-Vector tenemos un problema…

-Sólo uno? Me tranquiliza..

-Uno, pero grande…

-Sorpréndeme…

-Maritina Santillana no quiere ir al guateque de Luís Robledo…

-Y ese es el del martillo pilón…

-Qué martillo pilón?

-No es ese?

-Vector, esta gente no usaba martillos pilones….

-Entonces….a quién se le perdió el martillo pilón?

-Yo no trabajo Pérdidas…soy Encuentros y Casualidades

-Y qué necesitáis?

-Necesitamos que quiera ir al dichoso guateque…

-Y por qué no quiere ir ahora de nuevas?

-Porque llueve y hace frío…

-Y el guateque es al aire libre..

-No, es en la casa de Luís Robledo…

-Y ella tiene que ir por…?

-Porque allí va a conocer a Quique Calatrava con el que se casará y tendrán cuatro hijos, todos varones, el tercero de los cuales, Juan Manuel, se hará cirujano y será quien salve la vida a John Carpenter, el piloto de Formula1, después del accidente…

-Envía a Encuadre4, sabrá solucionarlo….

-En calidad de qué?

-Eso déjaselo a Encuadre4….

Maritina Santillana apartó el visillo de la ventana de su habitación y suspiró al tiempo que dibujaba un cansino mohín de hastío en su rostro. Seguía lloviendo a mares y hacía un momento el viento había lanzado una bocanada de granizo contra el cristal.

-Lo dicho, me voy a poner la bata y me voy a meter en la cama que es dónde mejor se está en días así…qué pereza arreglarme ahora…- Se lo decía sin demasiado ánimo a su prima Consuelo, quien pasaba las hojas de una revista, recostada en una de las camas gemelas.

-Yo no estoy invitada…así que tú verás…- Dijo sin ratro alguno de resquemor en el tono, mientras pasaba una hoja, Maritina se volvió a medias y se encogió de hombros, pero se mantuvo en silencio, para luego volver a observar la lluvia. En eso alguien llamó a la puerta, y antes de que pudieran decir nada, ésta se abrió y dio paso a la madre de Maritina, que venía acompañada de una chica de pelo castaño recogido en una cola de caballo y gafas de pasta negras, vestida con una falda de lana gris y un conjunto Pulligan azul cielo, y que sonrió con suma dulzura al verlas.

-Nena, mira, esta chica dice que viene de parte de Luís Robledo – Explicó la Sra. Santillana, que no parecía conocer a la chica, a la que observaba con una mezcla de curiosidad y reparo. La chica entró en el cuarto y miró en silencio a Maritina y a Consuelo, quienes a su vez también la miraban a ella un tanto sorprendidas.

-Hola, Buenas Tardes, yo soy Mariángeles, la prima de la ahijada del padre de Luís quien me envía para llevaros al guateque en coche, por la que está cayendo…- Explicó con calma, haciendo un gesto desvaido hacia la ventana, la Sra. Santillana se llevó la mano al pecho y parpadeó varias veces.

-En coche..? Mujer..sólo son dos calles, no había necesidad…con un paraguas…- Comenzó, pero Consuelo la interrumpio al tiempo que se incorporaba en la cama.

-Llevarnos? A mí también?- Preguntó sorprendida, Mariángeles se ajustó las gafas y carraspeó, para luego volver a sonreír de aquella manera tan irresistible.

-Sí, a las dos…no es fantástico?- Preguntó abriendo sus manos en gesto de alegría, Maritina se encogió de hombros y casi rio.

-Pues sí…qué amable Luís…no? Y de quién dices que eres ahijada..?

-Eso ahora no importa, es hora de que os arregléis para vuestra gran noche…- Animó Mariángeles, las primas se miraron entre si y luego a la Sra. Santillana quien en ese momento guiñaba los ojos, como hacía cuando quería acordarse de algo y no era capaz.

Maritina Santillana escogió para la ocasión un vestido azul cobalto de media manga, que si daba vueltas se abría dejando ver las enaguas de tul gris. Le dejó prestado a su prima un vestido verde agua, también con enagua, pero no de tul. Mariángeles estuvo presente en todo momento, sin perder un momento aquella sonrisa que invitaba también a sonreír a todo aquel que la mirase, y llegada la hora las llevó en un Mercedes hasta la misma puerta del portal de Luís Robledo, disculpándose por no acompañarlas, ya que tenía que devolver el coche al garaje.

-Un Mercedes, Encuadre4, no encontraste otra cosa..?

-Vector, era eso o un Rolls…

-Bueno, visto así…

-Hay que buscar un nuevo algoritmo para Consuelo

-Qué tiene de malo el de ahora?

-Ella no estaba invitada, según su algoritmo actual Consuelo no va a este ni a cualquier otro guateque, se hace mecanógrafa y se emplea en el Ministerio de Educación donde trabaja hasta su jubilación, se queda soltera..

-No podemos cambiar el transcurso de los acontecimientos Encuadre4, sólo ayudar a que sucedan…

-Ya lo hemos cambiado con su asistencia al guateque, Vector, es inevitable..

-Y qué necesitas?

-A Hipólito Miranda..

-Y ese es..?

-Ferreterías Miranda, tiene el mismo algoritmo que ella, pero en versión ferretería..

-Y ese es el que pierde el martillo pilón..

-No que yo sepa, Vector, y yo lo sé todo de él, sé que calza un cuarenta y cinco por ejemplo…

-Puede dormir de pie..

-El duerme poco y mal, tendré que mirar también ese factor…

-Pero esta vez sin Mercedes..

-No te prometo nada, Vector, y voy a necesitar a Escala7..

-Escala7 no está disponible…

-Es el único que puede solventar la situación…

-Ahora mismo se encuentra desviando flechas en la Guerra de los Boers…

-Envía a Ajuste08 es su especialidad…

-Lo haré…y Encuadre4, intenta que todo quede ahí..

-Todo será intentarlo.

Hipólito Miranda repartía cuidadosamente las tuercas del número 5 y las del 6 en sus compartimentos, sacándolas una a una de las cajas de repuestos que acababa de recibir, antes de depositarlas en su sitio corroboraba con un vistazo experto que no tuvieran defecto alguno, ajustándose de vez en cuando sus gafas metálicas bifocales. Hipólito Miranda había sido un adolescente que había crecido mucho en poco tiempo, convirtiendose en un hombre muy alto, de complexión delgada y tendente al encorvamiento, como también lo habían sido su padre y su abuelo antes que él. Hipólito portaba gafas desde la infancia y el grosor de los cristales había ido aumentando al ritmo de su miopía, lo que daba a su rostro, de facciones tranquilas, una expresión de eterna concentración. Y en eso estaba, concentrado en dilucidar si una de las tuercas del 6 estaba abollada o no, cuando escuchó la campanita que anunciaba la entrada de clientes en la ferretería. Salió de la trastienda aún con la tuerca  entre sus dedos, y hubo de ajustarse las gafas para ver mejor a la persona ante el mostrador, un hombre joven, ni alto ni bajo, de cabello rubio en correcto corte, con gafas oscuras y azicalado con un gabán negro bajo el que se adivinaba un traje de perfecto corte del mismo color con camisa blanca y pajarita gris, que sonrió mostrándole una flamante dentadura nada más le vio aparecer.

-Buenas Tardes…en qué puedo ayudarle?- Preguntó Hipólito sin moverse del umbral que daba paso a la trastienda ni soltar la tuerca de la presión de sus dedos, el desconocido tamborileó brevemente con los dedos sobre el mostrador sin abandonar su brillante sonrisa.

-Muy Buenas Tardes, Hipólito…bueno lo de Buenas es un decir, verdad?..en fin, soy Oleguer, el primo de Luís Robledo…- Se presentó, Hipólito se ajustó mejor las gafas y alzó las cejas un instante para luego acercarse al mostrador con la calma de las personas altas.

-Luís Robledo?- Hipólito conocía a Luís porque los dos acudían al mismo Club de Ajedrez, pero antes de que pudiera preguntarle al desconocido qué le traía por la ferretería, Oleguer se le adelantó.

-Sí, verás, me ha enviado para que te venga a recoger…necesita tu ayuda para el guateque, ya sabes cómo son esas cosas, que si la música, que si la CocaCola los sandwiches, las luces…y necesita de tu presencia para que todo salga bien..- Explicó, Hipólito, sin querer, dejó caer la tuerca que hasta entonces había sujetado entre sus dedos, y ésta rebotó en el suelo y se perdió por algún lugar por debajo de las estanterías.- No me digas que no es un buen plan, Hipólito…- Anotó Oleguer apoyándose con suma elegancia en el mostrador para atraer hacia si la atención de Hipólito quien por un instante había intentado buscar con la mirada la ruta seguida por la tuerca, pero después se ajustó las gafas y volvió a concentrarse en Oleguer y lo que acababa de decirle.

-CocaCola?…pero yo..

-No tenemos tiempo que perder, Hipólito, subamos a tu casa para que puedas cambiarte, no estoy diciendo que ese mandil te quede mal, pero cada ocasión necesita su habío, verdad?, dirás tú que yo voy ligeramente overdressed, pero sinceramente, no encontré otra cosa y seguro que tú tienes ropa suficiente para dar la talla, que no te falta, por lo que observo…ven, Hipólito, no hay tiempo que perder…

-Pero yo…

-No tengas cuidado, Hipólito, tu padre lo entenderá….

 

-Vector, Escala7 necesita más gente..

-Gente, es un término demasiado amplio…

-Necesita y cito „más afluencia de público“…

-Ha dado razones?

-Negativo

-Contacta con Muchedumbres, ellos le ayudarán…

-Entendido, Vector…

-Ha encontrado alguien ya el martillo pilón?

-Herramientas y Elementos Móviles se está encargando…

-Algo es algo…

Luís Robledo no conocía a casi nadie de las personas que ahora abarrotaban su casa. Cansado de acudir a abrir la puerta cada vez que llamaban al timbre, había dejado encargado de hacerlo a uno que dijo llamarse Jacinto y ser amigo de su prima Marisé la de Pamplona. Mirara hacia donde mirara ante él se extendía una nube baja de humo en la que se movía un mar de cabezas danzantes al ritmo de la música que salía de su tocadiscos, en ese momento un Twist, que no recordaba que tenía. De lejos le pareció divisar a su mejor amigo, Quique Calatrava, quien bailaba y charlaba animadamente con Maritina Santillana, que había sido la primera en llegar con su prima, una tal Consuelo, a la que no había visto nunca antes, como a la gran mayoría de los presentes, entre ellos un grupo de cinco jóvenes de rasgos asiáticos y que dijeron ser filipinos, con los que se cruzaba de vez en cuando y le felicitaban por el buen ambiente. Desde un lateral Marimanuela Ordoñez, a la que no recordaba haber invitado pero él se había alegrado sobremanera al verla aparecer, le hizo señas para que se acercara, en ese momento estaba tratando de mantener una conversación con un grupo de gente entre la que se encontraban la tal Consuelo, Hipólito el de la ferretería y un chico rubio con gafas oscuras que parecía un maniquí de revista.

-Tienes un salón enorme, Luisito! Cuánto local!- Felicitó Marimanuela, Luís asintió pasándose la mano por el cabello, ya que, sin querer admitirlo, hacía ya un rato que había dejado de reconocer su propia casa, optó por preguntarle si quería una CocaCola, que tampoco sabía de dónde salían, y los dos se perdieron en la multitud.

-Qué barbaridad! Es la primera vez que estoy en un sitio así!- Admitió Consuelo, aferrada a su CocaCola, Hipólito miró a su alrededor y asintió con la cabeza.

-Yo también! Ni en las fiestas de la patrona hay tanta gente!- Anotó teniendo que inclinarse ligeramente para que ella le oyera, Consuelo sonrió y tomó un sorbito de refresco.

-Y eso que no tenía que venir!- Comentó, Hipólito se ajustó las gafas y levantó las cejas.

-Yo tampoco! Oleguer me dijo de venir, y vine!- Explicó señalando a Oleguer, quien asistía a la conversación con una correcta sonrisa, y una vez Hipólito dijo esto levantó una ceja y apoyó su mano en el hombro de Consuelo.

-Consuelo, a Hipólito, si tú le dices ven, lo deja todo!- Anotó, Consuelo, se llevó la mano al adorno de la pechera de su vestido y miró a Hipólito totalmente maravillada.

-Hipólito!- Casi suspiró, Hipólito se inclino hacia ella, ajustó las gafas y alzó las cejas.

-Bueno..todo..todo..- Sopesó él con un halo de duda, Consuelo le cogió del brazo y rio.

-Ay Hipólito, qué cosas tienes!- Y quiso comentarle algo a Oleguer, pero éste ya avanzaba entre la muchedumbre danzante, y se perdió entre las nubes de humo.

 

-Y tenían que ser filipinos…

-Eso díselo a Muchedumbres, Vector, yo soy Datos y Señas..

-Cómo se ha solucionado el Algoritmo Consuelo?

-Consuelo Sánchez e Hipólito Miranda comparten algoritmo desde que les hicimos coincidir, regentan una cadena de ferreterías y una empresa de materiales de construcción, tuvieron tres hijos, y actualmente siete nietos…

-Vale, vale..y Maritina Santillana?

-Su algoritmo no varió, salvamos la situación…

-Perfecto…dónde está Escala7 ahora?

-Está en Lo que el Viento se llevó…

-Se ocupa ahora de Huracanes y Desastres?

-No, Vector, en el rodaje de „Lo que el Viento se llevó“…

-Ya me parecía a mí…y Encuadre4?

-Está en Woodstock, con el equipo de Aglomeraciones y Efemérides..

-Y nadie sabe dónde está el martillo pilón?

-Vector, es mejor que lo demos por perdido y lo incluyamos en Lapsus y Dejavús

-Tienes razón, inclúyelo, algún problema más?

-Yo siempre traigo problemas, Vector…

-Díme entonces algo que no sepa…

 

Uwe Kohlhof se disponía a colocar un poco más de musgo sobre las rocas de cartón piedra que decoraban el ingente escenario del teatro, cuando se dio cuenta de su presencia, allí, en medio del escenario, iluminado con una haz de luz proveniente de un foco en lo alto, había un martillo pilón. Uwe Kohlhof se acercó para asegurarse de que no estaba viendo visiones. Al confirmar su sospecha, suspiró con fuerza y llamó al ayudante de Dirección Artística.

-Horst! Hoorst!!

-Y ahora qué pasa?!

-No me grites..

-Perdona, pero quien gritó primero fuiste tú…

-Qué hace esto aquí?

-Qué es „esto“?

-No lo ves? Un martillo pilón?

-Un martillo qué?

-Pilón, Horst, un martillo pilón, qué tiene que buscar una cosa así en „El anillo de los Nibelungos“?

-Ay a mí no me mires, si está ahí será porque al Excelentísimo Jochen se le ocurrió, así que déjalo…

-Así en el medio?

-Sí, así en el medio..

-Como para que alguien tropiece con la de gente que entra y sale después…

-Pues querrá que tropiecen, yo qué sé, el Excelentísimo es él…

-Pues pondré una marca luminosa…

-Tú si que eres una „marca luminosa“

-Yo también te quiero..

Ese año la puesta en escena de la ópera „El anillo de los Nibelungos“ en el Festival de Ópera de Bayreuth fue muy celebrada y alabada en todos los medios.

Todos compartían la misma opinión. Un martillo pilón en medio del escenario, resumía a la perfección el alma de la obra.