El Ente

Hubo un tiempo en que a mi primo Tato se le dio por hablar en susurro. Pero no un susurro normal. Un susurro casi inaudible e indescifrable que acababa por sacar a su interlocutor de quicio. Pero a Tato no le importaba. Él parecía muy conforme con su forma de expresión.

Si dejó de hablar de esa forma fue por culpa de Eufrasia.

Aquella tarde Tato y yo subimos al desván sin que nadie nos viera. No. Tato me subió con él al desván sin que nadie nos viera, para ser más exactos. Yo sólo tenía cuatro años y le hubiera seguido al fin del mundo, aún sin saber dónde estaba. Pero no me llevó al fin del mundo. Me llevó al desván. Antes le había robado una bolsa de palotes de fresa a su hermana Gertru, y con ella en ristre subimos a lo alto. Tato levantó la trampilla y después ya fue solo deslizarse al interior. El desván se extendía por toda la planta de la casa de mis abuelos,y estaba repleto de cosas y artefactos de los más dispares calibres. Pero nosotros no  subimos para rebuscar entre lo que hubiera alli. Nosotros subimos para comernos todos los palotes de fresa de mi prima Gertru. Y eso hicimos. Nos sentamos uno frente al otro con la bolsa de palotes entre nosotros, y uno tú otro yo, la fuimos vaciando. Yo entonces todavía no sabía contar, pero supongo eran muchos. Entonces, Tato se incorporó y con un gesto me indicó que ya era momento de volver abajo. Pero no pudimos. Tato intentó abrir otra vez la trampilla, pero le fue totalmente imposible. Incluso aunamos fuerzas. Pero no hubo manera. No empezamos a gritar, ni a llorar, ni a llamar a nuestras respectivas madres. Eso nos hubiera delatado y hubiera provocado el llanto sin fin de mi prima Gertru por sus palotes de fresa. Y si algo había que evitar a toda costa era que la Gertru se arrancase a llorar. Y eso no lo decía yo. Eso lo decía su madre. La Gertru podía pasarse horas llorando. Sin más. Yo creo que al final ni ella sabía el porqué. Así que nos sentamos junto a la trampilla a esperar que pasara algo. Y pasó. Eufrasia. Que por algún motivo pasaba en ese instante por debajo de la trampilla por el pasillo. Y Tato pegó la boca al borde de la trampilla y, le dijo, en aquel susurro suyo, lo que nos había pasado. Sea lo que fuera que Eufrasia llevaba en las manos, cayó al suelo y estalló en mil pedazos. Y el estruendo fue equivalente al grito de Eufrasia. Yo quise empezar a llorar. Pero ni eso pude. Simplemente enmudecí. Tato volvió a pegar la boca al borde de la trampilla y volvió a insistir en su susurrada explicación. Y Eufrasia comenzó a gritar como una loca, y se fue gritando que donde nosotros estábamos había un aparecido. Nosotros miramos a nuestro alrededor y no vimos a nadie más. Ni aparecido ni desaparecido. Yo ahora solo tenía ganas de hacer pis y de llorar. Pero no a partes iguales. Y oímos más gritos. Y al padre de Tato, al que despertaron de la siesta. Y entonces Tato, me cogió de la mano y me llevó corriendo hasta la ventana del desván, que daba a la parte de atrás de las cuadras. Y la abrió. Y sin más me cogió en alto y me tiró por ella. Él se tiró después. Y los dos nos encontramos en las profundidades de la ingente montaña de paja que los hombres habían estado amontonando toda la mañana. Salimos casi haciendo volteretas y muy sucios de polvo. Tato me sacudió la ropa todo lo que pudo y luego a si mismo. Después me volvió a coger de la mano y me llevó corriendo hacia la casa.

Estaban todos tan ocupados en calmar a Eufrasia, y en tratar de abrir la trampilla del desván que nadie se percató de nuestra presencia. Sólo mi madre, de paso, nos preguntó de dónde veníamos tan colorados. A lo que yo contesté vomitando todo lo que había atesorado en mi ser. Los palotes de Gertru incluidos. Pero lo chacaron a un golpe de calor. Y nos desnudaron y nos llevaron a la alberca para que nos refrescáramos. Alguien llamó a Don Justo, el cura del pueblo, para que subiese al desván para que convenciese al aparecido de que regresase al otro mundo. Para entonces Tato ya hablaba en su tono normal de voz y yo bebía agua con limón a traguitos sentado en el regazo de mi madre.

No he vuelto a comer palotes de fresa.

Dositea

No fue mala idea traer el bastón. No es que lo necesite, la verdad, pero ayuda. Tampoco fue mala idea animarme a bajar a comer al Centro. Siempre me da una pereza increíble, ponerme presentable, calzarme, buscar el bolso, menos mal que siempre dejo las llaves dentro, si no también tendría que buscarlas, y para cuando las encontrara ya no tendría ganas de ir a ningún sitio. Pero me apetecía comer albóndigas, qué quieres que te diga. Antes las hacía a menudo, pero ahora para mi sola, se me hace demasiado trabajo. Además ya está todo pago, yo sólo tengo que aparecer, sentarme y comer. Hoy no había mucha gente, los de mi mesa después se pusieron a jugar al Tute. Yo soy más de Bridge, no me acuerdo por qué empecé a jugar al Bridge la verdad, porque supongo que en algún momento tuve que empezar a jugar al Bridge, digo yo, que no nací aprendida. Tampoco me acuerdo de dónde tengo las cartas. En el cajón del aparador, seguro. Como todas las cosas. Es que me resulta muy cómodo. Me queda de paso y sé que están allí. Ahora cuando llegue a casa me voy echar un rato, las albóndigas estaban muy buenas, la verdad, yo les hubiera puesto jamón, qué quieres que te diga, pero allí no le ponen sal ni a los pensamientos que diría mi hermano, pero ahora tengo modorra. Sólo son dos calles.

-Hola Dosi! Dichosos los ojos!- Y esta quién es?. Ver veo perfectamente, que nunca necesité gafas, pero no sé quién es, qué quieres que te diga. Sólo Alfonso me llamaba Dosi. Cuando quería algo. Y esta qué querrá?.- No sabes lo que pasó!- Voy a decir que no, porque es la verdad. Yo sólo veo el parte del mediodía, y nunca pasa nada que me afecte, qué quieres que te diga. No. No sé lo que pasó- Pues verás, tú te acuerdas de aquella chica, bueno, chica, tú ya me entiendes, bueno, de aquella chica que vivía en las casas que había junto al río, que eran bajas y marrones, pero la suya era azul, y que colindaba con la del barquero, el que estaba casado con una muy pelirroja y todos los hijos eran pelirrojos, menos el que después se casó con Agustina la del practicante, que era más bien castaño,no sabes?…pues murió..

-El barquero?….qué va..yo creo que estaba yo aún soltera cuando murió…- Sí que estaba soltera porque recuerdo que mi padre se llevó un disgusto terrible, no por el barquero, que no lo conocía de nada, sino porque no había repuesto y tenía que dar un rodeo terrible para ir al banco. No sé quien es Agustina.

-No, el barquero no, mujer, la chica de la casa azul, sí mujer, que se casó con uno que tenía una hermana viuda, y que llevaba levita, no la hermana, se entiende, él, él llevaba levita, y no era militar, que andaba con Luís el que después se casó con Pura, y se les mató el hijo con la moto haciendo la mili, qué disgusto hubo en esa casa, ella nunca se recuperó, hablaba sola, seguro que la tienes visto, él lo llevó mejor pero murió…

-El de la levita…- Algo recuerdo con una levita. Pero lejanamente. Ahora mismo no sé quién es militar y quién no.

-No Luís, a Pura la metieron en un centro, no sé si vive todavía, tenían otro hijo que cogió la farmacia de Don Anastasio y se casó con una americana que llevaba a los hijos al colegio en patines, fíjate qué cosa, yo ya le decía a Lolo, sólo nos falta que se meta uno debajo de un camión, pero no, nunca les pasó nada…- Cuando cumplí doce años mi padre me regaló una bicicleta. Es algo que no se olvida, creo. No me veo andando yo ahora en bicicleta. La verdad. – Pero seguro que sabes quién es…

-Quién?

-La chica de la casa azul…ya se enterró, el funeral es mañana a las seis, si quieres te paso a buscar, voy a ir con mi cuñada, la de mi hermano Mateo, que ya sabes que murió el año pasado- Pues no. La verdad. Ya tengo una edad en la que me preocupo más por seguir viva yo, no por las muertes de los demás. Sigo sin saber quién eres.

-No deja…ya…- A ver si así puedo seguir camino.

-Yo te timbro- Tú haz lo que quieras. Me has dejado la cabeza como un bombo. Voy a caer redonda. Tanto muerto. Ahora dos besos. Vale.

Creo que me suena el móvil. Lo sé porque es „La Canción de la Espada“. Me la puso Rodolfo. Rodolfo. Ahora mismo no sé porqué le pusimos semejante nombre. Y una vez puesto Alfonso tenía miedo que acabasen llamándolo Rudi, yo la verdad le tenía más miedo a Rodolfito, me sonaba a componente químico. Al final se llamó él mismo Fofó. Y me llama. Pues voy a tener que coger, porque si no es capaz de llamar a los bomberos. Yo sólo quería comer albóndigas, qué quieres que te diga. A ver.

-Mamá?, Mamá?…dónde estás mamá?- Dónde quiere que esté. Este hijo mío.- Estrellita ya iba a llamar a urgencias, estás bien?Bueno, sólo era para decirte que esta tarde nos pasamos con los niños un rato, vale?, no hagas nada que ya llevamos nosotros, a lo mejor también va Tetela, pero no lo sabe aún…mamá? Estás bien mamá?- Pues no sé que decirte. Yo sólo quiero llegar a casa y dormir la modorra. Adiós, ya. Tetela. Para no cometer el mismo error la llamamos María. Simple y llanamente María. Pues no. Ella hubo de llamarse Tetela. Ya apuntaba. Por eso trabaja en Sindicatos. Los niños dice. Yo creo que se refiere a sus nietos. Que no haga nada. Tampoco pensaba. Yo me voy a dormir la modorra. Y después busco las cartas e intento un solitario. Si las encuentro. Pero seguro que están en el aparador. Con el resto de las cosas.

Willy

No soy una rana. Si hay algo que tengo claro es eso. Pero creo que ellas eso no lo entendían. Ellas venían, se paseaban un rato por allí y después me dejaban solo con todos sus críos. Ya nos encontrarán después, me decían. Ya, pero entremedias los tenía que soportar yo. Lo mismo me pasó con las tortugas. Tú no les hagas caso, que ya saben ellas el camino. Y se iban. Y yo tampoco soy una tortuga.

Yo era uno de tantos. Ni muy grande ni muy pequeño. Comía cuando tenía que comer, y dormía cuando tenía que dormir. Me dejaba llevar, como quien dice. Y por dejarme llevar y no estar atento a lo que pasaba a mi alrededor, aquella cosa enorme me sacó de allí dentro de su pico. Recuerdo que me asusté, pero que inmediatamente después pensé que aquella cosa me tragaría y todo acabaría pronto. Pero no fue así.

Me tiró al primer sitio con agua que encontró. Supongo que yo no era lo que esperaba como cena. Allí no éramos tantos. Y teníamos mucho espacio. Nos alimentaban regularmente y todo estaba muy limpio. El cambio, al fin y al cabo, no había sido para mal, pensé yo. Fue una época tranquila y sin demasiadas incidencias. De un día para otro, sin embargo, dejaron de darnos comida y la limpieza brilló por su ausencia. Los otros comenzaron a ponerse nerviosos, y a pelear entre ellos, yo opté por hacerme invisible. Que es siempre la mejor opción. Fue entonces cuando hizo su aparición aquella enorme red, que se llevó todo lo que llegó a abarcar. Incluidos los otros. Yo, como seguía escondido, me libré. Y se hizo la oscuridad. Descubrí que me había quedado solo. Nunca lo había estado antes, así que tuve que aprender a lidiar con la soledad. De vez en cuando aparecían una criaturas horribles con pelo, que al principio me dieron mucho miedo. Pero después ya no. Una de ellas me aclaró que yo no formaba parte de su dieta básica, y eso mejoró las cosas. Me daban lo que les sobraba o no querían. Gracias a ellas sobreviví al invierno.

Cuando se hizo la luz corrí a esconderme. El lugar se llenó de cosas metálicas que arrastraban todo aquello que cubría el suelo y lo amontonaban a un lado. Escuché gritos, risas, música, un par de veces tuve que esquivar un pie que se plantó en medio sin avisar. Y el agua fue a menos. Desesperado busqué el rincón donde sabía había una hendidura en la que seguro quedaría suficiente agua. Pero no llegué. De pronto los gritos subieron de tono, y también las risas, y una mano me atrapó. Con sumo cuidado me metió en lo que a mi me pareció un caldero de agua cristalina, fresca y limpia. Había olvidado ya lo bonito que es el efecto de los rayos del sol en el agua. Al poco me dieron de comer. Me supo a gloria.

Desde hace una semana habito un tanque de cristal. Han colocado tres piedras y una planta lila en el centro. Me gusta deslizarme entre ellas y rozar la planta al pasar. En algo tengo que pasar el tiempo. Las personas a las que pertenece el tanque tienen también un gato. Lo primero que hicieron fue presentármelo y dejarle claro muchas veces que no me podía comer. Él se acercó aquella misma noche a presentarse, y a tranquilizarme. Se llama Patán. Odia el pescado desde que siendo todavía pequeño se comió una sardina podrida. Él es más de pienso y latas baratas, si bien las personas tienden a darle cosas gourmet, que él come. Pero sin demasiada gana. También tiene una novia, tres jardines más abajo, que ya me presentará. A ella tampoco le gusta el pescado. Ni los pájaros. Por eso se entienden. Las personas tienen niños, que pegan sus caritas al tanque y hablan conmigo. Yo les repondo con cabriolas y ellos se ríen. Me gustan los niños. Al gato también. Dice que él tenía un trauma, porque sus dueños anteriores le trataban como si fuera un niño. Y él llegó a pensar que a lo mejor lo era, sólo que distinto al resto. Estas personas le tratan como lo que es, un gato. Y ya no tiene traumas. A mí me han puesto de nombre Willy. Patán me ha dicho que al parecer es el nombre de una ballena muy famosa. Está bien. Pero no soy una ballena.

Mansarda

Encontré los calcetines en una caja con vasos. No eran iguales, pero al menos pude ponerme algo en los pies. Recuerdo guardar los zapatos y zapatillas en el último momento, y no rotulé la caja con el contenido. Así que no voy a ser capaz de localizarlos a corto plazo. Sólo tengo las zapatillas de deporte que me puse para estar cómoda durante el trasiego de cajas, cajones, muebles, bolsas, bolsitas, bolsones, cestas, tinas y baules de una casa a otra. Porque ahora vivo en una casa. Con jardín. En realidad yo habito el piso superior, el bajo está ocupado por alguien que aún no conozco. Su jardín y el mío son independientes, separados por una verja azul pero intercomunicados por una puerta . La casa está situada sobre una montaña, y el jardín la rodea en desnivel, salvándolo en terrazas. Phyllis dice que he alquilado un ventanal con vivienda, y no al revés. Phyllis tiende siempre a exagerar las cosas, pero esta vez tiene razón. El ventanal de mi salón podría ser utilizado como Puesto de Observación del Valle. El POV. Y nos reímos. Ha prometido hacerme una plaquita con las siglas para que la pegue en el buzón junto a mi nombre.

No tengo luz. En realidad sólo me funcionan un enchufe y la bombilla del pasillo. La única bombilla que hay en toda la vivienda. Según parece los dueños quisieron darle a la casa el „Estilo Hollywood“, muy popular en los setenta, según el cual las viviendas se iluminaban con lámparas situadas estratétigamente por toda la superficie habitable. En Hollywood saben de la existencia de las bombillas. Y de su uso. No le encuentro la relación.

Tampoco me funciona la cocina. No tiene estilo alguno. Simplemente es vieja. He encontrado un calentador de agua, una tartera y el hornillo de camping que se dejó olvidado mi hermano a su regreso de Nepal. Hace ya siete años. Estaban en una caja rotulada con „NuncaJamás“. Tampoco encuentro la relación. Todavía no he localizado la caja con mis neuronas. Creo que estoy chocando algo.

Ya conozco a mi vecina de abajo. Se llama Ute y trabaja de burócrata en una oficina gris. No es que lo haya supuesto yo. Así me lo explicó ella. Y que la oficina sea gris no es porque los que allí trabajen sean tristes. Cuando fue necesario repintar los despachos, ese había sido el color que alguien había decidido que debían tener las paredes a partir de aquel momento. Al parecer el gris relaja. Para relajarse más, ella ha colgado un poster de elefantes caminando bajo el agua y su compañera una foto del prado de sus padres en Bavaria. Todo esto me lo explicó en menos de un minuto nada más presentarse y como colofón me preguntó de qué signo de zodíaco era. Cancer. Se alegró sobremanera, porque ella es acuario y al parecer las dos tenemos como ascendente a Júpiter. Yo también me alegré. Siempre me han interesado los planetas.

Las dos somos más de café que de té, así que, para celebrar mi llegada a la casa, me obsequió con un café con leche, que me supo a gloria, y que tomamos sentadas sobre dos cajas ante el ventanal de mi salón. Fue entonces cuando me comentó que los Schöller iban a arreglar su tejado. Los Schöller son los dueños de la casa que colinda con nuestros jardines y cuyo tejado puedo apreciar desde mi mirador, que es como Phyllis ha dado en llamar al ventanal. Con tal fin van a traer una grúa y un equipo de obreros comenzará en breve con el arreglo. Le pregunté qué tipo de arreglo querían hacer que necesitase una grúa. Ute se encogió de hombros y suspiró. Ella se había tirado una vez desde la pluma de una grúa, portando sólo una bandera arcoiris para protestar contra la Nato. Lo de la idea con el arcoiris había sido de Jochen, ella quería saltar con tres palomas y soltarlas al vuelo. Pero no habían encontrado ni una paloma. De ahí la bandera. Nadie protesta contra la Nato hoy en día, lamentó, así que no creía que a nadie se le ocurriese saltar de la grúa de los Schöller. Yo asentí. Sólo pensar en una grúa me da vértigo.

Llamé al electricista. La mujer que recogió mi encargo me dijo que me enviarían a alguien en cuanto tuvieran un trabajador disponible, ya que estaban desbordados de trabajo. No me puedo imaginar que todo el pueblo esté sin luz. O no les funcionen los enchufes. O no tenga ni un aplique de bombilla en toda la superficie habitable. Que todo el pueblo se hubiera decidido por el estilo Hollywood y ahora renegase a la vez. Thomas Alva Edison tiene una estatua en bronce en Michigan. Con razón.

Mi jefe me manda un Email para decirme que la luz ultravioleta ha desvelado que el cuadro que restauro en realidad fue pintado sobre otro. Eso ya se lo había dicho yo sin necesidad de lámpara ultravioleta. Decir que estoy de vacaciones sería mentir. Digamos que cada día comienzo una expedición por un territorio desconocido y densamente ocupado por, mayoritariamente, cajas de embalar de distintos tamaños, y que he colonizado con el nombre de „mi casa“. Esta expedición durará el tiempo que me he tomado libre de empleo, pero con sueldo. Hasta entonces mi jefe tendrá que contentarse con la máquina de luz ultravioleta. Dito.

Me despierta lo que supongo es un terremoto. Pero no. Son los de la grúa. Desayuno unas galletas de limón, que encontré dentro de un bolso que dudo sea mío, y un té „Life-Balance“ que sabe a vainilla mientras observo la instalación de la grúa en el jardín de los Schöller. Al parecer es un matrimonio con tres hijos. Todavía no he visto a ninguno de ellos.

En algún momento de mi vida me he debido ofrecer voluntaria para almacenar los cargadores de móvil que nadie quiera usar. A eso se unen tuppers sin tapa, tapas sin tupper, zapatos del pie izquierdo, cd´s sin carátulas, resguardos bancarios de hace cinco años, cojines de todos los tamaños, mandos a distancia huérfanos de dispositivo, y objetos plásticos no identificados, con tapa o sin ella, a los que alguna vez encontré uso. Todo ello regado con una cantidad ingente de camisetas blancas de manga corta. Y tubos de pasta de dientes. Casi uno por camiseta. Debería hacerme ver. Pero quien me viene a ver en Phyllis. Trae un termo de café, monodosis de leche condensada y una caja de galletas surtidas. Pretendemos desempaquetar libros y colocarlos por temas en una estantería. Pero sucumbimos al poder hipnótico de la grúa y de los trabajos de los hombres sobre el tejado. Llegamos a la conclusión de que nosotras hubiéramos caido rodando nada más poner pie sobre él. Me pregunto porqué los trabajadores no llevan ni casco ni arnés de seguridad. Phyllis se tapa los ojos. Ay no digas eso, se asusta, que basta que tal para que se caiga uno. Yo ya tengo mis traumas, para coger otro no estoy, me lo asegura sin destaparse los ojos. No sabía que Phyllis tuviera traumas. Ella niega con la cabeza y me dice que más que traumas son comederas de cabeza, sobre cosas que sólo ella entiende o da importancia. Y ahora no va a poder para de pensar en cascos y arneses, y los buscará en Amazón, y los encontrará muy ponibles. Yo le digo que no cuente conmigo para su próxima mudanza. Y nos reimos. Al poco se nos une Ute. El Ministro en persona ha venido hoy de visita a su oficina y les han dado el día libre. Le preguntamos qué Ministro. Ella se encoge de hombros. Uno. Y con eso está todo dicho.

Los hombres se mueven por el tejado con una agilidad pasmosa. Son seis. Y retiran metódicamente las tejas, que después cargan en un transportín que pende de la grúa, y que va y viene, sube y baja, según lo van llenando. Yo creo que si lo grabamos y lo subimos a Youtube nos hacemos millonarias en horas. Sobre todo se subscribirían aquellas personas con problemas para conciliar el sueño. El trabajo metódico de otros, relaja. Y en eso estábamos, totalmente relajadas, tomando café y galletas, sin dejar de observar los orquestados movimientos de los trabajadores. Cuando le vimos. Primero avanzó por el jardín de Ute, a paso firme y seguro, de zancada grande, casi marcial. Después abrió la cancilla que separaba ambos jardines, y continuó su avance por el mío. Pero lo que nos llamó la atención no fueron sus zancadas. Sino su aspecto. En el lado derecho de su rapada cabeza lucía un tatuaje de lo que parecía una planta trepadora. Su vestimenta era un tanto estrafalaria, ya que combinaba una casaca militar que una vez había sido verde, con una sudadera color turquesa con capucha y pantalones de faena negros con salpicaduras de pintura, terminando el look con unas botas de montaña con las que muy bien podría haber superado todos los ochomil. La primera en reaccionar fue Phyllis. Se incorporó de la banqueta en la que estaba sentada al tiempo que se llevaba la mano al pecho. Cómo no me has dicho que en tu jardín se rueda „Prison Break“?. Y me miró casi indignada. Phyllis y sus series. El intruso alcanzó en pocas zancadas la puerta de la terraza y se quedó parado en el umbral, mirándonos en silencio. Nosotras tampoco fuimos capaces de decir nada. Además Ute dejó caer la caja metálica de galletas al suelo y el ruido nos sobrecogió a todos. Incluido el desconocido quien incluso dio medio paso hacia atrás. Vengo por lo del enchufe. Nos lo dijo casi pidiendo disculpas. Ute dijo entonces que con gusto le enseñaríamos todos nuestros enchufes. A Phyllis le dio un ataque de risa. Él optó por entrar en casa. Está claro que valiente es.

Sabía que las casas pueden tener recovecos. Pero no tantos. La mía debería salir en algún volumen de la historia de la arquitectura como la casa con más recovecos con enchufe. La mayoría estropeados. Una vez hubimos recorrido toda la superficie habitable y no habitable, le ofrecí té con pastas y él aceptó. Se llama Hadubrand Lineker. Antes de que pudiésemos decir nada, aclaró que se llamaba así por su abuelo y no por los Nibelungos, Phyllis iba a decir algo al respecto, pero optó por callarse quedándose un tanto pensativa, Ute anotó que le parecía recordar que había un atleta con el mismo apellido, Hadubrand, entretenido en observar el vaivén de la grua mientras comía una pasta, la miró sonriendo. Explicó que su padre también era electricista y que sólo corría cuando era estrictamente necesario.

Mi jefe me pregunta por Whatsapp si es posible que la gente en el siglo dieciséis comiese ya plátanos. Es algo que nunca me hubiera planteado. No me gustan los plátanos. Ni el pan de plátano. Ni nada que lleve plátanos. No sé porqué. Soy así. Le contesto que todo depende dónde comiese la persona el plátano. Me contesta con tres muñequitas hawaianas bailando.

Hadubrand descubre más enchufes. Y varias tomas de tierra. Lo que quiera que eso sea. Tomamos té „Life-Balance“  mientras observamos cómo desaparece el tejado de la casa de los Schöller. Hadubrand me dice que al parecer quieren hacer una mansarda. Lo que nadie entiende es por qué la construyen con vistas hacia mi casa y no hacia el valle. Eso mismo me había preguntado yo. Siempre me alegra no ser la única con una opinión lógica. Me pregunta dónde compré el té. Yo también lo encuentro muy rico. Aunque sigo siendo más de café. Él también. Nos cuesta dejar nuestra labor de vigilancia. Yo vuelvo a mis cajas y él a sus enchufes. Encuentro el Black&Decker que creía perdido. Se lo doy por si lo necesita. Me lo agradece. Le queda bien. Al rato me busca y me explica que va a necesitar trifásicos. Por un momento se me ocurre pensar que los trifásicos son una suerte de séptimo de caballería para electricistas. Y me da por reir. Él también se ríe. Dos que ríen juntos. Se me ocurre que es un buen título para una película. Él me dice que ya hay una, pero en el título, los dos, cabalgan. Nunca me he subido a un caballo. Él sí. Maravillosos animales. Supongo.

Ya sabemos por qué los Schöller quisieron construir su mansarda hacia mi casa y no hacia el valle. Claramente querían que el marco funcionase como pantalla para un cine de verano y el jardín de Ute y el mío sería la platea. Fácilmente me pude imaginar a todos los vecinos del pueblo acarreando montaña arriba hamacas y sillas de jardin de distintas facturas, para buscar después el punto exacto en nuestro jardín desde el que disfrutar mejor la película. Por supuesto el proyector estaría situado en mi salón. La película a disfrutar sería elegida en referendum semanal. No se recaudaría dinero. Y después cada uno se haría cargo de su basura. Ute y Phyllis me dieron la razón afirmando con la cabeza, sin poder apartar la vista del enorme marco de mansarda que se había alzado en cuestión de horas sobre el tejado de los Schöller. Hadubrand se pasó la mano por su rapada cabeza y soltó un silbido.

Ute cocina Chilliconcarne. Yo encontré dos latas de maiz, un bote de aceitunas y otro de pimientos marinados. Phyllis aportó dos bolsas de nachos y tres de tortitas. Hadubrand compró cervezas de paso cuando fue a buscar brocas del seis. Usamos de mesa seis cajas. Los encargados ahora de montar la mansarda son hombres muy altos, fuertes, pelirrojos, con el pelo en rastas sujeto en colas de caballo y que trabajan con el torso desnudo. Phyllis dice que le recuerdan a los vikingos. Yo le digo que los vikingos construían barcos, no mansardas. Ute nos pregunta si eran los vikingos los que volaban con dragones, y Phyllis le explica que los dragones tienen mala fama, pero que son inofensivos. Hadubrand es una experto en hacer perfectos burritos de chilliconcarne. Me hace uno y lo adorna con dos hojas de perejil. AndaleAndale.

Encuentro chancletas desemparejadas, trapos de cocina, un sombrero tirolés, tres osos de peluche, una caja muy pesada roja rectangular forrada en raso rojo cerrada con llave y que ignoro lo que contiene, libros de cocina búlgara, amuletos de la suerte en forma de mono, el manual de instrucciones de una yogurtera que nunca compré, cinco tarros de mermelada de arándanos, tres cafeteras italianas, cuatro sacos de dormir, seis esterillas, cojines para hacer yoga, cojines para hacer pilates, cojines para leer en la cama, cojines para el sofá, cojines grandes, cojines pequeños, cojines en forma de ballena, cojines en forma de mariposa, cojines con forma de cojín. „El libro de la selva“ en audiolibro. Da igual como lo lea. Siempre acabo llorando. Hadubrand me confiesa que él lloró con „El rey león“. Mientras yo voy encontrando cosas y deshaciendo cajas, y él intenta encontrar la lógica eléctrica de mi superficie habitable, vamos enumerando películas o canciones que nos hayan hecho llorar. Los dos estamos de acuerdo que „Nesum Dorma“ debería sonar más en funerales. Un primo suyo había elegido „Yellow Submarine“. Yo me inclinaría más por la marcha de „El puente sobre el río Kwai“. La buscamos en Spotify y trabajamos al ritmo. Hacía mucho tiempo que no silbaba.

Los Schöller se asoman a su mansarda como lo harían a un abismo. Les saludamos con la mano. Y ellos nos responden al saludo como si perteneciésemos a una tribu desconocida. Después desaparecen en las profundidades de su casa. Ute dice que normalmente son muy sociables. Ella sabrá. De lo alto de la pluma de la grúa pende un marco de ventana que bien podría ser la puerta a otra dimensión. Los vikingos se ocupan de colocarla. Todos contuvimos la respiración hasta el instante en que la fijaron al anclaje del tejado y los vikingos celebraron el momento con aullidos de victoria y highfives. Nosotros también aplaudimos. Al alba vinceró, vinceró, vinceróooo.

Mi jefe me comunica que el marco del cuadro ha sido calificado de incunable. Le recomiendo que lea mejor el Email. Me contesta con un mono tapándose los ojos. Hadubrand trae los trifásicos. Encuentro una llave minúscula dentro de una caja de cerillas. Me acuerdo de la caja roja. Hadubrand me ayuda a colocarla sobre la encimera de la cocina. La abro.

El Sr Kalaschnikow siempre renegó de su invento. Me pregunto que habría dicho si lo hubiera visto en versión de cristal y lleno de vodka. Completaban el conjunto tres estuches de chupitos de whisky en forma de balas y tres granadas rellenas de cognac. Lo que pensé fue tanto que no fui capaz de articular palabra. Hadubrand se atrevió a acariciarlo con la punta de los dedos. Nos miramos. Yo cojo con cuidado dos balas y le entrego una. Nos las bebemos a bocajarro. Malgastamos munición. Cruzamos las lineas. Nos rendimos.

Y fundamos nuestra propia República Independiente.

Sin necesidad de trifásicos.

Espías(Para R.)

Magda llegaba siempre de improviso. Pero recuerdo sus estancias en mi casa como días distintos y de más risas de las que ya había. Porque Magda tenía una risa grande y cálida. Como ella. Magda y mi madre se habían conocido en su época universitaria, habiendo mantenido aquella amistad a través del tiempo y distintos espacios. Magda había vivido mucho años en Bilbao. Después, se había mudado con toda su familia a un minúsculo lugar en ninguna parte. De vez en cuando, con la excusa de ir a comprar medias, o pinzas de la ropa, o hebillas, se escapaba un par de días a nuestra casa.

Una de esas ocasiones coincidió con mi ingreso en la universidad. Me había decidido por estudiar Filología Alemana en Santiago de Compostela. Cuando se lo dije, a Magda le pareció una idea fantástica, además, me dijo, coincidiría con su hijo mayor que también estudiaba Filología, pero él Italiana. La única imagen que yo tenía de su hijo mayor era una foto con sus otros dos hermanos, aún siendo niños, los tres contra una pared de mármol. Nada más. Es inconfundible, me dijo, es alto, rubio y con los ojos azules. Lo iba a reconocer enseguida. Y yo la creí.

Desistí en la búsqueda al poco de poner pie en la Facultad de Filología. El fenómeno Erasmus estaba en plena expansión, y mi facultad era el kilómetro cero. La mayoría eran altos, rubios y de ojos azules. Inconfundibles.

Conocí a Marta el primer día de clase, porque estaba tan perdida como yo. Y nos hicimos inseparables. Ella vivía en una residencia de estudiantes, y yo iba y venía todos los días con el Castromil, pero el resto del tiempo solíamos pasarlo juntas.

Sucedió una mañana cualquiera. En un cambio de clase. Nosotras esperábamos sentadas en las sillas de plástico que entonces estaban situadas en los pasillos frente a las puertas de las aulas. No me acuerdo a qué a clase teníamos que acudir, pero el hecho es que nos sentamos a esperar a que la que tenía lugar acabase, para entrar nosotras.

La puerta se abrió, y apareció Él. Marta me tiró de la manga para que me fijase. Si aquel hombre hubiese sido un campo magnético, ella y yo nos hubiéramos visto en aquel instante catapultadas contra él. Marta consiguió colegir que no podía ser real, yo que era el hombre más guapo que hubiera parido madre jamás. Era arte en movimiento. Que desapareció por el pasillo, fumando un pitillo.

La idea fue de Marta. Quiero que conste. Entonces todavía estaban colgados en un tablón acristalado los horarios de todas las opciones de estudio que se daban en la Facultad, así que Marta se preocupó de dilucidar qué opción podía tener Él, y así hacer por coincidir.

Y coincidimos.

Si Él salía de un aula, nosotras estábamos allí. Si entraba en el aula, nosotras estábamos allí.Si se decidía a buscar un libro en la biblioteca, o sentarse a repasar algo, nosotras estábamos allí. La cafetería de la facultad era muy pequeña, y no tenía muchas mesas, pero nosotras siempre conseguíamos sentarnos en la mesa anexa a la suya. Nosotras estábamos allí. Pero no estábamos solas. Eramos muchas las que estábamos allí. Él parecía no darse por enterado, si bien iba siempre acompañado o por unas o por otras.

Lo que estaba claro es que ni Marta ni yo hubiéramos servido para espías, ya que ni nos escondíamos, ni hacíamos nada por ocultar nuestro objetivo. Actuábamos a plena luz del día y a cara descubierta.

Y llegó Navidad.

Magda llamó un sábado a media mañana. Había venido con su hijo al dentista y le habían tenido que sacar una muela. Nos preguntó si podrían pasar a tomar un calmante, ya que tenía mucho dolor. El dentista, al parecer, no estaba lejos de nuestra casa. Mi madre no puso objeción alguna y además les invitó a comer.

Cuando llamaron al telefonillo para que les abriésemos el portal, todos los miembros de mi familia estaban ocupados haciendo algo. Todos menos yo. Así que me tocó abrir. Esperé a que timbraran a la puerta del piso, supongo que tenía uno de esos días míos en los que no tengo ganas de ver a nadie, si no no me acuerdo porqué no salí a recibirles al descansillo. Sonó por fin el timbre y yo abrí la puerta.

Y allí. Frente a mí. Sujetándose un envoltorio con hielo contra la mejilla. Estaba ÉL.

Y Él me miró. Y yo le miré. Y los dos nos miramos. Tratando de convencernos a nosotros mismos de que aquello no podía ser cierto. Pero lo era. El hombre más guapo que ninguna madre hubiera parido jamás había sido parido por Magda, y estaba allí delante de mi.

Conozco la sensación de querer que el suelo se abra bajo los pies de uno, lo trague y luego vuelva a cerrarse, dejando a esa persona emparedada por los siglos de los siglos. La conozco porque fue lo que deseé en ese instante. Quedarme bajo los cimientos de mi casa por los siglos de los siglos. Pero no sucedió. Porque en ese momento llegó Magda, y casi al mismo tiempo el resto de mi familia a romper el fario.

No recuerdo lo que pasó después. Pero supongo que se hicieron las consabidas presentaciones, él se tomó su calmante y en algún momento comimos. Yo no fui capaz de dirigirle la palabra. Creo que él tampoco dijo demasiado, y se achacó al dolor de muelas. Iba a salvar la situación, después de todo. Pero no había contado con mi hermana. Ella tampoco era de muchas palabras, ni en aquella época ni nunca. Prefería observar. Y sacar conclusiones, que después decía o no, dependiendo de su humor. Quiso la casualidad, o quizás fue un lapsus caprichoso en el ritmo de la conversación de sobremesa, o simplemente pasó un angel. No lo sé. Pero justo en el momento en que se hizo el silencio en aquella mesa, mi hermana, después de haber observado al hijo de Magda de hito en hito durante un rato, miró a mi madre y dijo „Pues a mí, realmente, no me parece tan guapo“. Y yo sólo quise convertirme en piedra. O en pájaro, y salir volando, para no volver. O volverme raiz, y hundirme, hondo, muy hondo. Y conmigo, en aquel momento, mi madre. Al menos.

De vez en cuando me atrevía a mirarle, y él me miraba a mí. No hay nada peor que un dolor de muelas. En eso estábamos de acuerdo.

Supongo que llegado un momento se fueron.

A la vuelta a las clases después de Navidad, no le conté nada a Marta. Esperé a que ella también tuviera su momento raiz. Y así fue. Al segundo día de comenzadas las clases, nosotras volvíamos a estar allí. Pero esta vez, cuando el hombre que Marta estaba convencida de que no era real nos vio, se nos acercó regalándonos la más bonita de sus sonrisas y, llamándome por mi nombre, me saludó con dos besos. Cuando quise presentarle a Marta, no pude. Se había convertido en estatua de sal.

Después, el hombre más guapo que parió madre jamás, pasó a ser, para mi, simplemente, el hijo de Magda. Y durante el resto de nuestra estancia en Santiago, mantuvimos el contacto, fuera en forma de cafés o birras a deshoras.

Más tarde él se fue por el mundo. Y yo también.

Si me acordé de aquel episodio, fue porque ayer soñé con él. Había hecho todo el camino desde algún lugar del mundo hasta mi casa para ayudarme con mi próxima mudanza.

Y en el sueño me pareció totalmente lógico.

Para algo están los amigos.

Avieso

-Cascabel

-No, ese no cuadra..

-Lancero…

-Ese mejor

-Islero

-Ese es el que mató a Manolete

-No era Avispado?

-No, Islero

-Entonces…a quién mató Avispado?

-Ni idea..

-Catecúmeno

-Muy largo

-Triguero

-Suena a espárrago..

-Ligerito..

-Más rápido no puedo ir con el peso que llevamos..

-No hombre..

-Ah..sí, ese podría ser…Tranquilo

-Para tranquilo este..

-Bueno, mira como se nos puso en Piedrafita..

-Tendría sed el pobre animal..

-Ya..pero quién le da agua..tú?

-Pronto llegamos y puede beber

-Coño! Qué fue eso?

-Los baches…se me olvidó decirte lo de los ba…

-Me cago en la madre…! Joder.. para el bache! A poco más nos dejamos el eje..!

-Menudo coscorrón más tonto…

-Todo bien?

-Me saldrá un cuerno…pero bien..

-Sólo uno?

-Oye…Cornudo…que ni pintado..

-Venga „figura“, que hasta parece que ahora vamos más rápido…abre más la ventanilla y que corra el aire..

-„Soy minerooo“!!

-Apañamos…

Raulito el de la de Tornos avanzaba por el borde de la carretera dando pequeños saltitos al caminar. Como lo hacen los niños de seis años a los que les permiten ir libres de mano, y solos, por primera vez. El día anterior había acompañado a su padre al barbero, y éste le había cortado el pelo. No es que lo necesitase realmente, pero su madre quería que todos llevasen el pelo en condiciones en un día tan importante. Porque aquel era un día muy importante. Era el día de la Comunión de su hermana Merceditas. Su madre le había peinado el flequillo todo hacia delante y acicalado con brillantina, además le habían vestido con una camisita blanca de manga corta con cuello redondo, y unos pantalones cortos de piqué azul marino. Pero lo que más le gustaba a Raulito el de la de Tornos eran sus sandalias nuevas. Blancas,y con hebilla. Todavía impolutas. Las miraba cada tres saltitos, como para asegurarse de que todavía seguían allí. Y continuaba otra vez su alegre trote. Todos estaban todavía delante de la iglesia, en desordenada reunión después de la ceremonia, y su madre y su abuela le habían dejado que fuese solo hasta la casa de su tía Tona, que estaba sólo un par de cientos de metros alejada de la iglesia en linea recta siguiendo la carretera hacia abajo, y en cuya huerta iba a tener lugar la celebración. Raulito llevaba en la mano una bolsita con caramelos. Se los había dado su abuelo porque se había portado muy bien. Se miró las sandalias. Tenían un calado en forma de lágrima y podía verse los dedos de los pies. Fue al levantar la vista que lo vio. Delante de él. Si hubiera extendido su brazo lo hubiera podido rozar. Raulito tuvo que echar la cabeza hacia atrás para contemplar mejor su envergadura, se le abrió la boca sin querer, y no se atrevió a parpadear. Se miraron el uno al otro un instante, y Raulito, aún sin poder cerrar los ojos y con la boca todavía abierta, le siguió con la mirada cuando se adentró por una servidumbre de paso. Como había estado sin parpadear tanto tiempo, después tuvo que frotarse los ojos.

-Raulito..qué haces ahí? Vete a donde Tona, y no salgas a la carretera eh?, que puede venir un coche- La voz de Amelia de las del Factor le hizo volver la cabeza hacia las casas del otro lado de la carretera. Amelia estaba a la puerta de su casa, apertrechada en un traje azul cielo dos piezas, mesándose la permanente con una mano, mientras con la otra aferraba una cartera blanca contra si, como si un bandolero fuese a arrebatársela en cualquier momento.

-Ahí dentro hay un toro grande- Acertó a decir Raulito señalando con su mano hacia la servidumbre de paso, Amelia achinó levemente los ojos, como hacía siempre que no entendía bien, luego asintió y se arregló bien el escote. Alguien la llamó entonces desde dentro de la casa.

-Bueno, Raulito…tú vete a donde Tona, y no salgas a la carretera eh?- Repitió, para luego acudir al llamado.

Raulito se miró un momento las sandalias y continuó su camino hacia la casa de su tía, retomando sus saltitos. Casi llegando a casa de su tía, se cruzó con Herminio el de Tribes que venía fumando un pitillo, sin saber muy bien cómo moverse en su traje gris perla, cada dos pasos trataba de aflojarse el nudo de la corbata negra, su mujer se lo había apretado tanto que a él le dio la impresión que su verdadera intención había sido ahorcarle.

-Raulito!…cómo es que vienes tú solo?…no salgas a la carretera..- Dijo señalándole la carretera con estudiada severidad, Raulito negó con la cabeza y señaló hacia su espalda.

-Allí hay un toro grande, Herminio..así- Y levantó sus bracitos en el aire al tiempo que se ponía de puntillas para dar fe del tamaño del animal que decía haber visto. Herminio el de Tribes tomó una calada de su cigarrillo, y expulsó el humo despacio al tiempo que le miraba a través de la nube, luego trató de aflojarse de nuevo la corbata.

-Ya…tú vete a donde Tona, y no salgas a la carretera- Advirtió, para después acariciarle la cabeza y alejarse carretera arriba. Raulito le siguió con la mirada un momento, para continuar caminando a saltitos hasta alcanzar la casa de su tía Tona.

La casa de Tona se abría en su parte de atrás a una gran huerta, en la que se diseminaban manzanos y limoneros, a la sombra de los cuales se habian preparado dos mesas largas con mantelería blanca y la mejor vajilla de las de Tornos. Porque habían tenido que utilizar las tres vajillas para tener servicios para todos los invitados. No hizo falta que Raulito llamase a la puerta, ya que la encontró abierta. La casa era un hervidero de gente, que entraba y salía de la huerta hablando, riendo y compartiendo ya algún entremés en alegre jaleo. Muchos accedían a la propiedad desde las huertas vecinas, otros habían venido antes desde la iglesia. La huerta colindaba con el Campo de la Fiesta. Una amplia extensión de hierba, al fondo de la cual se había montado un rudimentario palco de madera, sobre el que por la tarde tocaría la orquesta. A un lado del palco se habían colocado dos feriantes, uno con una especie de mecano metálico del que colgaban tres barcas de madera, que más tarde surcarían el aire impulsadas por cuerdas, y otro con una caseta de tiro al blanco, donde a esa hora, el encargado, todavía se ocupaba de colgar los futuros premios. Un barquito de vela, una muñeca vestida de gitana, un rifle de plástico…Todavía faltaban tres días para el Día Grande, para entonces todo el campo estaría repleto de más casetas, una tómbola y todo olería a una mezcla de almendras garrapiñadas,vino y sardinas. Hoy sólo era la comunión de Merceditas.

-Raulito, no saldrías a la carretera?- Preguntó Tona arreglándole el flequillo a su sobrino, Raulito negó con la cabeza e iba a decirle algo, pero alguién tocó de repente un tuba, y Tona lanzó un grito llevándose la mano al pecho.-

-Y a ti ahora qué te pasa?- Preguntó Suso, su marido, que en ese momento pasaba por allí transportando dos sillas hacia fuera,y, debido al grito, había dejado caer una.

-Si no pensé que era un barco…

-Qué barco ni barca…tienes cada cosa…- Y se alejó aún hablando para si, llevando las sillas. Tona se mojó la punta de los dedos con la lengua y volvió a arreglarle el flequillo a Raulito, esta vez hacia la izquierda. Luego lo cogió de la mano.

-Tú ven, corazón, que tienes cara de hambre…- Y se alejó con él hacia la huerta.

Obdulia la del Teniente estaba muy orgullosa de su traje de lunares. Blancos sobre fondo rojo, ni muy grandes que paciesen lamparones, ni demasiado pequeños que pareciese llevase un traje de faralaes. Le había puesto solapas blancas, que cerraban el vestido con en total seis botones también blancos, el cinturón era rojo con hebilla plateada. Echó los hombros hacia atrás ante el espejo de cuerpo, y se dio media vuelta para ver el efecto por atrás, sonrió coqueta a su imagen; se fijó un momento en sus zapatos, blancos, tipo topolino, que dejaban ver sus manicuradas uñas rojas. Se atusó el moño bajo y arrugó levemente los labios para extender mejor el carmín. Por último alcanzó su cartera. Era negra. Tampoco había que abusar con el rojo. Decidió ir hasta la casa de Tona la de Tornos atravesando las huertas que separaban su casa de la de ella, así no tendría que dar tanta vuelta. Salió por el fondo, demarcado por una fila de árboles llorones, Obdulia cayó en la cuenta al atraversalos que en algún momento habría que cortarles las ramas, que ya casi formaban un manto sobre la hierba, pero ahora no era el momento ni la hora para hacerlo. No quería llegar tarde. Cruzó a través de las matas de madreselva, y cogió una ramita. Sonrió al olerla. Después la pondría en el cajón de su ropa interior. Avanzaba tratando de no enredarse los pies con la hierba alta, cuando la escuchó. Una respiración pesada y profunda, que provenía de detrás de los arbustos. Corrigió la postura y levantó un poco más la barbilla antes de continuar camino, no pudo evitar ponerse un poco colorada, sabía que el vestido iba a levantar espectación, pero no ya allí precisamente. Sintió cómo se movían los arbustos, y, de nuevo, la respiración, esta vez más profunda y casi agitada en su final. Obdulia se volvió, ya dispuesta a decirle cualquier cosa a aquel que se atrevía a comportarse de tal forma, y lo vio. Parado a diez pasos de ella. Entre la hierba alta. Mirándola. Tranquilo. Obdulia sintió como toda la sangre que hasta aquel momento había atesorado su cuerpo desaparecía, y con ella la fuerza de sus rodillas para sostener el peso de su cuerpo. También su voz. Sólo consiguió abrir la boca una cuarta, y volver a cerrarla sin haber conseguido ni exhalar un halito de algo parecido a un suspiro. Acertó, sin embargo, a girar su cuerpo de nuevo hacia el caminito por el que había avanzado hasta entonces e intentar alejarse del peligro. A Obdulia le dio la impresión de estar sumergida en aquel momento en una de esas pesadillas en las que uno intenta correr pero el suelo se vuelve de pronto de goma elástica, y por mucho que intente gritar su garganta no obedece, igual que los brazos, que se mueven sin sincronización, como si no perteneciesen al cuerpo. Y él la siguió. Curioso. A trote lento. Tranquilo.

-Tona, sabes? yo…- Comenzó Raulito, su tía Tona, que aún no le había soltado de la mano, sin atender a lo que quería decirle, le hizo entrega de un trozo de „torta borracha“.

-Toma nené, que seguro que tienes hambre…- Dijo, Raulito se limitó a asentir y a dar un bocado al enorme trozo de torta.

En eso, Tona miró hacia la huerta de los de Coles, la que colindaba con la suya, ya que desde allí llegaba gente corriendo y gritando, también los invitados que estaban en su huerta comenzaron a correr en todas direcciones gritando y volcando sillas. Primero vio a Obdulia la del Teniente, caminando de forma muy rara hacia el campón de la fiesta, e iba a preguntarse porqué toda la gente huía de Obdulia, cuando vio el motivo, y llevándose la mano al pecho comenzó a correr ella también hacia el campón profiriendo gritos, sin darse cuenta de que todavía llevaba de la mano a su sobrino.

-Raulito!!Raulito!!

-Estoy aquí, Tona!

-Corre, nené, tú corre..!!

 

 

-Que alguien haga algo!

-Llamad a los bomberos!

-AyDiosMío…y qué está ardiendo ahora?!

-Pues a la Guardia Civil!

-Nada de tiros…que hay criaturas!

-Apartarse!Apartarse!

-Dejar local!

-Buscar al alguien!

-Hay que buscar al torero!

-Pero qué dices! Apartarse!

-Sí que está! Buscar al torero!

-La criaturas! Las criaturas!

Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, estaba sentado a la sombra de un frondoso castaño, ante una mesa ya dispuesta para la comida, el alcalde les había invitado, a él y a sus mozo de espadas a comer después de haberles dado un paseo por la zona y mostrarles los puntos más representativos del lugar. Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, llevaba horas tratando de encontrar la manera de dirigirle la palabra a Violeta. Violeta era una chica amiga de la hija del alcalde, cuyo nombre no recordaba y a la que además habían sentado junto a él. A Violeta la habían sentado tres sitios a su izquierda, entre la cuñada del alcalde y un señor gordo de bigote que no paraba de servirse gaseosa. No había nada que no le gustase de aquella chica. Hasta su nombre. Violeta. Pero él no conseguía reunir el valor suficiente para dirigirle la palabra. Y lo peor. Qué palabras. Lo único que le venía a la cabeza que tuviera que ver con el nombre de Violeta era „Violetas Imperiales“ de Luís Mariano, y él, aunque le habían dicho que tenía buena voz, no creía que fuese la forma de entablar una conversación. Y menos allí. Además hacía un calor terrible. Húmedo. Que hacía que la camisa se le pegase a la espalda bajo la chaqueta del traje. Todavía llevaba puesto el sombrero panamá con banda azul, no sólo para protegerse del resol, sino también para frenar las gotas de sudor que insistían en perlar su frente, y que de vez en cuando se secaba con un pañuelo ya empapado. Violeta también le miraba. De vez en cuando. Violeta.

La mujer que trabajaba en la casa del alcalde acababa de colocar en el centro de la mesa una empanada perfectamente redonda, y que invitaba a comerla con sólo su delicioso olor, cuando un grupo de personas entró corriendo en la huerta por uno de los laterales gritando a la vez cosas incongruentes.

-Pero qué pasa!?- Alcanzó a preguntar el alcalde, que al incorporarse tan de prisa, volcó su silla.

-Va a haber una desgracia!

-Necesitamos al torero!

-Hay que apurar…!

-Aún va a encornar a la del Teniente!

-Es más grande que un mundo!

Todos miraron entonces a Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, quien había permanecido sentado, sin entender qué estaba pasando. Nastasio, su mozo de espadas, se incorporó y se santiguó al mismo tiempo, y él también se incorporó, aún sin saber por qué tenía que hacerlo, ya que todos hablaban a gritos a la vez y señalaban con los dedos en todas direcciones, las mujeres se llevaron las manos a la boca, el hombre gordo de bigote se bebió un vaso de gaseosa de una vez. Entonces Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, se vio rodeado por toda aquella gente, y Nastasio le agarró del brazo para guiarle hacia algún lugar fuera de aquella huerta, el diestro alcanzó a buscar a Violeta, quien también llevada por el grupo, avanzaba justo detrás de él, tanto o más confundida que él mismo.

-JuanTomásportumadre! Ni un puñalito tengo que darte! Pues que sea lo que Dios quiera!Hacer sitio!- Acertó a gritar Nastasio mientras avanzaban entre huertas, árboles, hierba alta y una multitud de gente que se les había unido y corría con ellos.

 

-Y qué tocamos!?-Preguntaba el trompeta de la orquesta municipal, que se había reunido cerca del campón de la fiesta para por la tarde tocar un par de piezas y ahora corría en desordenado grupo hacia donde les habían dicho que vendría el torero.

-Algo con Juan! No se llama Juan Tomás?!- Acertó a contestar el director tratando de no tropezar.

-La única es..“La hija de Juan Simón“…

-Ay Iñás por favor hombre….!

-Pues como es Grande…pues la de Marcial…

-Pues dale ahí…

Y avanzaron. Todos en desordenado tropel. Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, tomado por el brazo por Nastasio, en cabeza, tras ellos el alcalde y los invitados a la interrumpida comida, detrás los vecinos del pueblo que se habían ido uniendo desde todas partes, y con ellos la orquesta tocando al paso „Marcial, tú eres el más grande“ sin perder ni una nota. Hasta que llegaron al linde del campón de la fiesta, alrededor del cual ya se había congregado una ansiosa muchedumbre. Obdulia la del Teniente había logrado llegar hasta el centro del campón, donde se había quedado clavada, llorando desconsoladamente, después de que el animal que la perseguía también cesara en su avance a pocos metros de ella.

El alcalde mandó callar a la orquesta con un gesto. Nastasio le abotonó la chaqueta a su maestro y, sin saber qué más hacerle, le arregló las solapas y le agarró con fuerza los antebrazos mirándole fijamente.

-JuanTomásportumadre, haz lo que tengas que hacer- Dijo casi seguro de si mismo. Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, se llevó la mano al sombrero Panamá que aún llevaba en la cabeza, se lo quitó, se volvió y se lo entregó a Violeta diciéndole con ese gesto todo lo que no había podido en todo el día, ella recogió el sombrero entre sus manos y lo apretó contra su pecho parpadeando lento, sin necesidad de dar más explicaciones. De mano en mano, atravesó la multitud circundante un mantel cuadrado de color azul, en el apuro del momento había sido imposible encontrar otro de otro color.

Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, tomó el mantel en sus manos y se adentró en el campón a su suerte. El astado notó su presencia, y pareció saludarle acariciando la hierba con su pezuña delantera izquierda, su retador le devolvió el saludo sacudiendo levemente el mantel, cosiendo su mirada a la de él y midiendo cada uno de sus pasos. El animal perdió el interés en Obdulia, ahora sólo estaba pendiente de aquel trapo azul y su portador, quien, mientras tanteaba una situación favorable, le iba dando discretas instrucciones a Obdulia para que se fuera retirando caminando hacia atrás, de forma que ambos se movían a la vez, Obdulia hacia el palco de la música, y él hacia el frontal del toro, quien le seguía con la mirada sin variar su posición. Tan pronto Obdulia la del Teniente notó que había alcanzado las inmediaciones del palco, se desmayó en los brazos del Sargento Corcuera de la Guardia Civil, quien se había movido al tiempo que ella a lo ancho del fondo del campón para acudir en su ayuda si se diera el caso. Y se dio.

Hombre y toro, ya frente a frente, decidieron medir sus fuerzas.

No hizo falta muleta para aventar el improvisado capote, ni que el respetable abarrotase un tendido para jalear a una voz sentidos „Ole“. La magia se hizo realidad, la maravilla fue patente y el valor hizo el resto.

Llegados a un punto de no retorno, estando el diestro y el bravo de nuevo frente a frente, Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, alzó el dedo índice de su mano derecha hacia el cielo, sin descoser su mirada de la de su opuesto en el duelo, y con firme seguridad lo hizo descender lentamente hasta señalar el suelo. La tierra dejó de girar, los pájaros cesaron de cantar, los grillos callaron, el viento no sopló, nadie pudo parpadear, ninguno osó tragar saliba, el tiempo no quiso pasar. Y Avieso se postró a su orden.

Una riada de servilletas y manteles blancos acompañó la posterior algaravía, y cuatro hombres pertrechados con sogas con las que ataban a sus bueyes obraron el indulto.

Juan Tomás, el Grande de Guijuelo, empezó ahí a labrar su leyenda y Violeta, después, se convirtió en la mujer detrás del mito.

Obdulia la del Teniente y el Sargento Corcuera estuvieron juntos en lo bueno y en lo malo, y si la muerte no los ha separado, viven todavía. Muchas copiaron el corte del vestido, pero ninguna consiguió igualar el derriere.

Raulito el de la de Tornos recordaría de aquella gloriosa tarde dos cosas, sus sandalias blancas con calado en forma de lágrima que le dejaba ver los dedos de los pies, y que en uno de los Oles se le había caído al suelo el trozo de Torta Borracha que le había dado su tía.

Avieso acabó sus días como semental, pastando en una dehesa extremeña. A su hijo le pusieron de nombre Tranquilo. Porque imitaba maneras del padre.

 

Maestro, cómo debe ser el toreo? “Debe ser técnico, donde la aritmética ha de tener un papel fundamental, poniendo en juego, como un supuesto cálculo de sumas y restas, la exactitud de los terrenos y los tiempos, e inteligentemente lograr la solución de los problemas, teniendo como resultado la perfección de la faena»

Marcial Lalanda

El aire en movimiento

En su sueño, una persona armada con un enorme mazo, golpeaba un muro de hormigón causando un enorme estruendo. El muro no sufría daño alguno, pero la persona persistía en golpearlo con el mazo, con golpes cada vez más potentes que aumentaban el ruido hasta límites insospechados. Él iba a preguntarle la causa de ese infructuoso empeño, cuando se despertó. Estaba bocabajo en su cama, con la cabeza debajo de una almohada. Le costó un mundo abrir los ojos, y apartar la almohada. Los golpes insistentes parecían haber atravesado la barrera de su sueño, y los podía oír con toda claridad. Alguien aporreaba la puerta principal de su casa sin pausa. Y daba voces. Salió de la cama y, aún manteniendo los ojos cerrados, dirigió sus pasos hasta la puerta principal mientras advertía al que profería tales voces y aporreaba su puerta que ya estaba en camino, su propia voz le sonó a gruta profunda. Iba a abrir la puerta, pero una voz que sonaba enlatada desde el exterior le conminó a no hacerlo.

-No abra la puerta! Repito, no abra la puerta y escuche atentamente!

-……

-Me está usted entendiendo?!Do you speak english?!

  • Le..le entiendo perfectamente..qué ocurre…?- Y miró a través de la mirilla, lo que vio le hizo apartarse de una vez, era una persona dentro de un traje rojo tipo escafandra que no permitía ver ni el rostro del que la portaba.
  • Mantenga la calma..!
  • Ya..pero..por qué?- Quiso saber él hablándole a la puerta,y, de pronto, claramente despierto.
  • Ha habido una explosión en la planta química!…una nube altamente tóxica cubre la ciudad!No abra puertas ni ventanas! Tampoco abandone su casa hasta nuevo aviso! Me está usted entendiendo?! Tiene usted animales?!
  • No…
  • Está usted solo?!
  • Sí…
  • Usted tiene el número 857! 8-5-7 !!. Recuérdelo para próximas incidencias!- Y acto seguido escuchó como se alejaba por el pasillo, él todavía se atrevió a mirar por la mirilla y alcanzó a ver a otras dos escafandras rojas cruzando por delante de su puerta.
  • 857..- Dijo más para si que en alto, luego se frotó los ojos y bostezó. Descubrió que estaba desnudo, estaba haciendo mucho calor aquellos días, así que no le sorprendió. Dirigió sus pasos hasta el baño, un minúsculo habitáculo iluminado por un lucernario sobre la ducha, orinó y se dispuso a volver a la cama.
  • Buenos Días…qué pasa?- Él dio un grito y casi se cae al entrar en el cuarto, todavía en oscura penumbra, ya que las cortinas estaban echadas y las persianas a medio bajar. Quien así le saludaba era una chica, que, incorporándose a medias sobre un codo, y tapando su desnudez con un edredón, le miraba aún confundida por el sueño del que acababa de despertar.-Uups..- Y rio al tiempo que se apartaba el cabello de la cara, él también intentó reirse sin conseguirlo- Ni idea de quién soy?- Preguntó con total sinceridad.
  • Yo me llamo Chente…- Aclaró él sin moverse de donde estaba, ella carraspeó y él la vió asentir en la penumbra.- Y tú?
  • Yo Tallulah…pero me puedes llamar Lulah..
  • Talulah..?
  • Chente…?
  • Me refiero…nunca lo había oído…por eso…
  • Soy „la luz que sale del agua“…o eso le pareció a mi padre…mi madre quería llamarme Zaire…en fin, Chente es por Vicente?…
  • No…
  • Mejor, me caen mal los Vicentes….- Y se quedaron los dos en silencio.- Chente, si no te importa yo me caigo de sueño, tú haz lo que quieras- Y sin más, Lulah se volvió a acostar y se tapó completamente con el edredón, Chente por un momento no supo qué hacer, y luego se metió también en la cama, volviendo a buscar esconder de nuevo la cabeza bajo la almohada. Como las avestruces. Siempre la mejor opción.
  • Chente..?
  • Lulah..?
  • Me tengo que ir…
  • Eso no es posible…
  • Créeme que podría quedarme así…en plan koala…sine die, pero me tengo que ir..- E hizo amago de apartarse de su abrazo, pero él la retuvo, ella alzó la cabeza y le miró intentando mantener la seriedad- Chente…mira…de verdad que me lo he pasado muy bien contigo, folla aquí folla allá…pero me tienes que dejar ir…- Él negó con la cabeza, ella parpadeó lento- Me vas a atar y torturar?…a mi nadie me gana a gritar…- Él rio.
  • Ha habido una explosión en la planta química…y hay una nube tóxica sobre la ciudad…no está permitido salir a la calle…- Explicó con calma, ella achinó levemente los ojos y luego soltó una carcajada.
  • Que imaginación no te faltaba ya lo sabía…pero esto ya es de matrícula…te concedo el desayuno, que ahora que lo digo…
  • En serio…tengo..tenemos el número 857..- Ella se apartó de él sin saber muy bien cómo reaccionar, él alcanzó un mando a distancia de encima de la mesilla de noche y pulsó el botón de inicio para enceder la televisión que colgaba de la pared contraria- Ves? No miento…- Lulah pudo ver entonces imágenes del dispositivo que se había montado, la planta química totalmente destruida y en llamas, que alcanzaban kilómetros en altura, cientos de ambulancias cruzando la ciudad a toda velocidad, bomberos, policía, helicópteros y vehículos militares en un desorden de imágenes y ruido. No pudo sonreír.- Aquí estamos a salvo…- Dijo Chente, ella continuó en silencio, abrazada a sí misma contra el edredón.- Pronto pasará todo, ya lo verás…- Intentó animarla él, acariciándole un brazo, ella se abrazó a él de nuevo, y él rio- la koala Lulah..- Dijo abrazándola a su vez, ella se mantuvo en silencio. Pero fue breve.
  • Vamos a morir de inanición..- Sentenció.
  • No, tengo muesli.

El apartamento de Chente constaba de una habitación, un pasillo que se recorría en dos zancadas al fondo del cual se encontraban la cocina tipo nicho y un cuarto de baño. Todo en cuarenta metros cuadrados, más o menos bien repartidos. La cocina era un cuadrado sin ventana, con dos hornillos eléctricos para cocinar con fregadero adosado que ocupaban una de las encimeras de obra, completaban el mínimo espacio seis alacenas, tres sobre la encimera de la cocina, y tres sobre la pared anexa, debajo de una de las encimeras encontraba su sitio una lavadora y un cubo para la ropa. Debajo de la otra había dos taburetes altos, sobre los que se sentaron a desayunar, después de tratar de hacerse una idea de la situación zapeando todos los canales de noticias.

  • En cuanto se levante el viento…se acabó, es cuestión de esperar- Dictaminó Chente sirviéndose un poco más de muesli, también le ofreció a ella, pero Lulah negó con la cabeza.
  • Ya, pero cuánto tiempo?- Preguntó colocándose mejor la camiseta de él que se había puesto, él levantó las cejas, pero no contestó.- Y Chente no es de Vicente…
  • Nop…adivina
  • Ignacio..
  • Frío..
  • Clemente..
  • Helado…
  • Romualdo…
  • Romualdo?- Ella rio, él negó con la cabeza.
  • Frío polar…
  • Pues hijo…no sé…
  • Tristán…Tristán Maredo López, encantado- Y le ofreció la mano como para presentarse, ella se la estrechó con una inclinación de cabeza.
  • Tienes nombre de actor de telenovela…
  • Puede..pero yo sólo respondo a Chente…en serio, ni me vuelvo, siempre me han llamado así…Tallulah tampoco es frecuente…
  • Te diré…Tulla, Tilila, Talala…de todo…En eso comenzaron a sonar las sintonías de dos móviles, ella encontró el suyo debajo de la cama, él en el pantalón que había llevado la noche anterior. Él se fue a hablar a la cocina, ella se quedó en el cuarto. Esa fue la primera de una retaíla de llamadas en todas direcciones, que se encadenaron unas a otras.
  • Amigos y demás parientes…- Explicó Chente, una vez hubo respondido a todas las llamadas.
  • Idem..- Dijo ella.

A partir de ese momento no les quedó otra opción que aprender a convivir. Empezaron por hacerse una entrevista el uno al otro para conocerse mejor, así Lulah supo que él había estudiado Sociología porque realmente había querído estudiarla, y ahora trabajaba para una fundación americana como parte de su maquinaria de proyectos. Chente supo de ella que había estudiado derecho, no porque le gustase en especial, sino por estudiar algo con salidas y ahora trabajaba en un buffete llevando asuntos menores y aprendiendo el oficio. Lo primero que hicieron fue hacer recuento de los víveres que Chente tenía en su cocina. Seis paquetes XL de muesli, tres litros de leche, medio paquete de espaguetis, un bote de salsa de tomate, cuatro cervezas, una botella de chadornay con un lazo rojo, dos paquetes de galletas de mantequilla, cuatro salchichas de un paquete de ocho y dos huevos Kinder. Ya que no sabían cuánto tiempo pasarían en aquella situación, decidieron hacer un racionamiento de todo aquello, para que les durase el mayor tiempo posible. Lo primero que se vació fue el Chadornay, le siguieron los espaguetis con la salsa de tomate y al segundo día sólo quedaba un paquete de galletas, una salchicha, y dos cervezas. Los huevos kinder acabaron por romperlos en trocitos y repartirlos equitativamente. Las sorpresas consistían en dos elefantes vestidos de bailarinas.

  • Hoooola Luliita!..Cuenta cuenta cuenta….que estás desaparecida….con esto de la nube por Dios…qué agobio…bueno di tú que en tu casa tienes espacio…pero a los hechos…cuenta…- Raquel Miranda, su amiga más antigua y la mejor la llamó por videollamada por la mañana del tercer día, le hablaba sentada sobre su sofá, con el pelo húmedo recogido enuna especie de moño, gafas y envuelta en una especie de bata de flores verdes, Lulah sonrió al verla, ella estaba sentada contra la pared blanca de la entrada,la única libre de estanterías en todo el apartamento, todavía vestida con una camiseta y uno de los calzoncillos de Chente, quien preparaba café tratando de no hacer demasiado ruido.
  • Hoola Raquel..yo…estoy bien..- Acertó a contestar Lulah, tratando de pensar qué historia le iba a contar.
  • Ya…me lo imagino, después de que te llevase „el tren“, porque que sepas que para Marta y para mi era un „tren“….por mucho que tú dijeses que „no estaba mal“….pero trenes así sólo pasan una vez en la vida…o nunca…mírame a mí…sola en la estación del olvido….bajo una nube tóxica….ay por Dios…cuenta algo…cercanías, largo recorrido…- Se explayó Raquel. Ante la sorpresa de Lulah, Chente se sentó junto a ella y buscó aparecer en la pequeña pantalla, Raquel soltó una especie de chillido y se tapó la boca con la mano libre, casi se le caen las gafas.
  • Hoola Raquel…soy Chente, Buenos Días…un express,de ser, entonces, un tren express….- Bromeó mirándolas a ambas, Lulah rio y se tapó la cara con la mano libre- ahora..en serio…todo bien, no soy un asesino en serie…- Aclaró regalándole la más bonita de sus sonrisas, Raquel se colocó bien las gafas y acercó más el teléfono, todavía muda.
  • Raquel…estoy bien…
  • Muy bien…-Apostilló Chente, ella le pellizcó el costado- Como ves yo soy el rehén..aquí..
  • Raquel….- Comenzó Lulah tratando de mantenerse seria-…yo..te llamo más tarde…
  • Y si no te llamo yo…tranquila…por hablar con alguien que no sea un koala devora galletas…y gracias por lo de „Tren“…ha sido mi momento baam- Anotó Chente, Lulah le empujó riendo y él la atrajo hacia si provocando que ella casi soltara el teléfono, cuando volvió a recuperarlo Raquel aún seguía en la misma postura.
  • Raquel…
  • Raquel…- Imitó Chente
  • Adiós Raque…- Y Lulah colgó, luego le miró tratando de parecer amenazante, pero él hizo como que se valanzaba sobre ella imitando el rugido de un tren .

 

 

  • 857 escúcheme con atención…- El timbre había sonado rompiendo el silencio al comienzo de la tarde del cuarto día, asustándoles mientras veían una serie. Chente fue a ver qué es lo que pasaba.
  • Me está usted escuchando?
  • Sí, estoy aquí…- Respondió Chente algo enervado- Lo siento…perdón..
  • No tiene importancia. Vamos a proceder a instalar una placa transparente de material aislante ante su puerta con una compuerta en su parte inferior através de la cual se le suministrará un paquete semanal de alimentos básicos,me sigue?…
  • Sí…
  • Entre la placa y su puerta crearemos un compartimento estanco, donde depositaremos el paquete, para ellos recortaremos su puerta en su base e instaleremos un mecanismo que sólo usted podrá abrir desde dentro presionando levemente la tapa y así recoger los alimentos…también depositará ahí la basura, que será recogida periódicamente.
  • Entendido…pero por qué?..
  • La nube es más tóxica de lo estimado y en este edificio lo que sobran son corrientes…además algunos ya han desatornillado la mirilla para poder fumar…
  • Qué?
  • También se han dado casos de cangeo de viviendas, o formación de comunidades….Con el primer paquete le suministraremos una pistola de silicona con la que podrá sellar sus ventanas por prevención y un ventilador para que pueda al menos mover el aire ahí dentro….Qué ha sido eso?- Chente se volvió y vio a Lulah sentada en el suelo tapándose la boca con las manos, tratando de acallar su angustia, él se pasó las manos por el rostro y trató de buscar una excusa convincente.
  • La tele…era la tele…
  • El paquete contendrá alimentos básicos como leche, huevos,pan, mantequilla, una botella de aceite, patatas, galletas, cinco piezas de fruta, dos de verdura….es usted vegetariano?
  • No..
  • Se alternará carne y pescado, esto último congelado…además se le permitirá hacer pedidos excepcionales de productos de aseo o medicamentos que necesite. Alguna pregunta?
  • Sí…hay viento?
  • Todavía no
  • Gracias..
  • Intente hacer ejercicio y cierre las cortinas para evitar el sol…
  • Lo haremos…digo…lo haré..
  • La instalación se realizará a las tres.Le ruego mientras esto sucede permanezca usted en la habitación principal de la casa con la puerta cerrada, también ha de cerrar la puerta del baño para evitar corrientes…me ha entendido?
  • Sí..
  • Timbraremos dos veces cuando empecemos y cuatro cuando hayamos acabado…
  • Entendido…
  • Hasta más tarde, 857..

Chente se acercó a Lulah, que estaba a punto de hiperventilar, incapaz de respirar con regularidad y sin saber qué hacer con sus manos, y se las cogió.

  • Lulah…Lulah…mírame..
  • Lulah…mírame…y respira, respira hondo por la nariz, así..y sueltalo por la boca…hondo por la nariz…sueltalo por la boca..mírame…todo está bien, no va a pasar nada..Lulah no llores…hondo por la nariz..luego por la boca…vamos a hacer una cosa, de acuerdo?..seguro que todos esos paneles los traen en camiones, verdad?…pues vamos a la ventana y los vemos descargarlos, así nos hacemos una idea de cómo son…si?..ven…- Y sin soltarla de las manos la llevó hasta la ventana del cuarto, subiendo un poco la persiana, Lulah se abrazó a él mientras observaba como iban llegando los camiones y se secó las lágrimas con la palma de la mano, él también la abrazó y trató de respirar hondo. Primero por la nariz, soltando después el aire lentamente por la boca.Cerraron las puertas que el hombre de la escafandra les había ordenado, y esperaron.

    Los dos timbrazos que anunciaron el comienzo de la instalación les asustaron, Lulah se había decidido por tumbarse en el suelo, con las manos sobre el viente mirando al techo, Chente por continuar observando el transporte de las placas desde los camiones hasta los edificios.

    Apenas veinte minutos después sonaron los cuatro timbrazos que anunciaban el fin de la operación. Lulah se tapó la cara con las manos. Chente abrió la puerta de la habitación y miró cómo era la nueva trampilla, metálica, rectangular y sin pomo.

  • A lo mejor las galletas son de chocolate…- Dijo la voz de Lulah tras él, Chente se volvió y sonrió.
  • Habrán puesto vino…también es básico..o no?- Preguntó, ella se frotó las manos una contra otra y dibujó un gesto de viva curiosidad.El paquete contenía lo que el hombre de la escafandra le había enumerado a Chente, esa primera semana como carne habían incluido una bandeja con cuatro pechugas de pollo. La cantidad de producto estaba pensada para una persona, así que, como ya habían hecho antes, lo dividieron todo en raciones para dos. Las galletas esa semana eran María.

    A veces, para cambiar el escenario del cuarto, llevaban el edredón y las almohadas a la ducha y se tumbaban encima a observar el cielo y lo que en él pasaba a través del lucernario, si era de noche, las estrellas, y lo hacían durante el día, el paso incesante de helicópteros.

  • Antes te llamó tu hermano…- Comentó Lulah
  • Sí..
  • Y justo después me dijiste que el Whatsapp también era de tu hermano…cuántos sois?..
  • Nosotros somos cuatro, muy seguidos, y nos parecemos mucho para más inri…así que te puedes hacer una idea de lo que pudimos ser de pequeños…
  • Tu pobre madre…- Chente negó con la cabeza sin apartar la vista del lucernario.
  • Mi madre murió cuando yo tenía tres años…
  • Uy, lo siento..- Chente se encogió de hombros
  • Mi madre comenzó a salir con mi padre, se casaron, nos tuvo a los cuatro en tiempo record y al poco tiempo murió… ya está…no hay más leyenda detrás…
  • Algo os acordaréis de ella…-Chente la miró fugazmente.
  • Se habla de ella cuando sale a colación por algo….y tenemos fotos, pero nada más…quien más se acuerda es Kimo, mi hermano mayor, tenía cinco y guarda más cosas…
  • Kimo?…Chente…Buscásteis los nombres a posta?- Preguntó Lulah riendo, Chente sonrió, Lulah observó que hablar de sus hermanos lo ponía de buen humor, incluso sus ojos parecían llenarse con una nueva luz.
  • Te explico…Kimo, el mayor, fue un bebé precioso, al parecer, y todo el mundo al verle decía „Qué mono!“ de tanto „Quémono“..le quedó Kimo, pero se llama Alberto, como mi padre; Lelo, se llevan once meses, cuando empezó a hablar se pasó meses diciendo sólo „Lelolelolelo“ a todo, daba igual qué, y le quedó, se llama Miguel; Chente, once meses con Lelo, me lo puso Kimo, de cómo pasó de Tristán a Chente nadie lo sabe; y por último Ten, o Teni, yo le llevo un año justo, como siempre iba de brazo en brazo y todo el mundo decía „Ten“…acabó pensando que se llamaba así…no te rías…es verdad…, se llama Hugo. „Los cuatro del cinco“ nos llamaban, por el número de mi casa, éramos terribles…- Explicó acompañando su narración con el movimiento de sus manos, y tratando de no reir con sus explicaciones, como hacía Lulah.
  • Entonces diré…tu pobre padre…- Aventuró Lulah, él asintió con la cabeza.
  • Algún día le haremos entre los cuatro una estatua…
  • Vive solo?
  • Eso es lo que quiere él…pero no le dejan… Kimo volvió a casa después de acabar con su novia y Ten no tiene prisa por irse, Lelo está ahora en un pueblo del Pirineo…
  • Y qué hace allí?..
  • Es guarda forestal…- La miró casi adivinando su sorpresa, y rio- La cabra tira al monte…
  • Seguro que tú también las montaste buenas…- Él sonrió y la besó en la frente.
  • Y tú?..“Tu vida en cinco minutos“…- Bromeó.
  • Yo soy hija única, mis padres están divorciados y pasé la mayor parte de mi vida en internados porque siempre estuvieron muy ocupados de un lado para otro y con otras parejas….me llevo bien, no creas, mi madre vive ahora aquí y nos vemos con frecuencia…mi padre vive ahora en París…
  • Mi padre nos amenazaba con enviarnos a un internado cada vez que pasaba algo…grande..
  • No se está tan mal, las series les han puesto mala fama…pero yo fui muy feliz…- Se quedaron unos instantes en silencio, contemplando las estrellas.
  • Lulah..
  • Chente…
  • Creo que es hora de levantar campamento.

El teléfono de Lulah no solía sonar con tanta frecuencia como el de Chente, sus padres se habían interesado por su estado en las primeras horas del desastre y después ella se limitaba a enviarles señales de vida con emoticonos, que ellos respondían o no, según el día. Además hablaba diariamente con Raquel y con Marta, hasta que a esta última se le cayó el móvil en la bañera y tuvo que limitarse al Skype. Por eso a Lulah le extrañó mucho recibir una llamada desde un teléfono desconocido a mitad de una tarde que parecía querer fundir el mundo con el calor del sol.

  • Sr. Caniñejas…Buenas Tardes..- Saludó Lulah, sin saber muy bien si era así como tenía que saludar por videollamada de whatsapp al dueño del bufete de abogados donde trabajaba, al que nunca había visto en persona salvo en fotos, que desconocía que tuviese su número de móvil, y que le miraba fijamente desde la pantalla.
  • Buenas Tardes, Srita Mediavilla…se dice todavía así…?- Caniñejas era un hombre de pelo blanco, y rostro de expresion severa, que en la pequeña pantalla llevaba una camisa azul cielo sin corbata, parecía estar de pie ante un tapiz con flores.
  • Sí, claro, no hay problema…en qué puedo ayudarle?- Preguntó Lulah sentándose mejor contra la pared blanca , Chente, desde la cocina le preguntó con un gesto que quién era, y ella extendió el brazo como respuesta, él asintió y continuó secando los platos.
  • Se sorprenderá usted de mi llamada…por este medio, pero no me ha quedado otra opción…el número lo encontré en su curriculum…en fin, ante todo, me alegra que esté usted a salvo…
  • Gracias…a mí también, me refiero..que también me alegro de que usted se encuentre bien…
  • La llamo en relación al Caso Filemón…- Chente se preguntó en susurró „ Y Mortadelo?“ mientras guardaba los vasos, y Lulah hubo de carraspear y maquillar una mueca parecida a una sonrisa para no reír.- Verá usted…ahora se han sacado de la manga otro informe pericial de un perito independiente, y piden que se compare con el ya existente…el problema es que eso lo iba a llevar Losada, y está ilocalizable…al parecer se fue con su mujer sin móvil a algún lugar „para desconectar“…y lo ha conseguido…resumiendo..- En eso una voz de mujer le apremió a acabar con la llamada porque iban a comer, Caniñejas le contestó que sólo serían un par de minutos, y regresó a Lulah con un gesto de disculpa en su rostro, que ya había perdido su severa expresión para dar paso a una de casi cansancio, por último se pasó la mano por el cabello- Lo haría yo mismo…pero a mí esta catástrofe me ha pillado en la reunión anual de la familia de mi mujer en Ávila…y también estamos confinados, los ciento cincuenta……en fin…por dónde iba?…
  • Por Losada …
  • Gracias, y he pensado que como usted ya está revisando el primer informe, pues no le resultará complicado revisar el otro al mismo tiempo…- Lulah asintió con la cabeza, casi creyéndoselo.
  • Claro, por supuesto Sr. Caniñejas…envíemelo por Email…..a mi Email privado..por favor..es que yo ..esto…- Chente llamó su atención desde la cocina, donde se había sentado en el suelo a esperar el fin de la llamada, y le dijo sin voz „FORMATEAR“, ella le miró fugazmente y carraspeó- Estoy …formateando algo…y el otro no es posible…inventó- Caniñejas asintió sin encontrar problema alguno.
  • El Email supongo que será el mismo que está en su Linkedin…me he tenido que permitir la libertad, espero me disculpe…- Y pareció sonreír, ella también sonrió.
  • Me hago cargo, Sr. Caniñejas…
  • Pues nada…en cuanto pueda se lo hago llegar…y me mantiene al tanto de sus avances, esperemos que esta situación no se alargue demasiado y podamos volver a la normalidad cuanto antes…- Lulah asintió en silencio y optó por un sonido indistinto como respuesta- Le deseo una feliz semana…
  • Gracias, Sr. Caniñejas…igualmente…- Y Caniñejas cortó la comunicación. Lulah dejó caer los brazos y fingió llorar.- Losada!…Dónde estás Losada!..- Exclamó fingiendo desesperación, Chente se acercó a ella y la ayudó a incorporarse.
  • Tu eres un pájaro mañanero…yo más bien un buho…así que creo que con mi laptop nos apañamos- Dijo tratando de animarla, ella le miró fingiendo un puchero.
  • Mil hojas…Chente…mil…, y llevo trescientas…supongo que ahora serán otras mil…y hace calor, y el ventilador reparte aire volcánico…y no tenemos chocolate…y si sudo más desaparezco, de verdad…y no sé ya qué hacer con mi pelo..ahora entiendo a Britney, en serio..tú no tendrás una maquinilla de esas…
  • Quién es Britney?

Lulah optó por darse una ducha fría. Para tratar de pensar con más claridad.Mientras Lulah se duchaba, Chente se entretuvo en viajar por Internet sin rumbo, para enterarse de algo de lo que ya no estuviese más que informado. Cuando todo aquello acabase se tomaría un tiempo sabático de las redes, estaba repasando una lista de los videos más vistos de las últimas horas, cuando dio con uno que estaba siendo retransmitido en tiempo real, que le hizo levantarse de golpe y correr al baño.

  • Lulah!…sal de ahí…- Lulah que disfrutaba de su tiempo a solas bajo el potente chorro de una ducha casi fría, no abrió los ojos ni se movió.
  • No pienso!…
  • Lulah….te está viendo media humanidad…- Y diciendo esto la cubrió con una toalla, mientras ella miraba sin entender nada hacia el lucernario, antes de salir de la cabina dirigió hacia allí el dedo corazón de su mano derecha al tiempo que lanzaba todo tipo de improperios a todo pulmón hacia el lucernario.- No puedo estar más de acuerdo….
  • Gracias!….cómo llega la gente a estas ideas…por el amor de Dios!…ni una puta ducha!, joder……así se caigan todos los satélites de una vez…- Protestó ella mientras volvía al cuarto sin dejar de desear todo tipo de desgracias a aquel que había tenido la idea, Chente cogió una camiseta suya y cinta aislante, luego se subió a uno de los taburetes de la cocina y la pegó contra el lucernario tapándolo casi por completo, lo que sumió el mínimo baño en una extraña penumbra azul. Al menos.La Fundación Chetlar, con base en Palo Alto, California, dedicaba una gran parte de sus fondos a grandes proyectos por todo el mundo. De todo tipo, desde ayuda a paises en fase de desarrollo a rehabilitación de monumentos, pasando por la construcción de edificios inteligentes o parques de agua infantiles. La Fundación había sido llamada a la vida por Chester y Larry, dos hombres que habían tenido una vez una idea genial y única. Tan genial y tan única que un comprador anónimo la había adquirido por tal cantidad de millones de dólares que ellos y dos generaciones de sus descendientes necesitarían varias vidas para gastarlo. Para ellos trabajaba Chente, como parte del engranaje de sus proyectos. Cada semana tenía una video-conferencia con ellos, con los que se entendía en inglés, para ponerles al día de su segmento de acción. Aquella semana no fue una excepción.
  • Hola Gente!
  • Buenos Días Larry. Buenos Días Chester…
  • Dónde estás…estás enfermo o algo?
  • Estoy en mi casa…y no, no estoy enfermo…lo que pasa es que…
  • Homeoffice!…alguna vez lo hacemos sí…
  • Sobre todo cuando llueve…
  • Aquí no llueve nunca Larry…
  • Pues eso…cuando llueve, Chester…
  • Ya…lo que pasa es que…
  • Noticia Bomba Gente!…te vas a Islandia!- Chente escuchó la apenas comedida risa de Lulah desde la cocina, Chente suspiró y se pasó la mano por su barba de varios días, recordando entonces que en algún momento tenía que volver a afeitarse, Larry se acercó un poco más a la pantalla, de forma que Chente pudo ver sus ojos azules a través de sus gafas de pasta verdes.- No te hace ilusión?….te hemos planeado una excursión a los Geysers…plaaasch!- Chente iba a decir algo, pero Chester apartó a Larry para poder acaparar él la pantalla.
  • Y paseos a caballo….si no sabes no importa, al parecer ya están acostumbrados…
  • Esa nada absoluta…y ese frío…no pareces muy feliz Gente…tienes alergia equina o algo?- Chente no pudo evitar reir, Larry aplaudió.
  • Ya está…ya puedo morir en paz…se ha reido…confiésalo, la ensayas durante horas en el espejo, la has patentado ya…- Chente le regaló una carcajada casi triste.
  • Estoy confinado en casa…no puedo salir desde hace una semana, por culpa de una nube tóxica…
  • Nube Tóxica…suena a insulto „No eres más que una Nube Tóxica“..- Apostilló Larry, Chester le empujó la silla con ruedas de forma que fue a dar lejos de la mesa ante la que estaban, Larry lo celebró con un aullido imitando a un niño en un tiovivo.
  • En serio?…Dónde?..- Se interesó Chester
  • Chester, tan listo para otras cosas….justo ahí abajo a la derecha te lo dice..!.- Informó la voz de Larry desde algún lugar de la estancia.
  • Hasta que desaparezca no podemos poner un pie fuera de estas cuatro paredes, literalmente cuatro, creedeme…
  • Podemos?
  • Él y su „Grande-Bellezza“
  • La población…todos nosotros…la ciudad…- Intentó explicarse Chente abriendo sus brazos en el aire como queriendo abarcar toda la ciudad con ellos, Lulah volvió a reir desde la cocina, pero Larry y Chester parecieron no darse cuenta.
  • Waw!….te vas a morir de hambre…
  • Y de sed…bueno no, o si?…qué horror…puedes hacer un Directo, yo te sigo fijo…
  • Nos suministran comida y podemos beber agua…..- Chester y Larry se quedaron un instante en silencio, algo totalmente inusual en ellos, como pensando, ambos mirando hacia algún lugar que no era la pantalla. – Pero estamos…estoy bien…
  • Lo de Islandia no hay problema….te conectas con Igur y ya está…pero lo del Directo es buena idea…- Soltó Chester de pronto, Larry se dejó ir con la silla hacia algún lugar de la estancia.
  • BAAAMM!- Gritó al tiempo que reía divertido.
  • Perdón?- Preguntó Chente, sin saber cómo entenderlo.
  • Aquí ahora son las nueve….y ahí las cinco no?…creo…perfecto, entonces tú nos puedes contar diario lo que ha pasado durante el día….si puedes filmar algo mejor…y nosotros nos encargamos del resto…
  • Atrapado en la nube“….somos viral en horas….- Apuntó Larry tratando de acaparar pantalla, Chente se limitó a suspirar y abrir sus manos en el aire, cuando aquellos dos tenían una idea era muy difícil sacársela de la cabeza.
  • Me pongo ya con los prolegómenos…para darle intriga…y mañana nos cuentas….
  • A lo mejor hasta te descubren…
  • Larry…ya está descubierto….Gente es nuestro hombre en la Nube….
  • Pues…muy bien…entonces mañana más…
  • Contacta con Igur….así no se ahogará en un vaso de agua….
  • O en un Geysser…
  • Larry, claramente necesitas multiplicarte por cero hoy…..hasta mañana Gente!- Y cortaron la comunicación. Chente se incorporó y se dirigió a la cocina. Lulah, sentada sobre uno de los taburetes hacía un rato que había acabado de escribir lo que tenía planeado.
  • Tienes unos jefes muy simpáticos…me recuerdan a Epi y Blas…- Rio, Chente sonrió pero negó con la cabeza.
  • Son hermanos…
  • Y Epi y Blas lo son, o no?- Chente levantó las cejas en un claro gesto de escepticismo.
  • Ahí ya no entro….
  • Y por qué te llaman Gente?- Chente abrió la nevera y sacó dos yogures, los de esa semana eran de frutas del bosque. Luego se sentó junto a ella.
  • Por Chente, a Larry le resultó gracioso pronunciar la ch como ge…y se quedó así..
  • Una de las que trabaja en el despacho me llama Luli…no hay cosa que más me reviente…
  • Luli-La-Koala…nop…no queda bien…- Ella le pegó en un brazo haciéndose la ofendida, él rio y se acabó el yogur de una sola cucharada, ella se incorporó de la silla para tirar los dos vasitos a la basura y salió hacia la habitación.
  • Y cómo hacemos con lo del „Directo“?- Preguntó ella sentándose sobre la cama, él se sentó junto a ella. Por un momento se quedaron los dos así. En silencio. Sentados contra el cabezal, en la postura del sastre, mirando hacia la televisión apagada frente a ellos. Chente alcanzó el mando y buscó la opción de Netflix.
  • Ya improvisaremos algo….siguiente capítulo?
  • Siguiente capítulo

 

 

  • 857 su paquete de supervivencia ya está preparado, algún producto especial?
  • Sí, gomas del pelo y acondicionador..
  • Gomas del pelo?
  • Sí…
  • Tiene usted el pelo largo?
  • Supone eso un problema?
  • Con las temperaturas que se espera que alcance el termómetro en los próximos días, le recomendaría cortárselo, por prevención..
  • Lo haré…gracias, pero dejeme las gomas…de todas formas, si hace el favor…
  • Hasta la semana que viene, 857

Las temperaturas subieron aún más en los días posteriores, y la falta absoluta de viento no ayudaba a que la nube tóxica despareciera. Por motivos que escapaban a cualquier explicación, la nube se expandía, y ganaba kilómetros día a día, alcanzando territorios y ciudades que antes habían permanecido libres de su radio de acción. Chente y Lulah ordenaron alfabéticamente todos los libros que estaban en las estanterías, limpiaron el único armario y lo organizaron tres veces, la última por colores, vaciaron las alacenas de la cocina y les pasaron la aspiradora, aprendieron a jugar al poker y al skat, buscaron recetas con arroz, y trataron de comenzar a hacer regularmente ejercicio.

-Esto no puede ser así….

-Muévete hacia allá…

-No..si encima..te ríes me expulsas…

– Está usted expulsado!….

-A ver…es que si no te rompo una pierna….

-Me muero….

-No el que se muere soy yo…que no siento el brazo…

-Más para acá…

-Además estás lejísimos…te mando un fax o cómo?

-Da la vuelta…

-A qué….así?

-Au…más para acá…

-A más tardar…el viernes viene Escafandra…y nos ayuda….

-Me parto…

-No…me partes a mí…que es distinto…..levanta…así…

-Entonces aparta…ahora…

-…Si me contagias la risa…entonces apaga y vámonos…

-Vale…a dónde…

-Al circo…de contorsionistas…

La hora de la cena la marcaba una telenovela a tiempo real que dieron en llamar „Amor Apache“. No la daban en ningún canal de televisión. Ni constaba en ninguna plataforma. Cada día a las nueve en punto de la noche una pareja del edificio comenzaba a discutir a gritos. Cada día sobre una cosa distinta, y trayendo a colación hechos y situaciones en el pasado de ambos que llevaban a que la discusión se alargase por cerca de una hora, tiempo que ellos utilizaban para comer lo que hubieran preparado como cena, mientras atendían a los complicados vericuetos de las explicaciones que aquellos dos se echaban en cara. No eran los únicos espectadores. „Amor Apache“tenían un público fiel. Alguien,en algún lugar, decidió ponerle sintonía al final de cada discusión, que acababa siempre bien, y cuando el eco de sus voces se callaba, dejaba sonar „Quererte a ti“ de Angela Carrasco a todo volumen. Algunos incluso aplaudían.

Después veían algún capítulo de alguna serie. Decidieron ir viéndolas por orden de aparición. A veces Chente tenía que conectarse con Larry y Chester, y Lulah leía o viajaba por el mundo a través de Instagram.

En algún momento, el hada madrina de Cenicienta les amenizó las sobremesas, lo que delató la presencia niñ@s en el bloque. Salacadula Chalchicomula Bibidi Babidi Bu, Siete palabras de magia que son:Bibidi Babidi Bu. Lulah cogió la costumbre de bailarla imitando los movimientos del hada escogiendo como barita mágica un bolígrafo, Chente acabó por cantarla también, pero él cambiaba el estribillo por „Lulah“ cuando cuadraba.

Una mañana Lulah, que se había puesto los cascos para trabajar en su turno, se volvió al ver a Chente tras ella, quien parecía bailar una coreografía absurda y cantar con aspavientos algo que ella no podía escuchar, sin salir de su asombro se quitó los cascos, si había algo que Chente no hacía a no ser que ella le animase, era bailar. Cuando descubrió qué canción era, ahogó una carcajada en la garganta sin saber a qué venía tal derroche de pasos.

-“Morir de amor, y no morirse solo en desamor, y no tener un nombre que deciiiiir al vieeento“ „Morir de amooor, y no morirse solo en desamorrr, y no tener un nooombre que deciiirle al viento“- Repetía medio en play-back, ya que desde algún lugar llegaba alto y clara la voz de Miguel Bosé cantando sus penas, y volvía siempre a la misma estrofa, como en bucle.

  • Chente….tranquilízate…
  • Y no tener un nombre que deciiir al vientoooo“…que no hay viento joder!! No hay!…lleva una hora, una hora! en bucle….nada contre Bosé…nada!…pero coño..pon otra….que no tenga viento!….
  • Chente….
  • No hay viento…Lulah…no se mueve el aire…No hace falta que me lo recuerden!- Y gritó su frustración hacia algún lugar del techo, después se tapó la cara con una mano, como dándolo todo por perdido.
  • Chente…yo creo que lo que tienes es hambre…- Él la miró por entre los dedos, mientras Bosé seguía cantando sus penas en bucle, ahora a más volumen, y se encogió de hombros, ella dejó los cascos sobre la mesa y le cogió de las manos.
  • Arroz a la cubana?
  • Y de postre un chupito de ron
  • Sea..- Y se alejó bailando al ritmo sin soltarle la mano, él la imitó y la hizo girar sobre si misma , para luego girar él antes de entrar en la cocina.

 

  • 857 vengo a confirmar que se encuentra usted bien…
  • Pues si..perfectamente, muchas gracias..nueva rutina?
  • No, hemos recibido informes de que le han escuchado a usted hablar solo durante el día, y quejarse como de dolor repetidas veces …
  • .
  • 857?
  • Tiene…fácil explicación…yo..teletrabajo, sabe usted?, por eso pareciera que hablo solo…y mis quejas…no sé…a veces me dan calambres….
  • Intente hacer ejercicio…
  • Ya lo intento…
  • Si tuviera algún problema, no dude en comunicárnoslo, y nuestro equipo de psicólogos le ayudará…
  • Muchas Gracias, muy amable…espero que no sea necesario…
  • Hasta la semana que viene 857…

Chente regresó al cuarto, y se encontró a Lulah tumbada sobre la cama, en fingida actitud vamp.

  • Necesito tu calambre….- Él rio
  • Lulah…- Y subiéndose a la cama, comenzó a hacerle cosquillas.- Todos?
  • Todos tus calambres, Chente…todos los que tengas…- Rio ella tratando de hacérselas también a él.

Chente hablaba diariamente con su padre y sus hermanos, además, se intercambiaban incontables whatsapp, lo que hacía que su teléfono no cesase de timbrar por uno u otro motivo. Llegado un punto decidió organizar un chat via Skype, por el que podrían hablar unos con otros sin necesidad de mandarse mensajes de voz interminables y así les podría presentar a Lulah. Ésta propuso invitar también a Raquel, quien estaba pasando el confinamiento sola y con toda seguridad necesitaba hablar con otra persona que no fuese ella misma.

  • Bueno…antes de nada os presento a Lulah…
  • Hola Lala.
  • Hola Lucía..
  • Cómo dices que se llama?
  • Holaaa..Y es el diminutivo de Camila…o cómo?
  • Me llamo Tallulah, pero me llaman Lulah- Explicó ella, Lelo en una pantalla, y los otros tres en la otra asintieron, ella sonrió, eran todos tan parecidos entre si que podrían afirmar que eran cuatrillizos, el único que no tenía nada que ver físicamente con ellos era su propio padre, un hombre de pelo rizo corto, ya algo blanco y gafas tipo truman, que estaba sentado entre sus dos hijos y le avasallaban en altura.
  • Y te vino de regalo en un Kinder….- Bromeó Kimo, el único que, como su padre, también llevaba gafas que parecían de pasta oscura.
  • No…seguramente ya están casados y tienen tres críos…pero se olvidó de comentarlo y tal…- Continuó Lelo, que mientras participaba en el chat comía un bocadillo.
  • Qué va…repartieron las chicas y a él le tocó en suerte…- Apostilló Ten, de los cuatro el que tenía el pelo más oscuro y más corto. Chente rio y negó con la cabeza.
  • Digamos que pasamos esto juntos..-Resolvió rodeándola con una brazo y mirándola orgulloso de su respuesta, ella se lo confirmó con un beso en la mejilla.
  • Eh! Nada de porno que aún no son las doce…- Protestó Lelo.
  • Cómo lo lleváis?- Preguntó Chente.
  • Yo bien…estos dos parecen dos tigres de Bengala..- Explicó tranquilo Juan, el padre, señalando a sus dos hijos con los pulgares.
  • Es que Ten no entiende que yo quiera estar solo..
  • Pues haberte quedado con Mar….
  • Qué tiene que ver Mar en esto…?
  • Ves?…así todo el rato…- Cortó Juan dándoles por imposible.
  • Y yo solo como la una…- Se quejó Lelo, Chente iba a decirle algo, pero una ventanita azul comenzó a parpadear en la esquina izquierda.
  • Ya encontró el enlace…- Le dijo a Lulah, quien rio.
  • Se pierde en su propio salón…así que hay que darle mérito..- Susurró, Chente pulsó click sobre la ventanita y pudieron tener una vista clara de un sofá de tres plazas vacío.
  • Y esos son los estudios centrales….- Rio Ten.
  • A lo mejor es que es invisible…- Dijo Juan, en eso Raquel volvió a sentarse en el sofá y se dio cuenta de su presencia lo que la asustó y se llevó la mano al pecho.
  • Ah! Y quién es esta gente!- Exclamó poniendose bien las gafas. Como respuesta recibió un aluvión de risas y toda una serie de comentarios enredados entre si de todos a la vez.
  • Os presento a mi amiga Raquel…- Dijo Lulah cuando fue capaz de hacerse oir, los de las otras ventanas se acercaron un poco más a la pantalla y asintieron.
  • Chente…con nube o sin ella los harenes están prohibidos…- Aclaró Kimo
  • Hola desde el Pirineo, Raquel!- Saludó Lelo moviendo los dedos de las manos en el aire.
  • El Pirineo?….pero ya se puede salir?…y por qué nadie me lo ha dicho..?- Se preguntó Raquel mientras alcanzaba su móvil, como si allí fuera a encontrar la respuesta.
  • Yo estoy en el Pirineo…sin nubes, el resto estáis pringando con una…y me llamo Lelo, soy el hermano de esos de ahí..- Explicó Lelo, para dar después un bocado a su bocadillo, Raquel parpadeó varias veces y miró a todos los presentes.
  • Hola..Buenas Noches Lelo…soy Raquel…qué suerte, el Pirineo…que estás de acampada o algo?
  • No, él dice que trabaja allí..- Anotó Kimo
  • Está tomando aires..- Comentó Juan con su tranquilidad habitual.
  • Yo ya ni me inmuto…sabes?…es envidia…
  • Y sois gemelos…
  • Diferidos…- Apostilló Chente
  • De qué es ese bocadillo?…mato por uno…también a vosotros sólo os dan pan de molde?- Preguntó Raquel.
  • Yo voy a acabar odiando el arroz..
  • Lomo con queso..
  • Tú danos envidia…
  • Por fin he aprendido a hacer tortilla…
  • Las galletas son pocas…
  • Lomo y queso…qué combinación más exótica..como chocolate con limón..
  • No metamos al chocolate en esto, porque no atiendo a razones….
  • Yo lo que peor llevo es el ventilador….no me deja dormir…
  • Yo a Miguel Bosé…
  • Ah!….vive por ahí?
  • No creo…
  • Y ya has visto algún oso?
  • Quién?
  • Hombre supongo que yo…si encima ahora viérais osos…No, noy hay…lobos, veo lobos..- Y todos sus hermanos aullaron en diferentes tonos y formas, Lelo ni se inmutó- Envidia, Raquel…purita envidia…
  • Os ponen al Bosé para despertaros o qué?
  • Corazón Corazón malherido…
  • No…cómo se llama Lulah?
  • Morir de amor….de una a dos…en bucle..
  • Aquí son muy sosos, pasan…
  • Papá cuánta extensión es sesenta campos de fútbol?
  • Una barbaridad de grande….ni idea..
  • Hay gente confinada en Ávila…
  • Ávila?
  • Pasé una vez en moto…creí que moría de hipotermia…
  • Y cuándo tuviste moto tú?
  • Iba de paquete…
  • De paquete a Ávila“ suena a National Geographic…
  • Lo dice el „Uy mira, no es un delfín, es un tiburón…“
  • Era una cría…
  • Me encantaría nadar con delfines…
  • Caminar con lobos tiene su aquel…
  • Raquel, huye…
  • Si esto se va a convertir en „Siete novias para siete hermanos“ versión Maredo, no contéis conmigo…
  • Mar!! Vueelve Maar!
  • Él ahora solo quiere ser el novio de la muerte…
  • La canción es preciosa…
  • Quién es legionario de vosotros?
  • Por méritos todos…
  • Qué bien me lo estoy pasando…mañana a la misma hora?..lo digo porque quiero ver otro capítulo de la serie esa que sigo sin que se haga muy tarde…
  • Cuál, papá?
  • Es de un hombre que entra en una carcel, pero que no es una carcel porque detrás está el FBI y su mujer está en protección de testigos en Alaska, y por eso su hija quiere ser bailarina…
  • Pues mañana más…
  • Y de verdad que caminas con lobos?
  • Kevin Costner a mi lado no es nadie…Raquel.

 

El ventilador que les habían suministrado funcionaba día y noche, los situaban siempre en distintos puntos del minúsculo apartamento, para tratar de mover el aire. Y éste se movía, pero no dejaba de ser caliente. Esto no impidió que Chente se acatarrase sin remedio, y que contra todo pronóstico acabase tumbado sobre la cama tiritando de fiebre y con una toalla mojada en agua fría tapándole perennemente la cabeza.

  • Mañana viene…escafandra..- Le dijo a Lulah tratando de que no le doliese la garganta, quien trataba de no acercarse demasiado para no ser dos lo que volasen con la fiebre.
  • Y qué hacemos?
  • Le pides un antigripal…
  • Yo?..pero oirá que…
  • Algo inventarás…- Y pareció quedarse dormido bajo la toalla.
  • Chente…Chente!
  • Hey…no grites..koala…- Ella suspiró más tranquila, mientras trataba de pensar qué le diría a la escafandra.

 

  • 857 su paquete de supervivencia ya está preparado, algún producto en especial?
  • Pues sí, mire…Buenos Días, ante todo, dos paquetes de antigripal y aspirina efervescente, ah y harina…
  • Según mis datos, 857, usted es un varón….
  • Qué quiere decirme con eso?- Preguntó Lulah hablándole a la puerta con gesto un tanto retador.
  • Me refiero a su voz…
  • Señor Escafandra, como bien sabe en nuestra Constitución se cita que no hay diferencias de sexo, raza o condición…
  • Sí..
  • Pues eso…
  • Se encuentra usted mal, entonces? Necesita atención médica?
  • No, no..qué va…con el antigripal bastará…gracias…
  • Hasta la semana que viene, 857.

Lulah regresó al cuarto tratando de no reirse, Chente, recostado sobre la cama, con su toalla mojada en agua fría sobre la cara, pareció reir quedo.

  • Señor Escafandra?…- Preguntó levantándose levemente la toalla, ella se apoyó en el marco de la puerta.
  • En cuanto te tomes el antigripal te sentirás mejor…- Él suspiró- Estaré en la cocina…- Pero él ya no le contestó- Chente?….Chente?…Chente?!
  • Hey….qué..pasa…- Casi gimió él tratando de incorporarse, ella respiró hondo sonriendo nerviosa y se pasó las manos por la cabeza.
  • Nada…intenta dormir..- Susurró ella, él se tapó un poco con una manta de viaje y pareció seguir su consejo.

Para mantenerse en forma pasaron por distintas fases. Primero no hicieron nada en especial, salvo mirar la televisión para estar al día de las noticias. Después buscaron tablas de ejercicios, desde el yoga al pilates, pasando por gimnasia sueca y series de estiramientos varios, sin obviar clases de zumba online y coreografías inventadas en base a las playlist que encontraban en Spotify. A Chente no le gustaba especialmente bailar, ni a Lulah las series de crossfit, pero acabaron por encontrar un ritmo en el que alternaban ambas cosas. Lulah era de mañanas, y Chente más de tardes, y sólo un ordenador con el que poder trabajar, así que en horario matutino Lulah se ocupaba de su informe, y después de comer Chente de sus proyectos. En un principio, Lulah se iba a la cocina cuando Chente hablaba con Larry y Chester para el directo, nadie debía saber que ella estaba allí, para evitar ser descubiertos por las escafandras, si ella apareciera en un directo y éste fuese visto por la persona equivocada, se buscarían un problema. Pero llegado un momento, Chente optó por presentársela a los hermanos, si bien ella no aparecería en los directos, era un hecho que él no estaba solo.

  • Hooola Gente!
  • Te has afeitado la barba….tienes vídeo?
  • Larry no empieces…
  • No Larry…la próxima vez, tengo que deciros algo..
  • Ya no hay nube…
  • Necesitas un tiempo, lo nuestro no llega a ningún sitio..no te dejamos espacio..
  • Larry…
  • No…os presento a Lulah..- Y Lulah hizo su aparición estelar junto a él, sentándose junto a él contra el cabezal de la cama.
  • .
  • Una muñeca robot! Os las dan así porque sí?…qué gran idea!… parece real…
  • Es real, Larry…ha estado todo el rato aquí…pero nadie sabe que está conmigo..es una historia muy larga..pero resumiendo: Ella no puede salir en el directo, pero quiero que sepáis que está aquí…
  • Hola Lucecita…soy Chester- Lulah rio
  • Lulah…de Tallulah..no Lucecita…
  • Ya lo sé…pero para mi eres Lucecita…
  • Chester…fabrícate tu propia muñeca, no se la quites al niño…
  • Hola chicos…encantada de conoceros personalmente…
  • Creo que Chester ha tenido su momento Baam….qué raro me siento, hola Lulah, me encanta tu nombre…Tallulah „Luz que sale del agua“…a ver por qué no me lo pusieron a mí…
  • Sabes el significado!
  • Yo sé muchas cosas, mydarling…lo que pasa es que no me dan el mérito…
  • Larry…
  • Ah!Ha vuelto!…
  • Y vosotros qué hacéis?- Preguntó Chente
  • Ayer inauguramos un parque de bolas gigante con paredes de escalada y camas elásticas…- Dijo Chester, Larry se apropió de la pantalla.
  • Y no fue mia la idea…porque ya sé lo que vais a decir…pero no, la idea fue de este…que quede claro…yo soy más de pistolas de agua…
  • Eso ahora a nosotros nos parece un plan magnífico…- Rio Chente imaginándose el parque, Lulah suspiró fingiendo un puchero.
  • Por supuesto cuando vengáis tenéis entrada gratis y eso…
  • Váis a venir? Sí!.. „One roll for the whole shebang!One throw that bell will go clang!Eye on the target and wham!One shot, one gun shot and bam!“
  • En fin…supongo que lo mejor que os puede pasar es que llueva..
  • Lluvia..!- Exclamó Larry levantando un dedo, Chester y él se miraron fijamente y permanecieron unos segundos en silencio, luego volvieron a mirar la pantalla.
  • Rayos, truenos, vientos huracados y todo el jaleo…
  • Y viento, mucho viento…fsschh fschhh…
  • Larry, estás pensando lo mismo que yo?
  • Cómo puedes dudarlo, Chester?
  • Seguiremos informando…-Y cortaron la comunicación.
  • Qué han querido decir?- Se preguntó Lulah, Chente se encogió de hombros con un claro gesto de duda en el rostro.
  • Con estos…nunca se sabe…

Y siguió sin hacer viento. Cuarenta metros cuadrados con aire cargado pueden llegar a reducirse al tamaño de una caja de cerillas. La horas no pasan. Los ruidos se repiten. Se pierde la noción del paso de los días. El silencio se agradece aunque pese. Se ahorra en palabras. Para no gastar aire.

  • Chente…tu egoísmo no conoce límites…
  • Y lo dice llevando mis gayumbos y mi camiseta…
  • Un yogurt para cada uno por día…uno…
  • Tenía hambre..
  • Y yo no puedo tener hambre ahora o cómo…
  • Estás sacando las cosas de quicio…
  • Tú sí que me sacas de quicio…
  • De qué quicio estamos hablando, Lulah?..de qué quicio exáctamente?
  • Vete a freir puñetas…
  • Lo haría si no hubieses usado todo el aceite…
  • Perdona?…la tortilla las comiste también tú…
  • Lo que dejaste…
  • Me voy…
  • Pues vete…
  • Eso es lo que te gustaría…que llamara a Escafandra y desapareciera…
  • Ahora mismo sí…
  • Pues no se diga más….
  • A dónde vas….
  • A donde no te importa…
  • Después echa ambientador…
  • Anda y y que follen…
  • Nada me gustaría más…
  • Encima…
  • Eso también…pero la Señora hace lo que quiere…
  • Lulah…
  • Déjame en paz…
  • Eres imposible…
  • Chente…
  • Qué…qué..qué quieres Lulah..qué..
  • Quiero gritar…
  • Pues grita…

Las horas no pasan. El aire es el mismo. El espacio vital ya no es individual, simplemente se pierde esa noción.

  • Chente…qué has hecho?
  • -Ducharme…
  • -Ya..pero con qué?
  • Con el mismo gel de siempre…a propósito tengo que pedirle a Escafandra un bote…
  • No..no es eso…
  • Lulah…qué haces?
  • Chente…no sabes lo que has hecho…
  • Lulah…sé que suena fatal…pero qué olfateas…estás bien?
  • Coco…
  • Ah..sí..es crema hidratante..la tenía sin abrir allá en una alacena…
  • Ven aquí…
  • Lulah qué te pasa…deja la toalla..
  • Qué toalla ni toalla…
  • Lulah?..
  • -No sabes…lo que has…hecho..

 

  • 857 le hemos dejado su paquete de supervivencia especial delante de la puerta, hay algún producto extra que deseara recibir?- Chente carraspeó antes de hablar.
  • Sí…tampones, por favor- Se hizo el silencio tras la puerta.
  • Tampones?- La voz enlatada no pudo maquillar su sorpresa, Lulah le mostró a Chente tres dedos de su mano derecha, Chente abrió mucho los ojos, pero ella le insistió en el número.
  • Sí…tres paquetes de tampones…
  • Para qué precisa usted los tampones?…
  • Pues…es que…me..esto..sangra muchísimo la nariz por las noches…- Lulah se tapó la boca para que no se escuchase su risa, Chente se mordió el labio inferior y cerró los ojos.
  • La nariz?
  • Si…una barbaridad…
  • Qué ha sido eso?
  • El qué?…
  • Ese chirrido…
  • Mi bici…estoy jugando con el freno..mientras hablo con usted…
  • S,M o L
  • Qué?
  • Los tampones…- Chente miró a Lulah, y ésta todavía tapándose la boca le indicó la L, él parpadeó dos veces.
  • Póngale aceite a esos frenos…
  • Cómo dice?
  • Los frenos…póngales aceite, tres cajas de tampones L…algo más?
  • Pues…no, gracias.
  • En cuanto completemos le avisaremos
  • Muchas Gracias…
  • Hasta la semana que viene 857.

La tarde que llamó Caniñejas Chente y Lulah habían dejado el apartamento completamente a oscuras. El único lugar donde el aire del ventilador era un poco más fresco era la cocina, así que ambos se habían sentado frente a él tras haberlo puesto a la máxima potencia y así tener al menos la sensación de que sudaban menos.

  • Buenos Días Sr. Caniñejas, se encuentra usted bien?… ya he llegado hasta el punto tres y creo que…- Comenzó Lulah sentándose mejor contra una alacena, Caniñejas llevaba ahora una camiseta roja tipo polo, tras él lo que parecía un cuadro con una escena de caza, tenía aspecto cansado.
  • De todos los fines de semana del año mi cuñado tuvo elegir el de la nube…..tiene el don de la oportunidad…una vez le tomaron de rehén en un atraco, cuántas personas pueden decir que les haya pasado una cosa así?, casi nadie…pues mi cuñado es una de ellas…
  • Ya..le entiendo…
  • Se han formado cuatro grupos de trabajo, con cuatro actividades distintas, tenemos vegetarianos-veganos, vegetarianos normales, diabéticos, bebés de pecho, adolescentes que sólo quieren comer pizza, niños que pareciera que conocen al dedillo las estrategias de la guerra de guerrillas, fumadores con síndrome de abstinencia, Marita no sabía que era alérgica a la lactosa, ni Secundino que lo era a los cacahuetes, mi hijo toca muy bien la guitarra y tiene una voz que ni Carreras…y yo ni lo sabía, bueno, él en realidad tampoco….mi hija es un as del bricolaje, mi mujer hace el mejor arroz con verduras del mundo y hemos vuelto a bailar…juntos, en la cocina…..está usted sola, Srita Mediavilla?- Narró, y tras su pregunta su rostro se suavizó en una sonrisa casi preocupada, Lulah sonrió a su vez y negó con la cabeza, llamando a la vez a Chente con la mano, quien un tanto sorprendido se sentó junto a ella contra la alacena-
  • Hola Sr. Caniñejas….Chente Maredo- Se presentó, Caniñejas le saludó con la mano desde la pequeña pantalla y les miró con atención.
  • Me tranquiliza….pasar una cosa así en soledad tiene que ser terrible…en cuanto al informe, vaya usted avanzando según pueda, tómeselo como un pasatiempo…y cuando la nube se decida a moverse hacia algún lugar…resolveremos…
  • Gracias, Sr. Caniñejas…
  • Sr. Maredo…es usted hijo de Juan Maredo?- Chente le miró sorprendido y asintió.
  • Dígale de mi parte que aún no le he perdonado aquel órdago a la grande….él lo entenderá..- Chente y Lulah se miraron sin comprender lo que acababan de escuchar, Caniñejas rio.- Pasen el tiempo lo mejor que puedan….estamos en contacto- Y cortó la comunicación.Chente no perdió un segundo en llamar a su padre.
  • Hola…papá…desde cuando sabes tú jugar al Mus?

Lulah se levantaba siempre temprano, incluso en aquellas circunstancias. Si algo habían mantenido era el ritmo de sueño. Aquella mañana notó la claridad de la ventana un poco más oscura, y la temperatura en el cuarto era más agradable. Se acercó a la ventana, y lo que vió la hizo contener la respiración.

  • Chente…Chente…despierta, Chente!-Y mientras le llamaba le sacudía para que se despertase, Chente, bocabajo, se llevó una mano a los ojos, y trató de abrirlos, se había quedado hasta entrada la noche por culpa de una conexión con otra zona horaria y se había echado a dormir apenas hacía tres horas.
  • Está nevando!.- Chente abrió los ojos de una vez y la miró fijamente en silencio, Lulah señaló hacia la ventana realmente ilusionada.
  • Lulah…ven, cálmate…
  • En serio…está nevando!…que no es coña..- Insistió ella cogiéndole una mano y tirando de él, Chente carraspeó en busca de su voz.
  • Lulah…estamos en julio, no puede nevar..en julio…- Explicó incorporándose, ella le guió hasta la ventana. Y Chente vio nevar en julio. Cortinas densas de copos caían del cielo y habían cubierto todo con su peculiar manto blanco. Chente subió la persiana, que siempre mantenían a medias para evitar el resol, y se fijó mejor.
  • No es nieve…es espuma…porque…Lulah, está lloviendo!
  • Está lloviendo!
  • Llueve!- Se lo decían el uno al otro como si nunca antes hubieran sido testigos de tal fenómeno meteorológico.
  • Y la espuma es….mejor no saberlo…pero llueve!- Y la abrazó dando saltos de alegría, que ella secundó entre risas.Poco después el cielo se cubrió de nubes muy negras, que convirtieron el día en profunda noche. La tormenta estalló con un trueno que hizo temblar el edificio, dando paso inmediatamente a rayos y fuertes ráfagas de lluvia que chocaban de tal manera contra el cristal de la ventana, que optaron por cerrar la persiana temiendo que se rompiera, los golpes contra el lucernario eran tan fuertes que hacían imposible que se escuchasen el uno al otro, sentados en el suelo cogidos de la mano, escuchando como el cielo se caía sin remedio.

    La tormenta rugió sin dar tregua durante dos días con sus noches, en las que se quedaron sin luz varias veces, al ruido ensordecedor de lo que parecía un estruendo que acabaría con el mundo, se unieron los aullidos de los coches de bomberos y policía cruzando las calles. Chente y Lulah optaron por refugiarse debajo del edredón, completamente tapados por él, como si eso les fuese a salvar de cualquier desastre, hasta que se quedaron dormidos.

    – Están llamando a la puerta..- Susurró Lulah, acurrucada contra Chente, quien se despertó a medias- Chente…la puerta…- Chente les destapó, y salió de la cama hacia la puerta con pasos inseguros.

  • 857?
  • Sí…estoy aquí…estaba durmiendo..
  • Escúcheme con atención, son las seis menos cuarto de la mañana, la tormenta ya se ha marchado y ha arrastrado con ella la nube…a las ocho pasará un aquipo a desinstalar las mamparas aislantes, cuando esto ocurra timbrarán dos veces a su puerta y si lo desea podrá salir a este pasillo, pero no abandonar el edificio…
  • Por qué?
  • Un segundo equipo, éste médico, pasará después para hacerle un chequeo, lleva usted confinado un mes y no sabemos si la nube ha afectado de alguna forma a la población…
  • Es posible salir a la calle?
  • Después del chequeo es usted libre por fin de ir a cualquier sitio…
  • Sólo una cosa…
  • Dígame…
  • Podría saber su nombre?
  • No estoy autorizado, pero mi número es el 3476..
  • Muchas Gracias por todo 3476…
  • Gracias a usted…siempre ha seguido las normas…espere entonces a los equipos. Le deseo buena suerte..
  • Gracias 3476…yo a usted también.

Chente regresó a la habitación, Lulah había aprovechado para vestirse con la ropa que había llevado la noche que había llegado allí, se había puesto,sin embargo, una de las sudaderas con capucha de Chente sobre el top de tiras, ya que,de pronto, había sentido mucho frío.

  • Qué rapidez..- Bromeó Chente al verla ya vestida, ya que ambos llevaban todo ese tiempo, o desnudos o con ropa de deporte ligera, ella sonrió y le abrazó.
  • Es que pensé que iba a entrar…- Confesó, él recogió el rostro de ella entre sus manos y la besó.
  • Aún queda café…
  • Y muesli..Desayunaron con calma. Como todos los días hasta ese momento.
  • Cuando saquen la mampara, seguramente saldrán todos los vecinos en tromba…lógico…entonces aprovecharé para irme..- Dijo Lulah removiendo su muesli sin mucho ánimo, Chente la miró un instante.
  • Pero…a ti también te tendría que ver el médico..- Anotó, ella asintió.
  • Ya…pero te busco un problema, porque en teoría estabas solo…
  • No creo que importe ya…
  • Pero no quiero que te caiga una multa por mi…
  • Me encantan tus multas…- Ella intentó reír, él le acarició el brazo.
  • Es raro…
  • El qué…
  • Todo..de repente…- Él iba a decirle algo, cuando escucharon ruidos en la puerta.
  • Ya?…dijo a las ocho…qué hora es?- Se preguntó, ella sacó el móvil de un pequeño bolso que llevaba en bandolera.
  • Las siete menos cuarto…- Antes de que Chente pudiera contestar nada, el aquipo de desinstalación de mamparas timbró dos veces. Lulah se incorporó de su taburete, pero se volvió a sentar, y después se volvió a incorporar sin saber qué hacer con las manos, buscó abrazar a Chente, pero se apartó, en confusa prisa, él la cogió de la mano y juntos se acercaron a la puerta, tras la cual ya se oían los gritos de júbilo y el clamor de las voces de los vecinos. Chente abrió la puerta entonces, y un alo de aire fresco les recibió. Chente le apretó la mano, y ella a él. Luego, evitando mirarle, Lulah salió al pasillo y comenzó a avanzar por él perdiéndose entre los vecinos. Sin mirar atrás. Chente la siguió con la mirada hasta que desapareció en el recodo de los ascensores. Todos reían y cantaban. Sólo él no encontró motivo.

Lulah abrió la puerta del portal, y agradeció el golpe de brisa que le cruzó la cara. Olía a tierra húmeda, lluvia y musgo. Respiró hondo y salió a la calle como si fuera la primera vez en su vida que se decidiera a tal paso. Vecinos de los edificios contiguos comenzaban a salir también, muchos en ropa de deporte o en pijama, alguno en bañador, como si estuvieran descubriendo un nuevo mundo. Ella avanzó despacio, si bien había una parada de metro cerca, optó por caminar. Necesitaba caminar y sentir el aire entrar a raudales en sus pulmones. Se paró sin embargo de pronto, y palpó el bolso, se le había olvidado algo, lo abrió , y constató que tenía el móvil, la cartera y las llaves de su casa. No faltaba nada. Siguió camino, cruzándose con gente, que, como ella, recorría las calles por primera vez y se alegraba sobremanera, riendo, cantando y saludándose unos a otros de parte a parte de la avenida, aún siendo completos desconocidos. Hubo de parar varias veces a descansar, apoyándose en algún edificio o sentándose bajo la marquesina de una autobús, si bien habían llevado a rajatabla el hacer ejercicio, notaba la falta de él a cada paso. Varias veces se cercioró de que tenía todo en el bolso. No caía en qué se le había olvidado. Algo importante.

Llegó ante su portal cerca de una hora después. Alguien había colgado de la puerta del ascensor el cartel de „estropeado“, así que subió los cuatro pisos a pie. Contra su puerta había un postín amarillo oficial con varuos cuños y letras negras con la palabra „Vacío“, lo arrancó y abrió la puerta. La recibió un potente olor a cerrado. Se dirigió al salón, y abrió de par en par el ventanal que daba a un balcón. Salió a ver desde esa perspectiva su calle, casi desierta, y medio devastada por la tormenta. Y cayó en la cuenta de lo que se le había olvidado. Entonces le sonó el móvil.

  • Lulah?
  • Chente..
  • Cuándo vuelves?

 

*He creado una lista en Spotify «Canciones para tomar el aire»:

Espero que todos estéis bien. Fuerza y mucho ánimo!.

 

El Comité

-No hagas eso…

-El qué?

-Eso…

-Por?

-Porque después pasa lo que pasa…

-No puedo ni pasármelo bien…

-Puedes, pero de otra forma…por ejemplo, ayuda a esos niños en los columpios…o recoge las hojas de ahí…

-Recógelas tú si tanto te molestan…

-Si te vas a poner así me voy..

-Pues vete…

-Pues ya estaría…

-Bueno…no te enfades, es que me aburro…

-Pues vete a visitar a tu parentela, tanta que tienes…

-Pues es verdad, hace mucho que no me paso…

-Pues ya estás tardando…

-En el fondo me quieres…

-Eso siempre

Y ella se fue a visitar a su parentela. Él aprovechó para ir a nadar entre orcas para ayudarlas en la labor de búsqueda de bancos de arenque. Ella regresó trayendo consigo sol, arena, calor y alboroto, que acabó convirtiendo en rachas moderadas de viento y algún chubasco. Juntos hicieron la ruta de los festivales de verano y de triathlones, después se fueron a la nieve en busca de ventiscas y simas escondidas.

-Esa de ahí..

-No tenemos nada, te estoy diciendo..relájate y disfruta las vistas de niebla.

-Un susto…déjame darle un susto anda…

-Pero sólo un susto, que después soy yo el de las explicaciones…

-Ves?…ya está…tan mona ella con el casco dorado…

-Pero qué has hecho?

-Un susto…nada más…ves?…ahí sale…

-Anda, vámonos…que llegamos tarde a lo otro…

-Lo otro?

-Tú ven

Llegaron a tiempo y cumplieron su parte. Ella después se fue de regatas y él a hacer rutas espeleolológicas. Le tocó a él visitar a su parentela y asistió a dos nacimientos. Juntos montaron en globo y se dejaron llevar por masas de gente incontrolada, él era más de pogos, ella de primeras filas. Tomaron aviones y bailaron por terminales desiertas. Ella retrasó trenes, él vació baterías.

-Se casa Dora..

-Exploradora?

-Todavía no la soportas?

-Tú sabes que no puedo odiar…ni tú tampoco, por cierto, pero con Dora es distinto…

-Ella siempre estaba ahí…

-Por eso…

-Por eso qué?

-Porque siempre “estaba ahí”….como pegada a ti con pegamento…

-Y ahora estoy pegada a tí..

-Un rato llevas, sí…

-Por los siglos de los siglos…qué pasa?

-Tengo que decirte algo…

-No pienso volver a un crucero…

-Tienen su aquel…pero no es eso…

-Sorpréndeme…

-Aquella tarde…

-No me acuerdo de nada….

-Ya lo sé…por eso quiero contártelo, creo que ya es hora…aquella tarde había quedado contigo para ir por ahí..y apareciste con Dora y toda vuestra panda…

-Es verdad…la panda..tengo ir a visitarlas un día…

-Dora te tenía cogida del brazo como un guarda de prisiones….y jugaba a no permitirme que te cogiese de la mano, y se ponía en medio, todo el rato…así que cuando fue a buscar lo que habíais pedido a la barra, te agarré de la mano y salimos corriendo….

-Y entonces?

-Llegamos a la marquesina del autobús, te abracé y te di un beso….justo en el momento en que el camión se empotró y se llevó por delante todo lo que encontró, incluidos nosotros y el resto de personas bajo la marquesina….

-Y por qué yo no me acuerdo?…

-Eres de sueño profundo…

-Y le echas la culpa a Dora…

-A sus estúpidos celos….

-Y al camión…

-Bueno eso también….pero con Dora es distinto…

-Una tormenta de arena…eso…una tormenta de arena…ese será mi regalo de bodas…

-Yo cambiaré el azucar por sal….

-Retrasaré los aviones de su luna de miel…

-Y alguien en medio, pondré a alguien en medio….

-Como con pegamento…

-Anda ven…cuánto tiempo hace que no te digo que te quiero?

-Una eternidad

Living on the edge

-Luís ha dicho que busques información sobre los butaneros…

-Butaneros?

-Sí, que la busques, para el podcast de esta tarde…

-Luís dónde está?

-Me lo dijo Remedios, Luís se tuvo que ir al depósito a recoger su coche..porque se lo llevó la grúa…

-Pero..por qué los butaneros?

-A mí no me mires, además yo me voy ya..yo sólo soy el emisario.

-Butaneros?…aún hay butaneros?..pues mira que hace tiempo que no veo uno..

-Yo creo que ya no hay casas con butano..

-Sí…haberlas haylas..te acuerdas del „Butanero!!“..

-O „no te eternices que nos acabas la bombona“ con las duchas…

-Iban de naranja..

-Cinco pisos sin ascensor cargando dos bombonas….eso sí que era Crossfit.

-Pues no sé…llama a Repsol…

 

 

– Butano „también llamado n-butano, es un hidrocarburo saturado, parafínico o alifático, inflamable, gaseoso que se licúa a presión atmosférica a -0,5 grados,…“

-Aún sigues con eso?

-Ya llamé a Repsol, ahora ya no van a pelo, tienen fajas ortopédicas y un reglamento de mercancías peligrosas, mira…todo esto…

-Pero por qué querrá Luís entrevistar a un butanero?

-Ni idea, el último fue un criador de afganos..

-…..

-…de perros de raza „afgano“..que después fui yo el que tuvo que escribir la aclaración…

-Acabáramos..

 

 

 

-No es tan fácil ser butanero…hay exámenes, y pruebas físicas, incluso las rutas están muy pensadas..

-Una profesión de riesgo..

-Pues sí…porque ponte tú que choca..

-Ay..no me montes películas que después me obsesiono.

-Kabooom..

-Lolo!…ah, hola Carmen..

-Han llamado los que traen al de la entrevista, que están en un atasco y que se retrasan..

-Que lo traen?

-Sí..le fueron a buscar, tardan todavía una hora o así…

-Qué nivel Maribel…

-Yo también quiero que me vengan a buscar..

-A mí no me miréis, gracias que conservo mi sección…hablando de sección, no quería Luís abrir una de „Viajes Alternativos“ o algo así?

-No, él entrevista a butaneros…

-Butaneros?

-Como lo oyes..

-Pues ya no se oye el „Butanerooo!!“…y cómo pesaban las condenadas…las nuestras estaban colgando sobre el patio de luces…cada vez que lo pienso..

-Vosotros queréis que no duerma..

-Kabooom

-Lolo!

Hola amigos, soy Luís Castroviejo, y os doy la bienvenida a nuestro podcast de esta semana. Hoy tenemos con nosotros a Jigme Norbu, ciudadano de Bután…“

Mirloblanco (I)

«No te preocupes por mi

Por un momento crucé al otro lado y luché con esas bestias gigantes

Sólo te quise decir que no dejé de creer, pero era grande la sensación

De vértigo constante

Tengo un plan.Salir corriendo hasta que todo se arregle

Me alejaba como el ruido de una ambulancia entre la gente

Y aunque te pese, te juro que esto no es lo que parece….“

Leiva

                                

PLANTEAMIENTO.

Max Sterlitz-Lomas de Buroaga

Max Sterlitz-Lomas de Buroaga recorrió desperezándose el largo pasillo que separaba su dormitorio de la cocina. Iba descalzo y todavía en pijama, para ambas cosas tenía una excusa, si por algo había hecho instalar suelo calefactor era para poder andar por la casa sin zapatillas ya que, según él, uno de los placeres de la vida era la posibilidad de caminar descalzo, en cuanto al pijama, de tela de algodón a cuadros azules y blancos, él mantenía la opinión de que los sábados por la mañana se podía dormir hasta despertarse uno por si mismo, sin necesidad de alarmas ni despertador, y permanecer hasta el mediodía en pijama disfrutando de un largo desayuno mientras se leía la prensa del día, con todos sus suplementos. Max Sterlitz-Lomas de Buroaga era un hombre alto, y, aún en pijama, de porte elegante, hacía unos meses que había cumplido los cincuenta, pero no los aparentaba, su pelo, algo largo, conservaba aún el color caoba que había comenzado a desaparecer en las sienes, y su rostro, de facciones finas, sólo acusaba alguna arruga alrededor de sus enormes ojos verde agua. Únicamente usaba gafas para leer, y siempre se las olvidaba en todas partes. Por lo demás, se consideraba un hombre sano, y, aquella mañana de sábado, feliz. Su mujer, Malucha, a la que llamaban así como diminutivo de María Lucinda, se había ido hacía dos meses a vivir a Nueva York, llevándose consigo a sus dos hijas. No se habían separado. Malucha había recibido una oferta que no había podido rechazar de un importante buffete de abogados asentados en aquella ciudad, y, tras calibrar ambos brevemente los pros y los contras, habían decidido que más valía pájaro en mano que ciento volando y que esos trenes sólo pasaban una vez en la vida, y toda la retaila de frases que se suelen decir en tales situaciones, y las tres se habían marchado a la Gran Manzana, dejándole a él solo atrás. Ahora hablaba con ellas y las veía con más fercuencia que antes, a través de todas las redes sociales posibles en las que ellas le habían abierto cuentas y por constantes videollamadas para las que siempre tenía tiempo. Max Sterlitz- Lomas de Buroaga no trabajaba. Lo había hecho un tiempo. Y le había gustado. Incluso había aumentado el volumen de su fortuna, haciendo buenas inversiones y comprando y vendiendo acciones de aquí para allá. Pero lo había dejado. Él se dedicaba a supervisar el legado de su familia, como le había gustado siempre decir a su madre, y velar porque no desapareciese.

Y aquella mañana de sábado se disponía a desayunar con calma y sin prisas. Ese era el fin de semana libre de Lidia, la mujer empleada interna, que se ocupaba de las labores domésticas, así que hubo de preparárselo él mismo. Pero no le importó, buscó en las alacenas su cafetera italiana para cuatro tazas y se entregó al secreto deleite de rellenarla de café y agua. Su mujer había comprado una cafetera automática y complicadísima, que reinaba sobre la encimera, pero que él no sabía utilizar, Lidia era ya una experta en el tema, pero ahora no estaba, así que ya tenía excusa para usar su vieja cafetera, que conservaba desde sus tiempos de estudiante en Salamanca. Sonrió al recordar aquella época y, mientras preparaba el café comenzó a silvar „Clavelitos“. Mientras subía el café, metió varias rebanadas de pan en la tostadora y salió de la cocina para dirigirse a la puerta principal. Abrió la puerta, y respiró tranquilo al encontrar sobre el felpudo los cuatro periódicos que tenía abonados.

Colocó todo lo que tenía pensado tomar de desayuno sobre la mesa de la cocina, seis tostadas de pan de molde, queso de cabra, mantequilla, mermelada de fresas, un bol con nueces y una botella de zumo de melocotón muy frío. Café con leche, más leche que café, en tazón mediano. Tres de azucar. Por una vez, las gafas estaban ya sobre la mesa, seguramente se las había olvidado allí la noche anterior.

El Osasuna pierde frente al Málaga por goleada, él nunca había sido de fútbol, ni de tenis, tampoco de padel cuando se había puesto de moda, a él lo que le gustaba era bailar, ahí sí que se hacía ejercicio, comenzó a silvar „Lets twist again“. Mueren quinientas personas en China por la rotura de una presa….Pensó que si la rotura de la presa hubiera ocurrido en cualquier país europeo ese titular sería primera página y no se hablaría de otra cosa. Quinientas personas son muchas personas, aquí y en China, y si hubiera tenido un interlocutor a quien convencer, lo hubiera hecho. Agotadas las entradas para el concierto de Anaís Maura…Conocida en su casa a la hora de comer, y casi rio, llevándose a la boca la taza de café.

Fue entonces cuando leyó el titular. Y la taza se le calló de la mano, rebotó en la mesa y aterrizó sobre su regazo, dejando tras si un rastro de café con leche caliente. Él trató de incorporarse al tiempo que soltaba un grito, pero sólo consiguió resbalar en el café, perder pie y, llevándose la silla por delante, caer cuan largo era al suelo, todo ello sin soltar la hoja del periódico a la que se había aferrado como si fuera lo último que fuera a hacer en su vida. Maldijo al tratar de incorporarse, trató de leer otra vez la noticia, pero sus gafas habían volado hacía algún lugar, se estiró a cogerlas, una patilla se había doblado, volvió a maldecir, pero pudo cerciorarse de que había leído bien. Metió la mano en el bolsillo del pantalón del pijama, cuyas perneras estaban empapadas en café, y sacó su móvil, que, milagrosamente, no había sufrido daño alguno. Deslizó sus dedos por la pantalla. Respiró hondo al ver que aún guardaba el contacto en su agenda. Pulsó llamada.

  • Buenos Días…Sí soy yo…Tenemos que vernos. Es urgente.

Isabel Palacios López

El arquitecto había decidido que el mejor lugar para tener una visión global de la situación era el descansillo que hacía la escalinata entre planta baja y el primer piso. Y allí estaban todos, el arquitecto, el aparejador, el delegado de Patrimonio Histórico, el presidente de la Asociación de Vecinos, el abogado que representaba a los últimos propietarios conocidos, el representante de la empresa constructora que deseaba comprar y sanear el edificio, su representante legal, e Isabel Palacios y Fernando Aragón, de la empresa Montatanto, a la que se había encargado la labor de servir de enlace entre todas las partes. Todos ellos con casco amarillo y zamarra de obra reglamentarios, trataban de seguir la explicación sucinta del arquitecto sobre una copia de los planos que les había entregado. El edificio era una de las últimas casas-palacio de la ciudad, situada en la que ahora era una zona exclusiva , y cuyo destino todavía no estaba claro, variando desde viviendas de lujo a hotel, todo ello conservando su apariencia y estructura originales.

Isabel Palacios había elegido situarse en el rincón del descansillo, el casco cubría apenas su media melena rubia con alisado japones, sus facciones de muñeca de porcelana con leves rastros de pecas y sagaces ojos azules, denotaban una profunda concentración en el punto del techo del que colgaba una gigantesca lámpara de araña, profusa en cristalitos, que colgaba de lo que parecía un macizo bloque labrado de acero fundido. Siempre había tenido predilección por ese tipo de lámparas. Las labores de mantenimiento que conllevaban, para otra persona podían suponer un suplicio, pero no para Isabel Palacios, para ella la limpieza individual de cada uno de los cristales y los brazos de los que colgaban resultaba reparador y casi tántrico. Aquella lámpara había sobrevivido varias guerras, años de abandono y dos comunas okupa. Aquella lámpara tenía que ser suya. Estaba pensando en cómo convencer a todas las partes que el mejor fin para esa lámpara era que ella se hiciese cargo, cuando notó vibrar su móvil privado en el bolsillo del pantalón. No hizo caso, y continuó con su labor de peritaje visual de la lámpara. Cuando ya vibró por tercera vez, suspiró dándose por vencida y lo cogió sin mirar quién era.

  • Sea lo que sea hasta las tres no voy a poder….- Abrió mucho los ojos y parpadeó dos veces, luego sonrió levemente y abriéndose paso entre la pequeña multitud subió la escalinata, no sin antes hacerle un gesto con la mano libre a Fernando, quien asintió sin más, para después continuar anotando algo en un Ipad.- Cuánto tiempo….yo siempre estoy liada, pero para ti siempre tendré tiempo….cuéntame..- Y se acercó a lo que había sido una galería que se abría a un jardín, ahora cubierto de escombro, las ventanas todavía conservaban los antiguos cortinones, rasgados y apolillados, ella se fijó en las preciosa bolas de los bordones que las sujetaban, de plata maciza labrada, tan sucia, que parecía latón, cogió uno entre sus dedos- Que me siente…amigo mío ya no hay nada que me asuste a estas alturas…- Fernando escuchó su ahogado chillido y subió un par de escalones, para cerciorarse de que estaba bien, Isabel, apoyada contra uno de los marcos,se volvió a medias para tranquilizarle con un gesto vaído, y él volvió a bajar no muy convencido. Ella apoyó su frente contra el cristal con los ojos cerrados y se llevó la mano libre a la boca- Sí….- Susurró con un hilo de voz- ..sigo aquí….lo sé, qué necesitas…cuenta conmigo..nosotros….eso déjamelo a mí- Y abriendo los ojos, de pronto fríos y sin luz, los clavó en el jardín abandonado, ladeando levemente la cabeza- Nada me hará más feliz.

Pilar Fuentes Varela

Pilar Fuentes Varela había sido de bebé un querubín. Una criatura rubia, de ojos azules y rasgos perfectamente dulces, enmarcados por unos tirabuzones tupidos y sedosos.

Con el paso de los años, Pilar se convirtió en lo más parecido a un hada, de facciones delicadas y un cuerpo de perfecta complexión, sostenido por las piernas mejor formadas del hemisferio Norte, como una vez le había dicho un profesor de ballet.

Pero Pilar Fuentes Varela no era un ángel. Ni un hada. Ni le gustaba mostrar sus maravillosas piernas.

Dentro de Pilar vivía un niño contestón y malhablado, que evolucionó a un hombre de hablar soez y pocos modales, que, si bien dominaba sus expresiones, le había permitido, sin embargo, sentirse mujer para el resto de los ámbitos.

Pilar Fuentes Varela vestía siempre traje chaqueta pantalón con zapatos ingleses de cordones. A la pregunta de porqué no se ponía tacones, solía responder que con tacos parecería una puta jirafa. Y que ella no era ni puta, ni jirafa.

Aquel ángel malhablado era la jefa de sala del club más exclusivo de la ciudad, el Club Lust (*“Ganas“, en alemán). Un local que ocupaba toda una manzana, y que por el día era cafetería- restaurante, mientras que por la noche cobraba vida como elitista club nocturno, con estricto derecho de admisión.

Ella era la gobernanta de un pequeño ejército de empleados, que, si fueran preguntados, no dirían una mala palabra de ella, ya que, en aquel ángel malhumorado, latía un buen corazón.

  • Ya hablaste con el jíbaro de Tomás?
  • No, no me coge el teléfono…
  • Que qué? Pues déjamelo a mí que se lo traga…el fulano ese…
  • Es que a lo mejor…
  • A lo mejor ni peor, se lo traga, con salsa…
  • Es que tenía enferma a la madre…
  • Acabáramos…Introducción, Nudo y Desenlace era no?…tú te jamaste el nudo, tragaaldabas….y esto qué es?- Y señaló una fuente con lo que parecía una masa blanca.
  • Bechamel de croquetas…
  • Y el jamón?
  • Sin gluten y veganas…
  • Entonces no son croquetas coño, es dieta para cólicos de vesícula joder…..estoy arriba si me buscan, y si no me buscan también….- Y mandándole un beso por el aire se alejó hacia el fondo de la cocina, desapareciendo por la puerta que daba al comedor.El local contaba también con un primer piso, un pequeño entresuelo, donde se encontraban los despachos desde donde se organizaba el complejo funcionamiento del club. Pilar dejó el abrigo sobre el sofá de la antesala que daba paso a resto de estancias, y entró en una sala de tamaño medio, presidida por una mesa de trabajo de madera maciza labrada que contrastaba con el resto del mobiliario, moderno y de sencillas líneas. Abrió las cortinas y las ventanas, que se abrían a un enorme patio de manzana, y contempló por un instante la vista que se le ofrecía, miró al cielo, no parecía que ese día fuera a llover. Iba a sentarse a la mesa de trabajo cuando le sonó el móvil.
  • Dime cabronazo….estoy a punto de tirarme en paracaidas…qué coño te parece que estoy haciendo alma de cántaro?….exacto…ya estás hablando conmigo o no?…ah…no me des un puto susto que hoy me levanté de buenas….- buscó sentarse en el sillón de despacho- ya estoy….has empreñao a alguna…hijo qué quieres….a ver joder…-cerró los ojos y apoyó la cabeza en la mano- no puede ser….hijodelagranputaasíloarrolleuntrenmecagoenlaputadebastos….qué?…ya me ocupo yo…yo también a tí corazón.

Filigrana

María del Carmen Ridruejo miraba con desconfianza a la mujer con la que le había tocado bailar aquella mañana. Una mujer alta, delgada, de pelo caoba oscuro con mechas de un tono más claro en una media melena, abundante y perfectamente peinada que descansaba sobre sus hombros, el traje chaqueta tipo chanel acababa de darle el toque de elegancia que cerraba el conjunto, aderezado por un rostro que le recordaba al de alguien del que no conseguía recordar el nombre, y que era un calco del suyo.

  • No te gusta la canción, Carmencita?- Preguntó la mujer, mientras trataba de llevar el ritmo de la canción que sonaba desde una cadena de música al fondo de la improvisada sala de baile, un viejo pasodoble con ritmo machacón. María del Carmen Ridruejo achinó levemente los ojos, como para fijar la vista y poder mirarla con más atención, también ella tratando de llevar el ritmo del pasodoble.
  • Me va a perdonar…pero usted quién es?- Preguntó por fin después de parecer haberlo pensado mucho rato, la mujer de pelo caoba sonrió con dulzura y le arregló innecesariamente un poco el cuello de la blusa, e iba a contestar, pero Maria del Carmen se encogió de hombros y se adelantó- Porque usted no es mi hija…- La mujer alzó las cejas un instante, pero mantuvo la sonrisa, María del Carmen negó con la cabeza- Porque si de algo estoy segura es que yo parí un varón, un niño hermosísimo…la que parió una niña fue mi hermana…también preciosa, pero el mio era un niño…y él sí que baila bien, no como usted…porque él es bailarín profesional, sabe usted?….como los ángeles baila mi hijo, su prima no, es más patosa, como la madre…y…usted me recuerda a..ay cómo se llamaba aquella…si mujer…la Bancroft…usted es la Bancroft- Y su voz sonó a victoria, como la de aquel que da con el dato que buscaba por mucho tiempo, y sonrió orgullosa, luego le acarició la melena con los dedos,la mujer con la que bailaba arqueó una ceja y casi rio, pero logró no hacerlo- Tiene usted un pelo precioso….- Anotó María del Carmen, luego parpadeó lento y miró hacia algún lugar,para después volver a la mujer con la que le había tocado bailar-….porque…yo…usted no habrá visto a mi hijo, hace tanto tiempo que no viene…- La mujer con la que bailaba, ladeó levemente la cabeza, buscó sonreír e iba a decir algo, pero el pasodoble cesó de sonar de repente, y todos tuvieron que aplaudir, casi al mismo tiempo, una chica uniformada con casaca y pantalón azules se acercó a ellas y cogió a María del Carmen del brazo.
  • Ven Carmencita, que ya está puesto el refrigerio…- Anunció, y guiñándole un ojo a la mujer con la que había bailado María del Carmen hasta ese momento, se alejó lentamente con ella del brazo. La mujer las observó un momento alejarse, se colocó mejor la chaqueta y atusó la melena, para después dirigirse a paso vivo sobre sus tacones hacia la puerta de salida de la sala. Sin bajar el ritmo del paso, cruzó el pasillo y entró en el servicio de señoras, dónde, sin más, apoyó la cabeza con los ojos cerrados sobre los azulejos de la pared, al tiempo que dejaba exhalar un sonoro gemido agónico, rodeándose a la vez el vientre con los brazos.
  • Ay Fili…te encuentras bien?- Una voz preocupada que parecía provenir del fondo del espacio que ocupaba el servicio, la hizo incorporarse, pero no se volvió inmediatamente, antes carraspeó y se arregló la blusa.
  • Sí..sí…no es nada, debí de comer algo malo..- Inventó dibujando la mejor de sus sonrisas al volverse, la mujer que le había preguntado, una enfermera uniformada de azul, como la de la sala de baile, también sonrió aliviada.
  • Si necesitases algo dínoslo…- Invitó, y antes de salir le acarició un brazo con cariño, a lo cual la mujer con el traje Chanel correspondió con un beso de aire y una sonrisa leve. En cuanto la enfermera hubo salido del servicio, apoyó la espalda en la pared y respiró hondo mientras apretaba los lagrimales con las puntas de dos dedos. En eso le sonó el móvil, que sacó del bolsillo de la chaqueta para contestar la llamada sin mirar quién podía ser.
  • Qué pasa ahora…?- Preguntó por todo saludo, no porque le interesase lo que quisiera su interlocutor, sino porque siempre contestaba así al teleléfono- ah..hola…qué?…en un lugar de La Mancha de cuyo nombre me tengo que acordar….no, no me reconoce…me sigue confundiendo con la Bancroft, al final me lo voy a acabar creyendo…ya lo sé mi vida por eso me confunde….bueno…y qué te pasa entonces?…ya..bueno un día compro un jabón y te lavo la boca….hijaporDior…cuatro frases y diez coños, que yo no tengo, por otra parte….vernos „con urgencia“…- Y arqueó una ceja dibujando en su rostro un claro gesto de escepticismo- ay hija no me asustes…pues cuando llegue a casa te llamo…o ya me esperas allí, como quieras…estás embarazada o algo?- Se apartó el móvil del oído un instante para no oir lo que su interlocutora decía a voces- Haya paz…ya..vale, yo también….anda que te ondulen…chao – Y finalizó la llamada, para meter después el teléfono de nuevo en el bolsillo, cerró sus enormes ojos castaños un instante y, tras respirar hondo otra vez, salió del baño.

Elodie Rampling

Ruperto Pereira Morente dejó de hacer lo que estaba haciendo, sacar la publicidad de los parabrisas de los coches aparcados en la sección A del Parking subterráneo, cuando la vio acercarse. Una mujer alta, en un elegante vestido- abrigo beig con zapatos de tacón y bolso a juego, con una melena caoba lisa, que descansaba en sus hombros y sobre un chal rojo con el que se abrigaba el cuello. Se acercó a él sonriendo, y él no pudo más que devolverle la sonrisa a aquel rostro de medalla, coronado por unos ojos de almendra de los que no pudo separar los suyos.

  • Creo que he aparcado mal, espero no sea un problema- Y parpadeó, al tiempo que cambiaba el bolso de brazo, sin dejar de sonreir, Ruperto fue incapaz de encontrar su voz y hubo de toser, negando con la cabeza- Uy esa tos, que no sea nada, mil gracias- Y dando media vuelta sobre sus tacones volvió a alejarse dando un golpe a la melena, dejando tras si un eco de perfume, tan sutil, que Ruperto se descubrió dando dos pasos escudriñando el aire con la nariz tras el, y le hizo compañía el resto del día, como la sensación que queda tras ver un arcoiris o el breve vuelo de una pompa de jabón.

La mujer cruzó la avenida por el semaforo, con esos tacones no podía arriesgarse a cruzar por otro lado, y entró en el Hotel en el que tenía su cita. Sin mirar ni a derecha ni a izquierda se dirigió con paso seguro al restaurante, sin pasar inadvertida a los presentes en el lobby a aquellas horas de la mañana ni a la chica de Recepción quien, como toda reacción se ajustó bien la casaca del uniforme y dibujó un ápice de sonrisa, que desapareció tan rápido como la mujer tras las puertas del restaurante.

Recorrió la distancia entre la puerta y la mesa a la que se sentaba la persona con la que había quedado a paso más vivo del habitual, olvidandose ya de los tacones y cogiendo el bolso en la mano.

  • Espero que lo que tengas que contarme sea muy importante, soy un hombre muy ocupado- Espetó sin rodeos, dejando caer el bolso sobre la silla frente al único comensal que ocupaba la mesa.
  • Cada vez que te escucho esa voz, me dan escalofríos, de verdad, cómo lo haces?, te has implantado un chip en las cuerdas vocales? Buenos Días Eladio, me alegro de verte y ya he pedido, el tuyo solo- Contestó el comensal invitándole a tomar asiento con un gesto. Ella se sentó y se sacó el abrigo, colgándolo sobre la silla, se dejó puesto el chal, ahora más holgado, se mesó la melena y posó sus antebrazos sobre la mesa entrelazando los dedos.
  • Todo es cuestión de controlar la respiración, ya te lo dije, el resto es práctica, en fin, la cambio por ser tú– Y sonriendo a su comensal como solo lo hacía con él, olvidando el papel, se aclaró levemente la garganta- Voilá- musitó entonces con voz varonil.
  • Quiero arruinar la vida de Gregorio Hinojosa Valcuende.
  • Si me dijeras que quieres acabar con ella, también podrías contar conmigo.
  • Eso sería ponerme a su altura, quiero hundirle. Sólo eso.
  • Y qué plan tienes? O mejor formulado….qué pinto yo en el hundimiento?- El camarero se acercó entonces, y puso lo que había sido encargado sobre la mesa, dos cafés, uno con leche, el otro solo, y un cesta con bollos de leche, ella sonrió a su comensal al tiempo que cogía un bollo con las puntas de los dedos- Sigues siendo muy detallista, macho, mato por los bollos de leche….y que aún te acuerdes.
  • En otra vida fui elefante, creo que es por eso – Tomó un breve sorbo de su café, ella alzó las cejas dando cuenta del bollo, y él le pasó un recorte de periódico. Ella cesó de mascar el bollo y por un instante la luminosidad que desprendía su rostro desapareció tras leerlo, se recompuso en seguida y tomó su café solo de una vez.
  • Dime lo que necesitas.

Dámaso Canosa López

  • El Sr.Canosa no está, todavía no ha vuelto de su Terapia de Arpa- Explicó amablemente la chica que atendía la Recepción de Gestoría Canosa, ante la pregunta de Max Sterlitz de si su jefe se encontraba en la oficina.
  • Terapia de Arpa?- Alcanzó a preguntar Max, que nunca había escuchado semejante cosa, la chica sonrió.
  • No es lejos, le puedo dar la dirección si lo desea- Ofreció.

La Terapia de Arpa, tenía lugar en un centro de meditación y yoga, no muy lejos de la gestoría. Al entrar en las instalaciones a Max le dio la impresión de estar entrando en otra dimensión, ya que la decoración y la luz eran de un blanco nuclear y reinaba un total silencio. Por un momento dudó si pasar, pero después se decidió a entrar y se internó por un pasillo blanco y sin esquinas que se perdía hacía el fondo del local. Sólo tuvo que seguir el eco del arpa, para dar con la estancia donde la terapia tenía lugar. Se quedó en el arco que daba acceso al espacio, que carecía de ventanas, y estaba iluminado de forma indirecta con multitud de lámparas de sal, a lo largo de las paredes estaban situadas chaisselonges, ocupadas por gente que parecía dormir mientras una mujer, en el centro de la sala, tocaba una delicada melodía en un arpa de madera lacada negra. Max se retiró un par de pasos, y se sentó a esperar en una de las butacas situadas en el pasillo.

  • Max…Max?….Se ruega al Sr. Max Sterlitz se presente en la Tierra…- Quien esto decía, con marcado acento argentino, era un hombre de mediana estatura y pelo blanco, vestido con ropa de sport, que sacudía el brazo de Max, que se había quedado profundamente dormido en la butaca. Max entreabrió los ojos y se incorporó tratando de no perder el equilibrio al tiempo que soltaba un silbido.
  • No entiendo nada….a mí el arpa me enerva normalmente…- Se disculpó frotándose los ojos con las manos, el hombre de pelo blanco rio y le dio unas palmadas en la espalda.
  • No esta, esta es especial…- Max sonrió y le abrazó a modo de saludo.
  • Me alegro de verte Dámaso..
  • Yo también, qué puedo hacer por vos…- Se interesó Dámaso poniéndose una chaqueta.
  • Tienes tiempo para un café?
  • Y para dos también…

Max buscó sentarse en una de las mesas del fondo en el local donde decidieron tomar el café, lejos de la barra y del bullicio.

  • No me voy a andar por las ramas, Dámaso. Quiero arruinar la vida de Gregorio Hinojosa Valcuende- Dámaso que se disponía a echar azucar a su café con leche en vaso, le miró sin mover un músculo de su afable rostro, clavando en él sus vivos ojos negros.
  • Y eso se os ocurrió así de repente…..- Max sacó del bolsillo de su chaqueta el recorte de periódico y se lo pasó, Dámaso lo leyó y levantó las cejas.
  • Hijo de mil putas….el mismo esquema…
  • Calcado…
  • Y yo dónde cuadro en tu plan….si querés cagarlo a trompadas yo….
  • Quiero hundirlo en la miseria, literalmente…- Dámaso bebió un trago de su café, y se secó la boca cuidadosamente con la servilleta, luego entrelazó las manos y le miró.
  • Gregorio Hinojosa me robó lo más preciado que uno puede tener en mi gremio, Max, mi credibilidad. Hizo que mi nombre fuese sinónimo de estafa y malasartes, me quedé sin un solo cliente, tuve que despedir a todos mis empleados, algunos ya cercanos a la jubilación, tuve que vender mi casa, cargar con culpas que no eran mías, empezar desde el puto cero….estuve tentado a quitarme del medio, sabés?…pero no lo hice…me ha costado quince años armar mi vida otra vez. Si vos lo hundís en la miseria….yo lo empujo al fondo.

Manuma

Elodie e Isabel se encontraron en la puerta del edificio ante el que habían quedado y Elodie marcó la clave en el cuadro de números, en lugar de un telefonillo, que daba acceso al inmueble. Estaban esperando el ascensor, cuando una señora con pañoleta oscura, gafas de sol y un amplio abrigo que le llegaba hasta los tobillos, bajo el último tramo de la escalera a paso muy rápido y abandonó el edificio sin mirarlas ni dirigirles una palabra. Ni Elodie ni Isabel le dieron importancia al detalle, y una vez llegó el ascensor, marcaron el quinto. Cada piso tenía sólo una puerta, de brillante madera labrada y oscura. Elodie pulsó el timbre, que sonó como una dulce melodía de campanas al vuelo. Esperaron pacientemente un par de minutos, y volvió a timbrar, esta vez con más insistencia. Entonces pudieron escuchar pasos que se acercaban presurosos a la puerta y ésta se abrió. Ante ellas apareció un hombre alto y joven, que parecía recien salido de un anuncio de colonias, con el pelo oscuro aún húmedo de una ducha reciente,descalzo y que representaba la elegancia en persona aún vistiendo una simple camiseta blanca y unos vaqueros.

  • Bon Jour mes dames!- Saludó regalándoles una sonrisa que iluminó los ojos verdes que culminaban su perfecto rostro.
  • Buenos Días Manuma…o Iñaki o Donovan…quién eres hoy?- Preguntó Elodie, él rio y les dio paso a la vivienda, cerrando con cuidado la puerta.
  • Yo soy siempre yo, Eladio…a propósito la de Vallés me llamó de tu parte, que conste, yo no a ella…- Aclaró, Elodie asintió e hizo un gesto desvaido con la mano para quitarle importancia.
  • Creo que no os conocéis, ella es Isabel Palacios- Presentó, Manuma se adelantó y le dio dos besos.
  • Encantado Isabel…queréis un café o algo…yo me estaba haciendo uno..- Y las guió hasta la cocina, una enorme estancia amueblada en blanco y beig inundada de luz, Isabel no pudo esconder su sorpresa.
  • Me encanta…el piso es tuyo?-Preguntó mientras recorría la cocina fijándose en las alacenas, Manuma, la miró fugazmente mientras apretaba los botones de una máquina de café eléctrica que había en una de las encimeras.
  • No, de un amigo- Elodie sonrió para si, pero se mantuvo en silencio- Vosotras me diréis en qué os puedo ayudar- Quiso saber Manuma, apoyándose en la encimera y mirándolas a ambas alternativamente. Elodie miró a Isabel, y ésta carraspeó, para después arreglarse innecesariamente un poco su siempre impecable melena.
  • Necesitamos tu ayuda en un asunto…un tanto delicado..- Comenzó, buscando las palabras adecuadas para explicarse, Elodie suspiró.
  • Queremos que colabores con nosotros en el hundimiento y caida de Gregorio Hinojosa Valcuende- Resumió, Isabel le dio la razón con un gesto de la cabeza. Manuma se encogió levemente de hombros.
  • Y ese quién es?- Preguntó, Isabel arqueó una ceja.
  • Si nadie te lo ha presentado nunca, es porque es un impresentable….
  • Si hay que darle de hostias…yo no…
  • No va a haber hostias…al menos por ahora…pero existe un plan para hundirle y te necesitamos…
  • Para qué?
  • Para que hagas lo que mejor sabes hacer..- Anotó Elodie, él la miró un instante tratando de calibrar lo que acababa de decir.
  • Yo no hago hombres…si eso es…
  • Ni yo tampoco, Manuma…y eso no viene al caso…-Anotó Elodie colocándose mejor el echarpe de angora verde que llevaba en un hombro.
  • Harás un bien a la humanidad..- Indicó Isabel, Manuma rio, tenía una risa acorde con su apariencia, en eso la cafetera anunció que los cafés ya estaban listos. Tras preguntar cómo los quería cada una, los sirvió en tres tazas.
  • Y no es ilegal…- Ambas negaron con la cabeza, Manuma tomó un trago de su café con leche y se encogió levemente de hombros- y..por qué?
  • Eso se te explicará en su momento- Aclaró Isabel removiendo su capuchino.
  • Y qué gano yo con todo eso?- Quiso saber Manuma, Isabel ladeó levemente la cabeza y sonrió enigmática.
  • El cielo

Helados

  • Yo necesito que me ayudéis- Pilar y Filigrana se miraron, y luego volvieron a Elodie.
  • Yo con tías no quiero nada….ni un besamanos, fíjate cómo te digo..- Soltó Filigrana, arreglándose la falda.
  • Por cuánto y con quién?- Ofreció Pilar
  • Ay mira esta!
  • Aquí donde me ves no me como un rosco….
  • Y el del otro día qué? Ese rosco lo querría yo…
  • Hacen el paseillo….pero no la corrida…
  • Qué fisna ella…
  • Es la verdad, joder…ni a medias me dejan…
  • Bueno, a ver, estáis o no estáis…que tengo que irme…
  • Otra que tal baila…..dime de qué va y te digo….- Acabó Filigrana, sentándose mejor.
  • Necesito un bolo con Gregorio Hinojosa Valcuende…
  • Uy!…urticaria! Qué digo…prefiero un herpes en los cojones, fíjate lo que te digo….o tirarme de cabeza a la fuente de la Cibeles sin agua….
  • Si es para echarle la raba por dentro de la bragueta, cuenta conmigo…
  • Vosotras no tenéis que hacer nada…con él físicamente, sólo ayudarme a que caiga en una trampa…
  • De osos…y que le arranque una pierna…
  • Con una soga al cuello…y yo tiro de la palanca….hecho…
  • Sin que él se de cuenta, ni él ni nadie…
  • Le ponemos burundanga en el GinTonic…
  • Lo dejamos encerrado en un „Panic-Room“ y tiene que escuchar Marilyn Mason en bucle…
  • Os estáis yendo del tema…
  • Si nos dices el tema…pues a lo mejor, preciosidad…
  • A ver….hay que montar una bacanal..- Filigrana soltó un chillido y dio palmas.
  • Uy! Eso es lo mío…- Pilar, por su parte, encendió un cigarrillo y se relajó en la butaca, estirando sus largas piernas, al tiempo que expulsaba el humo hacia el techo, después suspiró.
  • Y por dónde quieres empezar?
  • Por comprar helados

Concilio

El Ambigú era un antiguo cine reconvertido en club nocturno con actuaciones en directo. Su aspecto exterior seguía siendo el mismo que cuando era un cine, con la única salvedad del nombre del local en letras rojas sobre la marquesina.

Manuma llegó hasta la puerta, tras asegurarse de que estaba en la dirección correcta, traspasó la puerta de acceso. El amplio hall de entrada estaba desierto, y el ropero, a mano derecha, vacío. Estaba a punto de plantearse avanzar hacia la puerta a lo que había sido la platea, cuando un hombre con el pelo recogido en un moño, vestido con un mono naranja y portando un cubo con fregona, apareció por una puerta lateral.

  • Hola! Buenos Días!….eres tú el tuno?- Preguntó alegrándose mucho de verle, Manuma casi rio, le habían llamado muchas cosas en su vida, pero nunca tuno.
  • No, no soy el tuno…
  • Estamos cerradas, mañana a partir de las diez otra vez, ok mi vida?- Explicó el hombre del mono naranja mientras se dirigía hacia otra puerta, Manuma le detuvo.
  • Espera…yo he quedado aquí con Filigrana..- Explicó no muy seguro.
  • Ah bueno!…entonces sígueme mi amor…y cuidado no resbales, aunque seguro que hasta eso lo haces bonito..- Dijo el hombre, Manuma sonrió y guiñándole un ojo afirmó con la cabeza dándole la razón, lo que provocó la carcajada del otro.

Explicándole cosas sin parar, le llevó por las bambalinas del local, hasta uno de los camerinos, del que abrió la puerta sin llamar.

  • Fili…aquí te traigo un caramelito de fresa..- Anunció dando paso a Manuma a la estancia muy bien iluminada, en la que en ese momento se encontraba Filigrana con un hombre, que parecía estar despidiéndose, vestido con ropa de entrenamiento y que portaba una voluminosa bolsa de deporte.
  • Cuando lleguemos te llamo…chau- Dijo el hombre, muy alto, de pelo negro muy corto y brazos tan largos como remos, según le pareció a Manuma, que se tuvo que apartar para dejarle salir del camerino, Filigrana con una vestido largo de lana y el pelo recogido en una cola de caballo no se volvió enseguida.
  • Tiene el caramelito un nombre?- Preguntó aún sin volverse, el hombre del mono naranja invitó a Manuma a entrar y él mismo se fue, cerrando la puerta.
  • Yo soy Manuma…Eladio me citó aquí..- Explicó Manuma, Filigrana se volvió entonces y le observó desde detras de unas amplias gafas oscuras que casi ocultaban la mitad de su rostro, sonrió levemente y con un gesto de su mano, le ofreció asiento en una de las butacas repatidas por la habitación, amplia, tapizada de armarios empotrados y presidida por una mesa de maquillaje con un espejo rodeado de bombillas que ocupaba toda una pared.
  • Eres el primero…siéntate donde quieras, Manuma…porque eres fan o cómo?- Preguntó curiosa mientras se observaba las uñas, pulcramente manicuradas en lila. Manuma sonrió y negó con la cabeza.
  • Sabes guardar un secreto?- Preguntó, Filigrana abrió las manos teatralmente y levantó una ceja.
  • La duda ofende
  • Siempre me han llamado así…por mi nombre real, Manuel María, de ahí Manuma…- Explicó Manuma, dandose cuenta que era la primera vez que se lo contaba a alguien, Filigrana sonrió.
  • Los dos son bonitos…como tú- Concedió, Manuma rio y se quitó la chaqueta- Pilar quedó de traer cafés y demás, sólo te puedo ofrecer agua- Y Filigrana sirvió dos vasos.- Sabes tú porqué las concentraciones de equipos tienen que ser en lugares recónditos?- Preguntó, para después beber un trago de agua.
  • Pues…supongo que para que nadie les moleste, por?-Contestó Manuma, ella hizo un mohín con la boca y suspiró.
  • Ya no voy a los partidos…porque me daban ganas de tirarme al agua y ponerme hacer aguadillas a todos lo que le querían quitar la pelota…- Maluma le miró sin seguirle el hilo, ella sonrió levemente.
  • Arturo…es jugador de waterpolo…por eso..- Aclaró, Manuma levantó las cejas y bebió un poco de agua.
  • Y dónde es la concentración?
  • En Hechingen
  • Dónde?
  • Lo dicho….

El siguiente en llegar fue Max, acompañado de Dámaso, y poco después fueron apareciendo el resto de los convocados, la última fue Pilar, que llegó portando dos cajas con pastas de Titulcia y una bolsa con dos termos de café. Filigrana sacó de uno de los armarios empotrados tazas y vasos para todos los presentes, quienes se presentaron unos a otros en un desordenado barullo, que se fue calmando a medida que cada uno fue recibiendo su café y eligiendo su pasta.

  • Antes de nada, muchas gracias a todos y todas por venir. Por si alguno todavía no lo sabe, mi nombre es Max Sterlitz y yo os he embarcado en esta empresa de la que espero salgamos bien…..creo que todos vosotros conocéis a Gregorio Hinojosa y la clase de persona que es, pero seguro que os preguntáis porqué quiero hundirle…pues bien, para ello he de comenzar por el principio y, en ese principio se encuentra mi hermana Susana, Süsse, para nosotros…
  • Max..por favor…no..- Interrumpió Isabel, aferrándose a la mano de Fernando, quien apoyado en uno de los armarios, cerró por un momento los ojos, Elodie se acercó a ella y la besó en la sien, rodeándole la cintura con un brazo al tiempo que, con cariño infinito, la atraía contra si. Max se contempló un momento las manos y luego la miró sin ocultar su tristeza.
  • Lo sé, Isabel…pero es necesario que sepan toda la verdad…- Explicó, Isabel asintió con la cabeza y la apoyó en el hombro de Elodie, sin soltar la mano de Fernando.- Mi hermana Süsse, se casó con Gregorio Hinojosa.. y está muerta…- En los minutos siguientes, Max relató la historia de su hermana, que, de alguna manera, también era la suya, sin ahorrar detalles y siguiendo una fatal cronología. Al final de su explicación, ninguno de los presentes fue capaz de decir una palabra, ni de mirarse unos a otros, tratando de asimilar lo que Max había contado.- Ahora tiene planeado hacer lo mismo, se ha prometido con una chica, casi una niña, y planea casarse…
  • Y tú, con razón, quieres impedirlo…- Anotó Pilar, atreviéndose a romper el silencio, Max meneó la cabeza sin afirmar ni negar.
  • No exáctamente…
  • Nuestro objetivo es hacer de esa boda, la boda más costosa jamás vista en este país y que, llegado el día, no llegue a celebrarse….pero que Gregorio Hinojosa tenga que hacerse cargo de los ingentes gastos…- Le ayudó Isabel, ya más repuesta, Max continuó.
  • Pero que no pueda hacerlo…porque sus cuentas, que tiene, y muchas, repartidas por medio mundo, estarán vacías…gracias a la labor de Dámaso, aquí presente…-Explicó, presentando a Dámaso, quien hizo una ligera inclinación de cabeza.
  • Todo Plan A, necesita su Plan B…así que el nuestro será encontrar una mujer que se quede embarazada de Gregorio Hinojosa y provoque un escándalo tal que ese matrimonio se acabe deshaciendo…y si los dos planes salen a la vez,más que mejor..- Explicó Elodie entonces.
  • Una „vendedora de helados“…- Recordó Filigrana, Elodie le dio la razón señalándola con un dedo y luego miró a todos los presentes.
  • Entre rusos, se entiende como „vendedora de helados“ un tipo de mujer tipo pin-up, con exceso de todo, incluida la falta de verguenza….mi contacto tiene varias, nos enviará la que ella considere la mejor para la ocasión, tan hormonada, que Gregorio Hinojosa sólo tendrá que rozarla para que se embarace…- Explicó. Manuma, que se había mantenido en un más que discreto segundo plano durante todas las explicaciones, carraspeó.
  • Y…yo..entonces, qué pinto?- Preguntó casi sin atreverse, Elodie sonrió.
  • Tú eres el encargado de llevarte a la chica de calle…- Descubrió, Manuma levantó las cejas.
  • Para que no quiera casarse…
  • Para que no pueda vivir sin ti…- Anotó Filigrana, Manuma rio y tomó un bocado de la pasta que tenía en la mano.
  • Nada más fácil…- Contestó él, guiñándole un ojo, que ella correspondió haciendo rolar los ojos.
  • Isabel, creo que tú tienes todo preparado…- Dijo entonces Max, Isabel alcanzó entonces una maletita que había traido consigo, y comenzó a sacar carpetas de cartón, cada una de ellas con un móvil adherido.
  • Para evitar futuras búsquedas de responsabilidades, no utilizaremos nuestros móviles personales, sino móviles de usar y tirar que, cuando todo acabe, se destruirán, no habrá Emails ni llamadas a fijos, todas las comunicaciones se harán a través de este móvil o en persona. Cada uno de vosotros recibirá además una tarjeta de crédito, con acceso a la cuenta donde Max ha depositado dinero para los gastos que pudiérais tener. Fernando y yo, como Montatanto, seremos los organizadores de la boda, si alguna cosa necesitáramos os lo haríamos saber; Elodie, Pilar y Filigrana, os encargaréis de organizar una fiesta a la que Gregorio acuda, si hay algo que le guste son las fiestas, y tenga relaciones con la chica en cuestión, en esta carpeta tenéis todo lo necesario;Manuma, en tu carpeta, además de la tarjeta de crédito, encontrarás la de socio del Real Madrid, del Atletico y pases VIP para ambos estadios, además de pases para todos los clubs y salas de fiesta de nivel de la ciudad, tu nombre es Pablo Llanos-Brubaker…
  • Brubaker?- Alcanzó a preguntar Manuma, Isabel le miró fugazmente.
  • Me encanta la película, pasa algo?..
  • A mí también…ese final che…único..- Comentó Dámaso cerrando un puño, Isabel sonrió y le imitó, para seguir después con su explicación.
  • Yo te pasaré semanalmente todos los eventos, actos, fiestas, entrenos, conciertos, charlas y salidas en general que tenga la chica….que se llama…a todo esto Carolina Gil de Atienza…alias Cocón desde hace poco…y es muy mona, también tienes foto…la quieren hacer it-girl de Instagram a marchas forzadas…de ahí tanto evento…pero estarás muy entretenido…- Y le pasó su carpeta- Dámaso, tú te encargas de buscar las cuentas, vaciarlas en la fecha de la boda y repartir el dinero de forma que jamás se encuentre, en el caso de que la chica rusa se quede embarazada, reservarás una parte de ese dinero para ella y su hijo, ya que bastante tendrá con tenerlo como padre…
  • Por mi no hay problema…sólo que..voy a necesitar un asistente…- Opinó Dámaso, el resto de los presentes,excepto Manuma, dirigió sus miradas entonces a Filigrana, quién ante esa reacción se llevó la mano al pecho.
  • Yo?!…si aún no llevo bien la tabla del ocho…
  • Pero tu prima sí…- Recordó Pilar, Filigrana levantó las cejas.
  • Lourdes?…Trabaja en Hacienda…muy práctico…
  • Pues los pones en contacto y listo- Acabó Isabel-
  • Para cualquier cosa podéis llamarme y contar con mi ayuda, no estaré muy visible, porque Gregorio me conoce y si me viera rondando podría sospechar….creo que todo está ya aclarado…- Dijo Max.
  • No, todo no…falta ponernos un nombre…- Opinó Dámaso
  • Un nombre?
  • Esto es lo más parecido a una operación…hay que ponerle nombre…
  • Operación Hundimiento- Opinó Pilar, pero no tuvo éxito.
  • Operación Asítepudras- Colaboró Filigrana sin poder evitar reirse
  • La mina que se buscó es una nena muy joven y sin experiencia de la vida, no?…pues ya está Mirlo Blanco- Dijo Dámaso, y todos parecieron de acuerdo.
  • Operación MirloBlanco pues…- Concedió Max, Dámaso levantó un dedo.
  • Nosotros entonces somos los MirloBlanco…y esa será nuestra contraseña si tuviéramos que acudir a una persona ajena a este grupo…
  • MirloBlanco!- Y todos brindaron alzando cada uno su taza de café.