Outlook

Abrió la puerta del apartamento con la llave que aún conservaba, tenía pensado dejarla después sobre la encimera de la cocina. Sólo quería recoger su pasaporte, la última vez se le había quedado olvidado en uno de los cajones de la mesa del salón, estaba segura de que él no estaría. Nunca estaba. Ni en casa ni en ninguna parte. Meneó la cabeza para no darle más vueltas al problema y abrió la puerta. El apartamento estaba sumido en la penumbra, las cortinas estaban echadas y olía a cerrado, se preguntó cuánto tiempo hacía ahora que él no lo pisaba,cerró la puerta y se dirigió a la mesa baja junto a uno de los sofás, abrió el cajón y cogió su pasaporte. Iba a dar media vuelta, dejar la llave sobre la encimera de la cocina americana y marcharse para no volver, pero se detuvo. Se acercó a las ventanas, descorrió las cortinas y las abrió de par en par para ventilar. Sonrió levemente, él solía llamarla „Señorita Corrientes“ por su manía de abrir las ventanas en cuanto entraba en una habitación por primera vez, ella a él „Willy Fogg“, porque nunca estaba más de dos días en el mismo lugar del mundo. Respiró hondo, y se acarició la frente, para, quizás así, borrarle de su cabeza. Fue entonces cuando se abrió la puerta del cuarto y él apareció en el umbral, sólo ataviado con el pantalón largo de un pijama, medio tapándose los ojos de la claridad, y con el pelo completamente revuelto. Ella se asustó, y no pudo evitar dar un chillido y un respingo.

-Lara?-La voz de él estaba aún cascada por el sueño, ella no pudo moverse, aunque lo que hubiese querido fuese correr hacia él, colgarse de su cuello, y decirle que por fin había vuelto, que ya estaba allí, y que no se hacía una idea de lo rápido que su corazón podía llegar a estar latiendo en esos momentos. Pero no se movió, se limitó a abrazarse a sí misma y permanecer en silencio.- Lara…qué sorpresa!…Qué hora es?…- Preguntó él, mientras se acercaba a ella frotándose los ojos con las palmas de las manos.

-Las once- Contestó ella buscando su voz, y abrazándose aún más fuerte a sí misma, el rostro de él, aún inundado de sueño la miró y sonrió, con aquella sonrisa en la que ella podría quedarse a vivir.

-…de qué día?- Bromeó él.

-Miércoles- Acotó ella, para luego apartar su mirada de él y perderla en el exterior lluvioso, él ladeó la cabeza y quiso acercarla a sí, pero ella dio un paso atrás.

-Lara…

-No, Luc, por favor….yo, pensé que no estabas…yo…- Él la alcanzó de todas formas y la envolvió en un abrazo que casi la hizo desaparecer- Luc…verás…yo…

-Lara…leí tu Email….- Ella escondió el rostro entre las manos, no había pensado tener que volver a verle después de pulsar aquel „enter“- y tienes razón…- Ella alzó su mirada inundada de lágrimas hacia él, que no presentaba mejor aspecto- pero no me pidas lo imposible.

-Luc…

-No puedo sin ti, Lara, de verdad que no, vivo para el día en que te vuelvo a ver….y si eso no ocurre soy lo más parecido a un perro rabioso al que nadie se atreve a dirigir siquiera un saludo…tú, tú y tus corrientes, tus pies fríos, tu amor por las tortugas, tus tartas de queso, tu risa de voltereta, tu orden, tus duchas interminables….no me pidas lo imposible, Lara, por favor….porque no puedo…- Ella se atrevió a sonreir entre lágrimas y él se las secó con los pulgares-….y hay algo más…- Ella sintió un pellizco en el pecho, si ahora le decía que había otra persona, su vida se apagaría justo en ese instante- estás hablando con el nuevo socio de, ahora, Melway-Weston-Leight y Winley…- Lara se llevó las manos a la boca y él rio.- se acabó el avión…mi amor, de acuerdo?…Lara…- Ella le abrazó a su vez con toda la fuerza que pudo reunir y apoyó la cabeza en su pecho, él la buscó en un beso entonces, en el que la enredó sin remedio, para llevarla casi en volandas hacia el dormitorio.

Ella dormía bocabajo, desnuda y arrebujada entre un desorden de mantas y sábanas, el pelo rojizo se extendía sobre el colchón, y algunos mechones sobre su rostro tranquilo, en un sueño profundo, en el que había caido después de haberse dedicado ambos a deshacer la cama lo que había quedado del día y parte de la noche. Él,tumbado a su lado, la observó en silencio, y le acarició la cabeza con suavidad sin despertarla, luego abandonó desnudo la cama y salió del cuarto tras alcanzar su móvil, cerrando la puerta con sigilo tras si.

-Molly? Anula todas mis citas de esta semana, por favor….ya lo sé…y los vuelos, ponlos el mes que viene…pues cuélgalo a las horas extras…..estoy en Homeoffice hasta nuevo aviso…ah…Molly?….Busca casas, voy a comprar una- Y colgó el teléfono, lo dejó sobre la encimera y volvió al cuarto, ella no se había movido. Él se deslizó junto a ella y la tapó mejor, cubriendo de nuevo su delicadamente moldeado cuerpo, con todo lo que él necesitaba para que su vida tuviese un perfecto equilibrio, se entretuvo en su cuello para despertarla a medias, y la escondió entre sus brazos, ella apoyó la cabeza en su pecho y dijo el nombre de él aún dormida, él la afianzó más contra si, porque no quería volver a perderla, porque la quería, como no había querido nunca nada ni a nadie en este mundo, y la necesitaba. Para ser feliz. Para hacerla feliz. Para poder seguir funcionando.

Había una vez un circo…

Si juntaba todas las moneditas que había encontrado en los bolsillos de su chaquetón, y su cartera, sumaba exactamente cuatro euros con veinte céntimos. Y ella necesitaba cinco. Exactamente cinco. Tal como le había dicho la chica nueva de la guardería, que no se acordaba cómo se llamaba, porque cambiaban continuamente, y no le daba tiempo de aprenderse los nombres. También buscó en la cartera de su hermano Morris. Y en los bolsillos de la trenka que había traído puesta. Pero sólo encontró billetes viejos de autobús y dos caramelos de menta. No le quedaba otra que salir a esas horas a buscar dinero a un cajero, aún no era tarde, acababan de dar las diez, pero ya estaba en ropa de casa, había tenido un día muy largo, y no le apetecía salir al frío helador que con seguridad reinaba fuera. Pensó que podría ir al cajero por la mañana temprano, de paso que iba a dejar a Ciro a la guardería, pero cayó en la cuenta que justo al día siguiente entraba antes a trabajar y que Morris se había ofrecido a llevar al niño, para que ella llegase a tiempo. Ir al cajero iba a complicarlo todo. Tenía que ir ahora. Melina se fijó en su aspecto por un instante, pantalón de borreguillo azul con motas grises, sudadera roja de forro polar que le quedaba dos tallas grandes y calcetines térmicos con dibujos de vaquitas. Había leído en alguna parte, que, si encima de todo eso, te ponías un abrigo largo, podías ir al mejor sitio. Y eso hizo. Completó el look con un gorro de lana amarillo con lunares negros y unas botas. El cajero más cercano estaba a dos calles. Ida por vuelta. Tampoco hacía falta subirse al tacón, pensó. En lugar de su bolso, decidió usar una riñorera de viaje muy fina, ya que sólo necesitaba la tarjeta,y se la colocó a la altura del estómago. Nadie sabría que la llevaba. Mejor. Seguridad ante todo. Antes de irse, se asomó a la habitación de Ciro, donde ahora dormía también Morris en el sofá cama, ambos roncaban como sólo lo hacen los que realmente duermen profundo. Volvió a cerrar la puerta con el mayor de los sigilos. Y se fue.

El cajero a dos calles estaba fuera de servicio, así que tuvo que caminar hasta el que recordaba que era el siguiente, tres manzanas más lejos. Se caló más el gorro, y, hundiendo las manos en los bolsillos para combatir el frío, dirigió hacia allí sus pasos. Según se iba acercando, comenzó a notar la presencia de grupos de jóvenes, que supuso estudiantes, y que caminaban en su misma dirección, algunos ya con una cerveza en la mano, riendo y metiéndose unos con otros, y no tardó en escuchar el eco de una música. Sonrió. No hacía tanto tiempo que ella también había pertenecido a esa tribu. No tardó en descubrir de dónde provenía la música y a dónde se dirigían los jóvenes. Había leído algo en la Hoja del Barrio, pero no le había prestado demasiada atención. Los comerciantes del boulevard más ancho y en el que se encontraban la mayoría de las tiendas, bares y restaurantes de la zona, habían decidicido llamar a la vida un Festival, al que llamaron “Festival de las Puertas Abiertas” en el que todos los negocios saldrían a la calle, que estaría cortada al tráfico, y amenizarían la noche con música en directo a cargo de grupos locales. Cuando llegó al boulevard, casi no lo reconoció, habían instalado mesas largas de madera con bancos ,que ya estaban repletas de gente, y guirnaldas con lucecitas de colores de parte a parte de la calle, todos los negocios estaban abiertos y ofrecían sus productos en mostradores ante sus puertas.Una amena multitud inundaba el normalmente tranquilo boulevard, unos comiendo, otros bebiendo, otros cantando, disfrutando de una noche distinta. Por un momento Melina temió que hubieran dejado también el cajero de esa calle fuera de servicio, pero al acercarse confirmó con alivio que no era así. Al mismo tiempo que ella, alcanzó el cajero un hombre joven con una abrigo Loden azul y porte de maniquí. El grupo que tocaba sobre el improvisado escenario en el centro del boulevard comenzó a tocar “Un millón de amigos” de Roberto Carlos.

-Ladies first…- Invitó el hombre del Loden, invitándola a utilizar primero el cajero.

-Gracias, no importa…no tengo tanta prisa…

-Insisto..

-Gracias…

Melina sacó la tarjeta de su riñonera de viaje, pero, antes de llegar a meterla en la ranura, algo llamó su atención al fondo del boulevard, donde se hacía ancho y se abría a un cruce de calles. Allí se había formado un muro de personas, que antes no estaban, algo tenían que le hizo fijarse más. Eran payasos. Unos payasos raros. Definitivamente tenía que ir al oculista. Eran unos payasos monstruosos. Que se movían hacia el boulevard como un solo hombre, pateando el asfalto de forma que pareciera marchara un escuadrón. Melina miró al hombre del Loden, que a su vez miraba hacia el escuadrón de payasos, y de pronto abrió los ojos como platos.

-Pero qué…- Acertó a decir, Melina volvió a mirar en la dirección. El monstruoso escuadrón había alzado los brazos, para mostrar su arsenal, compuesto por bates de baseball, martillos pilones, tijeras para cortar setos, aspiradores de hojas, estacas, escobas de púas metálicas y tirachinas de acero. Al grito de ataque de uno de ellos, comenzaron a avanzar dando alaridos hacia ellos. Yo no lo quiero cantar solito, yo quiero un coro de pajaritos. Y la multitud que abarrotaba el boulevard se abandonó al pánico.

El hombre del Loden, alcanzó a agarrar a Melina de la mano,y, salir corriendo contra gente, sillas, mesas, botellas, platos, zapatos, tenedores, piedras, gorros y tiestos que de pronto se les echaron encima. Melina se aferró a él y protegiéndose la cabeza con el brazo libre le siguió hacia ninguna parte, mientras gritaba a voz en cuello. Cuando por fin llegaron a algún lugar donde no chocaban con nada ni nadie, y la lluvia de objetos parecía haber cesado, tres payasos con máscaras que imitaban lo que posiblemente le hubiera pasado a un payaso si lo hubiera arrollado un mercancías, vestidos en cuero negro y blandiendo cada uno un bate, un rastrillo metálico y una soga, salieron de algún lugar dando alaridos incomprensibles, y Melina y el hombre del Loden volvieron a huir lo más rápido que les daban las piernas. Llegado un punto y cuando habían logrado ventaja, se escabulleron por un callejón sumido en la oscuridad. Los tres payasos les siguieron, y tras otear en la oscuridad se marcharon.

-Ya se han ido?

-No lo sé…no oigo nada..

-Dónde estamos?

-Creo que es un contenedor…

-Por eso apesta…

-Espera…

-Qué haces?

-Abrir un poco…la tapa…

-Y?

-Es que está muy oscuro…no veo un pijo, con perdón…

-Pero es verdad…quiero decir…no es una pesadilla mía o algo…

-No..

-Y ahora qué?

-Ven

Y en completa oscuridad, salieron del contenedor de basura donde se habían escondido.

-Hacia dónde vamos?

-Vamos hacia allá, y después ya veremos

-Yo me llamo Melina

-Encantado, yo soy Torben.

A tientas y tratando de no caer en la absoluta oscuridad, llegaron hasta lo que les pareció una pared. Palpando con las manos, encontraron una puerta, y la abrieron. Entraron en lo que parecía una salida de emergencias, iluminada por una tenue luz amarilla. Una escalera metálica subía hacia algún lugar y decidieron ascender por ella, en el primer piso había una puerta azul, la abrieron y se encontraron en un ancho pasillo alfombrado en rojo, con paredes empapeladas con motivos de brocados lilas, del techo ,a intervalos regulares,pendían lámparas de cristalitos. Antes de que pudieran preguntarse dónde habían ido a parar, dos hombres y una mujer elegantemente vestidos aparecieron por el fondo del pasillo, y comenzaron a hacer nerviosos aspavientos con los brazos al verles.

-Por fin! Gracias al Cielo! Ya pensábamos que no llegabas!!

-Rápido, Rápido que ya te están esperando!

-No hace falta que digas nada! Ya lo sabemos todo y lo entendemos!

-Querida, nunca sabremos agradecértelo!

Sin dejarles siquiera decir una palabra, les llevaron a través de innumerables corredores idénticos, hasta llegar a una puerta de doble hoja. Uno de los hombres le quitó a Torben el abrigo, y le arregló el nudo de la corbata, llevaba puesto un impecable chaqué negro. Melina no pudo sino alzar las cejas y parpadear para cerciorarse de que estaba viendo bien, estaba comenzando a dudar de si de verdad estaba despierta. El hombre recogió el rostro de Torben entre las manos, y asintió con la cabeza, Torben le imitó, por hacer algo. La mujer abrió la puerta, y todos entraron a una enorme sala de fiestas, decorada en blancos y dorados, con innumerables mesas redondas repletas de comensales, situadas rodeando una inmensa pista de baile, presidida por un escenario, sobre el que estaba sentada ya una pequeña orquesta. Cuando los comensales advirtieron la presencia de los recien llegados, se incorporaron de sus asientos y comenzaron a aplaudir, dar silbidos y corear algo ininteligible. Acto seguido, todos los varones se dirigieron a la pista de baile, situándose muy juntos, en círculos concéntricos, apoyándo los brazos unos en los hombros de otros. Torben fue llevado por varios hombres hasta el centro de todos los círculos. Antes, alcanzó a lanzarle a Melina una angustiada mirada, ella cerró los puños con fuerza y se los mostró tratando de darle ánimo con el gesto, ella misma recibió entonces, de manos de otra mujer, un pañuelo blanco inmaculado. Y la orquesta comenzó entonces a tocar una especie de polka, al ritmo de la cual los hombres comenzaron a girar unos en dirección contraria a los otros, con Torben en el centro, también girando, entre dos hombres, que, afianzaban a su vez sus manos en sus hombros. Las mujeres, cuando entraron las trompetas, se unieron al baile haciendo girar los pañuelos en el aire con una mano, mientras apoyaban la otra en la cadera. Melina,copió lo que hacían las otras mujeres, no sin antes calarse el gorro, para tratar de pasar un poco inadvertida. Tras dar varias vueltas las mujeres al círculo de hombres danzantes, éstos cesaron en su trajín, y lanzaron un alarido al unísono. Las mujeres hicieron lo propio, pero en falsete. De algún lugar, llegaron seis camareros empujando una mesa repleta de vasitos y botellas, cuyo contenido comenzaron a servir en los vasitos y éstos fueron pasados a todos y cada uno de los integrantes del baile. Una vez todos tuvieron un vasito, un hombre alzó el suyo, y en una lengua que ni Torben ni Melina reconocieron, dirigió unas sentidas palabras a los presentes y tomó el contenido del vasito de un solo trago. El resto hizo lo mismo, para después alzarlo otra vez, y brindárselo a Torben, quien tratando de recuperarse del trago, asentía a su alrededor, carraspeando y buscando aire. Tras una segunda ronda, la orquesta volvió a tocar otra animada pieza y se fueron haciendo parejas, Torben que era abrazado y besado sin cesar por todos, buscó a Melina y comenzó a bailar con ella en el medio de la multitud.

-Creo que hay una puerta alli!!- Le gritó Torben al oido, ella asintió mientras trataba de seguir el ritmo a saltitos- Damos una vuelta para disimular…y nos escaqueamos!- Sugirió él, y así hicieron, dando saltitos y haciendose girar el uno al otro, como quien no quiere la cosa, alcanzaron la puerta lateral. Y desaparecieron.

-No sé qué era eso, pero ahora tengo un calor tremendo…- Torben se aflojó la corbata hasta dejarla casi suelta y se desbrochó el primer botón de la camisa, sin dejar de avanzar deprisa por un interminable corredor, Melina, tratando de seguirle el paso se llevó una mano a la cabeza.

-Es verdad…tu abrigo

-Da igual…ahora no vuelvo…

-Ahí está la puerta de emergencia…

-Vamos…

Salieron a otro callejón, esta vez mejor iluminado, y se dirigieron hacia una de las calles perpendiculares, pero no llegaron a alcanzarla, ya que un nutrido grupo de gente entró por él corriendo y gritando.

-Correed!Correed joder!- Gritó uno de ellos al tiempo que pasaba como una exhalación.

-Que tienen una sierra mecánicaaa! Aguaaa!! Piiistaaa!!- Gritó otro empujándoles en su huida, Torben volvió a agarrarla de la mano y les siguió en su carrera, uno de ellos saltó un muro, el otro desapareció entre los edificios, el resto se desperdigó lo mejor que pudo, cuando el payaso monstruoso alcanzó el callejón tirándo una y otra vez de la cinta de arranque de la sierra para hacer más ruido, Torben y Melina ya se habían metido en otro edificio, que resultó ser una casa de vecinos.

-Lo mejor será que vayamos de edificio en edificio….está claro que están por todas partes…- Decidió Torben, Melina asintió.

-Pues van a conseguir que les tenga miedo a los payasos…con lo que me gustan

-A mí también…pero estos no lo son…ni idea qué pretenden, pero hacernos reir desde luego no…- Melina rio, y él la secundó mientras subían al primer piso- podemos subir hasta la terraza, estos edificios normalmente están conectados por el tejado …

-Cómo los sabes?

-Porque viví en uno mucho tiempo…- Pero antes de que pudieran alcanzar el último piso, se abrió la puerta en el cuarto y alguien dio la luz. Era una chica con un móvil en la mano, y parecía muy nerviosa.

-Arriba no vive nadie..- Dijo casi al borde del llanto.

-No..verás..es que…- Comenzó Torben, pero la chica no le dejó acabar.

-Vosotros sabéis cantar?

La chica se llamaba Norma, y había contratado los servicios de un grupo musical compuesto por guitarra y voz, para amenizar la fiesta sorpresa de cumpleaños de su hermana. Pero no habían aparecido, y la fiesta estaba comenzando a ser un desastre.

-Hombre…en el instituto toqué un poco la guitarra…un poco eh?…un par de acordes….yo podría intentarlo…- Se atrevió Torben, Melina carraspeó y se encogió de hombros.

-Yo no tengo voz….pero me chifla cantar…..si te sirve…- Norma sonrió y respiró aliviada, dándoles paso al piso.

Eran diez chicas y tres chicos, respartidos por un salón mínimo atestado de muebles enormes, uno de los chicos le entregó a Torben una guitarra española, y Melina se quitó el gorro, que guardó en el bolsillo de su abrigo, arreglándose un poco el moño que, en algún momento de la tarde, se había hecho,y ahora colgaba deshecho y sin forma.

-Tú te sabes “La Isla Bonita”?- Le preguntó a Torben en susurro al oído.

-Y la Isla Fea también, si es preciso…- Le susurró el de vuelta, ella rio y tras aclararse de nuevo la garganta, comenzó a cantar.

Cantó cerca de una hora, un repertorio internacional y un par de bailables. Norma quiso incluso pagarles, pero ellos no aceptaron nada, sólo les acompañaron en el brindis con champán y comieron un bol de chili-con-carne con arroz, después de tanta carrera, descubrieron que tenían un hambre voraz.

Norma les explicó que, a través de la terraza podían alcanzar el edificio vecino, y de éste pasar sin problemas al del Centro Juvenil, ya que ella lo hacía a menudo, porque de esta manera ahorraba mucho tiempo cuando tenía prisa.

-Wau! Mira que bonita se ve la ciudad desde aquí…- Admiró Melina, una vez hubieron alcanzado la terraza, Torben suspiró, se sentó sobre unos ladrillos y escondió la cabeza entre las manos.

-A ella también le gustaban estas cosas…- Milena le miró sin entender.

-A quién?

-A Clota

-Quién es Clota?

-Mi novia…bueno ex-novia…cómo se denomina a la persona que te deja plantado en el altar?- Preguntó, Milena soltó un silbido y se sentó junto a él.

-Desgraciada?

-Cuando ya vi que no iba a venir, me fui…ni idea de lo que puede haber pasado después…

-Mejor ni pensarlo..

-Eso…

-Tocas muy bien la guitarra…

-Y a tí se te dan bien las baladas…

-Pues formamos un grupo y andando..- Torben rio y se mesó el cabello, ella le ofreció su gorro- Toma, aún se te van a congelar las ideas…

-Gracias…siguiente tramo?

-Siguiente tramo…

Bajaron por una escalerilla estrecha al edificio contiguo, e hicieron lo mismo después para alcanzar el tejado del siguiente. Desde allí pudieron escuchar el eco sin fin de ambulancias y policía, y varios helicópteros sobrevolaron la zona. Ese edificio tenía escalera de incendios en la parte de atrás, así que bajaron por ella. Una vez en la calle, se quedaron pegados contra la pared, en la oscuridad, escuchando hacia dónde podían dirigir sus pasos. Fue entonces cuando se abrió una puerta en el edificio de enfrente y un hombre se asomó a ella.

-Eh! Vosotros!- Gritó quedo, evitando alzar la voz, Milena, del susto, se aferró al brazo de Torben, quien a su vez, automáticamente, la abrazó- Eh! Venid por aqui…es seguro!- Insistió el hombre indicándoles con la mano que se acercaran, cosa que hicieron midiendo sus pasos. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, el hombre abrió más la puerta y les conminó a entrar, cerrandola tras ellos con varias vueltas de llave. Un foco de luz roja muy tenue regalaba al habitáculo donde ahora se encontraban, el aspecto de un submarino. El hombre sacó una linterna del bolsillo y les sonrió amable.

-Yo soy Mario, os vi por la mirilla, llevo toda la noche pescando gente, es una locura…están pensando declarar el Estado de Sitio…

-Muchas Gracias….mirilla? Vives aqui?- Preguntó Torben no muy convencido, Mario rio y negó con la cabeza.

-No, es la puerta de mi local, el “Everafter”…normalmente abrimos a las cinco, pero ya tuve que dejar entrar a gente antes…venid, es por aquí..ah e invita la casa..sólo faltaría..- Explicó indicándoles con un gesto que le siguiesen. Les guió por un pasillo estrecho cuyos baldosines se iluminaban con cada paso que ellos daban, hasta alcanzar una puerta roja sobre la que se leía el nombre del local en un letrero luminoso en lila. Cuando Mario abrió la puerta, se vieron sorprendidos por una bocanada de ruido, voces y humo, entremezclados con una potente música. No cabía ni un alfiler. Mario se despidió de ellos con un gesto de la mano, y volvió a su puesto de vigilancia, cerrando la puerta tras si.

Melina y Torben se abrieron paso a duras penas entre la multitud, ella optó por aferrarse a la mano de Torben para no perderle, y él se lo confirmó apretándosela levemente, incapaz ya casi de encontrarla en el oceano de gente que les rodeaba. Y pincharon “Living on a Prayer” y todo ese oceano comenzó a saltar y corearla como si no hubiera un mañana. Take my hand, we´ll make it I swear… Y no pudieron hacer otra cosa que saltar con la multitud.

Am@s de casa, estudiantes, repartidor@s , joggers, pintores,putas, conductor@s de autobús, taxistas, travesties con y sin peluca, emplead@s de correos, viajantes de peluquería,panader@s, brokers, singhs con turbante, chaperos, emplead@s del ayuntamiento, trans, maquinistas,abogad@s, barrender@s, parad@s, drags, cajer@s, yoguis, librer@s, kiosker@s, contrabandistas, dealers, camioner@s, chulos,gente de la noche, gente del día, todos los allí reunidos, pasaron las siguientes horas compartiendo un lugar nada común, saltando, bailando, cantando, unos bebiendo, otros fumando, lejos de todo miedo o amenaza, y olvidando el resto, lo demás, en todas sus heterogéneas formas. Como colofón, y como era tradición en el local, se hizo estallar una bomba de confetti multicolor y purpurina roja, mientras sonaba “La Reina de la Noche” de La Flauta Mágica de Mozart.

Cuando las puerta del local se abrió, y pudieron salir, ya era de día, y, como los restos de un ejército derrotado, bañados todos en confetti y purpurina, se atrevieron a tomar cada uno el camino a casa.

-No siento los pies…- Exhaló Torben, tratando de caminar erguido,en mangas de camisa y sin corbata, el pelo teñido de purpurina, Melina, que no tenía mejor aspecto, y caminaba con los ojos cerrados arrastrando su abrigo, le miró guiñando los ojos.

-Qué?…creo que tengo purpurina en los oidos…- Dijo, y se metió un dedo en su oído derecho para oir mejor- Y tu chaqueta?…

-Ni idea..

-Espera…dónde estamos?…- Y miró a su alrededor, la calle por la que caminaban estaba desierta, al fondo distinguió a tres policías a caballo que, a trote lento, venían en su dirección- Creo que ya sé…ven, tenemos que cruzar.

Caminaron un par de manzanas, de vez en cuando se cruzaban con personas que iban a trabajar y les miraban un tanto extrañadas, y con miembros de las fuerzas especiales de la policía, vestidos de negro, con chaleco antibalas, casco sobre el pasamontañas y subfusil cruzado al pecho. Torben y Melina caminaban despacio y en silencio, más pendientes en mantenerse en pie, que en mirar lo que pasaba a su alrededor. Cuando doblaron una esquina, Melina volvió a mirar a derecha e izquierda, y suspiró aliviada.

-Aleluya! Ahí está mi casa…ven- Y cogiéndole del brazo, le ayudó a cruzar la calle. Cuando llegaron a la puerta, Melina rebuscó en su abrigo las llaves, sin éxito, y dejó salir una queja agónica, Torben,que había apoyado su cabeza contra la pared se incorporó aún con los ojos cerrados.

-Qué pasa?

-No tengo llaves…

-Pues un cerrajero hoy…no sé yo…

-Mi hermano está arriba…

-Pues …dónde está el problema?- Torben le hablaba sin abrir los ojos, que había tratado de abrir innumerables veces sin conseguirlo.

-Que si despierto a Ciro antes de su hora…después está insoportable..

-Quién es Ciro?

-Mi hijo..

-Ah…y qué hacemos?…disculpa, pero me es imposible pensar, lo intento, eh?, no creas…pero bueno…- Y se pasó una mano por el rostro, tratando de despejarse.

-Pues…entramos por atrás, tú me aúpas y ya está…

-Muy bien..- Torben abrió los ojos entonces y la miró tratando de fijar la vista- Un momento….a dónde?

La puerta del balcón de la cocina del apartamento de Melina no cerraba bien, ella vivía en el primer piso, así que, según le explicó, arrimarían un contenedor de basura a la pared, primero él la ayudaría a ella y luego subiría él. Un plan sencillo. Y así hicieron, arrimaron el contenedor para basura plástica que era el más grande, y Torben la ayudó a encaramarse a él. Despues, ya ambos sobre el contenedor, él la aupó hasta la barandilla del balcón y ella haciendo esfuerzos ímprobos logró alcanzar el interior del balcón. Después le ayudó a él aferrándolo por la camisa,y tirando de él, hasta acabar ambos en el suelo del balcón. Melina empujó entonces la puerta y ésta cedió sin problema. Torben se dejó caer en una de las sillas.

-Aspirina….

-Iba a decir lo mismo…- Melina abrió una de las alacenas y cogió dos aspirinas efervescentes, que echó en sendos vasos de agua.

En eso estaban, cuando sonó el timbre de la puerta, Melina intentó apurarse a ir a abrir, para evitar nuevos timbrazos que pudieran despertar a Ciro y Morris, pero casi se cae, Torben la ayudó a llegar.

Cuando Melina abrió la puerta, se encontró con dos miembros de las fuerzas especiales, subfusil en mano, que la miraban fijamente desde debajo del casco y el pasamontañas. Melina parpadeó lento varias veces, para cerciorarse de que lo que veía era cierto y no una alucinación, Torben optó por apoyar la cabeza contra el marco de la puerta y soltar un suspiro agónico.

-Buenos Días

-Buenos Días

-Nos ha llegado la denuncia de que dos personas de aspecto sumamente sospechoso han forzado la puerta de su balcón…podría darnos alguna información al respecto…?

-….

En eso, la puerta de la habitación que estaba justo enfrente de la de la entrada, se abrió, y apareció Morris, en calzoncillos, aún medio dormido y llevando a Ciro en brazos. Al ver al grupo y su aspecto, se quedó clavado en el sitio.

-Buenos Días…- El grupo le respondió de manera indistinta, él abrió la palma de su mano derecha – Mira Meli, encontré cinco pavos en el sofá…

El Regalo (Basada en hechos reales, dedicada a Ana Belén)

A mi me dejaron ir sentada delante. Mi madre y mi abuela, con mi hermana pequeña en el medio, se sentaron en el asiento de atrás. Mi abuela me había dado unas onzas de chocolate justo antes de que nos subiéramos, porque era lo único que evitaba que yo, invariablemente, vomitase nada más un vehículo a motor y con ruedas en el que yo viajase, se pusiese en movimiento. Con mi hermana daba igual. Con onzas o sin onzas, ella vomitaría igual, así que la sentaron entre las dos llevando cada una de ellas un cargamento de bolsas de plástico y toallas, para mantener el estropicio bajo control. El taxi nos lo había encargado Mucha, la madre de Úrsula, para que nos llevara hasta donde se iba a celebrar su Comunión. Un lugar que, según me pareció entender entonces, estaba muy lejos. El taxista era un hombre moreno, que se llamaba Juan, y que, para amenizar el viaje, metió en el radiocassette del coche una cinta con los Grandes Éxitos de Camilo Sesto, que dio lo mejor de si durante todo el trayecto, que yo recuerdo eterno, lleno de curvas y arrasado por la lluvia.Jamás,Jamás. Eso mismo digo yo, oí decir a mi abuela, pero no supe porqué, supuse que se refería a mi hermana y sus intentos por no vomitar más.

No me acuerdo de cómo llegamos, ni cuándo, pero no llovía. Mi madre me cambió la ropa que traía por un vestido bonito, con bordado de abeja en el pecho.Y zapatos negros de charol.

El vestido de Úrsula tenía una falda en forma de campana. Le habían recogido su melena trigueña con una hebilla de lazos azules, y ella daba vueltas sobre si misma , y en su girar, la campana subía y bajaba. Yo también giré. Porque todo lo que hacía Úrsula, también lo hacía yo. Y abrimos los brazos. Y nos reímos. Hasta que nos mandaron parar, porque os váis a caer y se os están viendo los bragas. Y nosotras paramos.

De la ceremonia no guardo ni un recuerdo. Sólo que mi hermana se quedó dormida.

Después fuimos a comer a un sitio que a mí me pareció de dimensiones olímpicas, con mesas largas llenas de gente y mucho ruido. En algún momento, un acalorado camarero que portaba cientos de platos sobre sus brazos, colocó uno ante mi sobre la mesa. Un plato rebosante de comida humeante. Una oda a la caldeirada. Le debí preguntar a mi madre, sentada junto a mí, que qué se suponía que tenía que hacer yo con aquello. Yo. A la que ella misma decía que parecía un Batussi, por lo delgada y alta que ya era. Ella, que todavía fumaba, me miró por entre el humo que inundaba el ambiente y lanzó una mirada apremiante a mi plato. Come, que es rape. Y yo no entendí qué tenía que ver el rape con mis ganas de comer. Pero supongo que comí. Porque era rape.

Lo siguiente que recuerdo es que Úrsula y yo, ya en la casa de sus abuelos, por algún motivo, nos separamos del resto de la gente que la abarrotaba, y nos metimos en una habitación en la que alguien había guardado los regalos. Yo le había regalado un caballete para pintar, y pinturas. Fuimos abriendo otros. Pañuelitos bordados con su nombre y la fecha, dos álbumes de fotos de piel, un marco de plata. Y entonces lo vimos.

Un regalo de grandes proporciones, en anchura y en altura, envuelto en papel rosa y adornado con una desproporcionada lazada en tul rojo. Úrsula y yo, nos miramos, y sin dudar un instante comenzamos a romper el papel y tirar de la lazada, para ver qué contenía. Una reproducción exacta de una townhouse de cuatro plantas más buhardilla, en rosa chicle y gris perla, con toldos a rayas combinadas, y banderitas de purpurina rosa a lo largo de los aleros. La Casa de la Barbie. Recuerdo que ambas contuvimos la respiración con la emoción, entonces Úrsula, casi sin atreverse, accionó el mecanismo que la abría. Y se abrió. Cuatro pisos, más buhardilla, por cada parte. Tres habitaciones por piso, amuebladas con todo lujo de detalle y con armarios repleto de trajes. Una Barbie y un Ken habitaban cada una de ellas, en el salón tres de cada tomaban un refrigerio, procedente de una cocina equipada a la última. Dos parejas más estaban sentadas en el coche, aparcado en el garaje. Úrsula y yo no fuimos capaces de mover un músculo, ni de mirarnos, ni hablar, sólo podíamos admirar con la boca abierta aquella profusión de purpurina, Barbies, Kens y floripondios que se erguía como un gigante ante nosotras. Aquello superó a Úrsula y comenzó a llamar a su madre como si alguien hubiera decidido de repente matarla a achazos.

-Mamáaaa!! Mamáaaa!!! Mamáaaaa!!- Sólo paró cuando Mucha, su madre, apareció apuradísima después de haber tenido que descubrir de dónde provenían los gritos, en una casa tan grande y tomada por una multitud de parientes. Llegó arreglándose el peinado y el cinturón de su camisero beig.

-Ay por Dios Úrsuliña! Qué pasó!?- Acertó a preguntar, antes de quedarse clavada ante el coloso rosa chicle y llevarse la mano al pecho tras dar un amago de grito ahogado. Por unos instantes se paró el tiempo, y las tres nos lo quedamos mirando parpadeantes, casi imnotizadas. Fue Mucha la que rompió el ensalmo.

-Deodato!! Deodatooo!! Deodatoooo!!!- Mucha gritaba el nombre de su marido como quien está a punto de ser devorada por un tiburón, Úrsula y yo dimos un saltito con el susto.

Deodato llegó casi enseguida, y entró en el cuarto, alto y elegante, luciendo un Tamburini gris perla e irradiando simpatía con su eterna y tranquila sonrisa, que se congeló a la vista del coloso. Ahora éramos cuatro los que nos vimos dominados por su presencia. De nuevo Mucha rompió el embrujo.

-Deodato…qué es esto!?

-La Casa de la la Barbie, Muchiña…

-Ya…y con eso qué quieres decirme?

-Pero qué es lo que pasa…?

-Qué hacemos nosotros con una cosa así?

-Nosotros?

-Bueno….tu ya me entiendes…es que… qué se hace con esto?

-Y qué quieres que yo haga?…

-No nos cabe en el coche…no creo que quepa en el coche de nadie…esto es terrible….

-Le puedo preguntar a mi hermano René…

-Lo qué…si la quiere?

-No mujer…si nos presta una camioneta de las suyas…

-Pues mira que mandar ahora a René a por una camioneta….

-Y qué quieres?….otra cosa…no sé…

-Y dónde está René?

-Eso ya….

-Pues vamos, venga..Ay por DiosquédisgustomásgrandeVirgenSantísma…René!!- Y los padres de Úrsula abandonaron precipitadamente la estancia llamando al tal René.

Nosotras nos quedamos unos instantes contemplando el coloso y a sus silenciosos y acicalados habitantes.

-Podemos ir a los columpios

-Vale

Úrsula y yo miramos ya a una amistad de más de cuarenta y cinco años. Jamás jugamos con aquella casa, ni volvimos a hablar de ella. Úrsula no sabe ni dónde puede estar.

Cuando todo acabó, aquella misma tarde regresamos a casa con el mismo taxista. Mi hermana volvió a vomitar. Esta vez nos amenizó el viaje Juan Pardo. No me hables, No me hables. Eso digo yo, concluyó mi abuela. Y volvió a llover.

El Hilo

Dámaso Revuelta no era vegetariano. Sin embargo le gustaban las verduras, ya desde antes de comenzar a trabajar como reponedor en el Mercado Central de Frutas y Verduras. De niño había comido sin rechistar las coles de Bruselas en cebollada que le preparaba su madre, así como las ensaladas de pepino o colifror cocida, incluso sin refrito alguno, ante la mirada estupefacta de su hermano, que se había pasado la infancia y juventud renegando de tales platos.

Desde que trabajaba en el Mercado, Dámaso había descubierto que no había una fruta o verdura idéntica a otra. Siempre variaba la forma, o la textura, o puestos a probarlas, el sabor. Así una manzana reineta francesa no sabe igual ni se parece a una cultivada en Asturias, ni los pepinos del Palatinado alemán tienen la frescura de los de Murcia, y a su modo de ver no había mejores patatas que las gallegas, pero él se guardaba sus opiniones para sí. Se limitaba a transportar palés y cajas de producto de un lado a otro del gigantesco recinto, y colocarlas de forma que su contenido no resultase aplastado por el peso al situarlas unas sobre otras.

Él supo de la existencia de Instagram a través de Lauro, cuando éste le había regalado su movil viejo tras haber recibido un Iphone de regalo de Reyes. Hasta ese momento, Dámaso se las había arreglado con un Nokia minúsculo, que había comprado de segunda mano cuando le habían dado el trabajo y le habían dicho que tenía que estar siempre localizable, por el tema de los turnos flexibles; Lauro le explicó a grandes rasgos como funcionaba el aparato, y le ayudó a ponerlo en funcionamiento. Fue entonces cuando apareció el símbolo de Instagram, y Lauro le explicó que era una plataforma a través de la cual gente de todo el mundo, famosa y sin ser famosa, compartía videos cortos y fotografías, y le mostró su página, en la que atesoraba ya cerca de cien fotos de sus hamsters. Dámaso no le encontró mucha gracia, pero Lauro le animó a abrirse una cuenta, ya que así te puedo seguir y eres mi seguidor número 123, le había comentado entre risas, y Dámaso también se había reído, sin saber muy bien porqué, no acababa de entender qué podían tener de interesante los hamsters para que tantas personas quisieran ver las fotos.

Y allí había nacido @RevueltaDam, después de probar un sinfín de posibles combinaciones que, invariablemente, ya tenían dueño.

-Bueno, pues ahora, ya me puedes seguir…- Culminó Lauro triunfante pasándole el móvil, Dámaso no pudo evitar reirse al imaginarse a él mismo siguiendo a Lauro sin pausa por todo el recinto, pero no se lo dijo, se limitó a asentir.

-Y eso…cómo se hace?

-No tiene ciencia ninguna, mira, por ejemplo, nos hacemos un selfie, ves?…y ahora vas al simbolito, pulsas aquí, acomodas la foto, si quieres le pones un filtro y después pulsas aquí y ya se te sube…lo chungo es encontrar lo que llaman “hashtag”, que es una almohadilla con frase…yo no me complico…mira #maridín #cena #amor #tortilladepatata y ya está…después la gente le da al “me gusta” y ya está…- Silvia movía tan rápido los dedos mientras se lo explicaba, que Dámaso apenas pudo seguirla, estaban sentados a la mesa de la cocina, ultimando la cena, consistente en tortilla de patata con ensalada, nada fuera de lo común, sin embargo, después de que Silvia pulsase un filtro, parecía que estuviesen en otra dimensión, consistente en nubes de purpurina y aros con los colores del arcoiris.

-No sabía que tú también tenías eso…

-Tampoco es que lo use mucho, me siguen ocho…mis dos hermanas, mis cuñados, Pilar, mi prima Sumpta, la que trabaja en el departamento de batas y que no sé como se llama y aquí es @345loquilu, y Graciela la del sexto…

-Y todos estos?

-No, a estos los sigo yo, porque son famosos o porque sí…

-Ya…

-Tienes que subir una foto…

-A dónde?

-A dónde va a ser Dámaso, a tu cuenta…

-Ya, ya lo haré mañana…queda yogur?

-Si, tráeme también a mí uno, porfi…

Al día siguiente, Dámaso tuvo que transportar doscientos palés de tomates, de la zona 1 a la zona 2, cinco tipos de tomates de seis marcas distintas. Cada uno de ellos,observó, único e irrepetible. Una vez hubo transportado todo los palets, y antes de hacer una pausa, sacó el móvil del bolsillo interior de la chaqueta de faena y tras colocar un tomate sobre una lona verde, le hizo una foto. Después la subió a su cuenta, tal como creía haber entendido se hacía. #Tomatedelahuerta #RojoyVerde #Rico. Listo.

-Guau! Máquina! El tomate nos ha gustado a doce personas…no está mal…y ya tienes comentarios…- Silvia alzó las cejas al tiempo que deslizaba el dedo por la pantalla, Dámaso se encogió de hombros mientras cortaba el pan.

-Ah…que se pueden dejar comentarios….ni idea..- Silvia sonrió y pasó a leérselos.

@maripili786 Y un tomate! 🙂

@cangrejigru Portugal Resiste!

@cadensiaalandar Con albahaca y mozzarela! Tricolore! Forza Italia!

@delaurohamm Por fin una fotillo!De un tomatillo! 🙂

-Portugal Resiste?- Se sorprendió Dámaso, sentándose a la mesa, Silvia rio, y, dejando el móvil sobre la encimera, le imitó.

-Pues Forza Italia…

-Hoy qué le has puesto a la tortilla, amor?

-Los trigueros que trajiste…

-Qué pintaza…

El brécol lituano tenía un tamaño desproporcionado, de modo que sólo cabían dos por caja. Lauro y Dámaso optaron por usar el transportin, para repartir las cerca de trescientas cajas. Cuando hubieron acabado, Dámaso fotografió uno de los brécoles contra una lona amarilla, y subió la foto a su cuenta antes de irse a la pausa.

@cangrejigru Brasil..lalalala..:)

@maripili786 Eso se cae y es una bomba…

@cadensiaalandar Eso ya es un árbol 😉

@HernánBequeroficial Qué barbaridad! Qué rico y sano es el brécol!

@CarlosValenciaoficial Desde cuándo te gusta a tí @HernánBequeroficialel brecol?!

@HernánBequeroficial Desde siempre @CarlosValenciaoficial

@CarlosValenciaoficial Pues la última vez que lo hice ni lo probaste, Hernán…

@perniladiminut2 Es que hay días que no apetece brécol….

@cangrejigru Brasil..lalalala…

@HernánBequeroficial Perdona,@CarlosValenciaoficial ,pero aquello no era brécol…

@CarlosValenciaoficial No llevarías puestas las gafas…@HernánBequeroficial

@cadensiaalandar Es que a lo mejor era Romanesco….

@HernánBequeroficial Al menos uso gafas y no lentillas de colores…

@CarlosValenciaoficial Eso, balones fuera, no enfrentes el problema…Hernán

Dámaso deslizó el dedo por la pantalla para leer los comentarios a su foto, y levantó las cejas al tiempo que dibujaba un gesto de escepticismo en su rostro. La gente no tiene otra cosa que hacer que fijarse en el brecol lituano, pensó, antes de fichar su salida de turno y dirigirse al aparcamiento a buscar su coche.

-Ay va!Tu foto ha gustado a 187 y Hernán Bequer te ha puesto un comentario!- Silvia se llevó la mano al pecho y abrió los ojos como platos, al tiempo que daba un pequeño saltito, como quien recibe un susto repentino. Dámaso, que pelaba un pepino para añadirlo a la ensalada, la miró fugazmente y se encogió de hombros.

-Y ese quién es?

-Hernán Bequer? Hombre sí…Hernán Bequer…

-Ni idea…

-Nuestro hombre en Hollywood…le conoces fijo….por sus películas…”Más allá de las colinas”, “Olvida”…..

-“Olvida”…algo me suena..

-Es que fuimos a verla al cine, y me harté a llorar…no te acuerdas?…es que nadie muere como él…

-Pues también es mérito…- Silvia rio y deslizó su dedo por la pantalla.

-Carlos Valencia también opina…

-Y ese también muere bien…

-Ese siempre hace de malo….es el que hizo de aquel policía colérico…

-Le pongo pimienta o la dejo así..

-Sin pimienta mejor…para lo que da el brecol oye..

-Te diré…

Los pepinos egipcios eran más pequeños que los marroquíes, y éstos a su vez más gordos que los polacos, los de Almería eran más largos y de puntas romas. Los alemanes se secaban antes y apenas tenían sabor, pero eso ya era cuestión de gustos. Dámaso y Lauro decidieron separarlos por zonas geográficas con un cartel identificativo, primero pensaron en hacerlo con la bandera de cada país, pero después llegaron a la conclusión de que nadie iba a reconocer a la primera ninguna de ellas, así que hicieron carteles con el nombre del país. Una vez los tuvieron todos colocados por tamaño y procedencia, Dámaso se subió a una escalera y les hizo una foto desde arriba de forma que salía un encuadre de varias cajas con pepinos de diferentes formas, tamañosy procedencias. #pepinos #frescoryvitamina #cajas.

@cadensiaalandar Pepinos a mansalva

@cangrejigru Dadme un pepino y moveré el mundo 🙂

@HernánBequeroficial Qué bien sienta el pepino en ensalada! Lo mejor contra la sed!

@CarlosValenciaoficial Quien te haya visto comer pepino alguna vez que tire la primera piedra @HernánBequeroficial

@maripili786 Pipino el Breve fue un Rey Franco 😉

@Hernánbequeroficial Francamente,@CarlosValenciaoficial, me importa un pepino

@CarlosValenciaoficial Clark te queda grande, Hernán. Y lo sabes.

@laresabidadelquinto A Dios pongo por testigo que nunca comeré pepino 🙂

-Ya te siguen 450 personas y la foto de los pepinos le ha gustado a 253…yo flipo…-Silvia,sin salir de su asombro,deslizó su dedo por la pantalla del móvil de Dámaso, quien se cercioraba de si la quiche que estaba en el horno ya estaba a punto.

-El que flipo soy yo…Richi el de Ventas me ha dicho que desde que colgué la foto, el brecol lituano se vende tres veces más..hasta han llamado los lituanos…

-Los lituanos?

-Va a venir el Delegado Cultural y todo, Richi me ha pedido que les nombre en las fotos #MercadoCentralVerduras…y a mí qué más de da…

-Hernán Bequer ya te sigue, el Valencia también…..

-Y un montón de gente que ni sé quien es…quieres queso rayado por encima?

-Sí, por favor….estas cebollas son muy dulces.

-Pues son de Ávila…

-Más agua?

A Dámaso el olor a limón siempre le recordaba al de la colonia de su madre. Aquella que, mezclada con agua en el lavabo, usaba para repeinarles por las mañanas antes de ir al colegio. El problema de transportar limones, era que, si la caja estaba demasiado llena, acababan rodando por el suelo, y después, se perdía mucho tiempo buscándolos y recogiéndolos, así que antes de hacer nada rellenaron cajas vacías con los limones que estaban de más en otras. Antes de la pausa, le hizo una foto a un limón, que, más que un limón, parecía una granada de mano, contra un saco de arpillera. #limón #VeranoySol #MercadoCentralFrutas .

@cangrejigru Un limón, medio limón, dos limones, medio limón 🙂

@cadensiaalandar La sonrisa de la CocaCola, el towarischtsch del vodka…

@HernánBequeroficial Qué bien sienta el agua de limón por la mañana!;)

@CarlosValenciaoficial Eres ácido, Hernán, por eso te sientan bien.

@maripili786 Lo mejor contra la acidez es la leche.

@HernánBequeroficial Si la vida te da limones, @CarlosValenciaoficial , ponle tequila…

@CarlosValenciaoficial Y sal a la herida, Hernán…

@HernánBequeroficial Cuando el diablo no sabe qué hacer….

@laresabidadelquinto …se prepara Margaritas 🙂

@CarlosValenciaoficial Arrieros somos, Hernán…

@HernánBequeroficial Hay muchos caminos, no tengas cuidado…

@CarlosValenciaoficial Y todos llevan a Londres..

@Vallemariade A Roma. Llevan a Roma 🙂

-Y esto qué es?- Dámaso se quedó clavado en la puerta de la cocina, al ver ante él, donde antes había estado el mueble escobero, una alacena para frutas y verduras de Bulthaup ya instalada y en funcionamiento. Silvia, que no cabía en si de felicidad, le abrazó y le dio un sonoro beso.

-Ay amor! Nos ha llegado hoy como regalo, con esta nota de parte de los de Bulthaup…Ay qué ilusión, cada estante tiene su temperatura para cada tipo de fruta o verdura…hasta tiene formitas para fresas…

-Pero…

-Mira, aquí está…”Para recompensar tu campaña de concienciación para potenciar el consumo de frutas y verduras, ponemos a tu disposición esta alacena. Disfrútala con salud!”….de regalo, flipa!…que cuesta tres mil euros…mis hermanas van a alucinar…

-Pues habrá que llamar para dar las gracias….o cómo se hace?….

-Ya les llamé yo, no te preocupes….que ya te siguen diez mil personas!

-Eso es imposible…

-Es que no sabes qué ha pasado?

-…

-Hernán Bequer asistió hoy al estreno de su última película,“Las Ratas”, en Londres y, cuando llegó a la alfombra roja, se presentó Carlos Valencia con un arsenal de tomates, brécoles, limones, pepinos y otras frutas y comenzó a arrojárselos sin piedad al grito de “Tú si que eres una rata inmunda!”, y el Bequer se los devolvía al grito de “Víbora maltrecha, Furcia malpagada, Alcahueta jorobada e Hiena desdentada”….

-“Alcahueta jorobada”…en serio?- Dámaso, que había tenido que buscar sentarse a la mesa de la cocina, no pudo evitar reirse, Silvia giró los ojos y negó con la cabeza.

-Y lo mejor es que todos los asistentes pensaron que se trataba de una performance a cuento de la película…y se armó una batalla campal- vegetal, por así decirlo…al final tuvo que ir la policía y todo…

-Y todo por mis fotos?…esto tiene que acabar…mira, el Delegado Cultural nos ha invitado a visitar Lituania- Dijo Dámaso, y le entregó un sobre que llevaba en el bolsillo, Silvia lo abrió y se dejó caer sobre una silla.

-Ay mi madre….

-Pues no sé qué hacer….

-Tú haz lo que quieras…pero por favor, que no nos quiten la alacena- Dámaso sonrió y alzó las cejas.

-Ni el viaje a Lituania…

-Por supuesto…

-Pues ya veré…

Las frutas tropicales son muy delicadas. Han de transportarse con cuidado y almacenarse a la temperatura y en el lugar adecuado, para que no se estropeen. Era el caso del maracuja. Esta vez, Dámaso no hizo la foto de rigor, estaba demasiado ocupado pensando la manera de salir del embrollo en el que, involuntariamente, se había visto metido. En la pausa ya tenía quince mil seguidores. Su última foto ya le gustaba a tres mil quinientas personas. Tuvo que tomarse una aspirina con el café.

Cuando acabó su jornada, salió hacia el aparcamiento y lo vio. Un Ford Fiesta rojo, viejo y destartalado, aparcado justo en frente de la puerta de salida de personal. Y no lo pensó más. Cambio de tercio, me salgo por la tangente, y ya está, pensó, para después hacerle una foto y subirla a su cuenta. #FordFiesta #pequeñograncoche #tiramillas #MercadoCentralFrutasyVerduras #Lituania #Bulthaup.

@HernánBequeroficial Qué maravilla el Ford Fiesta! Qué buenos recuerdos!

@CarlosValenciaoficial Pues en el mío no quisiste ni entrar…

Ana

Cajón. Mesa. Silla. Puerta verde. Silla. Mesa. Cajón. Caja de puzzle. Cajón. Mesa. Silla. Puerta verde. Hombre. 2464 x 2232 da 5499,64. Vaso. Sed. Sed. Sed. Agua rica. Sed. Sed. Puerta verde. Silla. Isidro. Hola Isidro. Silla. Isidro. Puzzle. Caja de puzzle. Palmira. No.No.No. Palmira. NO. Puzzle. Mesa. Silla. 342:32 da 10,68. Acuario. Silla. Papá. Acuario. Hola Isidro. HOLA. Silla. Puerta verde. Puerta verde. Puerta verde. No. Silla. Sí. 1-1 da cero. Isidro. Sí. 1+1 da dos. Aplaudir. Aplaudir mucho. Isidro. Puzzle.

-Isidro, tú hoy estuviste por primera vez en el Grupo H…

-Sí…

-Alguna observación?

-Estaban Ana, Palmira y Roberto. Ana se entretuvo con un puzzle, Palmira también quiso hacerlo y hubo un pequeño rifi-rafe entre ambas, que se arregló sin más, Ana me miró varias veces…

-Eso no puede ser, habrá hecho un gesto que tu interpretaste como “me está mirando” pero….

-Puede ser, pero creo que me miró, yo me senté junto a la puerta y ella miró hacia mi,varias veces…

-Ahí lo tienes, miraría hacia la puerta, pero nada más…

-Por qué estás tan seguro?

-Ana y las personas como ella no establecen contacto visual, a nada ni a nadie, ella navega con los ojos de un lado a otro, no fija su atención en ningún momento Isidro…

-Ya,..puede ser.

Azul. Verde.Rojo. Amarillo. Amarillo +Azul da verde. Negro. Azul. Agua. Marrón. Isidro. Aplaudir. Hola Isidro. Papel. Arcoiris. Mamá. Arcoiris. Isidro. 32+34 da 66. Ventana. Cristal. Lluvia. Agua. Cristal. Ventana. Mesa. Papel. Arcoiris. Agua. Luz. Isidro. Aplaudir. Sí. Palmira. No. NO. NO. NO. Mi arcoiris. Mío. No tuyo. Isidro lila. Isidro lila camiseta. Lila. Arcoiris. Hola Isidro. Aplaudir.

-Hoy Ana dibujó un arcoiris con los dedos, Palmira quiso también, pero ella defendió su hoja como una leona…tiene caracter la chica…aqui lo tenéis..la obra de arte, y me lo dio…

-Que te dio qué…

-El papel con el arcoiris. Un arcoiris lila y verde…pero un arcoiris.

-Ana te dio su hoja?

-Bueno…yo me acerqué porque empujó a Palmira, y ella me tendió la hoja.

-Ana no interactúa…

-Pues ayer sí, claramente..

-Tú le hablaste?

-Claro, yo siempre les hablo, todo el rato, de esto, de aquello…Roberto se tapa los oídos, Palmira va a lo suyo y Ana me miró y pintó un arcoiris lila…

-Interesante…pero insisto, Ana no establece contacto visual…y..para qué les hablas si no te contestan?

-Hombre, estar en silencio sepulcral todo el tiempo tampoco es plan…

-Ellos lo prefieren…

-Cómo lo sabes?

Mesa. Papel. Azul. Verde. Amarillo. Armario. Estantería. Puerta verde. Isidro. Hola Isidro. 6789:456 da 14,88. Peces. Muchos peces. Acuario. Betis- Osasuna 2:0. Viva el Betis manque pierda. Papá. Acuario. Peces amarillos. Peces verdes. Deportivo La Coruña- Las Palmas 2-1. La Coruña es una península. Las Canarias son ocho islas. Aplaudir. Agua. Azul. Armario. Estantería. Puerta verde. Isidro. Periódico. Isidro. Puerta verde. Estantería. Armario. Peces amarillos. Inundaciones en China. PumPum quién es. Abre la muralla. Mamá. La muralla. Abre la muralla. Aplaudir. China. Agua. Mucha agua. Ventana. Lluvia.NO. Roberto. Plastilina rosa. Peces amarillos. 4567X345 da 1575. Armario. Estantería. Armario. Puerta verde. Isidro. Periódico. Isidro. Puerta verde. Armario. Estantería. Armario. Palmira. Postalitas. Muchas postalitas. No quiero postalitas. NO. Nieva en Nueva York. La nieve es blanca. Moja. Aplaudir. Lluvia.NO. Ventana. Pumpum quién es. Cierra la muralla.

-Hoy Ana me ha regalado este dibujo, y me ha sonreido…

-Ana

-Sí, Ana, fondo azul y puntos de colores amarillos y verdes, también blancos, como nieve….parecen peces…

-Perdona, y dices que te ha sonreído?

-Si, se levantó a darme el dibujo y me sonrió…

-Ana sólo sonríe con su padre en el acuario, sólo allí, es el único sitio donde está confirmado que sonría…si no, nunca. Tampoco llora.

-Pues…bueno…

-Les sigues hablando?

-Les leo el periódico, deportes y actualidad…todavía no han protestado…

-Les diré a los padres que Ana sonríe…

-Y aplaude. A intervalos regulares aplaude…pero sin ruido…

-Será una nueva fase…

-Será…

No quiero paseo. Ana no quiere paseo. Lluvia. Mucha lluvia. NO.NO. No quiero paseo. Isidro. Sí. Pintar. Ana quiere pintar. Ana no quiere lluvia en los zapatos. Roberto quiere paseo. Palmira. Palmira grita. Lámpara. Techo. Lámpara. Techo. Palmira grita. La lámpara es azul. El techo blanco. EaEaEa. Laura. Laura se lleva a Palmira y Roberto. Sí. El techo es blanco. La nieve es blanca. Nueva York. EaEaEa. Isidro. Hola Isidro. Isidro lee un libro. Mamá. Mamá lee libros. “El perro que no sabía ladrar”. El perro hace guau. El gato miau. No me gustan los gatos. Tris. Mi perro se llama Tris. Isidro. El perro pregunta a una vaca. La vaca hace muh. Las vacas son tontas. Dan leche. Leche rica. Pregunta a un caballo. Los caballos me entienden. Isidro. Papel. Marrón. Verde. Azul. PumPum quién es. Abre la muralla. Aplaudir. Caballos. La hierba es verde. El perro pregunta a una rana. Las ranas croan. Ana sabe hablar. Hablar. Isidro. Caballos y hierba. El perro puede ladrar por fin. Y no puede parar. Aplaudir. Acuario. Papá. Hablar. Ana sabe hablar. Isidro. PumPum quién es. Cierra la muralla.

-Roberto fue de paseo sin problemas, con los del Grupo D, Palmira se quedó con Laura…desconocemos el origen del ataque de pánico, normalmente va muy contenta de paseo, Ana tampoco quiso ir…

-Estaba lloviendo, no le gusta la lluvia, el ataque de Palmira la alteró un poco, pero le leí un libro y se calmó pintando caballos…

-Tuvimos una terapia con caballos, pero con los recortes se suspendió….Cómo sabes que no le gusta la lluvia?

-Porque cuando llueve mira hacia la ventana y niega con la cabeza, cuando no llueve aplaude sin ruido…al menos cuando yo estoy allí….

-En las últimas semanas ha doblado su “producción pictórica”, por así llamarla, y los de Terapia Ocupacional afirman que está más colaborativa, se lo he dicho a los padres, que afirman que duerme mejor y que el otro día abrazó al perro….Sigues leyendo el periódico?

-Lo alterno con libros de cuentos….

-Puedo llamar a los de los de las subvenciones y preguntarles por los caballos…nos iban muy bien…

-Los caballos entienden…

Estantería. Armario. Puerta verde. Isidro. Hola Isidro. Isidro lee el periódico. Mamá lee libros. Acuario. Papá. Aplaudir. Mi perro se llama Tris. Isidro. Puerta verde. Armario. Estantería. Puzzle. No me gustan los unicornios. Caballos. Los caballos me entienden. Puzzle. Elefantes. Aplaudir. Dumbo. 2000 piezas. Miss Australia gana el concurso de Miss Universo. La capital de Australia es Camberra.Australia lejos. Puerta verde. Isidro. Hola Isidro. Isidro lee. Aplaudir. Acuario. Papá. Tris. Ana sabe hablar. Mesa. Puzzle. Palmira. NO. MI PUZZLE. NO. Palmira tiene miedo. Ana no tiene miedo. Merienda. Laura trae merienda. Tartaletas de cuajada con nueces. Nueces. Mamá. No me gustan las nueces. No. Ana sabe hablar. Ana no tiene miedo. Isidro. PumPum quién es. Abre la muralla.

-Hola Isidro

-Hola Ana

-No me gustan las nueces.

-No pasa nada, Ana, déjalas si no te gustan…

-Sólo como nueces con mamá, a mamá le gustan las nueces.

-Muy bien Ana…

-Hasta luego Isidro

-Hasta luego Ana

Acuario. Papá. Isidro. Mi perro se llama Tris. PumPum quién es. Abre la muralla.

La Sopa

Mi nombre es Delano Turpin, número de placa 489564. El aviso nos llegó por radio, y, al ser mi compañero y yo los únicos que estábamos cerca en el momento, hubimos de acudir al lugar del accidente. Al llegar nos encontramos con un escenario dantesco y sobrecogedor, con gente embadurnada, confundida, contusionada o herida en caótico desorden. A continuación encontrarán ustedes un detallado informe del suceso, basado en las entrevistas realizadas a pie de campo en los primeros momentos de confusión tras el siniestro ( tal como se aconseja que se haga en estos casos, para evitar la pérdida de crucial información).

Leonor R. 54 años. Pasajera en la zona central del autobús. Contusiones leves.

-Es que lo que usted no sabe es que yo soy alérgica a los garbanzos. Y no se puede imaginar la angustia que sentí al olerlos, ya sabe usted, ese olor tan característico que tienen, y claro, ya entré en pánico porque claro…me puede dar un choque anfibiolíptico…

-Perdón, podría repetirlo?

-CHOQUE ANFIBIOLÍPTICO…le estoy diciendo..

-Anafiláctico, quiere usted decir…

-Y qué he dicho? Choque anbiofilíptico…un sólo garbanzo, uno solo y me puedo despedir de esta vida…y no se puede usted hacer una idea de los que me cayeron encima…supongo que como en las plagas de Egipto, pero con garbanzos, cocidos eh?, menos mal, porque llegan a estar crudos y ahora mismo tengo un traumatismo cefalópodo…y luego estaba el agua,por todas partes, porque mire cómo estoy…y también huele a garbanzo y a otra cosa que no sé decirle qué es…yo creo que ni con lavavajillas me quito el olor del pelo….

-Se acuerda usted de cómo sucedió?

-Pues mire…el frenazo me tiró hacia delante e inmediatamente comenzó a caer un aguacero de garbanzos…

Max H. 70 años. Viajaba sentado en la zona central. Contusiones leves.

-Yo iba sentado frente a Sofie, que es mi vecina de arriba, coincidimos en la parada y nos sentamos el uno frente al otro, ella dirección marcha y yo a contramarcha porque nunca me mareo. Nunca. Ni en las norias esas que dan vueltas sobre si mismas. Sofie,al parecer, se marea con facilidad….y…bueno…estábamos hablando sobre la fiesta de despedida que le estamos organizando al profesor de Tai-Chi del Centro Social…porque se vuelve a Ulam-Bator…que está en Mongolia, sabrá usted, que suena a un lugar ignoto…pero no lo es, según las fotos claro…yo nunca he ido, ni iré, qué se me pierde a mí en Mongolia…en fin..y yo voy a regalarle un libro de recetas de purés de patatas…le encantan las patatas, yo soy más de arroz…Sofie no lo sé…en fin…esto…ah!…eso, que íbamos hablando sobre la fiesta…y de repente el autobús dio un frenazo muy brusco, tanto, que Sofie salió despedida contra mi, al tiempo que comenzó a llover una lluvia deliciosa y caliente, con sabor a comino y perejil…y bueno….Sofia cayó contra mi, mojados los dos, su cuerpo contra el mío, pude sentir sus pechos contra mi torso a través de las telas mojadas de nuestras camisas, sus piernas enredadas con las mías, sus labios buscando aire, sus manos aferradas a mi cabello, y yo la abrazé mientras nos envolvía la sabrosa lluvia….en fin…al intentar incorporarme resbalé con los garbanzos….y caímos juntos….

-Ya…

-Fue una experiencia regenerante y casi bíblica….de hecho pensé que lo que caía era el Maná…cosa extraña, en un autobús, pero puede ser….un Maná de Garbanzos…y Sofie…Sofie en todo mi ser…..

-Ya….

Lautaro Y. 45 años. Viajaba de pie en la parte delantera del autobús. Irritación ocular.

-Comprendo que la emoción todavía le embargue, dadas las circunstancias, entiendo su llanto…

-No..qué va…yo sólo lloro con “Lady Laura”…

-Ya…se encuentra esa Lady Laura entre los presentes?….

-Ah re!…que no…la lluvia estaba resalada y me entró todita en los ojos….me quedé ciego, y empapado…me reasusté porque pensé que era nafta, pero no olía a nafta…olía rico…como a papas con arvejas…pero sin arvejas, no sé, pero debí mirar para arriba y aquí estoy…

-Tiene usted idea de cómo sucedió?

-Cuando entré yo , ya estaba, muy lleno, así que me quedé de pie hacia delante…en uno de los metidos tras el colectivero, no sé..cuándo, de repente frenó muy fuerte y se me vino toda la gente encima mientras comenzaba a llover…yo le juro agente que pensé que así tenía que ser la muerte….por lo de la lluvia cálida lo digo….pero resalada…me caí sobre más gente y nos tuvieron que ayudar a levantar porque resbalábamos no sé con qué…porque aún estaba ciego…ahora ya veo algo…..al menos…Ah re!…esto no me pasó allá en Baires jamás nunca…..que aquí todo era mejor, ya, tan mejor que hasta llueve salado bajo techado….

Nils. W. 20 años. Viajaba de pie en la parte central del autobús. Contusiones leves, schock-post-traumático.

-Joder tío, que asco…me muero del asco….ay qué mal….fue como en StrangerThings sabes?…..me fui a la mierda hacia atrás , como volando…sabes? Sin poder controlarlo…hombre yo creo que ellos lo hacen con arneses o algo…pero yo fue for-real….me fui a la mierda…y todos conmigo a la vez…y me cayó encima esa masa apestosa…que creí que eran cerebros…te lo juro….qué asco…voy a potar…ay que poto otra vez…no…ya no…es que debo estar más vacío que el desierto del Goby..bueno no, que allí hay caravanas de camellos y peña que los guia…y tal….pues tan vacío…como no sé…pero ya no doy más….y es que no eran cerebros…eran fideos…fideos con garbanzos…tan vegano yo…que asco por favor…tan vegano…nunca más…..y cuanto más quería levantarme más me rebozaba a ciegas en gente y esa masa informe….voy a potar…no…tengo fideos dentro de los oidos…flipa…el tio dice que me van a tener que internar….tan vegano yo…y ese olor a garbanzos…como una señal divina o de algo…en plan…salvad el planeta…con garbanzos?…no lo veo…tio…qué asco…y mira mi pelo, con los putos fideos pegados…me lo voy a tener que rapar…..ya no oigo…ay que ya no oigo…..ay tío qué mal…pero te imaginas que fuesen sesos?…voy a potar…ay…qué mal….ay…tan vegano yo….pues que me pongan a parir pero nunca más…..qué asco por favor….qué?…es que no oigo!…que tengo fideos hasta en los pensamientos….ni idea tio…de la nada…me vi en medio de un bautismo de fideo y agua caliente apestosa…creo que voy a potar….

Roland E. 35 años. Viajaba de pie en la parte central del autobús. Contusiones Leves, Shock PostTraumático.

-Yo me dedico al bísines…

-Perdón?

-Al bísines…BÍ-SI-NESS…es que tengo trozos de algo encajados en las muelas…porque justo bostecé….porque al ser bísines…viajo mucho y tengo sueño acumulado….y me tragué…mira no sé lo que me tragué….pero tenía apio…mucho apio….aquí dónde me ves, yo soy el rey del BloodyMary…y yo siempre lo tomo con una barrita de apio….así..chás…fresquito…pero lo que me tragué yo estaba caliente…no ardiendo…pero caliente…y pensé que me ahogaba…porque me atraganté…sin saber con qué….pensé que me había quedado dormido de pie y que estaba soñando…ya sabes, eso sueños raros en los que comes, pero no comes y es porque tienes hambre…pero esto no era un sueño…me encontré nadando en fideos y resbalando con garbanzos…eso no pasa en bísines, debería haber también Zona Bísines en los autobuses……una zona alta, elevada sobre el resto de los viajeros, superior, por encima del bien y del mal, lejos de todo garbanzo…sólo para Bísines….así se evitarían estas cosas….

Leoni T. 28 años. Viajaba sentada en la parte delantera del autobús. Contusiones leves, (posible) Shock PostTraumático.

– Tengo patatas hasta en la mismísima, no te cortes mira, pueden coronarme como la Reina de la Patata, parpadeo y me caen trozos…fíjate lo que te digo… hoy por la mañana me dije, Leoni, hoy llevas canalillo, que si no lo haces ahora cuándo lo vas a hacer, como decía mi abuela…y me puse la blusa que compré para la boda de mi prima Rita….y..vamos….de dónde saca pa tanto como destaca…pa chula yo…y claro…por ahí me entró todo…. primero pasé por una especie de batidora y me marinaron con agua de garbanzos y hojas de acelgas…y cuando salí…toda yo era una patata cocida……..ni idea de cómo pasó…estoy para comérme..

Oliver P. 46 años. Conductor del autobús. Herida abierta en la ceja derecha, contusión en la sien, Shock PostTraumático.

-Podría explicarnos cómo es que, encontrándose al volante y mirando hacia delante, tenga usted una herida inciso- contusa en su ceja derecha y una contusión en la sien del mismo lado?

-Yo iba a la velocidad permitida, ni más ni menos, y con el autobús muy lleno, así que voy siempre con cuidado…pero se me cruzó el caballo, bueno el caballo no, un coche con un remolque de caballo…y frené en seco antes de verme obligado a llevármelo por delante, porque, a mi modo de ver, no hay cosa peor que matar un caballo a propósito….sin necesidad, me refiero, es como matar un elefante o un koala…me explico?…yo no voy por la vida matando caballos, quiero que conste, y entonces tuve que frenar en seco…pero me lo comía igualmente y giré la cabeza hacia la derecha para no recibir el impacto de la luna delantera si estallase….porque….mi compañero Luis, también se empotró contra algo y le estalló la luna, y parecía el chino malo de 007…

-007?

-Si hombre, el que tiene diamantes en la cara incrustados…pues Luis no eran diamantes, eran los cristalitos de la luna….y yo no quería que me pasase lo mismo, así que giré la cabeza….y fue cuando me dio el golpazo el Objeto Volador No Identificado…

-….

-Quiero decir….algo vino volando, algo metálico y con bordes afilados y me dio en la cabeza….y me cortó la ceja….le juro agente que pensé que era un tiro, porque empecé a sangrar de una forma poco normal, y a salpicar a mi alrededor…me incorporé aturdido, resbalé y caí sobre varios pasajeros que apestaban a garbanzo…yo pensé que era el olor de mi sangre…y me asusté..porque pensé que debía estar podrido por dentro…y es que a mi no me gustan los garbanzos…..una vez mi abuela me hizo comer un plato de ellos cocidos…entero, sin dejar uno…y desde entonces los odio….y todo olía a garbanzo….y vomité sobre alguien….no sé quién…y ya no me acuerdo de más..porque al parecer me caí redondo…

-Sabe usted quién lanzó el objeto volador?

-Según parece esa chica de ahí…

-Cuál?

-La que están atendiendo porque no para de llorar…

Gudrun K. Viajaba en la parte superior trasera del autobús. Shock PostTraumático.(Es incapaz de articular palabra. Llanto convulso. Declaración del médico de urgencia)

-No creo que pueda decirte nada……padece un grado de nerviosismo tal que no le permite parar de llorar…. según nos ha contado su amiga, esa de ahí que no puede parar de reir…no me mires así…creo que no voy a poder volver comer garbanzos en mi vida…ellas se sentaron en dos asientos a la izquierda de la puerta trasera, que están más elevados que el resto del autobús ya que a esa parte se accede por dos escalones.. estaban invitadas a la inauguración del piso de unos amigos y Gudrun, que es esta, llevaba un enorme bol metálico de sopa de verduras con tapa, entre los brazos..en el momento del frenazo, siempre según la declaración de Felisa, que es aquella, el bol salió disparado por el aire, perdió la tapa y dando vueltas, repartió su contenido sobre los pasajeros para por último colisionar contra la ceja del conductor….no te lo crees?…yo tampoco me lo creía…pero es la única explicación plausible a esta masacre vegetal….porque verduras tenía eh?…garbanzos, patatas, fideo,cebollas, calabacín, apio, acelgas, tropezones de pan de ajo y caldo de sopa, mucho caldo de sopa…..que?…me las voy a llevar a las dos, y que duerman el disgusto….porque no es otra cosa que un disgusto….otra cosa…ya ha alcanzado alguien al caballo? Entre pitos y flautas salió de su trasportín al galope y nunca más….me voy tener que llevar también a la dueña….que fue sobre la que vomitó el conductor después de salpicarla de sangre….que?…un “Carry” total…espero que no se le dé por lo peor….

Tras escribir el atestado, controlar la retirada del vehículo siniestrado y sincronizar las labores de limpieza de la escena, regresamos a comisaría a escribir el informe.

Más tarde, cuando llegué a casa, mi esposa había preparado sopa de cena. Afortunadamente sin garbanzos.

CASH

Miriam no se volvió. Primero los niños, y luego ella, pasaron el control de seguridad y desaparecieron por el corredor que les llevaría a su puerta de embarque. Si ha de ser la última vez que te vea, no quiero que sea llorando. Le había dicho ella. Y tenía razón. Lo último que necesitaban ahora eran lágrimas.

El vuelo de él salía tres horas después, desde la otra terminal. Se sentaría en alguna de las cafeterías a tratar de comer y beber algo. Aunque no tuviera ganas. No pensaba con claridad con el estómago vacío.

Distinguió a Amadou casi de inmediato entre la multitud. Enfundado en un traje azul hecho a medida, con camisa y corbata a juego, avanzaba con la elegancia que le caracterizaba y con la tranquilidad de aquellos que saben a dónde van. Amadou no sólo era más alto que él, también tenía la piel un tono más oscuro, y las facciones más finas, él había salido a su madre y tenía la cara más ancha y un tono de piel chocolate con leche, como le gustaba decir a Miriam. Amadou le saludó ya desde lejos, alzando el brazo en el que llevaba colgado un abrigo, y regalándole la más ámplia de sus sonrisas.

-Joseph Amini!- Exclamó mientras se acercaba a él ya ofreciéndole la mano, Joseph se incorporó y se la estrechó, para luego darle un abrazo.

-Amadou Laurentius! No sabía que volabas desde aquí- Y le ofreció un asiento frente a él, Amadou dejó su abrigo y su maleta de mano sobre otra silla y se sentó.

-Yo tampoco, hermano, en la segunda escala nos redirigieron por culpa del mal tiempo en el otro lado…

-Sabes algo de los otros?

-Sólo que ya han salido, nada de mensajes entremedias, tal como acordamos…

-Les veremos allí entonces…- Amadou le miró un instante, y él se limitó a enarcar las cejas- Esperemos…

-Esperemos, hermano, esperemos…

El vuelo que debían tomar salió puntual. No iba lleno, así que pudieron sentase juntos. Mataron el tiempo leyendo la revista de a bordo de la compañía aérea y tratando de dormitar sin conseguirlo, apenas trabaron conversación, su intranquilidad aumentaba a medida que se iba acercando la hora de llegada a destino. Llegado un momento Amadou optó por recorrer el pasillo del avión varias veces, fingiendo querer estirar las piernas, Joseph apoyó la cabeza contra el asiento delantero y cerró los ojos. Una de las azafatas se acercó a preguntarle si se encontraba bien. Él intentó sonreír y quitó importancia a su postura, echándole la culpa a un dolor de espalda.

Tras aterrizar, el avión no fue llevado a la terminal. Se quedó atravesado en una de las dos pistas. Joseph y Amadou se miraron y permanecieron sentados, mientras el resto del pasaje se apresuraba a recoger sus pertenencias de los portaequipajes. Ellos saldrían de últimos. Primero se unió Amadou a la fila que se había formado en el pasillo para abandonar la aeronave, tras él, Joseph. Una bocanada de calor casi volcánico les recibió al llegar a la puerta de salida. Joseph se fijó en tres camiones militares apostados alrededor del avión, varios soldados armados vigilaban la bajada de los pasajeros, que eran dirigidos a un autobús por otros hombres armados.

-Si abren fuego, caeré sobre ti…- Anotó Joseph, Amadou enderezó la postura y se abrochó un botón de la chaqueta del traje.

-Entonces caeremos juntos, hermano- Contestó Amadou, sin volverse.

Pero los soldados no abrieron fuego. Uno de ellos, el que estaba al mando del retén, al descubrirles, se acercó a ellos y se cuadró, tras soltar por un momento la ametralladora que llevaba colgada, que hasta entonces había aferrado con ambas manos.

-Honorables Laurentius y Amini, Lenoko a la orden- Espetó estirándose en su postura de firmes, casi clavando la punta de los dedos de la mano derecha en su sien. Amadou le devolvió a medias el saludo, Joseph asintió con la cabeza mientras observaba los movimientos del resto de los componentes del retén, hombres de ébano, jóvenes, nerviosos, bañados en sudor y sujetando sus armas con tanta avidez, que la presión pintaba de blanco las yemas de sus dedos. Lenoko les indicó que le siguiesen hasta un coche aparcado al borde de la pista, un mercedes Klasse A metalizado, del que descendió otro hombre uniformado, que también se cuadró nada más tenerles ante si.

El aire acondicionado dentro del vehículo, en contraste con el calor abrasador en el exterior, hizo estornudar a Amadou varias veces, lo que provocó la risa del soldado conductor y de Joseph. Amadou los secundó, negando con la cabeza y abandonándose a un nuevo ataque de estornudos.

-Bless!- Exclamó el soldado mirándole a través del espejo retrovisor, sin poder evitar la risa.

-Bless, Bless…- Contestó Joseph, Amadou sólo pudo levantar su mano derecha tratando de controlar un nuevo estornudo.

El coche les llevó al único hotel de cinco estrellas de la capital, ante el que estaban aparcados varios camiones militares, que patrullaban el perímetro, cargados de hombres portando fusiles. Dos de ellos les abrieron la puerta de doble hoja de cristal de entrada al hotel, al tiempo que se cuadraban y clavaban la punta de la mano libre en la sien.

Un halo de aire frio les recibió nada más cruzar el umbral, Amadou volvió a estornudar, Joseph no pudo evitar reir.

Y allí estaban esperándoles. Los otros tres embajadores. Una vez alguien había repartido el mundo en cinco partes, y había enviado a cada una de ellas un embajador que se haría cargo de los paises que ésta englobase. Si bien estaban en contacto continuo unos con otros, era siempre extraordinaria la ocasión en la que se reunían, y esta lo era. Los cinco tenían la categoría de un consejo de sabios, y siempre se les debía tener en cuenta para tomar cualquier decisión que incumbiese al país.

-Laurentius y Amini! Ahora ya estamos completos!- Exclamó un hombre alto y delgado, con un traje gris perla con camisa blanca y corbata lila, sus facciones finas, dibujadas en su piel de mahagoni se relajaron en una amplia sonrisa.

-Michael Savaneh! Alabado!- Saludó Joseph ofreciéndole la mano y su abrazo, Laurentius le imitó, tras Savaneh se acercaron al grupo otros dos hombres. Los dos también en traje. Pero que no podían ser más diferentes. Uno era de mediana estatura, facciones marcadas dominadas por unos ojos grandes y profundos, llevaba el pelo al estilo afro y un traje de lana fina marrón con camisa beig y pajarita de tweed. El otro era de menor estatura, su cabeza carecía de pelo y su piel era la de un mulato, varios tonos más clara que la de sus colegas, sus facciones eran anchas y tras unas ligeras gafas Truman, se podían apreciar unos vivos ojos verdes, que acompañaban a su sonrisa en la alegría de verles aparecer.

-Lamin Olumi y Kim Humphries!-exclamó Amadou extendiendo sus brazos, dando la impresión de querer abrazarlos a ambos al mismo tiempo, Olumi y Humphries le ofrecieron la mano y una cálido abrazo entre risas.

-Todavía no ha llegado nadie?- Preguntó Joseph mirando a su alrededor, el lobby del hotel estaba casi desierto, exceptuandoles a ellos, los dos recepcionistas y un soldado que les observaba desde el acceso a las escaleras.

-Número1 y su Segundo, entró hace un rato…- Comentó Savaneh señalando hacia algún lugar del fondo del lobby. Y como si le hubiesen llamado, apareció.

Número1 era un hombre alto y de complexión fuerte, enfundado en un uniforme verde botella cuyas solapas estaban repletas de condecoraciones, tenía el pelo ralo muy blanco y unas facciones anchas, como su cuello, apenas contenido por la corbata del uniforme, la gorra del cual llevaba bajo el brazo. Tras él, su Segundo, más joven,no tan condecorado, y con menos canas, pero luciendo el mismo uniforme. A Número1 se le llamaba así en lugar de utilizar su nombre, al igual que al Número2 y al Número3, que formaban junto con él la cúpula militar bajo cuyo mando se encontraba el ejército. Los dos militares aparecieron provenientes de uno de los pasillos que desembocaban en el lobby y se acercaron al grupo. Tras los saludos pertinentes, les instó a que les siguieran por el pasillo por el que habían venido.

Les guió hasta una sala de conferencias, presidida por una enorme mesa rodeada de incontables sillas. Un frente de ventanas, ahora cerradas, daba a uno de los laterales del hotel, dos ventiladores suspendidos del techo funcionaban a toda potencia, pero no lograban disipar la sensación del olor a cerrado.

-Abriré las ventanas…- Dijo Joseph, nada más entrar, pero Número 1 se lo impidió.

-No, Amini, El Único lo quiere así…- Los cinco se miraron entre si y después a Número1, sin entender- Lo que hablemos podría ser escuchado desde fuera…o alguien colarse por la ventana…por eso él las quiere cerradas- Explicó señalando las ventanas, su Segundo, tras él, alzó las cejas, pero se mantuvo en silencio.

-Y los ventiladores?…no hay aire acondicionado?-Se interesó Savaneh , Número 1 pareció suspirar, pero casi imperceptiblemente.

-El Único teme que alguien pueda introducir gas por el conducto del aire…de ahí los ventiladores- Explicó, los cinco hombres se volvieron a mirar entre si, pero se abstuvieron de dar su opinión, dando paso a un corto silencio incómodo- Tomad asiento donde os plazca…como veis hay sitio de sobra…- Invitó Número1 buscando sonreír sin conseguirlo, su Segundo miró por un instante hacia los ventiladores y se balanceó sobre sus talones, para después seguir a Número 1 fuera de la sala.

Los cinco embajadores se quedaron solos. Humphries estornudó varias veces, y sacó un pañuelo de papel del bolsillo, Amadou sonrió y se dejó caer sobre una de las sillas.

-Estornudos de ida y vuelta- Bromeó, Humphries le miró mientras se sonaba la nariz.

-Creo que me he acatarrado en serio….y mis alergias han hecho acto de presencia, como siempre que vuelvo…- Informó al tiempo que se quitaba las gafas para secarse los ojos con el pañuelo, Amadou volvió a reir y sacándose la chaqueta del traje, la colgó sobre el respaldo. Savaneh se acercó al aparato del aire acondicionado y pudo comprobar que estaba desenchufado, lo que le hizo menear la cabeza, pero no dijo nada al respecto. Joseph y Olumi observaron el exterior por las ventanas cerradas, la sala daba a una franja ajardinada tras la que se abría el aparcamiento del hotel, por el que patrullaban soldados.

-Están nerviosos- Apuntó Olumi mientras sus ojos seguían a los uniformados en su paseo sin fin por el aparcamiento, Joseph asintió.

-Como todos nosotros, hermano, como todos nosotros…- Confirmo dándole una palmada en el hombro, antes de ir a ocupar una de las sillas a la mesa.

Poco a poco fueron llegando los convocados a la reunión. El primero en llegar fue Número2 con su Segundo, ambos con el mismo uniforme verde botella que Número1 y su subalterno, y las mismas condecoraciones. Número2 era un hombre delgado, casi flaco, de pómulos altos y ojos achinados en un rostro azabache, surcado por una cicatriz en cada mejilla; su Segundo compartía su tono de piel, pero no su delgadez ni su altura, lo que llamaba la atención al verles juntos. Tras los saludos de rigor se sentaron en una de las cabeceras de la mesa, sin ánimo de trabar conversación. Número3 y su Segundo llegaron poco después, dos hombres de cerca de dos metros, en sendos uniformes condecorados, de rasgos suaves y ojos almendra, su tono de piel era de la miel oscura, eran más jóvenes que Número1 y Número2 pero habían superado ya la barrera de la cuarentena. Tras los saludos pertinentes, Número3 quiso abrir también la ventana, pero tras recibir la misma explicación que en un principio había dado Número1, desistió en su deseo. Permaneció sin embargo junto a la ventana, observando a los soldados que patrullaban el aparcamiento, su Segundo se sentó junto a Savaneh del que era primo en algún grado.

Ya caía la tarde cuando llegó un hombre al que ninguno de los presentes conocía, y que se presentó como Abu Arthur, en la treintena, de piel cetrina oscura y enormes ojos negros en un rostro de facciones casi aguileñas, vistiendo un correcto traje gris sin corbata. Venía acompañado de otro que le sacaba una cabeza en altura, con el pelo en rastas ralas, en vaquero y camisa blanca, que llevaba un revolver sujeto a la cintura,y que se limitó a saludar a los presentes con un escueto gesto de cabeza, antes de abandonar la sala y ocupar su puesto de vigilancia en el corredor ante la puerta. Abu Arthur permaneció de pie, sin saber muy bien qué hacer, hasta que Joseph le ofreció que ocupara una silla, oferta que Arthur aceptó con una sonrisa tímida al tiempo que se acariciaba la nuca con un pañuelo, que después dobló cuidadosamente y guardó en el bolsillo de la chaqueta.

-Sólo espero que que se digne a asistir- El comentario de Laurentius rompió el denso silencio en el que se había sumido la sala tras la llegada de Arthur, los ventiladores no lograban aligerar el aire ni a la postre la tensión que se iba acumulando poco a poco en ella. Número2 miró a Laurentius desde su posición del extremo de la mesa, y se limitó a juntar las yemas de los dedos de las manos, su Segundo se sentó mejor en la silla, Número3, aún junto a la ventana, se volvió hacia Laurentius.

-Asistirá- Acotó, para volver a sus labores de observación.

Humphries sacó un spray-antialérgico del bolsillo interior de su chaqueta e introduciendo uno de sus extremos en la boca, dio dos certeros toques al émbolo dosificador, Olumi le miró preocupado.

-Todo en orden?

-Es por precaución….mis alergias, ya sabes, hermano, además me he acatarrado y no ayuda…- Contestó Humphries, para luego tratar de respirar hondo.

El Único llegó cuando alguno de los presentes ya había dado las luces por culpa de la oscuridad que la anochecida había traido consigo.

Al Único se le llamaba así porque había sido el presidente del país durante los últimos treinta años. Había llegado al poder en unas elecciones y desde aquel momento había permanecido en él ininterrumpidamente. Hasta hacía seis meses. En las últimas elecciones, y contra todo pronóstico, había salido vencedor por aplastante mayoría el candidato del partido de la oposición, un hombre llamado John. Y El Único se había negado a aceptarlo, enrocándose en el poder e impidiendo la toma de posesión de John. La situación había ido escalando hasta convertirse en insostenible, y se había organizado esa reunión para tratar de solucionarla de forma diplomática. John, por seguridad, no asistiría, en su lugar había enviado a su hombre de confianza, Abu Arthur, acompañado de un hombre armado.

El Único siempre había sido un hombre de constitución fuerte, y a pesar de haber superado ya los setenta años, lo seguía siendo. Los trajes a medida de preciso corte y color conseguían disimular su corpulencia, como en esta ocasión lo hacía un traje azul cobalto con corbata a juego. Único tenía el pelo rizo blanco ralo y facciones de mulato si bien su color de piel era más oscuro que el de cualquiera de los presentes. Si por algo se caracterizaba era por su eterna amplia sonrisa y su don de gentes. Sin embargo no había atisbo de ella cuando entró en la sala, y se limitó a saludar a todos con un escueto “Buenas Noches”, antes de sentarse a la cabecera de la mesa entre Número1, Número2 y sus Segundos correspondientes. Los otros se miraron unos a otros, indecisos al ahora de decidir quién tomaría la palabra primero. Laurentius fue el que se incorporó y se decidió a explicar la situación.

-Buenas Noches a todos, si estamos aquí reunidos es por una cuestión que pone en peligro la integridad del país y que ha de ser resuelta cuanto antes…mis compañeros Amini, Savaneh, Humphries y Olumi, aquí presentes, y yo mismo, pondremos todo de nuestra parte para que así sea…aprovecho para saludar a Abu Arthur, representante de John, que se ha ofrecido desde el primer momento a entablar un dialogo…Único, antes de nada, desearíamos que nos dijeses tus razones para no aceptar tu derrota…creo que este es un punto que a todos nos interesa…-Explicó Laurentius, dirigiéndose siempre a todos los presentes y gesticulando en la justa medida. Único le escuchó en silencio,acodado sobre la mesa, sin mover un músculo de su rostro, que, en cada pasquín publicitario siempre aparecía sonriente. Número1 le susurró algo al oído, pero El Único movió negativamente la cabeza, y entrelazando las manos se incorporó un poco más en su asiento.

-Lo que me ha quedado claro es que mi pueblo me ha querido dar un aviso, para que en un futuro lo haga mejor…nada más. Propongo convocar nuevas elecciones, y tomar esto por una anecdota sin consecuencias- Articuló las palabras con su voz profunda y con las pausas ya aprendidas de años de explicaciones sucintas y discursos.

Abu Arthur, que hasta entonces no había abierto la boca, y había ocupado una discreta posición en la mesa, miró a su alrededor sin dar crédito a lo que acababa de escuchar.

-Único…el pueblo ha hablado y ha dicho que no te quiere más, eso es lo que hay que interpretar…

-Lo que se interpreta o no, eso lo decido yo, o es que nunca lo has tenido claro?- Cortó Único sin apenas dedicarle un soslayo, Arthur se incorporó e iba a contestarle, al tiempo Laurentius quiso mediar y los otros cuatro embajadores se miraron entre si, pero Único se incorporó abotonándose la chaqueta.

-Y yo ahora interpreto que tengo hambre, Número3, haz traer lo encargado- Ordenó, Arthur miró a Laurentius, quien le indicó con un gesto que se sentara, como también lo hizo él. Número3 se incorporó y abandonó la sala. Humphries sacó de nuevo el spray y dio dos toques al émbolo contra su boca, acto seguido agitó el spray otra vez e inhaló un nuevo toque, el spray parecía estar acabándose.

-Te encuentras mal?-Preguntó Joseph, Humphries se pasó un pañuelo por la frente y carraspeó, sin abrir los ojos.

-Creo que me está subiendo la fiebre…y sólo tengo este spray…debí traer todo lo demás…pero no pensé..en fin..-

-Si necesitas un médico….- Comenzó Olumi sentándose junto a él.

-De aquí no entra ni sale nadie hasta que todo esté zanjado- La voz de Único atravesó la sala, Humphries se limitó a apretarse el puente de la nariz, Joseph y Olumi se incorporaron a la vez.

-Si el compañero necesitara ayuda, se le suministraría, Único, no es necesario poner vidas en peligro por…- En eso se abrió la puerta y dos mujeres arrastrando una mesa con ruedas hicieron su aparición. Ambas estaban ataviadas con el uniforme del hotel, un vestido marrón con manga globo y cuello barco, recogido en un pliegue en la cintura y que caía en tablas hasta los tobillos, la de más edad lucía un turbante a juego, la más joven llevaba el pelo completamente entrenzado y recogido en un moño a un lado de su cabeza. Entraron midiendo sus pasos, y sin atreverse a mirar a su alrededor. La más joven, de rasgos menudos y mirada inquieta, levantó el mantel blanco que cubría la mesa rodante, y acto seguido los militares presentes se llevaron la mano a la pistola que todos llevaban al cinto, la chica lo notó y miró a su alrededor sin decidirse a destapar la mesa por completo, su compañera la ayudó atropelladamente y levantó las campanas de acero inoxidable que cubrían las bandejas preparadas con pan seco, fruta y verduras cortadas, completaban el carro un número indeterminado de botellas de agua helada. Las mujeres dispusieron las bandejas sobre la mesa lo más eficientemente que pudieron, y colocaron dos pilas de platos con cubiertos de plástico. Mientras esto sucedía, los hombre allí reunidos se mantenían en silencio, observando la operación, pero perdido cada uno de ellos en sus propios pensamientos. Las dos mujeres se marcharon empujando la mesa, y cerrando la puerta tras si.

-Fruta y verdura…? Pan?…He recorrido la mitad del globo para poder sentarme a esta mesa…exijo comer algo caliente- Sentenció Laurentius señalando las bandejas, Único le miró en silencio un instante, Número1 iba a decir algo, pero Único se lo impidió.

-He visto morir a demasiada gente envenenada, honorable Laurentius, y no quisiera correr la misma suerte…

-Envenenada? Me conta que tienes enemigos pero….

-La fruta y la verdura son sanos, a comer y callar…

-Arroz, podemos pedir arroz…- Intervino Savaneh, Único le miró escéptico.

-Y quién me asegura que es comestible?- Preguntó casi irónico, Joseph se incorporó entonces.

-Yo comeré el primer plato- Se ofreció. Los otros cuatro hicieron amago de decirle algo, pero Joseph se lo impidió con un gesto- Yo comeré el primer plato- Repitió. Único levantó la barbilla y luego se la acarició.

-De acuerdo, honorable Amini, nada que objetar- Y luego con un gesto de la mano, ordenó al Segundo de Número2 ir a pedir la comida.

Mientras esperaban, Abu Arthur explicó su programa de mejoras y los planes que John tenía para el país, Único le escuchó atentamente y rebatió todos los puntos recordándole sus logros de los últimos años y cómo el pueblo se los había agradecido, cuántos mandatarios de importancia internacional le habían honrado con su visita y a cuántas Cumbres había sido invitado, después le pidió a Arthur que concretase qué experiencia tenía en gobernar un país y de qué medios dispondría, Arthur intentó defender su capacidad intelectual y la de su representado de la mejor manera que pudo. Humphries, llegado un punto, juntó tres sillas y se acostó sobre ellas con los ojos cerrados, Olumi, sentado junto a él, le colocó un pañuelo empapado en agua helada sobre la frente. En eso llegó el arroz. Las mismas dos mujeres de antes entraron arrastrando una mesa sobre la que había un enorme recipiente metálico con tapa, platos y cubiertos de plástico. Una vez todo estuvo dispuesto sobre la mesa, se dispusieron a abandonar la sala, pero Único se lo impidió.

-Nadie sale, nadie entra- Acotó, la más joven pareció comenzar a temblar y la de más edad le rodeó el talle con un brazo atrayéndola en silencio hacia si, Número2 miró fugazmente a Número1, quien a su vez le miró a él y, tras suspirar imperceptiblemente, se quitó la casaca del uniforme. Joseph se acercó al recipiente metálico y lo destapó, contenía una cantidad ingente de humeante arroz. Cogió uno de los platos, y con una cuchara se sirvió dos veces. Laurentius apoyó los codos sobre la mesa y se tapó la cara con las manos, Savaneh se incorporó de su asiento sin perder de vista los movimientos de Joseph, Número3, aún junto a la ventana, se apoyó en el quicio con los brazos cruzados y la mirada clavada en el recipiente, Arthur se secó la nuca con el pañuelo, Único asistía impasible a la operación. Joseph cogió el plato en la mano y clavando la mirada en Único comenzó a comer el arroz, sin apartar un ápice sus ojos de su contrario, hasta acabar el plato. Después se sirvió un vaso de agua y lo alzó.

-A tu salud, Único- Saludó. Único parpadeó lento y asintió, al tiempo que hacía un gesto desvaído con la mano. El Segundo de Número3, abrió la puerta y conminó a las mujeres a salir, cosa que hicieron casi corriendo. Y todos pudieron, al fin, comer caliente.

Después volvieron a las negociaciones, que, invariablemente, acababan en callejones sin salida, o se perdían en explicaciones inútiles que Único no entendía ni tenía la intención de entender, firme en su idea de repetir las elecciones. Laurentius y Savaneh intentaron apelar al bien común del pueblo, a la necesidad de seguir en paz, en las consecuencias que una guerra civil podría traer a las generaciones futuras, a las muertes inútiles. Contra todo pronóstico, Número2 anotó, llegados a este punto que él ya había vivido una guerra y no deseaba vivir otra, Único, sin embargo, seguía cerrandose en banda. Fue entonces cuando Joseph Amini, se incorporó de su silla, y se dirigió a él en el dialecto que ambos compartían.

-Único, qué quieres? Dinos, qué quieres para irte?- Todos miraron entonces a Único, quien, incorporándose en su silla, apoyó las manos sobre la mesa y posó tranquilo su mirada en la de Joseph.

-Treinta millones de dólares y un avión a París.

Se hizo entonces un silencio denso, sin principio ni fin, en el que todos ellos parecieron hundirse.

-Así sea- Joseph acompañó la frase con una inclinación de cabeza. El resto de los presentes se limitaron a imitarle. Humphries, que no se había movido de su improvisado lecho sobre las sillas, se incorporó entonces, se había quitado la chaqueta y la corbata, la fiebre, en conjunto con sus alergias no le hacían tener el mejor aspecto, Olumi le instó a volver a acostarse, pero Humphries negó con la cabeza.

-Hay que despertar al director del Banco Nacional, e ir hasta allí, buscar el dinero y volver….mi spray está vacío, mi pecho ha comenzado a pitar y tengo frío en una habitación que supera los treinta grados y en la que no se mueve el aire, con lo que supongo que tengo fiebre…ir a buscar ese dinero se me presenta, tal como están las cosas, una misión suicida….pero si me quedo aquí moriré igualmente…me comprometo a ir y regresar con el dinero…sólo pido que un médico esté en el banco cuando yo llegue- Único miró a Número1, quien ya se había incorporado de su silla, al igual que su Segundo.

-Honorable Humphries, después de ti- Confirmó Número1 cuadrándose. Olumi quiso abrazar a Humphries antes de que éste se dirigiese a la puerta, pero Humphries sólo le apretó levemente los antebrazos, y, con paso vacilante se alejó hacia la puerta, para después abandonar la sala sin mirar atrás, seguido de Número1 y su Segundo.

Nadie habló después. Los embajadores caminaban por la sala, evitaban encontrarse. Número2 y su Segundo les observaban, Número3 y su Segundo, junto a la ventana, observan el exterior, donde la noche avanzaba lenta; Número3 se quitó la casaca y su Segundo le imitó. A pesar de los ventiladores, el aire seguía sin moverse. Único, recostado en su silla, parecía dormitar.

Cuando la puerta de la sala volvió a abrirse, y Número1, portando una maleta, hizo su aparición, parecía que hiciera una eternidad que se hubiera marchado. Le seguían su Segundo y Humphries, quien, tal como había sido acordado, había recibido una inyección y antibióticos nada más llegar al banco. Olumi y él se fundieron en un fraternal abrazo que pareció no tener fin. Laurentius por fin pudo dejar de caminar, Savaneh se apoyó la cabeza sobre la mesa, Joseph miró al techo y cerró los ojos, descubriendo,por fin, que podía volver a respirar. Número3 colocó la maleta sobre la mesa y la abrió, estaba rebosante de billetes nuevos en fajos.

-Contadlo, no quiero sorpresas- Conminó Único a la vista del papel moneda. Decidieron que fuesen Laurentius y Joseph quienes lo contaran, Savaneh lo colocaría de nuevo en la maleta. Sólo se equivocan una vez, y han de volver a empezar. Numero1 fue el encargado de cerrar la maleta con un candado y entregar la llave a Único, quien la guardó en el bolsillo interior de su chaqueta. Fue entonces cuando alguien llegó para avisar de que la familia de Único ya estaba en el hotel, y que ya se había organizado su transporte seguro al aeropuerto. Único cogió la maleta, y, sin despedirse, abandonó la sala. Número1, Número2 y Número3 no hicieron amago de seguirle, ni él se lo pidió.

Tras unos instantes de aturdimiento, Número2 abrió las ventanas de par en par, y el aire fresco de las primeras luces del alba inundó la sala. Abu Arthur, con los codos apoyados en la mesa y la cara escondida en sus manos, rompió a llorar, sacudiéndose en un llanto silencioso, Número3 se volvió a poner su casaca y se la abrochó, después se situó tras Arthur, al igual que su Segundo, Número2 se pasó las manos nervudas por la cabeza y la cara, aún ante la ventana abierta al amanecer, e imitó a Número3, su Segundo se situó junto a él, Número1 se acercó a Arthur y le dio unas palmadas en el hombro derecho, al tiempo que situaba ante él un vaso de agua, Arthur se volvió hacia él con el rostro arrasado en llanto y se lo agradeció con un gesto de la cabeza, para después comenzar a beber a pequeños tragos.

Humphries, que se había vuelto a tumbar sobre las sillas, sin gafas, se apretó el puente de la nariz, mientras Olumi, junto a él, recostado en otra silla, miraba al techo donde los ventiladores seguían funcionando inútilmente. Savaneh, con las manos entrelazadas sobre la mesa y los ojos cerrados, parecía rezar, Amadou y Joseph , junto a las ventanas abiertas de par en par, contemplaban el exterior, los soldados del aparcamiento charlaban entre si y hacía bromas, ya sin controlar perímetro alguno, Joseph pudo ver al Capitán Lenoko junto a uno de los camiones aparcados, desde el que provenían ecos de una música, al ritmo de la cual Lenoko parecía bailar haciendo girar sus manos en el aire y meneando la cabeza al ritmo. Joseph se apoyó en el borde de la ventana y respiró hondo, al tiempo que cerraba los ojos, Amadou asintió con la cabeza, sin decir una palabra, como confirmándose algo a si mismo, y, por fin, se permitió llorar.

El mismo coche que les había traido al hotel, les volvió a llevar al aeropuerto. Laurentius volvió a estornudar, y Joseph a reir. Bless, hermano, Bless, volvió a repetir el chofer sonriéndole a través del retrovisor. El vehículo les dejó al pie de la pista donde aún seguía el avión en el que habían llegado, como si el tiempo desde entonces se hubiera detenido. Otros viajeros se dirigían despacio a la aeronave, sin prisa, portando su equipaje de mano. Joseph y Amadou se despidieron del chofer, y se encaminaron hacia la escalerilla.

-Si nos disparasen ahora, caeríamos juntos, hermano- Sugirió Joseph, Amadou le pasó el brazo por el hombro y sonrió.

-Tú lo has dicho, hermano, juntos- Y a la par, iniciaron la subida por la escalerilla, todavía envueltos en el frescor del nuevo día, en el que el sol volvería a brillar en paz.

El Intervalo.

Renate Wieland alzó la vista para tratar de ver el fin del rascacielos al que se disponía a entrar, pero el edificio se perdía en las nubes grises que cubrían aquella mañana la ciudad. Se colocó bien el bolso en el hombro, respiró hondo,y, procurando hacerlo con el pie derecho, se introdujo a la primera oportunidad en uno de los habitáculos de las puertas giratorias que daban acceso.

Era su primer día de trabajo. Hacía una semana que le habían confirmado que el puesto era suyo, y dos días después le enviaron el contrato para firmar, que ella había reenviado después por correo certificado urgente. La TRAX-Corporation era la mayor empresa de servicios del mundo. Éstos abarcaban desde enroscar bombillas a cortar la hierba de campos de fútbol, pasando por suministro de prensa, colocación de vallas publicitarias, pegado de carteles, izado y bajada de banderas y banderolas oficiales y publicitarias, limpieza y reposición de cristales de cualquier tamaño y a cualquier altura, entrenamiento de aves rapaces, barrido de carreteras en zonas desérticas, suministro de líquidos en grandes concentraciones de gente, recuento de islas desiertas, posicionamientos de kilómetros O, limpieza de telones de cine, medida de anchura de valles y alturas de colinas, limpieza de montañas en época estival, localización de galeones, reparación de líneas telefónicas submarinas, localización de personas perdidas en laberintos y maizales, suministro de materiales de oficina para zurdos, elección de música para ascensores y esperas en línea, listado de avistamientos de Ovnis y catalogación de tipos y tamaños de globos aerostáticos. Entre otras muchas cosas. Se decía que muchas de las firmas de tratados a lo largo de la historia habían sido gracias a la TRAX-Corporation, no por ser una de las partes, ya que, si de algo no se ocupaba era de asuntos políticos, sino por haber suministrado las plumas, el papel y la tinta que los habían hecho posibles.

Renate trabajaría en el departamento de Empadronamientos Corporativos. TRAX-Corporation, para su buen hacer, necesitaba a miles de trabajadores que viajaban por todo el mundo y permanecían el tiempo que fuese necesario en el lugar en el que se encontrase su misión. La empresa les proporcionaba allí vivienda, y se hacía cargo de todos los gastos, además de los trámites burocráticos subsiguientes. Él o ella sólo tenía que concentrarse en su trabajo. Renate había trabajado antes como contable en una gestoría, que había cerrado tras la muerte de su jefe. Se había decidido por este trabajo, ya que no distaba mucho del que acostumbraba a hacer, además le quedaba a tres paradas de metro de su casa. Para ir al trabajo anterior había tenido que tomar un cercanías y un autobús. Ahora podría dormir un poco más por las mañanas.

-Buenos Días, Renate. Bienvenida a Trax.- Walter Hudgens era un hombre alto y delgado, casi flaco, tenía el pelo cano peinado hacia atrás y era portador de una gafas de pasta amarillas, cuyos cristales agrandaban sus ojos azules, llevaba un traje de lana fina azul con camisa blanca, pero sin corbata, y mocasines. La recibió ofreciéndole la mano y la mejor de sus sonrisas, invitándola a que le siguiera a lo largo de un pasillo que se adentraba en las oficinas.- Aquí todos nos tratamos de “Tú”, yo soy Walter y tú eres Renate, eso hace la comunicación más fácil y evita encorsetamientos absurdos…como verás nuestras oficinas son abiertas, apenas hay muros, lo que concuerda con nuestra filosofía de entendimiento y diálogo, todos nuestros asuntos están relacionados, directa o indirectamente, y los departamentos no tienen una frontera física…ocupamos tres plantas comunicadas por ascensores y escaleras, somos una empresa que anima a sus empleados a practicar deporte…y qué mejor deporte que subir y bajar escaleras…no?..en fin….yo estoy en todas partes y en ninguna…puedes preguntarme lo que quieras y cuando quieras, te ayudaré encantado….de todo lo demás te irá informando Grace, Grace Deville, ella es la encargada de explicarte nuestro sistema y cómo funciona…al principio es un poco lío, pero después es siempre igual….- Se lo explicaba mientras avanzaban sin detenerse por amplias estancias repletas de mesas de diferentes tamaños a las que estaban sentados hombres y mujeres trabajando ante un ordenador, muchos de ellos sobre pelotas ergonómicas, atravesaron también estancias de sillones y cojines de suelo, y pasaron ante varias “peceras” en el interior de las cuales lo que parecían técnicos con batas blancas y gafas de seguridad hacían pruebas con algo que Renate no pudo distinguir- Nuestros horarios también son flexibles, lo importante es que al final del día todo quede “atado y bien atado”,que decía mi tía, no?… Grace, Grace…dónde se mete esta chica?…..en Empadronamientos Corporativos sois…bueno…eres tú…en realidad…hasta hace un mes era el puesto de Edgar, Edgar Ripoll, pero se jubiló, merecidamente, y ahora…bueno…pues estás tú, no?…- Mientras hablaba, Walter Hudgens gesticulaba con las manos a derecha e izquierda y le dirigía miradas fugaces, sin perder la sonrisa, que Renate secundaba, tratando de seguirle el paso y no perderse en el entramado de salas y pasillos- Grace!- Exlamó entonces, alzando los brazos al aire en señal de alivio, al ver a la persona que había estado buscando, una mujer de mediana edad, con el pelo rojo recogido en un moño italiano, enfundada en un vestido de piqué verde y encaramada a unos zapatos de tacón del mismo color, que en ese momento entregaba unos papeles a otra compañera.

-Walter!- Respondió la mujer, imitando a Hudgens en el gesto, y ambos rieron, Renate se limitó a sonreír, Grace le ofreció enseguida su manicurada mano en lila.

-Hola, yo soy Grace, tú eres Renate, supongo..- Se presentó, parpadeando muy rápido, Renate se fijó en sus largas pestañas y en el pulcro rimmel, y pensó en cuánto tiempo hacía que no se maquillaba, pero no le dio tiempo a calcularlo- Ven, que te muestro tu “Centro de Operaciones”, porque eso es lo que eres, querida……- Walter se despidió de ellas entonces hasta más tarde y se perdió por uno de los pasillos, mientras ellas se alejaron en dirección contraria- Al principio todo es un poco lío…pero después todo es igual….

-Tú…en qué departamento estás?- Se atrevió Renate, Grace alzó las cejas y sonrió con sus perfilados labios carmín.

-Yo soy “Manifestaciones, Protestas, Levantamientos y Quejas”….créeme, no es tanto como pinta- E hizo un gesto desvaido con la mano, Renate asintió dándole la razón, sin saber muy bien a qué.

Durantes las siguientes semanas Grace introdujo a Renate en todos los procedimientos relativos al departamento Empadronamientos Corporativos. Bajas, altas, cambios de ciudad, cambios de país, cambios de continente, cambios en la misma ciudad, país o continente, solteros, casados, viudos, divorciados, separados, conviviendo de Hecho, con hijos, sin hijos, en procesos de adopción, con niños en régimenes de acogida, en colegio público, privado, concertado, Walldorfschule, Internado, o, en caso de territorios remotos insulares, escolarizaciones on-line y tipos de alquileres, que constituían un apéndice aparte.

Renate aprendió a crear su própia rutina, en la que pronto se encontró cómoda. Fue entonces cuando apareció Fritz Müller. A las diez de la mañana de un martes. Lo martes los dedicaba a las bajas en empadronamientos nacionales. El dossier virtual de Fritz Müller le apareció cuando trató de darle de baja. Intentó hacerlo de la forma que normalmente lo hacía, pero el sistema no se lo permitió. Fue probando todos los procesos que, según le había explicado Grace, solucionaban tales incidencias. Pero ninguno funcionó. Fritz Müller volvía a aparecer en el lateral izquierdo de la pantalla, como una visita que se resistiera a marcharse, impidiéndole continuar con el trabajo.

Imprimió el dossier y buscó a Grace, para preguntarle qué se hacía en esos casos. Pero Grace, sentada a su mesa, con unos voluminosos auriculares cubriéndole los oídos, le indicó con gestos que volviese más tarde, ya que se encontraba en medio de una reunión a tres bandas. Renate hojeó el dossier, corto, sin foto, ni datos sobresalientes; primero pensó en dejarlo en la carpeta de “casos pendientes” y dedicarse a otra cosa, pero descartó la idea, ya que el sistema no se lo permitiría. Fritz Müller tenía prioridad.

Encontró a Walter en una de las peceras más grandes, en la que se había instalado un tanque transparente de agua de considerables dimensiones, en el interior del cual había tres objetos que a Renate le parecieron canoas, en diferentes estadios de hundimiento. Walter, con bata blanca y gafas protectoras de seguridad sobre sus gafas, anotaba algo en una carpeta que tenía en las manos. Sonrió al verla.

-Hola Renate, qué sorpresa más agradable..- Saludó mirándola por encima de ambas gafas, Renate le devolvió la sonrisa, y no pudo evitar fijarse de nuevo en el tanque de agua.

-Hola Walter…qué es eso?- Preguntó señalando el enorme container de cristal y metal, en el que ahora se habían sumergido varios submarinistas totalmente equipados, bombonas de oxigeno incluidas. Walter levantó las cejas.

-Cayucos..

-Cayucos?

-Cayucos que se hunden sin razón aparente. Para los ciudadanos de las islas 3427, 3428 y 3429 son como coches, su medio de transporte habitual….y los nuevos cayucos se hunden, que viene a ser equivalente a un accidente de tráfico, pero en el agua…estamos buscando la causa…

-Son más pesados…quizás?- Se aventuró a conjeturar Renate, Walter suspiró.

-Sólo diez gramos más…José María, nuestro experto en Profundidades y Abismos, apunta que la posible causa sea que los habitantes ahora pesan más…pero no podemos descartar otras opciones…- Explicó mientras movía sus manos desvaidamente, como solía hacer siempre que explicaba algo, luego volvió a mirarla por encima de las gafas- Y a ti?, qué que te trae por aquí?

-Fritz Müller- Contestó Renate mostrándole el dossier.

-Qué le ocurre?

-No consigo darle de baja, vuelve a aparecer una y otra vez..- Walter parpadeó varias veces y alzó las cejas.

-Sáltalo, es un Intervalo, puede pasar…

-Saltarlo? Cómo?…

-Tres veces Enter, Arlt- I Mayúscula…lo saltas y ya está, no pasa nada-Explicó Walter haciendo con sus dedos los mismos movimientos que éstos harían sobre el teclado. Renate asintió con la cabeza y volvió a mirar hacia el tanque donde ahora dos hombres y dos mujeres en traje de baño se subían a los cayucos. Sólo dos de los cayucos se hundieron. El tercero aguantó el peso. Walter se ajustó las gafas y guiñó los ojos brevemente, para después anotar algo en su carpeta.

-No lo entiendo…- Susurró para si, Renate alzó las cejas.

-Muchas gracias Walter…ánimo..- Se despidió, Walter le sonrió como respuesta y después se alejó hacia un panel de botones.

De vuelta en su mesa, Renate releyó el dossier Müller y clickó la ventanita que siempre le aparecía en la pantalla. Fritz Müller, Boulevard de los Girasoles 12.

Esa misma tarde, al salir de la oficina, decidió ir a rendirle una visita al tal Müller. Dio los datos en el buscador de su móvil, para saber cómo llegar, y éste sólo le dio una posibilidad. El autobús 142b. El empleado de la Compañía de Tranvías la miró descreído cuando ella le preguntó por la parada del autobús. Le aclaró que no era una línea muy concurrida, ya que, según él, la gente de esa zona solía moverse en bicicleta, y le tendió un papel escrito a mano con la señas de la parada. Renate se limitó a asentir, mientras echaba cuenta del tiempo que no andaba en bicicleta.

Al autobús 142b se subieron aquella tarde dos personas. El conductor y Renate, quien optó por sentarse detrás de él, por miedo a pasarse de parada.

-No temas, es la última…- Le aclaró el hombre, sonriente, cuando ella le dijo su destino, lo que no hizo más que confirmarle que quizás aquella idea suya no había sido muy buena.

Pronto abandonaron el jaleo del tráfico de hora punta del centro de la ciudad, y se adentraron por una zona verde residencial, de casas individuales, con jardines cuidados, parques y plazas. No se cruzaron con ningún otro vehículo, ni en su dirección ni en la contraria, pero sí con mucha gente en bicicleta, tal como le había dicho el empleado de Tranvías.

El autobús alcanzó la última parada media hora después de que hubiesen salido del centro. Una pequeña explanada en forma de rotonda con una isla en el centro de la circunferencia, adornada con siemprevivas de muchos colores, y una marquesina de madera azul con bancos, alrededor de una mesa, en un lateral.

-Pues aquí sería..el Boulevard de los Girasoles- Presentó el conductor cuando ambos abandonaron el autobús, haciendo un gesto amplio con su brazo izquierdo hacia una calle que se abría desde la rotonda, Renate sonrió y respiró hondo, como el que se prepara para emprender una aventura.

-Muchas gracias, Arnold, cada cuánto pasa este autobús? Por la vuelta digo…

-Una vez cada dos horas…pero te puedo esperar, después ya acabo mi turno..

-De verdad? Te lo agradezco de verdad, intentaré ser breve..

-No tengas prisa, tengo todo un periódico para leer- Y le mostró un grueso diario semanal que tenía en la mano.

Renate dejó a Arnold sentado bajo la marquesina, leyendo su periódico, y se adentró en el Boulevard. No era una calle muy ancha, al igual que las aceras. Avanzó despacio, pasando ante casas individuales de tejados a dos aguas, de dos plantas y buhardilla, con jardines delanteros bordeados de vallas de madera de distintos colores, en los que niños jugaban, adultos estaban sentados charlando o leyendo, colgando ropa o arreglando enormes matas de la planta que daba nombre al boulevard y que estaba presente en más o menos cantidad en todos los jardines. El número 12 se encontraba hacia el medio de la calle, era una casa ancha, como las demás con un tejado a dos aguas y tres plantas, la última de las cuales era una buhardilla.

El jardín estaba primorosamente cuidado, los girasoles se extendían en una ancha franja a lo largo de la valla que circundaba el terreno, presidido en uno de sus laterales por un frondoso manzano, bajo el que había una mesa y sillas. Un sendero de baldosas de piedra llevaba hasta las escaleras que daban acceso a un porche cubierto, en el que estaba sentada una chica ante un torno de alfarero que giraba al ritmo que ella le daba con los pies, al tiempo que daba forma a la húmeda arcilla con sus embadurnadas y expertas manos.

-Buenos Días, disculpa que te moleste…- Se presentó Renate sin atreverse a subir la escalera del porche, la chica levantó la vista de la arcilla y sonrió, tenía el pelo negro muy rizo, sujeto en un moño alto con una pañoleta, la piel pecosa y unos enormes ojos azules con largas pestañas con las que parpadeó varias veces al descubrirla.

-Hola, buscas a alguien?- Preguntó sin perder la sonrisa, mientras mantenía las manos mojadas e impregnadas de arcilla en el aire.

-Sí, busco a Fritz Müller, vive aquí?- Quiso saber Renate, la chica volvió a parpadear de nuevo varias veces y levantó las cejas.

-Fritz Müller?…pues…no…pero lo mejor es que hables con Tamo, él te sabrá decir..- E incorporándose, se secó las manos en una toalla- Ven, te llevaré con él- Dijo, y le indicó con un gesto que la siguiese al interior de la casa- Yo vivo en el piso bajo con mi madre y mi hija, en el medio Finn, el hijo de Tamo, con su familia, y Tamo en la buhardilla..- Le explicó mientras la guiaba por la escalera de madera, cuyas paredes estaban decoradas con fotos enmarcadas, antiguas y más recientes, en marcos multicolor. Cuando llegaron al tercer piso, la chica llamó a la puerta con los nudillos, una voz de hombre le dio paso desde el interior.

-Hola Tamo, esta chica pregunta por Fritz Müller…- Explicó la chica nada más abrir la puerta y traspasar el umbral. Un hombre de pelo blanco corto, vestido con vaqueros y camisa floreada de manga corta, se acercó a ellas a paso ágil, ofreciéndole a Renate la mano.

-Fritz Müller?….Buenos Días, yo soy Tamo Landau- Se presentó el hombre, señalándole amablemente que entrase en la vivienda- Muchas gracias, Eliora,ya me ocupo yo- La chica sonrió, y se fue, cerrando la puerta de la vivienda tras si. Renate se encontró en un salón con el techo de madera abuhardillado, una mesa con sillas del mismo material junto a una ventana en mansarda y dos sofas enfrentados , las paredes estaban cubiertas por estanterías bajas de libros, y el suelo protegido por alfombras de nudo de colores. – Siéntate dónde quieras, quieres un café?…me iba a preparar uno..- Ofreció Tamo, Renate aceptó el ofrecimiento y buscó sentarse a la mesa junto a la ventana. Tamo desapareció a través de una puerta que comunicaba con el salón. Le escuchó trastear y apareció enseguida con dos tazas de café que situó sobre la mesa, donde ya había una jarrita de leche y azúcar. Tamo se sentó frente a ella y suspiró.

-Bueno..dime, en qué te puedo ayudar?- Preguntó al fin, mientras cogía su taza de café entre las manos y lo revolvía despacio con la cucharilla, Renate añadió un poco de leche al suyo, y después le explicó el motivo de su visita.

Tamo asintió con la cabeza y miró hacia el exterior un instante, luego tomó un trago de café y volvió a ella.- Tienes tiempo?- Renate le miró y contestó afirmativamente, mientras se llevaba la taza a la boca, Tamo dejó la taza sobre la mesa y se sentó mejor en la silla.- Fritz Müller vivió en esta casa hace mucho tiempo, tanto, que, para hacerte una idea, yo era un niño de pantalones cortos.- Renate levantó las cejas, pero continuó en silencio, permitiéndole continuar con su relato.- Eran tiempos muy difíciles, mi madre y yo vinimos a dar aquí después de mucho caminar desde muy lejos, y no teníamos casa. Fritz vivía solo y nos ofreció una de las viviendas vacías, la del medio, él habitaba esta buhardilla donde nos encontramos, después llegó la Sra Ditsch, la abuela de Eliora, la chica que te trajo a mí, con su hija, y ocupó la vivienda del bajo. Fritz viajaba mucho, y cuando volvía siempre nos traía regalos, era un hombre muy alegre, nos hacía juegos de magia y organizaba partidos de fútbol entre todos los niños de la calle. Un día se fue a uno de sus viajes, y no regresó nunca más. Al principio, pensamos que que era un retraso como cualquier otro, y no le dimos importancia. Pero al paso de los meses, nos dimos cuenta de que no iba a volver. La casa estaba a su nombre, así como todos los gastos. Mi madre y la Sra. Ditsch decidieron quedarse aquí hasta que viniera alguien a reclamarla. Ese momento ha llegado, Renate, tú eres esa persona- Se lo explicó con calma y sin dramatismos, como el que cuenta un cuento. Renate, dejó lentamente la taza de café, a la que había estado aferrada durante todo su relato, sobre la mesa, y, por un momento, no supo qué decir, después cogió aire y suspiró.

-Entonces….qué hacemos?- Preguntó, rindiéndose a la evidencia de su ignorancia ante la situación. Tamo se encogió de hombros y dibujó un gesto de duda en su rostro, reflejo del de ella.

-No lo sé, Renate. Tu haz lo que tengas que hacer, y nosotros respetaremos tu decisión.

Lorelei Gundel no sabía caminar lento. Recorría los pasillos de la oficina a paso ligero, y siempre daba la impresión de que tenía prisa por llegar a algún lado, extremo que nunca se daba. Excepto en esta ocasión. Hoy Lorelei tenía prisa por encontrar a Renate Wieland. Lorelei Gundel trabajaba en el Departamento de Luces y Sombras. La encontró haciendo unas fotocopias cerca de su mesa de trabajo.

-Qué bien que te encuentro tan rápido…tengo un problema y sólo me lo puedes solucionar tú…creo…

-Es lo del apagón?

-No, ahora ya hemos conseguido que Otawa tenga luz otra vez, pero entonces se apaga Buenos Aires…en fin…esto es otra cosa…- Le explicó, al tiempo que buscaba algo en unos papeles que llevaba en la mano.- Fritz Müller..- Indicó señalándole algo en uno de los documentos, Renate asintió con la cabeza.

-Qué le ocurre?

-Tengo que darle de baja en “Luces”, porque me salió una ventanita desde ninguna parte que me lo avisó…y lo he intentado, pero no es posible…y no para de salir la ventanita…y antes de causar otro apagón en alguna parte…pues me dije, Lorelei, pregúntale Renate, que seguro que sabe….y tú sabes? No?- Y la miró depositando en ella todas sus esperanzas, como el que se pierde en un bosque, y encuentra a un excursionista con brújula. Renate sonrió y leyó los papeles brevemente.

-Tienes que saltarlo, es un Intervalo…

-Intervalo? Y cómo se salta un intervalo…quiero decir…

-Tres veces Enter, Arlt- I Mayúscula…lo saltas y ya está, no pasa nada..

-Seguro? Nada?

-Nada, tú hazme caso- Y le acarició un hombro, dedicándole la más bonita de sus sonrisas, Lorelei suspiró.

-Gracias, Renate…qué haríamos sin ti…- Y tras suspirar de nuevo, se alejó a paso ligero, como si tuviera prisa por llegar a alguna parte. Extremo que volvía a no darse.

Renate recogió los documetos que había fotocopiado y regresó a su mesa.

Antes de volver a trabajar en su ordenador, colocó bien los girasoles en un jarrón de ceramica azul que adornaba su mesa.

Si te vuelvo a ver.

A Ofelia Reymúndez le gustaban las cigüeñas. Las observaba planear contra el cielo azul, y luego posarse grácilmente sobre lo que habían sido las eras, a rebuscar en la maleza materiales con los que construir sus nidos. Ofelia caminaba despacio, atenta a dónde ponía los pies sobre la nueva acera que bordeaba la Nacional. Hasta hacia poco había que caminar por el borde raso, para llegar hasta la parada del autobús, ahora protegida por una marquesina con dos asientos metálicos debajo. Ella aún se acordaba cuando el autobús hacía su ruta, y si alguien se quería subir le hacía una señal al conductor con la mano para que se detuviese. Daba igual dónde. Una tercera cigüeña se posó en las eras del fondo. Las que habían sido de su familia. Las del fondo. De trigo, maiz y remolacha. Las más fértiles y más grandes. Además de las tierras, habían tenido rebaños de ovejas, una buena yegüada y colmenares de miel. Densa y dulce. La mejor. Y de un día para otro se habían quedado sin nada. Sus tierras colindaban con las de los Baldomeros, a los que llamaban así porque era el nombre que recibían todos los varones de la familia, y que poseían el mayor número de tierras y cabezas de ganado de la zona. Nada se hacía sin ellos. Para lo bueno y para lo malo. Mientras había vivido el BaldomeroViejo, las relaciones entre los vecinos habían sido buenas, pero cuando éste murió, el BaldomeroChico había hecho uso de su amistades y, de la noche a la mañana, con artimañas caciquiles, se había hecho con las tierras de los Reymúndez. Dio igual que su padre acudiera a la autoridad, que tratara de salvar al menos la casa. Pero fue inútil. Tuvo que malvender las yegüas y las ovejas, ya que nadie quería vérselas con los Baldomeros. Tuvieron que dejar la casona en la que habían nacido generaciones de Reymúndez, y buscar otra, más pequeña, a dos pueblos de distancia. Lo único que había podido salvar su padre, había sido una camioneta, y con ella comenzó a buscarse la vida como transportista, para traer algo de pan a casa. Su madre, desde el momento en que la situación había comenzado a complicarse, había tenido que guardar cama, aquejada de una especie de agotamiento envuelto en tristeza, que, en menos de un año, le costó la vida. Su hermano mayor, Román, que estaba estudiando comercio en la capital, había tenido que dejarlo y ponerse a trabajar, primero de dependiente en una papelería, después de conductor de tranvías, para por último aceptar la invitación de su tío Leopoldo, y emigrar a Canadá. Su otro hermano, Paulo, que se había quedado con el padre para continuar con la labor, hubo de empezar a trabajar primero de jornalero al mejor postor y después ayudando a su padre con los transportes, cuando a éste comenzaron a fallarle las fuerzas. Después se asoció con otro que también tenía una camioneta, y fundaron una empresa de mudanzas. Ella, la más pequeña,con sólo dieciséis años, había cuidado a su madre hasta su muerte, y después se había tenido que poner a servir. Había servido en distintas casas, en varios pueblos, hasta que llegó a la casa de Doña Mercedes Esplugas, la mejor modista de la provincia. Doña Mercedes había notado enseguida su interés por la costura, y le permitió ser aprendiz de costurera. Allí había conocido a su marido, Tomás, un viajante de hilos. Con el tiempo, aquella aprendiz, se especializó en vestidos de novia. Durante décadas, había hecho los vestidos a todas las novias que se quisieran preciar como tal en la provincia. Ofelia Novias. Después su hijo había recogido el testigo. A ver porqué siendo hombre no puedo hacer trajes de novia, vamos a ver. Y ella no había tenido nada en contra. Ahora lo llevaban todo entre él y su nieto. Ella, en casos especiales, remata algún velo. Su nieto la quería convencer para dar “Clases Maestras”, las llamó. Pero ella, a sus ochenta y seis años no estaba ni para clases ni para maestras. Ella se contentaba con caminar cada mañana desde su casa hasta la marquesina, y tomar el autobús hasta el pueblo para hacer cualquier recado, nunca había podido parar quieta, y no iba a empezar ahora. Se sentó en uno de los asientos metálicos, y se arregló un poco el pelo, blanco y bien marcado, ya que el viento se lo había revuelto un poco, recorrió con su mirada azabache y despierta el horizonte de tierras baldías ante si, y suspiró.

Se percató de su presencia porque su asiento vibró cuando la otra se sentó en el contiguo. La miró un instante, era lo que Doña Mercedes habría dado en llamar “Un árbol de Navidad”. Llevaba el pelo teñido de rubio en una permanente ungida en laca y la cara pintada como una puerta, el conjunto dos piezas de pantalón y chaqueta que vestía eran verde agua con flores en beig, adornaba el escote con varias cadenas de oro, el mismo que lucía en cada uno de sus dedos y en las pulseras que tintineaban en sus muñecas al tratar de acomodar el bolso en el regazo, los zapatos, de tacón, iban a juego con las flores del estampado.

-Pues al final no ha llovido- Comentó la recién llegada, arreglándose las cadenas de oro con las puntas de los dedos, púlcramente manicurados en rojo. Ofelia, que había vuelto a perder su mirada en el horizonte de tierras baldías, se encogió de hombros como respuesta, la otra alzó levemente sus cejas, un tímido hilo rosado maquillado sobre sus párpados en azul, el mismo color de sus ojos, perlados de arrugas, que el arreglo ya impedía cubrir.- Yo he venido a arreglar todo eso…las tierras…sabe?….para qué quiero yo esa mierda ahora?…..pero hoy no he podido hacer nada, vuelvo al pueblo y me quedo en el hotelito que hay y mañana será otro día…- Ofelia miró hacia el fondo de la carretera por la que se acercaba un coche, el primero desde que ella se había sentado.

-Ya- Contestó, sin mostrar demasiado interés en trabar conversación.

-Mañana me viene a buscar mi hija, y ya ella me lleva de vuelta después de los trámites….hoy no podía…si no no tomaba el autobús, hace años que no me siento en uno..fíjese…

-Ya..

-Me voy a deshacer de todo…..nunca me interesó lo más mínimo, y ahora menos…yo el campo por la tele…..porque otra cosa…usted vive aquí?- Ofelia, que contemplaba de nuevo el vuelo de las cigüeñas sobre las eras del fondo no pudo contestarle, porque justo en ese momento llegó el autobús. “El árbol de Navidad” se sentó justo detrás del conductor. Ofelia en el último asiento.

A la mañana siguiente, Ofelia Reymúndez se levantó temprano, como todas las mañanas de su vida, y, después de desayunar, bajó al sótano de su casa. Lo que iba a buscar estaba en un arcón de madera al fondo, lo abrió y sacó de dentro una escopeta de caza. Si a algo le había enseñado su padre era a cazar. Era una experta cazadora, con todos los permisos en regla, aunque hacía ya mucho tiempo que no salía de montería. Abrió el arma y la cargó con dos cartuchos. Después buscó en una de las estanterías una bolsa de deporte grande, que había pertenecido a uno de sus hijos, y metió la escopeta en ella.

Luego, con la bolsa en la mano, caminó despacio, atenta a dónde ponía los pies sobre la nueva acera que bordeaba la Nacional, hasta llegar a cerca de la marquesina del autobús. “El árbol de Navidad” ya había ocupado su asiento. Ofelia abrió la bolsa de deporte y sacó la escopeta. Con paso seguro, se acercó a la marquesina, se situó frente a su única ocupante y antes de que ésta pudiese siquiera reaccionar, le descerrajó un tiro en el pecho que la mató en el acto. Ofelia recogió el cartucho y se lo metió en el bolsillo. Sin brindarle ni una mirada, metió la escopeta dentro de la bolsa de deporte ,y, con ella en la mano, regresó a su casa. Ya allí, bajó a sótano, guardó la escopeta en el arcón y devolvió la bolsa de deporte a la estantería. Cuando regresó al piso superior, coincidió en el recibidor con Tomás, su marido, que regresaba de pasear al perro.

-Ah! Tú aquí?…No vas hoy al pueblo?- Preguntó Tomás mientras colgaba la cadena del perro del mueble ropero, Ofelia entró en la cocina y se dispuso a preparar café.

-No, me decidí por otra cosa.

El lunes 22 de mayo de 1950, Ofelia acompañó a su padre y a sus hermanos al ayuntamiento del pueblo. Ese día, el BaldomeroChico iba a ultimar los trámites de la expropiación forzosa de las tierras de los Reymúndez, más un paripé que otra cosa, ya que éstos ya las habían tenido que abandonar hacía meses y los Baldomeros las trabajaban ya como suyas. BaldomeroChico iba acompañado de su hija, Adoración, una chica de recién cumplidos dieciocho años, enfundada en un vestido de piqué azul, alzada en unos zapatos de tacón del mismo color y con el pelo rubio pulcramente peinado en un “ArribaEspaña” engalanado con una hebilla de plata y azabache. El padre de Ofelia, aún se acercó al BaldomeroChico a rogarle que recapacitase sobre lo que había hecho, pero éste se desentendió de él de malos modos, amenazándole con llamar a la autoridad si seguía molestándole, el padre entonces, a sabiendas de que lo haría, quiso abandonar el ayuntamiento, pero Ofelia no. Ofelia se encaró a Adoración.

-No tenéis ni una gota de sangre en el corazón!- Le espetó, alzando la voz en el recibidor del Ayuntamiento, su hermano Roman la agarró de un brazo, pero ella se soltó.- Secos por dentro, estáis! Secos!- Adoración la miró entonces de arriba a abajo, alzando con desdén una de sus perfiladas cejas y sonrió irónica.

-A palabras necias, oídos sordos….niña, cómo se nota que no tienes escuela…- Deslizó clavando el ella su ladina mirada azul. Ofelia, entonces, no supo más de si, e intentó saltarle encima, pero Román alcanzó a sujetarla, mientras ella se revolvía y gritaba que la soltase, ella quería agarrarla por el “ArribaEspaña” y destrozárselo a tirones mientras le arañaba la cara, eso era lo que ella quería, pero Román fue más fuerte que ella y logró imperdirselo. Adoración, ya del brazo de su padre, quien se secaba el sudor con un pañuelo, sin saber muy bien qué hacer, se reía de la escena y animó a su padre a abandonar el edificio. Pero antes, hubo de volverse al último llamado de Ofelia, todavía sujeta por su hermano.

-Adoración de Baldomero, si te vuelvo a ver…te mato.

Y eso, exactamente, es lo que había hecho.

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77 accionó el Ojo. Normalmente lo que se disponía a hacer, tendría que hacerlo 93. Pero a 93 le habían encargado otra cosa, y esto le había tocado ahora a él. No le importaba. No tenía otra cosa mejor en que ocuparse. 314 había sido enviado allá abajo hacía tres días, y ya había hecho llegar su informe preliminar. 77 se dispuso a escucharlo.

Puedo ver. Lo que sea que alimenta este lugar no me afecta. No estoy solo, hay otros seres. Se trasladan a través de dos membranas largas móviles. Poseen otras dos membranas más cortas. No son todos iguales. Se cubren con trozos de materiales de colores. Articulan sonidos, que hacen salir de su interior sin esfuerzo, a través de una abertura en la parte inferior de una protuberancia, cubierta por un material inhóspito. No todos los seres tienen este material inhóspito sobre la protuberancia. El material inhóspito es de diferentes colores. En el medio de la protuberancia estos seres tienen dos ranuras y otra protuberancia más pequeña con otras dos ranuras más pequeñas que las superiores. Con las superiores parecen dirigir los movimientos de las membranas mayores y menores. Las ranuras son móviles. En su interior se encuentran unas bolas. Estas bolas son también de colores. No todos los seres tiene el mismo color de bola. Son unos seres con apego al color. He observado a dos de estos seres en sus acciones. Adjunto observación:

Elemento 1- El elemento sujeta con sus membranas superiores un artefacto metálico con acabado cónico. El artefacto está punteado con botones que sobresalen. El elemento se lleva la parte más delgada del artefacto metálico a la abertura situada en la parte inferior de su protuberancia, y parece insuflarle algo desde su interior, que provoca que el artefacto produzca un ruido indescifrable. El ruido parece tener tonos, unos más altos que otros, que el elemento domina a través de los botones anexos al artefacto. Mientras esto ocurre, su protuberancia ha aumentado de volumen en sus extremos, y éstos han adoptado otro color al que originalmente tenían. El elemento mantiene cerradas sus ranuras móviles. Otros elementos cesan en su avance y se detienen ante él, prestando atención al ruido del artefacto. Cuando el ruido cesa, los elementos golpean sus membranas superiores unas contra otras, provocando también un ruido. Lo he categorizado como modo de comunicación a través de ruidos.

Elemento 2- El elemento mantiene la parte inferior de su protuberancia en constante movimiento en vertical. Su abertura inferior está cerrada. En un momento, el elemento cesa el movimiento y de la abertura inferior de la protuberancia sale una burbuja de un color indefinible y parece tener una fina textura. El elemento insufla algo desde su interior al interior de la burbuja, y ésta se hace cada vez más grande, hasta que, debido a su textura, explota. Esta explosión no afecta al elemento, que vuelve a introducir los restos de la burbuja en el interior de la abertura y retoma el movimiento en vertical de la parte inferior de su protuberancia. Lo he categorizado como un mecanismo de autodefensa.

Los elementos son especiales y tranquilos en sus actos. Si bien recogeré pruebas, no he encontrado nada salientable que pueda llamar nuestra atención o provocar nuestro interés en captar la suya. Solicito regreso inmediato

77 desactivó el Ojo. Después accionó la opción que permitiría regresar a 314.

Decidió esperarle. No tenía otra cosa mejor que hacer.