Si juntaba todas las moneditas que había encontrado en los bolsillos de su chaquetón, y su cartera, sumaba exactamente cuatro euros con veinte céntimos. Y ella necesitaba cinco. Exactamente cinco. Tal como le había dicho la chica nueva de la guardería, que no se acordaba cómo se llamaba, porque cambiaban continuamente, y no le daba tiempo de aprenderse los nombres. También buscó en la cartera de su hermano Morris. Y en los bolsillos de la trenka que había traído puesta. Pero sólo encontró billetes viejos de autobús y dos caramelos de menta. No le quedaba otra que salir a esas horas a buscar dinero a un cajero, aún no era tarde, acababan de dar las diez, pero ya estaba en ropa de casa, había tenido un día muy largo, y no le apetecía salir al frío helador que con seguridad reinaba fuera. Pensó que podría ir al cajero por la mañana temprano, de paso que iba a dejar a Ciro a la guardería, pero cayó en la cuenta que justo al día siguiente entraba antes a trabajar y que Morris se había ofrecido a llevar al niño, para que ella llegase a tiempo. Ir al cajero iba a complicarlo todo. Tenía que ir ahora. Melina se fijó en su aspecto por un instante, pantalón de borreguillo azul con motas grises, sudadera roja de forro polar que le quedaba dos tallas grandes y calcetines térmicos con dibujos de vaquitas. Había leído en alguna parte, que, si encima de todo eso, te ponías un abrigo largo, podías ir al mejor sitio. Y eso hizo. Completó el look con un gorro de lana amarillo con lunares negros y unas botas. El cajero más cercano estaba a dos calles. Ida por vuelta. Tampoco hacía falta subirse al tacón, pensó. En lugar de su bolso, decidió usar una riñorera de viaje muy fina, ya que sólo necesitaba la tarjeta,y se la colocó a la altura del estómago. Nadie sabría que la llevaba. Mejor. Seguridad ante todo. Antes de irse, se asomó a la habitación de Ciro, donde ahora dormía también Morris en el sofá cama, ambos roncaban como sólo lo hacen los que realmente duermen profundo. Volvió a cerrar la puerta con el mayor de los sigilos. Y se fue.

El cajero a dos calles estaba fuera de servicio, así que tuvo que caminar hasta el que recordaba que era el siguiente, tres manzanas más lejos. Se caló más el gorro, y, hundiendo las manos en los bolsillos para combatir el frío, dirigió hacia allí sus pasos. Según se iba acercando, comenzó a notar la presencia de grupos de jóvenes, que supuso estudiantes, y que caminaban en su misma dirección, algunos ya con una cerveza en la mano, riendo y metiéndose unos con otros, y no tardó en escuchar el eco de una música. Sonrió. No hacía tanto tiempo que ella también había pertenecido a esa tribu. No tardó en descubrir de dónde provenía la música y a dónde se dirigían los jóvenes. Había leído algo en la Hoja del Barrio, pero no le había prestado demasiada atención. Los comerciantes del boulevard más ancho y en el que se encontraban la mayoría de las tiendas, bares y restaurantes de la zona, habían decidicido llamar a la vida un Festival, al que llamaron “Festival de las Puertas Abiertas” en el que todos los negocios saldrían a la calle, que estaría cortada al tráfico, y amenizarían la noche con música en directo a cargo de grupos locales. Cuando llegó al boulevard, casi no lo reconoció, habían instalado mesas largas de madera con bancos ,que ya estaban repletas de gente, y guirnaldas con lucecitas de colores de parte a parte de la calle, todos los negocios estaban abiertos y ofrecían sus productos en mostradores ante sus puertas.Una amena multitud inundaba el normalmente tranquilo boulevard, unos comiendo, otros bebiendo, otros cantando, disfrutando de una noche distinta. Por un momento Melina temió que hubieran dejado también el cajero de esa calle fuera de servicio, pero al acercarse confirmó con alivio que no era así. Al mismo tiempo que ella, alcanzó el cajero un hombre joven con una abrigo Loden azul y porte de maniquí. El grupo que tocaba sobre el improvisado escenario en el centro del boulevard comenzó a tocar “Un millón de amigos” de Roberto Carlos.

-Ladies first…- Invitó el hombre del Loden, invitándola a utilizar primero el cajero.

-Gracias, no importa…no tengo tanta prisa…

-Insisto..

-Gracias…

Melina sacó la tarjeta de su riñonera de viaje, pero, antes de llegar a meterla en la ranura, algo llamó su atención al fondo del boulevard, donde se hacía ancho y se abría a un cruce de calles. Allí se había formado un muro de personas, que antes no estaban, algo tenían que le hizo fijarse más. Eran payasos. Unos payasos raros. Definitivamente tenía que ir al oculista. Eran unos payasos monstruosos. Que se movían hacia el boulevard como un solo hombre, pateando el asfalto de forma que pareciera marchara un escuadrón. Melina miró al hombre del Loden, que a su vez miraba hacia el escuadrón de payasos, y de pronto abrió los ojos como platos.

-Pero qué…- Acertó a decir, Melina volvió a mirar en la dirección. El monstruoso escuadrón había alzado los brazos, para mostrar su arsenal, compuesto por bates de baseball, martillos pilones, tijeras para cortar setos, aspiradores de hojas, estacas, escobas de púas metálicas y tirachinas de acero. Al grito de ataque de uno de ellos, comenzaron a avanzar dando alaridos hacia ellos. Yo no lo quiero cantar solito, yo quiero un coro de pajaritos. Y la multitud que abarrotaba el boulevard se abandonó al pánico.

El hombre del Loden, alcanzó a agarrar a Melina de la mano,y, salir corriendo contra gente, sillas, mesas, botellas, platos, zapatos, tenedores, piedras, gorros y tiestos que de pronto se les echaron encima. Melina se aferró a él y protegiéndose la cabeza con el brazo libre le siguió hacia ninguna parte, mientras gritaba a voz en cuello. Cuando por fin llegaron a algún lugar donde no chocaban con nada ni nadie, y la lluvia de objetos parecía haber cesado, tres payasos con máscaras que imitaban lo que posiblemente le hubiera pasado a un payaso si lo hubiera arrollado un mercancías, vestidos en cuero negro y blandiendo cada uno un bate, un rastrillo metálico y una soga, salieron de algún lugar dando alaridos incomprensibles, y Melina y el hombre del Loden volvieron a huir lo más rápido que les daban las piernas. Llegado un punto y cuando habían logrado ventaja, se escabulleron por un callejón sumido en la oscuridad. Los tres payasos les siguieron, y tras otear en la oscuridad se marcharon.

-Ya se han ido?

-No lo sé…no oigo nada..

-Dónde estamos?

-Creo que es un contenedor…

-Por eso apesta…

-Espera…

-Qué haces?

-Abrir un poco…la tapa…

-Y?

-Es que está muy oscuro…no veo un pijo, con perdón…

-Pero es verdad…quiero decir…no es una pesadilla mía o algo…

-No..

-Y ahora qué?

-Ven

Y en completa oscuridad, salieron del contenedor de basura donde se habían escondido.

-Hacia dónde vamos?

-Vamos hacia allá, y después ya veremos

-Yo me llamo Melina

-Encantado, yo soy Torben.

A tientas y tratando de no caer en la absoluta oscuridad, llegaron hasta lo que les pareció una pared. Palpando con las manos, encontraron una puerta, y la abrieron. Entraron en lo que parecía una salida de emergencias, iluminada por una tenue luz amarilla. Una escalera metálica subía hacia algún lugar y decidieron ascender por ella, en el primer piso había una puerta azul, la abrieron y se encontraron en un ancho pasillo alfombrado en rojo, con paredes empapeladas con motivos de brocados lilas, del techo ,a intervalos regulares,pendían lámparas de cristalitos. Antes de que pudieran preguntarse dónde habían ido a parar, dos hombres y una mujer elegantemente vestidos aparecieron por el fondo del pasillo, y comenzaron a hacer nerviosos aspavientos con los brazos al verles.

-Por fin! Gracias al Cielo! Ya pensábamos que no llegabas!!

-Rápido, Rápido que ya te están esperando!

-No hace falta que digas nada! Ya lo sabemos todo y lo entendemos!

-Querida, nunca sabremos agradecértelo!

Sin dejarles siquiera decir una palabra, les llevaron a través de innumerables corredores idénticos, hasta llegar a una puerta de doble hoja. Uno de los hombres le quitó a Torben el abrigo, y le arregló el nudo de la corbata, llevaba puesto un impecable chaqué negro. Melina no pudo sino alzar las cejas y parpadear para cerciorarse de que estaba viendo bien, estaba comenzando a dudar de si de verdad estaba despierta. El hombre recogió el rostro de Torben entre las manos, y asintió con la cabeza, Torben le imitó, por hacer algo. La mujer abrió la puerta, y todos entraron a una enorme sala de fiestas, decorada en blancos y dorados, con innumerables mesas redondas repletas de comensales, situadas rodeando una inmensa pista de baile, presidida por un escenario, sobre el que estaba sentada ya una pequeña orquesta. Cuando los comensales advirtieron la presencia de los recien llegados, se incorporaron de sus asientos y comenzaron a aplaudir, dar silbidos y corear algo ininteligible. Acto seguido, todos los varones se dirigieron a la pista de baile, situándose muy juntos, en círculos concéntricos, apoyándo los brazos unos en los hombros de otros. Torben fue llevado por varios hombres hasta el centro de todos los círculos. Antes, alcanzó a lanzarle a Melina una angustiada mirada, ella cerró los puños con fuerza y se los mostró tratando de darle ánimo con el gesto, ella misma recibió entonces, de manos de otra mujer, un pañuelo blanco inmaculado. Y la orquesta comenzó entonces a tocar una especie de polka, al ritmo de la cual los hombres comenzaron a girar unos en dirección contraria a los otros, con Torben en el centro, también girando, entre dos hombres, que, afianzaban a su vez sus manos en sus hombros. Las mujeres, cuando entraron las trompetas, se unieron al baile haciendo girar los pañuelos en el aire con una mano, mientras apoyaban la otra en la cadera. Melina,copió lo que hacían las otras mujeres, no sin antes calarse el gorro, para tratar de pasar un poco inadvertida. Tras dar varias vueltas las mujeres al círculo de hombres danzantes, éstos cesaron en su trajín, y lanzaron un alarido al unísono. Las mujeres hicieron lo propio, pero en falsete. De algún lugar, llegaron seis camareros empujando una mesa repleta de vasitos y botellas, cuyo contenido comenzaron a servir en los vasitos y éstos fueron pasados a todos y cada uno de los integrantes del baile. Una vez todos tuvieron un vasito, un hombre alzó el suyo, y en una lengua que ni Torben ni Melina reconocieron, dirigió unas sentidas palabras a los presentes y tomó el contenido del vasito de un solo trago. El resto hizo lo mismo, para después alzarlo otra vez, y brindárselo a Torben, quien tratando de recuperarse del trago, asentía a su alrededor, carraspeando y buscando aire. Tras una segunda ronda, la orquesta volvió a tocar otra animada pieza y se fueron haciendo parejas, Torben que era abrazado y besado sin cesar por todos, buscó a Melina y comenzó a bailar con ella en el medio de la multitud.

-Creo que hay una puerta alli!!- Le gritó Torben al oido, ella asintió mientras trataba de seguir el ritmo a saltitos- Damos una vuelta para disimular…y nos escaqueamos!- Sugirió él, y así hicieron, dando saltitos y haciendose girar el uno al otro, como quien no quiere la cosa, alcanzaron la puerta lateral. Y desaparecieron.

-No sé qué era eso, pero ahora tengo un calor tremendo…- Torben se aflojó la corbata hasta dejarla casi suelta y se desbrochó el primer botón de la camisa, sin dejar de avanzar deprisa por un interminable corredor, Melina, tratando de seguirle el paso se llevó una mano a la cabeza.

-Es verdad…tu abrigo

-Da igual…ahora no vuelvo…

-Ahí está la puerta de emergencia…

-Vamos…

Salieron a otro callejón, esta vez mejor iluminado, y se dirigieron hacia una de las calles perpendiculares, pero no llegaron a alcanzarla, ya que un nutrido grupo de gente entró por él corriendo y gritando.

-Correed!Correed joder!- Gritó uno de ellos al tiempo que pasaba como una exhalación.

-Que tienen una sierra mecánicaaa! Aguaaa!! Piiistaaa!!- Gritó otro empujándoles en su huida, Torben volvió a agarrarla de la mano y les siguió en su carrera, uno de ellos saltó un muro, el otro desapareció entre los edificios, el resto se desperdigó lo mejor que pudo, cuando el payaso monstruoso alcanzó el callejón tirándo una y otra vez de la cinta de arranque de la sierra para hacer más ruido, Torben y Melina ya se habían metido en otro edificio, que resultó ser una casa de vecinos.

-Lo mejor será que vayamos de edificio en edificio….está claro que están por todas partes…- Decidió Torben, Melina asintió.

-Pues van a conseguir que les tenga miedo a los payasos…con lo que me gustan

-A mí también…pero estos no lo son…ni idea qué pretenden, pero hacernos reir desde luego no…- Melina rio, y él la secundó mientras subían al primer piso- podemos subir hasta la terraza, estos edificios normalmente están conectados por el tejado …

-Cómo los sabes?

-Porque viví en uno mucho tiempo…- Pero antes de que pudieran alcanzar el último piso, se abrió la puerta en el cuarto y alguien dio la luz. Era una chica con un móvil en la mano, y parecía muy nerviosa.

-Arriba no vive nadie..- Dijo casi al borde del llanto.

-No..verás..es que…- Comenzó Torben, pero la chica no le dejó acabar.

-Vosotros sabéis cantar?

La chica se llamaba Norma, y había contratado los servicios de un grupo musical compuesto por guitarra y voz, para amenizar la fiesta sorpresa de cumpleaños de su hermana. Pero no habían aparecido, y la fiesta estaba comenzando a ser un desastre.

-Hombre…en el instituto toqué un poco la guitarra…un poco eh?…un par de acordes….yo podría intentarlo…- Se atrevió Torben, Melina carraspeó y se encogió de hombros.

-Yo no tengo voz….pero me chifla cantar…..si te sirve…- Norma sonrió y respiró aliviada, dándoles paso al piso.

Eran diez chicas y tres chicos, respartidos por un salón mínimo atestado de muebles enormes, uno de los chicos le entregó a Torben una guitarra española, y Melina se quitó el gorro, que guardó en el bolsillo de su abrigo, arreglándose un poco el moño que, en algún momento de la tarde, se había hecho,y ahora colgaba deshecho y sin forma.

-Tú te sabes “La Isla Bonita”?- Le preguntó a Torben en susurro al oído.

-Y la Isla Fea también, si es preciso…- Le susurró el de vuelta, ella rio y tras aclararse de nuevo la garganta, comenzó a cantar.

Cantó cerca de una hora, un repertorio internacional y un par de bailables. Norma quiso incluso pagarles, pero ellos no aceptaron nada, sólo les acompañaron en el brindis con champán y comieron un bol de chili-con-carne con arroz, después de tanta carrera, descubrieron que tenían un hambre voraz.

Norma les explicó que, a través de la terraza podían alcanzar el edificio vecino, y de éste pasar sin problemas al del Centro Juvenil, ya que ella lo hacía a menudo, porque de esta manera ahorraba mucho tiempo cuando tenía prisa.

-Wau! Mira que bonita se ve la ciudad desde aquí…- Admiró Melina, una vez hubieron alcanzado la terraza, Torben suspiró, se sentó sobre unos ladrillos y escondió la cabeza entre las manos.

-A ella también le gustaban estas cosas…- Milena le miró sin entender.

-A quién?

-A Clota

-Quién es Clota?

-Mi novia…bueno ex-novia…cómo se denomina a la persona que te deja plantado en el altar?- Preguntó, Milena soltó un silbido y se sentó junto a él.

-Desgraciada?

-Cuando ya vi que no iba a venir, me fui…ni idea de lo que puede haber pasado después…

-Mejor ni pensarlo..

-Eso…

-Tocas muy bien la guitarra…

-Y a tí se te dan bien las baladas…

-Pues formamos un grupo y andando..- Torben rio y se mesó el cabello, ella le ofreció su gorro- Toma, aún se te van a congelar las ideas…

-Gracias…siguiente tramo?

-Siguiente tramo…

Bajaron por una escalerilla estrecha al edificio contiguo, e hicieron lo mismo después para alcanzar el tejado del siguiente. Desde allí pudieron escuchar el eco sin fin de ambulancias y policía, y varios helicópteros sobrevolaron la zona. Ese edificio tenía escalera de incendios en la parte de atrás, así que bajaron por ella. Una vez en la calle, se quedaron pegados contra la pared, en la oscuridad, escuchando hacia dónde podían dirigir sus pasos. Fue entonces cuando se abrió una puerta en el edificio de enfrente y un hombre se asomó a ella.

-Eh! Vosotros!- Gritó quedo, evitando alzar la voz, Milena, del susto, se aferró al brazo de Torben, quien a su vez, automáticamente, la abrazó- Eh! Venid por aqui…es seguro!- Insistió el hombre indicándoles con la mano que se acercaran, cosa que hicieron midiendo sus pasos. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, el hombre abrió más la puerta y les conminó a entrar, cerrandola tras ellos con varias vueltas de llave. Un foco de luz roja muy tenue regalaba al habitáculo donde ahora se encontraban, el aspecto de un submarino. El hombre sacó una linterna del bolsillo y les sonrió amable.

-Yo soy Mario, os vi por la mirilla, llevo toda la noche pescando gente, es una locura…están pensando declarar el Estado de Sitio…

-Muchas Gracias….mirilla? Vives aqui?- Preguntó Torben no muy convencido, Mario rio y negó con la cabeza.

-No, es la puerta de mi local, el “Everafter”…normalmente abrimos a las cinco, pero ya tuve que dejar entrar a gente antes…venid, es por aquí..ah e invita la casa..sólo faltaría..- Explicó indicándoles con un gesto que le siguiesen. Les guió por un pasillo estrecho cuyos baldosines se iluminaban con cada paso que ellos daban, hasta alcanzar una puerta roja sobre la que se leía el nombre del local en un letrero luminoso en lila. Cuando Mario abrió la puerta, se vieron sorprendidos por una bocanada de ruido, voces y humo, entremezclados con una potente música. No cabía ni un alfiler. Mario se despidió de ellos con un gesto de la mano, y volvió a su puesto de vigilancia, cerrando la puerta tras si.

Melina y Torben se abrieron paso a duras penas entre la multitud, ella optó por aferrarse a la mano de Torben para no perderle, y él se lo confirmó apretándosela levemente, incapaz ya casi de encontrarla en el oceano de gente que les rodeaba. Y pincharon “Living on a Prayer” y todo ese oceano comenzó a saltar y corearla como si no hubiera un mañana. Take my hand, we´ll make it I swear… Y no pudieron hacer otra cosa que saltar con la multitud.

Am@s de casa, estudiantes, repartidor@s , joggers, pintores,putas, conductor@s de autobús, taxistas, travesties con y sin peluca, emplead@s de correos, viajantes de peluquería,panader@s, brokers, singhs con turbante, chaperos, emplead@s del ayuntamiento, trans, maquinistas,abogad@s, barrender@s, parad@s, drags, cajer@s, yoguis, librer@s, kiosker@s, contrabandistas, dealers, camioner@s, chulos,gente de la noche, gente del día, todos los allí reunidos, pasaron las siguientes horas compartiendo un lugar nada común, saltando, bailando, cantando, unos bebiendo, otros fumando, lejos de todo miedo o amenaza, y olvidando el resto, lo demás, en todas sus heterogéneas formas. Como colofón, y como era tradición en el local, se hizo estallar una bomba de confetti multicolor y purpurina roja, mientras sonaba “La Reina de la Noche” de La Flauta Mágica de Mozart.

Cuando las puerta del local se abrió, y pudieron salir, ya era de día, y, como los restos de un ejército derrotado, bañados todos en confetti y purpurina, se atrevieron a tomar cada uno el camino a casa.

-No siento los pies…- Exhaló Torben, tratando de caminar erguido,en mangas de camisa y sin corbata, el pelo teñido de purpurina, Melina, que no tenía mejor aspecto, y caminaba con los ojos cerrados arrastrando su abrigo, le miró guiñando los ojos.

-Qué?…creo que tengo purpurina en los oidos…- Dijo, y se metió un dedo en su oído derecho para oir mejor- Y tu chaqueta?…

-Ni idea..

-Espera…dónde estamos?…- Y miró a su alrededor, la calle por la que caminaban estaba desierta, al fondo distinguió a tres policías a caballo que, a trote lento, venían en su dirección- Creo que ya sé…ven, tenemos que cruzar.

Caminaron un par de manzanas, de vez en cuando se cruzaban con personas que iban a trabajar y les miraban un tanto extrañadas, y con miembros de las fuerzas especiales de la policía, vestidos de negro, con chaleco antibalas, casco sobre el pasamontañas y subfusil cruzado al pecho. Torben y Melina caminaban despacio y en silencio, más pendientes en mantenerse en pie, que en mirar lo que pasaba a su alrededor. Cuando doblaron una esquina, Melina volvió a mirar a derecha e izquierda, y suspiró aliviada.

-Aleluya! Ahí está mi casa…ven- Y cogiéndole del brazo, le ayudó a cruzar la calle. Cuando llegaron a la puerta, Melina rebuscó en su abrigo las llaves, sin éxito, y dejó salir una queja agónica, Torben,que había apoyado su cabeza contra la pared se incorporó aún con los ojos cerrados.

-Qué pasa?

-No tengo llaves…

-Pues un cerrajero hoy…no sé yo…

-Mi hermano está arriba…

-Pues …dónde está el problema?- Torben le hablaba sin abrir los ojos, que había tratado de abrir innumerables veces sin conseguirlo.

-Que si despierto a Ciro antes de su hora…después está insoportable..

-Quién es Ciro?

-Mi hijo..

-Ah…y qué hacemos?…disculpa, pero me es imposible pensar, lo intento, eh?, no creas…pero bueno…- Y se pasó una mano por el rostro, tratando de despejarse.

-Pues…entramos por atrás, tú me aúpas y ya está…

-Muy bien..- Torben abrió los ojos entonces y la miró tratando de fijar la vista- Un momento….a dónde?

La puerta del balcón de la cocina del apartamento de Melina no cerraba bien, ella vivía en el primer piso, así que, según le explicó, arrimarían un contenedor de basura a la pared, primero él la ayudaría a ella y luego subiría él. Un plan sencillo. Y así hicieron, arrimaron el contenedor para basura plástica que era el más grande, y Torben la ayudó a encaramarse a él. Despues, ya ambos sobre el contenedor, él la aupó hasta la barandilla del balcón y ella haciendo esfuerzos ímprobos logró alcanzar el interior del balcón. Después le ayudó a él aferrándolo por la camisa,y tirando de él, hasta acabar ambos en el suelo del balcón. Melina empujó entonces la puerta y ésta cedió sin problema. Torben se dejó caer en una de las sillas.

-Aspirina….

-Iba a decir lo mismo…- Melina abrió una de las alacenas y cogió dos aspirinas efervescentes, que echó en sendos vasos de agua.

En eso estaban, cuando sonó el timbre de la puerta, Melina intentó apurarse a ir a abrir, para evitar nuevos timbrazos que pudieran despertar a Ciro y Morris, pero casi se cae, Torben la ayudó a llegar.

Cuando Melina abrió la puerta, se encontró con dos miembros de las fuerzas especiales, subfusil en mano, que la miraban fijamente desde debajo del casco y el pasamontañas. Melina parpadeó lento varias veces, para cerciorarse de que lo que veía era cierto y no una alucinación, Torben optó por apoyar la cabeza contra el marco de la puerta y soltar un suspiro agónico.

-Buenos Días

-Buenos Días

-Nos ha llegado la denuncia de que dos personas de aspecto sumamente sospechoso han forzado la puerta de su balcón…podría darnos alguna información al respecto…?

-….

En eso, la puerta de la habitación que estaba justo enfrente de la de la entrada, se abrió, y apareció Morris, en calzoncillos, aún medio dormido y llevando a Ciro en brazos. Al ver al grupo y su aspecto, se quedó clavado en el sitio.

-Buenos Días…- El grupo le respondió de manera indistinta, él abrió la palma de su mano derecha – Mira Meli, encontré cinco pavos en el sofá…