Este relato son dos. Una sola historia. Dos perspectivas

CARA BONITA

Marge me despierta a las cinco y media. Que me duche, pero que no me afeite. Tampoco puedo desayunar. Levanta una ceja cuando le pido permiso para hacer pis, sabe que no soy de buenos despertares. Nos vienen a recoger en un monovolumen. Dos tíos más, sus agentes y una tipa que no conozco con gafas oscuras y unos auriculares más grandes que su cabeza. Me siento junto a Josh, aferrado a su botella de agua,no hace falta que hablemos. Nos miramos y ya está. Él tampoco se despierta de buenas.

Ciento veinte tíos medio desnudos. Sus agentes. Los asistentes. La gente que pulula alrededor y no sé nunca qué hacen exactamente. Los maquilladores. Los estilistas y sus ayudantes. Los ayudantes de los ayudantes. Los de las revistas. Los sastres todavía no están. Yo les llamo así. Porque es lo que son.

Alguien me da un zumo de naranja y Marge asiente. Me apetece una francesa de jamón y queso, con un tazón de café con leche con natas. Marge me pregunta si hay algún problema, yo bebo mi zumo de naranja.

Josh discute con la ayudante de alguien. Definitivamente no tiene un buen día. Yo tampoco. Hoy va de trajes.

Y empieza el circo. Yo estoy en todos los pases. Josh me saca la lengua en una de las ocasiones en las que él viene y yo voy. No me desconcentra. Sigo en mi papel de tío impenetrable en traje. Alguien me ha dado los zapatos del número equivocado, y me quedan pequeños. Voy con ganas de tirar los zapatos y vuelvo dispuesto a hacerlo en cuanto cruce la cortina. Lanzo los zapatos, alguien se disculpa. Cambio de traje. Veo a Josh robar un bombón del bolso de una asistente. Un tío no encuentra su camisa y un enjambre de gente se pone a buscarla. Nadie se da cuenta de que la llevo yo. Ahora cara de poker. El tío sale con otra camisa que no va con el traje y nos cambian las luces para que no se note. Josh y yo tenemos que entrar a la vez. Es comparable con salto doble sincronizado de trampolín de diez metros. Simétricos y coordinados. Paralelos. Veintepasos, media pausa,vuelta. Josh guiña un ojo a los flashes,yo meto las manos en los bolsillos.

Me pongo mi ropa por fin, y dejo a Marge lidiar con la prensa. El monovolumen nos lleva de vuelta al hotel. Josh discute en inglés con alguien por el móvil todo el trayecto que hacemos juntos. Creo que es su madre. Tengo hambre. Cruzo el foyer principal y quiero ir al restaurante, está tomado por las chicas y gente de las revistas. Doy media vuelta y me escabullo por una puerta lateral para que no me vean. Tengo hambre y estoy cansado. Y esa combinación me provoca mal humor y dolor de cabeza. Consulto el móvil. Marge me pregunta por Whatsapp dónde estoy. Apago el móvil. Decido escaparme al imbiss que he visto al pasar con el monovolumen. Devoro un kebap grande completo con una CocaCola. Doy un rodeo absurdo para volver al hotel. Marge me espera en Recepción. Me pregunta dónde he estado. Tomar el aire siempre es una buena excusa.

Tras una semana llendo y viniendo, vuelo a Nueva York. Coincido con Valentín. Lo ha dejado con Rupert y no tiene consuelo. Se toma una pastilla para dormir con un bourbon nada más despegar. Yo me dejo llevar por Anne-Sophie Mutter. Fundido en negro.

A Arcadia y a mi nos toca sesión de fotos con „El Armario“. La llamamos así porque es lo que es, un mueble a la hora de posar. En realidad se llama Josephine y sólo habla alemán. Arcadia y yo nos entendemos en inglés. Tengo que abrazarla con pasión irrefrenable. A Arcadia le da la  risa tonta. El fotógrafo se enerva. „El Armario“ me mira con los brazos caídos y la expresión vaga. Le pido al fotógrafo que me defina „irrefrenable“. Arcadia escupe el agua que estaba bebiendo. Marge suspira. El fotógrafo maldice en japonés.“El Armario“ sigue la escena con la misma expresión vaga, mesándose la melena rubia con las manos. Acabo abrazándola con pasión irrefrenable. Con Arcadia va como la seda. Me enseña fotos de su sobrino recién nacido y de su perro. Ella vuela esa tarde a Buenos Aires. Yo me quedo en Nueva York hasta fin de mes.

Josh es australiano. Pero no ha estado nunca en una granja de ovejas ni le gusta el surf. Llevamos el mismo tiempo en esto y hacemos campañas juntos. A veces ocupa un cuarto en mi casa de Nueva York. Arcadia me convenció para comprarla. Está casi vacía. Pero es céntrica y me ahorro el hotel. Josh está tumbado en el suelo del salón intentando hacerse un selfie. Le he preguntado si le está dando un calambre. Me ha mandado a la mierda. He encargado tailandés para cenar. Mañana por la mañana me veo las caras con Manuel. Me entrena todos los días dos horas en casa. Después cinco kilómetros de carrera y una hora de piscina. El que diga que no hace nada. Miente. Josh practica esgrima. Aunque eso lo sé sólo yo.

Me despierta mi teléfono móvil a las tres de la mañana. Vislumbro el prefijo y me levanto de una vez. Es el director médico de la Clínica Paleos en España. Mi padre ha sido trasladado y se adapta sin problemas. Respiro tranquilo. Le agradezco la información. Me llamarán todas las semanas para mantenerme al tanto de los avances. Concertamos día y hora. Me siento sobre la cama. Mis rodillas son aún de gelatina. Me vuelvo a acostar. Sueño cosas sin sentido.

Creo que me han hecho fotos mientras corría con Manuel. Llego a casa y Josh tiene compañía. Les oigo desde la cocina. Manuel me ha dejado una dieta a seguir. Odio la fruta. Me preparo un bol de muesli con cosas por el medio. Le añado un plátano. Me lo como sin pensar. Silencio. La chica cruza el salón de puntillas. Y se va. Yo la veo desde la puerta de la cocina. Josh aparece minutos después. Desnudo y exultante. Me mira irradiando felicidad. Aún tengo hambre. Le pregunto quién era. Extiende los brazos y comienza a cantar „María“ de West Side Story haciendo aspavientos camino del baño. Le recuerdo que a las cinco tenemos planning. Me responde „I´ve just known a girl named Maria“ a voz en cuello desde la ducha.

Me suena el móvil en medio de la reunión. Miro el prefijo. Abandono el despacho sin dar explicaciones. Marge me disculpa. „Buenos días Sr. Albián. Soy Cari“. Recorro mi lista mental de chicas de habla hispana que tienen mi teléfono. Ninguna se llama así. Por unos segundos permanecemos en silencio. Se disculpa. Se identifica otra vez correctamente como Caridad López. Es la enfermera encargada de mi padre. Me explica que ya come batido y se mantiene sentado en la cama. Alcanzo una silla y me siento. Otra vez gelatina. Tiene una voz que denota optimismo. Casi dulce y un tanto cantarina. Le pregunto cómo ha pasado mi padre la noche. Con oxigeno por precaución. Intento respirar hondo. No lo consigo. Mejora día a día. Optimismo. Creo lo que me dice. La semana próxima me mantendrá de nuevo al tanto. Cari. Mi gelatina desaparece. Pero aún no respiro hondo. Se despide con un „hasta luego“. No recuerdo la última vez que lo usé. Guardo el número bajo Cari.

Con Dior en la cartera nos vamos a celebrarlo. Ensalada con tiras de pavo en vinagreta. Josh me envía una foto de él con una chica de pelo rizo. Sonrientes en Central Park. María. Aún no respiro hondo. Marge me coge una mano. Todo va a ir bien. Intento convencerme.

Josh me presenta a una amiga de María. No entiendo su nombre. Tres clubs. Cuando me despierto ella ya no está. Sólo su teléfono en una nota. Con un corazón. Me vuelvo a dormir. Josh y María se van al mediodía. Me quedo solo. Miro mi agenda. Dos semanas más Nueva York. Después París y Londres. Contrasto fechas. Tengo trabajo confirmado para los próximos dos años. Atardece en Nueva York. Me quedo dormido viendo la tele.

Wen ha vuelto con su sultán. No es sultán. Pero yo me entiendo. Y quiere que volvamos a hacer lo mismo. Le he dicho que me lo pensaré. Lo hablaré con Marge. En esas cosas no se mete. Se lo digo por la mañana. Consulta fechas y contratos. Es factible. Se me vuelve a ver con una chica y eso es siempre bueno. Nos miramos y está todo dicho. Llamo a Wen y se lo confirmo. Su sultán me lo agradece personalmente. Marge alza las cejas. A mi me entra dolor de cabeza.

Salgo a correr con Manuel y me persiguen dos fotógrafos. Maldigo a Wen. Quedamos en la inauguración de una galería. Hacemos buena pareja. Dicen. Yo no nos veo. Nunca hemos tenido nada. Ni lo vamos a tener. Se queda en mi casa. Pero ocupa otro cuarto. Su sultán entra por el garaje. Por la mañana ya no están.

Lindsay viene a peluquería y me regala un mantel redondo de ganchillo. Es blanco. Con una R grande en amarillo en el centro. Josh me dice que si lo pongo en la terraza puede aterrizar un helicóptero. Lo guardaré con los calcetines de angora de Leopold. Josh me pregunta qué es el marcramé. Me tiran del pelo. Tengo hambre.

Suena mi móvil. Es Cari. Wen ha subido a dos amigas. Beben y ríen. Me voy a mi cuarto. Me pregunta cómo estoy. No sé qué responder. Le digo que bien. Mi padre reconoce colores. Me pregunto si me reconocerá a mi. Se me va la voz. Carraspeo. Su voz me tranquiliza. Optimismo. Le pregunto si mi padre siente dolor. Me asegura que no. Creo lo que me dice. Wen entra en la habitación. Me grita algo que no entiendo. Silencio. Cari?. Se disculpa. No sé por qué. Me avisa de que mañana comenzará la terapia de logopedia. Apoyo mi frente contra el cristal de la ventana. Cierro los ojos. Su voz. Me pregunta si llueve en Nueve York. No. Donde ella está siempre llueve. Me hace sonreír. Me llamará otra vez la semana que viene. Hasta luego.

Wen está furiosa. Pero no conmigo. Me tomo una aspirina. Ya he hecho las maletas. Nuestro vuelo sale a las diez. Nos hacen fotos y preguntas en el aeropuerto. Alguien nos lleva el carro. Wen se aferra a mi mano. Tras despegar me envuelvo en Anne-Sophie Mutter. Pido otra aspirina. En Paris nos espera Marge. Los periodistas hacen preguntas estúpidas. Sólo quiero dormir. Wen llora en el coche.

No sé nada de ella durante dos días. Sesión de fotos agónica. El sultán se aloja en el hotel de enfrente. Marge me aconseja acabar con la situación. Wen sufre un ataque de nervios. Marge y el agente de ella lo arreglan con el médico. El sultán abandona París. Sin ella. Logro calmar a Wen. Nos quedamos dormidos vestidos sobre la cama king-size. Fundido en negro.

Hola Cari. Llueve en París?. Ahora brilla el sol donde ella está. Mi padre come sólidos. Articula monosílabos. Me siento. No siente dolor. Le pregunto si ha estado alguna vez en París. Se ríe. Nunca ha ido a ninguna parte. Eso es lo que quiero yo. Ir a ninguna parte. Pero sólo lo pienso. Su voz. Marge me hace una señal. Asiento. La semana que viene más. Hasta luego.

Wen está embarazada. Me pregunto si habrá un pozo profundo donde poder esconderme.Marge desconecta su teléfono. Sabe que no es mío. Pero el mundo no. Anne-Sophie Mutter y gafas oscuras.

Compro el pasaje. Aplazo citas. Me voy.

Llego a Madrid por la mañana. Nadie me espera. Mi conexión al norte sale dentro de tres horas. Me entretengo por los duty-free. Me veo en un anuncio de perfumes. Nadie me reconoce. Sigo con mis gafas oscuras. Me tomo un café con leche y un bollo de nata. Marge no está.

La puerta de embarque es la más recóndita. Sólo me cruzo con un empleado de la limpieza. Me confirma que voy bien encaminado. Conmigo somos cinco personas esperando a embarcar. Dos se conocen. He apagado el móvil. Me saco las gafas.

El avión se parece a esos jets privados que usamos a veces. Voy solo en primera. La azafata me sonríe y me ofrece un periódico. Le devuelvo la sonrisa sin mucho ánimo. „La flauta mágica“. Me duermo.

Me avisan que nos desvían por niebla. Un autobús nos llevará a destino. Mar de nubes por la ventanilla. El aeropuerto donde aterrizamos es pequeño. No minúsculo. Pero pequeño. Una parte cabría en mi salón. Me alegro de sólo llevar una bolsa de mano. Nadie me espera. El autobús es demasiado grande. Sólo somos veinte personas. Me siento al fondo. Como entonces. Sólo que ahora no fumo. Me vuelvo a quedar dormido. Me despierta otro de los pasajeros. Hace frío. Mucho frío . Y llueve. Me dirijo a alquilar un coche.

Un Mini-Cooper rojo. El empleado me mira intentando disculparse. Yo no le he culpado de nada. Le digo a dónde me dirijo. Abre mucho los ojos, llena la boca de aire, lo suelta con un soplido sonoro. El coche no tiene navi. Extiende un mapa sobre el mostrador. Y me señala un punto en la inmensidad verde. Con un lápiz traza una linea desde ese punto hasta otro más hacia el sur. Creo. No parece lejos. Y me explica las carreteras que he de tomar. Hace años que no conduzco. Me entra aprensión.

No entiendo al hombre del tractor. Me señala un camino. Y extiende su brazo derecho. Más o menos. Sólo entiendo „más o menos“. Creo que ese camino ya lo tomé dos veces. Le doy las gracias. Me vuelvo a perder. Una mujer con una pañoleta en la cabeza contradice al hombre del tractor. Me envía en dirección contraria y extiende su brazo izquierdo. Si no funciona llamo a la clínica. Distingo el letrero con el nombre en un cruce.

Supongo que así se debió de sentir Colón al descubrir América.

La zona de aparcamiento es un lodazal. Aparco junto al muro. El interfono tiene cámara incorporada. Gira cuando digo mi nombre. Me asusto. No sé por qué. El edificio es rectangular y de piedra vista. Las ventanas son verdes. El Dr. Gamazo me estrecha la mano. Me guía a una despacho abierto a una galería. Me explica los pormenores. Me confirma lo que ya suponía. No me miente. Pulsa un botón en un aparato.

Me presenta a Caridad López. Cari. Me sonríe. Me da dos besos. Tranquila. Tiene los ojos del mismo color que su pelo. Negros. El Dr. Gamazo avanza delante de nosotros. Ella me explica cosas. Cola de caballo y flequillo. Flequillo. No sabe quién soy. O no le importa. Tranquila. El uniforme le queda un poco justo en las caderas.

Paps está sentado en una silla de ruedas junto a la ventana. Me detengo en el umbral. Gelatina. Me acerco a él lo más despacio que puedo. Me mira curioso. Recién afeitado. El pelo blanco muy corto. Escondo una de sus manos entre las mías. Paps. Amparo. Articula su nombre con cuidado. Como entonces. Y por fin puedo llorar.

El Dr. Gamazo me ofrece una habitación en la casa de huéspedes. Cari me guía. La cola de caballo oscila a su paso. Me explica cosas. La habitación es monacal, con baño. No necesito más. Hasta luego. Anne-Sophie Mutter. Fundido en negro.

Paps me mira mientras le doy el yogurt. Curioso. Como buscándome en su cabeza. Amparo. Yo sonrío. Soy una fotocopia de mi madre. Él la llamaba „cara bonita“. No quiero llorar. Cari termina de cambiar la cama. Paps no quiere más yogur. Cari recoge la bandeja. Tiene las uñas muy cortas. Llega el terapeuta ocupacional. Paps señala un triangulo azul. Y luego el cuadrado rojo. Está lloviendo. Le llevo en la silla hasta la galería. Con vista a niebla y montes. Amparo. Me siento a su lado y le cojo la mano. Cari se sienta al fondo. Me sonríe. Yo le guiño un ojo.

Paps duerme. Cari y yo comemos juntos. Bistecs de ternera en salsa con patatas asadas y guarnición. Marge no está. Y Manuel tampoco. Me como su bollo de pan. Se ríe. No sabe quién soy. Tiene los dientes un poco montados. Y la nariz es suya. Yo me entiendo. Vive con sus padres. Tiene un hermano. Yo trabajo en publicidad. No miento. Es otra forma de decirlo. Me cree. Me pregunta dónde vivo. Eso también querría saberlo yo. Me como dos de sus patatas. Sólo para oír su risa. Arruga el ceño cuando piensa. Me llama Rodrigo. Ahora nadie me llama así.

Me gusta el silencio absoluto de las noches. Necesito una cura de sueño. Cari tiene que ir a hacer unos recados. Me ofrezco a llevarla. Paps descansa tras la fisioterapia. Hace frío y llueve. Densas cortinas de agua.

Los limpiaparabrisas no ayudan. Ella me guía con calma. Seguimos kilómetros un tractor. Nunca había visto llover tanto. Me mira sin entender lo que quiero decir. Sonríe. Respiro hondo. Y puedo. No sé por qué empiezo a silbar. Salimos de la autopista. Distingo las torres de la catedral. Ella me lo confirma señalándolas. Conducir por París es más fácil. Llueve menos. Dejamos el coche en un aparcamiento. Tengo frío. Ella parece que no. Saca un paraguas del bolso. La llamo Mary Poppins. Ella se ríe. Compartimos paraguas. Oigo gaitas pero no sé dónde. Tengo mucho frío. Me compro un plumas, un gorro y unas botas forradas. Me los llevo puestos. Me preguntan si tengo frío. Creo que es algo obvio. Pero sólo asiento. Empanadillas de bacalao. Hacemos camino por la catedral para llegar antes a algún lado. Me quedo parado en la nave central. Descubro el Apóstol. Cari me llama. Salimos por un lateral. Cari saluda a alguien. Sigue lloviendo. Volvemos.

Besugo al horno con patatas. Marge no está. Me como el bollo de pan de Cari. Ella me roba una patata. Nunca va a ninguna parte. No sé los puntos que tengo. No me entiende. Se lo explico. Asiente. Flan con nata de postre. Me cuenta cosas. No la intimido. Creo que no soy su tipo.

Me quedo dormido junto a paps en la galería. Me despierta Cari. Es hora del baño. Prefiero no asistir. Niebla y montes. Tendría que encender mi teléfono. No me apetece.

La mujer del médico se llama Lourdes. Me recuerda a aquella Gracia. Lleva demasiado perfume. Blig-Bling. Quiere llevarme de paseo. Me consta. No le voy a dar el gusto. Cari pasa por allí, nos saluda. Pasa de largo. Lourdes me sigue contando de las Seychelles. Odio las Seychelles. Quiero seguir a Cari. Bling-Bling. La emplazo a otro momento. Samsara. Es Samsara. Lisbeth fue imagen. Se pasó dos años teniendo que usarlo. Me río solo al recordarlo. La pobre. Tengo hambre. Busco a Cari. Está ordenando cosas.

Me lleva a la cocina. Amalia me llama „guapetón“. La abrazo. Me hace un bocadillo con media barra de pan. Hace años que no tomo uno. Jamón serrano con ese queso de aquí. Un botellín de mosto. Manuel me va a matar. Marge no está. Lo como junto a paps. Sonríe. El también es de bocadillos. Cari ordena papeles de colores. Frunce el ceño. No dejo ni las migas.

Cari me pregunta qué escucho. Se pone mis auriculares. Descubre a Anne-Sophie. Ladea la cabeza. Sus ojos viajan por la niebla y los montes. Mueve un dedo con una tirita siguiendo una nota. Sonríe. Me los devuelve. Me dice que es muy relajante. Cari. Se marcha que tiene que marchar. No la entiendo. Se ríe. Se va. Paps duerme. Anne-Sophie deslía la niebla.

Paps no quiere las natillas. Amparo. Me acuerdo de madre. Respiro hondo. Amparo. Cari se acerca y me coge el bol de natillas. Retira la bandeja. Paps me mira nervioso. Amparo. Cari le acaricia el hombro. Le explica. Opto por salir del cuarto. Me encuentra. No me dice nada. Posa un instante su mano en mi hombro. Me deja solo. La llamo. Vuelve despacio. Compartimos el silencio. Hablamos. Cari.

Me ofrezco a llevarla a casa. Me dice que tiene paraguas. Insisto. En el aparcamiento nuestros pies se hunden en el barro. Me alegro de haber comprado las botas. Llueve a manguerazos. Ponemos perdido el Mini. Me da igual. Me guía con calma. No puedo adelantar a un carro. Vemos un arcoíris. Su casa está al borde de la carretera. Me pregunta si quiero pasar. Sea lo que sea lo que están cocinando huele bien. Doy dos besos a su madre. Me llama „niño“ de otra forma. Me ofrecen café. El padre llega en mono azul. Me recuerda a paps entonces. Me da la mano. Tranquilidad. No tienen prisa. Cari me pone delante un plato con un trozo enorme de bizcocho. Manuel. Pienso en Manuel. El bizcocho tiene nueces. El padre me pregunta si quiero gotas en el café. La madre dice algo que no entiendo. Cari menea la cabeza. Café con leche. Tiene natas. No me quiero ir.

Llega su hermano. Se alegra de verme. Anuncia la muerte de alguien. Todos lo sienten. La madre se santigua. Mojo un trozo de bizcocho en el café. Cari se sienta a mi lado. Sonríe. Tienen parientes en Nueva York. Y en Buenos Aires. La madre me pone otro trozo de bizcocho. Me río. El hermano fuma un pitillo. Me ofrece. No quiero volver a empezar. Alguien llega. No entiendo lo que dice. Me llama „niño“de otra manera. Dice que está lloviendo. Me parece obvio. No digo nada. El hermano acompaña a la persona. Se van. La madre me acaricia el hombro. Me pregunta si quiero más café mientras me lo sirve. Cari la mira con los ojos muy abiertos. Me río. Vuelve a tener natas. Llega una mujer. Se sienta a la mesa frente a nosotros. Cari me la presenta como su tia. La mujer mira a Cari y hace un gesto con las cejas. Cari se pone del color del mantel. Toma un trozo de bizcocho. La mujer vuelve a recordar la muerte de alguien. Todos vuelven a sentirlo. Se santiguan. Cari se arregla el flequillo. Cari. La madre y la tía nos miran en silencio. No sé si tengo que decir algo. Cari se acaba el café. Me tengo que ir. Nadie está de acuerdo. Querría cenar con paps. Entonces lo entienden. Me llaman „niño“otra vez. Cari me acompaña a la puerta. Mañana nos vemos. Ha parado de llover. Sonríe. Me voy. No tengo hambre.

Estoy acatarrado y me duele la garganta. Cari me da algo efervescente que sabe a rayos. Me pasa un azucarillo. Mary Poppins. Su sonrisa.

Paps reconoce una flor. Pero no reconoce un perro. Lenguado a la plancha con ensalada de puerros. Cari me pasa sus puerros. Parecen hacerle gracia mis estornudos. Cari. La chica de secretaría se nos acerca con un teléfono inalámbrico. Alguien quiere hablar conmigo. Cari se incorpora para irse. Yo la retengo. Se vuelve a sentar. Es Marge. Si, estoy acatarrado. No,no tengo el teléfono conectado. No he leido sus Emails. Puedo estar en Nueva York el martes. Sin catarro. No sé dónde está Josh. Mi padre está bien. El martes nos vemos. Cari no pregunta. Le explico quién es Marge. Quiere saber si me voy el sábado o el domingo. Decido irme el domingo.

La veo hablar con el Dr. Gamazo. Consultan unos papeles. El le comenta algo. Ella niega con la cabeza y sonríe. Hubo un tiempo en el que le partiría la cara al Dr. Gamazo. Ella se aleja por el pasillo. La seguiría. Pero no me muevo. Estoy muy acatarrado.

El liquido efervescente causa efecto. Ya puedo respirar. Paps parpadea cuando me ve. Quiere apretar mi mano. Sigue viendo a mi madre. Creo que le pongo nervioso. Cari me quita la idea de la cabeza. Hoy la especie de casaca del uniforme le queda justa.

Me fijo cuando retira la bandeja. Todavía lleva la tirita en el dedo. Le enseño una foto de Josh. Me dice que es clavado a Paul Newman. Le digo que es lo más parecido a un dolor de pies. Se ríe. Y no puede parar. Raquel entra a decir algo. Me cae bien. Le dice lo del dolor de pies. Raquel también se ríe. Me dice que conoce a otro que también lo es. Se van. Paps me mira. Quiere decir algo. E-L-E-M-E-N-T-O. Sonrío. Le doy un beso.

Marge me envía  mi planning del mes.  Lo repaso con Cari. Nueva York, París y Londres. Pero aquí sólo tres días. Le pido su teléfono móvil. Se arregla el flequillo y frunce el ceño. Me mira y parpadea. Lo guardo como Mary Poppins. Sonríe. Recorre el planning con su dedo indice. „Christian Dior“. No sé si pregunta o afirma.

Paps duerme. Le cojo una mano y se la acaricio como despedida. Gelatina. Un servicio de shuttle me recogerá en una hora. A por el Mini-Cooper vendrán mañana. El Dr. Gamazo me desea buen viaje. Cari me entrega una bolsa con una caja de antigripal efervescente y otra de azucarillos. No me quiero ir. Le doy dos besos. Se arregla el flequillo. Intento sonreir. Sigue lloviendo. Un empleado me abriga con un paraguas de la puerta al shuttle. Me despido con la mano hasta que los dejo de ver.

No sé qué hora es. Marge me llama al móvil. Aún estoy acatarrado. No puedo ir. Mañana mejor. Miento. Mal. Pero me cree. Está nevando. Me cubro la cabeza con el edredón. Llamo a Cari cuando allí es mediodía. Coliflor con bacalao. Tocinillo de cielo. No es justo. Sigue lloviendo. Me apremia a tomar el antigripal. Con azúcar. Apunto. Nos quedamos en silencio un instante. Alguien habla al fondo. Me llamará más tarde. Hasta luego.

El maquillador me pone un antifaz de hielo. Me tomo un antigripal. Con azúcar. Ya no me duele la garganta. Tenemos sesión con „La niña de la bola“. Las llamo así. Ganan un concurso y ahora creen que saben. Marge me susurra que tenga paciencia. Me piden un autógrafo. Me invento uno. Comienzan los clicks y ponen caras raras. El fotógrafo se encomienda al cielo. Yo hace tiempo que no lo hago. Marge me pasa un botellín de agua. Me hacen fotos con los móviles. Tengo que abrazar a una. Tiembla. Me quiero ir.

Josh me pregunta quién es „Confecciones Luís“. Le gusta mi plumas. Le explico. Se lo prueba. Se lo quito. Me echa la lengua. Quiere uno. Marge me pasa un botellín de agua. Sigue con María. No se habla con su madre. Entrevista conjunta. Tengo los ojos gris metálico. Sé que los tengo grises, pero no metálico. La chica de la revista lo sabe mejor que yo. Mi comida favorita. Pienso en tocinillo de cielo, digo sushi. Mi bebida favorita, pienso en whisky barato con no-name cola, digo Gin-Tonic. Al resto respondo lo que me pasó Marge. Josh miente en todo. No le miro. Sino le delataría. Josh nombra a María. Yo soy el hombre más deseado del planeta. Josh suelta una carcajada. Necesito un antigripal. La chica se fija en mi plumas. Josh le dice que él también quiere uno. „Confecciones Luis“. Marge se encoge de hombros. Me quiero ir a dormir. Cari.

Calculo qué hora es en la otra parte. Llamo a Cari. Paps está haciendo fisioterapia. Le encargo un plumas para Josh. No se sorprende. Su hermano tiene uno. Me pregunta si tomo el antigripal. Con azúcar. Se ríe. Tiene que colgar. Le mando texto con mi dirección en Nueva York. Le pido me envíe la factura. Me envía un emoji riendo. Cari.

Alguien me ha hecho una foto por la calle. Con el dichoso plumas. Y el gorro. No doy explicaciones. Ande yo caliente. Diría paps. Pongo „Confecciones Luís“ en el mapa. Cari me envia una foto del plumas de Josh. Igual que el mío pero en azul.

Entrega de premios de moda. Me aburro. Llamo a Cari. No me coge.

Manuel me quiere matar. Y casi lo consigue. Hago sesenta piscinas. Me permite un batido vitaminado. Tengo hambre.

Dos tipos se pelean y se monta un barullo. Me alejo con Anne-Sophie en los oídos. Ya no me peleo. Marge me pasa un botellín de agua. Hoy es casual. Con las chicas. Coincido con Heather. Ya no siento nada. Ella evita mirarme. Mejor. Me llama Adela de Vogue. „Confecciones Luis“. Le digo que me encargo. Encuentro el ticket de compra. Calculo la hora en el otro lado. Me necesitan en peluquería. La chica que me coge el teléfono me pasa con Luís. Me explico. Se acuerda de mi. Cari también le explicó. Cari. Me tiran del pelo. No se disculpan. Anota mi número. Le doy el de Adela. Me da las gracias. Hasta luego. Odio la laca. Marge me pasa un zumo de naranja. Me duele la cabeza.

Manuel y yo hacemos la tabla al ritmo de „Gloria“ de Mando Diao. Josh toma cereales sentado en el suelo. Lleva puesta las gafas. Tiene conjuntivitis. Sigue nevando. María llega calada. Josh se preocupa. „Alone now forever Gloria“.

Hola Cari. Le pregunto si llueve. Me pregunta cómo estoy. Ya no estoy acatarrado. Me ha enviado el plumas y otras cosas urgente. Qué otras cosas. Se ríe. Seguro que se arregla el flequillo. Paps ya habla frases de tres palabras. Me siento. El fisio le ha puesto una férula en el pie. Me preocupo. Dice que es normal. Supongo. Pollo asado con patatas. No es justo. Josh grita „Hola Cari!“ al teléfono y ríe. Cari calla. Me voy a la cocina. Le explico quién es. La veo sonreír. Mañana van al cardiólogo. Es rutina. Me llama después. Hasta luego. Nubes, montes y lluvia. Me entra una llamada de Marge. Me quieren en una película. Digo que no. No intenta convencerme. Mañana pasa a las seis. Cari.

Manuel y yo. Cinco kilómetros. Mejor de lo que esperaba. Me hacen fotos. Pasta con atún. Algo es algo. Soy portada de tres revistas. Marge me las enmarca. No las cuento. Wen está enorme. Y feliz. Es un niño. Voy a ser el padrino. No es negociable. Tiene campañas pre-mamá. Encarga mexicano. Me como dos tacos. Marge no está. Manuel tampoco. Llamo a Cari. Fuera de cobertura.

Llega el paquete. Josh da saltos de alegría. Le recuerdo que Papa Noel no existe. Me echa la lengua. Josh se pone el plumas. Y el gorro. Parece que le haya tocado la lotería. Una mezcla para hacer tocinillo casero. Un pack de jerseys azules. Chocolate a la taza. Lo escondo de Marge en el fondo del armario. Le envío a Cari una foto de Josh con el plumas ,y el gorro, haciendo el símbolo de la victoria. Y un emoji de un beso. Ella me envía fuegos artificiales. Cari.

Josh se lía con “La niña de la bola“. Tira las sábanas. Vienen a buscarla. Ella le da un beso de despedida. Él ya ha olvidado su nombre. Marge coincide con ella. Me abronca. Le explico. No está conforme. Me voy a la ducha. Marge no me habla. Mejor. Dieciséis. Repite. Dieciséis. Yo también tuve dieciséis. Le recuerdo. Le callo la boca. Miramos por nuestras respectivas ventanillas. Armani. Sesenta piscinas. Pescado con verduras. „La flauta mágica“. Fundido en negro.

Marge sigue sin hablarme. Y yo no le hablo a Josh. Josh se va con María a Saint Barth. Le compro a Marge un broche en forma de margarita en Cartier. Armisticio. Me da un beso en la frente. Haya paz.

Tengo dos llamadas perdidas. Una de la clínica. Otra de Cari. Todo me da un vuelco. Llamo a Cari. Intenta tranquilizarme. Lo consigue a medias. Otro derrame. Gelatina. Su voz. Hasta luego. Llamo a Marge. Quiere venir conmigo. Voy solo. Anula mis citas. Reservo el primer vuelo. Servicio de shuttle en destino. Llevo el plumas.

Llego a Madrid por la tarde. Con retraso. Estoy en la M. Salgo de la J. Tengo que pasar por un control. Sólo dos guardias civiles para cien personas. Me tengo que descalzar. Opto por correr. El ascensor no es una opción. Bajo las escaleras de dos en dos. El tren subterráneo tardará veinte minutos. Yo tengo treinta. Coincido con una excursión de japoneses. El vagón de delante desaparece de mi vista por la ventana panorámica. Y luego vuelve. Los japoneses aplauden. Yo recupero la respiración. Vuelvo a correr. Subo las escaleras de tres en tres. Sorteando gente y bultos. Desemboco en un DutyFree. Me confunde. Vuelvo a correr. Me acuerdo de Manuel. Mi puerta vuelve a ser recóndita. Llego y me sobran treinta segundos. Soy el penúltimo en embarcar.

Llego de noche. No llueve. Pero hace frío. Cari me recibe en la puerta. La abrazo y le doy dos besos. Tengo la impresión de llevar días corriendo. Me acaricia un brazo. Paps está en cuidados intensivos. Gomas y cables. Me siento a su lado. Le cojo la mano. Cierro los ojos . No puedo respirar hondo.

El Dr. Gamazo me explica. Intento entender. El nudo en la garganta duele. Me tengo que sentar. Cari apoya su mano en mi hombro. Cierro los ojos.

Duermo poco y mal. Me duele la cabeza. No tengo hambre. Cari me trae un bol de sopa. Me sienta bien. Paps está estable. Salimos al pasillo. Me pregunta si estoy bien. No sé qué contestar. La busco. Se asusta. Me aparto. Me busca. Pierdo mis manos en su pelo. Oímos voces. Nos apartamos. Nos buscamos otra vez.

Me despierto y sigue a mi lado. Dormida. Su pelo sobre la almohada. Llueve fuera. Silencio.

Paps se va en paz. Alcanzo la mano de Cari. Ya no la suelto. No sé qué tengo que hacer. Me rompo.

Vienen sus padres y su hermano. Familia. Su padre se encarga de todo. Yo no puedo pensar. Enterrar a paps con madre es complicado. Me aconsejan comprar un nicho allí. Hundo mi cabeza en el hombro de Cari. Su madre me abraza.

La urna es de metal azul. Cari no me suelta la mano. Su madre me coge del brazo. Creo ver a Marge al fondo. Pero no estoy seguro. Cuando todo acaba me llevan a su casa. Cari me da algo para dormir. Se tumba a mi lado. Fundido en negro.

Ven conmigo. Cari. Ella me mira. Me acaricia la cara. No le suelto la mano. Ven conmigo. Lloramos los dos. Le doy un billete abierto a Nueva York. No la quiero soltar. No la puedo soltar. Me acaricia la cabeza. Nos buscamos.

Su padre me abraza. Su madre no puede. Es la primera vez que veo llorar a Marge.

Silencio. No quiero hablar con nadie. Alguien hace una foto. Silencio. Me voy.

Marge llama al Dr. Wheeler. No le hablo. No quiero hablar con nadie. Sólo con Cari. Y no está. No tengo hambre. Quiero estar solo. Y no me dejan. Llamo a Cari. Dónde estás?. Estoy acatarrado. Otra vez. Tengo fiebre. Mi casa se llena de gente. Hablo por fin con ella. Mejor. Cari me llama. No puedo respirar. Es horrible. No quiero hablar con nadie. No quiero ir a ninguna parte. Sólo la quiero a ella.

Son las doce. Me voy. Marge alza una ceja. El monovolumen me lleva a JFK. Siempre voy a salidas. No a llegadas. Tiene que haber aterrizado ya. Hay una multitud. Me pregunto si será una manifestación. Me abro paso a duras penas.

Y la veo. Aferrada a un carro cargado de maletas. Arreglándose el flequillo. Frunce el ceño. Me ve. Sonríe. Vivaldi. Invierno (4/4). Respiro hondo. Hola Cari.

LA DE FERNANDO

Melisa me cuenta que Ramón y Verónica se van a comprar un piso. Fíjate tu qué me importa. Ya no hay nada. Que sean felices. Me llama borde. Estamos esperando el autobús en la marquesina. Va a llover. La camiseta térmica funciona. Es una Damart. La encontré en el fallado. Aún en la funda. Nos sentamos detrás de Cosme. Melisa le da palique. Un día nos matamos. Yo me bajo en el cruce. Llevo ya puestas las botas de agua. Gamazo siempre dice que van a cementar. Pero hasta que eso pase, el aparcamiento es una pista de barro. Javier me gasta siempre bromas con la camarita. Haciendo que rote. Y me asusta. Me río. La Sra. Cuevas ya anda sola. La encuentro en el pasillo. Me llama “nenita”. Le pregunto si la llevo a algún lado. Me lo agradece. Quiere llegar al final del pasillo. Y volver. Ya es un reto. Para cómo estuvo.

Raquel me avisa de que van a traer un nuevo paciente. Me entrega una carpeta. Viene de lejos. Me voy a controlar a los que ya tenemos. Son ocho. El Sr. Treviso no ha querido desayunar. Ahora duerme. Lo anoto en su informe. Me cruzo con Gamazo. Me confirma lo que Raquel ya me dijo. Lo traerán cuando sea transportable. Raquel y yo repartimos las pastillas en los pastilleros. Luis quiere niños. Qué problema hay. Coloca las pastillas del martes del Sr. González-Nieto. Aprieta los labios. Y si no vienen?. No la entiendo. La Sra. Blázquez dos para la orina a partir del jueves.

Voy con mi madre a la compra. Nos va a recoger Fer. De cena hay pechugas de pollo con ensalada. Me tomo un yogur de postre. Ponen una película de misterio. Mi madre se queja de que tan oscura la quieren poner, que no se ven las caras. Mi hermano enciende un pitillo. Me voy a la cama sin saber quién mató a Robert. Leo un poco del libro que me prestó Melisa. “ Cómo salir del bache sin perder la mercancía”. Me quedo dormida. Supongo que alguien apagó la luz.

El Sr. Treviso se niega a comer. Le ponemos suero. La Sra. Cuevas ya llega hasta los ascensores. La felicito.

Melisa quiere ir al cine. “50 sombras de Grey”. No me apetece. Me quiere prestar el libro. Le recuerdo que aún tengo “el del bache” y no paso de la página ocho. Me llama borde. Pues todo el mundo dice que está super-bien. No me apetece. Vamos a tomar una caña.

Mi padre va a entrar en política. Intento no reírme. Soy la única que lo ve gracioso. Va en el puesto dos con los socialistas. Fer le recuerda que si ve un maletín, no lo coja. Mi padre se ríe. Aprovecho para hacerlo yo.

Mi madre quiere ir al cementerio. Corto rosas en el fondal. Vamos andando. Me cuenta que Ramón y Verónica se van a comprar un piso. Me hago la sorprendida. A ver qué me importa. Me intereso por dónde.

La mujer de Gamazo me acerca en el Cayenne. Me parece entrar en una nave espacial. Huele a cuero y a nuevo. Suena “I still haven´t found what I´m looking for” de U2. El anillo de diamantes brilla cada vez que gira el volante. No me gusta el perfume que lleva. No sé cuál es. Lleva la blusa que vi el otro día en el centro. Beig de cuello caja. Me pregunta si aún quiero hacer fisio. Carraspeo. Me invento falta de tiempo. Asiente. En el bolso de Loewe suena un móvil. Es Sergio. Me dice. Ya le vemos ahora. Ella también se pone una botas de agua para cruzar el barro. Hunter lila. Javier no hace bromas con la cámara.

Calabacines rellenos con patatas al vapor. Como con Raquel. Van a por el niño. La felicito. Se me queda mirando. Le digo que yo no pienso ir a por ningún niño. Sopesa mi respuesta. Lo entiende. La gente tiene ideas.

Hoy llega el paciente nuevo. Le han dado la habitación con las vistas más bonitas. Donde antes estuvo la Sra. Aurora. Este se llama Carlos Albián Pérez. Derrame cerebral. Llega en una UVI privada. Lo que ha debido costar. Viene sedado. Le ponemos oxígeno por precaución. Gamazo nos dice que la familia quiere estar informada semanalmente. Raquel ya informa a dos familias. Me toca a mi. Además tendrá mi dedicación exclusiva. Raquel me mira. Pero no dice nada. Cuando Gamazo se va, niega con la cabeza. Supone que ella sola tendrá que hacerse cargo de los otros ocho. Yo la tranquilizo. No voy a estar veinticuatro horas con él. La ayudo con el resto, pero cargo tintas con este. O algo así. No me van a pagar más. Se tranquiliza.

Gamazo me da el teléfono del hijo del Sr. Albián. Se llama Rodrigo Albián. Es un número de teléfono móvil muy largo. Con un prefijo que no conozco. Gamazo me aclara que es de Estados Unidos. Lo anoto en la carpeta para no perderlo.

Calculo ocho horas menos. Allí son las nueve de la mañana. No sé dónde en Estados Unidos. Suena sólo dos veces. La persona me responde en español. Buenos Días Sr. Albián, soy Cari. Empezamos mal. Silencio. Me explico mejor. Le cuento que su padre ya come batido y se mantiene sentado. No le digo cómo. Pero se mantiene. Me contesta. Tiene una voz bonita. Como de doblaje. Se interesa. Parece realmente preocupado. Le tranquilizo. Me despido. Creo que he salvado la situación.

Melisa se lía con el primo de su cuñado. El de León. Le tomo el pelo con “50 sombras de Grey”. Me manda por ahí. Me río. Mi hermano se plantea marchase a Suiza. Mi padre lo entiende. Mi madre no quiere. Yo le animo. Así puedo visitarlo. Enciende un pitillo. Alza las cejas.

Miro el “Hola” con Raquel después de comer. El salón del reportaje central es espantoso. Si tengo que sentarme ahí todos los días acabo a tiros por la ventana. Raquel se ríe. Me cree capaz. “La gacela de los Balcanes vuelve con su novio on-off”. Raquel no sabe qué es On-Off. Se lo aclaro con Miguel y Trini. Lo coge. Opina que si ese fuera su novio, ella intentaría siempre estar On. Nos reímos. En Notas de Sociedad hay una novia realmente fea. Se llama Lígia. Raquel menea la cabeza. En qué cosas me fijo.

El Sr. Albián empieza la rehabilitación. Creía que estaba peor. Llamo al hijo. Hola Cari. Me pongo colorada. Le pregunto cómo está. No sé por qué. Bien. Tiene una voz preciosa. Le explico. Le tranquilizo. Una mujer grita algo en un idioma raro. Hay un portazo. No sé qué hacer. Le pido perdón. Silencio. Le anuncio el comienzo de la fisioterapia. Le aseguro que su padre está mejor de lo que esperábamos. Silencio. Le pregunto si llueve en Nueva York. Me dice que no. No parece ser de muchas palabras. Le digo que aquí siempre llueve. Como si le importase. Me despido. Tengo que volver a mi estrategia del cactus. Es la mejor.

Mi hermano no se va a Suiza. No quiere aprender francés. Nos llega la invitación de boda de mi prima Charo. Nos llevamos tres días. Mi madre me mira. Mi padre le pide que me deje en paz.

Melisa sigue con el de León. Se llama Lucio. Paso de decir nada. Me lo agradece. La mujer de Gamazo nos perfuma los pasillos. Hoy lleva un vestido-abrigo marrón. A Raquel le cae mal. Sus pulseras tintinean.

La Sra. Blázquez tiene el azúcar alto. La Sra. Cuevas hace pilates con un instructor. Me vendría también bien a mi. A lo mejor le pido la tabla para hacerla en casa. El uniforme me queda un poco justo. Raquel me dice que tengo unas formas bonitas. No sabe que llevo sostén reductor desde los doce años. No lo sabe nadie. Excepto mi madre. Y Siño, claro, que los encarga. Me recorto el flequillo en el espejo del baño. Justo hasta las cejas. Siempre he tenido flequillo. No soy yo sin el.

Gamazo me avisa de que ahora el prefijo para Albián es Francia. Llamo al mediodía. Hola Cari. Me vuelvo a poner colorada. Le pregunto si llueve en París. Aquí hace sol. La chica del tiempo. Cactus. Le cuento de su padre. Me pregunta si he estado alguna vez en París. Me da la risa. Yo no voy nunca a ninguna parte. Habla con alguien en inglés. Hasta la semana que viene.

Voy con mi madre a la modista para la boda de Charo. Es un vestido estampado con cuello blanco. Yo no me hago nada. Tengo todavía el de la boda de Raquel. La blusa de cuello caja es cara aún en rebajas. Llego a la página veinte del libro de Melisa. Creo que me aburre. Yo no paso por ningún bache.

Vemos un drama de guerra. Me voy a la cama antes de que los fusilen. Caigo como una piedra en un pozo.

Gamazo me llama al despacho. Me presenta a Rodrigo Albián. Me suena de algo pero no sé de qué. Me da dos besos. Es muy alto. Tiene los ojos grises. Parece cansado. Tiene una voz preciosa. Se va a quedar unos días. Le guiamos hasta su padre. Le explico su día a día. No sé si le importa. Me mira mientras hablo.

Se sienta frente a su padre y le coge la mano. El Sr. Albián le llama Amparo. Su hijo se emociona hasta las lágrimas. Me pego a la pared del fondo junto a la puerta. Me hago invisible.

Sólo trae una bolsa de mano. Es de cuero. Armani Jeans. Le guío hasta la zona de huéspedes . Le explico los horarios de comidas. Me mira mientras hablo. Los zapatos se le han puesto perdidos de barro en la explanada. No le digo nada. Su agotamiento es más que notable. No sé de dónde me suena.

Cuando entro en la habitación el ya está allí. Está sentado en la cama y le habla a su padre. Éste le mira con la boca abierta. Me ayuda a sentarlo en la silla. Le quiere dar el desayuno. Yo hago la cama. Le llama Amparo. Rodrigo me explica que él es la viva estampa de su madre. Ya me cuadra. Después vamos a la galería. Me quedo por si me necesita. Me he traído el libro del “bache” para terminarlo. Rodrigo se asegura cada poco que sigo ahí. En una me guiña un ojo. Sigo con mi estrategia de cactus. Es la mejor.

El Sr. Albián se queda dormido. Rodrigo se sienta conmigo a comer. Raquel está desaparecida. Si pasa alguien, nos sonríe. No entiendo nada. Bistecs de ternera en salsa con patatas asada y guarnición. Así no hay quién baje. Rodrigo come como si le fuesen a quitar el plato. Me roba el pan. Me río. Cuando sonríe le brillan los ojos. Me pregunta por mi vida. Le hablo de mis padres y mi hermano. Su madre murió cuando él tenía diez años.

Trabaja en publicidad. Entre Nueva York y París. Yo nunca voy a ninguna parte. Se come mis patatas. Me da la risa. Su plato está tan limpio que parece ya pasado por el lavavajillas. Se queda dormido en la galería. Aún tiene el horario cambiado. Raquel aparece. No nos quería molestar. La llamo tonta. Me da un azote en el culo. Me río.

Gamazo me pide que vaya al centro a recoger las medicinas que encargó. Las necesitamos hoy. El mensajero nos las traería mañana. Voy a secretaría a llamar un taxi. Rodrigo cubre un formulario. Ya no parece tan cansado. Se ofrece a llevarme. Su padre descansa. Llueven chuzos de punta. Dice que nunca vio llover así. Quiero decirle que esto no es nada. Pero me callo. Se nos pone delante un tractor rojo. Creo que es Venancio. Rodrigo empieza a silbar y tamborilea el volante con los dedos. Me mira y sonríe. Le señalo las torres de la catedral para que se oriente. Me entiende mal. Nos metemos por el Campus Norte. Damos un rodeo innecesario. Le indico el primer aparcamiento con plazas libres. Creo que tiene frío. Yo llevo mi Damart. La cazadora que lleva es muy fina. Y tiene los zapatos mojados. Me llama Mary Poppins al sacar el paraguas del bolso. Canto mentalmente “Chim-chim-che-roo”. Me río.

Me agarra por el hombro para que quepamos los dos bajo el paraguas. Somos el punto y la i mayúscula. Se muere de frío. Tengo miedo que coja una pulmonía. Hago camino por Siño. Se alegra de verme. Le presento a Rodrigo como un amigo. Tengo la impresión de que le conoce. Rodrigo a él no. Siño le pregunta si tiene frío. Rodrigo le pregunta si tiene plumas. Se pierden en la tienda. Yo miro unos vestidos de lana. Les oigo charlar. Rodrigo se decide por un plumas como el de Fer. Pero en marrón. Acolchado y con capucha. Elige también un gorro de lana negro. Siño está nervioso. No sé por qué. Le pregunto si tiene botas. Rodrigo se mira los zapatos. Me da la razón. Se compra unas botas forradas de borreguillo. Se lo lleva todo puesto. Siño nos da una bolsa grande con “Confecciones Luís” en azul. Rodrigo le da las gracias. Ya no tiene frío. Ahora tiene hambre. Se compra dos empanadillas de bacalao. Quiero llegar a tiempo a la farmacia. Hago camino por la Catedral. Se queda parado delante de Altar Mayor. Miro el reloj. Descubre el Apóstol. Le llamo. Viene hacia mi caminando hacia atrás. Salimos por Platerías. Sigue lloviendo. Me vuelve a rodear por el hombro. Y me acerca más a sí. Le miro y me sonríe. Yo también. En las escaleras nos encontramos con mi prima Olga. Si la hubiese apuntado con una pistola no se hubiera quedado tan quieta. Me pregunta qué hago allí. Pero mirando a Rodrigo. Le explico. Rodrigo se aprende de memoria la Plaza de Platerías. Olga parpadea varias veces. Quiere decir algo pero no sabe qué. Le digo que tengo prisa.

Asiente sin dejar de mirar a Rodrigo. Voy a la farmacia. Volvemos. Llueve menos.

Comemos besugo al horno con patatas. Me explica que si vuelas con frecuencia puedes acumular puntos. El no sabe los que tiene. Yo no tengo ni el primero. Nunca voy a ninguna parte. Fui una vez a Madrid. Pero no me acuerdo. Me mira mientras hablo. Le interesa lo que cuento. Le pregunto por su trabajo. Mira hacia la ventana. Carraspea. Me dice que es muy cansado. Pero que pagan bien. Me pregunta por mi sueldo. Se lo digo. Le parece poco. A mi también. Nos reímos.

Se queda dormido en la galería.

Le despierto una hora después. Definitivamente tiene falta de sueño. No viene a bañar a su padre. Después le da la merienda. El padre tiene un mal día. Acaba saliendo de la habitación. Le encuentro en las ventanas de atrás. Me atrevo a acariciarle un hombro. Me voy. Me llama. La niebla se deshace en hilos. La observamos en silencio. Me cuenta que es difícil ver a su padre así. Era un hombre muy vital. Le escucho. Necesita hablar. Tengo tiempo.

Si Lucio volase de León aquí, acumularía muchos puntos. Melisa no me entiende. Yo no me explico. El próximo fin de semana va ella. Tomamos café. Me corto con el cuchillo del pan. Mi padre prepara la campaña. Yo no lo veo. La Sra. Cuevas se va. Nos regala una pañoleta a Raquel y a mi. Se emociona. Rodrigo desayuna con su padre. El Sr. Albián le escucha. Terapia Ocupacional. Rodrigo se queda dormido en la butaca. De sus auriculares salen violines.

Llega el Sr. Tapias. Accidente de esquí. Su mujer está muy nerviosa. Raquel se sienta con ella. Yo asisto a Gamazo con el marido. Oxigeno por precaución. De camino a secretaría me encuentro a Rodrigo. Habla con la mujer de Gamazo. Otra vez ese perfume. Tintinea las pulseras. Él me saluda. Ella no. Tengo que sortear recetas.

Rodrigo tiene hambre. Me lo dice como si eso supusiese un gran problema. Le llevo a la cocina. Amelia le piropea. Él la abraza y se ríe. Le prepara un bocadillo contundente. Y un botellín de mosto. Le invita a volver cuando quiera.

Las rosas a la izquierda. Las verdes a la derecha. Anoto las electrónicas para no olvidarme. El Sr. Treviso está sondado. Hay que pedir más esparadrapo. Rodrigo no deja ni rastro del bocadillo. Su padre parece sonreír.

Melisa me llama. Hay tres jerseys por uno. Si quiero un pack. Me coge el pack azul. El Sr. Tapias no respira por sí mismo. Le damos un calmante a su mujer. No suelta la mano de Raquel. Raquel me pide una Coca Cola.

Pollo asado con patatas y ensalada. Rodrigo tiene dos zancos. Yo sólo uno. Me guiña un ojo. Dice que hay que tener contactos. Me río. Le cuento que mi padre quiere ser concejal. No ve el problema. Creo que no tiene el carácter. Me dice un concejal sin carácter, también puede ser buen concejal. Tiene los ojos grises. Me mira cuando hablo. Su padre era mecánico de camiones. El tiene carnet C. Yo no tengo ni el B. Me anima a hacerlo. A lo mejor en verano. Llueve a cortinas. Ambos asentimos. Mejor en verano. Me roba dos patatas. Yo a él un trozo de tomate. Sonríe. Le brillan los ojos. Empieza a tronar. Treboada. No me entiende. Le explico. Repite la palabra. Viene Raquel. Parece haber cruzado el desierto a pie. Rodrigo le pregunta si quiere un café. La Sra. Tapias duerme. Tomamos café. A Raquel le suena el busca. Nos mira como un reo al pie del garrote vil. Se va. Rodrigo la compadece. Yo también. La Sra. Tapias no es fácil.

La Sra. Blázquez tampoco es fácil. Se niega a tener catéter. Llueve en tromba. Caen rayos. Melisa me envia una foto de los jerseys. Por una vez acierta. Le enseño la foto a Rodrigo. El también quiere un pack azul. Me río. En serio. Dice. Le pregunto qué escucha en los auriculares. Me los pasa. Es un violín. Con orquesta. Y se va solo. Y vuelve. Se los devuelvo. Lo que hace un violín. Marcho que tengo que marchar. No me entiende. Me río. Me suena el busca. El Sr. Tapias.

Me estoy poniendo el anorak. Le descubro en la puerta. Las manos en los bolsillos. A dónde voy. Mi turno acaba dentro de tres minutos. Me lleva a casa. Saco el paraguas del bolso y le enseño las botas. Me lleva a casa. Cedo. Me sonríe. Yo también a él. No sé por qué. El aparcamiento es un mar de lodo. Llueve a espuertas. Llenamos de lodo el Mini. No le importa. Le guío. Yo soy su navi, me dice. Cactus. Soy un cactus. Creo que sonrío. Vamos un rato detrás de un carro. Vemos un arcoíris. Tiene los ojos grises. Le invito a pasar. No sé si lo dije en alto.

Mi madre hace caldo. Le da dos besos. Hola neniño. Hago café. Hay bizcocho de nueces. Le sirvo un trozo grande. Seguro que tiene hambre. Mi padre le da la mano. Le quiere poner gotas en el café. Mi madre le dice que qué cosas tiene. Le pongo un tazón de café con leche. Sonríe. Llega mi hermano. Murió Remigio el de Olimpia. Vaya por Dios. Dios lo tenga en descanso. Rodrigo moja el bizcocho en el café. Siempre tiene hambre. Me siento a su lado. Mi madre le sirve otro trozo de bizcocho. Rodrigo no le dice que no. Cóme Rodrigo. Me hace caso. Mi hermano le ofrece un pitillo. Ya no fuma. Yo tampoco. Mi casa se convierte de repente en Centro Social. Llega Orive a arreglar el pozo. Hola neniño. Mi madre le sirve más café. Tampoco hay que exagerar. Rodrigo parece estar en su elemento. Llega mi tía. Hola neniño. Se sienta frente a nosotros. Murió Remigio el de Olimpia. Dios le hizo mil favores. Mi madre y ella nos miran en silencio. Como esperando algo. Rodrigo también me mira intrigado. De repente tengo mucho calor. Opto por beber café. Rodrigo se tiene que ir. Todos protestan a la vez. Quiere cenar con su padre. Entonces si. Yo sigo teniendo calor. Le acompaño al coche. Ya no llueve. Mañana nos vemos. Se va. Agradezco la brisa.

Trasladan a la Sra. Blázquez a cuidados intensivos. Con catéter. Raquel compra bata, camisión y zapatillas para la Sra. Tapias. La llamo “Personal Shopper”. Sonríe cansada.

Rodrigo está acatarrado. Le duele la garganta. Yo creo que tiene fiebre. Está enfadado con el mundo. Le dejo en paz. Reparto la medicación en los pastilleros. Sin Raquel. El Sr. González-Nieto toma ahora Sintrón. Le veo de repente en la puerta. Me asusta. Sólo dice mi nombre con voz ronca. Está sin afeitar y sin peinar. No puede respirar. Y tose. Sigue enfadado con el mundo. Pero no conmigo. Le doy una couldina. Y acto seguido un azucarillo. Me llama Mary Poppins. Sonrío. No es fácil ser cactus.

Lenguado a la plancha con ensalada de puerros. No me gustan los puerros. Rodrigo se come mi ensalada. Siempre tiene hambre. Ya no está enfadado con el mundo. Es un hombre pegado a un kleenex. Estornuda. Me río. Alcanza a mirarme antes de volver a estornudar. Me dice que no tiene gracia. Arqueo una ceja. Se suena. Tose. Maldice. Le sirvo agua. Bébe Rodrigo. Me hace caso.

Tania la de secretaría aparece con el inalámbrico. Es para él. No le hace gracia. Me levanto para dejarle hablar. Me agarra el brazo y niega con la cabeza. Me siento. Habla con alguien en inglés. Se tapa los ojos con una mano. Tose. No puede respirar. Habla en monosílabos. Cuelga. Yo no pregunto. Me explica que era una tal Marge. Que es su agente. Le necesitan en Nueva York el martes. No parece muy entusiasmado con la idea. Creo que con ese catarro no le entusiasmaría ninguna idea. Decide irse el domingo.

Gamazo me pasa el plan de revisiones. Me pregunta por mis pacientes. Ahora son dos. Capto la indirecta. Le explico. Se hace cargo. Lo encuentra gracioso. Miramos los dos a Rodrigo. Con sus violines en la galería. Es lo más parecido a una noche de truenos. Le dejo en paz. Voy a lo mio. Raquel se va para casa. Ya llama a la Sra. Cuevas de tu. Aurorita. Ya está más tranquila. Fue el susto. Ya.

Vemos una película de acción con tiros. Me voy a la cama antes de que liberen a los rehenes. Acabo de leer el libro del “bache”. Me acuerdo de la canción de Aute. Piedra en pozo.

Aurorita tiene una hija. Se llama Tacoque. La gente tiene ideas. Raquel le llama “La hija”. Gamazo también. Rodrigo conoce a Suki, Kiki, y dos Lulis. No le sorprende. Me río. Ya no es una noche de truenos. Puede respirar. Y sólo estornuda cada diez minutos. Su padre le llama Amparo. El cree que le pone nervioso. Le explico que es parte del cuadro clínico. Parece convencido. Me enseña una foto de Paul Newman. Pero no. Es un tal Josh. Le compara con un dolor de pies. Me río. Viene Raquel. Cotaque. Quetoque. “La hija” quiere hablar conmigo. Lo hace peor. No puedo parar. Le explico. Ya somos dos. Ella tiene uno en casa. Rodrigo la compadece. El Sr. Albián parece sonreir. Nos vamos.

Rodrigo recibe su plan del mes. Nueva York, París y Londres. Me pide mi teléfono. Me coge fuera de juego. Es difícil ser cactus. Me guarda como Mary Poppins. Chim-chim-cheroo. Christian Dior, Armani, Hugo Boss, Men´s Health, The North Face. Christian Dior. Creo que lo digo en alto.

Le viene a buscar un servicio de pasajeros. Le doy una bolsa con el antigripal y los azucarillos. Me da dos besos. No te vayas. No lo digo. Pero se va. El coche desaparece en la lluvia. Gamazo comenta que hace frío. Ya lo sé.

Coliflor con bacalao. Raquel va a ir con “La hija” al notario. Me he perdido un capítulo. No sabe por qué tiene que acompañarla. Van en el Porsche Panamera. Al menos. Asentimos. Me suena el teléfono. Rodrigo. Raquel me hace un gesto con los ojos. Le digo el menú. Protesta que no es justo. Todavía habla de garganta. Le digo que tome la Couldina. Anota con azucar. No te vayas. No digo nada. Le llamo más tarde. Hasta Luego. Raquel me dice que dos y dos son cuatro. Cuatro y dos son seis.

Voy con Melisa al cine. A unos que se les tuerce una despedida de soltero. Creo en la risoterapia. Raquel me cuenta que “La hija” se llama María de la Consolación de todos los Santos. Mejor Tacoque. Mejor. Ir en el Panamera es lo más parecido a levitar. No sabía que supiera levitar. Me confiesa que sólo a veces y en privado. Acabamos despertando a la Sra. Blázquez. No se puede subestimar el poder de la risa.

Están tomando medidas para cementar el aparcamiento. Es intransitable. Le cojo a mi hermano el pantalón de pescar. Raquel me hace una foto avanzando por el barro. Supongo que ella habrá levitado hasta la puerta. Se ríe. El Sr. Tapias todavía no respira por si mismo. Aurorita no se separa de él ni un minuto. Tacoque quiere ir a la peluquería. Me pregunto si Rodrigo estará tomando la Couldina. Tengo que volver a ser un cactus.

Llega el marido de Tacoque. La Sra. Blázquez mejora. Tenemos un nuevo paciente. El Sr. Gómez- Quintero. Tiene título. Accidente de coche. Yo creo que no hay nada que hacer. Gamazo levanta las cejas. Le da dedicación exclusiva a Raquel con el Sr. Tapias. Le recomiendo levitar. Me da un azote en el culo. Somos tontas.

El marido de Tacoque se llama Coté. Me pregunto si ya se buscan. Tacoque no sabe hacer nada sin Raquel. Voy con mi madre a la compra. Me preguntan por Rodrigo en la panadería. También en el super. Mi madre sabe más que yo. Yo la dejo. En Nueva York son las cuatro de la mañana.

El Sr. Albián ya estira las piernas por sí mismo. Me suena el móvil. Rodrigo. Aún tose. Le recuerdo la Couldina. Apunta el azúcar. Me río. Me encarga un plumas para su amigo Josh. Fer tiene uno. Son abrigosos. Llega Gamazo. Le dejo. Me envía un texto con su dirección. Que le diga cuánto es. Le envío una sonrisa. No te vayas. Voy a cubrir recetas.

Al centro a por el plumas. A Siño sólo le quedan en azul. Le compro también un gorro. Le explico. Me pregunta cómo no le avisé que iba a ir con Rod Albian a la tienda. Caigo en que se refiere a Rodrigo. Me dice que todavía no se lo cree. No le entiendo. Ni por qué le llama Rod. Y un pack de jerseys azules de oferta. Tocinillo de cielo para hacer. Chocolate. Melisa me dice que anda por mi. La gente tiene ideas. Me dice que yo sabré. Yo sé.

Vemos una película de espías. No se dicen el lugar de la cita y se encuentran. Es para mi un misterio cómo. Me voy a la cama antes de que entreguen el sobre. Piedra en pozo. Creo oír mi móvil. Lo veo por la mañana. Era Rodrigo. Soy tonta.

Coté se va con Luís a tomar unos vinos. Raquel ya sabe lo que va a pasar. Tacoque no. Opta por llevársela a La Coruña. Tierra de por medio. Luís me cuenta después que Coté cantó con la tuna. Envío el paquete por urgente. El Atlántico de por medio. Mi hermano pone la radio del coche. Se me pega Amaral. Nada de nada. Maldita la hora.

Fer me mira y sonríe soltando el humo del pitillo. Sigue lloviendo.

Melisa y Lucio discuten. Ella no quiere ir. El no viene. Raquel y Tacoque están desaparecidas. Me ocupo del Sr. Tapias y del padre de Rodrigo. Gamazo hoy tiene un compromiso. Ojos que no ven. Coté se preocupa. Luís no. Los dos son del Barça. Me suena el móvil. Rodrigo. Ya suena mejor. Le explico. Se ríe. No te vayas. Risoterapia. Le cuento esto y aquello. De su padre. Pollo asado. Un hombre grita mi nombre al teléfono y suelta una carcajada. Silencio. Rodrigo?. Me explica quién es. Sonrío. Le digo lo del cardiólogo. Se preocupa. Le tranquilizo. Llega el urólogo. Hasta luego. No te vayas. Nada de nada.

Raquel trae un peinado nuevo. Parece otra. Le queda bien. Luis opina lo mismo. Tacoque se pone un chandal. Cosas veréis. Voy con Fer a Leroy-Merlin. Necesita herramientas. Me pierdo en el departamento de tuercas. Compramos unas luces Led con sensor. De oferta. No sé para dónde.

Me llega una foto de Paul Newman con plumífero y gorro dando un salto. Con la V de la victoria en los dedos. Risoterapia. Le envio fuegos artificiales. Voy a clasificar dossiers. A ver si así.

Melisa sigue sin ir a León. Lucio sin venir. Empiezan a cementar el aparcamiento. Lo que debe de costar. Tacoque y Coté se compran pantalones de pescar. Raquel enseña a Aurorita a jugar a la brisca. Mi madre gana un concurso de tortillas. Le regalan un robot de cocina. Con voz. Y luces. Fer ya tiene juguete. Siño se plantea alquilar una nave industrial para confección de plumiferos. No sé por qué. Nada de ti. Nada de mi. Nada de nadie. Maldita la hora.

Gamazo me llama a las dos de la mañana. El padre de Rodrigo. Fer me acerca. Logramos estabilizarlo. No es trasladable. Gamazo intenta localizar a Rodrigo. Yo también. Fuera de cobertura. Me llama a mis cinco de la mañana. Está nervioso. Le explico. Se pone más. Está estable. Intento calmarle. Lo consigo apenas. Se pone en camino. Yo doblo turno. Respiración asistida.

Rodrigo llega ya de noche. Agotado y nervioso. Me da un abrazo nada más verme. Se sienta junto a su padre en cuidados intensivos y no se mueve. Gamazo le pone al corriente. Creo que se va a marear. Se sienta. Apoyo mi mano en su hombro. Hunde la cabeza en sus manos. No come ni duerme. No se aparta de la cama. Le llevo un tazón de consomé. Me quedo a su lado. Se lo bebe a tragos pequeños.

Es la viva imagen de la tristeza. Salimos al pasillo. Le pregunto si está bien. Me mira en silencio. De repente me busca. Me asusto. Se aparta. Le busco yo. Nos enredamos. Oímos voces. Nos soltamos. Se pierden en otro pasillo. Nos volvemos a enredar.

Acabamos en su habitación. Me ayuda a desvestirme. Se desviste él. Lo hacemos. Dos veces. Pensaba que se me había olvidado cómo. Se queda dormido. Le tapo con el edredón. Duermo profundo y sin sueños. Me despierta. Aún es muy temprano. Mi espalda contra su pecho. Siento su corazón. Entrelaza sus manos con las mías. Dice mi nombre. Respira tranquilo. Yo también.

Su padre empeora. Ya no hay nada que hacer. Nos deja. Me coge la mano. Gamazo alcanza a ayudarme a sostenerle. Le damos un calmante. Llamo a mis padres. También viene mi hermano. Rodrigo no habla. No suelta mi mano. Mi padre habla con el tanatorio.

Mi hermano trae cafés. Rodrigo no quiere nada. Mi padre habla con Don Herminio. Le explica a Rodrigo que aún hay nichos libres. Rodrigo rompe a llorar contra mi. Mi madre también llora. Mi padre se va a hablar con Don Herminio. Hay que elegir la urna. Me mira. Tiene los ojos hinchados. Se los tapa con una mano. Apoya la cabeza en mi hombro y yo se la acaricio. Elige una metálica azul. La señora de media melena blanca está al fondo. De negro y triste. Junto a Raquel y Luís distingo a Tacoque y Coté. Discretos. Mi hermano se acerca a ellos. Le doy a Rodrigo otro calmante. No le dejo solo. Nos quedamos dormidos.

La señora se llama Marge. Es su agente. Rodrigo no habla. No me suelta la mano. Nos quedamos dos días en casa de mis padres. Vuelve a comer. Quiere que me vaya con él. De repente la que llora soy yo. Quiero parar y no puedo. Insiste. Ahora llora él. Estamos solos. Me da un sobre cerrado. Le abrazo. Nos buscamos. No me quiere soltar. Yo tampoco.

No le acompaño al aeropuerto. Mi hermano les lleva. Me cuenta después que había fotógrafos y televisión. Le digo que ahora va a ser famoso. Me sonríe. Me dice que la que voy a ser famosa soy yo. Estoy muy cansada. Me acuesto en el sofá. Supongo que así caen los meteoritos.

Me llama en cuanto puede. Ya está en casa. Oigo voces por detrás. Me tranquiliza que no esté solo. Me echa de menos. Yo también. Se tiene que ir.

Abro el sobre. Un billete abierto a Nueva York. Todo va muy rápido. Me mareo. Me siento. Necesito pensar. Le digo a mi madre que me voy. Lo entiende.

Me siento en la Corticela. Todavía es temprano. No hay nadie. Yo no soy de prontos. Melisa dice que soy lo más parecido a un cactus. Me pregunto si estará comiendo algo.

Y si no funciona?. Me vibra el móvil. “Dónde estás?”. Le contesto la verdad. Me repite que me echa de menos. Le envío un beso. Me llama. La capilla está desierta. Cari. Tengo un nudo en la garganta. Por favor. Se queda sin voz. Le digo que si. Silencio. Rodrigo?. Cari. Le pregunto si está solo. Entra gente en la capilla. Me dice que no. Tengo que colgar. Cari. Te aviso cuando sepa algo. Hasta luego.

Voy a hablar con Gamazo. Me dice que le recetó calmantes a Rodrigo. Y reposo. Su agente le aseguró que lo haría. Le explico la situación. Creo que necesito dormir. De repente estoy muy cansada. Gamazo sonríe. Me ofrece guardarme el puesto seis meses. Buscarían una sustitución para el plazo. Entiendo lo que me quiere decir. Asiento. Después se vería. No puedo estar más de acuerdo. Después. Yo no soy de prontos. Me vibra el móvil. Gamazo sonríe. Carraspeo. Me vuelve a vibrar. “Dónde estás?”. Otra vez el nudo en la garganta. No sé dónde estoy Rodrigo. No lo sé. Le envío un beso. Me llama. Cari. Creo que se volvió a acatarrar. Le pregunto. No sabe. Te digo cuando sepa algo. Cari. Le digo que le echo de menos también. Y es verdad. Alguien le habla. Me llama más tarde. Hasta luego.

Se lo cuento a mis padres. No se esperaban otra cosa. Mi madre se emociona. Recuerda cómo se abrazaba a mi. Mi hermano enciende un pitillo. Dice que cree que es buen tío. Es buen tío. Mi padre asiente. Mi madre recuerda el momento de la urna. Si va a seguir así me va a hundir. Les cuento de Gamazo. Mi hermano se encoge de hombros. Tu ya no vuelves. Le miramos todos. Mi madre le da la razón. Mi padre hace un gesto con las cejas. Les miro alternativamente. Y si no vas tu, te viene él. Eso está claro. Mi hermano experto en corrientes. Yo en mi vida tal vi. No te soltaba. Mi madre me va a hundir. Me vibra el móvil. Los tres me miran. Esto es horrible. “Dime algo”. Cojo el fijo. Me voy a atrás. Le explico. Sólo tengo que hacer las maletas. Respira aliviado. Le veo sonreír. Me dice que lleve antigripales. Me río. Cari. Me dice que es horrible. Me lee el pensamiento. Que le diga vuelo y hora. Lo haré. Cari. Te llamo después. Hasta luego.

Melisa me trae el Hola. Alguien nos hizo una foto compartiendo paraguas. Soy “su secreto mejor guardado”. Esto es horrible. Melisa opina que es el hombre más guapo del planeta. Mi padre la mira escéptico. Yo estoy en blanco. No tengo maletas. Ni sé con qué llenarlas. Mi hermano me lleva al Centro Comercial. Que lo vio muy pillado. Ya antes. Cuándo antes. El día que me fue a llevar. Y estábamos hablando. Te miraba y no te soltaba. Mi hermano se explica muy bien. Me duele la cabeza. Me vibra el móvil. Quiero llorar. Me envía una foto de un paquete de kleenex y un vaso con antigripal. Me río.

Mi hermano enciende un pitillo. Tu no vuelves. Le quiero mandar a la mierda. Pero tiene razón.

Me compro un juego de maletas. Y una mochila. Mi hermano cree que nos siguen. Nos reímos. Le mandamos una foto con cientos de maletas de fondo. Nos contesta con un muñequito dando saltos de alegría. Mi niño. No sé por qué le llamo ahora así. Definitivamente nos siguen. Mi hermano se arregla el pelo. Me da la risa boba. Me dice que es por si a caso salimos en el Hola.

Llamo a Siño. Le explico. No da abasto con los plumiferos. Necesito llenar cuatro maletas. Al final lleno cinco. Un bolso de mano. Y la mochila. Esto es horrible.

Tramito el pasaporte. Me lo dan relativamente pronto. Es la primera vez que vuelo. Voy en primera. Nadie lloró al despedirme. Rodrigo me llamó cuatro veces. Y me envió tres textos. En Madrid me llevan al “V.I.P Lounge”. Les envío una foto a Melisa y Raquel. Me ofrecen Champán. No digo que no. Coincido con un actor. No sé cómo se llama. Me saluda. Bebo un sorbo de champán. Una señorita muy amable me guía hasta el control de pasaportes. Ya no hay vuelta atrás. Este avión es gigantesco. Entro antes que nadie. No sé por qué me siento mal. Mi asiento es como un sofá para mi sola. Con mi propia tele. Ya en el aire me ofrecen también champán. Es de color rosa chicle. Me duermo con Amaral en los auriculares. Sin ti no soy nada.

No sé qué hora es. Ni en qué día vivo. No entendí “Interstellar”. No tenía subtítulos. Me leo tres Vogues. Entrecot con verduritas. En el sofá de al lado va la mujer de un futbolista. El que se apellida como yo. Está embarazada. Me sonríe. Me cambia sus MarieClaires por mis Vogues. Nos reímos. Ella también va a Nueva York. Su marido ya está allí. Yo no sé qué decirle. Voy a pasar una temporada. Es una niña. Se llamará Milagros. Porque lo es. No pregunto. Se va al baño. Descubro a Rodrigo en el MarieClaire abrazado a una rubia que le araña la espalda. La llamo de todo mentalmente. Me da la risa boba.

Vamos a aterrizar. Crosscheck. Ayudo a la mujer del futbolista a bajar un bolso del portaequipajes. A lo mejor nos vemos. Me pasa su teléfono en una tarjeta. Patri. Me da dos besos. Tiene más pecho que yo. Y ya es decir. Estoy nerviosa. Y cansada.

El oficial del control de pasaporte es chino. Me pregunta en perfecto castellano qué me trae al país. Le digo que vacaciones. Un robot con cámara me hace una foto. Dejo mi huella dactilar. Que usted lo pase bien. No me atrevo a reír. Gracias.

La sala de recogida de equipajes parece El Corte Inglés en rebajas. Cojo un carro. Un señor con gorro de vaquero y barba trenzada me ayuda a cargar las maletas. No tengo que pasar por aduanas. Estoy nerviosa. Salgo por una puerta de cristal verde opaco. Gente y gente. Y ahí está. Se acerca. Su sonrisa. Sin ti no soy nada. Hola Cari.