Harley

Stripped-down, hot rod style on an easy-handling frame that lets you roll with the confidence of three wheels. „

-Entonces „ A vida cuenta“ después es „de que“ o sólo „que“- La pregunta de Revuelta devolvió a Gonzalo Mendieta de nuevo al despacho, por tercera vez en la última hora, se frotó los ojos con las palmas de las manos.

-„Habida cuenta de“, después puedes poner o no „que“, pero no puedes obviar el „de“- Revuelta asintió con la cabeza y continuó escribiendo el informe, del que después le enviaría una copia y el corregiría, a sabiendas de que ,de lo contrario, no sería legible. Se preguntaba a menudo cómo había sido capaz de superar las pruebas de Lengua en la Academia, en su época aún quitaban puntos por falta de acento. Decidió no romperse la cabeza. El corregiría el informe y Santas Pascuas.

-Es lo del burro?- Se lo preguntó mientras se incorporaba y se dirigía a la ventana, iba a ser un día de mucho calor otra vez, y sin atisbos de brisa, al menos donde ellos se encontraban, bajando a la costa se notaba la brisa del mar, que aliviaba un poco la humedad del calor.

-Tiene nombre, se llama Torcuata, y es una burra- Gonzalo se mesó el cabello y se volvió dispuesto a ir a hacerse un café a la sala de reuniones.

-Es “susodicho” o “subsodicho”?- Gonzalo carraspeó y se ajustó un poco la corbata.

-Tu escribe con calma, ya lo corrijo después- Y abandonó el despacho, dejando a Revuelta con sus gramática descomplicada.

No había mucho movimiento en el Puesto, el verano aún acababa de empezar, con lo que todavía tenían una rutina tranquila. Desencuentros de tráfico, pagos de multas, y algún permiso de quema. Se preparó el café y volvió al despacho. Revuelta no estaba, así que sacó del cajón de su mesa una carpeta de cartón que en algún momento había sido verde, y ahora era gris. En letras mayúsculas de imprenta un nombre : TRISTÁN MOHEDANO FRÍAS.

El caso llevaba cerrado veinte años, pero el le dedicaba desde entonces una parte del tiempo que tenía libre. Releía los informes, revisaba las fotos, las entrevistas a los testigos. Nada. El mismo callejón sin salida. Tristán Mohedano Frías, dieciocho años, su cadáver se encuentra un día después de que sus padres denunciasen su desaparición. Decúbito supino, fractura múltiple de extremidades inferiores, fractura múltiple de extremidad superior izquierda, traumatismo craneoencefálico severo. Está tendido sobre una roca en un terraplén de la carretera de la costa, su moto, una Vespino modelo Velofax color rojo, al fondo del mismo terraplén. No hay señales de frenada. Ni se encontró testigo alguno del accidente. En aquel momento se llegó a la conclusión de que Tristán, de vuelta de una noche de fiesta, había cogido la curva demasiado rápido, y se había salido de la carretera. Pero para él, ya entonces, las cosas habían sucedido de otra manera. La posición del cuerpo, dónde había quedado tirada la moto, su estado y sobre todo las leyes de la física hacían imposible la versión oficial, ya que, si Tristán volvía de una fiesta, eso significaría que en ese momento se encontraba ascendiendo la pronunciada curva, no descendiéndola, ya que su casa se encontraba sólo tres kilómetros más arriba, lo que hacía imposible que hubiera superado límite de velocidad alguno y acabase tirado en el terraplén. Para su versión, era necesaria la presencia de un vehículo, que hubiera chocado contra Tristán al invadir su carril y cuyo conductor hubiese apartado después el cuerpo y la moto para evitar verse involucrado. Su interés por el caso se vio fomentado por el hecho de que la autopsia había revelado que las heridas que había sufrido el chico en el accidente no eran mortales, la muerte le sobrevino por una parada cardiorespiratoria posterior, lo que daba luz a su teoría del traslado del cuerpo al terraplén y posterior abandono. El caso se cerró sin que él, un novato que acababa de empezar, pudiera dar peso a su versión.

Decidió entonces continuar la investigación por su cuenta, y la ayuda le vino de manos de otro novato, Reynaldo Novoa, recién salido de la facultad de medicina y haciendo sus primeros pinitos como ayudante del forense del Anatómico de la isla. Reynaldo había encontrado restos de piel bajo las uñas de Tristán, lo que hacía suponer que se había aferrado a una persona, además de otro tipo de sangre distinto al del chico en sus ropas. Por aquel entonces todavía no eran posibles los cotejos de ADN, llegarían más tarde, pero Reynaldo guardó las pruebas por si en un futuro pudieran arrojar luz sobre el caso. Si ocurría algún accidente en el que se veían implicados habitantes de la isla, por rutina hacía un cotejo con las pruebas por si alguna vez pudiera coincidir. Él por su parte había tomado muestras de restos de pintura blanca en el lateral izquierdo de la destrozada moto del chico, una arena más en el mar de incógnitas del caso, ya que si había algo que sobraba en la isla eran coches blancos.

Aún recordaba los gritos de la madre del chico, Mireia Frías, y la sensación de impotencia que sintieron el teniente Doval y él cuando le comunicaron a la familia el cierre del caso. Tristán Mohedano Frías le miraba siempre desde las fotos del informe, los ojos claros fijos y sin vida, en un rostro ensangrentado pero sin mueca de ningún tipo, tranquilo, como si se hubiera tendido allí a observar las estrellas. Los rastros de sangre en las mejillas se veían surcados por rastros más claros. Reynaldo le había confirmado que eran lágrimas.

-Para poner castillos hinchables somos nosotros o los del centro- La consulta de Revuelta le hizo cerrar el informe y volver del viaje que siempre emprendía al abrirlo. Se preguntó quién tendría el humor de ponerse a hinchar un castillo con el calor que iba a hacer.

Cuando acabó el turno, se cambió de ropa y bajó hasta la ciudad en Vespa. Siempre se había movido en moto, incluso cuando aún estaba destinado en el Norte. Sus compañeros no entendían por qué no tenía un coche, y solían decirle que él era lo más parecido a un blanco móvil, en su Vespa azul, llevando casco rojo.

En realidad su moto ideal era una Harley-Davidson, solía visitar con frecuencia la página web para leer la descripción de los distintos modelos y sus partes, y estaba abonado al catálogo anual con todas las novedades. Pero por ahora se conformaba con su Vespa azul, que le permitía moverse con soltura por las intrincadas calles estrechas de aquella ciudad incrustada en la costa, de callejones empedrados y sembrada de señales de prohibido el paso. Al poco de llegar a la isla se había comprado un apartamento de dos habitaciones en la zona alta de la parte antigua, entonces lo habían acabado de reformar y desde el balcón del salón podía ver el mar, al que debía ver todos los días para que su mundo estuviese en orden.

Se preparó una pizza congelada “Cuatro Estaciones” y eligió en su servidor de televisión un capítulo de las experiencias de un arquitecto inglés que ayudaba a gente a remodelar su casa, él mismo era un manitas y le gustaba ver lo que se podía llegar a hacer con una martillo y cuatro puntas, aún a sabiendas de que se quedaría dormido antes de ver terminada la obra.

Por la mañana, nada más cruzar la puerta de entrada al Puesto para comenzar su turno, le recibieron los gritos de una discusión acalorada entre dos grupos de gente, unos vestidos con bañador y los otros en aras de combatir el calor pero sin intención de acercarse al agua en absoluto. Revuelta y Mayo, entre ambas partes, trataban de mantenerlos separados y que el conflicto no escalase.

-Los de la izquierda han vaciado la piscina en la propiedad de los de la derecha- Explicó Mayo, consultando sus notas, siempre llevaba una libreta mínima consigo y apuntaba todos y cada uno de los detalles del caso que le ocupara, muchas veces había estado tentado a preguntarle cuántos cientos de libretas mínimas atesoraba en su despacho, pero esta vez tampoco se lo preguntó. Una vez se hubo cambiado, se unió a mediar en el asunto, y, como ya esperaba, tuvo que trasladarse con Revuelta a las propiedades para hacer una inspección in situ del problema.

A Revuelta lo que se encontraron le recordó las inundaciones de la Gota Fría, él había ido mentalmente más lejos, al Tsunami en Japón. Los dueños de la vivienda afectada proferían las peores amenazas contra los causantes de los desperfectos, y aquellos, en lo alto de su muro de contención, vigilados de cerca por Mayo y Corretja, les respondían con similares improperios.

-Hombre, cómo reaccionarías tu si te echan veinte mil litros de agua en tu salón, no?Yo les entiendo- Coligió Revuelta al tiempo que levantaba con las manos enguantadas lo que parecía una jaula de pájaros vacía. Tenía razón, no tenía ni idea de cómo reaccionaría ante un Tsunami en su salón, pero sabía que había llegado la hora de llamar a Huberto, el de atestados. Éste apareció una hora después con su equipo,y ambas propiedades se convirtieron en lo más parecido a un escenario bélico, teniendo que llamar a los colegas de la Nacional.

Por la tarde desapareció un perro de nombre Blas, con dos eses, dos ciclomotores sin casco, dos holandeses sin frenos en su caravana, y dos campistas ilegales en el jardín de unos ingleses. Daban las nueve cuando dio por terminado el informe de las piscinas, Mayo se ocuparía de la caravana y los campistas y Revuelta del perro, continuando en su línea de protección animal, se lo hizo saber, y Revuelta le contestó con una falsa carcajada, si bien le admitió que a veces se entendía mejor con los animales que con las personas, él se abstuvo de contestarle y le dejó con el informe.

En lugar de bajar a la ciudad, decidió subir por la carretera de la costa para liberar un poco la cabeza. El sol ya estaba bajando, y poco a poco se levantaba la brisa, deshilando el calor y la humedad. Cuando llegó a la altura donde se encontraba la que había sido la casa de Tristán Mohedano automáticamente alzó la vista, cerrada desde poco después del accidente, encallada en la falda de la colina, una magnífica villa en varias alturas expuesta al mar. Vio la luz y frenó sin pensar, perdiendo casi el equilibrio. Avanzó lentamente para asegurarse de que no era un reflejo del sol ya casi retirado,y pudo confirmar la existencia de una ventana iluminada.

Aparcó la moto junto a los antiguos garajes,y, casco en mano, emprendió la subida a la casa por las empinadas escaleras de piedra. La última vez que lo había hecho había ido con Manuel Doval para confirmar el cierre de la investigación, les habían recibido tres perros pastor alemán, los únicos que se habían alegrado de su visita.

Una mujer joven le abrió la puerta, por un instante le pareció reconocer a Mireia Frías, la madre de Tristán, pero la mujer ante él era demasiado joven como para ser Mireia, y tenía el pelo más oscuro en una melena lisa que le caía lacia hasta los hombros. Llevaba un top gris y unos pantalones cortos vaqueros, estaba descalza y blandía en la mano una cuchara de madera. Los dos se miraron sin poder ocultar una mezcla de sorpresa y curiosidad.

-Buenas Noches, yo…perdona, vi la luz en las ventanas y como lleva vacía años, pensé que…

-Pensaste que la habían tomado los okupas- Acabó ella su frase, Gonzalo sonrió y quiso explicarse, pero la risa de ella se lo impidió- Soy Laia, Laia Mohedano, perdona, quieres entrar? Es que tengo algo al fuego- Y desapareció a paso vivo en el interior de la casa, Gonzalo se atrevió a sobrepasar el umbral. La amplia entrada de baldosas de cerámica anaranjada le recibió como entonces. Todo seguía igual. Sólo faltaban los perros. La voz de Laia le llamó desde la cocina.

-Quieres comer algo? No lo he cocinado yo, no te preocupes, lo he comprado para llevar y lo estoy recalentando, como ves soy toda una gourmet- Se lo explicaba revolviendo lo que parecía una porción doble de Arroz Tres Delicias en una sartén, Gonzalo permanecía en la puerta inseguro de querer entrar- Seguro que piensas que soy una desaprensiva, dejando entrar a un desconocido, pero…dime la verdad, qué malo malísimo va a subir esa carretera hasta aquí por la noche y después tragarse esos ochenta escalones?- Gonzalo le dio la razón asintiendo con la cabeza.

-Yo soy de los buenos, quiero decir, yo soy guardia civil, me llamo Gonzalo Mendieta, yo..- De pronto le pareció poder sólo expresarse con la primera persona singular, Laia cesó un instante de revolver el arroz, para continuar de inmediato, recuperando la sonrisa.

-Guardia Civil? Entonces tendréis ahora mucho trabajo con todo ese gentío, no?.- Y abriendo una de las alacenas, sacó dos platos, Gonzalo se encogió de hombros.

-Todo bajo control.- Ella le dedicó una mirada fugaz, tenía los ojos oscuros, su madre Mireia los había tenido claros, como su hijo.-Creo que me voy a ir, yo..- Otra vez la primera persona singular, pensó en Revuelta y su gramática descomplicada. Laia negó con la cabeza chasqueando la lengua al tiempo.

-Has subido esa carretera y te has tragado esos ochenta escalones, te has ganado la cena.- Se lo decía mientras ponía los dos platos y los cubiertos sobre la mesa de la cocina, de madera maciza, larga y rodeada de ocho sillas del mismo material. Gonzalo se sentó en una de ellas, mientras ella ponía la sartén sobre el salvamanteles.

-Está bueno, de dónde es?.- Preguntó tras el primer bocado, Laia cortó un trozo de pan.

-Es de un chino que hay según sales del ayuntamiento a la derecha.- Explicó, Gonzalo le sirvió vino, él a si mismo agua.

-Es que tengo que volver con la moto.- Quiso explicarse, Laia soltó una carcajada.

-Si no tendrías que hacerte el control a ti mismo, qué mal no?.- Gonzalo no pudo sino secundarla en la risa con sólo imaginárselo.

-Te vas a quedar? Quiero decir, estás aquí sólo un tiempo?.- Laia negó con la cabeza, separando los guisantes con el tenedor.

-He venido a deshacer la casa, la quiero vender.- Y el silencio se instaló entre ellos entonces, casi incómodo. Gonzalo bebió un trago de agua.

-Es una zona muy buscada, tendrá muchos admiradores.- Laia buscó sonreír pero no lo consiguió.

-Tu sabes la historia, verdad?.- Y su mirada oscura buscó la suya, lejos de toda broma, Gonzalo asintió y Laia se sirvió un poco más de vino.

-Entonces yo era el segundo de Manuel Doval, nosotros…

-Te recuerdo. Cuando dijiste que eras guardia civil supe de qué te conocía.

-Siento si te he hecho recordar.- Se disculpó, Laia le dedicó una media sonrisa, aunque sus ojos seguían nublados.

-No hago más que recordar desde que puse pie en la isla, y esta casa no alivia la situación.- Y se llevó a la boca un tenedor lleno de arroz, Gonzalo la imitó.- Pero no he perdido el apetito.- Bromeó sirviéndole una cucharada más, Gonzalo iba a protestar, pero ella chasqueó la lengua de nuevo.- Todo bajo control, pero el mío.- Y sus ojos brillaron de nuevo, disipando la niebla de antes.

Le llamó dos días después, él había acertado a darle su número de móvil por si necesitara ayuda en algo,y ella había correspondido dándole el suyo por si alguna vez volvía a subir por la carretera de la costa y le apetecía comer arroz chino. Necesitaba un fontanero y un electricista, después de tantos años cerrada algunos grifos se negaban a funcionar, al igual que la lavadora y enchufes varios. Se ofreció a ayudarla, anunciando su visita para aquella misma tarde.

La encontró en la parte de atrás, dentro de la piscina, ahora vacía, barriendo hojas.

-Vas a llenarla?.- Preguntó como saludo, Laia negó con la cabeza y se dirigió a la escalera.

-Prefiero la cala, mi madre era más de piscinas, nosotros más de mar.- Explicó dejando el rastrillo contra la pared, Gonzalo supo a qué se refería, pero no dijo nada.

-He traído arroz.- Y le mostró la bolsa con el pedido del chino, Laia rió y dio una palmada, invitándole a entrar.

-Nos fuimos aquel octubre, nos era imposible estar aquí sin él, Tristán no era sólo mi hermano mayor, era mi mejor amigo, y en esta casa había demasiados recuerdos, y los sigue habiendo.- Explicó mientras servía los platos, Gonzalo se fijó en la pulsera de colgantitos de coral, la última vez no la llevaba, Laia la hizo sonar al notar su curiosidad.-La encontré en el cuarto de mis padres, detrás de un mueble, se debió de colar.- Y volvió a hacerla sonar, sonriendo al tintineo.

-Pero tu padre tenía aquí su estudio de arquitectura.- Laia le sirvió dos cucharadas más de arroz.

-Le vendió su parte a su socio, él sobrevivió cuatro años a mi hermano, empezó por olvidar cosas y acabó en una especie de demencia senil sin tener ni edad para nombrarle en la misma frase con tal término-Hizo una pausa rozando el borde de su vaso con los dedos.- Mamá se fue apagando como una vela, se suele decir que una persona se puede morir de pena, pues eso exactamente le pasó a mamá, se dejó morir de pena.- Y comenzó a separar los guisantes del arroz con el tenedor como era su costumbre ante recuerdos inoportunos, Gonzalo lo había observado e intentó cambiar de tema.

-Y tu? Sigues por Barcelona?.- Preguntó sirviéndose agua, Laia suspiró y negó con la cabeza.

-Estocolmo, seguí los pasos de mi padre y soy arquitecto, para deshacer esto me he tomado vacaciones que tenía atrasadas, después ya veré, el frío ya me cansa.-Y le sonrió tomando un trozo de pan.- Uno de San Sebastián en una isla, cómo se entiende eso?.- Gonzalo rió su ocurrencia, como se hubiera reído con cualquier otra cosa que hubiera podido decir, al darse cuenta carraspeó, tratando de no resultar tan obvio.

-Salí de la academia y estuve un año por allá, pero en cuanto pude pedí cambio de destino, me surgió este y aquí sigo, hay a quien no le gustan las islas, pero tienen su encanto.- Y Laia pareció darle la razón a medias mientras bebía otro trago de vino.

Dos Arroces Tres Delicias, tres enchufes, una lavadora y dos tuberías más tarde, él la recogía con la Vespa y bajaban a la cala cercana a darse ambos el primer baño del día, o bajaban hasta la ciudad a cenar algo, o empaquetaban juntos lo que parecían ser cientos de platos y vasos que encontraban en los numerosos aparadores de la casa.

Ese toro enamorado de la luna/que abandona a medianoche la maná/ es pintado de amapola y aceituna/y le puso Campanero el mayoral….”

Gonzalo la hizo girar sobre si misma, para luego tomarla por el talle y llevarla con paso experto entre otras parejas danzantes por la pequeña plaza donde tenía lugar la improvisada verbena. Laia trataba de no pisarle y su risa se abría paso entre los acordes de la música.

-Hacía años que no escuchaba esta canción.- Le gritó al oído, Gonzalo la afianzo imperceptiblemente un poco más contra si.

-Y yo que no bailaba agarrado.- Le confesó también al oído, encontrándose entonces los dos y olvidándose de la verbena, y del toro y sus abanicos de colores.

La cala se convirtió en su lugar de encuentro, cuando el acababa su turno subía hasta allí y juntos disfrutaban de la caída de la tarde, para después repartir el tiempo entre deshacer la casa de ella y bajar hasta el apartamento de él, lejos de los enjambres de turistas que ya abarrotaban la isla.

-Si es como tu dices, por qué? Por qué dejarle así?

-No lo sé. Y créeme que llevo todo este tiempo preguntándomelo.

-Me lo dirás si lo descubres?

-La primera.

-Tienes el pelo un poco largo.

-Tu también.

-Ven aquí.

Su teléfono fijo, el de servicio y su móvil personal sonaron a la vez, como una suerte de alarma disonante e insistente, que les despertó a ambos a deshora. Gonzalo alcanzó el fijo aún a oscuras, y tras dos monosílabos salió de la cama.

-Qué ha pasado?- Preguntó la voz de ella desde la oscuridad, él buscó en el armario un uniforme limpio y acercándose a ella la besó en la frente.

-Una catástrofe. Pero sigue durmiendo, yo me ocupo.- Y se fue, dejándola un tanto confundida, al tiempo que la ciudad parecía llenarse de sirenas que acabaron por romper la noche.

Los tres días que siguieron, Gonzalo los recordaría después como los tres días más largos de su carrera, tres días sin noches, de cuerpos calcinados, gritos, hospitales, humo, órdenes, contraórdenes, la desesperación de los supervivientes en el puerto, sacos con los muertos,el goteo de familiares, toma de declaraciones e identificaciones.

De los tres veleros de recreo, no quedaron más que restos calcinados y cenizas sobre un mar de plato. Y demasiadas preguntas. La isla se llenó de periodistas, llegaron mandos de tierra firme, embajadores y cónsules, incluso el servicio secreto,del que siempre había oído hablar y había dudado que existiera. Y después de tres días, con sus noches, pudo volver a casa a librarse con una ducha del olor a humo, hospital y muerte. Y dormir.

Sin embrago, el zumbido de su móvil le arrancó del sueño profundo en el que había logrado sumirse, sin lograr abrir los ojos ni cambiar de postura lo alcanzó con la mano y contestó con lo que a él le pareció una especie de gruñido, incapaz de encontrar su voz.

-Tenemos un “match”- Lo que escuchó de boca de Reynaldo le hizo incorporarse de una vez, por un momento pensó que aquello formaba parte de su sueño y se pasó la mano libre por el rostro para despejarse un poco más.- Te espero aquí.- Y volvió a colgar.

Gonzalo saltó de la cama y en su carrera alcanzó a coger un pantalón y una camiseta, antes de abandonar su apartamento y bajar las escaleras de tres en tres.

-Joan Cambrils, el chico dijo en casa que se iba unos días “por ahí”, y no han tenido más noticias, a la vista de lo ocurrido se han presentado aquí los padres.

-Cambrils?Los Cambrils de “mírame y no me toques”?

-Esos mismos, aunque ahora están con los del equipo de psicólogos, de “mirame y no me toques” nada de nada.

-Uno de los dos fue entonces.

-Ella. Las marquitas no mienten. Sara Cambrils.- Y le pasó dos hojas de papel con puntos en gamas de color, en una las pruebas de Tristán, en la otra Sara Cambrils.

Permanecieron los dos en silencio por un instante, para luego buscar asiento cada uno en una silla del reducido habitáculo que era la oficina de Reynaldo.

-No sé si tenemos que brindar con champán o echarnos a llorar.- Acertó a decir Reynaldo sacándose las gafas y apretándose el puente de la nariz, Gonzalo pareció asentir sin apartar su mirada de las dos hojas que tenía en la mano.

-Supongo que este es nuestro momento “Y ahora qué?”.- Musitó dejando los papeles sobre la mesa, Reynaldo se mesó el poco pelo que aún tenía con las manos y se recostó en la silla entrelazándolas en la nuca.

-Ahora ya tienes el quién, cómo y dónde, a mi me interesaría saber el por qué.- Gonzalo sopesó las palabras de Reynaldo, y pensó en Laia y en lo que habían hablado. En ocasiones se dice que tres son multitud, en ese momento a él le pareció que tres personas detrás de un por qué lo eran casi, y Tristán llevaba demasiados años metido en el cajón de su mesa.

-Cuando todo esto acabe, te invito a una mariscada.- Dijo acercándose a la puerta, Reynaldo levantó las cejas.

-Esto acaba de empezar, amigo mío, sólo acaba de empezar.- Y parpadeó lento tras sus gafas de miope, despidiendo a su amigo con un cansado gesto de cabeza.

No le resultó complicado dar con el Renault 505 blanco, los Cambrils lo habían matriculado dos años antes del accidente para uso del servicio, y vendido para chatarra en el septiembre inmediato al siniestro. Ahora ya encajaban las piezas del puzzle, sólo necesitaba saber qué hacía Sara Cambrils hacía veinte años, entonces ya madre de tres hijos, a altas horas de la madrugada por la carretera de la costa, en el extremo opuesto a su lugar habitual de residencia, con un coche del servicio.

Sara Cambrils le recibió en una salita en penumbra, después de convencer a varios miembros de la familia de que se trataba de un simple trámite para el que necesitaba estar a solas con ella. Estaba sentada en un sillón orejero junto a la ventana, vestida con lo que a él le pareció un vestido camisero, descalza y con los ojos cerrados, medio escondidos tras la mano con la que se los tapaba. El iba de civil, lo que quería tratar con ella no tenía ya que ver con uniforme alguno, había traído únicamente el papel que probaba que la pintura del coche era idéntica a la pintura encontrada en la moto de Tristán. Y una sola pregunta.

-El 24 de julio hará veinte años que usted sufrió un accidente con un renault 505 blanco, en la carretera de la costa.- Sara Cambrils separó por un instante la mano de sus ojos, pero continuó en silencio, sin siquiera moverse, él, de pie frente a ella no había querido sentarse, no iba a necesitar demasiado tiempo.- A consecuencia del choque, Tristán Mohedano Frías resultó gravemente herido y usted con alguna herida sangrante, a tenor de las pruebas periciales.- Sara Cambrils separó la mano del rostro entonces y pareció mirarle desde la penumbra, aún en silencio.- Usted abandonó a Tristán Mohedano a su suerte y tiró la moto por el desmonte.

-Ahora es tarde.- Y la voz de Sara Cambrils se le ocurrió rota y casi un gemido.

-Nunca es tarde para un por qué.- Sara Cambrils entrelazó las manos y dirigió su mirada inflamada de llanto hacia la ventana.

-Yo venía de verme con alguien…llámele amigo, llámele amante, ahora ya no importa, se me había hecho muy tarde e iba tan rápido como el coche podía dar.- Se pasó una mano por el rostro borrando las lágrimas que caían sobre sus mejillas ya húmedas.- Supongo que corté la curva y me lo llevé, sólo me acuerdo del golpe…yo me golpeé con algo en la frente, el resto lo ha resumido usted bien. Hubiera supuesto un auténtico escándalo y el fin de mi vida tal como era, no podía arriesgar nada.- Y se mesó el cabello despeinado sin mirarle, Gonzalo sin embargo no podía apartar sus ojos de ella, sintiendo la impotencia de años creciendo en él, incapaz casi de contenerla.- Ahora ya no importa. El chico está muerto y míreme a mi.- Gonzalo dejó la copia del informe sobre una mesa baja y se dispuso a salir, pero Sara Cambrils le detuvo.- Yo nunca he hablado con usted de este asunto, le ha quedado claro?.- Gonzalo se fue sin contestar cerrando la puerta tras si.

Encontró a Laia en el comedor, ante varios aparadores repletos, armada con un rollo grande de cinta americana se disponía a precintar una caja de cartón con el cartel “manteles”.

-Te noto nervioso.- Comentó abriendo un cajón grande, Gonzalo negó con la cabeza e hizo un gesto desvaido con la mano para quitar importancia a su intranquila presencia.

-Si he dormido dos horas en los últimos cuatro días han sido muchas…nada más.- E intentó sonreír sin conseguirlo, Laia pareció creerle y dio forma a otra caja de cartón dispuesta a llenarla con correas de perros.

-Tu crees que la protectora las querrá? Ya no tengo perro.- Se lo preguntó sosteniéndolas en las manos como si no supiera para qué podían servir, y Gonzalo no pudo más que acercarse a ella y abrazarla, ella le secundó apoyando la cabeza contra su pecho.- Podemos ir a la cala, si quieres.- Él asintió sin relajar el abrazo, al tiempo que le acariciaba la cabeza.

Le contó todo ya lejos de la orilla, en lo profundo, sin firme bajo los pies, sólo sostenidos por su inmensidad, el único lugar en el que sabía que Laia y él podrían afrontar juntos la verdad. El no la dejó hundirse, y ella gritó su rabia al mar, a su infinidad, a su oscuridad. Para que no pudiese volver.

– Y a dónde quieres ir?

-A Telluride, Colorado.

-Ruta 141 y 145

-Pero contigo

-Para interpretar los mapas

-Claro

-Freewheeler. Necesitaremos una Freewheeler.

-Como quieras. Pero antes he de hacer algo.

Ante la iglesia se había congregado una multitud de gente, y una fila de coches que parecía no tener fin. Gonzalo quiso retenerla manteniendo la mano de ella en la suya, pero Laia le miró desde lo profundo de la oscuridad de sus ojos, arrasados por un llanto de rabia y duelo de años que parecía no tener orillas. La dejó ir. Y la siguió con la mirada desde el centro del atrio atestado de gente, que a él le pareció estuviera desierto.

Laia guió sus pasos hasta Sara Cambrils, quien de riguroso luto, sombra de si misma y desmadejada de dolor, atendía a aquellos que se acercaban a darle el pésame. Cuando descubrió a Laia ante ella, su rostro inflamado de lágrimas se crispó levemente y sus labios se arrugaron en un rictus tenaz. Laia le mantuvo la mirada y dirigió el dedo indice de su mano derecha hacia el pecho de Sara, a la altura del corazón, clavándoselo levemente a través de la blusa.-Ahora ya estamos en paz.- Musitó de forma que sólo Sara la escuchó y mantuvo el dedo contra su corazón hasta que sintió cómo se rompía. Sólo entonces lo apartó.

Volvió sobre sus pasos hacia la mano tendida de Gonzalo, sin volverse, ni escuchar el grito casi animal que rompió el atrio tras ella.

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*Fantasmas

Un tiro en el corazón. Ni me enteré. Sólo paz. De repente. Fue raro. No levité, ni me vi desde arriba o cosas de esas de las películas. Yo estaba allí de pie, viéndolo todo y ellos no me veían a mi. Me fui. Me aburría. Además no me gusta ver sangre. Tanta. Aunque sea mía. Ahora sé que lo que Seldow me decía era cierto. Me quería de verdad. Y yo a él. Rompí la regla de oro. A su mujer no le hizo gracia. Y aquí estoy ahora. Muerta.

El la abandonó de todas formas cuando lo supo. Conociéndole, en cualquier momento viene a hacerme compañía . Mi madre montó el número por su cuenta, quemando todo aquello. Bien. Al menos su histeria natural ha llevado a algo productivo. La acompaño a veces, y ella lo sabe. Me habla y yo le contesto. Ahora podemos hablar sin discutir. Es raro. Dicen que se ha vuelto loca. Yo la tranquilizo, y le quito la idea de la cabeza. Mi padre nos deja tranquilas. Para no faltar a su costumbre. No le necesitamos.

Con lo de Segis no tengo nada que ver. Yo ni estaba allí. Se lo llevaron los otros. A mi me dejan en mi paz. Ya me iré. Me gusta pasear por las eras y rozar las espigas con los dedos.

Le espero.

Sé que vendrá.

Arcángel / Tres Veleros

ARCÁNGEL

Dar de comer al hambriento. Dar de beber al sediento. Posada al peregrino. No saben quién soy. Dan posada pero no saben quién soy. No mentirás. Mira mi niña, el mar, las olas, vienen y van. Él caminó sobre las aguas. Panes y peces. Y el Ángel visitó a Loth y le advirtió de lo que vendría. No mires atrás. No mires atrás. No saben quién soy. Mira mi niña los barquitos, los barquitos suben y bajan en el mar. No saben quién soy. Bienaventurados. Pobres de espíritu. También te gustaba bailar, mi niña preciosa. La más linda. Bailad, bailad. No saben quién soy. Bienaventurados. No matarás. No matarás. Eres mi vida y mi muerte, te lo juro compañero. El fuego eterno. Arderán en el fuego eterno. No saben quién soy. Mira mi niña. Tu también te reías. La risa de mi niña linda. Lloraréis lágrimas de sangre. Lágrimas de sangre. El Ángel les guió. No mires atrás. Pecado mortal. Es fácil. Muy fácil. No me ven. No me oyen. No saben quién soy. Mira las chispas mi amor. Mira las chispas. Ríe niña mía. Ríe. Mira las llamas. Fuegos fatuos. Son fuegos fatuos. El fuego purifica. Ceniza a la ceniza. No mires atrás. Llamas. Llamas del infierno. Bienaventurados. Arded. Fuegos fatuos. Arded.

Porque de ellos es el Reino de los Cielos.

TRES VELEROS

-Sagen Sie mir endlich mal, wo meine Freunde sind? Verdammt noch mal!Ich werd´ noch bescheuert!. Und ich habe Durst Leute. Durst?….Mannometer eh!.

– Y este también es danés ( Mayo coteja una lista escrita a mano. Niego con la cabeza)- Es alemán. Los daneses están en el tercero. Ya tienen intérprete. El de alemán está en el hospital con los otros…ayudando, se entiende-(Mayo asiente, suspira, apunta algo en la lista, mira al hombre sentado frente a nosotros. Dos piezas gris, recién duchado, pelo rubio aún húmedo, las manos vendadas. Nos mira alternativamente. Visiblemente enervado)

-Y cómo se llama?.- What´s your name? (El hombre gesticula con sus manos heridas. Le duelen. Se arrepiente de haberlas movido)

-Scheisse! Mann!…Jürgen Ströber (Mayo me mira, y luego al hombre, quien alza las cejas)- Jürgen Ströber?…J-U-E-R-R-G-E-N S-T-R-O-E-B-E-R (Vocaliza cada letra con exagerada dicción. Mayo escribe algo en la lista. Jur Gestrober, lo dice mecánicamente) Nein! JUUEEERGEN STROOEEBER (El hombre se enerva. Mayo asiente y se incorpora. Se va. Entrelazo los dedos de las manos)

-We will help you, don´t worry – Aclaro.( Jürgen Ströber se recuesta en la silla y asiente con la cabeza)

-May I have water, please? (Me voy a buscar una botella de agua mineral, un vaso y una pajita. Le sirvo el agua en el vaso.Con la pajita.)

-Danke, das ist nett (Jürgen Ströber sonríe. Yo también)

-If you need something else, please tell us- (Se lo digo antes de irme)

-Ich werd´ noch bescheuert….(Intenta llevarse las manos a la cabeza. Vuelve a arrepentirse)

(Alguien le ha dado ropa para cambiarse, y le ha dejado ducharse tras la revisión médica. Chándal de dos piezas gris, calcetines blancos, el pelo en media melena aún húmedo, un poco revuelto. Tiene el rostro demudado,no ha dormido desde que todo pasó. Serena dentro del nerviosismo).

Laura Campa Bello. 20 de Mayo 1983. Residí en Madrid hasta julio, después quería instalarme en las islas…pero ahora ya no lo sé. No. Yo no formaba parte del pasaje. Soy..era la cocinera. Pedro, Pedro Valle me contrató. Me quedé sin trabajo en Mayo, el restaurante donde trabajaba cerró…en realidad soy repostera (recoge un par de mechones de cabello tras las orejas. Baja la vista y nos mira. Ojos verdes cansados), pero no importa. Yo no tengo…tenía nada que ver con lo que Pedro y el pasaje hacían. Cada dos escalas comprábamos provisiones y preparábamos la comida en un restaurante local. Los barcos en si no tenían capacidad para cocinar para tanta gente. El desayuno era tipo bufet, comidas y cenas variaban según lo que encontraba en las escalas. Sí, había alcohol, también se cargaba en las escalas. Pero sólo se servía cuando se tenía que servir. Quiero decir…no andaban borrachos todo el día.

Yo estaba durmiendo. Sola. Quiero que conste que yo no formo parte del pasaje ni tengo nada que ver con lo que Pedro hace…hacía. Ya me entiendes, las fiestas y los cruceros. Yo soy sólo la cocinera. Ernesto, Ernesto Capdevila me sacó. Sólo sé que de repente alguien me sacó de mi catre de un tirón. Y era Ernesto (Parece sonreir, baja la vista. Nos mira. Recoge el pelo tras las orejas). Todo estaba lleno de humo. Tropecé con mucha gente. Salté por la borda (Se le llenan los ojos de lágrimas. Las contiene con el embés de los pulgares. Le ofrezco un pañuelo,que acepta).Creí que me ahogaba. Tanta gente. Había tanta gente. Sabe dónde está Ernesto?, le perdí.

Le conocí en el barco. Sí, él formaba parte del pasaje. Hoy era su última noche. No era su estilo. No le gustaba el plan. No sé. Ernesto es una persona muy seria (Nos mira y asiente con la cabeza. Como confirmándoselo a si misma. Vuelve a contener las lágrimas con los pulgares). Está bien?. Ernesto, me refiero. Ernesto Capdevila, no sé su segundo apellido.

No vi nunca drogas. Si alguien fumaba algo era cosa suya.

Las chicas (Mira al techo. Respira hondo. Menea la cabeza), las chicas. Eran parte de la idea de negocio supongo. Yo nunca quise saber cómo. Chicos también. Pero no sabría decirles quién era y quién no. Procuraba mantenerme al margen. Yo cocinaba, ellos comían. Punto.

Dinero?. Se movía mucho, sí, es increíble lo que puede llegar a gastar alguna gente (Mira al techo. Se peina la melena con los dedos).Yo sólo recibía mi sueldo, o espero recibirlo, no sé. La última vez que vi a Pedro fue ayer por la tarde. En el reparto de la cena. Rollitos de primavera de verdura con ensaladas variadas. Buscaba a Lidia. Lidia González, su socia. Yo también la busqué. Ni idea de dónde podía estar. Después ya no le volví a ver.

Querría agua. Si puede ser un vaso grande de agua. Sólo estoy cansada, muy cansada. (Dos lágrimas se le escapan. Corta el resto con los pulgares).

Ernesto Capdevila Heras de León. 10 de Enero de 1973. Resido en Londres. Phillip Wilkins me convenció. Tres veleros, me dijo. Mar sin fin, sin prisas y mucha diversión. Me lo creí. O quise creérmelo (Pelo muy corto. Casi al rape. No ha podido afeitarse. Ojos negros expresivos. Dos piezas gris, como el resto de los rescatados. Lleva la mano derecha vendada).

Trabajo en finanzas y acumulo mucho stress, pensé que quince días navegando al sol me vendrían bien. Me equivoqué. Yo quería tranquilidad, aquello era todo lo contrario. Daban cosas por supuestas que yo ni me planteaba (Gesticula con las manos. Parece no atreverse a explicarse mejor). Las segunda noche una chica se me metió en el catre. Así. Sin más. La invité a irse. De buenas maneras. Tan amigos. Me entiendes?. Yo no soy así. Tengo un problema de espalda y los catres me mataban. Acabé durmiendo en el suelo.

Laura era la única persona con la que se podía hablar. Una conversación normal, quiero decir. Con frases, verbos, y esas cosas (Sonríe cansado. Menea la cabeza). Laura Campa. Es la cocinera…en realidad es repostera, en fin. Está bien?…quiero decir..Sabes dónde está?. La perdí. Se soltó de mi mano (Se mira la mano vendada. Su mirada se nubla). Había tanta gente….Yo dormía cerca pero no con ella, quiero que conste, eramos una especie de carabina el uno del otro(Sonríe. La mirada aún nublada). Ella tampoco era parte del „show“ por así decirlo, y no quería que se le colase nadie. Ya me entiendes. Acabé ayudándola con las comidas y esas cosas. Laura es….Está bien?.

Las chicas? Las chicas eran espectaculares, no lo voy a negar. No había una fea. O con un „pero“ en el tipo. A todas les quedaba perfecto el bikini…quiero decir, es raro, no?. No a todas las tías les queda bien uno de esos. Siempre de buen humor. No sé.

Ellos?. También había „ellos“?. No lo sé. He de admitir que había un par de tios que te bajaban la moral (Se ríe, casi sin querer). Pero no sabría decirles.

Pedro Valle tiene ahora un problema, supongo. Le vi en la cena ayer…u hoy…como quieran ponerlo. Buscaba a alguien. Después…bueno. Ya saben.

Querría una café y una aspirina. Me va a estallar la cabeza. Estoy bien, solo me quemé la mano. La cabeza es, no sé, todo junto supongo. Y saber dónde está Laura Campa. Gracias. (Se pasa la mano sin venda por la cabeza, cierra los ojos y trata de respirar hondo).

-Ich will unbedingt wissen, wo meine Freunde sind….ich verlange nicht viel oder?Ich lauf´noch Amok hier….und ich brauch´was für die Schmerzen liebe Leut´…kann einfach net mehr…ist zu viel…(El intérprete me traduce que quiere saber de sus amigos y que está al límite de sus fuerzas. Consulto mis listas. Le pido que le pregunte los nombres)

-Sagen Sie mir die Namen Ihre Freunde bitte, und wir erkundigen uns dann mal. Ich habe übrigens Ihre Botschaft benachrichtigt. Sind Unterwegs. (El intérprete me pregunta si han llegado los de la embajada. Le digo que no. Jürgen Stroeber está muy nervioso)

-Elías Müller, Stephan Lindner und Marianne Bindner…die waren ganz hinten…ich weiß nicht wie ich es geschafft hab´….(Creo que Ströber va a hiperventilar, el intérprete me mira. Somos de la misma opinión)

-Ganz ruhig Jürgen! Gaanz ruhig. Alles OK. Tief atmen. Jürgen guck mich an!. Alles OK ( Ströber rompe a llorar a gritos. Llamamos a los de la Cruz Roja)

Abelardo Castiñeiras Souto. 20 de Setiembre 1960. Yo soy patrón. Creo que para vosotros es capitán de yate. Yo soy el que lleva los barcos por ahí, por así decirlo. Yo siempre voy en el del medio, los otros dos chavales llevan los otros dos….los chavales…(Mira hacia el techo buscando algo. Pelo corto entrecano. Ojos oscuros inquietos. Dos piezas gris. Tiene los brazos y las manos vendadas. No parece importarle. Quemaduras leves en el rostro. Acusa cansancio) .

A Pedro le conocí en el puerto de Bueu. Yo soy de Bueu. Andaba preguntando por interesados en llevar barcos de recreo. A ver por dónde empiezo (Levanta un brazo para llevarse una mano a la cabeza. Pero desiste). Yo iba en el „Valdoviño2“, se nos volcó el aparejo. De quince quedé yo, os acordaréis. Seis horas en mar bravo (Menea la cabeza, achina los ojos, nos mira ).Quedé tocado, pero de aquí (Señala con un dedo libre su cabeza. Asentimos). Me daba un mal si volvía a lo mismo…al mar no, ése y yo ya somos amigos, a un barco de lo mismo. Lo consulté. La parienta no tenía inconveniente. Qué podía pasar paseando gente por un mar de plato y con sol. Una vez vino y todo. (Se ríe, achina los ojos. Niega con la cabeza.) Controlábamos en cada dos puertos, rutinas, pero me gusta que esté todo bien…sin sorpresas. Ellos tenían su rollo, y yo el mío, no me meto con nadie, ni los chavales tampoco… Enrique Moreiras López y Sixto Rodeiro Veiga…vosotros no sabréis no?…Esas madres.. (Niega con la cabeza, respira hondo, asiente en silencio) . Normalmente hacemos noche a seis millas de la costa, lo prefiero así, manía mía….cualquiera puede nadar seis millas en mar calma (Advierte nuestros gestos de escepticismo, se encoge de hombros) Pero Pedro quería lanzar cohetes, y eso es mejor en alta mar, me quedé en nuestras aguas, rollos míos, cada quien lo suyo….puso una especie de puentes entre los barcos, algo de Tailandia me dijo. Yo no lo veía bien pero….no quise bullas. Esa gente no tenía ni idea de navegar, ni de barcos ni de hostias benditas con perdón. Tomaban pastillas contra el mareo como caramelos y corrían por los puentes como por Los Cantones pero….cada quien lo suyo (Levanta las cejas, se encoje de hombros) .

Yo no duermo nunca abajo, rollos míos, duermo arriba en puente, al tanto, no me cogen en otra….y olí la gasolina. Olí la gasolina y ya eramos fachos. Virgen Santísima (Levanta la vista, niega con la cabeza, coge un buche de aire, lo suelta. Achina los ojos) . Saqué a todos los que pude, algunos eran ya antorchas. Aquellos gritos….Los tirábamos por la borda. Yo, el alemán y Eloy, a esos los tuve que obligar a tirarse . Yo salté el último.

Por algo soy el capitán.

(Reunión en pleno. Nadie ha podido dormir. Tampoco el Comandante Arias. De todas las aguas en donde podía haber pasado, tuvo que pasar en las nuestras. Nos ha tocado la lotería. No es un accidente. Alguien quiso hacer daño y lo consiguió. Cuarenta muertos contados. Seis desaparecidos hasta ahora. Veinte heridos graves. A cuatro les trasladan al Vall de Ebrón. Cinco países, cinco embajadas, cinco problemas. Había una operación en curso. Cuando sepa más informaré. Por ahora busca y captura para Pedro Valle Puerta y Lidia González Real. No sé por qué. Pero les quieren. Me voy a meter café en vena. Fuera todo el mundo. Trabajando que es gerundio)

Me llamo Jürgen Ströber. 15 de Abril 1985, soy de Esslingen en Baden-Württemberg, Alemania. Elías me habló del plan y convencimos a los otros dos, Stephan y Marianne. En realidad Stephan, Marianne se nos juntó por él. No había estado en un barco en mi vida…sí, yo era uno de los de las pastillas del mareo (Intenta sonreir moviendo la cabeza, pestañea despacio. El calmante le está haciendo efecto, pero no le atonta) . Me era imposible dormir abajo, así que dormía en uno de los bancos de la cubierta. No hacía frío, de todas formas.

Si, había muchas chicas. Había dos alemanas en mi barco…no sé cómo se llaman, muy simpáticas. Siempre riendo y tal. Eran bombásticas, de diez( Gesticula con las manos. Le duelen. Maldice en alemán. Nos mira, piensa bien lo que va a decir). En serio. Nos llamó la atención. Qué coincidencia, no?. Todas las tías buenas de España en tres barcos.(Se ríe. Le vienen lágrimas a los ojos. Se recompone. Carraspea) . Elías se lió con una, no lo tengo claro, osea, era como esas de las pasarelas de ropa interior…pero en bikini…con Elías?(Niega con la cabeza, curva la boca en un gesto de escepticismo. Alza las cejas). Stephan y Marianne estaban a lo suyo,así que tenía tiempo para marearme en paz.

Drogas?. No. No sé lo que ustedes entienden por „drogas“. Alguno se hizo un joint. Pero nada más. Creo. Dios!, mi cabeza está llena de niebla. Niebla densa. (Se ríe. Nos mira cansado. Suspira. Creo que le vamos a perder).

Ya. Voy…A ver. Yo dormía en el banco y empecé a toser. De repente había mucho humo. Mannometer!(El intérprete no encuentra traducción. Asentimos). Había fuego por todas partes. Me quemaba los pies…de hecho los tengo abrasados. Creo. Abelardo gritaba como un energúmeno y yo no sabía qué hacer. El otro tipo……Abelardo y yo ayudamos a sacar a la gente (Levanta la vista. Respira hondo. Le caen las lágrimas. Niega con la cabeza) .Era como un horno. Ellos salían de un horno. En llamas. Y ya no salieron más. Quise entrar, pero Abelardo nos tiró al agua. A mi y al otro, no recuerdo su nombre. Dios!. Me voy a volver loco!. Seguro!. Salían de un horno!. Como de un horno!…(Cierra los ojos y se sacude en llanto. Le hemos perdido. Mayo me anota que sus amigos están en la lista de fallecidos. Optamos por no decírselo por el momento.)

(El agente Fierro llega en silla de ruedas. Ha de declarar en las dependencias. No hay otra opción, por su seguridad. Brazos y pies vendados, quemaduras en el rostro. Le han tenido que rapar el pelo. Una venda voluminosa cubre parte de su cabeza. Los calmantes no le nublan, pero nos atiende como la viva imagen del agotamiento)

Capitán Zacarías Fierro Valente. Número 874923. Nuestra operación se llama „CondeDuque“. Esto viene de fuera. Quiero decir.. No es una cosa de la organización en si. Esto lo ha hecho alguien por su cuenta. Pedro Valle tiene la confianza de Seldow y Lidia sigue órdenes. No hay razón para fuegos incontrolados en alta mar. (Habla con calma. Mirándonos alternativamente. Debe fijar la vista).

Se venden como pasatiempo de lujo para bolsillos jóvenes y pudientes. Tres veleros de gran eslora. Sólo eso ya es su tarjeta. Tienen su propia comunidad. Cara a fuera es como un grupo al que le gusta la náutica y se lo pasan bien por el mundo en barco. Detrás es complicado (Busca las palabras. Bebe agua por pajita) . Es difícil de dilucidar. Llegas a dudar. Son cientos de personas a las que mueven. Sólo por ir en barco?. Ahí está el quiz. Me seguís?. Tardamos dos años en saber que detrás de Pedro estaba Seldow. Dos años de barcos por el mundo. Siempre islas, siempre tres veleros, siempre yo (Sonríe cansado. Parpadea. Vuelve a beber agua). Lidia es la constante. Pedro no siempre está. Ella lleva las redes y ahora sé que las chicas. Chicos hay menos. Habla alemán fluido.

Laura Campa? Hace unas tartas riquísimas (Se ríe. Le duele algo. Trata de respirar hondo. Bebe agua). No tiene nada que ver, no es tonta. Supongo que sabe donde anda metida, pero no participa. No es parte de la organización, quiero decir. Es nueva, el anterior se quedó en Corfú, no sé por qué.

Para ponerlo en claro: Seldow mueve la mayor red mundial de trata de blancas con una comunidad náutica como fachada. Alguno se cree „Master and Commander“ y sube y baja velas, pero son los menos. A veces hacen regatas entre ellos. Abelardo no les pasa una. Gran tío. Él, el chico alemán y yo logramos sacar a varios…yo intenté sacar a más…pero era..qué?..si un horno. Tú lo has dicho.

Yo estaba en proa. No hacía frío. Me dormí en una de las hamacas. Me despertaron los gritos y el humo. No dio tiempo a nada. Gasolina? Tuvieron que usar algo que acelerase la combustión. Me recordó al Zeppelin. Abelardo me tiró por la borda. Después se tiró él. Y el barco desapareció en llamas. Era..hasta casi bonito.( Cierra los ojos un instante, se le nubla la vista. Traga saliva, baja la mirada. Se derrumba)

(Les veo en el pasillo. Él la envuelve en una de las mantas que ha dejado la Cruz Roja, y la abraza. Hablan bajo, la consuela, sin dejar de abrazarla. Se alejan lentamente hacia la puerta principal. Me alegro por algo después de horas de no hacerlo por nada. El chico alemán habla por el móvil. Me pregunto de dónde lo habrá sacado. Pero no me paro. Parece ya calmado. Está sentado en una silla de ruedas. El intérprete ya se ha ido. Ahora me voy yo. Necesito dormir al menos una hora).

Natürlich habe ich kein Wort gesagt, denkst du bin ich blöd oder was?. Wollte nur weg, und meinen Arsch retten. Meine Hände sind sowieso hinüber…und meine Füße auch übrigens, falls dich so was interessiert. Alles war in Ordnung und die Typen mit denen ich war hatten keine Ahnung. So. Ich habe eines der Mädels zu Elias geschickt, als Geschenk…die anderen zwei haben es unter sich getrieben. Jetzt sind alle tot. So. Was?..Ich suche die Mädels, nicht du, jetzt habe ich ein Problem, du Blöde . Keiner will in irgendein Schiff. Egal wie. Müssen was bedenken. Und ich will meine Kohle. In Bar. Muss verschwinden. Und du auch.”

*Por supuesto que no he dicho nada, piensas que soy imbécil o qué?. Sólo quería salir de allí y salvar mi culo…mis manos están destrozadas.. y también mis pies, por cierto, por si te interesa. Todo iba bien. Los tíos que me acompañaban no tenían ni idea. Bueno. Envié a una de las chicas a Elías como regalo, los otros dos lo hacían entre ellos. Y ahora están todos muertos. Bueno. Qué dices?…Yo soy el que busca las chicas, no tú, así que yo soy el que tiene ahora un problema, gilipollas. Nadie va a querer subirse a ningún barco. Me ponga como me ponga. Tenemos que pensar algo. Y quiero mi pasta. En metálico. Tengo que desaparecer. Y tú también.

GAS

8:30- Malrboro light. Dos donuts. Café con leche para llevar. Seat Ibiza rojo.

8:38- „El País“. Caramelos de menta. Deposito lleno. Volkswagen Polo negro.

8:45- Café solo para llevar. Deposito lleno. Volkswagen Golf viejo azul.

Aparecen normalmente a eso de la nueve, en un monovolumen gris multipuerta, o sale él o sale ella. Depende del día. Ella siempre en traje de chaqueta y abrigo en invierno, chinos y blusa en verano, melena tipo paje y tranquila. Muy tranquila. Él, traje y abrigo Loden en invierno, vaqueros y camisa en verano, pelo entrecano y voz amable. Muy amable. Los críos van todos vestidos de uniforme en falda o pantalón y no puedo contabilizarlos, ya que van todos iguales y se parecen. Son más de tres y menos de siete. No gritan, ni se pelean, ni quieren cosas. Depósito lleno, „El País“,„A,B,C“ y „Telva“, metálico.

9:00- Café con leche sin azúcar para llevar. „El País“,Chicles de fresa. Deposito lleno. Seat León azul cobalto.

Ino llega a las nueve y diez. Se disculpa por el retraso, le digo que sólo son diez minutos, y él dice que diez minutos son diez minutos, tengo que darle la razón. Ino mide 2,2 y es negro, no juega al baloncesto y odia nadar. Preguntado por su origen el siempre responde África, como si todos los países del continente se concentrasen en su persona, pero a mi me consta que proviene de Gambia. En otra vida estudió económicas y fue contable, en esta trabaja a turnos en la gasolinera de su suegro, mi tío. También lleva la contabilidad, pero eso sólo lo sé yo.

9.45- Llegan Carmelo y Juande. La pareja de la Guardia Civil. Café solo con azúcar. Cortado con un azucarillo. Todoterreno verde. Juande le pregunta a Ino cuándo pueden volver a entrenar, Ino dice que a él le viene bien los viernes por la tarde, Juande consulta algo en su móvil y asiente. Viernes por la tarde. Carmelo me pregunta por mi tobillo, me recomienda una crema, yo hago que la apunto.

10:30- Cuatro de cada siete días viene él solo. Hoy vienen los dos. Camioneta Volkswagen blanca. Un paquete de Chesterfield. “Marca” y “Aprende a tricotar 3”. Se sonríen. Justo antes de pagar ella se decide por una bolsa XL de M&M´s. El menea la cabeza sonriendo. Ella me guiña un ojo. Las sonrisas son nuevas. La revista también. Antes eran dos paquetes de tabaco. Él le abre la puerta de la camioneta. Van hacia el polígono.

12:00- Segis entra tirando su manojo de llaves al aire y volviendo a recogerlo por la espalda. Tiene práctica. Nunca se le cae. Mono de trabajo gris. Sin afeitar. Dos Red Bull. Ducados. “Marca”. Me pregunta por mi tío. Supongo que bien. Que le diga que ya le tienen las uralitas cortadas. Paga y se me queda mirando. Continúa tirando el manojo al aire. No parpadea. Yo tampoco. Reacciona y se va silbando. Siempre se afeita. Hoy no.

12:30- Gorkan llega en su seat Ibiza verde. Lo aparca atrás. Metro ochenta, fibroso, casi de alambre. Pelo castaño claro. Es inmutable. Su rostro no varía de expresión bajo ninguna circunstancia. Seria y fría. Habla poco. Correcto en las formas. Su mirada verde se mueve despacio. Como él. Hace siempre el turno de tarde o de noche. Ino y yo nos repartimos el resto. Se queda por atrás.

14:30- Remedios y su hija Estefanía. Remedios habla sin puntos ni comas. Recorre el establecimiento tres veces, se para en las estanterías de aperitivos y revistas. “Diez Minutos”, “OK” y un coleccionable de relojes de cuco a piezas. Su hija permanece inmóvil junto a la puerta. Mira hacia fuera. Pantalón vaquero y chaqueta de chándal, zapatillas de deporte nuevas. No se mueve. No le veo el rostro. Cuéntale, niña, cuéntale a Guio dónde estuviste – y la voz de Remedios chirría, apremia, la hija sigue sin moverse- de azafata de cruceros, imagínate, por esos mares de Dios,cuéntale mi niña, cuéntale- Estefanía se vuelve despacio, el rostro del millón de dolares, así creo que las llaman, todo en su sitio, todo perfecto, el pelo lo enmarca aún sin peinar. Mis ojos no la pueden dejar. Cuéntale, mi niña, de las islas y los barcos, dile, no quiere, aún está cansada la pobre- Remedios rebusca en su monedero del suelto. Algo no me cuadra. Algo no va bien. Las pupilas demasiado dilatadas, mirada fija, pálida, inexpresiva en su insultante belleza. Estefanía me cuenta otra versión . Sin decir una palabra. Aparta la vista de la mía. La vuelve a perder en el exterior – Va a empezar en el polígono. Con Arturo. En la oficina. Ahora que ya está de vuelta, mi amor, verdad niña?, está cansada , la pobre, vamos pues- Remedios me da todo el suelto, coge a su hija del brazo. Renault Clio azul. Depósito lleno. Estefanía me mira antes de entrar en el coche. Creo que me sonríe.

15:30- Metro ochenta. Metro setenta. Entre treinta y cuarenta. Rasgos eslavos. Pelo muy corto. Cazadoras de cuero negras, pantalón vaquero, botas de montaña. Audi A4 gris. Hablan entre si sin alzar la voz. El más alto señala algo en la lejanía hacia el este, el otro afirma con la cabeza. El más alto entra en el establecimiento. Vuelve a salir y me mira encogiéndose de hombros. Miro hacia el interior. Gorkan no está dentro. Ni en la trastienda. Tampoco tras las estanterías de repuestos. Gorkan no está. 4 cajetillas de Malboro. Dos botellines de agua. 2 RedBull. Dos palmeras de chocolate. Un coleccionable de relojes de cuco por piezas. Metálico. No hablan inglés. Manos cuidadas. Discretos. Entran a la vez en el coche. Hacia el oeste.

Busco a Gorkan. Lo encuentro reparando el tejadillo que cubre el arcón del hielo. Atrás. A veinte metros del establecimiento. Las tuercas están sueltas. Me lo dice sin dejar de atornillar algo en una de las barras. Concentrado en la labor. Entiendo. Vuelvo al establecimiento. Gorkan a veces ve fantasmas. Los fantasmas no existen.

Cuando llego a casa mi sargento está pasando la aspiradora. En realidad se llama Felipe y es el amor de mi vida. Nos conocimos siendo él sargento. Y entonces me dijeron que si me dirigía a él en el ministerio, le llamase así. Y así le seguí llamando. Nos casamos un diez de julio, sábado, por la mañana. El de bonito y yo de blanco roto. De luna de miel nos fuimos a Costa Rica. De eso hace cuatro años y tres meses. Él ahora es teniente. Pero para mi sigue siendo mi sargento. Él me llama Guiomar. Porque es mi nombre.

Cenamos a las 21:45. Pechugas de pollo con ensalada, mousse de chocolate de postre. Me pregunta por mi día,le cuento pormenorizadamente. Las cosas de palacio van despacio, ya decidirán dónde te ponen. Si te cansas lo dejas y tu tío busca otra persona. Me gusta. Hasta que decidan dónde me ponen. Después se verá. Estamos de acuerdo. Rara vez no. Vemos un capítulo de “House of Cards”. Me pregunto si podré volver a usar zapatos de tacón.

8:30- Chicles de menta. Café solo sin azúcar para llevar. Toyota Prius verde.

8:38- “Hola”. “Crunch XL”. Chocolate para llevar. Twingo azul. Depósito lleno.

8:45- No paran de hablar un segundo. Entre ellas y por el móvil. Ni me miran. Melenas de peluquería, perfume caro. Tacones de marca. “Telva”, “Elle”, “Vanity Fair”, “Hola”, “El País”, Coleccionable de casa de muñecas. Con muñeca. Café solo sin azúcar. Ford K blanco. Tarjeta.

9:00- Hoy sólo tres niños. Excursión a Andorra. Viene ella sola. Lleva un vestido-abrigo amplio. Ligeramente irritable. “ABC”, “El País”. Una bolsa XL de M&Ms. Metálico.

Ino llega puntual. Le ha acercado Beca, que me dice adiós desde el coche. Ino me dice que tiene cita con el pediatra con la niña. Catarro. Supone.

Beca es pelirroja. Mide 1,65 cm y pesa aproximadamente sesenta kilos. La gente con su color de pelo tiene fama de tener mal carácter. Beca tiene carácter,pero no malo. Siempre lleva el pelo recogido en un cola de caballo muy tirante, y camina con paso decidido. Como la gente que sabe a dónde va. Estudió secretariado internacional en la capital y cuando regresó ya lo hizo con Ino. -Arbeh nyandi/-Arbeh jang/-Illafta muriella?/Nllafta bayolehlla Yardi (10) tang/-Yardi Pang!10 meter! For Eteh Nyamataleh! Wo seyataleh. Wo Seyataleh deh/-Hani, Hmang Seya Arbeteyataleh Ok/-So Muntumaleh Ellafitalla?/-Embehlafillala lokun nalaleh/-OK. Color juma/color sefanyadi/Tambakero/OK. Ino encarga diez metros de tela de colores para los vestidos a su primo. Sé algunas palabras. Futunafuloo, Dote. Kodo, Dinero. Mandinka. Beca quiere una boda multicolor. A mis tíos les da igual, con tal de que por fin haya boda.

Ino ayuda a Juande a entrenar para el físico. Según los nuevos baremos tiene que bajar diez kilos de peso y ser capaz de recorrer tres kilómetros en diez minutos. Todavía tienen tres meses. Y ha bajado cuatro. Algo es algo.

9:45- Carmelo viene riéndose de Juande. Juande no le encuentra la gracia. En las prácticas de tiro no acertó ni un blanco. Ni uno. Café solo con azúcar. Cortado con azucarillo. Ino le defiende. Un mal día lo tiene cualquiera. Ya son dos los malos días. Anoto que yo no siempre acierto. Los tres me miran en silencio. En serio. Se miran entre si. Siguen sin creerme. Cría fama.

10:00- Discuten a gritos. Ino se me une en la caja. Nos ignoran. Ella va descalza. Vestido de seda verde. El moño deshecho. Se le ha corrido el rimmel con las lágrimas. El lleva un traje de raya diplomática. Camisa abierta. Ojeras. Sin afeitar. Si no te calmas te dejo aquí. Ino me mira de reojo. Yo trato de localizar su “aquí”. Vete a la mierda. Qué se supone que hacemos ahora. Coge tu puta agua y vámonos. No me toques. Les suenan los móviles. Él responde la llamada. Ella no. Él se va. Ella se acerca con una botella de un litro de Evian. Tiembla. Su rostro está embadurnado de llanto y maquillaje. Ino le ofrece un pañuelo de papel. Ella lo acepta. Le agradece con los ojos. Se le cae el suelto al suelo. Ino le ayuda a recogerlo. Suena un claxon apremiante. Ella se asusta. Se disculpa. Abandona el establecimiento tambaleándose. Porsche Panamera negro. Hacia el oeste.

10:30- Filtros para tabaco de liar. Café solo sin azúcar. In situ. Volkswagen polo azul.

11:10- Could you tell my husband he is an absolute asshole?. Le cobro los dos litros de Solán de Cabras. Metro ochenta, vaqueros y camiseta azul. Sin afeitar. Su marido elige el coleccionable de relojes de cuco y el “Telva Colecciones”. Don´t you dare. Yo también te quiero. Metálico en monedas de un euro. I told you he is an asshole. Opel Zafira gris. Depósito lleno.

12:20Yatedijequenotefiarasdeélqueteibaadejartiradatíaahoranomevengasconmonsergas. ChesterfieldChiclesdementasinazucar. Cuandollegeacasatellamoconcalmaahoratengoquecolgaresmihermanaqueesunaplasta. Ford K rojo. Depósito lleno.

13:00- Ino me dice que sólo quedan dos Magnum de vainilla en el arcón. Decidimos esperar a que llegue Gorkan. El se encarga siempre de ir a la cámara frigorífica. Ino es alérgico al frío.

14:15- “Mis Labores” y “Pronto”. Bolsita de cacahuetes. Seat Ibiza gris. Control de aceite.

14:30- Coca-Cola en lata. Paquete de patatas fritas. “O.K”. Scooter roja. Lo carga a la cuenta de su padre. Ino levanta las cejas. Yo apunto.

15:00- Llega Gorkan. Aparca atrás. Ino hace recuento en la lista de lo que se necesita. Yo me compro “El País” con la película “Rebeca” de regalo. Anoche soñé que volvía a Manderley. Ino se ríe y niega con la cabeza. El es más de musicales. Le da a Gorkan la lista.

Gorkan sale del almacén muy pálido y llorando. Ino y yo no reaccionamos. Gorkan nunca se inmuta por nada, a veces dudamos que pueda sentir. Pero cae al suelo. Ino le acude. Yo me apuro al almacén, no sin antes agarrar el bate. La cámara frigorífica está abierta. Y allí está. Tirada en el suelo. Muerta y helada. Sobre un charco rojo. También helado. Ino y Gorkan llegan a mi lado. „Al menos tiene cabeza“ anota Ino,yo asiento, Gorkan se tapa la boca con la toalla que lleva en la mano y tose. Volvemos a la tienda. Ino dice que hay que llamar a los de verde, yo llamo a los de verde, a los de azul y a mi tío Gerardo.

Y empieza el show de luces y sirenas. Quién es quién. Pasaportes y Documentos. Dónde estaba quién cuándo. Horas y minutos. Llevaba allí dentro dos días. Yo fui la última que entró en la cámara y no había cadáver alguno. Hace tres días y diez horas. Se llevan a Gorkan en ambulancia con un ataque de ansiedad. Ino y yo la miramos alejarse. Ino me ofrece un café largo. Nos sentamos a observar el show de luces y sirenas.

La muerta es Estefanía Márquez López. La hija de Remedios. No la reconocí en el momento de descubrir su cadáver, sólo cuando la envolvían en un plástico blanco después que el juez hiciera las disposiciones, me fijé en la cara, y era ella. Aún con el color que la muerte regala y tras llevar días en una cámara frigorífica, conservaba intacta su belleza. Tiro en el pecho. Muerte en el acto.

Hay una hora al día en la que el establecimiento está fuera de funcionamiento. Esa hora varía dependiendo de como definimos los turnos y esto lo hacemos según nos conviene a los tres. Los defino yo por semanas. En el calendario de pared en el despachito de atrás. Estamos por colores. Yo soy verde, Ino azul y Gorkan amarillo. Tuvo que ser en esa hora. Tengo el cuándo. Pero por qué?. Y por qué ella?. Algo quiso decirme la última vez que la vi. Pero qué?.

No fui ni al entierro ni al funeral. Ino me lo contó después. Al parecer Remedios se ha transtornado. A mi modo de ver ya lo estaba. Sólo ha empeorado.

Mi tío cierra el establecimiento dos días. La cámara sigue precintada.

Me he descolgado por fachadas, tomado al asalto viviendas, corrido en la oscuridad total, sé moverme sin hacer ruido, volverme invisible, y alcanzar un blanco móvil a sesenta metros. Soy agente del Grupo de Operaciones Especiales, especialista en qué, cuándo y dónde, para mi no hay gamas de color, sólo el blanco o el negro, la cara o la cruz, un si o un no. Cinco centímetros a la derecha,son para mi cinco centímetros a la derecha. No supongo nada. Ni dejo nada al azar. Pero el tobillo me lo rompí bajando las escaleras del sótano de mi casa. Conté un peldaño de menos. Me caí con el que estaba de más. Dos tornillos y una placa de titanio. Baja por enfermedad. Pero no estoy enferma. Sólo tengo una placa de titanio en el tobillo. Y el no saber si voy a poder volver a descender por una fachada. Nada más.

Me ofrecí voluntaria a ayudar a mi tío en la gasolinera. Sin cobrar un duro. Para pasar el tiempo. Mi sargento me acercó los primeros días. Ahora ya puedo conducir yo. Mi qué, quién, cuándo, particular. Modus Operandi.

9:45- Carmelo me comenta que Remedios ha desaparecido. Si la ves, avisa. Miro hacia el campo baldío que se abre frente a la gasolinera. Al otro lado de la carretera. Si apareciera por allí, la vería. Sí. No digo nada. A Juande le empieza a sobrar el uniforme. Se lo digo. Le da una palmada en la espalda a Ino. Ino menea la cabeza. El mérito es de este señor de aquí. Café solo con azúcar. Cortado con azucarillo.

10:30- Llegan las revistas nuevas. “National Geographic”, “Mi Bebé” y “Bricolaje Fácil”.

11:00- Ducados. Red-Bull. Dos donuts. Scenic blanco.

11:30-”Mi Bebé”, “Hola”. Dos bolsas de M&Ms. Hoy más tarde. Sin niños. Vestido premamá. Depósito lleno.

11:50- La última cajetilla de Fortuna. Ino charla con alguien fuera. Le aviso que voy atrás.

Yo oigo los golpes. Y los gritos. No veo a Ino. Sólo le oigo gritar. Y golpes. Y alguien más grita y su grito cesa. Me apoyo en la pared. Media zancada. Escucho. Alguien destroza cosas. Un cristal se rompe en mil pedazos. Media zancada. Escucho. Avanzo. Alcanzo la puerta. Siguen los golpes. Frena un coche. Gritos. Cesan. Frena otro coche. Más golpes. Los gritos cesan. De nuevo cristales rotos. Me asomo. Atrás. Me asomo. Atrás. Me deslizo dentro. Zancada. Me protejo tras un expositor. Quién quiera que sea grita fuera de si y golpea cosas. Oigo gritos de dolor. Cesan. Cristales. Frenadas de coches. Me asomo. Las estanterías están caídas, y la mercancía esparcida por el suelo, distingo las piernas de al menos dos personas en el suelo, los cuerpos cubiertos por los restos de los muebles. Y sangre. Mucha sangre. No es un simulacro. Es real. La idea me viene como un mazazo. Tan brutal como los golpes que sigo escuchando. Me agacho. Cuclillas. Alcanzo el extremo del mostrador. Me escondo detrás. Segis. Es Segis. Con un hacha y una pala de nieve. Ambas gotean sangre. Le vislumbro a través de una estantería partida en dos. El mono gris empapado en sangre y sudor. Su rostro es una mueca animal. Mueve el hacha y la pala como aspas de molinos. Grita algo que no entiendo. Da un hachazo a una columna de gasolina. Me agacho. Descubro a Ino. Está tumbado bocabajo fuera. No se mueve. Segis grita y da golpes contra los coches. Rompe las ventanillas. Avanzo en cuclillas. Piso charcos de sangre. Saco mi móvil del bolsillo. Le hago una llamada perdida a Carmelo. Lo pongo en “modo avión”. Quiero volver a avanzar, me apoyo en lo que queda queda de un expositor y se vuelca. Segis grita algo ininteligible. Otra voz le apremia desde lejos. No reconozco de quién. Desde mi nuevo parapeto veo a Ino. En el suelo . El también me mira a mi. Tiene un herida abierta en la pierna y en un brazo. Me mira y parpadea. No se mueve. Vuelve a parpadear. Yo asiento. Segis suelta la pala coge una de las mangueras de suministro. Empieza a regar a su alrededor. Canta a gritos la canción de “La Jardinera”. Ino aprovecha para alejarse un poco arrastrándose, deja un rastro de sangre.

Segis está a cinco metros de Ino. Yo a tres de éste. Angulo recto. Les tengo a los dos en campo. Echo de menos mi arma. Oigo un coche. Distingo el todo terreno verde. Segis les insulta y da un hachazo contra un coche. Emite un alarido bestial. Ino se incorpora entonces. Sus 2,2 metros se lazan con lentitud mineral. Sangre y sudor. Segis le ve. Alza el hacha y la mueve como el aspa de un molino. Me incorporo. Quiero intervenir. Descubro a Juande a diez metros a mi derecha. Ino acaba de incorporarse. Segis aferra el hacha con las dos manos y la alza. Juande grita a Ino. Ino le mira sin entender. Y entonces sucede. Suena un disparo. Entre los ojos. Segis se derrumba. Primero sobre las rodillas, para luego caer como una marioneta a la que le cortasen los hilos. El silencio se puede cortar.

Las sirenas me confunden. Todo se llena de gente y de gritos. Veo a mi sargento bajar de un helicóptero de tráfico. Dos compañeros intentan darle el alto. Pero él viene hacia mi corriendo. Felipe. Y la tierra se abre bajo mis pies. Y caigo en lo oscuro. Nada.

Las olas nos salpican las piernas mientras caminamos por la orilla. La playa se extiende en una lengua infinita, al fondo de la cual parecen confundirse el cielo y el mar cristalino. No necesitamos nada más. Somos dos. Sin cómo ni por qué. Tampoco cuándo. Sólo el dónde.

No llevo reloj.

Adiós, Adelina, Adiós..

Lo que usted tiene es una catarata móvil, que provoca en su desplazamiento que su ojo se vuelva vago. Su oculista se lo había dicho sentado a su mesa de despacho, muy serio, mirándola a través de sus gafas Truman, y moviendo su mano derecha extendida en el aire, de izquierda a derecha, como si con ese gesto ayudase a su catarata a desplazarse. Adelina, no supo qué decir, se limitó a asentir, lo único que le vino a la cabeza fueron las cataratas de Iguazú, que había visto en un reportaje hacía poco, parpadeó e intentó sonreir, por cortesía, no por otra cosa, él le devolvió la sonrisa y escribió algo en una receta. Colirios. Si le molesta, se los echa. No es necesario intervenir por ahora. Intervenir. Su catarata no era una zona de conflicto. Sólo le hacía ver borroso de repente y sólo del ojo derecho. Tras coger la receta y estrecharle la mano al oculista, salió de la consulta, todavía pensando en Iguazú y la fuerza del agua al caer. Decidió volver a casa andando por el paseo marítimo, había dejado de llover y le venía bien andar, según le había recomendado su fisioterapeuta. Miró hacia la Torre de Hércules y guiñó el ojo izquierdo, la veía perfectamente, ni rastro de catarata, negó con la cabeza y continuó camino.

Llegó al portal justo cuando empezaba a llover, con ella entró también su vecino del sexto H, mientras él llamaba al ascensor ella recogió el correo, publicidad y una carta de Telefónica, la abrió al tiempo que entraba en el ascensor.

-Van a bajar por las paredes del patio de luces…- El vecino del sexto H lo dijo como si le contase la escena de una película, ella le miró distraida mientras abría la carta.

-Quién?

-Los del aislamiento…- Ella asintió mientras leía „Adiós, Adelina, Adiós…“- Y claro, habrá que sacar los tendales, porque fijate tú si se quedan prendidos…- Ella le miró y descubrió su gesto de horror, que ella secundó, imaginándose a los del aislamiento debatiéndose en el aire, prendidos en un tendal, meneó la cabeza y volvió a su carta „ Qué pena, Adelina, qué pena que nos hayas dejado así, huérfanos…“- Porque van a bajar así, no sabes?, como los ninjas, tras-tras-tras con arneses y todo…- Adelina se estaba preguntando a quién había dejado ella huérfano y que trabajase en Telefónica, y sólo entendió la parte de los ninjas.

-Ninjas?

-Hombre, no sé si irán de negro, encapuchados no, desde luego, sino no ven…irán de mono azul…o verde, no sé…pero se descuelgan fijo así tras-tras-tras..- Ella también encontró lógico que no fueran encapuchados y volvió a su carta fugazmente „…tendremos pues que tomar medidas cautelares…“- Y luego está Piruca…- Adelina se alegró de haber llegado a su piso, él le ayudó a abrir la puerta del ascensor.

-…qué le pasa a Piruca?- Quiso saber, él alzó las cejas con un gesto de escepticismo.

-Tiene vértigos si se asoma…

-A dónde?

-A cualquier sitio, se pone a morir…

-Ya..bueno, pues…ya nos dirán cuándo vienen..

-Quién?

-Los del patio de luces…

-Van a bajar así, no sabes? Tras-tras-tras..- Ella asintió y dejó cerrarse la puerta del ascensor. Tras.

Nada más entrar en casa, quiso volver a leer la carta y enterarse bien por qué nadie tenía que tomar medidas cautelares contra ella, pero vio que había varios mensajes en el contestador y pulsó la tecla para escucharlos.“Hoola mamá, soy yo, mira, es que tengo un problema con Brais y es que no tiene lazos bueno sí los tiene pero hay que cosérselos al mandilón y yo no sé porque no sé yo-no-sé- y además hay que coserlos en ocho infinito...(Fin del mensaje)…..“Hooola yo otra vez que me lié y tu contestador no deja a la gente explicarse y es que tienen que ser lazos lilas fíjate tu por qué no azules no tienen que ser lilas y hay que coserlos en forma de ocho y en horizontal como el infinito bueno el infinito no el símbolo ya me entiendes…(Fin del mensaje)……“Y eso…que te los llevo por la tarde y me los coses porque sino no puede subir al autobús mañana porque no sabes qué movida tuvo hoy Emilio hoy por culpa del puñetero lazo porque la del bus no lo quería llevar que a ver si no era el niño de ese bus y Emilio que no se corta y bueno que yo no doy no doy y son lilas y vamos por la tarde y ya te cuento porque Nati se casa de penalti con aquel...(Fin del mensaje.No hay más mensajes). Adelina se había quedado de pie junto al teléfono, sin moverse, a la espera del siguiente mensaje, que no llegó, suspiró y se dirigió al salón para asegurarse de que aún tenía lazos en la cesta de su costura, los de su otra nieta eran amarillos, y los de Brais, hasta ahora, verdes, ella había comprado hacía unos días un pack de lazos de colores en los chinos, pero no estaba segura de que el lila estuviese entre ellos. Se disponía a abrir la cesta, cuando escuchó que alguien abría la puerta de la calle.

-Me cago en el Ayuntamiento!- Adelina salió al pasillo, y se encontró a su marido apoyado en la pared manteniendo el pie izquierdo en el aire- Que se lo trage el mar!

-Pero qué pasa?- Él se acercó a ella cojeando y dando muestras de dolor al hacerlo.

-Me acabo de torcer el pie en un bordillo roto…qué dolor!No sé si no me lo habré roto…-Adelina le ayudó a entrar en el salón-Qué dolor!

-Pues a mi me dijeron que tenía una catarata móvil y Paula va venir por la tarde con Brais por lo del bus….

-Una catarata?

-Si,una catarata, y como no le dejan subir al bus sin el lazo en infinito lila pues…

-Y por qué una catarata?…Qué mal!Qué dolor!- Y se dejó caer en una butaca, para después tratar de quitarse el zapato

-Pues no sé, una catarata móvil…

-Y dónde hay una catarata? El Ézaro?….Van a llevar a los niños de infantil en autobús hasta El Ézaro…pues ya son ganas de complicarse la vida…- Adelina iba a decir algo cuando sonó el timbre de la puerta, abrió sin mirar por la mirilla, un chico con una gabardina gris y aferrado a un portafolios le regaló una preciosa sonrisa.

-Buenos Días, Señora…Cree usted en Dios?- Adelina escuchó entonces la voz de su marido desde el salón.

-Pues a mi que lleven a unos niños tan pequeños a ver El Ézaro me parece una temeridad!

FM

Yo creo que es un problema de volumen. Cada vez que me lo encuentro, la música estalla en mi cabeza, y hace que sea incapaz de entender lo que me dice, porque prácticamente sólo le veo mover los labios. Wild thing you make my heart sing…y entre la batería machacona y las guitarras, no escucho su voz. Ya no sé qué hacer. A lo mejor es porque siempre nos encontramos de repente, sin previo aviso. Y no me da tiempo a desconectarla. El otro día en la puerta del supermercado, You make everything groovy Wild Thing, y ya entró la dichosa batería, y vi que me enseñaba una bolsa de la compra con cosas dentro y me explicaba algo que debía ser muy gracioso, porque sonreía, y yo también, pero sin saber por qué. Lo mismo me pasa con mi vecino de enfrente, el que trabaja en el ayuntamiento, pero con él puedo bajar el volumen,I met her in a club down in Old Soho, where you drink champagne and it tastes just like cherry-cola See-oh-el-aye coola, creo que es por como anda, o quizás por los shorts que usa los fines de semana,Well I’m not dumb but I can’t understand Why she walked like a woman and talked like a man, el otro día casi le llamo Lola Lola la-la-la-la Lola la-la-la-la Lolaa, menos mal que pasaban coches y no me oyó, me saludó desde detrás del seto muy sonriente Well I’m not the world’s most passionate guyBut when I looked in her eyes well I almost fell for my Lola, yo también sonreí. Qué iba a hacer. No sé cómo funciona. Es totalmente arbitrario. La chica de la panadería, por ejemplo, con ella no me entra canción ninguna, la verdad es que es muy amable y siempre me da bolsa.Well listen busterYou better start to move your feetTo the rockinest, rock-steady beatOf Madness, el otro día el cartero me comentó que de paso que reparte, entrena para los Veinte Kilómetros Marcha del mes que viene. El saxofón es un instrumento que a la larga, cansa. Y aquí está otra vez, camina hacia mi y sonríe, yo también, aunque no sé por qué, lleva en la mano su teléfono móvil y me dice algo mostrándomelo.Wild Thing I think I love you…

-Cara Bonita / -La de Fernando

Este relato son dos. Una sola historia. Dos perspectivas

CARA BONITA

Marge me despierta a las cinco y media. Que me duche, pero que no me afeite. Tampoco puedo desayunar. Levanta una ceja cuando le pido permiso para hacer pis, sabe que no soy de buenos despertares. Nos vienen a recoger en un monovolumen. Dos tíos más, sus agentes y una tipa que no conozco con gafas oscuras y unos auriculares más grandes que su cabeza. Me siento junto a Josh, aferrado a su botella de agua,no hace falta que hablemos. Nos miramos y ya está. Él tampoco se despierta de buenas.

Ciento veinte tíos medio desnudos. Sus agentes. Los asistentes. La gente que pulula alrededor y no sé nunca qué hacen exactamente. Los maquilladores. Los estilistas y sus ayudantes. Los ayudantes de los ayudantes. Los de las revistas. Los sastres todavía no están. Yo les llamo así. Porque es lo que son.

Alguien me da un zumo de naranja y Marge asiente. Me apetece una francesa de jamón y queso, con un tazón de café con leche con natas. Marge me pregunta si hay algún problema, yo bebo mi zumo de naranja.

Josh discute con la ayudante de alguien. Definitivamente no tiene un buen día. Yo tampoco. Hoy va de trajes.

Y empieza el circo. Yo estoy en todos los pases. Josh me saca la lengua en una de las ocasiones en las que él viene y yo voy. No me desconcentra. Sigo en mi papel de tío impenetrable en traje. Alguien me ha dado los zapatos del número equivocado, y me quedan pequeños. Voy con ganas de tirar los zapatos y vuelvo dispuesto a hacerlo en cuanto cruce la cortina. Lanzo los zapatos, alguien se disculpa. Cambio de traje. Veo a Josh robar un bombón del bolso de una asistente. Un tío no encuentra su camisa y un enjambre de gente se pone a buscarla. Nadie se da cuenta de que la llevo yo. Ahora cara de poker. El tío sale con otra camisa que no va con el traje y nos cambian las luces para que no se note. Josh y yo tenemos que entrar a la vez. Es comparable con salto doble sincronizado de trampolín de diez metros. Simétricos y coordinados. Paralelos. Veintepasos, media pausa,vuelta. Josh guiña un ojo a los flashes,yo meto las manos en los bolsillos.

Me pongo mi ropa por fin, y dejo a Marge lidiar con la prensa. El monovolumen nos lleva de vuelta al hotel. Josh discute en inglés con alguien por el móvil todo el trayecto que hacemos juntos. Creo que es su madre. Tengo hambre. Cruzo el foyer principal y quiero ir al restaurante, está tomado por las chicas y gente de las revistas. Doy media vuelta y me escabullo por una puerta lateral para que no me vean. Tengo hambre y estoy cansado. Y esa combinación me provoca mal humor y dolor de cabeza. Consulto el móvil. Marge me pregunta por Whatsapp dónde estoy. Apago el móvil. Decido escaparme al imbiss que he visto al pasar con el monovolumen. Devoro un kebap grande completo con una CocaCola. Doy un rodeo absurdo para volver al hotel. Marge me espera en Recepción. Me pregunta dónde he estado. Tomar el aire siempre es una buena excusa.

Tras una semana llendo y viniendo, vuelo a Nueva York. Coincido con Valentín. Lo ha dejado con Rupert y no tiene consuelo. Se toma una pastilla para dormir con un bourbon nada más despegar. Yo me dejo llevar por Anne-Sophie Mutter. Fundido en negro.

A Arcadia y a mi nos toca sesión de fotos con „El Armario“. La llamamos así porque es lo que es, un mueble a la hora de posar. En realidad se llama Josephine y sólo habla alemán. Arcadia y yo nos entendemos en inglés. Tengo que abrazarla con pasión irrefrenable. A Arcadia le da la  risa tonta. El fotógrafo se enerva. „El Armario“ me mira con los brazos caídos y la expresión vaga. Le pido al fotógrafo que me defina „irrefrenable“. Arcadia escupe el agua que estaba bebiendo. Marge suspira. El fotógrafo maldice en japonés.“El Armario“ sigue la escena con la misma expresión vaga, mesándose la melena rubia con las manos. Acabo abrazándola con pasión irrefrenable. Con Arcadia va como la seda. Me enseña fotos de su sobrino recién nacido y de su perro. Ella vuela esa tarde a Buenos Aires. Yo me quedo en Nueva York hasta fin de mes.

Josh es australiano. Pero no ha estado nunca en una granja de ovejas ni le gusta el surf. Llevamos el mismo tiempo en esto y hacemos campañas juntos. A veces ocupa un cuarto en mi casa de Nueva York. Arcadia me convenció para comprarla. Está casi vacía. Pero es céntrica y me ahorro el hotel. Josh está tumbado en el suelo del salón intentando hacerse un selfie. Le he preguntado si le está dando un calambre. Me ha mandado a la mierda. He encargado tailandés para cenar. Mañana por la mañana me veo las caras con Manuel. Me entrena todos los días dos horas en casa. Después cinco kilómetros de carrera y una hora de piscina. El que diga que no hace nada. Miente. Josh practica esgrima. Aunque eso lo sé sólo yo.

Me despierta mi teléfono móvil a las tres de la mañana. Vislumbro el prefijo y me levanto de una vez. Es el director médico de la Clínica Paleos en España. Mi padre ha sido trasladado y se adapta sin problemas. Respiro tranquilo. Le agradezco la información. Me llamarán todas las semanas para mantenerme al tanto de los avances. Concertamos día y hora. Me siento sobre la cama. Mis rodillas son aún de gelatina. Me vuelvo a acostar. Sueño cosas sin sentido.

Creo que me han hecho fotos mientras corría con Manuel. Llego a casa y Josh tiene compañía. Les oigo desde la cocina. Manuel me ha dejado una dieta a seguir. Odio la fruta. Me preparo un bol de muesli con cosas por el medio. Le añado un plátano. Me lo como sin pensar. Silencio. La chica cruza el salón de puntillas. Y se va. Yo la veo desde la puerta de la cocina. Josh aparece minutos después. Desnudo y exultante. Me mira irradiando felicidad. Aún tengo hambre. Le pregunto quién era. Extiende los brazos y comienza a cantar „María“ de West Side Story haciendo aspavientos camino del baño. Le recuerdo que a las cinco tenemos planning. Me responde „I´ve just known a girl named Maria“ a voz en cuello desde la ducha.

Me suena el móvil en medio de la reunión. Miro el prefijo. Abandono el despacho sin dar explicaciones. Marge me disculpa. „Buenos días Sr. Albián. Soy Cari“. Recorro mi lista mental de chicas de habla hispana que tienen mi teléfono. Ninguna se llama así. Por unos segundos permanecemos en silencio. Se disculpa. Se identifica otra vez correctamente como Caridad López. Es la enfermera encargada de mi padre. Me explica que ya come batido y se mantiene sentado en la cama. Alcanzo una silla y me siento. Otra vez gelatina. Tiene una voz que denota optimismo. Casi dulce y un tanto cantarina. Le pregunto cómo ha pasado mi padre la noche. Con oxigeno por precaución. Intento respirar hondo. No lo consigo. Mejora día a día. Optimismo. Creo lo que me dice. La semana próxima me mantendrá de nuevo al tanto. Cari. Mi gelatina desaparece. Pero aún no respiro hondo. Se despide con un „hasta luego“. No recuerdo la última vez que lo usé. Guardo el número bajo Cari.

Con Dior en la cartera nos vamos a celebrarlo. Ensalada con tiras de pavo en vinagreta. Josh me envía una foto de él con una chica de pelo rizo. Sonrientes en Central Park. María. Aún no respiro hondo. Marge me coge una mano. Todo va a ir bien. Intento convencerme.

Josh me presenta a una amiga de María. No entiendo su nombre. Tres clubs. Cuando me despierto ella ya no está. Sólo su teléfono en una nota. Con un corazón. Me vuelvo a dormir. Josh y María se van al mediodía. Me quedo solo. Miro mi agenda. Dos semanas más Nueva York. Después París y Londres. Contrasto fechas. Tengo trabajo confirmado para los próximos dos años. Atardece en Nueva York. Me quedo dormido viendo la tele.

Wen ha vuelto con su sultán. No es sultán. Pero yo me entiendo. Y quiere que volvamos a hacer lo mismo. Le he dicho que me lo pensaré. Lo hablaré con Marge. En esas cosas no se mete. Se lo digo por la mañana. Consulta fechas y contratos. Es factible. Se me vuelve a ver con una chica y eso es siempre bueno. Nos miramos y está todo dicho. Llamo a Wen y se lo confirmo. Su sultán me lo agradece personalmente. Marge alza las cejas. A mi me entra dolor de cabeza.

Salgo a correr con Manuel y me persiguen dos fotógrafos. Maldigo a Wen. Quedamos en la inauguración de una galería. Hacemos buena pareja. Dicen. Yo no nos veo. Nunca hemos tenido nada. Ni lo vamos a tener. Se queda en mi casa. Pero ocupa otro cuarto. Su sultán entra por el garaje. Por la mañana ya no están.

Lindsay viene a peluquería y me regala un mantel redondo de ganchillo. Es blanco. Con una R grande en amarillo en el centro. Josh me dice que si lo pongo en la terraza puede aterrizar un helicóptero. Lo guardaré con los calcetines de angora de Leopold. Josh me pregunta qué es el marcramé. Me tiran del pelo. Tengo hambre.

Suena mi móvil. Es Cari. Wen ha subido a dos amigas. Beben y ríen. Me voy a mi cuarto. Me pregunta cómo estoy. No sé qué responder. Le digo que bien. Mi padre reconoce colores. Me pregunto si me reconocerá a mi. Se me va la voz. Carraspeo. Su voz me tranquiliza. Optimismo. Le pregunto si mi padre siente dolor. Me asegura que no. Creo lo que me dice. Wen entra en la habitación. Me grita algo que no entiendo. Silencio. Cari?. Se disculpa. No sé por qué. Me avisa de que mañana comenzará la terapia de logopedia. Apoyo mi frente contra el cristal de la ventana. Cierro los ojos. Su voz. Me pregunta si llueve en Nueve York. No. Donde ella está siempre llueve. Me hace sonreír. Me llamará otra vez la semana que viene. Hasta luego.

Wen está furiosa. Pero no conmigo. Me tomo una aspirina. Ya he hecho las maletas. Nuestro vuelo sale a las diez. Nos hacen fotos y preguntas en el aeropuerto. Alguien nos lleva el carro. Wen se aferra a mi mano. Tras despegar me envuelvo en Anne-Sophie Mutter. Pido otra aspirina. En Paris nos espera Marge. Los periodistas hacen preguntas estúpidas. Sólo quiero dormir. Wen llora en el coche.

No sé nada de ella durante dos días. Sesión de fotos agónica. El sultán se aloja en el hotel de enfrente. Marge me aconseja acabar con la situación. Wen sufre un ataque de nervios. Marge y el agente de ella lo arreglan con el médico. El sultán abandona París. Sin ella. Logro calmar a Wen. Nos quedamos dormidos vestidos sobre la cama king-size. Fundido en negro.

Hola Cari. Llueve en París?. Ahora brilla el sol donde ella está. Mi padre come sólidos. Articula monosílabos. Me siento. No siente dolor. Le pregunto si ha estado alguna vez en París. Se ríe. Nunca ha ido a ninguna parte. Eso es lo que quiero yo. Ir a ninguna parte. Pero sólo lo pienso. Su voz. Marge me hace una señal. Asiento. La semana que viene más. Hasta luego.

Wen está embarazada. Me pregunto si habrá un pozo profundo donde poder esconderme.Marge desconecta su teléfono. Sabe que no es mío. Pero el mundo no. Anne-Sophie Mutter y gafas oscuras.

Compro el pasaje. Aplazo citas. Me voy.

Llego a Madrid por la mañana. Nadie me espera. Mi conexión al norte sale dentro de tres horas. Me entretengo por los duty-free. Me veo en un anuncio de perfumes. Nadie me reconoce. Sigo con mis gafas oscuras. Me tomo un café con leche y un bollo de nata. Marge no está.

La puerta de embarque es la más recóndita. Sólo me cruzo con un empleado de la limpieza. Me confirma que voy bien encaminado. Conmigo somos cinco personas esperando a embarcar. Dos se conocen. He apagado el móvil. Me saco las gafas.

El avión se parece a esos jets privados que usamos a veces. Voy solo en primera. La azafata me sonríe y me ofrece un periódico. Le devuelvo la sonrisa sin mucho ánimo. „La flauta mágica“. Me duermo.

Me avisan que nos desvían por niebla. Un autobús nos llevará a destino. Mar de nubes por la ventanilla. El aeropuerto donde aterrizamos es pequeño. No minúsculo. Pero pequeño. Una parte cabría en mi salón. Me alegro de sólo llevar una bolsa de mano. Nadie me espera. El autobús es demasiado grande. Sólo somos veinte personas. Me siento al fondo. Como entonces. Sólo que ahora no fumo. Me vuelvo a quedar dormido. Me despierta otro de los pasajeros. Hace frío. Mucho frío . Y llueve. Me dirijo a alquilar un coche.

Un Mini-Cooper rojo. El empleado me mira intentando disculparse. Yo no le he culpado de nada. Le digo a dónde me dirijo. Abre mucho los ojos, llena la boca de aire, lo suelta con un soplido sonoro. El coche no tiene navi. Extiende un mapa sobre el mostrador. Y me señala un punto en la inmensidad verde. Con un lápiz traza una linea desde ese punto hasta otro más hacia el sur. Creo. No parece lejos. Y me explica las carreteras que he de tomar. Hace años que no conduzco. Me entra aprensión.

No entiendo al hombre del tractor. Me señala un camino. Y extiende su brazo derecho. Más o menos. Sólo entiendo „más o menos“. Creo que ese camino ya lo tomé dos veces. Le doy las gracias. Me vuelvo a perder. Una mujer con una pañoleta en la cabeza contradice al hombre del tractor. Me envía en dirección contraria y extiende su brazo izquierdo. Si no funciona llamo a la clínica. Distingo el letrero con el nombre en un cruce.

Supongo que así se debió de sentir Colón al descubrir América.

La zona de aparcamiento es un lodazal. Aparco junto al muro. El interfono tiene cámara incorporada. Gira cuando digo mi nombre. Me asusto. No sé por qué. El edificio es rectangular y de piedra vista. Las ventanas son verdes. El Dr. Gamazo me estrecha la mano. Me guía a una despacho abierto a una galería. Me explica los pormenores. Me confirma lo que ya suponía. No me miente. Pulsa un botón en un aparato.

Me presenta a Caridad López. Cari. Me sonríe. Me da dos besos. Tranquila. Tiene los ojos del mismo color que su pelo. Negros. El Dr. Gamazo avanza delante de nosotros. Ella me explica cosas. Cola de caballo y flequillo. Flequillo. No sabe quién soy. O no le importa. Tranquila. El uniforme le queda un poco justo en las caderas.

Paps está sentado en una silla de ruedas junto a la ventana. Me detengo en el umbral. Gelatina. Me acerco a él lo más despacio que puedo. Me mira curioso. Recién afeitado. El pelo blanco muy corto. Escondo una de sus manos entre las mías. Paps. Amparo. Articula su nombre con cuidado. Como entonces. Y por fin puedo llorar.

El Dr. Gamazo me ofrece una habitación en la casa de huéspedes. Cari me guía. La cola de caballo oscila a su paso. Me explica cosas. La habitación es monacal, con baño. No necesito más. Hasta luego. Anne-Sophie Mutter. Fundido en negro.

Paps me mira mientras le doy el yogurt. Curioso. Como buscándome en su cabeza. Amparo. Yo sonrío. Soy una fotocopia de mi madre. Él la llamaba „cara bonita“. No quiero llorar. Cari termina de cambiar la cama. Paps no quiere más yogur. Cari recoge la bandeja. Tiene las uñas muy cortas. Llega el terapeuta ocupacional. Paps señala un triangulo azul. Y luego el cuadrado rojo. Está lloviendo. Le llevo en la silla hasta la galería. Con vista a niebla y montes. Amparo. Me siento a su lado y le cojo la mano. Cari se sienta al fondo. Me sonríe. Yo le guiño un ojo.

Paps duerme. Cari y yo comemos juntos. Bistecs de ternera en salsa con patatas asadas y guarnición. Marge no está. Y Manuel tampoco. Me como su bollo de pan. Se ríe. No sabe quién soy. Tiene los dientes un poco montados. Y la nariz es suya. Yo me entiendo. Vive con sus padres. Tiene un hermano. Yo trabajo en publicidad. No miento. Es otra forma de decirlo. Me cree. Me pregunta dónde vivo. Eso también querría saberlo yo. Me como dos de sus patatas. Sólo para oír su risa. Arruga el ceño cuando piensa. Me llama Rodrigo. Ahora nadie me llama así.

Me gusta el silencio absoluto de las noches. Necesito una cura de sueño. Cari tiene que ir a hacer unos recados. Me ofrezco a llevarla. Paps descansa tras la fisioterapia. Hace frío y llueve. Densas cortinas de agua.

Los limpiaparabrisas no ayudan. Ella me guía con calma. Seguimos kilómetros un tractor. Nunca había visto llover tanto. Me mira sin entender lo que quiero decir. Sonríe. Respiro hondo. Y puedo. No sé por qué empiezo a silbar. Salimos de la autopista. Distingo las torres de la catedral. Ella me lo confirma señalándolas. Conducir por París es más fácil. Llueve menos. Dejamos el coche en un aparcamiento. Tengo frío. Ella parece que no. Saca un paraguas del bolso. La llamo Mary Poppins. Ella se ríe. Compartimos paraguas. Oigo gaitas pero no sé dónde. Tengo mucho frío. Me compro un plumas, un gorro y unas botas forradas. Me los llevo puestos. Me preguntan si tengo frío. Creo que es algo obvio. Pero sólo asiento. Empanadillas de bacalao. Hacemos camino por la catedral para llegar antes a algún lado. Me quedo parado en la nave central. Descubro el Apóstol. Cari me llama. Salimos por un lateral. Cari saluda a alguien. Sigue lloviendo. Volvemos.

Besugo al horno con patatas. Marge no está. Me como el bollo de pan de Cari. Ella me roba una patata. Nunca va a ninguna parte. No sé los puntos que tengo. No me entiende. Se lo explico. Asiente. Flan con nata de postre. Me cuenta cosas. No la intimido. Creo que no soy su tipo.

Me quedo dormido junto a paps en la galería. Me despierta Cari. Es hora del baño. Prefiero no asistir. Niebla y montes. Tendría que encender mi teléfono. No me apetece.

La mujer del médico se llama Lourdes. Me recuerda a aquella Gracia. Lleva demasiado perfume. Blig-Bling. Quiere llevarme de paseo. Me consta. No le voy a dar el gusto. Cari pasa por allí, nos saluda. Pasa de largo. Lourdes me sigue contando de las Seychelles. Odio las Seychelles. Quiero seguir a Cari. Bling-Bling. La emplazo a otro momento. Samsara. Es Samsara. Lisbeth fue imagen. Se pasó dos años teniendo que usarlo. Me río solo al recordarlo. La pobre. Tengo hambre. Busco a Cari. Está ordenando cosas.

Me lleva a la cocina. Amalia me llama „guapetón“. La abrazo. Me hace un bocadillo con media barra de pan. Hace años que no tomo uno. Jamón serrano con ese queso de aquí. Un botellín de mosto. Manuel me va a matar. Marge no está. Lo como junto a paps. Sonríe. El también es de bocadillos. Cari ordena papeles de colores. Frunce el ceño. No dejo ni las migas.

Cari me pregunta qué escucho. Se pone mis auriculares. Descubre a Anne-Sophie. Ladea la cabeza. Sus ojos viajan por la niebla y los montes. Mueve un dedo con una tirita siguiendo una nota. Sonríe. Me los devuelve. Me dice que es muy relajante. Cari. Se marcha que tiene que marchar. No la entiendo. Se ríe. Se va. Paps duerme. Anne-Sophie deslía la niebla.

Paps no quiere las natillas. Amparo. Me acuerdo de madre. Respiro hondo. Amparo. Cari se acerca y me coge el bol de natillas. Retira la bandeja. Paps me mira nervioso. Amparo. Cari le acaricia el hombro. Le explica. Opto por salir del cuarto. Me encuentra. No me dice nada. Posa un instante su mano en mi hombro. Me deja solo. La llamo. Vuelve despacio. Compartimos el silencio. Hablamos. Cari.

Me ofrezco a llevarla a casa. Me dice que tiene paraguas. Insisto. En el aparcamiento nuestros pies se hunden en el barro. Me alegro de haber comprado las botas. Llueve a manguerazos. Ponemos perdido el Mini. Me da igual. Me guía con calma. No puedo adelantar a un carro. Vemos un arcoíris. Su casa está al borde de la carretera. Me pregunta si quiero pasar. Sea lo que sea lo que están cocinando huele bien. Doy dos besos a su madre. Me llama „niño“ de otra forma. Me ofrecen café. El padre llega en mono azul. Me recuerda a paps entonces. Me da la mano. Tranquilidad. No tienen prisa. Cari me pone delante un plato con un trozo enorme de bizcocho. Manuel. Pienso en Manuel. El bizcocho tiene nueces. El padre me pregunta si quiero gotas en el café. La madre dice algo que no entiendo. Cari menea la cabeza. Café con leche. Tiene natas. No me quiero ir.

Llega su hermano. Se alegra de verme. Anuncia la muerte de alguien. Todos lo sienten. La madre se santigua. Mojo un trozo de bizcocho en el café. Cari se sienta a mi lado. Sonríe. Tienen parientes en Nueva York. Y en Buenos Aires. La madre me pone otro trozo de bizcocho. Me río. El hermano fuma un pitillo. Me ofrece. No quiero volver a empezar. Alguien llega. No entiendo lo que dice. Me llama „niño“de otra manera. Dice que está lloviendo. Me parece obvio. No digo nada. El hermano acompaña a la persona. Se van. La madre me acaricia el hombro. Me pregunta si quiero más café mientras me lo sirve. Cari la mira con los ojos muy abiertos. Me río. Vuelve a tener natas. Llega una mujer. Se sienta a la mesa frente a nosotros. Cari me la presenta como su tia. La mujer mira a Cari y hace un gesto con las cejas. Cari se pone del color del mantel. Toma un trozo de bizcocho. La mujer vuelve a recordar la muerte de alguien. Todos vuelven a sentirlo. Se santiguan. Cari se arregla el flequillo. Cari. La madre y la tía nos miran en silencio. No sé si tengo que decir algo. Cari se acaba el café. Me tengo que ir. Nadie está de acuerdo. Querría cenar con paps. Entonces lo entienden. Me llaman „niño“otra vez. Cari me acompaña a la puerta. Mañana nos vemos. Ha parado de llover. Sonríe. Me voy. No tengo hambre.

Estoy acatarrado y me duele la garganta. Cari me da algo efervescente que sabe a rayos. Me pasa un azucarillo. Mary Poppins. Su sonrisa.

Paps reconoce una flor. Pero no reconoce un perro. Lenguado a la plancha con ensalada de puerros. Cari me pasa sus puerros. Parecen hacerle gracia mis estornudos. Cari. La chica de secretaría se nos acerca con un teléfono inalámbrico. Alguien quiere hablar conmigo. Cari se incorpora para irse. Yo la retengo. Se vuelve a sentar. Es Marge. Si, estoy acatarrado. No,no tengo el teléfono conectado. No he leido sus Emails. Puedo estar en Nueva York el martes. Sin catarro. No sé dónde está Josh. Mi padre está bien. El martes nos vemos. Cari no pregunta. Le explico quién es Marge. Quiere saber si me voy el sábado o el domingo. Decido irme el domingo.

La veo hablar con el Dr. Gamazo. Consultan unos papeles. El le comenta algo. Ella niega con la cabeza y sonríe. Hubo un tiempo en el que le partiría la cara al Dr. Gamazo. Ella se aleja por el pasillo. La seguiría. Pero no me muevo. Estoy muy acatarrado.

El liquido efervescente causa efecto. Ya puedo respirar. Paps parpadea cuando me ve. Quiere apretar mi mano. Sigue viendo a mi madre. Creo que le pongo nervioso. Cari me quita la idea de la cabeza. Hoy la especie de casaca del uniforme le queda justa.

Me fijo cuando retira la bandeja. Todavía lleva la tirita en el dedo. Le enseño una foto de Josh. Me dice que es clavado a Paul Newman. Le digo que es lo más parecido a un dolor de pies. Se ríe. Y no puede parar. Raquel entra a decir algo. Me cae bien. Le dice lo del dolor de pies. Raquel también se ríe. Me dice que conoce a otro que también lo es. Se van. Paps me mira. Quiere decir algo. E-L-E-M-E-N-T-O. Sonrío. Le doy un beso.

Marge me envía  mi planning del mes.  Lo repaso con Cari. Nueva York, París y Londres. Pero aquí sólo tres días. Le pido su teléfono móvil. Se arregla el flequillo y frunce el ceño. Me mira y parpadea. Lo guardo como Mary Poppins. Sonríe. Recorre el planning con su dedo indice. „Christian Dior“. No sé si pregunta o afirma.

Paps duerme. Le cojo una mano y se la acaricio como despedida. Gelatina. Un servicio de shuttle me recogerá en una hora. A por el Mini-Cooper vendrán mañana. El Dr. Gamazo me desea buen viaje. Cari me entrega una bolsa con una caja de antigripal efervescente y otra de azucarillos. No me quiero ir. Le doy dos besos. Se arregla el flequillo. Intento sonreir. Sigue lloviendo. Un empleado me abriga con un paraguas de la puerta al shuttle. Me despido con la mano hasta que los dejo de ver.

No sé qué hora es. Marge me llama al móvil. Aún estoy acatarrado. No puedo ir. Mañana mejor. Miento. Mal. Pero me cree. Está nevando. Me cubro la cabeza con el edredón. Llamo a Cari cuando allí es mediodía. Coliflor con bacalao. Tocinillo de cielo. No es justo. Sigue lloviendo. Me apremia a tomar el antigripal. Con azúcar. Apunto. Nos quedamos en silencio un instante. Alguien habla al fondo. Me llamará más tarde. Hasta luego.

El maquillador me pone un antifaz de hielo. Me tomo un antigripal. Con azúcar. Ya no me duele la garganta. Tenemos sesión con „La niña de la bola“. Las llamo así. Ganan un concurso y ahora creen que saben. Marge me susurra que tenga paciencia. Me piden un autógrafo. Me invento uno. Comienzan los clicks y ponen caras raras. El fotógrafo se encomienda al cielo. Yo hace tiempo que no lo hago. Marge me pasa un botellín de agua. Me hacen fotos con los móviles. Tengo que abrazar a una. Tiembla. Me quiero ir.

Josh me pregunta quién es „Confecciones Luís“. Le gusta mi plumas. Le explico. Se lo prueba. Se lo quito. Me echa la lengua. Quiere uno. Marge me pasa un botellín de agua. Sigue con María. No se habla con su madre. Entrevista conjunta. Tengo los ojos gris metálico. Sé que los tengo grises, pero no metálico. La chica de la revista lo sabe mejor que yo. Mi comida favorita. Pienso en tocinillo de cielo, digo sushi. Mi bebida favorita, pienso en whisky barato con no-name cola, digo Gin-Tonic. Al resto respondo lo que me pasó Marge. Josh miente en todo. No le miro. Sino le delataría. Josh nombra a María. Yo soy el hombre más deseado del planeta. Josh suelta una carcajada. Necesito un antigripal. La chica se fija en mi plumas. Josh le dice que él también quiere uno. „Confecciones Luis“. Marge se encoge de hombros. Me quiero ir a dormir. Cari.

Calculo qué hora es en la otra parte. Llamo a Cari. Paps está haciendo fisioterapia. Le encargo un plumas para Josh. No se sorprende. Su hermano tiene uno. Me pregunta si tomo el antigripal. Con azúcar. Se ríe. Tiene que colgar. Le mando texto con mi dirección en Nueva York. Le pido me envíe la factura. Me envía un emoji riendo. Cari.

Alguien me ha hecho una foto por la calle. Con el dichoso plumas. Y el gorro. No doy explicaciones. Ande yo caliente. Diría paps. Pongo „Confecciones Luís“ en el mapa. Cari me envia una foto del plumas de Josh. Igual que el mío pero en azul.

Entrega de premios de moda. Me aburro. Llamo a Cari. No me coge.

Manuel me quiere matar. Y casi lo consigue. Hago sesenta piscinas. Me permite un batido vitaminado. Tengo hambre.

Dos tipos se pelean y se monta un barullo. Me alejo con Anne-Sophie en los oídos. Ya no me peleo. Marge me pasa un botellín de agua. Hoy es casual. Con las chicas. Coincido con Heather. Ya no siento nada. Ella evita mirarme. Mejor. Me llama Adela de Vogue. „Confecciones Luis“. Le digo que me encargo. Encuentro el ticket de compra. Calculo la hora en el otro lado. Me necesitan en peluquería. La chica que me coge el teléfono me pasa con Luís. Me explico. Se acuerda de mi. Cari también le explicó. Cari. Me tiran del pelo. No se disculpan. Anota mi número. Le doy el de Adela. Me da las gracias. Hasta luego. Odio la laca. Marge me pasa un zumo de naranja. Me duele la cabeza.

Manuel y yo hacemos la tabla al ritmo de „Gloria“ de Mando Diao. Josh toma cereales sentado en el suelo. Lleva puesta las gafas. Tiene conjuntivitis. Sigue nevando. María llega calada. Josh se preocupa. „Alone now forever Gloria“.

Hola Cari. Le pregunto si llueve. Me pregunta cómo estoy. Ya no estoy acatarrado. Me ha enviado el plumas y otras cosas urgente. Qué otras cosas. Se ríe. Seguro que se arregla el flequillo. Paps ya habla frases de tres palabras. Me siento. El fisio le ha puesto una férula en el pie. Me preocupo. Dice que es normal. Supongo. Pollo asado con patatas. No es justo. Josh grita „Hola Cari!“ al teléfono y ríe. Cari calla. Me voy a la cocina. Le explico quién es. La veo sonreír. Mañana van al cardiólogo. Es rutina. Me llama después. Hasta luego. Nubes, montes y lluvia. Me entra una llamada de Marge. Me quieren en una película. Digo que no. No intenta convencerme. Mañana pasa a las seis. Cari.

Manuel y yo. Cinco kilómetros. Mejor de lo que esperaba. Me hacen fotos. Pasta con atún. Algo es algo. Soy portada de tres revistas. Marge me las enmarca. No las cuento. Wen está enorme. Y feliz. Es un niño. Voy a ser el padrino. No es negociable. Tiene campañas pre-mamá. Encarga mexicano. Me como dos tacos. Marge no está. Manuel tampoco. Llamo a Cari. Fuera de cobertura.

Llega el paquete. Josh da saltos de alegría. Le recuerdo que Papa Noel no existe. Me echa la lengua. Josh se pone el plumas. Y el gorro. Parece que le haya tocado la lotería. Una mezcla para hacer tocinillo casero. Un pack de jerseys azules. Chocolate a la taza. Lo escondo de Marge en el fondo del armario. Le envío a Cari una foto de Josh con el plumas ,y el gorro, haciendo el símbolo de la victoria. Y un emoji de un beso. Ella me envía fuegos artificiales. Cari.

Josh se lía con “La niña de la bola“. Tira las sábanas. Vienen a buscarla. Ella le da un beso de despedida. Él ya ha olvidado su nombre. Marge coincide con ella. Me abronca. Le explico. No está conforme. Me voy a la ducha. Marge no me habla. Mejor. Dieciséis. Repite. Dieciséis. Yo también tuve dieciséis. Le recuerdo. Le callo la boca. Miramos por nuestras respectivas ventanillas. Armani. Sesenta piscinas. Pescado con verduras. „La flauta mágica“. Fundido en negro.

Marge sigue sin hablarme. Y yo no le hablo a Josh. Josh se va con María a Saint Barth. Le compro a Marge un broche en forma de margarita en Cartier. Armisticio. Me da un beso en la frente. Haya paz.

Tengo dos llamadas perdidas. Una de la clínica. Otra de Cari. Todo me da un vuelco. Llamo a Cari. Intenta tranquilizarme. Lo consigue a medias. Otro derrame. Gelatina. Su voz. Hasta luego. Llamo a Marge. Quiere venir conmigo. Voy solo. Anula mis citas. Reservo el primer vuelo. Servicio de shuttle en destino. Llevo el plumas.

Llego a Madrid por la tarde. Con retraso. Estoy en la M. Salgo de la J. Tengo que pasar por un control. Sólo dos guardias civiles para cien personas. Me tengo que descalzar. Opto por correr. El ascensor no es una opción. Bajo las escaleras de dos en dos. El tren subterráneo tardará veinte minutos. Yo tengo treinta. Coincido con una excursión de japoneses. El vagón de delante desaparece de mi vista por la ventana panorámica. Y luego vuelve. Los japoneses aplauden. Yo recupero la respiración. Vuelvo a correr. Subo las escaleras de tres en tres. Sorteando gente y bultos. Desemboco en un DutyFree. Me confunde. Vuelvo a correr. Me acuerdo de Manuel. Mi puerta vuelve a ser recóndita. Llego y me sobran treinta segundos. Soy el penúltimo en embarcar.

Llego de noche. No llueve. Pero hace frío. Cari me recibe en la puerta. La abrazo y le doy dos besos. Tengo la impresión de llevar días corriendo. Me acaricia un brazo. Paps está en cuidados intensivos. Gomas y cables. Me siento a su lado. Le cojo la mano. Cierro los ojos . No puedo respirar hondo.

El Dr. Gamazo me explica. Intento entender. El nudo en la garganta duele. Me tengo que sentar. Cari apoya su mano en mi hombro. Cierro los ojos.

Duermo poco y mal. Me duele la cabeza. No tengo hambre. Cari me trae un bol de sopa. Me sienta bien. Paps está estable. Salimos al pasillo. Me pregunta si estoy bien. No sé qué contestar. La busco. Se asusta. Me aparto. Me busca. Pierdo mis manos en su pelo. Oímos voces. Nos apartamos. Nos buscamos otra vez.

Me despierto y sigue a mi lado. Dormida. Su pelo sobre la almohada. Llueve fuera. Silencio.

Paps se va en paz. Alcanzo la mano de Cari. Ya no la suelto. No sé qué tengo que hacer. Me rompo.

Vienen sus padres y su hermano. Familia. Su padre se encarga de todo. Yo no puedo pensar. Enterrar a paps con madre es complicado. Me aconsejan comprar un nicho allí. Hundo mi cabeza en el hombro de Cari. Su madre me abraza.

La urna es de metal azul. Cari no me suelta la mano. Su madre me coge del brazo. Creo ver a Marge al fondo. Pero no estoy seguro. Cuando todo acaba me llevan a su casa. Cari me da algo para dormir. Se tumba a mi lado. Fundido en negro.

Ven conmigo. Cari. Ella me mira. Me acaricia la cara. No le suelto la mano. Ven conmigo. Lloramos los dos. Le doy un billete abierto a Nueva York. No la quiero soltar. No la puedo soltar. Me acaricia la cabeza. Nos buscamos.

Su padre me abraza. Su madre no puede. Es la primera vez que veo llorar a Marge.

Silencio. No quiero hablar con nadie. Alguien hace una foto. Silencio. Me voy.

Marge llama al Dr. Wheeler. No le hablo. No quiero hablar con nadie. Sólo con Cari. Y no está. No tengo hambre. Quiero estar solo. Y no me dejan. Llamo a Cari. Dónde estás?. Estoy acatarrado. Otra vez. Tengo fiebre. Mi casa se llena de gente. Hablo por fin con ella. Mejor. Cari me llama. No puedo respirar. Es horrible. No quiero hablar con nadie. No quiero ir a ninguna parte. Sólo la quiero a ella.

Son las doce. Me voy. Marge alza una ceja. El monovolumen me lleva a JFK. Siempre voy a salidas. No a llegadas. Tiene que haber aterrizado ya. Hay una multitud. Me pregunto si será una manifestación. Me abro paso a duras penas.

Y la veo. Aferrada a un carro cargado de maletas. Arreglándose el flequillo. Frunce el ceño. Me ve. Sonríe. Vivaldi. Invierno (4/4). Respiro hondo. Hola Cari.

LA DE FERNANDO

Melisa me cuenta que Ramón y Verónica se van a comprar un piso. Fíjate tu qué me importa. Ya no hay nada. Que sean felices. Me llama borde. Estamos esperando el autobús en la marquesina. Va a llover. La camiseta térmica funciona. Es una Damart. La encontré en el fallado. Aún en la funda. Nos sentamos detrás de Cosme. Melisa le da palique. Un día nos matamos. Yo me bajo en el cruce. Llevo ya puestas las botas de agua. Gamazo siempre dice que van a cementar. Pero hasta que eso pase, el aparcamiento es una pista de barro. Javier me gasta siempre bromas con la camarita. Haciendo que rote. Y me asusta. Me río. La Sra. Cuevas ya anda sola. La encuentro en el pasillo. Me llama “nenita”. Le pregunto si la llevo a algún lado. Me lo agradece. Quiere llegar al final del pasillo. Y volver. Ya es un reto. Para cómo estuvo.

Raquel me avisa de que van a traer un nuevo paciente. Me entrega una carpeta. Viene de lejos. Me voy a controlar a los que ya tenemos. Son ocho. El Sr. Treviso no ha querido desayunar. Ahora duerme. Lo anoto en su informe. Me cruzo con Gamazo. Me confirma lo que Raquel ya me dijo. Lo traerán cuando sea transportable. Raquel y yo repartimos las pastillas en los pastilleros. Luis quiere niños. Qué problema hay. Coloca las pastillas del martes del Sr. González-Nieto. Aprieta los labios. Y si no vienen?. No la entiendo. La Sra. Blázquez dos para la orina a partir del jueves.

Voy con mi madre a la compra. Nos va a recoger Fer. De cena hay pechugas de pollo con ensalada. Me tomo un yogur de postre. Ponen una película de misterio. Mi madre se queja de que tan oscura la quieren poner, que no se ven las caras. Mi hermano enciende un pitillo. Me voy a la cama sin saber quién mató a Robert. Leo un poco del libro que me prestó Melisa. “ Cómo salir del bache sin perder la mercancía”. Me quedo dormida. Supongo que alguien apagó la luz.

El Sr. Treviso se niega a comer. Le ponemos suero. La Sra. Cuevas ya llega hasta los ascensores. La felicito.

Melisa quiere ir al cine. “50 sombras de Grey”. No me apetece. Me quiere prestar el libro. Le recuerdo que aún tengo “el del bache” y no paso de la página ocho. Me llama borde. Pues todo el mundo dice que está super-bien. No me apetece. Vamos a tomar una caña.

Mi padre va a entrar en política. Intento no reírme. Soy la única que lo ve gracioso. Va en el puesto dos con los socialistas. Fer le recuerda que si ve un maletín, no lo coja. Mi padre se ríe. Aprovecho para hacerlo yo.

Mi madre quiere ir al cementerio. Corto rosas en el fondal. Vamos andando. Me cuenta que Ramón y Verónica se van a comprar un piso. Me hago la sorprendida. A ver qué me importa. Me intereso por dónde.

La mujer de Gamazo me acerca en el Cayenne. Me parece entrar en una nave espacial. Huele a cuero y a nuevo. Suena “I still haven´t found what I´m looking for” de U2. El anillo de diamantes brilla cada vez que gira el volante. No me gusta el perfume que lleva. No sé cuál es. Lleva la blusa que vi el otro día en el centro. Beig de cuello caja. Me pregunta si aún quiero hacer fisio. Carraspeo. Me invento falta de tiempo. Asiente. En el bolso de Loewe suena un móvil. Es Sergio. Me dice. Ya le vemos ahora. Ella también se pone una botas de agua para cruzar el barro. Hunter lila. Javier no hace bromas con la cámara.

Calabacines rellenos con patatas al vapor. Como con Raquel. Van a por el niño. La felicito. Se me queda mirando. Le digo que yo no pienso ir a por ningún niño. Sopesa mi respuesta. Lo entiende. La gente tiene ideas.

Hoy llega el paciente nuevo. Le han dado la habitación con las vistas más bonitas. Donde antes estuvo la Sra. Aurora. Este se llama Carlos Albián Pérez. Derrame cerebral. Llega en una UVI privada. Lo que ha debido costar. Viene sedado. Le ponemos oxígeno por precaución. Gamazo nos dice que la familia quiere estar informada semanalmente. Raquel ya informa a dos familias. Me toca a mi. Además tendrá mi dedicación exclusiva. Raquel me mira. Pero no dice nada. Cuando Gamazo se va, niega con la cabeza. Supone que ella sola tendrá que hacerse cargo de los otros ocho. Yo la tranquilizo. No voy a estar veinticuatro horas con él. La ayudo con el resto, pero cargo tintas con este. O algo así. No me van a pagar más. Se tranquiliza.

Gamazo me da el teléfono del hijo del Sr. Albián. Se llama Rodrigo Albián. Es un número de teléfono móvil muy largo. Con un prefijo que no conozco. Gamazo me aclara que es de Estados Unidos. Lo anoto en la carpeta para no perderlo.

Calculo ocho horas menos. Allí son las nueve de la mañana. No sé dónde en Estados Unidos. Suena sólo dos veces. La persona me responde en español. Buenos Días Sr. Albián, soy Cari. Empezamos mal. Silencio. Me explico mejor. Le cuento que su padre ya come batido y se mantiene sentado. No le digo cómo. Pero se mantiene. Me contesta. Tiene una voz bonita. Como de doblaje. Se interesa. Parece realmente preocupado. Le tranquilizo. Me despido. Creo que he salvado la situación.

Melisa se lía con el primo de su cuñado. El de León. Le tomo el pelo con “50 sombras de Grey”. Me manda por ahí. Me río. Mi hermano se plantea marchase a Suiza. Mi padre lo entiende. Mi madre no quiere. Yo le animo. Así puedo visitarlo. Enciende un pitillo. Alza las cejas.

Miro el “Hola” con Raquel después de comer. El salón del reportaje central es espantoso. Si tengo que sentarme ahí todos los días acabo a tiros por la ventana. Raquel se ríe. Me cree capaz. “La gacela de los Balcanes vuelve con su novio on-off”. Raquel no sabe qué es On-Off. Se lo aclaro con Miguel y Trini. Lo coge. Opina que si ese fuera su novio, ella intentaría siempre estar On. Nos reímos. En Notas de Sociedad hay una novia realmente fea. Se llama Lígia. Raquel menea la cabeza. En qué cosas me fijo.

El Sr. Albián empieza la rehabilitación. Creía que estaba peor. Llamo al hijo. Hola Cari. Me pongo colorada. Le pregunto cómo está. No sé por qué. Bien. Tiene una voz preciosa. Le explico. Le tranquilizo. Una mujer grita algo en un idioma raro. Hay un portazo. No sé qué hacer. Le pido perdón. Silencio. Le anuncio el comienzo de la fisioterapia. Le aseguro que su padre está mejor de lo que esperábamos. Silencio. Le pregunto si llueve en Nueva York. Me dice que no. No parece ser de muchas palabras. Le digo que aquí siempre llueve. Como si le importase. Me despido. Tengo que volver a mi estrategia del cactus. Es la mejor.

Mi hermano no se va a Suiza. No quiere aprender francés. Nos llega la invitación de boda de mi prima Charo. Nos llevamos tres días. Mi madre me mira. Mi padre le pide que me deje en paz.

Melisa sigue con el de León. Se llama Lucio. Paso de decir nada. Me lo agradece. La mujer de Gamazo nos perfuma los pasillos. Hoy lleva un vestido-abrigo marrón. A Raquel le cae mal. Sus pulseras tintinean.

La Sra. Blázquez tiene el azúcar alto. La Sra. Cuevas hace pilates con un instructor. Me vendría también bien a mi. A lo mejor le pido la tabla para hacerla en casa. El uniforme me queda un poco justo. Raquel me dice que tengo unas formas bonitas. No sabe que llevo sostén reductor desde los doce años. No lo sabe nadie. Excepto mi madre. Y Siño, claro, que los encarga. Me recorto el flequillo en el espejo del baño. Justo hasta las cejas. Siempre he tenido flequillo. No soy yo sin el.

Gamazo me avisa de que ahora el prefijo para Albián es Francia. Llamo al mediodía. Hola Cari. Me vuelvo a poner colorada. Le pregunto si llueve en París. Aquí hace sol. La chica del tiempo. Cactus. Le cuento de su padre. Me pregunta si he estado alguna vez en París. Me da la risa. Yo no voy nunca a ninguna parte. Habla con alguien en inglés. Hasta la semana que viene.

Voy con mi madre a la modista para la boda de Charo. Es un vestido estampado con cuello blanco. Yo no me hago nada. Tengo todavía el de la boda de Raquel. La blusa de cuello caja es cara aún en rebajas. Llego a la página veinte del libro de Melisa. Creo que me aburre. Yo no paso por ningún bache.

Vemos un drama de guerra. Me voy a la cama antes de que los fusilen. Caigo como una piedra en un pozo.

Gamazo me llama al despacho. Me presenta a Rodrigo Albián. Me suena de algo pero no sé de qué. Me da dos besos. Es muy alto. Tiene los ojos grises. Parece cansado. Tiene una voz preciosa. Se va a quedar unos días. Le guiamos hasta su padre. Le explico su día a día. No sé si le importa. Me mira mientras hablo.

Se sienta frente a su padre y le coge la mano. El Sr. Albián le llama Amparo. Su hijo se emociona hasta las lágrimas. Me pego a la pared del fondo junto a la puerta. Me hago invisible.

Sólo trae una bolsa de mano. Es de cuero. Armani Jeans. Le guío hasta la zona de huéspedes . Le explico los horarios de comidas. Me mira mientras hablo. Los zapatos se le han puesto perdidos de barro en la explanada. No le digo nada. Su agotamiento es más que notable. No sé de dónde me suena.

Cuando entro en la habitación el ya está allí. Está sentado en la cama y le habla a su padre. Éste le mira con la boca abierta. Me ayuda a sentarlo en la silla. Le quiere dar el desayuno. Yo hago la cama. Le llama Amparo. Rodrigo me explica que él es la viva estampa de su madre. Ya me cuadra. Después vamos a la galería. Me quedo por si me necesita. Me he traído el libro del “bache” para terminarlo. Rodrigo se asegura cada poco que sigo ahí. En una me guiña un ojo. Sigo con mi estrategia de cactus. Es la mejor.

El Sr. Albián se queda dormido. Rodrigo se sienta conmigo a comer. Raquel está desaparecida. Si pasa alguien, nos sonríe. No entiendo nada. Bistecs de ternera en salsa con patatas asada y guarnición. Así no hay quién baje. Rodrigo come como si le fuesen a quitar el plato. Me roba el pan. Me río. Cuando sonríe le brillan los ojos. Me pregunta por mi vida. Le hablo de mis padres y mi hermano. Su madre murió cuando él tenía diez años.

Trabaja en publicidad. Entre Nueva York y París. Yo nunca voy a ninguna parte. Se come mis patatas. Me da la risa. Su plato está tan limpio que parece ya pasado por el lavavajillas. Se queda dormido en la galería. Aún tiene el horario cambiado. Raquel aparece. No nos quería molestar. La llamo tonta. Me da un azote en el culo. Me río.

Gamazo me pide que vaya al centro a recoger las medicinas que encargó. Las necesitamos hoy. El mensajero nos las traería mañana. Voy a secretaría a llamar un taxi. Rodrigo cubre un formulario. Ya no parece tan cansado. Se ofrece a llevarme. Su padre descansa. Llueven chuzos de punta. Dice que nunca vio llover así. Quiero decirle que esto no es nada. Pero me callo. Se nos pone delante un tractor rojo. Creo que es Venancio. Rodrigo empieza a silbar y tamborilea el volante con los dedos. Me mira y sonríe. Le señalo las torres de la catedral para que se oriente. Me entiende mal. Nos metemos por el Campus Norte. Damos un rodeo innecesario. Le indico el primer aparcamiento con plazas libres. Creo que tiene frío. Yo llevo mi Damart. La cazadora que lleva es muy fina. Y tiene los zapatos mojados. Me llama Mary Poppins al sacar el paraguas del bolso. Canto mentalmente “Chim-chim-che-roo”. Me río.

Me agarra por el hombro para que quepamos los dos bajo el paraguas. Somos el punto y la i mayúscula. Se muere de frío. Tengo miedo que coja una pulmonía. Hago camino por Siño. Se alegra de verme. Le presento a Rodrigo como un amigo. Tengo la impresión de que le conoce. Rodrigo a él no. Siño le pregunta si tiene frío. Rodrigo le pregunta si tiene plumas. Se pierden en la tienda. Yo miro unos vestidos de lana. Les oigo charlar. Rodrigo se decide por un plumas como el de Fer. Pero en marrón. Acolchado y con capucha. Elige también un gorro de lana negro. Siño está nervioso. No sé por qué. Le pregunto si tiene botas. Rodrigo se mira los zapatos. Me da la razón. Se compra unas botas forradas de borreguillo. Se lo lleva todo puesto. Siño nos da una bolsa grande con “Confecciones Luís” en azul. Rodrigo le da las gracias. Ya no tiene frío. Ahora tiene hambre. Se compra dos empanadillas de bacalao. Quiero llegar a tiempo a la farmacia. Hago camino por la Catedral. Se queda parado delante de Altar Mayor. Miro el reloj. Descubre el Apóstol. Le llamo. Viene hacia mi caminando hacia atrás. Salimos por Platerías. Sigue lloviendo. Me vuelve a rodear por el hombro. Y me acerca más a sí. Le miro y me sonríe. Yo también. En las escaleras nos encontramos con mi prima Olga. Si la hubiese apuntado con una pistola no se hubiera quedado tan quieta. Me pregunta qué hago allí. Pero mirando a Rodrigo. Le explico. Rodrigo se aprende de memoria la Plaza de Platerías. Olga parpadea varias veces. Quiere decir algo pero no sabe qué. Le digo que tengo prisa.

Asiente sin dejar de mirar a Rodrigo. Voy a la farmacia. Volvemos. Llueve menos.

Comemos besugo al horno con patatas. Me explica que si vuelas con frecuencia puedes acumular puntos. El no sabe los que tiene. Yo no tengo ni el primero. Nunca voy a ninguna parte. Fui una vez a Madrid. Pero no me acuerdo. Me mira mientras hablo. Le interesa lo que cuento. Le pregunto por su trabajo. Mira hacia la ventana. Carraspea. Me dice que es muy cansado. Pero que pagan bien. Me pregunta por mi sueldo. Se lo digo. Le parece poco. A mi también. Nos reímos.

Se queda dormido en la galería.

Le despierto una hora después. Definitivamente tiene falta de sueño. No viene a bañar a su padre. Después le da la merienda. El padre tiene un mal día. Acaba saliendo de la habitación. Le encuentro en las ventanas de atrás. Me atrevo a acariciarle un hombro. Me voy. Me llama. La niebla se deshace en hilos. La observamos en silencio. Me cuenta que es difícil ver a su padre así. Era un hombre muy vital. Le escucho. Necesita hablar. Tengo tiempo.

Si Lucio volase de León aquí, acumularía muchos puntos. Melisa no me entiende. Yo no me explico. El próximo fin de semana va ella. Tomamos café. Me corto con el cuchillo del pan. Mi padre prepara la campaña. Yo no lo veo. La Sra. Cuevas se va. Nos regala una pañoleta a Raquel y a mi. Se emociona. Rodrigo desayuna con su padre. El Sr. Albián le escucha. Terapia Ocupacional. Rodrigo se queda dormido en la butaca. De sus auriculares salen violines.

Llega el Sr. Tapias. Accidente de esquí. Su mujer está muy nerviosa. Raquel se sienta con ella. Yo asisto a Gamazo con el marido. Oxigeno por precaución. De camino a secretaría me encuentro a Rodrigo. Habla con la mujer de Gamazo. Otra vez ese perfume. Tintinea las pulseras. Él me saluda. Ella no. Tengo que sortear recetas.

Rodrigo tiene hambre. Me lo dice como si eso supusiese un gran problema. Le llevo a la cocina. Amelia le piropea. Él la abraza y se ríe. Le prepara un bocadillo contundente. Y un botellín de mosto. Le invita a volver cuando quiera.

Las rosas a la izquierda. Las verdes a la derecha. Anoto las electrónicas para no olvidarme. El Sr. Treviso está sondado. Hay que pedir más esparadrapo. Rodrigo no deja ni rastro del bocadillo. Su padre parece sonreír.

Melisa me llama. Hay tres jerseys por uno. Si quiero un pack. Me coge el pack azul. El Sr. Tapias no respira por sí mismo. Le damos un calmante a su mujer. No suelta la mano de Raquel. Raquel me pide una Coca Cola.

Pollo asado con patatas y ensalada. Rodrigo tiene dos zancos. Yo sólo uno. Me guiña un ojo. Dice que hay que tener contactos. Me río. Le cuento que mi padre quiere ser concejal. No ve el problema. Creo que no tiene el carácter. Me dice un concejal sin carácter, también puede ser buen concejal. Tiene los ojos grises. Me mira cuando hablo. Su padre era mecánico de camiones. El tiene carnet C. Yo no tengo ni el B. Me anima a hacerlo. A lo mejor en verano. Llueve a cortinas. Ambos asentimos. Mejor en verano. Me roba dos patatas. Yo a él un trozo de tomate. Sonríe. Le brillan los ojos. Empieza a tronar. Treboada. No me entiende. Le explico. Repite la palabra. Viene Raquel. Parece haber cruzado el desierto a pie. Rodrigo le pregunta si quiere un café. La Sra. Tapias duerme. Tomamos café. A Raquel le suena el busca. Nos mira como un reo al pie del garrote vil. Se va. Rodrigo la compadece. Yo también. La Sra. Tapias no es fácil.

La Sra. Blázquez tampoco es fácil. Se niega a tener catéter. Llueve en tromba. Caen rayos. Melisa me envia una foto de los jerseys. Por una vez acierta. Le enseño la foto a Rodrigo. El también quiere un pack azul. Me río. En serio. Dice. Le pregunto qué escucha en los auriculares. Me los pasa. Es un violín. Con orquesta. Y se va solo. Y vuelve. Se los devuelvo. Lo que hace un violín. Marcho que tengo que marchar. No me entiende. Me río. Me suena el busca. El Sr. Tapias.

Me estoy poniendo el anorak. Le descubro en la puerta. Las manos en los bolsillos. A dónde voy. Mi turno acaba dentro de tres minutos. Me lleva a casa. Saco el paraguas del bolso y le enseño las botas. Me lleva a casa. Cedo. Me sonríe. Yo también a él. No sé por qué. El aparcamiento es un mar de lodo. Llueve a espuertas. Llenamos de lodo el Mini. No le importa. Le guío. Yo soy su navi, me dice. Cactus. Soy un cactus. Creo que sonrío. Vamos un rato detrás de un carro. Vemos un arcoíris. Tiene los ojos grises. Le invito a pasar. No sé si lo dije en alto.

Mi madre hace caldo. Le da dos besos. Hola neniño. Hago café. Hay bizcocho de nueces. Le sirvo un trozo grande. Seguro que tiene hambre. Mi padre le da la mano. Le quiere poner gotas en el café. Mi madre le dice que qué cosas tiene. Le pongo un tazón de café con leche. Sonríe. Llega mi hermano. Murió Remigio el de Olimpia. Vaya por Dios. Dios lo tenga en descanso. Rodrigo moja el bizcocho en el café. Siempre tiene hambre. Me siento a su lado. Mi madre le sirve otro trozo de bizcocho. Rodrigo no le dice que no. Cóme Rodrigo. Me hace caso. Mi hermano le ofrece un pitillo. Ya no fuma. Yo tampoco. Mi casa se convierte de repente en Centro Social. Llega Orive a arreglar el pozo. Hola neniño. Mi madre le sirve más café. Tampoco hay que exagerar. Rodrigo parece estar en su elemento. Llega mi tía. Hola neniño. Se sienta frente a nosotros. Murió Remigio el de Olimpia. Dios le hizo mil favores. Mi madre y ella nos miran en silencio. Como esperando algo. Rodrigo también me mira intrigado. De repente tengo mucho calor. Opto por beber café. Rodrigo se tiene que ir. Todos protestan a la vez. Quiere cenar con su padre. Entonces si. Yo sigo teniendo calor. Le acompaño al coche. Ya no llueve. Mañana nos vemos. Se va. Agradezco la brisa.

Trasladan a la Sra. Blázquez a cuidados intensivos. Con catéter. Raquel compra bata, camisión y zapatillas para la Sra. Tapias. La llamo “Personal Shopper”. Sonríe cansada.

Rodrigo está acatarrado. Le duele la garganta. Yo creo que tiene fiebre. Está enfadado con el mundo. Le dejo en paz. Reparto la medicación en los pastilleros. Sin Raquel. El Sr. González-Nieto toma ahora Sintrón. Le veo de repente en la puerta. Me asusta. Sólo dice mi nombre con voz ronca. Está sin afeitar y sin peinar. No puede respirar. Y tose. Sigue enfadado con el mundo. Pero no conmigo. Le doy una couldina. Y acto seguido un azucarillo. Me llama Mary Poppins. Sonrío. No es fácil ser cactus.

Lenguado a la plancha con ensalada de puerros. No me gustan los puerros. Rodrigo se come mi ensalada. Siempre tiene hambre. Ya no está enfadado con el mundo. Es un hombre pegado a un kleenex. Estornuda. Me río. Alcanza a mirarme antes de volver a estornudar. Me dice que no tiene gracia. Arqueo una ceja. Se suena. Tose. Maldice. Le sirvo agua. Bébe Rodrigo. Me hace caso.

Tania la de secretaría aparece con el inalámbrico. Es para él. No le hace gracia. Me levanto para dejarle hablar. Me agarra el brazo y niega con la cabeza. Me siento. Habla con alguien en inglés. Se tapa los ojos con una mano. Tose. No puede respirar. Habla en monosílabos. Cuelga. Yo no pregunto. Me explica que era una tal Marge. Que es su agente. Le necesitan en Nueva York el martes. No parece muy entusiasmado con la idea. Creo que con ese catarro no le entusiasmaría ninguna idea. Decide irse el domingo.

Gamazo me pasa el plan de revisiones. Me pregunta por mis pacientes. Ahora son dos. Capto la indirecta. Le explico. Se hace cargo. Lo encuentra gracioso. Miramos los dos a Rodrigo. Con sus violines en la galería. Es lo más parecido a una noche de truenos. Le dejo en paz. Voy a lo mio. Raquel se va para casa. Ya llama a la Sra. Cuevas de tu. Aurorita. Ya está más tranquila. Fue el susto. Ya.

Vemos una película de acción con tiros. Me voy a la cama antes de que liberen a los rehenes. Acabo de leer el libro del “bache”. Me acuerdo de la canción de Aute. Piedra en pozo.

Aurorita tiene una hija. Se llama Tacoque. La gente tiene ideas. Raquel le llama “La hija”. Gamazo también. Rodrigo conoce a Suki, Kiki, y dos Lulis. No le sorprende. Me río. Ya no es una noche de truenos. Puede respirar. Y sólo estornuda cada diez minutos. Su padre le llama Amparo. El cree que le pone nervioso. Le explico que es parte del cuadro clínico. Parece convencido. Me enseña una foto de Paul Newman. Pero no. Es un tal Josh. Le compara con un dolor de pies. Me río. Viene Raquel. Cotaque. Quetoque. “La hija” quiere hablar conmigo. Lo hace peor. No puedo parar. Le explico. Ya somos dos. Ella tiene uno en casa. Rodrigo la compadece. El Sr. Albián parece sonreir. Nos vamos.

Rodrigo recibe su plan del mes. Nueva York, París y Londres. Me pide mi teléfono. Me coge fuera de juego. Es difícil ser cactus. Me guarda como Mary Poppins. Chim-chim-cheroo. Christian Dior, Armani, Hugo Boss, Men´s Health, The North Face. Christian Dior. Creo que lo digo en alto.

Le viene a buscar un servicio de pasajeros. Le doy una bolsa con el antigripal y los azucarillos. Me da dos besos. No te vayas. No lo digo. Pero se va. El coche desaparece en la lluvia. Gamazo comenta que hace frío. Ya lo sé.

Coliflor con bacalao. Raquel va a ir con “La hija” al notario. Me he perdido un capítulo. No sabe por qué tiene que acompañarla. Van en el Porsche Panamera. Al menos. Asentimos. Me suena el teléfono. Rodrigo. Raquel me hace un gesto con los ojos. Le digo el menú. Protesta que no es justo. Todavía habla de garganta. Le digo que tome la Couldina. Anota con azucar. No te vayas. No digo nada. Le llamo más tarde. Hasta Luego. Raquel me dice que dos y dos son cuatro. Cuatro y dos son seis.

Voy con Melisa al cine. A unos que se les tuerce una despedida de soltero. Creo en la risoterapia. Raquel me cuenta que “La hija” se llama María de la Consolación de todos los Santos. Mejor Tacoque. Mejor. Ir en el Panamera es lo más parecido a levitar. No sabía que supiera levitar. Me confiesa que sólo a veces y en privado. Acabamos despertando a la Sra. Blázquez. No se puede subestimar el poder de la risa.

Están tomando medidas para cementar el aparcamiento. Es intransitable. Le cojo a mi hermano el pantalón de pescar. Raquel me hace una foto avanzando por el barro. Supongo que ella habrá levitado hasta la puerta. Se ríe. El Sr. Tapias todavía no respira por si mismo. Aurorita no se separa de él ni un minuto. Tacoque quiere ir a la peluquería. Me pregunto si Rodrigo estará tomando la Couldina. Tengo que volver a ser un cactus.

Llega el marido de Tacoque. La Sra. Blázquez mejora. Tenemos un nuevo paciente. El Sr. Gómez- Quintero. Tiene título. Accidente de coche. Yo creo que no hay nada que hacer. Gamazo levanta las cejas. Le da dedicación exclusiva a Raquel con el Sr. Tapias. Le recomiendo levitar. Me da un azote en el culo. Somos tontas.

El marido de Tacoque se llama Coté. Me pregunto si ya se buscan. Tacoque no sabe hacer nada sin Raquel. Voy con mi madre a la compra. Me preguntan por Rodrigo en la panadería. También en el super. Mi madre sabe más que yo. Yo la dejo. En Nueva York son las cuatro de la mañana.

El Sr. Albián ya estira las piernas por sí mismo. Me suena el móvil. Rodrigo. Aún tose. Le recuerdo la Couldina. Apunta el azúcar. Me río. Me encarga un plumas para su amigo Josh. Fer tiene uno. Son abrigosos. Llega Gamazo. Le dejo. Me envía un texto con su dirección. Que le diga cuánto es. Le envío una sonrisa. No te vayas. Voy a cubrir recetas.

Al centro a por el plumas. A Siño sólo le quedan en azul. Le compro también un gorro. Le explico. Me pregunta cómo no le avisé que iba a ir con Rod Albian a la tienda. Caigo en que se refiere a Rodrigo. Me dice que todavía no se lo cree. No le entiendo. Ni por qué le llama Rod. Y un pack de jerseys azules de oferta. Tocinillo de cielo para hacer. Chocolate. Melisa me dice que anda por mi. La gente tiene ideas. Me dice que yo sabré. Yo sé.

Vemos una película de espías. No se dicen el lugar de la cita y se encuentran. Es para mi un misterio cómo. Me voy a la cama antes de que entreguen el sobre. Piedra en pozo. Creo oír mi móvil. Lo veo por la mañana. Era Rodrigo. Soy tonta.

Coté se va con Luís a tomar unos vinos. Raquel ya sabe lo que va a pasar. Tacoque no. Opta por llevársela a La Coruña. Tierra de por medio. Luís me cuenta después que Coté cantó con la tuna. Envío el paquete por urgente. El Atlántico de por medio. Mi hermano pone la radio del coche. Se me pega Amaral. Nada de nada. Maldita la hora.

Fer me mira y sonríe soltando el humo del pitillo. Sigue lloviendo.

Melisa y Lucio discuten. Ella no quiere ir. El no viene. Raquel y Tacoque están desaparecidas. Me ocupo del Sr. Tapias y del padre de Rodrigo. Gamazo hoy tiene un compromiso. Ojos que no ven. Coté se preocupa. Luís no. Los dos son del Barça. Me suena el móvil. Rodrigo. Ya suena mejor. Le explico. Se ríe. No te vayas. Risoterapia. Le cuento esto y aquello. De su padre. Pollo asado. Un hombre grita mi nombre al teléfono y suelta una carcajada. Silencio. Rodrigo?. Me explica quién es. Sonrío. Le digo lo del cardiólogo. Se preocupa. Le tranquilizo. Llega el urólogo. Hasta luego. No te vayas. Nada de nada.

Raquel trae un peinado nuevo. Parece otra. Le queda bien. Luis opina lo mismo. Tacoque se pone un chandal. Cosas veréis. Voy con Fer a Leroy-Merlin. Necesita herramientas. Me pierdo en el departamento de tuercas. Compramos unas luces Led con sensor. De oferta. No sé para dónde.

Me llega una foto de Paul Newman con plumífero y gorro dando un salto. Con la V de la victoria en los dedos. Risoterapia. Le envio fuegos artificiales. Voy a clasificar dossiers. A ver si así.

Melisa sigue sin ir a León. Lucio sin venir. Empiezan a cementar el aparcamiento. Lo que debe de costar. Tacoque y Coté se compran pantalones de pescar. Raquel enseña a Aurorita a jugar a la brisca. Mi madre gana un concurso de tortillas. Le regalan un robot de cocina. Con voz. Y luces. Fer ya tiene juguete. Siño se plantea alquilar una nave industrial para confección de plumiferos. No sé por qué. Nada de ti. Nada de mi. Nada de nadie. Maldita la hora.

Gamazo me llama a las dos de la mañana. El padre de Rodrigo. Fer me acerca. Logramos estabilizarlo. No es trasladable. Gamazo intenta localizar a Rodrigo. Yo también. Fuera de cobertura. Me llama a mis cinco de la mañana. Está nervioso. Le explico. Se pone más. Está estable. Intento calmarle. Lo consigo apenas. Se pone en camino. Yo doblo turno. Respiración asistida.

Rodrigo llega ya de noche. Agotado y nervioso. Me da un abrazo nada más verme. Se sienta junto a su padre en cuidados intensivos y no se mueve. Gamazo le pone al corriente. Creo que se va a marear. Se sienta. Apoyo mi mano en su hombro. Hunde la cabeza en sus manos. No come ni duerme. No se aparta de la cama. Le llevo un tazón de consomé. Me quedo a su lado. Se lo bebe a tragos pequeños.

Es la viva imagen de la tristeza. Salimos al pasillo. Le pregunto si está bien. Me mira en silencio. De repente me busca. Me asusto. Se aparta. Le busco yo. Nos enredamos. Oímos voces. Nos soltamos. Se pierden en otro pasillo. Nos volvemos a enredar.

Acabamos en su habitación. Me ayuda a desvestirme. Se desviste él. Lo hacemos. Dos veces. Pensaba que se me había olvidado cómo. Se queda dormido. Le tapo con el edredón. Duermo profundo y sin sueños. Me despierta. Aún es muy temprano. Mi espalda contra su pecho. Siento su corazón. Entrelaza sus manos con las mías. Dice mi nombre. Respira tranquilo. Yo también.

Su padre empeora. Ya no hay nada que hacer. Nos deja. Me coge la mano. Gamazo alcanza a ayudarme a sostenerle. Le damos un calmante. Llamo a mis padres. También viene mi hermano. Rodrigo no habla. No suelta mi mano. Mi padre habla con el tanatorio.

Mi hermano trae cafés. Rodrigo no quiere nada. Mi padre habla con Don Herminio. Le explica a Rodrigo que aún hay nichos libres. Rodrigo rompe a llorar contra mi. Mi madre también llora. Mi padre se va a hablar con Don Herminio. Hay que elegir la urna. Me mira. Tiene los ojos hinchados. Se los tapa con una mano. Apoya la cabeza en mi hombro y yo se la acaricio. Elige una metálica azul. La señora de media melena blanca está al fondo. De negro y triste. Junto a Raquel y Luís distingo a Tacoque y Coté. Discretos. Mi hermano se acerca a ellos. Le doy a Rodrigo otro calmante. No le dejo solo. Nos quedamos dormidos.

La señora se llama Marge. Es su agente. Rodrigo no habla. No me suelta la mano. Nos quedamos dos días en casa de mis padres. Vuelve a comer. Quiere que me vaya con él. De repente la que llora soy yo. Quiero parar y no puedo. Insiste. Ahora llora él. Estamos solos. Me da un sobre cerrado. Le abrazo. Nos buscamos. No me quiere soltar. Yo tampoco.

No le acompaño al aeropuerto. Mi hermano les lleva. Me cuenta después que había fotógrafos y televisión. Le digo que ahora va a ser famoso. Me sonríe. Me dice que la que voy a ser famosa soy yo. Estoy muy cansada. Me acuesto en el sofá. Supongo que así caen los meteoritos.

Me llama en cuanto puede. Ya está en casa. Oigo voces por detrás. Me tranquiliza que no esté solo. Me echa de menos. Yo también. Se tiene que ir.

Abro el sobre. Un billete abierto a Nueva York. Todo va muy rápido. Me mareo. Me siento. Necesito pensar. Le digo a mi madre que me voy. Lo entiende.

Me siento en la Corticela. Todavía es temprano. No hay nadie. Yo no soy de prontos. Melisa dice que soy lo más parecido a un cactus. Me pregunto si estará comiendo algo.

Y si no funciona?. Me vibra el móvil. “Dónde estás?”. Le contesto la verdad. Me repite que me echa de menos. Le envío un beso. Me llama. La capilla está desierta. Cari. Tengo un nudo en la garganta. Por favor. Se queda sin voz. Le digo que si. Silencio. Rodrigo?. Cari. Le pregunto si está solo. Entra gente en la capilla. Me dice que no. Tengo que colgar. Cari. Te aviso cuando sepa algo. Hasta luego.

Voy a hablar con Gamazo. Me dice que le recetó calmantes a Rodrigo. Y reposo. Su agente le aseguró que lo haría. Le explico la situación. Creo que necesito dormir. De repente estoy muy cansada. Gamazo sonríe. Me ofrece guardarme el puesto seis meses. Buscarían una sustitución para el plazo. Entiendo lo que me quiere decir. Asiento. Después se vería. No puedo estar más de acuerdo. Después. Yo no soy de prontos. Me vibra el móvil. Gamazo sonríe. Carraspeo. Me vuelve a vibrar. “Dónde estás?”. Otra vez el nudo en la garganta. No sé dónde estoy Rodrigo. No lo sé. Le envío un beso. Me llama. Cari. Creo que se volvió a acatarrar. Le pregunto. No sabe. Te digo cuando sepa algo. Cari. Le digo que le echo de menos también. Y es verdad. Alguien le habla. Me llama más tarde. Hasta luego.

Se lo cuento a mis padres. No se esperaban otra cosa. Mi madre se emociona. Recuerda cómo se abrazaba a mi. Mi hermano enciende un pitillo. Dice que cree que es buen tío. Es buen tío. Mi padre asiente. Mi madre recuerda el momento de la urna. Si va a seguir así me va a hundir. Les cuento de Gamazo. Mi hermano se encoge de hombros. Tu ya no vuelves. Le miramos todos. Mi madre le da la razón. Mi padre hace un gesto con las cejas. Les miro alternativamente. Y si no vas tu, te viene él. Eso está claro. Mi hermano experto en corrientes. Yo en mi vida tal vi. No te soltaba. Mi madre me va a hundir. Me vibra el móvil. Los tres me miran. Esto es horrible. “Dime algo”. Cojo el fijo. Me voy a atrás. Le explico. Sólo tengo que hacer las maletas. Respira aliviado. Le veo sonreír. Me dice que lleve antigripales. Me río. Cari. Me dice que es horrible. Me lee el pensamiento. Que le diga vuelo y hora. Lo haré. Cari. Te llamo después. Hasta luego.

Melisa me trae el Hola. Alguien nos hizo una foto compartiendo paraguas. Soy “su secreto mejor guardado”. Esto es horrible. Melisa opina que es el hombre más guapo del planeta. Mi padre la mira escéptico. Yo estoy en blanco. No tengo maletas. Ni sé con qué llenarlas. Mi hermano me lleva al Centro Comercial. Que lo vio muy pillado. Ya antes. Cuándo antes. El día que me fue a llevar. Y estábamos hablando. Te miraba y no te soltaba. Mi hermano se explica muy bien. Me duele la cabeza. Me vibra el móvil. Quiero llorar. Me envía una foto de un paquete de kleenex y un vaso con antigripal. Me río.

Mi hermano enciende un pitillo. Tu no vuelves. Le quiero mandar a la mierda. Pero tiene razón.

Me compro un juego de maletas. Y una mochila. Mi hermano cree que nos siguen. Nos reímos. Le mandamos una foto con cientos de maletas de fondo. Nos contesta con un muñequito dando saltos de alegría. Mi niño. No sé por qué le llamo ahora así. Definitivamente nos siguen. Mi hermano se arregla el pelo. Me da la risa boba. Me dice que es por si a caso salimos en el Hola.

Llamo a Siño. Le explico. No da abasto con los plumiferos. Necesito llenar cuatro maletas. Al final lleno cinco. Un bolso de mano. Y la mochila. Esto es horrible.

Tramito el pasaporte. Me lo dan relativamente pronto. Es la primera vez que vuelo. Voy en primera. Nadie lloró al despedirme. Rodrigo me llamó cuatro veces. Y me envió tres textos. En Madrid me llevan al “V.I.P Lounge”. Les envío una foto a Melisa y Raquel. Me ofrecen Champán. No digo que no. Coincido con un actor. No sé cómo se llama. Me saluda. Bebo un sorbo de champán. Una señorita muy amable me guía hasta el control de pasaportes. Ya no hay vuelta atrás. Este avión es gigantesco. Entro antes que nadie. No sé por qué me siento mal. Mi asiento es como un sofá para mi sola. Con mi propia tele. Ya en el aire me ofrecen también champán. Es de color rosa chicle. Me duermo con Amaral en los auriculares. Sin ti no soy nada.

No sé qué hora es. Ni en qué día vivo. No entendí “Interstellar”. No tenía subtítulos. Me leo tres Vogues. Entrecot con verduritas. En el sofá de al lado va la mujer de un futbolista. El que se apellida como yo. Está embarazada. Me sonríe. Me cambia sus MarieClaires por mis Vogues. Nos reímos. Ella también va a Nueva York. Su marido ya está allí. Yo no sé qué decirle. Voy a pasar una temporada. Es una niña. Se llamará Milagros. Porque lo es. No pregunto. Se va al baño. Descubro a Rodrigo en el MarieClaire abrazado a una rubia que le araña la espalda. La llamo de todo mentalmente. Me da la risa boba.

Vamos a aterrizar. Crosscheck. Ayudo a la mujer del futbolista a bajar un bolso del portaequipajes. A lo mejor nos vemos. Me pasa su teléfono en una tarjeta. Patri. Me da dos besos. Tiene más pecho que yo. Y ya es decir. Estoy nerviosa. Y cansada.

El oficial del control de pasaporte es chino. Me pregunta en perfecto castellano qué me trae al país. Le digo que vacaciones. Un robot con cámara me hace una foto. Dejo mi huella dactilar. Que usted lo pase bien. No me atrevo a reír. Gracias.

La sala de recogida de equipajes parece El Corte Inglés en rebajas. Cojo un carro. Un señor con gorro de vaquero y barba trenzada me ayuda a cargar las maletas. No tengo que pasar por aduanas. Estoy nerviosa. Salgo por una puerta de cristal verde opaco. Gente y gente. Y ahí está. Se acerca. Su sonrisa. Sin ti no soy nada. Hola Cari.

Sistema

-Y tú qué quieres, corazón?-La dependienta de la confitería se dirigió a él apoyándose en el mostrador y haciéndose ver entre los botes de piruletas que coronaban las vitrinas, Wenceslao también trató de verla, pero las piruletas entorpecieron cada uno de sus intentos.

-Pues verás…

-Profiteroles, recién salidos del obrador….

-Ya,es que…

-Además están de oferta, compras ocho y sólo pagas seis…

-La verdad es….

-Variados, corazón? Te los pongo en una cajita monísima, como tú- Y le guiñó un ojo, para después ir escogiendo profiteroles de las bandejas que llenaban el expositor, Wenceslao asintió sin decir nada más, y la observó en su labor- Son seis cincuenta….- Él le pasó el dinero por entre las piruletas- Si vas a ir hacia el otro lado es mejor que vayas por dentro….se está formando una buena por arriba…o eso me han dicho unas clientas…- Wenceslao la miró sin comprender a qué se refería y cogió la cajita de profiteroles- Según sales , la primera perpendicular y después a la derecha…así no tendrás problemas corazón- Wenceslao asintió y le dio las gracias, para abandonar la confitería después. Le hizo caso y tomó la perpendicular, si bien no sabía qué podía estar pasando arriba ,como había dicho ella, prefirió no tentar a la suerte. Tomó después la primera a la derecha, un callejón con puertas de garajes y contenedores de basura.

Y nada más abandonarlo sucedió.

Una turba diluviana de gente, pancartas, palos, altavoces, gritos, alaridos, insultos, pelotas de goma, cascos, escudos plásticos, puños, patadas, botas militares, empujones,caidas, llantos, botellas de cristal, manos, pies, cuerpos entrelazados y golpes, le arrastró como si de una ola de un mar embravecido se tratase. Sin saber todavía qué estaba pasando, dos antidisturbios le sujetaron en volandas, sin que sus pies rozasen siquiera el suelo ni poder hacerse oir entre aquel ruido infernal y a rastras le empujaron sin miramientos al interior de un furgón, para después cerrar la puerta. Se vio entonces en una habitáculo reducido y oscuro, rodeado de un grupo heterogéneo de personas que vociferaban consignas y golpeaban con manos y pies las paredes del vehículo, se gritaban entre si, llegaban a las manos, se empujaban e insultaban, él,aún aferrado a su cajita de profiteroles, no se pudo mover, atenazado en una posición imposible entre un hombre que golpeaba el techo dando alaridos y una mujer de pelo blanco que portaba un paraguas rojo y que profería insultos que nadie podía escuchar excepto él, ya que la boca de ella coincidía con su oído. En el momento en que el furgón se puso en marcha, todos los allí encerrados se vieron impelidos en todas las direcciones como si de una lavadora se tratase. Él acabó acurrucado al fondo, sujetando la cajita, como si de un salvavidas se tratase.

-Qué llevas ahí tío?!

-Eh?…yo!?…

-No será un bomba!

-Un bomba!

-No..es que !…

-Dame eso!!

-Per…

-DAME ESO COÑO!….- Pero antes de que pudiese dársela voluntariamente, el furgón dio un frenazo y el resto de los ocupantes se les vinieron encima. Las puertas se abrieron y de nuevo varios antidisturbios se ocuparon de desalojarles, llevándoles en volandas hacia el interior de un edificio, que, en el fragor de la situación, él, no supo identificar. Le llevaron a través de varios pasillos atestados de gente vociferante, y lo arrojaron sobre una silla de plástico.

-Y calladito!- Le advirtió el más alto señalándole con un dedo de su mano enguantada, él asintió en silencio y el otro se alejó por el pasillo, a su lado depositaron a la señora del paraguas rojo.

-Esto es denunciable! De-nun-cia-ble! Que no se va a poder ir a comprar pan tranquila en este país! Denunciable es esto!- Y se arreglaba la gabardina y el pelo, sin poder todavía controlar su furia, aferrada a su paraguas, él también aprovechó para arreglarse su chubasquero, en el que descubrió un desgarro, se mesó el cabello y se sorprendió al ver su mano manchada de pintura verde. Junto a la señora del paraguas, depositaron a una chica con la cara pintada de blanco con zetas azules vestida con lo que parecía un disfraz de oso.

– Pues te vas a ver buena para quitarte ese mejunje de la cara….

-Verdad? Ya me está picando a rabiar…

-Espera, que siempre llevo toallitas…

-Ay qué amable, no tiene por qué…

-Nada mujer, mira, aquí las tengo….menos mal que siempre llevo riñoneras sino…

-Muchas gracias….

-A ver que te ayudo….después agua y jabón…

-Y crema, no?

-Eso también, pero déjala respirar…Caudalie, la mejor..

-Verdad? Y el serum es increíble…- Wenceslao asistía a la conversación, cuando un policía se presentó ante él.

-Y tú qué?

-Yo?

-Si tú…qué es eso? No será una bomba…

-Eh?No…es que..

-Chitón. Dame…- Y cogiéndole la cajita se alejó por el pasillo sin decir una palabra más.

-Si te soy sincera de jovencita me la lavaba con Jabón Lagarto….porcelana, te diré…

-Y aún se vende?

-Si, en cualquier super…

Un antidisturbios y el policía que se había llevado la cajita volvieron de nuevo y les señalaron a los tres.

-Arreando que hay falta de sitio….

-Yo?

-Quién va a ser? Sí…vosotros tres…a casita…ya llegó de protestas hoy….

-Oiga, que yo…!-Comezó la señora del paraguas rojo

-Yo y Yo y Yo!….fuera todo quisqui!….- Wenceslao se incorporó, al tiempo que las otras dos mujeres.

-Si vas para abajo vamos ya juntas…

-De perlas…- Wenceslao las siguió por el pasillo, pero sin poder apurarse, le parecía que le hubieran pegado una paliza con un saco de patatas.

Salió del edificio, aún tomado por manifestantes, antidisturbios y todo tipo de fuerzas del orden, y agradeció el aire fresco. Se acordó entonces de Ginés. Y del café al que estaba invitado en su casa. Miró el reloj. Había quedado a las tres y eran las seis. Decidió ir de todas formas. La casa de su amigo sólo le quedaba a dos calles desde allí.

-Hombre, Wences! Qué bien que has venido!

-Si, yo…

-Nada, aún falta gente..

-Ya, es que…

-No te preocupes si no traes nada, Ana ha traido dos cajas de profiteroles….

-Ya, yo…

-Estás como cansado no? Y eso del pelo qué es?

-Si, es que yo…

-Hombre Wences! De la que te has librado macho! La que se ha armado allá arriba!

-Ya, buff…

-Es que no vamos ni poder ir a comprar pan….

N.O.S.O.T.R.O.S (Neutrales-Objetivos-Sociales-Ordenados-Trabajadores-Respetuosos-Osados-Seguros)

Ruy no quería el yogur. Ni con azúcar ni sin azúcar. Ni haciendo avioncitos o prometiéndole dos capítulos de Pepa Pig. Así que no insitió más, y le dejó levantarse de la silla de la cocina donde desde hacía veinte minutos trataba de convencerle de las buenas propiedades de los lácteos en general y de los yogures de fresa en particular, sin lograr que él abriese un ápice la boca ni dejase de menear negativamente la cabeza haciendo saltar sus indomables rizos pelirrojos. Se lo comió ella, mientras le oía trastear en algún lugar del apartamento, perdió su mirada en el patio de manzana que se podía ver desde la ventana de la cocina. Todo el apartamento daba a ese patio de manzana, en tiempos había sido un piso más grande, pero lo habían dividido en dos. El que daba a la calle era más oscuro y tenía más pasillo, el suyo recibía sol todo el día y, observando las partes de atrás de las otras casas que daban a ese patio, le daba la impresión de pertenecer a un microcosmos dentro de esa gran ciudad en la que le había tocado vivir. Por las noches se entretenía tratando de adivinar qué luces se apagarían primero, cuáles más tarde, las costumbres y rutinas de las personas que lo habitaban, como suponía que ellos hacían con las de ella. Román les ponía nombre y apellido, e inventaba historias a partir de lo que observaba hacían en su día a día. Román era su compañero de piso, después de que Trini se hubiera marchado a Londres a probar suerte, ella había colgado un par de anuncios por el barrio buscando un inquilino o inquilina, y el primero que se presentó fue él. No le molestó tener que compartir vivienda con el por aquel entonces recien nacido Ruy, ni que ella trabajase en mil cosas o en ninguna, él en aquel momento también estaba en paro, después había encontrado trabajo en Decathlon. Conformaban una comunidad de tres, bien llevada y algunas veces bien organizada. A los ojos de aquellos que les observaran a través del patio darían la impresión de ser una pareja bien avenida con niño, si bien ,ellos no estaban juntos y el niño, que no se parecía a ninguno de los dos, sólo llevaba los apellidos de ella.

El vecino del quinto piso de la casa verde agua, trataba de arreglar una persiana sentado en el bordillo de la ventana de espaldas al patio, elevando los brazos hacia la caja y tirando con fuerza de algo que parecía atascado, la sintonía de su movil la asustó y la hizo tirar el yogur al suelo, al tiempo que alcanzaba el telefono llegó a ver como la que supuso que era la mujer del hombre de la persiana le hacía bajar del bordillo haciendo aspavientos con las manos y cerraba la ventana de golpe, respiró tranquila al deslizar el dedo para contestar.

-Hola Isolda, te pillo mal?- La voz de Alfonso sonaba como la de alguien que corriera los últimos metros de una maratón.

-No, la verdad, todo en orden…- Acertó a decir, si bien acababa de descubrir que al tirar el yogur se había salpicado la camiseta, cogió una valleta del fregadero y trató de enmendar la mancha, pero lo hizo peor, con lo cual la tiró de nuevo al fregadero.- Estás bien?

-No sabes nada, verdad?- Isolda se sentó de nuevo y cambió de oido el móvil.

-Qué ha pasado? No me asustes….algo con María Eugenia?- María Eugenia era la mujer de Alfonso, que se ganaba la vida como representante de Tupper-Ware y pasaba más tiempo en el coche que en casa.

-Ha caido en picado con la avioneta….

-Maria Eugenia?!….y qué hacía en una avioneta?!

-No mujer! Marigeni no!Hildefonso. Ha caido en picado…

-Hildefonso…

-Hildefonso Martínez Cuéllar

-No me gusta repetirme, pero…qué hacía en una avioneta?- se levantó de la silla y se apoyó en la encimera, para luego separarse y apoyarse en la nevera, y volver a sentarse por último sin poder parar de mover su rodilla derecha, señal de nerviosísmo que padecía desde que había tenido la capacidad de sentarse.

-Enseñar a pilotar a otro….una temeridad como otra en estos tiempos….hay reunión, en una hora en la sede central…- Y colgó, antes de que ella pudiese decir nada, antes de que pudiese decirle que Román todavía no había vuelto y que no tenía con quien dejar a Ruy, antes de poder preguntarle para qué la necesitaban a ella en la sede central.

Maldiciendo en voz baja el momento en que había accedido a meterse en política, buscó a Ruy, el suyo era un partido que había basado su programa en las ayudas a las familias monoparentales y aquellas que pasaban por dificultades. Llevaría a Ruy con ella a la reunión. Ya que, a su juicio, ambos puntos del programa coíncidían en su persona en ese momento.

La sede del partido se encontraba en un bajo comercial a tres calles de su casa, antes había dado cabida a una imprenta, antes de ésta una carnicería, y durante varios años había sido un local okupa. Constaba de dos espacios amplios, uno que daba al exterior con un ventanal panorámico, estaba tapizado a medias por carteles de propaganda electoral en los que se veía un grupo de gente, fotografiados desde el aire, formando una N mayúscula sobre un campo con flores de colores, estaba amueblado con tres mesas de despacho desconchadas dispuestas en U y sillas de distintas procedencias, y otro interior, con ventanas tipo tragaluz , en el que habían dispuesto sillas y butacas alrededor de una rotunda y oscura mesa de comedor de madera de tipo castellano oval con un abigarrado pie central que imitaba el tronco de un arbol, dos estanterías Billy de Ikea con una cafetera eléctrica, tazas y carpetas con papeles, completaban la decoración.

Ruy no era el único niño que asistía a la reunión, Matilde llegó con su hijo Damián en su portabebés al pecho y Moncha con sus gemelas profundamente dormidas en sus sillitas. Alguien extendió una manta verde muy gruesa sobre el suelo, y ésta se llenó de cosas de plástico de colores y peluches que esa persona fue sacando de una bolsa de lona. La cafetera estaba ya funcionando.

-No voy a perder el tiempo con explicaciones. Voy a ir al grano. Dos temas:Uno. Hildefonso era el número 10 en nuestra lista, desgraciadamente ha quedado vacante, y como la vida sigue, el siguiente en la lista ocupará su puesto, esto es: Isolda Lindero López. Dos: Me han llamado los otros, nos brindan la oportunidad de sentarnos a las mesas de las coaliciones- Alfonso expuso lo que quería transmitir desde uno de los sitios en el centro mirando a los presentes, sentados alrededor de la mesa, recorriendo los rostros con la mirada por encima de las gafas y clavando levemente ante cada afirmación la mina de un bolígrafo bic sobre una libreta que tenía ante él.

Isolda, que le estaba ayudando a Ruy a desenredar un nudo de uno de los juegos, dejó de hacerlo al oir su nombre y le miró sin ocultar su asombro, que se confundió con el eco de sorpresa de los demás asistentes. Ruy le tiró de la manga, y ella volvió a intentar deshacer el nudo, sin demasiada atención. Si bien se sabía capaz de hacer varias cosas a la vez, lo que había dicho Alfonso había descolocado por completo su puzzle mental. Y le faltaban piezas.

Siguieron dos horas de explicaciones, aclaraciones, dudas, preguntas, respuestas, amagos de debate, esquemas en hojas de libreta, risas, oratoria redundante, más preguntas y bocetos de declaraciones de intenciones, tras las cuales Ruy dormía sobre la manta aferrado a un ingenio de plástico , las gemelas se entretenían gateando por debajo de la mesa y Matilde recorría la sala acunando en brazos a Damián que no se decidía entre quedarse dormido o parar de llorar. Alfonso se había quitado las gafas y se masajeaba el puente de la nariz, mientras otro de los asistentes le leía el apunte de prensa que entregaría a los periódicos lamentando la muerte de Hildefonso, un par comenzaron a recibir mensajes de sus mujeres preguntándoles dónde estaban, otro era partidario de pedir un par de pizzas, todavía había mucho de qué hablar.

-Iba en serio eso de correr plaza?- Isolda se lo preguntó a Alfonso casi sin alzar la voz, ocupando la silla vacía junto a él, mientras el resto de los presentes y otros que llegaban a cuentagotas, pululaban por el local formando grupos que hablaban entre si, dando el aspecto a la reunión de los prolegómenos de una boda.

-Por supuesto, tu eres el número once, ahora estás dentro

-Pero yo no sé si voy a poder…

-Cómo no vas a poder? Claro que si mujer, además, te necesito en esas reuniones.

-A mí? Yo no tengo ni idea de coaliciones ni de nada que se le parezca…

-Tu eres estudiada, yo no, y sabes hablar, yo soy más de organizar.

-Estudiada si, pero de ahí a…

-Juntos llegamos, ya verás,…mira tu por donde, me ha salido un nuevo lema.- Y lo escribió en su libreta en letras de imprenta. Isolda se pasó las manos por el rostro buscando despejarse un poco, no quería tomar café, si lo hacía no podría dormir en toda la noche.

Román llegó cuando caía la noche, había escuchado la noticia en la radio y supuso que la encontraría allí. Fue él el que llevó a Ruy en brazos a casa, después de que se diera por terminada la reunión.

-Necesitaban gente para hacer bulto, y me apunté, por supuesto que el programa que tiene me gustó y esas cosas, pero de ahí a una mesa de negociación hay un mundo…a lo mejor mañana llamo a Alfonso y le digo que no, que llame al número 12, a lo mejor a ese le hace ilusión- Se lo explicaba sentados ambos a la mesa de la cocina, mientras observaban cómo se iban encendiendo o apagando las luces de las ventanas en el patio.

-Tu piensa que no lo vas a hacer de gratis, y que te viene muy bien lo que puedas ganar, además, una mano lava la otra y quién te dice que te sale un buen chollo de ahí?- La voz rota de Román le infundía siempre calma, como un interruptor que aplacase sus nervios nada más accionarlo, le miró en la penumbra y sonrió.

-Y después traigo los pinchos que sobran, como en la fundación aquella te acuerdas?- Román rio y le ofreció un pitillo, la nube del humo se deshiló hacia el exterior hasta desaparecer en largos trazos.

-Lo importante es participar…

-Como en las olimpiadas..

-O los concursos escolares…

Las semanas siguientes las recordaría después como un sin parar de reuniones y encuentros, ruedas de prensa, declaraciones conjuntas, entrevistas en radio y televisión, intrincados vericuetos burocráticos para acceder a su acta de dipitutada, firmas, fotos de grupo, desayunos, comidas, cenas, noches sin dormir y cientos de llamadas e Emails en todas direcciones, mientras Román se hacía cargo de Ruy al que ella sólo veía ya dormido.

Fue entonces cuando apareció Montatanto.

-A qué hora dices que vienen?- Román salía del baño, rodeándose la cintura con una toalla tras la ducha, desde que trabajaba en Decathlon había adelgazado unos cuantos kilos y limado volumen, seguía siendo ancho y alto, pero su aspecto general había cambiado un poco, o eso le parecía a ella, ahora que se fijaba y le veía medio desnudo, como tantas otras veces, como él la había visto a ella, y por qué se fijaba ella ahora tanto.Tampoco se había afeitado.

-A las once, quedé aquí, porque al parecer quieren ver „mi fondo de armario“- Y formó las comillas con los dedos índice y anular de las manos, al tiempo que alzaba las cejas, Román soltó una carcajada camino de su cuarto deshaciéndose de la toalla.

Isabel Palacios y Fernando Aragón llamaron a la puerta a las once en punto, cuando Isolda había sabido sus nombres y apellidos se le ocurrió que no podían haber elegido mejor el nombre para su empresa, Román había apuntado que „Imperio“ también hubiera sido una opción. Montatanto se iba a encargar de la asesoría integral de su imagen, en las últimas semanas su constante presencia en medios de comunicación de todo tipo la habían vuelto un rostro conocido para el gran público, como Isabel le había dicho por teléfono, y ella se había preguntado a qué „gran público“ podía referirse, ya que ella siempre unía esa definición a actrices y cantantes, y ella no era ninguna de esas dos cosas. Ella estaba dando sus primeros e inseguros pasos en la política.

Isabel era una mujer menuda, de pelo rubio en media melena de alisado japonés y ojos azules, aún en pantalones de pinzas tipo chino y camisola blanca de lino irradiaba una elegancia que amenazaba con intimidar, si bien el calido abrazo y los besos que repartió nada más cruzar el umbral la devolvieron a la categoría de un ser común con el resto de los mortales, Fernando venía de traje pero sin corbata, Román comentaría más tarde que le había recordado a Buster Keaton en alto, ya que la que hablaba era Isabel, él se limitaba a deslizar sus dedos por un I-pad.

-Y el resto está en el trastero, claro, el típico trasiego verano aquí, invierno en trastero y demás…- Comentó Isabel ante el armario de Isolda cogiendo una camiseta de los Rolling-Stones con la punta de los dedos, y recorrriendo con los ojos achinados las tres baldas en las que se mezclaban la ropa de Isolda y la de Ruy.

-No tenemos trastero- Apuntó Román, apoyado en el marco de la puerta de la habitación, Fernando se volvió hacia él con los ojos muy abiertos, pero se limitó a deslizar algo en el dispositivo, Isabel asintió con la cabeza, Isolda carraspeó y recogió del suelo el pijama de Ruy poniéndolo sobre la cama.

-Zapatos tengo más, pero tampoco es que sean de diseño..- Y su voz le sonó a excusa, y notó que se ponía colorada, buscó a Román quien a su vez la miró a ella y le sonrió alzando las cejas, y ella le imitó. Isabel se volvió hacia la habitación y dibujó una enigmática sonrisa oriental en su rostro de muñeca de porcelana.

-Desde cuándo sois pareja?- Comenzaron a hablar los dos a la vez, Fernando cesó de anotar en su I-Pad, Isabel no movió un músculo.

-Compartimos piso desde hace tres años, no somos pareja- Aclaró Román, al tiempo que cambiaba de postura y se apoyaba en el marco contrario de la puerta, Isabel miró fugazmente la hora en su ínfimo reloj de pulsera.

-Llama a Alpha y a Fierro- Ordenó atusándose la camisola con la la palma de las manos, Fernando sacó otro dispositivo del bolsillo interior de su chaqueta y excusándose salió del cuarto.

-El café con leche?- Preguntó Román, Isolda acabó de convencerse de que él era capaz de leer sus pensamientos, Isabel ladeó la cabeza y sonrió abiertamente por primera vez desde que había llegado.

-Más café que leche, sin azucar, gracias todo un detalle- Román asintió y se alejó hacia la cocina.

Alpha, una mujer joven con mono vaquero y una chaqueta azul larga de lana y un hombre de gafas de pasta marrones, bermudas beig ,camiseta polo verde y zapatos ingleses con calcetines, no llamaron al timbre, tamborilearon levemente la puerta con los dedos y Fernando les abrió, no se entretuvieron en saludos y les llevó hasta la cocina, que, a falta de salón, se convirtió en centro de operaciones donde Román preparaba café y la mesa se llenó de tablets, Ipads y demás dispositivos electrónicos. Fierro llegó cerca de media hora después, un hombre con el pelo casi al rape y cicatrices de quemaduras en las manos y en parte de su cabeza ,que trajo una bolsa grande con croissanes y una caja con doble fondo de pastas de Titulcia.

-Empecemos por los básicos: Tu madre y tu hermano, algún miembro más, además de Ruy, por supuesto?

-Mi madre vive en Albacete, bueno, en Albacete no, a media hora, trabaja en la oficina de correos…aunque ahora está de baja, creo, por cosas de ciática o hernias discales…no me explicó bien, mi padre murió hace quince años. Mi hermano Hugo es licenciado en Bellas Artes y trabaja de reponedor en el Mercado Central desde hace relativamente poco, antes repartía publicidad- Isolda sentada a la mesa de la poco espaciosa cocina, rodeada de aquel variopinto grupo de gente desconocida, trataba de encontrar las palabras adecuadas para contar su vida sin entrar en demasiados detalles, la mujer Alpha tecleó algo en su portatil.

-Bellas Artes, lo podemos mover a Galerías, yo me ocupo.

-Qué Galerías?- Preguntó Isolda, Isabel le acarició el antebrazo y tomó un trago de café.

-Ella se ocupa- Y guiñó los ojos, el hombre Alpha deslizó algo en su Ipad.

-Ruy- Y se hizo el silencio, y todos miraron a Román que disponía los croissanes en una bandeja.

-No es mío, si es lo quieres saber- Respondió sin volverse hacia la mesa y sin dejar de hacer lo que estaba haciendo, Isolda se tragó la risa y cogió una pasta de Titulcia triangular con una almendra encima.

-Ruy tiene padre, lógicamente, pero no sé quién es…quiero decir, fui a una fiesta de Erasmus en un local que ya no existe y, bueno, pues, me decidí por tenerlo…- Trató de explicarse, para luego morder la galleta y no dar más explicaciones.

-No fue Invitro, quieres decir

-No, fue un encuentro fortuito….

-„Fruto de una relación anterior“

-Pero es que yo no tengo ahora „relación“, como para que sea de la „anterior“..- Protestó Isolda tapándose la boca para que las migas de la galleta no se esparciesen por la mesa, el hombre Alpha carraspeó.

-Me hago cargo, pero así no tenemos que ahondar en explicaciones que no quieras dar- Explicó con calma mientras escribía algo en su tablet, Isolda asintió y miró fugazmente a Román quien apoyado en una encimera de espaldas a ellos esperaba otra vez a que subiese el café en la cafetera.

-Este apartamento por ahora es factible, más adelante ya veremos- Fierro entró en la cocina blandiendo un catalejo, y abrió la ventana para otear con él la distancia- …más adelante, ya veremos- Repitió para luego plegar el catalejo y apoyarse en el fregadero, dejando la ventana abierta, lo que regaló corriente al atestado espacio.- Quién vive en el apartamento B?

-Creo que son estudiantes, pero no estoy segura, antes vivían dos hermanas ya mayores, pero se fueron a una residencia…

-Estudiantes de dónde?- Isolda negó con la cabeza y Román se encogió de hombros, era algo en lo que nunca se habían fijado, Fierro sacó su móvil del bolsillo y abandonó la cocina al tiempo que hablaba con alguien.

-Román-Dijo la mujer Alpha alzando la vista hacia él, pero sin denotar expresión alguna, Román se volvió y recorrió todos los rostros que le observaban por un instante.

-Mis padres viven en el Algarve portugués, en Quarteira al menos la última vez que supe de ellos, no sé si han mudado, profesión „sus labores“- y se pasó una mano por el rostro, obsequiándoles con una media sonrisa, Isabel había ladeado levemente la cabeza, como Isolda había observado que hacía en ocasiones cuando algo le llamaba la atención, estuvo tentada a imitarla, ya que a ella también le había llamado la atención la información, en todo ese tiempo nunca le había preguntado a Román por su familia, ni él le había contado nada- Mi hermano Mateo falleció hace diez años en accidente de tráfico, conducía yo, pero la culpa fue del otro, en fin- Perdió su mirada ahora más negra que nunca, o así le pareció a Isolda, en el patio interior y cruzó los brazos- Yo soy licenciado en Historia por la Universidad de Salamanca, trabajo en la sección de Deportes Acuáticos de Decathlon, y cuido de Ruy cuando ella no puede- Y le guiñó un ojo, y ella rio sin saber por qué, los demás presentes escribieron o anotaron algo en sus dispositivos electrónicos y sólo pararon en el momento en que escucharon subir el café.

-Se me había olvidado que sonaba así, fíjate, y el olor, yo es que tengo una de Nespresso y claro, no hace ese gorgoteo….me voy a tener que comprar una, no es mala idea, Fer…. -Y mientras lo decía, Isabel alcanzó una pasta de Tiltucia con la punta de los dedos, Fernando asintió y escribió algo en una libretita que sacó del bolsillo. Fierro regresó entonces y se situó de nuevo junto a la ventana.

-Mi prima lo hace en una tartera, no sé cómo…- Anotó el hombre Alpha sin apartar sus ojos de su tablet.

-„Café de pota“ el mejor en Galicia, y con gotas ni te cuento- Fierro oteaba de nuevo con su catalejo el patio, ahora desde la puerta de la cocina.

-De Ulloa- Sotomayor Valdevientos?- La mujer Alpha volvió a elevar su mirada hacia Román sin mostrar expresión alguna, Roman abrió una de las alacenas y cogió varias tazas que puso sobre la encimera, volviéndose a medias para asentir con la cabeza.

-Valdevientos?- Preguntó Isolda sin esconder su asombro, Isabel guiñó los ojos y por una vez no ladeó la cabeza, Román pareció sonreír para si mientras servía el café.

-Somos una familia muy extensa- Anotó entregándole a cada uno una taza.

-Un catalán, un coreano, y dos vascos- Comunicó el hombre Alpha dirigiéndose a Fierro, este asintió.

-Suena al típico chiste de „van unos en un tren“, pero lo dicho, por ahora factible…por ahora- Y remarcó sus palabras levantando el dedo índice de su mano derecha, el único libre de cicatrices, para luego volver a sus labores de observación con el catalejo mientras comía una pasta de Titúlcia.

En eso a Isolda le sonó el móvil, se incorporó casi de un salto al ver el número y cambió instantáneamente el movil de oido, como Román sabía que hacía cuando se ponía nerviosa, ella le miró casi presa del pánico.

-Es Ruy, que se ha caido del tobogán de cabeza…- Román se adelantó a cogerle el teléfono.

-No te preocupes, yo me ocupo- y haciéndose cargo de la llamada salió de la cocina a paso vivo para abandonar después a la carrera el apartamento. Isabel hizo sentar otra vez a Isolda y le pasó una tablet con la más amable de sus sonrisas.

-Y ahora nos vamos a ir de compras cielo, desde aquí mismo, no es maravilloso?- y le pasó una pasta de chocolate, Isolda meneó dudosa la cabeza y se la aceptó fijándose entonces en la pantalla de la tablet por la que desfilaban varias modelos de Teresa Helbig, Isabel reaccionó a su mirada escéptica con una risa cantarina, como de hada madrina de cuento.

Ruy llegó en brazos de Román, apoyando su rizada y roja cabeza sobre su hombro, sus ojos, normalmente azul cristalino, estaban hinchados de llanto, y un emplasto adornaba su sién izquierda, en la mano llevaba una jirafa azul con lunares rojos. Isolda quiso cogerle en brazos, pero Ruy prefirió quedarse en los de Román al tiempo que se ponía su chupete y cerraba los ojos aún con un eco de llanto en su respiración, ella le besó el emplasto y volvió a la cocina, mientras los dos se metían en el cuarto de ella.

-Yo creo que un caoba claro, con reflejos rubios le va mejor que bien…

-Ella es claramente castaña oscura, y tiene una tez pálida, si la pones de rubia la matas…

-Entonces caoba con tonos café, en vez de rubios, y le subimos el comienzo del pelo, y ahuecamos, menos ceja, afinamos un pisco la nariz, más labios….

-Las manos….

-Las manos en carmin o en opal, dependiendo de la ocasión…porque hija, las tienes como las de „La más grande“….

-Pues si, fíjate , no me había fijado, y eso que se las hice una vez….ya llovió….

-Y brillos, muchos brillos….

Isolda asistía a esta conversación semi tumbada en un cómodo sillón de terapias estéticas, sin poder tomar parte ya que su rostro estaba oculto tras una mascarilla facial que le impedía siquiera mover un músculo. Alguien le tomó la mano derecha, otra persona la izquierda, una tercera persona el pie izquierdo una cuarta el derecho, optó por cerrar los ojos y dejarse llevar por la relajante música que escuchaba de fondo, como de violines sin violines y lo que le pareció el sonido de las olas del mar.

Montatanto la dejó delante de su portal a última hora de la tarde, recordándole que se verían al día siguiente a las diez. Nada más abrir la puerta de su casa, le recibió un sabroso olor a algo que Román estuviese cocinando y los gritos de Ruy mientras venía corriendo a recibirla.

-Bapa- Ruy escondió su cara entre sus manitas embadurnadas de pintura de témperas y le dió un beso de chocolate en la mejilla, Román le dio la probar una cuchara de madera con una salsa densa y oscura que sabía a tomate con algo más que no supo definir, pero que le abrió el apetito, no se acordaba de la última vez que había comido ese día, además de las pastas de Titulcia.

-Bapísima- Confirmó Román, volviendo a las cazuelas, ella se sentó junto a Ruy y le acarició la mata roja de rizos, aún tenía el emplasto, pero estaba menos hinchado, según Román en urgencias le habían dicho que no le quedaría cicatriz.

Antes de cenar decidió darse una ducha, ya que tenía la impresión de haberse caido en una marmita de crema hidratante para que después alguien le aplicase laca en grandes cantidades.

Román había cocinado una salsa de tomate con calabacin y berengena, y en lugar de acompañarla con pasta se había decidido por arroz, para la ocasión abrieron una botella de vino. Ruy cenó un buen plato y ella lo llevó a dormir, le daba la impresión que hacía semanas que no lo veía. Después se reunió con Román en la cocina.

-Y de qué Valdevientos eres, de los de los bancos, de los constructores, de los transportes…- Se habían sentado mirando hacia el patio, con los pies sobre la calefacción, su rutina nocturna desde que vivían en aquel piso.

-De todos y de ninguno

-Venga Román, que soy yo, que parece mentira hombre, no es que me importe que nades en pasta o no, pero enterarme así…

-El que iba a hacerse cargo de las cosas era mi hermano, a mi me dejaban en paz con mi „capricho“ de estudiar historia, pero se nos cruzó uno que se creía Aiton Senna y…bueno, él se quedó alli- Miró por un momento la brasa de su cigarrillo, ante de tomar otra calada- no me echaron la culpa, porque no la tenía, pero el vacío puede oradar montañas y me fui.

-Pero tenéis contacto o estáis enfadados?

-No, les llamo a veces, y me bajo cuando tengo humor, mi padre viene a menudo y hacemos algo juntos, mi madre no, y yo lo respeto.

-Así que eres un rico heredero

-Heredero del turno de mañana

-Román, esto va muy rápido…

-Rápidos van los trenes y no todos descarrilan, tu haz lo que te diga Montatanto y no hay problema…

-Y si sale mal…?

-Siempre podrás decir la frase „era joven y necesitaba el dinero“, además te vas a codear con gente importante, vas a ir a saraos, a viajar, mal no lo vas a pasar…

-Y Ruy? Me da la impresión de que me lo estoy perdiendo, no sé, todavía es muy pequeño…

-Él sabe quién es su mamá, y eso es lo más importante- Miró por un instante el reloj de la cocina- como también es importante dormir, que si no este servidor mañana es un zombi que vende piragüas…- Y se incorporó para estirarse cuan largo era.

-Román

-Si Mylady…

-Gracias…

-Las que tu tienes „bapa“, que duermas bien- Y pasandole fugazmente la mano por la cabeza abandonó la cocina, ella le siguió con la mirada y cerró los ojos relajando la cabeza en la nuca, no era mala idea irse a dormir.

Montatanto llegaron acompañados de tres operarios en mono gris. A su pregunta sobre qué venían a hacer los operarios a su casa, Isabel le contestó que la casa estaba falta de armarios, y sin más dilación la apremió a apurarse un poco, ya que de lo contrario llegaría tarde a su primera cita del día. Y se sumió en una borágine durante la cual visitó incontables showrooms de firmas de alta costura y de pret-a porter, presidió comités, dirimió debates, viajó a Bruselas, Londres y Ginebra, se reunió con asociaciones vecinales, representantes de grupos antisistema, plataformas de padres, enlaces sindicales, reuniones de los grupos en coalición, habló en radio y televisión, acudió a eventos, se acostumbró a verse en los periódicos, recibió clases intensivas de inglés y francés, de oratoria, de protocolo, y un gabinete logopédico perfeccionó su dicción y ritmo de respiración.

EL NOVIO CAÑÓN Y FORRADO DE ISOLDA LINDERO“, acompañaban el titular fotos de Román, tomadas mientras hacía jogging por el parque, y en su posterior intento de despistar a los fotógrafos. „CÓMO SE CAZA UN MILLORARIO?“ , alguien les había hecho una foto mientras paseaban con Ruy por las calles aledañas a su casa, Ruy de la mano de ambos. „VALDEVIENTOS. NUESTROS ROTSCHILD“, y a lo largo de varias páginas a todo color se desgranaba la historia de la familia materna de Román, con fotos incluidas.

-Pues sí que han debido de buscar en el fondo del baúl de las fotos, esta es de la puesta de largo de mi madre y mi tío Gervasio murió antes de nacer yo…- Román miraba con interés las fotos, sin poder evitar reirse, Isolda, sentada frente a él a la mesa de la cocina miraba las fotos del parque.

-Y tienen razón, estás cañón…

-Tengo que dar ejemplo al cliente potencial…- Ella suelta una carcajada descreida, él hace que se arregla el peinado, se miran un instante, pero antes de que puedan decir nada, Ruy entra en tromba en la cocina imitando el ruido de las aspas de un helicóptero, Román se incorpora y lo alza del suelo, haciendo de él un avión y perdiéndose con él por el apartamento, Isolda sonrió al escuchar las carcajadas de ambos, se disponía a unirse a la pequeña flota aerea, cuando vibró su móvil. Respiró hondo. Montatanto.

-Ni se os ocurra salir ahora

-Ya

-He vaciado tu agenda para este fin de semana. En casita y tranquilitos. OK?

-OK

-Porque estáis „tranquilitos“…

-Tranquilísimos…

-Perfecto. El lunes a las ocho. Happy Weekend, dear!- Ella le deseó lo mismo, imitándola en los gestos, ahora que no la veía,y dejó con desgana el móvil sobre la mesa, se volvió hacia el patio de manzana, un hombre estaba cortando el pelo a otro junto a la ventana del tercer piso de la casa azul, sonrió, y se acordó de cuando su madre lo hacía con ella. Su madre. Tendría que llamar a su madre.

-Me he bajado todo „Dowton Abbey“…- La voz de Román la hizo volverse.

-No lo digas muy alto….

-Me he bajado todo „Dowton Abbey“…-Susurró él entonces haciendo altavoz con las manos, la hizo reír.- Y pedimos media tonelada de pato agridulce y toda la producción de arroz de Vietnam Este….

-Y cerveza

-Eso que no falte..

Se pasaron el resto del fin de semana en casa, tranquilos, como había ordenado Montatanto, con los móviles desconectados y sin atender al telefonillo. Aprovecharon para ordenar los nuevos armarios a medida que recorrían el apartamento de parte a parte, jugar con Ruy y verse todo Dowton Abbey mientras comían pato agridulce con arroz regado con cervezas heladas.

El lunes a las ocho en punto, Isolda ya estaba de nuevo en su papel de diputada ,tacones en ristre, esperando que Montatanto le hiciera una perdida para que bajara, Román le preparó su vaso termo con café con leche, más café que leche y tres de azucar, y se lo tendió como haría un camarero del Ritz. Y se hizo el silencio entre ambos, como cuando el mar se retira, y algo quiso decirle él que ella ya sabía, y él se adelantó un paso, cuando llamó Montatanto. Y volvió el mar. Él le abrió la puerta, pero ella no se decidió a salir.

-Ve…

-Pero…

-Ve..

Y bajó las escaleras, mirando de vez en cuando hacia atrás, hasta que le perdió de vista y escuchó que la puerta volvía a cerrarse.

A partir de ese momento al apartamento volvió a sobrarle una habitación, y aquellos que les observaran desde las otras ventanas del patio de manzana les tomarían por lo que eran,una pareja bien avenida con un niño pelirrojo de rizos. Él llevaba la casa y atendía a Ruy mientras ella se sumergía en un laberinto político en el que nunca había tenido intención de meterse. A eso se unió que Fierro llegó a la conclusión de que el apartamento no era viable en aras de una mínima seguridad, y que la prensa descubrió un filón en Román, que no podía dar un paso sin verse asaltado por una horda de paparazzi, que le perseguían haciéndole todo tipo de preguntas absurdas. Una tarde, mientras se dirigía a hacer una visita a su tía Soledad, hermana de su madre, a la que creía debía una explicación después de que los Valdevientos pasasen a ser los protagonistas absolutos de prensa y televisión, una nube de fotógrafos y micrófonos se le echó encima a dos calles de su objetivo, y se vio de pronto cercado contra la pared de un edificio con focos de cámaras cegándole y preguntas a gritos. Él, como única salida posible, sacó su móvil y llamó a su primo.

Se subió al coche como quien escapa de un dinosario enfurecido. Su primo Álvaro se incorporó al tráfico casi llevándose por delante a un par de cámaras de televisión y haciendo caso omiso de los gritos y protestas posteriores.

-Te van a poner a caldo…

-Que me pongan…Primo!…años sin vernos…y ahora así!…luego te doy un abrazo…- y Álvaro le dio una palmada sobre un muslo riendo.

-Es que ya no sé que hacer….

-A Lotta le pasó lo mismo….llegó a no querer salir a la calle….

-Mis padres se han ido a Nueva York…hasta allí no van a ir…

-Por qué crees que hice lo de Ávila?…Voy a dar una vuelta absurda y volvemos a casa….entramos por atrás….

-Isolda quiere convertirse en avestruz….

-Pero estar estáis- Si bien Román tenía el pelo y los ojos oscuros, ambos primos se parecían en las facciones heredadas por su común Valdevientos, marcadas y correctas, en su debido lugar.

-Estar estamos…..siempre estuvimos, al menos yo, era cuestión de tiempo….

-Espera un momento-Álvaro accionó un dispositivo en el volante, Lotta respondió con un „Digamelón“, Álvaro sonrió y miró a Román quien supone que sólo un hombre enamorado hasta la médula puede sonreir así- Lotta? Dile a Fuen que prepare las habitaciones de atrás y que Pedro vaya a las señas que te envié…

-Muy bien…estáis bien?- La voz enlatada de Lotta no dejaba de ser dulce, Román se ríe.

-Hemos sobrevivido- Lotta soltó una carcajada

-Estamos llegando, amor-

-Ya se lo digo- Cuelgan.

-Muchas Gracias

-No digas tonterías

 

-Y tu no tienes nada que ver- Su hermano Hugo siempre empezaba las conversaciones desde un punto del que nadie sabía el origen, ella optó por una respuesta negativa, si algo había aprendido en ese corto espacio de tiempo era que era más fácil convertir una negación en afirmación, que lo contrario- Me llamaron ayer y empiezo mañana, no sé cómo se lo tomará Bernardo, pero Gallager es Gallager….

-Quién es Gallager?

-El marchante, la galería… tú en qué mundo vives?- Ella optó por no contestar- Y por eso te quería preguntar…no vaya a ser que te meta yo en un embrollo…

-No, no creo…- Y apuntó en un papel que tenía que preguntárselo a Montatanto.

-Ya pregunté y puedo ir normal….

-Normal

-Nada de trajes o eso

-Mejor, créeme..

-Paso un día y te cuento…pero eres Kissinger sister, no hay quién te localice!

-La próxima vez llamas a Román…

-Ay pues es verdad…bueno, hasta más ver u oir, dale un beso a mi sobri..

-Será dado…y enhorabuena a los premiados!- Hugo soltó una carcajada y ambos colgaron, ella le envió un mensaje a Montatanto, que respondió con un emoticono sonriente, ella correspondió con un Gif de Dory parpandeando. Después volvió a sumergirse en el boceto del discurso que debía dar esa tarde en la sede de la Asociación Provincial de Amas de Casa. Se preguntó con qué cara iba ella a presentarse ante aquellas mujeres, si hacía semanas que sólo iba a una casa, que ni siquiera era la suya, a dormir y veía a su hijo a través de los videos que le enviaba Román varias veces al día, de pronto tuvo ganas de llorar, pero no pudo, la puerta de su despacho en la nueva sede del partido se abrió sin que ella hubiera dado permiso para hacerlo, dando paso a un exultante Alfonso que entró dando una sonora palmada que la hizo dar un respingo.

-Ministerio!

-….

-Tenemos Ministerio

-Alfonso, no sé de qué me estás hablando…

Tres miembros del partido entraron entonces, dando también palmas, ella se incorporó sin saber qué era lo que se suponía que tenía que hacer.

-Te puedo seguir llamando de TU, Señora Ministra?- Ella se tuvo que apoyar en la mesa, por una fracción de segundo, le había dado la impresión de que el despacho, con todos ellos dentro iba a comenzar a girar. Los otros se acercaron a ella y se turnaron en besos y abrazos, uno salió corriendo en busca de champán.

-El Ministerio de Asuntos Sociales es nuestro!- Y la voz de Alfonso le sonó como la de alguien que acabase de ganer el Gordo de la lotería, ella alcanzó a sentarse en su silla, temiendo que la habitación amenazase con girar otra vez.

-Alfonso…

-Pero alégrate mujer, que parece que te hubiesen condenado a la horca!

-Alfonso…yo no puedo ser ministra…yo…es mucho para mi…- Se habían quedado solos, los otros se habían marchado en busca de los demás integrantes para brindar, Alfonso acercó una silla a ella y se sentó, sin rastro de sonrisa alguna en su rostro, levantándole suavemente la barbilla con el dedo.

-Por supuesto que puedes, Isolda. No nos querrás aguar la fiesta…- Ella alcanzó a mirarle, pero no le reconoció, como temía también ,llegado el momento, no reconocerse a sí misma. Y quiso llorar otra vez, pero el despacho se llenó de gente blandiendo botellas de champán y cantos própios de estadios de fútbol tras la victoria de un campeonato.

Y se fue. Cogió su bolso y se fue corriendo. Cuando llegó a la calle, se sorprendió a si misma huyendo sin saber a dónde. Se paró y trató de respirar con normalidad. Al paso de un taxi, le hizo seña y se subió.

En Decathlon esa semana estaba dedicada a „Valles y Montañas“ y a todas las actividades deportivas que se pudiesen realizar en ambos parajes. Ella entró por la puerta principal haciendo caso omiso de los comentarios que escuchó a su alrededor de aquellos que la reconocieron, a paso firme y rápido se dirigió a la zona de deportes acuáticos, Román se encontraba en ese momento reponiendo gafas de natación, cuando la vio las dejó caer al suelo sin dar crédito. Ella se acercó a él y le cogió de la mano sin mencionar palabra, para después casi a la carrera buscar un lugar en el que poder hablar con tranquilidad, encontrándolo dentro de una tienda de campaña de tres espacios a la que cerró la cremallera de acceso al interior tras sí.

-Algo con Ruy…

-No

-Te han echado…

-No

-Quieres comprarte una tienda de campaña…

-Román, por favor, esto es serio….me han hecho ministra..- Él escondió el rostro entre las manos, ella negó con la cabeza.-Yo renuncio…

-Estás loca?

-Todo va muy rápido, Román, y no doy, no doy…

-Claro que puedes…

-No sin ti…

-….

-Puedo si estamos juntos en esto, necesito que seas mi „No te preocupes, ya lo hago yo“- Él le regaló media sonrisa y su voz rota pulsó el interruptor de la calma.

-Acaso no lo soy ya?- Un rumor de voces se acercó entonces a la tienda, algún flash, el móvil de ella empezó a recibir whatsapps ininterrumpidamente, el de él vibraba y sonaba sin tregua. Ella le cogió la mano, el carraspeó y entrelazó los dedos de ella con los suyos, se miraron un instante y él subió la cremallera de la tienda.

 

A tenor de la inesperada visita de la Ministra de Asuntos Sociales, Isolda Lindero López, a la filial de Decathlon esta mañana, hemos de informar de la intención de su Ministerio de surtir de tiendas de campaña tipo JumpLake 4 a todo aquel colectivo que se vea afectado por la pérdida súbita de vivienda, bien por catástrofe natural bien por accidentes ajenos a su voluntad. La Sra. Ministra se complacerá en dar una rueda de prensa al respecto, que se anunciará en los próximos dias.

Agencia Montatanto

Sábado

-Esto es un bote de cacao

-…..

-Es amarillo y tiene un elefante azul que va en patín.

-….

-Está según entras en el mismo pasillo a mano izquierda, justo después del café- Lo sostiene ante él como quien presenta un producto en un anuncio de televisión, él mira el bote de cacao y luego la mira a ella, parpadea y asiente, luego vuelve a la revista que estaba leyendo, la misma página desde que ella se la había dado. Ella coge un yogur de fresa de encima de la mesa, se lo muestra como antes había hecho con el cacao, él sigue mirando la revista.- Cielo..- él vuelve a mirarla, sonríe, ella lo intenta- Esto es un yogur, de fresa…compras seis, están recorriendo el pasillo del cacao hasta el final, torciendo a la izquierda- él parpadea, y le coge el yogur de las manos, lo observa en silencio, ladea levemente la cabeza.

-Fresas- Dice, y parpadea otra vez, parece sonreír y se lo da otra vez para volver a la revista, pasa la hoja, ella espera un instante, sin moverse, él vuelve entonces a la hoja anterior, ella vuelve a respirar y traga el nudo en su garganta, mira fugazmente al techo, carraspea, respira hondo sin hacer ruido- Cielo..- él la mira y sonríe, ella le muestra una paquete de pañales- Y pañales de la talla 2, da igual la marca, pero tienen que ser del 2, cuatro paquetes- Él no la mira, algo ha llamado su atención en la galería, Nora se ha despertado, se incorpora y se aleja despacio hacia la galería, le observa coger con delicadeza al bebé en sus brazos, Tessa aún duerme, vuelve con Nora contra si, besándole la cabecita- Cielo..-Él se sienta y se asegura de que Nora tiene el chupete- Cielo.-Él la mira un poco enervado, pero después sonríe- Tres paquetes, da igual la marca…

-Tres paquetes…de qué?

-Pañales..

-Ah si, claro para estas señoritas…

-Exacto…del dos, del número dos…-Él asiente y comienza a tararearle una canción a Nora, quien parece haber vuelto a dormirse. Ella coge un papel y escribe en letras mayúsculas CACAO, YOGURES 6, PAÑALES x4 talla 2.

Dimas baja las escaleras de dos en dos, ella siempre tiene miedo a que tropiece, caiga, y se rompa algo, pero no, salva los últimos tres peldaños de un salto y aterriza en la alfombra que hay ante la puerta principal. Ya se ha puesto el plumifero y el gorro, sólo le faltan las botas.

-Dimas, mi vida, mira, hoy tú buscas las cosas en el super, no es maravilloso?…mira, aquí está la nota- A Dimas se le ilumina la carita, y da un par de saltitos, coge la nota y la lee.

-Cac..cacaao, Yo..yogyogures 6, Paña..le.les 4

-Con un 2, tienen un 2 en el plástico…

-OK…pero papá también sabe leer…

-Claro, mi vida, papá sabe leer..- Tessa se ha despertado, y parece querer demostrárselo a los cuatro vientos, ella se apura a la galería a cogerla antes de que lo haga él. Él juega con Nora sobre la manta del suelo.- Cielo, Dimas ya está listo…ya podéis iros…- Él la mira y asiente.

-Vale, me das la nota?

-Ya se la di a Dimas, hoy puede buscar las cosas él…

-Y si no las encuentra?

-Pues le ayudas tú

-Ah claro…- Se incorpora y se dirige despacio al recibidor, le observa ponerse la parka, el gorro y las botas, Dimas se pone el gorro y abre la puerta, él parece pensar algo, ella no se mueve, no respira, él mira en su dirección con los ojos ligeramente guiñados, pensando, de pronto se ríe y se da un ligero golpe con la palma de la mano derecha en la frente, volviendo sobre sus pasos al salón- El coche sin llaves no anda….en qué estaré pensando..- Y vuelve a reír, se acerca a ella y la besa fugazmente, le acaricia a Tessa la cabecita y padre e hijo se van. Ella vuelve a respirar, eso querría saber ella, en qué está él pensando. Busca sentarse sobre la manta del suelo y deja a Tessa junto a su hermana. Nora busca a Tessa, y ésta confunde la barbilla de su hermana con un chupete. Ella suelta una carcajada. Que la asusta. No sabía que aún tuviera reservas de ellas.

Padre e hijo regresan dos horas después. Dimas acarrea tres bolsas de naranjas, que deja sobre la mesa de la cocina, para volver corriendo a ayudar a traer el resto, regresa con dos packs-ahorro de zumo de piña. Cuatro bolsas XL de patatas fitas, tres packs de pizza Margarita congelada, veinte plátanos, dos melones, tres bolsas de manzanas, dos lechugas, dos kilos de tomates, seis tabletas de chocolate, dos botellas de champú, queso mozarella, jamón serrano, dos salamis, una caja de llaves inglesas de todos los tamaños, dos botellas de vino chileno, galletas de limón, dos solomillos, un ganso congelado, tres tarrinas XL de helado de vainilla y chocolate, dos garrafas de detergente para blanco, una garrafa de detergente para ropa muy sucia, una garrafa de detergente color, una botella de suavizante con olor a aloevera, pasas, tres lasañas vegetarianas, dos de carne, pan de horno, pan de sandwich, sushi, una pelicula de video para hacer pilates, tres packs de pilas, dos docenas de huevos, alubias rojas, seis latas de melocotones en almíbar y cuatro paquetes de harina para celíacos.

-Mira, mamá! Cuántas cosas!- Exclama Dimas, al tiempo que le muestra una bolsa gigante de grageas de chocolate, ella se limita a fingir una sonrisa cómplice, él regresa con dos botellas de champán francés, que le muestra guiñándole un ojo, para acercarse a ella y darle un sonoro beso.

-Y si se brinda, que sea con champán francés….quién dijo eso?…no sé…pero es un genio- Y se ríe, Dimas se llena la boca de grageas y asiente, sin saber a qué.

-Papá daba vueltas y vueltas y vueltas y vueltas sin coger nada….yo cogí todo eso…lo hice bien mamá?- Y a ella le vuelve el nudo, y se lo traga, mira fugazmente al techo, y sonríe, o al menos eso cree.

-Claro, mi vida! Todo perfecto!Sois unos profesionales!- El padre ha comenzado a guardar las cosas en las alacenas, sin dudar un momento qué va dónde, ella le quita a Dimas el gorro y le ayuda con la cremallera del plumífero, él se mete otra mano de grageas en la boca, ella le da un beso. – Cielo…me ha llamado Nuria, que quiere que pase un momento a ver una cosa, es ida por vuelta, y después hacemos la cena, vale?…-Él la mira un instante y parpadea, sin decidirse a guardar una lata de melocotón.

-Nuria…

-Si, Nuria…las niñas ya están comidas y cambiadas….vuelvo ahora, Dimas, tú ayudas a papá, si?

-Pizza!!

-Ida por vuelta cielo….no tardo nada…- Él asiente y sigue guardando cosas automáticamente.

Ella se calza la botas, se pone el plumífero, un gorro y coge su bolso,cierra la puerta sin hacer ruido. Alcanza a tomar el autobús, no se sienta, son sólo dos paradas hasta el supermercado, recorre el parking a paso rápido pero sin correr, dos botes de cacao, dos paquetes de pañales talla 2 y un pack de seis yogures de fresa, paga en efectivo, y regresa en el siguiente autobús. Deja la compra en el metido junto a la puerta.

-Lasaña!! Mamá!….- Dimas da saltos de alegría por el salón, una de las niñas se asusta y empieza a llorar, el padre la coge y cesa el llanto.

-Qué bien!…ya pongo la mesa…- Él se le acerca con la niña en brazos y se la pasa.

-No, eso siempre lo hago yo…

-Ay sí, cielo…en qué estaré pensando….

*Con el fin de evitar falsas conjeturas, me gustaría aclarar que  la forma de actuar del personaje del padre corresponde a los síntomas del denominado “Síndrome del Burnout” (Burnout Syndrome). El “Síndrome del Burnout” es un transtorno mental que afecta a muchos hombres y mujeres en el mundo. Sirva esta historia como pequeño homenaje a tod@s aquellos que lo padecen, a sus familias y los amigos que les ayudan a superarlo. Muchas Gracias.

Trosiak

La descubrió entre la multitud gris y marrón que se agolpaba en aquel inhóspito lugar. Envuelta en mantas de un color indefinido, el rostro oculto por un echarpe de lana. Su primer impulso fue abrirse camino hasta ella a través de la masa de gente, pero no se movió un ápice. Ocultó aún más el rostro en el capuchón que cubría su cabeza. Los dos en territorio hostil. Demasiados ojos. Aún demasiada luz. Sin previo aviso comenzaron a abrirse los portones de madera que daban entrada a la ciudadela, y la multitud comenzó a desplazarse a la vez y en la misma dirección, como lo hace el agua de una esclusa al abrirle las espuertas, arrastrando, vapuleando, pisando, empujando, gritando y pegando, sin orden ni razón. Y él se vio sumergido en ella, sin poder siquiera dirigir sus propios pasos. Ya cerca de los portones, se atrevió a mirar en derredor. La había perdido. Se embozó de nuevo y bajó la cabeza al cruzar al interior, entre lotes, mulas, enseres, carros, sacos, llantos, gritos, golpes, caídas, charcos y la más cruda desesperación hecha ser.

Entonces empezó a nevar. Y volvió a haber empujones y golpes para conseguir un lugar bajo techado en el que pasar la noche, lo que regaló después al interior de la fortaleza un aspecto de paisaje marrón y negro de mantas que cubrían cuerpos arrimados para lograr calentarse. Él recorrió uno de los laterales de la muralla, con techados más amplios, donde había observado habían buscado cobijo mujeres y niños. Buscó la oscuridad. Se sentó contra el muro, rodeado de bultos informes. Cerró los ojos, aún sabiendo que no conseguiría dormir.

-Trosiak- Era tal leve el susurro que por un momento pensó habría sido el viento, que soplaba cruzando los alprendes. Abrió los ojos en la oscuridad de su capuchón, pero no se movió. Recorrió con la mirada uno a uno los montones a su alrededor, inertes y oscuros. A su izquierda uno de los bultos pareció moverse. Giró la cabeza y la vio. Había liberado su cabeza de la manta que la cubría, aún en la penumbra era patente su palidez y su rostro denotaba un agotamiento al que fue incapaz de dar nombre. Ella volvió a ocultarlo bajo la manta y se apartó de nuevo a la oscuridad. Él no se movió. Luego comprobó que todos los bultos continuaban inertes y escuchó el silencio, sólo roto por el silbo del viento y los bramidos lejanos de las bestias. Se deslizó hacia donde había visto hacerlo a ella. De una vez. Sin hacer ruido. Notó como una mano acariciaba sus ropas, para volver a desaparecer después. Él también se atrevió a hacer lo mismo. Se mantuvieron así, sin siquiera moverse o hacer atisbos de mirarse, tras escuchar voces provenientes de algún lugar. En un momento, ella palpó las ropas que le cubrían a él hasta alcanzar su mano y tomándola en la suya la introdujo debajo de sus mantas. Trosiak se volvió hacia ella de pronto, sin cerciorarse de nada, al entender lo que ella había tratado de decirle. Bajo varias capas de mantas y ropa informe que la cubrían, ella escondía un ya voluminoso vientre. Trosiak hundió su rostro en las manos y después se aferró la boca con una, para no gritar. Escucharon pasos. Ambos volvieron a ser sombras oscuras inertes contra un muro. El buscó el vientre de ella otra vez, cuando regresó el silencio, y se giró a medias, recuperando algo que creía haber perdido en algún punto de la huida, su sonrisa, o lo que recordaba de ella.

-Cinco pasos. Cinco pasos tras de ti- buscó mezclar su susurro con el viento, ella negó con la cabeza- Cinco pasos-repitió casi acercando su cabeza a la de ella, quien le buscó en la oscuridad y reuniendo su mano con la de él asintió en silencio, él abarcó entonces el vientre con la mano, encontrando los ojos de ella en las sombras.

-Trosiak- apenas un siseo, que le devolvió su nombre y lo que representaba, y se atrevieron a ensayar la sonrisa, apenas, casi con miedo. Para volver después cada uno a su lado de la oscuridad.

Al abrir el alba, los montículos a su alrededor se fueron erigiendo en grupos indistintos de mujeres, niños y ancianos, que no perdieron tiempo para reunir sus portantes para continuar camino. Trosiak esperó a que ella se incorporara, para hacerlo él, pero permaneció apoyado al muro, embozado en sus mantas y su capuchón.

La multitud se puso en marcha en cuanto se abrieron las puertas de la ciudadela. Ella esperó a que saliese la primera impronta para avanzar. Sin mirar atrás.

Él contó entonces.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco.