempo….así…ahora todos…DUH!!…vuelta!!! Reme vueeelta!! no giro!…. OK OK PAUSA!!- y Billie Eillish paró de cantar, alguno de los bailarines se dejaron caer al suelo y se tumbaron tratando de recobrar la respiración- Qué exagerados sois!….Dramadamas!!- Filigrana, tambien ataviada con ropa de entrenamiento de bailarina, descendió desde el lugar desde donde había dirigido el baile, hasta donde se encontraban Manuma y Pavlova.
  • Buenos Días…qué se les ofrece..- Bromeó como saludo, Manuma sonrió descreido y señaló a Pavlova, quien estaba muy entretenida observando el techo de la sala.
  • Fili te presento a Larisa Pavlova..
  • Pavlova?…tiene nombre de primera bailarina del Volschoi „La Pavlova“..- Filigrana acompañó sus palabras con un gesto de diva con sus manos, Manuma negó con la cabeza dándole por imposible- …y tengo que integrarla al cuerpo de baile o cómo…?
  • No, Max ha decidido que se quede en tu casa hasta que todo ocurra…
  • Hasta que todo ocurra“ suena a drama bélico…y por qué en mi casa si no es mucho preguntar?- Manuma levantó las cejas y soltó un buche de aire.
  • Ni idea…yo soy un mandao- Resumió, Fili se encogió de hombros y arqueó una ceja.
  • Voy a bautizar mi casa „El coño de la Bernarda“..o no, mejor „La casa de tócame Roque“ porque al menos me tocará alguien….- Sentenció haciendo un gesto desvaido con su mano hacia algún lugar.
  • Y Arturo?- Quiso saber Manuma, Fili le miró achinando levemente los ojos.
  • Cielo, has oido hablar del „fondo de armario“?…si?..pues eso..- Luego fijó su atención en Pavlova, quien había seguido la conversación en silencio, y sonreía afablemente, Filigrana la miró de arriba a abajo, fijándose en lo que el corpiño de cuero sostenía.
  • Y todo eso es suyo?- Preguntó casi sin creérselo, Pavlova dijo algo entonces en ruso , que ninguno de los dos entendió, tomando el corpiño a la altura del pecho entre las manos y sopesándolo orgullosa. Filigrana y Manuma se miraron un instante.- Pavlova, tu nos entiendes entonces o cómo?- Pavlova asintió con la cabeza y les dio una sucinta explicación en ruso, que culminó con una explosiva carcajada, que les asustó a ambos. Filigrana se llevó la mano al pecho y suspiró levemente- Pues no sé lo que te iba a decir…- Confesó tratando de hacer memoria, Manuma no le dio importancia.
  • Yo tampoco…entonces…vais a hacer algo con Billie Eilisch o qué?
  • No, qué va, „Grandes Éxitos de Disney“….esto sólo era para calentar.

Lo que Pavlova tenía de explosiva, lo tenía de hacendosa. Nada más instalarse en la casa de Filigrana, comenzó a ordenar, limpiar, y pulir. Ordenó armarios, limpió alacenas, arregló estanterías, hizo un planes de comidas por semanas de forma que la compra se hacía conforme a los menús que ella cocinaba, puso al día el vestuario escénico de Filigrana y se convirtió en la mejor asistente que hubiese imaginado jamás, de forma que, al paso de Fili todo estaba arreglado, en su sitio y dispuesto para su uso. No había problema de comunicación, ya que, Pavlova entendía español perfectamente y las explicaciones que pudiera dar en ruso solían entenderse en el contexto, además Elodie, en ocasiones, servía de intérprete, ya que, por razones que nadie preguntaba, dominaba el idioma.La vivienda de Filigrana se convirtió en el centro neurálgico de Mirloblanco, ya que todos sus intengrantes tenían llave, y quedaba céntrica, de modo que, además de Pavlova y su disciplinado orden, todos ellos en algún momento y por razones distintas acababan pasando por allí.

A Filigrana la despertó una mañana una tromba de trompetas, que la hicieron incorporarse de vez en la cama. Su primer pensamiento fue que estaba en un cuartel, descartado éste cayó en los bomberos, pero tras olfatear varias veces también les descartó. Ante una nueva tromba de trompetas, decidió salir de la cama, sin quitarse todavía el antifaz, y salir al pasillo a ver qué estaba ocurriendo. Levantó el antifaz con dos dedos, y descubrió el origen de la tromba. Pavlova, armada con fregona, cubo y guantes, se disponía a fregar el suelo del salón, y para ello había elegido, como siempre, trombas y trombas de trompetas mejicanas „
„Que me entierren en la sierraaaa, Al pie de los magueyaleeeees,Y que me cubra esta tierraaaaa, Que es cuna de hombres cabaleeees“
Dejaba claro Pedro Fernández a pleno pulmón desde la cadena musical. Filigrana se subió el antifaz a la frente, y suspiró.

  • No…si la que va a perder los cabales soy yo….- Se rindió, dirigiéndose despacio hacia la cocina.

Todo cuadra…

Lourdes Paredes Ridruejo sólo se parecía a Filigrana en la forma de los ojos. Además de que le encantaba bailar, en su caso, tangos, y era una asidiua visitante de todo boliche que se pudiera dar en la ciudad. Trabajaba como funcionaria en el Ministerio de Hacienda, en rango de inspectora, y cuando recibió la llamada de su prima para proponerle un plan, no encontró mejor excusa para cogerse un par de días propios. A la primera reunión asistió Max, acompañado de Fili y Dámaso, para explicar el plan de una manera creíble y ordenada. Lourdes aceptó ser parte de Mirloblanco, y lo hubiera hecho aunque el plan fuese desbaratado e inconexo, porque siempre había querido vivir peligrosamente, y lo único peligroso que le podía pasar en su vida diaria era meter por error un documento original en la máquina de destrucción de papel. Lourdes y Dámaso quedaron en encontrarse en lugares ajenos a las actividades de ambos, para escapar de miradas curiosas o rumores innecesarios. Comenzaron por encontrarse en cafeterías del extraradio, pero las mesas se les quedaban pequeñas, comieron en mesones, merendaron en churrerías, sucumbieron a McDonalds, y llegaron a la conclusión de que con sushi uno también queda harto.Dámaso descubrió que aún sabía llevar en el tango, y Lourdes que, para ella, el „Escondide de Hernando“, era ahora el de Dámaso, dijese lo que dijese la letra. Las carpetas fueron a más y los dígitos de las cantidades que manejaban se multiplicaban, como las cuentas cifradas y las empresas fantasma a nombre de Gregorio Valcuende. Demasiado dinero. Demasiadas cuentas.

  • No tiene sentido che…- Acabó por claudicar Dámaso, tirando desganado unos folios sobre la mesa de la biblioteca pública de un pueblo de la sierra donde habían decidido recalar esa vez, Lourdes, que deslizaba sus dedos por una tablet y miraba la pantalla por encima de las gafas le miró fugazmente.
  • El qué?
  • Gregorio Valcuende tiene tanta plata como para pagar la deuda externa de varios paises si le da la gana….casas en todo el país, en Paris y Londres, no es cierto?- Ella asintió y se quitó las gafas- Se busca una mina para casarse…una mina jovencita, una hoja en blanco…vos me entendés…Gregorio no es el tipo que se case para tener pives, él lo hace por interés…siempre…pero qué interés puede tener en esa mina…eso es lo que no entiendo..- Explicó, Lourdes pensó un momento.
  • Gordo, tu te has perdido alguna vez en una ciudad que no conoces?- Preguntó, Dámaso la miró sin saber a qué se refería, ella dibujó una calle en el aire con la mano.
  • Una vez perdido, sigues caminando en la misma dirección, sin saber hacia dónde tienes que ir…y entonces, cuando te vas dar por vencido, te vuelves, y miras en la otra dirección, y en ese momento te das cuenta de dónde estás, y encuentras el camino a tu punto de partida original…- Explicó clavando un punto imaginario en algún lugar entre ambos, Dámaso se apoyó en la mesa con los brazos cruzados.
  • Estamos mirando en la dirección equivocada…- Hiló, ella asintió con la cabeza, y sus miradas se encontraron- Vos estás pensando lo mismo que yo?
  • Rara vez no..
  • Ella- Dijeron entonces los dos a la vez.

Y dieron la vuelta a la torta. Cambiaron de posición el mapa. Ampliaron horizontes. Se valieron del gran angular. Ella llamó a su „Garganta Profunda“, él a su amigo en el infierno. Lo regaron todo con café con leche en vasos, y tras una tensa espera en un local de golosinas que ofrecía telefonía y fax, en la que aprovecharon para descubrir ese privado placer de los „Peta-Zetas“en sus bocas, les llegó el esperado papel.

  • Ahora cuadra- Admitieron los dos a la vez tras leerlo a través de las mismas gafas.

Dior y el resto de las cosas

Isabel y Fernando, gracias a las magníficas referencias de su agencia Montatanto, no encontraron dificultad en hacerse con la organización de la boda de los Gil de Atienza. Tenía que ser la boda de año, pero Isabel la quería convertir en legendaria, o eso fue lo que le explicó a Muca Méndez cuando le explicó las ideas que tenía al respecto. De lo primero de lo que se encargó fue del vestido, y, para ello acudió a la Casa Dior, quienes enviaron, especialmente, y haciendo una excepción, un equipo desde Paris a tomarle las medidas a Carolina, de lo que iba a ser el vestido de novia del que se hablaría, ya no sólo en la ciudad, sino en el país, y, más lejos, en el mundo, por generaciones. Tendría una cola de siete metros, y el velo estaría recogido por una tiara de oro blanco, diamantes y perlas, por la que Fernando,en nombre de la familia, pujó en Sothebys, que había pertenecido a una baronesa polaca. Los zapatos se los harían a medida, como una moderna cenicienta, y del maquillaje de toda las mujeres de la familia y allegadas, se encargaría el equipo de maquilladores que había ganado un oscar al mejor maquillaje hacía un par de años.

Todo eso no tendría sentido sin la ubicación perfecta. Y ese lugar se llamaba Rocalmonte.

La Abadía de Rocalmonte había sido restaurada con mimo tras llevar abandonada dos siglos. Ahora ya no alojaba actividad secular alguna, sino que ofrecía su recinto y edificios para la celebración de eventos y ceremonias. Sobre todo bodas, te toda índole, pero sobre todo religiosas, que podían oficiarse en su basílica anexa, un edificio con planta de cruz latina de tres naves y gran profusión de bóvedas y absides, recorrida por un pasillo central que desembocaba en un monumental altar presidido por una inmensa cruz de piedra que se alzaba hasta lo alto de la bóveda más grande. Allí, frente al altar, habían llegado, tras haber recorrido todas las dependencias de la abadía en compañía del jefe del departamento de eventos, José Luís Gil de Atienza, su mujer Muca Méndez de Altobaldo, Gregorio Hinojosa Valcuende y el binomio Isabel Palacios con Fernando Aragón. La hija de los Gil de Atienza- Méndez Altobaldo, Carolina, mientras ellos recorrían la basílica, protagonizaba una sesión de fotos en algún lugar del recinto.

  • Tenéis alguna idea para la decoración del templo?- Preguntó Isabel mirando alternativamente a los padres de la futura novia, y, claramente, obviando a Gregorio Hinojosa, quien estaba entretenido observando la considerable altura de los ábsides. Muca Méndez la miró con un claro gesto de escepticismo, José Luís Gil de Atienza pareció no entender la pregunta ya que había estado pendiente de su móvil.
  • Flores blancas, no?…lo normal..- Se atrevió Muca arrebujándose un poco más en su abrigo de lana, ya que si en algo se caracterizaba aquella basílica era por sus corrientes. Isabel levantó las cejas y se arregló un poco su chaqueta de borreguillo azul cielo.
  • Flores…entiendo…bien, pues yo tengo la solución ideal: Rododéndros y peonías- Descubrió triunfante, Fernando la miró un instante y parpadeó dos veces, para después deslizar algo en su tablet y continuar en su aparente eterno silencio, Muca Méndez trató de encontrar en su mente una imagen de las flores a las que se había referido, José Luís Gil se encogió de hombros y Gregorio inspeccionaba con la punta de los dedos el encaje de la funda de uno de los reclinatorios con un gesto entre la curiosidad y el astío.
  • Rododendros?- Acertó a preguntar José Luís Gil, Isabel sonrió y abrió los brazos, volviéndose hacia el monumental altar.

Murales de flores de rododéndro y peonías, que recorran todos los rincones del templo, despojándolo del frío de la piedra y envolviéndolo en un manto cálido y rosa..- Expuso triunfal, su público miró en rededor tratando de hacerse una idea, sin llegar a ninguna parte, sólo Fernando alzó la vista hasta lo alto de la nave y suspiró hondo.

  • Pues…no sé…
  • Peonías?
  • Dejadlo en nuestras manos….siguiente punto, la música…- Isabel cambió de tema, esta vez Gregorio se decidió a dar su opinión.
  • Para mi es importante que suene el Himno…- Dijo mientras se balanceaba sobre sus talones, todos le miraron un instante, cada uno sacando su propias conclusiones.
  • Qué Himno?- Preguntó Muca un tanto despistada, Gregorio no le concedió ni un soslayo.
  • El Himno…- Repitió dándolo por supuesto, Isabel ladeó la cabeza levemente, entrelazó los dedos de las manos y sonrió con afilada dulzura.
  • Qué casualidad, Gregorio, yo había pensado lo mismo…el Himno a la Alegría, saliendo de las gargantas del Coro de los Niños Cantores de Viena que estarían en la nave derecha…acompañados por la orquesta de Saint Martin of the Fields desde la nave izquierda, elevando la felicidad de los presentes por vuestra unión a las alturas…una idea magnífica…no creéis?- Expuso con profusión de gestos a izquierda y derecha, con calma, como solía hacer las cosas. Gregorio Hinojosa dejó de balancearse sobre sus talones y la observaba sin mover un sólo músculo de su displicente rostro, los padres de la novia se miraron y emitieron una especie de amago de risa, Fernando, por primera vez en mucho tiempo, se permitió un claro gesto de orgullo.
  • De qué naves…estás hablando…?- Alcanzó a preguntar Muca, un tanto perdida, Isabel suspiró y cogiéndola del brazo, se alejó con ella por la nave central.
  • Verás Muca…yo te explico..- José Luís y Gregorio las siguieron con la mirada.
  • Lo quiero todo por escrito…- Le espetó Gregorio a Fernando, éste alzó una ceja y asintió con la cabeza, para luego pasarle su tablet.
  • Firma aquí- Dijo escueto, Gregorio casi le arrebató con rabia el bolígrafo electrónico que Fernado le ofrecía y firmó dónde éste le había ordenado, para después alejarse a paso vivo por el pasillo central, José Luís observó un instante la altura de los ábsides.
  • Una cosa…qué es un rododéndro?- Preguntó sin bajar la vista.

Brubaker

Manuma había tardado semanas en encontrar un sistema de seguimiento de Carolina Gil de Atienza, casi todos los eventos a los que ella asistía tenían que ver con temas femeninos como presentaciones de maquillajes o nuevas tendencias en complementos, a lo que también asistía un público masculino, pero nunca encontraba la forma de acercarse a ella para tomar contacto. La oportunidad le llegó de la mano de un evento culinario. „Si no las dejas“ era una empresa de catering especializada en comida vegetariana en todas su variedades, que ya tenía un nombre dentro del circuito gatronómico, y había organizado el evento para presentar su nueva carta de servicios y platos. Para hacer el acontecimiento, a su manera de ver, más ameno, los organizadores habían decidido repartir a los asistentes en tres grupos mixtos. Un grupo se ocuparía de preparar la cena, compuesta por tres platos y un postre, en una cocina a la vista con dos zonas de trabajo y fogones; un segundo grupo se ocuparía de montar las mesas y bancos en los que, los futuros comensales, se sentarían a degustar la cena; el tercer grupo, estaría encargado de hacer a mano los manteles individuales sobre los que después reposarían los platos, utilizando las técnica del crochet. Manuma, haciendo caso omiso de las directrices de separación en grupos, se integró en el grupo de montaje de muebles, de los tres, el que mejor se le daba. A Carolina, sin darle opción a otra cosa, la sentaron en las mesas redondas del crochet, junto a otras chicas que, desde el primer momento, inmortalizaron la labor en sus stories.

  • Cocóon!…hooola!! qué guay que estamos juntitas, mi compi!- Exclamó una de ella dándole a Carolina un sonoro beso en la mejilla, dejándole los labios marcados, mientras grababa a ambas con una go-pro. Carolina sonrió y se saludó a si misma, fingiendo una irradiante felicidad de tener que hacer mantelitos de crochet. Además, ella se llamaba Carolina. No Cocón. Y cada vez que alguien la llamaba así, un alfiler se le clavaba de repente en la planta del pie.

-Carolina Gil, mi amor, yo creo que nuestras cartas astrales deben ser parecidas o algo….Lorena, déjame sentarme junto a ella..no me quites pas, no me quites pas…- Quien así se presentó era Zeltia Amorós, acompañada de sólo tres personas de su séquito y su cuñada Rita, quien filmaba el techo con su móvil sin sacarse las gafas oscuras. La tal Lorena, se levantó del asiento que hasta entonces había ocupado junto a Carolina, y Zeltia se sentó en él dando un resoplido, mientras dejaba su siempre enorme bolso en el suelo. Carolina sintió unas ganas terribles de abrazarla, pero se limitó a acariciarle el brazo y respirar por fin hondo, no sabía porqué, su presencia representaba para ella la calma inmediata.- Y aquí qué se hace?- Y con un golpe de melena, levantó las manos en el aire, observando escéptica los instrumentos y las lanas para crochet que había ante ella.- Están de coña?- Sentenció mirando a Carolina sin creérselo, ésta asintió con la cabeza como quien da todo por perdido, al tiempo que intentaba envolver el hilo en sus dedos como se explicaba en un papel pegado sobre la mesa con las instrucciones.

Manuma aprovechó que había que llevar unas sillas ya montadas a la zona donde estaban las mesas de crochet, para acercarse a la mesa donde Carolina estaba e interesarse por lo que estaban haciendo, en un intento de trabar contacto, como quien arroja una soga desde un barco para atracarlo con la esperanza de que alguien en el muelle la recoja.

  • Y por aquí…qué se cuece?- Preguntó mientras se arremangaba mejor las mangas de la camisa, que había tenido que recoger para poder montar mejor los muebles. Zeltia le miró fingiendo un inmenso aburrimiento y le mostró lo que llevaba hecho.
  • Mantelitos de crochet….- Descubrió sin ánimo alguno, él levantó las cejas e iba a decir algo, cuando una chica que pertenecía a la organización del evento se acercó a la mesa portando una tablet y una estudiada felicidad, que pretendía irradiar con una flamante sonrisa de carmín.
  • Qué tal niñas?! Cómo van esos mantelitos?!….vuestros compis de la cocina están casi listos y a las mesas les queda poco…sólo faltáis vosotras para que podáis participar!- Exclamó moviendo las manos como queriendo dar prisa, Manuma la miró descreido.
  • Entonces si no hacen los manteles no comen….o qué?- Preguntó, Zeltia no pudo contener una carcajada, Carolina le miró y también rio, todavía no había logrado ni una sola vuelta, el resto de chicas cesaron en su actividad y se volvieron hacia la mujer que acababa de llegar, preguntándose de pronto lo mismo. La sonrisa de la mujer, por un momento desapareció de su maquillado rostro, y pretendió atraversar a Manuma con la mirada, pero éste le sonrió canalla de vuelta, alzando una ceja.
  • Los mantelitos…osea…a ver…la comida vegetariana…- Comenzó ella, varias veces, sin hilo coherente, Manuma no esperó a que lo encontrase y dio un par de palmadas.
  • Quién quiere ayudarme con las mesitas auxiliares?- Preguntó de pronto, y todas las participantes levantaron la mano entre risas, él, sin embargo cogió la mano de Carolina y la ayudó a levantarse de la silla al tiempo que hacía una especie de reverencia.
  • Enhorabuena a los premiados….- Saludó, y con la misma se alejó con ella de la mano hacia la zona de montaje, mientras el resto les seguían estupefactas con la mirada.
  • Pues yo no me voy sin comer….mando a alguien a un chino y los tienen fijo…así que ya me dirás..- Le espetó acto seguido Zeltia a la mujer de la organización, dejando el crochet sobre la mesa, la mujer se arregló el pelo y sonrió buscando la amabilidad en algún lugar.
  • No hace falta…la comida ya está casi…- Alcanzó a contestar.
  • Me salvaste la vida…se me da fatal todo lo que es tipo pretecnología, sabes?…yo soy más de montar cosas, pero me ponen siempre a coser o tricotar, el otro día a pegar estrellitas en una pared….a todo esto..yo soy Carolina- Explicó Carolina de camino hacia el otro extremo del local, Manuma sonrió.
  • Yo soy M..Pablo, Pablo …- Repitió, si bien él solía tener muchos, todavía no se había acostumbrado a éste.
  • Pablo Pablo..- Bromeó ella, él negó con la cabeza.
  • Llanos Brubaker…Pablo Llanos Brubaker- Aclaró, ella le miró un tanto sorprendida.

Brubaker?…de qué me suena a mí Brubaker?…- Para entonces ya habían llegado a la zona de montaje, y Manuma no tuvo que dar más explicaciones.Pasaron el resto de la tarde juntos, primero montando todo tipo de mesas y después como compañeros de mesa en ininterrumpida y animada conversación, entre risas y bromas. Ya en los postres, se intercambiaron los números de teléfono y direcciones de Instagram correspondientes, y se hicieron una foto, fingiendo seriedad, mostrando un mantelito de crochet a la cámara. Un grupo de gente vino entonces a buscar a Carolina, y se despidieron con dos besos. En cuanto ella se fue, Manuma aprovechó para también abandonar el evento por otra puerta y mandar la foto a Isabel.

La pica ya está en Flandes“- Escribió.

No pares, sigue sigue…;) „- Contestó ella, él rio y respiró hondo, después buscó en google un lugar en aquella zona donde poder cenar.Volvieron a coincidir tres días después en un local de copas y conciertos. El grupo que amenizaba la noche se llamaba „Cañaveral“, y estaba compuesto por seis chicos de edad indeterminada, en vaqueros y camisetas polo de distintos colores , tres de ellos estaban sentados con una guitarra. El local estaba atestado de gente, sobre todo chicas muy jóvenes, que se conglomeraban delante del pequeño escenario a la espera de que „Cañaveral“ comenzasen a cantar. Cuando esto ocurrió, todo el público asistente prorrumpió en ovaciones, gritos y silvidos, al tiempo que coreaban a coro la canción. Manuma jamás había oído hablar de ellos, ni escuchado la canción que, según parecía, era todo un éxito. Localizó a Carolina en uno de los laterales, con un grupo de chicas, y se acercó avanzando a través de la multitud cantante.

  • A mí, personalmente, me parece una canción de catequesis…- Le susurró al oído, Carolina soltó una carcajada y se volvió hacia él, alegrándose sobremanera de verle.
  • Brubaker! Qué cosas tienes!- Rio, él le correspondió entregándole un cocktail adonado con una sombrillita, que ella aceptó encantada. No se separaron en todo el tiempo en que el grupo de ella permaneció en el concierto, y después hizo por coincidir de nuevo en otro local donde una marca de Gin promocionaba sus combinados. Llegaron a la conclusión de que ambos visitaban el mismo gimnasio, y quedaron de verse en la presentación del nuevo programa de Siclo que éste ofrecía al día siguiente. Manuma, una vez ella se fue, optó por ir a pasar la noche a la casa de Filigrana, que le quedaba más cerca.

Rodondéndros

Filigrana, ataviada con un kimono rojo con dragones rampantes verdes y el pelo recogido en un moño, preparaba café en su cocina, que ahora parecía sacada de un catálogo por lo limpia y ordenada, mientras tarareaba algo incongruente y al tiempo hacía como si tocaba la batería, tan enfrascada estaba en su performance que no se percató de la entrada de Manuma en la cocina.

  • Necesito una gelocatil- Filigrana soltó un chillido y se volvió blandiendo una cuchara, ante ella, un Manuma en boxers, el pelo revuelto y los ojos cerrados, se apoyaba en la nevera más dormido que despierto.
  • No recuerdo haber frotado ninguna lámpara anoche….pero mi deseo se ha cumplido igualmente…los gelocatiles están en el aparador…o estaban, sólo Dior sabe dónde los ha puesto Pavlova…- Explicó señalando un mueble con la cuchara- solo o con leche?
  • Se puede meter el café en vena?….
  • No, pero un tazón de solo bien negro equivale…
  • Yo no lo entiendo…
  • El qué…
  • El sábado jarana, el domingo karaoke con copas y jarana, el lunes inauguración de un local con copas, otra vez, el martes otra inauguración y jarana, el miércoles charla, comilona y jarana, ayer concierto insufrible y copas, hoy me toca Siclo y creo que un taller de zapatos o algo así….yo no doy…no doy…-Se quejó Manuma, sentado a la mesa de la cocina y escondiendo la cara entre sus manos, Filigrana rio y se sentó frente a él abriendo un paquete de sobaos.
  • Tú come…que estás en mala edad…- Manuma le miró por entre los dedos.
  • Comer? Pretecnología, manduca y copas…todo el rato….y un aburrimiento…
  • Por Dior, Manuma! Ya será menos…- Manuma se incorporó en la silla y suspiró tratando de abrir los ojos.
  • Fili
  • Mande
  • Por qué dices siempre „por Dior“?- Filigrana giró los ojos y desenvolvió un sobao con toda delicadeza, partiendo un trozo.
  • Porque primero está Christian Dior..y después el resto de las cosas..- Confesó llevándose el trozo del sobao a la boca al tiempo que le guiñaba un ojo, Manuma rio y se levantó a poner el café, que acababa de subir.En eso le llegó a Filigrana un mensaje al móvil que les había dado Isabel.
  • Pilar…“A las doce en San Venancio“…si le contesto „yo no me caso contigo ni drogá „ es capaz de darme dos hostias virtuales…en fin…OK…qué coño se nos perderá en San Venancio…y sobre todo DÓNDE …está San Venancio- Filigrana, hablando más para si, que para nadie más, deslizada sus manicurados dedos por la pantalla achinando los ojos- Jacinta…tienes que ir al oculista…
  • Si quieres te llevo….sé donde queda…- Manuma, que se había vuelto a sentar, mojó dos sobaos en el café y les dio un enorme mordisco, Filigrana levantó las cejas y pareció dudar un instante.
  • Si tal hasta me confieso…

Hubo un tiempo en que la iglesia de San Venancio había estado en medio de la nada. Ahora estaba rodeada de edificios por todas partes, menos por una, por la que discurría la calle de dirección única que le daba acceso. Era un edificio cuadrado, sin florituras y un parco campanario, la puerta, de dos hojas, estaba cerrada, y ante ella, esperaba Pilar, con un traje pantalón tipo levita y abrigada por una amplia capa y un gorro de angora negro. Filigrana salió como pudo del Smart azul cobalto en el que la había acercado Manuma, quien tras saludar a Pilar con la mano, continuó camino y se perdió calle arriba.

  • No hace falta hacer yoga….basta con hacerse con un smart…- Sentenció Filigrana arreglándose su amplio abrigo camel que le llegaba hasta casi los tobillos, además se había recogido el pelo en un moño bajo y escondía sus ojos tras unas gafas a juego con el abrigo y los zapatos,colgado del brazo, su eterno bolso negro. Pilar la miró un instante de arriba abajo.
  • Pareces mi profesora de latín- Piropeó, Filigrana sonrió y le envió un beso.
  • Yo también te quiero, María del Pilar.
  • Idem
  • Y quieres que te acompañe a misa…o cómo?
  • No coño, a encargar rododéndros.

La iglesia estaba en penumbra y parecía vacía, ambas mujeres avanzaron por el pasillo central hacia el altar mientras miraban a su alrededor descubriendo que, si bien por su aspecto externo no lo dejaba ni entrever, parecía sacada de un cuento. Con murales de flores y guirnaldas en suaves colores, y bancos de madera clara, que ayudaban a paliar la oscuridad, el altar era sencillo, como las figuras de los santos que, a veces, se adivinaban tras alguna columna. Y allí, junto al altar, vislumbraron la figura de una persona que parecía colocar unos jarrones.

  • Buenos Días….perdone…- Comenzó Pilar alzando un poco la voz, que hizo eco y se agrandó como si lo hubiese gritado a los cuatro vientos, la persona que trabajaba en el altar, se volvió y tras bajar los dos escalones, se acercó a ella, era un hombre ni muy alto ni muy bajo,en vaqueros y camiseta azul marino, de complexión delgada, pelo corto y expresión amable en un rostro tranquilo, que caminaba hacia ella mientras se secaba las manos a un trapo. Y Pilar, justo en ese momento, lo supo. Supo que se casaría con ese hombre, en esa misma iglesia, que su vestido sería beig perla y sus zapatos de charol rojo, que tendrían niñas y serían tres, y que ella le llamaría papá a él y él a ella alelí. Pero de todo eso, el hombre, todavía no sabía nada, él llegó hasta ella sonriendo tranquilo. Y la cabeza de Pilar, por primera vez desde que sabía pensar, se quedó vacía.
  • Hola, Buenos Días, en qué puedo ayudaros?- Preguntó el hombre, dirigiéndose a ambas, Fili, que se había quedado un poco retrasada observando una hornacina con un santo de rodillas, esperó a que Pilar dijese algo, pero a la vista de que parecía haberse quedado muda, se acercó con su mejor sonrisa sin saber lo que se suponía que tenía que decir.
  • Hola Buenos Días….Ave María Purísima…
  • No..yo no soy el párroco…soy el florista….Severo Aguirre, encantado- Se presentó el hombre ofreciéndole la mano, que Fili estrechó, ambos miraron entonces a Pilar, que a su vez miraba a Severo sin parpadear ni moverse un ápice.
  • Verás Severo, nosotras necesitamos rododéndros…no es así Pilar? O cómo?- Se atrevió a comenzar Fili dándole un pequeño codazo, Pilar suspiró hondo y la miró fugazmente.
  • Qué?
  • Los rododéndros…
  • Qué rododéndros?- Fili la miró por encima de las gafas.
  • Si te va a dar un parraque dilo ya…- Severo, que las miraba a ambas carraspeó.
  • Yo tengo un vivero de rododéndros…si eso lo que queréis saber…- Aclaró, Pilar miró a Fili con una expresión que nunca antes le había visto, casi beatífica.
  • Tiene una vivero, Fili, te das cuenta?- Filigrana abrió mucho los ojos y se colocó bien las gafas, luego se decidió a tomar la iniciativa.
  • Pues…enhorabuena Severo, creo que esto es el comienzo de una bonita amistad- Anotó mirándolos a ambos alternativamente- …y..tienes diez minutos? necesitamos explicarte algo.
  • Además es detallista, me pasa a buscar mañana para llevarme al vivero..- Comentó Pilar ya en el Uber, camino del centro, Fili, junto a ella, se quitó las gafas y se apretó el puente de la nariz.
  • Qué susto por Dior…pensé que te caías allí…en plan el crío de El Resplandor…
  • Y esa voz…como de Valium…- Fili la miró escéptica, pero no dijo nada- y el nombre, Severo…
  • Yo, ese nombre, siempre lo asocio con Ochoa…siempre…qué quieres que te diga…
  • Severo Aguirre…le voy a enviar un mensaje para que se pase antes y así desayunamos, porque, joder, tampoco vamos a ir a un vivero sin desayunar digo yo…- Y acto seguido sacó su móvil del bolso y comenzó a deslizar los dedos por la pantalla, Filigrana sonrió, suspiró profundo y perdió su mirada en la ventanilla.
  • No..si cuando llega así, de esa manera…

Gregorio

A Gregorio Hinojosa Valcuende ya no le paraban los taxis. Si en una única cosa habían coincidido todas las compañías de taxis de la ciudad, que difícilmente se entendían entre si, era en declararle „persona no grata“. Tampoco Uber. Daba igual cuál conductor clicase. No aparecía. Lo habían hecho al principio. Pero después se habían cerrado en banda. Él, personalmente, no entendía la razón para tanto despropósito. A su entender, todos ellos ofrecían un servicio, y él estaba en su derecho de no abonarlo si no lo consideraba a la altura de sus espectativas. Tan simple como eso. A la vista de que no iba a ser posible hacerles entrar en razón, había contratado un chofer. El de aquella tarde hacía el número diez. El último le había durado cuatro días, todo un record, teniendo en cuenta que los los otros sólo habían aguantado dos.

Gregorio Hinojosa, una vez, había sido atractivo, incluso había tenido gancho para las mujeres. Ahora no podía decirse que no lo fuera, pero su pelo, antes una indomable mata negra, ya no era lo que era, y lo tenía que llevar peinado hacia atrás con gomina para camuflar su falta en algunas zonas. Además, su nariz, antes casi apolínea, se había ido curvando sin saber él muy bien porqué y tenía ojeras, si bien podía presumir de dormir como un tronco las horas suficientes. Su displicencia hacia todos aquellos que, como él, habitaban el mundo, se reflejaba en un perenne rictus de hartazgo, que, a veces, combinaba con una sonrisa irónica, pero sólo a veces, Gregorio Hinojosa no se caraterizaba por su sentido del humor.

Aquella tarde había quedado de pasar a tomar café a casa de su prometida, para tratar algún asunto de la boda y verla. Podían pasar semanas sin que eso ocurriera, y él no tenía ningún problema con ello, sólo que ahora, con los preparativos de la boda, su futura suegra se empeñaba en querer tomar café al menos una vez a la semana. Y él se consideraba una persona sociable.

  • Sólo estaré dos horas, como máximo tres, así que espéreme a pie de puerta para entonces…- Ordenó al chofer antes de bajarse del coche, el hombre sentado al volante pareció no inmutarse- Me está usted escuchando, gilipollas?- Insistió empujandole con el pie el asiento, el hombre se volvió, se sacó unos earpods de los oídos y le miró como preguntado qué deseaba.- Es usted imbecil o se cayó de cabeza al nacer?…en dos horas aquí delante…- Y con la misma salió del coche cerrando la puerta con fuerza. El chofer volvió a colocarse los earpods y se incorporó al tráfico sin inmutarse. La chica del servicio que le abrió la puerta, como respuesta a su Buenas Tardes, recibió, sin más, de mala manera, su abrigo y su bufanda estampados en los brazos y él continuó camino del salón sin ocuparse más del asunto.Muca se incorporó del sofá al verle entrar y se acercó a él a darle dos besos y un abrazo.
  • Goyo! Qué bien que has venido! Caro…ven, dile hola a Goyo..- Invitó, Carolina, sentada en uno de los sillones hojeando una revista, la dejó a un lado y se acercó al que iba a ser su marido como quien se acerca a un perchero, pero con menos interés. Goyo le dio dos besos en el aire, y se sentó en otro de los sillones.Otra de las chicas del servicio trajo una mesita rodante con café y pastas, que Muca sirvió al gusto de cada uno.
  • José Luís viene ahora, está atendiendo una llamada…
  • Cuando venga, os tengo que enseñar algo que traigo aquí- Y les señaló una funda de tablet- el pasado julio fui con un viaje organizado a recorrer los Castillos del Loira, y quiero que Caro vea las fotos y los videos que hice, porque creo que sería un destino perfecto para la luna de miel…- Explicó, Carolina parapadeó lento e intentó sonreír, sin conseguirlo.
  • Qué ilusión, Caro! Michi estuvo también hace tiempo y llegó encantada…- Se maravilló Muca dando una palmada, Carolina dejó su taza de café sobre la mesita, pero continuó en silencio. En cuanto llegó su padre, la sentaron entre Muca y Gregorio, y éste pasó a explicar un total de trescientas cincuenta fotos y setenta vídeos que tenía guardados en el dispositivo. Hubo un momento en que a Caro casi se le fue la cabeza en un golpe de sueño, pero consiguió reponerse a tiempo. Poco después le sonó el móvil.
  • Ya atenderás….fíjate qué almenas, qué maravilla…- Comentó Muca, pero el teléfono no paraba de sonar- Ay hija por Dios…a ver quién es?- Carolina se incorporó por fin y atendió la llamada. Zeltia Amorós. Casi dio un salto en el aire de alegría, pero lo maquilló en una carcajada de alivio.
  • Zeltia necesita urgentemente mi ayuda, mamá…tengo que irme…Gregorio, precioso el Loira…bueno…adiós- Y sin más abandonó el salón lo más rápido que pudo antes de dar oportunidad a nadie de decir nada, Muca llegó a incorporarse, pero sólo escuchó el eco de la puerta principal al cerrarse. Y Gregorio prosiguió con su relato, como si nada hubiera pasado, porque él siempre acababa todo lo que empezaba.

La Noche D

  • Es que no sé…
  • Que no sabes qué?
  • Que soy una mujer lo sé, desde que puedo pensar vamos, lo tengo clarísimo….pero lo otro ya es otra cosa…
  • Lo otro…
  • Lo de operarme, ay mira chica…no soporto el dolor, ni las agujas, ni poner tiritas…imagínate semejante operación….el otro día me dio un ataque de ansiedad sólo de pensarlo…
  • Pues no te operes…
  • Es que luego está la presión, sabes?…que te vas a sentir mejor, que corresponde cuerpo y mente……yo no lo veo….estoy bien así…..y el Impertinente también..
  • Quién es el Impertinente?
  • El que llevo colgado, hija, piensa un poco…
  • Te presento a Catalina…- Filigrana soltó una carcajada.
  • En serio?- Pilar afirmó orgullosa con la cabeza.- Y luego está el después…
  • Qué después…?
  • Pues el después, chica….ese después….
  • Qué le pasa?
  • Que no es lo mío…que quieres que te diga….no saber qué pasa después…
  • La respuesta está en el fondo del mar….seguro
  • Yo soy más de secano….y de vestuarios llenos de testoterona…qué quieres que te diga, sería feliz de utillera…
  • Con esas pestañas causarías furor….- Filigrana arqueó una ceja y la miró irónica.
  • Me consta, cariño, por eso el vestuario viene a mí…cómo te lo explico?- Esta vez fue Pilar quien soltó una carcajada.
  • Y se te ocurre contármelo ahora…tú buscas la ocasión
  • Ni en el Campeonato de Europa estuve tan nerviosa….
  • Todo va a salir bien…
  • Y eso quién lo dice?
  • Severo a las plantas…y no veas como le crecen…

Pilar…creo que te está faltando oxígeno…o algo..-Estaban sentadas dentro del coche que las había llevado hasta el Organza. Por fin había llegado LA noche. Elodie les había asegurado que todo el que tenía que haber sido invitado acudiría y que estaba segura de que acabaría por llegar a ser nombrada en los libros de historia. Por algún motivo,que ninguno de los miembros de Mirloblanco se había planteado preguntar, ella se había presentado voluntaria para ser la persona encargada de llevar la supervisión del montaje de la fiesta en el Organza acudiendo casi a diario hasta aquel lejano lugar para asegurarse de que todo iba a salir según lo planeado. Pilar y Filigrana se habían limitado a pasarle listas de asistentes, música a poner, o tipos de bebidas que debían estar presentes. Del resto se había ocupado Elodie. Pilar bajó la ventanilla, el parking ya estaba casi lleno y numerosos grupos de mixtos de gente caminaban ya hacia el edificio del Organza, desde la cubierta del cual salían haces de luz lila que se cruzaban en la oscuridad del cielo.

  • Ya es hora…ven- Indicó abriendo la puerta del coche, Fili la siguió. Estaban arreglándose los vestidos que habían elegido para tal ocasión, cuando la bocina de un autobús las hizo volverse. En total fueron cinco autobuses, desde uno de ellos las saludaron varios mariachis muy sonrientes mostrándoles los guitarrones. Fili y Pilar se miraron.
  • Pero…a qué gente ha invitado Eladio?- Se preguntó Fili tratando de entender lo que acababa de ver.
  • Jacinta!- La voz de Arturo la hizo volverse como quien hubiera escuchado un fantasma, Arturo, en chaqué y pajarita, se acercaba seguido de todo su equipo, a cada cual más elegante, Filigrana se llevó la mano al pecho sin dar crédito.
  • Arturo?…eres tú…o me acaba de caer algo en la cabeza?- Preguntó todavía sin creérselo, Arturo suspiró y le ofreció su brazo.
  • Creías que te iba a dejar sola en tal jarana…o qué?- Preguntó negando con la cabeza y dirigiendo sus pasos hacia el edificio.
  • Bueno..- Acertó a decir Fili, todavía sin creérselo.Pilar se cogió del brazo de otro miembro del equipo y les siguió.
  • Todo va a salir de puta madre…

A Filigrana la despertó el sonar de un móvil. En algún lugar. Ella estaba en el suelo de lo que una vez había sido su salón, envuelta en un mantón de manila, con una bolsa de hielos tapándole la cabeza. A su alrededor, un paisaje devastado de enseres, cojines, mantas, ropas, vasos, botellas,latas, platos, cacerolas, cajas de pizza vacias, confetti, purpurina, plumas,guitarrones y cuerpos semi escondidos entre todo ese maremagnum sobre los sofás y por las islas libres que habían quedado en el suelo. Filigrana extendió su brazo izquierdo y palpó alrededor en busca del irritante móvil, pero sólo alcanzó las cuerdas de un enorme guitarrón, lo intentó con la otra mano, y lo encontró debajo de una montaña de boas de fantasía. Se lo llevó al oido sin apartar la enorme bolsa de hielos.

  • Qué..qué pasa?…- Su voz le sonó como una gruta oscura y profunda-..ya…bien…vale…pero…espera..una cosa…se lo folló o no?…ALELUYA!…-y colgó la llamada- Pavlova se lo folló gente!…Voy a llorar…- Sólo le contestó un murmullo indistinto y una par de toses.

Física y Química

Eventos, clubes, desfile o aledaños, conciertos sufribles o insufribles, sesiones de siclo, presentaciones, exposiciones, pinchos, teatros, carreras solidarias, catas de vinos, catas de quesos, catas de menús, entregas de premios, inauguraciones, brunches privados, brunches públicos, talleres de comida sana, talleres de comida baja en carbohidratos, talleres de comida con quinoa, talleres de factura casera de muesli, comidas solidarias con los pueblos oprimidos, cenas contra la guerra, la noche del Gin, charlas sobre la soledad del que camina solo, charlas sobre la alegría de sentirse parte del grupo, charlas sobre libros de autoayuda, charlas sobre el tú y el yo convertidos en nosotros, charlas sobre la maternidad, charlas con niños, charlas sobre partos naturales,charlas sobre cesáreas, charlas sobre pañales de tela, talleres sobre el lavado a mano, muestras de fotografías aéreas, encuentros- escuela para aprender a comprar yogures, partidos de Copa, partidos de Liga, carreras de sacos por Sudán, talleres para logar la risa perfecta.

Manuma acudió a todos y cada uno de estos actos, para labrarse un lugar en el círculo de Carolina Gil de Atienza. De forma que, igual hacia dónde ella mirase, él estuviese siempre en su campo de visión. Había logrado tener con ella un trato casi diario, y podía decirse que había conseguido hacerse su amigo, si bien en el mundo en el que Carolina Gil de Atienza se movía, eso, hacía tiempo que había perdido su sentido original. Pero algo fallaba, algo hacía que la situación se estancase en un limbo del que parecía imposible salir.

  • Entonces tú de cuál eres del Madrid o del Atléti..?- Preguntaba interesado un chico junto a él, para tomar después un trago de su combinado, Manuma le miró y sonrió.
  • Yo he sido siempre de los Lakers…si me disculpas…- Y dejando al otro sacando su propia conclusión, se alejó entre la multitud que asistía al acto „Infancia y Juventud: Futuro“. Localizó a Carolina al fondo, donde en breve „Cañaveral“ amenizaría la velada con sus guitarras. Ella estaba con su grupo, que ahora era más grande, ya que la gente de la agencia que llevaba sus cosas la seguía a todas partes y no la dejaba ni a sol ni a sombra, lo que hacía la misión de Manuma cada vez más complicada. La saludó con la mano, y ella le devolvió el saludo con una sincera sonrisa, animándole a acercarse. Cañaveral“ salió al escenario entonces, y una ola de asistentes al acto les engulló, al tiempo que las guitarras comenzaban desliar la canción que les había hecho conocidos, y Manuma había acabado por detestar. Y la multitud comenzó a corearla, y a levantar sus móviles para crear un paisaje de estrellas. Manuma miró hacia Carolina, ella tampoco coreaba la canción, ni había levantado su móvil, aprovechando que estaba oscuro, observaba el escenario con los brazos cruzados y claro gesto de aburrimiento.Entonces Manuma lo supo. Tenía que llevar aquello a su terreno. Como él sabía hacer la cosas. Y, sin más, la cogió de la mano y, aprovechando la oscuridad y densidad de público, se perdió con ella hacia la puerta de salida.
  • A dónde vamos?- Preguntó ella riendo cuando alcanzaron la calle, él la miró y accionó el dispositivo de apertura de su coche, que, milagrosamente, había logrado aparcar justo enfrente.
  • A romper la noche…

No necesitaron invitación, ni tarjeta de socio, ni estar inscrito en lista alguna, para acceder al local. Tampoco era obligatorio hacer crochet. Sólo había que tener ganas. Y moverse con la marea al ritmo, dejándose llevar, en el calor y sudor, con su física y su química, también su anatomía, la cerveza y el tequila. Popiwa, sobre el mismo ladrillito. Callao, callao, pero gritando eoo, ni malos ni santos, moviéndose sin contrato. Malamente. Con el prum, pum-pum-pum-le-echaron cinco-dollar’-de gasola-y-lo’ 15-que-sobraron-son-de-ron-con Coca-Cola. Subiendo y bajando, prestándolo, pero no dándolo, cada loco con lo suyo. Felices todos, haciéndolo to el rato, disfrutando y sintiendo el impacto. Yo me la invento, como Einstein en su momento, y de la gravedad fueron el centro.Y apenas salió el sol se fueron corriendo, sin pensar en lo que estaban haciendo. Tratrá.

  • Carolina…Carolina…- Muca había abierto las cortinas y las persiana, y trataba de despertar a su hija, quien dormía profundamente tapada hasta la cabeza con el edredón- Carolina!…No sé dónde os metéis…pero después no hay quién saque el olor a humo…ni que te hubieras deslizado por una chimenea….y esta ropa?…Carolina!- Carolina accedió a destaparse la cabeza, pero fue incapaz de abrir los ojos- Ese pelo…voy a tener que hacerte trenzas…bueno, alguien, yo no sé…voy a llamar a Isa a ver si puede hacer algo con tu cara hoy…levántate y dúchate tienes prueba a las nueve…- Y se fue mientras llamaba por teléfono. Carolina se tapó un ojo, y así pudo abrir el otro. Achinándolo mucho consiguió ver la hora en su despertador. Eran las siete. Había dormido justo cuarenta minutos. Había entrado por el garaje, y usado la puerta de servicio. Se tapó la cara con las manos y rio. Nunca antes había sido tan agotadoramente feliz.

A partir de entonces, Manuma y ella siguieron siempre el mismo sistema. Quedaban en un acto multitudinario, ella mandaba whatsapps contradictorios a varias de sus acompañantes de forma que siempre estaba con una y con ninguna, y desaparecían. Después él la dejaba delante de la puerta de los garajes, y ella perfeccionó su técnica de entrada en su casa, hasta conseguir no hacer ruido ni al girar la llave.

  • Y a mí me gusta la parranda…A mí me gustan las mujeres…Escucharme una buena banda…Y darle gusto a mis placeres“- Cantaba Manuma poniendo acento mejicano mientras la hacía girar y girar, Carolina reía tratando de no perder el equilibrio, cosa que casi hace, pero Manuma la sujetó a tiempo, aprovechando para atraerla hacia si, ella le miró riendo tratando de que su cabeza dejara de dar vueltas, y la risa de ambos se fue amainando, al tiempo que sin palabras llenaron el silencio que se hizo entre ambos. Entonces Manuma, respiró hondo y la soltó de repente.- Me tengo que ir…
  • Ahora..?
  • Sí…te llamo…- Y sin más se alejó corriendo. Carolina, sin entender su reacción, aún le llamó, pero él desapareció muy rápido al final de la calle. Ella miró alrededor, su casa no estaba lejos y ya estaba amaneciendo, así que dirigió sus cansados pasos hacia allí. Miró un par de veces hacia atrás, pero Brubaker no regresó.

The show must go on…

  • No puedo
  • Que no puedes qué?
  • Hacerlo…yo me bajo en marcha, lo siento Eladio macho pero…
  • Pero qué te pasa…o mejor qué no te pasa..?
  • Me es imposible…
  • En el Ambigú esta noche a las diez y media…
  • Pero es que …
  • En el Ambigú a las diez y media…- Y colgó. Manuma maldijo y continuó caminando calle abajo sin dejar de maldecir.

Cuando Manuma llegó al Ambigú a la hora tratada, se topó con una multitud de gente que ocupaba toda la acera y parte de la calle. Estaba planteándose dar media vuelta, cuando Eladio, hoy una Elodie en traje pantalón rojo y beig con echarpe de bisón, se presentó ante él acompañada de Isabel y Fernando.

  • Está petao..- Alcanzó a decir Manuma, casi a modo de excusa señalando la entrada del local, Elodie se colocó mejor el echarpe de bisón, corrigió la postura y cogiendo del brazo a Fernando se dirigió a su objetivo.
  • No para nosotros…seguidme- Afirmó mientras avanzaba, Isabel cogió del brazo a Manuma y la siguió.Si Moisés fue capaz de abrir las aguas del mar para dar paso a su gente, Eladio hizo lo mismo con la multitud vociferante ante el Ambigú. Ninguno de sus acompañantes acertó a saber cómo.Dentro del local la situación no era mejor, apenas se podía avanzar. Eladio los guió hasta una de las tribunas que rodeaban la platea central, ahora tomada por una masa impenetrable de público, y logró alcanzar la barandilla.
  • Fili actúa ahora! Después la buscamos!- Gritó hacia los tres, quienes asintieron mientras trataban de no ser aplastados contra la barandilla.Y de pronto se hizo una oscuridad total. Que provocó un grito multitudinario de espectación, al que siguió el más absoluto de los silencios.Un único y potente haz de luz iluminó entonces una figura en el escenario. Era una mujer alta, vestida con un petticoat azul cielo que brillaba como mil estrellas,subida a unos tacones a conjunto y con una media melena caoba pulcramente recogida en una diadema a juego con el vestido. Con las manos en las caderas, miró un instante con gesto desafiante al público, que permanecía aún en silencio sepulcral. Entonces Salvatore Adamo atronó la sala con „Mis manos en tu cintura“, y la mujer comenzó a mover las caderas sensualmente al ritmo mientras cantaba en play-back la letra, escenificando lo que ésta decía de una forma melosa y candente a partes iguales dándole un nuevo y erótico sentido, llegado el estribillo „Y mis manos en tu cintura/pero mirame con dulzor/porque tendrás la ventura de ser tú mi mejor canción“ innumerables brazos masculinos desnudos surgían de la oscuridad y la recorrían anhelantes, hasta „mejor canción“ momento en el que volvían a desaparecer como por arte de magia a un golpe de sus caderas. Toda la coreografía era imitada al milimetro por todo el público, que hacía perfecto coro a Salvatore Adamo.Tras el último acorde explotó una inmensa nube de purpurina dorada, que cuando se deslió descubrió la presencia de una figura masculina vestida de futbolista, de melena paje rubia sujeta por una diadema roja y con un balón de reglamento bajo el brazo, que acto seguido comenzó a mover las caderas al ritmo de „La Bambola“ de Patti Pravo. El clamor y la reacción física del público fue tal, que el local pareció temblar en sus cimientos, el clamor fue a más en el momento en el que dos empleados secuestraron a un hombre del público y lo subieron al escenario, para ser él el objeto de la furia del futbolista.Elodie hizo una señal al resto para que le siguiesen. Un empleado, vestido de grana y oro, les dio paso a las bambalinas, abriéndoles la puerta de acceso, después de que Elodie le dijese algo al oido. Si bien el volumen de gente era menor, también aquella parte del local bullía en actividad. Abriéndose paso a duras penas a través de atestados y vociferantes pasillos, alcanzaron el camerino de Filigrana. La encontraron ya sin traje, sólo ataviada con unas mallas color carne, como las utilizadas por los bailarines de ballet, muy ceñidas, estaba bañada en sudor y en el momento en el que el grupo hizo su entrada, estaba bebiendo a morro de una botella de dos litros de agua mineral, bajo la atenta mirada de Pavlova. Cuando Filigrana se percató de su presencia, dejó de beber y lo que quería ser una sonrisa de bienvenida, se congeló antes de llegar siquiera a producirse.
  • Quién ha muerto?- Preguntó, a tenor de las caras de los cuatro.
  • No puedo..- Confesó Manuma, apoyado contra uno de los armarios, con los brazos cruzados y evitando mirar al publico que le observaba, esperando una explicación.
  • Que no puedes qué..?- Preguntó Filigrana, para tomar después un trago largo de la botella, Elodie se sentó en uno de los sillones y dobló el echarpe de bisón sobre las rodillas.
  • No puede entrarle al Mirlo…
  • Pues a mí me parece muy mona ella…- Comentó Filigrana quitándose una pestaña postiza que se le estaba cayendo, Manuma negó con la cabeza y les miró por fin.
  • No es eso…no puedo y ya está…no soy capaz, nunca me había pasado antes…no puedo…
  • Entrarle a una tía o qué?…no lo entiendo…tú…para más inri..- Comentó Elodie sin salir de su asombro, Manuma miró un momento al techo.
  • No, no es eso…cuando estoy con ella, no sé, no soy yo…soy de otra forma…y no lo puedo controlar…no sé lo que me pasa…- Filigrana sonrió contra el morro de la botella.
  • Lo que te pasa es que te has encoñao…- Dictaminó, el resto y Manuma negaron con la cabeza y un comentario indistinto.
  • Es que ni eso…no puede nada de nada…yo no me lo explico..- Elodie se pasó las manos por la cabeza, Pavlova, que se había mantenido al margen, de pie tras Filigrana, sonrió con dulzura y se atrevió entonces a comentar algo, Elodie levantó las cejas- Pavlova dice que es porque estás enamorado.Manuma les miró sin entender lo que querían decir, Isabel, apoyada en la puerta del camerino, se adelantó un paso.
  • No eres tú, no sabes lo que te pasa, no eres dueño de tus actos…estoy con Pavlova, tú te has colado por Carolina Gil de Atienza- Explicó con calma, como siempre solía hacer las cosas, Manuma parpadeó lento y se encogió de hombros, mirándoles alternativamente sin saber de qué estaban hablando.
  • Manu por Dior, es que nunca te has colao por nadie?- Preguntó Filigrana casi riendo, Manuma volvió a encogerse de hombros y negó sinceramente con la cabeza, Isabel se llevó la mano al pecho, miró fugazmente a su alrededor y su rostro formó una expresión de dulce compasión.
  • Oich qué bonito!…Eso que sientes es amor mi vida, nada más y nada menos. Tú primer amor…- Explicó palpándose la zona del pecho donde se encontraba ese caprichoso órgano.
  • Que es el peor….y el que peor pega…Ramiro se llamó el mío….era altísimo ahora que caigo….- Suspiró Filigrana mientras parecía recordar algo lejano en el tiempo, Elodie le dio un golpe suave con su echarpe, y Filigrana regresó de su corto viaje con un largo y sonoro suspiro.
  • Pero es que yo no le he hecho nada….quiero decir…sólo hemos bailado mucho…eso sí, bastante, diría yo…y la he cogido de la mano…- El grupo se miró entre si, Elodie, pareció darse por vencida y se dejó caer hacia atrás en el sillón, Filigrana soltó una sonora carcajada e Isabel y Fernando se miraron intercambiando una solemne mirada, sólo Pavlova continuaba observando a Manuma con una sonrisa dulce y tranquila, y fue la única que dijo su opinión.
  • Pavlova dice que no quieres hacerle daño, que es demasiado buena y que tu corazón ya no está en tu pecho, que lo tiene ella junto al suyo…- Tradujo Elodie mientras se apretaba el puente de la nariz con dos dedos.
  • Ay Pavlova por Dior!….qué bonito! Que voy a llorar…- Protestó Filigrana cogiéndole una mano a Pavlova, quien a su vez le revolvió la melena. Manuma respiró hondo y se incorporó de su apoyo en el armario.
  • Hay que hacerla partícipe de todo esto- Dictaminó.
  • Tienes fiebre?- Preguntó Elodie mirándole a través de los dedos de las manos, con los que se tapaba la cara.
  • Pavlova, saca el Jaegermeister…definitivamente necesito uno- Suspiró Filigrana. Isabel levantó una mano, para calmar los ánimos.
  • Tiene razón, la he estado observando, no es como el resto…estoy segura que lo entenderá…
  • Cómo puedes estar tan segura?- Preguntó Elodie, Isabel le miró y ladeó levemente la cabeza.
  • Confía en mi, lo sé.
  • She knows..- Apuntó Filigrana, y se tomó de vez el chupito de Jaegermeister que Pavlova le había servido.

DESENLACE

Últimas Voluntades

El Showroom de Aymisombrero ocupaba toda la entreplanta de un edificio neoclásico del centro, aquel viernes estaba a rebosar de público ya que se presentaba la nueva colección primavera-verano y para ello contaban con la colaboración de muchos nombres conocidos que habían servido de imán para asegurar el éxito del acto. Carolina acudió acompañada de su madre, el grupo de gente de la agencia que ahora siempre la acompañaba a todas partes y tres chicas con las que tendría que hacer stories sobre la presentación. En una de las amplias estancias que componían el Showroom, habían dispuesto dos largas mesas adornadas con cestas de bambú de distintos colores con lo que parecían materiales y las herramientas que se solían utilizar para la fabricación manual de sombreros en bandejas de fieltro. Cada silla situada ante las mesas, tenía adjudicado el nombre de la persona que debía sentarse en ella a pasar lo que ellos entendían por un rato distendido mientras fabricaba su propio sombrero de paja. A Carolina le tocó entre dos chicas que conocía de vista y que la saludaron mientras la filmaban en sus stories. Nada más sentarse y ver el patrón que le habían colocado delante, y que tendría que seguir para, en teoría, hacer su sombrero, sintió nauseas. Otra vez. Y le empezaron a sudar las manos. Se pasó una de ellas por la frente, e intentó sonreír a los llamados de la gente que, alrededor, filmaba stories y la quería hacer partícipe.

  • Cocón!Hoooola…yo tengo un bombín…y tú qué tieneeeees?…Una pameeeela!Jo! Yo quieroooo!- Gritó la chica que estaba a su izquierda,mientras las filmaba a ambas tratando de que apareciesen las dos en la pequeña pantalla de su complicada cámara. Carolina sonrió y se envió un beso a si misma, antes de salir de casa había metido dos aspirinas efervescentes en el bolso por previsión, y sintió que, en breve, tendría que usar una.
  • Un Panamá…con lo mal que me quedan a mí los sombreros…se lo doy a mi cuñada que hace colección…Carolina! Frente a frente estamos, qué bien- Quien de tal forma la saludaba era Zeltia Amorós, que en ese momento se sentaba frente a ella. Carolina de pronto sintió unas ganas terribles de llorar de alegría al verla, pero lo maquilló con la más bonita de sus sonrisas. Zeltia la miró un instante y alzó una ceja.- Estás bien?- Carolina asintió y carraspeó manteniendose en silencio, al no estar segura de encontrar su voz- Estás como pálida….en fin..- Luego le indicó que se acercase a ella con un gesto de su dedo índice, y ambas buscaron tumbarse sobre la mesa para poder hablar en susurro- Tú no te preocupes…hoy como con el crochet..yo hago mi Panamá y lo que tengas tú, nadie se entera y tan contentas…tu haz que haces…ok?- Carolina sintió como si alguien apartara una piedra muy pesada de encima de su pecho, y rio aliviada, el dolor de cabeza, sin embargo, insistía en quedarse.

Manuma llegó solo. Elodie le había suministrado una invitación, en la que se aseguraba que él era periodista. Nadie se lo cuestionó. Eligió para la ocasión una blazer azul con vaqueros y camisa blanca, como la gran mayoría del público masculino asistente. Deambuló por la estancia principal, donde una camarera, que iba vestida como un gondolero, le ofreció una copa de zumo de naranja. Como quien no quiere la cosa, recorrió el resto de los espacios ya atestados de gente, hasta que llegó a la estancia de las mesas. La localizó enseguida. Y una sonrisa se coló en su cara, sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Carolina. Sacó su movil del bolsillo y comenzó a teclear.

La pretecnología es un arte“. La vio coger el móvil y sonreir. Todavía no estaba todo perdido, pensó.

Acercate acercate un poco más

así de lejos no lo logramos ná…“

Pues salgamos ya de este dilema“- La vio mirar disimuladamente alrededor, pero no le localizó.

Dónde estás??

Las mejores fiestas siempre son en la cocina“

  • Voy un momento al baño- Se excusó Carolina levantándose de su asiento y cogiendo su bolso, Zeltia la miró fugazmente ya que trataba de trenzar dos trozos de algo que no cuadraban.
  • Mi cuñada va a hacer el agosto con nosotras….- Comentó trenzando mal que bien ambas partes, Carolina rio y se alejó hacia la puerta.

El showroon había mantenido la cocina original de la vivienda donde se encontraba, un espacio no muy grande, tomado, aquella tarde, por un ejército de gondoleros que entraban y salían transportando bandejas de bebida y canapés. Manuma se situó al fondo, junto a la antigua puerta de servicio. Cuando por fin apareció Carolina, sintió una calma tal, que temió que, de cerrar los ojos, caería profundamente dormido.

  • Pensé que no te volvería a ver…- Comenzó Carolina alzando la voz entre el barullo de los gondoleros, Manuma tenía tantas cosa que decirle, que optó por cogerla de la mano directamente.
  • Date por secuestrada, después lo entenderás- Y sin más, abrió la puerta de servicio y ambos desaparecieron por ella, cerrándola de nuevo tras si.

No le dio explicación alguna,tampoco en el coche, aunque ella le preguntó varias veces a dónde la llevaba, sólo le dijo que después lo entendería todo, y ella, le creyó.

Cuando Manuma abrió la puerta del camerino de Filigrana, Carolina se quedó clavada en el umbral ante la cantidad de gente que se encontraba en su interior, y que, al verla aparecer cesaron de hablar y la miraron a la vez en silencio. Ella miró a Manuma un tanto asustada, pero él sonrió tranquilo y la invitó a pasar con él, cerrando la puerta tras si.

  • Vosotros…no seréis una secta o algo así?- Acertó a preguntar, mientras Manuma la ayudaba a quitarse el abrigo, el grupo se miró entre si, preguntándose por qué llegaba a esa conclusión, y negaron la posibilidad con un murmullo indistinto.

Otra vez fue Max quien tomó en primer lugar la palabra, y comenzó a explicarle el porqué de todas las cosas, de la mejor manera, que no es otra que comenzando desde el principio. Una vez hubo contado su parte, cada uno de los otros miembros del grupo se presentó y le explicó su papel dentro del plan. Cuando le tocó el turno a Manuma,sentado junto a ella,le dijo su verdadero nombre e Isabel le ayudó con el resto. Cuando todo estuvo dicho, se hizo el silencio, y Carolina, que había escuchado atentamente y con verdadero interés a todos los presentes, permaneció unos momentos en silencio. Después bajó la vista un instante, e intentó sonreír sin conseguirlo.

  • Yo…sólo quiero decir que…en contra de lo que pueda parecer..yo no soy boba- Dijo casi al borde de las lágrimas, todos hablaron entonces a la vez y desde todas las direcciones posibles recibió un pañuelo, ella sonrió entonces y alcanzó a parar las lágrimas en el lagrimal- Yo no quiero casarme con ese impresentable, pero me lo dieron como cosa hecha…pensé en escaparme..pero a dónde?..nunca he estado sola, ni sabría valerme…Max…no sé como podré agradecerte que hayas ideado esto. Y ahora…os agradecería me dijéseis qué puedo hacer yo para que el plan resulte…
  • Hay algo más…- Indicó Dámaso, Lourdes, junto a él, le pasó un par de documentos- Creo que hemos encontrado la razón para una boda con Gregorio…vos tenías muy buena relación con tu abuelo materno, nos es cierto?- Preguntó, Carolina asintió.
  • Él no se llevaba bien con mi madre….pero a mi me adoraba, y yo a él…- Recordó volviendo a tratar de frenar sus lagrimales, Manuma le ofreció su mano, y ella se la aceptó.
  • Tu abuelo le dejó a tu madre lo que la ley le obligó, el resto te lo dejó a tí, en forma de fideicomiso. Serás beneficiaria de todo lo que contiene ese fideicomiso cuando cumplas veintiún años, sólo bajo dos condiciones lo podrías recibir antes, en caso de matrimonio o de muerte, en cuyo caso se determinaría quién sería el beneficiario..- Continuó Lourdes, Carolina les miraba sin poder creer lo que estaba escuchando.
  • Yo no sabía nada de eso…..pero supongo que sin mi consentimiento…
  • Existen maneras, cariño, muchas maneras…después de tu sí a Gregorio, supongo que tus padres querían hacerse con el capital..que es mucho..
  • Estamos hablando de cifras de nueve dígitos,fondos e inversiones, que con los años han ganado valor…
  • Y Gregorio se llevaría su parte…- Supuso Carolina, el grupo se quedó en silencio entonces, y ella los miró sin entender, luego recordó los supuestos que había dicho Dámaso y se llevó la mano a la boca, a punto de la náusea. Manuma la abrazó, y alguien le alcanzó un vaso de agua.
  • Pero ahora nada puede pasar, mi vida, nos tienes a nosotros- La tranquilizó Isabel, buscando sentarse junto a ella, Carolina asintió todavía no muy segura de no querer vomitar y bebió un poco de agua, luego carraspeó.
  • Hundámoslo, hasta que no quede de él ni el recuerdo de su existencia.

Cuentaatrás

Desde el momento en que Pavlova supo que estaba embarazada, comenzó a alimentarse, básicamente, de Borsch, una sopa muy completa de remolacha, que cocinaba en una olla de diez litros. Además, el efecto nido, comenzó en ella mucho antes de lo que se suele dar, con lo cual, la casa de Filigrana se convirtió en una especie de extremadamente ordenado y limpio almacén de productos de puericultura que olía perennemente a sopa de remolacha. Cuando le dijeron que llevaba dos, y que eran varones, Pavlova lloró dos días. Después ordenó todos los armarios como si nunca lo hubiera hecho antes, y se apuntó a yoga.

Dámaso y Lourdes, además de asistir juntos regularmente a todos los boliches de tango que tenían lugar en la ciudad, habían planeado el golpe perfecto a las cuentas de Hinojosa, de forma que, dada la señal, sólo tendrían que abrir una trampilla virtual para que su fortuna, como si del vaciado de un silo se tratase, desapareciese para siempre. También tenían el hacia dónde y el quién. Ahora sólo se trataba de esperar.

Carolina hacía una doble vida, por las mañanas hacía como que se iba a la facultad,cuando en realidad se encontraba con Manuma en la casa de Filigrana, y por las tardes se entregaba a su vida de futura novia del año convertida en la nueva it-girl de Instagram, labor que se hacía más llevadera con la presencia inestimable de Isabel.

  • Qué ha sido eso?- Preguntó Filigrana levantando la vista del periódico que había comenzado a leer sobre la mesa de la cocina, Pavlova que pelaba patatas con las piernas subidas a un reposapiés le miró y, sonriendo con pillería, le contestó sucintamente mientras hacía un gesto con el cuchillo, Filigrana parpadeó dos veces.- Tú crees?- Ella explotó en aquella carcajada típica de ella que pareciera que alguien lanzara una granada al piso, y su onda expansiva asustara a todo aquel que se encontrara a su alrededor, ahora Fili, quien se incorporó de su asiento anudándose mejor su kimono, esta vez amarillo con flores rojas, y salió al pasillo. Justo en ese momento, Carolina salió de una de las habitaciones, portando su abrigo, una mochila y dos bolsas en los brazos, y corrió hacia la puerta de salida, dirigiendole un rápido saludo a Fili con la mano, antes de salir y cerrar la puerta tras si. Justo después, salió Manuma del mismo cuarto, también casi a la carrera asegurándose de llevar todo consigo mientras se ponía unas gafas oscuras.
  • Manu?- Le llamó Fili, Manuma se volvió ya en la puerta- Yo de mayor quiero ser como tú- Le lanzó pícara, Manuma la miró por encima de las gafas y le guiñó un ojo, antes de salir pitando por la puerta.

En el otro extremo de la ciudad, Elodie entraba por fin en su apartamento. Nada más cruzar la puerta se quitó los zapatos de tacón y los lanzó hacia algún lugar, dirigió sus pasos entonces hacia el baño y ya allí comenzó a deshacerse de la ropa que llevaba puesta ese día, un traje chaqueta tipo chanel azul marino de falda hasta la rodilla con blusa de volantes a juego. Una vez se liberó de la falda y la blusa, ya en medias y spencer, se miró en el espejo del lavabo, que ocupaba toda la pared y estaba rodeado de foco fluorescentes led. Se quitó el espencer, y observó la prótesis de silicona con dos perfectos pechos que tenía adherída a su torso como una segunda piel, de forma que parecían suyos. Comenzó a despegarla con cuidado de no hacerse más daño del necesario, y la colocó sobre la encimera, se acarició las marcas que le habían dejado los bordes a la altura de la clavícula y la cadera. Después situó sus dedos en el comienzo del pelo en la frente, y liberó su cabeza de la impecable melena castaña que hasta entonces había portado, colgándola sobre una cabeza de figurín antiguo que le miraba desde lo alto de una estantería. Se bajó las medias y se quitó una faja compresora.

Eladio Figueredo Cabezas se observó desnudo en el espejo un instante, y se alegró de verse, incluso se saludó. Luego alcanzó un bote de leche desmaquillante y se metió en la ducha. Eladio Figueredo Cabezas era dama de compañía de mujeres que asistían a actos, a cenas, entregas de premios,compras, teatros, cines y eventos de alto standing en general acompañadas de una mujer joven, atractiva, elegante, de maneras exquisitas y conversación fluida, que también se metía con ellas en la cama, donde le tenían como hombre. Un hueco en el mercado en el que era la mejor y con una importante cartera de clientas. Había elegido el nombre de Elodie porque era muy parecido al suyo propio, y Rampling, porque era una fan declarado de la actriz.

Tras ducharse, se dirigió a su cuarto y sacó del armario una muda masculina limpia y un chandal gris. Aún secándose el pelo, corto y castaño claro, con una toalla, buscó su móvil en el bolso y se dejó caer sobre el sofá del salón, al tiempo que soltaba una especie de suspiro de alivio. Luego deslizó sus dedos sobre la pantalla y pulsó video-llamada.

  • Buenas Tardes, Diosa…- Saludó él, alegrándose de escuchar su propia voz, que, ese día todavía no había usado con nadie, sonriendo tranquilo a la imagen que tenía en el móvil.
  • Buenas Tardes Ladrón….cuando te coja no te suelto…- Advirtió Fernanda, él rio.
  • Un poco de paciencia…ya falta menos…
  • Tus „menos“ no son mis „menos“…
  • Diosa…cuéntame cosas…- Y se recostó en el sofá,respirando hondo.
  • Para eso ponte el telediario….a ver…haré una „essscepción“, porque me caes bien y eso…en la boda del sábado van a servir cachopo con patatas fritas…..y digo yo que para eso no armas una boda no?…vamos que yo voy a una boda y me dan cachopo y me voy…- Él soltó una carcajada, ella le miró alzando una ceja toda digna- en serio…con estas dos por banda…
  • Te creo…
  • Mañana dos bautizos….con payasos…“Cómo están ustedeees?!“
  • Ahora que te he visto…bien….
  • Ladrón…
  • Dime, Diosa…
  • Tú sabes que te tengo en buena estima…verdad?
  • Yo en más…dónde vamos a parar…
  • Mira…- Él fijó la vista un instante ante lo que le mostraba y abrió mucho los ojos
  • …No seas cruel…- Acertó a decir
  • ya queda menos“…- Él fingió quejarse de dolor, y la que rio ahora fue ella.
  • Ya te envié las medias cristal…- Susurró conciliadora.
  • Como premio de consolación…
  • La pedrea….no te jode…me tengo que ir…ya te harás ver…
  • Un beso…
  • Sólo uno?…no, si encima agarrao…
  • Diosa…
  • Te lo envío por dron…si te parece…chau-pescau..- Y colgó, no sin antes enviarle un beso, él rio y dejó caer el móvil sobre el sofa, después se tapó la cara con las manos. Ya faltaba menos.

Los Gil de Atienza y Méndez de Altobaldo se complacieron en invitar, tres días después, a cerca de cien personas a la cena de pedida de su hija Carolina. La celebraron en el restaurante „Pataleo“, de moda en la ciudad, ya que, además de restaurante, se ofrecía también como local de copas y conciertos. Si alguien ajeno hubiese observado a los asistentes, el código de vestimenta y los fastos, hubiese podido jurar que se trataba de la boda. Carolina, sentada junto a Gregorio no le dirigió palabra ni mirada alguna en momento alguno, y si en algún momento él se había dirigido a ella, ella le había contestado con un gesto indistinto de su cabeza. Este comportamiento no pasó inadvertido a su madre, quien, sentada a su derecha la conminó varias veces a trabar conversación con su futuro marido, pero Carolina hizo que no la oía, tratando de mantener bajo control las náusea que le provocaba sólo él hecho de estar sentada junto a aquella persona.

Una vez llegados a los postres, Carolina se disculpó un momento y se fue al baño. Por el camino hacia los aseos se topó con Zeltia Amorós, quien la cogió del brazo y la llevó a una de las terrazas del local, que daba hacia una zona de aparcamientos y contenedores de basura.

– Qué bien que te encontré….así no fumo sola…

  • No sabía que fumaras…
  • Te sorprendería lo que no sabes de mi….
  • Bueno mujer, yo…
  • Te lo digo sin acritud, sin malos rollos, quieres una calada?- Carolina negó con la cabeza.- Ves esa valla publicitaria de ahi?…pues esa se supone que es mi vida, que soy yo…no lo que están anunciando…la valla en si…y detrás está Zeltia, la verdadera Zeltia, escondidita, para que no la vean…
  • Siempre me has parecido de armas tomar….hasta me dabas miedo al principio…- Zeltia rie.
  • En serio?…..pues no, a veces me veo a mi misma como el director de un circo…sabes?…todos hacen lo que yo quiero que hagan , cuándo y dónde, nadie protesta, todos me siguen….ese es mi problema, que todos me siguen…y yo quiero estar sola. Cuando estoy sola soy feliz. No te estoy echando…esto para mi es estar sola…ya me entiendes….
  • Seguro que Gerardo ya te esta buscando….
  • Pues que me busque…no tiene otra cosa que hacer, bueno si, organizar eventos….que yo busco….quiero más a este cigarrillo que a él…el pobre…ni lo adivina, a lo mejor me meto también a actriz, soy buenísima…no me mires así. Yo no quiero a Gerardo, nunca le quise….está muy bueno, y me sirve para la cama y eso, pero nada más…había que casarse y me casé, él estaba a mano y cuadró…pero mi amor es otro.
  • Quién?
  • Ty Roberts…cría perros husky para trineos en Canadá, le conocí hace cuatro años, en un evento en Nueva York, él estaba allí por otra cosa, no me acuerdo cuál, y según nos vimos…ya. No hubo duda. Yo ya estaba con Gerardo pero estaba sola allí, sólo fue mi cuñada Rita, pero como es boba….ni se enteró, en fin. Tenemos un trato. Yo aguanto dos años más, voy apartando dinero a una cuenta que sólo conozco yo….ya tengo tres millones….y cuando llegue el momento, me divorcio y desaparezco. Adiós circo. Ni voy a tener movil, sólo te digo esto.
  • Y Gerardo?
  • Gerardo es guapo y tiene pasta….no te preocupes, en seguida se consolará….- Carolina la miró un instante, y, por un momento, estuvo tentada en contarle la verdad, pero apartó la idea, acariciándose la frente con los dedos, si bien Zeltia era la única del todo conglomerado de redes y eventos en el que la habían metido, que podía considerar su amiga, no podía arriesgarse a que todo se fuera al traste.- Tu futuro también te busca….- Carolina casi se asustó y sonrió para maquillarlo de algo parecido a ilusión- No lo intentes…ven, vamos al baño, tengo que lavarme los dientes para que la fumeta siga en secreto- Y cogiéndola del brazo, la guió hacia una puerta que daba acceso a un cuarto anexo a la sala del evento desde la terraza donde estaban.Gregorio se cruzó con Carolina cuando salió del baño, y sin mediar palabra alguna la agarró con fuerza por un brazo.
  • Que sea la última vez que desapareces así…- Rugió sin alzar la voz, Carolina trató de soltarse.
  • Suéltame, imbécil!- Soltó, él le apretó más el brazo y la zarandeó.
  • Repítelo y…- En eso Muca apareció por el fondo del pasillo, y Gregorio soltó a Carolina quien se alejó de él corriendo y pasó delante de su madre sin dirigirle la palabra. Gregorio se acercó a su futura suegra arreglándose la chaqueta del traje.
  • Átala corto…muy corto. Ya la embridaremos en su momento…- Aconsejó, para luego dirigir sus pasos al salón de fiestas. Muca le siguió con la mirada y se colocó mejor un pendiente, después volvió a su mesa.

Muca siguió el consejo de Gregorio, y apartir de ese momento Carolina no pudo dar un paso sin ella como acompañante, dejó de asistir a las clases en la universidad, redujo radicalmente el número de eventos, y prácticamente se la enclaustró en casa. Para evitar posibles fugas la encerraban con llave en su cuarto. Sólo salía a las pruebas del vestido, rodeada por un ejército de gente, y regresaba a su encierro, como si de una princesa medieval se tratase. Pero a Carolina no parecía importarle, accedía dócil a todos los deseos del enjambre de gente que, a medida que se acercaba la fecha del evento del año de que sería protagonista, se hacía mayor. Y si no le importaba era porque, si bien sólo tenía acceso a su móvil cuando su madre se dignaba a devolvérselo, ella tenía un segundo, que le había suministrado Isabel cuando había entrado a formar parte de Mirloblanco, que guardaba bajo el colchón de su cama y a través del cual seguía en contacto con todos ellos a través de video llamadas nocturnas.

Así, a través de videollamadas, le explicaron cómo era el plan de escape del día de su boda.

Twist and shout

El día en que debía celebrarse la boda entre Carolina y Gregorio, amaneció con un sol radiante. A Carolina la despertaron a las cinco y media de la mañana para trasladarse hasta Rocalmonte, donde todos los equipos que se iba a ocupar de que fuese la novia más espectacular del año se encontrarían para ponerse manos a la obra con ella cuanto más pronto mejor, ya que la boda estaba planeada para la una de la tarde.

A partir del momento de su llegada a la estancia donde se la acicalaría, Carolina pasó por todo un centrifugado de peluqueras, estilistas, maquilladoras, modistas, fotógrafos, stories de Instagram, manicura, entrevistas, posados, y retoques, tras lo cual, si se miraba al espejo, veía a una chica que se parecía algo a ella, a la que habían peinado con una trenza semideshecha surcada por hilos dorados con flores y maquillado con profusión, y ahora estaba vestida con una especie de enagua de tul y gasa que le llegaba hasta los tobillos, sobre la que después le colocarían un vestido que ella no había elegido y que pesaba como una armadura. Trató de respirar hondo, pero no lo consiguió. El enjambre se movía a su alrededor entre risas, stories y fotos.

A las once, el enjambre se fue a ocuparse de otras cosas que no acabó de entender, y ella se quedó sola. A las doce, según el plan, buscaría las escaleras que bajaban a las antiguas bodegas, y saldría por una puerta que daba a un camino sin asfaltar donde le estaría esperando un coche. Sencillo. Sólo tenía que encontrar una excusa para ausentarse y que nadie quisiese acompañarla. Aprovechando que estaba sola, sacó de su bolso su pasaporte y se lo metió en el borde de la braga, colocándose después la enagua lo mejor que pudo. Justo en ese momento, su madre regresó a la habitación acompañada de los ocho niños y niñas de arras, ya vestidos para la ocasión a conjunto con ella.

  • Ahora va a venir Lara con el fotógrafo para haceros una fotos, te agradecería que sonrieses al menos en estas…ah…y además…te van a vestir antes, porque el empleado del juzgado ya está aquí y subirá con Gregorio para que firméis antes de todo el jaleo. Así ya no hay más problema, verdad?…no hay más problema…- Anunció mientras sentaba al más pequeño de los niños sobre la cama, Carolina sintió que se le cerraba la garganta y que toda su sangre se concentraba en sus pies, su madre, ya encasquetada en un vestido en seda lila y tul rosa, la miró y se colocó bien un pendiente, luego, sin esperar su opinión, dio media vuelta y salió de la habitación. Carolina escuchó como dio dos vueltas a una llave, y se lanzó hacia la puerta tratando de abrirla, sin éxito. Lo único que quería hacer en ese momento era gritar, gritar como una posesa, pero entonces miró hacia la cama, sobre la que estaban sentados ocho niños y niñas entre tres y ocho años que a su vez la miraban a ella en asombroso silencio. A Carolina le dio la risa, más fruto del nerviosismo que de otra cosa, y se acercó a la ventana. Imposible. La altura era demasiado grande. Estaba a punto perder el último ápice de calma que le quedaba, cuando la puerta se abrió casi de golpe y Zeltia Amorós, un sueño en azul cobalto con tocado de plumas a juego, apareció ante ella portando una caja blanca sobre una mano y su enorme bolso en la otra.
  • Zeltia!- Exclamó Carolina, sin saber si reír o llorar.- Dónde has conseguido la llave?!
  • Me siguen dos millones y medio de personas, Carolina, malo sería que uno no tuviera una llave…..- Explicó, para luego entrar en el cuarto y cerrar la puerta con un pie- Ayúdame ven…
  • Zeltia…yo…cómo?- Carolina le cogió la caja y Zeltia colocó su bolso sobre una mesa.

-Ciego es el que no quiere ver….y yo os vi…..ya desde el crochet…que había tomate….y a Gregorio Hinojosa le di una vez un pisotón con tacón de aguja….sólo eso…en fin….apura…ven…no hay tiempo…- Y sacó de su bolso un par de zapatillas de deporte azules con purpurina de colores- con las prisas no encontré otras, mi niña, póntelas y corre…- Carolina la abrazó y le dió un sonoro beso, luego se puso las zapatillas, Zeltia abrió entonces la caja que había traído, que estaba llena de merengues de chocolate, ambas se miraron con los ojos muy abiertos- Siempre he querido hacer esto…mi sueño hecho realidad…por fin…una masacre de chocolate…- Carolina rio y Zeltia la abrazó tan fuerte como pudo- Corre niña…corre…- Le dijo al oído, y Carolina abandonó la habitación a la carrera. A mitad del pasillo alcanzó a escuchar los gritos y risas de felicidad de los niñ@s de arras.

Y Carolina corrió. Corrió todo lo que aquellas zapatillas dieron de si, abriendo puertas y bajando escaleras que parecían no tener fin. Cuando llegó a su objetivo y abrió la puerta que daba al exterior, le pareció haber estado corriendo horas. Pero allí no había ningún coche. Entonces sí que gritó. Y quiso llorar de pura desesperación. Se subió otra vez la enagua y corrió un poco por el camino, y lo divisó. Un monovolumen blanco con lunas tintadas, al final de la pista. Por un momento pensó que se iba a caer, pero después consiguió volver a correr. La puerta del monovolumen se abrió, y de él salió Manuma a recibirla y ayudarla a entrar. El monovolumen abandonó el lugar entonces a gran velocidad.– Tranquila, ya pasó todo…ya estás aquí…- Trataba de tranquilizarla Manuma, mientras Carolina daba rienda suelta a la tensión acumulada en las últimas horas en un llanto descontrolado contra él.

  • En todo caso…yo ya había decidido gritar „Yo!“ en el momento en el que el cura dijese „Quién tenga algo en contra, que hable ahora o calle para siempre…“, siempre he querido hacerlo…- Anotó Max acariciándole un hombro, Carolina rio entre lágrimas y le miró por entre su arruinado maquillaje.
  • Y…a dónde vamos ahora?- Preguntó, Manuma le pasó un pañuelo de papel.
  • Vosotros dos, Fili y yo nos vamos a Nueva York, volando, por supuesto…el señor conductor tiene también sus planes- Explicó Max, Eladio le sonrió por el espejo retrovisor, ella no le habría reconocido.
  • Mi señora y yo nos vamos a la profundidad alemana, el lugar ideal para borrarse…
  • Perdona, esa señora, soy yo?- La voz irónica de Fernanda llegó desde la última fila de asientos, Eladio le envió un beso y rio sin contestarle, ella sonrió a Carolina y le pasó una bolsa de deporte.- Espero que te guste y te sirva, un par de mudas para no ir de novia por la vida…- Carolina se lo agradeció y cogió la bolsa.
  • Fili…y tú que vas a hacer en Nueva York?- Preguntó Manuma, Jacinto se volvió a mirarle desde el asiento del copiloto, se había recogido el pelo en una cola de caballo, y no llevaba maquillaje, además llevaba pantalones y un jersey.
  • Decirles a aquella gente cómo se baila….que no saben…- Apuntó
  • Y Arturo?- Preguntó Carolina, Jacinto la miró por el espejo retrovisor y le guiñó un ojo.
  • No sabes la de piscinas que hay en Nueva York…- Informó.
  • Mira que si ahora perdemos el vuelo…- Se preocupó Carolina, Max negó con la cabeza.
  • Dámaso y yo compartimos el mismo amigo en el infierno…bueno, justo en el infierno no, pero por allí anda…y nos ha prestado amablemente uno de sus aviones…sí, oyes bien…uno…yo colecciono afilas…él aviones…en fin…que sin nosotros no sale..- Relató tranquilizándola.
  • Ahora, en un musical, es el momento en que nos ponemos todos a cantar „Hey Jude“…- Dijo Jacinto.
  • Pues ya de ser los Beatles yo me arrancaría por „Twist and Shout“nos pega más…- Opinó Max, Jacinto hizo un gesto desvaído con la mano.
  • Como quieras…pero para eso tendríamos que subirnos al techo del coche, armar la coreo, se para el tráfico en la autopista, vienen los de verde…y entonces sí que no llegamos…

Mientras tanto, Isabel y Fernando estaban a las puertas de la basílica de Rocalmonte. Ella en un Petite-Robe-Noir y zapatos en conjunto y él en chaqué, esperando a que se desencadenase el desastre.

  • Dámaso y Lourdes?- Preguntó Isabel mientras observaba la entrada de los invitados.
  • Ya están en Iguazú
  • Pilar y Severo?
  • Nos han mandado una foto desde la Convención de Bonsais de Edimburgo…mira..
  • Carolina y el resto?
  • También nos han enviado un video….después te lo pongo…es que cantan…y ahora..
  • Ya..Pavlova?
  • Mañana llegan su madre y su hermana….
  • Fer…somos el último hombre en el nido de ametralladoras…- Dijo ella, casi llorando. Fernando la miró, y sin más le dio un beso en los labios,después la cogió de la mano y entrelazó sus dedos con los de ella.
  • No te preocupes…siempre llevo suficiente munición.

MADRID. (Última hora)

El empresario Gregorio Hinojosa Valcuende ha sido detenido alrededor de las tres de la tarde de hoy, tras protagonizar un incidente con arma de fuego en el barrio de Malasaña. Hinojosa Valcuende recorrió varias calles del barrio disparando al aire con un rifle de caza, y profiriendo insultos y frases intimidatorias a todos los colectivos y formas de entender la vida de ese distrito madrileño.

Hinojosa Valcuende alcanzó con sus disparos varios balcones, y el pánico se adueñó de las personas que en aquel momento atestaban las calles.

Fueron necesarios cinco agentes de la policía nacional para reducirle, y dos de ellos resultaron heridos a causa de las patadas y puñetazos que Hinojosa propinó al resistirse a la autoridad.

Cabe recordar que el empresario se encuentra en concurso de acreedores, después de perder hace unos meses toda clase de liquidez, según él insiste en declarar, de „forma totalmente inexplicable“. Este hecho coincidió con su fallida boda con Carolina G.A.M., quien desde entonces, según fuentes fiables, se encuentra en paradero desconocido voluntario.

Al mismo tiempo, la modelo Larissa Pavlova, en avanzado estado de gestación, le reclama la paternidad de los gemelos que espera, según ha explicado desde las páginas de la revista Hola en su última edición.

Hinojosa Valcuende ha sido ingresado en un sanatorio mental privado, y su familia ha declinado hacer declaraciones al respecto….“

SÜSSE

Hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien. La verdad es que esto es bastante aburrido. Yo en ningún momento quise acabar aquí, por lo que me ha costado adaptarme.

Pero empezaré por el principio, que es siempre la mejor opción.

Me acuerdo perfectamente del día que mamá me presentó a Gregorio, había organizado una Merienda de Juventud, como a ella le gustaba llamarlas, y él vino acompañado de dos primas suyas, a las que ni hice caso, porque de pronto sólo tenía ojos para Gregorio. En aquel tiempo se hacía llamar Goyo, y tenía un don de gentes que le hacía irresistible, además estaba el físico, como salido de una revista de figurines, el pelo engominado y aquella mirada que encandilaba. Y me encandiló. Nada más acabar yo el colegio nos prometimos. Ya durante el noviazgo, casto y sin apenas besos,ya que me decía que eso sólo se podía hacer tras la boda, me trataba mal. Yo no me atreví a decírselo a mamá, ni a Max, que entonces todavía estaba en Londres. Simplemente le creí. Si soy sincera, no me acuerdo de mi boda. Sólo que había mucha gente y que mi vestido era lo más parecido a un merengue, del que salía mi cabeza con un moño historiadísimo y maquillada como nunca lo había estado antes ni lo estuve nunca después, bueno sí, mucho después, pero todo a su tiempo.

La primera bofetada me la dio camino de nuestra luna de miel, porque me retrasé un poco en el control de seguridad, me cogió tan de sorpresa, que no reaccioné. Siempre se cercioraba de que no hubiese nadie cerca, así que nadie lo vio. Después sólo fue a peor.

Nos fuimos a vivir a una casa que nos regalaron sus padres en una urbanización que por aquel entonces todavía estaba en ciernes, en la sierra. Lejos de todo. Cuando iba a visitar a mamá, hacía por quedarme un par de días, pero él siempre venía a buscarme, derrochando simpatía y amor por mi, y yo de tonta me iba con él. Hay muchas formas de anular a una persona, Gregorio las sabía todas. Me obligaba a firmar cheques,pagarés, folios en blanco e incluso quiso que vendiese una finca enorme en Extremadura, pero no contó que para ello necesitaba la firma de Max, quien ya por aquel entonces había regresado hacía poco al país. El regreso de Max hizo que la situación cambiase, ya que venía a casa con mucha frecuencia y Gregorio guardaba las distancias con él, ya que sabía de lo que era capaz si se enteraba de lo que estaba haciendo conmigo, cara al exterior representábamos la pareja más feliz sobre la faz de la tierra. Aprovechando esa mínima libertad, me apunté en unos talleres para mujeres que organizaba el ayuntamiento del pueblo de la sierra donde vivíamos. Allí conocí a Isabel, Fernando y Eladio. Isabel por aquel entonces llevaba el pelo en unas rastas largas, recogidas siempre en unos lazos imposibles, y unos atuendos más própios de un saltimbanco. Se ganaba la vida haciendo malabares por la calle, y vendiendo cosas que hacía ella misma, como puseras, bolsos y babuchas de cuero. Había recalado en la sierra después de toda una vida en la calle, debido a que nunca había tenido una familia ni nada a lo que llamar casa. Fernando era su compañero, un chico muy callado, de apariencia muy similar a Isabel, que no se separaba de ella, y que organizaba los por entonces primeros talleres de informática. Eladio era un hombre que parecía una mujer, con una impresionante belleza andrógina. Una vez, Isabel y yo, le pusimos una peluca y maquillaje, y nadie hubiera dicho que aquella chica era en realidad un hombre. Se llevaba a las chicas de calle.

Yo pasaba el día entero en el taller y la casa que compartían los tres, y regresaba a la mía al caer la noche. Ellos me convencieron de separme de Goyo, y, como primer paso yo pasé a ocupar la casita destinada a invitados, que tenía una entrada independiente, y estaba situada junto a la piscina. Además, Max me había regalado un perro,Milú, un pastor alemán entrenado, que me acompañaba a todas partes y que una vez le había mordido a mi adorable marido un tobillo cuando intentó siquiera acercarse a mí, con lo cual Goyo, guardaba las distancias.

Isabel y yo teníamos un plan, yo con mis contactos y ella con su saber hacer fundaríamos una agencia de comunicación y eventos, Fernando se ocuparía de las bambalinas y nosotros de nuestros clientes y sus agendas. Eladio se ofreció a actuar de relaciones públicas, y nos habíamos reído porque le dijimos que a poder ser queríamos tener también clientes masculinos. A Max le había parecido una idea magnífica y nos prometió su ayuda.

La última tarde que pasé con ellos, acordamos que Eladio y Fernando pasarían a buscarme en coche a la mañana siguiente, para ayudarme a recoger mis cosas y abandonar a Gregorio de una vez por todas.

Cuando llegué a la casita de invitados, vi que había luz en la casa principal, pero no le di importancia, Milú estaba conmigo, por la mañana dejaría todo aquello atrás. Ya nada podía pasar. Me duché y me puse el pijama con una bata muy abrigosa que me había regalado mi madre. Aunque ya había cenado en casa de Isabel, me entró hambre otra vez. Me alegré de encontrar una jarra con batido de frutas en la nevera, Renata, la chica que trabajaba fija entonces en la casa, se debía haber acordado de que a mí me encantaba tomar esos batidos antes de irme a dormir. Me bebí un vaso grande.

Y después ya estaba aquí. Es una rara sensación ser testigo de las cosas y no poder participar de ellas. Me encontraron Eladio y Fernando, cuando vinieron a buscarme por la mañana, como habíamos acordado. Yo estaba hundida en la piscina. Fue Eladio quien se tiró a sacarme, le resultó muy difícil ya que la bata pesaba demasiado. Intentaron reanimarme. Pero ya era tarde. Yo ya estaba aqui. No había ni rastro de Milú.

La versión que Gregorio y su familia dieron de lo sucedido, fue que yo, en las garras de una profunda depresión, había decidido quitarme la vida tirándome a ahogar en la piscina. Yo, que había sido campeona regional de cien metros mariposa. Además, yo le había dejado como único beneficiario de mi fortuna en un testamento que nunca escribí.

Mi familia, con Max al frente, nunca se creyó esa versión. Gracias a contactos, consiguió hablar con el forense, sin que nadie supiese del encuentro. Si bien era verdad que yo me había ahogado, nunca habría sido capaz de alcanzar por mi propio pie la piscina debido a la cantidad de somníferos que había tomado. Además, la dosis no hubiera sido mortal. Los dos estuvieron de acuerdo en que necesariamente alguien tuvo que haberme tirado al agua. Y Max sabía quién. Pero no hizo nada. Por mamá. Porque ella se lo pidió. Espera, Max, espera, todo a su debido tiempo, le dijo. Y tenía razón.

Todos han cumplido su parte. Ahora me toca a mí. Desde que Gregorio fue ingresado en el sanatorio mental, le visito todos los días. No sólo por la noche, también durante el día. La primeras veces salía corriendo a gritos, en ocasiones me presentaba con el aspecto que tuve cuando me sacaron del agua y le llamaba de forme lúgubre, como hacen en las películas, y él trataba de empujarme, y caía una y otra vez. Otras me siento en su cama y le miro sin decir una palabra, toda la noche, sin parpadear. Qué bien me lo estoy pasando. Tenía razón mamá. Ha valido la pena esperar.

*Canciones que se nombran,cantan o versionan en la historia:

  • Thunderstruck“- AC/DC
  • “Bad Guy”-Billie Eillish
  • Mis manos en tu cintura!- Salvatore Adamo
  • La Bambola“- Betty Pravo
  • México lindo y querido“-Pedro Fernández
  • Callao“- Wisin&Yandel&Ozuna
  • Bailando“-Gente de Zona&Enrique Iglesias
  • Felices los 4“-Maluma
  • Qué pena“-Maluma&Balvin
  • Popiwa“-Lo Blanquito&Crazy Design
  • Telakuti“-Lo Blanquito&El Sholivery&Soco Francis
  • “Ni mala ni santa”-BeckyG
  • Malamente“- Rosalía
  • Twist and shout“-The Beatles
  • El grupo musical „Cañaveral“ no existe.

El Desliz

Egon Mertens se despertó a las cinco y media de la mañana. Lo hizo antes de que sonara el despertador. Como todos los días. Alguna vez se había planteado prescindir de la alarma, pero nunca se había decidido a hacerlo. Si algo era Egon Mertens era una persona prevenida, y nunca podía saberse si el sueño, alguna vez, podría ser más profundo, el cansancio mayor, despertarse entonces tarde y llegar con retraso a las citas del día. Lo primero que hacía era darse una ducha corta, después se afeitaba y se vestía con la ropa que dejaba ya preparada la noche anterior. Por último, se ponía sus gafas de pasta y encendía el calentador del agua para prepararse el té del desayuno. Él pertenecía a la minoría de gente que tomaba té en lugar de café por las mañanas. Té con dos rebanadas de pan de centeno con mantequilla. Sentado a la mesa de su cocina, mientras observaba el lento comenzar del día por la ventana. No leía el periódico, eso correspondía a su rutina del mediodía. Tras dar cuenta del frugal desayuno, iba a su habitación de trabajo, y metía dentro de su maletín de cuero los materiales que había buscado para sus clases del día. Abrigo loden azul,chal de lana y gorra en invierno, gabardina beig y chal ligero con la llegada del buen tiempo. Aquella mañana fue la primera en la que se puso la gabardina, el día anterior ya le había sobrado el abrigo.

Egon Mertens vivía en el centro histórico, en una maisonette dentro de un edificio recuperado con mimo, y se movía en bicicleta por las estrechas y entrincadas calles de la ciudad, universitaria y medieval, sin tener que pensar el camino. Podría haberse comprado una casa con jardín en alguno de los pueblos colindantes, pero él siempre había vivido en el centro,ya en su época de estudiante, y era un lujo del que no había querido desprenderse.

El trayecto desde su casa hasta la facultad en bicicleta era de apenas veinte minutos, a pie apenas media hora. Egon Mertens era Catedrático de Linguística en la Facultad de Germanística. Sólo tenía que dar tres clases a la semana, repartidas en lunes, miércoles y viernes, a primera hora, así después tenía tiempo para dedicarse a otras cosas. Esas otras cosas eran sus diez doctorandos, con sus correspondientes trabajos, sus publicaciones a cerca de la materia de la que era experto, y sus lecturas. Además de las reuniones semanales de departamento, en las que quienes más tenían que decir eran sus tres asistentes, tres antiguos doctorandos, ya orgullosos poseedores del título de Doctor, y que hacían sus pinitos en el claustro.

Su despacho se abría al jardín interior de la facultad, le gustaba abrir las ventanas de par en par cuando llegaba por las mañanas para dejar entrar el frescor a la estancia, atestada de libros y papeles, pero ordenada y limpia. Después buscaba los materiales y se dirigía a dar su clase de Lingüística Aplicada al Discurso.

A las once y media solía ir a comer a un restaurante cercano, con un menú del día variado además de abundante y precios económicos, acompañado de sus tres asistentes y algún otro colega, pero eso variaba según los horarios de cada uno. Tras dar buena cuenta de la comida, se permitía un espresso en una cafetería mínima aledaña al restaurante y regresaba a su despacho, donde leía el periódico y repasaba algún trabajo de doctorado.

Regresaba a casa alrededor de las cuatro de la tarde, de camino solía comprar verdura para la cena y pan. Nunca había tenido televisión, así que el tiempo entre la cena y la hora de irse a dormir lo ocupaba leyendo mientras escuchaba música, últimamente Dire Straits, de fondo, sin abusar del volumen.

A la mañana siguiente, el timbre del telefonillo le sorprendió mientras archivaba unos recibos de la luz. No solía recibir visitas, así que pensó que sería alguien para su única vecina, una señora ya anciana que ocupaba el primer piso. Su sorpresa fue mayor cuando el cartero le comunicó que tenía un sobre certificado con acuse de recibo para él, normalmente los envíos los recibía en la facultad.

Era un sobre marrón acolchado, con sus señas mecanografiadas en una perfecta pegatina, y que carecía de remitente.

La abrió en el salón, ya que allí se encontraba su único abrecartas.

Estimado Sr Mertens,

Con la presente adjunto la misiva que, según órdenes expresas de mi cliente, le debe ser entregada en mano. En caso de que tuviera alguna pregunta al respecto, estoy a su entera disposición.

Atentamente,

Dr. Jürgen Allekotte. Notario.

Querido Egon,

Cuando leas estas líneas yo ya estaré muerta. Lo he querido así, siempre he sido muy discreta. Mi nombre es Anna María Müller, y aunque ahora te estés esforzando por acordarte de mi, he de tranquilizarte, es inútil que lo intentes. No te lo tengo en cuenta, no tengas cuidado.

La mejor forma de explicar algo complicado es comenzar por el principio. Y así lo haré.

Siempre fui muy buena estudiante, así que después de culminar mis estudios universitarios como la mejor de mi promoción, se me ofreció una plaza de doctorado. La invitación para las Jornadas Internacionales llegó al departamento en primavera, y mi catedrático me incluyó en el grupo de gente que las visitaría aquel verano. Recuerdo que me hizo mucha ilusión que me tuviera en cuenta, ya que yo acababa de llegar y todavía no había encontrado mi sitio. También me hizo ilusión porque sería la primera vez que viajaría a Francia, las Jornadas Internacionales tenían lugar en Saint Jean de Pied de Port. El viaje hasta allí fue eterno, ya que el departamento sólo nos pagaba los gastos si lo hacíamos en tren. Pero descubrir Saint Jean de Pied de Port lo compensó todo.

Te conocí al segundo día, nos juntamos varios grupos a la hora de comer y tú te sentaste a mi lado. Comenzamos a charlar y ya no nos volvimos a separar. Nuestro romance duró lo que las Jornadas Internacionales. Nuestra despedida no fue dramática, ya que, pensábamos, en algún momento nos volveríamos a ver.

Poco después descubrí que estaba embarazada. Casi al mismo tiempo, conocí al que después se convirtió en mi marido, y que, desde el primer momento se hizo cargo de aquel bebé como si fuera suyo, antes y después de nacer.

Nunca, hasta ahora, sentí la necesidad de contártelo. Soy consciente de que el tiempo que me queda es breve,y no quería irme sin que lo supieras.

En una de sus últimas visitas, aquel bebé, que hoy es todo un hombre, me contó que le entusiasmaban tus clases, a las que asistía con verdadero interés ya que consideraba que sabías explicar muy bien. Él no sabe nada de esta historia, y va a continuar sin saberla. No te diré su nombre, ni qué asignaturas cursa, tampoco su dirección o teléfono. Como único dato, te confiaré que es igual a tí.

Mi despedida no será dramática, no sé si en algún momento nos volveremos a ver.

Pero ya considero que puedo afrontar el tiempo que me queda en paz, sin asuntos pendientes.

Recibe un abrazo,

Anna María“

Egon Mertens se dejó caer en uno de los sillones de su salón, aún aferrado a la carta que acababa de leer. Por primera vez, notó que su mente estaba en blanco. Como si alguien hubiese abierto un grifo y todo lo que hubiese tenido contenido en ella se hubiera desparramado a la nada. Tampoco era capaz de pensar. Probó a respirar hondo. Y de eso sí que fue capaz. Con el ímpetu de aquel que emerge del agua después de haber estado sumergido demasiado tiempo. Luego miró a su alrededor, casi descubriendo su salón. Por último acertó a toser.

Imposible. Aquello era imposible. Había oído de estudiantes que se dedicaban a gastar bromas de mal gusto a los profesores, y ésta debía ser una de ellas. Inconcebible. Entonces cayó en la carta del notario. Era una carta con membrete, en el que se podía leer con claridad una dirección y un número de teléfono.

Sin pensarlo más, alcanzó el teléfono inalámbrico y marcó los dígitos.

La secretaria del Dr. Allekotte atendió amablemente su llamada, y le pasó inmediatamente con el notario. El Dr. Jürgen Allekotte escuchó atentamente lo que Egon Mertens le explicó, y con suma calma le dijo que ya había estado esperando su llamada, también comprendía su inquietud y dudas. Pero Anna María Müller había sido su cliente, lamentablemente, como ya era sabido, había fallecido, y él podía dar Fe de que todo lo escrito en la misiva de la Sra. Müller era cierto. No le estaba permitido dar más datos a cerca de su cliente, a petición de ella, sólo confirmar a quién quiera que lo pidiese, que aquella información era verdadera y que Anna María Müller, alguna vez, había existido.

Se habían despedido todo lo cortés que se puede ser en semejantes situaciones, y Egon Mertens volvió a sentarse en su sillón, a tratar de ordenar todo lo que , de pronto, había venido a ocupar su cabeza, sin orden ni concierto.

Saint Jean de Pied de Port. Si bien podía presumir de conocer prácticamente cada rincón de Francia, no tenía un recuerdo claro de esa ciudad. Tratar de acordarse de de qué Jornadas Internacionales se había tratado, tampoco ayudó. Podía contar ya casi por miles los congresos, encuentros, jornadas, charlas, cursos, cursillos, workshops, debates y mesas redondas a los que había asistido durante toda su vida académica. Si había algo que Egon Mertens había heredado de su madre, había sido su costumbre de pegar las fotos en álbumes y escribir al pie la historia que había detrás de cada instantánea. Cuatro baldas de las estanterías que cubrían su sala de trabajo estaban dedicadas a álbumes. Numerados y por fecha. Recorrió con el dedo los lomos hasta llegar a las fechas que podían coincidir, pero entonces se dio cuenta de que faltaban tres años. Maldijo para si. Antes de mudarse a la vivienda en la que residía, había ocupado otra más pequeña a dos calles. Por falta de espacio se había visto obligado almacenar muchas cosas en el sótano, y éste se había inundado una Navidad por culpa de la rotura de una cañería. Había tenido que tirar todas sus cosas, convertidas en una masa informe y pestilente, a la basura. Poco después se había comprado la maisonette. Por si acaso revisó los albumes inmediatamente anteriores y posteriores. Cracovia, Budapest, Roma, Novosibirsk. Ni ratro de Saint Jean Pied de Port. De pronto le entró sed. Una sed como nunca la había sentido en su vida. Hubo de beber tres vasos de agua. Después se sentó a la mesa de la cocina. A tratar de hilar un pensamiento.

Apagó la alarma del despertador media hora antes de que sonase. Apenas había podido conciliar ni diez minutos seguidos de sueño en toda la noche, y había dado vueltas en la cama, tratando de encontrar una postura cómoda. Sin éxito.

Un hijo. Él. Egon Mertens. Convencido soltero, que nunca había sentido la necesidad de buscar una compañera de vida, ni de perpetuar su apellido con hijos. Aventuras pasajeras, novias efímeras, había tenido las suficientes, ni pocas, ni muchas, para un hombre de su edad y condición física, pero con ninguna había cuajado en un proyecto común. Ni ninguna se había quedado embarazada. Anna María Müller. Si al menos se lo hubiera dicho. También es verdad que si lo hubiera hecho, su vida hubiera sido diametralmente distinta. No sabía cómo. Pero distinta.

Se demoró en la ducha un poco más de lo normal, y se vistió con lo primero sacó del armario. Bebió el té de pie, observando el lento despertar del día a través de la ventana de la cocina. No comió pan.

La brisa fresca de la mañana y el suave pedaleo por las conocidas calles le hicieron bien. Al abrir las ventanas de su despacho, reparó en los estudiantes que a tan temprana hora, embozados aún en chales algunos, portando tazas-termo otros, en grupos o solos, cruzaban el jardín de la facultad para asistir a las clases. Es igual a tí. Meneó la cabeza para apartar la idea, al menos por unos segundos, de su cabeza, y se dispuso a recoger los materiales para su clase.

Entró en AulaMagna a la hora en punto, y las gradas con bancadas y asientos con capacidad para quinientos cincuenta estudiantes se abrieron ante él, como si lo hicieran por primera vez. Quinientos cincuenta estudiantes de todos los sexos, razas, estaturas, colores y formas de vestir casi se apiñaban en las bancadas, y en las escaleras de acceso a éstas, todavía desenfundando sus ordenadores, charlando, riendo y llamándose entre si, en medio del típico barullo que reinaba antes de cada clase. Egon Mertens recorrió las bancadas con la mirada, tratando de buscar algo, sin saber muy bien cómo. Y todos los rostros le parecieron el mismo, y las voces una. Es igual a tí.

-Profesor Mertens, se encuentra usted bien?- Quien esto decía era una muchacha a su derecha, que descubrió era una de sus asistentes, y que, sonriente, le ofrecía el set de cabeza con micrófono. Él trató de sonreirle de vuelta y se dirigió al púlpito, situado sobre una tarima que ocupaba todo el ancho del aula. Recorrió de nuevo desde esa posición las bancadas, repletas de rostros que le miraban espectantes, y que poco a poco fueron guardando silencio, hasta que no se escuchó ni el más mínimo murmullo. Egon Mertens por un instante no supo lo que se suponía que tenía que decir. Hojeó distraido sus materiales y carraspeó. Luego respiró hondo y accionó el beamer, dando comienzo a la clase.

Ese día sorprendió a sus asistentes con la idea de ir a comer al comedor de estudiantes, ya que, según les dijo, había oído que los menús allí también eran muy variados y los precios imbatibles. Sus asistentes no tuvieron nada en contra. Egon Mertens buscó sitio en las mesas frente a la puerta principal de acceso, de forma que, mientras hacía que atendía a la conversación de sus colegas, podía observar tranquilamente la entrada y salida de los estudiantes. Es igual a tí. Supuso que tendría que acostumbrarse a ese nuevo eco en su cabeza, y, tras suspirar, se dispuso a dar buena cuenta del pollo al curry que había elegido como primer plato.

Nils von Kempten se despertó a las cinco y media de la mañana. Lo hizo antes de que sonara el despertador. Como todos los días. Alguna vez se había planteado prescindir de la alarma, pero nunca se había decidido a hacerlo. Si algo era Nils von Kempten era una persona prevenida, y nunca podía saberse si el sueño, alguna vez, podría ser más profundo, el cansancio mayor, despertarse entonces tarde y llegar con retraso a las citas del día. Lo primero que hacía era darse una ducha corta, después se afeitaba y se vestía con la ropa que dejaba ya preparada la noche anterior. Por último, se ponía sus gafas de pasta y encendía el calentador del agua para prepararse el té del desayuno. Él pertenecía a la minoría de gente que tomaba té en lugar de café por las mañanas. Té con dos rebanadas de pan de centeno con mantequilla. Sentado a la mesa de la cocina del piso de estudiantes que compartía con dos compañeros. No leía el periódico, eso correspondía a su rutina del mediodía. Tras dar cuenta del frugal desayuno, iba a su habitación, y metía dentro de su mochila su laptop y las carpetas que necesitaba para sus clases del día. Plumas,chal de lana y gorra en invierno, chaqueta de forro polar y chal ligero con la llegada del buen tiempo. Aquella mañana fue la primera en la que se puso la chaqueta forrada, el día anterior ya le había sobrado el plumas.

Nils von Kempten vivía en el centro histórico, y se movía en bicicleta por las estrechas y entrincadas calles de la ciudad, universitaria y medieval, sin tener que pensar el camino.

El trayecto desde su casa hasta la facultad en bicicleta era de apenas veinte minutos, a pie apenas media hora. Nils von Kempten era estudiante de Germanística. Su asignatura favorita era Lingüística Aplicada al Discurso, ya que consideraba que el Profesor Mertens la explicaba muy bien.

A las once y media solía ir a comer al comedor de estudiantes con sus compañeros, con un menú del día variado además de abundante y precios económicos, solían sentarse en las mesas de la entrada, para poder estar más localizables. Tras dar buena cuenta de la comida, solía ir a la biblioteca y dos veces por semana entrenaba en el Club de Remo.

Regresaba a casa alrededor de las siete de la tarde, de camino acostumbraba comprar algo para la cena, que solía cocinar con sus dos compañeros en agradable compañía. A veces veían alguna serie en Netflix, o jugaban unas partidas con la Xbox de uno de ellos, otras, como ese día, el tiempo entre la cena y la hora de irse a dormir lo ocupaba leyendo mientras escuchaba música, últimamente Mumford & Sons. De fondo. Sin abusar del volumen.

El Espejo

Alexey Abramovich Zhelezov les había visto desde la ventana del salón abrirse paso a duras penas a través de la nieve. Los conocía a los dos. Uno se protegía del frío con un abrigo que claramente le quedaba muy grande, y un gorro de piel marrón que debía apartarse del rostro a cada zancada que trataba de dar sobre la masa nevada; el otro llevaba una gruesa casaca verde, su gorro, también de piel, era blanco y lo llevaba calado hasta las orejas, portaba un fusil, y, sin saber todavía muy bien qué hacer con él, lo cambiaba de hombro a cada zancada. Alexey Abramovich Zhelezov esperó a que llegasen al pie de las escaleras que daban acceso a su porche para salir a recibirles. No se puso el abrigo. Tampoco el sombrero. Sabía que la visita sería breve.

-Buenos Días Alexey Abramovich- Saludó el del gorro blanco al tiempo que se lo quitaba, y daba un codazo al otro para que hiciera lo mismo, cosa que hizo sin dilación.

-Buenos Días Alexey Abramovich- Repitió el segundo con el mismo respeto que había tenido el otro.

-Buenos Días Ilya Petrovich, Buenos Días Nikolay Milovich, a qué debo el honor de su visita?- Alexey Abramovich Zhelezov paseó su intensa mirada azul del uno al otro, sin perder su amable sonrisa. Los dos jóvenes, apenas unos muchachos, por un momento se quedaron en silencio, aferrando las manos a sus gorros, y devolviéndole apenas una leve sonrisa.

-Alexey Abramovich…- Comenzó Ilya Petrovich, para luego carraspear y colgarse mejor el fusil, el pelo rubio y algo largo, ahora húmedo, se le había pegado a la frente, y se lo apartó con una mano, como para aunar valor- Alexey Abramovich…el camarada Barilov ha dado orden de confiscar todos los espejos para su destrucción inmediata…-Explicó por fin, y miró a su compañero con claro gesto de orgullo por haberse explicado con la claridad necesaria, el otro sonrió confirmándoselo. Alexey Abramovich Zhelezov asintió lentamente con la cabeza y cruzó los brazos ante su pecho.

-Ilya Petrovich, qué tiene que ver esa orden conmigo?- Preguntó curioso. Ilya Petrovich miró a su compañero, quien a su vez le miró a él de soslayo, y volvió a carraspear.

-Hemos venido a que nos entregues tu espejo- Dijo por fin, sus palabras dejaron una nube de vapor, que no tardó en desaparecer, ante su rostro.

Alexey Abramovich Zhelezov alzó las cejas, y se pasó la mano derecha por la cabeza, de pelo rizado y bien cortado.

-Entiendo, han venido a por mi espejo para destruirlo…- Repitió, ambos muchachos asintieron a la vez en silencio.- por orden del camarada Barilov.

-Así es, Alexey Abramovich, de forma inmediata- Constató Nikolay Milovich, que hasta entonces no había dicho una palabra.

-Nikolay Milovich, Ilya Petrovich, para lograrlo tendrán ustedes que matarme- Nada más hubo pronunciado Alexey Abramovich estas palabras, algo metálico cayó en el interior de la casa haciendo gran estruendo, lo que acabó por asustar a los dos muchachos que, de pronto, parecían haber perdido todo el color del rostro, e hizo volverse a medias a Alexey Abramovich hacia la puerta entreabierta.- Ira..? Todo bien?- Preguntó hacia la casa.

-Sí..Aliosha..todo bien..- Contestó la voz de su mujer desde el interior.

Irina Davidovna Zhelezova había tirado al suelo sin querer la tapa del samowar al querer acercarse un poco más a la ventana, uno de los pliegues de la manta en la que había envuelto a Misha, su hijo recién nacido,a quien tenía en brazos, se había enredado en el grifo y el samowar se había tambaleado. Irina Davidovna buscó con la mirada el pequeño espejo, que colgaba de la pared junto a la galería. Se acordó entonces de lo que le había contado su comadre Masha Gregorovna, de cómo unos días antes un grupo de hombres había entrado en su casa a buscar los espejos que pudieran tener y al entrar en tromba habían sacudido el armario de la loza y todas las tazas, platos y demás utensilios de porcelana que se encontraban en el mueble se rompieron en mil añicos, además habían traido consigo todo el barro y nieve que habían acumulado en su camino hasta su casa, y el suelo recién encerado se había convertido en una pista fangosa y deslizante, y ella no había podido moverse del único rincón que había quedado seco, pero eso no había sido lo peor, ni que se hubieran llevado el espejo, que, según le confió, ya estaba desconchado y con tantas manchas que para mirarse en él había que buscar la esquina inferior derecha, sino que con todo el jaleo se habían retrasado en preparar el té y además, al haberse roto todas las tazas, Olia, su marido, había tenido que ir andando bajo telones de nieve hasta el colmado de el Viejo Leon Agarov a comprar cuatro tazas y cuatro platos. Los había comprado azules. Ella los hubiera preferido de flores verdes. Pero al menos pudieron tomar el té y su suegra dejó de llorar, porque llorar sabía, pero limpiar no. Y su hermana Nastia había tenido que limpiar el desastre, porque ella todavía estaba en la cuarentena y gracias que se mantenía en pie. Irina Davidovna Zhelezova achinó levemente sus enormes ojos verdes mientras observaba el espejo, y decidió para si, que, antes de que una cosa así llegara a sucederle, ella misma lo rompería de vez. Luego suspiró hondo, y, con cuidado de no chocar otra vez contra el samowar se acercó un poco más a la ventana.

-Pero eso no es lo que nos han ordenado…Alexey Abramovich..- Consiguió hilar Nikolay Milovich, Ilya Petrovich se pasó una mano por el rostro para apartarse el agua nieve que había comenzado a caer, y asintió, parpadeando contra los copos.

-Nosotros…sólo tenemos que llevarnos tu espejo, Alexey Abramovich- Aclaró, como si Alexey Abramovich todavía no le hubiera entendido. Alexey Abramovich miró hacia el cielo un instante, una inmensidad blanca que ya no se diferenciaba de la masa nevada que los rodeaba, y luego a los dos muchachos, con una amable sonrisa que hizo brillar sus audazes ojos azules.

-Ya le he entendido, Ilya Petrovich, y como le he dicho antes tendrán ustedes que matarme, ese espejo perteneció a mi padre, antes a mi abuelo y tiempo ha, al padre de éste, todos se miraron en ese espejo para afeitarse cada mañana, como yo lo he hecho esta misma mañana, y algún día lo hará mi hijo Mijail Alexievich- Narró con calma, Nikolay Milovich e Ilya Petrovich le escucharon en silencio, Nikolay Milovich pareció abrir la boca para decir algo, pero luego la cerró y se apartó la nieve que cubría su cabeza y rostro, achinando los ojos para poder verle mejor, Ilya Petrovich hizo lo mismo y sacudió su sombrero, que hasta entonces había aferrado entre sus manos, luego miró a Alexey Abramovich.

-Nosotros…consultaremos al camarada Barilov- Decidió, su compañero se quiso poner ya el sombrero, pero Ilya Petrovich se lo impidió con un codazo- Nikolay Milovich y yo te deseamos un buen día, Alexey Abramovich..- Nikolay Milovich pareció verse obligado a cuadrarse ante Alexey Abramovich.

-Feliz Día, Alexey Abramovich- Deseó casi militarmente, a lo que Alexey Abramovich contestó con su amable sonrisa y un ligero asentir con la cabeza.

Dicho esto, ambos muchachos se calaron los gorros, dieron media vuelta y comenzaron a abrirse camino a grandes zancadas en dirección contraria a la que habían venido. Alexey Abramovich esperó a verles desaparecer entre las cortinas de nieve que ya caían, para entrar de nuevo en su casa.

En todos los acontecimientos importantes de la historia de la humanidad, la metereología también quiso ser partícipe y, así, después, ser recordada siempre en relación con el acontecimiento. En el invierno de la Revolución Rusa hizo tanto frío y nevó tanto como nunca había nevado antes, ni nunca nevó después. Incapaces de hacer frente a las masas de nieve, los ciudadanos rusos además de vivir una revolución, aprendieron a convivir con una masa helada que había engullido paisaje y poblaciones.

Dos días después de la visita de los dos muchachos, Alexey Abramovich Zhelevov apreció a través de la ventana del salón, y discerniendo entre ráfagas de densa nieve, lo que le pareció un caballo en los aledaños de su casa. Salió a recibir al visitante. No se puso el abrigo. Tampoco el sombrero. Sabía que la visita sería breve.

-Buenos Días Alexey Abramovich- Quien esto dijo, era un hombre subido a un sublime y bien pertrechado caballo, él mismo llevaba una amplia y abrigosa casaca marrón, como sus pantalones, rematados por unas botas de montar con espuelas de plata labrada, abrigaba su cabeza con un sombrero de piel marrón y una bufanda que casi le cubría el rostro. Trataba de mantener al caballo quieto sin demasiado éxito, aferrándose a las bridas y las silla cada vez que el animal se movía en su inquietud.

-Buenos Días Vgeny Anatolich Barilov- Contestó Alexey Abramovich, sin moverse de su porche, el otro frenó como pudo al caballo, que amenazaba con salir al galope- Mal día para salir a cabalgar…

-Mal día, ya no se distinguen las casas…- Comentó Barilov, Alexey Abramovich asintió en silencio.

-En algún momento parará de nevar..- Anotó, Barilov frenó al caballo de nuevo, que quiso por un instante alzarse sobre sus patas traseras.

-En algún momento, Alexey Abramovich, en algún momento…- Dijo Barilov, Alexey Abramovich sonrió y se pasó la mano por el cabello, rizado y bien cortado.

-Que tengas un buen día, Vgeny Anatolich Barilov- Deseó, Barilov se llevó la mano enguantada al sombero.

-Lo mismo te digo Alexey Abramovich Zhelezov- Y sin más, dio rienda suelta al caballo, y se alejó, perdiéndose entre la niebla.

-Aliosha…todo bien?- Preguntó la voz de Irina Davidovna desde el interior de la casa.

-Sí, Iroshka..todo bien

El pequeño espejo sobrevivió la Revolución, las purgas, los movimientos de masas, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la Perestroika, la Caida del Telón de Acero y todas las mudanzas de la familia Zhelezov, en cuyo salón de su casa de Moscú aún cuelga hoy.

 

 

Dedicada a la Familia Zhelezov. Por Todo.

Dietrich

Rita Berger tenía mejores cosas que hacer que visitar a su cuñada. Hedwig se había roto un hombro tratando de recoger el ramo de novia de la hija de su prima Mónika, cosa que nadie había acabado de entender muy bien, ya que Hedwig hacía poco que había celebrado las bodas de plata con Horst y no tenían problema alguno en el matrimonio que hiciese auspiciar una separación. Hedwig había explicado que si se había decidido a dar el salto había sido porque se había fijado en la elaborada lazada de raso rojo que adornaba el ramo, y pensó que esa era la lazada que quería tener para envolver la maceta en la que tenía la flor de Pascua que le había regalado su ahijada hacía dos años. El rojo de la lazada era igual al de las hojas. Le habían tenido que poner un clavo, en algún lugar, Rita no sabía dónde. Ni tampoco le importaba, en realidad. Ella tenía muchas cosas que hacer, pero había prometido pasarse, y era lo primero que iba a hacer aquella mañana, después haría un par de compras, se acercaría hasta correos, y volvería a casa justo a tiempo para preparar la comida. Hizo camino por detrás de la escuela, y fue allí, donde se encontró con la especie de montaña hecha con muebles, aperos, ropa y restos indescifrables de lo que habían conformado las pertenencias de los habitantes de una casa que iban a renovar. Alguien había amontonado las cosas sobre la acera para que pudieran ser recogidas por el Servicio de PuntoLimpio, y colocado un cartel con letras rojas, en el que se podía leer „Si te gusta algo, llévatelo 😉 „. Rita iba a pasar de largo, cuando la vio. Era una caja de madera, un perfecto cubo, de madera oscura y brillante, colocada sobre lo que en algún momento había sido un aparador. Se acercó para mirarla con más detenimiento, y la cogió entre las manos, no tenía ni un rasguño y la madera parecía buena, al moverla, algo hizo ruido en su interior, intentó abrirla, pero descubrió entonces la presencia de una minúscula cerradura. Por un instante dudó si llevársela o no, nadie trabajaba en la casa como para preguntar, y el cartel lo decía muy claro, así que la metió en una de las bolsas que llevaba consigo, y continuó camino hacia la casa de Hedwig.

-Tengo tanta hambre que me comería esta puerta cruda, así, sin salsa ni nada, qué hay hoy?…anda…esto es nuevo, qué es?- Henning, el marido de Rita, cogió la caja de madera de la encimera de la cocina, y la sacudió levemente, causando que algo rebotase en el interior- Es un juego?

-No Henning, es una caja de madera muy bonita, déjala ahí… la encontré en un Punto Limpio..

-Hay algo dentro

-Ya lo sé, pero no se puede abrir

-Eso se arregla en un momento…

-Eh!, que te conozco y acabas rompiéndola, ya pensaré algo…toma, lleva esta fuente a la mesa…

Poco después se les unió Volker, su hijo mayor, que si bien ya se había independizado, iba a comer siempre a casa de sus padres, entre otras razones, porque si bien lo había intentado, cocinase lo que cocinase, nunca resultaba comestible.

-Heike quiere ir al concierto de Andrea Berg…- Rita y Henning dejaron el bocado que querían llevarse a la boca, a medio camino entre el plato y sus bocas ya abiertas, y le miraron en silencio, luego se miraron entre si, Henning se encogió de hombros y se llevó el bocado a la boca, Rita levantó las cejas e iba a decir algo, pero optó por seguir el ejemplo de su marido. Volker, concentrado en cortar el bistek panado en salsa de champiñones, se llevó un bocado grande a la boca y perdió por un momento la mirada en la vista de los ventanales del comedor.- Si aún fuera Cro o alguno de estos…pero la Berg…- Explicó, casi como si se lo hiciese a si mismo, Rita carraspeó.

-Y es por aquí cerca?

-No qué va….es allá abajo en algún lugar, tendríamos que quedarnos en un hotel incluso…yo no lo tengo muy claro…

-Ya..- Apuntó Henning, Rita le conminó con la mirada, Volker, todavía observando el paisaje dibujó un gesto de escepticismo en su rostro, y suspiró como lo haría aquel que da por perdida una batalla que ni siquiera ha comenzado.

-Hablando de Heike…una pregunta, su padre era cerrajero verdad?- Preguntó Rita, Volker regresó de su viaje por el paisaje y parpadeó varias veces, luego asintió con la cabeza para después beber un trago largo de agua.- Tú crees que aún conservará sus Dietrichs?- Ahora fueron el padre y el hijo quienes la miraron sin entender lo que quería decir.

-Y para qué necesitas tú un Dietrich?-Se atrevió Volker

-Para abrir mi caja…

-Qué caja?

-La que encontré hoy por la mañana…

-Pero eso se arregla en un momento…- Propuso Volker, su padre le dio la razón con un gesto, Rita hizo un gesto de negación feaciente con las manos.

-Nada de eso, es una caja preciosa y no quiero que se rompa…puedes preguntarle a Heike?

-Por preguntar…- Concedió Volker, al tiempo que se servía otro bistek y más puré de patatas.

 

– Dónde está la caja?

-Donde te dije que la dejaría

-Nop..

-Yo la dejé allí a las diez en punto, tal como acordamos.

-Yo pasé a las diez y diez, y no había nada, sólo escombros y cosas, pero ninguna caja…

-Diez y diez?

-Me cogió un atasco…

-Pues vuelve y mira bien, a veces la gente mueve las cosas…Ok?

-Ok“

-Heike..

-Dime Tesoro…

-Tu padre conserva aún sus Dietrichs?

-Y para qué necesitas tu tal cosa?

-No..es que…

-Es ilegal ir abriendo casas así como así…

-Ya..es que..

-Ya nada…no me imagino visitándote en la carcel de Stammheim la verdad…

-Stammheim?…pero qué..?

-Además está lejísimos y ya sabes que yo no conduzco por la autopista, y por las nacionales llegaría a sabe Dios qué hora y ya no te podría ver porque ya no sería el tiempo de visitas y supongo que encima no me pagarían la gasolina….si aún te metiesen en Mannheim…

-Pero..tú que historia te estás montando?…Por qué iban a meterme a la carcel..a mí…yo…

-No, si encima te haces el tonto…Tesoro…yo no estoy hecha para ser la novia de un convicto…

-Heike…de qué diablos en vinagre estás hablando?

-Porque estas cosas traen cola y me acaban por enchironar a mi, y me pillan despistada en el interrogatorio y les confieso que fui yo quien robó el pintalabios carmín entonces en el CentroComercial, y no Magrit, y que yo me fui de rositas y su padre aún no le habla hoy….ni ella a mí, pero eso es otra cosa, Magrit ya sabes como es, muy suya…

-Heike…

-Dime, Tesoro…

-Pero tú me vas a prestar el Dietrich, si o no?

 

-Ni rastro de la caja,ni de las cosas del Punto Limpio…me acerqué hasta la central, pero tampoco está..

-Tenemos un problema..

-Grande..

-Grande no, lo siguiente…

-Entonces?

-Conozco a alguien en el Centro de Reciclaje Municipal, me muevo un poco y te digo, ok?

-Y qué decimos?

-Nada

-Nada?

-Nix

-Por mi ok…

-Me muevo y te digo…chao

-Chao…“

Rita Berger por un instante se vio a si misma como un cirujano a punto de dar comienzo una complicada operación, asiendo como estaba en su mano derecha aquella especie de bisturí, tratando de hacerse una idea de cómo tenía que introducirlo en la mínima cerradura de la caja, ahora situada frente a ella sobre la mesa del comedor. Volker y Henning, junto a ella, observaban la caja con una mezcla de curiosidad y escepticismo, pero no a partes iguales. Rita, suspiró hondo e introdujo la parte más fina del Dietrich en la cerradura, haciéndolo girar con suavidad hasta que,con un chasquido, ésta se abrió. Rita volvió a suspirar aliviada, y se volvió hacia su marido y su hijo, como aquel que supera la más difícil de las pruebas. Y por fin levantó la tapa.

-Llaves?

-Sí, tres…

-Qué desilusión…

-Por?

-Hombre…si aún fueran diamantes o algo…

-Son llaves de consigna de la estación- Rita y Henning miraron a Volker sorprendidos.

-Y tú cómo lo sabes?- Quiso saber su madre.

-Tienen una forma especial y un número…13, 23, 33..

-Nosotros siguiendo a ese agente del FBI en Netflix…y tenemos uno en casa..- Bromeó Henning, Volker le miró descreído negando con la cabeza.

-Pues habrá que ir a devolverlas…

-A mí no me miréis, que ando muy liado y la estación no me coge de camino…-Avisó Volker, Henning se unió a él con un gesto, Rita cogió las tres llaves y las observó un instante.

-Pues yo con el cuento de ir a junto de Hedwig tengo el día partido…- Suspiró. Los tres se miraron y cada uno a su manera asintió con la cabeza, dando por buena una decisión sin necesidad de votación.- Basti?

Basti Berger estaba recostado en uno de los sofás del salón, deslizando sus dedos sobre la pantalla de su móvil y moviendo la cabeza levemente al ritmo de lo que quisiera que oía a través de los voluminosos auriculares con luz de neon azul, ajeno a lo que estaba pasando a escasos metros. Tras llamarle infructuosamente varias veces, Rita se acercó y le quitó los auriculares.

-Va a acabar sordo..

-Qué pasa?- Basti la miró sin entender qué estaba pasando, pero sin soltar su móvil. Rita le mostró las tres llaves sobre la palma de su mano.

-Mañana después de clase, vas a la estación y las devuelves en Información…

-Yo?…No son mías..

-Ni mías tampoco, Basti, ni idea de de quién pueden ser, por eso las devuelves en Información diciendo que las encontraste tiradas por ahí..

-Por dónde?

-Por cualquier sitio…no creo que te pregunten más…- Bastí se encogió de hombros, y se guardó las llaves en el bolsillo, para después volver a colocarse los auriculares, Rita negó con la cabeza como dándolo por imposible y se alejó hacia la cocina.

Basti Berger estaba loco por Regina Hosenfelder. Pero nadie lo sabía. Ni tan siquiera él mismo. La sola presencia de Regina le hacía sentir de pronto una inaudita y, para él,desconocida felicidad en tales cantidades fuera del agua, medio en el que su metro noventa se desplazaba a gran velocidad, sin dificultades y en el que se sentía mejor que fuera de él. De ahí que fuera uno de los mejores del equipo de natación de su Instituto. Regina Hosenfelder no nadaba. Ella estaba en el equipo de Hockey-Hierba. Pero a los dos se les daba bien la Química. Por eso el profesor había decidido que ambos preparasen una presentación sobre „Los hongos y la ventilación en el hogar. Pros y Contras“. Habían decidido quedar siempre los miércoles por la tarde, único día que les venía bien a ambos, para preparar el tema en una de las salas de la Biblioteca Pública. Desde entonces, para Basti Berger la semana sólo tenía un día.

-Basti, hoy podríamos ir juntos a comprar el lápiz de memoria…y los rotuladores, por mucho que lo hagamos con el beamer, quedamos mejor si además hacemos la cartulina explicativa y además es divertido…qué te parece?- Regina se lo explicó moviendo mucho las manos y sin perder su eterna sonrisa, aquella por la que él lograba levantarse todos los días a las seis de la mañana.

-Claro..sin problema! Genial..- Acertó a pronunciar él, articulando lo que le pareció un mueca que quería ser una sonrisa, ella dio un saltito de felicidad y luego ambos se dirigieron al aula de Inglés.

Y así hicieron. Cuando acabaron las clases, cogieron el tranvía hacia el centro y se dirigieron al CentroComercial a hacer sus compras. Fue a la hora de pagar, cuando Basti quiso sacar su cartera del bolsillo, que una de las llaves cayó al suelo y él se acordó de lo que debería hacer con ellas.

-A la estación?…La Policía está más cerca, las entregamos en Objetos Perdidos y listo..además estos ya están en el McDonalds y nos esperan- Explicó Regina mientras metía todo lo que habían comprado en su mochila, Basti asintió dándole la razón, como no podía ser de otra forma, ahora que ya hablaba de ellos en plural.

El agente Matić observó las tres llaves sobre el mostrador, y les dio la vuelta varias veces.

-Y decís que las encontrásteis tiradas…

-Sí esta mañana…justo al bajar del tranvía…se le debieron de caer a alguien..- Explicó Basti, tratando de sonar convincente, Regina asintió sin plantearse otra opción, al igual que el agente Matić, quien cogió un impreso de una de las gavetas y lo situó ante ellos.

-Vuestros datos son voluntarios, sólo necesitamos que pongáis aquí el lugar dónde las encontrásteis, y la hora aproximada, una firmita aquí y ya está..- Explicó señalando con el bolígrafo los recuadros correspondientes. Basti optó por no dar sus datos, sólo precisó el lugar donde al parecer las había encontrado, y la hora. Firmó con rúbrica.- Pues muy bien, chicos, ya estaría…

-Muchas Gracias

-A vosotros- Y la pareja abandonó la comisaría, Matić les observó alejarse, ella le cogió del brazo a él antes de bajar las escaleras, y él, tras abrir la puerta, la dejó salir primero. Matić sonrió, y se acordó de cuando cortejaba a su Sadia, aquella inaudita y, para él, desconocida felicidad en tales cantidades fuera de un campo de futbol, sacó su móvil y miró por un momento su fondo de pantalla. Suspiró hondo, acarició el cristal con suavidad, y meneando la cabeza se dirigió con las llaves a Objetos Perdidos.

El agente Tinaz escuchó la explicación de Matić, y buscó una caja de caudales, situada en una de las estanterías que tapizaban las paredes de su oficina, en el centro de la cual se encontraba su mesa, sobre la cual la situó. Tras buscar la llave adecuada en un cajón, la abrió. Dentro de la caja de caudales había almacenadas centenares de llaves, de todos los tipos, colores, formas y tamaños, nuevas, viejas, de colores, sueltas o en manojos. Tinaz buscó una arandela metálica con una chapa de plático azul, y colgó las tres llaves de ella, para luego añadirlas a las ya almacenadas y volver a colocar la caja de caudales en su sitio de la estantería.

 

-Me voy con mi mujer a Brasil…tú qué haces?

-Si tú me estás diciendo que te vas a Brasil, entonces es que el destino es Australia, con lo cual te diré que el mío es Sudáfrica para que pienses que es Noruega…

-Cuídate..

-Lo mismo…“

 

 

*Dietrich: Especie de ganzúa que es utilizada por los cerrajeros.

*Andrea Berg:https://www.youtube.com/watch?v=i3Xc53oYWic

Whiskey

Irene se había decidido por hacer el trayecto a pie para empezar a ponerse en forma con motivo de la boda de su prima Cheli. No es que estuviese especialmente gorda, pero se había estado probando vestidos y no había cabido en ninguno de una talla razonable, como había dicho su amiga Vicky, y ella le había contestado que la culpa no era suya sino del diseño de los vestidos, que estaban pensados para gente sin culo ni caderas, y si algo tenía ella eran caderas y un culo razonable, y Vicky se había reído. Seis kilómetros cuesta arriba a paso vivo, aunque sólo fuese una o dos veces a la semana, algo haría. El Sr. Campa y ella habían acordado que, si él estaba en casa ella sólo iría una vez a la semana a hacer la casa, en caso de que él se ausentase, que era con frecuencia, ella acudiría dos veces, para ocuparse de las labores y de su gato Whiskey. Sonrió al pensar en él, cuando el Sr. Campa se lo había presentado no era más que una bolita marrón con vetas beig, que ronroneaba sin parar. Desde entonces había doblado varias veces el tamaño, y ya no ronroneaba todo el rato, pero seguía siendo una bola. El Sr. Campa hasta se había hecho con una correa de paseo para gatos, para hacerle caminar, pero Whiskey era una gato estrictamente casero que se pasaba las horas recostado en la ventana del salón observando el paisaje o durmiendo. Irene pensó que quizás lo podría sacar a dar una vuelta, ahora que ya hacía menos frío.

El Sr. Campa habitaba una casa „lista“, como había dado en llamarla Vicky, para referirse a lo que se daba en denominar una „casa inteligente“. Una construcción gris que se camuflaba con el monte sobre el que estaba edificada, compuesta por varios cubos a diferentes alturas y comunicados entre si por rampas , ya que el Sr. Campa había querido prescindir de escaleras. Carecía de interruptores o enchufes, y sólo obedecía a la voz humana, ella misma no tenía voz, ni tenía nombre, si acaso algo no funcionara aparecía un mensaje en las pequeñas pantallas repatidas por toda la casa y en el móvil. La casa estaba programada para reconocer la voz del Sr. Campa y la de Irene, quien también recibía los mensajes de fallo del sistema en caso de que se diera alguno. Estos eran los únicos mensajes que podía recibir mientras estaba en la casa, ya que el Sr. Campa se había decidido por hacer de su casa un lugar libre de cobertura. Es decir, la casa y sus aledaños eran lo más parecido a una agujero negro. Pero eso a Irene no le importaba, ella iba allí a hacer su trabajo y no necesitaba llamar a nadie, ni que la llamaran.

Llegó al pie de la rampa que subía hasta la casa, y miró su móvil para ver cuánto había tardado, una hora menos un par de minutos, meneó la cabeza y devolvió el móvil al bolsillo de atrás de su pantalón, su meta era hacer el recorrido en media hora. Todavía le quedaba mucho por hacer. Subió la rampa despacio, y al llegar a la casa, se sorprendió de ver el coche del Sr. Campa aparcado delante de la puerta principal de la imponente construcción, la última vez que le había visto, le había dicho que se iba de viaje y que no sabía cuando volvería, por eso había subido ella ese martes y no el jueves, como solía hacer. Se encogió de hombros y continuó ascendiendo un poco más. La casa representaba una isla en un monte de pinos y abetos, y la rampa subía como una alfombra de piedra sobre las puas caidas de todos ellos, bifurcándose hacia la puerta principal y hacia la parte de atrás. Irene optó por entrar por la puerta de atrás, ya que accedía directamente al cubo donde se encontraba la cocina y demás estancias dedicadas a la economía doméstica, como le gustaba llamarla al Sr. Campa, y así no le molestaría en caso de que se encontrase en el cubo principal.

La puerta carecía de manilla y goznes. Irene posó sus dedos índice y corazón sobre la superficie gris oscuro, y ésta se abrió por si sola con un suave chasquido,se deslizó dentro y la puerta se volvió a cerrar tras ella.

Whiskey le salió al paso enredándose maullando en sus piernas.

-Hey Whiskey…hola gordo…qué?…qué pasa?Yo también te he echado de menos…mole que eres una mole…ven – Y, tras sacarse la trenka que llevaba puesta y colgarla en el armario empotrado que había junto a la puerta, le cogió en brazos- Seguro que tienes hambre, tú siempre tienes hambre….sí, tú lameme la cara…qué recibimiento…ven, que tengo que ir a hacer pis y después ya te doy tus cosas…..gordo, podemos entrenar juntos…te hace?- Y rio contra el cuello de Whiskie mientras salía de la cocina, una estancia de amplias dimensiones, casi profesional, en madera y metal de la que salía un pequeño corredor en el que se encontraba un baño de servicio.

Irene abrió la puerta del baño, y Whiskie saltó dando un agudo maullido de sus brazos y se alejó como una centella por el pasillo, Irene no dio crédito a la reacción. Y entonces le vio. Al encarar el baño, le descubrió. El Sr. Campa,y lo que quedaba de su cabeza, estaba sentado sobre la tapa bajada del vater, con los brazos caidos a ambos lados del cuerpo bajo el que se había formado un inmenso charco de sangre.

Irene se llevó las manos a la boca y, como impulsada por una onda expansiva súbita, dio con su espalda contra la pared del pasillo.

Y oyó el murmullo de las voces.

– Ven Irene, te voy a explicar una cosa- Le había dicho una mañana el Sr. Campa, ella le había seguido hasta el cuarto que él daba en llamar „el despachito“, que era una estancia de reducidas dimensiones y con una ventana fija que no se podía abrir, tipo tragaluz, situada en el pasillo que llevaba a la cocina. Una mesa de obra sobre la que había un ordenador y varias gavetas con papeles, una sencilla silla con ruedas y una estantería de pared a pared repleta de libros y fotos conformaban la decoración del habitáculo, el único de tan reducidas dimensiones en toda la casa- Creo que ha llegado el momento de mostrarte algo, si no lo he hecho antes es porque en realidad es una tontería, pero creo que es bueno que lo sepas por si acaso…- Ella le debió de mirar un tanto asustada, porque él se había reído- Verás..cuando hice la casa, mi arquitecto me convenció para que instalara un PanicRoom, como comprenderás yo me negué, para qué necesitaba yo una cosa de esas, pero él me dijo que hoy en día, con las bandas organizadas que roban casas y otros malvados varios, era necesario tener una….y accedí…

-Como la de Jodi Foster..

-Quién?

-Jodi Foster, también tenía una habitación de esas…

-Ah si?…pues supongo que su arquitecto la habrá convencido también, en fin…te voy a explicar cómo tienes que hacer en caso de que te de un ataque de pánico y no sepas qué hacer…- La que se había reido ahora había sido ella, el Sr. Campa se había acercado a la librería y buscó un libro en particular- Como es de idiotas tener una habitación así, decidí que el mecanismo de entrada se activase al sacar de su sitio „El Idiota“ de Dostojewski…así, ves?- Y al mover el libro de su sitio, se pudo escuchar un ligero chasquido, tras el cual el Sr Campa había empujado levemente la librería, que se abrió como una especie de compuerta. Con un gesto del la mano le indicó que le siguiera al otro lado. La PanicRoom del Sr. Campa era una estancia cuadrada y sin ventanas, iluminada con luces led azules, de suelo acolchado y paredes empaneladas en metal, en un rincón había un edredón y una almohada, por lo demás, la habitación estaba vacía. Una vez los dos estuvieron dentro, la puerta se cerró tras ellos con el mismo chasquido como con el que se había abierto. Por un instante se quedaron los dos en silencio, mirando a su alrededor adaptando su vista a la nueva luz.

-Y ya está…a lo que me negué fue al botón de emergencias, la casa tampoco lo tiene…son cuatro cubos herméticos, quién va a entrar?, si te soy sincero es la primera vez que entro…pero creo que si pulsas aquí..- Y pulsó lo que parecía un interruptor en uno de los paneles, que se deslizó sin hacer ruido dejando a la vista seis pequeñas pantallas, en las que se veían el salón-comedor, el despacho con biblioteca,la habitación del Sr Campa, las diferentes rampas que cruzaban la casa, la cocina ,el exterior de la puerta principal y el despachito- …y desde aquí controlas lo que pasa..o algo así..

-Muchas Gracias…

-Por?

-Por explicármelo..

-De nada, mujer, la casa te hace más caso a tí que a mí…así que imagina- Después le había aclarado que para volver a abrir la puerta, sólo debía dar la orden corta y concisa, el mecanismo sólo obedecía a su voz o a la de él, quien quiera que fuese el intruso, nunca accedería a su interior.“

Irene se deslizó lo más rápido que pudo hacia la puerta del despachito y encaró la librería, que de pronto le pareció atestada de libros, cosas y fotos. Incapaz de controlar el temblor que de pronto se había instalado en todo su ser, recorrió las baldas con la mirada y un dedo, mientras trataba de acordarse del nombre del libro que tenía que usar. Imbecil no era, pensó tratando de respirar con tranquilidad, tonto tampoco, céntrate Irene por tu madre, gilipollas menos, ay por Dios Irene, que te van a matar por…, eso, idiota, El Idiota…Ay Irene que se acercan…aquí, aquí..Y tiró del libró de la forma que el Sr. Campa le había dicho que hiciera, y tras escuchar el chaquido, se apuró a entrar en la estancia que escondía la librería, dejándola cerrar tras si.

Tardó unos instantes en adecuar sus ojos a la luz led azul que inundaba el habitáculo. Casi sin atreverse pulsó el interruptor y uno de los paneles se deslizó silenciosamente para dejar las seis pequeñas pantallas a la vista.

Eran tres.Vestían de negro y estaban a cara descubierta. En aquel momento estaban en el despachito, uno de ellos había activado el ordenador, los otros dos despejaban la estantería de libros, fotos y adornos tirándolos al suelo. Irene se volvió hacia la pared que, en caso de que diesen con el libro, se abriría. No pudo evitar comenzar a temblar otra vez. Pero no se abrió. Los dos que habían tirado todo al suelo, abrieron todas las cajitas que habían adornado la estantería, y, al no encontrar lo que buscaban, las tiraron con rabia contra la pared. El que había conectado el ordenador, tras apagarlo otra vez, les explicó algo en un idioma que Irene no pudo descifrar, y los otros dos apagaron su rabia arrojando varios marcos de fotos contra la estantería. Estaba claro que buscaban algo. Pero qué.

Dando patadas a todo lo que encontraban a su paso, se dirigieron a la cocina, y comenzaron a abrir todos los cajones y alacenas, que devastaron tal y como habían hecho con el despachito. El más alto de ellos, un hombre corpulento y calvo, al que Irene dio en llamar Número1, al abrir uno de los cajones, encontró el sobre con el dinero que el Sr. Campa siempre le dejaba a Irene antes de irse sobre la encimera. Esta vez no le había dado tiempo. Los otros dos, también altos, pero no tan corpulentos, de pelo ralo, uno rubio, el otro moreno, Número2 y Número3 para Irene a partir de ese momento, se acercaron a Número1 para ver lo que había encontrado. Al ver el dinero, comenzaron a discutir, y querer hacerse con el sobre, hasta que Número1 sacó un cuchillo que grandes dimesiones de su espalda y los apuntó con él, lo que frenó a Número2 y Número3 quienes cedieron entonces a que Número1 se quedase con el dinero. Después, los tres, continuaron desvalijando la cocina, en lo que parecía una búsqueda frenética. Pero de qué. Se preguntó Irene. Qué.

A través de las pantallas, Irene les siguió por los corredores, hasta el salón, ya desvalijado, donde Número1 decidió desventrar los sofás a cuchilladas y desfondar todos los muebles, cosa que Número2 y Número3 hicieron a patadas. Irene, a la vista de esto, se tragó un nudo de angustia. Tenía que pensar la manera de salir de la casa, si no quería acabar ella misma como su mobiliario.

Se preguntó que haría LuísCarlos es esa situación. LuísCarlos. Dónde está, cuando realmente se le necesita?. Pues el otro día bien que lo pasásteis tomando cañas, ya, pero luego hay otras veces que no sé hacia dónde vamos, no es el momento de ponerte profunda Irene, de quién va a dónde y con quién. Tú tienes que salir de aquí viva. LuísCarlos dijo una vez que lo mejor es hacerse pequeño e invisible. Aquí quería verle yo a él. Pequeña e invisible. Todo será ponerse.

Se sentó en el suelo acolchado a tratar de trazar un plan, mientras observaba en las pantallas el ir y venir de los tres intrusos por la casa, destrozando muebles, vaciando armarios y lanzando objetos al suelo en su desesperación por encontrar algo, que Irene no tenía ni una idea lejana de lo que podría ser.

La despertó un timbre insistente, que la hizo incorporarse como un resorte. Sin darse cuenta, se había quedado dormida sobre el mullido y acolchado suelo del habitáculo. Primero pensó que se trataba de alguna alarma, después, todavía aturdida por el sueño, se acercó a las pantallas y tuvo que llevarse la mano a la boca para no gritar. El ruido insistente correspondía al timbre de la puerta principal, ante la que se encontraba su hermano Sixto, con el casco de su scooter en ristre, consultando algo en su móvil, que seguramente, de pronto, carecía de cobertura, como todo el radio de la casa y su interior. Irene buscó angustiada con la mirada a los tres intrusos en el resto de las pantallas. Uno de ellos se encontraba en el salón, y se había quedado petrificado en el sitio, los otros dos, en la biblioteca, tampoco se movieron un ápice. Tampoco se llamaron entre ellos. Irene tampoco podía hacer nada más que ser la testigo muda de todo lo que ocurriese, ya que hiciese lo que hiciese, sólo delataría su presencia. Sixto volvió a timbrar varias veces, luego se alejó unos pasos hacia atrás, y comenzó a llamarla a gritos al tiempo que trataba de localizarla también con el móvil. Irene movió negativamente la cabeza. Sixto vete, vete ya, por tu madre que es la mía, no ves que no estoy?, y no des la vuelta hacia el salón que te conozco, vete ya, a dónde vas?, Sixto!.E Irene buscó frenéticamente a su hermano, que había desaparecido del campo de visión de la cámara. Los tres intrusos seguían sin moverse, sólo el del salón se había escondido tras uno de los sofás. Irene respiró un poco más tranquila, ellos tampoco querían dar señales de vida. Sixto apareció de nuevo en el campo de visión de la cámara de la zona de la cocina, las ventanas allí eran tipo tragaluz y fijas, ante él tenía sólo un muro de metal. También allí gritó el nombre de ella y trató de llamarla al móvil. Irene aún tapándose la boca para evitar llamarle ella también, miraba alternativamente lo que hacía su hermano pequeño y los tres intrusos, que seguían sin querer dar señales de vida. Sixto, alzó la vista, hacia las paredes lisas que se alzaban ante él en esa parte de la casa, y pareció encogerse de hombros. Luego, desapareció de la zona de control de la cámara. Le vio dirigirse a su scooter, aún tratando de encontrar cobertura, una vez allí, se guardó el móvil en el bolsillo de la cazadora y, tras ponerse el casco, desapareció de su vista rampa abajo. Irene se dejó caer al suelo de alivio, con la cabeza entre las manos.

Eso significaba que su madre ya la había echado de menos para comer. Era cuestión de tiempo que, si Irene no daba señales de vida, subiese ella misma a buscarla con su padre. Prefirió no pensar en esa opción. Se incorporó para ver lo que hacían los intrusos, ahora ya sabían que, en teoría, tenía que haber alguien más en la casa. Ahora estaban los tres en el salón, y hablaban gesticulando mucho. Tras llegar a algún acuerdo, se dirigieron a la puerta principal, que carecía de manilla o gozne alguno, como todas las puertas de la casa. Era una placa de acero gris en una pared del mismo color.

Intentaron abrirla de todas las formas posibles. Incluso a tiros. Número2, al ver que era imposible abrirla, lanzó una silla contra el ventanal del salón, pero la silla sólo rebotó contra vidrio que ni siquiera vibró ante el golpe, Número1 intentó lo mismo con el ventanal de la biblioteca, con igual resultado, Número3 pareció recordarles la existencia de otra puerta en la cocina. Irene les siguió hasta la cocina, donde la emprendieron a patadas con la placa de metal, sin lograr moverla un ápice. Discutiendo entre ellos, volvieron a la parte del salón y la biblioteca, que estaba situada sobre éste y se asomaba con una balconada de la que nacía la rampa a través de la cual se accedía al salón, ésta a su vez se bifurcaba en otra rampa que llevaba a la habitación del Sr. Campa. Irene pudo ver que también estaba devastada, habían reventado la caja fuerte y espacido su contenido, lo que parecían ser documentos y carpetas, por el suelo, además de destrozar la cama, y desmantelar el armario empotrado de cuatro cuerpos. Estaba preguntándose qué sería lo que buscaban, cuando algo llamó su atención en la pantalla que mostraba la convergencia de las rampas. Whiskey. La cabeza de whiskey ocupaba ahora la pantalla por completo y la lamía, Irene rio y la acarició. Pero tú que haces ahí?, dónde estás subido?, que no te vean, gordo, yo también te quiero, ay no te pongas sentimental, ya pero qué quieres, si hacen eso con los muebles, imagínate con un gato, y antes de que pudiera hilar otro pensamiento, Whiskey había desaparecido de la pantalla. Irene respiró hondo y comenzó a caminar por el habitáculo con las manos en las caderas. Los intrusos no habían podido abrir las puertas porque éstas sólo se habrían con la huella dactilar de los dedos índice y corazón de la mano derecha de ella o del Sr. Campa, ahora mismo ella se encontraba cerca de la cocina, y los intrusos en la otra parte, así que, pensó, lo que podía hacer era salir por la cocina y escapar monte a través. Una vez tuviese cobertura podría pedir ayuda. Sacó su móvil del bolsillo y maldijo en susurro, se había quedado sin batería. De repente se acordó de que tenía ganas de orinar. Pues te aguantas, como el hambre. Ahora no es momento. Bueno, tú no te agobies. Tú hazte pequeña e invisible, como te dijo LuísCarlos, y todo irá bien, ya, lo de invisible no te digo yo que no, pero pequeña va a ser otra cosa, aún acabas de empezar con la dieta. Está claro que estás en schock, céntrate de una puta vez. Objetivos claros, Irene: Cocina, puerta y monte.

Tras cerciorarse de que los tres intrusos se encontraban en la otra parte de la casa, dio la orden concisa y clara de apertura de la puerta, y ésta se abrió con su característico chasquido. Le costó abrirla para poder salir, ya que el suelo, en la otra parte estaba cubierto de libros y restos de lo que había decorado la estantería.

Recorrió el pasillo lo más rápido que pudo, casi de puntillas, y llegó a la cocina. A su paso por ella, los tres habían vaciado el contenido de todas las alacenas sobre el suelo, además de destrozar muchas de ellas a patadas, lo que le había dado el aspecto de zona catastrófica. Irene se abrió paso por un mar de tuppers, cazuelas, sartenes, cubiertos, botellas, moldes, vasos, copas y tazas rotas, tablas y coladores, cubierto todo ello por un manto de harina, cereales, especias, azucar y aceites varios. Cuando por fin llegó a la puerta, posó los dedos sobre la placa. Pero no se abrió. Volvió a repetir el gesto, pero la puerta permaneció cerrada. Como no podía gritar de desesperación, dio un pataleó rápido sobre el suelo jurando bajito. Luego, respiró hondo y volvió a repetir lo mismo. Nada sucedió. Tanta patada, claro, las cosas se rompen, pues a ver ahora qué hago. Pequeña e invisible, sí ya quería verle yo a él ahora aquí, pues sí, querría verle yo aquí ahora, mira tú por dónde, LuísCarlos Luís Carlos, ay Irene, céntrate. Pues vuelves al escondite y esperas, eso, es lo mejor, allí no te van a encontrar.

Y volvió a tratar de abrirse paso sobre el desastre en el que se había convertido la cocina.

Se topó con Número2 al llegar a la puerta, él entró justo cuando ella quería salir, por unas décimas de segundo se quedaron los dos mirándose el uno al otro estupefactos, pero antes de que él pudiera reaccionar Irene le había metido los dedos índices de cada mano a la vez en los ojos, como se lo había visto hacer una vez a alguien en una película. Número2 se encogió sobre si mismo gritando de dolor mientras se tapaba los ojos con las manos, Irene cogió un rodillo de cocina que estaba tirado por el suelo y, sin dudar le propinó un rotundo golpe con el en la cabeza, que hizo a Número2 caer al suelo llevándosela a ella por delante. Sólo me faltaba esto a mí ahora, esta gente qué come?, rocas?. Y con sumo esfuerzo logró liberarse de Número2 e incorporarse. Miró a su alrededor, y sin dudar abrió la despensa-nevera, luego trato de arrastrar a Número2 por un brazo, pero no lo movió ni un centímetro, lo agarró entonces por los dos antebrazos y tiró de él con toda la fuerza que pudo reunir. Logró introducirlo a medias dentro de la despensa-nevera tras tres tirones, y después lo empujó dentro como quien empuja un saco. Cerró la puerta, y subió la temperatura en el panel de control de seis a dieciocho grados. Sólo faltaría que, encima,se me congele, pensó, antes de salir de la cocina.

Uno de los otros dos llamaba a Número2 desde algún lugar, y su llamado se iba acercando. Irene se dio cuenta de que no le daría tiempo de llegar al escondite, así que corrió a meterse dentro de uno de los armarios empotrados que conformaban las paredes del pasillo entre la zona de cocina y la zona de estar. Número3 llamaba a Número2 a voz en cuello, al llegar a la cocina le llamó un par de veces más, y luego, dándose por vencido, volvió sobre sus pasos.

Irene, que se había acurrucado dentro de lo que creía un armario, miró a su alrededor y descubrió que se había metido dentro del almacén de productos de limpieza y mantenimiento general de la casa. Ni lo sueñes,pensó, no eres MacGyver.

– Pero esta trampilla es enorme- Había anotado ella cuando el Sr.Campa le había mostrado el conducto, situado en una pared de su alcoba, a través del cual, según le había explicado, toda la ropa iba a dar a un contenedor en el garage.

-No hay cosa que más me reviente que tener ropa por lavar, lavada, o por planchar, por todas partes, así que en esta casa no hay lavadora ni secadora, toda la ropa va a través de este conducto al garaje y los jueves vienen a recogerla los de la lavandería, tú sólo les abres la puerta y ellos se encargan de todo, normalmente la traen de vuelta el viernes, en el caso de que esté de viaje, puedes tratar tú con ellos cuándo estás y cuándo no, no hay problema…y sí, la trampilla es grande para que quepan los edredones y almohadas- Le había explicado- ah, y para que Whiskey no se cuele, una vez la uses das la orden „clausura trampilla“ y ya no se vuelve a abrir…

-Whiskey no salta ni del alfeizar…no creo que se le de por bajar por esa rampa Sr. Campa…-El Sr. Campa se había reido.

-Dicen que los gatos tienen siete vidas, Whiskey aún las tiene todas intactas…- Y ambos miraron a Whiskey, que a su vez les miraba desde la cama, donde se había tumbado sin mostrar ningún tipo de interés por lo que ambos trataban“

Irene se acordó de cuando a su primo Nito se le había caido el spray de insecticida en las brasas sobre las que tenían pensado hacer la churrascada. Había sido lo más cerca que ella había estado de la explosión de una bomba. En las estanterías de obra que cubrían las paredes del cuarto en el que se había refugiado, se almacenaban todo tipo de sprays, para todo tipo de usos, en las más diversas formas y tamaños, además de productos de limpieza para baño, cocina, específicos para maderas nobles, parquet, alicatado, placas de metal, para hornos engrasados, plata, y cristal. Además de mopas,papel higiénico, paños, esponjas, estropajos,escobas, fregonas, cepillos y estopas, con las que bien se podría abrir un negocio por la cantidad y variedad en las que estaban presentes.

Irene comenzó por poner como base para su pira todas las valletas que pudo encontrar, sobre éstas el papel higiénico, las mopas y demás pañería, después los estropajos, cepillos, estopas y mochos de fregona, por último fue colocando alrededor todos los sprays y botellas alternados, hasta que las estanterías quedaron vacías y la pira era más alta que su cabeza y ocupaba todo el espacio posible. Por último cogió un encendedor de cocina y contempló por última vez su obra. No eres MacGyver, pero tienes un plan, ya es algo.

Antes de encender la pira, entreabrió la puerta y agudizó el oído. No les podía oír, así que supuso que estarían en la biblioteca o en la alcoba, justo a donde quería ir ella. Se quitaría los zapatos, encedería la pira y tras abandonar el cuarto, ordenaría a la casa oscurecer los cristales de las ventanas y apagar luces. Ella conocía la casa con los ojos cerrados, ellos no, entonces, al abrigo de la oscuridad, se escondería en el hueco que formaban las dos rampas al bifurcarse. En cuanto comenzasen las explosiones, esperaba que Número1 y Número3 saliesen de donde estaban para ver qué pasaba y ella aprovecharía la confusión para alcanzar la trampilla y abandonar la casa por el garaje. Irene, si te sale bien, lo patentas, pensó , mientras se quitaba los zapatos, que acabó por dejar junto a la pira, también se quitó el jersey, para quedarse en camiseta interior, cuánto más ligera mejor. Pequeña e invisible, Irene, ligera tú no eres, admítelo, ya pero más cómoda estoy , o no?, bueno, no hiperventiles, que aún lo vas a fastidiar. Bueno ya está bien, da la llama ya y acaba de una vez. Y eso hizo.

-Oscurece cristales. Apaga luces

Y se hizo la absoluta oscuridad.

Ella, guarnecida en las sombras, corrió lo más rápido que pudo a alcanzar su escondite. Ahora sólo era cuestión de esperar. Primero apareció el humo, que se extendió muy rápido, y se hizo denso, Irene, acurrucada en su escondite, ya estaba empezando a pensar que todo iba a ser eso, humo, pero ni rastro de explosiones, cuando un potente estallido sacudió la casa, y una lengua de fuego acarició el pasillo, ella no pudo evitar dar un chillido.

Número1 y Número3 salieron del dormitorio gritando, desorientados y se dirigieron a la rampa, pero antes de que la pudieran alcanzar, Whiskey se abalanzó contra la cabeza de Número1, aferrándose a ella con sus garras y dando infernales maullidos, que se confundieron con los gritos desesperados de Número1 quien trataba desesperadamente de sacarse a ciegas a aquel ser que había salido de ninguna parte en la oscuridad y que parecía querer destrozarle la cabeza a zarpazos, tras girar varias veces sobre si mismo sin rumbo, tropezó y se cayó aún en lucha con Whiskey de la balconada abajo, impactando contra una de las mesas del salón. Número3, cegado por el humo llamó a su compinche, pero no recibió respuesta, iba a bajar la pasarela cuando sucedieron dos cosas al mismo tiempo. De pronto el sistema de riego antiincendios comenzó a funcionar y simultaneamente Abba, de forma atronadora, rompieron a cantar „Gimme Gimme Gimme“ a través del hilo musical, a tal volumen, que tanto Número3 como Irene hubieron de taparse los oídos. Número3 bajó resbalando por la rampa e Irene vio como se adentraba corriendo por el pasillo, momento que ella aprovechó para salir de su escondite y correr a su vez hacia la rampa, bajo lo que parecía una lluvia torrencial que hacía que resbalara en sus intentos por avanzar, cosa que logró aferrándose al pasamanos. Pero Número3 regresó sobre sus pasos y al creer ver una sombra sobre la rampa sacó su revolver y comenzó a disparar hacia algún lugar, en aquel caos de humo,ruido, agua y oscuridad. Take me through the darkness, to the break of the day“ se desgañitaba Agnetha en bucle, e Irene avanzó corriendo rampa arriba tan rápido como nunca había hecho antes en su vida y siguió corriendo hasta la habitación, ya allí alcanzó la trampilla y se lanzó por ella como quien se lanza a una piscina.

-Clausura trampillaaaa!!!- Gritó con lo que le quedaba de aliento, con la esperanza de que su orden se escuchase a través del atronador ruido. Resbaló por el conducto de la ropa y aterrizó en un enorme contenedor repleto de ropa de cama, entonces pudo escuchar cómo Número3 trataba infructuosamente de abrir la trampilla a patadas.

Irene salió como pudo del contenedor, se dio cuenta entonces de que tenía heridas en los pies, seguramente provocadas por la multitud de cristales que había esparcidos por el suelo y sobre los que había corrido sin pensar, casi tambaleándose se acercó a la puerta del garaje. Entonces sintió una familiar y suave caricia peluda en sus pies, sonrió entre las lágrimas que ya era incapaz de retener. Whiskey. Se agachó y cogiéndolo en brazos lo abrazó.

-Y tú?…cómo llegaste aquí…gordo?…cuántas vidas has gastado hoy?…- Le preguntó, Whiskey se limitó a lamerle una oreja- Abrir puerta del garaje!- Ordenó ella, y la puerta comenzó a abrirse con su típica lentitud. Y al tiempo que se subía, dejaba a la vista unas botas de reglamento y las perneras de un uniforme verde, que,según la puerta iba desapareciendo en su riel, fue descubriendo a su portador.

El teniente de la Guardia Civil LuisCarlos Cabanillas estaba ante la puerta, sujetando con ambas manos su arma reglamentaria con un gesto concentrado y tenaz en su rostro, que se transformó en una sonrisa de alivio cuando descubrió a Irene ante él, empapada, manchada de hollín, descalza y portando un gato. La familia había denunciado su desaparición, y se había montado un dispositivo de búsqueda por el monte, al oir la explosión, se habían acercado a la casa. Irene dio un paso hacia él y antes de hablar se sopló un mechón de delante de la cara.

-Yo llegué y ellos ya estaban aquí…uno ahora está en la nevera, fresco pero no congelado, otro defenestrado y el tercero supongo que deseando que Abba corte el rollo…que la última que puse Abba fui yo…por lo de Cheli…porque queremos hacerle un baile en la despedida y tenía que ensayar en algún sitio…porque mamá no los soporta ya sabes, pero porqué suena ahora ni idea…y yo no maté al Sr. Campa, ya era cadaver cuando llegué, y ni idea de lo que buscaban…pero no dejaron títere con cabeza… yo me hice pequeña e invisible…y tener una PanicRoom sin botón de urgencias no compensa, te lo digo ya, y yo creo que quería hacer pis, pero ya no. Y este es Whiskey, ya te hablé de él.

Ottis y la gente bajita

Mamá, a Paulina le dan miedo Asterix y Obelix. No son tan terribles, de verdad mamá, Obelix es un hombre muy gordo y Asterix es bajito. Hay mucha gente gorda por ahí, y en el colegio todos somos bajitos. Todos. No sé porqué les tiene miedo, pero cada vez que los ve se pone a llorar y a llorar. Y la Señora Hendriks no tenía otra película, porque la Señora Paulsen estaba enferma y no vino hoy al colegio, y la Señora Hendriks nos llevó a todos al aula de música para ver una película y era de Asterix y Obelix. Y cuando empezó, Paulina comenzó a llorar y llorar. Y yo no lo entiendo, porque allí todos somos bajitos. Sólo los mayores sois altos. Nosotros somos todos bajitos. Entonces, mamá, Paulina nos tiene miedo. Por qué nos tiene miedo Paulina, mamá?. Yo no le tengo miedo a nada porque Justus y yo tenemos superpoderes azules. Y entonces la Señora Hendriks nos dijo que no nos moviésemos del sitio mientras ella iba a buscar otra película, y entonces Mariana dijo que tenía que hacer pis, y todos quisieron hacer pis, y la Señora Hendriks felicitó a Mariana y le dijo que tenía „Ideas Brillantes“, mamá, yo también quiero tener esas ideas que brillan, me las compras?. Y entonces salimos al pasillo en fila para ir a hacer pis, y pasó el Señor Müller y la Señora Hendriks le dijo que se quedara con nosotros porque ella se iba a buscar una película sin Asterix y Obelix y se fue y el Señor Müller nos llevó al baño. Y entonces Roland y Tim quisieron jugar a las tormentas y salpicaron con el grifo del lavabo a Willy y a todos y era muy divertida la tormenta y entró el Señor Müller y según entró resbaló y cayó al suelo , y nos dijo que nosotros queríamos matarle pero nosotros no podemos matar a nadie, verdad mamá?, eso sólo pasa en las películas de mayores, yo salvo gente, bueno Justus y yo salvamos gente con nuestros superpoderes azules, así chiuchiuu. Y el Señor Müller nos llevó otra vez al aula, y se acordó de nuestras mamás y entonces Anita y Peter empezaron a llorar y a llamar a su mamá, y el Señor Müller se acordó también de su mamá, y nos dijo que él iba a ver dónde se escondía la Señora Hendriks y se fue, y nosotros le seguimos corriendo por el pasillo porque también queríamos jugar al escondite con la Señora Hendriks y el Señor Müller nos gritó que él tenía que ir solo, y entonces apareció la Directora y le dijo que no se podía correr ni gritar por el pasillo, y el Señor Müller se fue a jugar al escondite con la Señora Hendriks y no lo encontramos justo, y Lucas y los otros quisieron seguirle, pero la Directora nos mandó de nuevo al aula y dijo que nos pusiésemos en círculo para bailar, y Kathy le dijo que ella sólo bailaba los jueves y hoy es martes y la Directora dijo que hoy era un día excepcional, mamá, qué es excepcional? Es cuando llueve?y Roland corrió al equipo de música y pulsó el botón y entonces, mamá, entonces, empezó „Despacito“ y todos nos alegramos mucho y comenzamos a bailar así, ves?, así, y Jonas subió mucho el volumen y la Directora comenzó a correr con los brazos arriba y nosotros también y la perseguimos y Willy se cayó y Kathy se sentó enfadada porque ella baila sólo los jueves y hoy es martes, y yo bailaba así, ves?, así, y entonces llegó la Señora Hendriks pero no sé que dijo porque yo bailaba y bailaba, y nos mandaron sentar en las sillas para ver la película sin Asterix y Obelix. Y la Señora Hendriks puso la película, que era de un niño que se hacía amigo de un ser que venía del espacio, y que no podía volver y le puso el nombre de E.T y tenía un dedo con luz, que curaba pupas, mamá, y Justus y yo queremos un dedo de esos, y entonces la Directora y la Señora Hendriks comenzaron a llorar, pero nosotros no, porque E.T va a volver, que se lo dijo al niño antes de volver a su casa. Y después ya sonó el timbre y nos fuimos. Y mamá, Justus, Willy y yo vamos a ir el sábado al monte con las bicis y vamos a volar. Porque para eso no hace falta tener poderes azules.

La Virreina

Nerea Barros dejó de confiar en el navegador de su coche. Primero le había informado que para llegar a su destino debía abandonar la Nacional y torcer en la primera carretera a la derecha. Esta carretera,mal asfaltada y con baches, la llevó hasta las ruinas de un castillo. Después de dar la vuelta,regresar a la Nacional, y volver a introducir su punto de destino, la amable y enlatada voz femenina le había informado que debía continuar otros diez kilómetros en dirección contraria y torcer en una carretera que se encontraría de nuevo a su derecha. Pero Nerea ya había recorrido más de diez kilómetros y no había visto carretera alguna a su derecha, ni cartel indicador, ni nada que le indicase que, al menos, se encontraba cerca del lugar al que quería llegar. Además ella parecía ser la única persona sobre la faz de tierra que circulaba en ese momento, desde que había comenzado su periplo de búsqueda no se había cruzado con ningún otro coche. La verdad es que el paisaje tampoco invitaba a recorrerlo, vasto, en tonalidades de monótono beig y de secano.

Todo había sucedido relativamente rápido. Hacía un mes, por casualidad, había reparado en una oferta de trabajo pinchada en el cartel de anuncios del Centro Cultural donde acudía a clases de pilates. La empresa CLORISA necesitaba, urgentemente, una persona con conocimientos de chino para labores administrativas. Como contacto se daba un teléfono móvil y el nombre de un tal Ricardo Sotillo. Si había algún idioma que Nerea dominase, era el chino. Sus padres, cuando todavía no se había puesto de moda, le habían mandado a clases de chino. Como otras niñas iban a ballet o a judo, ella iba a clases de aquel idioma con el que, con el tiempo, había llegado a desenvolverse como con el suyo propio. Sólo había podido visitar el país en dos ocasiónes, pero estaba intentando ahorrar para volver. Así que no había dudado un minuto en ponerse en contacto con Ricardo Sotillo. La citó tres días después, en un restaurante de tres tenedores. La recibió un hombre joven,moreno, alto y de complexión ancha, en vaqueros, camisa blanca y blazer, de modales exquisitos y, según comprobó después, trato campechano y amable. Sotillo le había explicado que él era el hijo del dueño de CLORISA, una empresa familiar de fabricación de silos. Gracias a su buen hacer y a la calidad de su producto, se habían hecho un nombre a nivel nacional y ahora a nivel internacional, ya que hacía unos meses un empresario chino se había puesto en contacto con ellos, interesado, no tanto en los silos, sino en la tecnología que el mantenimiento de éstos lleva consigo, y había abierto la puerta a una colaboración. De ahí que ahora necesitasen en plantilla una persona con conocimientos de chino. Ella le había entregado una carpeta con su curriculum y copias de su título de Bellas Artes y de los diplomas varios que había ido adquiriendo a lo largo del tiempo. Sotillo los había leído, y la había felicitado por su facilidad para los idiomas, ya que él solo sabía inglés pero a su manera, y se habían reído. No quiso andarse por las ramas, y le preguntó directamente si estaría dispuesta a hacerse cargo del puesto , ya que, le confesó, él no venía con mucha frecuencia a la capital y prefería dejar el asunto arreglado antes de volver al pueblo. Porque eso era otra cosa. La empresa estaba a cerca de doscientos kilómetros, y, de aceptar el puesto, tendría que mudarse al pueblo cerca del que se encontraba, de nombre Mimbres. Y Nerea había aceptado el reto. No tenía nada que perder y todo que ganar. Sotillo se había alegrado por su decisión, y tras intercambiar teléfonos y direcciones de contacto, le había dicho que le envíaría el contrato por correo certificado, mejor que por Email, ya que, según él, había cosas que todavía había que hacer en papel. Antes de despedirse, le rogó que, de ese momento en adelante, le llamase Cardito, ya que Ricardo Sotillo era su padre, y a él siempre le habían llamado así. Nerea le había agradecido su confianza y se habían despedido a la puerta del restaurante con un franco apretón de manos.

Cuando ya estaba a punto de darse por vencida y llamar a su futuro jefe para preguntarle cómo podía llegar a la empresa, divisó a lo lejos unas banderolas azul cielo de publicidad con lo que le pareció el logo de la empresa, un silo negro con una C en azul en su centro.

Al complejo CLORISA se accedía por un portalón, que encontró abierto, y se entraba a una explanada de cemento, presidida por el edificio principal, una construcción rectangular, de dos pisos, pintada de azul y con los bordes de las ventanas en negro, engalanada con las banderolas que había visto desde la carretera. La explanada servía también de aparcamiento. Aparcó el coche, al salir se fijó en que había aparcado al final de una hilera de BMWs negros Todoterrerno de alta gama.Su Polo verde le pareció diminuto en comparación. Por un momento se preguntó si habría hecho bien en aparcar allí, pero optó por dejarlo y dirigirse al edificio.

-Ya supuse que no nos encontrabas, no te preocupes, suele pasar…te envié un mensaje..pero seguro que no lo recibiste, hay problemas de cobertura, no importa..bienvenida!, ven que te presento al resto- Cardito había salido a recibirla a la puerta, ya que, según él, la había visto llegar desde la ventana de su despacho. La guió por la escalera hasta el primer piso. Nerea se fijó en que era un edificio de construcción antigua, con paneles de madera en las paredes, de los que colgaban fotografías antiguas de la empresa hechas desde el aire, el suelo estaba cubierto por una desgastada moqueta verde, las escaleras eran de linoleo gris con pasamanos de madera, ya manido por el uso. El primer piso no tenía mejor aspecto, con apenas luz, también panelado en madera, tenía una única ventana al fondo de un pasillo que la presencia de armarios archiveros hacían angosto, y una única puerta, de doble hoja, con cristal irisado, que Cardito abrió, dándole paso a un despacho relativamente amplio con cuatro mesas de trabajo, la más grande, de madera maciza y elaboradas tallas de flores, estaba situada junto a la ventana, las otras tres, mesas grises de oficina de común factura, ocupaban el resto del espacio. Nerea se fijó en que también el techo estaba panelado en madera, lo que no ayudaba a dar luminosidad a la estancia, que parecía atestada de armarios fichero y estanterías. La única fuente de luz eran dos ventanas, no demasiado grandes, que daban a la explanada, la moqueta aquí era marrón.

María del Pino Barragán, era una mujer de mediana estatura, que, a Nerea, le recordó a la directora del colegio en el que había cursado la Básica. Tenía el pelo negro, en una cuidada melena que reposaba en sus hombros, y que enmarcaba un rostro de pómulos altos y nariz recta. Maquillaba sus ojos, oscuros y algo achinados, dando volumen a sus pestañas, y observaba con ellos a Nerea inquisitivamente, sin perder detalle de lo que ocurría a su alrededor. Vestía una camisa de seda beig, de cuello barco con media manga, que caía holgada hasta la conturilla de un pantalón de pinzas de lana marrón en perfecto conjunto con los zapatos salón. Nerea se fijó en sus manos,pulcramente manicuradas en rojo, que mantenía juntas a la altura del vientre, cada uno de sus dedos portaba uno o varios anillos de oro, y de sus muñecas pendían varias pulseras, algunas de ellas con colgantitos.

-Nerea, te presento a Pino, Pino esta es Nerea,que, como te dije, a partir de ya, nos ayudará con los chinos- Presentó Cardito, en un tono que a Nerea le pareció que estuviera pidiendo disculpas. Pino se adelantó y la saludó dándole dos besos, rozándole levemente los hombros con las manos, lo que provocó el tintineo de las pulseras en las muñecas. Nerea notó entonces su perfume, que no supo identificar, pero que le dejó un eco de pachulí en la nariz.

-Hola, Nerea, bienvenida a CLORISA- Le dijo con una atenta sonrisa. De la habitación contigua salió entonces una mujer menuda, de pelo rojizo recogido en una cola de caballo, en traje chaqueta de tonos marrones, camisa blanca y zapatos mocasín, Nerea se fijó en que antes de saludarla,  había mirado fugazmente a Pino, quien pareció asentir.

-Hola Nerea…te llamas Nerea, si?…qué bien, yo me llamo Claudia..yo- Hablaba casi entrecortadamente, como buscando las palabras, a Nerea le pareció que estaba muy nerviosa, ya que retorcía los dedos de las manos contra su abdomen. Pino no la dejó terminar.

-Bueno pues…Cardito, después de que le enseñes las naves y todo lo demás, la puedes llevar a la casa, para que deje sus cosas y mañana será otro día- Ordenó, más que propuso, Claudia asintió sin dudar y sin dejar de retorcerse los dedos, Cardito carraspeó y sonrió levemente.

-Claro, no hay problema..bueno, esta es la oficina y colinda con mi despacho…

-El Sr. Sotillo, Ricardo, el padre de Cardito, apenas viene ya y por eso Cardito lo puede usar -Explicó Pino, sin perder su condescendiente sonrisa, que pareciera tener en su rostro perennemente. Cardito la miró un instante y se pasó una mano por el cabello, optando por el silencio.

El complejo de CLORISA lo componían, además del edificio principal, tres naves industriales dedicadas al tratamiento de materiales, fabricación y montaje de silos, respectivamente. Cardito le presentó a los jefes de producción y las operarios de cada nave.

Después, Nerea le siguió en su coche hasta Mimbres, situado a unos diez kilómetros de la empresa. Un pueblo de casas bajas, arremolinadas entorno a una iglesia y su plaza, a la que también daban el ayuntamiento y la escuela. La casa que ocuparía Nerea, según le había explicado Cardito, había pertenecido a una de sus tías y desde su muerte había permanecido sin ocupar. Estaba amueblada, en buen estado, y se encontraba cerca de la plaza, en una de las pocas calles anchas que enroscaban el pueblo.

-Puedes dejar el coche delante si quieres, aquí nunca pasa nada- Explicó Cardito, una vez ante la casa, una construcción restangular de planta baja y portón de madera, que ahora los recibía con las contras cerradas a cal y canto, antes de abrir la puerta miró hacia la casa anexa, de la que pendía un cartel de madera artesonada, que anunciaba una carpintería, y que parecía estar cerrada- Colindas con la carpintería de Gil, que parece que no está, ya lo conocerás…- Y abrió el portón.

A la casa se accedía por un amplio zaguán, que se abría a un salón concentrado en dos sofás y dos sillones de cuero marrón junto a una chimenea, y un aparador de pared a pared de madera oscura y abigarrada. Cardito abrió la única ventana, pero no consiguió con ello regalar más luz a la estancia. Después la guió por el resto de la casa, compuesta por una cocina completa que daba a un patio trasero, de tierra pisada y muretes de piedra, una habitación presidida por una descomunal cama de matrimonio de la misma madera que el aparador, y tan ancha que ocupaba la casi totalidad del cuarto, junto con un armario de tres cuerpos, también oscuro y labrado en sus laterales, con lo que Nerea creyó en un principio fueran gárgolas y que al fijarse mejor descubrió eran flores. El baño había sido reformado hacía poco, pero habían tenido que dejar la bañera, una pieza de metal incrustrada en un bloque de piedra de dos metros de largo.

-Vamos, que, si quieres te haces largos en ella…- Bromeó Cardito al mostrárselo, y se rieron.

Cuando se fue, Nerea comenzó a sacar las cosas que había traido del coche. No había traido demasiadas, sólo dos maletas con toda su ropa y un par de cajas con una pequeña compra que había hecho de camino para salir del paso por unos días.

-Cardito Sotillo no habla mucho, pero cuando se decide…macho, pensé que no se iba nunca- El que tal dijo, y la hizo volverse del maletero del coche, era un hombre joven alto, de pelo oscuro muy corto, en vaqueros, camiseta y botas de faena, que se dirigía a ella casi sin atreverse sonriendo por entre una barba de dos días, Nerea le devolvió la sonrisa.

-Hola, yo soy Nerea- Se presentó sin saber muy bien si darle la mano o dos besos, él tampoco supo y optó por ofrecerle la mano un poco a destiempo.

-Yo soy Gil, somos vecinos..esta es mi carpintería y detrás tengo vivienda..te puedo ayudar en algo?

-Como quieras, gracias…es poco sólo esto..

-No se hable más, para eso estamos…

La ayudó a entrar las maletas y las cajas, y salió con ella al patio.

-Ves?, no tienes más que asomarte al murete, suelo estar siempre por aquí…excepto si tengo alguna obra..

-Parece un sitio tranquilo..- Él la miró y levantó las cejas, para después perder su mirada en algún lugar de su patio.

-Sí..aqui nunca pasa nada- Concedió-…y hablando de nada, has comido ya?

Y de esa forma tan anodina, Gil entró en su vida para quedarse. O ella en la de él. Porque todo en esta vida es cuestión de perspectiva.

Nerea comenzó al día siguiente a trabajar en CLORISA. Los primeros días, hubo de familiarizarse con lo que iban a ser sus labores, y tratar de conocer mejor la empresa. Cardito le entregó una mañana dos volúmenes que contenían, según él, todos los datos que necesitaba saber, y se volvió a marchar sin entrar en el edificio. Tardó días en volver.

-Nereita, tienes ya las listas?- Pino se lo preguntó sin levantar la vista de su ordenador, tenía una voz como de cantante de ópera, casi nasal y atiplada, Nerea, que en ese momento leía el capítulo dedicado a tipos de silo y su función, levantó la vista sin entender lo que le acababa de preguntar.

-Qué listas?- Preguntó mirando a Claudia, quien a su vez le dirigió una mirada fugaz y pareció encogerse.

-Las listas de materiales, te dije que quería un lista de Excel con materiales, costes y encargos..- Pino clavó en ella una mirada acusatoria, que Nerea apenas pudo mantener.

-Que yo recuerde…

-Nereita, si no te acuerdas de una cosa como esa, no sé que hace aquí, entonces…- Claudia se incorporó entonces y pareció querer decir algo, pero Pino la señaló con el manicurado dedo índice de su mano derecha, haciendo tintinear sus pulseras.

-Claudita, tú te callas y siéntate que no haces nada de pie- Espetó, Claudita se volvió a sentar y asintió, manteniéndose en silencio, Nerea notó que le empezaban a sudar las manos, como siempre que se ponía nerviosa.

-No hay problema, si me das los datos te las hago sin problema…

-Qué datos?- Quiso saber Pino descreída, levantando un poco la voz, Nerea de pronto, tuvo la sensación de que se le habría un agujero en el pecho, que se tragara todo el aire que ella pudiera respirar. Logró carraspear y se pasó la mano por la frente.

-Los de…

-Tú tienes ojos en esa carita, verdad?, bueno, pues si miras a tu alrededor verás todos esos armarios, verdad?…búscalos- Y se lo explicó como si aquello fuera una verdad universal irrevocable, Nerea se incorporó y miró a su alrededor sin saber qué buscar ni dónde. Sin embargo, enderezó la postura y se dirigió a uno de los armarios archiveros, y trató de abrir uno de los cajones.

-Nereita, de donde tu vienes también usáis llaves?-Nerea no se volvió, se limitó a acariciar el tirador- Ya acumulas tres cosas a hacer, buscar las llaves, el armario específico y los datos…no quiero saber lo que puedes llegar a acumular al final del día si no sabes hacer ni lo primero- Y acercándose a ella posó un manojo de llaves sobre el armario, con suma delicadeza, sosteniéndolas con las puntas de sus manicurados dedos. Nerea obvió mirarla y cogió las llaves. El agujero en su pecho se había hecho más pequeño, pero todavía no se atrevió a respirar con normalidad.

-Mira…los de mi izquierda son de pedidos antiguos, el del fondo es de los de ahora desde Marzo, fuera están los de materiales…es que yo…no sé…- Claudita se había encerrado con ella en el minúsculo retrete,aprovechando que Nerea había anunciado que iba. La miraba con tal angustia, que Nerea por un momento pensó que le iba a decir algo más grave, Claudita le cogió las manos y casi sonrió- ..Nereita..a tí te gustan las orquídeas?- Frente a frente, en aquel minúsculo lugar, mirando a aquellos ojos verdes que, aún en un mar de angustia, querían ser dulces, Nerea sonrió y asintió con la cabeza, arrancando por fin una sonrisa a Claudia, quien le apretó las manos entre las suyas- Qué bien…

Por la tarde hizo su aparición Luisa, la mujer de Cardito. Ella era la persona que ocupaba la cuarta mesa de la oficina, y, según le había comentado Cardito, estaba de baja por enfermedad. Luisa era una mujer un poco más baja que su marido, delgada, con el pelo muy rubio peinado en una cola de caballo muy tirante y los ojos claros, que imitaba en el vestir a su marido, con vaqueros, camisa blanca y blazer, y mocasines. Abrió la puerta, y tras saludar sólo a Claudia, se metió en el despacho de su marido, cerrando la puerta con llave tras si. Pino clavó su mirada en la puerta, y su boca se hizo una linea un tanto más tensa de lo habitual, pero no se movió. Nerea, todavía inmersa en la ingente tarea de las listas de Excel, se limitó a volver a sus datos. Al rato, la pareja salió, dispuesta a irse de nuevo sin despedirse.

-Ya os tengo los billetes y el hotel, todo confirmado- Informó Pino sin dejar de mirar su ordenador, Cardito y Luisa se volvieron entonces, Luisa se colocó mejor el bolso en el hombro.

-No me digas más…Dublín?- Cardito le quiso apretar levemente el brazo, pero ella se lo apartó de mala manera, Pino los miró arqueando una ceja y maquillando su eterna sonrisa displicente.

-No entiendo qué tienes en contra de Dublín, Luisa, es una ciudad preciosa…- Anotó con un eco irónico en su voz, recostándose en su sillón de despacho. Luisa iba a contestarle algo, pero Cardito se adelantó.

-Y cuándo?

-No sé para qué preguntas…tres semanas Dublin…como si no lo supieras ya..- Y sin más Luisa abandonó la oficina dando tal portazo que temblaron los cristales, Cardito se quedó solo entonces y, fiel a su costumbre,se mesó el pelo con las manos.

-Intercontinental, vuestra suite, puerta a puerta, en primera…no encuentro razón para la pataleta..- Explicó mientras se colocaba mejor los anillos, Cardito dio media vuelta y se fue, pero evitando el portazo. – Y vosotras qué?..si busco “bobas” en el diccionario me sale vuestra foto- Espetó dirigiéndose a Claudia y Nerea, quienes habían sido testigos mudos de la escena y ahora se miraban entre si sin atreverse a mover un músculo.-

Fernanda, de Mimbres, le dedica esta canción a Juliana en felicitación por sus bodas de plata…Felicidades Juliana...”Nerea rio al escuchar en la radio de qué canción se trataba y, mientras conducía de vuelta a casa para comer, la cantó tratando de ponerle dramatismo “María de la O, qué desgraciaita gitana tu eres teniéndolo tó…”, fue sin embargo incapaz de dar el suspiro de rigor de dolor al final. “Hoy en Manila habrá cielos despejados y sin chubascos, la humedad sólo alcanzará el dos por ciento y las temperaturas oscilarán entre los treinta y los treinta y cuatro grados...” Nerea miró fugazmente hacia la radio y se encogió de hombros, sin entender porqué era tan importante saber el tiempo que iba a hacer en Manila.

-Esta la ponen mucho…

-Marifé de Triana…

-He intentado hacer sus supiros, pero no soy capaz….esta gente tenía una capacidad pulmonar fuera de lo normal…- Gil rio y ella le secundó, comían en la imponente mesa de comedor de ella, con la radio de fondo. Gil había hecho muslos de pollo con patatas fritas y ensalada.

-„Torre de Arena“…

-Ah…“Torre de Arena“…yo entendía „Sangre Agarena“… y yo preguntándome porqué agarena…- Gil soltó una carcajada, Nerea meneó la cabeza negativamente, y se llevó un bocado a la boca- ..y sólo ponen copla, oye, hasta me están haciendo echar de menos el Reggaetón…

-Es que se decidió así, de todos los palos se eligió este..

-No te entiendo..- Gil suspiró, para luego sentarse mejor y carraspear.

-Verás…te explico..Gaspar, que es el que lleva la emisora, era un hombre soltero, que, después de pasar unos años por ahí, volvió al pueblo para ocuparse de sus padres que se estaban haciendo mayores. Ya sabes los problemas que tenemos con la cobertura ahora, pues lo mismo pasaba con la radio, no se podía sintonizar una cadena en condiciones, así que Gaspar, que había trabajado en radio, decidió montar una emisora en lo que había sido el pajar de la casa de sus padres. Y todos contentos, música, el tiempo y noticias de la zona, o nacionales, según la importancia, llamados, una emisora a nuestra medida vamos. Hasta que que Pino le cortó el grifo…

-Pino…mi Pino?- Nerea le miró sorprendida, Gil asintió despacio.

-Sí, la misma. Su hermano es el director de la Caja de Ahorros, y de buenas a primeras le denegó el crédito, alegando que su emisora no cumplía los requisitos….Pino, presente, por supuesto, añadió además que no aportaba nada y que la música distraía a la gente de hacer las labores…Gaspar casi se vuelve loco…pero encontró un patrocinador, y salvó la emisora…

-Pero…

-Exacto, peeero…Un par de meses después, durante las fiestas del pueblo, Pino, que era la encargada de dar los premios de la rifa….le sacó del armario..

-……-Nerea dejó el tenedor a medio camino entre el plato y su boca, sin acabar de creérselo.

-Al sacar el número premiado de Gaspar, le felicitó desde el palco micrófono en mano „espero que lo disfrutes a gusto con Fermín, como quiera que lo hagáis“…

-Hija de…

-Gaspar se desmayó…Fermín es el hijo de los Remolachos, que fardaban de „ser muy machos“ porque rima, en fin…. tuvimos que sujetar a los hermanos de Fermín entre diez…que si suben al palco Pino no lo cuenta…la sangre no llegó al río porque todos les brindamos nuestro apoyo y Pino..bueno, ya sabes cómo es Pino…Desde entonces, Gaspar sólo pone Copla y da el tiempo que va hacer en todos lugares pensables del mundo, porque sabe que ella detesta el género y odia viajar…además deja una grabación por la noche, así que ni aunque lo intente a las dos de la mañana…

-Y Fermín?

-No habló en un mes….pero se repuso…viven juntos en la que era la casa de los padres de Gaspar….yo ayudé con la reforma..

-Es puñetera…eso no se puede negar

-Sí, un poquito…- Ironizó Gil, Nerea le miró con curiosidad.

-Algo más que deba saber?- Gil sonrió y negó con la cabeza, al tiempo que se rascaba la nuca.

-No…te toca aguantarla, ten cuidado- Advirtió, Nerea suspiró.

-Te diré…

Salvador Méndez le apareció de repente en la pantalla de su ordenador esa tarde, cuando ella trataba de hacer cuadrar unos datos en las tablas Excel. La ventana con el rostro barbudo de Salvador saltó con el sonido que hace una pompa de jabón al explotar y la asustó. Él rio.

-Sabía que te iba a asustar, hola, yo soy Salvador, seguro que Cardito ni me ha mentado…

-Pues no, la verdad..

-Ya, suele ocurrir, no se lo tomes en cuenta, yo soy el ingeniero a cargo del cotarro- Aclaró moviendo la mano ante la cámara como quien remueve un café, ahora la que rio fue ella.

-Si estás ahora en las naves, puedo acercarme yo…

-Yo trabajo desde mi casa, Nereita…te puedo llamar así?

-Claro, todo el mundo aqui lo hace…- Admitió ella.

-Verás, yo no voy por ahí nunca….sólo por fuerza mayor..y todavía no se ha dado el caso, toquemos madera…pero no hay problema, verás, te voy a enviar una serie de informes que necesito le envíes al Sr.Ho…

-Quién es el Sr.Ho?…

-Ah..que todavía no te han dicho quién es Ho?…entonces qué haces?…

-Tablas de…- Salvador se pasó una mano por el rostro mientras farfullaba algo que ella no entendió.

-Ya…mira, entonces vamos a hacer una cosa..- En eso se abrió la puerta de la oficina y entró Pino, seguida de un hombre trajeado, Nerea se volvió a saludarles y cuando volvió a su pantalla, Salvador había desaparecido. Pensó que quizás ella habría pulsado alguna tecla que no era, pero no, Salvador estaba “desconectado”.

-Qué pasa? Se te ha colgado?- Preguntó Pino tras ella, Nerea se apuró a negar con la cabeza- Mira..este es Ramiro Limeres, y te ha traido tu coche- Nerea se incorporó a dar la mano al tal Ramiro, que se la aceptó gustoso, pero sin entender el tema del coche.

-Pero yo ya tengo coche…

-No, tú no tienes coche…ahora lo tienes, el tuyo lo puedes vender o dar para chatarra, lo que te parezca, a partir de hoy tú también conducirás un BMW, como todos aquí..- Nerea iba a decir algo, pero Pino extendió su mano derecha hacia ella.- Dame las llaves, le diré a Robus que te lo aparque en algún lugar que no moleste…-Nerea, que todavía no creía lo que estaba escuchando, no sabía cómo reaccionar, Pino movió los dedos y el tintineo de sus pulseras, hizo que Nerea alcanzase su bolso y le pasase las llaves, que Pino metió en el bolsillo de su pantalón de pinzas, hoy verde combinado con una blusa de seda verde perla. – Bien, Ramiro, dale lo que tenga que firmar para que firme, las llaves y después te vas que seguro que tienes cosas que hacer….tú entendiste, Nereita o te hago un croquis?-Nerea asintió, y el tal Ramiro le pasó una especie de tablet y un bolígrafo para pantallas táctiles, indicándole dónde debía firmar.

-Una cosa…- Comenzó Nerea, Pino arqueó una ceja y compuso un gesto de fingida preocupación.

-Un croquis…

-No, quién Robus?

Robus Villegas se acercó despacio desde el fondo de la nave de herramientas que era su lugar de trabajo, un edificio más pequeño que las otras tres naves, y que era donde se guardaban la mayor parte de las herramientas necesarias para arreglar, ensamblar, despiezar, cortar, pulir o serrar cualquier cosa que tuviera que ver con lo que se fabricaba dentro del complejo. Era un hombre alto, ataviado con un mono de trabajo y portando un casco en la mano, de pelo corto entrecano aunque en realidad era joven tal como comprobó Nerea cuando le tuvo más cerca. Lo primero que le llamó la atención de él fueron sus enormes ojos, de un azul casi transparente, que comenzaron a sonreir al verla y perdieron su luz y su rostro el amago de sonrisa al descubrir a Pino.

-Nereita…te presento a “HablaMudita” o Robus, como quieras llamarle, él no va a poder decirte nada porque es mudo, como una tapia…- Nerea, sin dar crédito y sin entender qué tenía que ver la tapia en todo aquello, le ofreció a Robus la mano y él se la estrecho. Por un momento se quedaron los tres en silencio, hasta que Pino soltó una basta carcajada.- Que es mudo…te estoy diciendo, pero no sordo…Nereita…por Dios, me lo cuentan y no lo creo- Y se arregló la blusa de seda, para despues colocarse mejor las pulseras. Nerea sonrió levemente a Robus, casi discupándose, y este le hizo un gesto que le dio a entender que no tenía importancia.

-Verás Robus, yo ahora voy a conducir otro coche y él mio querría que….

-Ay por Dios…..que rollos te gastas , mira “HablaMudita” aquí tienes las llaves de un Polo desastroso que hay aparcado a la entrada, apárcalo por ahí….ya está, ves?…Bueno, vamos…qué tontería por favor…- Y se alejó clavando sus salón en el pavimento, Nerea miró a Robus y este le mostró el dedo pulgar de su mano derecha con una sonrisa, al tiempo que le guiñaba un ojo.

-Muchas Gracias, Robus, cuando puedas me dices dónde aparcaste mi coche…y no es desastroso…era de mi tía, pero rueda muy bien y me gusta el color…a ver para qué quiero yo un BMW?…en fin…Hasta luego- Y diciéndole adiós con la mano se alejó en la dirección en la que se había marchado Pino, Robus la siguió con la mirada y sonrió, luego, meneando negativamente la cabeza, regresó a su nave.

Esta canción va dedicada a Eulogio de Podancos del Corbajo de parte de una admiradora…Va por ustedes”, la voz de Juanita Reina atronó entonces en todo el coche clamando su pena por ser sólo “Madrina”, y Nerea fue incapaz de bajar el volumen por muchos botoncitos que apretó en los mandos del volante, sin atreverse a soltarlo, ya que le daba la imprensión de ir conduciendo un tanque del que no controlaba la velocidad “Por fuera jardín de rosas, por dentro zarza de espinas, Madrina, mi pena es de Dolorosa más nadie me lo adivina…”, la cantó a voz en cuello, y trató de imitar los quejíos de la Reina, pero sólo consiguió llamar a las lágrimas. Sólo te faltaba eso ahora, que sólo es un coche. Ya pero lo de “HablaMudita” me llegó, pero quieres parar? “Madrina sin un lucero, Madrina sin un Te Quiero…”, bueno un lucero lo tienes, tampoco te quejes y no es torero, porque imagínate tú…bueno pues no te lo imagines que aún te estampas…tú ponle arte y ponte que das esa patada a la bata y te das la vuelta toda digna tú…y te vas…ya me voy a dónde..”En Buenos Aires hoy estará nublado y se esperan lluvias, las temperaturas oscilarán entre los diez y quince grados…” a Buenos Aires…sí venga, conformate con llevar esto a tu casa sin matar a nadie.

– Pero qué pasa…

-Nada…

-Entonces…qué?…pero por qué lloras…? Ven aquí…

-Es que no sé…

-Que no sabes qué?

-Nada…no sé nada…

-Nada? Qué no sabes nada?….mírame…y quién te ha dicho a ti eso..?

-No…nadie…me lo parece a mí..no sé….

-Eso es que estás cansada…. seguro…

-Será…

-Pero para de llorar, mujer….qué susto me has dao…

-Ya …

-A ver, arrejúntate más….cierra los ojos y piensa en ovejas…- Nerea rio y le miró secandose los ojos con las manos, él la miró de reojo- O gamusinos…eso..mejor gamusinos…

Contra todo pronóstico, Cardito se presentó en la oficina a primera hora de la mañana y le pidió a Nerea si podía pasar un momento a su despacho. Le explicó que el Sr.Ho, el empresario chino con el que andaban en tratos, querría ponerse en contacto con ella para conocerla y ellos querrían comunicarle un par de novedades en su producción. Había concertado una video-conferencia para esa mañana y que ya la avisaría cuando comenzase. Cuando salió del despacho, Pino la estaba aguardando de pie junto a su mesa.

-Se puede saber qué hacías ahí dentro?- Preguntó señalando la puerta del despacho de Cardito.

-Tratar unas cosas con Cardito- Solventó Nerea sentándose en su silla, sin querer dar más explicaciones.

-Qué cosas?

-Si tanto interés tienes, pregúntaselo tú misma..- Y no supo muy bien de dónde había sacado los arrestos para decírselo, pero después se sintió un poco mejor, Pino se arregló las pulseras y la miró arqueando una ceja.

-Las chicas de pelo corto como tú, o son bolleras o son subnormales, a cuál de los dos grupos perteneces ?- Y clavó en ella su afilada mirada, sin moverse un ápice de su posición, Nerea se incorporó de su silla con la firme intención de lanzarle la grapadora a la cara, pero Cardito abrió la puerta del despacho y la llamó con un gesto, ella cogió su libreta de notas, donde había ido recopilando datos que creía eran importantes, y entró en el despacho sin mirar atrás.

Ho era un hombre joven, de facciones amables y pelo negro, portador de un impecable traje gris a medida, que se presentó rodeado de un equipo formado por, además de él, seis personas, cuatro hombres y dos mujeres, sentados a ambos lados de una mesa de juntas donde él estaba sentado en la cabecera. Cardito presentó a Nerea como su asistente, hecho que era verdad pero que Nerea, hasta ese instante, no había creido que llegase a ser cierto nunca y la animó entonces a presentarse. La reunión transcurrió distendida y sin problemas salientables, y antes de despedirse Ho le indicó a Nerea que sus asistentes estarían en contacto constante con ella para conseguir un ritmo de trabajo fluido, y todos estuvieron de acuerdo en que iba a resultar una colaboración muy positiva.

Cuando salieron del despacho, Pino no estaba. Quien había llegado era Luisa, quien charlaba con Claudia, Nerea aprovechó ese momento para ir al baño. Antes de que pudiese cerrar la puerta, Luisa se coló con ella en el habitáculo, y cerró el pestillo de la puerta, apoyándose en ella, de forma que quedaron frente a frente, como días antes había ocurrido con Claudia. Nerea pensó que aquel retrete se estaba convirtinedo en una especie de confesionario, en el que la gente podía contarle a ella sus cuitas.

-Ni un hola te he dicho hasta ahora, soy Luisa, la de Cardito- Se presentó, dándole dos besos, Nerea sonrió- Y además la escena de la última vez…te debo una explicación..

-A mí?…

-Sí, Nereita, sí….es que verás, la Pino nos reserva siempre las vacaciones en Dublín..

-Dublín

-Sí…desde hace años, y no dos días, tres semanas o incluso un mes…en Dublín…y nos lo presenta todo confirmado y pagado…y claro, tenemos que ir a narices…conocemos Dublín como conozco Podancos que es mi pueblo, fíjate lo que te digo….

-Pero con anular, ya está…no?Vamos, digo yo…- Luisa, que la miraba fijamente desde su inmensidad azul, parpadeó varias veces.

-Anular…ya lo intenté…y lo tendríamos que pagar todo igualmente, porque ella lo estipula así…y hace las reservas sin consultar…hechos consumados…odio Dublín…te lo juro…y la odio a ella, pero claro…no me queda otra que tragar…qué te voy a contar que ya no sepas….

-Ya…

-Cada dos semanas estoy tres enferma, y las que paso aquí me siento con Cardito en el despacho….porque él tampoco puede ni olerla ya..

-Tú también…

-Odio Dublín, y odio el pachulí…yo odio odiar…. tan pacífica que soy…lo estoy intentando con el yoga, mi madre me dice que lo mejor es el boxeo para mi…porque salgo más agobiada…no sé…en fin…vas a hacer pis?

-Pues …sí..

-No te cortes…yo también..que mujeres somos no?No me voy a pasmar…- Nerea rio y se sentó a orinar- Puedes venir si quieres…

-A dónde?

-A Yoga…te paso las señas…a lo mejor te gusta…ya no tires que ahorramos agua…tú ahorras agua?Yo no lo sé…como con el plástico…..ahora tengo un montón de bolsas de rafia, si quieres te paso alguna…- Nerea asintió y cuando acabó, le dejó sitio- nosotros a donde queremos ir es a Lanzarote…

-Más calor que en Dublín hace…

-Es que yo necesito calor para quedarme…

-Quedarte en dónde…?

-Quedarme embarazada, que es un quiero y puedo pero no hay manera…en fin…

-Yo de vosotros no anulaba..pero se lo regalaba a alguien..- Luisa la miró aún sentada en el vater con los ojos muy abiertos y su rostro se iluminó, luego tiró de la cisterna y se subió el pantalón.

-Mi prima Noe…ay cómo se va alegrar la Noe…y tú dices que se puede?

-Mira, después vienes a comer a casa y lo miramos con Gil…- Luisa le dio un sonoro beso.

-Ay Nereita…Gil?…nuestro Gil?..ahora es tu Gil?- Nerea se encogió de hombros y casi le da la risa, Luisa le guiñó un ojo.

-Lista?

-Lista..- Y salieron del retrete, justo en el momento en que Pino pasaba por delante, Luisa hizo que no la veía y entró en la oficina tirando del brazo de Nerea para que hiciese lo mismo, Pino las siguió con la mirada y tensó la mandíbula un instante, para luego arreglarse maquinalmente los anillos y bajar la escalera.

-Nereita, han llamado los de la nave2, que ya tienen las cosas que Salvador quiere que tengas, que pases a buscarlas cuando quieras y que lleves casco- Informó Claudia entregándole un casco amarillo como quien entrega un cáliz, Nerea se lo recogió y con la misma salió hacia la Nave2. El capataz ya la estaba esperando con dos lápices de memoria y una carpeta, y, tras preguntarle si tenía tiempo, la guió por la nave explicándole lo que iba a ver después en los lápices a cerca de las novedades en la producción. Los dos estuvieron de acuerdo en que habría que hacer una reunión general con todos los implicados, y ella le prometió encargarse. Volvía hacia el edificio principal tomando un atajo, cuando escuchó la voz de Pino echándole en cara algo alguien de muy mala manera, se acercó a ver y al entrar en la especie de garage de donde provenían las voces, descubrió que la persona a la que estaba vilipendiando era Robus.

-A ver, „HablaMudita“, me consta que la gente como tú tenéis dificultades para entender las cosas, o a lo mejor es que ahora también eres sordo, que puede darse …de no hablar se pierde el oido..pues entonces me explicaré mejor…como vuelvas a colocar los sacos en el sitio equivocado te vas a ver vendiendo el cupón- Recalcó su amenaza punteándole el pecho con la manicurada uña del dedo índice de su mano derecha y buscándole la mirada, que Robus intentaba evitar, protegiéndose a medias con los brazos, Pino le dio una manotada en el hombro y le hizo mirarle, Nerea se adelantó a defenderle, pero Pino la frenó con un airado gesto de la otra mano- Tú quieta parada…se te acabó el saldo, „HablaMudita“, más te vale que lo hagas bien….- Y dicho esto se colocó bien la chaqueta y se dispuso a abandonar la pequeña nave de herramientas en la que se encontraban, Robus respiró hondo y la siguió con la mirada, de pronto triste en su luminosidad, que, sin querer, buscó la de Nerea quien acertó a acercarse a él y acariciarle un brazo, incapaz ella misma de encontrar otra reacción- Nereita, qué!? También te dedicas a Salus Infirmorum?!….Ven aquí!..- La voz de Pino la asustó y le hizo dar un respingo, Robus asintió con la cabeza dándole a entender que se encontraba bien, y le indicó la puerta con los ojos, aquellos dos luceros que no necesitaban de palabras para traducir lo que quisieran explicar.

Esta canción se la dedican Josefa y Manuel a su hijo Josué por haber sacado el carnet a la primera…bien por Josué..“ Luisa soltó una carcajada al escuchar de qué canción se trataba y la cantó dando palmas „Mi carro me lo robaron, estando de romería, mi carro me lo robaron anoche mientras dormía“, Nerea le hizo los coros preguntándose también donde podía estar el carro. Hoy en Monrovia brillaría el sol.

-Este Gaspar es único…Monrovia, a quién se le ocurre?- Rio Luisa mientras se retocaba la tirantez de su cola de caballo en el espejo de la solapa del parabrisas.

-Hoy Gil tenía pensado hacer croquetas…

-Como las de mi madre ningunas

-Perdona las de la mía son de concurso..- Aclaró Nerea, Luisa la miró de reojo fingiendose dolida.- Una cosa..porqué no hay cantina en la empresa,seguro que compensa..

-Tuvimos una, compensaba y hacían una comida riquísima…

-Qué pasó?

-Pino quiso hacer los menús y decidir qué se comía, Teo, que era el que la llevaba, se negó y al poco hubo una denuncia anónima a Sanidad…encontraron cucarachas en la cocina y clausuraron el comedor. Hasta hoy…y luego están los dichosos BMWs, nos metió en un tinglado con el concesionario y todos tenemos uno, pero todos, eh?…flipa… – Nerea negó con la cabeza contrariada.

-Lo que yo no entiendo es que si ni Cardito la puede soportar, porqué no la despide…no sé, un buen finiquito y via..- Luisa perdió la mirada en el paisaje ocre que atravesaban.

-Créeme que no hay cosa en el mundo que más desee, pero no es posible…verás, cuando Clotilde y Ricardo, los padres de Cardito, quisieron montar la empresa, el abuelo de Pino les cedió los terrenos donde hoy se alza, con una única condición…que su nieta fuese empleada de la empresa de por vida, y si se faltase a este punto por algún motivo, la cesión sería nula – Explicó con calma, Nerea la miró fugazmente para no perder el control del coche.

-Pero eso tiene que ser ilegal…

-Un día te enseño el acta notarial. No hay nada que hacer…

-Y el padre de Cardito no puede hacer algo…

-El pobre tiene bastante con lo suyo, está ya muy enfermo…

-No es justo…

-Hay tantas cosas injustas….por ejemplo que no pises más el acelerador y no lleguemos a comer la croquetas…que tengo un hambre canina..- y le dio un azote cariñoso en el muslo, Nerea rio y se atrevió a pisar un poco más el pedal.

Esa noche, Nerea tardó en dormirse. Allí estaba ella, acostada en una cama de matrimonio de madera maciza, en la que fácilmente cabrían dos matrimonios, arropada hasta el pecho, los brazos por fuera de las mantas y las manos entrelazadas, mirando el techo en el que los dibujos que trazaban las sombras no se movían. Trató de encontrar alguna forma a las sombras. Una se parecía a Suecia. La más pequeña un chicle aplastado. Suecia. Podía irse a Suecia. Y empezar de cero. Otra vez. Pero para eso tienes que aprender sueco, Nerea, piensa un poco, ya, ya pienso, eso es lo que no paro de hacer, pensar. Chino no lo sabe todo el mundo. Ya y a mí qué. Como si no lo supiera. Pero me compensa?. Lo mejor va a ser dejarlo todo, y volver atrás. Seguro que Rami se alegra de volver a verte, eras la mejor repartiéndole publicidad. Al menos me daba para darle mi parte a Sheryll. Si, Sheryll. Bien simpática que era, y no la veía nunca. A lo mejor aún tiene la habitación. Sigo teniendo las mismas cosas. Puedes volver a las academias, y pasear perros, con la publicidad te da para algo pequeño en algún lugar. Algún lugar. Ya estoy en algún lugar. Y no quiero volver a pasear perros. Me recuerdan a Ayvén. Y a mamá. Mamá. Bueno, no te pongas estupenda, te diría ella, y haz algo de por vida. Haz algo de por vida. Y a tu padre no le des el disgusto. Con lo que se alegró por ti. Cajera. Seguro que encuentro algo de cajera en un hiper. Y lo combino con el sueco y la publicidad. Si lloras después tienes mocos y las sábanas están límpias, además mañana parecerá por tus ojos que ganaste el título de Peso Pluma.Y luego está Gil. Mi Gil.Con lo bueno que es. Y está. Tonta. No, si a tí es decirte que no hagas algo para que lo hagas. Y qué ganas?. A ver. Mojar las almohada con agua salada y mocos. Si sólo pudiera parar de pensar. Entonces pasaría como con la tierra, si de repente cesase de girar. Todos saldríamos disparados. Como mis pensamientos. Sólo tengo que ordenarlos y llegar a una conclusión. Como con los puzzles. Tú odias los puzzles. Por eso. Por eso no la encuentro. Conclusión. Suena tan final. No sé.

La asistente de Ho se llamaba Li y le deseó Buenos Días en español, con una amplia sonrisa desde la pantallita que se había abierto en el ordenador de Nerea, para luego confesarle que junto con Buenas Tardes , Buenas Noches y Hola, qué tal?, era todo lo que hasta ahora había aprendido, pero que se esforzaría en mejorar, Nerea le ofreció su ayuda en tamaña empresa y se habían reido juntas.

-Qué es tan gracioso?- La voz de Pino tras ella la asustó, pero no se volvió.

-Me está dando unos datos que necesitamos…

-Dile que los envíe por fax y listo…

-No hace falta, ya los tengo, sólo los estamos contrastando para…

-Y porqué no los tengo yo, si se puede saber?…- Li le preguntó a Nerea qué estaba pasando, y ella le explicó sin entrar en detalles-Qué te dice?..

-Dice que si podemos continuar que no tiene todo el día…

-Dile que me envíe sus datos, que los necesito…

-Te estoy diciendo que…

-Ya!- Y dio un golpe a la silla, Nerea cerró los ojos un instante, y Li se acercó un poco más a la pantalla para preguntarle si se encontraba bien. Nerea le explicó lo que Pino quería, y Li ladeó ligeramente la cabeza, luego asintió en silencio.

-Te los envia luego…

-Pues no te ha dicho nada…

-No hace falta…

-No te hará falta a tí…en fin, cuando llegue el fax me lo das..

-Qué fax?

-El que me va a enviar esa de ahí…- Nerea acabó por perder el hilo, Claudia se incorporó, pero,como de costumbre, Pino la fulminó con un gesto de la mano y se volvió a sentar.

-Te los puede enviar por Email…

-Nereita, tu aprendiste las letras del alfabeto?F. A. X….te puedo inscribir en los cursos de integración esos que dan a esos analfabetos de por ahí, seguro que te cunde…- Y volvió a su mesa colcándose la blusa, hoy rosa palo sobre pantalones beig con salónes verdes. BlingBling, pensó Nerea al escuchar las pulseras, luego se pasó las manos por el rostro y regresó a Li quien parecía estar hablando con otra persona que se encontrase en la estancia con ella. Nerea se disculpó por el retraso, y Li volvió a ladear la cabeza y le respondió con un correcto „No te preocupes, no pasa nada“. Y consiguió hacerla sonreir de nuevo.

Una vez hubo contrastado toda la información,la archivó en su carpeta correspondiente y la guardó bajo llave en uno de los cajones de sus mesa, guardándose la llave después en el bolsillo.

-Pues ahora que ya has acabado de jugar al „Chinito-Tú-Chinita-Yo“, puedes ir a hacer la ronda de albaranes y facturas, así te aireas…a lo mejor aún hacemos algo de ti..- Pino se lo dijo sin levantar la vista de su ordenador en el que rara vez tocaba una tecla, Nerea iba a decir algo, pero Claudia la miró casi suplicante al tiempo que le ofrecía un casco- Eso, no vayas encima a perder la cabeza, verdad Claudita?- Nerea cogió el casco y sin contestar abandonó la oficina sin contestar.

Nerea hizo la ronda de naves y galpones por orden de tamaño de mayor a menor, y en cada uno se quedó un rato charlando con los operarios y capataces, quienes le agradecían que fuese ella quien se acercara a buscarlos, ya que hasta ese momento siempre habían tenido que echar a suertes quién era el afortunado que tenía que ir a la oficina a entregarlos. Todos la llamaban Nereita. Dentro de poco no iba a responder a la otra forma. En la última nave, el capataz le había dado una de las bolsas de rafia marrón que Luisa había repartido una vez, para que metiese en ella los papeles. Ya de camino de vuelta, se cruzó con una operaria que llevaba en la mano una cajetilla de tabaco,y, sin pensar le pidio uno, la chica le dio un mechero que tenía de más. Hizo camino por lo que ella consideraba su atajo, y llegó a la especie de plaza formada por la parte de atrás de varias edificaciones, que servía de fumadero oficial. Se apoyó en un murete y encendió el pitillo, el décimo en dos días, si seguía así iba a volver a empezar fijo, eso estaba pensando cuando Robus se apoyó junto a ella.

-Hola Robus….no le digas a nadie esto…fíjate tú…lo había conseguido dejar..tres años, y ahora ya ves….creo que este es el fumadero oficial…he visto a Luisa a veces perderse por aquí…tú no fumas claro, supongo…no sé…Pino me ha enviado a buscar albaranes…como si eso fuese importante…pero para ella lo es..así que si te pregunta le dices que vine a buscar albaranes….bueno..preguntar sería mucho, me llamaría a gritos y luego te echaría la culpa a tí…ahora mismo esto es lo único que me calma…porque tampoco duermo..o duermo mal….claro que a lo mejor es el colchón..no sé…pero tú no se lo digas a nadie…ay perdona…ya me entiendes….

-Soy una tumba…- Las palabras sonaron como exhalaciones entrecortadas, a Nerea se le calló el pitillo y se volvió hacia él con la boca abierta, Romus la miró a su vez sonriendo timidamente y levantó las cejas.

-Robus..tú?

-L-O-G-O-P-E-D-I-A…-Articuló despacio, y se llevó un dedo a los labios, indicandole así que ella también guardara el secreto, Nerea rio quedo.

-Seremos „Dos cruces en el Monte del olvido“ Robus…tal cual- Robus asintió con la cabeza, y abrió las manos en el aire para resumir la situación.

A la mañana siguiente la despertó el paso de algún vehículo pesado por delante de la casa. Miró el reloj de la mesilla, aún no habían dado las ocho y era sábado, así que no había prisa de levantarse tan temprano. Se tapó mejor con uno de los edredones y se volvió. Descubrió a Gil, aún profundamente dormido , en el otro extremo de la enorme cama, sonrió al pensar que, de tan lejos que estaba, de acercarse ella, emprendería lo más parecido a una expedición. Él se despertó al poco, y, al verla, aún sin poder liberarse del todo del sueño, sonrió y extendió uno de sus brazos sobre la cama, como tratando de alcanzarla, sin conseguirlo.

-Ahora mismo…eres la parte más septentrional de la península…- Casi susurró, ella rio, y, sin necesidad de brújula, emprendió su expedición.

-Voy a tener que buscarte en Google-maps…

-Se encuentra usted a diez leguas del punto indicado…

-Pues espera que me calzo las botas…y hago siete de vez…

-No hará falta con mi gadgetobrazo….vente pa´ca…

Los sábados por la mañana se dedicaban a desayunar con mucha calma, leer el periódico, pensar en hacer la colada para luego no hacerla y, ahora que el sol ya se atrevía a calentar más, dar largos paseos hasta uno de los castillos abandonados que salpicaban la zona. Un buen plan para dos.

-Y dices que Robus te habló?

-Sí, me llevé un susto terrible…me dijeron que era mudo…

-Robus se cayó de niño a un pozo, tardaron en encontrarlo dos días…ya lo daban por muerto, pero él sobrevivió…mudo. Siempre pensamos que había sido por el golpe…yo no lo conocí de otra manera..

-Me dijo que hacía logopedia..- Gil metió el pan en la tostadora, mientras ella preparaba la cafetera.

-Tú vas querer zumo?

-Sí, gracias- Él la abrazó por detrás e iba a entretenerse con su cuello, cuando llamaron a la puerta.

-Amazón?

-No que yo sepa…-LLevados por la curiosidad, fueron juntos a abrir.

Cuando abrieron la puerta, se encontraron a Cardito y Luisa portando una bandeja enorme envuelta con el papel de la tahona del pueblo y caras de circunstancias.

-Buenos Días…Los chinos vienen el miércoles.

Ho

-Hoy a las cinco de la mañana me sonó el móvil…y claro, pensé en papá, dije, ya está, pero no, era una tal Li, la conoces?..bueno, pues..me dijo que habían planeado su visita para el miércoles y era para preguntarme si suponía un problema…como para decirle que sí, sabes?-Cardito hablaba sin apenas punto ni coma, sentado a la ingente mesa de comedor en la que habían dispuesto todo lo que habían traido y lo que Gil y Nerea ya habían preparado para si, Luisa sentada junto a él asentía a sus palabras visiblemente nerviosa.

-Y me dice, nena que vienen los chinos, tú crees que es manera…qué susto por Dios…

-Amor, yo también me quedé en blanco, ok?- Gil y Nerea, sentados frente a ellos les escuchaban sin perder detalle, sin saber muy bien que tenía que hacerse en aquel momento.

-Todos los papeles están al día, Cardito, lo que había que enviar yo misma lo llevé al correo por si acaso…

-Cómo que por si acaso..- Quiso saber Gil, Luisa se adelantó.

-A veces las cartas desaparecen en CLORISA, sabes Gil?…como por encanto..- E hizo un gesto en el aire con las manos como el que podría hacer un mago, Gil asintió despacio creyendo entender a qué se refería y bebió un trago de su café.

-Tenemos que prepararlo todo sin que ella se entere…si no estamos perdidos…

-Qué quieres decir?- Preguntó Nerea, Cardito miró a Luisa y esta asintió.

-Verás…antes que Ho, hubo otro empresario interesado, un inglés….te voy a ahorrar los detalles, pero tengo suerte de mantener intacta mi reputación, hasta insultó a su reina…que básicamente para un inglés es como mentarle la madre- Nerea abrió mucho los ojos sin acabar de creérselo, Gil negó con la cabeza y se rascó la nuca.-

-Por eso, cuando supimos que íbamos a necesitar a alguien en plantilla que supiera chino, lo hicimos extraoficialmente, de hecho sólo colgamos un anuncio, bueno, mi prima, en un Centro donde trabaja, porque sabíamos positivamente que Pino no lo iba a ver- Continuó Luisa, sirviéndose un poco más de zumo. Nerea se pasó las manos por el pelo,castaño, ya no tan corto y aún algo despeinado, y les miró a los tres alternativamente.

-Y como hacemos?

-Por eso estoy aquí,- Apuntó Cardito-para tratarlo… también llamé a Claudita, pero tienen una comunión

-Tienen?

-Ella y su marido- Informó Luisa

-Siempre pensé que estaba soltera..no sé porqué..

-Él es, LuísJavier, el capitán de la Guardia Civil de aquí…

-Qué tienes pensado?

-Hundirnos en un mar de silencio.

Y así hicieron. Esa misma tarde, Nerea y Gil hicieron una visita a Checho, el dueño de la única carnicería del pueblo. Lo habían decidido así, porque, al ser un pueblo tan pequeño si hubieran ido Cardito y ella hubiera sin duda dado que hablar. Le explicaron la situación y le encargaron un bufet con el que deleitar en CLORISA a la visita en el último día de estancia, a la pregunta de Checho sobre qué debía ofrecer, Nerea le transmitió el deseo de Cardito de que los productos debían de ser de primera calidad sin reparar en gasto, mezclando productos de la zona con otros más generales, fríos y calientes; también le encargaron el vino que debía regar el ágape y él prometió no defraudar en la elección. Luisa le pagaría en metálico el lunes, de paso que hacía una visita a la mujer de Checho, lo que no levantaría sospecha alguna, ya que eran familia. Cardito se encargaría de reservar restaurantes para las cenas y las comidas de los días que el grupo fuese su huesped, además de buscar una oferta cultural a la altura. Todas las reservas se hicieron desde el movil de Gil. Salvador prometió hacer de Cicerone al grupo por el Complejo, bajo la condición de no coincidir con Pino ni en el tiempo ni en el espacio. Nerea llegó un momento en que se sintió como una espía que tuviese que trasvasar un secreto de estado durante la Guerra Fría. Claudita le envió un Whatsapp desde el móvil de su marido, pidiéndole disculpas por adelantado si no le dirigía la palabra hasta que todo hubiera pasado, pero lo prefería así para no meter la pata. El lunes y el martes, Pino se comportó como de costumbre, sólo que nadie le dirigió ni una palabra.

Ho era un hombre alto y muy elegante, Nerea se lo había imaginado de más edad, él y su comitiva, compuesta por Li y parte de su equipo, les saludaron a ella y a Cardito en el Lobby del Parador donde se alojaban, con la mayor de las cortesías y se alegraron mucho de por fin conocerles en persona. Li sorprendió a Nerea con un par de frases en español, y Nerea no pudo más que felicitarla por sus avances, Ho y Li, a su vez la felicitaron por su chino. Se quedarían hasta el viernes, ya que después continuarían viaje a Suecia y Noruega por otros asuntos. Para evitar que Pino se acercase al grupo durante la visita guiada y, así, cumplir con Salvador, Nerea les encargó a los capataces que asistiesen con todos sus obreros para lograr así una multitud, algo que Pino siempre evitaba ya que tenía pánico a las masas humanas de gente en movimiento. Y así hicieron, de modo que la visita guiada fue todo un éxito, y nadie vio a Pino. Y llegó el viernes, cuya mañana dedicaron a visitar los castillos más importantes y el pequeño museo en uno de ellos. Hacia el mediodía, se dirigieron al Complejo, para dar cuenta del bufet.

Ante el edificio principal, les estaban esperando Pino y Claudia, quien tenía el aspecto de alguien que acabara de salir de un funeral, aunque se esforzara por tratar de sonreir. Pino estaba sin embargo radiante, con un vestido-abrigo blanco de lana con brillos, melena marcada de peluquería, al igual que el maquillaje y zapatos de tacón de al menos diez centímetros, aguardando a la comitiva como lo haría un león escondido en la hierba alta. Nerea tuvo un mal presentimiento, pero Cardito le infundió seguridad con una fugaz mirada y convidó al grupo a seguirles.

-Así que estos son- Concedió Pino de primeras, casi regalándoles una sonrisa, pero sin maquillar su displicencia, Nerea le presentó a Ho y éste le estrechó la mano dirigiéndole unas amables palabras- Qué quiere, Nereita?- Preguntó sin siquiera mirarla, Nerea le tradujo lo que Ho había dicho y Pino, enarcando una ceja , levantó la barbilla y giró sobre sus altos talones- Ach, pensé que era otra cosa- y entró en el edificio por delante de todos ellos, Nerea trató de disculparse ante Ho, pero éste le ofreció su brazo e hizo un gesto desleido con su otra mano, sin darle importancia, Li le comentó algo entonces que Nerea no entendió y Ho asintió, sin perder la sonrisa.

Pino hizo una señal con la mano a Claudia, y ésta abrió la puerta de dos hojas que daba paso a sala de juntas. El grupo hizo su entrada entonces a la enorme sala, que se abría al paisaje a través de un ventanal que ocupaba toda una pared y presidida por la inmensa mesa rodeada de doce sillas. A la vista de la mesa y lo que había sobre ella, Nerea perdió el color y se quedó clavada en el sitio, Cardito se mesó el cabello con las manos, Ho y su gente les miraron a su vez,sin perder la sonrisa, esperando la explicación. Pero no la había. Sobre la mesa había dos jarras de vino, dos de agua, vasos y dos bandejas, una con queso en tacos y aceitunas, la otra con jamón serrano en lonchas, éstas las cortaba insitu, Sebas, el hijo de Checho el carnicero, situado al otro lado de la mesa ante una pata de jamón en su soporte, cuchillo jamonero en mano y mirándoles con la expresión de aquel cuya única otra opción hubiera sido el paredón. Nerea sintió que sus piernas se volvían de plastilina y se apoyó en Cardito, quien optó por mirar al techo por no mirar a Pino. Ésta se acercó a la mesa como lo hubiera hecho Cleopatra y presentó con gran gesto las bandejas.

-Quesos varios, y jamón, qué mas se puede pedir a esta tierra?…..por favor…por favor- Y animó al grupo que degustase lo servido, sonriendo como la anfitriona que no era,pero nadie se movió. Nerea logró tragar saliba y carraspeó, Ho le preguntó interesado si se encontraba bien, y Nerea le explicó lo que había pasado intentando no perder la calma, Ho alzó las cejas y asintió.

-Qué le dices? Es un queso curado buenísimo y el jamón es tres jotas….Qué dice?- Preguntó Pino acercándose a ellos, Ho la miró y dibujó una de sus enigmáticas sonrisas, para luego asentir con la cabeza y decirle algo a Nerea, quien trató de encontrar su voz.

-Te lo agradece mucho- Casi exhaló, Ho animó entonces a su grupo a degustar lo presentado, Nerea buscó apoyarse en una silla, Cardito buscó la distancia de Pino, situándose junto a Sebas.

-Qué pena que la ventana no se pueda abrir, parece que necesites aire…- La voz de Pino junto a ella, terminó de romper a Nerea quien buscó sentarse, Ho, atento a la escena, sirvió un vaso de agua y se lo ofreció- Dile, dile….que ni esto sabes hacer, dile….- Nerea, cogió el vaso con mano temblorosa y bebió a pequeños tragos, aunque mentalmente se la estaba arrojando a la cara a Pino y lanzando el vaso contra la ventana después, pero se lo bebió entero, con los ojos cerrados. Cuando los abrió, le pareció ver que Ho le comentaba algo a Li, pero no pudo escuchar qué, a lo que Li reaccionó asintintiedo con la cabeza y sacando su Blackberry del bolsillo interior de su chaqueta. Después, dieron cuenta de lo servido y brindaron con el vino, que Nerea ni probó, Cardito se bebió de un trago por no degustarlo, Claudia optó por servirse un vaso de agua y beberlo junto a la ventana, y Pino hizo bailar su vino en el vaso observando a todos los presentes, como lo haría un alcaide de prisiones.

El ágape transcurrió sin mayores sorpresas. Ho y su gente probaron de ambas bandejas, y aceptaron cada uno un vaso de vino, para acto seguido regarlo con varios vasos de agua, Sebas cortó más jamón, como si le fuese la vida en ello, sudando profusamente y concentrándose en la labor, ante la atenta mirada de Cardito, quien trataba de darle tranquilidad valorando su acción ante los visitantes, que hicieron fotos desde todas las perspectivas posibles, Nerea, incapaz de levantarse de su silla,disimuladamente, se giró y le dio la espalda a Pino, de forma que, en todo momento, conversó con Ho y Li, sentados junto a ella, compartiendo jarras de agua, que Claudia, convertida en una especie de alma en pena, no cesó de rellenar en lo que duró la reunión.

– Ya está aquí el monovolumen- Luisa, que optó por no entrar, hizo el anuncio desde el umbral de la puerta y volvió sobre sus pasos sin esperar contestación, Pino se arregló el collar de perlas y levantó la barbilla con un mohín que maquilló inmediatamente de sonrisa hacia los invitados, a quienes Nerea trasladó la información mientras por fin podía incorporarse de la silla, Ho le ofreció su brazo, que ella aceptó gustosa, Pino se acercó a ella y le aferró el antebrazo.

-Después hablamos tú y yo…- Le siseó abruptamente, para luego unirse al grupo que ya abandonaba la sala, Nerea sintió un eco de náusea que evitó con un carraspeo, Ho la miró un tanto preocupado y le preguntó si se encontraba bien, a lo que ella respondió buscando sonreír y asintiendo con la cabeza.

La práctica totalidad de la plantilla se había reunido en la explanada ante el edificio principal para despedir a Ho y su gente, que saludaron el gesto despidiéndose de todos ellos y dedicándoles unas breves palabras de agradecimiento, que Nerea interpretó aferrada a su bolso, sin perder la sonrisa, y tratando de no mirar a Pino, quien pareciera se hubiera tragado un sable. Por último, Ho y Li se despidieron de Cardito con un sentido apretón de manos, y de Nerea además con una reverencia acompañada de unas palabras de eterno agradecimiento, que terminaron por llenarle los ojos con las lágrimas que llevaba horas reprimiendo en la garganta. Pino, al frente de los empleados, hubo de contentarse con una ligera inclinación de cabeza por parte de ambos, antes de que entrasen en el vehículo, que tras arrancar abandonó el recinto. Aprovechando la desbandada de empleados, Nerea cogió del brazo a Cardito y se lo apretó con fuerza.

-Si no quieres que me muera aquí mismo….llévame a casa por el amor de Dios…- Le rogó ya sin poner freno al llanto, Cardito se aflojó la corbata.

-Es que si no el que se muere soy yo…..- Y la guió en dirección a su coche, haciendo caso omiso de los llamados de Pino, quien trataba de alcanzarles hecha un furia.

-A dónde creéis que vais?! Esto no se queda así! Un paso más y arde Troya!- Bramó dando una patada en el suelo, como para remarcar sus palabras, pero Cardito y Nerea ya no la escuchaban, se habían metido ya en el coche y Cardito abandonó el recinto a tal velocidad que los neumáticos chirriaron cuando tomó la dirección al pueblo, dejando a Pino sola, envuelta en la nube de polvo que el coche había dejado a su paso, tragándose otra vez un sable.

Nerea cerró los ojos, apoyó la cabeza en la ventanilla y se tapó la cara con la mano, tratando de controlar sus nauseas. Cardito se quitó la corbata y la tiró hacia algún lugar, para después aferrar sus manos al volante y fijar su mirada en la carretera, uniéndose al silencio de Nerea. Recorrieron la distancia entre la empresa y el pueblo en un tiempo record. Cardito paró el coche justo delante de la puerta de la casa de Nerea, quien, incapaz de articular palabra alguna siquiera para despedirse, salió del coche y casi tambaleándose empujó la puerta de su casa. Nada más entrar dejó caer su bolso, después se quitó los zapatos, y en su tambaleante camino a través de la sala se fue deshaciendo del resto de la ropa de que la cubría, dejándola abandonada tras ella, de forma que cuando alcanzó su habitación estaba en sujetador y bragas. Como pudo, se metió en la cama y se tapó por completo con los dos edredones, al tiempo que exhalaba un gemido agónico, en el que se aunaban agotamiento y dolor de alma. Sintió como si se hubiera introducido en un sarcófago, su cuerpo se convirtió poco a poco en una mortaja de plomo, tan pesada que no le permitía mover un músculo, sus ojos se sellaron y su respiración se hizo profunda, como si con cada aspiración tuviera que coger el aire del fondo de un pozo. Y en ese pozo se sintió caer. Despacio y sin rozar las paredes. Convirtiéndose ella misma en oscuridad.

Como quien abandona un tunel que atravesara la más cruenta montaña, en algún momento pudo abrir los ojos. Pero no del todo. Le suponía demasiado esfuerzo. Su sarcófago seguía intacto, en una oscuridad caliente y cómoda. Escuchó un ruido y no se pudo asustar, allí dentro se encontraba a salvo de todo lo que pudiese pasar. Se atrevió a separar levemente el edredón, para averiguar qué ocurría. Tratando de fijar la vista y a través de la rendija que eran sus ojos, descubrió a Gil sentado en un butacón junto a la ventana leyendo algo que supuso era un periódico.

-Hola, Bella Durmiente…- Saludó Gil con voz queda, dejando el periódico en el suelo, ella no encontró su voz, hubo de toser y se tapó el rostro con una mano- Llevas durmiendo un día y medio..- Le anunció, ella intentó decir algo, pero sólo logró una especie de gemido.- Cardito me explicó todo, él dejó el coche aquí y se fue hasta su casa andando, yo te vi entrar y cuando vine a ver qué te pasaba ya estabas ahí debajo….ha venido Checho, me ha contado que Pino se había presentado la mañana de la recepción y le había amenazado con denunciarle a Sanidad y pedir un control exhaustivo si servía lo que habíamos encargado, además le entregó una copia de un mapa del catastro. La finca de Checho, donde cría el ganado, colinda con la parcela donde la empresa de su marido, planea construir los adosados…Pino le dijo que sólo necesitaba hacer una llamada y su finca se convertiría en la zona de piscinas del complejo. No le quedó otra opción que servir lo que viste allí, y le obligó a enviar a Sebas a cortar el jamón, el chico no quería….y Pino le advirtió que si quería alguna vez aprobar los exámenes del grado que está cursando era mejor que accediese a su deseo. A él le ha dado por vomitos y dolor de cabeza…le han dejado ingresado por si acaso. Si no te hubieras despertado ahora, yo hubiera hecho lo mismo…..- Nera le miraba ahora fijamente, tapándose la boca con la mano- He hecho lentejas con chorizo, para que al menos tuvieras una alegría al despertar…- Los ojos de Nerea se llenaron de lágrimas, y extendió sus brazos hacia él en silencio, Gil sonrió apenas y, acercándose a la cama, se sentó en ella, ofreciéndole su abrazo, en el que Nerea, por fin, pudo dar rienda suelta al llanto.

El peso del silencio

-Nerea?- Gil se dirigió a ella rompiendo el silencio que compartían, estaban en el patio de la casa de ella, sentados en dos viejas tumbonas de jardín y compartiendo manta contemplando como el sol se ponía, regalando al cielo toda una variedad de rojos y lilas; Nerea le miró como respuesta, arrebujada en la manta, casi dispuesta a abandonarse de nuevo al sueño, en el que entraba y salía a intervalos irregulares desde hacía días.- Creo que ha llegado el momento de que te cuente algo- Nerea se frotó sus somnolientos ojos con las palmas de las manos y se incorporó un poco en la tumbona.

-Tú dirás

-Una vez, curioseando por las estanterías de mi casa, te fijaste en la foto de una chica y me preguntaste quién era, te acuerdas?, yo te dije que era mi hermana Soledad. Tú no preguntaste más, y te lo agradecí en el alma, porque es algo de lo que no quería hablarte hasta encontrar el momento. Y creo que ese momento ha llegado….no sé por dónde empezar…así que lo más sencillo será que empiece por el principio. Soledad es mi hermana mayor, me saca sólo seis años, pero ella siempre me dejó claro que ella era la mayor…jugaba conmigo como si fuera un muñeco cuando nací…en fin…, Soledad era alegre, bromista, tenía amigas hasta debajo de las piedras, le gustaba cantar y sobre todo bailar, aunque no lo creas me enseñó a mí…además era guapa, tenía una melena azabache que le llegaba a la cadera, que movía a capricho, con los ojos a juego, como decía mi padre, y tenía tipazo…podía haber traido a media humanidad de calle, pero no, ella solo vivía para Enrique Villaverde y Enrique para ella, desde que no levantaban más que tres palmos del suelo, una pareja de guapos, que decían en el pueblo….estaban juntos todo el día, mi madre les decía siempre que parecían siameses. Ella hizo una formación de administrativo, y él una de contabilidad, después comenzaron a dar a entender que se podía ir armando ya la boda, recuerdo lo contenta que se había puesto mi madre pensando en los preparativos…. La tarde en que todo lo que te acabo de contar estalló en mi pedazos, nevaba. Me acuerdo porque había tenido que ayudar a mi padre a sacar la nieve de la puerta a paladas. Primero llegó Soledad, corriendo y llorando a gritos, y se encerró en su habitación, y acto seguido llegaron Enrique y su padre, Enrique la llamaba fuera de si….y lloraba desesperado….pero Soledad continuó encerrada en su cuarto…Enrique no fue capaz, nos lo dijo el padre: Enrique había dejado embarazada a Pino Barragán. Mi madre se desmayó, y tuvieron que venir los vecinos a mediar, porque los dos padres se enredaron a puñadas, mientras Enrique llamaba a gritos a Soledad golpeando su puerta como un loco. Pero ella no abrió.

En quince días se armó una boda, entonces era así, y Enrique se casó con Pino Barragán. Mi hermana continuó encerrada en su cuarto, mi madre le ponía una bandeja con comida, pero la encontraba siempre intacta, vinieron sus amigas, hasta yo lo intenté. Pero ella no abrió. Mi padre quiso echar la puerta abajo, pero mi madre se lo impidió. Déjala. Déjala….Una mañana, cuando me levanté para ir al colegio, la puerta estaba por fin abierta…pero Soledad no estaba. Pensamos que se habría ido a dar una vuelta, a tomar un poco el aire, no sé…a la caida de la noche el Padre Octavio, el párroco, llamó a la puerta. Venía a decirnos que Soledad había ingresado aquel mismo día, por voluntad propia, en un convento de clausura…no pudo decirnos cual, ya que ella lo había querido así…Pero no acabó ahí…no..Dos meses después Claudita, que había sido la mejor amiga de mi hermana, vino a contarle a mi madre que Pino nunca había estado embarazada ni, al parecer, Enrique había tenido nada que ver con ella, todo había sido una historia montada por ella para conseguirlo….y sabes lo que culmina el pastel?…Pino no puede tener hijos, y lo sabía. Soledad…eligió una Orden Carmelita con voto de silencio. En Valencia. Aquello acabó por matar a mi madre…y mi padre, acabó por refugiarse también en el silencio, en su mundo, hasta que también se fue. Si…te cuento todo esto…es porque…pase lo que pase ahora..quiero que sepas de lo que es capaz Pino Barragán. Sólo eso.- Y se secó el rostro con una mano, Nerea se pasó a su tumbona y se fundió con él en un abrazo sacudiéndose en llanto.

-Gil…

-Sólo eso…

De almas y orquídeas

Nerea no podía respirar hondo. Aún no. El médico le había dado el alta a regañadientes, bajo promesa de comenzar por media jornada. Sólo pensar en abrir la puerta de acceso al edificio le provocaba un eco de náusea, sólo tenía ganas de llorar. Como los bebés. Deseó ser uno. Y poder llorar y llorar, porque sí, sin tener que dar explicaciones. Si esto es el fondo…ya lo he tocado, no puedo más. Esto se tiene que acabar. Todo lo que sé se lo pasa por el forro, recoger albaranes, ensobrar y mandar faxes….y el feo de la comida….así debe ser la muerte…o algo…qué mal…es que tú sabes chino, vamos a ver….y por algo Cardito me contrató…lo único que  ha hecho por si mismo en años, quizás es por eso…..ella no me quiere ahí…pues bien, que así sea. Me voy. Me da igual Ho, me da igual el sueldo, me da igual, ya pensaremos algo Gil y yo….Gil…ese no te da igual….no llores que vas conduciendo y ves borroso…Gil, ni un milímetro se alejó,mi Gil …con lo bueno que es,cómo llora aún por Soledad…….“no te pongas estupenda Nereita“…hasta tú misma te llamas también así…qué mal…que no llores que todavía no se ha inventado el limpiaparabrisas de ojos y esta bestia la tienes que llevar con dos manos….ya me da igual…. – Encendió la radio y abrió la ventanilla, un poco de aire fresco siempre venía bien.„ Esta canción va dedicada a alguien muy especial con motivo de su cumpleaños,y cito „Amor Mío siempre te querré“ , y aquí va sólo para sus oídos…“ Nerea optó por coger un pañuelo de papel para secarse los ojos al escuchar de qué canción se trataba „…La hija de Don Juan Alba dice que quiere meterse a monja,la hija de Don Juan Alba en el Convento de la Paloma…“ y subió el volumen, y acompañó a Miguel de Molina cantando contra el viento que entraba por la ventanilla las penas de aquel que había perdido a su compañera.

Cuando entró en la oficina, sólo encontró a Claudia, que archivaba unos papeles y se alegró mucho de volverla a ver.

-Dónde está Pino?- Preguntó Nerea al rato de llegar, Claudia la miró encogiéndose de hombros y dibujó un gesto de total ignorancia en su rostro.

-Ni idea, ya hace días que no viene…

-En serio?

-Ya volverá…- Y Claudia hizo un gesto desvaído con la mano, al tiempo que cogía un archivador de una estantería.

Pero Pino no volvió. Ni ese día, ni al otro, ni la semana posterior. Luisa se incorporó de nuevo y trajo consigo una Nespresso de última generación, Claudia colaboró después con galletas surtidas, y Nerea con pastas de Titulcia.

-Nereita, mira, te he liberado la mesa esta para que tengas más sitio, ahora que tienes más que hacer, además la silla es más cómoda- Pasadas dos semanas, Claudia había vaciado la mesa de Pino y se la mostraba como quien muestra los premios de un concurso con una radiante sonrisa, que hacía brillar sus ojos verdes, Nerea, aún casi con el pomo de la puerta en la mano, sonrió y se acercó despacio.

-En serio?…y si vuelve?

-Pues que vuelva….ahora es tu mesa, quieres un café? Los de „Corte y Ensamblaje“ nos han traido churros..- Nerea asintió y comenzó a cambiar sus cosas de sitio.

-Cardito quiere que me encargue de unas cosas, ya voy contigo…-Le comentó Gil.

-Unas cosas…

-Me dijo algo de unos paneles, ni idea, ya veré lo que es…

-Supongo que querrá encargarlo antes de irse a Lanzarote…ahora que Pino no está…

-Pues hace bien…..Pino todavía no ha vuelto?

-Casi un mes…yo ya me estoy escamando…

-Escamando porqué? Si no quiere volver que no vuelva….

-Ya hombre, pero ni un aviso…no voy a a ir, estoy mala…no sé

-Y a tí qué te importa Nereita? Yo hace años que ni hola con ella y sólo cuando se me cruza de frente la miro….imagínate si no la veo…me la sopla..

-Ya hombre….pero yo necesito saber qué le ha pasado, para encontrar „mi paz“otra vez, como dice la de Yoga….hablando del Rey de Roma…mira, el coche de Enrique, a lo mejor están en casa…

-Qué haces?

-Preguntar qué pasa…

-No, tú no tienes que preguntar nada, si no aparece por el chollo que no aparezca, ya está…para qué vas a ir a su casa…Nerea…

-Yo me quedo más tranquila…

-Tranquila?

-Ay Gil…yo soy así…- Y tras aparcar junto al BMW de Enrique, salió del coche. Gil la siguió.

-Espera que voy contigo…

-Gil…

-Qué…- Nerea suspiró y se acercó a la puerta de entrada a la propiedad, no hizo falta que llamasen al timbre, estaba entreabierta. Los eternos aspersores, que normalmente regaban sin descanso el cesped del jardín delantero estaban apagados, iban a dirigirse a la puerta principal, pero escucharon el eco de una música que provenía de la parte de atrás del enorme chalet. Nerea y Gil se miraron un instante, y decidieron rodearlo.

Enrique estaba en la terraza a la que se salía desde el salón, bailando al ritmo de „Dance with somebody“ de Mando Diao al tiempo que le tiraba lo que parecían galletitas a su perro,un pastor alemán, que saltaba a su alrededor, feliz de recibir tal cantidad de premios sin razón alguna. Nerea y Gil se quedaron clavados en el sitio, la música salía atronadora desde el salón y Enrique, en vaqueros, camiseta y descalzo bailaba dando saltos y moviendo la cabeza al ritmo con los ojos cerrados. En un momento, el perro les ladró y se acercó a ellos moviendo la cola, sólo Nerea lo acarició, Gil observaba la escena, con las manos en las caderas y sin mover un músculo. Enrique se volvió entonces, y al descubrirles rio.

-Hombre! Pedrito! Hola Nereita…todo bien?!- Y le lanzó una galleta al perro, que saltó para alcanzarla, la canción estaba programada para sonar en bucle, una y otra vez.

-Si!…venimos…vengo a preguntar por Pino!- Gritó Nerea para hacerse oir, Enrique la miró escéptico y se encogió de hombros.- Es que no viene hace días!- Enrique se movió de nuevo al ritmo de la canción.

-Bueno…y?

-No..por si le ha pasado algo…

-Ni idea…- Gil negó con la cabeza, y cogió a Nerea de la mano.

-Vámonos- Y así hicieron, dejando a Enrique aún bailando, tras si.

-Bueno, „Pedrito“….pues vamos allá- Gil rio y puso la radio.

-Vamos allá

Gerónimo de Mimbres le dedica esta canción a Berta para que la próxima vez le salude“ , Y R.E.M les guió en su camino hasta el Complejo, suavizando el paisaje y haciéndolo más grande „It´s easier to leave than to be left behind/ Leaving was never my proud/ Leaving New York never easy/

I saw the lights fading out“.

El complejo era un hervidero de actividad. La explanada estaba abarrotada por operarios que iban de un lado a otro transportando cosas, y vehículos de obra. Gil se quedó hablando con un conocido,y ella subió a la oficina. El edificio parecia estar tomado por gente que ella no había visto nunca, pero que se alegraron mucho de verla y la saludaron por su nombre. En la oficina se encontró con Cardito, Luisa, Claudia, su marido LuísJavier y su compañero de patrulla, todos ellos tomando café en relajada tertulia.

-Buenas, Nereita!- Saludó Cardito, ella saludó en general y se dejó servir también un café, Luisa había traido tarta de queso casera.

-Se sabe entonces ya algo?- Quiso saber Nerea dirigiéndose a LuísJavier, éste la miró sin saber a qué se refería.

-De qué?

-De Pino- LuísJavier miró a su compañero , y el otro negó con la cabeza.

-Qué hay que saber?

-No…nada..

-Pues eso..- Y la conversación derivó hacia cuáles eran las mejores playas en Lanzarote.

Nerea se sentó a su nueva mesa y abrió el ordenador, mientras éste subía miró hacia fuera, hacía un día radiante de sol, buscó con la mirada a Gil en la multitud, le encontró charlando animadamente con Robus y Salvador, luego volvió al grupo que todavía charlaba riendo y contando anécdotas sobre Lanzarote, Claudia había colocado tiestos de colores con orquideas en la ventana, y la puerta al despacho de Cardito estaba siempre abierta.

Entonces recibió el aviso de que Ho deseaba hablar con ella por teleconferencia, clickó sobre el aviso y saltó una pantalla, y en ella Ho, sonriente y tranquilo.

-Buenos Días, Nereita, qué tal estás?- Saludó en perfecto castellano, Nerea no pudo sino sorprenderse.

-Buenos Días, Sr. Ho…no sabía que supiese usted español..

-Quería darte la sorpresa, sólo quise esperar el momento…- Nerea sonrió

-Le felicito..

-Gracias, todo bien por ahí?

-Sí, Sr. Ho, todo va muy bien..- Ho sonrió amable.

-Me alegra mucho oir eso, Nereita, pero lo que me alegra más es verte sentada donde estás…- Y la pantallita desapareció. Con su sonido característico. Como el que hacen las pompas de jabón al explotar.

 

Índice de canciones:

“María de la O” Marifé de Triana

“Torre de Arena”Marifé de Triana

“Madrina” Juanita Reina

“Mi Carro” Manolo Escobar

“La hija de Don Juan Alba” Miguel de Molina

“Dance with Somebody”Mando Diao

“Leaving New York” R.E.M.

N.O.S.O.T.R.O.S (Neutrales-Objetivos-Sociales-Ordenados-Trabajadores-Respetuosos-Osados-Seguros)

(Vuelvo a subir esta historia, cuyo tema está ahora de actualidad. Muchas Gracias.)

Ruy no quería el yogur. Ni con azúcar ni sin azúcar. Ni haciendo avioncitos o prometiéndole dos capítulos de Pepa Pig. Así que no insitió más, y le dejó levantarse de la silla de la cocina donde desde hacía veinte minutos trataba de convencerle de las buenas propiedades de los lácteos en general y de los yogures de fresa en particular, sin lograr que él abriese un ápice la boca ni dejase de menear negativamente la cabeza haciendo saltar sus indomables rizos pelirrojos. Se lo comió ella, mientras le oía trastear en algún lugar del apartamento, perdió su mirada en el patio de manzana que se podía ver desde la ventana de la cocina. Todo el apartamento daba a ese patio de manzana, en tiempos había sido un piso más grande, pero lo habían dividido en dos. El que daba a la calle era más oscuro y tenía más pasillo, el suyo recibía sol todo el día y, observando las partes de atrás de las otras casas que daban a ese patio, le daba la impresión de pertenecer a un microcosmos dentro de esa gran ciudad en la que le había tocado vivir. Por las noches se entretenía tratando de adivinar qué luces se apagarían primero, cuáles más tarde, las costumbres y rutinas de las personas que lo habitaban, como suponía que ellos hacían con las de ella. Román les ponía nombre y apellido, e inventaba historias partir de lo que observaba hacían en su día a día. Román era su compañero de piso, después de que Trini se hubiera marchado a Londres a probar suerte, ella había colgado un par de anuncios por el barrio buscando un inquilino o inquilina, y el primero que se presentó fue él. No le molestó tener que compartir vivienda con el por aquel entonces recien nacido Ruy, ni que ella trabajase en mil cosas o en ninguna, él en aquel momento también estaba en paro, después había encontrado trabajo en Decathlon. Conformaban una comunidad de tres, bien llevada y algunas veces bien organizada. A los ojos de aquellos que les observaran a través del patio darían la impresión de ser una pareja bien avenida con niño, si bien ,ellos no estaban juntos y el niño, que no se parecía a ninguno de los dos, sólo llevaba los apellidos de ella.

El vecino del quinto piso de la casa verde agua, trataba de arreglar una persiana sentado en el bordillo de la ventana de espaldas al patio, elevando los brazos hacia la caja y tirando con fuerza de algo que parecía atascado, la sintonía de su movil la asustó y la hizo tirar el yogur al suelo, al tiempo que alcanzaba el telefono llegó a ver como la que supuso que era la mujer del hombre de la persiana le hacía bajar del bordillo haciendo aspavientos con las manos y cerraba la ventana de golpe, respiró tranquila al deslizar el dedo para contestar.

-Hola Isolda, te pillo mal?- La voz de Alfonso sonaba como la de alguien que corriera los últimos metros de una maratón.

-No, la verdad, todo en orden…- Acertó a decir, si bien acababa de descubrir que al tirar el yogur se había salpicado la camiseta, cogió una bayeta del fregadero y trató de enmendar la mancha, pero lo hizo peor, con lo cual la tiró de nuevo al fregadero.- Estás bien?

-No sabes nada, verdad?- Carlota se sentó de nuevo y cambió de oido el movil.

-Qué ha pasado? No me asustes….algo con María Eugenia?- María Eugenia era la mujer de Alfonso, que se ganaba la vida como representante de Tupper-Ware y pasaba más tiempo en el coche que en casa.

-Ha caido en picado con la avioneta….

-Maria Eugenia?!….y qué hacía en una avioneta?!

-No mujer! Marigeni no!Hildefonso. Ha caido en picado…

-Hildefonso…

-Hildefonso Martínez Cuéllar

-No me gusta repetirme, pero…qué hacía en una avioneta?- se levantó de la silla y se apoyó en la encimera, para luego separarse y apoyarse en la nevera, y volver a sentarse por último sin poder parar de mover su rodilla derecha, señal de nerviosísmo que padecía desde que había tenido la capacidad de sentarse.

-Enseñar a pilotar a otro….una temeridad como otra en estos tiempos….hay reunión, en una hora en la sede central…- Y colgó, antes de que ella pudiese decir nada, antes de que pudiese decirle que Román todavía no había vuelto y que no tenía con quien dejar a Ruy, antes de poder preguntarle para qué la necesitaban a ella en la sede central.

Maldiciendo en voz baja el momento en que había accedido a meterse en política, buscó a Ruy. El suyo era un partido que había basado su programa en las ayudas a las familias monoparentales y aquellas que pasaban por dificultades. Llevaría a Ruy con ella a la reunión. Ya que, a su juicio, ambos puntos del programa coíncidían en su persona en ese momento.

La sede del partido se encontraba en un bajo comercial a tres calles de su casa, antes había dado cabida a una imprenta, antes de ésta una carnicería, y durante varios años había sido un local okupa. Constaba de dos espacios amplios, uno que daba al exterior con un ventanal panorámico, estaba tapizado a medias por carteles de propaganda electoral en los que se veía un grupo de gente, fotografiados desde el aire, formando una N mayúscula sobre un campo con flores de colores, estaba amueblado con tres mesas de despacho desconchadas dispuestas en U y sillas de distintas procedencias, y otro interior, con ventanas tipo tragaluz , donde habían dispuesto sillas y butacas alrededor de una rotunda y oscura mesa de comedor de madera de tipo castellano oval con un abigarrado pie central que imitaba el tronco de un arbol, dos estanterías Billy de Ikea con una cafetera eléctrica, tazas y carpetas con papeles, completaban la decoración.

Ruy no era el único niño que asistía a la reunión, Matilde llegó con su hijo Damián en su portabebés al pecho y Moncha con sus gemelas profundamente dormidas en sus sillitas. Alguien extendió una manta verde muy gruesa sobre el suelo, y ésta se llenó de cosas de plástico de colores y peluches que esa persona fue sacando de una bolsa de lona. La cafetera estaba ya funcionando.

-No voy a perder el tiempo con explicaciones. Voy a ir al grano. Dos temas:Uno. Hildefonso era el número 10 en nuestra lista, desgraciadamente ha quedado vacante, y como la vida sigue, el siguiente en la lista ocupará su puesto, esto es: Isolda Lindero López. Dos: Me han llamado los otros, nos brindan la oportunidad de sentarnos a las mesas de las coaliciones- Alfonso expuso lo que quería transmitir desde uno de los sitios en el centro mirando a los presentes, sentados alrededor de la mesa, recorriendo los rostros con la mirada por encima de las gafas y clavando levemente ante cada afirmación la mina de un bolígrafo bic sobre una libreta que tenía ante él.

Isolda, que le estaba ayudando a Ruy a desenredar un nudo de uno de los juegos, dejó de hacerlo al oir su nombre y miró a Alfonso sin ocultar su asombro, que se confundió con el eco de sorpresa de los demás asistentes. Ruy le tiró de la manga, y ella volvió a intentar deshacer el nudo, sin demasiada atención. Si bien se sabía capaz de hacer varias cosas a la vez, lo que había dicho Alfonso había descolocado por completo su puzzle mental. Y le faltaban piezas.

Siguieron dos horas de explicaciones, aclaraciones, dudas, preguntas, respuestas, amagos de debate, esquemas en hojas de libreta, risas, oratoria redundante, más preguntas y bocetos de declaraciones de intenciones, tras las cuales Ruy dormía sobre la manta aferrado a un ingenio de plástico , las gemelas se entretenían gateando por debajo de la mesa y Matilde recorría la sala acunando en brazos a Damián que no se decidía entre quedarse dormido o parar de llorar. Alfonso se había quitado las gafas y se masajeaba el puente de la nariz, mientras otro de los asistentes le leía el apunte de prensa que entregaría a los periódicos lamentando la muerte de Hildefonso, un par comenzaron a recibir mensajes de sus mujeres preguntándoles dónde estaban, otro era partidario de pedir un par de pizzas, todavía había mucho de qué hablar.

-Iba en serio eso de correr plaza?- Isolda se lo preguntó a Alfonso casi sin alzar la voz, ocupando la silla vacía junto a él, mientras el resto de los presentes y otros que llegaban a cuenta gotas, pululaban por el local formando grupos que hablaban entre si, dando el aspecto a la reunión de los prolegómenos de una boda.

-Por supuesto, tu eres el número once, ahora estás dentro

-Pero yo no sé si voy a poder…

-Cómo no vas a poder? Claro que si mujer, además, te necesito en esas reuniones.

-A mí? Yo no tengo ni idea de coaliciones ni de nada que se le parezca…

-Tu eres estudiada, yo no, y sabes hablar, yo soy más de organizar.

-Estudiada si, pero de ahí a…

-Juntos llegamos, ya veras,…mira tu por donde, me ha salido un nuevo lema.- Y lo escribió en su libreta en letras de imprenta. Isolda se pasó las manos por el rostro buscando despejarse un poco, no quería tomar café, si lo hacía no podría dormir en toda la noche.

Román llegó cuando caía la noche, había escuchado la noticia en la radio y supuso que la encontraría allí. Fue él el que llevó a Ruy en brazos a casa, después de que se diera por terminada la reunión.

-Necesitaban gente para hacer bulto, y me apunté, por supuesto que el programa que tiene me gustó y esas cosas, pero de ahí a una mesa de negociación hay un mundo…a lo mejor mañana llamo a Alfonso y le digo que no, que llame al número 12, a lo mejor a ese le hace ilusión- Se lo explicaba sentados ambos a la mesa de la cocina, mientras observaban cómo se iban encendiendo o apagando las luces de las ventanas en el patio.

-Tu piensa que no lo vas a hacer de gratis, y que te viene muy bien lo que puedas ganar, además, una mano lava la otra y quién te dice que te sale un buen chollo de ahí?- La voz rota de Román le infundía siempre calma, como un interruptor que aplacase sus nervios nada más accionarlo, le miró en la penumbra y sonrió.

-Y después traigo los pinchos que sobran, como en la galería aquella te acuerdas?- Román rio y le ofreció un pitillo, la nube del humo se deshiló hacia el exterior hasta desaparecer en largos trazos.

-Lo importante es participar…

-Como en las olimpiadas..

-O los concursos escolares.

Las semanas siguientes las recordaría después como un sin parar de reuniones y encuentros, ruedas de prensa, declaraciones conjuntas, entrevistas en radio y televisión, intrincados vericuetos burocráticos para acceder a su acta de dipitutada, firmas, fotos de grupo, desayunos, comidas, cenas, noches sin dormir y cientos de llamadas e Emails en todas direcciones, mientras Román se hacía cargo de Ruy al que ella sólo veía ya dormido.

Fue entonces cuando apareció Montatanto.

-A qué hora dices que vienen?- Román salía del baño, rodeándose la cintura con una toalla tras la ducha, desde que trabajaba en Decathlon había adelgazado unos cuantos kilos y limado volumen, seguía siendo ancho y alto, pero su aspecto general había cambiado un poco, o eso le parecía a ella, ahora que se fijaba y le veía medio desnudo, como tantas otras veces, como él la había visto a ella, y por qué se fijaba ella ahora tanto.Tampoco se había afeitado.

-A las once, quedé aquí, porque al parecer quieren ver „mi fondo de armario“- Y formó las comillas con los dedos índice y anular de las manos, al tiempo que alzaba las cejas, Román soltó una carcajada camino de su cuarto deshaciéndose de la toalla.

Isabel Palacios y Fernando Aragón llamaron a la puerta a las once en punto, cuando Isolda había sabido sus nombres y apellidos se le ocurrió que no podían haber elegido mejor el nombre para su empresa, Román había apuntado que „Imperio“ también hubiera sido una opción. Montatanto se iba a encargar de la asesoría integral de su imagen, en las últimas semanas su constante presencia en medios de comunicación de todo tipo la habían vuelto un rostro conocido para el gran público, como Isabel le había dicho por teléfono, y ella se había preguntado a qué „gran público“ podía referirse, ya que ella siempre unía esa definición a actrices y cantantes, y ella no era ninguna de esas dos cosas. Ella estaba dando sus primeros e inseguros pasos en la política.

Isabel era una mujer menuda, de pelo rubio en media melena de alisado japonés y ojos azules, aún en pantalones de pinzas tipo chino y camisola blanca de lino irradiaba una elegancia que amenazaba con intimidar, si bien el cálido abrazo y los besos que repartió nada más cruzar el umbral la devolvieron a la categoría de un ser común con el resto de los mortales. Fernando venía de traje pero sin corbata, Román comentaría más tarde que le había recordado a Buster Keaton, pero en alto, ya que la que hablaba era Isabel, él se limitaba a deslizar sus dedos por un I-pad.

-Y el resto está en el trastero, claro, el típico trasiego verano aquí, invierno en trastero y demás…- Comentó Isabel ante el armario de Isolda cogiendo una camiseta de los Rolling-Stones con la punta de los dedos, y recorrriendo con los ojos achinados las tres baldas en las que se mezclaban la ropa de Isolda y la de Ruy.

-No tenemos trastero- Apuntó Román, apoyado en el marco de la puerta de la habitación, Fernando se volvió hacia él con los ojos muy abiertos, pero se limitó a deslizar algo en el dispositivo, Isabel asintió con la cabeza, Isolda carraspeó y recogió del suelo el pijama de Ruy poniéndolo sobre la cama.

-Zapatos tengo más, pero tampoco es que sean de diseño..- Y su voz le sonó a excusa, y notó que se ponía colorada, buscó a Román quien a su vez la miró a ella y le sonrió alzando las cejas, y ella le imitó. Isabel se volvió hacia la habitación y dibujó una enigmática sonrisa oriental en su rostro de muñeca de porcelana.

-Desde cuándo sois pareja?- Comenzaron a hablar los dos a la vez, Fernando cesó de anotar en su I-Pad, Isabel no movió un músculo.

-Compartimos piso desde hace tres años, no somos pareja- Aclaró Román, al tiempo que cambiaba de postura y se apoyaba en el marco contrario de la puerta, Isabel miró fugazmente la hora en su ínfimo reloj de pulsera.

-Llama a Alpha y a Fierro- Ordenó atusándose la camisola con las palmas de las manos, Fernando sacó otro dispositivo del bolsillo interior de su chaqueta y excusándose salió del cuarto.

-El café con leche?- Preguntó Román, Isolda acabó de convencerse de que él era capaz de leer sus pensamientos, Isabel ladeó la cabeza y sonrió abiertamente por primera vez desde que había llegado.

-Más café que leche, sin azucar, gracias todo un detalle- Román asintió y se alejó hacia la cocina.

Alpha, una mujer joven con mono vaquero y una chaqueta azul larga de lana y un hombre de gafas de pasta marrones, bermudas beig ,camiseta polo verde y zapatos ingleses con calcetines, no llamaron al timbre, tamborilearon levemente la puerta con los dedos y Fernando les abrió. No se entretuvieron en saludos y les llevó hasta la cocina, que, a falta de salón, se convirtió en centro de operaciones donde Román preparaba café y la mesa se llenó de tablets, Ipads y demás dispositivos electrónicos. Fierro llegó cerca de media hora después, un hombre con el pelo casi al rape y cicatrices de quemaduras en las manos y en parte de su cabeza ,que trajo una bolsa grande con croissanes y una caja con doble fondo de pastas de Titulcia.

-Empecemos por los básicos: Tu madre y tu hermano, algún miembro más, además de Ruy, por supuesto?

-Mi madre vive en Albacete, bueno, en Albacete no, a media hora, trabaja en la oficina de correos…aunque ahora está de baja, creo, por cosas de ciática o hernias discales…no me explicó bien, mi padre murió hace quince años. Mi hermano Hugo es licenciado en Bellas Artes y trabaja de reponedor en el Mercado Central desde hace relativamente poco, antes repartía publicidad- Isolda sentada a la mesa de la poco espaciosa cocina, rodeada de aquel variopinto grupo de gente desconocida, trataba de encontrar las palabras adecuadas para contar su vida sin entrar en demasiados detalles, la mujer Alpha tecleó algo en su portatil.

-Bellas Artes, lo podemos mover a Galerías, yo me ocupo.

-Qué Galerías?- Preguntó Isolda, Isabel le acarició el antebrazo y tomó un trago de café.

-Ella se ocupa- Y guiñó los ojos, el hombre Alpha deslizó algo en su Ipad.

-Ruy- Y se hizo el silencio, y todos miraron a Román que disponía los croissanes en una bandeja.

-No es mio, si es lo quieres saber- Respondió sin volverse hacia la mesa y sin dejar de hacer lo que estaba haciendo, Isolda se tragó la risa y cogió una pasta de Titulcia triangular con una almendra encima.

-Ruy tiene padre, lógicamente, pero no sé quién es…quiero decir, fui a una fiesta de Erasmus en un local que ya no existe y, bueno, pues, me decidí por tenerlo…- Trató de explicarse, para luego morder la galleta y no dar más explicaciones.

-No fue Invitro, quieres decir

-No, fue un encuentro fortuito….

-„Fruto de una relación anterior“

-Pero es que yo no tengo ahora „relación“, como para que sea de la „anterior“..- Protestó Isolda tapándose la boca para que las migas de la galleta no se esparciesen por la mesa, el hombre Alpha carraspeó.

-Me hago cargo, pero así no tenemos que ahondar en explicaciones que no quieras dar- Explicó con calma mientras escribía algo en su tablet, Isolda asintió y miró fugazmente a Román quien apoyado en una encimera de espaldas a ellos esperaba otra vez a que subiese el café en la cafetera.

-Este apartamento por ahora es factible, más adelante ya veremos- Fierro entró en la cocina blandiendo un catalejo, y abrió la ventana para otear con él la distancia- …más adelante, ya veremos- Repitió para luego plegar el catalejo y apoyarse en el fregadero, dejando la ventana abierta, lo que regaló corriente al atestado espacio.- Quién vive en el apartamento B?

-Creo que son estudiantes, pero no estoy segura, antes vivían dos hermanas ya mayores, pero se fueron a una residencia…

-Estudiantes de dónde?- Isolda negó con la cabeza y Román se encogió de hombros, era algo en lo que nunca se habían fijado, Fierro sacó su movil del bolsillo y abandonó la cocina al tiempo que hablaba con alguien.

-Román-Dijo la mujer Alpha alzando la vista hacia él, pero sin denotar expresión alguna, Román se volvió y recorrió todos los rostros que le observaban por un instante.

-Mis padres viven en el Algarve portugués, en Quarteira al menos la última vez que supe de ellos, no sé si han mudado, profesión „sus labores“- y se pasó una mano por el rostro, obsequiándoles con una media sonrisa, Isabel había ladeado levemente la cabeza, como Isolda había observado que hacía en ocasiones cuando algo le llamaba la atención, estuvo tentada a imitarla, ya que a ella también le había llamado la atención la información, en todo ese tiempo nunca le había preguntado a Román por su familia, ni él le había contado nada- Mi hermano Mateo falleció hace diez años en accidente de tráfico, conducía yo, pero la culpa fue del otro, en fin- Perdió su mirada, ahora más negra que nunca, o así le pareció a Isolda, en el patio interior y cruzó los brazos- Yo soy licenciado en Historia por la Universidad de Salamanca y trabajo en la sección de Deportes Acuáticos de Decathlon, y cuido de Ruy cuando ella no puede- Y le guiñó un ojo, y ella rió sin saber por qué, los demás presentes escribieron o anotaron algo en sus dispositivos electrónicos y sólo pararon en el momento en que escucharon subir el café.

-Se me había olvidado que sonaba así, fíjate, y el olor, yo es que tengo una de Nespresso y claro, no hace ese gorgoteo….me voy a tener que comprar una, no es mala idea, Fer…. -Y mientras lo decía, Isabel alcanzó una pasta de Tiltucia con la punta de los dedos, Fernando asintió y escribió algo en una libretita que sacó del bolsillo. Fierro regresó entonces y se situó de nuevo junto a la ventana.

-Mi prima lo hace en una tartera, no sé cómo…- Anotó el hombre Alpha sin apartar sus ojos de su tablet.

-„Café de pota“ el mejor en Galicia, y con gotas ni te cuento- Fierro oteaba de nuevo con su catalejo el patio desde la puerta de la cocina.

-De Ulloa- Sotomayor Valdevientos?- La mujer Alpha volvió a elevar su mirada hacia Román sin mostrar expresión alguna, Roman abrió una de las alacenas y cogió varias tazas que puso sobre la encimera, volviéndose a medias para asentir con la cabeza.

-Valdevientos?- Preguntó Isolda sin esconder su asombro, Isabel guiñó los ojos y por una vez no ladeó la cabeza, Román pareció sonreír para si mientras servía el café.

-Somos una familia muy extensa- Anotó entregándole a cada uno una taza.

-Un catalán, un coreano, y dos vascos- Comunicó el hombre Alpha dirigiéndose a Fierro, este asintió.

-Suena al típico chiste de „van unos en un tren“, pero lo dicho, por ahora factible…por ahora- Y remarcó sus palabras levantando el dedo índice de su mano derecha, el único libre de cicatrices, para luego volver a sus labores de observación con el catalejo mientras comía una pasta de Titúlcia.

En eso a Isolda le sonó el móvil, se incorporó casi de un salto al ver el número y cambió instantáneamente el movil de oido, como Román sabía que hacía cuando se ponía nerviosa, ella le miró casi presa del pánico.

-Es Ruy, que se ha caido de cabeza del tobogán…- Román se adelantó a cogerle el teléfono.

-No te preocupes, yo me ocupo- y haciéndose cargo de la llamada salió de la cocina a paso vivo para abandonar después a la carrera el apartamento. Isabel hizo sentar otra vez a Carlota y le pasó una tablet con la más amable de sus sonrisas.

-Y ahora nos vamos a ir de compras cielo, desde aquí mismo, no es maravilloso?- y le pasó una pasta de chocolate, Isolda meneó dudosa la cabeza y se la aceptó fijándose entonces en la pantalla de la tablet por la que desfilaban varias modelos de Teresa Helbig, Isabel reaccionó a su mirada escéptica con una risa cantarina, como de hada madrina de cuento.

Ruy llegó en brazos de Román, apoyando su rizada y roja cabeza sobre su hombro, sus ojos, normalmente azul cristalino, estaban hinchados de llanto, y un emplasto adornaba su sién izquierda, en la mano llevaba una jirafa azul con lunares rojos. Isolda quiso cogerle en brazos, pero Ruy prefirió quedarse en los de Román al tiempo que se ponía su chupete y cerraba los ojos aún con un eco de llanto en su respiración, ella le besó el emplasto y volvió a la cocina, mientras los dos se metían en el cuarto de ella.

-Yo creo que un caoba claro, con reflejos rubios le va mejor que bien…

-Ella es claramente castaña oscura, y tiene una tez pálida, si la pones de rubia la matas…

-Entonces caoba con tonos café, en vez de rubios, y le subimos el comienzo del pelo, y ahuecamos, menos ceja, afinamos un pisco la nariz, más labios….

-Las manos….

-Las manos en carmin o en opal, dependiendo de la ocasión…porque hija, las tienes como las de „La más grande“….

-Pues sí, fíjate , no me había fijado, y eso que se las hice una vez….ya llovió….

-Y brillos, muchos brillos….

Isolda asistía a esta conversación semi tumbada en un cómodo sillón de terapias estéticas, sin poder tomar parte ya que su rostro estaba oculto tras una mascarilla facial que le impedía siquiera mover un músculo. Alguien le tomó la mano derecha, otra persona la izquierda, una tercera persona el pie izquierdo una cuarta el derecho, optó por cerrar los ojos y dejarse llevar por la relajante música que escuchaba de fondo, como de violines sin violines y lo que le pareció el sonido de las olas del mar.

Montatanto la dejó delante de su portal a última hora de la tarde, recordándole que se verían al día siguiente a las diez. Nada más abrir la puerta de su casa, le recibió un sabroso olor a algo que Román estuviese cocinando y los gritos de Ruy mientras venía corriendo a recibirla.

-Bapa- Ruy escondió su cara entre sus manitas embadurnadas de pintura de témperas y le dió un beso de chocolate la mejilla, Román le dio la probar una cuchara de madera con una salsa densa y oscura que sabía a tomate con algo más que no supo definir, pero que le abrió el apetito, no se acordaba de la última vez que había comido ese día, además de las pastas de Titulcia.

-Bapísima- Confirmó Román, volviendo a las cazuelas, ella se sentó junto a Ruy y le acarició la mata roja de rizos, aún tenía el emplasto, pero estaba menos hinchado, según Román en urgencias le habían dicho que no le quedaría cicatriz.

Antes de cenar decidió darse una ducha, ya que tenía la impresión de haberse caido en una marmita de crema hidratante para que después alguien le aplicase laca en grandes cantidades.

Román había cocinado una salsa de tomate con calabacin y berengena, y en lugar de acompañarla con pasta se había decidido por arroz, para la ocasión abrieron una botella de vino. Ruy cenó un buen plato y ella lo llevó a dormir, le daba la impresión que hacía semanas que no lo veía. Después se reunió con Román en la cocina.

-Y de qué Valdevientos eres, de los de los bancos, de los constructores, de los transportes…- Se habían sentado mirando hacia el patio, con los pies sobre la calefacción, su rutina nocturna desde que vivían en aquel piso.

-De todos y de ninguno…

-Venga Román, que soy yo, que parece mentira hombre, no es que me importe que nades en pasta o no, pero enterarme así…

-El que iba a hacerse cargo de las cosas era mi hermano, a mi me dejaban en paz con mi „capricho“ de estudiar historia, pero se nos cruzó uno que se creía Ayrton Senna y…bueno, Mateo se quedó alli- Miró por un momento la brasa de su cigarrillo, ante de tomar otra calada- no me echaron la culpa, porque no la tenía, pero el vacío puede oradar montañas y me fui.

-Pero tenéis contacto o estais enfadados?

-No, les llamo a veces, y me bajo cuando tengo humor, mi padre viene a menudo y hacemos algo juntos, mi madre no, y yo lo respeto.

-Así que eres un rico heredero

-Heredero del turno de mañana

-Román, esto va muy rápido…

-Rápidos van los trenes y no todos descarrilan, tu haz lo que te diga Montatanto y no hay problema…

-Y si sale mal…?

-Siempre podrás decir la frase „era joven y necesitaba el dinero“, además te vas a codear con gente importante, vas a ir a saraos, a viajar, mal no lo vas a pasar…

-Y Ruy? Me da la impresión de que me lo estoy perdiendo, no sé, todavía es muy pequeño…

-Él sabe quién es su mamá, y eso es lo más importante- Miró por un instante el reloj de la cocina- como también es importante dormir, que si no este servidor mañana es un zombi que vende piraguas…- Y se incorporó para estirarse cuan largo era.

-Román

-Si Mylady…

-Gracias…

-Las que tu tienes „bapa“, que duermas bien- Y pasandole fugazmente la mano por la cabeza abandonó la cocina, ella le siguió con la mirada y cerró los ojos relajando la cabeza en la nuca, no era mala idea irse a dormir.

Montatanto llegaron acompañados de tres operarios en mono gris. A su pregunta sobre qué venían a hacer los operarios a su casa, Isabel le contestó que la casa estaba falta de armarios, y sin más dilación la apremió a apurarse un poco, ya que de lo contrario llegaría tarde a su primera cita del día. Y se sumió en una borágine durante la cual visitó incontables showrooms de firmas de alta costura y de pret-a porter, presidió comités, dirimió debates, viajó a Bruselas, Londres y Ginebra, se reunió con asociaciones vecinales, representantes de grupos antisistema, plataformas de padres, enlaces sindicales, reuniones de los grupos en coalición, habló en radio y televisión, acudió a eventos, se acostumbró a verse en los periódicos, recibió clases intensivas de inglés y francés, de oratoria, de protocolo, y un gabinete logopédico perfeccionó su dicción y ritmo de respiración.

EL NOVIO CAÑÓN Y FORRADO DE ISOLDA LINDERO“, acompañaban el titular fotos de Román, tomadas mientras hacía jogging por el parque, y en su posterior intento de despistar a los fotógrafos. „CÓMO SE CAZA UN MILLORARIO?“ , alguien les había hecho una foto mientras paseaban con Ruy por las calles aledañas a su casa, Ruy de la mano de ambos. „VALDEVIENTOS. NUESTROS ROTSCHILD“, y a lo largo de varias páginas a todo color se desgranaba la historia de la familia materna de Román, con fotos incluidas.

-Pues sí que han debido de buscar en el fondo del baúl de las fotos, esta es de la puesta de largo de mi madre y mi tío Gervasio murió antes de nacer yo…- Román miraba con interés las fotos, sin poder evitar reirse, Isolda, sentada frente a él a la mesa de la cocina miraba las fotos del parque.

-Y tienen razón, estás cañón…

-Tengo que dar ejemplo al cliente potencial…- Ella soltó una carcajada descreida, él hizo que se arreglaba el peinado, se miraron un instante, pero antes de que puedieran decir nada, Ruy entró en tromba en la cocina imitando el ruido de las aspas de un helicóptero, Román se incorporó y le alzó del suelo, haciendo de él un avión y perdiéndose con él por el apartamento, Isolda sonrió al escuchar las carcajadas de ambos, se disponía a unirse a la pequeña flota aerea, cuando vibró su móvil. Respiró hondo. Montatanto.

-Ni se os ocurra salir ahora

-Ya

-He vaciado tu agenda para este fin de semana. En casita y tranquilitos. OK?

-OK

-Porque estáis „tranquilitos“…

-Tranquilísimos…

-Perfecto. El lunes a las ocho. Happy Weekend, dear!- Ella le deseó lo mismo, imitándola en los gestos, ahora que no la veía,y dejó con desgana el móvil sobre la mesa, se volvió hacia el patio de manzana, un hombre estaba cortando el pelo a otro junto a la ventana del tercer piso de la casa azul, sonrió, y se acordó de cuando su madre lo hacía con ella. Su madre. Tendría que llamar a su madre.

-Me he bajado todo „Downton Abbey“…- La voz de Román la hizo volverse.

-No lo digas muy alto….

-Me he bajado todo „Downton Abbey“…-Susurró él entonces haciendo altavoz con las manos, la hizo reír.- Y pedimos media tonelada de pato agridulce y toda la producción de arroz de Vietnam Este….

-Y cerveza

-Eso que no falte..

Se pasaron el resto del fin de semana en casa, tranquilos, como había ordenado Montatanto, con los móviles desconectados y sin atender al telefonillo. Aprovecharon para ordenar los nuevos armarios a medida que recorrían el apartamento de parte a parte, jugar con Ruy y verse todo Downton Abbey, mientras comían pato agridulce con arroz regado con cervezas heladas.

El lunes a las ocho en punto, Isolda ya estaba de nuevo en su papel de diputada ,tacones en ristre, esperando que Montatanto le hiciera una perdida para que bajara, Román le preparó su vaso termo con café con leche, más café que leche y tres de azucar, y se lo tendió como haría un camarero del Ritz. Y se hizo el silencio entre ambos, como cuando el mar se retira, y algo quiso decirle él que ella ya sabía, y él se adelantó un paso, cuando llamó Montatanto. Y volvió el mar. Él le abrió la puerta, pero ella no se decidió a salir.

-Ve…

-Pero…

-Ve..

Y ella bajó las escaleras, mirando de vez en cuando hacia atrás, hasta que le perdió de vista y escuchó que la puerta volvía a cerrarse.

A partir de ese momento al apartamento volvió a sobrarle una habitación, y aquellos que les observaran desde las otras ventanas del patio de manzana les tomarían por lo que eran,una pareja bien avenida con un niño pelirrojo de rizos. Él llevaba la casa y atendía a Ruy, mientras ella se sumergía en un laberinto político en el que nunca había tenido intención de meterse. A eso se unió que Fierro llegó a la conclusión de que el apartamento no era viable en aras de una mínima seguridad, y que la prensa descubrió un filón en Román, que no podía dar un paso sin verse asaltado por una horda de paparazzi, que le perseguían haciéndole todo tipo de preguntas absurdas. Una tarde, mientras se dirigía a hacer una visita a su tía Soledad, hermana de su madre, a la que creía debía una explicación después de que los Valdevientos pasasen a ser los protagonistas absolutos de prensa y televisión, una nube de fotógrafos y micrófonos se le echó encima a dos calles de su objetivo, y se vio de pronto cercado contra la pared de un edificio con focos de cámaras cegándole y preguntas a gritos. Él, como única salida posible, sacó su móvil y llamó a su primo.

Se subió al coche de su primo como quien escapa de un dinosario enfurecido. Álvaro Warren Valdevientos se incorporó al tráfico casi llevándose por delante a un par de cámaras de televisión y haciendo caso omiso de los gritos y protestas posteriores.

-Te van a poner a caldo…

-Que me pongan…Primo!…años sin vernos…y ahora así!…luego te doy un abrazo…- y Álvaro le dio una palmada sobre un muslo riendo.

-Es que ya no sé que hacer….

-A Lotta le pasó lo mismo….llegó a no querer salir a la calle….

-Mis padres se han ido a Nueva York…hasta allí no van a ir…

-Por qué crees que hice lo de Ávila?…Voy a dar una vuelta absurda y volvemos a casa….entramos por atrás….

-Isolda quiere convertirse en avestruz….

-Pero estar estáis- Si bien Román tenía el pelo y los ojos oscuros, ambos primos se parecían en las facciones heredadas por su común Valdevientos, marcadas ycorrectas, en su debido lugar.

-Estar estamos…..siempre estuvimos, al menos yo, era cuestión de tiempo….

-Espera un momento-Álvaro accionó un dispositivo en el volante, Lotta respondió con un „Digamelón“, Álvaro sonrió y miró a Román quien supuso que sólo un hombre enamorado hasta la médula puede sonreir así- Lotta? Dile a Fuen que prepare las habitaciones de atrás y que Pedro vaya a las señas que te envié…

-Muy bien…estáis bien?- La voz enlatada de Lotta no dejaba de ser dulce, Román se ríe.

-Hemos sobrevivido- Lotta suelta una carcajada

-Estamos llegando, amor-

-Ya se lo digo- Cuelgan.

-Muchas Gracias

-No digas tonterías

-Y tu no tienes nada que ver- Su hermano Hugo siempre empezaba las conversaciones desde un punto del que nadie sabía origen, ella optó por una respuesta negativa, si algo había aprendido en ese corto espacio de tiempo era que era más fácil convertir una negación en afirmación, que lo contrario- Me llamaron ayer y empiezo mañana, no sé cómo se lo tomará Bernardo, pero Gallagher es Gallagher….

-Quién es Gallagher?

-El marchante, la galería… tú en qué mundo vives?- Ella optó por no contestar- Y por eso te quería preguntar…no vaya a ser que te meta yo en un embrollo…

-No, no creo…- Y apuntó en un papel que tenía que preguntárselo a Montatanto.

-Ya pregunté y puedo ir normal….

-Normal

-Nada de trajes o eso

-Mejor, créeme..

-Paso un día y te cuento…pero eres Kissinger sister, no hay quién te localice!

-La próxima vez llamas a Román…

-Ay pues es verdad…bueno, hasta más ver u oir, dale un beso a mi sobri..

-Será dado…y enhorabuena a los premiados!- Hugo soltó una carcajada y ambos colgaron, ella le envió un mensaje a Montatanto, que respondió con un emoticono sonriente, ella correspondió con un Gif de Dory parpandeando. Después volvió a sumergirse en el boceto del discurso que debía dar esa tarde en la sede de la Asociación Provincial de Amas de Casa. Se preguntó con qué cara iba ella a presentarse ante aquellas mujeres, si hacía semanas que sólo iba a una, que ni siquiera era la suya, a dormir y veía a su hijo a través de los videos que le enviaba Román varias veces al día, de pronto tuvo ganas de llorar. Pero no pudo. La puerta de su despacho en la nueva sede del partido se abrió, sin que ella hubiera dado permiso para hacerlo, dando paso a un exultante Alfonso, que entró dando una sonora palmada que la hizo dar un respingo.

-Ministerio!

-….

-Tenemos Ministerio

-Alfonso, no sé de qué me estás hablando…

Tres miembros del partido entraron entonces, dando también palmas, ella se incorporó sin saber qué era lo que se suponía que tenía que hacer.

-Te puedo seguir llamando de TU, Señora Ministra?- Ella se tuvo que apoyar en la mesa, por una fracción de segundo, le había dado la impresión de que el despacho, con todos ellos dentro iba a comenzar a girar. Los otros se acercaron a ella y se turnaron en besos y abrazos, uno salió corriendo en busca de champán.

-El Ministerio de Asuntos Sociales es nuestro!- Y la voz de Alfonso le sonó como la de alguien que acabase de ganar el Gordo de la lotería, ella alcanzó a sentarse en su silla, temiendo que la habitación amenazase con girar otra vez.

-Alfonso…

-Pero alégrate mujer, que parece que te hubiesen condenado a la horca!

-Alfonso…yo no puedo ser ministra…yo…es mucho para mí…- Se habían quedado solos, los otros se habían marchado en busca de los demás integrantes para brindar, Alfonso acercó una silla a ella y se sentó, sin rastro de sonrisa alguna en su rostro, levantándole suavemente la barbilla con el dedo.

-Por supuesto que puedes, Isolda. No nos querrás aguar la fiesta…- Ella alcanzó a mirarle, pero no le reconoció, como temía también ,llegado el momento, no reconocerse a sí misma. Y quiso llorar otra vez, pero el despacho se llenó de gente blandiendo botellas de champán y cantos propios de estadios de fútbol tras la victoria de un campeonato.

Y se fue. Cogió su bolso y se fue corriendo. Cuando llegó a la calle, se sorprendió a si misma huyendo sin saber a dónde. Se paró y trató de respirar con normalidad. Al paso de un taxi, le hizo seña y se subió.

En Decathlon esa semana estaba dedicada a „Valles y Montañas“ y a todas las actividades deportivas que se pudiesen realizar en ambos parajes. Ella entró por la puerta principal haciendo caso omiso de los comentarios que escuchó a su alrededor de aquellos que la reconocieron, a paso firme y rápido se dirigió a la zona de deportes acuáticos. Román se encontraba en ese momento reponiendo gafas de natación, que dejó caer al suelo sin dar crédito cuando la vio. Ella se acercó a él y le cogió de la mano sin mencionar palabra, para después casi a la carrera buscar un lugar en el que poder hablar con tranquilidad, encontrándolo dentro de una tienda de campaña de tres espacios, a la que cerró la cremallera de acceso al interior tras si.

-Algo con Ruy…

-No

-Te han echado…

-No

-Quieres comprarte una tienda de campaña…

-Román, por favor, esto es serio….me han hecho ministra..- Él escondió el rostro entre las manos, ella negó con la cabeza.-Yo renuncio…

-Estás loca?

-Todo va muy rápido, Román, y no doy, no doy…

-Claro que puedes…

-No sin ti…

-….

-Puedo si estamos juntos en esto, necesito que seas mi „No te preocupes, ya lo hago yo“- Él le regaló media sonrisa, y su voz rota pulsó el interruptor de la calma.

-Acaso no lo soy ya?- Un rumor de voces se acercó entonces a la tienda, algún flash, el móvil de ella empezó a recibir whatsapps ininterrumpidamente, el de él vibraba y sonaba sin tregua. Ella le cogió la mano, el carraspeó y entrelazó los dedos de ella con los suyos, se miraron un instante y él subió la cremallera de la tienda.

A tenor de la inesperada visita de la Ministra de Asuntos Sociales, Isolda Lindero López, a la flilial de Decathlon esta mañana, hemos de informar de la intención de su Ministerio de surtir de tiendas de campaña tipo JumpLake 4 a todo aquel colectivo que se vea afectado por la pérdida súbita de vivienda, bien por catástrofe natural bien por accidentes ajenos a su voluntad. La Sra. Ministra se complacerá en dar una rueda de prensa al respecto, que se anunciará en los próximos dias.“

Agencia Montatanto

Contradanza

Nada más llegar le vi. Allí estaba, arrimado a la puerta de la cocina charlando con la anfitriona de la fiesta. Cuando me acerqué a saludarles y entregarle a ella el vino que había traido, él se adelantó a darme dos besos, tras sonreirme con esa sonrisa característica de los que al fin ven a la persona que estaban esperando. Yo también sonreí.

Entonces empezamos a jugar nuestro juego favorito. Las reglas son sencillas, pero se han de tener nociones de estrategia y oportunidad. Como en la bolsa.

Si él está hablando con un grupo de personas, se ha de pasar de largo y sonreír a modo de saludo a cualquiera de los presentes, pero no a él, para acto seguido desaparecer en una de las habitaciones habilitadas como sala de música. Al cabo de unos minutos, él se presentará también en la habitación, haciendo como que pasaba por allí. Yo no le hago caso, aunque he notado su presencia, y sigo bailando. Llegado un momento abandono en cuarto de la música y, al salir, le comento algo sobre la canción que suena, él asiente con la cabeza y yo me voy a la cocina.

La cocina es una espacio reducido, en el que a manera de “Camarote de los Hermanos Marx” se amontona un número considerable de invitados. Yo me sumerjo en la marea humana, en busca de una cerveza fría. Cuando emerjo, sin haber cumplido mi objetivo, una mano se tiende hacia mi con una botella de cerveza helada. Yo río y él silba la canción del momento. Luego desaparece en la marea. Pero ambos sabemos nadar.

El juego continúa entonces a la inversa, en tanto que yo le busco, haciendo que paso ,como quien no quiere la cosa, por todas las habitaciones que conforman el apartamento. No le encuentro, y me arrimo a la puerta de la sala de música. Él se arrima a mi lado. Interrumpimos el paso. No nos importa. Silencio. Le apunto que la canción que suena pertenece a “Cotton Club”. Él tamborilea la melodía con los dedos en el marco de la puerta. Alguien sube más el volumen, y él me dice al oído que tiene ese solo de clarinete en CD. Comenzamos una conversación como quien comienza a asfaltar una calle. Midiendo el espacio y el tiempo.

Entonces nos sorprende la marea de la cocina, y nos arrastra a dentro de la habitación a bailar un éxito de los ochenta. Le pierdo definitivamente.

Más tarde me cruzo con su novia por el pasillo. Hablamos del tiempo.