Cuando Remigio Céspedes emergió de detrás del mostrador, Catalina Orihuela ya estaba allí. Con su abrigo de lana de alpaca, su pelo trigueño recogido en un moño- coca y su dulce mirada azul, dedicándole la más bonita de sus sonrisas. Se había decidido finalmente a comprarle a su hijo mayor los gemelos de plata que hacía meses le pedía, y así evitar discusiones familiares absurdas. Sí, definitivamente eso era lo que iba a hacer a primera hora de ese lunes.

-Gemelos de plata?, por supuesto Señora, ahora mismo le muestro tres modelos de corte juvenil…- Contestó Remigio atentamente , sumergiéndose otra vez tras el mostrador, al tiempo que oía una musiquilla como de campanas. Cuando volvió a incorporarse, Catalina Orihuela había desaparecido. Evaporado. Sin dejar más huella que su vacío ante el mostrador. Remigio Cépedes oteó la casi desierta planta de joyería y cosmética. Pero ni rastro de la mujer del abrigo de alpaca.

En la hora de la pausa para comer, Céspedes le pidió el favor a Mario Muerzo, el de seguridad que trabajaba en el cubículo de monitores, de buscar el segmento de las nueve de la mañana. Quería estar seguro de que la mujer del abrigo de alpaca no era un espíritu. Había oído que, a veces, se aparecían ante los que se querían llevar al otro mundo. Y quería estar prevenido.

La noticia sorprendió a Laura Mendoza en plena discusión con su marido. Las monjas habían escrito una nota formal de queja, a cerca del largo del uniforme de Laurita. Veintisiete centímetros por encima de la rodilla, era indecente e indecoroso.

-Indecoroso- Repetía Luís mientras aventaba la hoja que contenía la queja, como queriendo que su contenido desapareciera en el aire con el gesto. Laura, que llevaba varios minutos sin decir nada, trató de intervenir alegando que la falda le quedaba bastante larga a la niña de todas formas. Luís cesó en su labor de aventar la hoja y la miró, durante un par de segundos, en los que la radio que la empleada tenía encendida en la cocina pudo oirse con nitidez, hasta ese momento había sido una especie de ronroneo de fondo- “De todas formas” dice…- Enlazó Luís haciendo amago de volver a hacer aspavientos con los brazos. Pero Laura ya no le escuchaba. Había entrelazado sus enjoyados dedos, y parecía de pronto concentrada en algo que hacía que sus ojos vagasen inquietos por el salón, mientras murmuraba algo ininteligible.

-Dios Mío Virgen Santa- Musitó por fin, llevándose una mano al pecho, y sus pulseras tintinearon, sacando a Luís del hilo de su monólogo- Dios Mío Virgen Santa- Repitió Laura, y sin dar explicación alguna abandonó el salón casi corriendo. Luís,que seguía sin entender nada, alcanzó a oir la puerta principal cerrarse de un portazo, y se dejó caer en una de los sillones, tratando de encontrar una explicación a la reacción de su mujer.

….Así pues el proyecto de Valdeálvaro ya es un hecho, pronto el aire fresco de la sierra será asequible para todos aquellos que decidan comprar una de las casas en la futura urbanización Valdeálvaro

La rutina diaria de Remedios Casanova consistía en levantarse a las cinco y media, encender la cafetera ya preparada de la noche anterior, ducharse, desayunar en ropa interior, ya que,indefectiblemente, si desayunaba ya vestida, se mancharía de café, vestirse, meter las llaves en el bolso y marcharse a trabajar. Entre las seis y media, y las siete y media siempre había un atasco en la circunvalación a la altura de su salida, así que tenía que calcular de una hora a una hora y media más, si quería llegar a tiempo al trabajo.

Aquella mañana la radio se activó automáticamente en el canal de noticias y música que siempre escuchaba. “Quiero una motocicleta, que me sirva para correr/y quiero una camiseta que tenga el número diez”, pues mira, sí, una motocicleta ahora mismo no me vendría mal, pensaba ella observando el lento avanzar del tráfico ante ella.

Cinco minutos más tarde Remedios Casanova se salió por la izquierda de la fila de vehículos, y circuló por el arcén hasta alcanzar las cadenas entre los bloques de cemento que conformaban la mediana. Ante la incrédula mirada de los ocupantes de otros coches, abandonó el suyo y desenganchó la cadena de su sujeción con la mayor autoridad de la que fue capaz. En algo se tenía que notar que ella trabajaba para el Ayuntamiento. Volvió después a su automóvil,y sin más dilación, esperó la oportunidad para incorporarse al tráfico en dirección contraria.

“ ….Valdeálvaro. No se hablará de otra cosa en los próximos meses. Luz, espacio, calidad de vida, vistas. La urbanización del futuro….un proyecto ambicioso. Valdeálvaro..

-Si toma Ibuprofeno podrá conducir sin ningún tipo de problema…

-Y si lo combino con Tiroxina L?

-Tampoco, no hay problema…

-No sé si llevar también C efervescente…

-Puede combinarlos…

A Majo San Martín, de pronto, algo le llamó la atención en la puerta de su farmacia. Tres mujeres que, a su vez, la miraban a ella sin pestañear y con tenaz concentración.

-Quién ha muerto?- Les preguntó, casi sin voz, llevándose la mano al pecho, como siempre hacía cuando algo la sobrepasaba.

-Vamos a la carcel fijo

-Vamos? A mí no me incluyas…

-Tú fuiste cómplice, no digas que no….

-Ya….

-A lo mejor a estas alturas…ya ni hay nada….

-Algo queda fijo…

-Y saldremos en la tele…..cómo nos llamarán?…”El grupito salvaje”…

-“Las Vengadoras” si te parece…Laura…céntrate…

-Entonces…qué hacemos?

-Nada

-No, algo tendremos que hacer…

-Ya, pero qué?

-Podemos ir….y ver si hay algo…

-O alguien..

-Yo no cavo….nunca….ni en mi jardín…

-No creo que esté enterrado….estará por allí….

-Mira esta…”por allí”….

-Ay hija! Y yo qué sé!

-Majo, tú eres la de los planes….qué se hace?

-Por qué regla de tres?

-Por el Carajo 29…

-Esa boca!

-Lo decía mi padre….pasa algo?

-Veamos….

Estaban sentadas alrededor de una mesa camilla, que ocupaba la casi totalidad de la minúscula rebotica de Majo. De vez en cuando la auxiliar de farmacia asomaba la cabeza entreabriendo la puerta, para preguntar algo, y ellas se callaban, y hacían que hacían, y la auxiliar volvía a desaparecer sin ocultar su escepticismo.

-A tí Rubén nunca te dijo qué hizo con él?….a propósito….cómo sigue?- Y Majo miró a Remedios por encima de las gafas bifocales, apuntándola con el bolígrafo con el que se disponía a trazar un plan sobre una hoja de papel, todavía en blanco, ante ella. Todas miraron entonces a Remedios, que se encogió de hombros.

-Pues no, él me dijo que se había ocupado y punto…..y ahí sigue…todavía en el coma inducido…supongo que un día de estos le despertarán….no sé…- Y se pasó la mano por la cara, Laura le acarició un brazo y ella se lo agradeció con un gesto.

-Y en veinticinco años no se te ocurrió preguntarle?

-Pues no….

-Otras cosas le preguntarías….

-Déjala, bastante tiene ya….

-Lo que está claro es que tu al tipo lo empujaste….

-Y qué iba a hacer?! Se estaba pasando….

-Si! Que lo vi yo! Estaba intentando meter mano ahí!….

-Ahí dónde?- Preguntó Catalina, como perdida en el hilo de la conversación.

-Pues ahí! Cati, hija, dónde sino!- Aclaró Laura,señalando algún lugar impreciso de la falda de la camilla con el dedo índice de su mano derecha, e hizo tintinear con eso sus pulseras.

-Y le empujé….y se cayó a lo oscuro….

-Y palmó…

-Ay Laura, por Dios!

-A callar todas, que tengo que pensar….tiene alguna una aspirina?- Todas la miraron a la vez sin creerse la pregunta, teniendo en cuenta dónde se encontraban- en fin…lo que podemos hacer es lo siguiente…Encarna, tú, como trabajas en el Ayuntamiento, te puedes acercar a las obras y de paso de que te informas sobre cualquier cosa, miras si ves algo…

-Que trabajar en el Ayuntamiento no me da “Patente de Corso” para ir por ahí informándome de nada…

-Pues te lo inventas, seguro que alguna ordenanza habrá que no cumplan….

-Por haber…

-Pues eso, tú vas…y nosotras…

-Seguimos tus movimientos desde el cerro…-Continuó Laura.

-Qué cerro?- Preguntó el resto al coro.

-El Cerro de Valdeálvaro, cuál va a ser?

-Aquello es plano….que yo sepa…

-Pues en Google-maps aparece un cerro…espera…

-Yo podría cogerle los prismáticos a Ernesto….ahora sólo los usa para vigilar a gente desde la azotea…-Comentó Catalina.

-A qué gente?- Se interesó Majo.

-Gente…no sé…lejísimos…ni idea…ya sabes cómo es Ernesto-Majo levantó las cejas, pero se abstuvo de contestar.

-Yo tengo dos sillitas como las de Carlos de Inglaterra…las puedo llevar…- Catalina posó su mirada en Laura, guiñando levemente los ojos, Majo y Remedios se miraron entre si- Las que usa para pintar…monísimas…ya las veréis…las compré en Amazon para cuando fuimos a Roma, con tanto adoquín, al final, se agradecen…- Catalina asintió y se pasó dos dedos por la nariz al tiempo que cerraba brevemente los ojos, Majo pareció querer hilar ideas, sin éxito, e iba a decirle algo, pero Remedios le agarró el brazo con suavidad.

-Buena idea,Laura, tú tráelas….

Al Alto de Valdeálvaro sólo se podía acceder a pie. En realidad era una especie de montículo o protuberancia del terreno, en un paisaje plano y sin demasiada vegetación. Catalina, Laura y Majo dejaron el coche de ésta aparcado detrás de unos palés abandonados, después de dar varias vueltas inútiles buscando un lugar mejor para dejarlo. Catalina, al ver el improvisado sendero,horadado sobre la tierra por el continuo pasar por el mismo sitio de aquellos que subían la pendiente, dijo que ella esperaría al pie y les enviaría un whatsapp si venía alguien, a ella no le gustaba escalar, ni cuando iba a Baqueira, y tampoco había traido los zapatos adecuados. Pero Majo la cogió del brazo y la hizo acompañarlas sendero arriba, haciendo caso omiso de sus quejas. Laura las siguió cargada con dos bolsas de hule y una mochila, contándoles cómo su marido, una vez, había caido ,rodando,tras tropezar, por la Duna de Corrubedo y que un señor alemán le había imitado pensando que era lo que se tenía que hacer, y que ella sólo había tenido miedo de que la Duna se moviese y los aplastase, porque esa Duna es móvil, lo creyeran ellas o no.

-Pero no los aplastó- Sentenció casi sin aliento al llegar a lo alto del promontorio, dejando las bolsas en el suelo y secándose el sudor con un kleenex.

-El qué?-Preguntó Catalina sin apenas voz, sin saber a qué se refería, fijando sus gafas oscuras contra el puente de la nariz, y buscando sentarse sobre un pedrusco.

-La Duna Móvil…

-A quién?- Quiso saber Majo, arreglándose un poco la melena y mirando ya hacia algún lugar en la distancia, Laura comenzó a sacer cosas de las bolsas.

-A Horst y a Luís- Anotó, Catalina repitió ambos nombres para si, tratando de hilarlos con algo,y, dándose por vencida, negó con la cabeza. Majo suspiró e hizo visera con la mano, para ver mejor.

Lo que desde allí se divisaba era un inmenso areal tomado por grúas y escavadoras, sembrado de desmontes, antigüos caminos, montañas de escombros, aparejos de obras, camiones y containers de oficinas, en el centro del cual todavía resistía un edificio cuadrado y macizo de cinco plantas,ya casi desprovisto de paredes y que, en tiempos, había sido una construcción espantosa, a la que el abandono no había hecho ningún favor. Para ser una mañana de entre semana, no había demasiado movimiento de obreros y las máquinas estaban paradas.

-Ahí llega- Anunció Majo, al divisar el Golf de Remedios acercarse a uno de los accesos, Laura le pasó unos prismáticos de considerables dimensiones y de color camuflaje, que pesaban tanto que a Majo casi se le caen al cogerlos, Catalina, ya sentada en una de las sillitas de pintor amateur que había traido Laura,se encogió de hombros e hizo un gesto desvaído con la mano al respecto.

-Os hago un sandwich? Tengo fuet…- Preguntó al tiempo que sacaba dos tuppers y un envase de Pan Bimbo de una de las bolsas, Catalina, sin ocultar su asombro se atrevió a asomarse a la bolsa para saber qué contenía, Majo declinó la invitación y trató de ajustar los prismáticos.

-Ah, qué horror!

-Qué pasa!

-Tan cerca lo puse…que le veo los pelos de la nariz a alguien….

Remedios salió del coche y respiró dos veces hondo, después sujetó la carpeta con documentos que llevaba contra si y se mesó la nuca para arreglar, innecesariamente, su peinado, de pelo rojizo corto estilo chico. Después oteó la distancia, sin encontrar lo que buscaba, y se dirigió al acceso de la obra. Dos hombres con casco le salieron al encuentro, ambos en vaqueros y forro polar verde, portaban unos planos bajo el brazo.

-Tú dirás- Invitó el que se había presentado como ingeniero a cargo del proyecto, Remedios abrió su carpeta y sacó varios papeles grapados.

-Vengo por el alicatado del suelo- Y se los entregó, ambos hombres se miraron un instante, y el ingeniero hojeó los documentos tratando de leer a qué se refería.- Es un alicatado hidráulico muy antiguo, y debe ser restaurado.

-Pero ya tenemos permiso de demolición….- Apuntó el otro, que se había presentado como jefe de obra, Remedios carraspeó y sacó otro papel.

-Nuestros técnicos vendrían a extraerlo y llevarlo, después el edificio es todo vuestro….

-Y eso cuándo sería…- Remedios miró fugazmente el reloj, como si eso le fuese a dar una idea de lo que tenía que contestar y luego señaló el edificio ante el que se encontraban.

-Necesito ver el estado en que se encuentra, si no os importa- Decidió, ambos hombres se encogieron de hombros y la invitaron a seguirles.

Tras proporcionarle un casco, la guiaron a través del destartalado coloso, surcado en su medio por un hueco de grandes dimensiones, que, en tiempos, le explicaron, había dado cabida a un ascensor industrial. En un momento del paseo, estando en el tercer piso, Remedios se asomó al hueco. En el fondo sólo pudo discernir escombros.

– Y ese escombro?

– Cuando desaparezca esta preciosidad, se lo llevarán. No contiene amianto ni nada peligroso…si es a lo que te refieres- Explicó el ingeniero asomándose junto a ella, Remedios se sujetó el casco y trató de sonreír.

-Entonces….cuándo dices que vienen a por el alicatado?- Se interesó el jefe de obra deslizando un dedo por una tablet, Remedios volvió a mirar el reloj y soltó un buche de aire, maquillado en un suspiro.

-Mañana.

 

 

-Y no viste nada, una calavera, un femur….

-Ay, por Dios, Laura!- Exclamó Catalina haciendo girar los ojos, Remedios tomó un sorbo de café.

-Qué?! Pues en CSI siempre aparecen huesos….

-Sólo escombro…y escombro, nada más.

Volvían a estar reunidas en la rebotica, alrededor de la mesa camilla, Majo les sirvió un trozo de bizcocho de zanahorias y nueces a cada una.

-Pues hay que ir otra vez, con el cuento no pego ojo…- Dijo, para tomar después una cucharada del suyo.

-Yo-no-vuelvo…..las vueltas de papeleo que tuve para que fuesen a buscar el dichoso alicatado….y aún me queda elucubrar dónde lo ponen…yo, lo dicho, no-vuelvo….- Sentenció Remedios moviendo el dedo índice de su mano derecha en el aire y meneando a la vez negativamente la cabeza para hacer más énfasis.

-Pues vamos al hospital y despertamos a Rubén….-Decidió Catalina sirviendose un café, Remedios soltó una especie de chillido.

-Tú estás loca! Ya le despertarán….esto es cosa nuestra…

-A ver por qué tuviste tú que empujar a nadie….- Recordó Majo, Remedios se limitó a suspirar.

-Catalina….podemos ir tú y yo a pasear con Tor, y mientras él hace sus cositas, nosotras buscamos el cadaver..- Sugirió Laura cortándose otro trozo de pastel, Catalina dejó a medio camino una cucharada entre el plato y su boca, y parpadeó varias veces, sin acertar a contestar.

-Quién es Tor?-

-El perro de Catalina….más rico….tan simpático…- Explicó Laura ondulando la voz, como quien habla de un bebé, Majo y Remedios se miraron entre si y luego a Catalina, quien parecía muy concentrada en encontrar las nueces perdidas en su trozo de bizcocho.

-Desde cuándo tenéis perro?

-Cosas de Ernesto….a ver…la niña me estaba enseñando un video de perros de esos de Instagram….y yo dije “Qué bonito!” pero en plan…a ver….como si hubiera dicho “Llueve!”, sabéis?…y va Ernesto, al día siguiente me trae un cachorro de Setter clavado al del video….y bueno, pues se llama Tor.- Majo se llevó una cucharada grande de bizcocho a la boca, Remedios levantó las cejas.

-Yo creo que si esta le dice a Ernesto, “Tírate por la ventana” va él…y se tira- Zanjó Laura, Catalina hizo girar los ojos y negó con la cabeza.

-Pues vais con Tor….en serio, Tor a un Setter?

-Majo…ya sabes cómo es Ernesto…

-Y le dejamos suelto, que corra, y con la excusa de buscarle, pues buscamos huellas….

-Tanto como huellas, Laura…

-A lo mejor lo encuentra ya él….- En eso se abrió la puerta de la rebotica y entró un chico joven, alto, con una cazadora de motorista negra con adornos verdes y un casco en el brazo, tenía el pelo castaño claro algo largo y sus ojos, en combinación con su sonrisa, iluminaron aquel reducido espacio.

-Rubénhijo!

-No lo puede negar- Dictaminó Majo a la vista del chico, Remedios sonrió orgullosa al tiempo que se acomodaba mejor en el asiento.

-Supuse que estarías aquí….Buenas Tardes Señoras!- Saludó Rubénhijo acercándose a la camilla y comenzando a repartir besos, su madre le arregló un poco el pelo, él le regaló otra sonrisa.

-Lo dicho….ni aunque quiera…- Apuntó Majo, Remedios le dio un codazo.

-Sólo decirte que me voy a….- Comenzó Rubenhijo, pero antes de que pudiese continuar, la puerta se volvió a abrir y apareció una chica, de melena castaña y cara pecosa,con un abrigo azul y unos libros bajo el brazo.

-“El Camarote de los Hermanos Marx”- Dijo divertida, soltando una carcajada después.

-Hola Ana, cuánto tiempo!- Saludó Rubénhijo dándole dos besos, ella volvió a reir.

-Rubenhijo!Lo mismo digo!Mamá…que me voy a la Biblioteca, vuelvo para la cena…

-A la Biblioteca?Me coje de camino y tengo otro casco, si eso te acerco…

-No!- El veto en las voces al unísono de las mujeres sentadas a la mesa camilla, hizo que ambos jóvenes las mirasen más que sorprendidos.

-Lo que ….queremos decir es…ponte el casco, Anita, eh?, póntelo…- Acertó a salvar la situación Catalina con la más dulce de sus sonrisas, los dos asintieron y tras despedirse salieron juntos de la rebotica. Remedios iba todavía a decirles algo, pero Majo le cogió la mano y la miró por encima de las gafas.

-Llevan casco.

Laura eligió para la ocasión el conjunto que se había comprado cuando a Luís se le había dado por el senderismo de montaña. Compuesto por unos pantalones verdes elásticos que se metían por dentro de una botas de montaña beig, un jersey de cuello vuelto negro y una chaqueta acolchada, verde musgo, tipo amazona con coderas de pana, todo ellos azicalado con un sombrero tirolés que su cuñada le había traido de recuerdo de un viaje, lo que la hacía parecer una suerte de guardabosques bajito, sin bosque que guardar. Catalina había optado por un mono tipo chandal, un abrigo de lana rojo hasta los tobillos, zapatillas de deporte y un gorro de uno sus hijos, también de lana, que le tapaba la cabeza casi por completo. Esta vez aparcaron el coche un poco más cerca de la obra, detrás de un galpón para materiales. Habían elegido las últimas horas de la tarde para llevar a cabo su plan, así que la obra estaba desierta de obreros y sus accesos cerrados. Ellas, sin embargo, se dirigieron a un camino que la bordeaba y que en algunos tramos se perdía en ella, entre vallas y muros móviles. Tor trotaba ante ellas, sujeto a la correa que llevaba Catalina de la mano.

-Pues yo soy más de reguetón, fíjate…

-Nada, yo tengo que cantar a voz en cuello, porque voz tengo, ya sabes que la eduqué…

-…

-No me mires así, Cati, que bien sabes que canté en el coro y la Hermana Ginesa siempre me decía “Da el tono Laurita” y yo lo daba…

-Ya…pero tanto como “educar”…

-“Yo te doy, toda mi vida y hasta más quisieraaaaa, sabes bien que soy tannn tuuuya hasta que un díaaa me mueraaaaa!!!!”

-Laurita por Dios!!

-Doy el tono..o no?

-Das, das…Jesús…qué dices…lo dejamos que corra entonces?- Preguntó Catalina mirando a su alrededor, un inhóspito lugar de zanjas, caminos de tierra y vallas, Laura se encogió de hombros y ella dio via libre a Tor, que, acto seguido salió disparado,y, salvando grácilmente un vadén, se adentró sin dejar de correr en la zona de zanjas. Catalina se llevó las manos a la cabeza, Laura soltó una media carcajada.

-Ven, que sé como hacen unos del ejército inglés en la tele….- Y a paso vivo se acercó al badén y comenzó a trepar por él, para desaparecer después tras él con un chillido, Catalina parpadeó varias veces.

-Pues…si hay que ir…se va- Y la siguió.

-Tú qué dices?….bajamos y las ayudamos, o dejamos pasar la cosa…

-Es que….qué hacen?

-El chucho, que saltó a la poza gigante esa que se forma cuando llueve… sabes?

-No sé….

-Es que la gente no las piensa…

-O sí, vete tú a saber….- Los dos vigilantes de la obra, observaban desde una de las terrazas que hacía el terreno, cada uno con un café en la mano, cómo dos mujeres,desde lo alto de un talud, habían tratado de convencer a un perro de abandonar la poza, en la que el animal parecía pasárselo muy bien nadando, la mujer que llevaba un sombrero había tratado entonces de bajar hacia la poza, había resbalado y caido medio dando volteretas al agua, la otra ,al asustarse, había caído del talud hacia el lado contrario y tras trepar otra vez, había tirado un tablón al agua, asustando entonces al perro, que había huído hacia el fondo del areal dando aullidos. La mujer del gorro había intentado salir de la poza sin conseguirlo, al tener las ropas completamente empapadas, la otra entonces había accedido a bajar a ayudarla, para acabar ella misma hundida en el barro que rodeaba la poza.

-Pero mi amor, si querías venir a ver el Chalet Piloto, me lo podrías haber dicho, y veníamos juntos…- Ernesto Sáenz, marido de Catalina, se lo decía mientras conducía su coche de vuelta a la ciudad, junto a él, en el asiento del copiloto, Catalina, arrebujada en una manta, se había calado la cabeza por completo en el gorro y no había dicho una palabra en lo que llevaban de trayecto, bajo la manta, sólo llevaba la ropa interior, lo que antes había llevado puesto, Ernesto había tenido que meterlo en una bolsa de basura en el maletero.

-No quiero volver allí jamás en la vida!- Masculló bajo el gorro.

-Piloto….te voy a dar a tí yo Pilotos- Protestó la voz de Laura desde el asiento trasero, también envuelta en una manta y acariciando la cabeza de Tor, que, más un ser de barro que un perro, se había acostado contra ella, y dormía plácidamente.

-Nada, ahora a casa, os preparo un baño relajante y como nuevas, mañana puedo llamar a Jiménez y que nos los enseñen sobre plano, como inversión o así….- Continuó Ernesto con calma, Catalina pareció patalear bajo la manta.

-No quiero volver jamás!Jamás Nunca!!

-Nunca Jamás, amor..

-Como sea!!

-Sobre plano, dice…..

-Laura, por Dios!!

El hombre del tiempo había anunciado chubascos moderados, pero se habían quedado en un par de nubarrones que se habían ido deshilando en el cielo con ayuda del viento a lo largo de la mañana, hasta dejar un cielo casi despejado, que ahora contemplaban cuatro mujeres sentadas en cuatro sillas de camping sobre el Alto de Vadeálvaro, al que, además de las sillas, habían subido dos neveras portátiles, varias bolsas de hule, cuatro mochilas y dos paragüas tipo sombrilla.

-Tenéis que admitir que no se está tan mal- Anotó Remedios cerrando los ojos contra el cielo.

-Yo después no quiero volver más nunca…

-No era “Jamás Nunca”, Cati?

-Dejadme en paz…- Y ella también cerró los ojos, apoyando la cabeza en el respaldo de la silla.

-A y media acaban con él…

-Con quién?

-Con quién va a ser Remedios? Con el edificio…

-Mira que si nos pasa como en Fukushima….

-Y de dónde nos iba a venir la ola? Laura…piensa…

-O nos afecta la onda…

-Estamos a cinco kilómetros….voy ir sacando las copas…

-Qué copas?

-Ay, esto lo vamos a bañar en Gin-Tonic…

-Y quién conduce de vuelta, rica?

-Llamamos a Ernesto, y en paz…

-Señor…por qué yo?

-Podemos hacerlo más veces…

-Aqui?

-No, dónde nos dé la gana.

-Además, ahora que Anita y Rubenhijo se van a ver más…

-Y tú eso cómo lo sabes??…

-La experiencia es un grado….

-Qué ha sido eso?

-Un bombardeo…

-Laura!

-Ya empiezan….ay qué emoción…

-No sé vosotras, pero yo estoy nerviosísima…

-Ay Reme, un poco de por favor….

-Sonreid!!…#alabimalabamalimbambuuum la cuelgo y nos hacemos virales…

-Yo sólo quiero llorar….

-Ay Cati por Dios, toma el Gin y calla….

-Estoy segura de que con estos prismáticos, si los ajustas de alguna manera, es posible leer los pensamientos de la persona que observas…..

-Por…

-Este, claramente, se depila las cejas…

-Majo!

-Ahí van, ahí van….niñas las copas!

-Pam!

-Salud!

-Y porque sigamos juntas!

-Eso!

-Dónde nos dé la gana!

-Y cómo nos dé la real!

-Cuando nos salga de ahí!

-Laura!

-Por Jamás Siempre!

-Siempre Jamás, Cati…

-Como sea!

RUBÉN

Sé que viene porque huelo su perfume. Sigue usando el mismo, Eau de Courreges. La de veces que tengo ido al Corte Inglés a hacerme con tiritas de prueba, las llevaba en el bolsillo y me daba la impresión, que, de alguna forma, también la llevaba a ella. No me habla, sólo está ahí. A veces la oigo llorar, pero muy bajito, se suena casi sin hacer ruido. Antes de irse, me acaricia la cabeza, como entonces. Yo no puedo hacer nada. Sólo hilar mis pensamientos y recuerdos, que dan vueltas en mi cabeza sin encontrar salida alguna. No me puedo mover. Tampoco hablar. Ni abrir los ojos, y aunque pudiera, no lo haría, estoy mejor así. Rubénhijo viene también. Ha salido a mí. También es terrible. Se lleva a las enfermeras de calle. La manzana no cae muy lejos del árbol, se dice, no?. Y listo como su madre. Me lee el periódico, el fútbol y los sucesos. Pero sólo los sucesos graciosos. Los que leíamos juntos. Sólo que ahora sólo se puede reír él. Yo ni siento ni padezco. A veces me duele algo, pero no sé exáctamente qué. Y enseguida vienen, y el dolor se va como vino. Toda la vida montando a caballo, y me caigo de una mula terca. Sólo me acuerdo de llegar a la finca de Pancho. No sé cuándo. Desde entonces estoy aquí. He intentado moverme o dar alguna señal, pero no he sido capaz. Sólo puedo oir y oler.

Hoy ha venido a última hora. Eau de Courreges. Mi niña. Porque para mi siempre será mi niña. Y sé que a ella le gusta que la llame así. Aunque diga que no. Por llevarme la contraria. Y me ha contado una retaíla de cosas. Ella que sólo lloraba bajito. Me he perdido por la mitad. Algo con las otras chavalas y una urbanización. Hace mucho que no tengo que pensar, debe ser por eso. Se fue apuradísima. Eso sí, me acarició la cabeza.

Me ha contado el segundo capítulo de su retaíla. Y ya sé de qué me habla. Valdeálvaro. Allí estaba la fábrica de neumáticos del padre de mi amigo Martín. Que después se casó de penalti con aquella. Cómo se llamaba?. La fábrica cerró que yo sepa. Y es un monumento ruinoso al feísmo. La de parrandas que hemos tenido allí. Y de eso iba la retaíla. De una de las parrandas. Aquella del hueco del montacargas. Me acuerdo de que vinieron a buscarme medio histéricas, porque Reme había empujado a un chico al hueco. Porque se estaba pasando. Y estaban convencidas de que se había matado. Porque estaba muy oscuro, decían, y no respondía. Yo era terrible. Jugaba a ser el heroe o el perdonavidas. Según cuadrase. Y me cuadró el héroe. Hice como que iba a mirar y les dije que yo me ocupaba. Y le di un beso, la llamé „mi niña“, la abracé y se las encargué a Javi y Marcos para que las llevasen a casa. Mi palabra la ley. Faltaría más. Yo era terrible. Me quedé solo. Y bajé a los almacenes. No era un montacargas. Era una especie de contenedor gigante que subía y bajaba los neumáticos. Ahora estaba abajo. Hasta arriba de llantas. Trepé y allí estaba. Cómo se llamaba?. Abelardo. Eso. Abelardo Conesa. Durmiendo la curda como un bendito sobre las llantas. Le desperté y le ayudé a bajar. Luego le llevé a casa en mi moto. Se fue al poco a Suiza a trabajar para la Nestlé. O algo así. Y allí sigue,que yo sepa. Pero muerto no está. Fijo. Le dije a Reme después que yo me había encargado de todo, que se olvidase del asunto. Yo era ahora su héroe en carne y hueso. Nunca le conté la verdad. Y estas montándose la película. Las estoy viendo. En la rebotica. Como antes. Si sólo pudiera reirme. A ver la que lían. Lo que daría por volver a ser el héroe. Pero para eso tendría que salir de aquí. Pero cómo. Ya lo he intentado todo.

Ya lo tengo.